ACASSUSO De Rafael Spregelburd

ACASSUSO

De Rafael Spregelburd





DELIA LOBO, la directora.
SUSANA RIVAROLA, la vice-directora
SUSANA DOMBER, maestra de primero
SUSANA BRUNETTI, la maestra nueva
MARTA LOCOCO, la vendedora de ropa
MARTITA ELIZARRAGA, fonoaudióloga
MARTA CAAMAÑO, maestra de cuarto
MARTA GREGORINI, la secretaria
GLADYS RONDÓ, la de gimnasia
EDGAR FABIANI, futbolista profesional
NAHUEL, levantaquiniela
MAMÁ



Una escuela en Merlo, pongamos por caso la 78, a unas cincuenta cuadras de la estación, por ejemplo, digamos hacia Barrio Matera.
La escena transcurre en la sala de maestros, o algo así: se trata de un baño escolar en desuso, que aún conserva dos o tres mingitorios sobre los que se acumulan carpetas, libros y mapas.

PRIMER ACTO

1 / DEFENSA

MARTA CAAMAÑO:
Señor juez, señores abogados, fiscales, autoridades y maestras de la escuela, padres, alumnos.
Bueno.
¿Puedo leer?
¿No?
Lo que pasa es que me lo preparé así para no olvidarme de cosas que… todo fue tan rápido que… tan confuso. Tantos detalles.
¿No leo?
¿Lo digo de memoria?
Bueno. Como me vaya saliendo, entonces.
Señores.
Una cosita, nada más, leo. Chiquita. Después sigo con mis… impresiones no escritas. Pero para planificar mejor mi… discurso. Mi defensa. O sea… a mí no me queda claro si yo… si ustedes piensan que yo… ¿yo me tengo que defender? No, ¿no?
Son otros los que…
(Lee) A quien crea que la docencia es una tarea que una elige, le decimos: no. A quien crea que la escuela es un segundo hogar, también le decimos no.
La docencia es algo que “nos” elige, y si bien nos resistimos como bueyes a este trabajo que tiene más zonas negras que gratificaciones, muchas de nosotras hacemos de esa resistencia una vocación, y dale que vamos. A quien crea que un segundo hogar puede tener el aspecto de un manicomio, que con todo respeto es lo que más se parece a la escuela 78 del distrito escolar Merlo, yo le digo que no. Que ni educadores ni educandos encontrarán allí algo parecido a un hogar.
Pausa.
Yo soy muy crítica de… del estado… Del estado de las cosas.
Pausa.
El chumbo estuvo siempre. Que algunas directoras, e incluso porteros, van armados a la escuela no es una novedad, mal que le guste. A lo mejor Su Señoría recién se desayune con esto y en ese caso yo le digo a Su Señoría: “Bienvenido al mundo real”, con todo respeto.
¿Sigo?
Yo preferiría las preguntas puntuales, las que me quieran hacer.
Y si alguien se piensa que la escuelita 78 es muy diferente de otras escuelas, a ése le decimos también: no.
Suena un timbre de escuela, largo atronador. MARTA CAAMAÑO huye.


2 / GAUCHITA

La sala de maestros. Nuevo timbre. Están SUSANA DOMBER, MARTA GREGORINI, MARTA ELIZARRAGA, MARTA LOCOCO, SUSANA BRUNETTI, SUSANA RIVAROLA y GLADYS RONDÓ. Ésta les ha estado contando las noticias que oyó en la radio. Las demás están muy inquietas, hablan todas a la vez, piden detalles del robo, griterío.

M. ELIZARRAGA: ¿Vos decís que todos a cara descubierta, entonces?
GLADYS: No lo digo más: todos hombres, sin pasamontañas.
Nuevo griterío.
S. RIVAROLA: ¿Cómo hicieron el túnel?
S. BRUNETTI: ¿Usaron explosivos?
S. DOMBER: ¿Y el ruido?
GLADYS: No sé. Habrá sido de noche. Pero parece que a las nueve de la mañana llega el gerente y los tipos ya están esperándolo adentro del Banco Río, en su oficina, con el mate, y lo encañonan.
Nuevo griterío. Nuevo timbrazo.
S. RIVAROLA: Timbre, chicas. A ver si los hacen entrar, a los diablitos.
GLADYS: Me voy a clase, yo después les cuento. Hombres. Acassuso. ¡Hombres de verdad! Enseguida vuelvo. (Sale.)
S. BRUNETTI: Uy, yo también tengo que entrar. (A S. DOMBER.) ¿Me puedo llevar la regla y escuadra?
S. DOMBER: No. Las tengo que usar.
La negativa no era esperada. S. BRUNETTI vacila.
S. RIVAROLA: ¿Qué pasa, Susana? La tiene que usar Susana.
S. BRUNETTI: Bueno… (Luego va hacia la puerta.)
M. GREGORINI: (A S. BRUNETTI.) Susana, ¿vos te llamás Susana?
S. BRUNETTI: Sí.
M. GREGORINI: ¿Susana Brunetti?
S. BRUNETTI: Sí.
M. GREGORINI: ¿Y tenés un grado a cargo?
S. BRUNETTI: No.
M. GREGORINI: Ah.
S. BRUNETTI: Tengo dos. Primero tenía un segundo. Ahora me lo juntaron con un octavo.
M. GREGORINI: Bueno, pero yo no te tengo. (Revisa sus planillas.)
S. BRUNETTI: ¿Cómo que no me tenés?
M. GREGORINI: No te tengo.
S. RIVAROLA: Bueno, Marta, pero fijate si…
M. GREGORINI: ¿¡Que me fije qué!? ¡No la tengo! (La mira.) No te tengo.
S. DOMBER: ¿Y por qué no la agregás?
M. GREGORINI: ¿Cómo la voy a agregar? Si no está no la puedo agregar. (A S. BRUNETTI.) No te tengo. Si no te tengo, vos no vas a cobrar nunca. ¡Nunca!
M. ELIZARRAGA: Fijate en la otra carpeta.
M. GREGORINI: ¡No la tengo! (Cambio de tono.) ¿La otra carpeta? ¿La roja? ¿Qué querés? ¿Que me fije ahí? (A. S. BRUNETTI.) Mirá, Susana: voy a ver si te tengo en una carpeta que tenemos acá para estas cosas. Pero no te prometo nada.
Salen M. GREGORINI y S. BRUNETTI. MARTA se lleva consigo la caja de la cooperadora, divino tesoro.
S. DOMBER: (Como si se tratara de algo muy grave.) “Me puedo llevar regla y escuadra”, me dice. Ocho y cuarto de la mañana. “Me puedo llevar regla y escuadra”.
S. RIVAROLA: Bueno, dejala. Es nueva.
M. ELIZARRAGA: No nos amarguemos la mañana.
M. LOCOCO: Le pone ganas.
S. RIVAROLA: Voy a ver si entró al grado. Y a ver si Delia sabe algo más. (Sale.)
S. DOMBER: Sí. Y vení a contarnos. Regla y escuadra. Sí, le pone ganas, ¿no? (Pausa.) Pero les tiene miedo a los chicos. Porque si les querés enseñar, si le ponés pilas, los chicos se dan cuenta y te hacen la vida imposible. ¿Vos sabés lo que le contestó Susana?
M. ELIZARRAGA: Ah, no sabés. Le dijo: “Regla y escuadra no; las va a usar Susana. Punto. Esto no se discute más.”
M. LOCOCO: Sí, qué bestia. Bueno, es la vice, ¿no? Y esta otra zapalla, que se ubique, ¿no?
S. DOMBER: ¿Vos sabés lo que le pasó? Parece que Marta no la tenía en las planillas.
M. ELIZARRAGA: No va a cobrar nunca.
M. LOCOCO: Y no. Si no la tiene…
S. DOMBER: Parece que la buscó en la carpeta y no estaba.
M. ELIZARRAGA: Sí, ahora la fue a buscar a la carpeta colorada a ver si ahí la tiene.
S. DOMBER: ¿Sabés lo que le dijo Marta? “No te tengo”.
M. LOCOCO: ¡Sí! ¡Si yo estaba! Si Marta se puso como loca, vos la vieras, agarrada a la cajita de la cooperadora… yo pensé que le iba a dar lo de…
M. ELIZARRAGA: Ni en joda lo digas, Marta. Po-po-po-pobre Marta.
M. LOCOCO: No, es que no sabés. Marta se pone a buscar en la carpeta como loca, y le dice “No vas a cobrar nunca, porque no te tengo”. Y no sé quién le dice: “Fijate en la carpeta roja”, y Marta se pone pálida como un secante…
M. ELIZARRAGA: Sí, yo la vi, fue como mencionar la soga en la casa del muerto…
M. LOCOCO: Y después se va a ver si la tiene en la carpeta roja, y casi se olvida la cajita, ¿viste que no la deja ni a sol ni a sombra? Las chicas de la tarde la llaman “Cajita”. (A S. DOMBER.) Che, ¿no tocó el timbre? ¿No tenés que entrar, vos?
S. DOMBER: Sí, sí, ya va. Los chicos ya saben. Se sientan solitos. ¿“Cajita”? ¿Por qué le dicen “Cajita”?
(La respuesta es obvia, pero nadie la sabe con certeza.)
M. ELIZARRAGA: ¿Y Gladys cómo tenía tanta información? Viste que dijo que parece volaron la pared a medianoche y lo esperaron al gerente y cuando entra le meten el revólver en el culo…
M. LOCOCO: Y… tiene Falconeta con radio. Y se informa.
S. DOMBER: (A M. LOCOCO.) ¿Te compra ella a vos?
M. LOCOCO: ¿Sabés que no?
M. ELIZARRAGA: Parece que compra en Miami. Se hace traer. Por una prima que trabaja en Aerolíneas.
S. DOMBER: Ah, por eso está siempre así de bronceada. ¿Qué? ¿Aerolíneas vuela a Miami?
M. LOCOCO: Yo pensé que se bronceaba en el campito.
S. DOMBER: ¿No es cama solar? Yo pensé que había quebrado.
M. LOCOCO: ¿Cama solar? No, por ahí es ese sistema nuevo, que te sopletean.
M. ELIZARRAGA: No tiene la marca del bretel.
M. LOCOCO: ¿Vos cómo sabés?
M. ELIZARRAGA: Porque un día entré al Gabinete de foniatría y se estaba cambiando. Viste que ella no tiene problema…
M. LOCOCO: ¿Se cambia en Gabinete?
S. DOMBER: ¿Son operadas?
M. ELIZARRAGA: Sabés que yo lo pensé, porque me pareció que cuando entró tenía menos. Pero, no. No.
M. LOCOCO: No, son de ella. Tienen la caída natural que tienen que tener. Pobre, es divina.
M. ELIZARRAGA: Los chicos la re quieren.
S. DOMBER: Sí, más los chicos que las chicas. No tiene ninguna ambición.
M. ELIZARRAGA: Cada vez que se necesitó la Falconeta, ella la puso. Es re gauchita.
M. LOCOCO: Sí, si a mí me llevó una vez hasta Marcos Paz. Y no me quería cobrar la nafta. Le digo: “No seas boluda, te la pago”. Y me dice: “Bueno”. Así que paró en la Shell y me hizo llenarle el tanque.
M. ELIZARRAGA: Bueno, pero esas cosas pasan.
M. LOCOCO: Más vale, yo no digo que no. Aparte, no tenía ninguna obligación de llevarme. Es gauchita. Además, ¿vieron que tiene rasgos así como aindiados?
M. ELIZARRAGA: Sí, es divina.
S. DOMBER: ¿Un tanque de Falconeta te sirve para llegar hasta… dónde? A Mar del Plata llegás, ¿no?
M. LOCOCO: No, si yo iba hasta acá nomás, a Marcos Paz, apenas pasando la entrada. Que aproveche, mirá. La nafta es nafta, ¿qué me voy a hacer problema por un hidrocarburo?
S. DOMBER: ¿Tiene novio?
Silencio.
M. ELIZARRAGA: Sí, debe tener.
Silencio.
M. LOCOCO: Y… a bailar... va.
Silencio.
M. ELIZARRAGA: Sí, debe tener amigos. Es una chica para hacerse amiga.
Silencio.
S. DOMBER: Bueno, yo un poco amiga me siento. A mí más de una vez me ha alcanzado hasta Etcheverry. No me quiso aceptar ni los setenta y cinco del colectivo. Maneja con una mano. Ella es su ley.
M. LOCOCO: Sí, son la Falconeta y ella.
Silencio. Imaginan a GLADYS fornicando en la Falconeta.
M. LOCOCO: Yo te digo: si yo fuese hombre…
Silencio.
M. ELIZARRAGA: No, sí. Yo también…
S. DOMBER: Sí, obvio.
Silencio.
M. ELIZARRAGA: (A. M. LOCOCO.) ¿Y lo tuyo, Marta?
M. LOCOCO: No sé. No me llamó más. Por ahí se fue al Chaco. Tiene familiares allá. Hoy por hoy… no se puede confiar en nadie.
M. ELIZARRAGA: ¿Vos lo decís por lo del robo del Banco Río?
S. DOMBER: Qué locura. Lo que debe haber sido aquello.
M. ELIZARRAGA: Aquello debe haber sido terrible.
Las tres tratan de imaginar el robo, pero más que turbadas se las ve plácidamente excitadas.
S. DOMBER: Lo tenían todo planeado.
M. LOCOCO: Qué aventura. Terrible, ¿no?
M. ELIZARRAGA: Imaginate. Un mate con tostadas se hicieron, mientras lo esperaban al gerente. ¿Podés creer?
M. LOCOCO: ¿Cómo?
M. ELIZARRAGA: Dijo Gladys. Que entraron por un boquete con dinamita a medianoche, y esperaron a que llegara el gerente.
S. DOMBER: Claro, los tipos tenían organización, objetivos, un cerebro.
M. ELIZARRAGA: Sí. Todas cosas muy preciadas.
S. DOMBER: ¿Cuánta plata levantaron?
M. LOCOCO: ¡Plata, joyas, experiencia!


3 / ANGIE

Entra DELIA con una taza de té.
DELIA: Ahora, ese tipo… ese Seisdedos… Yo te digo: con un hombre así, sí que me vuelvo a casar.
S. DOMBER: Un hombre así enterrado en joyas.
M. LOCOCO: ¿Qué Seisdedos?
DELIA: Seisdedos se llama el jefe. ¿Podés creer? Me acaba de contar Gladys.
S. DOMBER: ¿Te contó lo del mate?
DELIA: No, ¿qué mate?
M. ELIZARRAGA: No, que parece que mientras esperaron a que llegara el gerente con las mismas mechas con las que habrán abierto el boquete calentaron agua, hicieron tostadas. ¡Qué pulso, qué sangre fría! (Entra M. GREGORINI, con su carpeta roja.)
S. DOMBER: ¿Mechas?
M. EIZARRAGA: ¡Tostadas!
S. DOMBER: ¿Cómo con las mechas? ¿Quién dijo lo del mate? ¿Yo lo dije?
M. LOCOCO: Y… porque se calienta la mecha por fricción y se conoce que el agua te hierve en seguida.
S. DOMBER: (Convencidísima de la verdad del episodio.) Un plan perfecto, hasta en los detalles. Me robo un banco, me tomo un mate.
DELIA: ¿Vos te imaginás?
M. GREGORINI: Yo prefiero no imaginarme nada, porque a mí la situación con rehenes y todo eso me pone muy mal.
DELIA: ¡Pero si los rehenes estaban de parabienes! Los chorros les explicaron todo. Les dijeron: ustedes tranquilos, que con ustedes no es la cosa.
S. DOMBER: Es con el sistema.
DELIA: Me contó Gladys que leyó que una empleada del banco cumplía años.
M. GREGORINI: Qué horror. ¿A vos te gustaría que te pase una cosa así el día de tu cumpleaños?
DELIA: ¿Me lo preguntás en serio? ¡Claro que me gustaría!
M. GREGORINI: Y a la nueva no la tengo. No sé si es porque es convertida, no está en la carpeta, no entra en contralor. No va a cobrar nunca. A lo mejor está entre las suplentes. (Sale.) Se me ocurre una cosa.
DELIA: Y vos, Marta, a ver si le pegás una buena patada en el culo a ese patán. ¡Hombres son estos tipos!
M. LOCOCO: No me llamó más, Delia.
DELIA: Mejor. Así estás disponible. Que en cualquier momento se te aparece un Seisdedos y te lleva a las Islas Caimán. ¿Qué le vas a decir? “No puedo, que estoy esperando a mi novio Fulano de Tal…” ¿Cómo se llama el tipo?
M. LOCOCO: Angie.
DELIA: (Trastocada.) ¿Qué Angie? ¿Ángel?
M. LOCOCO: Sí.
DELIA: ¿El papá de la nena nueva, la que no pasa a segundo, la de la infección de moquillo?
M. LOCOCO: Sí, Angie. Ya hacía dos meses que salíamos. Y de buenas a primeras no me llamó más.
DELIA sale sin decir palabra.
S. DOMBER: ¿Sabés lo que pasa, Marta?
DELIA: (Vuelve a entrar.) ¿Dos meses, dijiste?
M. LOCOCO: Sí.
DELIA se vuelve a ir. Hace dos meses ella todavía tenía un affaire con Angie.


4 / RAMA

S. DOMBER: Hay que buscar hombres en otro lado. ¿Un papá de nena de primero? Olvidate.
M. LOCOCO: ¿A vos te parece?
S. DOMBER: Claro. Si mujeres es lo que les sobra, a estos hijos de puta. A veces pienso que habría que irse a laburar a la Patagonia. ¿Vos conocés la proporción de hombres sobre mujeres en provincias como… eh… ay, acá donde iba a ser la Capital… ponele… en el sur?
M. LOCOCO: Puede ser.
S. DOMBER: O estos tipos, los que se afanaron el banco, ¿vos te creés que incluyeron mujeres en la operación? No. Acá es así. Los tipos arman y desarman, y si una se sienta como una idiota a esperar que Angie haga planes con una, Angie va a preferir mil opciones antes. Porque somos lelas, no vamos de frente. Es como robarse un banco. Es preguntarse: ¿lo quiero? ¿Quiero la guita que está adentro? ¿Estoy dispuesta a arriesgarlo todo? ¿Prendo la mecha sin que me dé cagazo?
M. ELIZARRAGA: ¿Me hago unas tostadas? ¿Me las hago?
S. DOMBER: Es decisión, planificación. Tenés que tener una actitud más masculina, ¡si a los hombres lo que les gusta es eso!
M. LOCOCO: ¿Querés ver alguna blusa?
S. DOMBER: Bueno, pero no me cambies de tema para… ¡Uy, ésta es divina, mirá, Marta, si no es un sueño!
M. ELIZARRAGA: Soñada.
S. DOMBER: ¿Ves lo que digo? Un hombre no se babea por una blusa. Nosotras tenemos un problema hormonal. ¿Me la pruebo?
M. LOCOCO: Y dale. Como éstas vendí miles en el Consejo Escolar.
M. ELIZARRAGA: ¿Cuándo estuviste vos en el Consejo?
M. LOCOCO: Ayer.
M. ELIZARRAGA: ¿Estuviste en la asamblea? ¿Qué se votó?
M. LOCOCO: Bueno, no sé si yo puedo…
M. ELIZARRAGA: Ay, si total nos vamos a enterar todas por circular, Marta. ¿Quieren cerrar los gabinetes, no?
S. DOMBER: ¿Van a reducir a las suplentes?
M. ELIZARRAGA: ¿Fo-Fo-Fonoaudiología también, o entramos junto con en el eje so-so-so-socioexpresivo?
M. LOCOCO: Y… lo están discutiendo.
M. ELIZARRAGA: ¿Pero votaron?
M. LOCOCO: A medias.
M. ELIZARRAGA: ¿Y ésta qué votó?
M. LOCOCO: ¿Quién?
M. ELIZARRAGA: Ay, Marta, ¿quién va a ser?
M. LOCOCO: ¿Delia Lobo, la directora?
M. ELIZARRAGA: ¿Qué votó? Me qui-qui-quiere rajar, ¿no?
M. LOCOCO: Ay, no te persigas. ¿Querés ver unos corpiños?
M. ELIZARRAGA: ¿De qué habló? ¿Defendió la rama? ¿Si quiero ver unos corpiños? ¿Habló del trabajo de integración fo-fo-fo-fonético-sensible que estoy haciendo en primer nivel?
M. LOCOCO: No, no. Habló de la seguridad, de la responsabilidad civil.
M. ELIZARRAGA: Ah, viene por ahí la cosa. No le va a ser ta-ta-ta-tan fácil. Tengo testigos.
M. LOCOCO: Claro, lo que pasa que como la nena terminó en el hospital…
S. DOMBER: ¿Qué nena? ¿La de primero?
M. ELIZARRAGA: Sí, la que se abrochó la lengua con la engrampadora.
S. DOMBER: Ah, la calladita… ¿Esa nena es mía, no?
M. ELIZARRAGA: Los dejás un segundo solos en gabinete y tocan todo. (Sigue con lo suyo.) Cada vez que salgo un segundo, vuelvo y me faltan los puchos. De la cartera, me faltan. ¿Qué tengo que traer, una bandolera extra large alrededor del cuello?


