17/10/19

LA GATA MUJER de Leonel Giacometto y Patricia Suárez [OBRA para GUIÑOL]





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LA GATA MUJER
de
Leonel Giacometto y Patricia Suárez


Basada en una fábula de Samaniego



PRIMER PREMIO DEL TEATRO GUIÑOL, ORGANIZADO POR MAISON D’AMÉRIQUE LATINE EN RHÔNE-ALPES, FRANCIA, 2009.


Personajes

Venus
Félix
Zapaquilda


Escena 1
Félix está sentado con una gata en la falda.
La acaricia a contrapelo.

Félix:
Ah, si la bella Venus consintiera mis favores! Ah, si alguna vez se dignara mirarme! Tanta soledad que sufro... tantos años de soledad porque ninguna de las ingratas de esta cuadra ni de la otra me quiere para marido. ¿Y por qué, eh? ¿Porque soy tacaño, dicen unas? Mucha mentira, no soy tacaño y testigo es esta gata que come bocado de jamón todos los días. ¿Porque tengo mal carácter, dicen las otras? Mayores mentiras, que esta gata, mi buena Zapaquilda, me ha visto prodigarle mil caricias... ¿No es cierto, gatita? Ah, buenita, buenita. Por eso, Venus, no seas injusta conmigo. Te llevaré a tu templo en la isla un gran ramo de flores, las que más te gusten. Margaritas no ha de ser lo tuyo, diosa, sino tamañas rosas, rojas y enormes como melones...

Venus:
Estoy oyéndote, Félix. Continúa.

Félix:
¿Eres tú, diosa Venus?

Venus:
Sí.

Félix:
¡Ah! No vendrás a matarme, ¿verdad? Por haberte sacado de tus divinas ocupaciones...

Venus:
En realidad, me estaba tiñendo el cabello. Con aceite de nuez.
Cuando me distrajo este deseo tan estúpido que tienes, y eso que yo estoy tan acostumbrada a oír deseos estúpidos y barbaridades sin nombre que se les ocurren a los hombres...
Las mujeres son un poco más modestas en los pedidos, y a decir verdad, le cansan la paciencia más a Diana que a mí, siempre pidiendo por sus hijos, por la salud cuando están enfermos y por la gloria cuando están sanos... Que a Aristidito le va mal en el gimnasium, que Fedrita tiene la escarlatina...

Félix:
Sigue con tu cabello, diosa. No vaya a manchársete.

Venus:
¿Qué?

Félix:
Es que tengo vergüenza de interrumpir tus...

Venus:
Decía que no había conocido a nadie con un deseo tan estúpido como el tuyo.
¡Hacer de una gata una mujer!
Qué idea tan descabellada...

Félix:
Ella es mi mejor compañera.

Venus:
Sí, sí. Porque no habla sino que solo maúlla.

Félix:
Es una gran cazadora de ratones.

Venus:
¿Para eso quieres una esposa?

Félix:
Es suave al tacto... y... mira sus ojos, qué bellos. Parecen dos auténticas esmeraldas... Dime si no es cierto...

Venus:
No lo sé. Como nunca he visto esmeraldas falsas no puedo decirte si parecen auténticas o...
Ah, vamos.
¿Con qué la alimentarás?
No irás a creer que va a pasar los días mordisqueando el queso.

Félix:
No...
Cazaré...
Iré al bosque a cazar...

Venus:
¿Qué pasó con Clea, la morena?

Félix:
No me quiso. Era caprichosa, quería regalos costosos. Me despreció por pobre.

Venus:
¿Y con Filis, la rubia?

Félix:
Altanera. Quería que fregara con un trapo el piso antes de que ella lo pisara. Quería que la llamara Señora y no Filis. Era presumida y a cada rato hablaba de cuántos pretendientes tenía y cuán mejores que yo eran, y del gran favor que ella me hizo al rebajarse a posar sus ojos en mí...

Venus:
¿Y las demás?
Euterpe, Talía, Febe?

