Jean Cocteau Los padres terribles


Jean Cocteau
Los padres terribles

PERSONAJES
Yvonne
Léonie
Madeleine
Georges
Michel
Promediando el siglo XX
DECORADOS
Primer acto: habitación de Yvonne
Segundo acto: casa de Madeleine
Tercer acto: habitación de Yvonne
Traducción: Ignacio Apolo2
FICHA TÉCNICA
Nombre original: “Les parents terribles”
Autor: Jean Cocteau
Versión: Ignacio Apolo
Obra estrenada en el Teatro EL CUBO para las temporadas
2007/2008
Dirección: Alejandra Ciurlanti
Actores: Luís Machín
Mirta Busnelli
Noemì Frenkel
Nahuél Pérez Biscayart
Maria Alché
Escenografía: Jorge Ferrari
Luces: Eli Sirlin
Vestuario: Andrea Mercado
Asistencia de dirección: Sabrina Arias
Asistente de escenario: Simon Dimotta
Diseño Gráfico: El Fantasma de Heredia
Pelos y Maquillaje: BCN Peluqueros
Prensa: Colombo-Pashkus
Asistente de producción: Fernando Zaldívar Posse
Producción ejecutiva: Alejandra Menalled / Mariano Pagani
Producción artística: Noemí Frenkel
Producción general: PANDORA PRODUCCIONES
Galardones:
6 premios ACE
10 premios teatro del mundo
2 premios clarín (mejor actriz y mejor espectaculo)
Seleccionada para el Festival Teatro Frànces "Homenaje a Cocteau"
en Rio de Janeiro y San Pablo enero de 2009 - auspiciado por la
Embajada de Francia3
ACTO I
Habitación de Yvonne
ESCENA I
GEORGES, luego LÉO, después YVONNE
GEORGES corre del baño a la puerta de LÉO; golpea y grita.
GEORGES: ¡Léo! ¡Léo! Rápido... Rápido... ¿Dónde estás?
VOZ DE LÉO: ¿Apareció Michel?
GEORGES (gritando): No. Vení, apurate.
LÉO (abre la puerta): ¿Qué pasa?
GEORGES: Yvonne se envenenó.
LEO (estupefacta): ¿Qué?
GEORGES: Con la insulina... Debe haber llenado la jeringa.
LÉO: ¿Dónde está?
GEORGES: Ahí... En el baño.
YVONNE abre la puerta del baño y aparece lívida,
manteniéndose apenas en pie.
LÉO: Yvonne... ¡Qué hiciste! (Cruza la escena y la sostiene) ¡Yvonne!
(YVONNE hace una seña de negación) Hablá... Decime...
YVONNE (casi ininteligible): Azúcar...
GEORGES: Voy a llamar a la clínica; aunque hoy es domingo y no
debe haber nadie...
LÉO: Quedate acá, Georges. Ustedes se vuelven locos por nada...
Menos mal que estoy yo. (Acuesta a YVONNE sobre la cama) El
problema es que no comió nada; lo que necesita es azúcar.
GEORGES: ¡Dios!
Entra en el baño y sale con un vaso de agua. LÉO se lo hace
tomar a YVONNE.
LÉO: Tomátelo todo... Dale, tratá de tomarlo... No te asustes; no te
vas a morir antes de volver a ver a Michel.
YVONNE se incorpora y toma.
GEORGES: Qué estúpido. Si no fuera por vos, Léo, Yvonne se moría;
la dejaba morir sin darme cuenta.
YVONNE (en voz muy baja): Ya está. Ya estoy mejor. Perdón. Qué
grotesca... (con voz más clara) Fue culpa mía.
LÉO: Y con lo loca que estás...4
YVONNE: ¡Uf! Gracias, Léo. (Se apoya en las almohadas.) Lo que
pasó es que... eran las cinco, la hora de la inyección. Y justo
cuando terminé de ponérmela escuché el ascensor parando en
este piso. Salí corriendo a la antesala, pero me equivoqué: no
era. Y cuando volví al baño ya me sentía mal. ¡Georges llegó de
milagro!
GEORGES: Sí, fue un milagro. Vine a ver si dormías un poco.
YVONNE (riendo, completamente repuesta): Ay, si no fuera por
ustedes, habría hecho algo terrible por una tontería...
GEORGES: No es una tontería, Yvonne. Michel no durmió en casa.
No dio señales de vida. Y te conoce. Sabe muy bien cómo te
ibas a poner... Te olvidaste el azúcar porque tenías los nervios
de punta.
YVONNE: Con tal de que no le haya pasado nada... Los domingos no
encontrás a nadie, y por ahí ninguno de sus amigos se anima a
llamarnos, a avisar...
GEORGES: No, Yvonne, las cosas graves se saben en seguida. No,
no. ¡No-se-puede-creer! (Pronuncia esta palabra separando las
sílabas de una manera especial y como entre comillas)
YVONNE: ¿Pero dónde puede estar? ¿Dónde está?
LÉO: A ver, a ver, no te alteres, que todavía estás shockeada.
Georges, vos no la pongas más nerviosa. Volvé a tu trabajo;
cualquier cosa, yo te llamo.
YVONNE: Sí, sí; tratá de trabajar...
GEORGES Sale.
ESCENA II
YVONNE, LÉO
YVONNE: Léo, ¿dónde durmió ese chico? ¿No se da cuenta que me
vuelvo loca? ¿Por qué no llama? Por favor, no es tan difícil
llamar por teléfono...
LÉO: Depende. Si hay que mentir, alguien tan transparente como
Michel podría no llamar...
YVONNE: ¿Y por qué tendría que mentir?
LÉO: Una de dos: porque no se anima ni a volver ni a llamar, o
porque está tan bien donde está que no piensa ni en volver ni
en llamar. Sea como sea, oculta algo.
YVONNE: No, no, yo lo conozco a Mik; no vas a decirme cómo es.
Que ni siquiera piense en volver a casa... ¡imposible! Y si no se
anima a llamar es porque está en peligro mortal, y no puede
llamar por teléfono.
LÉO: Siempre se puede llamar, Yvonne. Michel puede y no quiere.
YVONNE: Vos estás rara desde hoy; demasiado tranquila. Vos sabés
algo.
LÉO: No es que “sepa”; estoy segura, que no es lo mismo.5
YVONNE: ¿Y de qué estás segura?
LÉO: No vale la pena decírtelo, no lo vas a creer. Vas a decir “no-se-
puede-creer”, porque no se puede creer cómo desde hace un
tiempo todos en esta casa dicen esa frase.
YVONNE: ¡Hey!... Es una frase de Michel...
LÉO: Puede ser; no sé. Me encantaría saber de dónde viene, en
realidad.
YVONNE (riendo): Vamos, ¿qué tiene de raro que unos maniáticos,
unos locos, una familia que vive en una carpa de circo...?
LÉO: Te burlás porque dije que vivían en una carpa de circo. Pero es
cierto; te lo digo de nuevo. Y que están locos, también es cierto.
YVONNE: La casa es una carpa de circo, estoy de acuerdo. Que
estamos locos, también estoy de acuerdo. Y que somos un poco
maniáticos, es cierto. Pero vos también sos una maniática, a tu
manera.
LÉO: Puede ser... Una maniática del orden, como ustedes son
maniáticos del caos. Por algo el tío me dejó la herencia a mí.
Daba por sobrentendido que yo los iba a mantener.
YVONNE: ¡Léonie!
LÉO: No te enojes; no me quejo. Nadie lo admira a Georges más
que yo, y de verdad me hace feliz que por esa herencia pueda
seguir trabajando en lo que le gusta...
YVONNE: ¡Vamos, no me vas a decir que vos, justo vos, te tomás en
serio sus inventos...! No te creo... Georges es el prototipo del
maniático. Acá, entre nosotras: ¡es ridículo, a su edad...!
LÉO: Georges es un niño, pero eso no quiere decir que no tenga
creatividad. No seas injusta.
YVONNE (deteniéndola): Sh... Escuchá... (Silencio) No. Me pareció oír
un coche. Seguro que Mik tomó un poco de champagne; no está
acostumbrado. Y se quedó en la casa de un amigo. Debe estar
durmiendo. O le debe dar vergüenza la escapada. ¡No tiene
perdón que me haya hecho pasar una noche de angustia
interminable!
LÉO (se acerca a la cama de YVONNE): Yvonne, ¿vos me estás
tomando el pelo?
YVONNE: ¿Qué?
LÉO (le alza la cara tomándola del mentón): No. Creí que estabas
fanfarroneando, que te hacías la tonta. Pero me equivoqué:
estás ciega.
YVONNE: Explicate.
LÉO: Michel pasó la noche con una mujer.
YVONNE: ¿Michel?
LÉO: Michel.
YVONNE: Estás loca. Mik es un nene.
LÉO: Tiene veintidós años.
YVONNE: ¿Y...?
LÉO: Sos genial... Sembrás, sembrás, y no te das cuenta lo que
cosechás.6
YVONNE: ¿Qué es lo que sembré yo? ¿Y qué es lo que cosecho?
LÉO: Sembraste ropa sucia, ceniza de cigarrillos por todas partes,
caos. Y tu cosecha es que Michel se ahogue y necesite salir a
tomar aire.
YVONNE: ¿Ah sí? Y según vos, toma aire entre mujeres, necesita... ir
con prostitutas.
LÉO: Otra vez con tu tono melodramático. ¿Sabés por qué no llamó
Michel? Para no tener que escucharte a vos diciéndole, a punto
de desmayarte: “Volvé, hijo, tu padre tiene que hablarte” o algo
así, ¡por favor, Yvonne!
YVONNE: ¿Qué te pasa, Léo? No te alteres...
LÉO: No me altero. Pero a veces se pasan del límite. ¿Sabés por qué
hay una pila de ropa sucia en el cuarto de Michel? ¿Sabés por
qué la bañera está tapada hace una semana y todavía nadie la
destapó? Porque a veces siento una especie de goce en dejarlos
hundirse, hundirse en el caos...
YVONNE: Y según vos, es este caos, esta vida en una carpa de circo
lo que lo llevó a Michel a buscar... intimidad... en casa de una
mujer...
LÉO: Y no es el único.
YVONNE: ¿Te referís a Georges?
LÉO: Sí, me refiero a Georges.
YVONNE: ¿Estás acusando a Georges de engañarme?
LÉO: Yo no acuso a nadie.
YVONNE: Léo, ¿descubriste que me engaña?
LÉO: ¿Y acaso vos no lo engañás a él?
YVONNE: ¿Yo...? ¿Que yo lo engaño a Georges? ¿Y con quién?
LÉO: Vamos, Yvonne; desde que nació Michel lo estás engañando.
Te ocupaste solamente de Michel, de Michel y de nadie más. Y
Georges se fue quedando solo... No sé por qué te asombra
ahora que haya buscado un poco de cariño en otra parte.
YVONNE: Y suponiendo que esa... locura sea cierta, que Georges
tenga una amante y que Michel (que me cuenta todo), haya
pasado la noche con una mujer, ¿por qué no me lo dijiste
antes?
LÉO: Porque no creí que estuvieras tan ciega. Pensé que cerrabas
los ojos a propósito, que no querías ver...
YVONNE: Bueno, si Georges necesitó buscar afuera lo que acá no...
Quiero decir, podría entenderlo... Después de veinte años, el
amor cambia de forma y hay ciertas cosas que terminan siendo
incómodas, incluso indecentes, en la intimidad de los esposos...
LÉO: Sos una mujer rara, Yvonne.
YVONNE: No... Te parezco rara porque lo ves todo de afuera.
¡Pensalo un poco! Vos te mantenés joven, hermosa, elegante,
en cambio yo, a esta altura...
LÉO: Tenés cuarenta y cinco años y yo cuarenta y siete.
YVONNE: Pero vos parecés más joven que yo.7
LÉO: Y así y todo Georges te eligió a vos. A mí me dejó para casarse
con vos...
YVONNE: ¡Pero si a vos no te interesaba, Léo, vamos! Hasta
parecías vos la más interesada en que nos casáramos.
LÉO: Eso es cosa mía. Yo lo respeto a Georges. Y tenía miedo de
que lo nuestro pasara solamente por acá. (Se señala la frente)
A vos en cambio todo te pasaba por acá... (Señala el corazón y
el vientre) Y por acá... Lo que no sabía es que querías tanto un
hijo, y que te ibas a volver tan loca por ese hijo que ibas a
perder el interés por Georges.
YVONNE: Georges podía buscar consuelo al lado tuyo...
LÉO: Te hubiera gustado que me acostara con Georges para
sacártelo de encima, ¿no? Pero no, eso no pasó. Gracias.
YVONNE (con cansancio): ¡Escuchame!...
LÉO: Y no es ningún mérito mío. Él no hubiera querido saber nada
conmigo. Le interesa más la juventud...
YVONNE: Bueno..., bueno...
LÉO: El hecho de que no me creas no cambia lo que pienso.
YVONNE: ¿Te volviste detective...?
LÉO: Yo no lo espío a Georges, si a eso te referís. Es libre. Y Michel
también es libre. Pero hay cosas que no se le escapan a una
mujer bien mujer. Vos no te darás cuenta, claro, pero para mí
es evidente: hay un fantasma de mujer, el fantasma de una
mujer muy joven, que anda por la casa.
YVONNE: No, no. ¿Que Michel me mienta a mí? Ni pensarlo. Es
imposible. No quiero, no lo puedo imaginar.
LÉO: Claro, soportás imaginar que Georges te engaña; frente a eso
ni siquiera reaccionás. Pero que no te toquen a Michel...
YVONNE: ¡No es así! Es que con Michel siempre fuimos muy
compinches, él me puede decir todo...
LÉO: Por favor, Yvonne. Michel no va a hablar de mujeres con una
mujer...
YVONNE: Yo no soy una mujer a los ojos de Mik.
LÉO: En eso te equivocás. Michel no es un hombre a tus ojos; es
todavía el nene que llevabas a la cama, el que dejabas entrar en
el baño. Pero para él vos te convertiste en una mujer, y fue un
error no haberle mostrado un modelo de mujer más
interesante: Mik te observó, te juzgó, y salió a buscar algo
diferente.
YVONNE: No sabía que eras tan buena psicóloga. ¿Y de dónde iba a
sacar tiempo el pobre Mik para dedicarle a esa mujer
misteriosa?
LÉO: El tiempo es elástico, Yvonne. Con un poco de maña podés
hacer de cuenta que estás en un lugar y estar siempre en otro.
YVONNE: Mik trae los dibujos de sus cursos.
LÉO: ¿Y vos creés que tiene talento para el dibujo?
YVONNE: Tiene talento para un montón de cosas.8
LÉO: Justamente. Tiene condiciones para todo, y para nada. Y
encima vos nunca lo dejaste aceptar un trabajo.
YVONNE: Para lo que le ofrecían...
LÉO: Le ofrecían puestos de principiante con los que se podía ganar
la vida.
YVONNE: Me informé bien cada vez. Los puestos eran ridículos y lo
ponían en contacto con gente horrible.
LÉO: Ahora sí estamos cerca de la verdad. Siempre lo quisiste
pegado a tus polleras; ésa es la verdad. Y cada vez que intentó
buscarse algo para él, lo desalentaste.
YVONNE: Georges le encontraba puestos extravagantes.
LÉO: Uno era un puesto muy bueno. Pero claro, tenía que viajar,
irse al interior. No lo dejaste ni presentarse a la entrevista.
YVONNE: Hago lo que me parece mejor.
LÉO: Sí, ya veo. ¿Y acaso lo alentaste a salir con gente de su edad?
YVONNE: Era él el que no quería salir. Y además, Mik es un bebé.
LÉO: ¿Y si ya no fuera un bebé?
YVONNE: En ese caso, yo sería la primera en buscarle una mujer...
LÉO: Sí..., una chica tonta y fea que no pueda competir con vos.
YVONNE: No es así. Michel es libre. En la medida en que se lo puede
dejar libre...
LÉO: Yo te lo advierto, no trates de recluir a Michel.
YVONNE: ¡Dios mío! ¡Llaman a la puerta! (Timbre en la antesala)
Andá vos, Léo, apurate. Yo no tengo fuerza para estar de pie.
LÉO sale por la puerta derecha. Apenas sola, YVONNE toma el
bolso olvidado por LÉO sobre la cama, lo abre, se mira en el
espejito, se empolva la nariz, se arregla el pelo. Se abre la puerta.
Tiene el tiempo justo para arrojar el bolso donde estaba. Entran LÉO
y GEORGES. GEORGES enciende las luces.
ESCENA III
YVONNE, LÉO, GEORGES; luego MICHEL.
YVONNE (dándose vuelta) ¿Quién prendió la luz?
GEORGES: Yo. Ya la apago... Creía que... Estaba tan oscuro el cuarto.
