Señora, esposa, niña, y joven desde lejos Obra para escuchar Marcelo Bertuccio

Señora, esposa, niña y joven desde lejos

Señora, esposa, niña, y joven desde lejos
Obra para escuchar
Marcelo Bertuccio

contacto:
marcelobertuccio@gmail.com
Argentores (toda puesta en escena de este texto deberá contar con su autorización)
info@argentores.org.ar


Personajes
La Señora
La Esposa
La Niña
El Joven

1
Espacio absolutamente oscuro. Negrísimo.
El silencio es muy profundo.
Desde la oscuridad se escucha la voz de El Joven.

El Joven. Hoy hace un poco de frío. Eso creo. En este lugar siempre hizo frío. Aunque no sé si debería llamarlo frío exactamente. Es la humedad. La humedad produce una difusa sensación de frío sin serlo. Ni pensar en una manta porque se mojaría. Averiguar si estoy o no vestido me haría sentir un poco más seguro.
Aunque si estuviese vestido no se solucionaría el problema de la humedad y su frío difuso. ¿Había dicho difuso? Es muy difícil recordar. La momeria debe estar ya oxidada. Quizá sea cierto eso que decían en casa. Eso de Todo lo que no se usa se atrofia. No, era Todo órgano que no se usa se atrofia. Pero la momeria no es un órgano. ¿Qué es la momeria? Inútil. Nadie a quien consultar. Estos seres descerebrados. No están descerebrados. Tienen un cerebro muy pequeñito. Pero tienen. ¿Por qué negarles su derecho al cerebrito solamente porque es pequeño?
¿Qué derecho -derecho era- qué derecho tengo yo para transmitir una falacia acerca de sus cualidades, de sus pertenencias, de sus habilidades? Habilidad. Era lo que tenía la señora de la casa donde yo vivía para hacer las milanesas. Qué milanesas. Las mejores que he comido en toda mi vida. Aquí no hay milanesas.
No habría cómo prepararlas, claro. Me imagino el pan rellado flotando a mi alrededor y me hace cierta gracia. Cómo me gustaba ver a la señora preparando sus milanesas. Siempre estaba yo enfermo cuando tenía esa posibilidad. Si no estaba enfermo las encontraba ya preparadas y hervidas. No. No eran hervidas. Estaban fretas. Fratas. No, fretas. Estaban fretas. Yo llegaba de aquel lugar de instrucción, y allí estaban las milanesas fretas con la pasta de papa. ¿Sería una forma de compensación poder ver su factura cuando estaba enfermo? Porque no recuerdo haber visto la preparación de las milanesas estando sano. Sano, la instrucción. Qué lindo era ver en sus manos las rojas rodajas rojas sumergirse en el viscoso huevo amarillo, sucio de aromas verdes, y luego al pan rellado, a secarse, a untarse, a empanarse de pan rellado. La señora me daba besos y después se iba a dormir. Dormía siempre con el mismo señor. Las señoras dormían con los señores. Eso sí lo recuerdo. Mi mala momeria no llegó hasta eso.

Cae una gota de agua, sobre agua.

2
Interminable e ininteligible relato de un locutor desde un aparato de radio.
Tres sillas alineadas, ocupadas por La Señora, La Esposa y La Niña.
Están vestidas, peinadas y maquilladas con una impronta contemporánea pero distorsionada.
Miran siempre al frente. No accionan. Sólo La Niña, eventualmente, intenta entablar un diálogo abierto. Pero siempre es en vano.
El locutor se escucha durante toda la escena.

La Señora. ¿En qué estás pensando, nietecita?
La Niña. En papá.
La Esposa. Señora, ¿podría hacer hoy usted las milanesas? Sucede que hoy es jueves y regreso tarde a casa.
La Señora. ¿Hoy vas a ir? Hoy no, por favor.
La Esposa. Hoy justamente. Hoy debería haber sido día de fiesta en esta casa. Y ni siquiera tenemos una tumba donde dejarle flores. Hoy justamente.
La Niña. Quiero ir contigo, mami.
La Esposa. No, mi amor. Hoy usted se queda con su abuelita y le ayuda a preparar las milanesas.
La Niña. ¿Cuando vuelvas vamos a cantar el Feliz Cumpleaños?
La Señora. No, mi amor. Hoy no vamos a cantar. Cuando regrese mami comeremos las milanesas y luego a dormir.
La Niña. Pero, ¿no habrá torta?
La Esposa. No, querida mía. Sólo milanesas.
La Señora. Con puré.
La Esposa. Claro, con puré.
La Niña. Ufa. Qué fiesta más triste.
Desaparece el locutor.
Las mujeres miran al frente.

