FELIZ NUEVO SIGLO DOKTOR FREUD Sabina Berman

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FELIZ NUEVO SIGLO DOKTOR FREUD

Sabina Berman





Nadie es tan grande para que no se encuentre
sometido a las leyes que gobiernan con igual
 severidad la actividad normal y la patológica.

Sigmund Freud.







 
PERSONAJES




DORA…….también ANA, también GLORIA

SIGMUND FREUD

FREUD 2…….también HERR K. y RANK

FREUD 3…….también HERR F., también empleado del ferrocarril y JUNG

LOU ANDREAS SALOMÉ…. también FRAU K., MARTA, FRAU F., DORA ADULTA ,JONES




1.
Un lugar abstracto. Sigmund Freud camina hacia nosotros vestido de profesor vienés de finales del siglo XIX, traje tres piezas, un poco usado, bigote y barba cortada al ras de la quijada. Tiene 45 años y un porte distinguido. En la diestra lleva un puro y el dedo gordo de su siniestra descansa en la bolsita de su chaleco.

FREUD:
En 1897,  hace ya tres años, adelanté ante ustedes--y en este mismo foro científico--ciertos puntos de vista acerca de la neurosis histérica.. Quiero ahora sustentar aquella presentación teórica con el reporte del tratamiento de una joven aquejada, precisamente, por síntomas histéricos. Para salvaguardar su verdadera identidad, llamaré a mi paciente en este informe…

Un segundo Freud cruza al fondo y horizontalmente del escenario mientras dice:

FREUD 2:
Pandora. Como la caja de Pandora.

Un tercer Freud entra diciendo:

FREUD 3:
No, lo odiarán por presuntuoso.

FREUD 2:
Entonces Dora.

FREUD:
Sí: Dora.

FREUD 3:
Más modesto, menos grecolatino.

El segundo y el tercer Freud caminan hacia nosotros:

FREUD 3:
Estoy plenamente consciente/

FREUD 2:
/plenamente consciente…

FREUD:
/que mis anteriores publicaciones han sido leídas –al menos en esta nuestra…

FREUD 2:
Morbosa Viena…

FREUD 3:
Han sido leídas en ciertos ambientes/

FREUD:
/ –sí-- más bien como Roman a clefs/

FREUD 2:
/noveluchas/

FREUD 3:
/detectivescas/

FREUD 2:
pornográficas/

FREUD:
/al estilo Sherlock Holmes/

FREUD 2, por lo bajo:
/Marqués de Sade.

FREUD 3:
/sin ningún valor científico.

FREUD:
Esto debido a su énfasis en el tema sexual y, según me han explicado, a la fina redacción de la que soy capaz. Bueno/

FREUD 2:
Hipócritas.

FREUD:
/sólo puedo advertir desde ahora que no me someteré a la hipocresía de mi siglo con respecto a la sexualidad. También este caso abundará en referencias sexuales porque es inútil hablar de la neurosis sin hablar de sexo.

FREUD 2:
Y me atreveré a ir más lejos:

FREUD 3:
No, es suficiente.

FREUD:
Me atreveré a decir que/

FREUD 2:
/la hipocresía/

FREUD:
/de nuestra cultura acerca del sexo/

FREUD 3:
Cuidado…

FREUD 2:
Al  que nuestra cultura coloca de inmediato en la indignidad o la mistificación/

FREUD:
/ y el hecho de que la enfermedad neurótica sea la peste de nuestra época, no son dos datos inconexos. Es la complicación de la energía sexual lo que provoca la neurosis.

FREUD 3, muy quedo:
Brillante.

FREUD 2 y 3:
Ergo:

FREUD:
/vivimos hoy por hoy  en una sociedad donde ser neurótico es ser normal.

Los tres Freuds  golpetean sus puros con el dedo índice para dejar caer la ceniza.

Queda Freud sólo ante nosotros.

FREUD:
En el verano de 1899 me visitó Herr F. Herr F.: un caballero de vasta fortuna e influencia en Viena.


2.
Consultorio. Freud y Herr F. hablan. Es notable la semejanza entre ellos. Herr F. es un burgués, como Freud, de 45 años, como Freud,  vestido también en un traje tres piezas –el suyo impecable y nuevísimo— y también como Freud con bigote y barba cortada al ras de las quijadas. Usa lentes gruesos. Ahora sufre. Su voz sale quebrada, nasal.

HERR F.:
Tengo otro hijo, pero Dora es mi preferida. Es  sumamente inteligente; es mi consejera, mi/ He pensado incluso que Dora pueda ser la heredera de mis negocios, a pesar de ser mujer. Herr F. se lleva la mano a la frente…  Tengo un matrimonio desdichado, Herr doctor. Si no me he separado de mi mujer es únicamente por Dora; porque no he querido perder su… Las lágrimas se le derraman y deja la oración inconclusa.   Disculpe.  Saca un pañuelo para secarse las lágrimas. Luego seca su lentes mientras continúa: . Tengo neurastenia, los ojos  me arden cuando me da un acceso. En fin, decía que siendo que usted cura enfermedades que no existen/  Imaginarias más bien/ Bueno, quiero que la cure.

FREUD:
Usted piensa que su hija está enferma de la Psique.

HERR F.::
Ve cosas que no existen.  Alucinaciones.

FREUD:
Alucinaciones (¿)

HERR F.::
Tiene ataques de tos –en pleno verano. Dolores de cabeza. Ataques de/Bajando la voz como suele cuando quiere debilitar cualquier asunto agresivo—Herr F. no soporta la agresión: de rabia –sobre todo hacia mí, que la amo tanto. Y ahora – ayer —… La voz se le quiebra…, intentó suicidarse.

Breve pausa.

HERR F.:
La dejó en mi escritorio. Herr F. le alarga una carta a Freud y tose. Subí de inmediato a su dormitorio y le dije, supongo que en un tono muy desesperado: Cómo se te ocurre que yo quiero tu muerte.

En otra área, muy lejana, Dora tose, luego replica:

DORA:
No mientas. Todo sería más fácil para ti y Frau K., esa puta.

HERR F.::
Qué palabras. Tose. La abofeteé.

Dora recibe la bofetada.

HERR F.::
Por Dios,  ¿qué tiene que ver Frau K. con esto?

Dora y Herr F. se congelan.

FREUD, a nosotros:
Por supuesto llamo aquí a  Frau K. así, Frau K., para proteger la identidad de la dama en cuestión.


3.
El consultorio.  Herr F. enciende un puro. Freud, que sigue fumando su puro,  le alcanza un cenicero de plata.

HERR F.:
Gracias.  Hace 5 años, cuando enfermé de neurastenia y llevé mi familia a vivir en Baden Baden. Es entonces que  Frau K. entra en nuestras vidas. Frau K. se apiadó de mí y se convirtió prácticamente en mi enfermera.

FREUD:
¿Y su esposa?

HERR F.:
Le dije ya: mi esposa y yo  tenemos un no-matrimonio. Desde entonces Frau K. y yo somos amigos. Tose. Salimos de vacaciones juntos, las dos familias.  Ahora en Viena los visitó casi a diario, porque para ahora tengo negocios con Herr K.  Y Herr K. se ha vuelto para mi hija como un tío, un tío cercano: tienen una amistad llena de regalos y confidencias y/  ¿Perdón?  ¿Qué dijo usted?

FREUD:
Nada. Absolutamente nada.

HERR F., luego de toser:
Bueno, verá que en este contexto, la acusación de mi hija es terrible.

FREUD:
Que usted quiere su muerte.

HERR F.:
Hay otra acusación previa. Hay varias otras acusaciones previas. Se cubre los ojos otra vez. Me avergüenza hablar de esto.

FREUD:
Escucho.

HERR F.:
Hace una semana Dora me llamó a su dormitorio y me dijo que Herr K. la había besado en los labios mientras le tocaba… sus partes nobles.

FREUD:
Sus genitales.

HERR F.:
Sus senos. Yo por supuesto salí de inmediato en mi automóvil a casa de los K. y por supuesto Herr K. ante la acusación se mostró sumamente ofendido. No es para menos:  Herr K. es un hombre casado. De vuelta en mi casa le dije a Dora lo que Herr K. había respondido –que el asunto del beso era una fantasía de Dora--  y ella me respondió que tenía que elegir entre los K. y ella. Se pasa la mano por la boca. Más bien hablaba de los K. y Frau K. indistintamente. O ella o yo, decía. O dejas de verla o voy a matarme. Yo salí de su cuarto consternado, y durante días no hablamos del asunto.  Pero una semana después,  ayer mismo, cuando volvía de casa de Frau K….

FREUD:
Fue usted a casa de Frau K. nuevamente.

HERR F, mirando hacia otro lado:
Sí.

FREUD:
A pesar de que su hija amenazó con/

HERR F.:
Sí.

FREUD:
Cuando volvió de casa de Frau K….

HERR F.:
Encontré la carta, subí a su habitación, como le he dicho. Dora  tenía en la mano un frasco de sedantes, se lo tiré de la mano…

En otra área menos distante que la de su primera aparición, Dora tiene la mano extendida, abre la palma y caen unas pastillas rojas…

HERR F.:
Guardé el frasco de sedantes en mi saco. Ella me dijo:

DORA:
Haz elegido.  Yo debo morir.

HERR F.:
Le pedí que fuera sensata, pero ella siguió en su tono dramático:

DORA:
Es natural: te conviene creerle a él, porque tú y ella son amantes.

HERR F.:
Tenemos una amistad honorable, hija. Yo y Frau K. y su esposo.

DORA:
Já. Y ahora tú y el marido están de acuerdo en un precio por su mujer.

HERR F.:
¿Qué precio?

DORA:
Tu hija. Yo.  El quiere usarme como tu usas a su mujer.

HERR F.:
Qué idea delirante. Monstruosa. Tose.

DORA:
Yo seré su puta como ella es la tuya.

HERR F.:
Y la obscenidad, doctor. Era como si un diablo –un espíritu soez y estridente-- se le hubiera metido al cuerpo.

DORA:
Por última vez: si me quieres, tienes que dejar de verla.

HERR F.:
Dora, no puedes pedirme esto. Es cruel, irracional.

DORA:
Já.

HERR F.:
Me salvó la vida, lo sabes. Tose.

DORA:
Entonces haz decidido por segunda vez: prefieres a Frau K. y yo debo morir.

HERR F.:
Como si dijera: no quiero vivir, por tanto debo morir. Le dije muy despacio: Hija… Hija, cómo se te ocurre que yo quiero tu muerte.

Dora tose, luego replica:

DORA:
No mientas. Todo sería más fácil para ti y esa puta.

HERR F., luego de toser:
La abofeteé.

Dora recibe la bofetada.

HERR F.:
Por Dios,  grité. Y luego no supe qué más decir o hacer y volví a abofetearla una y otra y otra vez.

Tres bofetones caen sobre Dora. OSCURO sobre ella.

HERR F., transido por el dolor:
 Yo comprendo, doctor,  que la vida de un hombre está hecha de alegrías y sufrimientos, y que si vive suficientes años/

Sigue hablando pero no lo escuchamos porque Freud nos habla directamente a nosotros:

FREUD, a nosotros:
Y aquí el padre de Dora se fugó a la filosofía. Mientras saca de un bolsillo en su chaleco un pastillero: A ese blah blah blah de generalidades que llamamos filosofía y con la que escapamos de nuestro destino individual. Freud traga una pastilla, luego se dirige a Herr F., interrumpiéndolo:  Herr F.

HERR F.:
¿Perdón?

FREUD:
¿Y la tos: cuándo dice que le empezó?

HERR F.:
 ¿A-a  mí?

En un espacio contiguo está ya Dora sentada en el diván.

DORA:
No, lo de mi papá es “neurastenia”. Dora indica con las manos las comillas de sus palabras. Así indicará siempre las comillas de lo que dice.

HERR F.:
¿ A mi hija?  Desde/desde la alucinación del beso tose. La luz va yéndose de sobre Herr F….:


4.
Otra vez el consultorio. Dora tiene 17 años, una cara inteligente. Ahora está enojada y su inteligencia se ha vuelto irónica. Habla mientras abre y cierra un portamonedas. Freud no puede evitar distraerse con ese movimiento automático y obsesivo.

FREUD, marcando con las manos, como Dora, las comillas:
¿Por qué dices “neurastenia” ?

DORA:
Porque se llama neurastenia a un grupo de enfermedades nerviosas que nadie sabe exactamente qué son,  ¿o no?

