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29/11/18

Harold Pinter CENIZAS

Harold Pinter 


CENIZAS 


PERSONAJES 
DEVLIN 
REBECCA 

Ambos en tomo a los cuarenta 

 Una casa en el campo.

Habitación en la planta baja. Una gran ventana.
Al fondo, el jardín.
Un sofá. Un sillón. Dos lámparas de pie.
Media tarde.
La habitación se oscurece durante el curso de la obra. La luz de las lámparas
se intensifica.
Hacia el final de la obra, tanto la habitación como el jardín que asoma al
fondo están apenas ligeramente definidos. La luz de las lámparas se intensifica
considerablemente, pero no ilumina la habitación.
Devlin de pie con una copa en la mano. Rebecca sentada.


Silencio.


REBECCA
Bueno... por ejemplo... se ponía de pie ante mí y cerraba el puño. Y
entonces me ponía su otra mano en la nuca y la aprisionaba acercándome
la cabeza hacia él. Su puño...me rozaba la boca. Y decía: "Bésame
el puño".

DEVLIN
¿Y lo hacías?

REBECCA
Oh, sí. Le besaba el puño. Los nudillos. Y entonces abría la mano y
me ofrecía la palma... para que se la besara... y se la besaba.

Pausa.

Y luego yo hablaba.


DEVLIN
¿Qué decías? Decías...¿qué? ¿Qué decías?
Pausa.

REBECCA
Decía «Ponme la mano alrededor de la garganta». Se lo murmuraba a
través de la mano, mientras se la besaba, pero él oía mi voz, la oía a
través de la mano, sentía mi voz en su mano, la oía allí.

Silencio.

DEVLIN
¿Y lo hacía? ¿Te ponía la mano alrededor de la garganta?

REBECCA
Oh, sí. Lo hacía. Lo hacía. Y la mantenía allí, muy suavemente, muy
suavemente, tan suavemente. Me adoraba, ¿sabes?



DEVLIN
¿Te adoraba?

Pausa.

¿Qué quieres decir, te adoraba? ¿Qué quieres decir?

Pausa.

¿Te refieres a que no te apretaba la garganta? ¿Te refieres a eso?

REBECCA
No.

DEVLIN
Entonces, ¿qué? ¿A qué te refieres?

REBECCA
Sí, me apretaba....un poco...la garganta, sí.Y por eso la cabeza se me
inclinaba hacia atrás, suavemente, pero de manera cierta.

DEVLIN
¿Y el cuerpo? ¿Hacia dónde se te iba el cuerpo?

REBECCA
El cuerpo se me iba hacia atrás, lentamente, pero de manera cierta.

DEVLIN
¿Así que las piernas se te abrían?

REBECCA
Sí.

Pausa.

DEVLIN
¿Las piernas se te abrían?

REBECCA
Sí.



Silencio.

DEVLIN
¿Sientes que estás siendo hipnotizada?

REBECCA
¿Cuándo?

DEVLIN
Ahora.

REBECCA
No.

DEVLIN
¿De verdad?

REBECCA
No.

DEVLIN
¿Por qué no?

REBECCA
¿Por quién?

DEVLIN
Por mí.

REBECCA
¿Por ti?

DEVLIN
¿Qué te parece?

REBECCA
Me parece que eres un cabrón.

DEVLIN
¿Yo un cabrón? ¡Yo! Debes estar de broma.
Rebecca sonríe.

REBECCA
¿Yo, de broma? Debes estar de broma.

Pausa.

DEVLIN
Entiendes por qué te hago estas preguntas, ¿verdad? Ponte en mi lugar.
Me siento en la obligación de hacerte preguntas. Hay tantas cosas
que no sé. No sé nada...sobre nada de esto. Nada. Estoy a oscuras.
Necesito luz. ¿O crees que mis preguntas no son legítimas?

Pausa.

REBECCA
¿Qué preguntas?

Pausa.

DEVLIN
Mira. Te agradecería mucho que me lo definieras más claramente.

REBECCA
¿Definirlo? ¿Qué quieres decir, definirlo?

