11/4/16

SALA DE ESPERA de Benjamín Gavarre

SALA DE ESPERA

de Benjamín Gavarre

® contacto: gavarreunam@gmail.com
A la memoria de Raúl, Sergio, Héctor y Luis Pablo.


Vemos la sala de espera de una oficina: un discreto escritorio, dos o tres incómodos sillones y una mesita al centro. En las paredes cuelgan algunos cuadros impersonales: naturalezas muertas. En una esquina, en el suelo, un arreglo floral: rosas rojas. A la izquierda la puerta principal; al fondo, la puerta de un despacho.
En los sillones se encuentran: Sofía (29 años: ensimismada), Sara (35 años: dormida), Francisco (28 años: hojea revistas), Margo (65 años: absorta), y Arturo (38 años: mira la palma de su mano). En el escritorio se encuentra una adusta y eficiente recepcionista: edad indefinida.
Después de unos segundos llega un hombre impecablemente vestido de traje: es El Ejecutivo. Todos lo miran inquietos. El hombre se acerca a la recepcionista y le dice algo al oído. Señalan a Arturo, quien se levanta y les entrega un expediente. El Ejecutivo revisa y firma el documento; la recepcionista lo sella y se lo da de nuevo al Ejecutivo, quien, con aire grave, entra a su despacho. Arturo regresa a sentarse cerca de Sofía.