3
Silencio profundo.
Surge la voz de El Joven de la oscuridad.
Ellas, aparentemente, no lo escuchan.
El Joven. Yo también dormí con una señora en un tiempo. Pero no era la misma.
Además era más joven. Otra vez esa sensación. Cada vez que pienso en esa señora algo se contrae. Pero dónde. No puedo verme. Qué soy. Estos seres que me rodean, que se exasperan, se aletargan, que nunca son los mismos, son. Son seres, con ojos, boca, cola. Yo no puedo encontrar mis ojos, mi boca, mi cola.
Pero los veo. Eso quiere decir que ojos, al menos, tengo. Dónde. También comen. Abren sus bocas y tragan trozos de olgas. Algunos de ellos se parecen a las olgas. Yo no siento apeteto. Hace mucho tiempo que no siento apeteto. Ni Señora, esposa, niña, y joven desde lejos siquiera recuerdo cómo se sentía. La contracción sí la siento. No es en este lugar desde donde pienso. Está a mi alrededer.
Dos gotas sobre agua.

4
Tic tac de un reloj despertador.
La Niña. Feliz cumpleaños, papito. Comí muchas milanesas pero no comí torta porque mami no quiso hacerla. Tampoco la abuela. Hoy estuve navegando en Internet.
Me pareció verte. Te canté, pero creo que no me oíste. ¿No tienes un e-mail para que yo pueda escribirte? Si lo tienes intenta comunicármelo de alguna manera.
¿Y en el messenger no estás? Sabes que yo podría chatear contigo o leer algún e-mail que me envíes. Hace poco más de un mes estuve con mami en la plaza.
Me encantó ir. Siempre es lindo estar en esos lugares donde casi nunca se nos permite estar. Y con más razón si una vez por semana la madre de una va allí religiosamente. Y, a veces, hasta lleva carteles. Mami cree que no advertí lo que
advertí. Pero aquello parecía una ceremonia mortuoria. Y mami llevaba prendida en la solapa de su abrigo una foto tuya. ¿Eso quiere decir que has muerto?
¿Cómo podrías ayudarme a confirmarlo? Esto me haría mucho bien ya que cuando volvimos a casa, y hasta hoy, me sentí un poco confundida. Es que nos cruzamos con otra manifestación -creo que así se llaman-. Estos portaban unas cacerolas repletas de un guiso que olía deliciosamente. No como las milanesas de la abuela, pero rico rico. Su voluntad era darle de comer a la gente pobre que no tenía casa ni ropa ni pan ni nada. Mami, y todas las otras mujeres, se acercaron muy satisfechas y estaban ya dispuestas a prestar ayuda en la repartija, cuando un montón de policías, enojadísimos, gritaron que eso de la comida estaba prohibido, y, con los pies, voltearon las cacerolas -mami les decía ollas populares, pero yo no entendí- y todo el guiso se derramó en el césped y en las piedritas rojas y en los bancos y en todo lo que hay en la plaza. Algunos pobres de los que no tienen nada -según decían las señoras de los carteles- se arrojaban sobre los trozos de carne. A ésos los policías los zamarreaban y luego
los hacían entrar a la fuerza en un camioncito negro -creo que negro, todo era tan confuso-. Entonces yo me pregunto. ¿Tú eres pobre y no tienes casa y por eso no vives con nosotras? ¿Tú estás muerto y en tu memoria se realiza aquella ceremonia de los jueves? ¿No estás en Internet porque no quieres, o estás y no quieres? Aquí tu madre y tu esposa responden siempre con evasivas. Pero tu esposa no falta un solo jueves, ni hoy que es tu cumpleaños, a la plaza peligrosa -porque lo es ¿tú que crees?-. Si tienes tiempo para responderme puedes hacerlo a niña arroba waterly punto des punto ar.