DEVLIN
Físicamente. Quiero decir, ¿en realidad qué aspecto tenía? ¿Entiendes
lo que quiero decir? Longitud, envergadura...ese tipo de cosas. Altura,
anchura. Quiero decir, aparte de su...disposición, cualquiera que
fuera...o de su carácter...o de su categoría...espiritual...Simplemente
quiero, bueno, necesito...tener una idea más clara de él...bueno, no
una idea más clara...simplemente una idea, en realidad...porque no
tengo absolutamente ni idea...tal como están las cosas...de su aspecto.
Quiero decir, ¿qué aspecto tenía? ¿No me puedes dar una forma, una
forma concreta? Quiero una imagen concreta de él, ¿entiendes?...una
imagen que pueda llevar conmigo. Quiero decir, no haces más que
hablar de sus manos, una mano sobre tu cara, la otra en tu nuca, luego
la primera en tu garganta. Debe tener algo más que manos. ¿Qué me
dices de los ojos? ¿Tenía ojos?


REBECCA
¿De qué color?

Pausa.

DEVUN
Esa es precisamente la pregunta que te estoy haciendo... cariño.

REBECCA
Qué raro que me llamen cariño. Nadie me ha llamado nunca cariño.
Aparte de mi amante.

DEVLIN
No me lo creo.

REBECCA
¿No te crees qué?


DEVLIN
No me creo que él te haya llamado cariño jamás.

Pausa.

¿Crees que mi uso de la palabra no es legítimo?



REBECCA
¿Qué palabra?

DEVLIN
Cariño.

REBECCA
Ah, sí, me has llamado cariño. Qué curioso.

DEVLIN
¿Curioso? ¿Por qué?

REBECCA
Pues porque ¿cómo es posible que me llames cariño? No soy tu cariño.



DEVLIN
Sí lo eres.

REBECCA
Pues no quiero ser tu cariño. Es lo último que quiero ser. No soy el
cariño de nadie.

DEVLIN
Eso es una canción.

REBECCA
¿Qué?

DEVLIN
«Ahora no soy la chica de nadie».

REBECCA
Es «Ahora no eres la chica de nadie». Pero de todos modos, yo no
utilicé la palabra chica.

Pausa.

No te sé decir qué aspecto tenía.

DEVLIN
¿Lo has olvidado?

REBECCA
No. No lo he olvidado. Pero esa no es la cuestión. De todos modos, se
marchó hace años.

DEVLIN
¿Se marchó? ¿A dónde se fue?

REBECCA
Se fue por el trabajo. Tenía un trabajo.

DEVLIN
¿Cuál?



REBECCA
¿Cómo?


DEVLIN
¿Qué tipo de trabajo era? ¿Qué trabajo?

REBECCA
Creo que tenía algo que ver con una agencia de viajes. Creo que era
algo así como guía. No. No era eso. Eso era sólo un trabajo a tiempo
parcial. Quiero decir que ése sólo era parte del trabajo en la agencia.
Tenía un puesto bastante alto, ¿sabes? Tenía muchas responsabilidades.

Pausa.

DEVLIN
¿Qué tipo de agencia?

REBECCA
Una agencia de viajes.

DEVLIN
¿Qué tipo de agencia de viajes?

REBECCA
Era guía, ¿sabes? Guía.

DEVLIN
¿Guía turístico?

Pausa.

REBECCA
¿Te he hablado alguna vez de ese sitio...de la vez que me llevó a ese
sitio?

DEVLIN
¿Qué sitio?

REBECCA
Estoy segura de que te lo he contado.



DEVLIN
No, nunca me lo has contado.

REBECCA
Qué curioso. Juraría que sí. Que te lo conté.

DEVLIN
No me has contado nada. Nunca me habías hablado de él. No me has
contado nada.

Pausa.

¿Qué sitio?

REBECCA
Mmmh, era una especie de fábrica, supongo.

DEVLIN
¿Qué quieres decir, una especie de fábrica? ¿Era una fábrica o no lo
era? Y si era una fábrica, ¿qué clase de fábrica era?

REBECCA
Bueno, fabricaban cosas —exactamente igual que en cualquier otra
fábrica. Pero no era el tipo de fábrica normal.

DEVLIN
¿Por qué no?

REBECCA
Todos llevaban gorras...los obreros...gorras blandas...y cuando entró
él guiándome a mí se las quitaron, mientras me llevaba por los pasillos
entre las filas de obreros.

DEVLIN
¿Se quitaron las gorras? ¿Quieres decir que se descubrieron?

REBECCA
Sí.

DEVLIN
¿Por qué hicieron eso?

REBECCA
Él me dijo después que porque le tenían un gran respeto.