ARTURO.- ¿Tan seria, Sofía?
SOFIA.- Ya ves.
ARTURO.- Ahí está Sara. Se ve que no ha dormido. Ahí está el buen Francisco, siempre atormentado.
SOFIA.- Le va mal.
ARTURO.- Margo... ¿Ella compró las rosas?
SOFIA.- Seguro.
ARTURO.- No me equivoqué.
ARTURO SE LEVANTA, SE ACERCA A LA RECEPCIONISTA Y LE PREGUNTA ALGO AL OIDO, ELLA ASIENTE. LUEGO REGRESA A SU LUGAR, TOMA UN PEQUEÑO PORTAFOLIOS Y LO ABRAZA, ANSIOSO.
SOFIA.- ¿Ya es hora?
ARTURO.- Todavía no; es hasta que nos llamen.
SOFIA.- Muchos trámites.
ARTURO.- Sí. Cada uno tiene su fecha y su hora. Algunos no tienen prisa; a la mayoría no le importa o ni siquiera lo piensa. (En voz baja.) Yo hice trampa.
SOFIA.- Me lo imaginé.
ARTURO.- ¿Y por qué no? Quise hacerlo.
SOFIA.- Sí.
ARTURO.- Pero ya estoy cansado; quiero reunirme con Sergio. Tenía la esperanza de que surgiera un hecho extraordinario, alguna peripecia inusitada, pero... Nunca hay que forzar las cosas.
SOFIA.- Soñé con una bestia colosal, un toro. Respiraba furioso junto a mí, pero no me embestía. Alguien, un hombre, me dijo: No lo veas fijamente, hazlo bajando la mirada, con la mirada gris, hacia abajo. El toro estaba junto a mí y yo lo acariciaba apenas, como sin hacerle caso. Me gustaba el toro, era mi amigo.
FRANCISCO.- (A Arturo.) A mí me gustaría un café, muy cargado.
ARTURO.- (Refiriéndose a la recepcionista.) ¿Por qué no se lo pides?
FRANCISCO.- Se ve que tiene mal carácter.
ARTURO.- No lo creas. Pídeselo.
FRANCISCO.- (A la recepcionista.) ¿Puedo tomar café?
LA RECEPCIONISTA ASIENTE CON UN GESTO CASI IMPERCEPTIBLE. FRANCISCO VA HACIA UNA MESITA DONDE SE ENCUENTRA UNA CAFETERA. SE SIRVE UN CAFÉ, Y LO TOMA DE PIE, A PEQUEÑOS SORBOS.
ARTURO.- (A Sofía.) Francisco sigue comportándose como un adolescente.
SOFIA.- Y seguirá, pero le funciona.
ARTURO.- ¿Lo sigues amando?
SOFIA.- ¿Qué! Para nada. Yo nunca...
ARTURO.- Te gustaba.
SOFIA.- Esa es otra cosa, pero amarlo... Odio sus métodos de seducción: siempre tan desprotegido, como perrito hambriento.
FRANCISCO.- (Desde lejos.) Soy el hombre de tus sueños, lo dijiste.
SOFIA.- ¡Nunca!
FRANCISCO.- Dijiste que era un amante inmejorable, en tus sueños.
ARTURO.- ¿Es verdad?
SOFIA.- ¡No! (A Arturo.) ¡Cómo puede ser tan vanidoso! Soy la única que no... ¡No voy a decir nada!
FRANCISCO.- (Se acerca a Sofía y mientras sigue tomando su café dice...) Me gustaría desabotonarte la blusa con los dientes, morderte los senos, lamerte los pezones. Quiero abrirte las piernas, meter mi cabeza entre tus muslos, luego...
SOFIA.- ¡Basta! Vete de aquí. (Francisco regresa sonriente a su lugar, siempre tomando pequeños sorbos de café.) Es inconcebible. Es tan vanidoso que sería capaz de acostarse conmigo sólo porque ahora lo rechazo.
ARTURO.- ¿Dices que le va mal?
SOFIA.- A mí él no me importa.
ARTURO.- ¿Te va mal, Francisco?
FRANCISCO.- ¿Mal? Me ha ido de la hiperverga, en varios aspectos, pero lo peor es el dinero. Tengo que encontrar un trabajo estable. He estado comiendo arroz y sólo arroz. Vendí unos cascos de cocacola para comprar queso, tortillas, cigarros, y ya. He comido eso durante tres días. Gracias a Dios hoy me pagaron 800 pesos por una semana de arduo, muy arduo trabajo.
SOFIA.- ¿No te lo dije? Se comporta como perrito sin dueño. Francisquito, ¿no quieres que te preste quinientos pesos?
FRANCISCO.- ¿Sólo quinientos?
SOFIA.- Eres un asco.
ARTURO.- (Sin mirar a nadie directamente.) ¿Y no andas con nadie ahora?
SOFIA.- ¿Yo?
ARTURO.- No, sí, también... disculpa, le preguntaba a Francisco.
SOFIA.- ¿Eso? Sus conquistas le duran una hora... ¿Cuánto duró la última?
FRANCISCO.- ¿Me hablas a mí?
SOFIA.- ¿Dos horas?
FRANCISCO.- Un poco más... La rescaté de un viaje de éxtasis. Veinticinco años, con coche golf, con dinero: dueña de dos casas y más o menos dispuesta. Salimos durante cuatro días, fuimos a comer, vimos teatro, cenamos, comimos... Cogimos muy bien una vez; algunas otras veces simplemente cogimos. El último día que nos vimos, de repente, después de haber visto una obra de teatro en Coyoacán, ya en su casa, la intenté besar.
SOFIA.- Pero no has dicho su nombre.
FRANCISCO.- ¿Quieres nombres y todo?
SOFIA.- Pues sí.
FRANCISCO.- Martha.
SOFIA.- No, en serio.
FRANCISCO.- Así se llamaba, qué quieres. Yo estaba verdaderamente pacheco. Se portó tan evasiva... Yo no sabía qué le pasaba. Me dijo que se sentía como prostituta, que no creía en las relaciones, que siempre acababa sintiéndose fría y lejana, que no quería seguir.
SILENCIO. ENTRA MAX, 39 AÑOS, ALTO Y DELGADO. ES MUY ELEGANTE. SE SIENTA EN UN SILLON, APARTADO DE TODOS. ABRE UN PORTAFOLIOS, SACA ALGUNOS PAPELES Y LOS REVISA RAPIDAMENTE, CON FASTIDIO. SE LEVANTA Y VA CON LA RECEPCIONISTA. ELLA, MUY PROFESIONAL, RECIBE LOS DOCUMENTOS Y LE ENTREGA UN CUESTIONARIO. MAX REGRESA A CONTESTARLO A SU LUGAR.
MAX.- (Habla mientras responde el cuestionario, mirando de vez en cuando a Sofía y a Arturo.) Vi una encuesta en la tele sobre cómo pensaban ciertos grupos que les iba en su vida. Entre mucho mejor y mucho peor había distintas opciones. Yo estoy en la reducida población, 3%, de los que les va mucho peor. Los de mucho mejor son del 3% también. Los extremos siempre engloban a pocos.
SOFIA.-A mí en la vida me va más o menos, ¿en qué porcentaje estaré?
ARTURO.- Yo nunca he creído en las estadísticas.
MAX.- El mío es un problema de comunicación. De no saber tratar al otro, de no interesarme por los demás. Mi problema es desconfiar de los demás, es querer estar solo porque los demás me dan demasiado miedo. Estoy pensando siempre que me van a hacer daño y por eso alejo cualquier posibilidad de establecer vínculos reales. Qué puta neurosis.
SOFIA.- Pobre Max, siempre me ha caído bien, pero es tan agresivo, tan inaccesible.
ARTURO.- Yo creo que es un tipazo, y no te lo digo porque esté aquí presente, lo diría igual. Con él he pasado los momentos más divertidos que recuerde.
FRANCISCO.- A mí al principio, cuando lo conocí, me daba miedo. Me parecía que me iba a fulminar con esa mirada que tiene. Te acuerdas Max, ¿cuando nos fuimos de vacaciones los tres a la playa?
MAX MIRA A FRANCISCO Y POR TODA RESPUESTA EMITE UN GRUÑIDO.
SOFIA.- ¿Cuáles tres?
FRANCISCO.- Pues cuáles: Yo, Arturo y Max.
SOFIA.- El burro primero.
FRANCISCO.- Pasamos una de las navidades más aciagas de que tenga memoria.
SOFIA.- ¡Aciagas!, ¡vaya con la palabrita!
FRANCISCO.- ¿Qué quieres que diga? Horrendas, espeluznantes, ¿jodidas?... ¿Te acuerdas Max?, en Morelia, eran como las dos de la mañana y lo único que tuvimos para cena fue el último hot dog del último carrito de hot dogs que había en el Centro. Un hot dog para tres, fue delicioso.
SOFIA.- Mhh.
FRANCISCO.- Luego, en el hotel, nos atascamos con el pastel de navidad que la mamá de Arturo había cocinado... Una coca familiar y media botella de alcohol de noventa y seis. Estos desgraciados no me dejaron dormir en toda la noche.
SOFIA.- ¿Por qué?
FRANCISCO.- ¿Tú por qué crees?
ARTURO.- (Con doble intención.) Estuvimos "platicando" toda la noche.
SOFIA.- Ahh.
MAX.- Malditos formularios, ¿ustedes creen que yo me voy a acordar de cual es mi número de naturalización? ¿Qué es eso?
ARTURO.- Es sólo para extranjeros, Max. Pero sí, ¡preguntan cada cosa!
MAX.- De repente miro al vacío y no pasa nada. Nada. Sólo me angustio de que no pase nada y de que estoy seguro no pasará nada. Me dan ganas de acabar con todo, pero es solamente una vaga idea. No me atrevería a suicidarme. El caso es que tampoco me atrevo a hacer nada para que mi circunstancia cambie. Qué en serio me tomo, pero el asunto es serio.
SILENCIO.
SE ABRE LA PUERTA DEL DESPACHO Y EL EJECUTIVO APARECE CON UN DOCUMENTO EN LA MANO.
EL EJECUTIVO.- Voy a decir los nombres de las personas que están en el conteo relativo. Debo aclarar que el hecho de que alguno de ustedes esté en esta lista no significa necesariamente que vayan a ser ingresados; sólo indica que han venido cubriendo los requisitos correspondientes y que su expediente está siendo revisado. Al final del día las personas que ya requisitaron la categoría BF 0650 serán llamadas para su ingreso final. Por lo pronto... Señor Arturo Morales Olguín.
ARTURO.- Aquí.
EL EJECUTIVO.- Señor Maximiliano Santos García Oleguibel.
MAX.- Olaguivel.
EL EJECUTIVO.- Señor Joaquín Arizmendi Loaeza.
NADIE CONTESTA
EL EJECUTIVO.- ¿No está?... ¿Señora Consuelo Gutiérrez González?... (Nadie contesta.) ¿No?... Señora Margarita García Olaguibel Miranda.
Margo, quien hasta el momento habia permanecido totalmente absorta, responde con un gesto seco, para retomar inmediatamente la misma actitud.
EL EJECUTIVO.- ¿Señor Jorge Murcio Montoya? (Nadie contesta.) Señorita Sofía Trueba Alcántara.
SOFIA.- Presente, señor.
EL EJECUTIVO.- Señor Francisco Toledano Flores.
FRANCISCO.-Aquí.
EL EJECUTIVO.- Y por último... la señorita María Sara Rendón Batalla...
SOFIA.- ¿No es Sara?
EL EJECUTIVO.- ¿Está?
SOFIA.- ¡Sara, despierta!
SARA.- ¿Qué?... ¿Ya?
EL EJECUTIVO.- ¿María Sara Rendón Batalla?
SARA.- (Adormilada.) Sí, yo...
EL EJECUTIVO.- Parece que ha habido algunos errores en su BF- 005, ¿podría cotejar los datos con Leonor?
SARA.- ¿Leonor?
EL EJECUTIVO.- La recepcionista.
SARA.- Sí, desde luego, señor.
EL EJECUTIVO.- (A la recepcionista.) Hazte cargo.
EL EJECUTIVO VUELVE A SU DESPACHO. SARA BUSCA EN UN MORRAL ARTESANAL DE LANA YA MUY GASTADO. SACA UNOS DOCUMENTOS Y TRATA DE ORDENARLOS.
SOFIA.- ¿Y eso fue todo?
ARTURO.- ¿Querías más? Ya estamos en la lista.
SOFIA.- Pero algunos ni siquiera están aquí.
ARTURO.- Siempre sucede.
SOFIA.- ¿Se imaginan? ¿Que se equivocaran de persona?
FRANCISCO.- Investigan a fondo.
SOFIA.- No sé, quizá no todo lo tengan planeado. Por ejemplo, qué es eso de que todavía usen máquina de escribir, ¿qué no saben que el mundo ha evolucionado?
ARTURO.- ¿Sí?
SOFIA.- ¡Y este lugar... tan sórdido! Es como si las calles y la gente hubieran quedado muy lejos.
FRANCISCO.- Oye, Sara, yo siempre he querido un morral como el tuyo, pero todavía no lo he encontrado.
ARTURO.- No la molestes; ves que se hace cruces con la documentación y tú todavía...
SOFIA.- Yo ya lo he dicho: Francisco es un animal. ¿Te ayudamos, Sara?
