La calle de la gran ocasión. EVA Y ANTONIO. LUISA JOSEFINA HERNÁNDEZ .

(Eva. Antonio)

EVA.- Bueno.
ANTONIO.- ¿Me hace favor de comunicarme con la señorita Eva?
EVA.- Yo soy.
ANTONIO.- A poco. ¡Qué delgada se te oye la voz!
EVA.- Sí,
ANTONIO.- ¿Qué, te están oyendo?
EVA.- Sí.
ANTONIO.- ¿Estás hablando en el cuarto de la señora?
EVA.- No.
ANTONIO.- En el de la señorita.
EVA.- Pues sí.
ANTONIO.- ¿Y ahí están las dos?
EVA.- Sí
ANTONIO.- ¿Y ya vas a tener que colgar?
EVA.- Pues sí.
ANTONIO.- Pues no. No antes de que te diga una cosa. Quiero pasar contigo una tarde completa.
EVA.- ¿En el parque?
ANTONIO.- No. ¿Dónde crees?
EVA.- No sé.
ANTONIO.- Una tarde enterita sin que nadie nos interrumpa. Solitos uno para el otro. Para que yo te diga cuánto te quiero.
EVA.- ¿Dónde?
ANTONIO.- A ver, adivina.
25 EVA.- En la feria.
ANTONIO.- No. Te digo que solitos. Claro, siempre podemos subirnos a la rueda de la fortuna. Pero no, no se trata de eso.
EVA.- ¿Ni de la montaña rusa?
ANTONIO.- Hijo. No. Es una palabra de cuatro letras.
30 EVA.-  Cuatro letras. A ver… déjame pensar. Rosa. De visita en casa de Rosa.
ANTONIO.- No, hombre. ¡Cómo que en casa de Rosa! Si ahí vive mucha gente, entre sus hijos, su marido y sus padres. Son como doce.
EVA.-  ¿En una casa donde no viva nadie? Casa tiene cuatro letras.
ANTONIO.- Caliente, caliente. Pero no es eso. A ver, piensa. Una tarde padrísima. Los dos solitos; yo contigo y tú conmigo. Para que tu seas mi dueña y yo tu dueño.
EVA.-  No digas esas cosas
ANTONIO.- Pues adivina, ¿no? ¿A poco no te imaginas de qué se trata?
EVA.-  No. ¿Es un lugar oscuro?
ANTONIO.-  ¿Oscuro? No. Bueno, depende de la cortina.
EVA.-  ¡El cine!
ANTONIO.-   Pues… no. Es un lugar que queda frente al cine. Ya te vas acercando.
EVA.-   ¿Frente a cuál cine?
ANTONIO.-   Frente al Gloria. ¿A poco no te has fijado?
EVA.-   ¿Frente al Gloria? ¿de cuatro letras? No sé. Apúrate a decírmelo porque ya quieren usar el teléfono. Además ya se fueron al otro cuarto donde esta la extensión y a la mejor nos oyen.
ANTONIO.-   No la amueles. Pues al hotel, Eva. Qué tonta eres, mi vida.
EVA.-   No puede ser.
ANTONIO.-   ¿Por qué no? Si no te iba a pasar nada. Y no se puede ir a Chapultepec porque está lloviendo.
EVA.-   Voy a colgar
ANTONIO.-   Pero ¿Por qué?
EVA.-   Porque no pienso perder el tiempo con un hombre que ha ido tan pocas veces al hotel que no sabe que se escribe con hache. Adiós.
ANTONIO.-   Chin.

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