Minotastas y su familia Hugo Hiriart versión Solis






Minotastasio y su familia
de
Hugo Hiriart





Adaptación de
Luis Martín Solís







PERSONAJES:

PASIFAE
MINOTASTASIO
ARIADNA
FEDRA
DOCTOR (DEDALO)
TESEO
ESPIRITU DEL LABERINTO (Cantante)


Escena I.
EL COMPLOT
Personajes: Ariadna y Fedra

Las dos hermanas corren por los intrincados corredores del laberinto. Llegan a un espacio resbaloso y se detienen. Las hermanas confabulan: Ariadna, hermana mayor es seria y resuelta, Fedra es muy infantil.
                      
ARIADNA: Ya todo va a terminar hermana.

FEDRA: ¿Encontraste a alguien en los muelles?

ARIADNA:  Sí, hermana, hallé uno.  Es un marino.  Su barco zarpará mañana.  Es perfecto, lo sé, ideal para nuestros planes.

FEDRA:  ¿Lo destruirá?  ¿Acabará con él?  Dime, ¿Tanto te desea que lo matará por ti?  ¿Lo crees?

ARIADNA: No solo es cosa de deseos.  El marino necesita una hazaña y nosotras se la vamos a dar.

FEDRA: Y ¿Crees que por mí lo mataría?

ARIADNA:  Depende de tres cosas: la primera, encontrar un héroe; la segunda, darle una hazaña; y la tercera la voluntad de ser su premio.  Y tienes una: se te nota en los ojos que quieres ser el premio de un héroe.

Vuelven a correr y llegan a un puente en el que se equilibran.

FEDRA:  ¿Estás convencida de que hay que matarlo?, ¿No podría ser de otra manera?  Minotastasio es muy joven, es un niño, no ha vivido y mi mamá lo quiere mucho y…

ARIADNA:  (Interrumpe.) ¿Y nosotras, hermana, hemos vivido?, ¿Llamas vida a este encierro?  Ya hemos hablado muchas veces de lo que podemos hacer y sabemos perfectamente bien que no hay otro modo de acabar con todo esto.  Es preciso que lo mate. (Vuelven a equilibrarse) Mira, las otras reciben a muchachos, las otras ríen y hablan y se arreglan y salen, y van a los bailes; bailan hermana, bailan…  Nosotras no.  Si tú quieres esperarte hasta que seas una anciana lamentable, idiota y amarga, allá tú; yo no quiero eso para mí.

Pasan por un espacio angosto.

FEDRA: (Asustada.)  Podríamos huir, irnos a otra parte, salir de aquí y no volver nunca.

ARIADNA:  (Furiosa.) ¿Qué te pasa?  ¿Tienes miedo?  Entiéndelo, no vamos a ir a ninguna parte, ya lo sabemos muy bien. ¿Quieres andar por ahí mendigando como una perra?  Además, hermana, y es lo más importante, esta también en nuestra casa y ella también es nuestra madre…  También, también, también, siempre tener que decir “también”…  ¿Qué, somos nada?, ¿Nacimos del aire y ella no es nuestra madre?, ¿Qué, solo existe Minotastasio, nada más Minotastasio?  ¿O no?  Piensa, hermana, piensa.

(Puente, Se agachan y entran por una puerta pequeña, avanzan agachadas)

FEDRA: Pero, lo ama demasiado, si muere Minotastasio, ella se morirá de tristeza.  ¿Por qué tienen que ser así las cosas?

ARIADNA: Así son, hermana.  Y no, nada de eso: piensa que ella también será libre…  Ahora está siempre angustiada, no piensa más que en él, siempre esta triste, vigilándolo, dándole sus alimentos, pensando en que le puede suceder al día siguiente, y anda siguiéndolo, y se levanta a media noche a ver qué le pasa, si está bien, si todavía está ahí …¡Ayyyy! (Grita horrorizada, como si hubiera pisado una rata. Cambian de espacio. Ríen hasta que Ariadna se pone seria) …¿Crees que eso es vida?  Eso no es vida ¡Estamos presas! (El eco rebota su palabras)

FEDRA: ¡Quiero vivir mi vida! ¡Vida, vida, vida!

ARIADNA: ¡Sin Minotastasio! Minotastasio! Minotastasio! Minotastasio!

Se mezclan las voces y los ecos, con los glisandos del timbal. Se oscurece la escena y solo se ilumina a Pasifae en primer plano.


Escena ll
¿PORQUE SOY TAN DIFERENTE?
Personajes: Pasifae y Minotastasio. Al final el Doctor, Ariadna y Fedra.
 
PASIFAE:  (Llama a gritos.)  ¡Minotastasio! ¡Minotastasio! ¡Minotastasio! (Aparece Minotastasio. ¿Dónde andabas? Te he dicho Minotastasio que no te escondas. Sabes muy bien que me aflige mucho no saber dónde estás; prométeme que no lo volverás a hacer.