SARA.- No, ya casi termino... (A la recepcionista.) ¿La BF-005 tiene que llevar el sello naranja con la firma de recibido?
LA RECEPCIONISTA SIMPLEMENTE ASIENTE.
FRANCISCO.- No, la que es un tormento es la BF- 001 tienes que conseguir hasta el acta de matrimonio de tus abuelos, y luego, cuatro fotografías tamaño postal, tres fotografías mignon, seis fotografías tamaño infantil... Uf...
SOFIA.- A ti esas no te han de haber costado trabajo, las infantiles.
FRANCISCO.- Vieras que sí: son muy caras.
SARA.- Ya está... (Se levanta con un mar de papeles, de ahí saca una hoja y se la entrega a la recepcionista.) Me había quedado con el original. ¿Todo bien?
LA RECEPCIONISTA ASIENTE. SARA SE QUEDA ALGUNOS SEGUNDOS ESPERANDO ALGUN COMENTARIO MAS, PERO LA RECEPCIONISTA, SIN VOLTEARLA A VER, SE LEVANTA CON EL DOCUMENTO Y ENTRA AL DESPACHO DE EL EJECUTIVO.
ARTURO.- Sara: no tienes remedio.
SARA.- Es que estos cabrones...
ARTURO.- ¡Sarita!
SARA.- Es que eso son, unos cabrones. No les importa mi vida, no les importa si tengo que cuidar a mi hijo, no les interesa si tengo que trabajar como una esclava o si tengo que pasarme las noches en vela en el hospital...
ARTURO.- ¿El hospital?... Por qué, qué pasó.
SARA.- Soy una imbécil... (Pausa.) No queríamos que supieras.
ARTURO.- Qué.
SARA.- Es Marco... Está internado.
PAUSA.
ARTURO.- Carajo.
PAUSA.
SARA.- Desde hace tres semanas.
ARTURO.- ¿Muy grave?
SARA.- Delicado.
ARTURO.- Quisiera verlo.
SARA.- Ya sabes cómo es esto: antes que nadie la familia se hace cargo. Es un poco como si se volviera a nacer. A mí me dejaron cuidarlo porque... No sé, la familia de Marco siempre tuvo la idea de que yo había sido su novia o algo así.
FRANCISCO.- Bueno, fuiste una de las pocas mujeres en su vida.
SOFIA.- Francisco, no tienes madre.
SARA.- Siempre había pensado que lo más hermoso de una relación era el romance. Ahora, a pesar de que puedo nombrar a Marco como el hombre de mi vida, pienso que lo más importante para mí fueron estos últimos años, en los que sólo puedo decir que fuimos amigos... (A Arturo.) El sabe que lo quisiste mucho.
ARTURO.- Espero que sí.
PAUSA LARGA. SARA CIERRA LOS OJOS.
MAX.- Soñé una casa luminosa con una enorme alberca, pero enorme alberca. El trampolín estaba muy en lo alto; también había un tobogán. Un clavadista suspendido en las alturas, parecía estar preparado, pero cualquiera hubiera pensado que tenía miedo de caer fuera de la fosa; necesitaba calcularlo todo muy bien antes de entrar al agua. Cuando desperté tuve la seguridad de que "echarse el clavado" era morirse. La fosa de clavados era una tumba.
ARTURO.- Estamos como en guerra o como si fuéramos muy, muy viejos. Estamos llenos de muerte y no sabemos qué hacer con ella.
FRANCISCO.- Yo bebo. Bebo y he bebido todos TODOS los días. Y no me ayuda en nada, a pesar de que por lo menos me emboto y no pienso. Me encuentro no en un callejón sin salida sino en algo peor, un callejón sin el concepto salida. Qué te parece, Arturo, en la última fiesta bebí como hace rato no lo hacía. En el sillón, cuando estaba muy borracho, no sé si oí que hablaban de mí o si de verdad lo hacían. Alguien le decía a otro: "Es una pena verlo así". Creo que lo imaginé, pero es muy triste que me tengan pena.
ARTURO.- Sara me contó que te vio esperando el camión en Insurgentes, que te hizo señas y no volteaste. ¿Verdad, Sara?
SOFIA.- Está dormida. Yo a quien vi esperando en una parada fue a Rubén, ¿se acuerdan de Rubén? El que se peinaba con limón y sacaba puras emebés, siempre tan zalamero y jactancioso.
FRANCISCO.- ¡Zalamero!... Y tú me criticas por mis palabras domingueras. ¡zalamero!
SOFIA.- (Sin inmutarse.) Yo pensé: así que de nada le sirvió sacar puros dieces al buen Rubén. Qué formal es hasta esperando el camión. Se veía desencajado, a punto de la desesperación.
FRANCISCO.- Es que a veces pensamos las cosas un millón de veces antes de simplemente hacerlas. Yo, por ejemplo, sé que es sencillo realizar muchas pequeñas hazañas como... apagar el gas, antes de permitir que se evapore el agua y se queme la olla. Pienso en levantarme y me veo realizando ese pequeñísimo prodigio que es girar la llave del gas y listo, el agua deja de hervir, sin embargo, solamente lo pienso y claro, ¿saben cuántas ollas tengo hechas un chicharrón.
SOFIA.- ¿Qué tiene que ver todo eso con Rubén?
FRANCISCO.- ¿En qué sentido?
SOFIA.- ¿Francisco, dónde aprendiste a pensar?
FRANCISCO.- Sofía, no te gustaría casarte conmigo, me encanta que te pases la vida regañándome.
SOFIA.- Tal vez en otra vida.
FRANCISCO.- Ya dijiste.
LA RECEPCIONISTA SALE DEL DESPACHO DEL EJECUTIVO CON UNA NUEVA LISTA.
LA RECEPC.- ¿El señor Marco Antonio Moncada Escárcega? ¿La señora Nancy Rosedal Torres? ¿Mauricio Parra Solís?
SOFIA.- ¡Mauricio?, ¡Mauricio Parra?
LA RECEP.- ¿Lo conoce?
SOFIA.- ¿Conocerlo? ¿Dijo Mauricio Parra Solís?
LA RECEP.- Así es.
SOFIA.- (A los demás.) ¿Mauricio se apellida Parra?
ARTURO.- Tú deberías saberlo.
SOFIA.- Pues no me acuerdo. Creo que Parra Ceruti (A la recepcionista).. No, disculpe es Mauricio Parra Ceruti. ¿No es ese, verdad?
LA RECEPCIONISTA NIEGA CON LA CABEZA E INMEDIATAMENTE DESPUES SE METE AL DESPACHO.
FRANCISCO.- Insisto en que tiene mal carácter.
SOFIA.- ¿Qué será de Mauricio? Me acuerdo que una vez intenté ir con él al cine y fue un desastre. Ibamos a ver una de Tarkovski, imagínense. El llegó tarde y eso me puso de malas desde el principio. Fuimos a la taquilla y descubrimos que no había boletos. Decidimos ir a tomar una cerveza mientras. Me empecé a sulfurar desde el momento en que se puso a hablar mal de todo lo que veía y a tratarme como si yo fuera una extranjera en mi propio país. Me dijo: (Imita un acento argentino.) "Qué curioso estar rodeado de puros extranjeros". Yo, le contesté: "Mi vida, aquí el único extranjero eres tú".
MARGO, QUIEN HASTA EL MOMENTO HABIA ESTADO SUMERGIDA EN UN ASIENTO POCO VISIBLE, SE LEVANTA, SE ACERCA AL ARREGLO FLORAL, Y EN CUCLILLAS, QUITA ALGUNAS ROSAS. LUEGO, LAS REPARTE A LOS DEMAS, DICIENDO A CADA UNO LA MISMA FRASE.
MARGO.- Es inútil cultivar recuerdos, es absurdo.
LE DICE A TODOS LO MISMO, PERO CUANDO LLEGA CON MAX SE QUEDA UN MOMENTO EN SILENCIO Y LUEGO REPITE:
MARGO.- Es inútil cultivar recuerdos, es absurdo.
MAX.- Siempre has sido tan dura.
MARGO.- He tenido que serlo. Cuando murió tu padre, ni una lágrima.
MAX.- Soy igual que tú.
MARGO.- Eres débil. Has guardado silencio y eso está bien a veces, pero tú has ido demasiado lejos. Aquí están tus amigos.
MAX.- Lo sé.
FRANCISCO.- Déjelo, señora, él siempre ha sido...
MAX.- ¿Yo qué?
FRANCISCO.- Nada, Max. Mira, yo te he estado hablando por teléfono casi todos los días y siempre es la misma respuesta. "Ahora no quiere hablar con nadie, se siente mal". ¿No es cierto, señora?
SOFIA.- Yo también te he tratado de hablar.
MAX.- ¿Y por qué no me han ido a ver? Nunca he salido de casa. (Pausa.) Yo estoy de acuerdo con mi madre: la memoria es inútil. Hay tantas historias absurdas. Me pregunto qué va a pasar con todo lo que he aprendido: tantas lecturas, tanta experiencia. Yo he dado mucho, generosamente, he sido un buen maestro, sobre todo he sido un buen amigo. Ahora estoy cansado. Me sé de memoria lo que viene, ya lo he visto muchas veces. Esta vez me toca a mí. (Pausa.) Voy a darle vuelta a la hoja, todos los demás deberían hacer lo mismo, tú también mamá.
MARGO.- Algunos de ustedes son héroes sin homenaje.
MAX.- Es mejor así, algunos homenajes solamente engargolan el espíritu.
MARGO.- Nunca he dicho nada, pero paso las tardes en silencio, pensando en todos ustedes. Mi vida seguirá entre pequeñas brumas, horarios exactos y visitas cotidianas. No contaré las horas, pero nada será igual.
MAX.- Hay que cambiar de página, madre.
MARGO.- A cambiar de página, amor. (Regresa a su sillón.)
SILENCIO
FRANCISCO.- Cuando murió Esteban había muchas velas, ¿se acuerdan?... Yo había estado con su mamá un buen rato y en eso que me llama no sé quién, creo que Mónica. Pasé delante de la mesita con las veladoras y sentí como si me incendiara pero sin quemarme, una sensación de fuego muy agradable. Estoy seguro que se despidió de mí en esa forma...(Pausa.) Yo no creo que la memoria sea inútil, al contrario, creo que nos da sentido, maldita o llena de luz. Y sin embargo, yo no tengo ningún prueba de las batallas que he vivido, ninguna cicatriz visible... Ni siquiera una señal tan simple como una carta, una foto: todo lo rompo. Es como si muchas historias no hubieran sucedido. No me gustan las cosas, los objetos, los trofeos. Me gustan en las casas de otros, ahí están bien esas pequeñas figuritas, esos diminutos cofrecitos llenos de historias.
ARTURO.- Yo tampoco tengo fotos de nadie, siempre fui muy espartano, como Francisco. La ropa que llevara encima... mis zapatos... y ya.
TODOS VUELVEN A QUEDAR EN SILENCIO. DE PRONTO SOFIA TRATA DE REPRIMIR UNA CARCAJADA PERO NO PUEDE.
SOFIA.- Perdón. Pero es que... Yo me puse hasta mi madre y ¡dije cada estupidez!
FRANCISCO.- ¿En el velorio?
ARTURO.- Sí, todos nos pusimos hasta atrás.
SOFIA.- Le dije a René, el novio de Susana que me encantaba el bulto que tenía bajo la bragueta.
ARTURO.- ¡Cómo pudiste!
SOFIA.- ¿Qué tiene ? ¿A ti no te gusta?
ARTURO.- Por supuesto que no.
SOFIA.- No seas hipócrita.
ARTURO.- Bueno, está bien, un poco, como a todos.
SOFIA.- ¿A todos?... A Francisco no.
FRANCISCO.- ¿A mí no qué?
SOFIA.- A ti no te gusta René, espero.
FRANCISCO.- Qué te puedo decir, aquí está la mamá de Max.
SOFIA.- No creo que, a estas alturas, doña Margo se asuste de nada.
FRANCISCO.- Pues mira, no es mal tipo.
ARTURO.- Paco, no andes tirando anzuelos, que luego no te aguantas. ¿Qué es eso de que no es mal tipo?
FRANCISCO.- Eso, que no es mal tipo.
SOFIA.- ¿Tú también, Bruto?
FRANCISCO.- Sólo dije que no era mal tipo, ¿me van a linchar?
SOFIA.- ¡Pero si parece un mecánico!
FRANCISCO.- ¿No dijiste que te gustaba?
SOFIA.- ¿Tienes algo contra los mecánicos?
ARTURO.- ¿Yo?... No.
FRANCISCO.- No entiendo nada.
SOFIA.- No eres el único. Mira, a mí me gustan pero no en espíritu, ¿me explico?... Quiero decir: el hecho de que me gusten no significa que no me gusten.
FRANCISCO.- Olvídalo.
ARTURO.- Yo tampoco entiendo nada ya.
SILENCIO