YVONNE: Me gusta la oscuridad. ¿Quién era?
LÉO: Un paciente del médico de arriba que se equivocó de piso.
Silencio.
GEORGES: ¿Ninguna novedad?
YVONNE: No, nada... Hasta que sonó el timbre.
Silencio.
YVONNE: Además... Qué tonta. Mik tiene las llaves.
GEORGES: Sí, me preocupa que ese chico ande con las llaves por
todas partes...
YVONNE: Sobre todo porque las puede perder.9
GEORGES: Justamente. Y uno de estos días se nos mete en casa un
asesino. Me las tiene que devolver.
LÉO: Qué lástima que no les pueda grabar el diálogo.
Los tres forman un grupo en primer plano. Mientras hablan,
entra MICHEL sin que lo oigan por la puerta. Tiene el aspecto alegre
del muchacho que ha hecho una broma.
YVONNE: ¿Qué hora es?
MICHEL: Las seis. (los tres se levantan de un salto. Lo mismo
YVONNE, de pie cerca de la cama.) Hey, no soy un fantasma.
¡Soy yo!
GEORGES: Michel, le diste un susto horrible a tu madre. Mirala.
¿Cómo entraste?
MICHEL (mientras LÉO acuesta a YVONNE): Por la puerta. Subí la
escalera de a cuatro escalones; estoy sin aliento. ¡Sophie! ¿Qué
te pasa?
GEORGES: Michel, no está bien que a tu edad le sigas diciendo
“Sophie” a tu madre.
YVONNE: ¡Dejalo, Georges...! Es un chiste viejo que sacamos de la
biblioteca rosa; no es para tanto.
GEORGES: Tu madre no está nada bien, Michel.
MICHEL (tiernamente): Sophie... Estás así por mi culpa...
Se acerca para besar a su madre; ella lo rechaza.
YVONNE: Dejame...
MICHEL: Qué exagerada. Ni que hubiera cometido un crimen.
GEORGES: Tu madre casi se muere de la angustia.
MICHEL: Y yo que volvía a verlos loco de contento, con tantas ganas
de darle un beso a mamá. Me están preocupando...
GEORGES: No es para menos. ¿De dónde venís?
MICHEL: ¡Dejame respirar un poco! Tengo tanto que contarles...
LÉO (a GEORGES): ¿Ves?
MICHEL: La tía Léo es la única que no se volvió loca; como de
costumbre.
LÉO: Podría haberlo hecho esta vez, Michel; fuera de broma. Hoy no
me parece exagerado el estado de tu madre.
MICHEL: ¿Y yo qué hice?
GEORGES: No volviste anoche. No dormiste en casa. No nos
avisaste a qué hora volvías.
MICHEL: Tengo veintidós años, papá... Y es la primera vez que
duermo fuera; no me digas que no.
YVONNE: ¿De dónde venís? Tu padre te preguntó de dónde venís.
MICHEL: Bueno, chicos... (se corrige.) Perdón... Papá, tía Léo, por
favor, no me arruinen el momento... Lo que yo quería...
YVONNE: Lo que vos querías, lo que vos querías. Tu padre es el que
manda acá. Y tiene que hablar con vos, así que te vas con él a
su escritorio.
LÉO (imitándolos): No-se-puede-creer.
MICHEL: No, Sophie. Quiero hablar con vos, con vos a solas, antes
que nada.10
GEORGES: No sé si te darás cuenta...
MICHEL: Me doy cuenta de que esto está oscuro como un pozo. Voy
a prender la luz (enciende la lámpara de la mesa)...
YVONNE: Bueno, ya que para Michel es más fácil hablar primero
conmigo, déjennos.
LÉO: Sí, por supuesto...
YVONNE: Si algo lo está preocupando a Mik, es lógico que quiera
hablarlo con su madre. Georges, volvé a tu trabajo. Llevalo,
Léo.
MICHEL: Papá, Tía, no se enojen. Ya les voy a contar todo. ¡Estoy
que exploto!
YVONNE: No es nada grave, ¿verdad, Mik?
MICHEL: No... O sí y no.
YVONNE: Georges, lo estás intimidando.
MICHEL: Sí, papá me intimida. Y vos, tía, vos sos muy mala...
YVONNE: Yo soy su compinche, ¿ves, Léo? Te lo dije.
LÉO: Buena suerte. Vení, Georges. Salgamos. (se retira) ¿No querés
que te apague la luz, Yvonne? Lo retaste a Georges porque la
había prendido.
YVONNE: Era la luz de arriba. La lámpara no me molesta.
Sale por el fondo, a la izquierda.
GEORGES (antes de salir): No te olvides que tengo hablar con vos,
Michel. Nuestra charla sigue pendiente.
MICHEL: Sí, papá.
Cierra la puerta.
ESCENA IV
YVONNE, MICHEL
MICHEL: ¡Sophie! Mi Sophie adorada. ¿Estás enojada conmigo?
Se abalanza y la besa a la fuerza.
YVONNE: ¿No podés besarme sin empujar, sin tirar del pelo?
(MICHEL continúa.) ¡Y no me beses en la oreja, lo detesto!
¡Michel!
MICHEL: No fue a propósito.
YVONNE: Sería el colmo.
MICHEL (retrocediendo, y en tono de broma.): Pero Sophie... ¿Qué
es esto? ¡Te pintaste los labios!
YVONNE: ¿Yo?
MICHEL: ¡Sí, vos! Y te maquillaste. ¿Para quién es todo este
despliegue? ¿Para quién? No-se-puede-creer; rubor, rouge...
YVONNE: Estaba muy pálida. No quería preocupar a tu padre.
MICHEL: No te lo saques. ¡Te queda tan bien!
YVONNE: Para lo que me mirás...
MICHEL: ¡Sophie! ¡Me estás haciendo una escena, no lo puedo creer!
YVONNE: Si ni me mirás; no me ves.11
MICHEL: Se equivoca usted, querida señora. Yo la espío de reojo, y
últimamente me pareció que estaba un poco descuidada. Si
me dejara peinarla, maquillarla...
YVONNE: Lo que faltaba.
MICHEL: ¡Sophie! Todavía estás enojada conmigo.
YVONNE: No, Mik, no estoy enojada con vos. Pero me gustaría saber
qué pasa.
MICHEL: Paciencia, señora. Y lo sabrá todo.
YVONNE: Te escucho.
MICHEL: ¡Pero no pongas esa cara tan seria, mamá!
YVONNE: ¡Mik!
MICHEL: Jurame por lo que más quieras que no vas a reaccionar al
estilo “familia respetable”, que vas a reaccionar como
reaccionamos acá, en nuestra carpa de bohemios. Jurame que
no vas a empezar a los gritos, que me vas a dejar explicarte
todo hasta el final. Jurámelo.
YVONNE: No juro nada de antemano.
MICHEL: ¿Ves...?
YVONNE: Afuera seguro que te prometen un montón de cosas a la
ligera, pero cuando hay que tomarse algo en serio...
MICHEL: Sophie, para eso me voy con papá... Me va a recitar las
mismas frases que vos, una detrás de otra.
YVONNE: No te burles de tu padre.
MICHEL: Si vos no parás de hacer chistes sobre su trabajo, y ahora...
YVONNE: No es lo mismo. Para empezar, ya es una barbaridad que
juegues al juego de “Sophie” delante de los demás...
MICHEL: Nunca estamos delante de nadie.
YVONNE: Y además, te solté demasiado las riendas. Tu cuarto es un
chiquero..., dejame hablar... ¡Un chiquero! No se puede entrar
de tanta ropa sucia.
MICHEL: La tía es la que se ocupa de la ropa... Y además, me
repetiste cien veces que te gustaba ver mis cosas tiradas, que
odiabas los roperos, las cómodas, la naftalina...
YVONNE: ¡Yo no dije eso!
MICHEL: ¡Cómo que no!
YVONNE: Lo que dije, hace un siglo, fue que me gustaba encontrar
por todas partes tus cositas de nene. Pero un día me di cuenta
que esas “cositas” se habían convertido en medias de hombre,
camisas de hombre, calzoncillos de hombre. Y te pedí que no
me dejaras más cosas tiradas en mi cuarto.
MICHEL: ¡Mamá!...
YVONNE: ¡Ah! No soy más Sophie. Te acordaste ahora: nos
peleamos.
MICHEL: Porque vos no querías llevarme a la cama y taparme.
YVONNE: ¡Mik! Te llevé a la cama hasta los once años. Y cuando te
pusiste demasiado pesado, igual seguiste yendo conmigo, pero
colgado del cuello y con los pies en mis chancletas. Hasta una12
noche que te burlaste porque yo te tapaba, y a partir de ahí te
pedí que te acostaras solo.
MICHEL: ¡Sophie! Dejame meterme en tu cama; me saco los
zapatos... ¡Ah! Acurrucarme al lado tuyo, apoyar la cabeza en
tu hombro. (Lo hace.) No me mires a mí; miremos los dos la
ventana de la casa de enfrente; a ver...
YVONNE: Tanto preparativo no anuncia nada bueno.
MICHEL: Me prometiste ser muy, muy buena.
YVONNE: No te prometí absolutamente nada.
Siguen en la misma posición, con sus rostros iluminados por
una luz que debe venir de la ventana y que es quizá la del
departamento de enfrente.
MICHEL: Qué mala que sos.
YVONNE: No me enredes. Si tenés algo que decirme, decímelo.
Cuanto más tardás es peor. ¿Tenés deudas?
MICHEL: Sophie, callate. No seas ridícula.
YVONNE: ¡Michel!...
MICHEL: Que-te-ca-lles.
YVONNE: Me callo, Mik. Hablá. Te escucho.
MICHEL (Bastante rápido y con un poco de incomodidad. Mientras
habla, sin ver a su madre, el rostro de YVONNE se
descompone hasta ponerse terrible.): Sophie, soy muy feliz, y
quería estar seguro de mi felicidad para poder compartirla con
vos. Porque si vos no sos feliz también, yo no puedo serlo.
¿Entendés? Bueno, el tema es que conocí una chica en el
curso...
YVONNE (sobreponiéndose): ¿Cómo una chica?
MICHEL (pone la mano en la boca de YVONNE): ¿Me querés
escuchar? No fui siempre al curso de dibujo; te estoy hablando
de un curso de contabilidad. Papá me había conseguido aquel
puesto de secretario, así que me anoté en el curso, pero como
vos me aconsejaste que no tomara el puesto, lo dejé. ¡Fui tres
veces, de milagro! Y ahí conocí a una chica, bueno, no es tan
“chica” porque tiene tres años más que yo. Y ella... se
mantenía gracias a su relación con un hombre, un tipo de
cincuenta años. El tipo la tenía casi como a una hija; era viudo
y había perdido una hija parecida a ella. El caso es que nos
empezamos a ver... No me hubiera atrevido a contarte esto si
ella no se hubiera decidido a abandonar a ese tipo, a dejar el
lugar libre y empezar otra vez de cero. Me adora, mamá, y yo
la adoro, y vos la vas a adorar, y es libre como nosotros, y mi
sueño es llevarte a vos, a papá y a la tía Léo a su casa.
¡Mañana mismo! Porque esta noche le va a decir la verdad al
viejo. En realidad, el viejo creía que había venido una hermana
de la provincia a vivir a la casa, y no iba. Casi no la veía ya, y
no porque yo la haya obligado...13
YVONNE (Haciendo un esfuerzo sobrehumano para hablar): ¿Y esa
persona... te ayudó...? Quiero decir, vos nunca tuviste ni un
centavo. Ella te habrá ayudado...
MICHEL: A usted no se le puede ocultar nada, Sophie; sí, me ayudó
en las comidas, en los cigarrillos, en los taxis... (Silencio.) ¡Soy
feliz..., feliz! ¡Sophie! ¿Sos feliz?
YVONNE (Se vuelve de golpe. MICHEL queda aterrado por su cara.):
¿Feliz?
MICHEL (Retrocediendo): ¡Oh!
YVONNE: Así que esta es mi recompensa. ¿Para esto te crié, te
mimé, te cuidé, te eduqué; para esto te quise hasta la locura?
¿Para esto me desinteresé del pobre Georges? ¡Para que una
vieja te lleve, te robe y te meta en sus juegos sucios...!
MICHEL: ¡Mamá!
YVONNE: ¡Sucios, sí! Aceptar su dinero. Supongo que sabés cómo se
llama eso.
MICHEL: Mamá, te volviste loca. ¿De qué estás hablando? Madeleine
es joven...
YVONNE: ¡Así se llama!
MICHEL: No pensaba ocultártelo.
YVONNE: Y pensaste que lo único que tenías que hacer era
abrazarme y engatusarme -¡a mí nadie me engatusa!- para
que aceptara tranquilamente que a mi hijo lo mantenga el
amante de una vieja teñida.
MICHEL: Madeleine no es teñida, y te repito que tiene veinticinco
años. (Gritando.) ¿Me vas a escuchar? ¡Y no tiene otro amante
más que yo...!
YVONNE (Con el dedo extendido): ¡Ah! Lo confesás...
MICHEL: ¿Qué es lo que confieso? Hace una hora que te cuento
todo.
YVONNE (tomándose la cara con las manos): ¡Me vuelvo loca!
MICHEL: Calmate, acostate...
YVONNE (camina de un extremo al otro): ¡Acostarme! Estoy
acostada desde anoche como un cadáver. No tendría que
haber tomado ese azúcar. Todo hubiera terminado, ¡y no me
moriría de vergüenza!
MICHEL: ¡Te querés suicidar porque me enamoré de una chica,
mamá!
YVONNE: Morir de vergüenza es peor que suicidarse. Si al menos
estuvieras enamorado de una chica... Si lo que me contaras
fuera un asunto limpio, conveniente, digno de vos y de
nosotros, podría escucharte. Pero en cambio, ni siquiera te
animás a mirarme de frente y me venís con esa historia
repugnante.
MICHEL: ¡Te prohíbo que hables así!
YVONNE: ¡Lo que faltaba!
MICHEL (en un impulso encantador): Sophie... Dame un beso.
YVONNE (rechazándolo): Tenés la cara llena de rouge...14
MICHEL: ¡Es tuyo!
YVONNE: No te puedo besar; me das asco.
MICHEL: Sophie... Eso no es cierto...
YVONNE: Voy a arreglar con tu padre ya mismo para que no te deje
salir, para que no puedas ver a esa mujer, para defenderte
contra vos mismo... (MICHEL balancea su silla) ¡Michel! No vas
a parar hasta no romper la silla.
MICHEL: Sos una madre, Sophie, una verdadera madre. Y yo que te
creía mi compinche, tanto que me lo dijiste...
YVONNE: Soy tu madre, Michel. Y además, ningún compinche
reaccionaría de otra manera. ¿Hace cuánto que dura este
manejo?
MICHEL: Tres meses.
YVONNE: Tres meses de mentiras..., de mentiras inmundas...
MICHEL: Nunca te mentí, mamá. Me callé, que es distinto.
YVONNE: Tres meses de engaños, de juegos, de cálculos, de caricias
hipócritas...
MICHEL: No te dije nada por tenerte consideración...
YVONNE: ¡Gracias! No necesito consideración. ¡Para nada! Vos sos el
digno de compasión.
MICHEL: ¿Yo?
YVONNE: Sí, vos, vos... Un pobre infeliz que cayó en las garras de
una mujer más vieja, una tipa que seguro te miente la edad...
MICHEL: Te va a alcanzar con verla...
YVONNE: Dios me libre. ¡Si hasta tu tía Léonie podría pasar por una
chica de treinta años! Vos no conocés a las mujeres.
MICHEL: Las estoy empezando a conocer...
YVONNE: Te agradezco la grosería.
MICHEL: Vamos, Sophie, ¿por qué te parece que voy a buscar en
otra parte lo que ya tengo acá? ¿Qué excusa tendría para
buscar una mujer de tu edad...?
YVONNE (se levanta de un salto): ¡Y encima me insulta!
MICHEL (estupefacto): ¿Yo?
YVONNE: No te hagas el gallito. Puede ser que parezca una vieja,
pero no soy ninguna vieja. Te voy a domar.
MICHEL: Al final, era mejor callarse la boca. Uno se deja llevar,
mete la pata, ofende...
YVONNE: ¡Muy cómodo lo tuyo! No, no... Yo sí voy a hablar. Y
mientras yo viva, no te vas a casar nunca con esa basura.
MICHEL (salta): Vas a retirar esa palabra.
YVONNE (a la cara de MICHEL): ¡Basura! ¡Basura! ¡Basura!
Él la toma de los hombros. YVONNE se desliza al suelo, de
rodillas.
MICHEL: ¡Levantate, mamá! ¡Mamá!