MINOTASTASIO: No me escondía mamá. A mí también me gusta que sepas siempre donde estoy. Y me gusta saber dónde estas tú. Pero es que me puse a andar porque quería llegar al último salón. Mamá, salgo de un salón y entro en otro diferente, camino por corredores con lámparas, subo y bajo escaleras, cruzo otros salones… dime, ¿No tienen fin los cuartos? Porque he andado y andado y no llego al último salón.

PASIFAE: Despacio hijo, articula bien. La casa es grandísima. Al-úl-ti-mo-sa-lón. No hay último salón, siempre hay un cuarto que sigue a otro y a otro y a otro. Ya no busques.

MINOTASTASIO: Debe haber muchos salones, ¿Verdad? Dime, ¿Cuántos has visitado? Tú lo sabes todo mejor que yo.

PASIFAE:   He visto muchos, hijo. Hay salones llenos de agua azul y verde con peces de colores. Otros son amarillos y muy grandes con animales de plomo que muerden y pican…

MINOTASTASIO: ¡Uy! ¡Uy! Muerden y pican…

PASIFAE: Enormes bóvedas y un pájaro que a veces parece que se ríe. Nadie los conoce todos… pero, ¿Por qué haces tantas preguntas hoy?

MINOTASTASIO: Escúchame, en esos salones que no conozco, ¿No hay otros? Quiero decir, ¿Solo estamos mis hermanas Ariadna y Fedra, el doctor, tú y yo? Porque tal vez en la casa haya otros que hablan como tú y como yo…

PASIFAE:  Solo estamos nosotros; tus dos hermanas, el doctor, tú y yo.

MINOTASTASIO: No quiero contradecirte mamá, pero si no has visto todos los cuartos ¿Cómo puedes saber que no hay en algún salón alguien que hable como nosotros? (Pausa). Tal vez en algún cuarto que no has visitado haya alguien como yo… Alguien como yo, que hable y tenga cuernos y rabo… (Pausa) ¿Por qué, mamá, porque soy diferente de mis hermanas, diferente del doctor y de ti? (Pausa) ¿Sabes? El otro día quise levantar una tasa como esas en las que beben ustedes, pero la rompí: rompí muchas y no pude levantar ninguna. Me dio mucha pena, mamá, sentí vergüenza…

PASIFAE: No tienes ninguna razón de apenarte, hijo. Yo tampoco puedo levantar el tazón de bronce donde bebes agua… (Pausa) Pero, ¿Por qué haces tantas preguntas hoy? ¿No estás contento, hijo, te aburres? (Entra el Doctor dejando caer una cadena y se la coloca a Minotastasio) Ya es hora de merendar, ¿No tienes hambre?
 
ESPIRITU DEL LABERINTO (canta)
Se abre la puerta del abismo
un sacrificio ha de iniciar
siete doncellas y siete varones
el Minotauro ha de acabar

Solitarios pasillos
terrosas baldosas
sean testigos de su dolor
desventuradas víctimas
la luz del sol no volvera

PASIFAE: Acábatela Minotastasio, acábatela. Despacio hijo, despacio, no te atragantes. ¡Escupe ese hueso! Está muy grande, ¡Escúpelo! Acábatelo, todo, todo. Despacio, hijo, despacio.

FEDRA:  Minotastasio tiene buen apetito esta tarde. !Qué bueno! Ayer casi no comió… últimamente ha estado muy raro mamá.

PASIFAE:  Hoy me estuvo haciendo muchas preguntas… el doctor dice que su inteligencia se va avivando… aunque es un niño ya entiende muchas cosas. ¿Verdad, doctor?

DOCTOR:  Sí, se aviva, se va avivando, creciendo.

FEDRA: Bueno, ya acabó de cenar.

ESPIRITU DEL LABERINTO (canta)
Laberinto, la ciudad del llanto
Palacio del horror
Laberinto, casa del monstruo
Palacio del horror.
Escena lll
DECIDI ROMPER EL SILENCIO
Personajes: Pasifae, Ariadna y Fedra

(Pasifae y Ariadna sentadas en las bases de las columnas, Fedra en el piso. A una señal de Pasifae, comienzan a tejer, de cuando en cuando se escuchan risitas de las muchachas y Pasifae las mira severamente)

ARIADNA: Mamá, queremos hablar contigo.

PASIFAE: Dime, hija.

ARIADNA:  Ya no soportamos la soledad en la que vivimos. Estamos presas, como si hubiéramos cometido algún delito. Tú no sabes lo que es levantarse todos los días sin esperar nada ni a nadie…

PASIFAE: ¿Qué estás diciendo? Hablas como una loca.

ARIADNA: Decidí, con mi hermana, romper el encierro…

PASIFAE: ¿Qué cosa?

ARIADNA: Invitamos a un joven amigo nuestro a pasar algunos días a la casa. Viene de muy lejos, madre, y es necesario atenderlo bien…

PASIFAE: ¡Estás loca! ¡Ese sujeto no entrará aquí!, y si entra, ¡no sale!  Te lo digo de una vez, Ariadna: los intrusos no vuelven a ver más paredes que las de esta casa.