FREUD:
Así es.

Dora deja en paz el portamonedas y Freud suspira aliviado.

DORA:
A mi papá le cuesta trabajo la vida. Tiene problemas, es indeciso: le duele la cabeza, tiene insomnio, de pronto llora. Pero le parece más elegante tener neurastenia que ser un pobre infeliz. ¿Puedo tomar una menta?

Mientras Dora abre su portamonedas para tomar de adentro una menta, Freud nos habla.

FREUD:
No pude --ni quise—disimular la simpatía que me provocó esta precoz joven.  Entendí por qué su padre quería enviarla a Leipzig, a la única facultad de Finanzas que admitía mujeres en Europa.

DORA:
Además le digo: hace el amor con Frau K. y “se cura”. Por eso me preocupé cuando nos cambiamos a Viena, pero adivine quiénes se cambiaron también a Viena a las dos semanas.

FREUD:
…….

DORA:
……

FREUD:
Escucho.

DORA:
Es que es un salto de tema. ¿Eso es asociar: saltar de tema?

FREUD:
Escucho.

DORA:
Pensé que usted me iba a preguntar de mi mamá.

FREUD:
Bueno, te pregunto de tu mamá.

DORA:
Ay doctor, mi mamá es una  tonta –una imbécil, pero profunda, doctor--. De verdad. No hace nada más que limpiar y cocer y cocinar. Dice mi papá que de joven le interesaba el mundo –la política, la literatura--. Pero el matrimonio le encogió la inteligencia y ahora todo es los botones y los tapetes y las manchitas en la plata. Y eso que tiene tres sirvientas. Son las sirvientas más felices del mundo: se sientan a ver a mi mamá pulir los candelabros. Quiero decir: no es como su esposa, doctor, que anda limpiando porque ustedes no tienen sirvientas -- hoy la vi limpiando el recibidor del consultorio y me acordé de lo que dijo mi papá, que usted gana apenas para tener dos trajes. No debí decirle esto. ¿Se enojó conmigo?

FREUD:
Te dije: debes decir lo que se te ocurra, con absoluta libertad.

DORA:
Es que/ No sé si está bien, pero no culpo a mi papá de haberse desenamorado de mi mamá y haberse enamorado de Irena así, como un loco. En cuanto a mi mamá, a ella sólo le importa,  “que nada le pase a su familia”, así lo dice; traducción: que no haya escándalos ni divorcios.  Y Herr K…. bueno, el pobre deja las cosas ser y se toma un brandy. O dos. O siete.  Además mi papá lo ha vuelto rico. Qué le importa si mi papá y su esposa hacen lo que hacen. De todos modos qué hacen. Mi papá no… No se le… pone duro.

FREUD, interesado:
¿ Cómo sabes eso?

DORA:
Se lo oí decir a nuestro médico. Lo dijo en latín para que yo no entendiera: Penis flaccidus. Pero yo hablo latín y griego. Y mi libro de cabecera es La fisiología del amor de  Mantegazza.

FREUD:
Ah.

DORA:
Me lo regaló Frau K. Con ella hablo de sexo…

FREUD:
Pero si tu papá tiene penis flaccidus, ¿entonces cómo tu  papá y Frau K….?

DORA:
¿… “cogen”? Con las bocas.

FREUD:
¿Tú tienes alguna idea de cómo se realiza el coito?

DORA:
He visto dibujos.

FREUD:
¿Entonces cómo te imaginas…?

DORA:
Se chupan. Se llama cuni lingüis.  Si quiere puedo traerle unos dibujos para que vea cómo se hace.

Dora empieza a abrir y cerrar su portamonedas.

FREUD:
Oigamos.

DORA:
Me acordé del beso de Herr K.  Y de la traición de mi papá.

FREUD:
Dora, quiero que me escuches con cuidado.  ¿Recuerdas que a los seis años tenías un asma nervioso? Era real, te hacía daño, te fatigaba.  Sin embargo su causa era mental, no física. Bueno, existen recuerdos “nerviosos”. Freud usa el ademán que usa Dora para marcar comillas. El y los otros personajes se han apropiado también el modismo de Dora y así lo harán: marcarán las comillas con los dedos. Tal vez –y sólo tal vez—el recuerdo del beso de Herr K. es resultado de un proceso mental como tu asma y como tal vez –de nuevo: sólo tal vez—tu tos actual. El recuerdo es real para ti, te lastima. Pero es importante que aquí aclaremos si sucedió en el mundo exterior o en tu imaginación.

Dora tiene un reflejo como de vómito que se convierte de inmediato en una tos: tose dos veces.

DORA:
Es usted igual a mi papá. Tose otra vez. Amable. Educado. Tose. Y mentiroso. Cree lo que le conviene, nada más.

FREUD:
¿Qué me conviene?

Dora replica con una ira creciente.

DORA:
Que haya imaginado el beso.

FREUD, a nosotros, apretándose con dos dedos el entrecejo –le duele la cabeza--:
Interesante.

DORA:
Mi papá le paga para que “nada le pase a su familia”, como dice mi mamá.

FREUD,   a nosotros:
Sumamente interesante.

DORA:
Para que cuando le pregunten como está su familia él pueda decir: “Bien, muy bien”, ¿y la suya?

Dora sigue hablando pero no la escuchamos porque Freud nos habla --esto mientras toma de una bolsa de un chaleco su pastillero y toma una pastilla:

FREUD:
En una sola sesión Dora había pasado conmigo de la complicidad amorosa al odio, un vínculo tan intenso, o más,  que el amor. No en vano me llegó a decir hasta en tres ocasiones:

DORA, en tanto Freud traga la pastilla, saliendo:
Sí, es usted idéntico a mi papá.



5.
Freud a solas en su consultorio. Se sienta tras su escritorio y abre su cuaderno de tapas duras.

FREUD:
Es pertinente ahora hablar del fenómeno de la transferencia. Tenemos la impresión de que al conocer a una persona admitimos sin dificultad que nada sabemos de ella.

Entran FREUD 2 y FREUD 3.

FREUD 2 y 3, sucesivamente:
¿ Cómo está? ¿Cómo está usted?

FREUD:
/, decimos y percibimos limpiamente al perfecto desconocido; y esperamos que se nos dé a conocer poco a poco.

FREUD 3:
Dígame algo de usted, porque por lo pronto me resulta un absoluto extraño.

FREUD:
Falso: nunca es así. Lo cierto es que de inmediato asociamos a nuestras nuevas conocencias con personas significativas de nuestro pasado.  Pensamos, conciente o inconscientemente:

FREUD 3, a nosotros:
Este es un niño altanero y ladrón, como mi hermano menor. O bien/

FREUD 2, a nosotros:
/este es un sonso presuntuoso como mi abuelo.

FREUD:
Y reeditamos con ellos nuestra antigua relación, haciendo breves correcciones para ajustarla a la nueva realidad.

FREUD 3:
Seré discreto con él como una sombra: como con mi hermano el ladrón. Dándole la mano, condecendiente: Permítame: me voy, tengo una cita.

FREUD 2, muy amable:
Tenga buen día usted también –hablador de mierda.

Mientras Freud 3 se retira caminando de espaldas y obsequioso:

FREUD 3:
No, no me robó ni un dedo.

FREUD 2:
Y muérete en la noche.

FREUD, para sí:
¿Es necesario el ejemplo?

FREUD 3:
Se tacha.

Freud lo tacha y Freud 3 y Freud 2  van a sentarse a sus respectivos escritorios.

FREUD 3:
Pero el concepto es sumamente…

FREUD 2:
… inquietante.

FREUD 3:
Sí, sumamente prometedor.

FREUD:
A nosotros, con excitación creciente: Conocemos pues a pocas personas durante la vida. A nuestros padres, hermanos, a unos cuantos más; y de ahí en adelante seguimos reconociéndolos y reconociéndolos en las personas que recientemente “conocemos”. Freud marca las comillas con los dedos.  En el consultorio de un sicoanalista,/

Marta, la esposa de Freud  entra. Lleva un delantal de una de cuyas bolsas asoma un plumero. Para no ser interrumpido Freud se inclina dramáticamente sobre su escritorio para escribir en tanto Freud 3 toma la dirección de la redacción: ya no escribe sino habla hacia nosotros mientras Freud y Freud 3 apuntan en sus respectivos cuadernos.

FREUD 2:
En el consultorio del sicoanalista, donde/

MARTA:
La cena/

FREUD, un poco molesto levantando la vista del escrito:
¿Sí?

MARTA:
La cena está lista en media hora.

FREUD:
Correcto. Gracias Marta.

Marta toma el cenicero de plata, lo vacía, lo limpia con su delantal, lo deja en su lugar, todo esto mientras Freud sigue escribiendo y Freud 2 redactando.

FREUD 2:
En el consultorio de un sicoanalista, que permanece buena parte del tiempo en silencio y que nunca se mueve por otros intereses…

FREUD 3, escribiendo:
Idealmente.

FREUD 2:
/idealmente nunca se mueve por otros intereses que los de clarificar a su paciente, el fenómeno de la transferencia es innegable.

FREUD 3:
A Freud 2: Las mediciones científicas. Eso pedirán: las mediciones. Las replicaciones en laboratorio.

FREUD 2:
……?

FREUD 3:
El fenómeno es muy notable.

Marta sale y Freud retoma la batuta.

FREUD:
Es claro que en un principio del análisis yo fui colocado en la imaginación de Dora en el lugar de su padre. Freud y Freud 3, que se cala los lentes gruesos que lo convierten en Herr F., se ponen en pie;  se mueven de manera idéntica mientras Freud ha continuado sin pausa alguna. Asociación consciente en ella, y por lo demás acertada, dadas las semejanzas entre el padre y yo:

FREUD 3:
/semejanzas en nuestra edad, nuestro aspecto físico, nuestros ademanes/

FREUD:
/adquiridos en un milieu similar/

FREUD:
El hecho de que ambos fuéramos judíos.

FREUD 3 y FREUD 2:
Sh.

FREUD 3:
Irrelevante.

FREUD 2:
Já.

FREUD 3:
Se tacha.  Lo tachan.

FREUD:
/semejanzas de educación y de/ y de/

FREUD 2:
Y punto y aparte.

FREUD, volviendo a sentarse:
El caso de Dora no era un caso de gran histeria, con espectaculares síntomas como cegueras repentinas, parálisis de extremidades o amnesias súbitas. Meramente se trataba de un caso de petite histérie con los más comunes síntomas.

Entra Ana al consultorio con una charola. Freud de nuevo se inclina para concentrarse sobre su escrito.

FREUD 3:
Precisamente por ello habría de enseñarme mucho más sobre los procesos sanos de la mente.

ANA:
Papá.

FREUD 3:
Tales como la  transferencia/

FREUD, alzando despacio el rostro:
Sí, Do….

FREUD 2:
¿Do…? ¡ Dora!

FREUD 3:
No: Ana. Ana.

FREUDS 3 y 2,  señalando a Freud:
Lapsus lingüe, lapsus lingüe.

FREUD:
¿Sí hija?

ANA:
La cena.

FREUD, luego de consultar el  reloj que se encuentra sobre su escritorio:
Se me pasó el tiempo. Se pone en pie y mientras sale con su hija: Gracias, Ana. Vamos a ver qué cocinó tu mamá.

ANA:
Y yo.

FREUD 2:
/la inescapable transferencia. Punto y aparte. Fin de capítulo.

CAMBIO DE LUZ: luz sólo sobre Freud 3, que al ponerse los lentes gruesos es de nuevo Herr F.. Herr F. saca del interior de su saco un estuche pequeño y lo abre.  Estamos en:



6.
Antesala en casa de los K.

HERR F.:
Irena. Frau K. No: Irena. Este un regalo de despedida. Si nos dejamos de ver, tal vez Dora se curé y...

Entra Frau K., Herr F. guarda de prisa el estuche. Frau K. es una mujer de 40 años, física y emocionalmente adorable. Se besan en las mejillas. Ella entonces mira a un lado y otro para asegurarse que nadie los ve, toma el rostro de él entre las manos y lo besa en los labios. El se entrega al beso ávidamente, luego se aparta culpable.

Luego de una pausa breve.

FRAU K.:
¿Por qué la urgencia? ¿ Fue algo que dijo el doctor?

