Vals 3 de Marcelo Bertuccio


Vals 3
de
Marcelo Bertuccio

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Personajes
Ventura, bailarina
Andrea Sol y Andrea Luz, gemelos

Espacio

El Castillo de Anouilh, búnker, basural


UN

1
Ventura. La danza de la bailarina francesa Ingrid, invitada al castillo, y de los hermanos Fabricio y Humberto.
 Fui invitada a El Castillo
aún no sé bien por qué.
Un joven un poco esquivo
hasta mi casa llegó
con un sobre llamativo
que, elegante, contenía
un papelito amarillo
escrito con finas letras.
Sobre mí cayó un hechizo
de tamaña magnitud
que, exaltando mi lirismo,
hizo un agujero en mi pecho,
donde llevo el crucifijo,
que del corazón no pudo
escuchar ya ni un latido;
pues no estaba en su lugar;
estaba ya en El Castillo.
Con alas de ciega ave
mi amor por el amor mismo
allí lo había llevado.
Pues en esa invitación
(ay no haberla nunca visto)
bajo la firma escribía
el firmante un acertijo:
“La pasión carcome el alma
de uno que es dél el mellizo,
cuál de los dos gozará
de tu talento pulido”.
En la firma pude ver
que me invitaba Fabricio,
tan galante, tan hermoso,
tan inasible, tan frío,
aunque tan muerto también,
porque de modo preciso
pude enterarme hace un tiempo
que está desaparecido
y que nadie nunca supo
qué fue dél y de su sino.
Cómo hacer. Cómo enterarme
del verdadero motivo
por el cual algún sujeto
puso el nombre del occiso,
como firma, en el umbral
del papelito amarillo.
No acierto a saber quién fue.
No ha de haber sido el mellizo,
porque él no es como el muerto,
peligroso y pervertido;
es también muy elegante,
pero amable, leal, sumiso,
y hasta me atrevo a decir,
sin que sea esto ofensivo,
que a mis ojos pareciera
hasta un poco femenino.
Y aquí estoy, sin saber bien
si ir o no ir al Castillo,
puestas estas confusiones
en ese sobre leonino.
Si está muerto o no está muerto
nadie lo da por sabido,
pero es seguro que está
de verdad desparecido 1 .
Si voy a la fiesta, sola,
dejando a un lado melindros,
quién sabe si volveré
o me morderá un vampiro.
Si no voy, será la duda

__________________
1 “Desparecido”.
Forzamiento métrico.
____
quien grite sin fin su himno,
día y noche, noche y día,
sin encontrar paliativo.
Entonces voy, decidida;
hacia allí estoy en camino,
y que los dioses ayuden
(si es que hay dioses, como estimo)
a esta pobre bailarina
(hasta ahora no lo he dicho)
que bailará sin saber
dónde quedó su albedrío.

2
Ventura. Y ahora, la llegada de la bailarina. Sonríen en este lugar. Aparentan ser felices. Lo fingen. Escucho murmullos amables. La voz de un viejo actor se destaca. La voz cascada y borrascosa que alguna vez fue bella. Desconocidos entre sí se saludan con obsecuencia.
Conocidos entre sí no se saludan. Huele a conspiración. Yo soy Ventura. Ventura tapada, aplastada, invitada contra mi voluntad. La presión sanguínea, alta. Las manos tiemblan. Taquicardia. La cabeza parece estar por estallar. Dolor en el pecho. Si empieza a dormírseme el brazo izquierdo, deberé partir raudamente a una guardia de hospital porque estaría teniendo un infarto. Cada vez más gente. Apenas se puede respirar. Y casi todos abren la boca solo para mentir. Yo soy Ventura, que no quiere estar acá. Yo soy Ventura, con unas irrefrenables ganas de gritar. ¿Qué habría sido de Ventura si no hubiera tomado la pastilla antes de salir? ¿Qué podrá hacer Ventura para bailar en estas condiciones? Yo soy Ventura, que no quiere bailar ahora, aquí. Si apenas puede mantenerse en pie, si apenas puede respirar, si se le nublan los ojos.


3
Andrea Sol. Bienvenida al Castillo, señorita.

Ventura. Gracias, señor.


Andrea Sol. Mi nombre es Andrea. ¿El suyo?


Ventura. Ventura, señor.


Andrea Sol. Bien. Hechas las presentaciones del caso podemos ir al grano. ¿Le parece bien?


Ventura. Sí, señor. ¿Dónde me cambio?

Andrea Sol. Todavía no... Charlemos un rato.


Ventura. La invitación dice que debo bailar en una fiesta.


Andrea Sol. Sí. Una invitación descortés. La invitamos para que trabaje. Una invitación que la obliga a trabajar. Aunque supongo que estará acostumbrada a bailar gratis. O bailará sola en su casa.

Ventura. Digamos que sí, señor. Tal cual.

Andrea Sol. ¿Y de qué vive entonces?

Ventura. Doy algunas clases. Dos o tres alumnas.

Andrea Sol. ¿Vive sola?

Ventura. Con mamá. Mamá es profesora de piano.

Andrea Sol. Qué interesante. ¿Toca su mamá?

Ventura. No. Ya no puede.

Andrea Sol. ¿Y en sus clases quién toca?

Ventura. Cuento yo. O pongo un “cidí”.

Andrea Sol. ¿Un ”cidí”?... “Un cedé”.

Ventura. Sí, un “cedé”.

Andrea Sol. Aquí va a bailar con orquesta.

Ventura. Me imaginé.

Andrea Sol. ¿Bailó con orquesta alguna vez? Dicen que no es fácil.

Ventura. Eso dicen. Pero para eso están los ensayos: para lograr afinidad con el director.

Andrea Sol. ¿Y si no se lograse esa afinidad?

Ventura. Eso no puede suceder. La afinidad no es una elección en estos casos; es imprescindible descubrir la afinidad entre lo que se tiene. Si tenemos una orquesta determinada y una bailarina determinada, deberemos hacer lo mejor con ellos. Y para eso necesitamos aplicar conscientemente la capacidad de conciliar, de unir, de que lo que quiero y lo que puedo se hagan afines, se ayuden, se entreguen, se mezclen, se reproduzcan. Si esto no es posible, la única alternativa es cambiar de orquesta o de bailarina. Una pena.

