MONÓLOGOS Maxi de Diego

MONÓLOGOS
Maxi de Diego

DIEZ
Elogio de la lentitud
(Veremos al protagonista de este monólogo moverse con lentitud
durante toda la escena. Está grabando en una pequeña grabadora lo
que dice.)
JESÚS: Ayer volví a perder a mis amigos. Siempre van con prisa a todas
partes. Ellos dicen que soy lento. Pero yo soy así. Me gusta moverme
como gravitando en el espacio, como si acariciara el suelo que piso,
como si me abriera paso entre las ramas de un bosque espeso.
La verdad es que mi lentitud me trae algunos problemas. Una vez,
después de un concierto, iba a besar a una chica, fui tan lento, no en el
beso sino en el acercamiento que ella se levantó y se fue.
En clase, un desastre, no me da tiempo a contestar nada en los
exámenes, aunque me lo sepa. Menos mal que el de sociales se dio
cuenta y me los hace en partes. El último durante toda una semana.
Saqué un 6, todo un éxito.
Mis amigos, cuando salimos, siempre me dejan solo. No aguantan mi
paso de caracol, como ellos dicen. Bueno, me dejaban, ahora siempre
voy con Jaime, el investigador de olores11, cada paso se para a oler
cualquier cosa por rara que sea. Nos hemos hecho buenos amigos. Yo
empiezo a aprender de aromas y él a caminar como una tortuga coja.
Llevo unos días especialmente ilusionado. Mi madre me ha prometido
comprarme un coche cuando cumpla 18 años. Me quedan tres, así que
puedo ir aprendiendo poco a poco. Mañana empiezo las clases del
teórico. ¿Conseguiré llegar a tiempo a los sitios? ¿Conduciré también
con lentitud como cuando voy en bici? Todo un misterio.
Yo sé que mi vida será diferente, tal vez al ir tan lento mi vida sea más
larga. O tal vez no. Pero me gusta como soy. Aunque he de confesaros
algo: me da miedo vuestra velocidad. ¿Os da tiempo a mirar?
Sé que algún día seré famoso. No sé por qué. Pero lo intuyo. Quizás me
llamen El hombre lento. Tal vez descubra la importancia de la calma
para el cerebro humano. O tal vez no. Por si acaso grabo esto. Me agota
hablar tan rápido, pero es necesario. (Agotado dejará de hablar a un
ritmo normal como hasta ahora y lo hará mucho más despacio. Corta la
grabación.) Ya no puedo más. Me voy a dormir. Mañana tengo que
madrugar para llegar a clase a tiempo. (Lentamente, muy lentamente, se
hace el OSCURO.)

ONCE
Una chica normal
SARA: Soy una chica normal. Ningún escritor en su sano juicio se
atrevería a escribir ni siquiera un monólogo sobre mí. Mi vida se resume
en pocas palabras: voy al instituto, desayuno, como, ceno. Los fines de
semana voy a la discoteca o al parque y ya está.
Tal vez podría hablar de mi aburrimiento en clase. (El entusiasmo con
que dice lo siguiente debe ir en aumento.) Menos cuando la profe nos lee
poesía o cuentos o cuando nos enseñan cuadros o esculturas. También
me gusta eso del cuerpo humano, lo de las plantas es curiosísimo, pero
sobre todo, las matemáticas. Cuando en inglés nos ponen esas
canciones y descubro lo que dicen se me pasan las clases volando. Pero
en general me aburro. Bueno, todos dicen que el insti es aburrido. Ya lo
dije, soy una chica normal.
No sé de qué más podría hablar ese absurdo escritor. Tal vez de lo que
pienso siempre que voy a la discoteca. Me veo a mi misma, y no porque
haya tomado alguna pastilla de esas, que no las pruebo, o bebido
alcohol, que no me gusta, me veo a mi misma en lo alto de una montaña
a la que he llegado por un bosque por el que discurre un río enorme.
Desde esa montaña se ve un mar de nubes blancas y otras montañas
también muy altas, altísimas. Aunque la música me reviente los oídos yo
siempre me veo en lo alto de la montaña. Y disfruto y entonces me
pongo a bailar como todo el mundo, de pura sensación de felicidad.
Bueno, a lo mejor, ese extraño escritor podría hablar de mi sueño, de mi
ilusión. Tan normal como otros sueños. Todos los días, todas las noches
sueño con lo mismo. Es algo que me llena por dentro, que ocupa todo
mi ser. Me da vergüenza, sí, porque es un sueño muy normal. Pero
tengo que contarlo, para demostrar que no tiene sentido escribir ni
siquiera un monólogo sobre mí.12 Deseo tener trabajo. Sí, así de sencillo,
tener trabajo. No quiero estar parada como mi madre, desesperada de
buscar y no encontrar nada. Un trabajo que no me suponga estar
agotada y cabreada como mi padre. Un trabajo que dure, no como el de
mi hermano. Un trabajo que me haga feliz y ganar dinero, el suficiente
para tener mi casa y poder ir a conciertos, al teatro y a bailar. Un trabajo
tranquilo, sin jefes mandones. Tal vez en una biblioteca, rodeada de
libros de poesía. Tal vez en un laboratorio inventando medicamentos.
Tal vez de fotógrafa, reflejando el fin de las injusticias o la belleza. Un
trabajo que tan solo me haga feliz. Estoy dispuesta a conseguirlo. Lo sé,
soy demasiado normal.