YVONNE: Yo no soy tu mamá. Soy una vieja que sufre y que va a
gritar, que va a hacer un escándalo. (Golpes sordos) Escuchá,
la vecina nos oyó, está golpeando. ¡Voy a hacer un escándalo!
¡Ya vas a ver! (MICHEL la rechaza, la aparta de su ropa a la15
cual se aferra.) ¡Asesino! ¡Asesino! Me torciste la muñeca. Mirá
esos ojos.
MICHEL (gritando): ¡Y los tuyos!
YVONNE: Tenés ojos de asesino. ¡Me querés matar!
MICHEL: Estás delirando...
YVONNE: ¡Asesino! ¡No te voy a dejar salir! ¡Te voy a hacer detener!
¡Voy a llamar a la policía! ¡La ventana! (Quiere levantarse y
correr hacia el público. MICHEL la sujeta.) ¡Voy a hacer un
escándalo en la calle! (Lanza aullidos.) ¡Deténganlo!
¡Deténganlo!
MICHEL (llama): ¡Tía! ¡Tía! ¡Papá!
La puerta de Léonie se abre.
ESCENA V
YVONNE, MICHEL, LÉO, GEORGES
LÉO (abraza a YVONNE): ¡Yvonne! ¡Yvonne! (YVONNE casi le pega)
Qué te pasa.
MICHEL: Agua...
Se precipita al baño, entra y sale con un vaso de agua inútil que
deposita junto a la cama.
YVONNE (con una risa estúpida): ¡Agua con azúcar! ¡Mejor no la
hubiera tomado! ¡Mejor no la hubiera tomado! Léo..., dejame en
paz, dejame abrir la ventana y gritar...
LÉO: La vecina está golpeando...
YVONNE: Y a mí qué me importa.
GEORGES aparece por la puerta del fondo a la izquierda.
GEORGES: Pero a mí sí. Es la centésima vez que tengo problemas
por los escándalos. Van a terminar echándonos a la calle.
YVONNE (se levanta y se deja llevar a la cama): A la calle... A la
calle... ¿Y qué importa ahora? Georges..., tu hijo es un
monstruo. Me insultó. Me pegó.
MICHEL: ¡Es mentira, papá!
GEORGES (a MICHEL): Vení conmigo.
MICHEL (a YVONNE): Sí. Voy a hablar con papá. Hay cosas que
solamente se deberían hablar entre hombres.
Sale tras su padre y da un portazo.
ESCENA VI
YVONNE, LÉO
YVONNE (ahogándose): Léo... Vos escuchaste atrás de la puerta. Lo
escuchaste, ¿verdad?
LÉO: No podía dejar de escuchar. Pero no entendí todo.16
YVONNE: Léo, tenías razón. Está enamorado. Está enamorado de
una secretaria o algo así. Y nos va a dejar por ella. Me tiró al
piso; me miraba como un monstruo. ¡No me quiere más!
LÉO: No tenés por qué pensar así.
YVONNE: Sí, Léo... Lo que se le da a uno no se le quita al otro. Es
así...
LÉO: Un chico de la edad de Michel tiene que vivir, y las madres
tienen que cerrar los ojos a ciertas cosas.
YVONNE: ¿Cómo? Yo lo llevé en mi vientre, Léo. Eso es algo que vos
ni siquiera te imaginás.
LÉO: Sí, puede ser. Pero a veces hay que hacer un esfuerzo y
retirarse.
YVONNE: Para vos es fácil decirlo porque no estás metida.
LÉO: Alguna vez estuve.
YVONNE: No sé de qué hablás.
LÉO: Estás tan ciega que no te das cuenta de nada. ¿Qué te creés
que hago en esta casa desde hace veintitrés años? Sufro,
Yvonne. Yo lo quise a Georges, y lo quiero, y seguramente lo
querré hasta la muerte. (Le impone silencio con un gesto.)
Cuando rompió nuestro compromiso sin ningún motivo, por un
capricho, y decidió casarse con vos, cosa que incluso me
consultó a mí, con una inconsciencia increíble, me hice la que
semejante golpe no me dolía. Porque si te alejaba de él, yo
misma lo perdía. Así que me sacrifiqué como una tonta. La
sola idea del sacrificio me exaltaba, me sostenía. Sí, parece
increíble, pero yo era joven, estaba enamorada; era una
mística, una idiota. ¿Qué soy desde hace veintitrés años,
decime? ¡Una criada!
YVONNE: ¡Léo, vos me odiás!
LÉO: No. Sí te odié... Pero no en el momento de la ruptura. Te odié
después, porque querías demasiado a Michel y abandonabas a
Georges. Y te habría odiado de verdad si hubieras tenido un
matrimonio feliz... Pero no; lo que me inspirás es un
sentimiento indiscriminado. No sos mala, Yvonne. No sos
responsable. No sos humana, y hacés el mal sin darte cuenta.
Ustedes no se dan cuenta de nada. Vos estás tan ciega que no
te diste cuenta que Georges tenía una amante, y que ahora
Michel también... Te lo tuve que decir yo, o al menos te tuve
que poner en guardia...
YVONNE: Pero no por solidaridad conmigo, Léo. Estabas contenta
porque Michel vengaba a Georges.
LÉO: Sos inhumana.
YVONNE: No soy inhumana.
LÉO (erguida, escarlata): ¿Sabés qué? Me alegro de que Michel
reciba dinero de esa mujer... Eso te va a enseñar a no dejar
salir a un hombre sin un centavo. ¡Y me alegro de que Michel
se case con una cualquiera! Me alegro de que este carromato
quede patas para arriba. ¡Me alegro! No voy a dar ni un paso17
para ayudarlos. ¡Pobre Georges! ¡Veintitrés años con vos! Pero
la vida es larga, querida, larga... larga... larga... (Siente que a
sus espaldas entra GEORGES y encadena sin transición, con un
voz muy femenina)... y la chaqueta corta... Si le sacás la
chaqueta, te queda un vestido escotado y lo podés usar de
noche. (YVONNE, estupefacta primero, ve a GEORGE).
ESCENA VII
YVONNE, LÉO, GEORGES
GEORGES: Qué suerte tienen ustedes que pueden hablar de
vestidos.
YVONNE: ¿Qué te pasa? Estás descompuesto.
GEORGES: Acabo de hablar con Michel.
YVONNE: ¿Y?
GEORGE: Dice que... se siente mal por haberte lastimado la
muñeca... Te pide perdón por los gritos... Quiere verte...
YVONNE: ¡Y es eso por lo que pide perdón!
GEORGES: Yvonne... Quiere verte... Está afligido. No lo obligues a
humillarse. Ya es bastante grave... ¿Por qué no vas un rato a
verlo a su cuarto? Yo me quedo con Léo. Te lo pido por favor,
Yvonne. Así lo ayudás a Michel y me ayudás a mí. Estoy
agotado.
YVONNE: Espero que Michel no te haya enroscado y convencido.
GEORGES: Yvonne, te repito: no se trata de convencer o no. Michel
está enamorado; eso, seguro. No hace falta que le hables... No
le preguntes nada. Está tirado boca abajo encima de una pila
de ropa sucia. Sentate al lado y dale la mano.
LÉO: Tiene razón.
YVONNE (en la puerta): Voy con una condición...
GEORGES (con voz suave): Andá... sin condiciones...
La besa y la empuja afuera, por la puerta del fondo a la
izquierda.
ESCENA VIII
LÉO, GEORGES
LÉO: Georges, estás muy mal... ¿Qué te pasa?
GEORGES: Rápido... Léo... Puede volver en cualquier un momento.
LÉO: Me asustás...
GEORGES: Y no es para menos; se me acaba de caer el mundo
encima.
LÉO: ¿Qué pasa? (Silencio.) ¡Georges! (Lo sacude) ¡Georges!18
GEORGES: Perdón. Ya no sé ni dónde estoy. Léo, hice una locura, y
la estoy pagando cara. Hace seis meses se me ocurrió
contratar una secretaria. Me dieron una dirección, fui y me
encontré con una chica de veinticinco años, triste, hermosa,
sencilla, perfecta. Yo me sentía muy solo en casa. Vos vas y
venís, de acá para allá. Yvonne piensa solamente en Michel. Y
Michel... Bueno, en síntesis... Me puse un nombre falso, inventé
que era viudo... que tenía una hija que murió... que se parecía
a ella...
LÉO: Pobre Georges... No se te puede reprochar nada. Buscabas un
poco de aire... Acá uno se ahoga.
GEORGES: Inventé, inventé todo. Y ella me dijo que me quería... que
los jóvenes eran unos brutos, que conmigo era diferente, y
cosas por el estilo. Pero a los tres meses cambió de actitud.
Vino una hermana de la provincia a vivir a su casa; una
hermana casada, devota, severa. En ese momento te pedí
prestada bastante plata...
LÉO: Me lo sospechaba...
GEORGES: ¿En quién iba a confiar si no? Con esa plata que
supuestamente era para mi trabajo, me alquilé un
departamento tétrico. Así y todo, cada vez nos veíamos
menos. Me enredé en mentiras. Y ya adivinarás el resto. La
supuesta hermana era un chico del que está enamorada. Y el
chico es Michel. Me acabo de enterar por su propia boca.
LÉO: ¿Él sospecha?
GEORGES: Ni remotamente. Está en éxtasis. Madeleine me había
citado esta noche, y ahora me entero, también por Michel, que
me había citado para... cómo te digo...
LÉO: Para terminar la relación...
GEORGES: Sí, y confesarme todo, según parece. Confesarle su
relación con Michel al señor X... para quedar libres, limpios,
dignos el uno del otro. Voy a explotar, Léo. Estoy loco por ella.
LÉO: ¿Y qué pensás hacer?
GEORGES: Eso te pregunto a vos. Yo no puedo pensar.
LÉO: Ahora entiendo por qué había una falsa apariencia de orden en
esta casa. Cuando uno de los dos salía, el otro se quedaba.
Pobre Georges. ¿Y cómo te sentís con Michel?
GEORGES: Horriblemente incómodo. Pero no se lo puedo reprochar;
no es su culpa. ¡Qué vergüenza! Me decía “el viejo”. Y me
confesó que Madeleine lo ayudaba...
LÉO: Con tu plata.
GEORGES: La tuya.
LÉO: Bueno, al final es preferible que nuestra plata vaya a parar al
bolsillo de tu hijo. Eso les va a enseñar, además, a no dejar
que un muchacho de su edad ande por ahí sin un centavo.
GEORGES: Mi papel en todo esto es tan ridículo que ni siquiera se
nota que sufro.
LÉO (tomándole la mano): Georges... Yo te voy a ayudar.19
GEORGES: ¿Cómo?
LÉO: Antes que nada, hay que impedir ese casamiento. Veamos:
Michel quiere que vayamos todos juntos a la casa de la chica
mañana. Tenemos que ir.
GEORGES: ¡Estás loca!
LÉO: No, no. Sería un buen golpe.
GEORGES: Yvonne no va a aceptar nunca.
LÉO: Sí va a aceptar.
GEORGES: Pero la escena... ¿Te imaginás la escena? Entro yo y...
LÉO: Y la chica se va a tragar la lengua antes de revelarle su secreto
a Michel...
GEORGES: Pero igual cuando me vea... Se va a desmayar, va a
gritar.
LÉO: Yo me encargo de eso. Vos ocupate de tomarte tu revancha.
GEORGES: Sí, claro. Se lo tiene merecido, Léo.
LÉO: Primero cortá vos con ella, y después, si ella no quiere dejar a
Michel, amenazala con contar todo.
GEORGES: Sos terrible.
LÉO (baja la ojos): Te quiero mucho, Georges, y quiero proteger tu
casa.
GEORGES: ¿Y cómo hacemos con Yvonne?
LÉO: Callate, ahí viene.
La puerta del fondo a la izquierda se abre. Aparece YVONNE.
ESCENA IX
LÉO, GEORGES, YVONNE
GEORGES: ¿Cómo te fue?
YVONNE: No hablamos ni una palabra. Yo solamente le tomé la
mano, pero como se quejaba y parecía con ganas de estar
solo, salí del cuarto. Estoy destruida. Y tengo miedo. Quisiera
dormir y no puedo. ¿Qué vamos a hacer? Michel está bajo una
influencia siniestra que lo tiene trastornado.
LÉO: Creo que lo más conveniente es ir a conocer esa influencia.
YVONNE: No, no. Hay que cortar por lo sano.
LÉO: No conviene llevarle la contra a Michel, Yvonne; tenemos que
ser hábiles... ¿Creés que podés impedir que esos chicos se
vean?
YVONNE: ¿Qué chicos?
LÉO: ¡Yvonne! Michel y esa chica...
YVONNE: Pero Léo, ¿qué chica? No hay ninguna chica; lo que hay es
una mujer que se acuesta con uno y otro, una mujer de andá
a saber qué edad, que se hace la mosquita muerta y que Mik,
como es tan ingenuo, cree que es una santa.
LÉO: Más razón todavía para mostrársela tal cual es.20
YVONNE: Yo creo que Georges tiene que plantarse, una vez en la
vida por lo menos, y cortar por lo sano.
GEOGES: Eso es fácil de decir, pero...
YVONNE: Además, admitiendo que no sea un cuento y que esa tipa
realmente quiera abandonar a su... protector... y casarse con
Mik, sería tu obligación evitarle a tu hijo semejante
responsabilidad: Mik no puede separarla de ese señor y
después dejarla plantada.
LÉO: Por fin algo que tiene sentido.
YVONNE: ¿Y cómo pensaba mantenerla?
GEORGES: Dijo que estaba harto de no hacer nada, que iba a
trabajar.
YVONNE: Sí, y a vivir de nosotros, de su tía. No. Lo que tenés que
hacer es ponerte firme y prohibirle...
LÉO: ¿Viste alguna vez que dieran resultado las órdenes con los
enamorados?
YVONNE (se encoge de hombros): Mik no está enamorado de esa
mujer. Yo lo conozco. Él cree que está, cree que encontró el
amor ideal, eterno.
LÉO: Si se lo cree es como si estuviera enamorado.
GEORGES: No hagamos de esto una tragedia, Yvonne.
YVONNE: A ver, veamos; si no entendí mal, ustedes pretenden, vos
y Georges...
GEORGES: No, yo no pretendo nada...
YVONNE: Sí, sí, ustedes creen que es posible que yo lo acompañe a
Georges a la casa de esa... mujer, y que Léo cierre el cortejo.
GEORGES: Es un reconocimiento, Yvonne, un simple reconocimiento
del enemigo.
LÉO: Yvonne, ¿te imaginás viviendo con un Michel que se calla, que
te evita o que te miente todo el tiempo? ¿Podés imaginarte a
Michel yéndose de casa?
YVONNE: ¡Callate!
LÉO: Decí la verdad, Yvonne: te arrastrarías, le abrazarías las
rodillas, le suplicarías a esa mujer.
YVONNE: ¡Callate! ¡Callate!
LÉO: Cuando sería tan fácil usar la astucia, ganártelo de nuevo a
Michel, ganarte su agradecimiento... Ah, veo que ya no me
pedís que me calle la boca.
YVONNE: Pero eso sería engañar a Mik. Después nos lo recriminaría
mucho más.
LÉO: Engañarlo por su bien, Yvonne. Sos libre de aceptar ese
matrimonio si te encontrás con una perla.
GEORGES: Creeme, Yvonne, al principio la idea te choca; yo
reaccioné como vos. Pero después te vas a dar cuenta que lo
que propone Léo no es una locura.
YVONNE (recorriendo a trancos la habitación): ¡Pero no, no y no!
Seré demasiado cobarde, y me doy asco, pero no voy a pisar
la casa de esa mujer.21
LÉO (junto a YVONNE, la inmoviliza): Vamos, Yvonne. ¿No te da
curiosidad esa persona? ¿No vas a ir al menos a conocerla?
Miralo de este modo: si te roban algo, ¿no tratás de
imaginarte el lugar donde está?
YVONNE: Ir a la casa de la ladrona...
LÉO: Ir a la casa de esa ladrona, exactamente. A recobrar lo que es
tuyo. Vas con Georges, y yo voy con ustedes.
YVONNE cubriéndose los ojos con la mano, cae en el borde de
la cama, sentada, y sólo acepta con su actitud, con su silencio.
GEORGES: ¡Bravo, Yvonne!
LÉO: Ahora sean muy, muy prudentes en la manera de darle a Mik
la noticia, porque puede oler la trampa.
GEORGES: Léo, andá a buscarlo... Hacelo venir, decile que tenemos
una sorpresa.
LÉO: ¡Coraje!...
Sale por el fondo a la izquierda.
ESCENA X
GEORGES, YVONNE
YVONNE: ¡Qué pesadilla!
GEORGES: ¿A quién le decís eso?
YVONNE: Si voy a la casa de esa... persona, me quedo en un rincón
con Léonie mientras vos le hablás.