5 / MUSCULOSA

DELIA: (Entrando.) Chicas, miren que ahí viene Marta, vamos a darle una hermosa sorpresa, las quiero a todas en esto…
M. ELIZARRAGA: Delia, me gustaría hablar urgentemente con vos de la cuestión de la nena de la engrampadora…
DELIA: ¡Canten fuerte!
Entra MARTA CAAMAÑO, como siempre un poco extraviada. Le cantan el feliz cumpleaños.
M. CAAMAÑO: (Canta un poco con ellas, no sabe quién es la del cumpleaños, pregunta por señas, sin dejar de cantar. Luego se da cuenta de que le cantan a ella y trata de parar todo.) No, chicas. Debe ser un error. Yo pensé que era tu cumpleaños… (A SUSANA DOMBER) ¿No sos acuariana, vos?
DELIA: Muy feliz cumpleaños, Marta.
M. CAAMAÑO: Gracias, Delia, chicas, gracias. Pero no es.
DELIA: No. Pero te debíamos el regalo. Susana, dáselo, que se caiga de culo.
S. DOMBER: Acá tenés.
DELIA: Caete de culo.
M. CAAMAÑO: Ah, el regalo sí… Claro, lo que pasa que yo cumplo el…
M. ELIZARRAGA: Delia, me parece que nos debemos una charlita sobre el tema de…
DELIA: ¿Y a quién se le ocurre cumplir antes del 7, Marta, que nos agarrás sin un peso partido al centro? Pará, Marta (Elizarraga), que ahora estoy ocupada. Abrilo. Es de todas las chicas de turno mañana. Y de Susana, de la tarde.
M. ELIZARRAGA: (A DELIA.) Muy bien. Voy a estar en gabinete. (Sale.)
M. CAAMAÑO: ¿Cuál Susana? ¿Susi?
DELIA: No, Susana. La maestra convertida. Las otras no quisieron poner. Y no sé qué le pasa a la tartamuda que no me deja ni a sol ni a sombra.
M. LOCOCO: La que tampoco puso es Gladys, la de educación física.
M. CAAMAÑO: ¿Cuál Gladys? ¿Hay educación física, acá? ¿Qué física?
DELIA: Ay, Marta, ¡Gladys! ¿Qué Gladys va a ser?
M. CAAMAÑO: ¿Qué tartamuda?
DELIA: Marta, ¿qui-qui-qui-quién va a ser?
M. CAAMAÑO: Ah, qué risa, pobre Martita, a veces parece que se hubiera tragado un… uno de esos que… No, está bien, lo que pasa es que a lo mejor ella no me conoce, ¿y entonces para qué va a poner plata si no me…?
M. LOCOCO: No, si ella te conoce. Lo que pasa es que se ve que tiene otras prioridades…
DELIA: Viene en auto. Eso es un gasto, la Falconeta.
M. CAAMAÑO: Sí, impecable. Es divina, pobrecita. Bueno, no importa, a lo mejor tenía otros gastos fijos, pobre.
DELIA: Gastos fijos tenemos todas, Marta. Abrilo.
M. LOCOCO: Anda con pibes.
M. CAAMAÑO: (Es una musculosa inequívocamente de básquet) ¡Ay, pero es hermosa!
M. LOCOCO: Los de sexto, dicen. Todos pendejos, sale.
M. CAAMAÑO: Mirá, con dos tiras, para colgársela del cuello… Es soñada. Le va a encantar.
DELIA: ¿A quién?
M. CAAMAÑO: A Gladys, si es súper gauchita.
DELIA: No, boluda, es para vos, ¿qué Gladys?
M. CAAMAÑO: ¿Para mí, chicas? ¿En serio? Pero si yo cumplí hace como…
DELIA: Pero te debíamos el regalo. Hoy se cobró el presentismo de marzo. Nos pusimos al día.
M. GREGORINI: (Que acaba de entrar.) Tengo tu cheque, Marta.
M. CAAMAÑO: Ay, Delia, qué detalle, gracias, ¡y con cheque y todo! ¡Y yo que dije hace un rato que eras poco menos que una hija de puta! No lo dije con esas palabras, pero lo pensé así.
DELIA: ¡Marta! (Se dan un beso.) No me vengas ahora con cuestiones. Probátela.
M. LOCOCO: Si no te queda tengo shorcitos, también. Pero me tenés que avisar ya.
M. CAAMAÑO: No, si casi seguro que le va a encantar.

M. LOCOCO: (Sigue con lo suyo) Mirá, por ahí me queda uno de Racing como para vos.
M. CAAMAÑO: ¿Para mí? ¿Qué? Marta, ¿me das mi cheque del presentismo de marzo?


¿Más regalos?
M. LOCOCO: No, no, no, no,

si querés cambiar el regalo por un shorcito.



M. CAAMAÑO: Si quiero… ¡Ah! ¿Esto era para mí?




Pero miren que yo no cumplo años. Debe ser un error.

¡Qué divina esa blusa!



M. LOCOCO: Y sí. Pero esa blusa sale el doble.


M. CAAMAÑO: ¿Y si te pongo la diferencia encima?
M. LOCOCO: Sí, de mil amores.


M. CAAMAÑO: Porque digo… a lo mejor una blusa voy y me la pongo… no sé, un feriado, o algún acto… pero ésta…


M. CAAMAÑO: Qué original, con dos tiras, para colgársela del cuello.







M. GREGORINI: Ahora te lo doy. No lo encuentro.

DELIA: Ah, no. El cheque de ella se usó.


M. CAAMAÑO: ¿Cómo que se usó?
DELIA: Sí, se usó para comprar lavandina, para comedor.


M. CAAMAÑO: Ah. Pero, ¿no lo voy a cobrar?
DELIA: Sí, cuando nos manden la partida de comedor.


Vos anotá todo, Marta.


M. GREGORINI: No se metan con mis cuentas.


M. GREGORINI: Yo ya tenía todo anotado.



M. GREGORINI: A ver: ¿cómo funciona esto?
DELIA: Marta, no te me pongas así que no queremos otro episodio, ¿eh?


Si tenés tareas pasivas, quiero que las realices pasivamente, ¿estamos?


M. CAAMAÑO: Pero, ¿y mi presentismo?
DELIA: Ay, Marta, si vos faltaste como loca cuando te dio eso…
M. CAAMAÑO: ¿Yo falté?
M. LOCOCO: Que te hinchaste como un globo aerostático.
M. CAAMAÑO: ¿Y falté mucho?


6 / DÍNAMO

Entra SUSANA BRUNETTI, desesperada. La sigue SUSANA RIVAROLA, la vicedirectora.

S. BRUNETTI: ¿Cómo funciona un dínamo?




DELIA: ¿Qué?
S. BRUNETTI: Es que no lo sé, Delia.
DELIA: ¿Y qué te importa cómo funciona un dínamo?


S. BRUNETTI: Me lo preguntaron. Un dínamo, un dínamo de bicicleta.





S. DOMBER: A lo mejor te va a tocar decirles la verdad. Que no sabés.
S. BRUNETTI: No…

Después no me creen nada.


¿En qué grado se estudia cómo funciona un dínamo?


¿En qué eje?
M. LOCOCO: En ninguno.

S. BRUNETTI: (Se va, ofendida.) Ah, mirá qué bien.



M. CAAMAÑO: Marta, ¿yo falté? ¿Llevás registro de cuándo falté?
M. GREGORINI: ¿Por qué me preguntás si llevo registro?





¿Vos querés vigilar si yo hago mi trabajo o si… si...


…si uso las tareas pasivas para limarme las uñas? (Sale.)
M. CAAMAÑO: No, lo que pasa es que no recuerdo, y me dicen que falté…



Que me inflé sí me lo acuerdo…

¿Pero vos sabés que pensé que me había inflado acá?


Tengo imágenes de mí inflada sosteniéndome del mástil…


Susana, ¿cómo te va?


¿Vos tenés presente si yo tuve que faltar en marzo por algún motivo cualesquiera?
S. RIVAROLA: No, Marta, no sé.



7 / MATRÍCULA

DELIA: Como si alguno de estos piojitos tuviera plata para ponerle dínamo a la bici. Conchuditos. Qué barbaridad. No la veo nada bien a esta chica nueva.
S. RIVAROLA: A lo mejor no fue una buena idea juntarle dos grados, no da abasto.
DELIA: Que se curta. ¿Qué se creen, las nuevas? ¿Que una escuelita es un lecho de rosas?
S. RIVAROLA: Lo que pasa es que le juntaste un segundo grado con un octavo, Delia.
DELIA: ¿Y qué? Hay que integrar, Susana. Un chico de segundo, correctamente estimulado por un compañerito que está en octavo, puede ir adquiriendo contenidos que ni te imaginás. Y un chico de octavo bien puede beneficiarse de una repasadita de las letras cursivas, la suma y la resta, ejes que siempre les van fallando.
S. RIVAROLA: Pero los hubieras juntado con el otro segundo.
DELIA: No, el otro segundo está lleno de matrícula, está que revienta, y si consigo dos chicos más para cada curso me da el número para pedir subdivisión, y tengo cuatro cursos en vez de dos, ¡un filón!
S. RIVAROLA: ¡Pero subdividí el octavo!
DELIA: No me da, ¿no entendés? En octavo tengo doce almitas, los grados más taquilleros son los iniciales, después es como que los pibes se traban y no avanzan nada.
S. RIVAROLA: No entiendo. Tenés dos segundos superpoblados, juntalos y hacé tres…
DELIA: Ni loca. Junto el segundo con el octavo, entran dos indecisos más a la escuela, ¡zac!, los meto en segundo vengan de donde vengan, la inspectora ya está avisada y me apoya ciento por ciento, y como por arte de magia tengo 4 cursos y no 3.
S. RIVAROLA: Pero eso es una barbaridad… Es un argumento diabólico…
DELIA: Susana, si no entendés de estas cuestiones de marketing y estrategia no te metas, que así pedimos ladrillo y vigas a lo loco para la ampliación edilicia, la aprovecho y pido biblioteca y vicedirección, a ver si así te independizás de mi despacho, ¡mirá que argumento diabólico! Ese octavo estaba desolado, igual, no quedó ni el loro. Además, ésta es maestra convertida. ¿Para qué se convirtió? ¿No le gusta el Ciclo Básico? Bueno, que se curta. Que vaya probando con ese octavo.
S. DOMBER: ¿Qué octavo era?
DELIA: Ese octavo terrible, que quedaron la mitad, el octavo ése de la tragedia.
TODAS: Ah.
DELIA: ¿Ven lo que pasa cuando las maestras faltan?
M. CAAMAÑO: Pero, ¿segura que yo falté? ¿Cuánto? No, porque ahora empiezo a ligar una cosa con otra, y digo: a lo mejor los chicos van tan atrasados porque falté mucho…
M. LOCOCO: No te preocupes, a tus chicos los tomé yo, y están lo más bien. ¿Atrasados con respecto a quién? ¿A Susana, la de 4to B? Porque esos sí que van ATRASADOS…
M. CAAMAÑO: ¿Yo falté? ¿Y vos me supliste, Marta?
M. LOCOCO: Un par de días.
M. CAAMAÑO: ¿Y qué les diste?
M. LOCOCO: Seguí por donde iban.
M. CAAMAÑO: ¿En lengua?
M. LOCOCO: En el eje psicofísico.
M. CAAMAÑO: Ah. Claro, el eje… Es que yo a veces sigo pensando en áreas, como el lenguaje, la matemática… ¿Y vos sos maestra, también?
S. RIVAROLA: ¿Cómo va a ser maestra, Marta? Es Marta.
M. CAAMAÑO: Sí, la conozco. Hola. Marta Lococo. La que vende ropa. La conozco, la Credimart. Por eso me parece raro que haya tomado mi curso cuando yo… ¿yo falté? (A M. LOCOCO.) ¿Y te dijeron por qué falté?
M. GREGORINI: Mirá, Marta. Tu cheque de presentismo estaba porque yo no te pasé esas faltas, porque me dijo Delia que vos después ibas a recuperar…
M. CAAMAÑO: Sí, sí, yo voy a recuperar todo, todo.
S. RIVAROLA: ¿Cómo es eso, Delia?
DELIA: Y bueno, asunto terminado. Cuando entre lo de comedor de lavandina cobrás lo tuyo, mientras tanto Marta te anota la diferencia…
M. LOCOCO: ¿Querés la blusa, entonces?
M. CAAMAÑO: Y, es linda, posta… ¿De cuánto sería la diferencia?
M. GREGORINI: A ver… ¿Yo también anoto?
M. LOCOCO: Dejá que yo anoto todo, a ver, dame el contralor que yo lo voy haciendo coincidir con mis cálculos.


8 / PLUTÓN

S. BRUNETTI: Ey, perdón. ¿Por qué la luna se ve grande cuando recién sale y más chica cuando está alta?
S. DOMBER: ¡Pero qué hijos de una gran puta! ¡Te tomaron de punto!
DELIA: Porque está más lejos.
S. RIVAROLA: Es una ilusión.
S. BRUNETTI: ¿Es una ilusión o está más lejos?
DELIA: No sé, hacele caso a quien mejor te parezca, vos.
S. BRUNETTI: ¿En qué grado se ve lo de los planetas, lo del eje animico-espacial?
DELIA: Integrá, Susana, agarrate unos pomelos de comedor, después los devolvés, y haceles Plutón con este llavero, total parece que Plutón ya no es planeta.
M. GREGORINI: ¡Ésa es la llave del esténcil!
DELIA: Sí, ahora te la trae.
M. GREGORINI: Ahora, ¿cuántas copias hay de esa llave? Porque están desapareciendo cosas, del armario.
S. RIVAROLA: ¿Qué cosas?
M. GREGORINI: Y… unas partituras que traje de los Beatles… el alcohol del esténcil, por ejemplo…
DELIA: El alcohol es etílico y se evapora si no lo cerrás bien.
M. GREGORINI: ¿Y de los Beatles qué? ¿Son etílicos, también? Estoy poniendo todo de mí para organizar el coro, traigo “Yesterday”, traigo “Campos de frutillas”, traigo material prácticamente incunable para estos piojitos, material que además se puede sacar en la flauta, ¿qué necesito? ¡Tres muertos de hambre y un palo con siete agujeritos! Pero no: acá todo se desvanece…
DELIA: Marta, esto ya lo hablamos. ¿Vos querés hacer lo del coro? ¡Hacelo! Pero no traigas nada que sea de papel. Ya sabés que el papel, tenga la naturaleza que tenga, se usa en los baños. Y si no, te lo cartonean los pibes.
M. GREGORINI: Yo cierro bien, y cierro el armario con llave. ¿Y el alcohol, qué? ¿Me lo cartonean, como a Paul McCartney?
DELIA: Apurate, Susana, y traé el llavero ni bien toque el recreo, que ya ves cómo se pone Marta.
S. BRUNETTI: Claro, lo que pasa es que yo… de los planetas… o sea, la base la tengo fresquita, del profesorado, pero me están preguntando cosas que…
S. DOMBER: Mercurio, Venus, Tierra, Venus… Saturno… Tierra…
S. BRUNETTI: Bueno, les doy una actividad integradora, que recorten Saturno a ver si se callan… (Sale.)
S. DOMBER: Ah, ¿les vas a dar una actividad integradora? ¡Qué bien! (S. Brunetti sale.) Si será tonta. Les da tareas con tijeras, y después dice que les tiene miedo. Ésta está criando cuervos y cree que son pollos. ¡Recortar Saturno! Cuando vean lo complicado que es recortar una línea curva, un anillo, acá se arma el festival de la Victorinox… ¿Vamos buscando el botiquín, Marta?


9 / PUCHOS

Entra M. ELIZARRAGA.

M. ELIZARRAGA: Delia, ¿tenés para mucho rato más? Como no pasaste por Gabinete…
M. GREGORINI: Una se lleva la llave para hacer Plutón, la otra entra a buscar cosas del botiquín como si fuera de todos…
M. LOCOCO: Uy, acá te están debiendo algo.
M. ELIZARRAGA: Yo sabía que se la iban a agarrar conmigo. Yo te avisé, Marta. Te dije: saco dos pesos para comprar puchos, después los repongo cuando venga la bonificación de abril, que nos devuelven el paro que descontaron…
M. CAAMAÑO: ¿Nos descontaron los paros?
DELIA: No, eso ya se arregló en el sindicato. Devolvieron todo.
M. CAAMAÑO: Ah. Porque yo no hice paro.
DELIA: No. Vos faltaste.

M. CAAMAÑO: Ah. ¿Justo en día de paro? Uy, no te puedo creer. Van a creer que yo adherí, y no. Yo me inflé.


M. CAAMAÑO: Ahora te digo una cosa, ¡éstos son unos tránsfugas!
Yo no pienso ir a ningún paro más, que no sirven para nada, y encima te los descuentan.

S. RIVAROLA: Delia, ¿por qué el contralor ahora lo está llevando Marta Lococo?
DELIA: Dejala, si ésta es más rápida con los números…

S. RIVAROLA: Sí, pero no es su función. De hecho Marta Lococo no tiene ninguna función en esta escuela. Vender ropa no es una función docente.


M. CAAMAÑO: Yo no voy a hacerles el caldo gordo a estos hijos de puta de CETERA, y los otros, que son peor, los de UDA.
DELIA: Ya está, Marta, la UDA no existe desde hace diez años, y ya devolvieron los paros.
M. CAAMAÑO: Ah, bueno. Porque yo no hice. ¿Y eso lo puedo cobrar?
M. LOCOCO: Y… seguís en rojo. Porque acá sumamos lo del presentismo… que igual faltaste pero lo vas a recuperar…
M. CAAMAÑO: Claro, si yo me quedo… o limpio, paso un escobillón, si no me cuesta nada…
S. RIVAROLA: ¡Ah, genial!
M. LOCOCO: …y lo que te devuelven de los paros, pero te tengo en rojo con el regalo de Marta, y con la colecta para Susana.
M. CAAMAÑO: ¿Qué regalo de Marta? ¿Mi regalo? ¿Yo estaría poniendo para mi regalo?
DELIA: Ay, Marta, no seas pelotuda.
M. LOCOCO: No.
M. CAAMAÑO: No, está bien, lo que pasa es que ahora, si vos llevás toda la contabilidad junta, a lo mejor se mezcla lo de contralor con lo de los regalitos, y como yo también me llamo Marta… ¿Qué Marta cumplió?
M. ELIZARRAGA: Yo. Pero no me regalaron nada.
M. CAAMAÑO: Ah… Feliz cumpleaños.
DELIA: No se te regaló, Marta, porque todavía faltan poner.
M. ELIZARRAGA: Ah. ¿Es por eso?
DELIA: Claro.
M. ELIZARRAGA: ¿Seguro que no hay nada más?
DELIA: ¿Qué me querés decir?
M. ELIZARRAGA: Hubo votación po-po-po-por los equipos de gabinete en el Consejo.
DELIA: Ay, Marta, esas votaciones son a puerta cerrada.
M. ELIZARRAGA: Pero estuvo Marta.
DELIA: ¿Qué Marta? ¿Tamborino?
M. ELIZARRAGA: Marta Lococo.
DELIA: ¿Y vos qué te metés, Marta? Es para darte un coscorrón. Metete en tus números y por favor no pretendas incidir en el curso administrativo de la escuela, que ya para eso bien nos hacemos cargo Susana y yo. Y ahora que digo Susana, descontale también lo de los paros y anotalo para el regalito de Marta, a ver si llegamos por fin. ¿Ves, Marta? Vos te pensás que yo tengo algo en tu contra y no es así.



M. ELIZARRAGA: Yo estoy coordinando el trabajo de integración fonético-sensible…


Que-que-que-que no es algo de lo cual cualquier escuela pueda ufanarse, te aviso, Delia.



M. LOCOCO: Acá sigue habiendo una diferencia de dos pesos.

M. ELIZARRAGA: ¿Y qué querés?


M. ELIZARRAGA: ¿Que los ponga para mi propio regalo? Ya te dije, es de los puchos, que no tenía cambio. Esto es persecución ideológica. (Sale.)

S. RIVAROLA: Perdoná, ¿cómo es eso?



¿Ahora vos decidís a quién se le descuenta un paro y a quién no?



DELIA: No es tan así. Al que hizo paro, se le descuenta. Pero como yo no te lo pasé…


Lo cobraste…

Lo ponés para el regalito de Marta… Y todos contentos.



DELIA: ¿Cuándo te llamó ese Angie por última vez, Marta (Lococo)?
S. RIVAROLA: ¿Qué sabrás vos si vine o no? Si vos no viniste, el día de paro…
DELIA: ¿Y qué querías, Susana? ¿Que carnereara una huelga? Ah, no, chicas, miren que si lo de los regalitos se torna un problema para todas, acá esto se arregla muy fácil. Se acabaron los regalitos. Y que cada una se compre la blusa que necesita.
M. CAAMAÑO: ¿Qué? ¿La tengo que devolver?
DELIA: ¿No ven, chicas? Acá falta un ingrediente mágico de compañerismo, nos falta la camaradería masculina… ese tufo desinteresado, viril, que es lo que hace que los hombres se junten entre ellos para hacer grandes tareas…
Entra GLADYS.
DELIA: … como ganar un partido o robarse un banco. ¿No, Gladys?
M. LOCOCO: Sí. Y encima se dan el lujo de ponerse bonetes…

GLADYS: ¿Quiénes?
M. LOCOCO: …Y festejar el cumpleaños a la cajera. ¿No, Gladys?


S. DOMBER: ¿Qué cajera?
M. LOCOCO: La que cumplía años. ¿No, Gladys? ¿No estabas cuando contaron?


S. DOMBER: Yo la escuché a no sé quién contar que…
DELIA: No, pero recién…


DELIA: No sé quién contó… ¿Vos, Gladys?
GLADYS: ¿Sí?
DELIA: Sí. Que una cajera cumplía años, y que los tipos, armados hasta los dientes, les dicen: “acá no estamos para tirarles ningún tiro, es una guerra contra el sistema”.
GLADYS: (por el comentario de DELIA) ¡No! ¡¿En serio?!
DOMBER: Ay, ¿no lo sabías? Si se enteró todo el mundo.


DELIA: Son hombres, ¿entendés?

Piensan como hombres.


Por eso roban bancos en vez de administrar la miseria de Solá en las escuelas.