DOCE
Confesión 1
(El personaje de rodillas frente al público como sí éste fuera un
confesionario con sacerdote.)13
IVÁN: Buenos días, padre, ante todo debo decirle que han pasado diez
años desde mi última confesión, cuando hice la comunión, así que no sé
muy bien cómo se hace esto ahora.
Bueno, estoy aquí porque ya no sé qué hacer para dejar de mentir. Soy
un gigantesco mentiroso. Eso sí, muy hábil, difícilmente me descubren.
Pero hay una razón por la que quiero dejarlo y tal vez usted pueda
ayudarme. Quiero a una chica, tanto, tanto, que sufro cuando la miento.
Y no puedo dejar de hacerlo. Son mentiras pequeñas, no crea que me
voy con otras ni nada de eso. Pero me he inventado ante ella una doble
vida para conquistarla. Y me siento una lagartija. Le he dicho que mis
padres son ricos, aunque nunca tengo un euro. Le dije que me habían
castigado por algo que me inventé y de lo que ya no me acuerdo, y que
no me dan dinero, así que siempre me invita ella. Le he dicho que soy
buen estudiante, mentira, que toco la guitarra, mentira, que no me
gusta beber, mentira, que colaboro con un asociación solidaria, mentira,
Pero quiero dejar de mentir. Necesito que me quiera como soy
realmente. Un ignorante; aficionado a las motos y a los coches, que ella
odia; yo hincha del Atleti, mientras aborrece el fútbol; ateo o agnóstico
o algo así. Ella es muy religiosa. Un inculto, ella sabe de todo, el curso
próximo empieza en la universidad, y yo, que soy de su edad, aún estoy
en 4º. Ya no puedo más con mis mentiras, necesito ser otro.
Bueno, padre, dígame qué puedo hacer. Sin ella no podría seguir
viviendo.