DEVLIN
¿Porqué?

REBECCA
Porque hacía un trabajo verdaderamente importante, dijo. Tenían una
fe absoluta en él. Respetaban su...pureza, su...convicción. Le seguirían
hasta el borde de un acantilado y se tirarían al mar si él se lo
pidiera, dijo. Y cantarían en coro, siempre y cuando él les dirigiera.
De hecho eran muy musicales, dijo.

DEVIN
¿Qué impresión les causaste?

REBECCA
¿Yo? Oh, fueron encantadores. Les sonreí. E inmediatamente todos y
cada uno de ellos me sonrió.

Pausa.
Lo único era que EL sitio era tan húmedo. Era extremadamente húmedo.

DEVLIN
¿Y no iban bien vestidos para el clima?

REBECCA
No.

Pausa.

DEVLIN
¿No habías dicho que trabajaba para una agencia de viajes?



REBECCA
Y otra cosa. Yo quería ir al lavabo. Pero sencillamente no lo encontré.
Miré por todas partes. Estoy segura de que había uno. Pero nunca
averigüé dónde estaba.

Pausa.

Sí que trabajaba para una agencia de viajes. Era guía. Solía ir a la
estación de tren local y recorrer el andén arrancando a todos los bebés
de los brazos de sus madres que gritaban.
Pausa.

DEVLIN
¿Ah, sí?


Silencio.

REBECCA
Por cierto, estoy muy angustiada.

DEVLIN
¿Ah, sí? ¿Por qué?

REBECCA
Bueno, es por la sirena de policía que hemos oído hace un par de
minutos.

DEVLIN
¿Qué sirena de policía?


REBECCA
¿No la has oído? Tienes que haberla oído. Sólo hace un par de minutos.

DEVLIN
¿Y qué?

REBECCA
Bueno, sólo que estoy muy angustiada.


Pausa.

Sólo que estoy increíblemente angustiada.

Pausa.

¿No quieres saber por qué? Pues te lo voy a decir de todos modos. Si
no te lo puedo decir a ti, ¿a quién se lo puedo decir? Pues te lo diré de
todos modos. Es que de repente me he dado cuenta. Quero decir
que...mientras la sirena se iba apagando en mis oídos, sabía que se iba
haciendo cada vez más fuerte para otra persona.

DEVLIN
¿Quieres decir que siempre la está oyendo alguien en alguna parte?
¿Es eso lo que quieres decir?

REBECCA
Sí. Siempre. Para siempre.

DEVLIN
¿Eso te hace sentir segura?

REBECCA
¡No! ¡Me hace sentir insegura! Terriblemente insegura.

DEVLIN
¿Por qué?

REBECCA
Odio que se vaya apagando. Odio que vaya desapareciendo el eco.
Odio que me vaya abandonando. Odio irla perdiendo. Odio que otra
persona la vaya poseyendo. Quiero que sea mía, todo el tiempo. Es un
sonido tan hermoso, ¿no crees?

DEVLIN
No te preocupes, siempre habrá otra. Ahora mismo hay una que viene
hacia ti. Créeme. Pronto la oirás otra vez. En cualquier momento.

REBECCA
¿Sí?

DEVLIN
Seguro. Son gente muy ocupada, la policía. Tienen tantas cosas que
hacer. Tienen tantas cosas de las que cuidarse, que vigilar. Reciben
señales continuamente, generalmente en código. No hay ni un minuto
del día en que no vayan a la carga por uno u otro rincón del mundo, en
sus coches de policía, haciendo sonar las sirenas. Así que te puedes
consolar con eso, por lo menos. ¿No? Nunca volverás a estar sola.
Nunca estarás sin una sirena de policía. Te lo prometo.

Pausa.

Escucha. Ese tipo del que estabas hablando...quiero decir, ese tipo del
que tú y yo estábamos hablando...por decirlo de algún modo...¿cuándo
le conociste exactamente? O sea, ¿cuándo ocurrió todo esto, exactamente?
No lo tengo...cómo puedo decirlo...no lo acabo de tener claro.
¿Fue antes de conocerme o después de conocerme a mí? La pregunta
tiene cierta importancia. Estoy seguro de que te das cuenta.

REBECCA
Por cierto, hay algo que me muero por decirte.

DEVLIN
¿Qué?

