EXTRAÑA FÁBULA EMPRESARIAL de Carlos Talancón

 EXTRAÑA FÁBULA EMPRESARIAL


de Carlos Talancón


La oficina de la “Familia”. Hay numerosos diplomas en las paredes. También hay letreros con mensajes como “Todo depende de ti”, “Aquí encontrarás la clave del éxito”, etc. Mr. Stephenson se encuentra en su escritorio revisando unos tests. Viste bata blanca. Entra Huerta, trae consigo una modesta maleta. Mr Stephenson no da muestras de advertirlo. Huerta espera, y se pone a revisar los diplomas. Al cabo de unos momentos, al ver que Mr. Stephenson no reacciona a su llegada, se aventura a hablarle.

Huerta-         Eh... Buenos días…

Mr Stephenson-       (Sin voltearlo a ver, le extiende una tarjeta que Huerta recibe y le da un vistazo superficial. Mr Stephenson, mientras sigue revisando papeles:) Buenos tardes.

Señor Huerta-         (Ve su reloj.) Ah si... buenas tardes, disculpe, ya pasan de las doce de la tarde como usted dice. Cómo no me había dado cuenta caray, venía con tanta prisa que...

Mr Stephenson-      Ya pasan de las doce de la tarde efectivamente. Hay que ser consciente del momento en el que uno se encuentra.

Señor Huerta-         Efectivamente, y créame que tenía el tiempo medido, es sólo que el camión hizo una parada inesperada y por poco se me hace tarde, pero por suerte salí muy a tiempo para venir acá y fíjese que hace cinco minutos que estaba allá afuera esperando a que dieran las tardes, es sólo que no quise entrar porque no quise importunarlo, además la cita era a las doce y yo no… aunque es cierto, debí haber visto el reloj, sí, lo debí haber visto, lo reconozco, pero para ser franco estaba pensando en cosas más importantes, me refiero a...

Mr Stephenson-      ¿Es usted el señor Huerta?

Señor Huerta-         Eso es. A sus órdenes Señor Esteban.

Mr Stephenson-      (Volviendo bruscamente la cabeza.)  ¿Cómo me dijo?

Señor Huerta-         ¿No es usted el señor Esteban?

Mr. Stephenson-     ¿Qué no sabe leer?

Señor Huerta-         Por su puesto. Hace poco tomé un curso de lectura rápida, he llegado a leer más de 1450 palabras por…

Mr. Stephenson-     Entonces dígame qué dice la tarjeta.

Señor Huerta-         (Ve la tarjeta. Lee:) Especialista en valoración humana. Mister… S-t-i-f-e-n…

Mr. Stephenson-     Stephenson. Soy Mister Stephenson. ¿Está claro? No vuelva a llamarme de otra manera.

Señor Huerta-         Ahh, sí, perdone, es que en uno de esos papeles que hay colgados allá decía Esteban y…

Mr. Stephenson-     ¡Dígame Mr. Stephenson! Y esos que están allá afuera no son papeles, señor Huerta. Son diplomas.

Señor Huerta-         Sí. Disculpe señor… (Mr Stephenson le hace una seña para que guarde distancia. Huerta repite la presentación.) Buenos tardes señor Mr. Stephan… (Ve la tarjeta rápidamente.) Ste-fffen-son.

Mr Stephenson-      (Estudiando una hoja de papel.) Buenos días. Viene con la intención de entrar a esta gran familia, ¿verdad?

Señor Huerta-         (Un poco desconcertado:) La verdad es que sí. Sin duda esto es…

Mr. Stephenson-     Bien. (Anota algo en los papeles.) Debo recordarle que sólo la gente que verdaderamente desea escalar las sendas del conocimiento logrará acceder a esta Gran Familia. Nosotros le demostraremos que el éxito depende de la voluntad del sujeto y si usted es poseedor de esa voluntad nosotros le otorgaremos la posibilidad de ser lo que usted siempre ha querido.

Señor Huerta-         Créame que traigo toda la voluntad indispensable para hacerlo, Señor Mr. Stephenson.

Mr. Stephenson-     Muy bien. Eso es lo primero, el asunto de los papeles para nosotros es lo de menos.

Señor Huerta:         Sí… claro… aunque…

Mr. Stephenson:     Empezaremos por someterle a un pequeño test que elaboró un prestigiado profesor de Bratislava con el fin de que nuestros candidatos alcancen el conocimiento de sí mismo. (Termina de escribir y voltea a verlo.) ¿No tiene inconveniente?

Señor Huerta-         Oh, por Dios, no.

Mr Stephenson-      Estupendo. Por favor, tome asiento y espere un momento. (El Señor Huerta se sienta, hay un momento de silencio. Mr Stephenson busca el test.)

Señor Huerta-         (Queriendo evitar el silencio.) Qué frío ha hecho últimamente, ¿verdad señor... (Ve la tarjeta) Mr. Stephenson? (Mr Stephenson no responde, sigue buscando el test.) Cuando venía para acá me agarró un ventarrón que no se imagina, creo que hacía tiempo que no sentía yo un frío así.

Mr Stephenson-      (Sin dejar de revisar sus papeles.) A usted es de clima tropical, por lo que veo.

Señor Huerta-         Bueno… no es para tanto. El calor tampoco es santo de mi devoción, deje le confieso. A decirle verdad, el frío no me molesta (Se quita el abrigo que trae puesto.) A veces hasta creo que se puede trabajar mejor, de hecho en mi oficina anterior a veces hacía un frío tremendo no se imagina, y nunca tuve problemas, me llevaba un suéter y se arreglaba todo, como si nada. No, el calor tropical no es para mí…

Mr. Stephenson-     Le aviso que el calor aquí es incordio.

Señor Huerta-         (Después de una breve pausa:) Sí, ahora que lo dice, creo que usted tiene razón. (Se pone su abrigo que había dejado en el respaldo de su silla.) Hace un poco de frío, es cierto. Digo, no al grado de ser molesto pero un poco de calor no vendría mal, es simplemente eso...

Mr Stephenson-      ¿Es simplemente qué?

Señor Huerta-         Digo, que usted tiene razón en lo que dijo.

Mr. Stephenson-     Señor Huerta, le suplico que si desea conducir a buen fin la extraordinaria aventura de conocerse a sí mismo, no ponga en mi boca palabras que yo no dije. Yo dije que el calor aquí es incordio.

Señor Huerta-         Ah si, disculpe, yo sólo quise decir que en primavera hace un poco de calor y en invierno un poco de frío. (Se quita de nuevo el abrigo.)

Mr Stephenson-      Aquí en particular es una situación fatigante.

Señor Huerta-         ¿Por calor o por el frío?

Mr Stephenson-      ¿Qué?

Señor Huerta-         No, olvídelo, no quise decir nada, sin duda el clima es muy frío en invierno y muy caliente en primavera.

Mr Stephenson-      Dejemos eso. (Saca el test y se sienta.) ¿Se considera una persona con el espíritu del emprendimiento o tiende a dejar que los tomen las decisiones?

Señor Huerta-         No. Son una persona con ese espíritu, el primero que mencionó. Me gusta superarme señor Es… (ve rápidamente la tarjeta.) Stephenson

Mr. Stephenson-     ¿Se siente usted capaz de hacer frente por sí solo a cualquier obstáculo?

Señor Huerta-         Por supuesto.

Mr Stephenson-      ¿Cualquier obstáculo?

Señor Huerta-         Sí, déjeme platicarle que en mi trabajo ante...

Mr Stephenson-      ¿No le importaría afectar a sus compañeros para conseguir lo que usted quiere?

Señor Huerta-         Bueno, ahí ya hablamos de otra cosa, para mí la amistad...

Mr Stephenson-      ¿Amistad?

Señor Huerta-         Sí, amistad.

Mr. Stephenson-     ¿Qué significa para usted la amistad?

Señor Huerta-         Bueno, yo soy una persona muy amigable Señor Mr Stephenson, siempre me gusta sonreírle a la gente y estar abierto a cualquier amistad…

Mr. Stephenson-     ¿Cualquier amistad?

Señor Huerta-         Sí… bueno… no… quiero decir sí pero… no a las malas influencias. Usted me entiende, a veces uno se halla con gente que se hace pasar por una cosa pero en realidad andan en busca de otra cosa, y la verdad yo… (Mr. Stephenson anota algo en el test. Huerta se muere de ganas de ver de qué se trata y, no tan discretamente, comienza a acercar la cabeza.)