Y parece que se pusieron bonetes y cantaron el Happy Birthday.


¡Unas voces, todos!




M. GREGORINI: ¿Cómo pretende que anote lo de los puchos?




M. LOCOCO: Mirá, Marta. ¿Te muestro cómo hago yo?



M. LOCOCO: En vez de trabajar con dos columnas, trabajo con tres.












M. LOCOCO: Acá ponés el DEBE, ¿ves?, acá el HABER…

Y acá el HABRÍA.

Y esto lo ponés acá, ¿ves? Lo de los paros, acá.



Y lo de los regalitos, lo ponés acá. Sumás las tres columnas y te da cero, ¿entendés?


M. GREGORINI: A ver… ¿Cómo es eso?



M. LOCOCO: Vení que te muestro. Y te muestro esos corpiños que te van a encantar.
Salen LOCOCO, CAAMAÑO, y DOMBER.
GLADYS: ¡Cuéntenme! ¿En qué canal dijeron lo de los bonetes?
S. RIVAROLA: Lo dice todo el mundo. Es vox populi.
M. GREGORINI: Chicas, dejo acá la caja de cooperadora un segundo que me tengo que probar unos corpiños.
DELIA: Sí, andá.
M. GREGORINI: No, es que no es para mí. Es para un regalo.
DELIA: Bueno.
M. GREGORINI: No, Delia, no voy a regalar algo que no me probé.
DELIA: Si, Marta, andá, esparcite. (M. Gregorini sale.)
GLADYS: Yo escucho lo de los bonetes y… me siento una pelotuda. Yo enseñándoles a tirar penales cuando, en realidad, hay que robarse un banco. ¿Saben cuál es el porcentaje de pibes que se van a salvar pateando un balón?
DELIA: Es ínfimo.
GLADYS: Ínfimo. Esto es un ejemplo, chicas. Un ejemplo a seguir.
DELIA: ¿Te imaginás? ¿Ir con un chumbo en la guantera?
GLADYS: Nos afanamos una estación de servicio…
DELIA: ¿Sabés las cosas que se solucionarían?
GLADYS: ¿Quién va a sospechar de tres docentes de guardapolvos, tres dignas muertasdehambre?
DELIA: La subdivisión…
GLADYS: Merienda para los pibes, martes y jueves de acá a fin de año...
DELIA: La matrícula…
GLADYS: Les compro botines…
DELIA: La biblioteca…
GLADYS: Y jugamos de locales en el interescuelas contra Moreno. Compramos trofeos, copa de leche... Entonces, ¿qué? ¿Es un crimen eso? Decí que no tengo un chumbo, que si no... (Sale.)
Quedan DELIA y S. RIVAROLA. En silencio. Entre ambas, la cajita con el dinero de cooperadora. DELIA la mira. S. RIVAROLA la mira. Cruzan miradas.
DELIA: Yo…
S. RIVAROLA: No digas nada, Delia. Si lo vas a hacer, hacelo. Pero sabé que es una decisión tuya.
DELIA: Te juro, Susana, que esta vez no puede fallar. ¿Vos sabés que yo vengo viendo los entrenamientos del Deportivo Merlo, no?
S. RIVAROLA: Digamos que es un rumor cada vez más frecuente. Pero yo no me dejo llevar por rumores.
DELIA: Bueno, dejate, porque es. Pero yo veo los entrenamientos con un ojo puesto en los muchachotes y otro puesto en el futuro. Se llama Edgar Fabiani. Un delantero, un izquierdista.
S. RIVAROLA: ¿Un qué?
DELIA: No sé cómo se llama, ataca por izquierda, de zurda, es un cañón. Está suspendido en catorce fechas, parece que tuvo un altercado con el réferi, son cosas que pasan, oportunidades únicas. Ya lo tengo apalabrado al director técnico del Depo. Nos lo dejarían en cuotas. Pero yo creo que le pagamos la primera y después se olvida.
S. RIVAROLA: (Por la cajita.) ¿Cuánto hay?
DELIA: Hay.
S. RIVAROLA: Es una locura.
DELIA: Yo no digo que no.
S. RIVAROLA: Un riesgo enorme.
DELIA: ¿Y qué? Mirá Seisdedos. Se la jugó. ¿Y ahora?
S. RIVAROLA: ¿Y ahora qué? Toda la policía bonaerense los busca.
DELIA: Ah, no, Susana. Lo decís como si quisieras que los encuentren.
S: RIVAROLA: ¿Cómo voy a querer que los encuentren?
DELIA: ¿Entonces? ¿Somos un equipo o no somos un equipo?
S. RIVAROLA: Vos sabrás. Sos la directora.
DELIA: ¿Somos hombres o no somos hombres?
S. RIVAROLA no puede evitar una equívoca sonrisa, que ha venido reprimiendo. Timbre. Comprende que le conviene retirarse. Agarra su cartera, va a hablar, no dice nada. Mira la cajita de cooperadora. Mira a DELIA. Se aleja como para dejar sola a DELIA, y la mira hacer. DELIA acaricia la caja.
DELIA: No te preocupes. A mí me alcanza con que tomes una discreta distancia.
S. RIVAROLA: ¿Esta distancia… te parece… discreta?
DELIA: Es ahora o nunca. El mundo es de los valientes.
Suena un timbre de escuela, largo atronador, que señala el fin del primer acto
SEGUNDO ACTO

10 / PEAJE

SUSANA RIVAROLA:
¿Usted me pregunta por el arma?
¿Qué arma, específicamente?
¿El chumbo de la señora Delia Lobo?
Bueno, a lo mejor yo no soy la más delimitada para dar esta explicación. Porque yo tuve –y tengo, sigo teniendo-, Su Señoría, una opinión respecto de estas cuestiones. Y es una opinión forjada a fuego, no me van a convencer de lo contrario.
¿Es una escuela el lugar más apropiado para llevar armas de fuego? No, no lo es. Y esto es lo que yo pienso.
Paso a explicarle del arma de la señora Delia Lobo.
Los Sagasti, del séptimo de la mañana, son dos casos-problema. Se sabía que al menos uno de ellos está en la cuestión ésta del peaje, les cobran peaje a sus compañeritos para pasar por Etcheverry y salir del barrio. Y no se hizo nada en su momento. Hasta que un buen día, Sagasti se apersona en la escuela con el chumbo. La señora Delia Lobo se entera, lo va a buscar, lo saca del aula y le dice lo siguiente –tengo testigos- le dice: “¿Sabés, Sagasti, que ahora hay un programa escolar para canjear armas por juguetes? Un arma por un juguete. Decime qué juguete te gustaría tener y yo lo arreglo con las punteras a nivel municipal, pero me tenés que dejar el chumbo.” ¿Sabe lo que le dijo Sagasti? “Una pelota de básquet”. (Timbre.)

11 / AZUL

Entran MARTITA ELIZARRAGA.
M. ELIZARRAGA: Susana, ¿nos dejarías el lugar para una entrevista?
S. RIVAROLA: ¿No podés atenderla en gabinete?
M. ELIZARRAGA: No. Sabé que “mi” gabinete es ahora tierra de nadie. Delia se mete, cambia los muebles de lugar, no sé qué está tramando ahora. Primero raja a la Social, ahora me revuelve el gabinete, esto es una declaración de guerra a la rama.
S. RIVAROLA: ¿Qué rama?
M. ELIZARRAGA: (Trabada por el tartamudeo.) Psi… psi…
S. RIVAROLA: ¿La rama psicofísica?
M. ELIZARRAGA: Psi… psi…
S. RIVAROLA: ¿Sindical? ¿Es por los paros?
M. ELIZARRAGA: Psicología. Nos quieren rajar. Ya votaron en Consejo.
S. RIVAROLA: ¿Y vos cómo sabés?
M. ELIZARRAGA: Me dijo Marta Lococo.
S. RIVAROLA: Qué cagada.
M. ELIZARRAGA: Sí. No. “Qué cagada”, no. A ésta hay que pararla. Está cada vez peor. ¿En qué quedó lo que me dijiste? ¿Lo de pedirle la licencia por psi… psi…? Por psiquiatría.
S: RIVAROLA: En eso estoy. Ya redacté un borrador para un sumario. No tenés más que firmar acá.
M. ELIZARRAGA: Por fin. Dame que te firmo.
Entra S. DOMBER con una MAMÁ.
M. ELIZARRAGA: Y si alguna no se atreve a firmar, me avisás que le falsifico la firma.
S. DOMBER: Mire, mamá. Daiana Mazzitelli no está avanzando. No se adapta al grado. Por eso le pedimos que venga, para que hable con Marta, que es nuestra asistente foniatra.
S. RIVAROLA sale.
M. ELIZARRAGA: Hola.
MAMÁ: Hola. ¿Marta?
M. ELIZARRAGA: Sí.
MAMÁ: ¿Y quién es Daiana Mazzittelli?
S. DOMBER: Su hija.
MAMÁ: No.
S. DOMBER: Sí.
M. ELIZARRAGA: Susana, fijate si no te equivocaste de nuevo con las planillas de la tarde.
S. DOMBER: No, te juro. A las de la tarde les puse un Snoopy y a las de la mañana un calquito de Floricienta.
MAMÁ: ¿Mi hija? ¿Y cómo es?
S. DOMBER: Es menudita, de pelo marrón… Daiana…
MAMÁ: Una chica común. Puede ser…
S. DOMBER: Daiana Mazzittelli.
MAMÁ: ¿Y no aprende? Pobrecita. ¿Cuánto le falta para llegar a séptimo, a ésa?
M. ELIZARRAGA: Está en primero.
MAMÁ: Bueno, cuando esté en séptimo va a estar bien. ¿Y Azul?
M. ELIZARRAGA: No, no tengo ninguna Azul.
MAMÁ: Azul. ¿En qué grado está?
M. ELIZARRAGA: Ay, no sé. ¿Es una hermanita de Daiana?
(Miran la lista para reconocer de quién se trata.)
MAMÁ: Y… qué sé yo. ¿Y ésta? ¿Y ésta? ¿Y ésta?
M. ELIZARRAGA: No, “Azul” no tengo ninguna, en recuperación fonoaudiológica. ¿Está en octavo grado?
MAMÁ: Y… está más grande que la otra que yo digo. Pero no sé por qué le dice Daiana.
La encuentran en la lista.
M. ELIZARRAGA: Ah, ésta. Soledad. La nena que no habla. ¿Por qué le dice Azul?
MAMÁ: Yo le iba a poner Duende Azul y no me dejaron en el Registro Civil. Di media vuelta y me fui.
M. ELIZARRAGA: Bueno, acá la tenemos como Soledad Mazzittelli. Por el DNI.
MAMÁ: Ah… La Sole. Por eso el Rulo me decía “no la vas a ver más a la Sole, me la voy a llevar a Formosa a la Sole”, y yo me reía, nomás, como loca, no sabía de quién me hablaba. Se fue a Formosa, el Rulo, pero se llevó nada más que al Caqui, a la otra me la dejó.
M. ELIZARRAGA: ¿El Rulo es Mazzittelli? ¿Es el papá? Igual no puede seguir en el grado, Soledad. Repitió cuatro veces.
MAMÁ: La directora me dijo que la iba a hacer pasar.
M. ELIZARRAGA: No puede llegar a noveno en esta escuela.
Entra DELIA LOBO.
DELIA: Sin embargo fijate, Martita, que la señora es mamá o tutora de seis chicos de esta escuela.
M. ELIZARRAGA: Sí, pero Soledad está todo el día con el dedo en la boca.
MAMÁ: ¡Es un duendecito!
DELIA: ¿Y en el eje de integración físico, cómo anda? Quizás le da el promedio.
M. ELIZARRAGA: No. No alcanza.
DELIA: Eso decís vos, vamos a buscar a Gladys que le tome unas abdominales. Usted no se preocupe, señora. Seis chicos es un capital enorme. (Le hace señas a M. ELIZARRAGA, a espaldas de la MAMÁ, señas que parecen remitir a sus planes de ampliar la escuela con nuevas construcciones si consigue la plata prometida por la provincia.) No nos podemos dar lujos. (Sale.) ¡Gladys!
M. ELIZARRAGA: (Ofendida por las señas. A S. DOMBER.) ¿Qué me hace? ¿La vicedirección, la subdivisión?
S. DOMBER: Sí. (A la MAMÁ.) Igual no nos interesa evaluar a Soledad. Yo le estaba hablando de Daiana.
MAMÁ: ¿Ésa es la suya?
S. DOMBER: No, la suya, su hija, Daiana, la de primero.
MAMÁ: Es que no es mi hija. Ésa es de la Viru. La mujer del Toto.
M. ELIZARRAGA: ¿La Viru?
MAMÁ: Claro. Y yo se la cuido, es como si fuera una hija, si a mí me da lo mismo.
M. ELIZARRAGA: ¿Pero usted no es la mamá?
MAMÁ: Y… no sé eso, yo.
S. DOMBER: ¿A quién le dice “mamá”, Daiana?
MAMÁ: ¿La Juje?
M. ELIZARRAGA: ¿Se llama Juje?
MAMÁ: Y… yo le digo “La Juje” porque es jujeña, como la Viru. La mujer del Toto.
M. ELIZARRAGA: No entiendo. Y el Toto, ¿quién viene siendo?
MAMÁ: Y… (Piensa.) El Toto está conmigo, ahora.
M. ELIZARRAGA: ¿Es su marido, su pareja?
MAMÁ: Ay… (Se ríe.)
M. ELIZARRAGA: ¿Es el papá de algún otro nene más en su casa, o los otros los tuvo con el Rulo de Formosa?
MAMÁ: ¿En casa?
M. ELIZARRAGA: Mire, a ver, vamos a hacer una cosa. Yo le voy a dar un lápiz y un papel para que usted me dibuje su casa, y todas las personas que viven en su casa…
MAMÁ: ¿La Azul, La Viru, el Pancho, todos?
M. ELIZARRAGA: Sí. ¿Quién es el Pancho?
MAMÁ: El Pancho antes estaba conmigo. Viene los sábados.
M. ELIZARRAGA: Bueno, dibújemelo, entonces, y después yo le voy a pedir que me haga unas flechitas para ver quién es el papá de Daiana.
MAMÁ: Perfecto. Acá yo le hago a ésa que ustedes le dicen la Daiana. La Juje, le decimos en casa. O La Chucha.


12 / CROQUIS

Vuelve DELIA con GLADYS RONDÓ.
GLADYS: Marta, me dice Gladys que estás con el temita de las Mazzittellis.
M. ELIZARRAGA: Sí, la Chucha y la Azul, Soledad Mazzittelli.
GLADYS: Bueno, la Chucha no me importa, pero mirá que la que está en octavo golea fiero. Si me la sacás, me rompés el equipo. Y tenemos un interescuelas la semana que viene.
M. ELIZARRAGA: Soledad viene acá a aprender a leer y a escribir, si te rompo el equipo perdoname, corazón. Pero para eso está la rama.
DELIA: ¡Y después no querés que te la cierre, mirá si serás hija de puta, Marta!
M. ELIZARRAGA: Soledad no puede aprobar los contenidos mínimos de lengua…
DELIA: Acá no tenemos más “lengua”. Ahora tenemos “ejes”. No todos tenemos las mismas capacidades. Y gimnasia se promedia, por orden de la rama de EGB.
GLAYDS: En gimnasia Mazzittelli se expresa todo el tiempo.
DELIA: ¿Ves? No habla, pero se expresa.
GLADYS: Sí. La chica se hace entender. Pide la pelota. Tiene arte en la gambeta. Es ladina en los piques largos.
M. ELIZARRAGA: El otro día se agarró cuatro horas del bolsillo de la maestra. Susana: te quiero oír.
Entra SUSANA BRUNETTI.
S. BRUNETTI: No la podemos aprobar.
DELIA: ¿¡Cómo!? Yo a vos te veo meando a cien metros del tarro.
S. BRUNETTI: Yo necesito que los chicos aprendan. ¿Sabés lo que es llegar a casa, día tras día, y descubrir que todo lo que expliqué fue en vano?
DELIA: Yo no entiendo para qué hacemos reuniones. Hay otras formas de evaluar. Menos agresivas para un chico, que es como una gelatina endeble, asustadiza. Además, si no la podés aprobar en octavo, aprobala en segundo, que para algo los tenés juntos. ¿Los contenidos programáticos de segundo los tiene?
S. BRUNETTI: ¿Y qué sé yo? Si no habla.
GLADYS: Venite a verla tirando penales. Habla con la diestra, esa mocosa. (Sale.)
DELIA: Vení, Susana, vení a verla y convencete. Esta chica pasa de año, que si no la mamá se lleva a los cinco pibes a la 45.
S. BRUNETTI: ¿Y las computadoras, Delia?
DELIA: ¿Las del plan federal “La compu al cole”?
S. BRUNETTI: Sí, ¿cuándo llegan?
M. ELIZARRAGA: ¡Po-po-por favor! ¡Seguí soñando, Susana!
DELIA: Ya van a llegar. Están llegando de La Plata.
S. BRUNETTI: Porque yo en la curricula ya puse todo lo del eje tecnológico-perceptivo, y ahora los de octavo me preguntan cuándo llegan las compus…
DELIA: De un momento a otro, decile.
S. BRUNETTI: ¿Y va a haber para todos?
DELIA: ¿Sabés lo que pienso, Susana? ¿Te interesa la computación? Vos y yo podemos llegar a un buen acuerdo sobre las Mazzittellis.
Salen DELIA y S. BRUNETTI.
M. ELIZARRAGA: ¿Qué-qué-qué se piensa? ¿Qué se va a salir con la suya?
MAMÁ: Yo no sé si hablamos de la misma. Azul.
M. ELIZARRAGA: Yo lo que le digo es muy simple: Soledad Mazzittelli necesita el pase a especial. A ver, ¿dónde me la dibujó, en el planito?
La MAMÁ hace un croquis de la casa. Durante la conversación, habrá confusiones entre la representación y el objeto representado.
MAMÁ: La casa es así. Acá está donde plantamos… ahora hay perejil, yuca… de todo. Acá vive el Pichi. El papá de Azul, a veces duerme acá y, a veces, acá. Depende cómo esté conmigo. Éstos son otros nenes, los hice en cualquier parte porque corren todo el día.
S. DOMBER: No entiendo. ¿Éste es el Pichi?
MAMÁ: Ésa es la ventana.
S. DOMBER: A ver. ¿Me puede hacer los basamentos edilicios de la casa con un color y los miembros de la casa con otro?
MAMÁ: Yo lo de los colores no lo sé.
S. DOMBER: Bueno, pero me va diciendo. Le señalo y me va diciendo qué son. (Lo hace.)
MAMÁ: El Pichi. La Juje. Duende Azul. El Pichi de nuevo. La tele. La yuca. El Pichi cuando está enojado. Un perro, que entró y se nos quedó. La ventana.
M. ELIZARRAGA: Perdón. ¿Y usted? ¿Por qué no se dibujó usted?
MAMÁ: (Pudorosa.) Ay, no. Yo no.
M. ELIZARRAGA: ¿Por qué?
MAMÁ: Yo no estoy.
M. ELIZARRAGA: ¿Pero no es su casa?
MAMÁ: No, es la casa de la Viru. Con el Toto.
M. ELIZARRAGA: ¿Pero el Toto es su novio, señora, o el novio de alguna de sus hijas?
MAMÁ: Y… habría que ver, ¿no?
M. ELIZARRAGA: ¿Y por qué usted no está en su casa?
MAMÁ: Porque estoy acá.
M. ELIZARRAGA: ¿Pero por qué no se dibujó?
MAMÁ: Porque estoy acá. ¿Cómo voy a estar en dos lugares a la vez?
S. DOMBER: Tiene razón, Marta.
M. ELIZARRAGA: ¿Cómo va a tener razón? Mire. ¿Esto qué es?
MAMÁ: La reja.
M. ELIZARRAGA: Perfecto. La reja está acá, en el dibujo, y está allá, en su casa. ¿No? ¿O dejó de estar cuando la dibujó?
MAMÁ: Yo la dibujé porque usted me dijo que la dibuje, pero si quiere la saco. ¡Cómo se pone!
M. ELIZARRAGA: No, no la saque.
MAMÁ: Ni loca la saco, la reja. ¿Para qué? ¿Para que nos desvalijen los villeros?
M. ELIZARRAGA: Lo que digo es que la reja puede estar en dos lugares a la vez.
MAMÁ: (Pausa.) ¿Cómo enseñan, acá?
M. ELIZARRAGA: ¡Basta! Yo no me voy a adaptar. Nunca. Yo voy a seguir adelante, con mis creencias, con mis valores. No me van a arrastrar por el fango. Yo no me adapto. ¡Y la Juje, y la Chucha se van a la escuela 501! Son deficientes moderados. Ya mismo elevo el informe a Psicología. Y no me importa lo que diga Delia Lobo, ¿se enteran? (Se levanta y se va. Muy perturbada.)
MAMÁ: Cómo se puso. Se ve que no le gusta lo que hace, pobre.
S. DOMBER: Sí. ¿Usted podría hablar con el papá de Daiana?
MAMÁ: (Señalando en el gráfico.) ¿Con éste?
S. DOMBER: ¿Ése es el papá?
MAMÁ: Así dice él.
S. DOMBER: ¿Le puede decir que venga?
MAMÁ: ¿A ése?
S. DOMBER: Sí.
MAMÁ: Bueno, bueno, está bien, si quiere yo le digo. (Se acerca al dibujo y le habla a una mancha.) Toto, acá dice la seño si podés venir. (A SUSANA.) Dice que no sabe. Dice que lo va a pensar.
S. DOMBER: ¿Vos te estás buscando que yo te parta la cara con un tupper, yegua?
MAMÁ: ¿Me puedo ir, ahora?
Entran DELIA y S. RIVAROLA.
DELIA: Ay, pero qué lindo dibu. Mirá qué caserón que te mandaste, mamá. ¿Vos cuál sos?
MAMÁ: (Se señala, harta, violenta, angustiada.) ¡Yo soy ésta!
DELIA: ¡Qué lindo! ¡Cuánto sol! ¿Éstos son alambrados?
MAMÁ: No. Son líneas, para que ustedes entiendan. Pero ustedes son todas unas retardadas. Y yo le voy a decir al Pancho. Ya van a ver. (Sale.)