SOFIA.- Anoche, como a las tres de la madrugada recibí una llamada grotesca. Era una voz de mujer, casi estoy segura. Me dejó grabado: "Nenita... hazme un 'guaguis' ayy". Fue asqueroso. Por varias razones.
MAX.- No me extraña que precisamente a ti te ocurran ese tipo de cosas.
SOFIA.-¿Y por qué lo de precisamente a mí?
MAX.- ¿No te das cuenta de que eres sumamente vulgar? "Y tú con quién andas... y, ¿no te gustaba fulanito? y ¿no te acostaste con menganito"... Me das nauseas.
SOFIA.- Ushh... Disculpa, men, se me había olvidado que eras aristócrata.
MAX.- Pues aunque te moleste.
SOFIA.- "Maximiliano García Oleguibel". Estás orgulloso del García o del... Oleguibel...
MAX.- García Olaguibel, es apellido compuesto.
SOFIA.- Ohh.
SARA.- Por qué no dejan de pelear.
ARTURO.- Ya despertó Sara.
SARA.- No lo estaba... No estaba dormida. Estaba pensando en que sí, somos vulgares, somos cínicos, insoportables y lo peor de todo, indiferentes. Deberíamos hacer algo por nuestras vidas.
FRANCISCO.- Sara, siempre ha sido una idealista.
SARA.- Y tú crees que es mejor cruzarse de brazos mientras la vida se nos va.
FRANCISCO.- Siempre has sido un idealista y una ingenua. Crees que con afiliarte a la sociedad civil de moda vas a cambiar el mundo. Tú buscas quimeras, héroes imposibles. Vas a las manifestaciones pensando que vas a transformar el mundo y ni siquiera sabes quién mueve los hilos ni con qué intención. Eres ingenua y anticuada.
SARA.- Por lo menos no estoy en la reacción como otros.
FRANCISCO.- Dime reaccionario, pero no anticuado, mírate Sara, pareces sacada del catálogo "Folklorito venceremos", déjame decirte algo, el muro de Berlín ya no existe, es más, ¿sabías que desapareció la Unión Soviética?
SARA.- Yo todavía pienso que hay hombres, y que pronto tendremos un líder a quién seguir.
FRANCISCO.- Sí, Sara, ojalá encuentres uno, te hace falta.
SARA.- No me refería a eso... Mierda, más que mierda.
SILENCIO MUY LARGO.
EL EJECUTIVO Y LA RECEPCIONISTA SALEN DEL DESPACHO, SE DIRIGEN AL ESCRITORIO Y FIRMAN UN DOCUMENTO. VOLTEAN A VER A ARTURO Y LUEGO HABLAN ENTRE SI. FINALMENTE EL EJECUTIVO SE DIRIGE, MUY MOLESTO, A ARTURO...
EL EJECUTIVO.- ¿Señor Arturo Morales Olguín?
ARTURO.- Sí.
EL EJECUTIVO.- Podría ponerse de pie.
ARTURO.- Así estoy bien, señor.
EL EJECUTIVO.- Debo informarle que hemos tenido una serie de desajustes debidos a una incalificable falsificación de su parte.
ARTURO.- No me lo explico, señor.
EL EJECUTIVO.- Según esto, usted debió ser transferido el día 24 de julio del año pasado, pero, por una alteración en su documentación primaria, el ingreso final fue retrasado en por lo menos doscientos cuarenta y tres días ejecutables. Los límites que usted ha traspasado impiden que le sea concedida la prórroga opcional. Asimismo, le informo que en el próximo ciclo le serán confiscados el número de días sustraídos más un 37% como recargo. ¿Tiene algo que decir en su favor ?
ARTURO.- Nada, a usted no tengo que decirle nada.
EL EJECUTIVO.- Muy bien. Entonces... acompáñeme.
ARTURO.- Voy a despedirme.
EL EJECUTIVO.- De ninguna manera.
ARTURO.- ¿Y quién me lo va a impedir? ¿Usted?
EL EJECUTIVO.- (Mira su reloj.) Tiene un minuto.
EL EJECUTIVO ENTRA A SU DESPACHO; LA RECEPCIONISTA SE SIENTA, IMPASIBLE, EN SU ESCRITORIO. ARTURO SE QUEDA EN MEDIO DE LA SALA CON LA MIRADA EN EL PISO. SOFIA SE LEVANTA, LO ABRAZA INTENSAMENTE, LO BESA Y LE ACARICIA EL CABELLO. FRANCISCO SE LEVANTA Y SE UNE AL ABRAZO. LUEGO, ARTURO SE SEPARA DE ELLOS Y VA CON SARA, QUIEN SOLLOZA EN EL SILLON, LA ACARICIA Y LA BESA; LUEGO SE DESPIDE DE MARGO CON UN BESO EN LA MEJILLA. FINALMENTE SE ACERCA A MAX, LE TIENDE LA MANO, PERO EL ESQUIVA LA MIRADA.
ARTURO.- ¿No te vas a despedir?
MAX.- No.
ARTURO.- ¿Por qué?
MAX.- Prefiero irme contigo.
ARTURO.- No entiendo, te quedan todavía algunos días, meses quizá.
MAX.- Prefiero irme.
ARTURO.- (A la recepcionista.) ¿Puede hacerlo?
LA RECEPCIONISTA ASIENTE CON UN GESTO INDIFERENTE.
MAX SE LEVANTA, TOMA SU PORTAFOLIOS Y DICE SIN MIRAR A NADIE:
MAX.- Adiós a todos.
EL EJECUTIVO VUELVE A ASOMARSE Y MIRA A ARTURO SIGNIFICATIVAMENTE.
EL EJECUTIVO.- Ya es hora.
ARTURO.- (Por Max.) Viene conmigo.
EL EJECUTIVO.- Es su decisión, todos sus papeles están en orden
ARTURO.- Lo ves, Max: todo está en orden, qué curioso. Yo pensaba que tenía algo más que hacer o qué decir, pero no... Nada qué hacer, Max. Nada.

