Farsa Pathelin

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FARSA de maese PATHELIN
Anónimo

PERSONAJES
PEDRO PATHELIN, abogado.
GUILLERMITA, su mujer.
GUILLERMO, pañero.
TEOBALDO EL CORDERILLO, pastor.
JUEZ.
Alguaciles, burgueses, pueblo.

PRIMER ACTO
(En casa del LICENCIADO PEDRO PATHELIN.)
Escena Primera
PATHELIN, GUILLERMITA
PATHELIN:
¡Por la Virgen, mi GUILLERMITA ponga el cuidado que ya ponga en amasar unos escudos, nada podemos reunir! ¡Un abogado tan famoso!
GUILLERMITA:
¡Vos no sois más que un pobre hombre! Por menos sabio no se os tiene de lo que antes se os tenía. Todos llegaban a buscaros y someteros los asuntos. Pero es sentado como ahora que esperáis a vuestros clientes.
PATHELIN:
Mas sin embargo, y no es orgullo, ¿Puede existir alguien más sabio que yo, además de nuestro alcalde?
GUILLERMITA:
¡De hermosa ciencia disponéis!
PATHELIN:
No hice jamás grandes estudios, mas mostré tantas aptitudes para el trabajo, que, sin broma, cantar sabía los latines tan claramente con el cura, que alguien pudiera haber creído que siete años fui a una escuela, quiero decir, el mismo tiempo que Carlomagno allá en España.
GUILLERMITA:
¡Qué nos importa Carlomagno! ¡Muy mal andamos de fortuna, sin qué comer y sin vestidos! Los dos tenemos mala cara, casi de hambre perecemos. ¡Están muy viejos nuestros trajes, rotos los codos y arrugados! ¿Cómo comprar otros mejores? ¡Conservar éstos hace falta! Vuestro saber ¿de qué nos sirve, si no podemos conseguir para vestirnos ni un centavo?
PATHELIN:
¡Callad! ¿Queréis que al punto vaya traje y montera a procuraros? ¡Estoy dispuesto a complaceros, con el recurso de mi ciencia! Podéis tener la confianza de que sabré, como abogado, tener buen paño pleiteando.
GUILLERMITA:
Creo más bien, si no ando errada, que por astucia lo hallaréis, pues harto sé que para engaños, para mentiras y embelecos sois un maestro consumado.
PATHELIN:
¡Por el Señor que me dio el ser, quiero tener por mi cacumen, para los dos, paño sobrado! Y ¿qué color os gusta más? ¿Un verde gris? ¿Un paño belga?
GUILLERMITA:
Cuando se vive en cruz y en cuadro, no hay que pedir peras al olmo.
PATHELIN:
¿Cuánto, querida, precisáis? Para vos, dos varas y media, y para mí, tres, cuatro o más.
GUILLERMITA:
¿Dónde hallaréis los escudos?
PATHELIN:
No Os preocupéis, mi Guillermita. Para el recado basta un cuarto. Tendréis el paño en un minuto.
GUILLERMITA:
¿Pero quién va a pagarlo luego?
PATHELIN:
¿Por qué os hacéis tan mala sangre? ¡Ya saldaremos nuestras deudas el día del juicio por la tarde! ¡No tengáis miedo, os lo repito! (Se dispone a salir.)
GUILLERMITA:
¡A la taberna os vais, borracho!
PATHELIN:
¡No! Adonde voy es a la feria. (Sale.)
Escena Segunda
PATHELIN (Deteniéndose a la puerta del pañero.)
Más he aquí que caminando, me encuentro en casa del pañero. (EL PAÑERO está en el umbral de su puerta.) ¡Ah! ¡Vos aquí, maese Guillermo! ¡Vamos, apriéteme esa mano! ¿Qué tal andamos de salud? ¿Marcha tan bien como quisierais?
EL PAÑERO
Sí, muchas gracias.
PATHELIN
¿Y el negocio?
EL PAÑERO
Anda flojillo, aunque otros digan. ¡Jamás el paño dio dinero!
PATHELIN
¿Ganáis aún vuestro sustento?
EL PAÑERO
Vamos tirando, licenciado. ¡Siempre el comercio es el comercio!
PATHELIN
¡Ah, vuestro padre sí que era hombre entendido!... Le vendió tela de traje a mi mujer. ¡El Señor cuide de su alma!
Cuando os contemplo, ciertamente que me parece estarlo viendo. ¡Sois vos su exacta y propia imagen! Dios no creó una criatura que más pudiera parecérsele. No me di cuenta hasta ahora mismo, aunque hace tiempo que contemplo vuestra graciosa, honrada cara.
ELPAÑEROMostrándoleunescabel. [taburete]
Podéis sentaros, si gustáis.
PATHELIN (Continuando, sin sentarse.)
Si, Como dos gotas de agua os parecéis en las facciones. ¡Dios! ¡Sí que era un hombre sabio! ¡Oh, cuántas veces él predijo lo que sucede!... ¡Virgen santa. ¡Continuamente lo recuerdo!
EL PAÑERO (Acercándole el escabel.)
Mirad, señor, que me ofendéis, si no queréis tomar asiento.
PATHELIN (Sentándose.)
¡No! ¡Ciertamente! ¡Es imposible ver dos personas tan iguales! Son sus orejas, son sus ojos... ¡Sois su mismísimo retrato! Por más que busco y que rebusco, no hallo ninguna diferencia. ¿Y esa excelente Laurentina, vuestra tía? ¿Se encuentra bien?
EL PAÑERO
Sí, bien. De nada se lamenta.
PATHELIN
¡Dios, qué bellísima persona! ¡Más recta aún que una columna! Hace un momento la admiraba... Y cuando os vi después, me dije: ¡Oh, qué dignísima familia! Familia amable y tan gentil, que hacía préstamos, a veces. Vos también sois un guapo mozo, buen sucesor de vuestra casa. ¡Mas qué gran hombre vuestro padre! Los que él juzgaba por amigos, sin ningún miedo a molestarle, llamar podían a su puerta. Pero burgueses de esta clase es imposible hallarlos hoy. Ninguno presta ya dinero. ¡Cómo reía vuestro padre!¡Plegue al Señor que en estos tiempos fueran los malos como él! No se verían tantos robos. .. (Toca una pieza de paño.) ¡Qué fina lana es este paño! ¡Qué bueno al tacto y qué suave!
EL PAÑERO
De mis ovejas es la lana.