13 / TIMBRES

Se escucha un timbre. Ingresa MARTA CAAMAÑO; está un poco extraviada.
DELIA: Marta, ¿qué hacés acá?
M. CAAMAÑO: Eso te quería preguntar justo. ¿Ustedes escucharon eso?
S. RIVAROLA: El timbre.
M. CAAMAÑO: No, porque el otro día, ¿cuándo fue?, ¡hoy!, ¡hoy, fue!, hoy mismo, estoy lo más tranquila dándoles unas cuentas… y de pronto ese ruido terrible, y ¿vos podés creer que -como si se hubieran puesto de acuerdo, los malditos-, se me levantan todos a la vez y salen en tromba?
S. RIVAROLA: Es el timbre.
M. CAAMAÑO: Ah, el timbre. Pero no quedó ni uno.
DELIA: Y no. Salen al recreo.
M. CAAMAÑO: ¿Podés creer? Y yo como una pelotas, con la tiza en la mano, así, educando en el vacío.
S. RIVAROLA: Marta. Es el timbre largo.
M. CAAMAÑO: No, sí, el timbre. Si yo eso lo entiendo. ¿Y cómo es? O sea, si a ellos se les canta, una tiene que dejar que salgan en malón, a cualquier hora…
S. RIVAROLA: No era cualquier hora. Era el timbre largo.
M. CAAMAÑO: Está bien. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
DELIA: Marta, ¿te acordás que te expliqué que estamos subdividiendo el tiempo en parte más chicas, que los chicos puedan aguantar?
M. CAAMAÑO: ¡Los chicos, y las maestras, porque te sigo que lo que es yo, si me dicen que me puedo hacer un parate en medio de la mañana yo te beso los pies!
S. RIVAROLA: El timbre es el parate, Marta,
DELIA: Bueno, Susana, no la trates así.
S. RIVAROLA: ¿La vas a apañar? Muy bien. Perfecto. Acá vos sos la directora y yo sólo la vice. La responsabilidad civil es toda tuya, gorda.
DELIA: Escándalos no, Susana. No es lo mío. Y si te referís a lo que vos ya sabés, pensé que estábamos juntas en ésta.
M. CAAMAÑO: No, chicas, si se van a pelear, no. Yo no quiero hacer un lío. Lo que digo es que…
S. RIVAROLA: A ver, ¿qué decís? Te queremos escuchar.
M. CAAMAÑO: Que tendríamos que buscar una manera…
S. RIVAROLA: (A DELIA.) Quiere encontrar la manera…
M. CAAMAÑO: …de que en algún momento de la mañana, que es tan larga…
S. RIVAROLA: (A DELIA.) Le parece larga la mañana…
M. CAAMAÑO:…los chicos puedan salir un poco al patio, vayan al baño, en fin… y que nosotras nos podamos hacer un té. Porque si no, nos van a recoger con cucharita. (Sale.) Voy a buscar una cucharita para el azúcar.
S. RIVAROLA: (A DELIA.) Liberame de esta responsabilidad.
DELIA: ¿Sabés qué, Susana? Veo que cada vez te gusta más liberarte de responsabilidad.
S. RIVAROLA: ¿A mí? No puedo creer que me estés diciendo esto a mí. ¿Quién le pidió la pelota de básquet al cura de Itatí?
DELIA: Yo ya te lo agradecí.
S. RIVAROLA: ¿Era mi función? ¿Era?
DELIA: No.
S. RIVAROLA: ¿Y no lo hice igual, yo? ¿No lo hice?
DELIA: Sí. Pero eso es porque vos… te llevás mejor con el cura. Nada más.
S. RIVAROLA: ¿Qué me estás diciendo, Delia?
DELIA: Nada. Ya te agradecí lo de la pelota.
S. RIVAROLA: Yo asumo acá toda la responsabilidad que vos dejás vacante, Delia. Porque esto, si no, se cae a cachos. Y te recuerdo que en cualquier momento cae la inspectora.
DELIA: ¿Me amenazás? Vos y yo tenemos diferencias, Susana. Vos sos de sagitario, y lo digo sin ánimo de ofensa. (Entra M. ELIZARRAGA.) Y ya te dije: si llegamos a la matrícula pido la ampliación y vas a tener vicedirección para vos solita. Lo digo por si querés atender al cura la próxima vez que haya que pedirle las pelotas. No tengo problema en explicarle el episodio a la inspectora. (Se va.)


14 / PICHON

M. ELIZARRAGA: ¿Vos qué decís?
S. RIVAROLA: Nada, fabula. Si el cura vino una sola vez. Con la pelota. Acá, una sola vez. Si incluso estaba Rosa; no estuvimos solos en ningún momento. Seguro que lo dice porque habló con la madre de él. ¡Y andá a saber lo que pueda estar diciendo una señora tan viejita!
M. ELIZARRAGA: No, no. Yo te hablo de lo mío. ¿No sabés?
S. RIVAROLA: Ah, no, no.
M. ELIZARRAGA: ¿No escuchaste lo de las Mazzittelli? ¿Sabés lo del colchón?
S. RIVAROLA: No.
M. ELIZARRAGA: ¿Vos podés creer que ahora se agarra de la cuestión de la Chucha y me manda mensajes de amenaza en código? Me ta-ta-taponó la entrada a gabinete con un colchón. Es el paso previo a cerrar la rama. O sea, yo no soy una experta en Pichon Rivière, alguna vez lo fui, pero evidentemente lo que me quiere decir es, a su manera, pa-pa-patológica: “esta valla blanda, con plumas y estopa, es el prolegómeno a una valla mayor, insalvable, para vos”. ¡El cierre de la rama! ¿Quién te falta firmar el pe-pe-petitorio?
S. RIVAROLA: Shh. Después hablamos. Ya llamé a reunión para las 12:00. ¿Te enteraste lo de los hermanos Sagasti? ¿Lo de la pelotita de básquet?
M. ELIZARRAGA: ¿La pelota? ¿La que le pediste al cura?
S. RIVAROLA: Ah, ¿vos te enteraste? No fue tan así. Pará. Después te cuento.
M. ELIZARRAGA: Pero si a mí no me tenés que explicar nada…

15 / GOLEADOR

Entra GLADYS RONDÓ, la profesora de educación física.
GLADYS: Mmm, pero qué secretivas que están. ¿Cómo les va?
S. RIVAROLA: Ay, Gladys, ¿cómo te va? Ya casi no coincidimos nunca, en turno mañana.
GLADYS: Es que estoy todo el tiempo en la canchita.
S. RIVAROLA: Eso te quería decir. En cualquier momento cae la inspectora. No los cruces al potrero.
GLADYS: ¿Qué querés? ¿Que entrenemos en el patio, Susana?
S. RIVAROLA: ¿Y si pasa un auto y lo pisa a alguno?
DELIA: (Entrando.) ¿Y, Gladys? ¿Cómo va el Semillero?
GLADYS: Decile a la Social que Fernández está desnutrido. O hablá con la mamá, o lo saco del interescuelas de Moreno.
DELIA: ¡Pero si es el goleador!
GLADYS: No te metas, Delia. Goleador o no, si no come y no refuerza isquiotibiales, no juega. ¡Y no se metan en mi banco! (Sale.)
DELIA: Bueno. ¡Pero mirá que Social no tenemos más! (Repara en M. ELIZARRAGA, que no ve con buenos ojos que vayan eliminando al equipo de psicología de a poco.) Qué trabajo formidable, que hace Gladys, ¿no, chicas?
M. ELIZARRAGA: O sea que vos ves como formidable que saque a los pibes todo el día del aula para entrenar al fútbol y si yo vengo y te digo que estoy haciendo todo un trabajo, respaldado por tests, validado a nivel nacional, un seguimiento de integración fonético-sensible en primer nivel, resulta que yo soy una pelotuda y mejor cerrar la rama…
DELIA: Ay, Marta, ¡dios quiera que la rama no se cierre nunca! ¡Nunca!
M. ELIZARRAGA: ¡Bueno, entonces fijate lo que votás en el Consejo!
DELIA: Mirá, Martita, a vos todas te apreciamos muchísimo…
M. ELIZARRAGA: ¡No como a la Social!
DELIA: No, a la Social, no. Pero ése es otro tema. Y nos parece muy valiente de tu parte que con todas tus dificultades vos hayas salido adelante igual, en lo tuyo, eso habla muy bien de vos, del tesón. Pero no te metas en política. ¿Querés saber qué pienso yo de la rama? Me parece una idea excelente la rama. Que los chicos vean psicología. Pero tenés que entender que a veces hay que tener cintura.
M. ELIZARRAGA: Ah. ¿Vos llamás cintura a aliarte con la inspectora de primer nivel que quiere cerrar la rama para que después te dé el OK a tu proyecto de ampliación?
DELIA: Vos estás muy metereta, Martita. Ya las veo, a ustedes dos, muy grandes amigas. Pero créanme que de mi accionar nos vamos a beneficiar mucho todas. ¿Te digo algo yo, de todos tus proyectos? Nada, te digo. Ni me meto.
M. ELIZARRAGA: ¡Bueno sería! Yo tengo mi inspectora de psicología. Y si esperás que reciba órdenes tuyas en lo psicomotriz, yo te juro, con todo el aprecio que te tengo como persona, que te vas a encontrar con problemas muy gordos.
Momento muerto. El aire se corta con cuchillo.
DELIA: ¡Cómo me comería un sánguche de milanesa!


16 / PELOS

Entran MARTA LOCOCO y GLADYS.
M. LOCOCO: ¡Quién sabe qué no se robaron!
GLADYS: Ahora, ese Seisdedos, qué imbécil, ¿no?
M. LOCOCO: ¿Por qué?
GLADYS: Ah, ¿no sabés? ¿No saben, chicas?
DELIA: No, ¿qué? Contá, contá, turra.
GLADYS: Ayer hicieron una pericia nueva en el banco. Encontraron pelos.
S. RIVAROLA: ¿Cómo que encontraron pelos?
GLADYS: Pelos. Pelos con ADN.
Entra M. GREGORINI.
S. RIVAROLA: Che, pero contá… Mirá, Marta, ¿escuchaste? Parece que encontraron pelos, toda la bonaerense está agarrada del microscopio buscando el ADN…
GLADYS: Parece que los tipos entran lo más bien vestidos de traje.
DELIA: Claro, bien mozos.
GLADYS: Como ya tienen los túneles cavados desde hace semanas, lo único que tienen que hacer es hacer creer a la policía que los tienen a todos de rehenes.
M. LOCOCO: ¿Para qué?
GLADYS: ¿Cómo para qué? Para ganar tiempo. Cierran las puertas. Cae la cana, y les dicen que piden un helicóptero, sánguches de miga y qué sé yo qué para fugarse. Todo mentira. Lo que necesitan es tiempo. Vuelan las cajas de seguridad, agarran la guita, las joyas…
DELIA: ¡Ay, joyas!
GLADYS: Es un banco de zona norte, imaginate qué no habrá metido ahí la gente de Acassuso… Mientras la cana cree que van a ir soltando rehenes de a poco y llegan refuerzos, los tipos meten todo en unos gomones, se sacan el traje, tienen unos shores abajo…
DELIA: ¿Cómo? ¿Se sacan todo? (Pausa.)
GLADYS: Se quedan en shores… (Pausa.) Para irse en los gomones…
DELIA: (Ensoñada) …cubiertos de joyas…
M. LOCOCO: Pará, pará… ¿cómo que se sacan todo?
GLADYS: Tendrán unos shores abajo del traje, para remar más cómodos…
DELIA: …con tantos collares al cuello…
M. LOCOCO: ¿Cómo sabés que se sacan todo? ¿Se ponen en cueros? ¿Delante de las rehenes?
GLADYS: (Afirmando.) ¿No te dije que encontraron pelos?
TODAS: ¡Nooooo!
M. ELIZARRAGA: Perdoná, pero… ¿pelos, pelos?
TODAS: (Gritan, entre calientes y escandalizadas.) ¡Nooooo! ¡Pará!
GLADYS: Bueno, a los efectos del análisis del ADN da lo mismo…
S. RIVAROLA: ¿Te imaginás? ¿Haber estado ahí de rehén?
DELIA: Y… por ahí se hicieron ayudar por las rehenes para desvestirse…
M. ELIZARRAGA: ¿Y cómo… o sea… cómo…? ¿Se quedan en short?
M. LOCOCO: ¿No llevan camisetas?
GLADYS: Pleno verano.
M. LOCOCO: No, porque los hombres que tienen mucho pelo en pecho, si se ponen un traje como éstos, se tienen que poner una camiseta abajo, aunque sea finita. Porque la camisa de traje transparenta todo.
(Todas están muy calientes, cada una a su manera.)
DELIA: Claro.
S. RIVAROLA: Transparenta.
GLADYS: Se llevan toda la guita, las joyas, la ropa, para que no se hagan oler por perros, meten todo en los gomones…
DELIA: ¿La ropa interior también?
GLADYS: Qué sé yo…
DELIA: No, porque imaginate que un perro bien entrenado de la federal… si huele un slip, un slip de hombre, después de tanta actividad, vos imaginate que es como haber dado prácticamente con el DNI del chorro…
M. GREGORINI: (ensoñada) Claro, tanto olor a bola.
DELIA: Escuchame una cosa: ¿qué son gomones? ¿A qué llamás “gomones”? Decís “gomones” todo el tiempo, como si nosotras tuviéramos que entender la jerga criminal. (A MARTA GREGORINI, a los gritos) ¿Vos sabés qué son los gomones?
M. GREGORINI: (Muy tranquila, suspira.) Son botes.
DELIA: Ahá.
Silencio.
S. RIVAROLA: ¿Y la policía qué dice?
DELIA: ¿Qué policía?
S. RIVAROLA: ¿Nadie investiga, no hay detectives?
GLADYS: Ah, no, escuchen esto porque es genial. ¿Saben lo que dicen los canas? Que en estos casos de crímenes tan elaborados, siempre hay un eslabón que se rompe. ¿Y saben quién viene a ser ese eslabón? Una mujer.
DELIA: (Súbitamente preocupada.) ¿Qué mujer?
GLADYS: No saben. Una mujer. Siempre hay una mujer celosa en el medio. La amante, la suegra, qué sé yo.
DELIA: Ay, por favor. Te juro que me llena de alegría que la policía encarne por fin con toda claridad el papel de la manga de estúpidos que son. ¿Edgar no llegó, chicas? (Sale a buscarlo.)
GLADYS: Más vale que vaya apareciendo, que yo no tengo toda la mañana, los dejé tirando penales en el potrero… (La sigue.)


17 / REPULGUE

Se cruzan con S. DOMBER y M. CAAMAÑO, que vienen charlando.
M. CAAMAÑO: ¿Sabés en qué año me recibí yo? ¡Latín, nos daban en el Normal, a nosotras! Ahora, con eso de los timbres, ese ruido… y sos boleta: cada uno hace lo que quiere.
S. RIVAROLA: Ah, chicas, qué bueno que las veo. Ustedes ya están avisadas, ¿no?
M. CAAMAÑO: ¿De qué? Miren que si es poner plata, yo no tengo un centavo.
S. RIVAROLA: No. Nos quedamos cuarenta y cinco minutos en reunión.
M. CAAMAÑO: ¿Reunión de qué? Delia no me avisó nada, miren que si pierdo el 501 recorrido 5B no llego a la 24, voy a perder el presentismo en el otro cargo también, Marta…
M. GREGORINI: Acá no perdiste el presentismo. Ya te lo expliqué. Se compró Lavandina.
M. CAAMAÑO: Ah, bueno. Pero Delia no me dijo nada.
S. RIVAROLA: Delia no está avisada de esta reunión. Ustedes saben que dirección y vicedirección en esta escuela no siempre caminan codo a codo, chicas. Gladys tampoco se va a quedar.
M. LOCOCO: Bueno, yo no sé si debo quedarme.
S. RIVAROLA: No, quedate. Delia no está avisada pero yo no tengo por qué ocultar lo que hago, quedate.
S. DOMBER: Quedate.
M. CAAMAÑO: Quedate.
TODAS: Quedate.
M. LOCOCO: Bueno, me quedo un ratito a ver qué onda.
S. RIVAROLA: Seguro. Tus aportes están buenos, en general. Tenés una mirada… un poco más…
M. LOCOCO: Menos contaminada.
S. RIVAROLA: Seguro. Quedate, linda.
S. DOMBER: Si se quedan todas, díganme, porque pido empanadas. Hay una promoción.
M. ELIZARRAGA: ¿Qué incluye?
S. DOMBER: Si pedís más de dos docenas te regalan una de humita o carne suave.
M. CAAMAÑO: ¿En serio? (Empieza a contar cuántas son, y cuántas empanadas le tocarían a cada una con este arreglo. Una actividad que la ocupa toda la escena.)
M. LOCOCO: Uy, pero miren que son una bomba, las del Doble Repulgue. Fortachonas. Te comés tres seguidas y te puede dar una embolia.
S. RIVAROLA: (gesto rápido para que se calle, aludiendo a MARTA GREGORINI) Marta…
(Todas miran a MARTA GREGORINI. Silencio.)
M. GREGORINI: (Que no se ha enterado de nada.) Si llamás con tiempo, te las traen enseguida. (Todas asienten, para no generarle conflictos.) No, no lo hagan porque yo lo digo. Háganlo porque conviene. Si pedís sin darles tiempo, los pibes tienen que correr como locos, con esas motitos que no tienen casco, ni espejito retrovisor. Seamos solidarias. Entre nosotras. Y fuera de nosotras. Con los repartidores del Doble Repulgue. ¿Sabés cuántos locales manejan, ya? Yo no los conté, pero en cada parada de colectivo tenés una sucursal, porque se expandieron a lo pavote. Y ahora no dan abasto, así que hay que ayudar. Yo, si tengo que hacer un pedido, mejor lo hago antes, y no después, y que no se mate ningún chico. ¿Sabés la cantidad de locales? Ponele diez, catorce ponele. Y que en una dieta criolla como la nuestra la empanada ocupe un lugar… privilegiado. Bueno. “Uy, es el mediodía. Me comería una empanadita.” ¿Cuántas escuelas tiene el distrito? Ponele cincuenta, sesenta y tres, ponele.
S. RIVAROLA: Ochenta y dos.
M. GREGORINI: Y de cada escuela, a la misma hora, que es cuando es el cambio de turno, zas, “Me comería una empanadita”, te llueven sin que lo hayas pedido ochenta y dos pedidos, todos mixtos. De cebolla, de carne suave y picante, lo que fuera, de champignon con queso al jerez -a mí poneme dos de ésas, Susana-, ¡y los chicos sin casco! Sin contar al tipo que mete prácticamente las yemas de los dedos en aceite hirviendo, porque si las tirás de lejos te salpican hasta las córneas, ésos sí que se queman las pestañas, y no estudiando, porque la vida les da posibilidades muy distintas al pibe que trabaja y al que los papás lo pueden mandar a la universidad. ¿Vos sabés lo que es aceite hirviendo en la córnea? ¿Vos te creés que los tienen asegurados, a los que trabajan ahí? ¿Con la cantidad de locales que tuvieron que abrir, todos trabajando a la vez? ¿Qué seguro te da abasto para una cosa así? ¿Y para tantas motitos? Por eso van sin casco, para llegar a tiempo. Porque si una vez, dos veces te llegan frías, la próxima vez te traés de tu casa una lengua a la vinagreta en un tupper, y no los llamás más. Así que los tienen cagando. En cada local, imaginate, el mismo cuadro., Y vos venís lo más pancha después de haber estado sentada tomando prueba en tu aula, y decís “díctenme que yo anoto”. Y a mí me da bronca verte así, ver que todas son así, y que yo soy la única acá que se preocupa por las motitos, por la llave del esténcil, el seguro, la responsabilidad, el mío no es un cargo pasivo, es de una enorme responsabilidad, y yo no sé hasta qué punto yo voy a poder… con tantas motos a la velocidad que están yendo… seguir con esta farsa… como si cada cosa tuviera un sentido… ¿Para qué es la reunión? ¿Es contra Delia, la reunión? Ah. Me quedo. Anotame dos.
S. DOMBER: Listo. ¿Las demás comen cualquier cosa?
M. ELIZARRAGA: Pero deciles que lleguen calientes. Si no, es una bola de aceite.
S. DOMBER: En cinco minutos te las traen.
M. GREGORINI: Pero llamen antes. No después. Si no… van a llegar cuando ya nos las hayamos comido… (Sigue musitando por lo bajo su eterno razonamiento.)
S. DOMBER: ¿Quién tiene crédito?
M. LOCOCO: Acá no hay señal.
S. RIVAROLA: Yo señal tengo, lo que no tengo es crédito. Y menos para una cosa así, tan banal.
S. DOMBER: Bueno, Susana, pero el teléfono está cortado desde hace dos meses.
S. RIVAROLA: Ah, ¿y no lo sé, yo? Está en el temario de la reunión de hoy, chicas.
M. CAAMAÑO: Ah, ¿cómo? ¿Es reunión, o es almuerzo?
M. ELIZARRAGA: Bueno, mandemos a un chico de quinto.
M. CAAMAÑO: ¿Es por lo del amigo invisible?
S. BRUNETTI: (Entrando.) Ay, Susana, qué suerte que te encuentro. ¿Cómo hago la planificación?