SE DIRIGEN HACIA EL INTERIOR DEL DESPACHO. EL EJECUTIVO CIERRA LA PUERTA.



FIN
® Benjamín Gavarre
sogem

Gavarre Benjamín DELIRIO 23


 

   





 

Delirio 23



Farsa absurda en dos días

de Benjamín Gavarre

® contacto: gavarreunam@gmail.com


Primer Día

El escenario estará casi vacío. Luces azules y naranjas. Enormes pinturas de cítricos en mitades. Al fondo, majestuosas las Famosas 23 Puertas. El vestuario, en colores vivos. El Discípulo Caballón será el único que vista en colores neutros (pero usará coturnos). Los GARRAFONEROS tendrán, cada uno, una corona de laurel.















En una gran piedra pintada de blanco estará sentado Ariosto. Usa una camiseta hasta los muslos y una bufanda con la que juega.

ARIOSTO.- Quisiera...  No, no, no. La palabra indicada es quiero. ¡QUIERO! (Reflexiona) Pero qué, qué, quéeeeee!!!!!! ¡Ya lo tengo! (Se levanta) Quiero preparar un buen plato de PERAS DIVERSAS. Mhhhh. Con una buenísima salsa de caracoles empotrados y un batido de zanahorias BERMEJAS alrededor. Sí. Pero antes necesito que Orlando regrese de su RONDA y entonces le pediré... Ah, no: le exigiré... LA RECETA de las ¡PERAS DIVERSAS!!! Le pediré la receta, y me la dará, porque si noooooooo.........

ORLANDO.- ¿Peras Diversas??? ¿Peras diversas!!!! (Amenazante) No vuelvas ni siquiera a pensarlo o a murmurarlo debajo de la regadera.... Qué no sabes mi querido, mi pequeñísimo Ariosto, que el Discípulo Caballón ha PROHIBIDO utilizar los refractarios cúbicos en el Recinto?...

ARIOSTO.- Nooo. Tú quieres engañarme. (Juguetón.) Apostaría que todo lo haces para no darme la receta de...

ORLANDO.- ¡Calla!

ARIOSTO.- Oh, sí, callaré y no podrás a ver El Aire Disecado de mis Palabras Suculentas.

ORLANDO.- ¡Suculentas?... Lo que es hoy tu Mente se ha Disecado en una porción bastante condimentada de tu estómago.

ARIOSTO.- ¿Es decir????

ORLANDO.- Quiero decir NADA, y cuando digo Nada, es que no me importa lo que te pase, ¡está claro?, ni lo que sientas, ni nada.... (Furioso) ¿¡Podrías dejar de estar jugueteando con tu bufanda!!???

ARIOSTO.- ¡¿Son Alientos Marinos los que el Señorito tiene entre dientes???? Mejor sería que te sentaras y cultivaras pacientemente a la MONOTONÍA.

Orlando se sienta y Ariosto empieza a dar vueltas en toro a él modelando su camiseta que le llega a los muslos.

ORLANDO.- Buff, Buff. Estás provocando mis sentidos penibatorios con tu caminar esférico, amado Ariosto. Cesa, cesa, cesa, riqueza de tus movimientos azulados... Y escucha, escucha, escucha lo que traigo para ti del mercado del Recinto.

ARIOSTO.- Habla pues y Recomienda a tus Neuronas que no se esfuercen en vociferar tonterías.

ORLANDO.- ¡Qué vociferas tú???

ARIOSTO.- Que no te confundas con las palabras.

ORLANDO.- Ah, eso querías decir.... (Después de una pausa en la que se ha chupado el dedo meñique) ¡Bueno!... Te diré el mensaje del mensaje del Gran Recinto. (Ampuloso) Has de saber que el Discípulo Caballón cocinará para la Próxima Batalla una Tómbola... Una Tómbola en la que tendrá como innovación estremecida: La Tierna historia de arrojar vasos de vidrio llenos de agua a todos los premios anhelados de la Gran SAGRADA Tómbola....

ARIOSTO.- Y eso a mí en qué me afecta.

ORLANDO.- ¡Pero qué grosero y villano alfeñique de falda hueca! (Pausa) En fin... es INEVITABLE que todos los miembros del Recinto: es decir incluido Túuuuuu (Cansado) Ah. En fin. Lleve en sus manitas huesudas su dotación simple de agua cristalina.