GEORGES: Te prometo que le hablo a solas.
YVONNE: Por favor, Georges; no me hagas hablarle. No estoy
acostumbrada a esa clase de mujeres.
GEORGES: Yo tampoco... A cierta edad es difícil incorporar nuevas
costumbres.
La puerta del fondo a la izquierda se abre. Léo empuja por la
espalda a MICHEL introduciéndolo en la habitación. Tiene las
ropas y el pelo en caos. Parece a la defensiva.
ESCENA XI
LÉO, GEORGES, MICHEL, YVONNE
LÉO: Andá...
GEORGES: Entrá, Michel.
MICHEL: ¿Qué quieren?
GEORGE: Tu madre te lo va a decir.
MICHEL entra y LÉO cierra la puerta.
YVONNE (con la cabeza baja, habla haciendo un esfuerzo): Mik, fui
muy dura con vos y respondí muy mal a tu sinceridad. Te pido
perdón. Tu padre es muy bueno y me hizo recapacitar. Mik,22
querido, no queremos hacerte ningún mal, vos lo sabés. Al
contrario. Yo quiero lo mejor para vos, y odio ser injusta. Pero
nos pediste algo casi imposible.
MICHEL: Pero...
GEORGES: Dejá hablar a tu madre.
YVONNE: Eso que es casi imposible, esa... “gestión” que nos exigís,
Mik, bueno, decidimos concedértela. Vamos a ir a la casa de tu
amiga.
MICHEL (salta hasta su madre): ¡Sophie! ¡Papá! ¡No puede ser!
GEORGES: Sí, Michel. Te autorizamos a anunciarle nuestra visita
para mañana.
MICHEL: Debo estar soñando... Papá, ¿cómo te voy a agradecer?
Mamá...
Quiere besar a YVONNE.
YVONNE (se aparta): No tenés que agradecernos a nosotros;
agradecéselo a tu tía.
MICHEL: ¡A vos, tía Léo!
Corre hacia LÉO, la toma en brazos, la levanta y la hace girar
a toda velocidad.
LÉO (gritando): ¡Me ahogás! ¡Qué oso! ¡Mik! Yo no hice nada. No me
lo agradezcas a mí. Agradecéselo a esta casa de locos.
FIN DEL ACTO I23
ACTO II
Casa de Madeleine
ESCENA I
MADELEINE, MICHEL
MADELEINE: (secándolo) ¡No-se-pue-de-cre-er!
MICHEL: Todo el mundo dice “no-se-puede-creer” en casa, te juro. A
veces, hasta me parece que ya lo decían antes de que vos me
lo pegaras a mí. Mamá se volvería loca si sabe que te imita a
vos.
MADELEINE: No veo qué tiene de especial. Lo digo como todo el
mundo.
MICHEL: Lo decís como no lo dice nadie, y además lo decís todo el
tiempo.
MADELEINE: ¡Michel!
MICHEL: ¿Qué?
MADELEINE: Se desborda la bañera.
MICHEL: Uy, dejé la canilla abierta. (Se precipita)
MADELEINE: Y apurate que a tu mamá no le va a gustar encontrarte
así. Vestite. Rápido.
MICHEL: Mamá enojada porque me baño acá... Nunca se me hubiera
ocurrido, ¡pero es verdad! Sos igual que la tía Léo, tenés
manejo político. Sos mil veces más inteligente que yo. Sos
culta. Leíste los clásicos.
MADELEINE: Los encuaderno.
MICHEL: Pero vos te vas a ganar la vida con tus encuadernaciones.
En cambio, yo siempre fui un mantenido.
MADELEINE: Conmigo vas a trabajar, querido. Llegado el momento
me vas a ayudar y algún día vamos a abrir un negocio.
MICHEL encuentra sus medias debajo de MADELEINE.
MICHEL: Mirá dónde encontré mis medias. Aunque estoy seguro de
que me las saqué en el baño.
MADELEINE: Te las sacaste en el living.
MICHEL (se pone las medias): ¡El living! En casa ni siquiera existe
un living. Todos los dramas pasan en el cuarto de Sophie. Y
cuando las peleas se ponen serias, los vecinos golpean la
pared, se suspende el juego, y empiezan las treguas, los
tratados de paz, los silencios terribles...24
MADELEINE: ¿Quién es Sophie?
MICHEL:
Le digo así a mamá, jugando. Estamos todos un poco
locos. Por ejemplo, papá se las da de inventor. En serio...
MADELEINE: ¿Y tu madre?
MICHEL: Cuando yo era chico, me quería casar con mamá... Papá me
decía: “sos demasiado joven”. Y yo le contestaba: “Voy a
esperar a tener diez años más que ella”.
MADELEINE: Mi amor...
MICHEL: Perdón que te aburra con mi familia. Es que no me
animaba a hablarte de ellos antes de confesarles todo. Me
sentía incómodo, confundido, y como soy muy tonto, prefería
no hablar. Ahora me estoy desquitando.
MADELEINE: Sos tan sensible.
MICHEL: Sophie estuvo genial, y papá, y la tía Léo, todos. La escena
empezó con un drama.
MADELEINE: ¿Con un drama?
MICHEL: Sí. Mamá quería llamar a la policía y hacerme detener.
MADELEINE (estupefacta): ¿A la policía? ¿Por qué?
MICHEL: Ah, porque ese es el estilo de mamá, todo es así de
dramático en casa.
MADELEINE: No...
MICHEL Y MADELEINE (juntos): ¡No-se-pue-de-cre-er!
MADELEINE: Te dije veinte veces que la llamaras por teléfono.
MICHEL: Ni se te ocurra decir eso delante de Sophie.
MADELEINE: Y vos ni siquiera abras la boca, porque para vos es más
fácil meter la pata que respirar.
MICHEL: Sí, tenés razón.
MADELEINE: Y eso es también lo que me gusta, tontito. Que no
sepas mentir.
MICHEL: Es demasiado complicado.
MADELEINE: Odio la mentira. Y no por moralista; creo que la
mentira arruina todo.
MICHEL (después de atarse el zapato izquierdo): Mi zapato.
MADELEINE: Buscalo.
MICHEL: ¡No-se-pue-de-cre-er!. Hace un minuto...
MADELEINE: ¡Buscá!
MICHEL (en cuatro patas): Vos sabés dónde está.
MADELEINE: Lo estoy viendo mientras te hablo.
MICHEL (se aleja de la mesa en cuyo centro está el zapato)
¿Caliente?
MADELEINE: Helado.
MICHEL: Bueno, si querés que me apure...
MADELEINE: ¡Ah, qué vivo!
Le muestra el zapato que levanta por un nudo. Michel termina
de vestirse.
MADELEINE: Ay, Michel. Tengo miedo... Tengo miedo...
MICHEL: Son ellos los que tienen miedo, mi amor. Pero la tía Léo lo
va a manejar; vas a ver. Es muy inteligente.25
MADELEINE: ¿Siempre se mueven en bloque?
MICHEL (ingenuamente): Sophie no sale nunca. Papá sí sale, y Léo
sale a hacer trámites, pero mamá es muy apegada a la casa. Y
yo... Yo salgo porque la quiero a usted...
MEDELEINE (le toma las manos): ¿Me querés?
MICHEL: Mirá. (se vuelve) Estoy listo para el “pedido de mano”.
MADELEINE: Me muero de miedo.
MICHEL:
Te van a adorar. Hay una sola cosa que me preocupa.
MADELEINE: ¿Qué cosa?
MICHEL: Me hubiera gustado que ya tuvieras todo resuelto, que ya
estuviera terminada esa relación...
MADELEINE: Cambiamos la cita para esta noche.
MICHEL: ¡Sí, qué mala suerte!
MADELEINE: Pero mañana va a estar todo bien, todo arreglado.
MICHEL: Parecés contenta de que te haya postergado el encuentro.
MADELEINE: Sí, Michel. Cuando Georges me llamó, no le insistí, me
acobardé.
MICHEL: Papá también se llama Georges. (silencio) ¿Lo amás?
MADELEINE: El corazón no es tan simple, Michel. Yo solamente te
amo a vos, pero también lo amo a Georges.
MICHEL: ¡Bueno, lo que faltaba!
MADELEINE: Pero Michel, si no lo amara, no sería digna de amarte a
vos. Mirá, para empezar, no te hubiera conocido; estaría
muerta. Georges me encontró al borde del suicidio.
MICHEL: Que le estés agradecida...
MADELEINE: No, Michel. Es más que agradecimiento.
MICHEL: No entiendo.
MADELEINE: Tenés que entender. Muchos hombres me propusieron
lo mismo que Georges. Y les dije no. Si acepté su
ofrecimiento, es porque lo quería...
MICHEL: No me conocías a mí.
MADELEINE: Mi amor. No lo amaba tanto como para no seguir
esperando el amor verdadero. Y con vos lo encontré. Pero lo
amaba lo suficiente como para ocultárselo, para seguir, para
aceptar que me ayudara. Y lo amo lo suficiente como para que
me duela mucho, mucho, darle el tiro de gracia.
MICHEL: No-se-puede-creer.
MADELEINE: Michel, no seas injusto. Tratá de ponerte en su lugar.
Yo soy todo para él. Es viudo, perdió a su hija, y yo me
parezco a ella. Lo que me pedís es su condena a muerte. Él
me cree incapaz de mentir...
MICHEL: ¡Quedate con él entonces, quedate con él! Yo le aviso a mi
familia que no venga. Es lo más fácil...
MADELEINE: Basta, Michel. Lo voy a dejar; no se habla más.
MICHEL: Pero...
MADELEINE: Sh.
MICHEL: ¿Estás enojada conmigo?26
MADELEINE: Estaría enojada si no fueras celoso. Estaría enojada si
fueras celoso. Y estaría enojada si no te enojaras. Es esta
visita que me aterra. Demasiado simple, demasiado hermosa.
Me dijiste que tu madre se puso a gritar y a llamar a la policía.
Y un minuto después se decide a venir. Ese cambio me altera...
MICHEL: Son así, mi amor: se enojan, gritan, pegan portazos... pero
la tía Léo los calma, y ellos la escuchan. Sophie es así; dice:
De ninguna manera, ¡jamás! Se encierra... Yo me enojo... Ella
viene, me besa y me dice: Sí, Mik, está bien. Yo la beso y no
se habla más del tema.
Llaman.
MADELEINE: Timbre. Ahí están; yo me escapo. Me voy arriba.
MICHEL: No me dejes solo.
MADELEINE: Vení a buscarme después.
MICHEL: ¡Madeleine!
MADELEINE: ¡Me voy, me voy!
Sube por la escalerita mientras MICHEL sale de la escena para
abrir.
ESCENA II
MICHEL, LÉO
Se oye que MICHEL abre; dice: “¡Sos vos, tía Léo! ¿Venís sola?
Y LÉO entra en escena por la puerta del fondo, con MICHEL.
MICHEL: ¿No cambió nada? ¿Van a venir?
LÉO: Sí, vienen... Tranquilizate. Llegué antes a propósito. (Mirando a
su alrededor) ¡Qué orden!
MICHEL (riendo): Soy yo que me estoy volviendo ordenado...
LÉO: Lo dudo. ¿Dónde está tu amiga?
MICHEL: En su taller de encuadernación, arriba.
Sube la escalera.
LÉO (mirando hacia la sala): ¡Qué luminoso! Tan diferente al cuarto
de tu madre.
MICHEL: No critiques el carromato.
LÉO: Bueno; llamá a tu amiga.
MICHEL (llama): ¡Madeleine!... No sirve de nada que la llame desde
acá; allá arriba no se escucha.
LÉO: Qué suerte...
MICHEL: ¿Por?
LÉO: Porque así tu padre habla con Madeleine acá abajo; él es más
tranquilo y tolerante. Mientras, nosotros vamos arriba con tu
madre y cuando bajamos, ya está todo arreglado.
MICHEL: ¡Sos un ángel! (Besa a su tía.) Te la traigo.
Sube los peldaños de cuatro en cuatro. Una vez sola, LÉO se
acerca al cuarto de baño, abre la puerta y la cierra. Vuelve al fondo
y mira los títulos de los libros. MADELEINE empujada por MICHEL,27
aparece en lo alto de la escalera. Baja lentamente mientras MICHEL
la tiene de los hombros.
ESCENA III
LÉO, MICHEL, MADELEINE
LÉO: Hola.
MICHEL: Te digo que está sola. ¡No le vas a tener miedo a la tía Léo!
MADELEINE: Señora...
LÉO: ¡Pero qué linda chica!
MICHEL: Le había dicho que eras jorobada, renga, bizca...
MADELEINE: Michel no habla de otra cosa que de su belleza, señora;
de su elegancia...
LÉO: ¡Y de mi “orden”! Me alegra no ser la única.
MADELEINE: Ah, no; el caos me da terror.
LÉO: Igual, me asombraría que consiguieras algo de él...
MADELEINE: Está progresando.
MICHEL: Estaba seguro de que te iba a sorprender el orden de
Madeleine. ¿Estás sorprendida?
LÉO (sonriendo): Sí.
MICHEL: ¿Y Sophie, y papá, vienen enseguida?
LÉO: Quedamos en encontrarnos acá. A tu madre no le gustó
mucho, pero yo odio las llegadas en masa. Además, quería
llegar primero y preparar el terreno.
MICHEL: ¿Qué te dije, Madeleine? La tía Léo es una maravilla.
LÉO: (Señalando la escalera) Y lo del taller de encuadernación
soluciona todo. Tenía miedo de que hubiera un solo ambiente.
MADELEINE: Es un altillo antiguo.
LÉO: Y desde ahí no se oye nada de lo que pasa acá, ¿verdad?
MICHEL: No oíste cuando te llamé...
MADELEINE: No.
LÉO (a MADELEINE): Igual hay que asegurarse. A ver, subamos
nosotras dos y que Michel camine por acá y grite todo lo que
pueda. Vamos. (MADELEINE sube, seguida de LÉO. Antes de
desaparecer LÉO se vuelve y dice por sobre la barandilla.)
Gritá, Michel, y pisá fuerte.
Desaparece.
ESCENA IV
MICHEL, solo
MICHEL: (gritando y pisoteando) Tía, Madeleine; ¿me oyen? Estoy
gritando y zapateando. Madeleine, ¡tía! (Juega como si hubiera
una situación de peligro) ¡Socorro! ¡¡Auxilio!! ¡Sáquenme de28
aquí, sáquenme de aquí! (LÉO aparece en lo alto de la
escalera) ¿Me oían?
ESCENA V
LÉO, MICHEL, luego MADELEINE
LÉO: No. ¿Hablabas fuerte?
MICHEL: Como si se estuviera quemando el edificio...
LÉO: Perfecto. (Timbre.) Ah, esta vez son ellos. (a MADELEINE) Vos
subí, rápido. No tienen que saber que ya nos vimos. Acordate:
yo no te conozco; acabo de llegar. (Mientras MADELEINE sube
las escaleras.) Y fuiste vos, Michel, el que no quiso
presentarme a tu amiga. Andá, andá.
Llaman por segunda vez.
ESCENA VI
LÉO, MICHEL, GEORGES, YVONNE
Se oye primero, en el vestíbulo.
VOZ DE YVONNE: ¿Por qué tardaron tanto?
MICHEL: (Entra, precediéndolos) Tía, ¿vos escuchaste el timbre?
Entran los demás.
YVONNE: ¿Léo está acá?
LÉO: Acabo de llegar; casi nos encontramos en la puerta. Yo
también tuve que tocar el timbre tres veces...
YVONNE: ¿Hace mucho que llegaste?
LÉO: Te dije que acabo de llegar.
YVONNE: ¿Y están... solos?
MICHEL: Madeleine está arriba, en su taller.
LÉO: Michel no me la quería presentar antes de presentártela a vos...
a ustedes.
MICHEL: Allá arriba no se oye el timbre, no se oye nada. Hace media
hora que está escondida.
YVONNE: ¿Escondida?
MICHEL: Bueno... Le tiene miedo a la familia.
YVONNE: No somos ogros. (observa la sala) ¡Qué lujo!
MICHEL: Está limpio.
LÉO: La limpieza es el lujo. Le decía yo a Michel...
GEORGES: Michel, tenés que avisar que llegamos.
MICHEL: Sí... Pero papá, ¡qué tenso que estás! Sophie, sentate;
siéntense. Pórtense con un poco más de naturalidad, por
favor. Si no la van a intimidar, pobre Madeleine.
LÉO: Michel, sos muy considerado. Ahora andá a buscar a la chica.
YVONNE (entre dientes): Si hay tal chica.29
MICHEL (al pie de la escalera): Por última vez, les pido que la
ayuden a Madeleine, que no la traten... con frialdad...
YVONNE: No tenemos mala intención.