TRECE
Confesión 2
(El personaje en la misma postura que el del monólogo anterior. Tal vez
los dos en escena al mismo tiempo, primero luz sobre uno y luego sobre
el otro.)
GIMENA: Padre, miento. No, ahora no voy a mentir. Pero miento
siempre. Y no se me da mal. Jamás han descubierto mis engaños. Ni mis
padres, ni mis profesores, ni mis amigos. Podría decirse que soy una
profesional. Pero ahora quiero decirle la verdad. Lo necesito. Tengo que
cambiar y espero que usted me diga cómo. Dicen que ustedes, además
de perdonar los pecados, saben cómo obrar de acuerdo a los
mandamientos. Y si no recuerdo mal uno de ellos era no mentir. No, no
soy religiosa, lo confieso, aunque al chico que me gusta, al que amo, le
haya dicho que sí. Él lo es y yo... por gustarle... ya sabe. Necesito decirle
la verdad, mi verdad, que le adoro aunque no sea como él se cree.
¿Quién no miente un poco para aparentar ser mejor que lo que es? Él es
distinto a los demás. Un poeta, músico, de buena familia, culto. Ahora
está castigado y para aparentar mi buena posición he tenido que pedir
dinero a todas mis amigas, a mis hermanas. Estoy endeudada. Pero me
he quedado sin crédito. Le tendré que decir que a mí también me han
castigado. Pero esto no importa mucho. Lo que de verdad siento es que
piensa que soy muy culta y, de verdad, no lo soy. Nunca lo he sido. Mi
diversión principal no son los libros, cuando quedo con él cojo alguno
de mi hermana mayor para aparentar. Antes de conocerle, me pasaba
las horas viendo la televisión, los cotilleos, el fútbol, las motos. Ahora
que le he conocido ya no me interesan. Ayer cogí un libro de poesía de
la biblioteca y, de verdad, padre, me ha gustado. Ese libro hablaba del
amor, de la alegría del amor, del entusiasmo del amor, de la belleza del
amor. Y así, con mis mentiras, siento que lo ensucio, que lo mancho.
¿Cómo confesarle que no he terminado la ESO, que dejé de estudiar por
un trabajo estúpido del que me han despedido?, aunque, eso sí es
verdad, me he vuelto a matricular. Él adora la música, toca la guitarra,
conoce músicos de los que no he oído hablar, Bob Dylan, quién es ese
tío.
¿Cómo decirle lo que soy y no perderle? Padre, ayúdeme. Sin él no
podría vivir.


CATORCE
No conocerás mis sueños
(Noelia está sentada ante una mesa, rodeada de libros, apuntes,
archivadores, cuadernos. Algo exagerado. De vez en cuando cogerá un
libro, lo abrirá y lo dejará con cuidado en el suelo.)
NOELIA: Hoy he llorado en clase. Un llanto callado, frío y muy húmedo.
Todos me miraban, el profesor también. Me ha llamado, me ha pedido
que saliéramos fuera del aula y me ha preguntado qué me pasaba, si
podía ayudarme. Yo, muerta de vergüenza, he bajado la cabeza y con un
gesto le he dicho que no. Él ha insistido, pero yo no he abierto la boca.
No me gusta contar ciertas cosas. Él no puede comprenderlo. Nadie
puede. Nadie que no haya vivido en la miseria, en una chabola, sucia,
con hambre, rodeada de ratas. Por eso mis padres se vinieron a España.
Trabajan en lo que pueden. Por poco dinero, pero ahora comemos todos
los días. Mi madre es cuidadora de ancianos y mi padre ha sido
camarero y albañil, y ahora, parado. Desde hace un mes. Por eso lloré,
porque dice que no hay trabajo y que a lo mejor tenemos que volver a
nuestro país. Yo no quiero. (Muy afectada.) No quiero. Quiero estudiar,
aunque me cuesta porque tengo muchas dudas porque no estudié casi
cuando era niña, quiero estudiar. Prepararme. Mi sueño es ir a la
universidad, aunque dicen los profesores que es muy difícil. Yo voy a
luchar. (A punto de llorar.) Si es necesario buscaré un trabajo y estudiaré
por las noches. No quiero volver allí. Por eso lloré. Y él nunca lo sabrá.