Mr. Stephenson-     ¿En busca de otra cosa?, ¿qué tipo de cosas?

Señor Huerta-         ¿Perdóneme?

Mr. Stephenson-     Usted acaba de decirme que hay gente que se hace pasar por una cosa pero en realidad busca otra cosa. Yo le estoy preguntando, ¿qué cosa?

Huerta-         Bueno… puede ser cualquier cosa.

Mr. Stephenson-     Ya veo (Anota algo. Luego busca una hoja específica del test.) ¿Es usted casado?

Señor Fausto-          No… todavía no, lamentablemente. Pero ya pronto señor Mr. Stephenson, ya pronto.

Mr. Stephenson-     ¿Ha tenido problemas de insinceridad con sus anteriores jefes?

Huerta-         ¿Por qué lo pregunta?

Mr. Stephenson-     Es una pregunta más, Huerta.

Huerta-         Sí, perdone. ¿Problemas de insinceridad? No, para nada.

Mr. Stephenson-     (Anota algo.) Ahora dígame. Si un día amaneciera extraviado en una isla desierta, ¿qué se llevaría con usted?

Huerta-         ¿Isla desierta sin nada?

Mr Stephenson-      Sí. Desierta.

Huerta-         Pues... es difícil.

Mr Stephenson-      Responda rápido se lo suplico.

Huerta-         ¿Y sólo puede ser una cosa?

Mr Stephenson-      Sí, elija, apúrese, diga algo.

Huerta-         Sí, sí... disculpe Señor Mr Stephenson (Piensa.) ¿Si tiene un aunque sea un poco de agua para beber, verdad?

Mr. Stephenson-     ¿Qué si tengo agua para beber?

Huerta-         Sí.

Mr. Stephenson-     Sí, puede ser. ¿Quiere acompañarme a la cocina?

Huerta-         ¿Disculpe?

Mr. Stephenson-     ¿Que si quiere venir conmigo a…? ¿O de qué está hablando?

Huerta-         De la isla.

Mr. Stephenson-     ¿Isla?

Huerta-         La isla desierta. Adonde me voy a ir a vivir. ¿O entendía mal la pregunta?

Mr. Stephenson-     Ahhh… ¿Pero entonces por qué…?

Huerta-         ¿Sí?

Mr. Stephenson-     Olvídelo. Retomemos la pregunta. Tiene que responder lo primero que le viene a la mente. Este test sólo funciona con respuestas automáticas, sin pensar, ¿me escucha? No puede detenerse eternidades con cada pregunta que le hago, ¿está claro?, ¿qué se llevaría a una isla desierta?

Huerta-         Sí, sí, mi rosario, me llevaría mi rosario. Disculpe Señor Mr. Stephenson, pero es la verdad. (Mr. Stephenson anota algo.)

Mr. Stephenson-     ¿Qué aficiones tiene?

Huerta-         ¡Sí!

Señor Fausta-         ¿Si qué?

Huerta-         No, disculpe. ¿Se refiere a aficiones de gusto?

Mr. Stephenson-     Sí, aficiones, ¿qué le gusta hacer para distraerse?

Huerta-         Bueno… yo no acostumbro distraerme.

Mr. Stephenson-     A ver, ¿de qué se trata, señor Huerta? Sea honesto, se lo suplico. A todo hombre le gusta distraerse. Además, esta Gran Familia tienen presente algunas distracciones son importantes para rendir, ¿no cree? ¿Qué le gusta hacer a usted para distraerse? Responda rápido, lo primero que le viene a la cabeza.

Huerta-         Ah, claro, a mí me gusta… verá, a veces… simplemente salgo a caminar para relajarme al parque o… Me gustan los lugares donde uno puede aprender.

Mr. Stephenson-     ¿Y qué se puede aprender en un parque?

Huerta-         Bueno… Muchas cosas, a veces uno puede conocer gente o…

Mr. Stephenson-     Ya veo. Le gusta ir a los parques a conocer gente.

Huerta-         Este… no exactamente, yo…

Mr. Stephenson-     Y si tanto desea aprender por qué no gasta su tiempo en algún centro de estudios o en una biblioteca, por ejemplo. ¿Por qué en un parque?, ¿qué tiene de especial un parque?

Huerta-         No, usted tiene razón. Sí, las bibliotecas son un lugar magnífico. Cuando he llegado a ir se siente un ambiente tan tranquilizador…

Mr. Stephenson-     ¿Cuál fue el último libro que leyó?

Huerta-         Ahhh… varios… ahora no recuerdo exactamente, pero…

Mr. Stephenson-     Diga un título que haya leído, rápido.

Huerta-         Ah, sí. Se valen las revistas, ¿verdad?

Mr. Stephenson-     Dígame algún libro que haya leído. El primero que le venga a la mente. ¿O si no a qué va a las bibliotecas?, ¿a conocer gente?

Huerta-         Ohh, no, señor Mr. Stephenson. El libro que leí… el último que leí… La mágica comedia de Shakespeare, sí, ese tuve el privilegio de leerlo.

Mr. Stephenson-     Muy bien. En esta familia valoramos a la gente que le gusta la cultura, Huerta. (Mr. Stephenson vuelve a anotar algo. Huerta, de nuevo, trata de ver, aproximando el cuerpo al escritorio.) ¿Ha tenido problemas en sus anteriores trabajos?

Huerta-         Jamás, yo soy una persona muy tranquila, difícil...

Mr Stephenson-      ¿Ha dicho muy tranquila?

Huerta-         Si, muy tranquila, yo jamás...

Mr Stephenson-      (Revisa una lista con distintos colores que tienen anotaciones.) ¿Qué reacciones tiene ante el índigo?

Huerta-         ¿Ante quién?

Mr Stephenson-      El índigo. Es un color, señor Huerta.

Huerta-         Ah sí, claro.

Mr Stephenson-      ¿Qué es lo que le provoca?

Huerta-         Pues es un color que me gusta.

Mr Stephenson-      ¿Le gusta ese color?

Huerta-         Sí… sí… yo creo que es uno de mis favoritos, me recuerda a una novia que tuve…

Mr. Stephenson-     Ya veo. (Anota algo.) ¿Ha tenido problemas de insinceridad con sus anteriores jefes?

Huerta-         No, jamás, como ya le había dicho siempre me han considerado...

Mr. Stephenson- ¿A la hora de trabajar se ha llegado a sentir falto de energía o ánimo?

Huerta-         No, no, yo siempre intento estar a las vivas.

Mr. Stephenson-     ¿Ha llegado a sentir repentinos ataques de confusión hacia sí mismo, como si no supiera lo que realmente desea?

Huerta-         No, jamás he senti...

Mr Stephenson-      ¿Tiende usted a tener pensamientos negativos hacia usted o a culparse muy severamente?

Huerta-         No.

Mr Stephenson-      ¿Nunca? ¿Ni en situaciones de mucha confusión?

Huerta-         No, siempre intento hacer frente a...

Mr Stephenson-      ¿Se considera una persona honesta?

Huerta-         ¿Lo está preguntando por lo de la Mágica comedia...

Mr Stephenson-      Señor Huerta, es otra pregunta más del test psicológico.

Huerta-         Ah, sí, sí me considero, como ya lo había di...

Mr Stephenson-      ¿Cuál fue la causa de que se saliera de su anterior trabajo?

Huerta-         Quería superarme.

Mr Stephenson-      ¿Cuál fue la verdadera causa de su salida?

Huerta-         Bueno, con todo el respeto, le estoy respondiendo, quería superarme.

Mr Stephenson-      (Anota algo en sus papeles.) Muy bien, me da gusto que sea usted una persona honesta y con ánimo de conocerse a sí misma. (Saca del cajón de su escritorio otros papeles.) Ahora, como usted entenderá, también es necesario medir la resistencia de nuestros futuros empleados. Usted sabe, cuestiones prácticas, de operatividad. ¿Algún inconveniente?

Huerta-         No, pero me gustaría saber…

Mr. Stephenson-     ¿Tiene algún inconveniente?

Huerta-         No, por su puesto que no.

Mr. Stephenson-     Correcto. (Se levanta de su escritorio.) Haga el favor de levantarse (Señor Huerta tarda en reaccionar.) Levántese, póngase de pie.