MICHEL: ¡Mi Sophie! ¡Papá! ¡Léo! No se enojen conmigo. Estoy muy,
muy nervioso.
LÉO:¡Vamos, arriba!
MICHEL: Voy.
Sube.
ESCENA VII
YVONNE, LÉO, GEORGES
YVONNE (a GEORGES): Vos parecés todavía más enfermo que yo.
GEORGES: Siéntense, chicas. Yo me quedo de pie, acá... Detrás de
Yvonne.
Grupo.
ESCENA VIII
YVONNE, LÉO, GEORGES, MADELEINE, MICHEL
MICHEL (de espaldas, baja): ¡Sonrían!
Descubre a MADELEINE. Ella empieza a bajar sin ver nada.
MADELEINE (al pie de la escalera): Señora...
Yvonne se levanta y avanza hacia ella. Georges se queda solo,
plantado en el extremo derecho, detrás de Léo.
MICHEL: Ella es mamá...
Breve silencio.
YVONNE: Qué encanto. Cualquiera diría que es una niña. ¿Cuántos
años tiene?
MADELEINE: Veinticinco. Pero usted, señora, es la que... (Acaba de
distinguir a Georges. Su voz se estrangula. Se precipita hacia
el lado de él.) ¡Dios! Discúlpenme. ¿Quién lo hizo entrar? (Se
vuelve hacia las mujeres, huraña.) Este señor...
MICHEL (riendo y acercándose): Este señor es papá. Papá, te
presento a Madeleine.
MADELEINE (retrocede): ¡Tu padre!
LÉO: Presentame.
MICHEL: Perdón, no sé ni qué hago. Madeleine... (Le toma la mano.)
¡Pero qué fría estás!... ¡Tocale la mano, Léo!
LÉO toma la mano de MADELEINE.
LÉO: Tenés la manos heladas. (A MADELEINE.) ¿Somos tan
terribles? Vamos, querida; tranquila, no te queremos
intimidar.30
MICHEL: Y acá está la familia en pleno. ¿Ves que no era nada del
otro mundo? (MADELEINE cae sobre el diván.) Mi amor, ¿te
sentís mal?
MADELEINE: No... Michel, no.
YVONNE: Quédese sentada, mejor. (MADELEINE trata de levantarse)
Léo, no la dejes. Michel quería mostrarnos cómo arreglaron el
altillo.
MICHEL: Pero...
YVONNE: Léo y yo vamos con vos, Michel.
GEORGES (movimiento): Yo podría...
YVONNE: Vos quedate.
MICHEL: Hay un termo con té caliente y tres tazas. ¡Y azúcar! ¡Y
leche! ¡Sabemos recibir a la gente!
YVONNE cruza la escena y apoya el pie en el primer peldaño. LÉO la
sigue. MICHEL besa a MADELEINE y se dispone a seguirlas.
MADELEINE (irguiéndose): ¿Me dejás sola?
MICHEL: ¡Sola no! Con papá.
MADELEINE: No podés. No me dejes sola. Escuchame, Michel...
YVONNE: ¡Michel!
MADELEINE: Señora... Señoras, yo subo con ustedes. Tengo que
servir el té.
YVONNE: Nosotras nos arreglamos. Nos ayuda Michel.
GEORGES (desde su sitio): Quédese, señorita. Le prometí a mi hijo,
y a mi mujer, que iba a hablar con usted a solas.
YVONNE (desde lo alto de la escalera que los otros dos empiezan a
subir): Apúrense y avísennos.
MADELEINE: Señora, un segundo. ¿Por qué no se queda su hermana
con nosotros? Una mujer...
YVONNE: Pero si no hay problema: nosotras tomamos el té, y
Georges se ocupa del resto.
MICHEL: Madeleine, ¿querés que te baje una taza de té?
LÉO: Vamos, vamos, ella se toma el té después.
Empuja a YVONNE y las dos desaparecen seguidas por
MICHEL.
MICHEL: Conquistala, papá. Pero no me la robes.
Envía un beso y cierra con un golpe la puerta invisible.
ESCENA IX
GEOGES, MADELEINE
GEORGES: Al fin solos.
MADELEINE: Esto es una monstruosidad.
GEORGES: Exacto. No-se-puede-creer, pero es así. Yo diría que es
una obra maestra del terror. O peor todavía: una comedia. Yo
Porque yo soy un héroe de comedia. Estas cosas gustan
mucho; son muy divertidas. Un ciego hace llorar, pero un31
sordo da risa. Y mi papel da risa. ¡Pensalo! Un hombre
engañado es gracioso, y un hombre de mi edad engañado por
uno joven, es mucho más gracioso todavía. ¡Pero si al hombre
lo engaña su hijo, entonces es para reírse a carcajadas! Una
farsa, la mejor de todas las farsas. ¿Vos no estás orgullosa de
tu papel? Yo en tu lugar, lo estaría.
MADELEINE: ¡Georges!
GEORGES: ¿No pueden oírnos desde el taller?
MADELEINE: Sabés muy bien... Usted sabe que no.
GEORGES: Me tratás de usted.
MADELEINE: No lo puedo tutear. Discúlpeme.
GEORGES: Como quieras. Y yo que pregunto si nos pueden oír
desde arriba... Me encerraste ahí las dos primeras veces que
vino “tu hermana” a visitarte. ¿Era Michel?
MADELEINE: Sí.
GEORGES: ¡Qué habilidad! Al final te pareció más práctico hacerme
alquilar una pieza, ¿verdad? ¿Por qué seguiste? ¿Por qué
mentiste? Ah, claro, había que vivir... ¿Le pasabas plata a
Michel?
MADELEINE: Georges. Michel es un chico. Le pagaba los cigarrillos,
las comidas.
GEORGES: Era yo el que pagaba. Pero eso es lo de menos. Creía
que odiabas la mentira. ¿Por qué mentiste?
MADELEINE: Usted no me va a creer, no vale la pena.
GEORGES: ¡Justamente vos, una mentirosa!
MADELEINE: Y usted, ¿por qué mintió?
GEORGES: Yo me ahogaba en casa. Me sentía solo, vacío. Sufría. Y
para que esa sensación de soledad fuera verdadera, inventé
una fábula. Cuando estaba en tu casa, en nuestra casa, estaba
solo en el mundo, libre. Nunca confundí mis dos vidas.
Imaginate el golpe que me dio Michel ayer, al hacerme ver la
realidad.
MADELEINE: Si hubiera sabido quién eras...
GEORGES: No lo hubieras dejado a Michel por eso.
MADELEINE: Lo habría evitado.
GEORGES: ¡Por favor! A lo sumo, te habrías adelantado: en lugar de
dejarme hoy, me hubieras dejado hace tres meses. ¿Por qué
no tuviste esa franqueza?
MADELEINE: Usted no me creería, ya se lo dije...
GEORGES: Fácil. La combinación te venía bien: un viejo, un joven...
MADELEINE: No, Georges. No le agregue suciedad a todo esto. Le
mentí porque lo quería, porque lo quiero...
GEORGES: ¡No me mientas ahora!
MADELEINE: Sí, Georges, siento un cariño inmenso por usted.
GEORGES: ¡Sí, claro!
MADELEINE: Déjeme hablar: le guste o no, le di lo que pude. Usted
me habló de una hija muerta, y fue bueno conmigo; no era32
como los otros hombres. Yo era un desastre, me estaba
hundiendo, y me aferré a usted. Pero lo hice de todo corazón.
GEORGES: ¡A mí me interesa una sola cosa! ¿Me querías? Porque yo
te quería, te adoraba, y te lo pregunté mil veces: ¿me querés?
Yo mismo decía “no puede ser”, pero vos me contestabas: “Sí,
Georges... te quiero”. ¿Era verdad?
MADELEINE: Georges, hay cosas que no se expresan, se adivinan.
Yo le contestaba: “te quiero mucho”, eso le decía. Pero
entonces se enojaba, me suplicaba, me acosaba; y cuando me
cansaba de pelear, le terminaba diciendo “sí, Georges, te
quiero. Te quiero, simplemente”.
GEORGES: No tenías que habérmelo dicho.
MADELEINE: ¡Ay, Georges, estos meses fueron una pesadilla! No
podía ni pensar en hacerle el menor daño. Hice todo lo que
pude para que abriera los ojos, pero usted no quería ver nada,
no quería oír nada.
GEORGES: ¡Demasiado tarde! Si me lo hubieras dicho a tiempo.
Pero me hiciste comprometer a fondo. Dejaste que me
enamorara, y eso no te molestó hasta que el amor te cayó a
vos del cielo; entonces sí yo empecé a ser una molestia...
MADELEINE: Eso no es cierto.
GEORGES (frente a su rostro): ¿Estás enamorada de Michel?
MADELEINE: ¿En nombre de quién me interroga? ¿De Michel o del
suyo?
GEORGES: Te hablo como su padre.
MADELEINE: Sí, lo quiero; Michel es mío. Él y yo somos una sola
persona; no podría vivir sin Michel. Yo ya no esperaba el amor
en mi vida, Georges, me creía indigna de un amor verdadero.
Yo sólo aspiraba a un cariño como el que nos teníamos usted y
yo, pero llegó Michel, y entonces comprendí que el amor es
otra cosa, y que tenía derecho a ser feliz. Esa posibilidad
lejana, Georges, eso que ni siquiera me atrevía a soñar...
GEORGES: ¿Y Michel te quiere?
MADELEINE: Sí, Georges; ¿ve? Usted es una buena persona. Yo
sabía que después del primer choque, la felicidad de su hijo
pasaría a ser lo importante.
GEORGES: La felicidad de Michel...
MADELEINE: Sí; pero es fundamental que no sepa nada; si Michel se
llegara a enterar de la verdad, a usted lo odiaría, a mí me
mataría y él se moriría. Ay, Georges, no me va a alcanzar la
vida entera para agradecerle.
GEORGES: ¿Vos te creés, pura y simplemente, que yo te voy a dar a
Michel?
MADELEINE: ¿Qué?
GEORGES: ¿Creés que voy a dejarte a Michel?
MADELEINE: ¿Me... lo va a quitar?
GEORGES: Ahora mismo.
MADELEINE: ¿Qué? No lo puedo creer...33
GEORGES: ¿Y qué esperabas? ¿Que diera un paso al costado y
soportara el resto de mi vida el espectáculo de ustedes dos
juntos?
MADELEINE: Pero está loco, es su hijo. Es la felicidad de su hijo. La
felicidad de Michel.
GEORGES: ¿Qué felicidad se puede fundar en una mujer que
engaña, decime? Si hay dos, ¿por qué no puede haber un
tercero?
MADELEINE: ¡Georges! ¡Georges! No piensa lo que dice; no lo
piensa.
GEORGES: Para decir la verdad, no. No pienso eso.
MADELEINE: Estaba segura.
Le besa la mano.
GEORGES: Y por eso, Madeleine, ya que ese tercero no existe... hay
que inventarlo.
MADELEINE: ¿Cómo inventarlo?
GEORGES: Hay que inventar un hombre de tu edad, un poco mayor
que Michel, que... vos ocultaste por vergüenza; un tipo que te
tiene totalmente dominada y quiere que te cases con Michel
para que lo mantengas.
MADELEINE: ¿Qué? ¿Qué es esto, una broma? ¿Una prueba?
GEORGES: Nunca hablé tan en serio.
MADELEINE: ¡Pero lo que me está proponiendo es un crimen, un
horror, un locura!
GEORGES: O hacés eso, Madeleine, o les cuento todo.
MADELEINE: ¡Le va a contar todo a su hijo! ¡A su mujer! ¡Georges!
GEORGES: No te preocupes por mi mujer. A ella se lo voy a contar
de todas maneras, pase lo que pase. Se lo debo. La descuidé,
la abandoné...
MADELEINE: Pero suponiendo que yo le mienta, que me ensucie,
que le cuente esa calumnia: Michel no me va a creer. ¡Él me
conoce!
VOZ DE MICHEL (en lo alto de la escalera): ¿Terminaron? ¿Se puede
bajar?
GEORGES (gritando): Todavía, no. Estamos charlando como viejos
conocidos.
MICHEL (lo mismo): ¡Bravo!... Madeleine, ya rompí una taza.
Rescatanos rápido.
Golpe de la puerta invisible.
MADELEINE: No, no voy a bajar los brazos, Georges. Me quedo con
Michel.
GEORGES: Como quieras; sos libre. Pero ahora que lo pienso, igual
voy a hablar. Michel tiene que saber quién era el otro. ¡Lo voy
a perder, pero lo vamos a perder juntos!
MADELEINE: ¿Por qué me extorsiona así?
GEORGES: Es necesario...
MADELEINE: ¡Georges!... ¡Georges!... ¡Georges!... Escuchame,
creeme...34
GEORGES: Te pensás que soy tan ingenuo...
MADELEINE: Sí, ingenuo, bueno, noble. Todo lo que amaba y amo
en vos. Todo lo que adoro en Michel. Le dije a Michel que te
quería. Se enojó muchísimo. Georges, no seas un monstruo.
No te conviertas en un monstruo.
GEROGES: No te hagas la víctima.
MADELEINE: ¿Acaso no me castigaste lo suficiente con esa entrada
teatral, aterradora? Me podría haber muerto, Georges. Me
podría haber puesto a gritar y nos hubieran descubierto.
GEORGES: Eso no tiene importancia. Este casamiento es absurdo.
Yo quiero otra vida para Michel.
MADELEINE: ¿Qué vida? Me gustaría saber... Soy hija y nieta de
obreros. Tengo buenas manos. Voy a cambiar a Michel. Ya
está cambiando. Va a trabajar. Su tristeza se le va a ir y usted
habrá logrado que sea feliz. En cambio, si lo único que
consigue es que su hijo sea infeliz, le va a pesar toda la vida.
GEORGES: La infelicidad no va a ser tan larga.
MADELEINE: Georges, no se hunda. Sea bueno, sea justo, sea como
de verdad es.
GEORGES: Yo no me hundo; estoy de pie, y vine hacer lo que tengo
que hacer: recuperar a Michel. Tenés que inventar ese otro
hombre. Tenés que decidirte entre esa mentira o la verdad
que yo me encargo de decirle.
MADELEINE: ¡Es inhumano, es inhumano!
GEORGES: Voy a cumplir con mi deber.
MADELEINE: Usted está loco.
GEORGES: Soy un padre.
MADELEINE: ¡Mentira! Lo hace por egoísmo, porque le sacaron su
juguete. No es un padre, es un hombre abandonado que se
venga.
GEORGES: Te prohíbo...
MADELEINE (se lanza sobre él): ¡Sí, mentiroso! ¡Mentiroso! ¡Egoísta!
(Él la empuja) Prefiero que me trate así, pero no me hable
más de su hijo. Porque le importa muy poco que él sea feliz o
no. Está celoso; y lo único que le importa es su venganza.
GEORGES: No nos queda tiempo. Te lo exijo. Te acusás o hablo.
MADELEINE: Hable.
GEORGES: Hecho. ¿Pensaste bien lo que va a provocar nuestra
confesión?
MADELEINE: ¡No! ¡No! No hable. Estaba loca. Si Michel se entera, no
me queda ninguna esperanza.
GEORGES: ¿Te das cuenta?
MADELEINE: Pero... no voy a tener fuerza para hacerlo.
GEORGES: Yo te voy a ayudar.
MADELEINE (en voz baja): Es horrible.
GEORGES: ¿Y vos creés que no fue horrible escuchar a Michel
confesando que te quería, que eras su amante, y oírme llamar
“el viejo”?35
MADELEINE (en lágrimas): Sea generoso, Georges. Ahora le toca a
Michel hacer su vida. Dé un paso al costado.
GEORGES (glacial): Justamente por eso; esto no es una cuestión
personal. Es la vida de mi hijo lo que pretendo salvar y dirigir.
MADELEINE: ¡Mentira! ¡Mentira! Ustedes son un familia fría, seca,
inhumana... Pero Michel es humano. Y ustedes le van a
destruir todas las ilusiones.
GEORGES: Sí, todas, si no obedecés.
MADELEINE: Deme tiempo...
GEORGES: No, basta. Nos están esperando. Tenés que decidirte...
(Silencio.) Uno, dos... ¿Hablo?
Se dirige hacia la escalera.
MADELEINE (con un grito) ¡No!
Lo trae de vuelta.
GEORGES: ¿Vas a hacer lo que te digo?
MADELEINE: Sí.
GEORGES: ¿Lo jurás?
MADELEINE: Sí.
GEORGES: Juralo por Michel.
MADELEINE: Sí.
GEORGES: “Lo juro”.
MADELEINE: Por Michel... Usted es un monstruo.
GEORGES: Soy un padre que le evita a su hijo la trampa donde él
mismo cayó. No te preocupes. Lo vas a superar. Vas a trabajar
y... vas a olvidar a Michel.