QUINCE
El abismo me estremece
(Alejandro está situado al borde del escenario, pero no mirará hacia el
público, puede hacerlo en varias direcciones, pero siempre evitará al
público, su mirada.)
ALEJANDRO: Hoy he buceado en el alma de mis padres. He vislumbrado
su miedo. Su miedo a que no sea feliz. Su miedo lo inunda todo. Me
estremece. El otro día aprendí esta palabra: estremecer. Hacer temblar
algo o temblar con movimiento agitado y repentino. Sentir una repentina
sacudida nerviosa o sobresalto en el ánimo. Me gustó, no solo su
significado, que me ayudaba a entenderlo un poco. A entender su
miedo. También su sonido. Hay palabras que no sé por qué, me gustan,
me estremecen. Tu languidez me estremece. Languidez, qué palabra tan
bella. Tu enigmática languidez me estremece. Me siento un enigma para
ellos. Por eso tienen miedo. Lo sé. Pero no puedo respirarlo. Me duele.
Hoy, por eso, por ese dolor, he buceado en su alma.
Pero un profundo abismo nos separa. Un abismo insondable.
Insondable, el otro día leí esta palabra en clase, en un texto. No sé qué
significa. ¿Estará bien dicho un abismo insondable? Yo creo que sí, será
un abismo muy grande, profundo. No comprendo su miedo, su falta de
confianza. Me da miedo su miedo. Quisiera acercarme y decirles algo
sencillo que destrozara esa mirada de culpa. ¿O no es de culpa? ¿Qué
me dice esa mirada tan lejana? ¿De dónde proviene esa angustia? No lo
sé. Por eso me escabullo de su miedo, me escondo, esquivo su
presencia. Sus reproches. Tan solo quisiera decirles que confiaran en mí,
pero no sé cómo hacerlo. Por eso me estremezco ante ese abismo
insondable.
OSCURO


DIECISÉIS
Debieron decirnos la verdad
(El personaje mientras habla está empaquetando objetos que guarda en
unas cajas de mudanza.)
BEA: Lo digo sin ningún rencor. Tal vez en su lugar yo tampoco habría
sabido. Tal vez no se trataba de decir o de explicar. Quizás hubiera sido
suficiente con el llanto, no siempre, un día, un solo día en los cinco años
que estuve allí. Un llanto breve, de unos pocos minutos. Mirándonos a
los ojos. Posiblemente no supieron o nosotros o yo no supimos verlo.
Tal vez debieron dejar de lado, si no siempre, si al menos un día, tanta
explicación vacía. Esos complementos directos no podían ser tan
importantes o el título de esa composición de Mozart. ¿Eran
imprescindibles esas ecuaciones aquel día? ¿Por qué no nos dijeron la
verdad? (Silencio. El personaje parece hacer un esfuerzo para encontrar
las palabras adecuadas.) Que debíamos prepararnos para resistir a la
mentira. Que debíamos dudar tanto. Unirnos para resistir juntos. Y
llorar, a veces llorar. Indignarnos con tanta frecuencia. Y estar en la calle
tantos días. Para gritar, para resistir, para defendernos. (Pausa.) No, sin
duda, no estaban preparados. Claro, los programas, las notas, los libros
de texto, esos autores tan importantes, esas leyes científicas, ahí
estaban, debían llegar a nosotras. Bien, de acuerdo, lo respeto, pero, ¿y
la otra verdad? El sufrimiento, el hambre, la miseria, y la otra cara, el
enriquecimiento, el poder, el beneficio. ¿Dónde estaban? ¿Por qué estas
verdades no eran las protagonistas al menos unas horas entre tantos
días, tantos meses, tantos años? Perdón, tal vez no supe oíros, tal vez
algún día lo susurrasteis y yo no estuvieran preparada mientras le
miraba y jugaba a no escucharos. Tal vez me tendríais que haber
enseñado a escucharos, tal vez lo hicisteis y yo lo aprendí demasiado
tarde. (Silencio. Bea está terminando de empaquetar los últimos objetos.)
Pero ahora, ¿qué será de mí? Han conseguido que os recuerde, no sé por
qué. Mañana me echan de mi casa, ya sabéis, el paro, la hipoteca, el
desahucio, la usura. Y no sé por qué me he acordado de que me decíais
que estudiara, y os creí, lo hice, pero aquí estoy. No me ha servido para
nada. Mañana me voy fuera, emigro. Buscaré trabajo fuera. No importa
mucho, hay situaciones peores que la mía. Tengo apoyos. Bueno, lo
dejo, estoy a punto de cerrar mi última caja, no he conseguido reunir
muchas cosas todavía. Tampoco me hacen falta. Quiero que dejéis de
ser un recuerdo triste. Si aún seguís ahí, entre los chicos y chicas que
aprenden, no os olvidéis de decirles que no se crean sus mentiras. Un
beso.
OSCURO

DIECISIETE
¿Cosa de dos?
Teatro de sombras. Veremos la sombra de Olga detrás de una sábana.