5
Voz del locutor desde la radio, alarmada y excitada, durante toda la escena.

La Niña. Le escribí a papá y aún no he recibido la respuesta. Terminaré por creer que es como vosotras. Indiferente.
La Señora. ¿De verdad crees que somos indiferentes, nietecita?
La Esposa. Ya no sé a qué recurrir para quitarte esas ideas de la cabeza, hija. A tu padre ya no hay dónde escribirle.
La Niña. ¿Y puede saberse por qué?
La Esposa. Todavía no es tiempo de que lo sepas. Digamos que está de viaje.
La Niña. ¿Por dónde?
La Señora. Aquí estamos, las tres sentadas, hasta el año que viene.
La Niña. ¿Dónde viajó papá?
La Esposa. En lo que a mí respecta, hasta el próximo jueves. No comprendo por qué nunca quiso acompañarme.
La Niña. Yo siempre quiero acompañarte. ¿Dónde viajó papá?
La Señora. No te acompaño porque no sabría muy bien para qué, cuando me encontrase allí, girando y girando en silencio junto a un montón de desconocidas.
La Esposa. Era su hijo.
La Niña. ¿Por qué dices era, mamá?
La Señora. Justamente. Era mi hijo. Sólo mío. No estoy obligada a compartir mi dolor con un manojo de desconocidas.
La Niña. Era se dice de los muertos, mamita.
La Esposa. Ellas ya empiezan a desconfiar. Cada vez con más frecuencia me preguntan por usted.
La Señora. Diles que me he muerto.
La Niña. Mami, ¿acaso desaparecido y muerto son sinónimos?

Desaparece el locutor.
6
Silencio profundo.
Surge la voz de El Joven de la oscuridad.

El Joven. La momeria. La momeria. ¿Dónde se aloja la momeria? Esa perna que tengo delante es algo muy conocido por mí. Sin embargo, no puedo recordar para qué servía. Sospecho que yo también tuve una alguna vez. Formaba parte de mi (*) . De mis cosas. De las cosas que yo usaba para. Para. Moverme. Para moverme. ¿O para tomar? ¿Para acariciar a la señora que dormía en mi cama?
_____________________
(*) mi. Posesivo. Sin acento.
__________
No. Fuera con La Señora. Que no quiero volver a sentir esas contracciones. Para moverme. Para cominar. Aunque creo que era más de una. Una más una. Tres. Tres pernas tenía yo para moverme. Se llama perna porque al final termina en
un pe. Un pe en una perna y otro pe en otra perna. ¿Dónde estaban pegadas?
Esta aparece despegada. Y de la parte de adentro no tengo recuerdo. Bueno, era de esperarse con esta momeria. Ya se va la perna. Nada permanece mucho tiempo frente a mis. Frente a mis. Lo que tengo delante se va muy de prisa.
Antes de que pueda. De que pueda. Recomenzarlo. Recolocarlo. Recobrarlo.
Reconoci. Reconocem. Reconocerme. Reconocerle. Antes de que pueda reconocerle. Eso me pasaba con las glebas. No. Con las globas. Las globas desaperían con un estrondo mucho antes de que yo pudiera disputarlas.
Disfutarlas. Drisfutarlas. Drisfrut. Disfrut. Desaperían. Las glebas. Las globas.
Una globa. Una globa tenía la señora que dormía en mi cama. Sí. Una globa, Dies mío. Una globa pegada a las pernas. Pero yo no tenía globa. Cómo es eso. Y esa gran globa, gleba, globa, no desapería con estrondo. Duraba. Duraba. Duraba.

Tres gotas sobre agua.

7
Dos locutores aterrados desde el aparato de radio, durante toda la escena.

La Señora. Cada noche resulta más difícil lograr que se duerma. Gracias a Dios, tarde o temprano se duerme. Quién sabe cuánto durará esto. Cuándo dejará de dormir definitivamente.
La Esposa. Yo intento retardar ese momento. Usted la empuja a la vigilia. Usted no es prudente. Usted no la cuida.
La Señora. Yo sólo deseo acabar con mi propia vigilia. De una vez. Para siempre. Allí están todas mis expectativas. Todo lo que no sea eso me desespera. Quién cuidó de mí. Quién cuidó de él. Que cada cual se defienda de la vigilia eterna como
pueda.
La Esposa. Usted me produce un enorme asco.
La Señora. Y tú me inspiras una profunda lástima.
La Niña. Mami.
La Señora. Ya no volverá a dormir. Te lo dije.
La Esposa. Cierre la boca.
La Niña. Mami. Tengo una magnífica idea. Apúrate, antes de que la olvide.
La Señora. Voy yo, querida. Quédate tranquila. Sentada.
La Esposa. La silla es para usted. Demonio.