Andrea Sol. Toda una filósofa.

Ventura. Y si me pongo en lugar de quien me contrató, la pregunta “¿qué me conviene cambiar: orquesta o bailarina?” contiene su respuesta, que es...

Andrea Sol. La bailarina, claro.

Ventura. En todo voy a encontrar afinidad.

Andrea Sol. Muy bien. ¿Ya sabe cuál es el pago?

Ventura. No sé nada, señor.

Andrea Sol. Va a cobrar mucho; no puedo decirle la cifra todavía porque tengo que conseguirlo
y no sé cuánto voy a conseguir. También se va a llevar el vestido. Y puede comer y beber
acá todo lo que quiera. Llevarse algo en un táper está prohibido terminantemente.
Ventura. Muy bien, señor. ¿A qué hora comienza la fiesta?
Andrea Sol. Falta un poco.
Ventura. Y... ¿qué voy bailar?
Andrea Sol. Vals.
Ventura. ¿Vals? ¿Sola?
Andrea Sol. Ya vamos a ver. Todo a su tiempo. Todo tiene su tiempo. Sin ir más lejos, ya es
tiempo de tutearnos y de llamarnos por nuestros nombres respectivos. ¿Te parece bien?
Ventura. Sí, señor. Me gustaría conocer el espacio.
Andrea Sol. ¿Qué espacio?
Ventura. Donde voy a bailar.
Andrea Sol. Retirate, por favor. Buscá a algún empleado y pedile que te indique.
Ventura. ¿Me cambio, entonces?
Andrea Sol. No. “Retirate” dije. No “cambiate”. Retirate y no hagas nada más que retirarte.
Ventura. Hasta luego, señor.
Andrea Sol. Muy bien. Eso. Eso, querida Ventura. Eso y nada más.

4
Ventura.
Buen señor,
con perdón,
yo no sé
para qué
vine aquí.
Para mí
lo esencial
es bailar.
Pero hoy
lo que soy
no podré
ni sabré
demostrar.
Andrea Sol.
Ya verá,
de eso yo
con ardor
me ocupé.
La veré,
la verán,
y su afán
de mujer
carrusel
llegará,
en verdad,
sin razón,...
Ventura. ¿Qué pasa?
Andrea Sol. No puedo. Me canso. Me duele el cuerpo. No puedo bailar.
Ventura. A mí me alivia el dolor.
Andrea Sol. Mi cuerpo grita, llora por mi hermano.
Ventura. ¿Está muerto?
Andrea Sol. ¿Qué importancia tiene?
Ventura. ¿Cómo no va a tener importancia si tu hermano está vivo o muerto?
Andrea Sol. No te dejes engañar, Ventura. Mirá, yo estoy acá ahora y de repente no estoy más.
Salgo de este espacio. Cambio de lugar.

Ventura.
Elegir
en un vals
al viril
compañero
es puñal.
Y en mi ardor,
como un vals,
es mi sol
el que alumbra
su luz.
Un dos tres
un dos tres
un dos tres
un dos tres.
5
Andrea Sol. Bailaste bastante mal para ser bailarina.
Ventura. Lamento mucho que no te haya gustado.
Andrea Sol. Si vas a bailar así esta noche no te voy a pagar un centavo y te vas a ir
inmediatamente después, a cualquier hora, expuesta a que te roben o te violen, en este
país violento.
Ventura. Se puede mejorar. Lo que viste fue un ensayo.
Andrea Sol. No. Me parece mejor que no bailes. No me arriesgo. Sos muy novata. Vas a hacer
un papelón.
Ventura. ¿Cómo que no voy a bailar?
Andrea Sol. No. No estás en condiciones.
Ventura. Entonces...
Andrea Sol. Pero no te lo voy a descontar; te voy a pagar todo. Culpa mía si te contraté sin
cerciorarme de que bailabas de verdad.
Ventura. No sé si quiero quedarme.
Andrea Sol. Vas a quedarte. Pensá que si te ven bailar vas a perder las pocas alumnas que te quedan.
Ventura. Está bien. Me quedo. ¿Qué hago?
Andrea Sol. Vas a ponerte el vestido...
Ventura. Pero si no...
Andrea Sol. No para bailar; después te explico. Ya tenés asignado un cuarto... Sos la invitada de honor, así que la fiesta comenzará cuando estés lista; no antes. Sos la invitada al Castillo, reducto señorial donde el tiempo, el espacio, las circunstancias y los límites, se esfuman y dan lugar a una sensación desconocida, novedosa, e inabarcable, como corresponde a los tiempos que corren. Viví la sensación del nuevo milenio.

6
Ventura.
En la luz
de este vals
giro yo
prisionera
de amor.
Es el sol
de algún vals
el albur
de una historia
fugaz.
Es a él
con un vals
a quien yo
desearía
tomar.
O es a él
con el vals
a quien voy.
Confundida
estoy.
Y es así
este vals,
frenesí
de una vida
fatal.
Con su voz
y algún vals
él ganó
de mi vida
el amor.
Soy feliz,
bailo el vals,
para mí
la fortuna
y el mar.
Andrea Sol. Disculpame que insista, pero qué feo bailás.
Ventura. Hago lo que puedo. Qué ordinario.
Andrea Sol. Ahí va mi hermano, andá.
Ventura. Me gustaría quedarme con vos.
Andrea Sol. No me importa. Andá.
Ventura. Sos cruel.
Andrea Sol. Ya se fue. Siempre se va antes de tiempo.