PATHELIN
¡Se cortarían ricos trajes! ¿Así que telas tan perfectas de lana son de vuestros bichos? ¡Parece cuero cordobán!
EL PAÑERO
Es un buen paño de Rouen.
PATHELIN
Yo no pensaba comprar nada. ¡Pero este paño es tan bonito! Metido había en el bolsillo, y separado, cien escudos para comprar alguna renta. Más vos tendréis treinta o cuarenta, porque el color de vuestro paño tanto me gusta, que perezco.
EL PAÑERO
La renta habréis, señor, más tarde. ¡Aprovechaos!
PATHELIN
¡Qué tentación! Me quiero hacer Un buen vestido y otro también a mi mujer.
EL PAÑERO
Ni una palabra, licenciado. ¿Cuánto queréis que le entregue? ¡Tened! ...Tomad toda la pieza. Podréis haceros un bonete. Sin más hablar, llevad la toda, aunque estéis hoy sin un ochavo.
PATHELIN
Gracias por vuestra gentileza.
EL PAÑERO
¿Queréis, señor, este azulado?
PATHELIN
¿Cuál es el precio de la vara?
EL PAÑERO
Es de mis telas la más buena. Os diré al punto lo que vale, y la tendréis sin discusión.
PATHELIN (Interrumpiéndole y sacando una moneda de su escarcela.)
Mirad, maese, en los negocios conviene siempre dar a Dios esa moneda que le toca, porque no puede negociarse sin pronunciar su santo nombre.
EL PAÑERO
¡Por Dios, que sois un hombre honrado, y me habéis puesto muy contento! ¿Me preguntáis el precio?
PATHELIN
¡Sí!
EL PAÑERO
La vara, veinticuatro perras.
PATHELIN
¿Me tomáis vos por un idiota?
EL PAÑERO
El mismo precio me costó. Tuvieron frío las ovejas en este invierno. Ya no hay lana.
PATHELIN
¡Veinte os daré, sin regateo!
EL PAÑERO
Se pagan doble los vellones que antes se hallaban a placer. En otro tiempo, la mitad pagaba yo en la Magdalena.
PATHELIN (Con aire resignado)
¡Sea! Me doy por vencido. Medidme bien lo que me llevo.
EL PAÑERO
¿Cuántos queréis?
PATHELIN (Reflexionando.)
Para mí, tres, y dos y media para ella. Creo que era eso.
EL PAÑERO (Después de medir el paño.)
Entonces, seis. Tomad las seis exactamente.
PATHELIN
¡Bien!
EL PAÑERO
¿Comprobar queréis las varas?
PATHELIN
Vuestra honradez no pongo en duda.
EL PAÑERO
A veinticuatro ochavos, seis varas son seis escudos.
PATHELIN
¡De oro! ¿Venís por ellos a mi casa?
EL PAÑERO
No me conviene.
PATHELIN
Moriría, si no vinierais en persona. Veréis lo bien que allí se bebe un buen vinillo de Borgoña. ¡Vamos! Venid, no os dé vergüenza buscar el oro... y beber algo.
EL PAÑERO
Mejor sería me la dierais si la tenéis aquí. No gusto vender a crédito la estrena.
PATHELIN
¿Y mis escudos? ¡Escudos de oro! ¿No es nada eso? Aun podréis comer la oca más hermosa que asarse pudo. ..¡Os daré un ala!
EL PAÑERO
Pues que insistís tanto, ¡a fe mía, que os sigo al punto! ¡Me embrujáis! Llevaré el paño.
PATHELIN (Tomando la pieza.)
Por favor, porque el paquete no os fatigue voy a tomarlo entre mis brazos, y como no soy hombre gordo, parecerá que llevo panza. (Ríe.)
EL PAÑERO (Intentando coger el paño.)
Será mejor que yo lo lleve.
PATHELIN
¡No, no! ¡No puedo consentir que por mi culpa os molestéis! ¡Corro de prisa a la bodega!
EL PAÑERO
¡Y preparadme el oro, amigo, que por beber no me impaciento!
PATHELIN
¡Pues beberéis también! ¡Pardiez! ¿Queréis acaso molestarme? A vuestro padre -¡lo recuerdo!- no le ofendía entrar
en casa para sentarse a nuestra mesa. Mas para vos somos nosotros sólo unos pobres pelagatos, pues no estimáis
en un comino al que no viste a todo lujo.
EL PAÑERO
¡Tampoco yo soy ningún rico! No tengo a veces ni un doblón...
PATHELIN
¡Bien, bien! Corriendo, me adelanto.
EL PAÑERO
¡No os olvidéis de mi dinero!
PATHELIN (Aparte.)
¡Su dinero! Ya puede ahorcarse si cree que acaba de vender paño que pueda enriquecerle. No ha consentido en rebajarme ni en un ochavo las seis varas. ¡Va a saber bien cómo me llamo! Y en la tocante a sus escudos, puede correr como una liebre y echarle un galgo hasta Pamplona. (Desaparece con el paño, entrando en su casa.)
EL PAÑERO (Solo.)
Ni verán sol ni verán luna esos escudos que va a darme, porque a esconderlos en seguida me voy a ir, para aumentar los que ya tengo bien guardados. Nunca hubo hábil comprador que vendedor mejor hallase. ¡Qué fácilmente lo seduje! ¡Qué tonto fue! ¡Seguro estoy que ha sido un paño bien vendido! Le convencieron mis razonesy me invitó a comer también. ¡Yo tendré el oro, el vino...el ave!
SEGUNDO ACTO
Escena Primera
PATHELIN (Llega corriendo, escondida la pieza de paño bajo el ropón. Brinca de un lado a otro de la alcoba.)
(En casa del LICENCIADO PATHELIN. Gran lecho de colgaduras practicables. Diversos utensilios de cocina: cacerolas, escoba, etc. Puerta al exterior.)
PATHELIN
¿Qué traigo?
GUILLERMITA
¿Qué, mi pobre amigo?
PATHELIN (Cada vez más vivaracho.)
Nunca las cosas hago a medias. Mujer, ¿no estáis avergonzada de llevar traje tan raído?
GUILLERMITA
¿Es propio, ¡ay!, de un buen esposo el chancearse así de mí?
PATHELIN
¿Qué traigo?
GUILLERMITA
¿Ochavos en la bolsa, para saltar como un pelele?