HERR F.:
S-sí. Me/me advirtió que su cura es como abrir una caja de Pandora. Debe abrirla para curar, pero entonces todas las complejidades psíquicas emergen y el paciente empeora, antes de mejorar. De pronto irritado: Irena,  ¿ por qué tu marido me cita en casa de/ de ustedes?

FRAU K..:
Si quiere verme, dijo, que venga a “nuestro hogar”.

HERR F.:
Irena… Es muy complicada nuestra… situa/situación. Irena… Se lleva la mano al bolsillo donde ha guardado el estuche. He pensado que……

Como él no parece poder completar la frase ella le muestra su afecto: lo besa en los labios…

FRAU K.:
…. Sé amable con él.

Ella lo toma del brazo y echan a andar. Mientras salen:

HF.:
Es que/ Es decir: me han dicho también que no es así: un neurólogo amigo mío me ha dicho que los pacientes del doctor Freud a veces empeoran y nunca se curan.



7.
Salita en casa de los K. Herr K.(antes Freud 2, ahora calvo) sentado en un sillón bebe un coñac cuando escucha llegar Herr F. y Frau K..

HERR K., áspero:
¿Cómo está su familia, Herr F.?

HERR F.:
Bien. Muy bien. ¿Y la suya?

HERR K.:
¿Qué se te ofrece? Herr K. se mueve bruscamente a la mesita donde están las bebidas  y roza una lámpara de pie, que se tambalea.

FRAU K.:
Dios mío.  Es una lámpara Gallé.

HERR K.:
Una joya. Siguiendo su camino a las bebidas: Que los brutos no sabemos apreciar.

FRAU K.
Tal vez no debías beber más. Hay agua mineral e/

HERR K., a Herr F.:
¿Entonces? Empieza a llenar su copa.

HERR F.:
Vengo a  rogarle, a rogarte/

HERR K.:
Sí, no tiene caso hablarnos de usted luego de cinco años de tutearnos. ¿Qué me ruegas?

HERR F.:
Te pido por segunda ocasión, pero ahora te lo pido por piedad, que me digas… La voz se le atipla… si has tocado a mi hija.

HERR K.:
Adoro a tu hija. Le he regalado libros, dulces; le regalé un alhajero Gallé, un alhajero que vale lo que vale esa lámpara. Soy su tío preferido. Bueno, era.

HERR F.:
Yo/

HERR K.:
Yo te pregunto: ¿por qué tocaría a una niña un hombre atractivo y sensual como yo? A su mujer: Soy un hombre atractivo para las mujeres, ¿no es cierto?

FRAU K.:
Hasta que viven contigo.

HERR K., tocándose el corazón:
Touché.

FRAU K.:
La niña es la heredera de un consorcio textil. A nadie le importa saber si ha perdido la inocencia. Esas son palabras estúpidas. Lo que importa saber es si está mentalmente enferma.

HERR F.:
Si está mentalmente enferma, no puedo heredarla. Y si no voy a heredarla, no tiene caso que la envié a estudiar Finanzas. Nadie le da a una mujer una gerencia de empresa, si no es su padre. Es injusto pero así es. Así que si: debo decidirlo pronto: este invierno.

Herr K. se sirve otro coñac con toda calma.

FRAU K.:
No sacrifiques a la niña.

Herr K. se lleva a los labios la copa.

FRAU K.:
Ella no tiene ninguna culpa de nuestros enredos.

HERR K.:
Los de los enredos son ustedes. De golpe a Herr K.: Eres un hombre de acciones muy claras –incluso impiadosas--. Lo despreciable es  tu lloriqueo luego. Desde un principio decidiste quien mentía: tu hija o yo. La mandaste a un doctor de locos.

HERR F.:
Pensé que era lo mejor, pero ya no estoy segu/seguro.  Tose.

HERR K.:
¿Qué gano yo en esto?

FRAU K.:
No seas miserable.

HERR K.:
No me humilles más, Irena. Hay un límite a lo que un hombre puede padecer.

HERR K.:
Estoy dispuesto a pagar tu sinceridad.

HERR K.:
¿ Cuánto?

HERR F.:
Cinco por ciento de la importadora. Pero quiero una prueba.

HERR K.:
Dora es una niña sobresaliente, todos lo sabemos. Una jovencita ávida de cultura. En especial,  a últimas fechas, de libros de adultos. Mirando a Frau K.: Manuales de sexo, novelas sofisticadas. A Herr F.: Su padre la lleva al teatro; la llevó a La Ronda, el último escándalo del nuevo teatro vienes. Y bueno, es que su padre es un hombre moderno, ¿no es cierto?  Un hombre que cree que podemos vivir distinto a nuestros padres, más libremente, sin ningún respeto a las tradiciones.

HERR F.:
Es inexacto. La he educa/

HERR K.:
Si no quieres oír la verdad…

HERR F.:
Perdón. No hablo.

HERR K.:
En una hora y media La Ronda narra ¿cuántas seducciones sexuales? Diez. Una cada siete minutos. Mientras mira fijamente a su esposa: Ni siquiera en un burdel hay tanto movimiento, te lo aseguro. A Herr F.: Si a nosotros nos excita La Ronda, nos excita y la imaginación se nos calienta, a la pequeña Dora la imaginación se le incendió en llamas de lujuria. En efecto, enloqueció: la enloqueció su padre.

Herr F. baja el rostro avergonzado.

HERR F.:
Quiero una prueba.

HERR K.:
Una prueba. Una prueba de un beso que no sucedió. Te daré tu prueba.  Escena cuatro— o cinco-- de La Ronda. Un cuarentón seduce a una niña en un reservado de un restaurante, mientras están comiendo… qué?

HERR F.:
No/No veo de lejos, lo sabes.

FRAU K.:
Merengues.

HERR K.:
¿Qué le di de comer a Dora, según ella, el día del beso criminal?

HERR F.:
…… ¿ Merengues?

HERR K.:
Una palabra con usted, señora.

Frau K. se levanta y él también. Salen al vestíbulo vecino…De golpe él toma violentamente a su esposa por el pelo y la coloca contra la pared. Le sube la falda y la penetra con un dedo. En tanto Herr F. en la salita saca el pequeño estuche y se prepara para despedirse de su amante.

Herr K. vuelve a la salita con aire despreocupado. Herr F. guarda el estuche.

HERR K., a Herr F. :
Diviértanse.  Vuelvo en la madrugada.

Mientras él sale, en el vestíbulo Frau K. va a encender un gramófono: suena un vals de Strauss. Frau K. entra a la salita.  .

HERR F., muy por lo bajo:
Ha vuelto a tomar.

FRAUK.:
………..

HERR F., muy por lo bajo:
¿Qué te dijo?

FRAU K. muy por lo bajo:
………… No importa.

Se oye una puerta lejana cerrándose. Frau K. se sienta en el chaiselong.

FRAU K.:
Ven.

El va a sentarse al chaise long. Tose al sacar el estuche. Lo abre. Toma el anillo que contiene y se lo pone a Frau K diciendo:.

HERR F.:
Irena, este es un regalo de...

FRAU K.:
¿De…?  Ella le toca la mejilla con una mano.

HERR F., sintiendo el contacto con su amante:
De… No puedo. No puedo vivir sin ti. Le toma la mano y se la besa.

Frau K. le acaricia el cabello.

Herr F. reacciona: la besa aferrándola por la cintura y aún besándola la alza en pie: un movimiento romántico de pasión.

HERR F.:
Sin ti estaría muerto.

OSCURO sobre ellos y LUZ sobre Dora y Freud en el consultorio.

DORA:
Y luego del abrazón, bailan.

CAMBIO DE LUZ: dos lugares a la vez:



8.
El consultorio y la salita. Freud en su sillón y Dora tendida en el diván. Herr F. y Frau K. bailando, besándose…

DORA:
Y se besan mucho. Mucho. Como diez minutos o veinte.  Por lo del penis flaccidus. A veces ponen en el gramófono a Strauss.

FREUD:
Así lo imaginas.

DORA:
Lo he visto. Sin querer. Por accidente.

FREUD:
¿Cuántas veces los has visto –por accidente--?

DORA:
Tres. Dora y Freud se ríen suave. Y de pronto les entra un frenesí por verse la ropa interior.

Los amantes se arrancan uno a otro las ropas. Es el recuerdo de la visión de una niña.

DORA:
Es un voladero de telas. Y entonces mi papá la toca despacio como para revisar que todo está en su sitio, bien colocado… Y luego de golpe pierde toda la educación y la tumba.

Como si fuera un luchador de lucha grecorromana Herr F. tumba a Frau K. Frau K. cae de rodillas frente a él.

DORA:
Y cometen el felatio. Aunque no, generalmente hacen primero el cunni lingüis. Otra actividad grecolatina.

Herr F. tumba en el chaiselongue a Frau K.: luego se mete bajo su falda. Frau K. gime, solloza…
Dora empieza a toser, se sienta en el diván.

DORA:
¿Puedo tomar una menta?

Freud sacude la cabeza para dejar de imaginar el coito. OSCURO sobre Frau K. y Herr F.

FREUD:
Ah sí: una menta. No: no la tomes. ¿Qué sientes en la garganta?

DORA:
Como… cosquillas.

FREUD:
Excitación.

Dora toma la menta del interior de su bolso y la mete en su boca.

FREUD:
No tosas.  Reprime la tos. ¿Qué sientes?

Dora reprime la tos. Se auto-observa. Tose escupiendo la menta.

DORA:
Exacto. Ganas de escupir.

FREUD:
¿La excitación? ¿Escupir la excitación?

Dora continúa pero Freud se ha quedado absorto en su conclusión anterior.

DORA:
Y luego mi papá sale de debajo de la falda todo despeinado y con los lentes empañados  y ella le dice: Gracias por la “amabilidad”. Y lo besa por toda la cara. Dora se ríe,  Freud no: está absorto todavía en el asunto de escupir la excitación. Por eso cuando Frau K. habla de mi papá siempre dice: Es un caballero amabilísimo.

Dora tose.

FREUD:
Dora. Volvamos a la sensación de la tos.

DORA:
Aha..

FREUD:
Recuérdala.

DORA:
La estoy sintiendo otra vez.

FREUD:
Puede ser… que al recordar a tu padre y a Frau K. sentiste… una excitación… en tu genitalia… que luego se desplazó a tu garganta (¿)

DORA:
¿Qué quiere decir genitalia?

Freud se rasca la barba.

FREUD, atreviéndose a decirlo:
Tu labia y tu clítoris.

Dora abre grandes los ojos y la boca. Luego dice muy quedo:

DORA:
No. No sentí algo en mi genitalia.

FREUD:
Puede ser…  que lo hayas sentido pero no hayas querido sentirlo y por eso desplazaste la excitación a tu garganta…

DORA:
Pero toso también cuando no pienso en sexo.

FREUD:
Toses cuando no quieres pensar en sexo y no quieres sentir excitación en tu genitalia.

DORA:
Repítalo.

FREUD:
Sentiste excitación en tu/

DORA:
Genitalia.

FREUD:
Pero porque no quieres sentir la excitación la desplazas a tu/

DORA:
/garganta. Y luego la escupo en la tos. Es decir que hago cosas a espaldas de mi misma (¿) Como si fuera dos personas. Como cuando sueño: una Dora hace el sueño, otra lo mira… y tal vez otra lo vive(?) Nunca lo había visto así.

FREUD:
Es decir: te era no consciente; es decir: inconsciente.

Silencio.

FREUD:
Oigamos.

DORA:
Pensé en Frau K…

FREUD, a nosotros:
Espléndido. Dora estaba cooperando en su curación con un gran acierto.

Dora se ha puesto de pie, lleva un portafolios de piel bajo el brazo.

FREUD:
Oigamos.

Dora camina hacia otra área…

DORA:
Esa tarde salió a recibirme...

Frau K. entra, un paraguas al brazo.

DORA:
Entramos al elevador.

Frau K. saluda con un beso en la mejilla a Dora y luego y pulsa un botón (imaginario). De inmediato  la luz se mueve sobre ellas como si ascendieran por un elevador:

DORA:
Me quita el aliento Irena. Tengo que hacer un esfuerzo para no acordarme de mi papá bajo su falda.

Frau K. la mira de frente..

FRAU K.:
Deja. Le empieza a arreglar el cabello. Voy a pintarte un poquito.

Frau K. toma del color de sus propios labios para pintarle rubor a Dora en las mejillas. Mientras Dora la deja hacer como hipnotizada

FRAU K.:
Te está esperando.

DORA, aniñada:
¿No te vas a quedar?