ARIOSTO.- Haberlo dicho sin tantas remambarambas... ¿Y cuándo tendrá lugar la Rica Tómbola?

ORLANDO.- El siguiente día. 

ARIOSTO.- Pues no prolonguemos el instante. Encaminémonos al Recinto y preparemos nuestra dotación de Sucios Vasos de Cristal Irrompible.

Salen. Se oye el ruido de un avión que despega.


Entran tres hombres con garrafones de agua vacíos al hombro. Se reúnen en un punto del escenario.

GARRAFONERO 1.- Voy a llenar  el Gran Garrafón y aventaré todo Gran Garrafón y toda agua a la JETA inquieta del Discípulo Caballote.

GARRAFONERO 2.- No, no, no, no. No caballote. Caballón. Se llama Caballón. Discípulo Caballón, hijo del Genio Caballón, guardián de las 23 puertas del Recinto. Y a quien debemos arrojar el gran garrafón lleno de agua no es al Discípulo, sino, y escucha bien, a la TÓMBOLA, a la Gran Sagrada Tómbola.

GARRAFONERO 1.- Pues yo aventaré a gran Jeta de Caballote garrafón. Y tú explicar tus tus tus nueces a tu armadillo preferido.

GARRAFONERO 2.-  ¿Por qué quieres atentar contra el Discípulo del Recinto?

GARRAFONERO 1.- Porque yo... yoooo.... yoooo... BUAHHHH! (Grotesco) Yo dar MIS CINCO PEQUEÑINES PREDILECTOS A LA TÓMBOLA Y LOS PARTICIPANTES romperán sin brevedad a los cinco BEBITOS que doné, que yo regalé, con mucho cariño y abnegación, a las fuerzas del Recinto.

GARRAFONERO 3.- Los regalos son engaños: si tú regalaste a tus nenes para la gran Sagrada Tómbola, tú contento y no hacer tonterías.

GARRAFONERO 1.- Romperé su cabezota.

GARRAFONERO 2.- ¿A quién? ¡Por qué?

GARRAFONERO 1.- Al Caballote Caballón, yo le dejaré sin dientes y sólo podrá comer carne de verduras sustanciosas.

GARRAFONERO 3.- Será mejor que llenemos los garrafones con el líquido y estemos listos. Preparados. Listos. Preparados para la Gran Sagrada Tómbola.

GARRAFONERO 2.- Vamos pues, y tú, GARRAFONERO UNO, no te atreverás más que en sueños a rebelarte.

Salen de escena.


Entra el DISCÍPULO CABALLÓN seguido de VEINTITRÉS pelotas más o menos grandes.


DISCÍPULO CABALLÓN.- (Habla al Público) Ah, súbditos. ¡Ahhhhh Súbditooooossss! Compañeros de campanas  y globos atormentados. Yo les aseguro que la decisión tomada por Mí es gozosa, simple y  de manera VERTICAL... la única posible. Casi, casi (a punto de llorar) ...casi... ¡Achúuu! (Se limpia la nariz) ...Les decía: Casi tan insólitamente bien pensada como la que tomé el día 23 en el que decidí de manera autónoma y sentimental, el (a punto de llorar o estornudar) ...¡Sustituirlos! (Lacónico) Es decir remplazarlos... A… ellos… en fin… a ellos… (Triunfal) por inteligentes pelotas de colores magistralmente escogidas por mí. Por MÍ. ¡Por MMMMIIIII!!!! (Formal, a una de las pelotas) O usted qué opina mi querido ministro... ¡No me diga! ¿Usted opina mi selecto ministro que mi decisión de fabricar la Tómbola, la gran Sagrada Tómbola es UNICAESTUPENDA. Simplemente VERTICAL? ¿Noooo? ¿O Nooooo?... Je, je, gracias. Es precisamente lo que pensé que contestaría... Pues sí, pues veamos mis redondos súbditos: Aquí se acercan Ariosto y Orlando y seguramente se postrarán ante mí, como es consecuencia.

Entran Ariosto y Orlando con sendos vasos DE VIDRIO  llenos de agua.

ARIOSTO.- (A alguien del público) ¡A mí! ¡¿A mí??? ¡¿A mí me está mirando Usted? (Al Discípulo Caballón) ¡¿A mí?!... eso es lo último que me faltaba. Después de prohibir LA RECETA DE PERAS DIVERSAS (Al Discípulo Caballón) Usted se atreve a mirarme a míii. Usted se atreve a MIRARRRMEEEEEEEEEE!!!

DISCÍPULO CABALLÓN.- (Amable) No sólo a ti Ariosto, sino también a tu compañero Orlando. Se vuelven cada día más tiernos y bestiales. Ah, pero veo que tren su dotación de vasos de vidrio con cristalino líquido, y por adelantado.

ORLANDO.- Cloro, dogo, digo, claro… ¡CLARO!, su Majestad. Como respuesta a vuestra erecta…

DISCÍPULO CABALLÓN.- ¡No!... (Pausa) …Vertical .

ORLANDO.- Por supuesto. Vuestra VERTICAL decisión de la Tómbola de mañana. Decía… Ah sí… En vista De VUESTRA SABIA Decisión… Nosotros… hemos decidido a nuestra vez ADELANTAR la Dotación de líquido líquido. Adelantadamente.

ARIOSTO.- (Irónico) Claro… Quisimos calentar el agua EN NUESTRAS BOCAS  y así el día De MAÑANA beberemos el agua caliente con un poco de azúcar y dos terrones de CAFÉ.

DISCÍPULO CABALLÓN.-  (Siempre amable) Al contrario.

ARIOSTO.- (Furioso) ¡Se atreverá Usted a Impedirlo?

DISCÍPULO CABALLÓN.- No, por supuesto, ni pensarlo: sólo he querido decir, mi amado Ariosto que los terrones no suelen ser sino de azúcar.

ARIOSTO.- Ah, bueno, si es así no creo que haya problema alguno. Terrones son terrones.

ORLANDO.- ¡Basta Ariosto! ¡Te atreves a ir en contra de la Justicia del Discípulo Caballón??? Recuerda que él es el hijo de Nuestro Fundador, el Genio Caballón, Guardián de las veintitrés Puertas.

ARIOSTO.- (Insolente) Y dígame señor Caballón… ¿A qué se debe la decisión de destrozar los premios de la Tómbola con lanzamientos de vasos de agua?????

DISCÍPULO CABALLÓN.- Pues… pregúnteselo a mi Primer Ministro. Él le sabrá responder.

ARIOSTO.- No, no es necesario. Creo que será una buena respuesta. ¿Verdad que será una buena respuesta, Orlando?

ORLANDO.- Así lo pienso, y será mejor que dejemos a la Corte caminar a su destino. Hasta la Tómbola de Mañana, Discípulo Caballón. ¡Hasta la vista, miembros distinguidos de la Corte del Recinto!!!

DISCÍPULO CABALLÓN.- Hasta la Tómbola pues y no olviden su dotación de vasos de agua.

ARIOSTO.- No lo olvidaremos, Majestad, no lo olvidaremos.

ORLANDO.- Hasta luego.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Hasta mañana.

ARIOSTO.- Hasta la Tómbola.

ORLANDO.- Adióoooooooooos.

Desaparecen todos rápidamente, al último las Pelotas-Ministro.  Se vuelve a oír el ruido de un avión que despega.