PATHELIN
¡Dinero, no! ¡Pero sí el paño! (Triunfalmente, descubre la pieza)
GUILLERMITA
¡Ay, Santo Dios! ¿Quién va a pagar?
PATHELIN
Ya está pagado, Guillermita. Creo haber hecho un buen negocio ¡Qué hombre más ducho en la materia el que tal paño me ha vendido! No tiene trazas de ser tonto.
GUILLERMITA
¿Pagado? ¿Habéis perdido el juicio? Si no tenéis blanca ni ochavo, ¿en qué moneda habéis podido pagar? ¡Quisiera yo saberlo!
PATHELIN
¡Señora, es grande vuestro error! Cuando hace poco me marché, llevaba un cuarto en la escarcela.
GUILLERMITA
¡Malos negocios, si se compra atado ya por un contrato! Tendréis un día que pagar. Del que se entrampa el tiempo huye. Al vencimiento, la justicia a reclamar vendrá el dinero ya embargar todos nuestros muebles.
PATHELIN
¡No! Le pagué tan sólo un cuarto, mas no firmé contrato alguno.
GUILLERMITA
¿Con quién hicisteis el negocio? No se me alcanza a comprender cómo sin plata entregó el paño.
PATHELIN
Es el pañero un tal Guillermo, apellidado Puñoenrostro.
GUILLERMITA
¿Y de qué argucias os valisteis?
PATHELIN
Pagué la parte que a Dios toca. Ya no verá ni un mal ochavo; que Dios, si quiere, lo reparta con él. ¡No pienso darle más!
GUILLERMITA
¿Cómo la audacia habéis tenido de pedir crédito a Guillermo?
PATHELIN
Para empezar, le di la mano. Luego, adulándole, le dije que en todo el mundo nadie vio un hijo más exacto al padre,
ni de más pura y fina raza, aunque el tal padre fuera un cerdo y sea el hijo un alcornoque, un bribón de la peor especie. Después, le hablé de una gran oca que asar pensábamos en casa. Cuando lo tuve en el bolsillo, me metí el paño bajo el brazo. (Lo acaricia.) ¡Es en verdad muy buena tela!
GUILLERMITA
¿Así que fue con alabanzas como lograsteis el negocio? Me hace pensar esto en la fábula del Cuervo. Muy afablemente, el Zorro, viéndolo subido en una rama, se acercó. El Cuervo, ufano de sus plumas, alzaba un queso entre su pico. "¡Nunca vi cuerpo más hermoso! -el Señor Zorro dijo al Cuervo-. y en vuestros cantos, ¡qué armonía!"
Para que fuesen admirados, el Señor Cuervo, tontamente, el pico abrió de tal manera que por la hierba rodó el queso. Y el Señor Zorro lo agarró entre sus dientes, escapándose. Habéis obrado como él, siendo ya vuestro todo el paño. (Se ríe a carcajadas.) ¿Pensáis que el pobre está riéndose? Es una compra bien barata. Pero las cosas se complican. Él va a venir. ¿Qué le diremos?
PATHELIN
Comadre mía, haced la cama. Me acuesto en ella y fingiré estar enfermo. Tembloroso, tiritaré bajo la manta, y vos, con cara compungida, diréis: "¡Ya va para dos meses que está malito!" y en la voz un llanto amargo mezclaréis.
GUILLERMITA
¿Y la justicia?
PATHELIN
No os alarme. Confiad siempre en vuestro esposo y ni haya apuros ni emociones.
GUILLERMITA
Puede ocurrirnos algo malo. Mi buen amigo, no olvidéis aquel terrible y triste sábado que a la picota Os condujeron.
PATHELIN
¡Callad! Dejaos de monsergas. El comerciante va a venir. ¡No hay que perder ni un solo instante! Me acuesto al punto! Así lo espero. (Desaparece detrás de la cortina de su lecho. En ese mismo momento se oye llamar a la puerta estruendosamente. GUILLERMITA esconde bajo el lecho la pieza de paño.)
Escena Segunda
EL PAÑEROGUILLERMO, GUILLERMITA y PATHELIN, acostado en su cama.
EL PAÑERO
¡Eh! ¡Licenciado! ¡Vedme aquí!
GUILLERMITA (Abriendo la puerta con precaución)
¿Qué andáis buscando? ¡Santo cielo! ¡Hablad más bajo!
EL PAÑERO
Buenos días.
GUILLERMITA
Más bajo.
EL PAÑERO
¿No sois Vos su esposa?
GUILLERMITA
¿De quién, señor? ¿Queréis decirme qué es lo que os trae a nuestra casa?
EL PAÑERO
Señora, ver a vuestro esposo.
GUILLERMITA
¿De quién pensáis que soy mujer?
EL PAÑERO
¿De quién? ¡Pardiez! ¡No la del Rey! ¡Del Licenciado Pathelin! ¿No es aquí acaso donde vive?
GUILLERMITA
¡Ay! ¡Esperando fallecer!
EL PAÑERO
¿En dónde está?
GUILLERMITA
¡Ay, en su cama! ¡Por Dios, maese, no es bonito que molestéis a un pobre hombre que el mal de fiebre le consume!
Once semanas hace ya que gime, débil, sobre el lecho.
EL PAÑERO
¿Quién?
GUILLERMITA
Pathelin, mi caro dueño, mi dulce esposo. (Llora.)
EL PAÑERO
¡Es imposible! Hace un instante que lo he visto. (PATHELIN se agita y gime tras las cortinas.) ¡Ah, ved, señora, cómo os oye!
PATHELIN (Tras las cortinas.)
¿Es que sois Juan, el boticario? ¿Me traéis otra lavativa?
EL PAÑERO (Furioso.)
¡Eh! ¡Yo no soy el señor Juan! Vengo buscando mi dinero. De lavativas no se trata. No ejerzo yo ese ministerio.
GUILLERMITA (Gritando.)
¡Hablad más bajo...bajo, bajo!
EL PAÑERO
¡Pardiez! ¿Más bajo? ¿Es que hace falta que baje acaso a la bodega o al pozo? ¡Vamos! ¿Qué masculla? ¿Y qué venís vos a cantarme? ¡No están los tiempos para broma!¡Se oyen en Roma los rebuznos y que me calle me ordenáis!
GUILLERMITA (Más bajo)
Ya se durmió otra vez. ¡Marchaos!
EL PAÑERO
¡Me pagaréis en este instante!
GUILLERMITA
¿Pagaros qué?
EL PAÑERO
¡Mi paño, amiga!