MADELEINE: Nunca.
Empieza a subir.
MADELEINE: Georges, te lo suplico... ¡Georges! ¡Un instante!
GEORGES: ¿De qué serviría alargar esto?
Sube la escalera.
ESCENA X
MADELEINE, GEORGE, YVONNE, LÉO, MICHEL
GEORGES, después de subir las escaleras desaparece y dice:
“Vengan”. Baja seguido de YVONNE, LÉO y MICHEL.
MICHEL: ¿Y, papá? ¿Te ganó en dos rounds, en tres?
GEORGES: Michel, tengo que decirte algo muy serio.
MICHEL: ¿Serio? (Se vuelve hacia MADELEINE y ve el estado en que
se encuentra.) Madeleine, ¿qué te pasa?
GEORGES: Hijo, con tu amiga tuvimos una larga conversación llena
de sorpresas.
MICHEL: ¿Y qué pudo haberte dicho Madeleine que yo no te haya
dicho antes?
GEORGES: Fue valiente. Me confesó que no sos el único.36
MICHEL: Sí, sí; ya habíamos hablado de eso. Pero mañana va a
estar todo arreglado. ¿No es cierto, Madeleine?
GEORGES: Perdoná que te hable por ella, pero se lo prometí. Con
ese hombre del que hablás, no hay problema: lo va a dejar.
Pero queda el otro.
MICHEL: ¿Qué otro?
GEORGES: Que vos supieras, eran solamente dos. Son tres.
MICHEL: ¿De qué otro están hablando?
GEORGES: Portate como un hombre, Michel. Sos joven, muy joven.
No conocés a las mujeres y las dificultades de la vida.
Madeleine está enamorada...
MICHEL:
De mí.
GEORGES: Sí, a vos te quiere, por supuesto. Pero tiene otra
relación, una relación anterior de la que no se puede
desprender... Un hombre que la tiene dominada, que sabe lo
de ustedes y lo acepta porque así puede conseguirse una
posición... Un vividor.
MICHEL: Eso es mentira, es un invento; yo la conozco a Madeleine.
¡Madeleine, hablá! Deciles que no es cierto. (Silencio) Conozco
la vida de Madeleine perfectamente. ¡Estás mintiendo!
YVONNE: ¡Michel!
MICHEL: ¡Madeleine! ¡Madeleine! ¡Deciles que están mintiendo!
¡Echalos!
GEORGES: Hijo, hijo. ¿No te diste cuenta de que la veías muy poco,
que ella tenía las noches libres, que...?
MICHEL: ¿Pero quién? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Dónde?
GEORGES: Ella estaba esperando un milagro, porque te quiere. Hizo
todo lo que pudo, pero este tipo la tiene dominada. Es una
vieja historia de la que no puede salir.
MICHEL: ¿Es cierto? (Se precipita hacia ella.) ¿Es cierto? ¡Contestá!
YVONNE: ¡Michel! Estás loco. ¿Le pegarías a una mujer?
MICHEL: La mataría. (Cae de rodillas.) Madeleine, preciosa,
perdoname. Ya sé que están mintiendo, que lo hacen para ver
si te amo... ¡Hablá! ¡Hablá! Te lo suplico. Yo no me olvido de la
última noche, del día que pasamos juntos... ¡Vos! ¡Justamente
vos! ¿Engañarme, casarte conmigo por conveniencia?
GEORGES: Yo no te dije que quería casarse con vos por
conveniencia. Dije que esperaba liberarse de ese hombre
porque te quiere.
MICHEL: Todo era tan claro; era tan feliz. Me vuelvo loco. (Delante
de Madeleine) ¿Quién? ¿Quién? ¿Quién es?
GEORGES: Me dijo que no lo conocés.
MICHEL (abraza a su madre): ¡Mamá! Y yo que casi te llegué a
insultar, te ofendí...
YVONNE: Los padres saben, querido. Parecen ridículos, pero saben.
Vení. Te queda tu pobre viejita. Bueno, bueno, bueno...37
MICHEL (se desprende): Por última vez, Madeleine, contestá. Es
mentira, es una pesadilla, me voy a despertar. Despertame...
¡Madeleine!
YVONNE: Calmate.
MICHEL: ¡Que me calme! Yo estaba esperando allá arriba, muerto de
impaciencia. Pensaba: papá la está descubriendo a Madeleine;
todo va a terminar en abrazos y lágrimas. Y cuando bajo me
encuentro con esta inmundicia, con mi sueño hecho pedazos,
¡qué horror!
MADELEINE (Sin voz): Michel...
MICHEL: ¡Y se atreve a abrir la boca! ¡Se atreve a dirigirme la
palabra!
YVONNE: ¡Michel! Tenés que ser generoso. Ella podía haber seguido
con la farsa, envolver a tu padre, meterse en nuestra casa,
chantajearte, exponerte a un escándalo público. Pero fue lo
bastante honesta como para avisarnos a tiempo. (A
Madeleine) Le expreso nuestro a agradecimiento. Sí algún
día...
MADELEINE: ¡Basta! ¡Basta! ¡No puedo más! ¡No puedo más!
Escapa, sube las escaleras donde tropieza, y desaparece. La
puerta se cierra de un golpe.
MICHEL (Corriendo tras ella): ¡Madeleine! ¡Madeleine!
GEORGES: Dejala.
MICHEL: Sáquenme de acá. ¡No, me quedo! ¡Voy a descubrir quién
es el otro!
GEORGES: ¿Y para qué lo querés saber?
MICHEL: Tenés razón, papá. No quiero saber nada más. Quiero irme
de acá, encerrarme en mi cuarto, no salir más.
YVONNE: Nadie te va a molestar, Michel. Nosotros te vamos a
cuidar.
MICHEL:
Si me hubiera quedado en casa...
YVONNE: Pero necesitabas una experiencia...
MICHEL:
¡Qué sabia sos vos por no salir...! La gente es inmunda.
YVONNE: No toda, Michel.
MICHEL: Toda. (Mira a su alrededor) Qué orden, ¿no es cierto, Léo?
Con tantos hombres que pasan por acá, y ni una camisa, ni un
sombrero, ni unas cenizas fuera de lugar...
MADELEINE aparece en lo alto de la escalera. Apenas se tiene
en pie.
MADELEINE (con voz suplicante): Váyanse...
MICHEL: ¡Claro; el número tres estará por llegar! No, quédense.
Ahora me toca a mí ponerme cómodo. Si hay lugar para todo
el mundo. ¡Qué gran corazón!
YVONNE: Hijo...
MADELEINE se desploma en uno de los peldaños. Léo se
precipita hacia ella.
MICHEL: Léo, dejala. Es puro melodrama. Dejala que se desmaye.
YVONNE: No seas tan duro. Podía haberse callado.38
Georges se desliza al vestíbulo.
ESCENA XI
YVONNE, LÉO, MICHEL
MICHEL: ¡Vámonos! (Se dirige hacia la puerta) ¿Y papá?
LÉO: Tu padre no soporta las escenas.
YVONNE: Agarrate de mi brazo, querido, estás temblando. Vamos.
Salen.
YVONNE: ¡Léo! (Vuelve a escena y se dirige a LÉO desde la puerta)
No podemos dejar a esta chica sola en semejante estado...
LÉO: Bueno, llevate a Michel. Yo me quedo un minuto.
YVONNE: Gracias.
Sale. Se oye cerrar la puerta.
ESCENA XII
MADELEINE, LÉO
MADELEINE: ¡Michel! ¡Michel!
LÉO: Bueno, bueno... Vamos. Yo no te abandono. Tranquilizate.
Acostate.
MADELEINE: ¡Ah! ¡Señora, señora! ¡Ah! ¡Señora! ¡Ah! ¡Ah! Señora...
Señora...
LÉO: Bueno... Bueno... Calmate...
MADELEINE: ¡Señora! ¡Señora! Usted no se imagina...
LÉO: Sí, ya sé. Me di cuenta.
MADELEINE: ¿Qué?
LÉO: Me di cuenta que el señor mayor es Georges...
MADELEINE: ¿Pero cómo pudo...?
LÉO: Para no darse cuenta hay que estar ciega, ciega como mi
hermana, o como Michel. Fue una escena espantosa; era tan
obvio...
MADELEINE: Me quiero morir.
LÉO: Y ese otro, el tercero, ¿existe?
MADELEINE: No, señora. No existe. Y Michel no preguntó, ni siquiera
dudó. ¡Aceptó el invento sin dudar, sin pensar que era una
locura!
LÉO: En eso tuviste suerte; si se hubiera dado cuenta de que eso
era un invento, también podría haber adivinado tu relación con
Georges. Georges te obligó a contar esa mentira, ¿no es
cierto? Te amenazó con contar lo de ustedes si no lo hacías.
MADELEINE: Sí, señora...
LÉO: Y lo hubiera hecho.
MADELEINE: Antes de eso preferí perder a Michel.39
LÉO: Y yo que pensé que Georges iba a dar un paso al costado, que
te iba a pedir que nunca contaras nada...
MADELEINE: Me torturó, me amenazó; me dijo que quería salvar a
Michel. Él inventó esa mentira.
LÉO: Hay un límite para todo.
Le toma la mano.
MADELEINE: Gracias, señora. Yo ya no esperaba...
LÉO: Me gustás mucho; me conquistaste. Yo no había venido como
aliada tuya, y menos todavía como tu cómplice, pero ahora
quiero serlo. Estoy de tu lado.
MADELEINE: Ay, señora... ¿Para qué? Todo terminó.
LÉO: Nada se termina sobre bases falsas. Lo grave hubiera sido que
ese invento fuera cierto, y no lo es. Madeleine... Escuchame.
(Sacudiéndola) ¡Madeleine!
MADELEINE: Ya no hay nada que hacer.
LÉO: ¿Me vas a escuchar? Madeleine... Mañana, a las cinco, vas a
venir a casa.
MADELEINE: ¿Quién? ¿Yo?
LÉO: Sí, vos.
MADELEINE: No lo dice en serio, señora. Me echarían.
LÉO: No.
MADELEINE: ¿Usted cree?
LÉO (Se pinta los labios y habla con la mueca de las mujeres cuando
se maquillan): Madeleine, a mí por lo general no me interesan
los sentimientos, incluso me desagradan, pero a veces el amor
me conmueve profundamente. ¿Acaso sabemos lo que pasa
adentro nuestro? Bueno, no trates de comprenderme...
MADELEINE: Georges va hablar.
LÉO: Georges se va a callar la boca. Te lo garantizo.
MADELEINE: Pero él me juró...
LÉO: Se estaba vengando. Pero mañana se va a portar como un
padre noble que protege a su hijo.
MADELEINE: Hoy se portó como un monstruo.
LÉO: No es un monstruo, querida. Georges es un niño, un
inconsciente. Puede hacer un daño terrible sin darse cuenta.
MADELEINE: Señora... Señora... ¿Cómo puedo agradecerle?
LÉO: Ah, eso no; eso sí que no. No me agradezcas. ¿Sabemos dónde
empieza uno a ayudar a los otros para ayudarse a uno mismo?
Misterio.
MADELEINE: Usted tiene buen corazón...
LÉO: No, no tengo buen corazón... Pero lo que hizo Georges me
desagrada. Hay que lavar, planchar, ordenar esa ropa sucia.
¡Vení mañana!
MADELEINE: Pero...
LÉO: Sin “peros”. A las cinco. Es una orden. Jurámelo por Michel.
MADELEINE: Por Michel...
LÉO: Lo...
MADELEINE: Juro.40
LÉO: Por Michel.
MADELEINE: Por Michel.
LÉO: Perfecto. Y dormí un poco; tenés que estar encantadora. Que
no se te hinchen los ojos. (Se levanta)
MADELEINE: Con toda esta pesadilla...
LÉO: Ya pasó. Te adopto. (Se dirige a la puerta) No me acompañes...
MADELEINE: Señora...
LÉO: Y sobre todo, no me des las gracias. Porque de verdad,
creeme: no hay nada que agradecer.
FIN DEL ACTO II41
ACTO III
La habitación de Yvonne. El mismo decorado que en el primer
acto. A oscuras. Aumentará la luz poco a poco, como sucede cuando
el ojo se acostumbra a la oscuridad.
ESCENA I
LÉO, GEORGES
LÉO (a GEORGES, que entra por el fondo, a la izquierda): ¿Sigue
igual?
GEORGES: Igual
LÉO: No puedo quedarme en mi habitación; lo escucho a Michel todo
el tiempo quejándose y golpeando el suelo.
LÉO: ¿Yvonne está con él?
GEORGES: Sí. Es asfixiante. No creía que fuera capaz de un dolor
tan grande.
LÉO: Es la primera vez que se enamora y sufre.
GEORGES: Yo también sufro, pero como puedo controlarme, ¿a
quién le importa...?
LÉO: Georges, nadie te comprende mejor y te compadece más que
yo, pero no comparemos.
GEORGES: Pero él la tiene a Yvonne...
LÉO: ¡Por favor, Georges!
GEORGES: Sí, la tiene a Yvonne. No le habla, pero la abraza. Yvonne
ganó: lo “recuperó”. ¡Recuperó a su hijo! Esas son sus únicas
palabras. Yo le abrí el corazón, hice el esfuerzo de contarle
todo, ¡y no demostró ni siquiera sorpresa! Solamente pensaba
en Michel, en el peligro de que Michel pudiera enterarse de lo
mío con Madeleine, en el cuidado que había que tener. A mí
solamente me dijo: “Es tu castigo, Georges..., es tu castigo”.
¿No ves que estoy solo, Léo? ¡Ésa es la Yvonne que recuperé
yo, la que me iba a ayudar a resistir el golpe!
LÉO: En cuanto al “castigo”, puede ser que Yvonne tenga razón.
GEORGES: ¡Ah, lo que faltaba! ¡Castigo! ¿Castigo por qué?
LÉO: Georges, me quedé a solas con Madeleine después de que
ustedes se fueron. Hablamos.
GEORGES: ¿Y qué?
LÉO: Lo que hiciste fue terrible.
GEORGES: Repetime eso.42
LÉO: Te lo repito, Georges: lo que hiciste fue terrible.
GEORGES: ¿Cómo “lo que hice”? ¡Léo! Vos, vos me dijiste lo que
tenía que hacer, vos ideaste todo...
LÉO: Te aconsejo que no repitas nunca más lo que acabás de decir.
Que no repitas nunca más, aunque estés completamente solo,
ni siquiera algo parecido a lo que acabás de decir.
GEORGES: ¡No-lo-puedo-creer!
LÉO: Esa frase se la escuché decir a ella...
GEORGES: Ahora Madeleine te enredó a vos...
LÉO: No, Georges querido, no. No tenía por qué enredarme. Es una
pobre chica...
GEORGES: ¡Excelente! Esa pobrecita me engaña a mí con Michel, lo
engaña a Michel con...
LÉO: ¿No vas a creer vos en el fantasma que inventaste?
GEORGES: Que inventamos, que inventaste vos...
LÉO: ¡Georges!
GEORGES: Está bien... Está bien... Que inventé yo. Pero quién te dice
que no sea cierto. Una mujer que pudo estar con...
LÉO: ¡Georges! No vas a creer en eso ahora que te conviene.
GEORGES: ¡Excelente! ¡Genial! Canonicemos a Madeleine. Madeleine
es una santa.
LÉO: Es una chica enamorada, Georges. Está enamorada de Michel,
y a vos te quiere. Y te quiere bien. Tenemos que ponernos de
su lado. Necesito reparar el mal que hice...
GEORGES: ¡Ah!
LÉO: Los nervios me hacen decir cualquier cosa. Quiero decir que
hay que reparar el mal que hicieron ustedes, que hicimos
nosotros, que hizo la pobre Yvonne sin darse cuenta.
GEORGES: ¿Y pasar otra vez por lo mismo? Ni se te ocurra.
LÉO: Georges, tenés que hacer el sacrificio. Hay que sacrificarse
alguna vez; es la higiene del alma. Tenés que hacerlo. Yo
tengo que convencerte a vos, y vos tenés que convencer a
Yvonne. Tenés que pagar; ella tiene que pagar...
GEORGES: ¡Y vos! ¡Vos! ¡Es insólito! Te ponés en juez y querés
hacer pagar a todo el mundo. ¿Y cuál es tu sacrificio? ¿Acaso
te sacrificás vos en lo más mínimo?
LÉO: Yo ya lo hice.
GEORGES: Ya lo hiciste... ¿Cómo?
LÉO: ¿Qué sabés si yo no hice ya mi sacrificio y no compré el
derecho de aconsejarlos?
GEORGES: ¿De qué sacrificio estás hablando?
LÉO: Yo te amaba, Georges. ¿Acaso sabés si no te quiero todavía?