REBECCA
Fue cuando estaba escribiendo una nota, unas notas para la lavandería.
En fin...para decirlo sin rodeos...una lista para la lavandería. Pues
puse el bolígrafo en esa mesita, rodó y se cayó.

DEVLIN
¿¡No!?

REBECCA
Cayó rodando en la alfombra. Ante mis propios ojos.

DEVLIN
¡Vaya por Dios!

REBECCA
Este bolígrafo, este bolígrafo completamente inocente.


DEVLIN
No puedes saber que era inocente.

REBECCA
¿Por qué no?

DEVLIN
Porque no sabes dónde había estado. No sabes cuántas otras manos lo
han cogido, cuántas otras manos han escrito con él, qué ha hecho con
él otra gente. No sabes nada de su historia. No sabes nada de la historia
de sus padres.

REBECCA
Un bolígrafo no tiene padres.

Pausa.

DEVLIN
No puedes estar ahí sentada y decir cosas como ésa.

REBECCA
Sí puedo estar aquí sentada.

DEVLIN
No puedes estar ahí sentada y decir cosas como ésa.

REBECCA
¿Crees que no tengo derecho a estar aquí sentada? ¿Consideras que no
tengo derecho a sentarme en esta silla, en el lugar donde vivo?

DEVLIN
Digo que no tienes derecho a sentarte en esa silla o en o sobre cualquier
otra silla y decir cosas como ésa y no importa si vives aquí o no.

REBECCA
¿No tengo derecho a decir cosas como qué?

DEVLIN
Que ese bolígrafo era inocente.



REBECCA
¿Crees que era culpable?

Silencio.

DEVLIN
Te estoy dejando escurrir. ¿Lo has notado? Te estoy dejando deslizar.
O quizá sea yo el que ha tenido un desliz. Es peligroso. ¿Lo notas?
Estoy sobre arenas movedizas

REBECCA
Como Dios.

DEVLIN
¿Dios? ¿Dios? ¿Tú crees que Dios se está hundiendo en arenas movedizas?
Eso es lo que yo llamo una percepción verdaderamente asquerosa.
Si es que puede dignificarse con la palabra percepción. Vigila
cómo hablas de Dios. Es el único Dios que tenemos. Si le dejas ir, no
volverá. Ni siquiera mirará hacia atrás por encima del hombro. Y
entonces, ¿qué harás? ¿Sabes cómo será, un vacío así? Será como Inglaterra
jugando contra Brasil en Wembley y ni un alma en el estadio.
¿Te lo imaginas? Jugando las dos partes en un estadio totalmente vacío.
El partido del siglo. Silencio absoluto. Ni un alma mirando. Silencio
absoluto. Aparte del silbato del arbitro y de los insultos y peleas
de siempre. Apartarse de Dios significa que el grande y noble juego
del fútbol caerá en el olvido permanente. Ningún gol en la prórroga de
la prórroga de la prórroga, ningún gol en toda la eternidad, en un tiempo
sin fin. Ausencia. Estancamiento. Parálisis. Un mundo sin ganador.

Pausa.

Espero que te hagas a la idea.

Pausa.

Permíteme decir esto. Hace un rato hiciste...digamos que...hiciste una
referencia un tanto indirecta al tipo ese...¿tu amante?...y bebés y madres,
etcétera. Y andenes. Deduzco que hablabas de alguna atrocidad.
Permíteme que te pregunte esto: ¿qué autoridad crees poseer que te
otorgue el derecho de hablar de tal atrocidad?

REBECCA
No tengo tal autoridad. Nunca me ha ocurrido nada. Nunca le ha
ocurrido nada a ninguno de mis amigos. Nunca he sufrido. Ni tampoco
mis amigos.

DEVLIN
Estupendo.

Pausa.

¿Hablamos más íntimamente? Hablemos de cosas más íntimas, hablemos
sobre algo más personal, sobre algo dentro de tu experiencia inmediata.
Quiero decir, por ejemplo, cuando el peluquero te coge la
cabeza con las manos y empieza a lavarte el pelo muy suavemente y a
masajearte el cuero cabelludo, cuando hace eso, cuando tienes los ojos
cerrados y hace eso, tiene toda tu confianza, ¿no? No es sólo tu cabeza
lo que está en sus manos, ¿no? Es tu vida, es tu bienestar...espiritual.

Pausa.

Pues lo que quería saber era esto...cuando tu amante te ponía la mano
en la garganta, ¿te recordaba al peluquero?