Las dos mujeres salen del elevador. Claramente Dora imita el andar coqueto, cadencioso, de Frau K….

CAMBIO DE LUZ: UNA TERCERA ÁREA SE ILUMINA: ahí Herr K. de pie ante un escritorio, fumando puro, Dora y Frau K.

HERR K., áspero:
¿Qué papeles?

DORA, todavía con un aire como el de Frau K.:
La cuenta de las importaciones de hilo de Alemania.

HERR K.:
Ah.

Herr K. se mueve a una puerta. Al moverse él hemos visto sobre el escritorio dos copas aflautadas con vino blanco y dos platos con merengues.

HERR K., a su secretaria, fuera de la oficina:
El expediente Offenbach.

FRAU K.:
Trabajen, yo me voy por ahí a gastar dinero.

DORA, absorta en Frau K. que se va:
Pensé:…

Herr K., en el quicio de la puerta, y Frau K., despidiéndose con una mano, se congelan.

DORA:
… mira qué mujer tiene Herr K…. . Es más pobre que mi papá pero sabe disfrutar más. Las ventanas de su oficina dan al Danubio. Y siempre sirve vino del Rhin a sus visitantes.

FRAU K., saliendo y despidiéndose con una mano:
Auirveau.

HERR K.:
¿Tu papá piensa que hay algo sucio con mis tratos con Offenbach?

DORA:
Hace cinco años eran muy baratos y de buena calidad: ahora son malos y caros.  Quiere tu opinión.

HERR K.:
“Mi opinión”. Herr K. marca las comillas con los dedos.  Y las cuentas, para tomar su decisión a solas.

DORA:
Quiere sanear todos nuestros negocios.

HERR K.:
Nuestros negocios. Claro,  la gente se confía luego de cinco años de relaciones y abusa, ¿no es cierto? Por ejemplo tú hace apenas unas semanas lo primero que hacías al verme era darme un beso.

DORA:
Te lo di cuando llegué.

HERR K.:
¿Ah sí? Ven, dale un beso a tu empleado.

Tocan a una puerta.

DORA:
…… Herr F. se alzó de golpe con esa… intensidad que tiene cuando ha bebido o está molesto…

Herr K. cruza con energía  a la puerta. La abre y recibe un expediente. Lo pone sobre el escritorio.

HERR K.:
El expediente Offenbach. Se sienta junto a Dora. Ahora el placer. Pruébalos, los compré pensando en ti. En tu sonrisa.

Dora toma un merengue y lo muerde mientras él la observa.

HERR K.:
Sí, prefería cuando venías a verme para traerme una manzana. Y yo te daba un libro. O una flor. Y tú me dabas muchos besos. Con tus labios finos, me llenabas la cara de besos. Entre sorbitos de vino blanco me dabas besos.

DORA:
Los besos, el beso, lo decía una y otra vez, terco como cuando bebe.

HERR K.:
Sí, lo prefería. Cuando eras inocente y no te parecías nada a la gente grande. Eras mi amor perfecto: mi amor inocente: lo más bello que me sucedía cada segundo día. Le toca la barbilla con el índice. Ahora, no te muevas. Con crema en los labios… ¿me das el beso?

Dora se acerca a darle el beso en la mejilla. No era lo que él esperaba pero de cualquier forma siente un intenso placer al recibir el beso.

HERR K.:
Pon un poco de crema en mis labios…

Dora lo mira con fijeza…

DORA:
No entiendo.

HERR K.:
¿Oyes mi corazón?

DORA:
……

Herr K. se alza de golpe y se mueve para cerrar una cortina, luego va a la puerta a cerrarla con botón.

DORA:
De pronto se alzó y cerró la cortina de la ventana. Cerró la puerta… La oficina se llenó de un aire espeso.  Me miró despacio…

Herr K. se acerca…

DORA:
Sentí como si todo fuera un sueño…  Algo que ya conocía… La Ronda…

Herr K. le toma la mano y la alza.

DORA:
Olía a cigarro

HERR K.:
Dame el beso.

DORA, con asco:
.A humo.

HERR K.:
Dámelo.

DORA:
Ya te lo di.

Herr K. pone ambas manos en sus senos y los acuna y mueve despacio. Su respiración se vuelve densa…

HERR K.:
Qué dulzura, Dora, qué dulzura. Estoy perdido, por ti, perdido… Besa a Dora en los labios largamente, estrechándola contra sí……

DORA:
Sentí contra mi cuerpo su…

FREUD:
Su miembro masculino.

Herr K. le toma la mano y la lleva a su pene.

HERR K.:
Por favor…

DORA:
No. No. Un tercer no se le convierte en tos.  

Herr K. trata de besarla otra vez, ella lo abofetea. Retrocede caminando de espaldas muy muy despacio hacia el área de Freud...

HERR K.:
Pequeña zorra.

DORA:
Salí corriendo. Me latía el corazón muy fuerte y tosía.

FREUD, a nosotros:
En plena histeria.

DORA:
Le dije a papá: ¡Herr K. me ha besado…! Siempre te besa. ¡ No papá!, ¡ me ha besado como a una mujer…!

FREUD:
Dora.

DORA:
¿Sí?

FREUD:
Pero eres ya una mujer, ¿no es cierto?

DORA:
¿Qué tiene que ver eso? Yo no estaba con él como mujer. Abre y cierra su bolsito.

Lou Andreas Salomé, una mujer madura de gran estilo, el cabello en un chongo laxo entra suavemente diciendo:

LOU:
Estaba con él como una sobrina o como.. un hombre de negocios.

FREUD:
Eso es, Lou.

LOU:
Y entonces, en ésta sesión que usted me narra…  ¿habló usted o habló ella ?

FREUD:
Dora…

LOU, a nosotros:
Él.

FREUD:
Te violentó la acción de Herr K., pero también  a ti te gustaba Herr K., ¿no es cierto?

DORA:
Sí, me gustaba, pero de otra manera.

FREUD:
Te regalaba flores, te decía qué bonita eras. Tú le tenías ternura por su situación difícil.

DORA:
……

FREUD:
Ahora Herr K. sólo daba otro paso en la relación al besarte como a una mujer; porque de hecho –en el último año--  te habías convertido ya en una mujer.

DORA:
Usted está de su lado.

FREUD:
Estoy solamente aclarando la escena. Entendiendo la escena. Consultando un cuaderno de notas: Herr K. te habló de tu sonrisa. De tus labios –tus labios finos--. Del placer de verte. El placer –incomparable—de verte. Eres lo más bello que me sucede cada segundo día…

Dora levanta la cabeza para ver a Freud tras ella…Sí, lo está leyendo, no lo declara él.

FREUD:
¿Puedes ver que todo conducía al beso? Eso le hace un hombre a una mujer,  cuando la mujer le atrae: la besa.

DORA:
Pero yo no quiero ser una mujer.

LOU:
¿ Lo dijo tal cual?

FREUD:
¿Por qué no, Dora?

DORA:
¿Por qué sí? ¿ Para ser la sirvienta de un hombre?

LOU:
A nosotros: Como su mamá. O Frau K., que es una cortesana al servicio de su padre.  A Freud:  O como casi cualquier mujer en nuestra cultura: siempre supeditada a los varones.

DORA:
Yo quiero ser/ Quiero tener dinero mío, no estar encerrada en una casa.

FREUD:
Como un hombre,  pensé.

LOU:
No lo dijo.

FREUD:
Bueno, si no quiere ser mujer, ¿qué quiere ser?

DORA:
…… Por eso no voy a casarme. No quiero que nadie decida por mí. Qué curioso: los hombres y las mujeres se casan enamorados pero cinco años después los hombres son hombres de mundo, con su casa, y las mujeres son amas de casa, sin mundo. Algo está muy mal en este negocio del amor.

FREUD:
Tal cual.

Silencio…

Freud cruza su mano derecha para rascarse la oreja izquierda y así disimular su mirada al reloj que se encuentra sobre el escritorio.
.
FREUD:
Es hora.

DORA:
Me siento aliviada. Sé que usted me cree.

LOU:
¿Le cree lo del beso?

FREUD:
Correcto.

DORA, tendida todavía:
Me siento tan cómoda con usted como con Frau K.

FREUD:
Seguiremos hablando mañana.

DORA:
Ahora, adiós Dora.

FREUD:
Así es. Adiós Dora.

Dora se sienta en el diván. Se mueve un poco como Frau K., con esa coquetería.

DORA:
Traje un libro para que me lo firme.

FREUD:
¿Un libro? Freud mira de nuevo el reloj con impaciencia.

Dora saca de su portafolios dos libros. Mientras le entrega uno a Freud y él sonríe:

LOU:
La interpretación de los sueños.

DORA:
Me costó trabajo encontrarlo. Pero en la octava librería tenían un ejemplar.

Mientras autografía el libro Freud parpadea: tiene su orgullo, no le gusta saber que las librerías no tienen su obra..

FREUD:
¿Lo leíste?

DORA:
Me encantó. Se lee como una novela – o más bien: como una colección de cuentitos sexosos.  Y también encontré éste suyo, muy antiguo y tremendísimo. Le da otro libro, muy delgado.

LOU, sorprendida:
La búsqueda de testículos en las ánguilas.

DORA, una sílaba detrás de Lou:
La búsqueda de testículos en las ánguilas de la Viena burguesa.

LOU, a nosotros:
Eso lo agrega ella. Dos años de búsqueda en la juventud de Freud.

DORA:
Le voy a comprar una copia a Frau K.

LOU:
De nuevo lo asocia a Frau K. Está iniciando una nueva transferencia: usted es Frau K., con la que Dora habla de sexo.

Freud levanta de golpe el rostro molesto;  entrega ambos libros autografiados a Dora.

FREUD:
No creo.

Dora retrocede caminando de espaldas.

DORA:
¿Dónde se estudia para ser sicoanalista? Tal vez en lugar de Finanzas/

FREUD:
Dora.

LOU:
Es una joven seductora.

DORA, imitando a Freud:
Mañana seguimos Dora. Adiós Dora.

LOU:
Y tiene ese contacto con la verdad.

Dora sale.

FREUD:
Un privilegio de los jóvenes, todavía sin compromisos ni terrores: el contacto directo con la verdad.

OSCURO. Luz en:



9.
Otra vez el consultorio de Freud. Freud saluda de mano a Lou Andreas Salomé, que ha entrado con Ana, que permanece junto a la puerta.

FREUD:
Bienvenida Lou Andreas. Permítame. Le toma algo pequeño de la solapa de piel de zorro de su abrigo. Una hoja seca. Gracias Ana. Mientras le ayuda a Lou a quitarse el abrigo:

LOU:
Qué preciosa se ha puesto Ana.

FREUD:
Además es inteligente. La otra noche la encontré leyendo un libro mío –y subrayándolo--.

LOU:
Aaah. Entonces es muy inteligente.

ANA:
¿ Té o café?

LOU:
Té.

Freud mira con perplejidad a su hija.

ANA:
¿Café o té, papá? Pausa breve. ¿Qué te sirvo, papá?

Los dos Freuds se iluminan de golpe.
Mientras Freud sigue mirando a su hija, perplejo:

FREUD 2:
¿Qué?: ¿te sirvo,  papá?

FREUD 3:
Sí, sírveme, hija. Té.

ANA:
¿Papá?

FREUD, la voz desfallecida:
Té, gracias. Gracias Ana.

Ana sale. Freud queda un instante pensativo. Luego dice:

FREUD:
Ahora bien… recapitulemos.

Los tres Freuds reencienden sus puros. Luego:

FREUD:
Evidentemente Dora ha crecido identificada con su padre. De él ha tomado no sólo sus dones naturales…

FREUD 2:
Su prestancia física.

FREUD:
Y su precocidad intelectual,  sino también la predisposición a la histeria.

FREUD 3:
Es decir a convertir una dolencia emocional en enfermedad del cuerpo.

FREUD:
Dora comparte con él la apreciación de la madre como una ingenua tonta. Una mujer que padece una…

FREUD 2:
Psicosis de ama de casa.

FREUD:
Y también comparte su aprecio por Frau K., de la que ha dicho, sin ningún rubor, Irena me quita el aliento.  Tal cual.

FREUD 2:
Tendencias homosexuales.

FREUD, asintiendo:
En su inconsciente, Dora es su padre.

LOU:
Y para el padre ella también es él. Quiere hacerla su heredera.

FREUD 3:
Correcto.

LOU:
El es ella y ella es él.