S. BRUNETTI: Porque yo había planificado segundo. Ahora me sumaron octavo. Porque viste que yo soy convertida. Y tengo que dar música, León Gieco... Y me preguntan por el diapasón, hoy les mostré uno y me preguntaron si era un DIU.


¿Yo voy a tener mucho tiempo a los de octavo en el segundo?
DELIA: (entrando, sin mayor explicación) Sí.

S. RIVAROLA:
¡Delia!
¡Delia!
¡Y…!
¡Delia! ¡Lo hablás con Delia!


M. CAAMAÑO: ¿Por el diapasón? ¡Pero qué jodidos!



18 / RÍO

Entra DELIA con NAHUEL, el levantaquiniela.
DELIA: Ay, ese robo, Nahuel… Nos tiene a todas un poquito como locas…
NAHUEL: ¿Qué robo?
DELIA: ¡El de Acassuso, gilún! ¿En qué curva te perdiste, vos? ¿Qué hacen todas acá? ¿Hay reunión? Miren que yo quedé en que tenía cosas que hacer, chicas, ¿eh? Conmigo no cuenten ni para un truco gallo. Le estaba contando acá a Nahuel lo que nos contó Gladys. Tu plata no la tengo, todavía. Pero fijate si las chicas te tienen que pagar algo.
M. ELIZARRAGA: ¿Le contaste lo de los gomones?
DELIA: Ay, no, pará, me olvidé. Parece que los tipos, todo pelo en pecho, les dicen a los rehenes -los tienen a todos así, en fila- y les dicen: “Ahora empieza el show”. ¿Podés creer que se ponen en pelotas, ahí, delante de todos? No, si estos tipos tienen testosterona para tirar al techo. Y se ponen unos shores ajustados, como de boxeadores, se llevan los collares de esmeraldas al cuello, y se suben a las lanchas, todos túneles acuáticos subterráneos hasta el Río… Los persiguen a toda velocidad, con perros nadadores, porque les olieron la ropa interior…
NAHUEL: Sí. Lo dieron en todos los noticieros. Pero no habían dado tanto detalle.
DELIA: Claro, un “detalle”. Como lo de la nota.
M. CAAMAÑO: ¿Qué río?
DELIA: ¡La nota en la bóveda! Ah, ¿qué me preguntaste? ¿Qué río? El de la Plata, ¿qué río va a ser? (A las chicas.) ¿Cómo es un gomón, exactamente?
M. CAAMAÑO: Pero, ¿en short y con toda esa plata?
DELIA: ¡Qué bárbaros, estos tipos! ¡Y nosotras acá peleando siempre por mezquindades!
S. RIVAROLA: ¡Mezquindades!
DELIA: Sí, mezquindades. ¡Tironeando de una inspectora que ni viene porque tiene catorce cuadras de barro! Susana, yo no puedo quedarme de brazos cuando la vida fuera e esta escuela ofrece ejemplos de coraje tan elocuentes. Esto ya está hecho. (Viendo a Gladys, que entra.) Ah, Gladys, ¿ya llegó Edgar? Miren, chicas, tengo que hacer un anuncio…


19 / FALOS

Entran GLADYS y S. BRUNETTI.
GLADYS: ¿Quién se chafó el cuaderno de discursos?
S. RIVAROLA: Está acá. ¿Para qué lo querés?
GLADYS: Tengo que preparar el discurso del día del Deporte.
S: RIVAROLA: No, no se hace, ese acto.
S. BRUNETTI: ¿Cómo no se hace?
GLADYS: Delia me dijo que sí.
S. BRUNETTI: Yo ya les di hora libre por el acto.
DELIA: Sí, ahora se hace. ¿Quedaron masitas? ¿Sobró algo de la mañana? Es para agasajar a Edgar, vos no te metas, Susana.
RIVAROLA sale, muy ofendida.
GLADYS: ¿Lo copio del cuaderno?
M. CAAMAÑO: Ojo que ese cuaderno es de una editorial mexicana, y hay miles de cosas que no se entienden.
GLADYS: No te preocupes, que yo lo aggiorno. Donde dice “mexicano” pongo “argentino”, donde dice “chile” pongo “ají puta parió”. (Sale a por el librito, vuelve un rato después, y trata de armar su discurso.)
DELIA: Dale, Gladys, ponele onda, que hacer un lindo discurso es algo que no cuesta nada de plata…
NAHUEL: Hablando de plata… Usted, Delia, me debe una suma importante.
DELIA: Soy perfectamente conciente de lo que debo y de lo que se me debe. Perfectamente conciente. Igual, antes de pagarle, Nahuel, quiero jugar un numerito. Porque ayer tuve un sueño.
M. CAAMAÑO: Ah, qué barbardidad. Contá, Delia. Contá.
DELIA: Bueno, pero miren que no tiene principio, medio y fin, sino que es como… un sueño. ¿Y vos, Susana, los dejaste solos?
S. BRUNETTI: Sí, estoy integrando actividades, como me sugeriste. Los puse a los de octavo a manejar a los de segundo, a aprender a ejercer autoridad.
DELIA: Me parece bárbaro, al principio te veíamos medio en Babia, pero le estás agarrando la mano a la cosa. Bueno. El sueño. Hay unos hombres. Por todos lados. Todos peligrosos. Ceñudos, como si yo les hubiera hecho algo.
M. ELIZARRAGA: Típico. De manual.
DELIA: (Comienza a caer presa de un estado de absoluta angustia.) Yo estoy en enagua y se me transparenta todo, un horror, porque yo trato de hablar con los hombres, parece que les debo algo, me gritan, y yo no tengo autoridad, ¿entendés?, porque estoy prácticamente toda transparente. Uno de los tipos se me acerca, tiene olor a vino, y un paraguas cerrado, y me dice: “Delia te voy a matar. Tengo una bala con tu nombre”. Yo trato de no mirar el paraguas, porque creo que vi mal, y que es un chumbo. Entonces me hago la boluda y miro para otra parte, y hago algún comentario inofensivo. Que queda flotando en el aire. (Pausa.) Mientras estoy mirando por la ventana, haciéndome la tonta, creo ver por el rabillo del ojo que los hombres éstos están desnudos de la cintura para abajo, y si me diera vuelta y los encarara vería concretamente todo tipo de falos. Encima de que la provincia no me paga, tengo estos sueños de mierda. ¿Qué significa, Nahuel?
NAHUEL: Y… puede jugarle al 52, al 35… El revólver, el 07…
DELIA: La verdad, no sé si era un revólver o una matraca. ¿Qué número es la matraca?
NAHUEL: No, no tiene número.
S. DOMBER: ¿No dijiste que era un paraguas?
DELIA: Era un sueño, Susana.
S. BRUNETTI: Ahí las cosas son y no son todo el tiempo.
DELIA: Sí. Yo me muero de ganas por saber si mi inconsciente sabe algo que yo no sé, y está tratando de chistarme como puede.
M. ELIZARRAGA: La psicología… sí, así con todo lo que vos la despreciás y todo… tiene respuestas a todos esos interrogantes. Respuestas que me guardo para mí hasta que se aclare lo de la rama. Cuidate, Delia. Si seguís teniendo esos sueños. (Se retira.)
DELIA: ¿Cómo “Respuestas”? ¿Respuestas que yo pueda entender? Marta, pará, no te vayas así.
GLADYS: Son todos deseos reprimidos, Delia.
DELIA: ¿Reprimidos?
GLADYS: El revólver es un símbolo fálico.
M. CAAMAÑO: Ah, pero si es por eso, los miembros erécticos también son símbolos fálicos…
GLADYS: No, símbolos, no. Son falos en sí mismos.
M. CAAMAÑO: Pero están relacionados, todos los símbolos.
GLADYS: No son símbolos. El paraguas cerrado es un símbolo.
M. CAAMAÑO: No te entiendo, perdoname. ¿Por qué el falo es un falo y el paraguas es un símbolo?
GLADYS: El paraguas es un símbolo fálico justamente porque no es un falo.
M. CAAMAÑO: Ah. Qué notable. Y una jarra vacía, con su manija, su pico, todo, por ejemplo, ¿es un símbolo fálico?
GLADYS: Sí.
M. CAAMAÑO: O sea que, para vos, ¿todo lo que no es un falo es un símbolo de un falo?
GLADYS: En un sueño, sí. Pero no para mí sola. Preguntá a cualquiera. (Por el texto del discurso que prepara.) Acá me trabé. ¿Qué es “pecuniario”?

M. CAAMAÑO: No sé, chicas…


Si alguna me quiere contestar a la pregunta ésta…


O si quieren que lo dejemos para después de la reunión…



Yo igual tampoco sabría muy bien como formular la pregunta esta… (Sale.)
DELIA: (Aún tomada por el estado del sueño.) Bueno, Nahuel… ¿A qué le pongo diez guitas?


NAHUEL: Y… no sé. A ver, ¿diez? Mh. ¿Te mataban, en el sueño?


S. DOMBER: No te pueden matar en el sueño. Si te matan en el sueño es que morís de verdad.


¿No leyeron a Freud?


NAHUEL: Porque si te matan le podrías jugar al 47, al Muerto. ¿Hablaste?
DELIA: Y sí, ya te dije, que algo les decía yo, para tratar de ocultar mi semidesnudez.
NAHUEL: ¿Pero hablabas antes o después de que te mataran?
DELIA: No, no me mataban. Me mostraban el paraguas, me amenazaban verbalmente… ¿Qué número es la amenaza verbal?
NAHUEL: No, no tiene.
DELIA: ¿Ves por qué no gano? No sueño con nada que tenga interpretación numérica. No sueño nada útil. ¿No llegó Edgar? (Sale.)
GLADYS: Perdón, ¿alguien sabe qué significa “alocución”? ¿Es algo tipo “locución”? ¿Está el Sopena en portería? (Sale.)
S. DOMBER: Se lo cartonearon.

20 / MOUSE

Entra M. GREGORINI con una computadora de cartón.

M. GREGORINI: Susana, ¿ustedes, las convertidas, hicieron el cursillo de computación, no?
S. BRUNETTI: Claro. Pero coincidió con el paro, y yo...
M GREGORINI: Acá tenés las herramientas didácticas. Plan Federal “La Compu al Cole”. Me dijo Delia que quedás a cargo. (S. BRUNETTI observa con desazón la computadora de cartón.) Ah, Nahuel, ¡qué justo! Los chicos de tercero hicieron una vaquita y le quieren jugar al 77. Pierna Mujer.
NAHUEL: ¿Hicieron una vaquita? ¿A ver? (Sale.)
S. BRUNETTI: ¿Y qué les enseño, con esta computadora?
M. GREGORINI: Computación.
S. BRUNETTI: ¿En qué eje?
M. GREGORINI: No sé en qué eje. Yo acá soy la secretaria. No me hables de ejes.
S. BRUNETTI: Pero me estás dando una computadora de cartón.
M. GREGORINI: No. Es una computadora educativa. Son las que mandó el ministerio. “La Compu al Cole”.
S. BRUNETTI: ¿Es mientras esperamos las de verdad?
M. GREGORINI: Ponele.
S. BRUNETTI: ¿Y para qué me sirve?
S. DOMBER: Para miles de cosas, sirve. Para identificar las partes de la computadora, por ejemplo. Porque vos imaginate que un buen día llegan las de verdad. Los pibes nunca vieron una cosa así, la confunden con… no sé… con cualquier cosa, te la hacen pelota en un santiamén.
M. GREGORINI: En cambio si la ven y la identifican con una computadora, la van a respetar.
S. BRUNETTI: Pero… no entiendo… ¿En qué se parece esto a una computadora?
S. DOMBER: Se parece a las partes… de una computadora.
M. GREGORINI: Cable… hecho con un piolín.
S. DOMBER: CPU. Caja de zapatos.
M. GREGORINI: Teclas, con chapitas de Coca.
S. BRUNETTI: Pero…
M.GREGORINI: ¿Sabés qué? Dejá. No enseñes computación. Listo. Dejá. (Gritando.) ¡Marta! ¡Susana! ¡Vení que está la Compu al Cole! (Sale.)
S.DOMBER: Dejá que los chicos que van a escuelas privadas les lleven años de ventaja. Dejá, que cuando se abra un puesto de trabajo ningún chico de esta escuela pueda ir porque no aprendió Excel.
S. BRUNETTI: No es mala voluntad…
S. DOMBER: Es falta de adaptación, Susana. Devolveme el mouse. Dejá, ya está. Andá a enseñar cosas teóricas, ya que te gusta tanto. Dejalos sin la práctica empírica, a los pibes. ¡Ja, regla y escuadra!

SUSANA BRUNETTI se va. Apagón sobre S. DOMBER.
TERCER ACTO

21 / DEPORTISTA

GLADYS RONDÓ:
Nunca queda del todo claro si se trata de una declaración, de un discurso escolar, o de qué.
Señores presentes, jueces y autoridades en general, deportistas, docentes, papis, niños:
Soy un hombre rudo, pero de corazón lo declaro, desde luego para que perdonéis la humildad de mi alocución, en la que huelga la literatura y abunda en camiones… (lee mejor) abunda en cambio el sentimiento puro y amontonado.
El triunfo en el deporte debe ser completo, en cualquiera de sus ramificaciones. Escojamos una para dominarla a fuerza de constancia y de tesón. Y ya que hemos de escoger, escojamos fútbol. El fútbol, por miles de motivos, merece nuestro esfuerzo, un esfuerzo que -si somos tesoneros- se verá coronado por el éxito, desde el pecuniario al trascendental. Tributemos nuestros cálidos aplausos a este campeón mexic… argentino que hoy es agasajado, recordemos sobre todo en el extranjero a nuestra querida patria, que la hemos colocado muy alto, en un lugar envidiable, y sepamos hacer latir con fuerza otros corazones mex… argentinos en el destierro, que se inflen como los nuestros, hoy, aquí, señores, cuando vemos jugar a Edgar Fabiani con su balón. (Hace una seña a EDGAR, que entra aterrado y queda parado a un costado, vestido de traje, y en prolija decadencia. Es un muchachón tímido y demasiado abundante, el único hombre en este mundo de maestras.) Que esto sirva de estímulo para dedicar nuestra juventud al deporte viril del siglo XX en que vivimos. Oh, Edgar; héroe del deporte en el querido suelo que nos vio nacer, hijo dilecto de nuestra Virgencita de Guadalupe, gracias por este magnífico espectáculo del deber cumplido, espectáculo guadalupano del fútbol, coreografía de una patria grande, pujante y tricolor.
Y aprovecho para repetir –porque ya lo he dicho pero algunos parece que tienen tierra en las orejas- que el que no traiga el recibo pagado taca-taca de la cooperadora no entra nunca más a la canchita. Usted saben que yo no jodo.
Gracias.


22 / MORONDANGA

DELIA, SUSANA RIVAROLA y EDGAR FABIANI en la sala de maestros.
DELIA: ¿Vos leés, Edgar? ¿Cómo es: Edgar o Edgard? ¿Es extranjero?
EDGAR FABIANI: Sí.
DELIA: Sí, ¿qué?
EDGAR: Sí, directora.
DELIA: No, llamame Delia. ¿Sí leés? ¿O “sí, es extranjero”? ¿Y qué leés?
EDGAR: La Biblia. El Nuevo Testamento. O folletos.
DELIA: Ah, sos evangelista. Chicas, miren qué copado. No sólo conseguimos un eximio futbolista, sino que además es culto y creyente.
EDGAR: ¿Cuánto tiempo voy a quedarme acá, señora Delia? Para saber si voy a jugar o no… ¿Contra quién juego?
S. RIVAROLA: El goleador del equipo no está viniendo porque tiene sarna. ¿Se lo dijiste, Delia?
EDGAR: ¿Cuántos años tiene?
DELIA: A ver… Y… ése repitió como cinco veces… Ahora está en séptimo… Y debe tener… veinticuatro.
Entran M. LOCOCO y S. BRUNETTI.
DELIA: Chicas, tengo que presentarles a Edgar. Bueno, acá lo tienen. Costó pero se llegó, apilando moneditas. Edgar Fabiani, futbolista. Ellas son Marta y Susana, maestras.
M. LOCOCO: ¡Ah!, hola. Yo trabajo acá pero no soy maestra. Soy la Credimart. Marta Lococo.
EDGAR: Encantado.
S. BRUNETTI: Hola. ¿Vas a jugar con los chicos? ¿Y con Gladys? Qué bien. ¿Por qué tenemos un futbolista, Delia? ¿No era mejor pedir la bibliotecaria?
DELIA: No, no. Él no viene de la rama docente. Lo compramos nosotras.
S. BRUNETTI: ¿Cómo lo compramos?
DELIA: Claro. Con la plata de la cooperadora. Es una inversión.
S. BRUNETTI: No entiendo.
S. RIVAROLA: (Como una obvia alusión al disparate de Delia.) Ah, ¡¿no entendés?!
DELIA: Claro, porque vos sos re nuevita.
M. LOCOCO: Mirá, el año pasado invirtieron en las carreras.
DELIA: Es que Susana Domber tenía una fija, diseñó una trifecta inteligente, que nos dejaba cubiertas. Le pusimos toda la plata de la cooperadora.
M. LOCOCO: Si perdía la yegua, había un plan B…
DELIA: Un plan B, dejame a mí…
M. LOCOCO: …de apuestas bajas a pagadoras menores, y se recuperaba al menos un 80%.
DELIA: (Superpuesta, y tratando de robarse la explicación, lo que aumenta el alboroto.) Claro, con pagadoras menores se recuperaba hasta un 80%.
S. BRUNETTI: ¿Qué yegua?
Silencio.
DELIA: (Emocionada.) Morondanga. Una yegua tordilla, una revelación.
S. RIVAROLA: No ganó. Éste no es el sitio para esa discusión. El sitio es el Consejo Docente. Y justo hoy tengo toda la tarde libre como para ir hasta allá.
EDGAR: Perdón… yo no corro carreras, ¿eh?
DELIA: No, ya sé.
EDGAR: Y el medrar y las apuestas son cosas que Jesús condena con tibieza pero sin dudar.
DELIA: No te preocupes que nosotras también condenamos con tibieza. No te vamos a poner en ninguna carrera. Vos sos una inversión.
EDGAR: ¿Pero con quién voy a jugar? ¿Hay un equipo de la escuela?
S. RIVAROLA: ¿Qué va a haber? Acá no hay ni un equipo de yerba y azucarera para el mate, Edgardo.
DELIA: Mirá. Acá lo que nos preocupa es tu salud. Tenemos que cuidarte.
EDGAR: ¿Cuándo se entrena? ¿Y la pelota?
DELIA: ¿Ves, Susana? Por lo de la pelota se impone que vuelvas a hablar con el cura. A lo mejor querés pasar por la parroquia antes de ir al Consejo.


23 / JENNIFER

Vuelve GLADYS RONDÓ.
GLADYS: Hay que hacerle el antidoping.
EDGAR: Pero yo ya no me drogo.
GLADYS: Sí. Y yo soy Jennifer López. Andá tomando mucha agua que ahora te consigo un frasquito. ¿Agarro los de las germinaciones de cuarto?
DELIA: Y dale, si ya no crecieron en marzo, ahí no florece nada.
GLADYS: Me parece que algunos en vez de porotos plantaron piedritas. (Sale.)
EDGAR: No, Delia: usted de esto no me dijo nada.
DELIA: No te preocupes, después yo hago pichín y cambiamos los frascos.
EDGAR: Es que yo no me drogo.
DELIA: Edgar, yo te creo.
S. RIVAROLA: ¿Cómo te creés que llegamos a comprarte, Fabiani?
EDGAR: No sé. Eso me pregunto.
DELIA: Con la plata de la cajita…
S. RIVAROLA: Estabas en remate. ¿No te preguntaste por qué?
EDGAR: Porque me cagué a trompadas con el árbitro en la final con Deportivo Morón.
S. RIVAROLA: Ahá. Puede ser.
DELIA: No lo atosigues, Susana. Que necesita descansar, y reponerse. Mirá, Edgar, vos vas a dormir en el gabinete psicopedagógico. Hasta que te consigamos una casa de familia.
EDGAR: ¿Pero para qué estoy yo acá?
DELIA: Como inversión.
EDGAR: No entiendo.
DELIA: Yo aspiro a venderte a Boca Juniors en un tiempo, a un precio exorbitante. Ésos sí que pagan fortunas.
EDGAR: (Entusiasmado.) ¿A Boca?
DELIA: Pero tenés que portarte bien, entrenar mucho, y dejar las drogas.
EDGAR: ¡Yo no me drogo ni me drogaría, salvo que Jesús me diera una señal!