Huerta-         Ah sí, claro. Disculpe. (Se levanta.)

Mr. Stephenson-     Ahora señor Huerta, ponga atención a lo que le digo. Va a ser una prueba ligera, no se preocupe, sin dolor, no hay dolor. Cierre los ojos. Sí, muy bien, lo está haciendo muy bien. Ahora, respire hondo, eso es, más hondo, relájese ¡Relájese! (Breve pausa.) Señor Huerta, no tenga miedo, simplemente respire y relájese. Eso es, más, respire más profundo y relájese. Muy bien, ahora va a elevar sus brazos a sus costados de tal manera que formen una recta de ciento ochenta grados, es decir que cada brazo quede perpendicularmente a su tronco. (Señor Huerta se confunde no sabiendo cómo colocar sus brazos.) No señor Huerta, me da la impresión de que usted no quiere cooperar. Es así (Mr. Stephenson se acerca por detrás y le coloca los brazos.) Muy bien, permanezca en esa posición

Huerta-         Disculpe Señor Mr Stephenson, yo…

Mr Stephenson-      Señor Huerta, no se puede hablar en esta prueba. No lo digo por mí, lo digo por usted. Todo es para ayudarlo, señor Huerta. Comprenda, tanto usted como yo queremos que sea parte de esta Gran Familia ¿no es así, señor Huerta? (El señor Huerta hace una mueca.) Eso es, ahora permanezca en silencio. (Mr. Mr Stephenson lo examina. Silencio.) Respire, eso es, respire profundo, sí, más, respire más, sí, más, respire y exhale, eso es, exhale y respire, sí, respire y exhale, aja, exhale más, exhale hasta que sienta que sus pulmones quedan sin oxígeno, más, siempre un poco más, recuerde eso señor Huerta, así, más, sí. Ahora tense, tense, sus muñecas, sí, sus brazos, eso es, sus hombros, sí, más, tense, su torax, su pelvis, su cuello, sus muslos, sus pies, eso es, ahora concéntrese, respire y concéntrese. (Silencio.) Muy bien, ahora va a imaginar una reunión de trabajo en la que el jefe lo va a despedir frente a sus compañeros porque ha descubierto alguna falla en usted, ¿cómo reaccionaría? No hable, tan sólo imagínelo, imagínelo con precisión, imagínelo hasta que lo viva. Ahora imagine esa misma reunión pero el jefe, en lugar de correrlo, va a hacer pública su falla. Sí me va siguiendo ¿verdad, señor Huerta? Bien. (Anota algo y toma otros papeles.) Ahora imagínese en un cuarto absolutamente cerrado en el que hay un incendio. Muy bien, ahora imagine que en ese incendio están su jefe y sus compañeros, ¿qué haría, señor Huerta? (Pausa.) Eso es. Ahora relájese, ponga su mente en blanco, relájese, recuerde que es tan sólo una pequeña prueba psicológica, casi un juego. (El Mr. Stephenson saca otra hoja de pruebas y comienza a darle pequeños golpes en el pecho al Señor Huerta que van aumentando.) Resista, resista, resista… (El Señor Huerta no resiste y se derrumba, el señor Mr. Stephenson regresa a su escritorio.) Señor Huerta, padece usted de ansiedad, ¿lo sabía? La ansiedad es un sentimiento que destruye, ¿lo sabe señor Huerta? Destruye sus nervios y hay que controlar la ansiedad porque aumenta, aumenta, aumenta hasta que ¡Púas! Un día estalla y...  Ja ja, lo mejor es controlarla ¡No hay nada a qué temer! ¡Todo es cuestión de actitud! Todo está en la mente, Huerta. A ellos les gusta la gente sin miedo, con fortaleza. (Regresa al escritorio y hace unas anotaciones. Huerta abre ligeramente un ojo, luego vuelve a cerrarlo. Silencio.)

Huerta-         ¿Ya puedo abrirlos, verdad? (Silencio. Luego de un rato abre los ojos.) Señor Mr Stephenson... (Silencio. Mr. Stephenson sigue escribiendo sin voltearlo a ver.) ¿Podría decirme mi diagnóstico? (Silencio.) ¿O al menos cuándo puedo venir por el resultado? (Mr. Stephenson sigue anotando, Huerta se acerca y trata de ver.)

Mr. Stephenson-     Guarde distancia, se lo suplico.

Huerta-         Sí, sí… (Se aleja.) Sí, a veces soy una persona un poco ansiosa, pero nada más. Y ya lo estoy resolviendo. A veces mi madre me decía… estate quieto, y entonces yo… Pero sólo es cosa de ansiedad, no vaya a creerse otra cosa. Lo del parque… (Mr. Stephenson se levanta de su escritorio y sale.) ¡Señor Mr Stephenson!  (Huerta permanece un momento ahí, sin saber qué hacer. Después de un momento vuelve a entrar el Mr Stephenson, trae un aspecto meramente formal.)

Mr Stephenson-      Es un honor para la familia tratar con gente como usted a pesar de los errores básicos que se hayan podido presentar. Permítame informarle que no ser recibido en esta gran familia no significa del todo una derrota, tenga por seguro que siempre habrá lugares donde podrá ser aceptado. Desafortunadamente la entrada a esta gran familia tiene que pasar por previos filtros, sin embargo fue un placer su muy breve estancia y la familia considera y admira el valor de gente como usted. Independientemente del resultado esta familia confía en que usted podrá seguir caminando por los senderos del hombre de bien siempre en busca de la superación y el conocimiento (Pausa.) Mucho gusto señor Señor Huerta, cualquier cosa nosotros nos comunicamos con usted.

Huerta-         Pero señor Mr Stephenson.

Mr Stephenson-      ¿Si?

Huerta-         No podría decirme si...

Mr Stephenson-      Cualquier cosa nosotros nos comunicamos con usted. (Sale.)

II

Sala de espera. Entra Huerta. Se oyen murmullos inciertos, como si hubiera gente discutiendo en alguna sala contigua que no está  al alcance de la vista.

Huerta-         ¿Señor Mr. Stephenson? (Los murmullos disminuyen, como si se silenciaran los unos a los otros.) Soy Huerta, el que padece de ansiedad, ¿me recuerda? (Silencio.) Me han enviado nuevamente con usted (pausa.) Quiero ver si he sido aceptado en esta familia. (Aumenta el sonido de los murmullos. Por un momento Huerta duda en intervenir, pero finalmente se atreve:) Quiero decirle que he trabajado mi… ansiedad. Después de lo que me advirtió me di cuenta de lo que realmente significaba y estoy en proceso de curación. (Algunas risas ahogadas.) Le agradezco sinceramente su orientación, creo que me ha sido de gran utilidad. Seré un hombre nuevo, señor Mr. Stephenson. De hecho, creo que ya estoy…

Voz de Mr. Stephenson-    ¿Huerta? ¿Es de nuevo usted, Huerta?

Huerta-         Sí, sí, soy yo. El que padece de ansiedad. Pero señor Mr. Stephenson, quiero que sepa que he estado...

Voz de Mr. Stephenson-    ¡Ah Huerta! Es un hombre afortunado. Tiene la suerte a su favor.

Huerta-         (Sorprendido.) ¿De veras lo cree, señor Mr…?

Voz de Mr. Stephenson-    No es que yo lo crea. Son ellos (Se oyen  murmullos.) Ahora mismo están resolviendo su caso y las estadísticas comienzan a inclinarse en su favor.

Huerta-         Ahh, señor Mr. Stephenson, me hace sentir un hombre afortunado, nunca imaginé que...

Voz de Mr. Stephenson- Lo es Huerta, lo es. (Murmullos.) Claro que… ha salido alguna cosilla que… (Rumores que denotan desaprobación.) Hay algo que no les está agradado del todo. (Breve pausa.) Espero que me entienda ¿verdad, Huerta?

Huerta-         Qué mal. Pero… sí… creo entenderlo. (Pausa.) ¿Se refiere a…?