FREUD:
He aquí entonces que sucede el beso de Herr K. y todo se derrumba. ¿Cómo es que un beso puede resultar tan catastrófico?

LOU:
Sí, ¿cómo?

FREUD:
Herr K. la besa y ella siente excitación.

LOU:
 ¿Siente excitación?

FREUD 3:
Como cualquier mujer al ser besada.

FREUD:
Y al sentir el pene erecto, naturalmente en su órgano femenino ocurre un erotización.

FREUD 2 y 3:
Naturalmente.

LOU:
¿No siente miedo más bien?

FREUD:
Estamos formulando una hipótesis. Pero al difundirse la excitación por el cuerpo interviene entonces otra reacción.

LOU:
El rechazo. La protesta. Un NO expresado con el cuerpo entero.

FREUD:
Espléndido. Ahora, ¿por qué ese NO?

LOU:
Porque es una situación moralmente insoportable: Herr K. está casado con la amante de su padre.

FREUD:
No.

LOU:
Dora lo vive como una agresión de Herr K.

FREUD:
Y lo es. Es una mutilación. El pene de él y su propia excitación le recuerdan a la joven la ausencia de pene en ella. En breve: en ese momento ella se percibe a sí misma como un castrato: un hombrecito sin pene.

FREUD 2:
Un homme manqué. Es decir:

FREUD 3:
Una mujer. Tres ensayos de teoría sexual.  Freud dixit.

FREUD:
Y la tos en efecto es su protesta por ser,  irremediablemente, sólo una mujer.

FREUD  3:
Una masoquista biológica.

FREUD 2:
Freud dixit. Tres ensayos de teoría sexual.

Freud se levanta a servirse un vaso de agua.

LOU, a nosotros:
Me sentí insultada, claro,  y sumamente mujer.  Como si un rubor recorriera todo mi femenino cuerpo.  Y tuve un creciente deseo de protestar, de decirle a Freud: así es, así ha sido durante siglos: las mujeres son los eunucos de la sociedad, sin libertad, sin dinero ni poder, pero puede ser distinto. ¿Por qué usted que ha visto más allá de su propia cultura en tantas cosas aquí no puede ver más allá?  ¿ Qué tal que Dora es…/ Digo: podría imaginarse, ¿qué tal que Dora es una nueva mujer?

Otra área va iluminándose para incluir a una mujer vestida a la usanza de los años setentas del siglo XX –en pantalones negros, zapatos bajos y con el cabello corto: GLORIA

LOU:
Pero…

GLORIA:
¿Pero…?

LOU:
Me acordé de las palabras de Freud sobre las sufragistas. A nosotros: Viena estaba llena de sufragistas por aquel entonces.

FREUD 3:
¿Quieren el voto?

GLORIA:
Sí, lo queremos.

FREUD 2:
Como los hombres.

LOU:
Bueno sí, como ustedes.

FREUD 3:
Querrán pronto tener sus propias cuentas de banco, manejar automóviles, ¡poder iniciar trámites legales!. Sigue enumerando imposibles pero sólo escuchamos a:

FREUD 2:
¡Ser ministras de estado!

LOU, al mismo tiempo que GLORIA:
Bueno, no sé si…

GLORIA:
¿Por qué no?

FREUD 3:
Qué fastidio estas señoras fálicas.

FREUD 2:
Quejosas.

FREUD 3:
¿Por qué no son/

FREUD 2:
dulces y agradables?

FREUD 3:
Como son en esencia las mujeres.

GLORIA:
¿Por qué los negros no quieren ser esclavos?

#Freud 2 y Freud 3 se ríen.

FREUD 3:
Realmente quieren un pene.
*
FREUD 2:
Un pene realmente quieren.

FREUD 3:
¡ Nunca sucederá!

Mientras los tres Freuds cortan, suscesivamente, la punta de unos puros nuevos con una tijera:

FREUD 2:
Tendrán que conformarse con una versión más corta.

FREUD 3:
Con su versión anatómica más corta.

FREUD:
Tres ensayos.

Los tres Freuds chupan sus puros con deleite…

LOU:
Así que dije en cambio algo más taimado.  ¿ Pero no es humano no querer ser un…

FREUD:
¿Lo que uno es?

LOU:
… castrato?

FREUD:
Bueno, se llama neurosis, Lou.  Específicamente, envidia del pene. Ese NO de Dora es un NO contra la Anatomía, Lou.

FREUD 3:
Anatomía es destino.

LOU, desfallecida:
Ergo: La enfermedad de Dora es el NO.

LOS TRES FREUDS:
Sí.

LOU:
Pero si se le quita el No a un ser humano se le quita la autoridad sobre su propia vida.

GLORIA:
¿ Lo dijo usted?

LOU:
Lo pensé, pero…

GLORIA:
¡ Lo pensó!

LOU:
Hay algo que se llama principio de autoridad. Freud era mi padre intelectual: no podía decirle… NO.

GLORIA:
Qué típico de una mujer.

LOU:
Mire usted, Gloria… Los seres humanos pensamos, es irremediable. No vivimos lo real sino a través de su traducción lingüística. Y qué pensamos: pensamos lo que nuestra cultura piensa, no más. Somos cobardes en el pensamiento: la cultura es una casa hecha de ideas y  no podemos pensar nada fuera de esa casa.  Un genio sin embargo piensa nuevas cosas: agrega una habitación o dos a la casa. Freud agregó todo un sótano: nos descubrió el sótano de nuestra conciencia: el inconsciente. Es un aumento impresionante. Pero en cuanto a las mujeres…

GLORIA:
…  no agregó ni una ventana.

LOU:
Esto lo estamos hablando en otro tiempo; cuando sucede ésta conversación entre usted – una  feminista de los años setentas—y yo,  Dora ya es un caso clínico célebre y yo llevo cuarenta años muerta. Por eso, de hecho,  es que apenas ahora, en esta discusión imaginaria, se me puede ocurrir el símil de cultura y casa –por un sueño que Dora tuvo durante su tratamiento. Usted recuerda: Una casa se incendiaba y Dora dentro de la casa se asfixiaba.

GLORIA:
La casa era su cultura, dice usted. Dora se asfixiaba en su cultura.

LOU:
Ahora lo digo.  En aquel entonces nunca se me hubiera siquiera ocurrido esta crítica.  A nosotros, mientras GLORIA sale: A nadie de los astutos y brillantes alumnos de Freud se les ocurrió, por lo demás. Excepto –qué curioso—a Dora,  una niña de 17 años.

FREUD:
¿Está usted de acuerdo conmigo, Lou?

Lou sacude la cabeza.

LOU:
Disculpe: me distraje.

FREUD:
Pregunto si está de acuerdo.

FREUD 3:
Lou, ¿sí está de acuerdo, no es así, Lou?

LOU:
Sí. Sí. Sí. Pausa breve en que lo repiensa. Sí.   Solo me pregunto……

LOS TRES FREUDS:
¿Sí, Lou?

LOU:
Sólo me pregunto…

FREUD:
Dígame.

LOU, a nosotros:
Por qué un genio discute sus ideas con un castrato. Lo pensé, no lo dije, dije en cambio:

LOS TRES FREUDS:
¿Sí, Lou?

LOU:
No sé: se me olvidó mi pregunta.

Reentra Ana con un servicio de té y café.

ANA:
¿Más café? ¿Papá, te sirvo?


LOU, a nosotros:
Y de pronto ese día Freud hizo algo completamente contradictorio.

FREUD:
No, Ana: siéntate con nosotros Ana. Toma mi taza de café. Lou… Le extiende a la sorprendida Lou la otra taza recién servida.

LOU:
Gracias.

FREUD:
 O mejor: sentémonos aquí.

Los tres se sientan a una mesita.

LOU, a nosotros:
Y  así Ana, desde esa tarde,  se sentó a menudo con nosotros, aun cuando habláramos de casos clínicos, como solíamos.

ANA:
¿Azúcar, papá? Se congela.

LOU, a nosotros:
 Fue un par de años después que Freud me habló con franqueza al respecto –y cuando Ana no estaba presente, desde luego--.

FREUD:
Lou, primero déjeme decirle --después de todo lo que hemos hablado debo decírselo—que usted no es –no, no es una mujer—: usted es una/una…

FREUD 3:
Excepción.

FREUD:
Una mujer de excepción.  Como lo son las reinas o las/ o las/

FREUD 2:
Las reinas. Punto y aparte.

FREUD:
Y por eso ahora quiero, con su ayuda,  hacer aquí en mi casa, con mi familia, un poco de modificación de destino.

ANA, ofreciéndole una fuente de plata:
¿ Una galleta, Lou? Se congela.

FREUD:
Quiero que en el plano intelectual usted ocupe en la Psique de mi hija el lugar de la Madre.  Quiero que  tenga otro modelo de ser mujer.

LOU, eligiendo una galleta:
Gracias. Ana se aviva. De nuez. Ana se congela.

FREUD:
Por eso he propiciado que usted y ella hablen. Le pido ahora un poco más: que sea usted su confidente.

LOU, a nosotros:
Y así fue que fui la madre de la hija de mi padre intelectual.

ANA:
Qué interesante. Pausa breve. ¿Puedo… puedo decir algo ahora yo?

Freud rebosa de alegría.

FREUD:
Por favor hija. Por favor.

Freud 3 y Freud 2 se ponen en pie. 3 se cala unos lentes de fondo grueso: ya es Herr F. 2 se quita el bisoñé  y saca de la bolsa de su pecho las puntas de un pañuelo rosa: ya es Herr K. Mientras ambos se dirigen hablando ya a otra zona:

CAMBIO DE LUZ: luz únicamente en:


10.
Calle de noche, invierno.   Herr F.  y Herr K. caminan con gruesos abrigos, ambos fuman puro. Herr F. achica los ojos: padece su neurastenia.

HERR F.:
¿Qué le contaron? La ópera estaba llena de conocidos, por supuesto. Yo era el mecenas de esa noche gloriosa de Wagner.

HERR K.:
Que cuando el príncipe besó a la balquiria –la doncella, creo/

HERR F.:
Da igual.

HERR K.:
Dora en el palco principal tuvo un ataque de asma y luego vomitó, sobre el pasillo de mármol blanco.
.

11.
Salita.
Herr F. y Herr K. entran quitándose los abrigos.

HERR F., conteniendo la furia:
Así es, le contaron bien. Le dan asco los besos. Un beso es el sello de un contrato terrible.  Eso explicó a la salida de la ópera a quien le preguntó por su salud. Por si no había escandalizado a los presentes suficiente.

HERR K.:
Yo pienso/

HERR F.:
No piense. Le pago por operar, no por pensar. Los presupuestos.

HERR K. , entregándole una carpeta:
¿Puedo ir a saludarla a su cuarto?

HERR F., yendo al escritorio a leer los presupuestos:
No.

HERR K.:
¿Está dormida?

HERR F.:
Te odia. ¿No te entra en la cabeza?

HERR K.:
No dejar que nos encontremos es propiciar su locura.

Herr F.. se queda lívido, quieto, lee los presupuestos para olvidar a Herr K.

HERR K.:
¿Qué va a pasar  el 31 de diciembre?

HERR F.:
………..

HERR K.:
Yo me voy a Berlín el primero del año en la madrugada. Porque urge cerrar el trato con Berlín, ¿no es cierto?

HERR F.:
Es cierto.

HERR K.:
Brindo con mi esposa a las doce en punto y con las maletas en la puerta. Y me voy a la estación para tomar el Ave del Amanecer. Así se llama el tren: va deteniéndose en las ciudades importantes y para cuando cruza a  Alemania, amanece.

Herr F. se tranquiliza. Trata de ser amable.

HERR F.:
Suena/ Es decir: es un buen recorrido, el del Ave del amanecer.

HERR K.:
Tú brindas a las doce con tu familia y te da neurastenia, así que mandas a dormir a los niños y te sales a caminar como de costumbre en la noche.  Puedes brindar con mi esposa a la una en punto. De cualquier forma hay quien dice que es a la una que empieza el nuevo siglo.

HERR F.:
Es muy generoso de tu parte. Muy civilizado.

HERR K.:
De hecho hay quien dice que es hasta 1901 que empieza el nuevo siglo. Y para los judíos ortodoxos estamos ya en el año 5678 --algo así. Así que da igual: cada quien ve lo que le conviene.

HERR F., aún leyendo los presupuestos:
………..

HERR K.:
¿Y qué pasará con la universidad de Leipzig?