24 / TUPPER

Durante la escena, en general las maestras recogen sus cosas, sus tuppers, sus carteras, es el fin de la jornada laboral.
DELIA: Martita, mirá a quién tenemos ac...
M. ELIZARRAGA: (Entra, indignada.) Delia. Las cuentas claras conservan la amistad. Hay un colchón mugriento en gabinete.
DELIA: Sí, claro, son las cosas de Edgar. Edgar, ella es Martita, la fonoaudióloga. Háganse amigos que van a compartir el gabinete un tiempito.
M. ELIZARRAGA: A mí nadie me dijo nada de esto. Ni la inspectora de la rama, ni Susana…
DELIA: Ay, no seas bochinchera, Marta. Es por unas semanas, nomás.
M. ELIZARRAGA: ¿Unas semanas, nomás? ¿Por qué? ¿Ya me sacan? Van a cerrar la rama, ¿no? ¿Vos votaste por el cierre, no?
DELIA: ¡Qué sé yo de la rama, Marta, andá y preguntale a los tuyos, a los psicólogos! Yo lo que digo es que alguno de los dos, en muy poco tiempo, ya no va a estar. Y ojalá sea Edgar, porque entró a patear la azuldorada.
M. ELIZARRAGA: Esto es inadmisible. Es un atropello co-co-co-contra la rama. Susana, vos sos la vice, decí algo.
S. RIVAROLA: Exacto. Yo soy la vice. Por ahora. No es con vos, Edgar. Y yo ya dije. Acá se necesitan muchos cambios. Muchos. No es con vos, Edgar. O por lo menos uno. (Sale y se cruza con GLADYS, que ingresa con un tupper.)
GLADYS: Delia, las germinaciones están todas sin tapa, voy a usar este tupper que no parece ser de nadie.
DELIA: Sí, usá lo que quieras, Gladys.
GLADYS: ¿Alguien quiere un restito de ensalada rusa?
DELIA: No.
GLADYS: (A EDGAR.) ¿Ya hiciste pis, pibe?
EDGAR: No.
GLADYS: ¿Querés hacer acá?
EDGAR: ¡No!
GLADYS: Dale, no seas maricón, vení que yo te tapo.
EDGAR se pone de espaldas y trata de mear en el tupper de Marta Caamaño. GLADYS lo tapa. Mal.
GLADYS: ¿Estás pudiendo?
EDGAR: ¡No! (Pausa.) Tiene mayonesa esto.
GLADYS: Dale, vos meá.
M. GREGORINI: (Entra. Se queda mirando la situación. Luego de una pausa, y refiriéndose a la caja vacía que trae en sus manos.) ¿Qué es esto?
DELIA: Lo vamos a entrenar y se lo vamos a vender a Boca por un fangote. ¿No, Gladys?
GLADYS: Vamos a ver cómo anda, primero.
EDGAR: Yo ando bien. Un poco excedido de peso, pero si entreno…
GLADYS: Porque venderlo por la misma plata no es negocio.
EDGAR: Tengo pique corto, me falta un poco de fútbol, pero… desbordo.
M. GREGORINI: Delia, ¿quién autorizó el retiro de la plata de la cooperadora para esto?
DELIA: Ay, Marta, si yo te avisé.
Entra M. CAAMAÑO.


DELIA: Ay, Marta. Mirá, te presento a Edgar.



M. CAAMAÑO: ¿Es tu marido, Delia?
DELIA: No seas mompi…

DELIA: Es la inversión de la escuela.


M. CAAMAÑO: ¡Ah, el futbolista!
(EDGAR, después de mear, le da la mano a M. CAAMAÑO.)
DELIA: Yo leí todo sobre vos, Edgar.



M. CAAMAÑO: ¿Y usted qué es?

¿Delantero?



¿Mediocampista?


EDGAR: Lo que haga falta.


EDGAR: Tengo buena izquierda.
M. CAAMAÑO: Qué bueno, una masa, porque eso hoy en día es como tener sangre cero negativa.
M. GREGORINI: No me consta.


Y no me importa quién me avisó o no, sino quién lo autorizó.




Y exijo ahora mismo…

La devolución del importe total de la cooperadora.

DELIA: Ahora mismo no se puede.


Pero se te va a devolver con creces.
M. GREGORINI: Y mientras tanto, yo estoy en rojo…

En carne viva contable, estoy.

DELIA: Marta, ¿por qué no le das a Marta la blusita ésa que tanto le gustó…

Y se la anotás a crédito, y todos contentos?

M. LOCOCO: Te va a quedar pintada.




Si tenés un picnic, o un asado en Tortuguitas vas a ser la estrella. Te anoto.
M. GREGORINI: Dudo mucho que nadie me invite a un picnic.


M. CAAMAÑO: ¿Hay alguna forma de que una mujer como yo entienda de una vez por todas cómo es la ley del orsay?
EDGAR: Depende de sus condiciones.
M. CAAMAÑO: No, mis facultades quedaron intactas. Lo que no se pudo recuperar nada fue del coche.
GLADYS: A ver si te empezás a mover. ¿Trajiste botines?
EDGAR: ¿No me los da el club? (Salen los tres.) Hasta luego, señoritas. Y que queden con Dios.

25 / VALE

DELIA: Marta. (Silencio.) Marta, ¿estás bien?
M. GREGORINI: (Mostrándole la caja de la cooperadora vacía.) ¿Para qué me preguntás si estoy bien, si sabés que todo esto me roe, me destruye?
DELIA: Marta: yo, si algo pude aprender de estos tipos, es que no hay que bajar nunca la guardia. Acassuso es una lección.
M. GREGORINI: Pero…
DELIA: Yo te prometo, escuchame bien, te prometo que Edgar Fabiani nos va a abrir a un sinfín de maravillas. Y vamos a estar todas juntas, en esto. Porque en el éxito no hay rivales, sólo en la desgracia. Hoy estás un poquito deprimida.
M. GREGORINI: ¡No!
DELIA: El barro… tu cajita vacía…
M. GREGORINI: ¡No!
DELIA: Pero mañana vas a ver las cosas con otros ojos.
M. GREGORINI: Haceme un vale. Que si hay que declarar ante alguien yo quede cubierta. Que quede cubierta.
DELIA: ¿Un vale?
M. GREGRINI: ¡Responsabilizate! ¡Responsabilizate! Te dicto. “Vale por el importe total que estaba en la cajita, vale por toda la plata de estos chicos que se usó en una inversión incierta, que se apostó a goles a futuro”.
DELIA: Claro que vale. Vale por eso. Y por mucho más. Vale por todas las horas muertas pasadas en esta escuela, por la pelea desigual, por la esperanza. ¿Te quedás más tranquila si te firmo ese vale?
M. GREGORINI: (Llora.) Sí. (Un infernal coro infantil, canta en la cabeza de Marta. Canta “Stawberry fields”, mal adaptado al español: “Vamos a bajar, que es hora de ir, al frutillar, oh-oh, nada es real...”)
DELIA: Te lo firmo.
M. GREGORINI: Firmalo. Firmalo.
DELIA: Con mi nombre. Con todo de mí. Tomá, depositalo en tu cajita. (Lo hacen, en silencioso ritual.) Soy tan feliz.
DELIA se derrumba lentamente sobre la silla. Estalla en llanto. De pura alegría. Timbre de salida.

Fin del tercer acto
CUARTO ACTO

26/ ZOMBIES

En la oscuridad, se escucha un timbre de entrada a la escuela.

MARTA CAAMAÑO:
Me pongo como loca, cuando pasa eso, señor juez. Señor Consejo Escolar.
Yo… antes del episodio… qué terrible… se ve que había tenido que faltar… por algún problema de salud.
Yo ya estoy grande.
Y éste no es un sistema que respete a las que estamos grandes.
Yo ya tengo la edad real para jubilarme, pero como no me reconocen cuatro años de antigüedad que hice en Tres de Febrero porque parece que perdieron todo, ahora si me quiero jubilar no llego ni al 64% móvil. Así que yo sigo. Hasta que me reviente el hígado, o algo, yo sigo. Y así todas, como zombies, como la noche de los muertos vivos. ¿Qué se creen, que lo que pasó venía de la nada?
Acá lo uno afecta a lo otro.
Y ahí llega Gladys con la noticia. Gladys, la educadora física.
Cuando cayeron los chorros de Acassuso.
Timbre.


27 / CLARÍN

Entra DELIA.
DELIA: ¿Cómo que cayeron, Marta?
M. CAAMAÑO: No sé, lo escuchó Gladys.
DELIA: Debe ser un error. Esta escuela es un teléfono descompuesto.
M. CAAMAÑO: Bueno, yo lo escuché con todas las letras… “La policía agarró al hombre del tarje gris y le están tomando declaración porque…”
DELIA: ¡Mirá, Marta! ¿A vos te parece que yo me puedo dejar llevar por lo que vos escuchaste? ¿Qué traje gris? ¡Gladys!
Entra M. GREGORINI y M. LOCOCO.
DELIA: Ah, Marta, ¿dónde quedó la compu ésa? La tengo que usar. Quiero leer el Clarín sin pagarlo. ¿Vos te entendés con internet, Marta? ¿Dónde se conecta?
M. GREGORINI: No sirve.
DELIA: ¿Por qué?
M. GREGORINI: No sé, no sirve. Yo traté de ingresar los datos del coro, estoy reclutando chicos de los quintos y los sextos, antes de que les cambie la voz, y la verdad es que este modelo de computadora debe estar bloqueado para algunas operaciones. O se cayó el sistema.
DELIA: ¡Gladys! (Sale.)


28 / RADIO

S. RIVAROLA: (Que espiaba la escena, esperando a que saliera DELIA.) ¿Dónde está Gladys, ahora? Me tiene que firmar. Marta, ¿vos te enteraste?
M. LOCOCO: Bueno, después de todo, eran chorros.
S. RIVAROLA: Sí.
M. LOCOCO: Chorros.
S. RIVAROLA: Y se afanaron un banco.
M. LOCOCO: Sí. ¿Lo de Sabato lo sabés? Según Gladys parece que Sabato tenía valores ahí, en una caja de seguridad.
S. RIVAROLA: ¿Norberto Sabato, el escritor? ¿Vive en zona norte?
M. LOCOCO: Sí. Y parece que se afanaron los manuscritos de El Túnel.
S. RIVAROLA: ¿Del túnel o de la bóveda? ¿Qué hacían los manuscritos en el túnel?
M. LOCOCO: Sí, los de El Túnel.
S. RIVAROLA: No te puedo creer. ¿No ves? Eran tipos cultos, que les gustaba la literatura. O por ahí no les gustaba, pero la valoraban. Yo te confieso que yo leo mucho. Yo leo. Pero a veces no me gusta lo que leo, y lo leo igual, porque lo valoro. Le adjudico un valor. Y eso es lo que marca la diferencia entre los seres humanos y los monos. La representación simbólica del valor. ¿No dijo Gladys por qué los agarraron?
M. LOCOCO: Yo ahora iba a la Falconeta, a escuchar la radio, me dio las llaves.
S. RIVAROLA: ¿Te dio las llaves de la Falconeta? ¿Vos manejás, Marta?


29 / ROSAS

Entra S. BRUNETTI.
S. BRUNETTI: Perdoname, Susana.
S. RIVAROLA: ¿Venís a buscar la computadora? Porque lo de la compu se lo dieron a la otra chica; a Susana.
S. BRUNETTI: ¿Rosas era bueno o malo?
S. RIVAROLA: ¿Qué?
S. BRUNETTI: Mirá, hay versiones más que contradictorias… Yo me estaba manejando por el texto de Dulce de Membrillo, que tiene como mejor organizada el área de ciencias naturales, pero ahora estamos con lo del 25 de mayo y me preguntan si Rosas era bueno o malo…
S. RIVAROLA: Rosas no tiene mucho que ver con el 25 de mayo.
S. BRUNETTI: ¿No? Pero entra en el mismo eje.
S. RIVAROLA: ¿Qué eje?
S. BRUNETTI: O sea, yo estoy trabajando con ejes diacrónicos, que atraviesan el programa de manera integradora…
S. RIVAROLA: ¿Eso te enseñaron cuando te convertiste?
S. BRUNETTI: Miren, chicas, yo sé que en esta escuela a las convertidas no nos quieren, pero…
S. RIVAROLA: Ay, no estés tan a la defensiva, ¿por qué decís que no te quieren?
S. BRUNETTI: Nada. Mejor me voy.
S. RIVAROLA: No, ahora decí.
M. LOCOCO: Decí.
S. BRUNETTI: Bueno, nada, ya me enteré que Gladys les contó a todas todo lo que oyó en la radio, y yo me quiero integrar, les pregunto, y hacen como si oyeran llover.
S. RIVAROLA: No seas paranoica, ¿a quién le preguntaste?
S. BRUNETTI: A la secretaria.
S. RIVAROLA: Ay, almita de dios. ¿No ves que no entendés nada? Marta Gregorini tiene tareas pasivas desde que se le…
M. LOCOCO: No le hagas caso a nada de lo que diga o haga.
S. RIVAROLA: Brunetti, mirame a los ojos. Mirame acá. Yo soy la vice de esta escuela y te guste o no te guste me tengo que enterar de lo que pasa en ella, ¿estamos? ¿Qué pasa en ella?
S. BRUNETTI: La semana pasada yo cumplí años. Y yo veo que acá se pone plata para los regalos de todas, y a mí nadie ni siquiera me cantó o me dejó una cartita. Igual no me importa. No me festejen. Ya me la crucé a Gladys en el patio, me pidió un alfajor y me contó todo. Yo estoy acá para hacer méritos. En una escala del 1 al 10, ¿qué le pondríamos a Rosas?
S. RIVAROLA: Mirá que sos ocurrente. Ponele un 5. Escuchame una cosa, ¿Marta no te dijo en qué anda lo de Sabato?
S. BRUNETTI: Sí. Le afanaron todo. Lo dejaron en calzones.
S. RIVAROLA: ¡Qué barbaridad! ¡Uno de nuestros mejores escritores!
S. BRUNETTI: Sí, igual Sabato se hizo asegurar los manuscritos en tres palos verdes.
M. LOCOCO: Imaginate. Son invaluables.
S. BRUNETTI: Y… se los van a tener que pagar. Taca taca. (Sale.)


30 / DELACIÓN

S. RIVAROLA: La va a liquidar. A ésta la arruinó, con lo del octavo. Pobrecita. Taca taca. Tan nuevita que llegó. Tan convertidita. Mirá. La primera en firmarme, fue. (Le exhibe unas planillas.) Te muestro porque sé que sos imparcial. Si no, ni loca. Vengo de Consejo. Me faltan las firmas de las maestras de área para iniciarle un legajo por psiquiatría.
M. LOCOCO: Yo lo que te pido es que me informes si la rajan, porque me debe blusas como para tapizar de acá hasta el Mástil.
S. RIVAROLA: ¿De qué lado estás, vos, Marta?
M. LOCOCO: ¿Qué me preguntás?
S: RIVAROLA: Sí, de qué lado. No te puedo pedir que firmes porque no sos maestra de la escuela, pero si te pidiera, ¿firmarías?
M. LOCOCO: ¿Y a vos qué te parece?
S. RIVAROLA: Sí, claro.
M. LOCOCO: Desconfiada.
S. RIVAROLA: No, realística. Ahora, imaginate. Vos y yo robamos un banco. Ponele no un banco, algo a escala tuya y mía para que nos entendamos. Nos robamos la Falconeta de Gladys. Vos tenés las llaves, vemos la ocasión, la chafamos. ¿De qué depende nuestro éxito? De que vos y yo no abramos la boca, nada más. Entonces nos hacemos con la Falco, lo más seguras de que ninguna de las dos va a decir ni mu. ¿Y de pronto qué pasa?
M. LOCOCO: ¿Qué?
S. RIVAROLA: Un tipo. Ponele, Angie.
M. LOCOCO: Ese Angie es peor que mi ex, ni me llamó, el turro.
S. RIVAROLA: Por eso mismo. Estás caliente. Y tenés un as en la manga: sos Falconeta fresca. Lo invitás a dar una vuelta, faaaaaa, la Falconeta a ciento ochenta por Ruta Siete, lo pasan de primera, los dos disfrutando a pleno del objeto del saqueo; yo, en casa, ignorante del peligro que se cierne sobre mí. Y después el tipo va y te delata. Caés vos, caigo yo. Sin comerla ni beberla. ¿Qué?
M. LOCOCO: ¿Qué?
S. RIVAROLA: Es horrendo. Horrendo. Así van a ir cayendo todos. Por una mina que va y los delata. Una chiruza que primero disfrutó de las joyas, de Sabato, y después tuvo pruritos y llamó a la cana. ¿Para qué? ¿Para ser tapa de revista?


31 / SABATO

Entra M. GREGORINI.
S. RIVAROLA: ¿Estás bien, Marta?
M. GREGORINI: A mí hay algo que no me cierra. Acá hay gato encerrado.
S. RIVAROLA: ¿Querés sentarte, te falta el aire?
M. GREGORINI: No, la cosa no es tan fácil. Ponele que sos un escritor de increíble renombre, ponele que tenés tus manuscritos en tu casa y ponele que vivís en un país donde no se sabe si habrá un futuro. ¿Qué hacés? Metés tus manuscritos, valiosos, incunables, en una caja de seguridad de un banco. Punto. Entonces yo digo: si ya los metiste en el banco, pagando unos onerosos doscientos o trescientos pesos por mes de mantenimiento de la caja, un básico de una portera, ponele, y ya está, ni se te ocurre que te los puedan robar del banco, ¿para qué los vas a asegurar en tres palos verdes?
S. RIVAROLA: Es cierto.
M. GREGORINI: No sólo es cierto, es vergonzoso. Porque, ¿qué se deduce de todo esto? Que Sabato tenía una caja de seguridad, que a lo mejor ahí tenía algunas joyas de su señora, o algún premio enchapado en 18 kilates, lo que quieras, pero ningún manuscrito. No hay manuscrito, ¿entienden?
S. RIVAROLA: Te entiendo perfectamente. El tipo no escribió nada, y aprovecha el robo para que el seguro le pague tres palos verdes. Es un genio. O sea, yo como escritor no sé si me gusta, igual lo valoro, pero planeándose una jubilación de privilegio me parece un genio.
M. GREGORINI: ¿Y quién soy yo para desbaratar sus planes? ¿Quién soy yo si sus novelas entraron en una especie de cono de sombra y ya no vende lo que necesita para llevar ese ritmo de vida exultante que tiene Sabato? ¿Quién vengo a ser yo? ¿Quién me va a creer a mí si llevo mi hipótesis a los detectives? ¿Y además por qué haría yo una cosa así? ¿Por qué simpatizaría yo con los que guardan la propiedad del rico y reprimen al pobre? Todo esto me da náuseas, díganme si el mundo en el que nos movemos no es como para querer vomitar a cada paso. Y te digo más: seguro que ahora la policía persigue a los chorros y no a Sabato. Porque en este país, los ladrones de guante blanco están a la orden del día… (Sale.)
S. RIVAROLA: Y a éstos no los perdonan. Porque ahora no son chorros, son un símbolo. Con lo que le hicieron a la literatura nacional…
M. LOCOCO: ¡Cadena perpetua!
DELIA: (Entra demudada, parece veinte años más vieja que en el primer acto.) Con lo que se burlaron de la policía. ¡Pobres muchachos! (Se sirve una taza de té, se sienta en silencio. Toma un par de sorbos. Pega con toda la mano abierta sobre la mesa. Se levanta. Sale.)
S. RIVAROLA: ¿Firmarías?
M. LOCOCO: Ya te dije que sí. (Revisando la documentación.) A ver. ¡Te firmaron todas! Ah, no. Todas, no.
S. RIVAROLA: No, me falta las de artística y…
M. LOCOCO: No. Vos no firmaste. (Silencio.) ¿Por qué no firmaste? (Silencio. S. RIVAROLA está muy turbada. Se da cuenta de que no sabe por qué no firmó. No puede hablar.)
S. RIVAROLA: Voy a escuchar la radio. A ver si dicen. Lo de… lo de… (Sale, muy perturbada.)