GUILLERMITA
¿Qué diablo turba vuestro juicio?
EL PAÑERO
En casa de Pathelin, que a mí me debe...
GUILLERMITA
Os proponéis llevar la broma, por lo visto, muy lejos.
EL PAÑERO
¡Vengan mis escudos, o bien mi tela!
GUILLERMITA
¡Está tan grave! Devuelve todo lo que toma.
EL PAÑERO
¡Pues que mi paño me devuelva, si no me paga! yo os suplico que se dé prisa. Estoy seguro que esta mañana bien corría cuando en la tienda cogió el paño.
GUILLERMITA
¿Será, maese, algún misterio? ¿Está en estado de correr un pobre hombre moribundo?
EL PAÑERO
¡De paño azul tomó seis varas!
GUILLERMITA
¡Qué importa sean vuestros paños verdes o azules, si ha tres meses que no ha salido ni una vez! No se preocupa de los trajes, y para hundirse en el sepulcro lo vestiré de una mortaja de lienzo puro y no de paño.
EL PAÑERO
¡Pues sin embargo, quiero hablarle!
GUILLERMITA
¡Qué gritos, ay, estáis pegando! ¡Por caridad, hablad más bajo!
EL PAÑERO
¿Pero es verdad que tenéis miedo del fin de vuestro licenciado? También yo tengo mucha pena. Si me pagáis, me marcharé. ¡Jamás le haré crédito a nadie!
PATHELIN
¡Agua de rosa, Guillermina! Alzadme para que repose en este lecho más a gusto, y dadme agua...
EL PAÑERO
¡Ah, ciertamente que ya está hablando!
PATHELIN
¡Que a esas negras gentes las echen! Me fatigo de junto a mi verlas saltar. Tapadme el rostro, Guillermita. ¡Llega volando el monje negro! ¡Dadle su estola, pronto, pronto! ¡Al gato! ¡Al gato! ¡Cruz, cruz, cruz! ¡Por Satanás, por Belcebú! (Se agita.)
GUILLERMITA
¡Ay, Santo Dios, cómo se agita!
EL PAÑERO
¡No cabe duda que está loco!
GUILLERMITA (A PATHELIN.)
No os mováis tanto. ¡Tened calma!
PATHELIN
Quieren sin duda asesinarme, estoy seguro, estos doctores, dándome tantos bebistrajos.
EL PAÑERO
Se ha puesto enfermo de repente, porque a mi casa vino... ¡Es cierto que hoy mismo estuvo! ¡Vaya broma!
GUILLERMITA
Mirad, señor, que hay que callarse.
EL PAÑERO
Y, sin embargo, hace un momento vendí seis varas para un traje, gabán y gorro. Me parece que hicimos juntos el negocio. Vamos al grano. Oídme un poco: ¿no hay una oca puesta al fuego?
GUILLERMITA
¿Una oca aquí? ¡Linda pregunta! ¡Ah, mi señor, no es esa carne para un enfermo! Id a otro lado! ¡Con vuestro sastre
a divertiros!
EL PAÑERO
No hay que ponerse tan colérica. ¡Me desespera este percance! ¡Pensaba haber vendido bien mi paño!... ¡Ay! ¡Y se ha perdido! ¡Bien que lo vi sobre la mesa!... ¡Es una cosa inexplicable! ¿Puede creerse que durmiendo se lo haya dado a los fantasmas? ¿Es que he soñado? ¡Pierdo el seso! ¿Hasta tal punto hay malhechores? ¡De entre mis telas
escogió la azul! La vi bajo su brazo. Pero, ¡no, no!...He aquí su casa. Parece estar rindiendo el alma."¡Venid conmigo
a beber!", dijo...Jamás le hubiera dado crédito... ¡Pues sí!... ¡Pues no!... Nada comprendo. Cuanto más pienso, más
me embrollo. Corro a saber si me he engañado.
Escena Tercera
PATHELIN (Asomando con precaución la cabeza entre las cortinas.)
¿Se marchó ya?
GUILLERMITA
¡Por Dios, silencio!
PATHELIN
¿Visteis al muy desconfiado? Puede otra vez volver. ¡Callad!
PATHELIN
¡No puedo ya con mis costillas! (Se levanta, apareciendo en camisón.) Fue bien pesada la defensa. Tragar la bola no quería. (Ríen los dos a carcajadas.) ¡Que Se jorobe el más idiota! Visteis pañero más grotesco? (Las carcajadas son interrumpidas bruscamente por unos golpes en la puerta.)
Escena Cuarta
LOS MISMOS y EL PAÑERO GUILLERMO
(PATHELIN, que no tiene tiempo de volverse a acostar, se cubre con todos los objetos y utensilios que encuentra a mano: empuña una escoba, se pone en la cabeza una cacerola, echando a correr por la habitación. GUILLERMITAabre al PAÑERO, sin poder contener las carcajadas que le provocan la cara del comerciante y las contorsiones dePATHELIN.)
EL PAÑERO
¿Osáis reíros en mis barbas, señora? Vengo a recordaros que necesito mi dinero, si no llamo a la justicia.
GUILLERMITA
¿Vos todavía? ¡Virgen Santa! ¿De qué pensáis que me río? ¡Reírme yo! ¿Qué estáis diciendo? ¡Cuando mi esposo se me muere! Ved cómo salta y desvaría. Perdió del todo la cabeza. Ya sólo dice disparates... ¡No va a durarme mucho tiempo!
EL PAÑERO
¡Vamos! ¡Dejaos de imposturas! No soy tan tonto como para tomar las nubes por carneros.
PATHELIN (Mostrándole su cama.)
Aproximaos. Acostadas aquí, veréis dos docenas de guitarrillas, bendecidas, por el buen cura de Iverneaux, hijas del Rey de las Guitarras.
EL PAÑERO
¡Acabe ya la jerigonza! ¡Vengan al punto mis escudos!
GUILLERMITA
¿Cómo? ¿Capaz sois de insistir? Una vez basta, señor mío. ¡Miradlo! Está desvariando. (PATHELIN hace visajes y morisquetas.)
EL PAÑERO
Lo encuentro hecho Un zarandillo...Pero es seguro que mi tela me arrebató... ¡Qué enfermo raro!
PATHELIN
¡Capé de Dios, la coronada! Par fús y fás man vul anar renague zen par ultramar, vientre azulado, digo, flauta, cestui carrible, no dan nada. No carrillones. ¡Vete al cuerno! De tu dinero, tús ni mús. ¿Me escucháis bien, mi lindo primo?
