19/5/18

MONÓLOGO FEMENINO LOS CAMALEONES ÓSCAR LIERA

MONÓLOGO FEMENINO 

LOS CAMALEONES
ÓSCAR LIERA

Personaje único:

Laura


Si la viéramos a los ojos, pensaríamos que Laura tiene 22 años, las manos reflejarían 32;
pero su boca concedería solamente 25. Ella confesaba siempre 24.
Ahora se encuentra en su casa. El buen gusto con el que habían sido elegidos los
muebles y la gran cantidad de libros hacen parecer una sala demasiado elegante, sin
embargo, los habitantes de aquella casa pertenecen a lo que comúnmente llamamos
clase media. El decorado podría resumirse de la siguiente manera: un librero con
muchos libros y algunos elementos decorativos, cuadros en la paredes, un sofá, una
mesita con un teléfono, al fondo, un escritorio con un sillón de respaldo alto, en donde,
según parece, alguien, que está de espaldas al público, se halla sentado. El teléfono está
descolgado mientras Laura busca un libro.



LAURA.- Mitos y ritos, mitos y ritos, mitos y ritos...la rama...el principio de las
religiones... la magia. (Gritando.) ¿Por qué se te metió en la cabeza que yo lo tenía?
¿Tan inspirada te sientes como para comenzar tu tesis justamente el día de hoy?
(Corre al teléfono.) ¿Me oíste lo que te dije? Sí, era a ti. Yo no tengo ese libro. ¿No se lo
prestarías a Olivia? Pues trata de acordarte bien, yo no lo tengo. ¿Tienes que comenzar
tu tesis precisamente hoy? Pues sí. ¿Tienes que reunir todo el material? Pues ficha
otro libro. ¿Qué exhiben? ¡Qué padre! Pero no puedo ir, tengo que hablar con mi papá
ahora mismo, no, no lo puedo dejar para mañana. Bueno, sí, muy bien, yo te llamo.
Adiós Luisa.

Con un sentimiento extraño, parecido al dolor que produce el vacío cuando cala
en las profundidades de los huesos, cuelga el teléfono y lo presiona sobre la mesita por
largo rato como para que no fuera a brincar en algún momento. Voltea a ver la silla de
la que sólo ve el respaldo y el pelo de alguien que, según parece, está sentado. Duda un
poco, y luego, aspirando con fuerza el aire, como una gran dosis de droga que la
reconforta, comienza a sonreír con cierta inocencia y después, con decisión, suelta el
aire convertido en palabras.