Desaparecen los locutores.

8
Silencio profundo.
La voz de El Joven desde la oscuridad.

El Joven. ¿Qué sucedió entre la globa y esto? ¿Qué sucedió entre la globa y esto? Allí hay una globa. Una globa, con una perna, sin pe, y con una perna de las otras.
Qué concidencia. Pienso en la globa de mi se. De mí. De mi señora. Ah, Dies.
Eran por eso las contracciones. La señora era de mí. No otra señora cualque. Era mi señora. La de las milanosas, milanesas, era la del señor que venía de noche.
Ah. Sin estrondo. Se abre la globa. Se abre. Se abre. Se abre. Ah. ¿Qué es?
¿Qué es? Ahí está todo. Y ya se va. Se va. Y ya entró en otra parte. Y no pude ver. Otra vez no pude ver. Otra vez no pude ver. Otra vez no pude ver. Ven. De puta. Mi mu. Mi mujer. De tu mujer. Mi mujer está. Mi mujer está en. Mi mujer está empanada. Mi mujer está emparanada. Mi mujer está emparadada. Mi mujer está embaratada. Ah. Ah.

Varias gotas sobre agua.
Luego, puerta que se cierra.

9
Varios locutores exasperados durante toda la escena.

La Niña. ¿Y la abuela?
La Esposa. Tiene cosas que hacer.
La Niña. Entonces no te cuento. Es importante. Creo que deberíamos reunirnos las tres y discutirlo.
La Esposa. Hijita, vas a olvidar tu idea. Vamos, cuéntamela. Luego lo discutiremos con la abuela.
La Niña. Un velatorio. Deberíamos organizar un velatorio. Cada vez que alguien muere se organiza un velatorio.
La Esposa. Tu papá no está muerto.
La Niña. Entonces deberíamos celebrar sus cumpleaños con más alegría. E invitarlo, lógicamente.
La Esposa. Está viajando te dije. Lejos.
La Niña. Mamá. Con eso del viaje no me dices nada. Deberías ser más específica. Hay muchas clases de viaje. La muerte podría entenderse como una de ellas.
La Esposa. Hija, te lo ruego.
La Niña. ¿Qué? ¿Qué me ruegas, mamita?
La Señora. Nietecita, ¿por qué no duermes?
La Niña. ¿Por qué no abandonáis la idea de engañarme de una vez? ¿No sabéis, acaso, que desde hoy yo tampoco volveré a dormir?
La Esposa. ¡Fuera de aquí, señora!
La Señora. Estoy en la casa de mi hijo. Cálmate.
La Esposa. ¡Su hijo ya no está aquí y yo le ordeno que se vaya!
La Niña. No te comprendo, mami.
La Señora. Mami está un poco nerviosa. No te preocupes.
La Niña. Abuelita, te quiero. Pero mami quiere que te vayas.
La Esposa llora. No creo poder resistir. Agonía. Agonía.

Desaparecen los locutores.
La Esposa continúa llorando.

La Señora. ¿Dónde vas, nietecita?
La Niña. Me corresponde ayudar a mi mami, abuelita.

Disparo de arma larga.
Cuerpo que cae.
La Esposa grita.
La Señora se levanta y sale.

La Niña. No te inquietes, mami. La abuelita se fue de viaje.

10

Durante toda la escena: Gotas que caen sobre agua.
Crescendo.
Desde la oscuridad, la voz de El Joven.