Yo creí que me sacrificaba por tu felicidad. Me equivoqué, pero
esta vez no me equivoco. No se puede sacrificar a esa chica y
a Michel para que ustedes disfruten de una comodidad
perversa...
GEORGES (quiere tomar la mano de LÉO): Léo...
LÉO: No, Georges. Tenés que convencer a Yvonne.43
GEORGES: ¿Y a mí quién me convence?
LÉO: ¿No estás convencido?
GEORGES: ¿Pretendés traer a Madeleine acá?
LÉO: Sí.
GEORGES: Pero Léo, suponiendo que yo acepte la tortura de verlos
juntos, Yvonne se va a negar, va a gritar, va a amenazar. ¿No
viste que recuperó... “recuperó” a su Mik? Tratá de quitárselo
de nuevo.
LÉO: Ya se va a dar cuenta de que el Michel que recuperó es una
piltrafa.
GEORGES: Da igual. Ella lo preferiría suyo, muerto, que vivo en
otras manos.
LÉO: Si es así, vos vas a hacer algo, Georges, seguramente. Te
conozco y confío en vos, y sé muy bien que vas a reaccionar.
GEORGES: ¿Y qué le decimos a Michel?
LÉO: Muy simple. Que Madeleine estuvo sublime, que inventó ese
tercer hombre para dejarlo libre a él, para devolverlo a su
familia, a su medio social. Él la va a adorar más todavía. Ella
se lo merece.
GEORGES: Qué buen corazón...
LÉO: Lo hago porque Michel es tu hijo.
GEORGES: También es hijo de Yvonne, Léo. ¿No lo hacés también
en contra de Yvonne?
LÉO: No escarbes demasiado en el corazón, Georges. Es malo
escarbar demasiado en los corazones. Hay de todo en el
corazón. No escarbes demasiado en el mío, ni en el tuyo.
Silencio.
GEORGES (bajando la cabeza): Léo... Sí, tenés razón.
LÉO: Georges, te quiero.
ESCENA II
YVONNE, LÉO, GEORGES
Con la última palabra, se abre la puerta y entra YVONNE,
vestida con la salida de baño del primer acto, despeinada.
GEORGES: Te estábamos esperando acá. Pensábamos que... a solas
con vos se iba a calmar. Léo lo escuchó quejarse.
YVONNE: Es un infierno.
LÉO: ¿Te habló?
YVONNE: No. Pero me agarró la mano, me la apretó hasta hacerme
doler, y después la quitó. Le quise acariciar el pelo, y le
pregunté como una estúpida si tenía sed, pero me dijo:
“andate”. Me levanté... Me quedé parada delante de la puerta,
esperando que me llamara, que no me dejara salir. Pero me
volvió a decir: “andate”. Es un infierno. No puedo más. No
puedo más.44
GEORGES: Por ahí si voy yo...
YVONNE: Si me echó a mí, es porque no soporta a nadie, Georges.
Le dije que se metiera en la cama y me contestó pegándole
trompadas al piso. Ahora está tirado boca abajo en la
oscuridad. Es un infierno. Mejor dejarlo solo. No me echó
porque estaba enojado, pobre Mik... Me apretaba la mano y se
la pegaba a la mejilla... No, me hizo salir porque no soporta
causarme tanta pena.
LÉO: Está en carne viva.
YVONNE: Si esa mujer no fuera una prostituta, yo la llamaría, mirá
lo que te digo. Se la traería yo misma. A eso llegué...
LÉO: Es fácil decirlo, pero de ahí...
YVONNE: No, Léo... No es fácil. Para que yo lo diga, tengo que estar
agotada.
LÉO: ¿De verdad se la traerías?
YVONNE: Sí, haría cualquier cosa... Creo que sí... No puedo más.
LÉO: Bueno, Yvonne, eso era justamente lo que quería que dijeras.
No quería ser yo la primera en decirlo, ni que Georges te lo
hiciera decir. Hablá, Georges.
YVONNE: ¿Más palabras...?
GEORGES: Yvonne, Madeleine es inocente. Ese tercer individuo
misterioso no existe.
YVONNE: No entiendo bien.
GEORGES: Yvonne, ayer hice un triste papel. La obligué a esa chica
a mentir, a ensuciarse. El otro tipo es un invento mío.
Aproveché que Michel es crédulo y que Madeleine se moría de
miedo. Es horrible.
YVONNE: ¿Hiciste eso?
GEORGES: Sí.
YVONNE: ¡Georges! ¡Pobre Michel!
GEORGES: Sí. Y pobre Madeleine también; casi la mato del susto
llegando así de pronto. Después de haberla puesto en ese
estado, aproveché la conversación a solas para amenazarla y
obligarla a mentir. Tuvo que venir Léo, recién ahora, para
hacerme oler mi propia mierda.
LÉO: ¡Georges!... ¡Georges!... Voy a ser sincera. Si no fuera por mí...
GEORGES: Si no fuera por vos yo continuaba con el engaño. No se
habla más, Léo. Voy a cargar con toda mi responsabilidad, yo
solo. (A YVONNE, a quien besa) Justo hablábamos de eso con
Léo antes de que entraras. Por eso cuando dijiste que si no
fuera una prostituta, vos misma la traerías, nos quitaste un
peso de encima.
YVONNE: Georges, no seas absurdo. De pronto te dio una crisis de
confesiones y de sacrificios. Desconfiá. ¡Ahora veo todo claro!
Vamos, lo hecho, hecho está. Ni Michel ni la chica esa se
murieron. Ellos también pasan por una crisis, como vos, como
todos nosotros. Lo que tenemos que hacer es suspirar de alivio
y aprovechar la suerte que tuvimos.45
GEORGES: ¡La suerte! ¿Qué suerte? ¿Te das cuenta de lo que estás
diciendo?
YVONNE: Digo lo que me viene a la cabeza, lo que me sale de
adentro. Soy una madre que ama a su hijo y le cuida las
heridas. ¡No, querido! Puede ser que te hayas equivocado,
pero en definitiva, tuvimos suerte, sí: la suerte de salir de esto
sanos y salvos.
GEORGES: Pero si hace cinco minutos estabas gritando desesperada
“¡es un infierno! ¡No puedo más!”
YVONNE: Justamente porque es un infierno, porque no puedo más,
tengo la fuerza para decir “¡basta!” cuando quieren que lo que
está terminando empiece de nuevo. ¡Yo, la enferma de la casa,
les repito: aprovechemos la suerte que tuvimos en esta
historia! ¡Dejemos las desgracias atrás!
LÉO: Pero Yvonne, ¿de qué suerte hablás?
YVONNE: Sí, la suerte; la suerte, por ejemplo, la suerte de que el
viejo haya resultado ser Georges.
GEORGES: Muchas gracias.
YVONNE: Porque si el viejo hubiera sido otro, otro de verdad, yo lo
conozco a Georges... Te conozco... te hubieras dejado
enternecer y te hubiera faltado coraje para oponerte.
GEORGES: ¿Coraje?
LÉO: Yvonne, no hay ningún obstáculo para que Michel y Madeleine
estén juntos. No hay por qué oponerse.
YVONNE: ¿Qué estás diciendo?
GEORGES: Que el único obstáculo es nuestro egoísmo.
YVONNE: Y lo decís vos, justamente vos...
GEORGES: Yvonne, seamos sinceros. Nunca tuve, ni iba a tener de
parte de Madeleine, más que un cariño sincero, y ella no me lo
ocultaba, pero yo hice un gran esfuerzo para no verlo, para no
admitirlo. La obligué a cargar con el peso de una mentira,
cuando lo único que ella quería era que todo terminara...
YVONNE: Georges, vos creés, ustedes creen... Léo y vos,
seriamente, tranquilamente, ¿creen que esa persona podría
llevar nuestro nombre, entrar en nuestra familia?
GEORGES: ¡Ja! No me pidas que te tome en serio, Yvonne. ¡Nuestro
nombre! ¿Nuestra familia? Yo soy un fracasado. Vos, una
enferma que vive encerrada en la oscuridad. Y Léo, una
solterona que lo único que hace en su vida es ayudarnos. ¿Y
en nombre de todo ese desastre le vas a negar a Michel el
amor, el aire, el espacio? ¡No! ¡No! ¡No! Me opongo.
LÉO: Bravo, Georges.
YVONNE: ¡Por supuesto! Georges es un dios. Es infalible.
LÉO: Yo lo admiro.
YVONNE: Decí más bien que estás enamorada de él.
GEORGES: ¡Yvonne, pará!
YVONNE: ¡Cásense! ¡Cásenlos! ¡Yo desaparezco! ¡Les dejo el lugar
libre!46
LÉO: ¡Te volviste loca!...
YVONNE: Sí, Léo, me volví loca. ¿Quién me lo va a reprochar?
LÉO: Yo no te lo reprocho.
YVONNE: Gracias.
GEORGES: Yvonne, Yvonne... ¿Por qué vamos alargar el dolor de
Michel más tiempo?
YVONNE: De todas maneras, esa chica es demasiado joven.
LÉO: ¿Eh?
GEORGES: Tiene tres años más que Michel. Ayer te parecía
demasiado vieja...
YVONNE: Es demasiado joven... con respecto a mí. No, me piden
algo imposible. Yo recuperé a Mik, no quiero volver a perderlo.
LÉO: Entonces, si te entiendo bien, tu ideal sería tener un hijo
inválido para que no abandonara la casa.
YVONNE (vencida, rompe a llorar): Es demasiado... Es demasiado
para mí.
GEORGES: Nada es demasiado cuando se ama. Pensá en la gratitud
de Michel cuando le digas que Madeleine se sacrificó por él...
YVONNE: Georges... Georges...
GEORGES (como a una niña): Vamos, vamos...
LÉO (el mismo juego): ¿O preferís que el día de mañana te traiga
una chica boba, fea, amargada...?
GEORGES (el mismo juego): Yvonne, abrí tu corazón.
YVONNE (se desprende, se arrodilla sobre la cama y tiene un acceso
de rebeldía) ¡Déjenme! No se hagan los santos. Ustedes no
son mejores que yo, al final. ¡Mentiras! ¡Mentiras! ¡Mentiras!
Traten de escapar de sus mentiras. (A GEORGES.) Ayer,
cuando llegamos a la casa de esa mujer, me acuerdo
perfectamente que hiciste como que te equivocabas de piso,
que no sabías el piso. Ustedes me engañaron. Se confabularon
contra mí. ¡Te atreviste a llevarme a la casa de tu amante!
GEORGES: ¡Callate!
YVONNE: A la casa de tu amante...
GEORGES: Callate. Estás loca. ¿Querés que el chico te oiga?
YVONNE: ¡Me voy a defender!
GEORGES: ¡Dejá de una vez ese orgullo absurdo! ¿No te das cuenta
que podrías ir ya mismo corriendo a su cuarto, besarlo, sacarlo
de la desesperación?
LÉO: Vamos, Yvonne. Hablá con Michel. De Madeleine ya me ocupé
yo.
YVONNE (directamente a LÉO): ¡Léo! ¿Por qué te metés? ¿Qué
hiciste?
LÉO: Le hablé, la escuché y la consolé; incluso la llamé por teléfono.
YVONNE (separando todas las silabas): ¿La llamaste por teléfono?
LÉO: Para que viniera.
LÉO entra en su cuarto.47
ESCENA III
GEORGES, YVONNE
YVONNE: ¡Esto era lo que estaban tramando!
GEORGES: Lo que Léo estaba tramando sin que yo supiera; y se lo
agradezco.
YVONNE: De pronto se transformaron en santos. Yo necesito tiempo.
Voy más despacio.
GEORGES: ¿Pero vos te creés que yo no estoy haciendo un esfuerzo
enorme?
YVONNE: ¡Pobre viejo; le sacaron su juguete!
GEORGES: ¡Y a vos también, Yvonne! Pero tarde o temprano los
chicos crecen, y eligen su propio camino. Está en el orden de
las cosas.
YVONNE: El orden no es mi fuerte.
GEORGES: El mío tampoco. Estás helada...
YVONNE: ¡Ah! Yo...
LÉO sale de su cuarto.
ESCENA IV
YVONNE, LÉO, GEORGES
LÉO: Preparemos la fiesta.
GEORGES: No estoy acostumbrado a las fiestas, a las sorpresas.
YVONNE: Cuando las das, son excelentes.
LÉO: Basta. Sin pelear.
GEORGES: ¿Cómo hacemos?
LÉO: Es muy simple. Yvonne, es importante que se lo digas vos, que
él sienta que te lo debe a vos.
YVONNE: Pero...
LÉO: Sin “peros”.
YVONNE: Ya que lo hago contra mi voluntad...
LÉO: No lo demuestres.
YVONNE: Estoy hecha un desastre. Y además estoy helada. Mirame.
Escuchá; me castañean los dientes. Se me doblan las rodillas.
LÉO: Apoyate en mi hombro. Vas a poder.
GEORGES: Vas a poder, Yvonne.
Un portazo.
LÉO: Un portazo. Es Michel.
GEORGES (escucha): ¿Qué hace? ¿A dónde va?
YVONNE (en tono muy bajo. Con voz de vidente): No comió nada
desde ayer. Fue al aparador. Ahora está dudando. Viene hasta
la puerta. Escucha. Apoya la mano en el picaporte.
Se ve girar el picaporte.
LÉO: Como bruja sos excelente.48
YVONNE: Va a abrir. (La puerta se abre lentamente) Tengo miedo,
como si ese no fuera Mik... Como si fuera no sé qué, algo
terrible, una aparición... ¡Leo! ¡Georges!... (Se aferra a ellos.)
¿Qué me pasa? (Llama.) ¡Mik!
ESCENA V
Los mismos, y MICHEL
MICHEL (aparece y deja la puerta entreabierta; tiene la cabeza
desaliñada y los ojos rojos, casi cerrados): Sophie... Soy yo...
YVONNE: ¡Sí, entrá!
MICHEL: Es un segundo nomás. Buscaba el azúcar.
YVONNE: Ya sabés dónde está.
MICHEL: Ah, perdón Léo, perdón papá. No se ve nada acá...
¿Molesto?
Entra en el cuarto de tocador y vuelve comiendo azúcar.
GEORGES: Al contrario, Michel. Tu madre justo estaba yendo a
buscarte.
MICHEL: Ah... Bueno, yo quería... Tenía que hablar con vos, mamá, y
como te voy a decir se lo iba a decir después a papá y a la tía,
aprovecho ahora que están todos juntos. Para empezar,
Sophie, te pido disculpas por haberte echado de mi cuarto.
Estaba asqueado. No aguantaba más... Bueno, vos entendés.
YVONNE: Entiendo perfectamente, Mik, mi pobrecito.
MICHEL: No tenés por qué compadecerme.
GEORGES: ¿Qué querías decirnos?
MICHEL (comiendo el azúcar, incómodo): Esto. Que no pienso vivir
tirado en el piso. Y que por eso, papá, ese trabajo en el
interior, el puesto ese del que me habías hablado...
YVONNE: ¡Me abandonarías!
MICHEL: Me decidí; lo voy a aceptar.
YVONNE: ¡Estás loco!
MICHEL: Loco me volvería acá. No, no me puedo quedar, ni en la
ciudad ni en esta casa. Y como no la cambiaría por ninguna
otra casa, mejor me voy bien lejos, lo más lejos que pueda, y
lo antes posible. No sirvo para nada, ni siquiera para
matarme... Necesito cambiar de aire. Voy a trabajar.
YVONNE: ¡¿Y yo, y nosotros?!
MICHEL: ¡Ah, Sophie!
YVONNE: Dame la mano. Escuchá, Mik. Escuchame. Levantá la
cabeza. ¿Y si ya no tuvieras que irte?
GEORGES: ¿Si te diéramos, por ejemplo, una buena noticia?
Escuchame, Madeleine...
MICHEL: ¡Les dije que no me hablen más de ella! ¡Les prohíbo que
menciones a esa persona!... (Intenta salir)
GEORGES (le impide pasar): Pero tengo que hablarte de ella.49
MICHEL: No me torturen.
GEORGES: ¿Quién te tortura? Michel: esa chica no solamente es
inocente, además es admirable.
MICHEL: ¿Qué decís? Estás tratando de convencerme de que me
quede inventando mentiras...
YVONNE (lanzando un grito): ¡No te vas a ir!
MICHEL (señalando a su madre): ¡¿No ven?!
GEORGES: Michel, escuchame: tengo que pedirte perdón. Ayer
nuestra actitud la espantó, y la pobre creyó que nunca podría
ser parte de esta familia. Madeleine me mintió y yo me di
cuenta, pero preferí creerle. Mik, ella inventó esa historia de
otro hombre, la inventó en el momento, para devolverte la
libertad, para dejarnos libres de ella.