32 / ESTÉNCIL

DELIA está superada, entra, abre un cajón, saca el alcohol del esténcil, se toma un buen trago.
M. LOCOCO: ¡Ay, mirá, Marta (GREGORINI)! ¡Apareció el alcohol del esténcil! (Ve a DELIA bebiendo del frasco.) Delia, te va a hacer un mal tremendo.
DELIA: (Estalla en llanto histérico.) ¿Qué me va a hacer más mal? ¿Agarrarme una cirrosis fulminante o que me fulminen mis propias compañeras, minándome el camino, socavando, socavándome todo lo que hago? Yo sé quién está atrás de todo esto. (La llama con un grito.) ¡Susana!
M. LOCOCO: Tranquila. Que no te vea así.
DELIA: ¿Así, cómo? (Por el alcohol.) Esto está bajo control. Hace años que tomo esto. Empecé ese invierno que la provincia no pagó la luz y no teníamos ni estufitas de cuarzo. Un chorrito en el té, para calentarme de a poco. ¿Esto? Esto no es nada. ¡Susana!
M. LOCOCO: Pará, Delia. No te conviene encararla así. Le vas a dar motivos.
DELIA: ¿Motivos de qué? (Súbitamente intrigada.) ¿Qué sabés vos? ¿Vos de qué lado estás?
M. LOCOCO: (Estalla en llanto, confiesa.) Con vos cuando estoy con vos. Con Susana cuando estoy con Susana.
DELIA: Pero… ¿y así me lo decís?
M. LOCOCO: No lo puedo evitar.
DELIA: Si serás falluta.
M. LOCOCO: Yo las escucho hablar y me parece que las dos tienen razón.
DELIA: ¿Qué nos escuchás hablar?
M. LOCOCO: Susana dice que estás loca y que te va a hacer un sumario por psiquiatría y junta firmas de todas, y aprovecha cada desastre tuyo para ganarse una firmita.
DELIA: No. Yo estoy loca. ¿Pero eso qué tiene que ver? ¿Cada desastre, decís? ¿No llevé esta escuela adelante, pese a cada escollo que se nos puso? Me refiero a Solá, pero también a los designios de dios, porque la población que dios puso en este distrito es prácticamente alarmante. ¿Y ahora me quieren remover, como a un sticker viejo? ¿Como a un Fido Dido?
M. LOCOCO: Y después te escucho hablar a vos, con todos tus grandes proyectos… La ampliación, Edgar Fabiani, todo, y entonces digo: “será jodida, pero tiene razón”.
DELIA: Claro, yo seré jodida. Pero mirá vos esta caterva, este criadero de Judas. ¿Quiénes firmaron?
M. LOCOCO: Y… un poco todas. Por hache o por be.
DELIA: ¿Vos también?
M. LOCOCO: Delia, yo no soy maestra.
DELIA: No. Vos no sos maestra. ¿Pero firmarías?
M. LOCOCO: Bueno, vos ahora me lo preguntás y digo “no”, pero cuando ella me lo pide, digo “sí”.
DELIA: ¿Vos qué sos?
M. LOCOCO: Yo no soy nada.
DELIA: (Toma distancia.) ¿Qué clase de alimaña sos? ¿Quién sos para venir a dividir, a surcar, a espoletear el terreno, a juzgarme a mí si me tomo el alcohol del esténcil, y después reptar por mi escuela, con todos tus productos a cuestas, armando acá tu Duty Free Shop del demonio, esclavizando a mis chicas a crédito?
M. LOCOCO: ¡Y a vos!
DELIA: ¡Ah! ¡Y a mí misma! Creándome una deuda originada en sweaters, tricotas que no necesito, tentaciones que establecen una dependencia horrenda…
M. LOCOCO: Perdón. Perdón. Yo soy consciente de todo lo que me decís. ¿Te pensás que no lo sé? ¿A vos te parece que a mí me gusta este rol que me toca? Yo tenía horizontes, ¿sabés? Yo no nací haciendo marketing. Yo tengo dos años cursados de Hotelería o Turismo. Mirá, preguntame capitales. Pero me desvié. No sé cómo pasó. Tuve una oportunidad. Y la agarré. Maldito el día. Mi cuñado vendió unas colmenas, en Lezica y Torrezuri, y nos regaló a Charly y a mí una plata. No alcanzaba para nada, no daba ni para el depósito de una prefabricada, pero sí para un lote de prendas. Así que ahí compré mi primera remesa. ¿Cómo compré la segunda? Es fácil, hasta un chico de segundo grado alumno de la convertida se da cuenta: aumentando un poco el precio de la primera mercadería, para que te quede para comer ese día, y también para comprar la próxima remesa.
DELIA: Especuladora. Negrera. Pérfida.
M. LOCOCO: Sí. Luego viene la otra fuente de ingreso: la línea de crédito. Si la maestra no cobró, pero se enamoró del sweater, se lo dejás igual. Y se lo das a crédito, disfrazado de acto de amor. Pero cada día que pasa, el precio le va subiendo.
DELIA: Yo no sabía que esto funcionaba así.
M. LOCOCO: ¡No me digas que no sabías!
DELIA: Bueno, no te pongas nerviosa. Después de todo qué ibas a hacer, ¿no? Estaba la remesa. No ibas a dejar pasar la oportunidad.
M. LOCOCO: Mi primera remesa. Mi condena. Todavía me acuerdo. Remeritas Hendy. Fue el año ése que se usaba todo borravino y verde musgo.
DELIA: (Estalla en quieto llanto.) ¿Te acordás de ese año?
M. LOCOCO: Sí.
DELIA: Yo me estaba separando, ese año bordó y musgo.
M. LOCOCO: Yo no lo hago con mala intención. Yo vivo del crédito, sí. Pero yo a ustedes las re-quiero y también me parece que las chicas algo aprenden de mí.
DELIA: Sos emprendedora…
M. LOCOCO: Tengo mi propio negocio…
DELIA: Sos independiente…
M. LOCOCO: Toco mi propio tambor…
DELIA: Y hacés que la plata se mueva. Los países donde la plata no se mueve se estancan.
M. LOCOCO: Mirá Cuba.
DELIA: Un pantanal. Vení, dame un beso.
M. LOCOCO: No, dámelo vos, no ves que estoy hecha mierda.
DELIA: Vení. Pobrecita.
Se abrazan confusamente. Luego se reponen un poco. Pero no mucho.
DELIA: ¿La convertida también firmó? ¿Y la tartamuda?
M. LOCOCO: ¿Y cómo no van a firmar, si estás reloca, Delia?
DELIA: Eso sí. ¿Sabés qué? Yo les voy a enseñar una lección de amor y de decencia. De devoción. ¿Son todas Judas? Muy bien. Yo seré Jesús. A mí me podrán echar de esta escuela, pero yo antes de irme voy a dar el gran golpe.
M. LOCOCO: ¿Qué golpe, Delia?
DELIA: Lo vendo a Edgar Fabiani a Boca Juniors, aunque sea lo último que haga en esta tierra. Yo te lo juro. Andá, secate que parecés una portera. (M. LOCOCO sale.) Acá hay que ordenar. Hay tanto que hacer. (Ordena y tira papeles).


33 / GOPHER

Entran S. DOMBER, GLADYS y NAHUEL.

S. DOMBER: ¿Cómo te voy a deber todo eso, Nahuel? Lo de San Cono, del cero tres, te lo pagué.
NAHUEL: No, no me pagaste.
S. DOMBER: Te lo pagué al ganar. Lo retuviste.
NAHUEL: No, yo no retengo. Ése es el problema. Si alguna de ustedes ahora va y gana, ¿yo con qué les pago? Lo único que puedo hacer es ir tachándoles de la deuda que tienen. Pero mientras tanto, ¿de qué vivo yo?
DELIA: De la especulación, vivís vos, pichón. Yo ya te lo dije mil veces.
NAHUEL: No es negocio.
DELIA: ¿Sabés qué? Estás a esto de que no te paguemos nunca más.
S. DOMBER: Porque una tiene un número, un pálpito, lo juega, pierde, después tiene otro, pierde de nuevo, ¿hasta cuándo se puede seguir así?
GLADYS: El día que ganás, ¿para qué es? ¿Para pagar la deuda que acumulaste?
NAHUEL: Bueno, ella se compró un “Up-shaper”.
S. DOMBER: Pero yo no sabía que te debía.
NAHUEL: ¿Y cómo no me ibas a deber? Si estás apostada a un número, es que me debés.
S. DOMBER: Yo pensé que Marta anotaba todo. Y lo volcaba en la planilla del contralor.
NAHUEL: No, miren, chicas: para ser claros. El Estado Provincial es una cosa, y yo soy otra. Yo tengo mi negocio. Y punto. Ningún contralor. Yo no soy socio de Solá.
GLADYS: ¿Qué, y nosotras sí?
S. DOMBER: Bueno, te traigo el aparato que me compré y quedamos a mano. Ahora quiero jugar otro numerito.
NAHUEL: No te puedo aceptar el aparato.
S. DOMBER: Ni lo usé, ni lo saqué de la caja. Pensé que era otra cosa, que había visto en la tele, me clavé.
GLADYS: Lo habrás confundido con un gopher. Son la gloria.
S. DOMBER: Me costó una fortuna.
NAHUEL: A mí no me sirve para nada, tu “Up-shaper”.
DELIA: Nahuel, de un tiempo a esta parte te vemos con una actitud más que negativa. Y no entendemos el por qué.
NAHUEL: Porque no me están pagando.
DELIA: Es que los números no están saliendo.
NAHUEL: No es mi culpa.
DELIA: ¿Y de quién va a ser? ¿Mía? A ver: ¿quién nos vende los números, acá?
NAHUEL: Me parece que ustedes no entienden el sistema básico de la quiniela.
S. DOMBER: ¿Cómo no lo vamos a entender, si hace años que hacemos esto?
NAHUEL: Bueno, yo no lo puedo seguir haciendo más.
DELIA: Ah. Es una limitación tuya, entonces. Así que te voy a pedir que no vengas acá a volcar tus incapacidades. Esto es una escuela, ¿qué te pensás, Nahuel? (Encuentra lo que busca.) Uy, acá encontré lo de los puchos de Marta.
NAHUEL: Justamente. Vengo los días de pago porque sé que todas tienen el efectivo encima…
DELIA: ¿Qué sabés vos de nosotras? ¿Nos estás amenazando? ¿Qué sabés qué día vengo forrada yo a la escuela?
NAHUEL: Ustedes me dijeron que venga del 7 al 10.
DELIA: Y te voy a decir otra cosa: no veo con buenos ojos que levantes apuestas entre los chicos.
NAHUEL: ¿Qué? ¿Y para qué vengo yo acá?
DELIA: No lo veo con buenos ojos. Todo esto se ha vuelto… abstracto. Te voy a pedir que te retires si no querés meterte en problemas.
NAHUEL: ¿No me van a pagar?
DELIA: Te vamos a pagar cuando ganemos.
NAHUEL: Si no pagan antes no van a ganar nunca.
DELIA: Ah, nos amenazás. Perfecto. Rajá de acá. Rajá de acá ahora mismo o llamo a los hermanos Sagasti, que te agarren en el peaje. No me obligues.
NAHUEL: Esto no va a quedar así. (Se va.)
DELIA: Rajá. ¡Y ni se te ocurra meterte en los grados a levantar quiniela! Qué barbaridad. Resultó un chanta, chicas.
Salen GLADYS y DELIA tras él.


34 / ESCOBA

Entran M. CAAMAÑO y EDGAR.
EGDGAR FABIANI: ¡No, señor! ¡No, señor! Ya se lo dije mil veces. ¡La línea del orsay no es ninguna de las que están dibujadas en el campo!
M. CAAMAÑO: ¿Ve? Eso es lo que me confunde, a mí. Que la línea más importante, más visceral, la que define todo el espíritu del juego de pelota, no aparezca dibujada.
EDGAR: Yo se lo voy a maquetar, a ver si me la saco de encima. Suponga que usted es un jugador del contrario.
M. CAAMAÑO: Del Deportivo Morón, pongo por caso.
EDGAR: Eso mismo, mierda de cloaca, que El-Que-No-Se-Nombra me perdone, y avanza para defender el arco.
M. CAAMAÑO: Soy del Gallo y avanzo para defender. Perfecto.
EDGAR: (A S. BRUNETTI, que entra.) A ver, vení, Rulo, vos vas al arco de Morón.
S. BRUNETTI: Mirá que yo de esto no entiendo nada…
EDGAR: Te parás acá y tratás de atajar, ¿qué tenés que entender, Rulo? Eso. Ahora yo avanzo con la pelota. (Por Susana Domber.) Vení, Jopito, vos sos la pelota.
S. DOMBER: ¿Yo, la pelota, Edgar? ¿Y qué hago?
EDGAR: Nada. ¡Nadie haga nada! Es una maqueta. Es como un pesebre con pelota. Y vos sos la pelota. Yo avanzo. Acá está Carterita (se refiere a M. CAAMAÑO). ¿Hasta dónde puedo avanzar yo? Hasta la línea del orsay.
M. CAAMAÑO: ¿La blanca?
EDGAR: ¡No! ¡La blanca es el área!
M. CAAMAÑO: ¿El área de orsay?
EDGAR: No. Dame la escoba ésa, Blusita. (Por M. LOCOCO, que entró hace un instante. Ella le alcanza la escoba. EDGAR se la da a M. CAAMAÑO, y la pone paralela a la línea del arco.) Ahora ésta es la línea del último jugador de Morón, que es Carterita. Si Carterita avanza, la línea del orsay avanza.
M. CAAMAÑO: Ah, ya entendí, y te aprisiono y no podés avanzar.
EDGAR: ¡Cómo no voy a poder avanzar si Morón tiene una defensa de mierda! ¡Si vengo del mediocampo esquivando muertos! Si ya tengo la pelota, avanzo. Y te juro que lo voy a hacer.
M. CAAMAÑO: Perdoname, Susana, pero ¿te puedo hacer una pregunta?
S. DOMBER: Claro.
M. CAAMAÑO: ¿Vos sos la pelota?
S. DOMBER: Sí.
M. CAAMAÑO: OK. Ya entendí.
EDGAR: ¿Qué entendiste? Si llegué hasta acá te cago goleando. (Agarra la “pelota”, patea a S. DOMBER, que se tira sobre S. BRUNETTI.) ¡Gooool!
S. BRUNETTI: ¡No fue gol, atajé!
EDGAR: Dejala que entre, así ésta entiende.
S. BRUNETTI: ¿Por qué la voy a dejar que entre si me dijiste que tenía que atajar, y por poco me trataste de retrasada mental?
M. CAAMAÑO: Tiene razón.
EDGAR: Dejala que entre. Es un ejemplo.
S. BRUNETTI: Bueno buscate otro ejemplo. Uno que no me deje a mí siempre como la tarada nueva. Y eso va para todas, ¿me oyeron? Meteme un gol por tus propios medios, ¿a ver? (Entra DELIA.) ¡Y a ver quién de ustedes se arregla con un segundo y un octavo sin ninguna orientación y sin planillas! ¡Me calenté!
DELIA: Susana, no exageres.
EDGAR: (A BRUNETTI.) Vos jugá conmigo, tenés garra, Rulo.
DELIA: Vos acá sos nueva y te tenés que adaptar un poquito, me parece.
S. BRUNETTI: ¿Ah, sí? Bueno, ahora la nueva juega para Edgar, miren qué bien.
DELIA: Yo también. ¿Qué hago, Edgar?
EDGAR: Cubrí el mediocampo para Morón. (A M. GREGORINI.) Vení, Cajita. Vas vos al arco. Sos Morón.
M. GREGORINI: Yo estoy en contra de todos los deportes que supongan contacto físico.
EDGAR: Bueno. Vos vas al arco, si querés la atajás, si no querés, a mí no podría importarme menos. Ahora veamos la siguiente situación. Rulo juega conmigo y tiene la pelota. (A DOMBER.) Andá con Rulo.
M. ELIZARRAGA: (Que ha entrado hace un ratito y se entusiasma mucho con la escena.) Uy, se largó… (Trata de hacer algún jueguito y se choca con DELIA.)
DELIA: Ay, bestia. ¿Vos para qué equipo jugás? Encargate de lo tuyo, Marta.
M. ELIZARRAGA: Ya me encargué de lo mío, no te preocupes. Acabo de llamar a la 501. Se la llevan a la Chucha.
DELIA: (Que logró distraerla y arrebata la “pelota”.) ¡Pero Morón intercepta la pelota y la manda derecho hacia el arco! (Le rompe el guardapolvos a DOMBER).
S. DOMBER: ¿Qué hacés?
DELIA: Uy, esto es porque lo lavás con lavandina, te queda hecho una babita.
S. DOMBER: ¿Una babita? (La desafía.) ¿Sabés que todavía lo estoy pagando, babita?
DELIA, por su parte, reprocha por lo bajo a M. LOCOCO por la calidad del guardapolvos.
EDGAR: (Agarra a DOMBER por detrás.) ¡Paren! ¡Paren! Delia, usted no agarra la pelota. Usted se queda ahí esperando, y yo explico la ley del orsay.
DELIA: Yo me quedo acá esperando. Después Marta te lo cose, Susana.
M. ELIZARRAGA: Che, Su, si estás cansada yo hago la pelota.
M. LOCOCO: ¡O yo!
S. DOMBER: No, estoy bien, ni me lastimé.
EDGAR: Muy bien. Andá con Rulo. (Le toca el culo para que vaya con S. BRUNETTI. Toda la situación las pone a DOMBER y a ELIZARRAGA muy cachondas.) Le hago señas al Rulo para que me pase la pelota. (Lo hace.)
M. ELIZARRAGA: ¿Y nosotras qué hacemos, Edgar?
S. RIVAROLA: ¿Qué pasa acá? ¿Qué es esto, Delia? ¿Otra de tus vivarachadas?
DELIA: Es la ley del orsay, Susana. Y correte que estoy cubriendo el mediocampo.
S. RIVAROLA: ¿Ahora me tengo que correr? ¿Por qué a vos se te antoja? Supongamos que fuera un número 2 del equipo de Edgar. Un líbero en su salsa. Ergo: me gusta quedarme acá, esperando la pelota.
DELIA: Lo vas a pagar muy caro, te lo aviso. Dale, Marta, avanzá.
M. CAAMAÑO: Yo busco interponerme.
S. DOMBER: Esperen, díganme para dónde voy.
DELIA: Sos la pelota, vas para donde va la fuerza. (Con doble intención.) Andá para donde van todas, ¿no?
S. RIVAROLA: ¿Por qué no hacés vos de pelota, Delia?
DELIA: Ya está, la pelota es Susana. Correte de mi sitio.
S. RIVAROLA: ¿Tu sitio? ¿Esta zona de la cancha tiene tu nombre en algún lado? Porque no lo veo.
DELIA: Y vos salile, Marta, salile que te va a meter un gol.
M. CAAMAÑO: ¿Le salgo? ¿Me le salgo? ¿Me tengo que correr?
DELIA: ¡No, salile, salile!
M. CAAMAÑO: ¡Y bueno, me salgo!
M. GREGORINI: No, no, a él, contra él, ¡marmota!
M. CAAMAÑO: ¡Ah, me interpongo!
EDGAR: ¡No! No es necesario. Si usted avanza en su recta, la línea se mueve paralela al arco. Si me veo del otro lado de la línea sin la pelota, estoy en orsay.
M. CAAMAÑO: ¡Ah! ¡Ya entendí! Sin la pelota, usted no puede pasar la escoba. Y con la pelota, sí.
EDGAR: No. Acá hay que mirar a Rulo. Cuando Rulo patea, y la pelota está en el aire, ¡Rulo! (BRUNETTI patea a DOMBER), avanzo, recibo, te cago a goles igual. (EDGAR patea a DOMBER, GREGORINI se corre a un lado, es gol.) Golazo. ¿Fui claro o no fui claro? (DOMBER está un poco lastimada, BRUNETTI y EDGAR festejan, CAAMAÑO festeja también.) ¿Qué festejás? ¿Qué festejás?
M. CAAMAÑO: Festejo porque fue gol.
EDGAR: Fue nuestro, el gol.
M. CAAMAÑO: Festejo al deporte.
EDGAR: ¿Nuestro gol, festejás?
M. CAAMAÑO: ¿Fue gol en contra?
EDGAR: No, ¿por qué en contra? Te lo metimos. ¿Qué festejás?
M. CAAMAÑO: Correcto. Y ahora que esto queda claro, yo le voy a decir otra cosa. Y es otra cosa que no le va a gustar nada. Ayer Deportivo Merlo se enfrenta a un equipo equis…
EDGAR: A Morón, sí.
M. CAAMAÑO: Bueno, en este caso fue Morón, sí, de donde soy oriunda, y un jugador equis convierte un gol en estas mismas circunstancias que usted me explica ahora, pero la escoba, señorito, estaba acá. (Avanza la escoba, queriendo decir que les aceptaron un gol en offside).
EDGAR: ¿Qué decís?
S. BRUNETTI: Y… estás en orsay, macho.
M. CAAMAÑO: ¿Qué digo? Digo lo que vi.
EDGAR: ¿Qué viste, vos? ¿Ves más que el referí?
M. CAAMAÑO: El réferi estaba arreglado, nos cobraron mal.
EDGAR FABIANI: No, se cobró bien. Y el jugador equis se llama Peroni y es mi amigo y no estaba adelantado.
M. CAAMAÑO: Peroni es un pelotudo y el réferi estaba untado.
EDGAR FABIANI: (Que cada vez que putea pide perdón al cielo.) El DT de Morón juega con la ley del orsay.
M. CAAMAÑO: ¿Qué? ¿Al achique?
EDGAR: Sí y el hijo de puta de Peroni…
DELIA: Bueno, no subamos el tono…
M. CAAMAÑO: Fue orsay.
EDGAR: No, fue un acto de justicia divina, una enmienda.
M. CAAMAÑO: No me digas “mierda” que te voy a dar un coscazo.
EDGAR: ¡Enmienda! ¡Enmienda!
M. CAAMAÑO: Ya ven, hay una parte de esta ley, supuestamente tan geométrica, que queda librada a la prepotencia de la interpretación subjetiva. (A EDGAR, amenazándolo con la escoba.) De una manga de matones.
EDGAR: ¿Matones?
DELIA: (Le arrebata la escoba a CAAMAÑO.) Marta, ojo con Edgar. Me lo llegan a lesionar y lo van a pagar todas muy caro, porque no se recupera un centavo de la cooperadora, ¿eh? (Le deja la escoba a GREGORINI.)
M. GREGORINI: Y yo tengo toda la responsabilidad de esa plata que se usó para el mal.
M. ELIZARRAGA: No te te-te-te-te-nés que angustiar, Marta.
M. GREGORINI: ¿Angustia? No, Marta. Yo ya estoy más allá de toda angustia. Yo tuve un lazo con esa cajita. ¡Y qué lazo! Tuve un lazo con el contralor. Tuve lazo con miles de cosas que ustedes ni saben, porque no preguntan, no preguntan nada, y avanzan, como fantasmas, fantasmas de guardapolvos que atraviesan las paredes de la secretaría y piden cosas. (A S. BRUNETTI.) “¿Cuándo cobro, Marta?”, (a S. DOMBER) “Dame la llave del botiquín, Marta”, (a DELIA) “Dame la plata para comprar un mediocampista, Marta.”
S. RIVAROLA: ¿Qué decís, Marta?
M. GREGORINI: Sí, porque esto se hizo así. Y ya está. Yo fui cómplice de este latrocinio. Tengo un vale. Soy una ladrona. Como todas ustedes. Edgar es mi botín. Así que no nos comportemos acá como si fuéramos damas de tertulia. Somos peligrosas. Inversionistas despiadadas. Y yo debo aprender a vivir con esto.
M. ELIZARRAGA: ¡Marta!
M. GREGORINI: ¡¿Qué?!

M. GREGORINI: Vos estás viendo una fo-fo-fo-fo-tografía…
muy negra de to-to-to-to-do lo que…

Con la “traducción” de S. DOMBER.
S. DOMBER: Una foto.
De todo.

DELIA: ¡Ay por el amor de dios, si querés decirle algo, decilo, Marta!
M. ELIZARRAGA: Se lo estoy di-di-di-di-di-ciendo… Vos tenés que recuperar la ca-ca-ca… ¡La calma!
M. CAAMAÑO: ¡Lo que hace falta recuperar acá es la honestidad, Delia!
DELIA: ¿Ustedes me hablan de honestidad, a mí? ¿En serio, chicas? ¿En serio, Susana?
EDGAR: ¿Sabés lo que hacemos en el Depo con la honestidad de Morón? ¿Querés ver por dónde nos la pasamos en el vestuario?