El Joven. va a estar atendenda una mujer alcanzada por una recciones lamantables qui nos recorden otras mementos otres colomnas etán gresando no ha llagado todovía la cosa di gobirno muy grasas más ión sobre lo concintroción mañana qué va paar las ambolonsas estén despuestas la gen estó agobada ingresá le camonero esporo que el gabierno tienda el masaje que el da le peble el secrtaro do segridad el presiente por puesto delante le colna con más frecoca acú a poc cue las dirg acerco al globa de adntro agua cozco yo do ontes aleja y acrca contracción per distinto dende lu tirra de les pirotas despes di osto qué digrama do morgencia apagán le dici eletrica pro no lloga lo atinc du lis camanterios li jante sta ofrién la jante no me tinde pirsono jeréquico canta se lliga osta osta perte so perde par pre urginsa di on sucar ul bosura yo qué segne yo vene vene vene quín yo no quín a a a ya yo quín vene quín a yo vene yo a quí vene a yo vene quí vene yo lu qui on supa ma ma mi no no ne gle pi yu di ol ong cres d d d d m ou l l m f f f

Gran chorro de agua sobre agua, que sepulta la voz de El Joven.

11
Silencio profundo.

La Niña. Adiós, mamita. Prometo llegarme hasta aquí cada día de tu cumpleaños.
Además de las milanesas, entonces, habrías de preparar papas fritas. Si consideraras que es mucho trabajo para ti, intenta avisarme, y estaré aquí más temprano para prestarte la ayuda que necesitares. No lleves mi foto a la plaza peligrosa. Querría pasar desapercibida para quienes no me han querido como tú,
o como la abuelita. Seguiré escribiéndote a menudo, siempre que pueda.
Sospecho que me aguarda una tarea de mucho tiempo, pero aún así me haré un espacio para recordarte y enviarte algunas señales. Desapareces de mi vida lentamente. Pero en el sector que se encuentra inmediatamente después de la
vida -no sé explicarlo bien, debería dibujarlo, pero tengo cierta prisa-, allí no
desapareces, allí estarás para siempre. No sufras. El agua no está tan fría como quizá puedas tú imaginarlo desde allí.

Gotas de agua sobre agua, hasta el final.
Crescendo.
La Niña se levanta y se interna en la zona de oscuridad.
Es que hay que sentirlo en el cuerpo para saber cómo es en realidad, ¿no te parece?
Pues yo estoy aquí, y puedo afirmarte sin dudas de ninguna índole, que no está tan fría. Es casi como volver a ti, al principio. Tampoco puedo explicarlo bien -también debería dibujarlo, discúlpame-. Casi resulta placentero más que una traba, pero te aseguro que a medida que el agua, cálida como dejé que entrevieras, penetra por mis poros, empieza a serme dificultosa la acción de explicar. ¿Has visto? Dos veces quise explicarte algo y hube de renunciar. Pero no es grave, créeme. No podría explicarte bien por qué. Y es la tercera. Antes de perder otras facultades, anota por favor, niña arroba fatherly punto des punto ar. Será mi nuevo e-mail. Allí, si así lo deseas, me encontrarás, seguramente. Ya te estoy olvidando, mamita. Recuérdame. Ahora estoy viendo. Algo. Confuso.
Todavía. Partes. Otras. Partes. Niña. Father. Ly. Abu. Mami. Aquí. Estoy. Niña.
Aquí. Papá.

Torrente de agua que cae sobre agua.
Largo.
La Esposa se levanta y mira la zona de oscuridad.
Se ilumina todo el espacio.
No hay nada. No hay nadie.
_____________________________________________________________
Marcelo Bertuccio. Buenos Aires, septiembre 1996.

Puestas en escena:  
1998 Teatro Callejón de Buenos Aires. Puesta en escena: Cristian Drut.
1999 Centro Cultural Recoleta. Puesta en escena: Cristian Drut.
2000 Centro Cultural Rojas. Puesta en escena: Cristian Drut.
2000 Wiener Festwochen, Viena, Austria. (Traducción al alemán de Silvia Fehrmann.)
2000 Theater aus Lateinamerika, Schaubühne Linenfelds, Leipzig, Alemania.
2000 Theater aus Buenos Aires, Hebbel Theater, Berlín, Alemania.
2002 Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación. Lima, Perú. Puesta en escena: Urpi
Gibbons.

Publicaciones:
Teatro de la desintegración. Eudeba. Buenos Aires, 1999.

Nueva Dramaturgia de Buenos Aires. Teatro Americano Actual. Casa de América. Madrid, 2001.

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