Papá, te pedí que te quedaras porque quiero hablar contigo. Ya te dije que no quiero
que voltees a verme mientras no haya terminado de decirte lo que pienso. Lo que te
voy a decir es como una confesión que me hago a mí misma, es como uninteriorizarme ante tu presencia, es como si de pronto comenzara a resbalarme hacia
el interior de mi ser y quedara volteada al revés, como quien voltea una media y se
encuentra con sus hilos y sus costuras. ¿Me pregunto por qué tú? ¿Por qué tú y no mi
mamá, por ejemplo? ¿O mis hermanos? No lo sé, tal vez porque eres el que ha estado
más cerca de mí, o por lo menos eso es lo que me has hecho sentir durante toda mi
vida. Tú me has dicho muchas veces que quieres ser mi amigo, y en este momento te
acepto la proposición porque ahora lo que necesito no es un padre, sino un amigo.
Déjame fumar un poco de tu cigarro, amigo. (Toma el cigarro que está sobre el
escritorio y se queda con él.) Delante de mis amigos, a veces, fumo; delante de mis
padres nunca. Ahora es cuando yo debería conocer también tus secretos, pero no
permitiste que se adhirieran a la boquilla. Los camaleones. Todo tiene que ver con la
tesis que he escogido: “Los Camaleones”. Si hubieras visto la cara que puso el doctor
Campos cuando conoció el título de mi tesis. (Lo imita.) “Señorita ¿usted pretende
alcanzar la licenciatura en antropología o en zoólogo o veterinario?”
Pues mire doctor, le dije yo, todo depende de la gravedad del asunto que pienso tratar;
si usted considera que el problema de antropología social que voy a estudiar llega a
ser tan patológico que coloque al hombre por debajo de los seres racionales, creo que
sí me he equivocado de vocación y debí haber estudiado veterinaria o zoología.
Entonces él me preguntó cuál era ése tan grave problema que pensaba presentar en
mi tesis y yo le respondí: el comportamiento homosexual en los humanos. ¿Te das
cuenta papá de lo que pienso hablar? Mi mamá pondría el grito en el cielo y se tiraría
al piso fingiendo cualquier ataque extraño, pero tú no. Tú te quedas en el reposo que
te he impuesto, maquinando, cerrando algunas de tus ventanas, seguramente
haciendo gestos grotescos con la cara. ¿Has tenido tú alguna experiencia homosexual?
Según algunos investigadores, en los hombres es más común que en las mujeres. No,
no me digas nada hasta que haya terminado con mi plática; si algún día tú quieres
contar tu vida íntima, me gustaría mucho conocerla. Me gustaría saber, por ejemplo, si
eres sexualmente feliz con tu mujer... a veces pienso que solamente te has acostado
con mi mamá las veces necesarias para engendrar los hijos. Alba me contó que sus
padres han condenado con energía el placer sexual, y que cuando iban a hacer el amor
era sólo con el fin de engendrar el hijo, y antes de hacerlo tenían mucho cuidado de
rezar algunas oraciones y pedirle un hijo a Dios, avergonzándose del acto que tenían
que cometer. ¿No crees que sea completamente ridículo?


El timbre de la puerta viene a interrumpir el hilo de la conversación, y como un
nuevo personaje se coloca en medio de ellos. Laura no sabe si atender de inmediato al
extraño personaje entrometido, duda un poco, el timbre insiste como si fuera una
interrogación constante, constante. Por fin, Laura se decide a ver quién es y se encamina
hacia la ventana, pero al llegar prefiere no contestar aquella insistente interrogación y
regresa a retomar la conversación.