Voz de Mr.  Stephenson-   Nada de demasiada importancia. Sólo una pequeña mancha negra. Pero no se preocupe, Huerta. Con todo y eso los números vuelven a hablar a su favor. (Sonido de voces.) Han  pronosticado en usted una persona fácilmente... accesible. Bueno, usted entiende, accesible a pesar de…  Huerta, si no hubiera sido por ese pequeño detalle... (Otra vez rumores de censura.) Sería muy triste que sólo por eso…

Huerta-         Señor Mister Stephenson, dígales que fue un error mío, y que lo lamento de todo corazón. Pero… ¿podría decirme de qué se trata?

Voz de Mr. Stephenson-    ¡Huerta! ¡Huerta! Si usted lo sabe mejor que yo.

Huerta-         ¡No…! ¡Sí, es un defecto, lo reconozco! Pero es que estaba un poco nervioso y… (Se escuchan murmullos que sugieren indignación.) Claro que no me estoy justificando, no. Es mi culpa, lo sé, créame que lo sé, pero espero que no se esté refiriendo a…

Voz de Mr. Stephenson-     (Pausa.) Es una tarea difícil engañar a un detector de mentiras.

Huerta-         ¡El test tenía un detector de…!

Voz de Mr. Stephenson-    Exacto, Huerta.

Huerta-         ¡Ahh! Me avergüenzo tanto. (Pensando vertiginosamente.) Ohh, señor Mr. Stephenson, créame que no fue mi intención mentir con lo de la Divinidad Cómica del Duque de (Pronunciando como si acabara de memorizar cuidadosamente el nombre:) A-LI-LLE-REI.

Voz de Mr. Stephenson- No se haga el tonto, Huerta. Nos referimos a otra cosa y usted sabe muy bien qué es.

Huerta-         ¿Otra cosa? Pero, señor Mr. Stephenson, créame que… ¿no les estará mintiendo el detector de mentiras?

Voz de Mr. Stephenson-    La culpa siempre la tienen otros, ¿verdad? Tenga el valor de enfrentar las cosas. La responsabilidad es un valor importante, más si pretende acceder a esta Gran Familia, que es lo que usted y yo deseamos.

Huerta-         Sí, en eso tiene usted razón. A veces puedo ser un hombre tan…

            (Se oyen las voces que hablan confusamente entre sí. Se escucha el golpe de un martillo sobre una mesa, seguido de un silbato y una chicharra y un trompetín como de payaso y finalmente un abrupto silencio. Entra Mr. Stephenson. Está extrañamente vestido. Ahora, más bien, parece un estrambótico abogado.)

Mr. Stephenson-     Pero quite esa cara. Parece que está en un estado de mortificación, ¿no que había estado trabajando su ansiedad? No se angustie de esa manera, le va a hacer daño. Todo en este mundo tiene una solución, y tenga confianza en que esta Familia no va a dejarlo solo. Ellos, a pesar del enorme disgusto que les ha dado usted ya sabe qué, han tomado la decisión de ayudarlo. Recuerde que hay dos tipos de hombres, quienes estamos dispuestos a hacer frente de nosotros mismos y quienes prefieren echar la culpa de su persona a los demás.

Huerta-         Dígales que yo soy de esos.

Mr. Stephenson-     Ellos lo saben, y confían en que usted podrá hacer frente a toda su serie de múltiples defectos empezando por… ya sabe usted por qué.

Huerta-         Bueno… sí, pero no me lo tome a mal, aún así me gustaría saber exactamente qué es eso que…

Mr. Stephenson-     Está bromeando, ¿verdad, Huerta? No me va a hacer pasar el mal trago de hablar de eso ahora. Pero ya deje de angustiarse tanto. Lo único que tendrá que hacer es atreverse a tomar las herramientas que esta compañía va a ofrecerle. Supongo que no tendría ningún inconveniente en tomar el magnífico curso que nos hace el honor de ofrecer nuestro queridísimo profesor de Bratislavia, el doctor Toroshka. Es la única condición que ellos han puesto.

Huerta-         Ehhh… Sí, claro. Sólo me gustaría saber…

Mr. Stephenson-     ¿Sí tiene inconveniente?

Huerta-         Sí… quiero decir no, es sólo que…

Mr. Stephenson-     ¿No tiene ningún inconveniente?

Huerta-         No, claro que no, pero créame que…

Mr. Stephenson-     Excelente. Ya puede irse sintiendo parte de esta Gran familia. (Intercambio de miradas.)

Huerta-         Eso quiere decir que… (Mr. Stephenson hace un gesto afirmativo con la cabeza.)  Si usted supiera cómo me siento. Esto va más allá de lo que alguna vez pude imaginar. Le confieso Señor Mr. Stephenson que al salir de la entrevista pensé que ya era un hombre perdido. Me dije a mí mismo: Huerta, lo hiciste mal, de nuevo lo hiciste mal, él no era un hombre con malas intenciones y tú…

Mr. Stephenson- (De su saco, con un gesto que podría recordar al de un mago sacando un conejo de su sombrero, extrae un largo pliego de papel con líneas y líneas de letras diminutas. Señala el final de aquella larga hoja.) Firme aquí.

Huerta-         ¿Cómo? ¿Así nomás?

Mr. Stephenson-     ¿Qué es eso de así na’más? Usted ya ha sido aceptado, Huerta. Y permítame hacer de su conocimiento que como miembro de esta Gran Familia tiene derechos.

Huerta-         Ahhh.… gracias…. ¿puedo leerlo, verdad?

Mr. Stephenson-     Faltaba más. Sólo le pido que tome en cuenta que yo soy un hombre de múltiples ocupaciones.

Huerta-         No se preocupe, señor Mr. Stephenson. Le recuerdo que en mi curso de lectura rápida alcancé a leer…

Mr. Stephenson-     Le suplico que no disponga de mi tiempo.

Huerta-         Sí, perdone señor Mr. Stephenson. (Huerta toma aquel pergamino. Trata de leer a un ritmo frenético, pero al poco se da cuenta que no entiende nada y tiene que releer. Luego, consciente de que se está tomando mucho tiempo, se apresura aún más, lo que ocasiona que entienda menos. Mr. Stephenson, mientras tanto, hace todo tipo de movimientos y ruidos que dejan ver su exasperación, como tamborilear los dedos sobre el escritorio, toser, etc. Finalmente Huerta se dirige al final de la hoja y se dispone a firmar pero algo que lee en el contrato lo detiene.) ¿Y esto?

Mr. Stephenson-     (Acercándose y viendo la extensa hoja.) Ese es usted. (Pausa.) ¿Sí lo ve? Es usted, observe bien. (Huerta observa, desconcertado, acercándose la hoja.)

Huerta-         Sí, soy yo… debo ser yo, sí. ¿Pero… todos estos fueron aceptados?

Mr. Stephenson-     Huerta, esa pregunta habla muy mal de usted.

Huerta-         Es que yo creía que…

Mr. Stephenson-     Y ha creído bien: no cualquiera logra acceder a esta familia. Pero no deje de tomar en cuenta que esta familia crece con vertiginosidad, se expande cruzando mares y océanos, ha llegado a cruzar desiertos enteros… acabamos de abrir una sucursal en Bratislavia, ¿sabe dónde está Bratislavia?

Huerta-         Pues… sí… quiero decir que me suena.

Mr. Stephenson-     La misión de esta familia es dar la luz en estos tiempos de oscuridad, llegar a los corazones de todas las personas, unir a la humanidad en un canto unísono de alegría y entusiasmo, hacer de cada hombre y mujer una parte integral de la Gran familia y… ¿por qué le estaba diciendo todo esto?

Huerta-         Muchos son aceptados, por lo que veo.

Mr. Stephenson-     Solo los mejores Huerta son absorbidos por esta Familia. Usted no tiene idea del gran privilegio que es estar aquí. ¿Qué se cree? Siéntase afortunado, porque usted es afortunado. (Se da cuenta que aún no ha firmado.) Vamos, no desconfíe de su futuro hogar. Le vamos a dar una copia que usted podrá revisar sin la necesidad de esforzar tanto su vista. No va a hacer nada que usted no haya decidido. Porque usted es un hombre con el poder de decisión, ¿me oye?

Huerta-         Sí.

Mr. Stephenson- Eso es. Grítelo.

Huerta-         ¿Qué?

Mr. Stephenson- Que usted es un hombre con poder de decisión. Grítelo. Vamos.
Huerta-         Pero…

Mr. Stephenson-     No lo dude, Huerta. Grítelo, grítelo, usted es un hombre con poder decisión, usted es un hombre con poder de decisión, usted es un hombre con poder de…

Huerta-         ¡Soy un hombre con poder de decisión!