Félix:
No me quisieron.
¡Ten piedad de mí, diosa!
¡Vuelve a esta gata, mujer, para que me ame para siempre!

Venus:
Para siempre, para siempre... qué capricho ustedes los hombres en hablar así. El para siempre de ustedes es para nosotros un suspiro... apenas un sorbo de ambrosía...

Félix:
Te lo suplico, diosa.

Venus:
Hágase, Félix.
Pero conste que te advierto que esto te dará mayores jaquecas que Talía, Febe, Filis, Euterpe y Clea, las cinco juntas.

Félix:
Verás que no, diosa.
Verás que al fin se dará para mí el amor.

Venus:
Qué porfiado...
Mejor volver a mis cabellos...


Escena 2.
En el centro, Félix y Zapaquilda (hecha mujer pero con bigotes de gato), recién casados, danzan muy lentamente. A un costado, sentada, Venus.

Venus (Bostezando):
¿¡Cómo pueden bailar sin música!? ¡O me estoy quedando sorda?

Chasquea los dedos. Cambian las luces. Vuelve a chasquear los dedos y las luces vuelven a ser las de antes. Los amantes ni se inmutan.

Venus:
No, sorda no estoy. Son ellos. Ellos que bailan sin música. ¿Qué ritmo siguen?

Vuelve a bostezar.

Venus:
Ay, tan triste lo vi a este pobre mortal que, finalmente, accedí... Y allí está, su doncella, su gata hecha mujer... (Los observa.) Aunque no sé por qué tiene esos bigotes tan horribles... Bah, no creo que le importe a él.... Después de todo, él no puede andar eligiendo a esta altura de su vida.

Venus chasquea los dedos y hace aparecer un peine con el que comienza a peinarse lu larga cabellera.

Venus (Peinándose.):
Eran otras épocas las de los sirvientes. Ahora todo lo tengo que hacer sola... No vuelvo a teñirme de este color nnunca más...

Félix y Zapaquilda danzan y sonríen.

Félix (Bailando.):
Es usted tan hermosa, Zapaquilda, que no me atrevo a tutearla.

Zapaquilda (Bailando.):
Yo tampoco, mi buen Félix. Yo tampoco.

Se miran y sonríen con complicidad.

Felix:
Baila usted muy bien, mi flamante esposa.

Zapaquilda:
¿Qué es flamante?

Felix:
Nueva.

Zapaquilda:
¿Nueva? ¿Qué, hubo otras?

Felix:
Pero ninguna como usted, mi Zapaquilda.

Zapaquilda (Sonriendo.):
¿Sabe? No recuerdo nada de lo que usted me contó sobre mí.

Felix:
¿No recuerda cuándo la arrullaba toda la noche en mi regazo?

Zapaquilda:
No, es una pena. Sólo recuerdos vagos. Algunas imágenes suyas...

Felix:
Mejor, mi amor. Serán todas nuevas experiencias.

Zapaquilda:
¿Así lo cree usted? Es tan feo no tener recuerdos.

Felix:
A contrapelo la acariciaba yo.

Zapaquilda:
¿Y no me despeinaba?

Félix:
No, lo hacía con suavidad.

Zapaquilda:
Ah, que pena.

Félix:
Lugo volveré a acariciarla y será todo nuevo para usted.

Zapaquilda:
¿Soy bella? ¿Soy como usted me imaginó?

Felix:
Por supuesto. Usted es el fruto de mi amor. Usted existe por mi amor. Y mi amor es bello.

Zapaquilda:
¿Y entonces?

Felix:
La diosa Venus no pudo hacer mejor trabajo. Usted es todo para mí, y yo seré todo para usted. Mis caricias serán tan reconfortantes para usted que no necesitará nada más.

Zapaquilda:
Son muy tiernas sus palabras.

Félix:
No tengo más que ternura para usted. Sólo ternura.

Se besan (ella con timidez) y comienzan a bailar más rápidamente.