7
Ventura.
QUÉ DULCE MODO TENÉS DE NO ESTAR
QUEDATE ASÍ CUANDO TE VAS
VOS LO DIJISTE
NUESTRO AMOR
FUE DESDE SIEMPRE UN NIÑO MUERTO
MON DIEU
MÊME SI J’AI TORT
LAISSEZ-LE-MOI
ENCORE
ME APAGASTE EN LA PIEL UN LUCERO
Y NO PUEDO LLORAR
SOS UNA FLOR, SOS UN CLAVEL
SOS UN DIBUJO PINTADO EN PAPEL
ESTE MOMENTO TE QUIERO
ESTE MOMENTO ES VERDAD
LAISSE-MOI DEVENIR
L’OMBRE DE TON OMBRE
L’OMBRE DE TA MAIN
L’OMBRE DE TON CHIEN
QUIZÁ EL AMOR TERMINE
O DIOSES DEL OLVIDO
LO DESTIERREN AL CINE
SI NECESITAS ALGO MÁS QUE CONFORMARTE
ESTAR CONTIGO O NO ESTAR CONTIGO ES LA MEDIDA DE MI TIEMPO
NE DEMANDE RIEN JE PLEURE C’EST TOUT
JE NE T’AIME PAS
Ô MON BIEN-AIMÉ RETIRE TA MAIN
JE NE T’AIME PAS

8
Andrea Sol. Qué feo... Parece una comedia musical.
Ventura. Me tenés harta, Andrea. No estoy acostumbrada.
Andrea Sol. Voy a fumar un cigarrillo. Un cigarrillo es como un árbol que se incendia, si uno quiere. Si el hombre que amás te regala la foto de un árbol, cada vez que encendés un
cigarrillo podés ver un árbol incendiándose. Y el humo puede acompañar tu angustia.
¿Querés uno?
Ventura. Sí.
Andrea Sol. Fumemos.
Ventura. Me ahogo... Me desmayo...
Andrea Sol. ¿Vos fumás?
Ventura. No. Me muero. Me muero con el humo...
Andrea Sol. ¿Por qué aceptaste el cigarrillo?
Ventura. Para acompañarte.
Andrea Sol. (Estúpida...)
Ventura. Apago el cigarrillo. Prefiero, con el alfiler que me dieron en la puerta, sacarme laboriosamente un ojo. Éste. Total, tiene una deformación en la córnea. Es desechable este ojo. Me lo saco por vos, Andrea. Me vuelvo tuerta. Para vos.
Andrea Sol. ¿Por qué, en lugar de hacerte daño, no buscás alguna alternativa?
Ventura. ¿Qué es una alternativa?
Andrea Sol. Masturbarte.
Ventura. No puede una masturbarse pensando en el hombre que ama.
Andrea Sol. Y yo no puedo ayudarte. No me gustan las mujeres.
Ventura. Ah.
Andrea Sol. Anoche soñé que bailaba debajo de tu ventana con un hombre desnudo. Y vos te asomabas y yo te decía que estás loca, que cómo podés imaginar que yo podría ser heterosexual... Que no te das cuenta de nada...
Ventura. ¿Entonces?...
Andrea Sol. Te seguí la corriente. Quería algo de vos. Y te engañé.
Ventura. ¿Qué querías de mí?
Andrea Sol. Algo que será revelado más adelante.

9
Ventura. Me dijo BIENVENIDA apenas me vio. Eso no se le dice a cualquiera. Y al ratito me dijo PODEMOS IR AL GRANO. ¿A qué se refería con eso? No me estaba hablando sólo del empleo, cae de maduro. Y después me dijo CHARLEMOS UN RATO. Me preguntó si vivo sola. Y cuando me dijo que iba a bailar con orquesta se puso un poco nervioso. ¿Por qué?
El doble sentido te traiciona a veces. ¿Cómo tengo que entender, si no, LO HIZO ALGUNA VEZ, DICEN QUE NO ES FÁCIL? Y después dijo YA VAMOS A VER. TODO A SU TIEMPO.
¿Qué “a su tiempo”? ¿Eso que no hice nunca y que no es fácil? ¿Eso, “a su tiempo”? Y ahí
nomás me propone tutearnos. Pero haciendo de cuenta que no le gusto para nada. Una lucha interna terrible. Pobrecito. Y cuando bailamos, él bailó justamente la parte de ARDOR y MI AFÁN DE MUJER CARRUSEL. Me ama, no hay duda. Ah. Entonces me dice que bailo mal para defenderse. Pero también me dice que voy a quedarme. ¿Para qué quedarme? Él quiere que me quede. Pero que soy su empleada. Y que tengo asignado un cuarto especial y soy la invitada de honor y nadie se atrevería a pedirme una tarjeta de invitación, pero que soy vulgar y que soy... una pajuerana. La palabra pajuerana me resulta muy significante. Me provoca con el hombre desnudo pero me ama, no puede tocarme pero se excita. Él dice NO ME EXCITÉ TANTO, pero yo se la vi. Y era “tanto”. Era impresionante. Yo no podía dejar de mirársela, parecía que se iba a desgarrar la tela. Y era obvio que me la mostraba, que me la ostentaba. Y lo más importante: “ALGO” QUE SERÁ “REVELADO” MÁS “ADELANTE”. ¿Qué tiene adelante él?... Pregunta retórica. Es obvio a lo que se refiere.

10
Andrea Sol. Ventura, necesito hablar con vos. Urgente.
Ventura. Sí. Te escucho.
Andrea Sol. Te beso, Ventura. Te quiero.
Ventura. Te quiero.
Andrea Sol. Ya está.
Ventura. ¿Qué?
Andrea Sol. Ya terminé. Pasaba mi hermano. Quería que me viera besarte. ¿Todavía no te
cambiaste?
Ventura. No.
Andrea Sol. Cambiate. Me voy.
Ventura. ¿A dónde?
Andrea Sol. ¿Qué te importa?
Ventura. Vuelvo a tener los dos ojos. No vale la pena el sacrificio. Ya no soy tuerta.


DOS
11
Ventura. La danza de la bailarina francesa Ingrid, invitada al castillo, y de los hermanos Fabricio y Humberto.