Mr. Stephenson-     Muy bien. Eso es. Ahora firme aquí y concluya.

Huerta-         Sí. Disculpe. (Huerta busca una pluma, pero no trae consigo. Mr. Stephenson le presta la suya.)
           
Mr. Stephenson-     Bienvenido. Acaba de demostrar que es hombre con voluntad, apto para caminar por los frondosos senderos del éxito. Déjeme darle un abrazo. (Mr. Stephenson se acerca. Huerta le extiende la mano tratando de evitar el abrazo pero Mr. Stephenson de cualquier forma se lo da.
De pronto, baja un lustroso traje de las alturas. Un cono de luz apunta hacia él.)

Mr. Stephenson-     Ahora dígame algo. ¿Qué ve ahí?

Huerta-         Un traje.

Mr. Stephenson-     No sólo es un traje, Huerta. Es lo que hay detrás. (Huerta trata de ver hacia atrás del traje.) Por su puesto estoy hablando metafóricamente. Usted ha tomado la decisión de entrar a esta Gran Familia. Sin duda una decisión que sólo puedo haber tomado un hombre que desea ir más allá de sí mismo. Pero debe aprender algo: una gran decisión nunca viene sola, una gran decisión arrastra consigo un séquito de pequeñas, mínimas decisiones. Es el basto conjunto de esas diminutas decisiones lo que hará al hombre emprendedor seguir escalando esta vasta pirámide. Recuerde esto. Un hombre como usted no puede verse de cualquier manera. Lamentablemente cada uno de nosotros es también una imagen. Y no es que tenga nada en contra de sus gustos… de sus gustos para vestir, me refiero. Pero… usted compra su ropa en Woolworth, ¿verdad?

Huerta-         Este… bueno… en realidad…

Mr. Stephenson-     El porte de nuestros socios es importante, Huerta. Tiene que proyectar al mundo prestigio, seguridad, poder, sentir las miradas de respeto y admiración. Y esas no va a encontrarlas portando esos trapos que trae, Huerta. Un hombre de esta familia no puede permitir cargar sobre sí miradas de lástima. Es el temor el que debemos engendrar, el prestigio, la clase… el temor. El temor de los otros es básico para sobrevivir. Puede sonar drástico. Pero es así. Recuerde lo que le digo. Sí, esto no es un sueño. Ahora sólo es cosa de realmente desearlo y… demostrarlo. Demuéstrenos que usted es capaz de cambiar su imagen.

Huerta-         Le aseguro que lo voy a demostrar con mi actitud, señor Mr…

Mr. Stephenson-     No, no, no, usted no me entiende. ¿Qué es eso de “lo voy a demostrar.” Recuerde esto: el pájaro de las oportunidades sólo deja atraparse una vez, y esa vez es ahora. El futuro no existe, ni ha existido ni existirá. Así que lo instigo a demostrarlo ahora.

Huerta-         ¿Ahorita mismo?

Mr. Stephenson-     ¿Va a dejar escapar al pájaro de las oportunidades?

Huerta-         Ni Dios lo quiera. (Huerta, en un afán un tanto desesperado por hacer una demostración, comienza a moverse ostentosamente.) Desde este momento, señor Mr. Stephenson, la gente podrá ver al hombre triunfador y poderoso que siempre he traído dentro; desde ahora podré mostrarles quién soy en verdad. Porque ya no soy más ese hombre tímido, ya no soy ese… ¡ahhhh! Mis hermanos, mi madre, los demás… Desde ahora van a saber que yo soy alguien, van a conocer quién soy, van a verme con respeto, porque yo soy alguien inteligente, con dignidad, que puedo hacer las cosas, que puede triunfar, que… que… (Pausa.) ¿Así está bien?

Mr. Stephenson-     (Aplaude.) Excelente, me ha demostrado que es usted un hombre nuevo, y como el nuevo socio que es, ese traje se lo dejaremos en el extraordinario precio, sólo por tratarse de usted, de dos mil pesos.

Huerta-         ¿Dos mil…? No entiendo a qué se refiere.

Mr. Stephenson- Por su puesto que entiende, Huerta. Uno debe aprender que lo más importante en esta vida no es gratis. Nosotros lo estamos ayudando, ese traje, ¿sabe lo que costaría allá afuera? Nosotros lo ayudamos, Huerta, y si no es capaz ni siquiera de…

Huerta-         ¿Me está diciendo que tengo que comprar ese traje?

Mr. Stephenson- No tiene porque tomarlo así. Debe cambiar su manera de pensar. ¿Va a querer llegar aquí con su ropa de Woolworth? Usted considérelo. Sólo tome en cuenta que son decisiones. Sea consciente de que apenas está en la base de esta gran pirámide. Un hombre como usted debe verse como un inversionista. Deje que pasen unas semanas y verá cuán insignificativos serán esos dos mil pesos. Habrá mucho más. Nuestra intención es ayudarlo, pero también necesitamos que usted nos ayude a que nosotros lo ayudemos, ¿me entiende?

Huerta-         Pero yo creía que…

Mr. Stephenson-     ¡Nosotros no lo vamos a obligar a nada! Pero recuerde que la primera impresión lo es todo, recuerde estas palabras. Además, déjeme confesarle algo. Como un amigo. Porque usted es un amigo para mí, ¿sabe? Mire, ellos lo aceptaron, es cierto, pero recuerde que hay algo pendiente. No quiero entrar en detalles ahora. Pero ellos lo aceptaron con ciertas condiciones. Así que… bueno, a ellos les gustará ver su sentido de compromiso, ¿me entiende?

Señor Huerta-         Pero señor Mr. Stephenson, créame que estoy dispuesto a darlo todo, pero lo que pasa es que yo no tengo esos dos mil pesos….

Mr. Stephenson-     No se angustie. Podemos comenzar con los quinientos pesos que trae en el bolsillo posterior de su pantalón. No tiene que darlo todo ahora, faltaba más. (Pausa.) Vamos, véalo como una inversión, como un acto simbólico.

Huerta-         ¿Y ese acto simbólico no podría ser un poco menos?

Mr. Stephenson- Huerta, de veras que usted, Huerta. Escuche lo que le voy a decir: todo en este mundo es actitud. Lo que hace que este planeta se siga moviendo es la actitud. Si usted quiere ser la persona que espera que todo le caiga de la nada, ése es un tipo de actitud. Otra muy distinta es la del hombre que sabe encontrar el valor de lo grande, ésa es la mentalidad del hombre nuevo, del hombre que usted está en camino de conquistar. Pero si usted le da tan poco valor a quien va a rescatarlo de su vil y mediocre vida… Perdóneme los términos, tan sólo quiero hablar con la verdad. (Pausa.) Vamos, quítese ese trapo que trae puesto. (Pausa.) Con confianza, Huerta. ¿Qué le está pasando? Recuerde que no lo estamos obligando a nada. Usted aquí es un hombre libre. (Pausa.) Quítese ese trapo que trae puesto.

Huerta-         Primero déjeme preguntarle si…

Mr. Stephenson-     No puede pasarse toda la vida preguntando, Huerta. El hombre que triunfa siempre sabe actuar en el momento adecuado. (Mr. Stephenson se acerca a Huerta. Éste se quita el traje y se acerca a Huerta.) Vamos, deje que yo le ponga el traje.

Huerta-         No es necesario…

Mr. Stephenson-     Yo quiero ponerle el traje.  (Le pone el traje y se lo ajusta.) Bienvenido. Ha usted subido el primer peldaño de esta enorme pirámide. Puede tener la confianza de que pocos sujetos tan inteligentes y emprendedores han tenido el privilegio de ser parte de esta Gran Familia. (Mr. Stephenson sale de la luz lentamente; su voz se sigue escuchando a pesar de que su figura se desvanece.) Ellos deben estar ahora muy satisfechos con usted. Desde este momento sus sueños han comenzado a convertirse en verdad. Dentro de poco la gente comenzará a murmurar: “¿Recuerdas el hombre gris e insignificante que era?” “Sí, y ahora míralo, es difícil sostenerle la mirada.” “Todos queremos ser uno de ellos”, “Ese traje no es de cualquiera, ¿ves el traje que trae puesto?”, “Si antes hubiéramos sabido quién era, ahora tal vez podríamos…”

Huerta-         Por favor dígales que les di todo lo que yo traía.