GUILLERMITA
Tenía un tía de Limoges, que fue marido de su tía, por eso el pobre se nos viene cantando ahora en esa jerga.
EL PAÑERO
Muy zorramente, de mi tienda tomó la tela más hermosa, desvaneciéndose con ella. Me convidó a comer un ave. ¡Y con la oca voló el paño!
PATHELIN
Entrad, mi dolche damisela, ¿y que veult ceste crapauraille? ¡Entrad, salid, oh gran merdaille! ¡Pronto, que venga un sacerdote!
EL PAÑERO
Puede alabarse el muy gracioso de variar su cantinela.
GUIILLERMITA
Nació su madre en Picardía...Habla picardo.
PATHELIN
Godemant! ¡Ay, Grile, Grile, mi buen hombre! Vente aquí ya, mi Bilop, Zilop, muy bien armado, non que bouden, onen te espero desen versen, y que el señor Tomás me absuelva de mis pecados, por la escarcha.
EL PAÑERO
De lo que dice ¿se os alcanza a comprender algo a derechas? Si un fiador por él responde, estoy dispuesto a hacerle crédito.
GUILLERMITA
¡Por Dios, señor, dejadnos ya! De responderos estoy harta. Sois en verdad muy testarudo.
PATHELIN
¿Quién es? ¿Vasija o Leonardo? ¡Pata peluda! Bé deá! Bé! parlez a mey, Gabriel? ¿Quién a mi traste se ha colgado?
¿Mousque, escarbot o cucaracha? La tembladera tengo. Bé! Jean de Quemin estará alegre. ¡Voy a beber a su salud!
GUILLERMITA
Ese señor Juan del Camino fue en otro tiempo su maestro. Era un normando... ¡Se enloquece!
(PATHELIN se muestra cada vez más agitado.)
EL PAÑERO
¡Por Santiago, qué buen cómico! ¡Pero de mi se está riendo!
PATHELIN
¿Qué hace ese burro rebuznando? Aquí no hay yerba que pastar.
GUILLERMITA (AL PAÑERO)
¿Vais a marcharos de una vez? ¡Despachad pronto! ¡Terminemos!
PATHELIN
¡Vete al demonio en cuerpo y alma! Digaut an can Dios te perdone. ¡Tris- tris- tris- tris, tras-tras-tras-trás! Empedit dich guicebnuán, vas a soltarnos una piedra, entre petardos y gemidos. Holcón, mocón grand becelú, te comprarás un ataúd.
EL PAÑERO
¡Tartamudea! ¡Está muy malo! Todo lo embrolla. Barbotea en un lenguaje incomprensible. Se le olvidó hablar en cristiano.
GUILLERMITA
Era su abuela de Bretaña... ¡Se está muriendo y desvaría!
PATHELIN (Persiguiendo al PAÑERO.)
¡Largo, bribón! ¡Vete, lascivo! ¡No te las eches de valiente! ¡Vienes aquí para beber, cuando no queda ni una pera!
(Se acuesta otra vez.) ¡Me estáis mirando boquiabiertos! Muy buenos días tengan todos, magister amantissime, pliter reverendissime, quomodo brulis? Quae nova? Parisiís non sunt ova. Quid petit ille mercator? Decit sibi quod trufactor quien triste en el lecho yace, darle pronto, si le place, de oca ad comedendum, si sit bone ad adendum.
¡Que me responda sin tardanza! (Se incorpora en el lecho.)
GUILLERMITA
¡Hablando, hablando se me irá! ¡Vedle la espuma entre los labios! ¡Cómo vajea! ¡Cómo salta! ¡La calentura se lo lleva! ¡Qué desgraciada humanidad! ¡Voy a quedarme en la miseria! ¡Esto me trae a mal traer! (Solloza.)
EL PAÑERO
¡Debo de haberme confundido! ¡Creo que va a estirar la pata! Pensé que estaban engañándome, y empiezo a ver que no hay tal cosa. Malos espíritus, ladrones de paño, habránselo llevado. Por si el demonio anda por medio, y ante el temor de endemoniarme, ¡llévese el paño quien lo tenga! Si como fiel cristiano quiere morir en paz este
buen hombre, pienso que deba confiaros algún secreto, en confesión. Por tal motivo os abandono. ¡Que me perdone Dios! Me voy.
GUILLERMITA
¡Que no nos deje de su mano y nos acoja siempre! ¡Amén! (Cierra la puerta tras EL PAÑERO.) ¿He demostrado mi talento?
PATHELIN
Muy bien habéis representado vuestro papel. ¡Qué tonto estaba a vueltas siempre con su paño! No le veremos más el pelo. (Se desembaraza de los objetos con que se había cubierto.) ¡Tenga un feliz y buen viaje! ¡Se armó la gran marimorena! ...Mas las seis varas aquí están. (Saca el paño de su escondrijo y, dándole una punta a GUILLERMITA, se enrollan alegremente en él.)
GUILLERMITA (Acariciando la tela.)
¡Nunca toqué tela más rica!
TERCER ACTO
(La escena, en la calle, entre la casa de PATHELIN y del PAÑERO.)
Escena Primera
EL PAÑERO (Ante su puerta.)
¡Siempre la misma historia! ¡Diablo! Se llevarán mi casa un día. Sacar tajada quieren todos. Tengo que andar con siete ojos. Primeramente, fue mi paño y, luego, es este Corderillo, el guardián de mi tenada, el que me da gato por liebre.
Escena Segunda
EL PAÑERO GUILLERMO, TEOBALDO EL CORDILLERO, pastor
EL PAÑERO
Helo aquí ya. ¡Pronto sabré! ¡Esto es el colmo! ¡Bueno fuera que se burlara así de mí! ¡Tantos audaces me sublevan!
Ven para acá, sinvergonzón, lindo modelo de criados. ¡Eres tú, sí! No estoy soñando.
EL PASTOR (Con acento campesino, arrastrando la voz.)
Os reverencio, mi buen amo, A la ciudad me vine, a causa de que en el campo, ayer, gritándome, un alguacil se me acercó. Llevaba un látigo en la mano, y del terror no me repuse cuando me dijo que mi dueño tenía quejas contra mí. No sé qué mal puedo haber hecho. ¡Por Dios, decídmelo, os lo pido! Por más que pienso, no me explico qué zancadilla quieren darme. Yo soy un pobre campesino, tan ignorante como tonto.