HERR F.:
…….

HERR K.:
Es comercio: te facilito el brindis con mi esposa, facilítame un poco de información sobre mi sobrina.

HERR F.:
Información. Bien. Información: hoy es el 29 de diciembre de 1899. El primero del año inician clases.  Le estoy por pedir al doctor Freud una respuesta escueta: que me responda si Dora está ya curada o no. Si no está curada tendré que –con sumo dolor tendré que cancelar la inscripción de Dora a la Universidad de Leipzig.  

HERR K.:
Estar lejos de nosotros le hará bien.  Con gente de su edad.

HERR F., la voz llorosa pero autoritaria:
Fobia a los besos.  Tussis nervosa. Un intento de suicidio. Al menos aquí podremos atenderla y vigilarla.

HERR K:
Tengo unos conocidos que pueden hospedarla en Leipzig. Son personas/

Herr F. golpea la mesa con la palma abierta de la mano.

HERR F.:
Ella es mi responsabilidad.  El doctor decidirá si Dora va a Leipzig.

HERR K.:
El doctor. Tú te lavas las manos.

HERR F.:
La locura de mi hija/ A Herr F. las lágrimas se le derraman.  Se gira para que no vea su llanto…. O la evolución de su cura –que el doctor me advirtió estaría llena de avances y retrocesos-- me es insoportable. Así que sí: el doctor es un hombre de ciencia, él tomará una mejor decisión.

HERR K., conmovido:
Quiero verla. Antes de irme a Berlin. La quiero –yo también.

Herr F. se vuelve para encararlo.

HERR F.:
……

HERR K.:
Sólo tres minutos. Ahora que duerme. Desde el umbral de la puerta.¿Qué daño puedo hacerle desde el umbral de la puerta?

HERR F.:
No…… no entres al cuarto.

Herr K. sale hacia un pasillo. Empiezan a sonar, distantes, las campanadas de las doce de la noche en tanto Herr F. se aposta en la salida del pasillo y mira lo que nosotros no vemos: como Herr K. se acerca al umbral del cuarto de Dora…

HERR F.:
Hasta ahí. No/ no le hables.

Herr F. padece en silencio sin dejar de vigilar…

HERR F.:
¿Le/ le estás… Sale tras Herr K….   murmurando algo?

CAMBIO DE LUZ: una luz roja, inquieta, de fuego abrasando una casa, iluminando el consultorio y el vestíbulo en casa de Herr F.


12.
El consultorio de Freud (donde están Dora y Freud) y el vestíbulo en casa de Herr F. donde lo narrado por Dora sucede.

DORA:
Una casa se incendiaba…Mi casa. Se levanta del diván y camina al vestíbulo. Yo salía al vestíbulo y ahí llegaban mi padre y mi madre.

Herr F. empuja una carriola, Frau F. va en camisón y lleva un plumero en la mano, como un cetro.

HERR F.:
Mis lentes. No veo nada.

DORA:
Yo apenas podía respirar, por el humo. Como cuando tenía asma. Mi padre decía entonces:

HERR F.:
Aprisa, salgamos.

Herr F. y Frau F. se precipitan a la salida, pero se congelan de golpe.

DORA:
Pero mi madre decía:

FRAU F.:
Un momento. Voy por mi tesorito.

DORA:
Así llama a su alhajero: mi tesorito.

HERR F.::
No voy a dejar que mis hijos mueran por tu tesorito.

Salen todos menos Dora que regresa a tenderse al diván mientras dice:

DORA:
Entonces estaba de nuevo en mi cama y miraba a Herr K. parado ahí, junto a mi cama, mirándome…

Junto a Dora Herr K.  de pie.

HERR K., suave:
Dora… No te olvido.

DORA:
Yo lo miraba por entre mis pestañas, con los ojos casi cerrados…

HERR K.:
Mientras camina de espaldas alejándose:  No puedo. No debo.

DORA:
Entonces de pronto volvía a salir por la puerta de la casa.

Otra vez entran corriendo y angustiados los padres de Dora, Herr F. empujando la carriola.  Se congelan otra vez.

FRAU F.:
Un momento. Voy por mi tesorito.

HERR F.::
¡ No! Los niños. Salen de prisa.

LUZ NORMAL solamente en:


13.
El consultorio.  Un breve silencio y luego Dora continúa.

DORA:
Yo pienso que no puedo respirar en mi casa porque me asfixia; mi papá y mi mamá me asfixian.

FREUD, a nosotros:
Una tonta y un ciego.

DORA:
Ahora entiendo por qué de niña tuve asma: porque el ambiente en mi casa era irrespirable. Ahora es mejor.

FREUD:
¿Qué es mejor?

DORA:
Toser.

FREUD:
¿Por qué?

DORA:
Porque el asma es así:… Imita tener asma. No poder hacer nada. Y toser es para afuera, así:… Tose.

Silencio breve.

FREUD:
¿ Y el alharejito?

DORA:
Hace unos meses mi papá le regaló a mi mamá un brazalete de oro y mi mamá se puso furiosa porque le pareció horrendo. Yo pensé que mi papá me lo podía regalar a mí, pero mi mamá encerró el famoso brazalete en su alhajerito y nunca lo usa.

FREUD:
¿ Hay más del tesorito?

DORA:
No, no hay más.

FREUD:
Sí, hay más.

DORA:
Oigamos.

Freud sonríe.

FREUD:
Me contaste que Herr K. te regaló un alhajero muy caro, también hace meses.

DORA, sorprendida al recordarlo:
Un alhajero Gallé.

FREUD:
Tú sabes que cuando uno recibe un regalo considera que debe regalar a su vez algo.

DORA:
……

FREUD:
Tal vez tu no lo sabes, pero hay quien llama tesorito a la genitalia femenina.

DORA:
Sabía que iba a decir eso.

FREUD:
Es decir: Tú lo sabías. Bueno, por eso aparece de pronto Herr K. en el sueño. En vista de lo que ahora sabemos de Herr K., cuando te regaló el alhajerito,  ¿qué podemos suponer que él quería a cambio?

DORA:
Sí.

FREUD:
¿Sí qué?

DORA:
Mi tesorito.

FREUD:
Todo empieza a aclararse.  Te dio un alhajero para que tu le dieras tu alhajero.

DORA:
Porque su esposa no le da el suyo que se lo da a mi papá que no quiere el de mi mamá y cuando lo quiere no se lo da.

FREUD, a nosotros:
La Ronda interminable de la complicación sexual.

DORA:
Me lo pide y me da miedo.

FREUD:
Pero cuando tu madre rechazó el regalo de tu padre tú pensaste por qué no me lo regala a mí.

DORA, luego de toser:
Bueno, yo quiero mucho a mi papá. No sé si quiero tener sexo con él..

FREUD:
Lo que solemos hacer al volvernos adultos, es transferir el afecto por nuestros padres del sexo opuesto a nuestras parejas.

DORA:
……

FREUD:
Por eso aparece a continuación Herr K. en el sueño. Haz transferido lo que sientes por tu padre a Herr K. , que  te habla amorosamente, como a una mujer.

DORA:
Pero Herr K. me da miedo. En cambio mi papá –bueno, en el sueño--  me da tranquilidad: sé que me va a salvar del incendio.

FREUD:
Del sexo. El incendio es el sexo.

DORA:
El incendio es el sexo. ¿Sí?

FREUD:
Tu padre te puede salvar de la sexualidad porque te habla como a una niña. En cambio sientes miedo de Herr K.  que te habla como a una mujer. Pero sientes todavía  más miedo de tu propia excitación –de tu propia tentación de entregártele como mujer. En breve, el sueño prueba que estás enamorada de él.

DORA:
¿De quién?

FREUD:
De Herr K.

DORA:
No.

FREUD:
Estás enamorada de Herr K. y toses y dices no para no saberlo.

Dora replica y empieza a abrir y cerrar su portamonedas, pero no la escuchamos porque escuchamos a Freud mientras va a otro rincón tomando su pastillero; la luz cambiará para incluirlo a él y descubrirnos a Lou en un espacio contiguo al escritorio.

FREUD, a nosotros:
Por supuesto Dora no estuvo dispuesta a seguirme hasta este punto de la interpretación: protestó durante un minuto y luego guardó un silencio duro. Traga la pastilla. Y yo, creo que yo cometí entonces un error de apresuramiento: me importaba continuar la interpretación para profundizar en mi conocimiento de los sueños pero también para localizar el punto exacto donde realizar la escisión.

LOU:
Así que se había decidido por una cirugía mayor.  Freud regresa a tomar asiento junto a Dora. A nosotros: Si la enfermedad de la mujer independiente es un falo imaginario, hay que cortar el falo.

Cuando Freud regresa a donde está Dora, la encontramos sobre una mesa de quirófano, una sábana cubriéndola.

FREUD:
Dora, pon atención: tu deseo erótico hacia Herr K.,/

DORA:
¿Mí deseo/

FREUD:
Escucha: tu deseo te recuerda que no quieres ser mujer, porque dices que sería convertirte en una sirvienta.  Te da miedo, lo reprimes, toses. Pero la tuya, Dora, es una lucha contra la realidad.

LOU:
Empieza a bajar el bisturí...

Freud destapa a Dora: está desnuda.

FREUD:
Eres mujer. Dora solloza, como un animal herido. Eres mujer: negarlo será estrellarte contra las paredes.

DORA, angustiada:
No. Eso no significa mi sueño. Yo sé qué significa mi sueño.

FREUD, a Lou:
Más oposición.

LOU, a nosotros:
La paciente se descoloca otra vez.

DORA:
No puedo respirar porque hay mucho humo.  El humo lo asocio a los hombres que fuman puro.

Freud se queda perplejo, el puro entre los dedos.

DORA:
Los hombres que fuman puro me asfixian. Son crueles.  Me hablan con cariño, pero
no me dejan respirar y quiero huir de ustedes.

FREUD:
¿Ustedes?

LOU:
Usted y su papá y Herr K.: ¿no fuman puro ustedes?

DORA:
¿Por qué me hace esto, doctor? Llorando: Me dice que debo sacrificarme. Sacrificar mis sueños.

FREUD, a nosotros:
El lenguaje de exageraciones melodramáticas de la histeria.

DORA:
Yo le he abierto mi alma, doctor.  La he puesto en sus manos.  ¿Por qué me quiere cortar las alas?

LOU, a nosotros:
El Pene. La potencia.

FREUD:
Dora, escúchame: estás resistiéndote.

DORA:
No: usted está resistiéndose.

FREUD:
¿A qué?

DORA:
A entenderme. A estar de mi lado.

FREUD:
Quiero que escuches ahora: yo creo que tu sueño no significa eso.

LOU:
El médico acerca otra vez el bisturí...

FREUD:
Recapitulemos.

LOU:
Pero esta vez, antes de cortar, sujeta a la paciente.

FREUD:
Según entiendo, tú no crees que tu sueño dice que amas a Herr K.

DORA:
No, no lo dice.

FREUD:
Pero Dora, en este caso, un No es un Sí.

DORA:
¿ En qué planeta un No es un Sí?

FREUD:
En el inconsciente.

DORA:
¿Y un Sí qué es?

FREUD:
Un Sí es un Sí.

DORA, dolorosa, ya débilmente:
Si cae cara usted gana, y si cae cruz yo pierdo.

Freud cruza su mano derecha para rascarse la oreja izquierda y así disimular su mirada al reloj.

LOU:
Quedan tres minutos: tiene que hacerse ya, ¿no es cierto?

FREUD, acercándose a su oído:
Dora… Si yo lo quiero o no lo quiero carece de importancia: tu NO a ser mujer debe ser sacrificado, si has de curarte.

LOU:
Y recomienza la escisión, entre dolores y lágrimas del paciente.

FREUD:
Tu misma debes llegar a consentirlo.

DORA, muy muy débil:
No.

FREUD:
Y entonces debemos actuar juntos.

Dora solloza..

FREUD:
Porque con ese terco NO no te enfrentas a mí o a Herr K.: te enfrentas al mundo, tal como es. ¿Qué te espera si no?

Dora ya sólo llora.

FREUD, suave, empático:
Ser una perversa –una homosexual--, reprobada por el mundo; o una solterona, igualmente arrinconada. ¿Eso es lo que quieres para ti: estar en eterna lucha contra todos, Dora? Debo advertírtelo: sola no podrás contra tantos. Dora, escúchame con sumo cuidado: quiero que de aquí a mañana, consideres –sólo consideres -- la posibilidad de casarte con Herr K.