Oscuro.
III

Huerta se encuentra solo ante un escritorio, en posición de jefe. Tiene el traje puesto. Se divierte con un juego electrónico. 

Huerta-         (Viendo a la pantalla del juego electrónico.) Asquerosos. (Hace gestos de vencedor ante algo que sucede en la pantalla.) Malditos asquerosos.

Voz de Mr. Stephenson-    ¡Huerta!

Huerta-         (Nervioso, tomando repentinamente una actitud sumisa.) ¿Sí, señor Mr. Stephenson?

            (Entra Mr. Stephenson.)

Mr. Stephenson-     Veo que está usted alegre.

Huerta-         ¡No!, no era mi intención.

Mr. Stephenson-     Está bien. Nada hay de malo en disfrutar los privilegios que otorga esta Familia.

Huerta-         Tengo que reconocer que…

Mr. Stephenson- No necesita reconocer nada. Ellos están encantados con usted. Apenas ayer que hablamos me dijeron que a pesar de las formalidades que faltan por resolver ellos ya lo consideran un socio más.

Huerta-         Ahh, señor Mr. Stephenson, es un honor eso que usted me hace el favor de informarme. ¿Les dijo que los quinientos pesos era todo lo que yo traía?

Mr. Stephenson-     No fue necesario. Ellos lo saben todo muy bien. Tenga confianza en que valoraron el esfuerzo que usted hizo. (Le quita una pelusa en su traje.) El traje le queda estupendamente.

Huerta-         Cuando me vi en el espejo supe que era otro hombre.

Mr. Stephenson-     Lo felicito. ¿Quiere café?

Huerta--        Gracias, así estoy bien.

Mr. Stephenson-     No sea tímido. En esta familia acostumbramos a tomar café. Sobre todo los miembros destacados debemos tener la neurona siempre alerta. (Le sirve café en un vaso de unicel.)

Huerta-         Gracias. (Mr. Stephenson le da el café.) Los tiempos desalicientes han quedado atrás.

Mr. Stephenson-     Me alegro.

Huerta-         A lavar las anclas, señor Mr. Stephenson. No más envaraderos conmigo.

Mr. Stephenson-     El curso de nuestro querido doctor Toroshka le ha funcionado, ¿verdad, Huerta? Noto una muy significativa mejora en su lenguaje. Ese es un buen síntoma.

Huerta-         Nada, nada, sólo cultivándome un poco.

Mr. Stephenson-     El diccionario es un alevoso amigo. Deje le sirvo un poco más. (Le sirve más café.) Por cierto, debo informarle que…

Huerta-         Ahora que el profesor Toscova nos ha hecho leer el breviario de esta familia me doy cuenta de cómo la gente puede pasarse toda la vida así, en la nada, sin ninguna meta ni propósito de ningún tipo. Yo ya he cambiado mi actitud, porque todo es cosa de tener la actitud hacia arriba, justo como usted me decía, sin autolamentaciones, yo ya no voy a autolamentarme de nada… 

Mr. Stephenson-     No hay duda de que usted ya es miembro de una nueva familia. Pero permítame informarle algo: ellos ya han resuelto lo concerniente a sus permisos laborales como persona física. Sin embargo…

Huerta-         Gracias, señor Mr. Stephenson. Esto es como… como si de pronto lo imposible se volviera posible y…

Mr. Stephenson-     Sin embargo algo pasó y…

Huerta:         Nada grave, me supongo. Tanta suerte y tan de repente ya se me empezaba a hacer sospechosa. Estoy dispuesto a consumar mis responsabilidades. Dígame qué es lo que tengo que hacer.

Mr. Stephenson-     Me da gusto que esté dispuesto a a-s-u-m-i-r las consecuencias de sus acciones. Pero le suplico que me deje hablar.

Huerta-         Disculpe señor Mr. Stephenson, es sólo que es tanta mi alegría. Es como si de pronto… como si de un día a otro… como estar ciego y de repente… Usted me entiende, ¿verdad? Apenas ayer en el curso nos hablaron de tanto… ufff. De pronto uno se da cuenta que hay tantas cosas ahí afuera, tantos libros, tanto por hacer, tanto… para que luego uno…

Mr. Stephenson-     Es verdad, olvidaba que usted es un asiduo lector. Pero permítame…

Huerta-         Bueno, señor Mr. Stephenson, tengo que confesarlo que antes no leía lo que se dice mucho. Pero ahora he cambiado y…

Mr. Stephenson-     ¡Por favor cállese y déjeme hablar! (Huerta se queda impávido.) Entienda que entre socios a veces acostumbramos a hablar directamente. ¿Más café?

Huerta-         Se lo agradezco, pero aún no me lo he terminado…

Mr. Stephenson-     ¿Y de qué se preocupa? Ese café ya debe estar frío. (Tira el restante de café en la basura y luego vuelve a llenar el vaso.) Como le iba diciendo, ellos ya se han hecho cargo de su persona física, pero desafortunadamente hubo algunas complicaciones con su persona moral.

Huerta-         ¿Con quién?

Mr. Stephenson-     Su persona moral. Todos los socios de esta familia poseemos una.

Huerta-         ¿También yo?

Mr. Stephenson-     ¿Tengo que repetirle que ellos lo consideran un socio más?

Huerta-         Gracias, señor Mr. Stephenson. ¿Qué problema hubo con esa persona?

Mr. Stephenson-     Lamentablemente la compañía no pudo hacerse cargo de asumir ese trámite. Usted entiende: no pueden abarcarlo todo, aunque lo quisieran. Debe tomar en cuenta todos los servicios que ya le hacemos posibles. Las pequeñas cosas del día a día, uno cree que vienen por sí solas pero siempre hay alguien atrás. El café, por darle cualquier ejemplo, es un gasto que asume generosamente esta familia.

Huerta-         Si hace falta yo puedo traer mi propio café.

Mr. Stephenson-     ¿Y dónde lo va a comprar, en Woolworth? (Breve pausa.) No se trata de eso. De cualquier forma ellos van a seguir proporcionando ese servicio. Además, ¿cómo cree que ellos van a tratar de esa manera a un cliente? (Breve pausa. Lo palmea en el hombro.)

Huerta-         Estoy dispuesto a cooperar con la persona moral en lo que sea necesario.

Mr. Stephenson-     ¿Lo que sea necesario?

Huerta-         Bueno, me refiero a la medida de mis posibilidades.

Mr. Stephenson-     ¿La medida de sus posibilidades?

Huerta-         Quiero decir…

Mr. Stephenson- Comprendo lo que quiere decir. Espero que el espectro de sus posibilidades sea amplio, Huerta.

Huerta-         Y podría hacerse cada vez más amplio, señor mister Stephenson.

Mr. Stephenson- Vaya. En verdad que me admira su capacidad de entusiasmo. ¿Aunque si le dijera que también ha habido problemas con el permiso para el uso sanitario y…? (Silencio.)

Huerta-         ¿Sí, señor Mr. Stephenson?

Mr. Stephenson-     ¿Se ha fijado que hay nuevas minitoallas cada que usted entra a hacer sus necesidades básicas? (Breve pausa.) No se había dado cuenta de eso, ¿verdad?

Huerta-         Las minitoallas… Sí… creo que sí. Aunque, con el debido respeto, la otra vez que entré no había papel ni para limpiarse.

Mr. Stephenson-     (Ríe.) No es necesario que sea tan explícito. Lamentablemente no podemos hacernos cargo de todo. Ya bastante hemos hecho por usted. Dígame algo, ¿usted confía en mí como un amigo?

Huerta-         Sí… claro.

Mr. Stephenson-     Muy bien. Quiero que sepa que nosotros estamos dispuestos a realizar el trámite de su persona moral.

Huerta-         Gracias señor Mr. Stephenson, yo sabía que…

Mr. Stephenson-     Lamentablemente nada es gratuito, Huerta.

Huerta-         ¡No me diga que voy a tener que dar más dinero!

Mr. Stephenson-     Huerta, por qué insiste en pensar de esa manera. Yo no he mencionado esa palabra.