EL PAÑERO
No te las eches de santito, porque tú eres solamente quien asesina mis ovejas a puro y limpio garrotazo. Las vendes luego al carnicero... Pero haré pronto que te cuelguen.
EL PASTOR
¿Por el gañote, señor mío? Tened piedad de un servidor fiel, aunque otros me calumnien.
EL PAÑERO
¡Sí! Me robaste mis corderos. Pero ante el juez responderás de mis seis varas de buen paño, ¡de mis corderos, digo, infame! Muero de rabia cuando pienso que hace diez años que me engañas.
EL PASTOR
¿Por qué escuchar a mentirosos, mi buen señor? Porque yo os juro...
EL PAÑERO
¡Vas a pagar cara tu injuria! Antes que pasen ocho días, quiero mis seis varas de paño, digo, el dinero de mi hacienda...
EL PASTOR
¿Qué paño? ¡Ah, señor, estáis rabioso a causa de otro asunto! Yo no soy más que un pobre siervo que no se sabe defender.
EL PAÑERO
Al tribunal tendrás que darle cuenta de todo lo que has hecho.
EL PASTOR
Señor, lleguemos a un acuerdo. Juntos podemos arreglarnos. ¡Por Dios, no quiero pleitear!
EL PAÑERO
¡Bueno! ¡Tu asunto ya está listo y te ahorcarán sin más, canalla!
Escena Tercera
EL PASTOR solo. Después, PATHELIN
EL PASTOR  Sin perder tiempo, voy a ir en busca de un buen abogado que de este mal paso me saque. (Ve al LICENCIADO PATHELIN.) Muy señor mío, perdonadme, pero no puedo perder tiempo: dejé en el campo mis ovejas, y ando buscando por la villa un abogado que me salve...
PATHELIN
Pues helo aquí, para serviros.
EL PASTOR
Yo no soy más que un pobre siervo; mas pagaré, se lo aseguro.
PATHELIN (Aparte.)
La suerte. ¡Dios!, parece buena. Me ganaré mis buenos cuartos. Este pastor debe ser tonto.
EL PASTOR
Señor, decidme qué hace falta decir al juez.
PATHELIN
¿Cuál es el pleito?
EL PASTOR
¿Contar la cosa es necesario como ella es, en realidad?
PATHELIN
¡Por Dios! Decidla exactamente.
EL PASTOR
Puesto que así vos lo queréis, de punta a rabo os diré todo.
PATHELIN
¿Sois demandado o demandante?
EL PASTOR
Atended vos, primeramente. Sabed, señor, que es el mi amo, para quien yo pastoreaba, el que presenta la denuncia... Si me abandonan a sus iras, van a colgarme... A cachavazos, llevando ovejas como un burro, hice morir una veintena... Cuando llegó mi dulce dueño, a la epidemia eché la culpa. "¡Tened cuidado no se mezclen con las demás! En un rincón," dijo, "bien lejos, enterradlas". Yo, conociendo la verdad, las convertía en buena carne que me compraba un carnicero... Tanto fue el cántaro a la fuente, que al fin, un día, se hizo añicos. Mas al redil vino mi amo, donde a un cordero acariciaba un poco fuerte...con un palo.
PATHELIN
¡Bien que ganabais el sustento! ¿Pueden hallarse testimonios para probar el hecho? Hablad.
EL PASTOR
Pueden hallarse más de diez. ¡Ay, tengo miedo de la horca!
PATHELIN
Es el delito muy muy grave. Decidme ahora vuestro nombre.
EL PASTOR
Soy Teobaldo el Corderillo.
PATHELIN
¡El Corderillo! Si me ocupo de defenderos, ¿pagaréis?
EL PASTOR
Si soy absuelto por el juez, no he de pagaros en ochavos, sino en buen oro coronado. ¡Seis bellas doblas!
PATHELIN
Ya es buen pleito desde el momento en que se paga. Quiero que oigáis mis consejos. Abrid, atentos, los oídos, y hacer podremos maravillas, si lo que os digo cumplís bien. Fingid que no nos vimos nunca. Pensad que estamos ya delante del tribunal y, callandito, dejad hablar a vuestro amo. Cuando se os quiera interpelar, a todas las preguntas responded ¡Beé!, como un borrego. Fingíos tonto. A buen seguro que hacerlo habréis a maravilla. "¡De la justicia está mofándose!", se dirán. -¡Beé!- "Es un palurdo que cree estar con sus ovejas". y cuando más perplejos anden, más gritaréis: ¡Beé!
EL PASTOR
¡Ah, os prometo que no hablaré de otra manera! y cuanto más perplejos anden, fingiré bien que no lo entiendo, y diré: ¡Beé!
PATHELIN
Seguro estoy que al adversario venceremos. Más pensad luego en los escudos.
EL PASTOR
¡Buen pagador he sido siempre, mi buen señor!
PATHELIN
Bien. En seguida, yo llegaré desde mi casa. y vos vendréis por ese lado.
EL PASTOR
No lo dudéis por un momento. Comprendí bien. Ya nunca nadie, pregunte lo que me pregunte, ni juez, ni vos, ni pleiteante, aunque del trance salga absuelto, escuchará más de mis labios que: ¡Beé! Prometo ser un pozo mudo, ante todo lo que digan.
PATHELIN
Id y volved bien preparado, pues la campana ya se escucha. El juez se acerca. Me retiro. (Se van, cada uno por su lado.)
Escena Cuarta
La Audiencia
EL JUEZ, PATHELIN. Luego, EL PAÑERO y EL PASTOR
PATHELIN
El cielo os dé buena salud, y todo sea a vuestro agrado. ¡Os reverencio, señor juez!
EL JUEZ (Sentándose en el estrado, con aire de preocupación.)
Señor, os doy la bienvenida. Aproximaos. y cubríos. ¿Nos presentáis algún proceso? Pues acabemos, ¡o me voy!
EL PAÑERO (Entrando, anhelante.)
¡Por Dios, señor! ¡Está acabando unos asuntos que tenía!
EL JUEZ
¿Quién?
EL PAÑERO
Mi abogado, si os parece. Hay que aguardarle. Vendrá pronto.
EL JUEZ (Impaciente.)
Otros también a mí me esperan para otras causas. ¡Terminemos! Si el adversario está presente, basta. ¿Eleváis alguna queja?