Pausa.

Estoy hablando de tu amante. El hombre que intentó asesinarte.

REBECCA
¿Asesinarme?

DEVLIN
Darte muerte.

REBECCA
No, no. No intentó asesinarme. No quería asesinarme.

DEVLIN
Te ahogó y te estranguló. Casi no hay diferencia. Por lo que cuentas.
¿No?

REBECCA
No, no. Sentía compasión por mí. Me adoraba.

Pausa.

DEVLIN
¿Tenía nombre, el tipo este? ¿Era extranjero? ¿Y yo dónde estaba en
esa época? ¿Qué quieres que entienda? ¿Me fuiste infiel? ¿Por qué no
confiaste en mí? ¿Por qué no confesaste? Te hubieras sentido mucho
mejor. De verdad. Me hubieras podido tratar como un cura. Me hubieras
puesto a prueba. Siempre he querido que me pusieran a prueba.
Era una de mis ambiciones en la vida. Ahora he perdido mi gran
oportunidad. A menos que todo esto ocurriera antes de conocerte. En
cuyo caso no tienes ninguna obligación de decirme nada. Tu pasado
no es asunto mío. A mí no se me ocurriría hablarte de mi pasado. No
es que lo tenga. Cuando llevas una vida académica no te preocupas de
las pequeneces, ¿sabes?, tetas, ese tipo de cosas. Tienes la cabeza en
otros asuntos, si tienes una casera atenta, capaz de prepararte bacon y
huevos pasadas las once de la noche, si la cama está caliente, si el sol
se levanta en la dirección correcta, si la sopa está fría. Solamente de
Pascuas a Ramos haces mover el culo de la sirvienta, siempre y cuando
la haya —sirvienta, no culo— pero, desde luego, nada de eso viene
al caso cuando tienes esposa. Cuando tienes esposa dejas que el pensamiento,
las ideas y la reflexión tomen su curso. Lo cual quiere decir
que nunca dejas que gane el mejor. A la mierda con el mejor, ese
siempre ha sido mi lema. Al final es el hombre que agacha la cabeza
y avanza a través de no importa qué viento o qué clima el que triunfa.
Un hombre con agallas y perseverancia.

Pausa.

Un hombre a quien nada le importa una mierda. Un hombre con un
sentido rígido del deber.

Pausa.

No hay contradicción alguna entre estas dos afirmaciones. Créeme.

Pausa.



¿Sigues el hilo de mi argumento?

REBECCA
Ah sí, hay algo que he olvidado decirte. Fue curioso. Miré por la
ventana del jardín, por la ventana al jardín, a mediados de verano, en
esa casa de Dorset, ¿te acuerdas? Ah, no, tú no estabas. No creo que
hubiera nadie. No. Sólo estaba yo. Estaba sola. Estaba mirando por la
ventana y vi un montón de gente caminando a través del bosque, hacia
el mar, en dirección al mar. Parecían tener mucho frío, llevaban
abrigos, aunque hacía un día precioso. Un precioso y cálido día de
Dorset. Llevaban bolsas. Había...guías...conduciéndolos, guiándolos.
Cruzaron el bosque y les vi a lo lejos caminando por el acantilado y
bajando hacia el mar. Entonces los perdí de vista. Tenía bastante curiosidad,
así que subí a la ventana más alta de la casa y miré por
encima de las copas de los árboles y pude ver la playa. Los
guías...conducían a toda esa gente por la playa. Hacía un día tan bonito.
Estaba tan calmado y el sol brillaba. Y vi a toda esa gente adentrarse
en el mar. La marea los cubría lentamente. Sus bolsas flotaban en las
olas.

DEVLIN
¿Cuándo fue eso? ¿Cuándo viviste en Dorset? Yo nunca he vivido en
Dorset.

Pausa.

REBECCA
Ah, por cierto, alguien me dijo el otro día que hay un estado que se
conoce como elefantiasis mental.

DEVLIN
¿Qué quieres decir, «alguien te dijo»? ¿Qué quieres decir, «el otro
día»? ¿De qué estás hablando?

REBECCA
Elefantiasis mental significa que cuando derramas una onza de salsa,
por ejemplo, inmediatamente se expande y se convierte en un vasto
mar de salsa. Se convierte en un mar de salsa que te rodea por todas
partes y te ahogas en un voluminoso mar de salsa. Es terrible. Pero
todo es culpa tuya. Tú lo has provocado. No eres la víctima de ello,
eres la causa. Porque fuiste tú quien derramó la salsa en primer lugar,
fuiste tú quien pasó el bulto.