DELIA: ¡Gladys, vení a poner orden! (Sale buscando a Gladys. Las demás ven a S. RIVAROLA con desconfianza.)
S. RIVAROLA: Ah, qué bien, Delia.

Lo de siempre. (Tratando de buscar adeptas, que no halla.) Vos te mandás la macana, y después salís a buscar quién te arregle las cosas.




Vos dejás que esto pase.


(A las demás.) Ella deja que las cosas se salgan de control.

M. LOCOCO: Bueno, no se lastimó nadie.
S. DOMBER: ¡Yo sí!
M. LOCOCO toma partido, dirige una mirada acusadora a S. RIVAROLA y sale en busca de DELIA.
S. DOMBER: ¡Yo sí me lastimé!
S. RIVAROLA: Jodete. Por hacerle caso.


Te dicen que hagas de pelota, y vas y hacés. ¿Por qué no dejás que haga ella de pelota… si tanto quiere aprender los misterios del orsay?


M. CAAMAÑO: (Completamente relajada.) Ay, ese lenguaje, me hacés acordar a la cancha.

Yo iba mucho, en una época.




EDGAR FABIANI: ¿A qué cancha ibas vos?
MARTA CAAMAÑO: A la de Nueva Chicago.

EDGAR: ¿Sabés lo que hice en Chicago?


Yo limpiaba los baños, ahí.



Fui y copié sesenta líneas del Deuteronomio arriba de los mingitorios.



Y el que todo lo ve seguro que me vio, difundiendo la palabra.




Limpiar un baño es fácil, lo difícil es limpiar la escoria del alma humana.


M. CAAMAÑO: No, yo imagínese que los mingitorios no los vi. A veces me comía un pancho, veía un poco de fútbol, después me volvía a casa, sola. A corregir pruebas. Como una boluda.
EDGAR: Y bueno: si es una boluda, a lo mejor por eso no entiende la decisión del referí.
M. CAAMAÑO: A mí no me va a venir a espolear así, caballerito, que para algo hace 50 años que estoy al frente de un grado. ¡Yo le voy a enseñar con esta escoba cómo se mueve una línea de orsay!
EDGAR: (Le arrebata la escoba.) Vos movela y yo te cago a patadas.
S. RIVAROLA: Edgar Fabiani: ¡bajás esa escoba ya mismo o te vas a arrepentir!
EDGAR: ¿Arrepentir? ¿Quieren ver lo que es vivir en el verdadero arrepentimiento? (Las amenaza con la escoba en alto.)


35 / PISTOLA

DELIA: (Vuelve, seguida de GLADYS y M. LOCOCO, que tratan de detenerla. DELIA trae una pistola, y pega un tiro al aire para calmar el bochinche.) Acá se van a calmar todos, uno por uno. (A EDGAR FABIANI.) Te trajimos como segundas madres. Nos jugamos el pellejo. Yo tenía grandes planes para vos, chiquito.
EDGAR: Disculpe.
DELIA: Al final vas a resultar peor que Morondanga.
EDGAR: Disculpe, pero ella dijo que Mastrángelo…
DELIA: ¿Quién dijo? (Apunta con el arma.) Nombrá como se debe…
EDGAR: Bueno… Marta dijo que Mastrángelo…
M. CAAMAÑO: Dije que el juez estaba untado…
DELIA: ¡Ay, Marta! Vos… también…
EDGAR FABIANI aprovecha la distracción. Y le arrebata el revólver a DELIA.
DELIA: (Sin comprender el nuevo giro de los acontecimientos.) ¿Qué hacés, ahora?
EDGAR apunta a MARTA CAAMAÑO.
Todas gritan en desorden y se acurrucan en un rincón. EDGAR devuelve a CAAMAÑO al grupo.
EDGAR: Denme toda la guita que tienen encima. Y la ponen acá. ¿Qué se piensan? ¿Que van a tratar así a la gente? (Agarra a MARTITA ELIZARRAGA y la arrastra por el piso.)
M. ELIZARRAGA: La que tiene plata es Lococo. (Todas menos ésta asienten.)
EDGAR: ¿Y cuál es su cartera?
Todas señalan en distintas direcciones. Y comentan vaguedades: “Una cartera verdecita…”, “¿Hoy trajiste el bolsito con tachitas?”
EDGAR FABIANI agarra a MARTITA ELIZARRAGA. Lleva el arma a su cabeza y va disparar.
DELIA: (Se pone de pie.) ¡A cualquiera menos a ella!
EDGAR FABIANI la suelta y agarra a DELIA LOBO. MARTITA ELIZARRAGA vuelve victoriosa al grupo.
DELIA: Yo lamento que nunca nos hayamos entendido, Marta. Pero a mí la rama en serio me parece una cosa hermosa.
S. RIVAROLA: ¡No! ¡Sin Delia esta escuela se cae a cachos! Susana, vos sos la más nueva.
S. DOMBER: ¿Qué? La más nueva es ella.
S. BRUNETTI: ¡No tengo plata! ¡No tengo plata!
EDGAR: (Muy tranquilo. Suelta a DELIA, que se derrumba como una hoja a los pies de Edgar.) Vení, Rulo. Acercate. No tengas miedo.
S. BRUNETTI: ¡No tengo plata! ¡No tengo tarjetas! No entré en contralor, cobro como suplente, todavía no me pagan…
M GREGORINI: A lo mejor le pagan el 20, Edgar.
TODAS: Sí, sí, el 20.
EDGAR: Mirá, Rulo, yo sé que vos me vas a entender. Shh. Ahora vas a ir para allá, con tus amigas y les vas a pedir que te den la guita, ¿estamos? Háblenlo.
S. BRUNETTI: Bueno, chicas, yo sé que ustedes no son mis amigas, pero ya oyeron. O sea, ¿ustedes se creen que me gusta a mí ocupar este rol? Pero me van a tener que ir dando la plata, los relojes.
M. CAAMAÑO: Ah, mirá vos. Él de los relojes no dijo nada.
EDGAR: Relojes, teléfonos. Vos, Tetas, las llaves del auto.
GLADYS: ¿Qué auto?
EDGAR: ¿Qué auto? (Vuelve a apuntar a DELIA. Griterío.)
S. BRUNETTI: Dame el teléfono, Susana.
S. RIVAROLA: Yo no tengo celular.
M. LOCOCO: Sí que tenés, si dijiste que no tenías crédito para llamar a las empanadas.
EDGAR: Dáselo. Dámelo, Rulo. (Se lo pasan.) Seguí juntando. (Llama por teléfono.)
S. RIVAROLA: Ay, mirá, ¿tiene crédito? Yo pensé que… ¿sabés lo que debe ser? ¿Hoy es 8? Me parece que el mes de CTI corre de 8 a 8.
EDGAR: (Apuntándolas, habla por teléfono.) Hola, señora. ¿Está Héctor Peroni?… ¡Héctor! Partidazo, ayer, ¿eh? … Che, acá dicen que vos indujiste el orsay. ¿Se lo podés explicar? (Llama a MARTA CAAMAÑO.)
M. CAAMAÑO: (Al resto.) Ya vamos a resolver nuestras diferencias. No se preocupen.
MARTA CAAMAÑO habla por teléfono con Peroni.
M. CAAMAÑO: Hola… Sí, de ayer. (…) (A las maestras.) Se hace el otario. (…) (A Peroni.) Si, en el segundo tiempo. (A las maestras.) Ahora de pronto nadie se acuerda de cómo son las cosas. (A Peroni.) No, no, si yo eso lo entiendo, pero póngase una mano en el corazón, Pelloni, y dígame si no estaba del otro lado de la escoba…
EDGAR: Parece que no lo entiende.
DELIA: Basta, Marta. Se cobró bien.

EDGAR FABIANI: (Volviendo al teléfono.) ¿Cómo andás de guita vos?
Ahá.
Ahá.
Sí.
¿No te querés dar una vuelta?
Por la 78. Dale.
(Corta. La situación parece normalizarse.)
M. CAAMAÑO: No. ¿Qué? ¿La prepotencia ahora va hacer que el blanco sea negro y el negro sea blanco? Yo le doy la plata, Edgar, acá tiene lo mío, y acá si quiero la ayudo a Susana a juntar lo de todas. Pero no me digan una cosa por otra.


M. GREGORINI: (Levantándose como si nada.) Lo siento, Edgardo. Lamento tu resentimiento.
EDGAR: (Agarrándola para que no se vaya.) Sí, yo también lo lamento.
M. GREGORINI: Igualmente yo me voy de acá habiendo aprendido cosas. Me voy a casa. Yo ahora tengo un perro. Un perro enorme. De la calle. Lo agarré. Con mis alergias, y todo. Lo agarré. Me dije: las alergias se van a ir cuando yo dé pasos importantes. Cuando entendí que mi lazo con la cajita era algo que me hacía mal. Se apareció este perro, grande, desnutrido, que no tenía a nadie y ahora tengo un lazo. Le tengo que dar de comer. Él depende de mí. Entendé mi situación, Edgar.
EDGAR: Yo la entiendo.
M. GREGORINI: Robé, quemé las velas, no hay vuelta atrás. Pero ese perro me necesita. Quiero ser clara con vos.
EDGAR: Muy bien. Pero esperá un cachito. Te quiero enseñar otra cosita más. Sentate.
EDGAR FABIANI agarra a MARTITA ELIZARRAGA y la mata de un tiro.


36 / CORPIÑOS

EDGAR: A ver si me sienten. Hay un camino que se abre en otros y uno duda. Yo acá tengo ocho opciones. Esta prueba es muy difícil. Parece que todavía me falta algo por hacer. ¿Qué quiero yo? ¿La plata? ¿Matar Martas? ¿Asesinar Susanas? ¿Arreglar alguna cuenta? ¿Con quién? ¿Cajita? ¿Tetas? ¿Jopito? ¿La Rulo? ¿Ésta?
S. RIVAROLA: ¡Hacé algo, Delia!
DELIA: (Heroica, llorando, frágil.) ¿Vos me querés violar, Edgar? ¿Vos querés sexo?
EDGAR: No. El sexo sin amor no va.
DELIA: Yo te amo, Edgar.
EDGAR: ¿Qué?
DELIA: Yo te amo desde que te vi en el campito.
EDGAR FABIANI: Yo pienso que todas ustedes están desesperadas. Si podías lo comprabas a Peroni, vos. Pero no: yo era la opción más barata, ¿no? Miren, maestras, les doy una lección: anoten esto. “Lo barato sale caro”.
DELIA: Anoten, chicas, hagan lo que dice…
Por lo bajo, se escuchan algunos comentarios:
GLADYS: ¿Una birome?
M. GREGORINI: ¡No, ahí no anotes que es el contralor!
S.DOMBER: Yo después hago fotocopia.
EDGAR: Eso, anoten. Cien veces, anoten. “El tiempo se agota. El tiempo nos es dado para que hagamos grandes cosas. Y si las cosas que hacemos son chiquitas, el tiempo es chiquito.” ¿Están anotando? ¿Terminaron? (Súbitamente, a MARTA GREGORINI.) Vos te podés ir.
M. GREGORINI: Bueno, chicas, yo llamo el martes. A ver si se solucionó todo. Ah, y que aparezca la llave. (A EDGAR FABIANI.) Si te dicen quién tiene la llave, buenísimo. (Sale.)
EDGAR: (A SUSANA BRUNETTI.) Rulo, ¿vos manejás?
S. BRUNETTI: Yo quería ser maestra jardinera.
EDGAR: ¿Y qué pasó?
S. BRUNETTI: ¿Viste lo de los ocho caminos que dijiste? Yo era una chica confundida, ¿qué iba a hacer? Cuando una por ahí necesita un consejo posta, lo único que yo tuve fue la Guía del Estudiante. La hojeé, la miré, no sé, tantas opciones sin ninguna salida laboral… Escuelas habrá siempre… Aunque nos caigamos a cachos, escuelas va a seguir habiendo…
EDGAR: Mirá, yo la primera vez que agarré la Biblia no entendí nada. Le tenés que poner el corazón. Andate, Rulo. No seas giluna, no avises a la cana, que por ahí salvás a alguna de éstas. Y mejorá la zurda. Y ponele más garra a los pibes.
S. BRUNETTI: Bueno. No digo nada. Chau, chicas. (Se va.)
M. LOCOCO: Bueno, yo tengo que seguir con mis asuntos, también.
EDGAR: Vos te sentás en el piso.
M. LOCOCO: No, es que vos no entendés. Yo no soy maestra de acá.
EDGAR: Yo lo que entiendo es que estás entre mis primeras opciones.
M. LOCOCO: Y yo te entiendo. Yo en tu situación, qué no sé cuál es, haría lo mismo, que tampoco sé qué es. Lo que estás haciendo. Mirá, Edgar: esto es un negocio. Dejá ir a dos, y yo te doy el diez por ciento de lo que entre los dos recuperamos de lo que me deben en blusas.
EDGAR: No, mejor la mato a ésta. (Le apunta a S. DOMBER.)
M. LOCOCO: ¡El quince, te doy el quince!
EDGAR: Ahá. ¿Y a cuántas tengo que matar para que me des el 20% de la plata que YO les estoy chafando?
M. LOCOCO: Si me repetís la pregunta seguro que podemos llegar a un número que nos cierre a todas.
EDGAR: Sacate la blusa.
M. LOCOCO: ¿Estás loco?
EDGAR: Todas. En pelotas.
S. RIVAROLA: De ninguna manera.
EDGAR apunta a S. DOMBER. Mientras, DELIA ha reptado hasta volver a sumarse al grupo de maestras temblorosas.
S. DOMBER: ¡Por lo que más quieras, Marta, sacate todo!
M. LOCOCO: Muy bien, tranquilo. Estamos negociando. Nos sacamos las blusas y vos cambiás tu actitud. Si no, nada, chicas. (Tiempo.) OK. (M. LOCOCO comienza a desvestirse. El resto de las maestras la sigue.)
EDGAR las apunta, se apresuran a sacarse la ropa.
EDGAR: Los zapatos no hace falta. A ver qué más aparece, acá. (Recuenta el botín.) Es magro. Doce pesos. Un reloj Tissot.
GLADYS: Sí, ése lo puse yo.
EDGAR: Gracias. (Vuelve a llamar a Peroni.) El cronómetro no anda.
GLADYS: No. Es más para cancherear.

EDGAR: (Al teléfono.) Che, Peroni. No vengas. No se recaudó nada. (…) ¿Vos decís? (…) No sé, no me parece. (…)
(A las maestras)
¿Ustedes me van a denunciar?

Las maestras se miran los corpiños. Por lo bajo, se escuchan comentarios: “¿Éste se lo compraste a Marta?”, “No, es del Once”, “Las que tienen buenas cosas son las bolivianas de Morón”, “Uy, yo hace seis meses que no voy a Morón”.


TODAS: ¡No! ¡No!
EDGAR: ¿Y las que se fueron?
TODAS: No, no, tampoco.
EDGAR: A la paliducha la dejé ir porque me mataba de lástima. ¿Qué es lo que le pasó?
DELIA: Ella…
S. RIVAROLA: Resulta que…
EDGAR: ¿Qué le pasó, Tetas?
GLADYS: Bueno, parece que hace un año…
S. RIVAROLA: No, ya hace como dos…
EDGAR: Me mataba de lástima. Encerradita en secretaría, tarareando Yesterday. Adoptó un perrito. Nunca se sabe qué es lo que te salva, por qué El-Que-No-Se-Nombra-En-Vano te elige o te deja a un lado. Pero ustedes son unas yeguas increíbles, con el mayor de los respetos. Ustedes son yeguas en mi camino. El-Que-No-Se-Nombra ha querido que nuestros caminos se toquen. Tóquense.
Las maestras quedan en corpiño, se tocan sollozando unas sobre otras, apiladas en un rincón.
EDGAR: ¿Van a ir a la cana?
TODAS: ¡No!
EDGAR: ¿Cómo? No las oigo.
TODAS: ¡No! ¡No!
M. CAAMAÑO: No, que yo una vez salí de testigo de tránsito y me robaron un llavero cortauñas.
EDGAR: (Apunta a S. RIVAROLA.) ¿Y vos?
S. RIVAROLA: No, yo no.
EDGAR: ¿Segura?
S. RIVAROLA: Claro, me ves cara de buchona… pero te juro que no…
DELIA: Mirá, Edgar: ella estuvo levantando firmas para hacerme una denuncia en Consejo, es cierto.
M. LOCOCO: Yo se lo dije. ¡Fui yo!
S. RIVAROLA: No, Delia, mirá.
DELIA: Pero también es porque yo le di motivo…
S. RIVAROLA: No, Delia, mirá. Mirá, Edgar. Miren. El petitorio con las firmas. (Lo rompe.) Ya está. Libre, por fin. Nunca me sentí más yo misma que en este momento.
EDGAR: ¿Así que no vas a decir nada?
S. RIVAROLA: ¡Pero no! Si acá prácticamente no hay delito. Si nosotras te compramos.
DELIA: No, Susana, tenías razón, fue mi culpa, yo me cegué.
S. RIVAROLA: No, Delia. Yo pude haberte parado y no lo hice.
DELIA: ¿Por qué? ¿Por qué nadie me para, nunca?
S. RIVAROLA: Porque vos… vos tenés razón… Hay que estar loca para dirigir una escuela. Y el mundo no es de los cobardes. Ya aprendí mi lección. Y yo no voy a ser más una cobarde.
M. LOCOCO: ¡Y yo no voy a ser más una correveideile!
EDGAR: Eso, eso, tóquense. (A S. DOMBER.) Vos tocate con Tetas.


37 / INDIA

DELIA intenta irse arrastrándose por el suelo. EDGAR FABIANI la retiene, la agarra de un tobillo y la arrastra.
DELIA LOBO: ¿Qué querés de mí? ¿Por qué todos quieren algo de mí?
EDGAR: ¡Ah! Hoy es tu día de suerte. ¿Qué quiero yo? ¿Qué quiere Él de vos? Mirá. Acá tengo un encendedor que le gané a un pibe de cuarto en los penales. Si prende, te salvás. Si no prende, te mato.
EDGAR FABIANI le pone el revólver en la nuca. DELIA LOBO no repara en nada. Sacude la cabeza negativamente.
EDGAR: ¿Vos qué querés, directora?
Prueba el encendedor. No anda. Apuntando a DELIA, da un paso hacia atrás.
DELIA LOBO: Yo quiero un gomón que me saque de todo esto.
EDGAR: Cuando te toca, te toca.
DELIA: Quiero remar, desnuda, río abajo.
EDGAR FABIANI la escucha un instante: el discurso de DELIA es desesperado y enigmático. EDGAR lo escucha y luego se va, solo, confundido. Abandona su botín y sale. DELIA LOBO sigue hablando sin darse cuenta de que se ha ido.
DELIA: Quiero ser una india, cubierta de joyas, quiero sentir el frío de la esmeralda entre mis senos, y remar, remar hacia el sur, a donde van las almas cuando ya han cumplido la tarea en esta tierra. Tierra de penumbras… y de barro...


38 / SEISDEDOS

SUSANA RIVAROLA se levanta para contener a DELIA LOBO.
S. RIVAROLA: Mirá cómo tenés acá.
DELIA: Ay, sí, estoy hecha un cocoliche.
S. RIVAROLA: Sos una gran mujer
Se abrazan.
DELIA: Y vos sos mi mano derecha. Mirá si entraba algún pibe, Susi. Si este loco lastimaba a alguno yo voy sumariada y presa.
S. RIVAROLA: ¡Yo comparto la responsabilidad con vos, Delia!
DELIA: Dejá, dejá, Susana. Si vuelve a pasar, salvate, vos. Viví.
S. RIVAROLA: No. Chicas, acá, si una cae, caemos todas. Como en una banda.
DELIA: Como en la banda de Seisdedos.
GLADYS: Seisdedos es el policía.
Pausa general.
DELIA: ¿Cómo?
GLADYS: El detective… se llama Seisdedos.
DELIA: ¿Cómo?
GLADYS: El que los agarró. No el chorro.
S. RIVAROLA: ¿Cómo?
M. CAAMAÑO: ¿Cómo?
GLADYS: Que el policía…
DELIA: ¿Y los hombres desnudos…?
GLADYS: Uruguayos, eran. Al de traje gris lo agarraron en Aeroparque.
M. CAAMAÑO: ¿A dónde se quería ir?
GLADYS: No se quería ir a ningún lado: vino de Uruguay.
S. RIVAROLA: ¿Cómo?
DELIA: Yo debo haber entendido todo mal. Todo mal.
S. DOMBER: ¿Pero y el túnel? ¿Era mentira?
GLADYS: ¿Qué túnel?
DELIA: Me quiero morir. ¿No cavaron un túnel?
S. DOMBER: Lo de Sabato…
GLADYS: Entraron por un túnel…
S. DOMBER: Porque Cajita dice que es mentira que Sabato haya escrito “El Túnel”…
M. CAAMAÑO: En tres palos verdes, lo aseguró. ¿Sabés qué racha? ¿Cobrar tres palos verdes por algo que nunca te tomaste el trabajo de escribir?
GLADYS: ¿Qué? Lo escuché hoy en la radio. La mujer de uno. Los entregó a todos, estaban detrás del tipo de traje gris que aparece en los videos de seguridad del banco, y el detective Seisdedos…
M. CAAMAÑO: ¿Pero Seisdedos quién es?
DELIA: Basta, no sigan. No sigan, chicas. No se entiende lo que pasó. Dejémoslo acá.




Buenos Aires, diciembre de 2006

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