EL PAÑERO
Contra un pastor que a palo limpio morir hacia mis corderos; diciendo que era la epidemia.
EL JUEZ
Que el defensor mismo en persona se acerque.
EL PAÑERO (Mostrando al PASTOR, que entra sin ruido y se esconde entre la gente.)
Mudo, como un pez, mirad lo ahí. ¡Muerto de miedo!
EL JUEZ
Puesto que sois el demandante y el otro está entre el auditorio, los dos, estando frente a frente, hablad. Podemos dar comienzo.
EL PAÑERO
Señor, yo vengo a denunciaros los actos de este miserable. ¡Es una cosa inconcebible! Porque en verdad debéis saber que lo tomé por caridad. Lo alimenté desde su infancia, y cuando vi que ya era fuerte para ir al campo,
resumiendo, lo hice pastor de mis ganados, y confíele mis corderos. Pero tan cierto como estáis en ese estrado, señor juez, cual un ladrón se ha conducido, dejando en cuadro mis rediles de los corderos más hermosos. ¡Pido castigo!
EL JUEZ
¿No decíais que estaba a sueldo en vuestra casa?
PATHELIN
¿Cómo un muchacho de esa edad pudo sin sueldo ser tomado? ¡No puede ser de otra manera!
EL PAÑERO (A PATHELIN.)
¡Cómo! ¡Sois vos! ¡Estoy seguro! (Al JUEZ.) ¡El licenciado Pathelin! ¡Es él! ¡Su voz! ¡Todo Su porte!
EL JUEZ (A PATHELIN, que se oculta la cara con las manos.)
¿Por qué ocultaros de ese modo? ¿Tenéis dolor de muelas?
PATHELIN
Sí. Tal viento sopla en este sitio, que me atormenta.
EL JUEZ
Licenciado, hay que acabar por eso mismo. Tengo que irme.
EL PAÑERO
¡Es él! ¡Seguro!
EL JUEZ
¡Vamos, callad, o llamo a otro! ¡Se está cansando la justicia!
EL PAÑERO (Hablando siempre a PATHELIN.)
Fue a vos, ¡a vos!, a quien vendí de paño azul seis buenas varas.
EL JUEZ
¿Qué habla de paño?
PATHELIN
¡Desvaría! Interrogad a su adversario: quizás podamos entender... porque por más que reflexiono...(Con aire de comprender todo de un golpe.) ¡Ya caigo! ¡Ah!... ¡Ved cómo saca lo que le importa por los pelos! Estará hecha con la lana de sus corderos esta ropa que llevo... y, este pobre hombre fue quien robó la lana... En suma, muy embrollado encuentro todo.
EL JUEZ
A mí también me lo parece. ¡Vamos, señores, terminemos!
PATHELIN (Riendo)
Me estoy riendo a pesar mío. Hay que volver al hecho, ¡al hecho!
EL JUEZ (Al PAÑERO.)
¿Queréis volver a los corderos, si os place?
EL PAÑERO
¡Vamos! ¡Que me ahorquen, si no fue él! ¡Que entregue el paño! Luego, diré lo demás.
EL JUEZ
¡Pronto, volved de nuevo a los corderos! ¿Cuántos robó?
EL PAÑERO
¡Robó seis varas!
EL JUEZ
¿Pensáis que somos mozalbetes, tontos o idiotas? ¡Bueno, basta! Acabaré con el conflicto, si de ese modo divagáis.
PATHELIN
¡Pardiez! ¡Señor, la cosa es fuerte! Quiere sin duda trastornarnos. Mejor sería para vos encomendarle que se calle e interrogar al adversario.
EL JUEZ
¡Tenéis razón! (Al PASTOR.) Venid. Hablad.
EL PASTOR (Aproximándose con aire simple.)   ¡!!Beé!
EL JUEZ
¿Os pensáis con los rebaños? ¿Qué es eso? ¡Beé! ¿Vuestro lenguaje? Nunca fui cabra, que yo sepa. Hablad.
EL PASTOR
¡Beé!
EL JUEZ
¡Cómo! ¿Es que os burláis?
PATHELIN
Pensad que es loco, testarudo, y se imagina entre sus bestias...
EL PAÑERO
¡Vos sois, Dios mío, señor Pedro, quien se llevó mi paño! ¡Sí! ¡Que alguien se atreva a desmentirlo! (Dirigiéndose al JUEZ.) ¡Si vos supierais con qué astucia!
EL JUEZ
¿Imagináis que me divierte veros mezclar ese detalle en vuestro pleito del ganado? ¡Al hecho, al hecho!
EL PAÑERO (Hablando de prisa.)
¡Pues oídme! Seré muy claro. Aunque me cuelguen porque un truhán me ha saqueado... Nada contrario mezclaré al hecho... Pues, señor, decía que me robó mi paño... digo, que mis corderos... ¡Excusadme! ¡Estoy, señor, tan conmovido!... Sigo... Ese ilustre licenciado, mi pastor, cuando estar debía con los corderos... prometióme, para la vuelta, seis escudos... ¡No! ¡Me equivoco!... resumiendo...Desde hace ya tres años, digo, trató conmigo mi pastor servirme fiel y honradamente y apacentarme mi ganado sin cometer trapacerías... ¡Y ahora, señor, tiene mi paño!
¿Quién va a pagarme el precio, quién, si ya no quiere conocerme?... ¡Y, sin embargo, hacer pacía desde hace tiempo mis ovejas! Este ladrón robó mis lanas, y estaban sanos los corderos, y no atacados de epidemia, porque era él quien les rompía a palo limpio la cabeza... Cuando mi paño bajo el brazo metió: "Venid a casa, dijo, por seis escudos"... Y sé fue.
EL JUEZ
(Que ha escuchado con aire de asombro, haciendo gestos de desesperación.) ¡Estoy cansado de escucharos el gran escándalo que armáis y tanto hablar sin ton ni son! Mezcláis de extraño y raro modo paño y corderos. ¡Y no entiendo! ¿Qué demandáis, al fin y al cabo? ¡Pronto, pues hay que terminar!
PATHELIN
Estoy seguro que del pobre pastor se guarda su salario.
EL PAÑERO
¡Bueno! ¡No quiero ya callarme! ¡Que me devuelva el paño quiero!

EL JUEZ
¡Que entienda esto quien pudiere! (Encogiéndose de hombros, se agita en su sillón.)
EL PAÑERO
¿Es soportable que se escurra así? ¡Muy bien! ¡Que guarde el traje, pero que pague!