Huerta-         Perdóneme. Es sólo que… no quiero autolamentarme señor Mr. Stephenson, pero entiéndame. Ni siquiera he terminado de pagar este traje y…

Mr. Stephenson-     Y ya se está volviendo todo un ejecutivo. Ha dejado de ser cualquiera para aprender a caminar por las sagradas rutas del hombre empoderado.

Huerta-         Sí, lo sé, lo que pasa es que… yo no tengo mucho dinero y… ¿no puede hablar yo directamente con la persona moral?

Mr. Stephenson-     Por su puesto que está en su derecho de hacer el trámite por usted mismo. Pero de una vez le advierto que la persona moral tiene sus costos. Nosotros podríamos ahorrarle bastante dinero y bastantes idas y venidas. Pero recuerde que usted aquí es un hombre libre.

Huerta-         Lo que sigo sin entender es por qué yo tengo que pagar los trámites de esa persona.

Mr. Stephenson-     Ya deje de auto compadecerse. Le repito que está en su derecho de hacerse cargo usted mismo de su persona moral. Sólo le pido que tome en cuenta todo lo que esta familia ha hecho por usted, ¿y usted qué ha hecho por nosotros?, ¿a cuántos nuevos individuos ha traído a esta familia?

Huerta-         Estoy tratando de convencer…

Mr. Stephenson-     Que trate no nos sirve de nada. Esta familia quiere hechos, quiere más gente a la que poder ayudar. (Tomándolo del hombro.) Vamos, le suplico que entre en razón. Confíe en mí como un amigo. Vea todo lo que ya ha conseguido, ¿y cuánto tiempo lleva usted con nosotros? Ese curso, por ejemplo, ¿sabe el valor de ese curso? El profesor Toroshka no es cualquier profesor, lo hemos traído desde Bratislavia. Piense en todos los gastos que hay detrás, el avión, el hotel… El profesor Toroshka no va a quedarse en cualquier hotel ¡Y las comidas! El profesor tiene hábitos alimenticios muy especiales. Ya ha escuchado algo de sus ideas sobre la alimentación, supongo. Y casi todo eso lo ha cubierto esta familia, lo que usted tendrá que pagar por ese curso será prácticamente nada para lo invaluable…           

Huerta-         ¡Qué! ¿También voy a tener que pagar ese curso?

Mr. Stephenson-     Ay, Huerta, debería escucharse hablar. Por lo visto usted aún está lejos de tener un espíritu de a de veras. Nosotros lo estamos dejando sumergirse en el río completo del saber humano, ese río que floreció desde milenios y milenios atrás, ese río que ha cruzado en su turbulento cause las grandes civilizaciones, Egipto, Grecia, que ha subido a las montañas tibetanas y sobrevivido a los grandes fuegos y barbaries, porque el río del saber humano nunca se detiene, continúa su curso por los grandes cerebros humanos, los grandes hombres de ciencia, los grandes conocedores del alma, y ese río ha llegado a  Bratislavia y de Bratislava a usted. ¿Sabe el valor de eso? Es invaluable. Y usted se atreve…

Huerta-         ¡Usted nunca me habló de…

Mr. Stephenson- Cálmese. No se exalte, ¿no recuerda lo que le ha dicho el profesor Toroshka sobre los sentimientos destructivos?

Huerta-         Con todo respeto para el profesor de Batis… Batisla…

Mr. Stephenson-     Bratislavia, Huerta. Aplíquese.

Huerta-         Con todo respeto para el profesor de Batislababias dígale que yo no quiero tomar ese curso.

Mr. Stephenson- Por lo visto su ánimo de conocimiento es puras palabras. “Palabra, palabras y más palabras”. Por cierto, esa frase la dijo uno de sus escritores favoritos. Pero si está dispuesto a rechazarlo hágalo. Usted está demostrando no ser el espíritu que esta familia requiere. Recibir el mayor privilegio, porque el conocimiento es el mayor de los privilegios, Huerta, la información es poder, ¡y recibirlo casi por nada y resistirse a cooperar! Eso que usted está haciendo es una gran afrenta. De una vez le digo que nadie es indispensable. Y le advierto que si decide abandonarnos primero tendrá que asumir las deudas que contrajo con esta empresa.

Huerta-         ¿Deudas? Pero… esto es absurdo…. esto… todo mi dinero se lo están quedando ustedes.

Mr. Stephenson- Cuide más ese lenguaje. Esa manera de expresarse es un síntoma del hombre perdedor, ¿sabe? Nosotros no nos hemos quedado con nada. Nosotros sólo deseamos sacarlo de las… cloacas. Sí, porque a las cloacas es a donde usted pertenece. Y lamentablemente, si aún desea permanecer, ese curso tendrá que tomarlo obligatoriamente. Recuerde lo que detectó el detector de mentiras.

Huerta-         ¡Dígame qué eso que detectó!

Mr. Stephenson-     Usted lo sabe mejor que yo. Esta familia no puede arriesgarse a que las… enfermedades de un solo sujeto perjudiquen al conjunto. 

Huerta-         Yo no soy el que tiene ninguna de esas enfermedades, señor Esteban.

Mr. Stephenson-     ¿Qué le pasa?, ¿por qué me está hablando así?, ¿pretende insultarme? El pájaro de las oportunidades es caprichoso. A su pobre madre no le va a caer nada bien la noticia.

Huerta-         ¿A quién dijo?

Mr. Stephenson-     Su pobre madre tiene todas las esperanzas puestas en usted, en esta oportunidad que le ha llegado de la providencia. Y eso de la providencia no lo digo yo, esas fueron las palabras de su señora madre. 

Huerta-         ¿Ustedes han hablado con…?

Mr. Stephenson-     Me impresiona su perspicacia. Sólo una llamada de rutina.

Huerta-         ¿Me imagino que no les ha dicho nada…?

Mr. Stephenson-     No tiene por qué mortificarse. Ella se encuentra altamente emocionada porque por fin usted ha sentado cabeza. Debería escucharla más. La familia es siempre un sostén, recuerde eso.

Huerta-         Yo no entiendo. Esto es… muy raro… yo no sabía que ustedes habían hablado con ella. ¿Dicen que estuvo de acuerdo con…?

Mr. Stephenson-     ¡Claro que estuvo de acuerdo! Y ya hasta ha comenzado a considerar esta Gran familia para sus hermanos, ¿sabe de qué hermanos, hablo verdad? Su pobre señora madre ya ha comenzado a envejecer y ya no quiere más golpes. Ya ha recibido bastantes, Huerta. Usted debe saber a lo que me refiero, bastantes traiciones de su propia carne.

Huerta-         ¿Por qué está diciendo eso?

Mr. Stephenson-     Sí, sabemos por lo que ha pasado esa pobre mujer.

Huerta-         ¿Qué es lo que saben?

Mr. Stephenson-     Ella misma nos lo confesó, Huerta.

Huerta-         ¿Les ha dicho lo de…? ¿Pero cómo les ha dicho…? En verdad que yo no entiendo… yo… Esto no está bien ¿Qué tanto le estuvieron diciendo? ¡Con qué derecho han hablado con ella!

Mr. Stephenson-     Tranquilícese, Huerta, ¿qué le está pasando? Con esa actitud va a echarlo a perder todo otra vez. A ellos les gusta cuidar a su gente, es sólo eso.

Huerta-         ¡Ellos! Ni siquiera sé quiénes son ellos.

Mr. Stephenson-     (Ríe.) No me haga reír, Huerta, “¿Quiénes son ellos?” Ellos están aquí para salvarnos. ¿No alcanza a ver?

Huerta-         Todo son malditas mentiras. Dígales que quiero mi dinero de regreso.

Mr. Stephenson-     ¿Su dinero? Claro que lo va a tener de regreso, ¿qué esperaba? Lo va a tener, y quintuplicado, confíe en mí.

Huerta-         Quisiera poder confiar señor Mr. Stephenson, de verdad, pero…

Mr. Stephenson-     ¿Qué le va a decir a su pobre madre cuando la mire a los ojos? ¿Que otra vez tuvo que salir por la puerta de atrás, como un gran perdedor? Este mundo está derrumbándose por los perdedores, ¿quiere ser parte de ellos? Su madre es una estupenda mujer. Ha trabajado toda su vida muy empeñosamente para ver a sus hijos levantar cabeza.