(Vuelven a tejer, pero ahora el movimiento es más atacado, violento, Ariadna está enojada)

ARIADNA: (Conciliadora) La casa es muy grande, mamá, y nuestro invitado no tiene porque conocer  a todos los que vivimos aquí. Cálmate, lo hemos pensado todo muy bien. Mira, lo alojaremos en el ala norte. Minotastasio nunca anda por ahí. Dormirá en la recámara de los tapices de delfín. Además, mamá, podemos cerrar las tres puertas de plata y ya no tendremos ningún problema, ninguno, mamá. Solo por unos días, mamá, por favor.

PASIFAE: Pero, ¿Por qué no me avisaste?, ¿Por qué no me consultaste? No debiste invitarlo sin antes decírmelo.

FEDRA: Pero no puedes dejarnos acabar así, mamá. Piensa que nosotras también somos tus hijas…

PASIFAE:  ¡Cállate!

ARIADNA: Sí, cállate.

PASIFAE:  ¡Cállense, cállense las dos!

FEDRA: ¡Ojalá hubiera nacido gigante, con cuernos, plumas y rabo! (Sale haciendo una rabieta)

Escena lV
LAS NIÑAS HAN CRECIDO
Personajes: Pasifae y el Doctor Dédalo

(El Doctor está absorto en su investigación del vuelo, Pasifae lo observa con curiosidad. El se percata de su presencia.)

DOCTOR:  Este pájaro, señora, volará solo, solo… Es un pájaro autómata. Voy a usarlo para desplazarme por la casa, para andar de aquí para allá, de allá para acá, para no subir escaleras, para…

PASIFAE:  Veo, doctor que sigue usted descuidando sus obligaciones, ¿eh?

DOCTOR: No, no hay que descuidar las obligaciones. Pero, hay que discurrir aprisa por la casa… Ir rápidamente de un lado a otro lado… volando, planeando.

PASIFAE:  Cállese doctor. Deje usted esa cosa. Dígame, doctor, ¿Cómo pudieron atreverse mis hijas a invitar a ese sujeto, a ese desconocido, a la casa? Saben muy bien que aquí no queremos intrusos, gente que hace preguntas, no queremos que entre nadie… y menos ese que ha de ser un vago y un malviviente…

DOCTOR:  Mire, señora. Como personas humanas que son sus hijas de usted, tienen que crecer, puesto que todo lo que nace crece… Ahora bien, cuando una niña crece, principia a sentir apetitos que antes le eran ajenos, ya que sus cuerpos se disponen para las altas funciones reproductoras. Ariadna y Fedra han crecido. Son dos hermosos animalitos conscientes. Estos son hechos naturales señora, y no lo puede usted negar.

PASIFAE:  Lo sé doctor, lo sé muy bien. Recuerdo cuando me hice mujer. Pero no sé porque ellas tienen tanta prisa…

DOCTOR:  Discrepo de usted, señora; es justamente en la edad de sus hijitas de usted cuando el impulso amoroso es más fuerte… Usted sabe bien, señora, la devoción con que me he entregado al buen Minotastasio. Le enseñe, le enseñamos, a hablar y razonar. Usted sabe, señora, cuantos años me llevó lograr que hilvanara razonamientos. Pero, considere usted a sus hijas… considérelas usted.

PASIFAE: No, no doctor ¿Cómo es posible que mis hijas quieran abandonar a Minotastasio? El es muy bueno, lo alegra tanto ver a las niñas…

DOCTOR:  Lo que es verdaderamente singular, señora, es que pide usted el sacrificio de las niñas… esta gran casa la fuimos construyendo para el buen Minotastasio; a los metros del buen Minotastasio fueron correspondiendo salones, escaleras, corredores...

PASIFAE:  Si, y por cierto, doctor, esta casa va resultando ya enorme: el otro día me perdí en el ala de los dos años entrando a tres. ¿No sería mejor, doctor, rehacer algunas de las salas ya existentes, en vez de iniciar la nueva construcción?

DOCTOR:  Habría que demoler y rehacer. Doble e inútil esfuerzo señora. El crecimiento del buen Minotastasio es totalmente imprevisible. No sabemos, ignoramos cuando habrá de parar. Podría llegar a tener el tamaño de cuatro montañas  y la refinada inteligencia de un poeta o podría principiar de golpe a achicarse, y llegar a tener el tamaño de un insecto, un insecto… de hecho ya he principiado a tomar providencias en el asunto…

PASIFAE: Cállese doctor. ¿No puede dejar de hablar?

DOCTOR:  Le digo que solo considere usted a sus hijitas.

PASIFAE:  Nada de nada, si ese sujeto entra aquí yo me encargare de él. (Le da un puñal envuelto en una tela)

DOCTOR:  Señora, lo que usted llama “encargarse de él” no es cosa fácil hasta donde yo sé, se poco, muy poco. (Pasifae sale. El Doctor comienza a descolgar las alas) Creo que lo mejor será ir preparando la forma de escapar de aquí.

Escena V
EN ESTA CASA CABE UNA TEMPESTAD
Personajes: Teseo y el Doctor

(Se escucha que golpean con fuerza la puerta. Se abre la gran puerta y entra Teseo. El Doctor lo espera como si se tratase de un delincuente.)