¿Dónde quedó su albedrío,
que bailará sin saber
(hasta ahora no lo he dicho)
a esta pobre bailarina?
Si es que hay dioses, como estimo
-y que los dioses ayuden-
hacia allí estoy en camino.
Entonces voy, decidida;
sin encontrar paliativo,
día y noche, noche y día.
Quien grite sin fin su himno,
si no voy, será la duda,
o me morderá un vampiro.
Quién sabe si volveré,
dejando a un lado melindros,
si voy a la fiesta, sola.
De verdad desparecido
pero es seguro que está,
nadie lo da por sabido
si está muerto o no está muerto
en ese sobre leonino.
Puestas estas confusiones,
si ir o no ir al Castillo,
y aquí estoy, sin saber bien,
hasta un poco femenino
que a mis ojos pareciera,
sin que sea esto ofensivo.
Y hasta me atrevo a decir:
pero amable, leal, sumiso.
Es también muy elegante,
peligroso y pervertido;
porque él no es como el muerto.
No ha de haber sido el mellizo.
No acierto a saber quién fue
del papelito amarillo.
Como firma, en el umbral
puso el nombre del occiso,
por el cual algún sujeto
del verdadero motivo.
Cómo hacer. Cómo enterarme
qué fue dél y de su sino,
y que nadie nunca supo
que está desaparecido.
Pude enterarme hace un tiempo
porque de modo preciso,
aunque tan muerto también,
tan inasible, tan frío,
tan galante, tan hermoso,
que me invitaba Fabricio.
En la firma pude ver
“de tu talento pulido
cuál de los dos gozará”.
De uno que es dél el mellizo
la pasión carcome el alma.
El firmante un acertijo
bajo la firma escribía
(ay no haberla nunca visto)
pues en esa invitación
allí lo había llevado.
Mi amor por el amor mismo,
con alas de ciega ave,
estaba ya en El Castillo
pues no estaba en su lugar.
Escuchar ya ni un latido
que del corazón no pudo
donde llevo el crucifijo.
Hizo un agujero en mi pecho,
que, exaltando mi lirismo,
de tamaña magnitud
sobre mí cayó un hechizo
escrito con finas letras:
un papelito amarillo
que, elegante, contenía
con un sobre llamativo.
Hasta mi casa llegó
un joven un poco esquivo.
Aún no sé bien por qué
fui invitada a El Castillo.
12
Ventura. Y ahora, la llegada de la bailarina. El inmenso lugar resulta pequeño. Y es difícil 
esconderse. A la entrada, alguien a quien conozco pero que no me saluda, me entregó un número y un alfiler. Y no me dijo nada; me los dio nomás. No me dijo para qué el número y el alfiler. Pensé la estupidez de que nos estaban incitando a una lucha alfiler a alfiler.
Delicadas dagas. O a que actuemos en miniatura el suicidio de las Venturas desesperadas, desventuradas; si es que hay más de una, si es que hay otra además de mí. Yo soy Ventura. Una desconocida, porque nadie me habla, nadie me mira cuando yo lo miro.
Ellos comparten un secreto que yo desconozco. Yo soy Ventura, la desconocida. Pero no me voy. Algo me retiene. Yo soy Ventura, encarcelada. Condenada a la voz de los que hablan tan alto...

13
Andrea Luz. Bienvenida al Castillo, señorita.
Ventura. No comprendo, señor.
Andrea Luz. Le doy la bienvenida. Mi nombre es Andrea. ¿El suyo?
Ventura. Discúlpeme, pero creo haberle dicho ya mi nombre. Es más, me sugirió que nos     tuteásemos.
Andrea Luz. Mi hermano.
Ventura. ¿Perdón?
Andrea Luz. Mi hermano gemelo. Andrea. Ya lo conoció.
Ventura. ¿Gemelos? ¿Andrea? ¿Entonces usted está vivo?
Andrea Luz. No sé qué decirle...
Ventura. Y se llaman igual.
Andrea Luz. Sólo el primer nombre es igual. Yo soy Luz de segundo. Andrea Luz.
Ventura. ¿Y el segundo de su hermano?
Andrea Luz. Mi hermano es Sol.
Ventura. Su hermano es Sol...
Andrea Luz. Andrea Sol. Yo soy Andrea Luz, que acabo de aparecer, y él es Andrea Sol.
Ventura. Andrea Sol me ordenó esperar. Pero no sé dónde. No encontré a nadie que pudiera  identificar con un empleado.
Andrea Luz. Los empleados llevan una tarjeta prendida en la solapa de su saco con su nombre, nuestro logo y nuestro nombre: El Castillo.
Ventura. Gracias, señor. Entonces, si me permite...
Andrea Luz. Espere, por favor. ¿Cómo se llama usted?
Ventura. Mi nombre es Ventura.
Andrea Luz. Bien. ¿Qué te parece si nos tuteamos?
Ventura. Muy bien. Qué amable sos. Me gustaría saber dónde me voy a cambiar.
Andrea Luz. Todavía no lo sé.
Ventura. La invitación dice que debo bailar en una fiesta.
Andrea Luz. Sí. Una invitación descortés. Te invitamos para que trabajes. Una invitación que te obliga a trabajar. Aunque supongo que estarás acostumbrada a bailar gratis. O bailarás sola en tu casa.
Ventura. ¿La enviaste vos?
Andrea Luz. Sí, claro.
Ventura. Creí que la había enviado tu hermano. Firmaba Andrea.
Andrea Luz. No usamos nuestro segundo nombre. Andrea soy también yo.
Ventura. Está bien. ¿Me cambio, entonces?
Andrea Luz. No. No te cambies. Esperá un poco. Esperá que te haga llamar.
Ventura. Está bien.
Andrea Luz. Acordate. Llevan una tarjeta prendida en la solapa de su saco con su nombre,
nuestro logo y nuestro nombre: El Castillo.
Ventura. Lo recuerdo. Hasta luego, señor.
Andrea Luz. Señor no. Andrea.
Ventura. Andrea, sí. Hasta luego.

14
Ventura.
Fugaz
de una historia
el albur,
de algún vals
es el sol
del amor.
Prisioner 2
giro yo
de este vals.
________________
2 “Prisioner”.
Forzamiento métrico.
________

15
Andrea Luz. Saliste beneficiada en el sorteo.
Ventura. No sabía que hubiera un sorteo.
Andrea Luz. Para eso te dieron el alfiler. Para que prendieras el número en tu ropa.
Ventura. Perdí el número.
Andrea Luz. Pero ganaste. Me hace muy feliz.
Ventura. No gané. ¿Cuál es el premio? Perdí el número.
Andrea Luz. Te quedás en El Castillo como una gran dama durante una semana. El premio se llama: “Yo tuve un sueño”. Y lo organizamos nosotros, así que no nos hace falta tu número.
Ventura. Gracias, Andrea. Pero debo volver a mi casa. Mis clases, mi madre.
Andrea Luz. ¿Tu madre?
Ventura. Todos tenemos una madre.
Andrea Luz. A propósito, ¿ya estás embarazada?
Ventura. ¿Cómo se te ocurre?
Andrea Luz. ¿Y qué está haciendo mi hermano?
Ventura. Creí que habías muerto.
Andrea Luz. Aquí me ves. No te dejes engañar.
Ventura. ¿Qué tiene que ver tu hermano con mi embarazo?
Andrea Luz. Digamos con “un” embarazo. No necesariamente tuyo. Pero no estás embarazada, ¿no?
Ventura. No.
Andrea Luz. Voy a buscarlo.