LÉO: Después que se fueron, yo me quedé a solas con Madeleine,
Mik, y hablamos, y a mí me contó la verdad...
MICHEL: Pero si eso fuera cierto, yo sería un criminal por no haber
buscado ninguna prueba, por escaparme, por haberme creído
el engaño.
GEORGES: No sos un criminal, hijo. Sos tan puro que creés en el
mal tan rápido como en el bien.
MICHEL: Me están mintiendo. Tienen miedo de que me vaya y que
Sophie se vuelva loca...
LÉO: Mik, escuchá. Cuando abriste la puerta, tu madre estaba yendo
a tu cuarto a agarrarte de una oreja y traerte acá. Te
estábamos preparando una sorpresa.
MICHEL: Pero si es verdad, ¿qué estaban esperando? ¿Por qué no
me lo dijeron enseguida? Sophie, ¿cómo podías dejar que yo...?
LÉO: Tu madre no sabía nada. Se lo acabamos de decir.
MICHEL: Mamá, vos... Decímelo vos.
YVONNE: Ya te lo dije.
MICHEL: ¡Pero entonces hay que correr, hay que llamarla por
teléfono, hay que alcanzarla donde sea! Miren si se escapó. Papá.
Léo. ¡Rápido! Vamos a buscarla; ¿dónde estará?
LÉO (señalando la puerta de su cuarto) Ahí.
YVONNE: ¿Ahí?
LÉO: La tengo encerrada en mi cuarto desde las cinco.
MICHEL cae rígido, desvanecido.
ESCENA VI
Los mismos, y MADELEINE. Sale de la habitación de LÉO con LÉO.
YVONNE: ¡Mik! ¡Mik! Se siente mal.
GEORGES: Michel, mirá: Madeleine está acá con vos, al lado tuyo
MADELEINE ayuda a sostener a MICHEL.50
LÉO: Tiene los nervios muy alterados, pero no es nada. Madeleine,
hablale.
MADELEINE: ¡Michel! ¡Michel! Soy yo. ¿Te sentís bien?
MICHEL (Se levanta): Me desvanecí. Qué ridículo. Madeleine, mi
chiquita; perdoname...
La estrecha contra sí. YVONNE se aparta.
MADELEINE: Sentate. Vení.
LÉO: ¡El sillón!...
Aleja el sillón de la mesa del tocador.
GEORGES: Yo lo ayudo.
MICHEL (soltándose) No necesito ayuda. Al contrario, ¡tengo ganas
de saltar, correr, gritar!
MADELEINE: Calmate, Michel. Besame.
MICHEL (la empuja al sillón, se arrodilla a su lado y le besa las
rodillas): Perdoname, mi chiquita, Madeleine querida,
perdoname. ¿Me perdonás?
MADELEINE: ¿Perdonarte yo, mi amor? Yo, que te hice tanto mal...
MICHEL: Soy un imbécil, un animal.
LÉO: Yo en su lugar, hijos míos, no perdería el tiempo en
explicaciones, y volvería a empezar de cero.
Durante la escena precedente YVONNE se ha quedado sola,
contra la pared, entre la puerta del fondo y el ángulo de la
habitación. Se aleja un poco hacia la derecha y mientras ocurre lo
siguiente, vuelve lentamente a su cama y se acuesta.
GEORGES: (Al pie del sillón de MADELEINE. Forman un grupo en el
extremo de la izquierda): Léo tiene razón.
MICHEL: Léo es maravillosa.
GEORGES: Léo es maravillosa. Es cierto.
MADELEINE: Todavía no puedo creer lo que está pasando; que esté
pasando de verdad...
MICHEL: Y yo que quería irme de la ciudad...
MADELEINE: ¿Irte? ¿Adónde?
En ese momento YVONNE se acuesta. No les ha quitado los
ojos de encima.
GEORGES: ¡Sí! Mientras usted esperaba en el cuarto, Michel nos
anunciaba solemnemente, comiendo azúcar, que había
decidido irse a vivir al interior.
LÉO: ¿Y? ¿Seguís decidido, Michel?
MICHEL: No te burles.
GEORGES: No nos quería escuchar. Pero la...
MICHEL: Papá...
LÉO: Georges, no empieces de nuevo.
GEORGES: ¡Me interrumpo!
MADELEINE: Qué buenos que son...
A esta réplica, YVONNE baja de la cama y se desliza en el
cuarto de baño sin ser vista.
LÉO (tomándole las manos a Madeleine): Estás entrando en calor.
MICHEL: ¿Tenías frío?51
MADELEINE: Estaba helada. La sorpresa fue un poco fuerte. Pero
ahora puedo hablar, me estoy acostumbrando. Cuando entré,
no veía nada.
GEORGES: No veía nada porque acá no se ve nada. Mi mujer odia la
luz fuerte, y no se nos ocurrió encender la lámpara...
LÉO (en voz baja): Tu madre...
MICHEL (mira hacia el cuarto vacío): ¿Dónde está?
MADELEINE (se levanta): La habré hecho sentir mal...
GEORGES: ¡Pero qué locura! Si estaba con nosotros hace un
minuto...
LÉO (A MICHEL): Tendrías que haberla ido a abrazar, a ella...
MICHEL: Pero pensé que estaba con nosotros. (Llama) ¡Sophie!
GEORGES: ¡Yvonne!
YVONNE (desde el cuarto de baño): No me perdí, no me perdí. Estoy
acá, dándome la inyección.
MADELEINE (en voz alta): Señora, ¿quiere que la ayude?
YVONNE (en el mismo juego): Gracias, gracias. Estoy acostumbrada
a que me dejen sola.
LÉO: Yvonne no soporta que la ayuden.
Hablan en voz baja.
MADELEINE: Con el tiempo, puede ser que a mí me deje.
MICHEL: Eso sí sería un triunfo.
LÉO (a MADELEINE): Yvonne es muy susceptible, ¿sabés? Michel era
suyo y de nadie más, y de pronto... Bueno; tienen que
prestarle un poquito más de atención a ella...
MADELEINE: Justamente, tenía miedo de haberla hecho sentirse
incómoda.
GEORGES: De ninguna manera. Léo, no presentes a Yvonne como
un erizo.
LÉO: Lo estoy previniendo a Michel; por el bien de la chica. Sería
mejor no poner celosa a Yvonne.
GEORGES: ¡Asustala, ahora!
MICHEL: Dejá, papá. Madeleine entiende perfectamente.
MADELEINE: Sí, entiendo, Michel, pero tengo miedo...
GEORGES: Cuidado...
La puerta del cuarto de baño se abre. YVONNE, de pie en la
sombra, se apoya en el marco. Habla con voz rara.
YVONNE: Ya ve, señorita, cómo me quieren. No puedo dejarlos solos
ni un minuto que ya se asustan. Estaba acá; me estaba
cuidando. (Avanza hacia la cama y allí se deja caer.) Porque
mire que soy una persona mayor... Necesito cuidados
especiales. Sin la insulina, me puedo morir.
LÉO (En voz baja, a MICHEL): Corré a abrazarla.
MADELEINE (lo empuja): Andá.
GEORGES (a YVONNE): ¿Te sentís bien?
YVONNE (con un esfuerzo): S...í.
MICHEL (Suelta a MADELEINE y se acerca a la cama): ¡Sophie!
¿Estás contenta?52
YVONNE: Mucho. (MICHEL quiere besarla) ¡No me empujes!
Querida, tiene suerte si Mik la besa sin empujarla y tirarle del
pelo...
LÉO (golpeando las manos): Michel, tendrías que mostrarle tu
famoso cuarto a Madeleine.
MADELEINE: ¡Mik!... ¿No vas a mostrarme tu cuarto?
MICHEL: ¡Bueno, pero no te vas a poner a ordenar!
MADELEINE: ¡No!
GEORGES: Yo los acompaño.
MICHEL: Sí, hagámosle los honores de la famosa carpa itinerante.
¡Vamos! (Abre la puerta del fondo a la izquierda y se hace a un
lado)... Sophie, te dejamos con la única representante de la cordura.
YVONNE: ¡Mik! ¡Esperen..., quédense!
GEORGES (se abalanza hacia la cama): ¿Que te pasa?... ¡Yvonne!
(YVONNE cae hacia atrás.) ¡Yvonne!...
YVONNE: Tengo miedo.
MICHEL: ¿Miedo de nosotros?
YVONNE: No sé. Tengo miedo. Tengo un miedo terrible. ¡Quédense!
¡Quédense! ¡Georges! ¡Mik! Estoy aterrada.
LÉO: No es el efecto de la insulina. Yvonne tomó otra cosa. (LÉO se
precipita al cuarto de tocador, entra y sale gritando, con un
frasco de pastillas vacío en la mano) ¡Estaba segura! ¿Yvonne,
qué hiciste?
YVONNE: La cabeza me da vueltas, Georges; hice una locura, una
locura espantosa. Tomé...
MICHEL: ¡Sophie! Hablanos.
YVONNE: No puedo. ¡Por favor, sálvenme! ¡Salvame, Mik!
Perdoname, Mik, Mik. Los vi juntos, allá, en el rincón. Y me
pareció que molestaba, que estaba de más...
MICHEL: ¡Mamá!
GEORGES: ¡Dios mío!
YVONNE: Me volví loca. Quería morirme. Pero ya no me quiero
morir. ¡Quiero vivir! ¡Quiero vivir con ustedes! Verlos... felices.
Madeleine, yo la voy a querer mucho. Se lo prometo. ¡Corran!
¡Hagan algo! ¡Quiero vivir! ¡Tengo miedo! ¡Socorro!
MADELEINE: No se queden ahí pasmados.
GEORGES: Michel, no nos volvamos locos. Corré arriba a buscar al
médico. Traelo a la fuerza. Yo voy a llamar a la clínica.
MADELEINE (A MICHEL, atontado): ¡Movete, Michel!
Lo sacude. MICHEL escapa por el fondo, a la derecha. Se oye
golpear una puerta y todo el final del acto irá acompañado de
portazos.
LÉO (a GEORGES): Andá a llamar por teléfono. Yo me quedo.
Georges sale por el fondo a la izquierda.53
ESCENA VII
LÉO, MADELEINE, YVONNE
MADELEINE: Tiene el pulso muy débil..., es regular pero muy débil.
LÉO: Yo sentía algo..., lo sentía.
MADELEINE (Se aparta de la cama): Es mi culpa. Este no es mi
lugar. Tengo que irme.
LÉO: No seas estúpida. Quedate. Michel te va a necesitar, como
Georges me va a necesitar a mí.
Silencio.
YVONNE: Te estoy oyendo, Léo.
LÉO: ¿Qué es lo que estás oyendo?
YVONNE: Te oí. Te olvidaste que te podía oír.
LÉO: ¿Oír qué?
YVONNE: Hacete la inocente... Todos quieren librarse de mí...,
quieren...
LÉO: ¡Yvonne!
YVONNE: (se acerca a ella, le habla al oído) Me envenené, y los voy
a envenenar a todos. ¡Los voy a envenenar, Léo! Los vi..., los
vi ahí, en el rincón, los vi a todos. Querían dejarme de lado,
querían..., querían... ¡Mik! ¡Mik!
LÉO (Se desprende y grita): ¡Georges!
ESCENA VIII
YVONNE, LÉO, MADELEINE, GEORGES, y luego MICHEL
GEORGES (entra por el fondo a la izquierda): Van a mandar un
médico de guardia.
LÉO: Georges, Yvonne está delirando, dice cualquier cosa...
YVONNE: No deliro, Léo. Querían reemplazarme, abandonarme,
dejarme sola. Lo entendí. Voy-a-ha-blar.
GEORGES (besa a YVONNE en los labios): Calmate...
YVONNE: ¿Cuanto años hace que no me besás en la boca? Me besás
para hacerme callar...
GEORGES (intenta hacerla callar acariciándola): Bueno... bueno...
bueno...
YVONNE: Los voy a envenenar. Los voy a denunciar. Le voy a contar
a Mik...
MICHEL (entra con una tromba) No hay nadie. No contestan.
YVONNE: ¡Michel! Escuchame... ¡Escuchame, Michel! No quiero... No
quiero... quiero... quiero que vos sepas...
LÉO (durante los gritos de YVONNE): Michel, tu mamá delira. Llamá
de nuevo a la clínica, ¡que se apuren! Madeleine, querida,
ayudalo. Rápido, rápido.54
Los empuja afuera, por la puerta del fondo a la izquierda,
durante las réplicas siguientes.
ESCENA IX
YVONNE, LÉO, GEORGES
YVONNE: ¡Quédense! ¡Quédense! ¡Se los ordeno! ¡Mik! ¡Mik! ¡Te
están engañando! Te están apartando. Es un pretexto.
¡Mentirosos! ¡No les voy a permitir que salgan ganando!
LÉO: (al pie de la cama, terrible) ¡Yvonne!
YVONNE: Vos, vos armaste todo. Querías mi muerte, querías
quedarte sola con Georges.
GEORGES: Qué horror...
YVONNE: ¡Sí, qué horror! Y yo... yo...
GEORGES: ¿Por qué tarda tanto el médico? Que vaya Michel a
buscarlo en un taxi.
LÉO: Se lo cruzaría en el camino.
GEORGES: ¿Pero qué podemos hacer? ¿Qué podemos hacer?
LÉO: Esperar...
YVONNE (Abriendo los ojos): ¡Mik! ¿Estás ahí? ¿Dónde estás?
GEORGES. Está ahí..., ya viene.
YVONNE (con voz suave): Me voy a portar bien... No quería..., los
veía a todos, en el rincón... Estaba sola, sola en el mundo,
todos se habían olvidado de mí. Quise hacerles un favor. Me
da vueltas la cabeza, Georges, levantame. Gracias... Léo, ¿sos
vos? Y a esa chica... la voy a querer... Quiero vivir. Quiero vivir
con ustedes. Quiero que Mik...
LÉO: Quedate tranquila. Ya llega el médico... Nosotros te cuidamos.
YVONNE (retrocede): ¿Qué? ¡Son ustedes! ¡Ustedes todavía! ¡Vos, y
Georges! Que los detengan. Que me interroguen. ¡Ah! ¡Ah! Se
mueren de miedo. ¡No me toquen! ¡No se acerquen! ¡Que
vengan! ¡Que vengan! ¡Que entren!... ¡Michel! ¡Michel!
¡Socorro! ¡Michel! ¡Michel! ¡Michel! ¡Michel! ¡Michel! ¡Michel!
¡Michel! (lanzando alaridos) ¡Michel! ¡Michel! ¡Michel! ¡Michel!
¡Michel! ¡Michel! ¡Michel! ¡Michel! ¡Mik! ¡Mik! ¡Mik! ¡Mik! ¡Mik!...
Se queda inmóvil...
GEORGES Y LÉO (durante los gritos de Yvonne): Yvonne, por favor.
Acostate. Descansá. No te agotes. Escuchame... Escuchame...,
ayudanos...
Léo ha levantado del suelo una de las almohadas caídas
mientras YVONNE se debate. Quiere levantarle la cabeza, se yergue
lentamente, deja caer la almohada y mira a GEORGES.
Se deja caer, con la cara en las sábanas y chales.55
ESCENA X
YVONNE, LÉO, GEORGES, MADELEINE, MICHEL
MICHEL (Entra con MADELEINE por el fondo) Imposible
comunicarse; voy a bajar...
LÉO: Ya no hay nada que hacer, Michel.
MICHEL: ¿Qué?
Estupefacto avanza hacía la cama.
GEORGES: Mik, mi pobre Mik...
MICHEL: Sophie...
Léo se ha a apartado hasta el extremo de la izquierda.
LÉO: Tu madre murió, Michel.
MICHEL (golpeando con el pie) ¡Callate! No hay madre; Sophie es
una amiga, es mi compinche. (Se precipita hacia el lecho.)
Mamá, decíselo. ¿No me lo repetiste cien veces...? Mamá...
MADELEINE (que se ha quedado petrificada ante este espectáculo):
¡Michel! Estás loco...
MICHEL: ¡Dios! Mamá, deciles. Mamá, decíselos... (se desploma
contra la cama) Deciles...
LÉO: Ahí tienen. Darían cualquier cosa para que Yvonne estuviera
viva... y torturarla después.
MADELEINE aboya su cabeza en la de Mik.
MADELEINE: Michel... Michel. Querido...
MICHEL:
Mamá...
Suena el timbre.
GEORGES: Debe ser el médico; voy a atender.
Inicia mutis a la derecha.
LÉO: Decile que se vaya. Está todo bajo control.
GEORGES y LÉO se miran.
FIN

Entradas populares de este blog

Antígona Furiosa Griselda Gambaro

Los Cuervos están de luto HUGO ARGÜELLES

Dos mujeres de Javier Daulte