TESEO: Buenas noches, buenas noches.

DOCTOR: ¿Responde usted al nombre de Teseo?

TESEO: Si, sí, creo que sí.

DOCTOR: Pase usted, pase, pase, entre, entre.

TESEO:  ¡Que casa tan enorme! ¿Quiénes viven aquí?

DOCTOR:  No estoy autorizado para proporcionarle a usted ninguna información, ninguna.

TESEO: Es que aquí podría vivir un ejército, que digo un ejército, muchos ejércitos. Aquí podrían librarse batallas. En esta casa cabe una tempestad…

(Se cierra de golpe la puerta. Teseo trata de huir pero el Doctor lo detiene)

DOCTOR: Le repito a usted, le vuelvo a decir, que no estoy autorizado para proporcionarle a usted ninguna información. Mis instrucciones se reducen a acompañarlo hasta sus habitaciones. Sígame usted.

(La escena queda en penumbras, el Doctor acompaña a Teseo a la sala)

TESEO. Está muy oscuro… no se ve nada.


Escena Vl
LA CENA
Personajes: todos

(Llegan a una sala, el Doctor sale y Teseo se queda solo con las muchachas que visten vestuarios provocativos. Las muchachas se disputan al marino, la fiesta se acaba cuando entra Pasifae y el Doctor que coloca una mesa.
 
DOCTOR:  El tenedor es un invento que se debe agradecer. Se imagina atacar un filete a la pimienta con palitos chinos. Basta el tenedor para distinguir las civilizaciones orientales de las occidentales. Entre nosotros el trinchar alimentos ha sido elevado al arte, lo llamamos arte cisoria.

(Comienzan a cenar, en medio de una gran tensión)

TESEO:  La cena está deliciosa señora.

PASIFAE:  Ahórrese los cumplidos, joven, la hicieron aquí mis hijitas.

TESEO:  ¡Que grande es su, señora! ¿No se pierden ustedes entre tantos corredores y escaleras?

ARIADNA:  No, no, solamente habitamos unos salones. La casa es muy grande para tres mujeres y un doctor, pero aquí nos gusta vivir.

PASIFAE: (A Fedra) Te dije que iba a empezar a hacer preguntas.

FEDRA: Mamá, por favor.

TESEO: Es que es impresionante, nunca había visto casa así en toda mi vida. Y tiene además una forma tan rara; no acierto a comprender a que estilo arquitectónico pertenece… (Aparece Minotastasio haciendo un gran estruendo, como si de un temblor se tratara. El Doctor lo saca a la fuerza) ¿Qué fue eso?

FEDRA: ¡Nada!

ARIADNA: Nada, no fue nada. Es el viento que muéve las lámparas. Otro día le contaremos la historia de estas lámparas.

PASIFAE: (A Fedra) Te lo dije.

TESEO: ¿Decía usted, señora?

PASIFAE: No estoy hablando con usted, joven. (Pausa)

TESEO: ¿Saben una cosa?

ARIADNA Y FEDRA: ¿Qué?

TESEO: En el mar uno puede estar solo.

ARIADNA Y FEDRA: ¿Solo?

TESEO: Solo y viendo las estrellas.

ARIADNA Y FEDRA: ¿Estrellas?

TESEO: No se cansa uno de verlas a todas, a todas.

ARIADNA Y FEDRA: ¿Todas?

PASIFAE: Nadie puede ver todas las estrellas. Y usted, joven, parece no entender nada. Y ustedes dos parecen bobas.

ARIADNA Y FEDRA: ¿Bobas?

TESEO: ¿Perdón, señora, decía usted? (Aparte) Esta mujer no me quiere bien. ¿Qué me decía?

PASIFAE: Nada, muchachito, nada.

(Sigue la cena cena y ahora el Doctor sirve el vino y no ofrece nada de beber a Teseo.)

TESEO: ¿Ustedes han navegado?

ARIADNA Y FEDRA: No, no.

ARIADNA:  ¿Usted ha viajado mucho?

TESEO:  Si, desde muy niño me gustó el mar. Pero, no crean ustedes, la vida del navegante es dura, la comida es mala y se trabaja mucho… pero se está al sereno lejos de las ciudades, se conocen tierras, gentes con costumbres extrañas… (Aparte) como esta familia. Y cuando uno se pasea por el entrepuente en las noches claras se experimenta una emoción incomparable. Yo no soy de los que se pueden quedar mucho tiempo en un solo lugar; pronto me siento encerrado, asfixiado. Yo creo que a todos nos pasa lo mismo.

ARIADNA Y FEDRA: Claro, a quien le va a gustar estar encerrado.

(Reaparece Minotastasio de forma más ruidosa, ahora Teseo alcanzar a ver algo, pero Ariadna lo tapa. El Doctor saca a Minotastasio)

TESEO:  ¡Que fue eso!, ¡qué es eso!

ARIADNA: ¡Nada!