GRAN VALS DEL MEDIO

Ventura.
En la luz
de este vals
giro yo
prisionera
de amor.
Es el sol
de algún vals
el albur
de una historia
fugaz.
Es a él
con un vals
a quien yo
desearía
tomar.
O es a él
con el vals
a quien voy.
Confundida
estoy.
Y es así
este vals,
frenesí,
de una vida
fatal.
Con su voz
y algún vals
él ganó
de mi vida
el amor.
Soy feliz,
bailo el vals,
para mí
la fortuna
y el mar.
Elegir
en un vals
al viril
compañero
es puñal.
Y en mi ardor,
como un vals,
es mi sol
el que alumbra
su luz.
16
Andrea Luz. Permiso, Ventura.
Ventura. Sí, adelante. Ya estoy vestida.
Andrea Luz. No pude asistir a su ensayo.
Ventura. ¿No nos tuteábamos?
Andrea Luz. Perdoname. A tu ensayo.
Ventura. Tu hermano me prohibió bailar en la fiesta. Le parezco un desastre.
Andrea Luz. No lo creo.
Ventura. Sí, te juro que me dijo cosas horribles.
Andrea Luz. No creo que seas un desastre.
Ventura. Gracias.
Andrea Luz. No te vayas.
Ventura. No. No. Tengo que quedarme para... Tengo que quedarme para... seguir tu plan. Tu hermano me asignó el cuarto y el vestido, y me dijo que soy la invitada de honor. (...) ¿Por qué se esconden uno del otro?
Andrea Luz. ¿Qué te hace pensar eso?
Ventura. Me parece.
Andrea Luz. Creo que ya estás en condiciones de saber algunas cosas... No tenemos muy buena relación.
Ventura. Ah, claro.
Andrea Luz. Ya te contaré en otro momento. Te quedás esta noche, ¿no?
Ventura. Sí. Finalmente sí.
Andrea Luz. Hiciste bien. Grandes cosas te depara El Castillo.
Ventura. ¿Cuáles, por ejemplo?
Andrea Luz. Me refiero, sobre todo, al dinero. Es mucho, ¿no te parece?
Ventura. ¿Qué es lo del embarazo?
Andrea Luz. Ya te vas a enterar. Me adelanté un poco sin darme cuenta.
Ventura. Prefiero irme, Andrea.
Andrea Luz. Vas a quedarte. Es tu gran oportunidad de salir de la oscuridad.

17
Ventura.
Voy allá,
vengo acá,
yo no sé
para qué
vine aquí.
Para mí
lo esencial
es bailar.
Pero hoy
lo que soy
no podré
ni sabré
demostrar.
Ya será.
Andrea
y Andrea
me halagan
y asaltan.
Con torpes
estoques
seducen
mi empuje,
y bailo,
engaño.
Me cree
la plebe
de ricos
nacidos,
mas tontos
retontos.
La polca
dulzona
se viene
alegre.
Y yo voy,
yo quién soy,
al entrar,
espinar,
carcomer,
proponer,
engrillar,
fumigar,
federar,
gatillar,
escoger,
malcomer,
teorizar,
vacunar.
Un dos tres,
un dos tres,
un dos tres,
un dos tres.

Andrea Luz. Estuviste muy bien.
Ventura. Gracias. Me mareé un poco.
Andrea Luz. ¿Novedades de mi hermano?
Ventura. Tu hermano sólo me maltrata.
Andrea Luz. ¿No le gustás?
Ventura. Creo que sí.
Andrea Luz. ¿Y él te gusta?
Ventura. Mucho, Andrea.
Andrea Luz. No entiendo. Deberías estar contenta.
Ventura. Es tan duro.
Andrea Luz. ¿Por qué te gusta él y no yo, entonces?
Ventura. Vos sos tan... amable...
Andrea Luz. Gracias.
Ventura. Parecés tan desgraciado...
Andrea Luz. Vos también.
Ventura. ¿Leíste a Jean Anouilh?
Andrea Luz. No. No estoy leyendo nada. No tengo tiempo.
Ventura. ¿De verdad no conocés a Jean Anouilh?
Andrea Luz. No, Ventura. ¿Qué? ¿Es muy famoso?
Ventura. No, ahora no. Pero me llama mucho la atención que no lo conozcas. También es cursi a lo mejor, no sé bien... pero tiene algo... Esto que pasa me hizo volar hacia esos mundos.
No sé. Algo. Me parece que hay una obra de teatro... “La invitación al castillo”, o “Invitación al castillo”...
Andrea Luz. Referencias.
Ventura. Sí... Hay una película de Cronenberg.
Andrea Luz. No sé.
Ventura. Bueno, y Shakespeare, claro... Greenaway...
Andrea Luz. Ajá.
Ventura. Tantas veces aparece la problemática de los gemelos...
Andrea Sol. ¡Ventura, al salón!
Andrea Luz. Te llaman.
Ventura. Ahora quiero quedarme con vos.
Andrea Luz. Yo te contraté y a mí me obedecés..., pero te llama mi hermano. Y tiene derecho a darte órdenes. Otra vez te llama.
Andrea Sol. ¡Ventura!
Ventura. Vos querés que esté todo el tiempo con él... Y él quiere que yo esté todo el tiempo con vos... La estructura de la nada.
18
Ventura.
QUE RESTE-T’IL DE NOS AMOURS
QUE RESTE-T’IL DE CES BEAUX JOURS
EL ZORZAL LA FUENTE Y LAS ESTRELLAS
PIERDEN PARA MÍ SU SEDUCCIÓN
PERO UNA LÁGRIMA SOLA Y SALADA
RESBALÓ SIN SABER NADA
TÚ NO SOSPECHAS CUANDO ME ESTÁS MIRANDO
LAS EMOCIONES QUE SE VAN DESATANDO
QUAND UN HOMME VIENS VERS MOI
JE VAIS TOUJOURS VERS LUI
JE VAIS VERS JE NE SAIS QUOI
JE MARCHE DANS LA NUIT
CUANDO SE ASOME LA SOMBRA
CERCA DEL PUNTO FINAL
CUANDO LA CUERDA SE ROMPA
DIME DÓNDE ESTARÁS
QUÉ MAL SUENA LO QUE PODÉS
LE ROI D’AQUITAINE
ME PRENDRA LA MAIN
TANT PIS POUR LA REINE
DEMAIN
CON ALAS DE CIEGA AVE
MI AMOR POR EL AMOR MISMO
ALLÍ LO HABÍA LLEVADO
SON COMO LÁGRIMAS SIN LLORAR
QUE EN MIS ADENTROS ALZAN UN MAR
SI EN LOS OJOS TE BESAN ESTA NOCHE VIAJERO
SI ESTREMECE LAS RAMAS UN DULCE SUSPIRAR
Y SIN EMBARGO LA ESPERANZA ME PERSIGUE, ME RONDA, ME MUERDE; COMO UN LOBO
MORIBUNDO QUE APRETASE SUS DIENTES POR ÚLTIMA VEZ
EVERYTIME WE SAY GOODBYE
I DIE A LITTLE