Huerta-         Yo no quiero defraudarla, yo sólo quiero…

Mr. Stephenson-     Usted quiere crecer. No se obstaculice a sí mismo. Mire el traje que lleva puesto ¿Ya ha investigado en cuánto le hubiera salido en cualquier otro lugar? Mire el escritorio en el que está sentado, ¿alguna vez se había sentado en un lugar así? Usted ya es el señor Huerta, ¿no se fijó cómo lo saludó el guardia a la entrada?, ¿piensa renunciar a eso? Nosotros lo vimos, Huerta, vimos su cara de satisfacción hoy al entrar aquí, esos pasos seguros, cuando el guardia le inclinó la cabeza, eso le gustó, ¿no es verdad? Vamos, no tenga miedo a crecer.

Huerta-         Pero entiéndame, yo sólo vine aquí a querer trabajar y…

Mr. Stephenson-     Y ya se está volviendo todo un ejecutivo. Del dinero no se preocupe, el dinero llegará, confíe en nosotros. Nos irá pagando poco a poco, la compañía está consciente de sus posibilidades. Pero si quiere renunciar a esto tal vez todavía esté a tiempo. Quítese ese traje, vamos, y vuelva a ponerse esos trapos que traía con usted, vuelva a ser cualquier pobre diablo. Esa es la vida que quiere, ¿no? (Pausa.) ¿Qué pasa? Hay una gran fila detrás de usted que espera. Deme ese traje y váyase de aquí a seguir auto compadeciéndose entre las cloacas. (Pausa.) ¿Qué está esperando?

Huerta-         Perdóneme, Mr. Stephenson. Es sólo otra vez la sensación de que… hay algo que no me deja… es como algo que me ata y…

Mr. Stephenson-     No tiene de qué disculparse, señor Huerta. Yo lo entiendo. Y permítame serle franco. Usted está confundiendo las cosas. No somos nosotros los que le evitamos crecer. Nosotros somos gente que busca el bien para los hombres. Son otros los que lo están deteniendo.

Huerta-         ¿Otros?

Mr. Stephenson- Me voy a abrir con usted como los amigos que somos. Yo antes estaba en una situación parecida a la suya, también me sentía un miserable. Hasta que tuve la dicha de encontrar a esta familia. Es más, fíjese lo que son las cosas, yo vivía en un lugar muy similar a donde usted vive ahora. Y no nos hagamos tontos. Sabemos qué clase de gente es la que habita ahí. Gente dañina, con esa mentalidad atrasada que nunca los llevará a ningún lugar, incapaces de aspirar a algo, de tener un poco del espíritu de progreso. Usted no es parte de esa gente, usted aspira a algo más, señor Huerta, yo puedo leerlo en su mirada.

Huerta-         Sí, es verdad, yo quiero crecer, ya no quiero ser parte de una maldición.

Mr. Stephenson-     ¿Ahora lo ve? Debe tener confianza en que estos hermanos no lo vamos a traicionar. Revise las cláusulas, no encontrará nada que no esté a la vista. Vea mi caso, por ejemplo. Yo estaba en unas circunstancias como las suyas y ahora míreme. Ya he dejado de ser parte de esa comunidad de brownies que… Ya no quiero seguir hablando mal, pero usted me entiende. Usted también tiene que encontrar el nuevo espíritu. Esa casa donde vive… eso no es dignidad. Es basura. Yo vivo en la unidad que esta Gran familia ha construido para nosotros, ¿y sabe? Hasta tenemos alberca comunitaria. (Su tono comienza a volverse cada vez más delirante.) Es verdad me ha costado… y mucho, para serle sincero. Pero lo que uno recibe a cambio es… ahhhh. El poder de decisión mora en nuestros corazones.

Huerta-         Pero… Mr. Stephenson… Sí, tiene razón, yo no quiero ser más uno de… Pero dígame si en verdad usted puede asegurarme que… Quiero salir. Quiero saber lo que es… maldición… a veces quisiera escupir en… me provocan repulsión, asco… ¿Usted no va a traicionarme?

Mr. Stephenson-     ¿Qué más puedo hacer para que me crea? Mire dónde está sentado, mire el traje que lleva puesto. Esta es su familia, señor Huerta, entiéndalo, ellos están aquí para salvarlo, esa es la única intención. Dígame algo, ¿usted se considera un hombre con alma?

Huerta-         ¿Alma?

Mr. Stephenson-     Mire Huerta. Dios no está de parte de todos. Él está de parte de los elegidos. Hay que aprender a distinguir. En esta familia seguimos la voluntad de Dios y sólo de Dios. (Mr. Stephenson comienza a hablar vertiginosamente y de manera histriónica. Se sube a un pedestal que entra en escena y sus palabras remiten a las de un predicador, un político y un showman.) Cuando usted acabe con las influencias del mal lo sentirá, sentirá el poder de Dios en usted y verá que será libre de cantar. Nosotros como familia hemos demostrado que somos una de las más trabajadoras. Y ya ha llegado su momento de decidir, Huerta, y sólo gracias su voluntad y valentía el peligro de las fuerzas que lo atan al atraso serán vencidas y se arraigará una nueva era en ese desafortunado ser, que era usted, porque Dios ha plantado en cada corazón humano el deseo de vivir en libertad y esta familia tiene esa misión que cumplir confiando en el poder de Dios que guía los horizontes de nuestros océanos y que bendice y seguirá bendiciéndonos a nosotros como familia. Díganos, (Inclina el torso hacia Huerta en actitud.) ¿Se considera usted un hombre con alma?

Huerta-         Nunca me había detenido a pensar en eso.

De pronto suena una estruendosa alarma que da la sensación de ubicuidad.

Mr. Stephenson-     Ya oyó, son ellos, ellos necesitan saber si sus clientes se consideran gente con alma ¿Se considera usted un hombre con alma?

Huerta-         Pues… cuando era niño me decían que yo era un alma de… (Suena de nuevo la chicharra, esta vez más insistentemente.)

Mr. Stephenson-     Son otra vez ellos. Ellos lo saben todo, no intente engañarlos. Le suplico que simplemente se limite a contestar ¿Se considera usted una persona con alma?

Huerta-         Sí.       (Se apaga la chicharra.)

Mr. Stephenson-     ¿Cómo tiene la cereza de ello?

Huerta-         Una vez que maté a un cerdo lo supe.

Mr. Stephenson-     (Silencio. Después de un rato comienza a reírse sin control.) ¿Se da cuenta de lo que está diciendo? El alma no tiene nada que ver con los cerdos. Para nosotros tener alma significa tener fe en Dios, y recuerde que Dios está de parte de ellos. Dígame, ¿cómo tiene la certeza de que usted tiene alma?

Huerta-         Yo… supongo… que…

(Chicharra.)

Mr. Stephenson-     Vamos. Ha llegado el momento y sólo unos seremos elegidos. Necesita tener fe y sólo así esta familia podrá salvarlo. (Chicharra.) Vamos, conteste. ¿Cómo tiene la certeza de ello?

Huerta-         Porque…

Mr. Stephenson-     Vamos, no sea tímido, dígalo.

Huerta-         Porque creo señor Mr. Stephenson, creo en Dios y en la familia.

Mr. Stephenson-     ¡Ha llegado al último peldaño! ¡Yoooou are weeeelcome, Freeman! (Suenan aplausos, risas, y otros ruidos extraños.) Le informo que ahora mismo su madre está en extremo orgullosa de usted y acaba de manifestarnos lo dichosa que se siente de ver triunfar a su hijo, ¡yooouur souuuuul iiiiis…! (Aplausos y risas.) El Doctor Toroshka acaba de llamar para decirle que usted se ha convertido en un Wiiiinner Wiiiinner Wiiiinner! ¡IN GOD WE TRUST!

(Mr. Stephenson baja del peldaño donde estaba subido.)

Mr. Stephenson-     Déjeme darle otro abrazo, Freeman. (Lo abraza con ímpetu.) Y ahora escúcheme, le voy adelantando que un Freeman no tiene derecho a vivir donde usted vive.  Es verdad que de entrada le puede parecer un poco más reducido. Pero lo que uno paga es la zona, eso es lo más importante, ¿sabe que los japoneses viven en habitaciones minúsculas? Váyalo pensando, todo el que tiene el privilegio de acceder a esta Gran familia tarde o temprano terminará ahí…

Mr. Stephenson sigue hablando. Las luces comienzan a disminuir hasta llegar a un completo


            Oscuro.

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