OLGA: Yo sé que mi profesor de Lengua anda detrás de mí para escribir
sobre mi estado y no se atreve a preguntarme. Yo tampoco sé cómo
decirle. Siempre está escribiendo sobre lo que nos pasa. Dice que es
para hablar con nosotros, para decirnos como al oído lo que no sabe
decirnos de otra manera. No sé, puede ser. Pero a mí me gustaría decirle
algo sobre mi duda. Sobre esta duda que me está haciendo tanto daño
que estoy a punto de gritar. Estoy embarazada. Dicen que soy
demasiado joven. Hace dos meses que cumplí los dieciséis. Hace dos
meses que estoy embarazada. Hace dos meses de aquella fiesta. Le
contaría, pero no me atreveré, que fue mi primera vez, que llovía, que
hacía frío, que había bebido, que no sé cómo nos quedamos solos, que
olía tan bien, que siempre me miraba así, con esa mirada oscura, que
aquel día me dijo felicidades muy bajito, en un susurro, muy cerca del
cuello, que me regaló este anillo y esta pulsera y un libro que todavía no
he leído y con un título muy raro que no recuerdo. (Pausa.) Le contaría
que no usamos preservativo. Que ni siquiera pensamos en nada más
que en… ¿cómo decirlo? ¿Cómo decírselo sin que me dé vergüenza? Sólo
pensábamos en cómo hacerlo. Él tampoco sabía. Yo ni me había
imaginado que pudiera suceder. Que le abrazaría, que me besaría, que…
Sí, ya sé. Teníamos información, hacía poco nos lo habían recordado en
una charla en el instituto, que había que llevar el condón, sí, ya lo sé.
(Pausa.) Pero no es esto solo lo que quisiera decirle si me atreviera. Le
diría, aunque no me atreveré, que mi cabeza da vueltas, que un montón
de imágenes, diferentes, contrarias, me golpean día tras día, que he
perdido el apetito, que necesito gritar… que tengo que decírselo a
alguien. Le veo tan pequeño entre mis brazos, buscando mi pecho, le
veo gateando por el suelo, llamándome, riendo, llorando, durmiendo…
Veo estas imágenes y no sé si me gustan o no. Oigo voces distintas,
unas que puedo abortar, otras que no está bien… Y yo, estoy, tan sola.
Pero tengo la voz bloqueada, cerrada, no puede hablar, solo quiero
gritar, gritar. (Grito prolongado diciendo NO. Tal vez música de cierre.
Oscuro.)


DIECIOCHO
El fin del mundo
ÓSCAR: Mañana se acaba el mundo. No sé muy bien por qué. Nunca me
han interesado las noticias; los telediarios, los periódicos me parecen
repugnantes. Parece seguro, lo dice todo el mundo: el presidente del
gobierno, el papa, mi tía, los profesores. He recibido más de cien
correos electrónicos confirmándomelo. (De vez en cuando romperá una
hoja manuscrita después de ojearla.) Tendré que romperlas todas.
(Pausa.) Todo el mundo está inquieto. Es lógico. Mi madre no para de
llorar. Yo, sin embargo, casi me alegro. Y digo casi por suavizar un poco
lo que pienso rotundamente. Me alegro un huevo. Tanto paro, tanta
pobreza, tanta explotación, tanto futuro vacío, todo a la mierda. Me
alegro porque se les ha acabado el chollo a tanto listillo acaparador de
dinero a costa de los demás. ¿Ahora qué?, ¿eh? ¿De qué os ha servido
reducir la sanidad pública para vuestros negocios privados?, ¿eh? ¿De
qué? (Se para ante una nueva carta, la ojea y la arruga con violencia.
Luego la vuelve a abrir y a mirar y la hace añicos con prisa.) Tengo que
terminar con esto, no vaya a ser que el final se adelante. No quiero que
quede ni una carta por si alguien sobrevive y se adueña de mi secreto.
Tal vez hubiera debido enviarlas. Quizás hubiera conseguido, al menos,
su aprecio. Aunque no sé si hubiera soportado la presencia de sus ojos.
Menos mal que todo se acaba. (Con rabia.) Si este meteorito, si esta
bomba nuclear, si esta explosión solar o lo que sea no destruye este
maldito planeta, alguien debería acabar conmigo si yo mismo no puedo
poner fin a… Lo que hice no tiene perdón. Soy un miserable. Un maldito
miserable. ¿Por qué tuve que gritarle? ¿Por qué la amenacé el único día
en que conseguí que me mirara? Ya lo he perdido todo. Ella se separó de
mí con miedo. Huyó como tantos querrán huir mañana de ese final
definitivo. Yo no. Yo no porque me merezco su odio. Y no puedo
soportarlo. Mañana saldré corriendo al epicentro de la destrucción.
Venga de donde venga. Mañana no intentaré esconderme. Es posible
que así purifique esta repugnancia que siento hacia mí mismo. Le
escribía cartas que no enviaba y pensé, ¿por qué lo pensé?, que si todo
iba a acabar podía ser mía por un día. Pero huyó, huyó de mí con miedo.
Y ese miedo en sus ojos me… me hace tanto daño. Por eso mañana
correré hacia la lengua de fuego, la gran ola, o lo que sea. (Rompe la
última carta.) Pero te seguiré queriendo, perdóname. (Oscuro muy, muy
lento.)