Perdóname papá, pero no pienso abrir. No sé si te moleste estar soportando por
algunos momentos el berrido de ese timbre infecto, pero prefiero terminar de hablar
contigo sin distraernos en anda antes de que lleguen los demás. (Pausa.) Quiero hacer
una buena tesis, una importante investigación, quiero que tú sepas que lo hago porque
desde algún tiempo me he venido asqueando del mundo, y cada vez, cada día me doy
más cuenta de que la tierra no puede ser el mejor planeta, ni los terrícolas los seres
más perfectos del Universo.
Laura, como llena de ira, se pone a correr por toda la sala y a gritar como si
anunciara algo en venta.
¡El hombre es el animal más promiscuo que existe! ¡Todos los hombres les son infieles
a sus mujeres! ¡Todas las mujeres piensan en otro hombre cuando están con el marido
o se acuestan con el amante en turno! (Continúa furiosa.) Existen grupos de mujeres
que dedican su vida a cobrar para que un hombre las use sexualmente, todos los
adolescentes van con estas mujeres o engañan a otras para obtener de ellas lo mismo.
Esto, dentro de los cánones socio-religiosos se llama: relaciones “normales”. Pero
existen otros seres que prefieren las relaciones sexuales con personas de su mismo
sexo, esto puede ser aberrante a los ojos de los que no ven más allá de sus narices, y
perfectamente normal para los que no clasifican al ser humano por sus relaciones
sexuales, ni les importa la vida íntima de los hombres frente a la grandeza interior y
trascendente. De cualquier manera, en ninguno de los casos, casi nadie dedica
actualmente su vida sexual a una sola persona. A veces la gente se enamora de otra
gente, se realiza sexualmente con ella y se siente el ser más agraciado del mundo; pero
un día la situación cambia y uno de los dos se marcha con alguna mujer o con algún
hombre. Quiero que tú, papá, me convenzas de que no le ponga ese título a mi tesis,
quiero que tú seas uno de los que se realizan sexualmente con la mujer que ha elegido
para madre de sus hijos, para compañera de toda su vida, y quiero que me digas,
además, que los jadeos que escucho por las noches cuando paso cerca de la recámara
de ustedes y que a veces me he detenido a oírlos para codificarlos, no son ronquidos
como siempre he creído; dime que por las noches la tocas y se aman y los dos jadean y
gozan juntos; (Pausa.) Sin embargo, siempre los he oído roncar. Convénceme de que
estoy equivocada, de que no es un buen tema para mi tesis. Todo dependerá de lo que
tú me digas. Un día, uno de los dos deja de amar, si están casados, roncan juntos y si es
una relación libre, ese uno puede irse. En uno el amor se agota de pronto porque es
incapaz de amar, o porque ha concebido el amor como un valor relativo y lo ha
acomodado dentro de esta mezquina circunstancia en que vivimos los humanos. Pero
tal vez en el otro el amor perdure, y cuando ese uno se ha ido, el amor crece en el otro
con desespero y con enfermedad, como un tumor canceroso que se acomoda entre los
pulmones y se alimenta de oxígeno y después no deja respirar con tranquilidad y sin
dolor. El amor se enferma mortalmente en el que se queda y poco a poco tiene que irmatándolo con la conciencia clara y completa de que es lo que más desearía
conservar; de que puede ser el único amor de la vida. (Pausa.) Cuando esto sucede en
las relaciones “normales”, el sufrimiento se puede exteriorizar, la familia entera podrá
compartir la pena y se tratará, en lo más posible, de ayudar a reenfrentarse a la vida al
que sufre; pero cuando esto se da fuera de este tipo de relaciones, es decir, dentro de
las relaciones homosexuales, ¿quién le puede ayudar? ¿Qué actitud toma el
homosexual frente a la familia y qué otra en la soledad? Tienen que ser unos seres
miméticos, como unos camaleones, y sólo dejarán salir el llanto cuando estén a solas.
¡Papá, Dolores, mi mejor amiga, mi amante desde hacía tres años, me dejó hace una
semana porque cree estar enamorada de una pinche alemana bizca que vino como
arqueóloga! ¡Y me está llevando el carajo! ¡Y desde hace ocho días que me estoy
ahogando con mi cáncer! ¡Y quisiera matarla en mí o morirme yo con ella dentro!
Laura cae en la desesperación pero se siente libre al poder expresar lo que piensa
en el fondo de sí misma. Pretende curar su espíritu confesando sus más íntimas
relaciones. Ahora sí desearía que su padre se levantara de la silla y se acercara a ella, y
la abrazara, y la besara y le deslizara por la oreja alguna palabra de aliento, cualquier
cosa que la hiciera sentir que no estaba sola. Le gustaría que el padre le comunicara que
él estaba con ella y que también lo estarían su madre y sus hermanos. Deseaba le
contara algunas relaciones homosexuales de su juventud, eso la hubiera acercado más
estrechamente a él. Pero le asaltó el problema de sentirse compadecida y se apresuró a
hablar.
Recuerda que no quiero que te muevas de tu sitio, no quiero que digas una sola
palabra hasta el final de mi exposición; si es que tienes ganas de hacerlo. (Pausa.) Y
luego tú, preguntando a la hora de la comida por Dolores, y lo hacía mi madre
también y querían que la invitara a comer el sábado con nosotros y yo destrozándome
por dentro, y recordaba sus labios, su talle, su pelo. ¡Y tenía que comer!, y tenía que
inventar alguna mentira. (Pausa.) Mimética, me he vuelto yo también mimética, como
un camaleón. Yo te pido que entiendas este estado en que me encuentro y al cual yo no
pedí llegar. Yo no pedí llegar a esto, sin embargo creo que siempre me han gustado las
mujeres, desde los primeros días de mi vida, y no sé por qué pero así es. A mí me
hubiera gustado ser como todas, tener un novio, y los padres del novio piden la mano
de la novia como quien pide solamente el guante derecho en ceremonia familiar, y los
padres la dan como una cosa...
Laura ha llegado con gran facilidad al sarcasmo, comienza a hablar entre risas,
risas que salen de su interior cuando habla de las relaciones que ella siempre
entrecomillaba como “normales”, las cuales tenían muchas cosas que a una antropóloga
como ella le parecían ridículas.Y los novios se casan...