EL JUEZ (Levantándose, furioso.)
¡Me cansáis! Debéis pagarle. Es el criado. Es justo.
PATHELIN (Mostrando al PASTOR.)
Nada osa decir este aldeano... Me propongo ser su defensa... Empiezo. Oídme.
EL JUEZ
¡Triste cliente es, a fe mía! Pienso además que es un estúpido este señor don Juan Miseria. O yo me engaño, licenciado, o ganaréis bien poca cosa.
PATHELIN
Esto lo haré por nada, os juro. Sólo por pura caridad. Por aclarar la discusión. (Al PASTOR.) ¡Vamos! No estéis ahí, tan lejos. Hablad sin miedo. Aproximaos.
EL PASTOR
¡Beé!
PATHELIN
¿De ese modo contestáis? Sólo decid que sí, o que no.
EL PASTOR
¡Beé!
PATHELIN
¿Os creéis con los corderos? ¡Beé! ¡Qué locura! ¡Es vuestro asunto! ¡Hablad! No es hora de balidos.
EL PASTOR
¡Beé!
PATHELIN
¡Ah! (Bajo, al PASTOR.) ¡Muy bien! ¡Seguid balando! (Alto.) ¿No sabéis más que ese discurso? ¡Qué pobre tonto de remate! No es el más loco quien creemos, sino quien trae a un tribunal un alcornoque semejante.
EL PAÑERO
¡Loco! ¡Es verdad! ¡Mas mucho menos que vos!


EL JUEZ
¡Callad! ¡Puede dolerle al que hable mal de un magistrado!
EL PAÑERO
¡Bien! ¡Mas mi paño robó éste! ¡Y aquél diezmó mis animales!
EL JUEZ
¿Más todavía?... ¡Vaya locos! ¡Que éste se vuelva a sus corderos! Para guardarlos sólo sirve el muy chiflado. ¡Adiós, señor! Me estoy cayendo de fatiga. Si a bien tenéis, licenciado, cenar conmigo, yo os invito.
PATHELIN
Gracias, no puedo.
EL JUEZ
¡Pues me voy! (Se va.)
Escena Quinta
EL PAÑERO, PATHELIN y EL PASTOR
EL PÁÑERO
¿Los dos ladrones son absueltos? ¿En dónde está mi paño azul? ¿y mis corderos? ¡Vaya abuso! (A PATHELIN.) ¿Y vos? ¡Conozco vuestra astucia! ¿Es que no os vi metido en cama acaso?
PATHELIN
¡Ah! ¡Bonito cuento! ¿Qué significa esa calumnia?
EL PAÑERO
¡Bah! ¡No padezco de visiones! Os estoy viendo con mis ojos.
PATHELIN (Burlón.)
¿Estáis seguro que soy yo? ¡Juan de Noyón se me parece! La gente a veces nos confunde.
EL PAÑERO
No podéis ser Juan de Noyón, pues no es su cara tan redonda. Sois ese mismo que hace poco enfermo estabais en la casa.
PATHELIN
¿Enfermo yo? ¿Qué mal tenía? Pienso que andáis de buen humor y que queréis, está bien claro, reíros de mí, por distraeros.
EL PAÑERO
¡De ningún modo estoy de burlas! ¡Sois vos! ¡El cielo sea testigo! ¡Vos, sólo vos! ¡De arriba abajo! No me vengáiscon esa cara de santurrón. ¡Ladrón de paño!
PATHELIN
¿Qué andáis cantando? No comprendo en absoluto qué decís.
EL PAÑERO
¡Os vi en la casa delirando, más bien un muerto parecíais!
PATHELIN
¡Corred a ver si estoy aún!
EL PAÑERO
¡Pues sí! ¡Ya corro! (Sale.)
Escena Sexta
PATHELIN y EL PASTOR.
PATHELIN
Corderillo, venid. ¡Hablad! ¡Estáis absuelto, y seguís blanco todavía!
EL PASTOR
¡Beé!
PATHELIN
¡Vamos! ¡Basta de balidos! ¡Ya está muy lejos vuestro amo!
EL PASTOR:
¡Beé!
PATHELIN
¡Cómo! Basta de emociones, pues ya se fue con viento fresco. ¿No fueron buenos mis consejos? Podéis hablar sin
miedo alguno.
EL PASTOR
¡Beé!
PATHELIN
¡No se trata de fingir! Tengo que irme... Es el momento que de verdad me deis lo mío.
EL PASTOR
¡Beé!
PATHELIN
¡Sí! ¡Muy bien! Dadme el dinero. Os considero un hombre honrado. Vais a pagarme en este instante... ¡Inútil ya tanto balido!
EL PASTOR
¡Beé!
PATHELIN
¡Cesad ya vuestro lenguaje! ¡Cómo ante vuestra frialdad se diluyó entre balbuceos! ¡Jugasteis bien vuestro
papel!...¡Venga el dinero... que me voy!
EL PASTOR
¡Beé!
PATHELIN
¡Vamos! ¿Puede consentirse que incluso yo balar os oiga? ¡Hablad! ¡A mí podéis hablarme!
EL PASTOR
¡Beé!
PATHELIN
¡Vamos! ¡Pronto, mi dinero! ¡Los seis escudos, por salvaros! ¡Venga! ¡Sed bueno! Dadlo ahora! ¡Déjaos ya de
zorrerías!
EL PASTOR
¡Beé!
PATHELIN
¡Quiere darme el mismo pago! ¡Donde las dan las toman, ay! ¡Que tenga canas en el pelo para que un bruto con zalea, un vil villano a mí me robe!
EL PASTOR
¡Beé!
PATHELIN
¿No diréis otra palabra? Si es que la hacéis por divertiros, innecesaria es esa astucia conmigo. ¡Bien! ¡Sin más tardanza, pagad me ya! ¿Queréis venir hasta mi casa acompañándome para cenar?
EL PASTOR
¡Beé!
PATHELIN
¡Ah! ¿Este asno quiere mandarme de paseo? Pensé de engaños ser maestro, ¡Y el engañado he sido Yo! Ahora me toca a mí el castigo, y es un pastor el que me burla. ¡Aguardad! Salgo de estampía, para buscar un alguacil que os saque al punto mi dinero. ¡Un alguacil, que os encarcele!
EL PASTOR
¡Si da conmigo, lo perdono! (Se pone a salvo, corriendo.)

Telón

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