 

Oscuro





Segundo Día

Vemos una enorme caja naranja y en letras negras la leyenda La Gran Sagrada TómbolaAl lado de la caja, en un bastidor, está pintada la imagen de una gran sonrisa. En otro bastidor vemos la imagen de dos grandes colmillos amarillos. En un estrado, muy dignas, están las “Pelotas-Ministro” del discípulo caballón.
Al comenzar la escena estarán congelados los tres GARRAFONEROS con sus recipientes llenos. Orlando y Ariosto lanzan vasos llenos de agua a la caja enorme, y cada vez que lo hacen el vaso cae al fondo de la Caja y produce un sonoro estallido de cristales que inunda todo el espacio. Después de cada “lanzamiento de vasos con agua”, Orlando y Ariosto se muestran eufóricos, o bien observan minuciosamente a los tres grotescos personajes, como esperando que reaccionen.

ARIOSTO.- (Lanza un vaso más)  ¡Es ridículo! ¡Una caja que dice ser la Gran Sagrada Tómbola, pretende Ser: la Gran Sagrada Tómbola????

ORLANDO.- Tómbola, tómbola, tómbola no muy tómbola.

ARIOSTO.- Claro, que no. Ni siquiera gira, ni siquiera da vueltas, ni se puede escoger nada, ni ganas nada, qué caso tiene. Sólo puedes arrojar vasos de agua a la Muy Sagrada y escuchar cómo se rompen los vasos. (Arroja un vaso más y se escucha el estallido de vidrios). ¿Lo ves? ¿Gana algo uno con el estallido de vidrios? (Vuelve a arrojar un vaso, seguido de estallido. Orlando lanza el suyo: vaso, estallido). No gana uno nada.

Pausa. Los dos bostezan, y se quedan viendo impasibles a los GARRAFONEROS.

GARRAFONERO 1.- (Se descongela, muy circunspecto, a Ariosto...) Perdone el allanamiento de su personalidad, pero tengo la sensación del deber de comunicarle a usted por medio de esta interrupción…

ARIOSTO.- (Fastidiado) ¡Dígame!

GARRAFONERO 1.- (Al borde del llanto) Se lo diré:  mis niños. Mis criaturitas preferidas. Mi mundo interior. Mi todo...

ARIOSTO.- ¡Y eso a mí en que me afecta!

GARRAFONERO 1.- (Furioso) A usted en nada por supuesto. A usted… ¡Qué le va a importar! Oh, pero a mis cinco pequeñitos indefensos que están allí dentro, en la purulenta Tómbola Gran Sagrada ¡OHHH! (Se abraza de su garrafón y trata de meter la mano por la boca del recipiente).

ARIOSTO.- Ah, se trata de sus hijitos, de sus mascotitas. No parece ser del tipo, no Orlando. Nunca pensé que bichos semejantes tuvieran hijos.

ORLANDO.- Todos pueden ser padres. Algunos hasta tienen más de dos, hasta más de cinco. Lo ves Ariosto, es cosa de animarlo a que tenga más hijos.

ARIOSTO.- Así es, mentecato: Usted puede tener más hijos.

GARRAFONERO 1.- No quiero más hijos, Señor. Quiero a mis cinco chiquitines, a mis cinco, mis cinco, mis cinco querubines, Ohhhhhhh.

ARIOSTO.-  (A Orlando) Voy a vomitar. (Supuestamente compasivo, al GARRAFONERO 1)  No se preocupe, seguramente se salvaran, ya que el agua que le arrojamos está especialmente a la temperatura necesaria.

GARRAFONERO 1.- ¿Y los pedazos de vidrio?

ARIOSTO.- ¿Los vidrios? (A Orlando) No arrojamos pedazos de vidrio, o sí.

ORLANDO.- No, sólo arrojamos vasos completos. Y el agua es inofensiva, además está tibia. Previamente la calentamos en nuestras bocas como todo el mundo sabe.

ARIOSTO.- Es cierto, por otro lado, sus pequeñines estaban al fondo de la tómbola, o no tanto. Debo decir, para su consuelo, que la tómbola, por muy sagrada que sea, es un fiasco, no gira ni nada. ¡No da vueltas!, ¡no tiene premios! ¡Qué caso tiene!!!!!!

ORLANDO.- Sí, no se preocupe. No da vueltas. Así que sus pequeños no corren peligro, lo ve. Además si hubieran sufrido algún daño, pues ya los habríamos oído. Y no hemos oído nada, ni que lloren ni nada.

ARIOSTO.- Sí, no se preocupe Usted. Yo sólo escucho un silencio sepulcral. (Voltea a ver con un gesto  cómplice).

GARRAFONERO 1.- Mis hijos. Mis hijitos. Ayyyyyy.

ORLANDO.- (“Conciliador”) En cierto modo tiene razón nuestro amigo, Ariosto. No sólo los pequeñines se destruirían sino todas las aportaciones de los miembros a la Gran Sagrada Tómbola. Imagínate ¿cuántos platos suculentos y vertiginosos hay allí dentro?

ARIOSTO.- Además de las mascotitas claro. Sí, es cierto. No creo que nada se destruya. Incluso la sogadelsentidoestricto fue incluida por unos de los miembros más eminentes del Recinto. Eso lo sé. Lo sé, lo sé.

GARRAFONERO 2.- (Se descongela)  ¡Qué dice! ¡La sogadelsentidoestricto está en peligro? Hay pedazos de vidrio, los vasos rotos, usted sabe, los cristales, el agua.

ARIOSTO.- Sí, podría estar en peligro, pero no se apene, no creo. Cuando mucho llegará a mojarse un poquitín,  o algún pedazo de vidrio se enredara con ella. Pero el sentido estricto siempre será el sentido estricto, y la soga soga.

ORLANDO.- Eso digo yo, y la soga soga.

GARRAFONERO 3.- (Se descongela: a los otros GARRAFONEROS) ¿saben cual será el destino de la Tómbola Sagrada una vez destruida?

GARRAFONERO 2.- ¿Será Destruida?

GARRAFONERO 1.- ¡Destruida, Mis hijos, ayyyyyyyy!

ARIOSTO.- (Atroz) La tómbola, la Gran Sagrada Tómbola, una vez destruida, será... Será guardada en la puerta número 28.

ORLANDO.- ¿Bromeas?, si sólo son 23 las puertas.

ARIOSTO.- El Discípulo Caballón, a la muerte del Genio Caballón decidió inaugurar 23 puertas más, pero ástas serían identificadas por medio de números irracionales. 

ORLANDO.- ¿Pero  el número veintiocho es irracional?

ARIOSTO.- Así es.

ORLANDO.- No entiendo nada.

ARIOSTO.- Ah, tienes razón, Orlando. Este es el mundo en que vivimos. No tiene mucho sentido verdad, jejejeje. Jajajajajajaja... Eso creo...  Pero... En fin... Por fin. Se acerca nuestro Discípulo Caballón: tendré que escupirle en la cara.

Entra el DISCÍPULO CABALLÓN. Los tres GARRAFONEROS se postran ante él y se congelan.

DISCÍPULO CABALLÓN.- ¿Por qué quieres escupirme, Ariosto?

ARIOSTO.- Eso a usted no le importa, y para que se enoje más: no descuidaré mi saliva de su rojiza cavidad.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Bueno, bueno. ¡Bien!... Decía... Mis muchachos, encantadores ministros, amados súbditos: voy a decir mi discurso de inauguración con motivo de la destrucción de la gran sagrada tómbola.

GARRAFONERO 1.-  (Se descongela) Antes quiero decir que no estoy de acuerdo.

GARRAFONERO 2.- Ni yo.

GARRAFONERO 3.- Yo.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Je, je. Claro, claro. “Yo”, je je. En fin. Siendo las 23 horas de este magnífico Paraíso del Recinto, me permito…

ORLANDO.- ¿Me permite decir que yo tampoco estoy de acuerdo? 