Ahora, sin perder su sarcasmo, canta la marcha nupcial e imita a una novia boba
que cruza dentro de la iglesia por entre una valla de amigos y parientes.


...Después, la fiesta, y el novio, una vez cumplidos todos estos requisitos, puede
llevársela, su cosa, a cualquier hotel y romperle el himen, y la pobre muchacha
temerosa queda asquerosamente penetrada por un hombre.


Las últimas palabras se expresaron en un grito, iban dentro de un grito, envueltas
en un grito que se escapó de las profundidades de Laura. Después del grito la voz se le
quiebra en los límites de la garganta y la lengua y las palabras comienzan a escurrírsele
impregnadas de una especie de llanto lastimoso, dolorido, que brota como la saliva.


...Asquerosamente penetrada por un hombre, con un sexo extraño al de ella, un sexo
que ni siquiera se le asemeja, un falo vomitante y duro como un hierro que sin piedad
rompe membranas y se va introduciendo sin clemencia entre las carnes más blandas y
el macho ruge de placer, el macho posee “su cosa” y casi la estrangula con sus gritos y
su baba. Y cuando el naciente gozo de la mujer aparece, el macho canta triunfal su
himno eyaculativo, se limpia la boca y se voltea de nalgas. ¡Qué asco! ¡Qué asco! ¿Cómo
puede ser normal todo esto?


Suelta el llanto, busca un pañuelo y se limpia los ojos y la nariz. Le gustaría enviarle a
Dolores todos los pañuelos llenos de lágrimas que ha ido guardando, enviárselos con una
nota; el chantaje melodramático es corriente, pero en la guerra y en el amor se vale
todo. Dolores es una angustia, un desespero, una obsesión. Se acerca al teléfono y con
lentitud marca una serie de números y espera con paciencia, de pronto, alguien levanta
el audífono del otro lado de la línea.


¿Dolores? Es Laura. ¿Cómo estás? ¿Te podré ver hoy? ¿Qué? No, no he salido en toda
la tarde. ¿Tú? ¿Y tocaste el timbre varias veces? No abrí porque estaba contigo, no, no
estoy loca. ¿Y te peleaste con ella, por eso veniste? ¿Qué? ¡Ah! Pero ya te habló, claro y
tú la quieres. No, no me haces daño... (El timbre de la puerta suena dos veces.) Alguien
llama a la puerta, déjame ver quién es.


Deja el teléfono y corre hacia la ventana y mira hacia abajo. Se sorprende al ver a
su padre en la calle.


¡Papá, papá! ¿No traes llaves? ¿Dónde están los demás? ¿Te veniste solo? ¿Qué? Sí, en
este momento bajo a recogerlas y las meto de inmediato al refrigerador; sí, déjamelas
con Catalina, bueno no te tardes.
Regresa con alegría al teléfono.Bueno, Dolores, bueno, bueno, Dolores...


Cuelga con gran cansancio el teléfono, voltea hacia la silla en donde está el bulto
del hombre, se va acercando con lentitud. Coge la silla por el respaldo y comienza a
empujarla, hay allí un muñeco, hecho, seguramente con la ropa de su padre. Lo pasea
por toda la sala. El muñeco empieza a desbaratarse y van cayendo al suelo los rellenos
de toallas, sábanas, almohadas, mientras Laura le dice.


Algún día me atreveré a decírtelo papá, algún día me atreveré. No quiero seguir
fingiendo delante de ustedes y llorando a solas, algún día tendré el suficiente valor,
algún día.


MIENTRAS, SE VA CERRANDO EL TELÓN