19
Andrea Luz. Un poco cursi, quizá.
Ventura. No es mi especialidad.
Andrea Luz. Es una comedia musical, ¿no?
Ventura. Sí, creo que sí. Y no estoy acostumbrada.
Andrea Luz. Ya te vas a acostumbrar.
Ventura. ¿Por qué tengo que quedarme hasta mañana?
Andrea Sol. Porque sí.
Ventura. ¿Qué tengo que hacer?
Andrea Sol. Estar el mayor tiempo posible con mi hermano. Eso es el premio. Mantenerte pegada a mi hermano Luz.
Ventura. Tu hermano me dijo que el premio era una semana viviendo en El Castillo como una gran dama. No que tenía que estar pegada a él.
Andrea Sol. Una semana en El Castillo como una gran dama que siempre está pegada a Luz.
También incluye una noche conmigo, el premio. A solas.
Ventura. ¿No puedo pasar esa noche con los dos?
Andrea Sol. No te precipites.
Ventura. ¿Por qué no puedo verlos nunca juntos?
Andrea Sol. No desconfíes, Ventura. Haceme caso. Eso es muy feo.
Ventura. Llamalo a Luz ahora, que venga. Andá a buscarlo y volvé con él.
Andrea Sol. Es muy complejo lo que pasa, Ventura.
Ventura. ¿Dónde me llevás ahora?
Andrea Sol. A tu cuarto.
Ventura. ¿Me vas a encerrar?
Andrea Sol. Tengo que arreglar algunos asuntos con mi hermano.
Ventura. ¡Tu hermano está muerto, Andrea!

TRES
20
Andrea Luz imagina a Andrea Sol.
Andrea Luz. Pensá en todo lo que yo podría pedirte, pensalo, imaginalo,... Imaginá todo lo que yo podría pedirte. Primero lo lógico y lo cómodo. Pero después no dejes de imaginar lo ilógico, lo incómodo. Y decime si hay algo de eso que te caería mal que yo te pidiera.
Andrea Sol. Acepto. Cualquier cosa que me pidas.
Andrea Luz. ¿Me estás hablando en serio?
Andrea Sol. Sí.
Andrea Luz. O sea que yo te puedo pedir cualquier cosa, y lo peor que podría pasar es que me dijeras que no.
Andrea Sol. A nada te diría que no.
Andrea Luz. Podría pedirte algo que no quisieras hacer.
Andrea Sol. A eso que a mí me parece que vos estás pensando que me pedirías, no le diría que no.
Andrea Luz. Entonces ¿me vas a dar lo que te estoy pidiendo?
Andrea Sol. Claro. Pedímelo.
Andrea Luz. Dámela. Qué rica. Hasta la garganta. No lo puedo creer. Dejame olerla un poquito.
Qué rico olor que tenés. Poneme el pie en el pecho, en el cuello. Sí, qué rico, desde arriba.
Todo eso, sí. Nunca antes me dejaste que te la viera. Me la mostraste parada a través de tu pantalón. Pero nuestro hijo está en el estómago de la bailarina. ¿A ella le gusta tanto como a mí? ¿Ella te da el placer que te doy yo? Es tan linda. Nunca antes la había podido ver, ni hablar de saborearla. No me dejaste más que imaginármela a través del pantalón.
Y me decías que sí, que te excitabas, pero solo un poco. Y nuestro hijo... Estoy seguro de que ella te la está saboreando de nuevo. ¿Y nuestro hijo? No se conciben los hijos por la boca, no nacen los hijos por la boca. De la boca salen palabras, no hijos. En la luz de este vals no nacen los hijos.
Ventura. Andrea... ¿Solo?
Andrea Luz. Señorita Ventura, ¿qué tal el sorteo?
Ventura. Aún no se realiza. Solo y triste...
Andrea Luz. Sí, se realizó, Ventura. Los premios han sido adjudicados.
Ventura. No se realizó, te digo. No desconfíes. Eso es muy feo.
Andrea Luz. Permítame, voy a buscar a mi hermano. Algo está saliendo mal.
Ventura. Quédese, por favor. Ahora mismo hay un joven travestido muy ocupado entre las piernas de su hermano. Ahórrese ese mal momento.
Andrea Luz. ¿Un joven? ¿Y usted?
Ventura. Conmigo ya terminó.
Andrea Luz. En la boca, ¿no?
Ventura. Claro. Todos con la boca abierta entre las piernas de su hermano. Es que cuando pretendemos pasar a la otra fase, no hay caso, se desinfla.
Andrea Luz. Voy a ir. Ese joven travestido podría interesarme también a mí.
Ventura. No entre las piernas de su hermano. Soy yo quien ahora domina la intriga, y me enteré de algunas cosas. No vaya.
Andrea Luz. ¿Qué puedo hacer entonces? ¿Tirarme al lago?
Ventura. No. Si usted tuviera que tirarse al lago, ¿qué debería hacer yo? No. Volvamos al salón y bailemos. Divirtámonos. Distraigámonos un poco. Y después, mientras su hermano Andrea eyacula en la boca de ese joven, agotando su placer y el de él, nosotros
iniciaremos el nuestro. Hubo aquí un severo punto de inflexión. Y voy a recibir la suya, Andrea, a ver si conseguimos ese hijo de una vez y me dejan tranquila.
Andrea Luz. Señorita, no se sienta obligada.
Ventura. ¿No nos tuteábamos? (...) Será un gran placer para mí, Andrea. Somos los dos tan desgraciados.