DIECINUEVE
Sin móvil
CÉSAR: Hoy me han invitado a que hable en las jornadas culturales del
instituto. La semana que viene. Estoy nerviosísimo. Ya verás, se van a
reír, como siempre. La profesora dice que no, que si hay risas
intervendrá ella. Y todo por el artículo que escribí el curso pasado para
nuestro periódico. Tampoco me inventé nada, lo había leído en Público y
sólo lo resumí un poco. Bueno, también vi luego un vídeo de una
organización en Youtube. Ella dice que no me ha invitado por el artículo
sino por lo que hice después. Estoy muy nervioso, no sé cómo me
atreveré a subir allí ante todos. Con lo que se han reído. Y solo por no
querer tener un puto móvil. Se reirán otra vez, ya lo verás. No es solo
por lo del coltán y por lo de la guerra. Además así no me controla nadie.
Antes, cuando me retrasaba un poco ya estaba mi madre… También,
como no puedo hablar por teléfono, hablo y quedo más con mis amigos
y con Lorena. Lorena me ha dicho que también se va a desenganchar del
móvil. Que le dé tiempo, que no es tan fácil. Yo no la obligo, cada uno
que haga lo que quiera. Yo, simplemente, me cabreé cuando leí esa
noticia e investigué un poco más. Y lo tiré. Sí, lo tiré, podía haberlo
vendido, pero no, me cabreé y lo tiré. Luego me enteré de que se podía
reciclar, no lo sabía y me dejé llevar por el cabreo. Supongo que algo
tendré que decir con lo del coltán, bueno, si puedo, porque con los
nervios que tengo… Eso de hablar en público no es lo mío. A ver si
ensayo un poco. (A partir de aquí leerá de unas hojas que ha sacado del
bolsillo.) El coltán es una aleación de la que se extrae el tantalio, este,
por sus cualidades, es insustituible en la fabricación de los teléfonos
móviles, consolas de videojuegos y todo tipo de equipos electrónicos. Si
es tan necesario podríamos pensar que el país que tuviera yacimientos,
sería un país próspero, pero no es así. Todo lo contrario, esta riqueza es
su miseria. En la República Democrática del Congo, donde se
encuentran los yacimientos más importantes, hay guerras provocadas y
financiadas por el control de las minas. Se explota a niños y
adolescentes que trabajan por míseros sueldos o son esclavizados. Se
estima que por cada kilo de coltán han muerto entre dos y tres niños.
Los grupos armados que controlan su extracción violan y asesinan a
mujeres y niñas. Los bosques y su fauna también están en peligro.
(Pausa, guarda los papeles.) Seguro que no soy capaz de leerlo. Me
pondré a temblar y… (Silencio. Se mueve nervioso, pero con decisión,
como si se estuviera dando cuenta de algo.) Bueno, a lo mejor tiemblo,
pero lo que voy a decir es importante, muy importante, no se puede
consentir que nadie se forre a partir del sufrimiento de los demás, no se
debe consentir. A lo mejor tiemblo, pero a lo mejor la gente se lo piensa
y no cambia cada dos por tres de móvil o lo recicla o deja de dar tanta
importancia a estos y otros aparatos. (Oscuro trepidante.)