Pausa.

DEVLIN
¿El qué?

REBECCA
El bulto.

Pausa.

DEVLIN
Y bien, ¿cuál es la cuestión? ¿Estás dispuesta a ahogarte en tu propia
salsa? ¿O estás dispuesta a morir por tu patria? Bien. ¿Qué dices,
corazón? ¿Por qué no sales y te vas a la ciudad y te metes en un cine?

REBECCA
Qué curioso, en algún momento de un sueño...hace mucho tiempo...oí
a alguien llamarme corazón. Miré hacia arriba. Había estado soñando.
No sé si miré hacia arriba en el sueño o al abrir los ojos. Pero en el
sueño, una voz llamaba. De eso estoy segura. Una voz me llamaba.
Me llamaba corazón.
Pausa.
Sí.

Pausa.

Salí a la ciudad helada. Incluso el barro estaba helado. Y la nieve
tenía un color curioso. No era blanca. Bueno, era blanca, pero tenía
otros colores. Era como si hubiera venas recorriéndola. Y no era suave,
como es la nieve, como la nieve debe ser. Había montículos. Y
cuando llegué a la estación ferroviaria vi el tren. Había otras personas.

Pausa.



Y mi mejor amigo, el hombre a quien yo había dado mi corazón, el
hombre que supe, desde el momento en que nos conocimos, que era
para mí, mi amor, mi compañero más preciado, lo vi recorriendo el
andén arrancando a todos los bebés de los brazos de sus madres que
gritaban.

Silencio.

DEVLIN
¿Has visto a Kim y a los niños?
Ella le mira.
Hoy ibas a ver a Kim y a los niños.
Ella le mira fijamente.
Tu hermana Kim y los niños.

REBECCA
¡Ah, Kim! Y los niños, sí. Sí. Sí, claro que los he visto. He tomado el
té con ellos. ¿No te lo he dicho?

DEVLIN
No.

REBECCA
Claro que los he visto.

Pausa.

DEVLIN
¿Cómo están?

REBECCA
Ben ya habla.

DEVLIN
¿Ah, sí? ¿Qué dice?

REBECCA
Cosas como «Me llamo Ben». Cosas así. Y «Mamá se llama Mamá».

Cosas así.


DEVLIN
¿Y Betsy?

REBECCA
Gatea.

DEVLIN
¿No, de verdad?

REBECCA
Creo que empezará a andar antes de que nos demos cuenta. De verdad.

DEVLIN
Y probablemente a hablar también. Dirá cosas como «Me llamo Betsy».

REBECCA
Sí, claro que los he visto. He tomado el té con ellos. Pero...mi pobre
hermana...no sabe qué hacer.

DEVLIN
¿Qué quieres decir?

REBECCA
Bueno, él quiere volver, ¿sabes?...llama una y otra vez pidiendo que le
deje volver. Dice que no lo puede soportar, dice que ha dejado a la
otra, dice que está viviendo solo, ha dejado a la otra.

DEVLIN
¿Y es verdad?

REBECCA
Dice que sí. Dice que echa de menos a los niños.

Pausa.

DEVLIN
¿Echa de menos a su mujer?

REBECCA
Dice que ha dejado a la otra. Dice que nunca fue nada serio, ¿sabes?,
que sólo fue sexo.

DEVLIN
Ah.
Pausa.
¿Y Kim?
Pausa.
¿YKim?

REBECCA
Nunca le dejará volver. Nunca. Dice que nunca compartirá la cama
con él otra vez. Nunca. Jamás.

DEVLIN
¿Por qué no?

REBECCA
Nunca jamás.

DEVLIN
¿Pero por qué no?

REBECCA
Claro que he visto a Kim y los niños. He tomado el té con ellos. ¿Por
qué me lo has preguntado? ¿Creías que no les había visto?

DEVLIN
No. No lo sabía. Sólo que dijiste que ibas a tomar el té con ellos.

REBECCA
¡Pues claro que he tomado el té con ellos! ¿Por qué no iba a hacerlo?
Es mi hermana.

Pausa.

Adivina dónde fui después del té. Al cine. Vi una película.

DEVLIN
¿Sí? ¿Cuál?

REBECCA
Una comedia.