21
Andrea Sol imagina a Andrea Luz.
Andrea Sol. Andrea, quería decirte que es verdad que me excité alguna vez, no voy a negártelo.
Sobre todo al presentirte espiándome cuando me bañaba. Ahí estabas, agazapada...
Andrea Luz. Agazapado.
Andrea Sol. Agazapada, dale, dejame decirte agazapada.
Andrea Luz. Decime agazapada, decime puta.
Andrea Sol. Puta agazapada, mirándome, desnuda.
Andrea Luz. Desnuda para vos.
Andrea Sol. Pero cuando dejás al descubierto tus genitales, oculto los míos automáticamente.
Son iguales. Los dos somos hombres. Y nuestros genitales son iguales.
Andrea Luz. Claro, por eso no te alcanzo yo. Por eso no querés hacerme un hijo. ¿Y a ella? ¿No se lo hiciste a ella todavía?
Andrea Sol. No puedo hacérselo a ella. Esa mujer me produce rechazo. Baila mal. No entiende nada. Si fueras una mujer, Andrea, sería todo más sencillo. Yo necesito una puta. Ella no lo es, no se quiere desnudar. Se arrodilla nada más, y no nacen los hijos así.
Andrea Luz. Yo me desnudaría.
Andrea Sol. Vos te desnudás. Pero no sos una puta. Sos un puto. Y no me sirve. A ella le falta lo que a vos te sobra. Debería castrarte.
Andrea Luz. Castrame.
Andrea Sol. ¿Me estás hablando en serio?
Andrea Luz. Sí.
Andrea Sol. Te amo, Luz.
Andrea Luz. Te amo, Sol. Aunque destruyas las células, aunque no calientes, aunque quemes, incendies, sol microondas, sol que segmenta y enferma, sol que calcina, con un falo que penetra quemando, incinerando, cáncer de piel.
Andrea Sol. Sé mi hermana. Y dejame romper tus labios repugnantes.
Andrea Luz. Soy tu hermana. Ya. Entrá con tu luz de enfermedad, deseosa de rozar un clítoris que no existe.
Andrea Sol. Y que es como mi espejo. No puedo embarazar a mi espejo y tampoco a un
hombre.
Andrea Luz. No soy un hombre. Soy tu hermana. Entrá. Destruime.
Andrea Sol. Hermano mío, te amo. Pero no sos una mujer. No alcanza con desearlo. Tus 
agujeros y mis falos no son complementarios. Tus agujeros están cerrados para mis falos.
Ventura. Gané, Andrea, gané en el sorteo.
Andrea Sol. ¿Estás contento?
Ventura. Estoy contenta. El título del concurso no pudo ser más apropiado. “Yo tuve un sueño”, y se me cumplió: No tengo dónde ir, no doy más clases, ya no tengo a mi madre... Ahora tengo sólo mi premio. Mi premio es tan grande que va a ocupar toda mi casa. Lo agradezco. Agradezco que sea yo quien gobierna desde ahora, quien tiene el cetro. Tu hermano Andrea se vertió sobre mi lengua, derramó su precioso almíbar agridulce que se dirigió directo y gozoso a mi estómago, y ahora voy a sacarme la ropa, voy a ponerme en cuatro patas, dame por atrás.
Andrea Sol. Pero por atrás no puedo embarazarte.
Ventura. Dame por atrás y por adelante. Dame por todos los agujeros. Todos mis agujeros son complementarios.
Andrea Sol. Voy a intentar por atrás.
Ventura. Dame por atrás, dale, dame por donde quieras.
Andrea Sol. Señorita. Ha logrado excitarme bastante esta vez, pero así y todo debemos terminar acá, porque ya se fue.
Ventura. ¿Quién se fue?
Andrea Sol. Andrea. Venía para acá, seguramente dispuesto a fijar su mirada usted ya sabe dónde, a decirme que quería estar cerca de mí sólo porque me ama. Me gusta que se ponga celosa.
Ventura. No estoy celosa.
Andrea Sol. Hablo de mi hermano.
Ventura. Que se ponga celoso.
Andrea Sol. Así es.
Ventura. No olvide que yo soy ahora quien comanda.
Andrea Sol. Señorita, no me haga reír. Comanda quien toma las riendas cada vez. Usted se excita como una gata y se distrae. Se excita conmigo y debería excitarse con él.
Ventura. Avergonzada confieso: con los dos.
Andrea Sol. Conmigo valdría la pena pero me repugna. Con él es en vano.
Ventura. ¿Qué es este premio, que me hace llorar así?
Andrea Sol. Éstas son las bondades del premio. Es premio de alfiler. No sabe todavía los padecimientos que le esperan.
Ventura. Lloro todavía. Usted, Andrea Sol, despreciable.
Andrea Sol. Eso es. Que la encuentre llorando. Trate de mantener su llanto, como una buena actriz, inténtelo, hasta encontrarse casualmente con él. Pero sin dejar de llorar, ¿eh?
Mientras tanto, me retiro a pensar cuáles podrían ser los más convincentes motivos de ese llanto.
Ventura. Entonces, ¿yo no le gusto?
Andrea Sol. Señorita Ventura, no me obligue. Si le alcanza, voy a revelarle que le falta algo, algo que yo debería mutilar, para luego modelar labios y profundidad insospechada en su cuerpo imperfecto.
Ventura. Soy una mujer.
Andrea Sol. Es una criatura imperfecta. No ha sido mutilada.
Ventura. Pero es mi premio. Exijo...
Andrea Sol. Amo a mi hermano. Ése es su premio. Altruista. ¿No está acostumbrada? Su premio es el sacrificio. Esperar a que alguno de nosotros dos se atreva a penetrar en ese bosque inmundo y parir a nuestro hijo. ¿Dónde está su falo?
Ventura. No tengo, señor.
Andrea Sol. Muy mal hecho. ¿Qué cosa voy a cortar, entonces?
Ventura. No corte. Entre.
Andrea Sol. ¿Por ahí? ¿Por ese tajo inmundo? Está equivocada. Deme algo para mutilar. Y mi obelisco, que no conoció Gardel, entrará. Déjeme hacer el tajo. No me lo dé todo servido.
No sea antigua. Bailemos. Ahora. Quiero que nos vea.
Ventura. ¿Me desnudo?
Andrea Sol. Sí, desnúdese si quiere. Total, ¿qué estaríamos haciendo en este momento si no?
Ventura. Estaríamos quizá haciendo una larga fila, entre gritos de guerra, para entrar en un cine.
Andrea Sol. Mejor así.