VEINTE
La risa, hace tanto tiempo
(Un chico muy serio, viste un traje negro, la cara muy blanca, apenas se
moverá. Gestualidad mínima salvo cuando se indique.)
ESTUDIANTE: Dicen que hace mucho tiempo existió algo llamado risa. Y
un verbo: reír. A veces, dicen, sonaba ja, ja, ja; otras, je, je, je; incluso,
jo, jo, jo y ji, ji, ji. Más raro era ju, ju, ju. Por lo visto, era una forma de
expresar alegría o diversión. Yo ahora estoy muy alegre y divertido y no
necesito emitir esos ridículos sonidos. (Pausa.) La gente se reía por una
buena noticia, por un chiste, por un éxito, por una broma, hasta por…
un pedo. (Esto lo dice con evidente incomodidad.) Menos mal que
desapareció la risa. (Pausa.) Pero por qué desapareció os preguntaréis.
Yo también me lo pregunté y por eso elegí este tema para mi
investigación trimestral. He hablado con muchos abuelos y abuelas que
todavía sufrieron esta abominable costumbre. Esta costumbre que han
ocultado a sus descendientes por su carácter despreciable. ¿Por qué
desapareció? (Saca de un bolsillo una ficha y la mira con disimulo.)
Desapareció por desuso. Poco a poco los cineastas, los dramaturgos, los
escritores en general, los guionistas… fueron dejando de escribir
comedias. La gente de la calle dejó de contar chistes. Hubo
declaraciones en el sentido de que les costaba inventar situaciones
divertidas en medio de tanta adversidad. Muchos abuelos y muchas
abuelas recuerdan que fue por la crisis. (Expresión de ignorancia.)
Tampoco sé qué es la crisis, pero Pablito nos lo explicará a
continuación, ha elegido este tema para su exposición histórica
trimestral. (Pausa.) Otra abuela me dijo que vencieron el llanto y la
tristeza. Tampoco sé qué es llorar. (Mira a alguien del público y
corrobora.) Sí, Laurita nos hablará más tarde de este verbo. (Mira a su
derecha y saluda con una ligera inclinación de cabeza.) Como el señor
profesor nos ha pedido que intentemos recuperar el pasado, a
continuación y para terminar, voy a procurar haceros reír. Algo
prácticamente imposible porque se necesita un aprendizaje, según he
leído, y ninguno de nosotros ha reído jamás.
(El estudiante empieza a gesticular de forma histriónica. El director o
directora y el actor –aunque también puede ser actriz- decidirán los
gestos y movimientos del personaje, entre los que no deberá faltar la
imitación de algún animal. Eso sí, procuraremos mantener
paralelamente al gesto ridículo un cierto hieratismo en el semblante del
actor o actriz. Ante una risa, real o producida entre el público por varios
actores colaboradores, el estudiante reacciona de forma inmediata con
una mezcla de sorpresa y conmoción.)
¿Qué ha sido eso? ¿Ha sido la risa? ¿Alguien puede decirme si era la risa?
(Mira al público, alguien, un abuelo o una abuela, le ha confirmado que
era la risa.) ¿Sí?, pero, pero… es maravillosa. (A punto de llorar, muy
emocionado.) Yo quiero reír, quiero reír, quiero reír… (Lo repetirá una y
otra vez muy despacio mientras se hace el oscuro lentamente.)