DEVLIN
Aja. ¿Era divertida? ¿Te reiste?

REBECCA
La otra gente se reía. Los otros miembros del público. Era divertida.

DEVLIN
¿Pero tú no te reíste?

REBECCA
La otra gente sí. Era una comedia. Había una chica...¿sabes?...y un
hombre. Estaban comiendo en un restaurante elegante de Nueva York.
Él la hacía sonreír.

DEVLIN
¿Cómo?

REBECCA
Pues...contándole chistes.

DEVLIN
Ah, ya.

REBECCA
Y luego, en la escena siguiente se la llevaba a una expedición por el
desierto, en una caravana. Ella nunca había vivido en el desierto, ¿sabes?
Tenía que aprender a hacerlo.



Pausa.

DEVLIN
Suena muy divertido.

REBECCA
Pero había un hombre sentado delante de mí, a mi derecha. Estuvo
totalmente quieto durante toda la película. No se movió para nada,
estaba rígido, como un cadáver con rigor mortis, no se rió ni una sola
vez, estaba ahí sentado como un cadáver. Me alejé de él. Me alejé
tanto como me fue posible.

Silencio.

DEVLIN
A ver, empecemos otra vez. Vivimos aquí. No vives...en Dorset...ni en
ninguna otra parte. Vives aquí conmigo. Esta es nuestra casa. Tienes
una hermana muy agradable. Vive cerca de ti. Tiene dos niños encantadores.
Tú eres su tía. Eso te gusta.

Pausa.

Tienes un jardín maravilloso. Te encanta tu jardín. Lo creaste tú sólita.
Tienes auténticas manos de jardinera. También tienes unas manos
preciosas.
Pausa.
¿Has oído lo que te he dicho? Te acabo de hacer un cumplido. En
realidad, te he hecho varios cumplidos. Empecemos otra vez.

REBECCA
Creo que no podemos empezar otra vez. Empezamos...hace mucho
tiempo. Ya empezamos. No podemos empezar otra vez. Podemos terminar
otra vez.

DEVLIN
Pero nunca hemos terminado.


REBECCA
Sí que lo hemos hecho. Una y otra vez. Y podemos terminar otra vez.
Una y otra vez. Y otra vez.

DEVLIN
¿No estás utilizando mal la palabra terminar? Terminar significa terminar.
No se puede terminar otra vez. Sólo se puede terminar una vez.

REBECCA
No. Puedes terminar una vez y luego puedes terminar otra vez.

Silencio.

REBECCA (canta suavemente)
«Cenizas a las cenizas» -

DEVLIN
«Y polvo al polvo» -

REBECCA
«Si las mujeres no te atrapan» -

DEVLIN
«Lo hará el licor.»

Pausa.

DEVLIN
Siempre supe que me amabas.

REBECCA
¿Por qué?

DEVLIN
Porque nos gustan las mismas canciones.

Silencio.

Escucha.



Pausa.

¿Por qué nunca me habías dicho lo de este amante tuyo? Tengo derecho
a estar realmente muy enfadado. ¿Te das cuenta? Tengo derecho
a estar realmente muy enfadado, ¿lo entiendes?

Silencio.

REBECCA
Ah, por cierto, hay algo que quería haberte dicho. Estaba en una
habitación en el ático de un edificio muy alto en el centro de la
ciudad. El cielo estaba lleno de estrellas. Iba a cerrar las cortinas,
pero me quedé en la ventana un rato mirando las estrellas. Entonces
miré hacia abajo. Vi a un viejo y un niño caminando por la calle.
Ambos arrastraban maletas. La maleta del niño era más grande que
él. Era una noche muy clara. Por las estrellas. El viejo y el niño
caminaban por la calle. Se cogían de la mano que les quedaba libre.
Me pregunté hacia dónde iban. En fin, estaba a punto de cerrar las
cortinas, pero entonces, de repente, vi a una mujer que les seguía
con un bebé en brazos.

Pausa.

¿Te he dicho que la calle estaba helada? Estaba helada. Así que la
mujer tenía que andar con mucho cuidado. Por encima de los montículos.
Las estrellas habían salido. Siguió al hombre y al niño hasta
que doblaron la esquina y desaparecieron.

Pausa.

Se quedó quieta. Besó al bebé. El bebé era una niña.

Pausa.

La besó.

Pausa.