TESEO: (Asustado) Creí ver pasar una especie de canguro; no, no, un cocodrilo… No, era un toro, si, si un toro… ¿Tienen muchos animales sueltos aquí dentro de la casa?, que digo, animales, bestias feroces…

ARIADNA:  Sí, sí, muchos, muchos.

FEDRA:  No, no, algunos, algunos.

PASIFAE: Se los dije, se los dije, ahora ustedes se atienen a las consecuencias…

TESEO: (A Ariadna) Que curiosita es su mamá, ¿Verdad?

ARIADNA:  No se preocupe usted, así es ella.

TESEO: ¿Como no me voy a preocupar? ¿Mi cuarto cierra por dentro?

ARIADNA: Otro día le contaremos la historia de esta casa, ya es hora de irnos a dormir. El doctor lo llevará hasta sus habitaciones. 
(Teseo sale detrás del doctor)


Escena VlI
YA NO PODEMOS RETROCEDER
Personajes: Ariadna, Fedra, Pasifae y el Doctor
 
PASIFAE:  Ven, ven ustedes, preguntas y más preguntas… ¿para qué trajeron a ese bobo? Parece un malviviente…

FEDRA:  Mamá, por favor…

PASIFAE:  ¡Que por favor ni que nada! Mejor llévenselo de aquí, hoy mismo, esta noche, antes de que salga el sol, si no yo me encargaré de él…

ARIADNA Y FEDRA: ¡Mamá!

PASIFAE: ¡Cállense! (Sale Pasifae e inmediatamente entra el Doctor, las muchachas no se dan cuenta de su presencia)

FEDRA: Ya no podemos retroceder.

ARIADNA: No ya no. No se nos vaya a adelantar mi mamá.

FEDRA:  ¿Por qué tienen que ser así las cosas?

ARIADNA:  Porque así son. (Se dan cuenta de la presencia del Doctor y salen)

DOCTOR: Tengo que irme de aquí. Yo no estoy hecho para estas cosas. Y yo que pensaba que este era un lugar apacible, un paraje ameno de los estudios y las invenciones. Tengo que marcharme de aquí, irme a otra parte, migrar, irme.

 (El Doctor saca la mesa)

Escena VlII
LA SEDUCCION
Personajes: Ariadna y Teseo

(Ariadna llega a la habitación de Teseo, lleva un pequeño estuche de sombreros, lo deja en el piso y se acerca seductora a él. Teseo duerme, cuando Ariadna lo toca, se despierta.)
 
ARIADNA: Teseo… Teseo… Teseo.

TESEO:  ¡Ariadna! Este yo… quiero decir… es que, usted…  

ARIADNA:  No diga nada.

TESEO:  Ariadna, llegaste hasta aquí. (Aparte) Nadie me lo va a creer.

ARIADNA: ¡Cuántas cosas te han sucedido, Teseo, y cuántas te van a suceder!

TESEO: ¿A mí, Ariadna, a mí? Llegó, llegó y con las velas desplegadas. ¿Por qué a mí?

ARIADNA:  Porque a los héroes siempre les pasan muchas cosas.

TESEO:  Quieran los dioses del mar que me pasen muchas cosas así…

ARIADNA: ¿Qué dices, Teseo?

TESEO:  Que nunca he visto unos ojos como los tuyos, brillan más que el sol cuando se derrama sobre la espalda del mar; el sol se mira en ti como un espejo viviente. Yo quiero navegar en tus ojos, quiero surcar ese mar, perderme allí y no volver nunca.

ARIADNA:  Hablas como un clásico.

TESEO: Es que Ariadna, ni las sirenas que hacen sus nidos en los arrecifes, ni las diosas que acechan en cavernas deslumbrantes, ni los monstruos marinos suntuosamente deformes y tornasolados como las perlas pueden igualarte. En todos mis viajes, en todas las playas asombrosas y en todos los puertos tumultuosos que he tocado, no he visto nada como tú.

ARIADNA: ¿Lo dices de verdad, Teseo?

TESEO:  Como podría engañarte.

ARIADNA: Teseo, Teseo, Teseo. Tanto navegar para llegar hasta aquí, reposa Teseo, ya llegaste.

TESEO: ¿Y quién puede pensar en reposar? ¿Acaso duerme el mar cuando sus anchos lomos beben los relámpagos y la lluvia? Yo llevo en mis manos el timón. Quiero nadar en tí como un delfín en las corrientes.

ARIADNA: ¿De verdad?

TESEO:  Envuélveme en tu seno con la solemnidad de una noche. Ven Ariadna, ven.

ARIADNA:  Aquí no, aquí no, te digo que aquí no.

TESEO: ¿Entonces donde? ¿Qué más te da un lugar que otro lugar? Tiene que ser aquí y ahora.

ARIADNA:  Te digo que aquí no, tienes que esperar.

TESEO: Ven, te lo suplico.

ARIADNA: No supliques, no debes hacerlo.

TESEO: Entonces, te lo mando.

ARIADNA: No, no mandes; ni supliques ni mandes.

TESEO: ¿Entonces qué hago?