Venus:
Cómo me aburren los diálogos de amantes. Siempre están hablando de lo mismo. Siempre las mismas pavadas, las mismas palabras sin sentido...

Chasquea los dedos y cambian las luces. Los amantes siguen danzando.

Venus:
Nada.

Vuelve a chasquear los dedos y surca el lugar una ráfaga de viento. Los amantes siguen danzando.

Venus:
¿Se estarán burlando de mí? ¿Será eso? ¿Tan desagradecido puede ser este mortal como para burlarse de mí después de...

Chasquea los dedos una vez más y un ratón surca el lugar. Zapaquilda se detiene de repente y comienza a oler por todos lados buscándo el ratón. Félix se desespera.
Zapaquilda corre al ratón, lo encuentra y se lo come. Félix pega un alarido.

Venus:
... Funcionó. La naturaleza es el destino.


Escena 3
Félix y Venus sentados uno junto a otro. Él, muy triste. Ella, con sus manos, se inspecciona el cabello. Silencio extenso.

Venus:
¡Se me está cayendo el pelo!
¡Maldito aceite de nuez!

Silencio. Félix sigue triste.

Venus:
¿Se fue con el ratón?

Felix responde afirmativamente con la cabeza.

Venus:
Qué pena. No era fea, ¿no?

Félix respondo “no” con la cabeza.

Venus:
Ni altanera.

Félix respondo “no” con la cabeza.

Venus:
Ni caprichosa.

Félix respondo “no” con la cabeza.

Venus:
Salvo esos bigotes tan...

Félix (Interrumpiendo.):
¿Qué bigotes?

Venus
¿No has visto sus bigotes?

Félix:
Yo...

Venus:
Ah, el amor, el amor. El amor es ciego.
Eso me produce una pena muy grande.
Porque recordemos que Amor es mi hijo.
Ahora hay un oculista famoso en el Olimpo que se ofrece a andar haciendo operaciones a los miopes... y Amor dijo que experimentara con él también. Ah!, pobre hijo. Apenas dijo eso los dioses se nos vinieron encima enfurecidos. Qué atropello, qué falta de cordura querer volverle la vista a Amor... Cuánto egoísmo, digo yo. ¿No opinas nada? Félix, te estoy hablando...

Félix
Lo siento, no te oí.

Venus:
Félix, Félix.
Hoy lloramos y mañana reiremos.
¿No es ese el lema de los mortales?

Félix:
Estaba enamorado de mi gata.

Venus:
Ah, ah, ah. ¡Una gata! Uno debe buscar según su naturaleza, sus inclinaciones, sus aficiones... Estoy hablándote como una madre, no como una diosa. Si no, a este paso acabarás en amores con un avestruz, un cangrejo, un ornitorrinco... ¿Qué clase de bicho es el orintorrinco? ¿Lo han clasificado ya?

Félix:
Me gustaba mi gata.

Venus:
¿Qué está haciendo ahora tu bella Zapaquilda’

Félix:
Está subida al árbol aquel. Muerta de vergüenza.

Venus:
¡Qué muchacha!
Iré hablarle.

Félix:
Hazla mujer otra vez.

Venus:
¿Para qué?
Ocurrirá otra vez lo mismo, Félix.

Félix:
¡Entonces conviérteme en gato!
Venus:
Ay, qué castigo esta gente.
Félix: no puedo hacer tantas ridiculeces. En el Olimpo pensarán que obro como una vieja borracha. Si quieres ser gato, actúa como gato. Ponte en cuatro patas, y maúlla. Araña la corteza de los árboles. Restriégate sobre las piernas humanas. Siempre propenderás a ser hombre, pero tal vez, actuando todo el tiempo como felino, la vida gatuna se te vuelva costumbre y si a eso le sumamos el amor -¡otra vez la palabreja!- tal vez... con Zapaquilda...

Felix se ha puesto en cuatro patas, imitando a un gato.
Huye hacia el árbol.
Maullidos.

Venus:
¿Cómo puede ser?
Estos mortales siempre se salen con la suya.

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