LOU, sorprendida:
Herr K. está casado…

FREUD:
¿Lo vas a considerar?

DORA:
……………

FREUD:
¿Dora?: lo vas a considerar porque yo te lo pido.

DORA:
…… Sí.

FREUD:
Tu padre podría casarse entonces con Frau K.  Y volvería la armonía a tu familia.

LOU, a nosotros:
¿Y la mamá de Dora…?

FREUD:
Ahora… Es hora.

Dora se sienta en el borde de la mesa quirúrgica y mira con rencor a Freud. Luego, lentamente desciende mientras dice:

DORA, muy débil:
Es usted igual a Herr K. Yo no le importo. Sólo quiere de mí lo que quiere de mí.

FREUD:
Seguiremos mañana, dije. Se toca la cabeza: le duele.

Dora se encamina despacio a la salida…

LOU:
Y no confrontó la nueva transferencia.

FREUD:
Otra equivocación.

LOU:
De pronto en el imaginario de Dora usted no era ya el padre: era ahora Herr K., el villano de su historia.


#14.
De nuevo el consultorio.  Freud 2 y Freud 3 entran a sentarse mientras hablan.

FREUD 2:
El “villano”de su historia.

FREUD 3:
Tal vez, sí, fui egoísta como su padre/

FREUD 2:
Más bien el hombre que quería hacerla mujer.

FREUD 3:
/que era bondadoso, excepto cuando su placer contaba primero.

FREUD, apesadumbrado, la mano en la frente, le duele la cabeza:
Mis investigaciones contaban primero.

FREUD 3:
Pero bueno, si la transferencia es inescapable, Dora tenía que confundirme con alguien, ¿no es así, Lou?

LOU: ¿Es así?

FREUD: En efecto, la transferencia parece ser un fenómeno inescapable, Lou –un proceso normal de la mente universal e inescapable--. (Mientras lo ejecuta:) En todo caso,  tomé la carta que el padre de Dora me había hecho llegar esa mañana. Releí su última frase….

FREUD 3: ¿Está Dora curada?

Mientras Freud toma una plumilla y la moja en tinta para contestar la carta:  

LOU:  Y entonces, antes de que Freud contestara esa carta dije: … Un momento.

Los tres Freuds se vuelven hacia ella y se congelan..

LOU (a nosostros): Y ahí mismo pude manifestar lo obvio: si la transferencia era como Freud recién había dicho…

FREUD 3: Inescapable –universal e inescapable…

LOU (a nosotros): Entonces Freud estaba también atrapado en la transferencia (!)

Los tres Freuds, incómodos, cambian de posición y se congelan.

LOU: Quiero decir: si Dora vió a Freud solo atraves de los personajes íntimos de su Psique,  Freud nunca vió la historia de Dora tampoco, excepto atraves de sus propios personajes íntimos. Tal vez vió a Frau K. atraves de su esposa Marta, a quien veía atraves de… su madre, quizá (?) ; vió a Dora atraves de su hija Ana y a Ana atraves de quién sabe quién; jamás conoció  al padre de Dora ni a Herr K. directamente.  Tose. Los tres Freuds cambian sus posiciones, incómodos, y se congelan.  Todavía más: ustedes que “ven” esta historia, que me “ven” a mí, quién sabe qué interpretan atraves de quién sabe qué cinco o siete personas de sus pasados que cifran para ustedes la cultura entera.  Tose otra vez.   Le quita a uno el aliento, ¿no es así? Si le hubiera dicho todo esto a Freud en ese momento, seguramente se hubiese sentido positivamente asfixiado.

FREUD 2: ¿Cómo? Tose.  ¿El doctor de ciegos está ciego también?

Los tres Freuds tosen y se mueven a distintos lugares: Freud a servirse un vaso de agua, Freud 2 a tenderse en el diván, Freud 3 a una esquina; todo mientras Lou continúa:

LOU: Si se lo hubiese dicho el Psicoanalisis como empresa científica hubiera muerto ahí mismo de asfixia y caos. ¿No es asombroso?: la mente tiene estas maneras gloriosas de evitar su propio caos: ni siquiera ví un milímetro del “evidentísimo” problema de la contratransferencia –mi inconsciente se lo heredó a los sicoanalistas posteriores—y solo dije: Un momento…

Los tres Freuds se vuelven a verla y se congelan..

LOU:  Sentí una creciente falta de aire como quien tiene la premonición de ahogarse… y tosí.  Lo hace: tose. .  

FREUD: Gezuntheit. Tose también.

LOU: Igualmente.

FREUD: Demasiado humo, perdón.

LOU: Decía usted que tomó la carta…

FREUD 3: Ah sí, la carta, la tomé…

FREUD 2: Releí –sí—la última línea.

FREUD 3 se pone los lentes: es ya Herr F.

HERR F: ¿Está mi hija curada?

Herr F.  va a otra esquina mientras Freud  toma la plumilla, la moja…

FREUD: Y sintiendo mi terrible dolor de… cabeza…

LOU, con falta de aire: ¿Sí?

FREUD: Y una pesada sensación de… incertidumbre,  Lou…

LOU: ¿Sí…?

FREUD 2, todavía tendido en el diván: Escribí dos letras.

Freud escribe las dos letras. Guarda la carta en un sobre al tiempo que Herr F. la saca de un sobre para leer:

HERR F.: No.

Luz solamente sobre Herr F. Con enorme dificultad toma aire y tose. Vuelve a abrir la boca para tomar aire, la abre muy grande: parece como si gritara un grito mudo.

CAMBIO DE LUZ: luz solamente en:


15.
Otra vez el consultorio.  Dora está de pie en la entrada vestida de hombre: traje negro, corbata de lazo, zapatos bajos; tiene un puro delgado y corto entre los labios –de los que suelen fumar las mujeres cuando fuman puro--; y lleva como siempre su portamonedas.  Freud la mira perplejo.

DORA:
¿Qué piensa?

FREUD:
……

DORA:
¿Qué pensó al verme?

FREUD, a nosotros:
Pensé: la envidia del pene es probablemente incurable.  Toma su pastillero.

DORA:
¿Entonces?

FREUD:
¿Qué crees que pienso?

DORA:
George Sand.

FREUD:
Traga una pastilla. ¿Quién?

DORA:
George Sand:  la famosa escritora.

FREUD:
Tiéndete.

Pero Dora va a sentarse en una esquina del escritorio. Luego dice:

DORA:
Doctor: hoy ,31 de diciembre, es nuestra última sesión. Mañana en la madrugada salgo a Leipzig. A la Universidad. Mi papá no lo sabe. Cuando brindemos a las doce y le dé neurastenia y salga a encontrarse con su amante, yo me voy a la estación de tren. Voilá.

FREUD, a nosotros:
No supe qué decir.

DORA:
Pienso encontrar trabajo en Leipzig, para mantener mis estudios. Voilá bis.

FREUD:
…….

Dora va a sentarse en el diván.  Escruta a Freud y pregunta:

DORA:
¿Qué piensa?

FREUD:
Veo que...  que me abandonas --me abandonas como quisieras abandonar ¿a quién?

Dora suspira.

FREUD:
A Herr K. Haces aquí lo que hiciste con Herr K., ¿no es cierto? Me abofeteas y te vas llena de indignación. Repites tu conducta, que no resolvió nada en su momento.

Dora empieza a abrir y cerrar su portamonedas.

FREUD, acelerando sus palabras:
Te encierras en ti misma y no me permites entrar ya en ti.  Te encierras en una actividad auto erótica como la de toser o abrir y cerrar tu bolsita. Porque, ¿qué es tu bolsita, Dora?Nunca habíamos hablado de tu bolsita, Dora. ¿Qué es tu bolsita? Estoy escuchando.

DORA:
Mi genitalia.

FREUD:
Correcto.

Dora se ríe y no deja de abrir y cerrar el portamonedas.

FREUD, a nosotros, a cada momento más apasionado, más rápido:
Se me disparó –no sé-- un furor interpretativo. Una angustia por retenerla.  Hablé de la bolsita y su uso masturbatorio; de la tos histérica, del nuevo síntoma de su repugnancia ante los besos.

DORA:
Estaré bien, verá.

FREUD:
Le advertí que es peligroso abandonar el tratamiento sin cura; es como salir de un quirófano con la herida abierta.

DORA:
Já.

FREUD:
Te volverá el asma con cualquier susto.

DORAsentándose en el diván:
¿Por qué el asma?

FREUD:
Porque/ Es largo de explicar. Pero créeme, yo soy el médico.

DORA:
Já.

FREUD:
Tiéndete.

Dora se pone en pie.

FREUD:
¿No te vas a tender?

DORA:
No.

FREUD:
Y por fin le pronostiqué que sería incapaz de mantenerse sola en Leipzig.

DORA:
Trapearé pisos para poder educarme, pero no “por amor”.

FREUD:
Precisamente: las sirvientas se despiden como tú: sin previo aviso.

DORA:
Mhm. Abre su bolsita y saca una menta.

FREUD, a nosotros:
Y ella,  que dejaba pasar mis palabras como si fueran nubes,  replicaba de pronto, casi al azar,  pero siempre con una agudeza cruel.

DORA:
Tendrá que encontrar otro conejillo de indias.

FREUD:
Pequeña zorra. A nosotros: Lo pensé, no lo dije. Pequeña zorra vengativa.

DORA:
Já.

FREUD:
Y por fin, de golpe, lo acabó todo con una frase.

Dora cruza su mano derecha para rascarse la oreja izquierda y así, en imitación de Freud,  mirar de sesgo el reloj que se encuentra sobre el escritorio.

DORA:
Bueno, es hora. Se pone en pie.

FREUD:
No.

DORA:
Es decir Sí.

FREUD:
Faltan unos minutos.

DORA:
No.

FREUD:
Dora,  ven mañana, en todo caso puedes viajar mañana en la noche.

DORA:
Este es mi boleto para el Ave del Amanecer de esta noche. Dora guarda el boleto en su bolsita y la cierra. Dice: Así que sí: es hora.

Dora le da la mano a Freud.

DORA:
Feliz nuevo siglo doktor Freud.

Freud y Dora se congelan. Un silbato lejano de tren. Ruido de un tren acercándose. Dora sale mientras crece el ruido del tren.

OSCURO.


16.
Un reflector –como los que los trenes del siglo XIX llevaban al frente—se descuelga hacia nosotros mientras escuchamos el tren frenando y soltando vapor por las ruedas.


17.
Un andén de trenes envuelto en neblina.  Dos hombres en abrigo,  maletas en las manos --no podemos reconocerlos, sólo distinguimos su silueta—cruzan el andén. Uno camina hacia nosotros…

UNO:
¿Quién viaja la madrugada del primer día de un siglo? Los viudos y los huérfanos. Los desesperados de la Tierra.

Uno gira y entonces dos cosas ocurren: Dora en abrigo, con una maletita, cruza el andén, y el otro hombre camina hacia nosotros.

OTRO HOMBRE;
En la neblina de la una de la mañana del primer día de 1900  vi subir a Dora al tren.  El tren a Berlín con escalas en Nurenberg- Leipzig- Praga- Berlín.  Recuerdo que pensé: el destino a veces se manifiesta con una exactitud tan mecánica como la de los relojes. Ahora el hombre está cerca y notamos su rostro: es Herr K. Tomé las asas de metal frío y subí al tren desierto.


18.
Un apartado en el tren. Dora está sentada leyendo a la débil luz de una lámpara de gas empotrada en la pared. Por la ventanilla pasa rápidamente la noche con breves destellos de luz. Un empleado uniformado entra. OSCURO: el tren ha entrado a un túnel.

Cuando regresa la luz el empleado ya ha volteado el asiento vacío frente a Dora para que sea una cama y ya está terminando de ajustar las sábanas y la colcha. Dora lo observa hacer…

DORA:
Yo no pagué una cama.

EMPLEADO:
Cortesía de un caballero.

DORA:
¿Qué caballero?

EMPLEADO:
No sé su nombre. Viaja en el vagón de atrás.

El empleado se lleva la mano al quepis y sale. Dora se ha quedado desasosegada. OSCURO: el tren ha entrado en otro túnel.

Cuando la luz regresa Herr K. está entrando al apartado.

HERR K.:
Dora. No te asustes.

Dora se alza y él se le interpone impidiéndole huir.