ARIADNA: Toma este hilo. (Le entrega un hilo)

TESEO: ¿Un hilo? ¿Qué es esto?

ARIADNA: Te llevará hasta mi alcoba. Síguelo.

TESEO: ¿A tu alcoba? Yace aquí conmigo. Ven Ariadna, ven.

(Ariadna toma el estuche de sombrero y se acerca a él. Saca una pistola)

ARIADNA: Toma esta pistola.

TESEO: ¿Una pistola? Dioses, ¿Por qué tiene que ser siempre la misma cosa? ¿nada se da porque si?

ARIADNA: Te habrás dado cuenta de que en la casa hay animalitos sueltos. Si te acometen defiéndete.

TESEO: ¿Animales? ¿ y qué hago?

ARIADNA: Tienes el hilo y la pistola. (Sale)

TESEO: ¿Qué hago? ¿Qué hago?


Escena IX
LA DESPEDIDA
Personajes: El doctor, Minotastasio y La Cantante.

(Minotastasio escucha voces que salen de un caracol, se acerca con curiosidad y cuado lo levanta deja de ecucharse la voz. Después va al otro caracol de donde sale otra voz más alegre. Entra el Doctor. El canto, que solo lo escucha Minotastasio, sigue durante el diálogo)

DOCTOR: Minotastasio... Minotastasio… Minotastasio.

MINOTASTASIO: Doctor, Doctor… ¿Ya es hora de clase? Me había quedado dormido.

DOCTOR: ¿Tenías mucho sueño? ¿Tenías ganas de seguir durmiendo?

MINOTASTASIO: ¿Vamos a cantar? (Canta ruidosamente)

DOCTOR: No, Minotastasio, hoy no vamos a cantar. Cállate, hay que hablar, conversar… ya no cantes, si no me voy.

MINOTASTASIO: No, no te vayas.

DOCTOR: Tenemos que hablar, conversar.

MINOTASTASIO: ¿Qué tienes? Te veo muy raro, ¿Qué tienes? Estás triste…

DOCTOR: No, Minotastasio, no hay porque ponerse triste, no hay ninguna razón…

MINOTASTASIO: Entonces, ¿Por qué estás triste?

DOCTOR: Mira, Minotastasio, si yo me voy por unos días, unos días nada más, no te olvides de todo lo que te enseñado, de todo lo que has aprendido.

MINOTASTASIO: ¿A dónde vas a ir? ¿A cuál salón de la casa? ¡No te vayas! Voy a estar muy solo.

DOCTOR: No, Minotastasio, no vas a estar solo, tú ya sabes hacer muchas cosas, tu ya eres un…

MINOTASTASIO: ¡Llévame contigo! ¡No me dejes aquí solo! Te prometo que me porto bien, camino despacio y con cuidado y no grito ni rompo nada. Te prometo que no vuelvo a morder las paredes. Te lo prometo de veras.

DOCTOR: ¡No, no se puede! Tendría que echar a volar toda la casa y no puedo, eso no lo puedo hacer…

MINOTASTASIO: ¿Qué dijiste?

DOCTOR: Nada, Minotastasio, no dije nada.

MINOTASTASIO: Si, estabas hablando de que la casa iba a volar… ¿Qué quieres decir? No te entiendo… Estás llorando. Ya ves que sí estás muy triste.

DOCTOR: No, Minotastasio, las lágrimas son un humor cristalino y salado, y su función principal es lubricar. Las secreta la glándula lagrimal. También hacen de la córnea una superficie óptica lisa.  Pero no hay que estar triste, no, no hay que estar triste. Bueno Minotastasio, me voy.

MINOTASTASIO: Si no regresas, te voy a ir a buscar, llegues al salón que llegues, allí voy a llegar yo. Te voy a buscar aunque tenga que caminar mucho, mucho.
 
(Sale el Doctor. Minotastasio toma los caracoles y vuelve a cantar, después sale. Cambio de luz primer plano.

Escena X
ME PREGUNTO SI YA ME HABIA PREGUNTADO….
Personajes: Teseo, Ariadna y Fedra.
 
(En primer plano entra Teseo. El hilo de Ariadna ahora es una cuerda larga. Afuera de escena, Ariadna y Fedra manipulan la cuerda)

TESEO:  Me pregunto si ya había pasado por aquí. (Juego de la cuerda, la jala adelante y se mueve atrás) Me vuelvo a preguntar si ya me había preguntado al pasar por aquí si ya había pasado por aquí. Esto no puede ser. ¿Me pregunto si debía haber venido? (colgado de pies y manos en la cuerda) ¿Me pregunto qué pasaría si se rompiera el hilo? Me muevo en la casa como la barca de un náufrago en el mar. (caminando en la cuerda floja) No, el océano es un juguete de cuerda en comparación con esta casa. ¿Me pregunto si debía haber venido? Las estrellas no están tan lejos como esas lámparas. (Ahora tiene la cuerda enredada en el cuerpo) ¿Subo o bajo, avanzo o retrocedo, voy para un lado o para el otro? ¿Qué pasa si grito? Mejor ya no me pregunto nada, porque ya no puedo hacer nada. (La cuerda cae de la arriba y lo vemos como si estuviera bajando de cabeza. Llega a un espacio donde es descubierto por Minotastasio)
 
Escena XI
LA MUERTE DE LA BESTIA
Personajes: Teseo y Minotastasio. Depués Ariadna, Fedra y el Doctor
 
MINOTASTASIO: ¡Qué bueno! ¡Qué bueno! ¡Yo sabía que había otros! ¡Bienvenido!... ¿Cómo te llamas? Pareces un niño… ¿De dónde vienes?... Háblame…

TESEO: ¡Aléjate! ¡Quítate, quítate!