DISCÍPULO CABALLÓN.- Desde luego… Decía. Me permito: dada la investidura que mi antecesor, mi Padre, el Genio Caballón, me confirió el día 23 de Otro tiempo… Inaugurar…

TODOS.- ¡Nooooo!

ARIOSTO.-  ¡Me niego!

DISCÍPULO CABALLÓN.-  Y sin embargo es una idea soberbia de, de, de, decididamente Vertical.

ORLANDO.- (Ecuánime) Piense por un momento. Si una vez destruida la Gran Sagrada Tómbola es remitida a la puerta número veintiocho... Tal vez encierre de por vida a cinco pequeñines angustiados.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Oh, sólo son cinco.

ARIOSTO.- En eso tiene razón Sólo son cinco.

GARRAFONERO 1.- (Llora) ¡Oh, desdichado! (Mete la mano en la boca del garrafón) ¡Mis pobres pequeñitos querubines multicolores!

DISCÍPULO CABALLÓN.- ¡Son peces?

ARIOSTO.- No se sabe... Son pequeñitos, son sus hijos. Eso sí, ni hablar.

ORLANDO.- Las circunstancias hablan por sí mismas.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Habría que conocer la opinión de los pequeñines.

GARRAFONERO 1.- (Lastimeramente) ¡Son sordos!

ARIOSTO.- (Obvio) Pero podrán hablar. (Al GARRAFONERO 1) ¿Sí pueden hablar?

ORLANDO.- Yo propondría una solución intermedia a la disputa.

ARIOSTO.- Sí, tengo hambre.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Eso implicaría un nuevo decreto. Voy a consultarlo con mis ministros. (Se acerca a los balones y los empieza a “interrogar”). ¿Sí o sí?...  Ah, lo siento mucho... ¿Y usted?... (Pausa, “oye” otra de  las opiniones de uno de sus “ministros”) Bueno, no es para tanto... ¿Y ustedes dos?... Claro. Eso mismo pienso yo. Bueno, parece que la solución intermedia ha sido estudiada y aprobada.

TODOS.-  ¡Bravo! ¡Viva! ¡Bravo!

DISCÍPULO CABALLÓN.- Dictaré El Nuevo Decreto: Siendo las horas pertinentes al caso... y sabiendo que la decisión expresada será la mejor posible… (Mira asustado a todos.) …Dictaré el siguiente…

ARIOSTO.- Sí, sí, adelante, siga, continúe usted … ¡O LE ESCUPO!

DISCÍPULO CABALLÓN.- Ya voy,  ya voy. Decía: Pronunciaré … El siguiente...

TODOS.-  (Exasperados) ¡Bueno,  ya!

DISCÍPULO CABALLÓN.- Es cosa de tomar tiempo. Son asuntos serios. Se tiene. que analizar, considerar, tasar, evaluar... ¡PONDERAR!

ORLANDO.- Es evidente.

ARIOSTO.- No tanto.

GARRAFONERO 1.- Hay que dejarlo solito para que piense.

ORLANDO.- Ah, no. Solo no se quedaría. Estaría  siempre cerca de  todos los Ministros.

ARIOSTO.- ¡Y para qué dejarlo solito? Después, cuando regresemos, será necesario que todos estemos de acuerdo en la decisión que se tome.

ORLANDO.- ¿Sería necesario?

ARIOSTO.- Evidentemente sí.

ORLANDO.- Entonces, si tú lo dices (Ampuloso) ¡Es necesario! ¡Será necesario! Muy necesario.

DISCÍPULO CABALLÓN.- Es necesario que guarden silencio.

ARIOSTO.- Si yo lo decía, hay que hablar, antes de disentir.

GARRAFONERO 3.- ¿Quéeeee?

DISCÍPULO CABALLÓN.- (Enojadísimo) ¡CÁLLENSE TODOS! (Largo Silencio) ...Les decía: Siendo estas horas de hoy que no recuerdo. Pronunciaré el siguiente decreto. DECRETO QUE CADA QUIÉN HAGA LO QUE QUIERA.

ARIOSTO.- Ah, no, esto no me lo pueden hacer a mí. Yo no tengo por qué soportar tanta injusticia. Es más, me voy. (Da dos pasos) Mejor me quedo. Pero hay que salvar a los pequeñines.

ORLANDO.- Eso digo yo, salvarlos.

GARRAFONERO 1.- Es demasiado tarde.

ARIOSTO.- Sí, a estas alturas, si no están muertos, por lo menos... estarán agonizando. Podemos investigar. Voy a tirar otro vaso de agua a la Tómbola, a ver si reaccionan. (Echa el contenido de agua a la tómbolapero sin el vaso) Lo ven, no se escucha nada. Están muertos.

GARRAFONERO 1.- Pues yo tiraré el agua en el sitio más indicado (Le echa el contenido de un vas al DISCÍPULO CABALLÓN).

ARIOSTO.- Yo estoy de acuerdo (Le tira el contenido de otro vaso al DISCÍPULO).

TODOS.-  (Lo bañan) Todos estamos de acuerdo.

DISCÍPULO CABALLÓN.- (Casi llora o estornuda) Ministros. Esto es humillante. Yo renuncio. Me encerraré en la puerta 23 y ni con sus lamentos más histéricos lograrán hacer salir mi hermoso cuerpo (Muy digno) Hasta que acabe mi tormento, sinceramente, ¡LOS ODIO! (Se va corriendo).

ARIOSTO.- Ah, no era para tanto.

ORLANDO.- Ya verás, va a regresar. Siempre lo hace... Y qué hacemos ahora. ¿Salvamos a los pequeñines?

GARRAFONERO 1.- ¡Están Muertos!

ARIOSTO.- ¡Ya lo comprobó?

GARRAFONERO 1.- No, ¡me ayudan?

ARIOSTO.- Eso es cosa suya, ¿no cree?

GARRAFONERO 1.- Sí, es cierto. (A los otros GARRAFONEROS) ¿Me ayudan?

GARRAFONERO 2.- No sé.

GARRAFONERO 3.- ¿Y si nos bañamos antes?

GARRAFONERO 2.- Esa es la primera idea sensata que oigo. Yo primero... (Vierte el contenido de su garrafón en la cabeza del GARRAFONERO 1)

GARRAFONERO 3.- No, ¿de quién fue la idea? Mía, ¿no? Pues entonces... Yo primero ( A su vez, vierte el contenido de su garrafón en la cabeza del GARRAFONERO 1)

GARRAFONERO 1.- ¡ Ah, sí... Pues yo también puedo ser primero (Vacía el contenido de su garrafón en la cabeza de los otros dos. Orlando y Ariosto se alejan subrepticiamente).

LOS TRES GARRAFONEROS.- Eh, bravo. Tú primero. Nooo, yo primero, no él primero, eh.  ¡Bravo!

ARIOSTO.- Pero qué odiosos.

ORLANDO.- Sí.  ¿Tú crees que los pequeñines se salven?

Los GARRAFONEROS quedan una vez más congelados en posiciones muy grotescas.

ARIOSTO.- (Juega con su bufanda) Se salvaran, no se salvarán... Es un asunto que ahora no me preocupa.

ORLANDO.- ¿No?

ARIOSTO.- Lo que me gustaría saber ahora, mi amado, mi muy querido Orlando, ya que no hay ningún inconveniente para ELLO...

ORLANDO.- (Turbado) ¿Sí??

ARIOSTO.- Podrías, es decir, no tendrías inconveniente en darme, es decir, yo... (Decidido) ¡Podrías darme la receta de LAS PERAS DIVERSAS?

OSCURO

SE OYE UN AVIÓN ATERRIZAR
Fin

           ®   Benjamín Gavarre