HERR K.:
Dora, es una coincidencia. Yo voy a Berlín. Sólo quiero hablarte un momento. Por favor.

DORA:
¿Qué quieres?

HERR K.:
Dora, quiero asegurarte que haces bien en irte lejos. La enfermedad somos nosotros: los adultos. Con nuestras deslealtades, nuestros medios amores. Nuestra eterna negociación con la fidelidad. Haces bien.

DORA:
Gracias.

HERR K.:
Dora, ¿te das cuenta que ésta es una señal de Dios?: que nos hayamos encontrado en este tren. Yo también escapo de esa miseria. Creí que escapaba por unas semanas, mientras hacía mi trabajo en Berlín. Pero te encuentro y sé que debe ser para siempre.

DORA:
No entiendo.

HERR K.:
Es muy simple. Tú eres mi inocencia.

DORA:
Otra vez lo mismo. Yo no soy/

HERR K.:
Yo te amo con la inocencia de tener 17 años. Como tú. Eres mi última oportunidad de amar así, con simpleza.  Cuando te vi subir al tren lo decidí: Voy a dejarlo todo por Dora. Mi casa, mi esposa, el negocio.

DORA, con poco aire:
Estás vengándote de mi padre.

HERR K.:
Lo sé, lo sé. Soy un pobre diablo. Le acaricia el rostro un instante. Pero amarte no puede ser una venganza.

DORA:
Lo es.

HERR K.:
No te enojes, te enferma enojarte. Vuelve a tocarle y ella se quita sus manos de encima.

DORA, con gran dificultad para respirar:
No me toques por favor.

El deja de intentar tocarla.

HERR K.:
Dora, escúchame: rentaré una casa en Leipzig. Te ayudaré a estudiar.  Te protegeré,  Dora. Te haré/

DORA, casi sin voz:
No quiero.

HERR K., de nuevo tocándola:
¿Por qué?

DORA, apartando sus manos:
Porque no quiero. NO quiero. NO¨/

HERR K.:
No me insultes. Solamente no me insultes. No respondo de mí si me insultas.

El la besa en los labios: un beso breve, robado. Ella boquea: no puede respirar…

HERR K.:
¿Qué pasa? Dora, ¿no puedes respirar?

OSCURO: el tren ha entrado a otro túnel.

Cuando vuelve la luz Dora de pie baja de golpe la ventana (entra el ruido del tren avanzando)  y Herr K. se abalanza sobre ella. Dora tiene un ataque de asma y no puede hablar.

HERR K.:
¿Qué haces? La aparta de la ventana abierta.

DORA:
Me das asco.

Dora se lanza contra la puerta pero él la atrapa por la cintura. Mientras forcejean, la besa.

OSCURO: otro túnel.
Luz:

Herr K. la ha tomado violentamente por el pelo con una mano mientras con la otra la abraza: exactamente el mismo movimiento que le conocimos con su esposa, Frau K.. Levanta su ropa y la penetra con un dedo, una y otra y otra vez mientras el grito de ella se pierde en el aullido del silbato del tren…

OSCURO: otro túnel, éste muy largo.

LUZ EN:


19.
Círculo de hielo en el parque. Cuatro caballeros burgueses patinan. Es una tarde de invierno. Un hombre se detiene ante nosotros.

RANK:
El Comité Central de la Sociedad Psicoanalítica Internacional, una tarde de invierno de 1913: patinando. Alarga la mano para señalar al hombre que se estaciona a su izquierda. Ernst Jones. Médico y sicoanalista inglés. Biógrafo autorizado de Freud y el movimiento psicoanalítico.  Sus libros principales:

JONES:
Psicoanálisis (historia de su desarrollo). La vida y obra de Sigmund Freud. Jones sigue enunciando sus importantes libros sin que lo escuchemos porque oímos a:

RANK, indicando  a otro hombre que se estaciona a su derecha:.
Carl Gustav Jung. Psiquiatra y sicoanalista suizo. Príncipe heredero del movimiento psicoanalítico. Proseguirá el análisis de los símbolos de la Psique individual y colectiva. Sus libros indispensables:

JUNG:
 Aion: investigaciones en la Fenomenología del Self. Estudios de Alquimia. El hombre y sus símbolos. Jung seguirá enunciando sus libros sin que lo escuchemos durante un minuto (son muchos y eximios todos), pero escuchamos a:

JONES:
Otto Rank a mi derecha. Mecánico de automóviles y sicoanalista. Primer secretario de la Sociedad y vigilante de la cohesión del movimiento internacional psicoanalítico. Sus libros:

RANK:
En busca del Héroe.  El trauma del nacimiento.  Sigue enunciando sus libros hasta que Freud con un sombrero de alas anchas y lentes gruesos viene a estacionarse al centro de ellos -- queda a su lado un hueco para una persona ausente--.

TODOS:
Sigmund Freud.

JONES:
Padre del psicoanálisis.

RANK:
24 volúmenes –incluyendo un índice de 400 páginas-- que son piedra de toque de la sicología moderna.

Ana llega patinando a ocupar el centro junto a su padre. Le toma el brazo y ladea la cabeza para posar junto a él.

JUNG:
Y también al centro Ana Freud. Freud aprieta un poco más la mano de su hija que descansa en su brazo y reboza de orgullo. Maestra y sicoanalista. Adaptará la técnica freudiana para fundar el psicoanálisis de niños y la investigación del desarrollo del Yo.

FREUD:
Varios libros imprescindibles:

ANA:
Los mecanismos de defensa del Yo.  La técnica del psicoanálisis infantil. Sigue enumerando títulos sin voz.

FREUD:
Ocho volúmenes absolutamente cruciales.

JUNG:
El Comité Central de la Sociedad Psicoanalítica Internacional, en Viena, patinando.

Todos afirman sus posturas para la fotografía.
Un flashazo.
Música de Malher y los psicoanalistas se sueltan a patinar confiadamente.
Mientras los otros salen, Jung y Jones hacen piruetas.
El hielo cruje bajo Jung, se resbala y desaparece en un hoyo.

RANK:
Un desliz freudiano. Interesante… Se va patinando…


20.
El consultorio de Freud. Dora de 32 años está sentada frente a Freud de 60  años. Dora ha cambiado: usa un maquillaje espeso y pálido, un poco como una geisha, y el cabello elaboradamente arreglado sobre la nuca. Su vivacidad se ha evaporado en estos diez años: sus gestos son cortos, recatados, su voz pequeña.

FREUD:
¿Cómo estás, Dora?

DORA:
Bien. Muy bien. Una pausa breve y Dora indica con las manos comillas. Sonríe: una sonrisa triste, exagerada para buscar provocar la sonrisa de Freud, que no emerge. Hace ya quince años/trece años que no nos vemos. ¿Cómo está usted, doctor?

FREUD:
Bien.  Dime.

DORA:
Me casé. Soy madre. Tengo un hijo. Sonríe. Hombre.

FREUD:
Me alegro. Un hijo debe haberte traído tranquilidad y madurez.

DORA:
Un poco, sí. Supongo.

FREUD:
……..

DORA:
Mi marido/ mi marido me es infiel. Lo típico. Empecé hace unos meses a ir a unos cursos nocturnos para estudiar. Muy declasée: una señora como yo estudiando por las noches. Hasta ahora tomo cursos sueltos. Sociología. Un poco de historia del arte. Mañana quizá se me ocurra ser –no sé—bibliotecaria, da igual.  Tengo tres sirvientas. Sonríe su sonrisa triste. ¿Qué más le cuento?

FREUD:
……

DORA:
He oído mucho de su hija. Pública artículos en revistas científicas. Toda una mujer intelectual. Trabaja aquí, ¿verdad?, tiene su consultorio junto a usted.

FREUD:
Así es. En el vestíbulo, la puerta opuesta a esta puerta. Ahí a trata a su pequeños pacientes.

DORA:
Me alegro. Pausa breve y Dora marca con los dedos comillas. No, sí me alegro. #Dora se frota las manos: un acto automático que continua mientras dice:# Hace un año vino un investigador a mi casa. Un investigador histórico-científico: no sé si así se dice. Inglés. Quería saber si yo era Dora, la Dora del Caso Dora de Sigmund Freud. Le dije primero que no y luego que sí. Me venció el orgullo de ser un caso famoso del doctor Freud.  Por eso se me ocurrió buscarlo, doctor.

FREUD:
……

DORA:
……

FREUD:
Dora, lo siento mucho, pero no tengo tiempo para tratarte. Sin embargo puedo referirte a otro sicoanalista. He pensado que te convendría  estar en tratamiento con una mujer.

DORA:
Yo quería estar con usted.

FREUD:
He pensado que una mujer puede ayudarte  –tal vez— más.  Yo, sinceramente, encuentro que lo que comprendo del desarrollo de la mujer todavía es insatisfactorio y muy inseguro. Las mujeres me son –todavía—un misterio.

DORA:
Es un gran cliché, ¿no?; cuando a los hombres no les conviene entender a sus mujeres lo dicen: ah las mujeres, son otra especie animal. Aspira dificultosamente.

FREUD:
¿Entonces  aceptas mi consejo?

DORA:
Yo quería estar con usted.  Aspira con más dificultad.

FREUD:
¿Te ha vuelto el asma?

DORA:
De vez en cuando tengo un acceso. Pero diario amenaza. Sonríe buscando la sonrisa de Freud. Freud tuerce el gesto: la sonrisa de Dora es molesta. Muy quedo Dora dice: Doctor: perdóneme.

FREUD:
¿Cómo dices?

DORA:
Le pido perdón. Pausa breve. Le fallé. Le fallé a mi papá. A todos. A mí misma. Enloquecí de soberbia.

FREUD:
Dora, escúchame. Ella lo mira esperanzada. Te perdono por no haberme dejado curarte.

Dora se ríe con una risa tonta y marchita.  Freud tuerce el gesto otra vez disgustado.

DORA:
No me burlo de usted. De verdad.

Freud cruza su mano derecha para rascarse la oreja izquierda y así disimular su mirada al reloj.

DORA, adelantándose a Freud:
Ahora adiós Dora.

FREUD:
Así es. Siento de verdad mucho no tener tiempo para ti.

Dora se pone en pie y se mueve a la puerta, la abre. Entonces, en el quicio, se vuelve y dice:

DORA:
Qué tonta soy. Pausa breve. Se me olvidó decirle que mi papá… Los ojos se le llenan de lágrimas y sigue hablando pero sólo escuchamos a Freud.

FREUD, a nosotros:
Dora sintió la necesidad de contarme que su padre había muerto. Dora habla pero nosotros sólo escuchamos a Freud. Yo lo sabía ya. Viena entera lo sabía. Un hombre tan prominente no se muere en secreto.

DORA:
Una embolia cardiaca. Demasiadas escapadas en las noches…

FREUD, a nosotros:
Y sabía también lo que Dora me contó a continuación, que el padre le había heredado una suma que aseguraba su comodidad,  pero le había heredado su imperio textil al hijo –el hermano de Dora--, más apto que ella socialmente para dirigir un consorcio.

DORA:
Ahora…  adiós Dora, para siempre.

FREUD:
Adiós. Pausa breve mientras Dora sale al vestíbulo. Dora.


21.
Consultorio y vestíbulo.  Freud se inclina sobre su cuaderno para escribir en tanto Dora en el vestíbulo se cruza con Ana,  de 32 años también, mejor llevados que los de Dora; a Ana se le caen de un folio tres hojas de papel que Dora se agacha para ayudarle a recoger.

ANA:
Gracias.

Ana sigue su camino hacia el consultorio de Freud y Dora la mira con una larga tristeza: como si viera irse a la mujer que ella pudo ser. Se vuelve para irse para siempre de ahí cuando una breve palabra la detiene. Ana le entrega las hojas a Freud, diciéndole:

ANA:
Papá.

Freud le sonríe brevemente, coloca las hojas a un lado y vuelve a escribir. Ana regresa sobre sus pasos y sale. Dora se ha queda pensativa, abriendo y cerrando su bolsita de mano muy despacio, muy discretamente.

FREUD, para sí y para nosotros, sus lectores, redactando en voz suave dos o tres palabras y luego escribiéndolas antes de volver a juntar otras dos o tres palabras –es una frase densa que debe pensarse despacio--:
… Una infelicidad… general y difusa… es el signo… de la buena adaptación.

Dora sale. Freud nos mira un instante más.# Tose dos veces.  Lentamente cierra su cuaderno de tapas duras mientras cae el OSCURO.

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