MINOTASTASIO: ¿Por qué gritas así? ¿Quieres que yo también grite hermanito? ¿Es un juego gritar?... ¡Qué bueno que viniste! Hoy me sentía muy solo… ¿Vendrás todos los días a jugar conmigo? Más gritos… Gritar es bonito juego, nunca lo había jugado.

TESEO: No, no.

(COREOGRAFIA. ¨La muerte de la bestia¨. Afuera del área de actuación, Dédalo realiza en silencio una danza propiciatoria para el sacrificio. A una señal de él, Teseo huye aterrado, Minotastasio lo sigue y cree que se trata de un juego, pero su falta de control causa daño a Teseo. En las orillas de la zona de actuación, las muchachas danzan como sacerdotisas de la taurocatapsia. Al final Teseo arroja tierra a los ojos de Minotastasio y aprovecha su desconcierto para sacar la pistola y le dispara en dos ocasiones. Todos salen, menos Minotastasio.
 
MINOTASTASIO: (Sorprendido, sin entender que sucede) ¡Ay! Me duele… ¿Qué pasa? ¿Por qué me haces esto? Me duele mucho… no veo bien… ¿Qué juego es este? Me duele… ¡No!... ¡Mamá! ¡Mami, ven! ¡Mamá! ¡Por favor, mamacita! (Su voz se ahoga y cae moribundo) Mamá…

(Del fondo del escenario aparece la cantante y se acerca a él para reconfortarlo. Canta El Lamento de Ariadna de Monteverdi)

CANTANTE:
lasciatemi morire,
lasciatemi morire.
E che volete che mi conforte
In cosi dura sorte,
In cosi gran martire.
Lasciatemi morire,
Lasciatemi morire.

Escena XII
LA HUIDA DEL DOCTOR
Personae: el Doctor
 
(Entra el Doctor agazapado en las alas prepara su huida)

DOCTOR:    Mejor me voy de aquí. En esto de la venganza, con frecuencia unos pagan por otros. Así que lo mejor es que remonte el vuelo. Esperemos que esta cosa esté bien diseñada. No solo para mi buena fama de artífice, sino para que no dé con todos mis huesos en el suelo de la casa. Vámonos. (El doctor empieza a probar sus alas y choca) ¿Quién diseño esta casa? (Sale por delante, dando ridículos aletazos de un ave zancuda)

Escena XIII
TOMAME, SOY TU PREMIO
Personajes: Teseo y Fedra

(Teseo cruza la puerta del muro inclinado en cámara lenta, va huyendo de la bestia)
 
TESEO: ¡Perdí el hilo, dioses, perdí el hilo! ¿Cómo podré salir de aquí? ¿Qué otras criaturas habrá? Hay cosas que se arrastran y que vuelan, toros que hablan. ¡Tire la pistola! ¡Dioses, ayúdenme!

(Fedra ha estado viéndolo y saca unas bubis falsas y se las pone)

FEDRA: Teseo… (Corre hacia él)

TESEO: ¡No! ¡Suéltame, suéltame! ¿Qué es esto? ¡No! ¡Por favor!

FEDRA: Teseo, soy yo, soy Fedra.

TESEO: ¡Fedra! ¡Por favor, sácame de aquí! ¡Tú no me traiciones, Fedra, por favor!

FEDRA: Teseo, amor mío.

TESEO: ¿Por dónde se sale? ¡Sácame de aquí!

FEDRA: Teseo, ámame, ámame aquí.

TESEO: No, no, aquí no… Sácame de aquí.  Dime ¿Por dónde se sale?

FEDRA: Ven a mí, seamos aquí uno tú y yo… ¡Ven amor mío!

TESEO: No, no, aquí no, dime donde está la salida… ¡Esta mujer está loca! ¡Pero tengo que salir de aquí!

FEDRA: Teseo, bésame.

TESEO: Fedra, por favor… ¿Qué esto?

FEDRA: ¡Nada!... ¿Qué es esto?

TESEO: Un lunar, no, no espérate…

FEDRA: Así, ven, abrázame.

TESEO: No, aquí no.

FEDRA: Llévame entonces contigo al mar.

FEDRA: Si te digo donde está la salida, ¿No volveremos a separarnos?

TESEO: Sí, sí, te lo prometo.