DAME LA MANO
(X e Y son dos adolescentes, 15, 16, 17, no creo que lleguen a 18 años.
Al escribir veía a un chico y una chica, pero no sé muy bien quién era
uno y otra. Tal vez me equivoque y sean dos chicos o dos chicas. Quizás
no sea esto lo importante. O sí. Quién sabe. Ciertamente, en estos
momentos estoy más pendiente de sus miradas, de sus gestos y de su
discurso, del tono de su voz, de sus sentimientos. Me interesa lo que
dicen y cómo lo dicen. Así, de verdad.)
X: Por favor, dame la mano.
Y: ¿La mano? ¿Por qué?
X: Tengo miedo. ¿No oyes lo que dicen por todas partes?
Y: ¿A qué te refieres?
X: Joder, a qué me voy a referir. ¿En qué mundo vives? Todo lo que
dicen.
Y: ¿Quiénes?
X: Pues todos, en la tele, mi padre, mi madre, todos los padres de todos,
supongo que los tuyos también. Los profesores, incluso nosotros
también lo decimos cada vez más.
Y: Ya, que todo está hecho una mierda.
X: Sí, eso.
Y: ¿Y tú crees que es para tener miedo?
X: ¿No?
Y: Bueno, a mí me preocupa, pero miedo, miedo…
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X: ¿No te asusta no tener trabajo? ¿Que tus padres se queden en paro,
que no puedan pagar la hipoteca y que os echen de casa?
Y: Bueno, visto así. (Le tiende la mano. Se acarician mutuamente.
Después de unos instantes, X se separa. Algo extraño ha sucedido en el
personaje.)
X: (Con una actitud diferente, ha perdido el miedo. Ahora estará seguro
de sí mismo.) Gracias, gracias, de verdad, tu mano me ha salvado.
Gracias por tu apoyo, por tu afecto. Ya no tengo miedo. Ahora sé todo
lo que ocurre. Y al saberlo, me he hecho fuerte, resistente…
Y: (Cortándole.) Para, para. No te entiendo, estás hoy muy raro. ¿Qué es
lo que ocurre? ¿Cómo te ha hecho fuerte, simplemente, mi mano?
X: Yo tampoco lo entiendo. No sé cómo ha sucedido. Pero ahora lo sé, lo
sé y es muy sencillo. Nos están mintiendo.
Y: Bueno, eso nos lo podemos imaginar.
X: Imaginar no, escucha. Yo antes no sabía que… (Pausa, el personaje
adolescente se levanta, tal vez, si es posible, una luz cenital u otro tipo
de recurso que rompa la “normalidad” de la escena. Observaremos que
en el personaje irá creciendo la indignación al aportar cada nuevo dato.)
No sabía que el 0,16 % de la población mundial se apropia ya del
equivalente al 66 por ciento de los ingresos mundiales anuales17. No
sabía que 28 de las 35 empresas españolas más grandes y la mayoría de
bancos utilizan los paraísos fiscales para facilitar la evasión fiscal y los
delitos económicos de sus grandes clientes18. No sabía que en la Bolsa
de Chicago se especula con el precio de los alimentos, hombres
sudorosos con chaquetas de colores chillones deciden sobre el destino
de millones de personas. El hambre del planeta a cambio de la riqueza
de unos pocos19. No sabía que en España el 0,0035 por ciento de la
población controla recursos que equivalen al 80,5 de la riqueza, eso que
llaman el PIB20. No sabía que el gasto militar mundial, pese a los 4 años
de crisis económica, subió en todo el mundo un año más, hasta alcanzar
la escandalosa cifra de 1,6 billones de dólares21. Y mientras se olvidan
los Objetivos del Milenio22. No sabía que… (Y se ha acercado y con
delicadeza ha tomado su mano. X, poco a poco, se serena. Fin del efecto
visual.)
Y: ¿De dónde has sacado esos datos?
X: De un libro, de páginas de organizaciones en Internet…
Y: Me tienes que dejar ese libro.
X: Claro.
Y: ¿Qué hacemos?
X: ¿Nos vamos a jugar a la play?
Y: Sí, así nos despejamos un poco.
X: Ya está bien de emociones fuertes.
Y: Sí, ya está bien.
X: Aunque otro día te tengo que hablar del coltán. 
Y: ¿Del coltán? X: (Mientras salen.) Sí, un mineral que se emplea en la fabricación de aparatos electrónicos. En algunos países de África, en las minas, trabajan niños como esclavos…

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