EL VALS TAN DESEADO
Andrea Sol.
Vas de acá
para allá,
no sabés
para qué
estás aquí.
Ventura.
Para mí
lo esencial
es bailar.
Andrea Sol.
Pero hoy
lo que sos
no podrás
ni sabrás
demostrar.

Ventura.
Ya será.
Andrea Sol.
Alegre
se viene
dulzona
la polca.

Ventura.
Retontos
nacidos
de ricos.

Andrea Sol.
La plebe
me cree.
Engaño.
Ventura.
Y bailo.
Andrea Sol.
Mi empuje
seducen
estoques
con torpes
y asaltan.

Ventura.
Me halagan.
Andrea Sol.
Y Andrea...
Ventura.
Andrea...
Los dos.
Andrea...
22
Andrea Luz. La orquesta debe dejar de tocar.
Ventura. ¿Puede saberse por qué?
Andrea Luz. Estamos de duelo en El Castillo.
Ventura. No me diga. ¿Y quién tuvo el placer, si no es mucho preguntar?
Andrea Luz. Es increíble. Todos.
Ventura. Usted está un poco confundido. Comprendo. Nunca en su vida había visto una como la mía, ¿no? ¿Qué efecto le produjo?
Andrea Luz. Todos muertos. Créame. Después de bailar el último vals aquella noche con usted, mi hermano Andrea vino a mi cama. Yo me arrodillé enseguida, ansioso por darle el placer de la saliva, sin embargo él me levantó violentamente, creí que me iba a dar vuelta para dármela por atrás, pero no, se puso él en cuatro patas, y me obligó a que yo se la diera. Yo no quería pero se la di, y se me escapó y le acabé adentro. Se quedó frío debajo mío. Sus últimas palabras fueron “No era esto, yo sabía que no era esto, yo era tu amigo, confundiste todo, puto, estás enfermo”.
Ventura. Qué grosero su hermano; no parecía.
Andrea Luz. No hay hermano. No hubo. Se fue. Se casó. Se casó con un militar. Podía haberme dado hijos. Pero eligió al militar. Nunca supimos de él.
Ventura. A ver, a ver... ¿Su hermano no existe? ¿Entonces, usted...?
Andrea. Andrea. Un solo actor. O quien usted quiera. Se fue. Y aquí está Andrea. Un solo actor.
Halagado por su camaradería, la de Andrea. Desesperado por la ausencia de su semen, el
de Andrea.
Ventura. No llore, no moleste. No me llame a las cuatro de la mañana. Ya les dije a los dos que estoy gobernando esta segunda parte, aun contra mi voluntad. Maricones de mierda. No me lo recuerde.
Andrea. Aquel joven travestido, exhausto hace unas horas entre las piernas de mi hermano, se cortó las tetas de plástico, las puso en una bandeja, y con la bandeja en las manos como una ofrenda, se dejó morir recitando poesía española a los gritos por todo El Castillo. Hoy, a primera hora de la tarde.
Ventura. Cuánto lo siento.
Andrea. Gracias, señorita. No somos nada.
Ventura. Usted no será nada. Yo soy Ventura, la bailarina.

23
Andrea. Sonríen en este lugar. Aparentan ser felices. O lo fingen. Escucho murmullos amables.
La voz de un viejo actor se destaca. La voz cascada y borrascosa que alguna vez fue bella.
Desconocidos entre sí se saludan con obsecuencia. Conocidos entre sí no se saludan.
Huele a conspiración. Yo soy Humberto. Humberto tapado, aplastado. Yo soy Humberto, que no quiere estar acá, y soy Fabricio, con ganas de gritar. ¿Qué habría sido de Humberto si no hubiera tomado la pastilla antes de bajar? ¿Qué podrá hacer Fabricio en estas condiciones? Yo soy Humberto, que no quiere bailar ahora, aquí. Si apenas puede mantenerse en pie, si apenas puede respirar, si se le nublan los ojos. El inmenso lugar resulta pequeño. Y es difícil esconderse de los desesperados, desventurados; si es que hay más de uno, si es que hay otro además de mí. Yo soy Humberto y ellos comparten un secreto que yo desconozco. Y soy Fabricio, y conozco el secreto. Yo soy Fabricio, condenado a la existencia de Humberto, que no conoce el secreto...

24
Ventura.
Su luz,
el que alumbra
es mi sol,
como un vals.
Y en mi ardor,
es puñal
compañero.
Al viril
en un vals
elegir...
Ah... Me cansé.

Yo soy la invitada al Castillo, la invitada especial, la dama de honor. Para bailar. Para bailar y bailar y bailar. Pero voy a abandonar mi carrera. Estoy exhausta. Mi alfajorcita primaveral está muy sudada. Mis ovarios están inflamados de tanto dar vueltas. Me pesa el trasero.
Así que no bailo más, pero igual me quedo.
Baile usted, Andrea.
Baile, que está preciosa.
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Marcelo Bertuccio. Buenos Aires, enero 1998-mayo 2014.


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