FEDRA: Primero lo primero…

(Se muestran cuatro imágenes de ellos haciendo el amor, en cada cambio de imagen hay un oscuro. )

FEDRA. (Al borde del llanto) Vámonos, amado mío, llévame contigo al mar donde no hay muros, ni techos, ni corredores, ni escaleras, ni lámparas, ni… Camina Teseo, date prisa.

TESEO: Ya voy. (Salen)
 
Escena XIV
SOMOS LIBRES…
Personajes: Pasifae y Ariadna

(En primer plano, entra Pasifae y realiza un ritual, se quita el sombrero y el vestido y lo entrega a la cantante. Después jala de su vientre un cordón y cuando se corta, suelta el llanto.)

PASIFAE: ¡Minotastasio! ¡Minotastasio! ¿Qué te hicieron hijito, que te hicieron?

ARIADNA: Ya todo va a terminar mamá.

PASIFAE:  Ya todo terminó.

ARIADNA: No, no es verdad. Consuélate, mamá. Entiende: ya no sufrirás. Entiende: la casa terminó de crecer y ya no estarás vigilando de día y de noche. Entiende: ya no te sorprenderá Minotastasio. Mamá, por favor entiende que eres libre. Somos libres mamá.

PASIFAE: Pobrecito del buen Minotastasio, que vida le di, para qué lo traje al mundo… El era inocente, hijita. Yo lo amé, lo amé de verdad… ¿A dónde se fue el doctor?      
           
ARIADNA:  Mamá, por favor…

PASIFAE: ¡Que ojos tan dulces tenía! Tú no sabes de estas cosas, y la verdad  o tienes porque saberlo. ¡Ay, qué vida les di a los tres!

ARIADNA: A los tres. Pero ahora estamos tú y yo solas, solas mamá.

PASIFAE: ¡Que manera de mirar! ¿Te acuerdas cuando echo abajo las torres de los potros y cuando se dejo caer al foso de las filigranas? Estaba muy apenado, pobrecito, quería dar a entender que no había podido hacer lo que había querido. Pobrecito, pobre inocente, no sabía nada… No, no es cierto, sabía muchas cosas, tal vez más que tú y que yo. ¿Y el doctor? ¿Tenía que irse ahora?

ARIADNA: Lo ves, mamá, lo ves. Nada era suficientemente bueno para el buen Minotastasio, ni siquiera el doctor, el más hábil de todos los artífices, el de las manos más industriosas y puras…

PASIFAE:  No me hables de él.

ARIADNA: El hizo esta enorme casa, mamá, la hizo para el buen Minotastasio, pero aún eso no es suficientemente bueno para ti.

PASIFAE:  Para mí, para mí, ¿Qué he pedido yo para mí? Nada, nada, hijita. Esta enorme casa no fue suficientemente buena para el buen Minotastasio.

ARIADNA:  Lo ves, lo ves, nada era suficientemente bueno para Minotastasio, ni siquiera nosotras, tus hijas. Y sin embargo, recuerda que nunca te pidió nada. Eran cosas tuyas, no de él.

PASIFAE:  Cállate, Ariadna, cállate, por favor, no digas más, te lo suplico.

ARIADNA:  Mamá, yo quería liberarte, que fueras libre, yo mamá…

PASIFAE:  Ariadna, tú también eres mi hija. Y Fedra también es mi hija. ¿El doctor se fue volando?

ARIADNA: Si, mamá, ya estamos solas, mamá…

PASIFAE:  Abrázame, hija. (Ariadna se acerca para abrazarla, pero no puede) Cuídate hija, tú eres como yo.

ARIADNA:  ¿Yo?

PASIFAE: Tú, tu eres igual a mí. Estorbamos hija… como diría el doctor “rebasamos, colmamos la medida”. Hijita, abrázame. ¡Pobre del buen Minotastasio!

ARIADNA:  Consuélate mamá, ya no te tortures. Ya se fue el doctor, ¿Quién le construirá el ataúd a Minotastasio?

PASIFAE: No hay ataúd hijita. O, sí, el ataúd del buen Minotastasio es esta enorme casa. Toda la casa. (La cantante le da un enorme manto negro. Pasifae se lo pone y también envuelve a Ariadna) Y ahora hijita, viviremos aquí, dentro de un ataúd, en la casa del buen Minotastasio. Tú y yo, que somos iguales.
 
(ENTRA MÚSICA. The Cold Song de la ópera El rey Arturo de Henry Purcell. Las dos mujeres avanzan lentamente hacia el fondo del escenario mientras el oscuro se apodera de la escena. Se cierra telón lentamente)

CANTANTE:
I can scarcely move or draw my breath,
Can scarcely move or draw my breath.
Let me, let me, let me freeze again,
Let me, let me freeze again to death,
Let me, let me, let me freeze again to death.

Qué poder tiene el arte que me hace levantarme contra mi voluntad
Levantarme de las camas de la nieve perpetua
Tan lejos como para llegar a un frío amargo
Puedo secretamente dibujar mi aliento
y dejar que me congele de nuevo hasta morir.

Telón.
 
 





Tijuana, Baja California Norte
13 de abril del 2009
 
 
 
 
 
 


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