Escuchó el latido del corazón del bebé. El corazón del bebé latía.


La luz de la habitación se ha oscurecido. Las lámparas brillan intensamente.
Rebecca está sentada, muy quieta.
El bebé respiraba.

Pausa.

La estreché en mis brazos. Respiraba. Su corazón latía.
Devlin.se acerca a ella. Se queda de pie delante suyo y la mira.
Cierra el puño y lo sostiene delante de su cara. Le pone la mano izquierda .
detrás de la nuca y la agarra. Le acerca la cabeza hacia su puño. El puño le
toca la boca.

DEVLIN
Bésame el puño.
Ella no se mueve.
Él abre la mano y coloca la palma sobre la boca de ella.
Ella no se mueve.

DEVLIN
Habla. Dilo. Di «Ponme la mano alrededor de la garganta».
Ella no habla.

DEVLIN
Pídeme que te ponga la mano alrededor de la garganta
Ella no habla ni se mueve.

Él le pone la mano en la garganta. Presiona suavemente. La cabeza de ella
se inclina hacia atrás.
Ambos están quietos.
_ i
Ella habla. Hay un eco. Él afloja la mano.


REBECCA
Nos llevaron a los trenes


los trenes

Pausa.

REBECCA
Se llevaban a los bebés
Eco
llevaban a los bebés

Pausa.

REBECCA
Yo cogí a mi bebé y lo envolví con el chal
Eco
el chal

REBECCA
Como si fuera un bulto
Eco
un bulto

REBECCA
Y lo sostuve bajo el brazo izquierdo
Eco
el brazo izquierdo

Pausa.

REBECCA
Y pasé con el bebé

La luz de la habitación se ha oscurecido. Las lámparas brillan intensamente.
Rebecca está sentada, muy quieta.
El bebé respiraba.

Pausa.

La estreché en mis brazos. Respiraba. Su corazón latía.
Devlin.se acerca a ella. Se queda de pie delante suyo y la mira.
Cierra el puño y lo sostiene delante de su cara. Le pone la mano izquierda .
detrás de la nuca y la agarra. Le acerca la cabeza hacia su puño. El puño le
toca la boca.

DEVLIN
Bésame el puño.
Ella no se mueve.
Él abre la mano y coloca la palma sobre la boca de ella.
Ella no se mueve.

DEVLIN
Habla. Dilo. Di «Ponme la mano alrededor de la garganta».
Ella no habla.

DEVLIN
Pídeme que te ponga la mano alrededor de la garganta
Ella no habla ni se mueve.
El le pone la mano en la garganta. Presiona suavemente. La cabeza de ella
se inclina hacia atrás.
Ambos están quietos.
Ella habla. Hay un eco. Él afloja la mano.

REBECCA
Nos llevaron a los trenes
Eco
los trenes

Pausa.

REBECCA
Se llevaban a los bebés
Eco
llevaban a los bebés
Pausa.

REBECCA
Yo cogí a mi bebé y lo envolví con el chal
Eco
el chal

REBECCA
Como si fuera un bulto
Eco
un bulto

REBECCA
Y lo sostuve bajo el brazo izquierdo
Eco
el brazo izquierdo

Pausa.

REBECCA
Y pasé con el bebé


Eco
el bebé
Silencio.

Pausa.

REBECCA
Pero el bebé lloró
Eco
lloró

REBECCA
Y el hombre me llamó
Eco
me llamó

REBECCA
Y me dijo qué llevas ahí
Eco
llevas ahí

REBECCA
Alargó la mano hacia el bulto
Eco
hacia el bulto
REBECCA
Y subimos al tren
Eco
al tren
REBECCA
Y llegamos a este lugar
Eco
este lugar
REBECCA
Y encontré a una mujer que conocía
Eco
que conocía
REBECCA
Y me dijo, qué le ha pasado a tu bebé
Eco
tu bebé
REBECCA
Dónde está tu bebé
REBECCA
Y le di el bulto
Eco
el bulto.
REBECCA
Y ésa es la última vez que sostuve el bulto
Eco
el bulto


Eco
tu bebé
REBECCA
Y yo dije qué bebe
Eco
qué bebe
REBECCA
No tengo ningún bebé


Eco
ningún bebé
REBECCA
No sé de ningún bebé
Eco
de ningún bebé
Pausa.
REBECCA
No sé de ningún bebé

Silencio largo.

OSCURO


Febrero 1996