PASTORELA El pleito de las calaveras

El pleito de las calaveras

Original de J.J. Fernández de Lizardi
Arreglo teatral de Felipe Reyes Palacios

Para Emilio Carballido
Y el Gato Calavera


Personajes

El Director: representante del grupo
Calavera 1ª.: una madre consentidora
Calavera 2ª.: un escribano tracalero
Calavera 3ª.: una casadita infiel
Calavera 4ª.: un cornudo consentido
Calavera 5ª.: un curro relamido
Calavera 6ª.: un soldado tunante
Coro de Colegialas
Coro de Colegiales


Introducción

(Aparece El Director del grupo y se dirige al público a telón corrido, o con una luz sólo para él, de manera que no se vea el fondo de la escena. Viste ropa de calle, pero lleva, colgado al cuello, una máscara figurando una calavera, y en la mano un palo que se usará como lanza o maza.)

El Director: ¡Buenas noches, damas y caballeros, muchachitas y jovencitos,
invitadas e invitados, y uno que otro colado a quien le alabo el buen gusto que tiene, pues se ha venido a meter adonde está lo bueno! Antes de comenzar la función, quería ofrecerles nuestras más sinceras disculpas porque estamos comenzando cinco minutos más tarde de lo anunciado... (Consulta su reloj.) Bueno, ya son diez minutos; con razón ya estaban impacientes. Es que venimos de dar otra función, desde Celaya. (Aquí se dirá el nombre de alguna población, barrio o institución vecina, como: Coyoacán, Tijuana o la Secundaria Diez.) Y por más que nos apuramos, nos tardamos en recoger nuestros tiliches. (Voltea de repente hacia un lugar localizado del público. Meneando la cabeza.) ¡Híjole! ¡Hasta acá escuché la pregunta que hizo ese cuate!: “¿Quién es ese mono?” Mira, mano, yo no soy ningún mono. Yo soy el director (o representante) de este grupo de teatro, o compañía de cómicos de la legua, que es lo mismo. Aunque suena muy rimbombante eso de “director”, la verdad es que también la tengo que hacer de tramoyista, de Al Capone los discos..., de pintor de escenografías, porque... (Hacia bambalinas.) ¡ah los actores, con eso de que siempre se están concentrando en su papel, no les gusta ensuciarse las manos!... Y el día de hoy me va a tocar hasta actuar un papelito, porque uno d los actores hizo berrinche ayer que lo regañé, y hoy no vino. Afortunadamente es un papel muy corto, en el que nada más tengo que decir unos versitos. Es un papel de algo así como un... un portero que había antes en las universidades, cuando alguien se graduaba de licenciado o de doctor, allá en la época del Periquillo... Este portero anunciaba las ceremonias así, miren. (Se coloca la máscara y da tres golpes en el piso con su lanza.) ¡Atención, bachilleres!... (Se quita la máscara.) Bueno, a propósito de la calavera, les iba a decir que estamos aquí porque nos invitaron a recordar, junto con ustedes, el día de Muertos. Nos explicaron que se trataba de una conmemoración a la mexicana, 8Dando caderazos a uno y otro lado mientras canta.) sin “trico, trico, jalogüin, jalogüin”, ni disfraces de brujas, ni esas ondas que no sabemos qué rayos significan, aunque de seguro algo querrán decir. Esperamos, entonces, que la conmemoración vaya acompañada de su respectiva fiestecita, y que al final de la función se nos convide un fino chocolatito con rico pan de muerto, o ya de perdida, que nos regalen una calaverita de azúcar, como recuerdo. Nosotros pedimos que la función fuera hoy, porque algunos compañeros de grupo, y posiblemente algunos de ustedes, acostumbran ir al panteón a dejar flores. O sea que hemos preferido hacer las cosas al revés de cómo dice el refrán.

Para esta ocasión, nos parece que es mejor primero la diversión y luego la devoción. De esa manera podemos dedicar el día de los Fieles Difuntos a recordar serenamente a nuestros muertos..., a darles, y a recibir de ellos, la bendición que es la memoria..., (Como recordando una lectura.) el amor y la memoria, el puente que une a los vivos y a los muertos... (Contiene la nostalgia. Transición.) Entonces, así es mejor, para que los chistes de esta obra no interrumpan nuestro pensamiento...

La obra que vamos a representar, aunque medio intencionada, es en el fondo inocente, como el día de Todos Santos, considerado el día de los muertos chiquitos..., tan inocente como el chocolatito con pan de muerto que nos van a convidar, o como la costumbre que tienen en los pueblos de repartirles a los niños la fruta que un día antes estuvo en la mesa de la ofrenda..., los niños siempre son los ganones... Y los niñitos que están aquí, algunos con bigotes, ya están impacientes por ver las calaveras de José Joaquín Fernández de Lizardi, el Pensador Mexicano. ¿Las llamamos? ¡Sale, pues! Yo conozco por lo menos dos maneras, muy seguras, para que se presenten. Fíjense en la primera. Como estas calaveras son actores, se conforman con muy poca cosa, con un aplauso. Disfrutan un aplauso como si fuera ¡néctar de los dioses, maná caído del cielo en medio del desierto! Vamos entonces a aplaudirles, pero fuerte. ¡A la una, a las dos y a las tres! (Se voltea hacia la escena, aplaudiendo. Espera un momento. En vista de que no pasa nada: ) ¡No salen!... (Volteando hacia el público.) ¡A mí se me hace que el aplauso...

(Advierte de repente la presencia de dos grupos que entraton un poco antes del aplauso, curioseando furtivamente. El de la izquierda, al lado del actor, es un grupo de tres Colegiales, y el de la derecha uno igual de Colegialas. Son unos adolescentes vivarachos y burlones; todos llevan en la mano máscaras de varilla representando calaveras; a ratos se acercan la máscara al rostro, y otras veces la dejan muy aparte. Visten uniformes escolares, pero de hace muchos años; por ejemplo, los colegiales con boina y corbata, las colegialas con trenzas y moño.)

¿Y ustedes?... ¿Quiénes son ustedes?... ¡Ah!..., son un grupo de colegialas calaveras... (Las Colegialas se ríen porque una de ellas ha dicho, a medio volumen: “Somos dos, cuenten bien”. El Director voltea hacia ellas.) ¿Qué dijeron?
La Colegiala: (Con fingida inocencia.) Decía que somos dos grupos.
Los muchachos están allá y nosotras aquí. Cada quien vino por su lado. (Más risas.)
El Director: ¿Y saben sus papás, o sus maestros, que están ustedes aquí?
Un Colegial: ¡Claro que sí! Ni modo que nos quedemos encerrados, estudiando,
mientras todos están aquí viendo la función de teatro.
El Director: En efecto, no sería justo. Bueno, ya que están aquí...
(Como buscando asientos entre el público.) Mmh..., son seis... Bueno, miren, acérquense esas sillas que están allá afuera, y siéntense aquí, a los lados. (Ellos toman las sillas de entre bambalinas y quedan sentados a la vista del público.) Espero que no vuelvan a interrumpir la función, ¡por favor! Hace un rato estaba llamando a las hermanas calaveras, cuando ustedes llegaron y echaron a perder el recurso de los aplausos.

Pero afortunadamente me sé otro, bien efectivo. Es una cancioncita que le oí a un indígena tarasco de la isla de Janitzio, en Michoacán. (Hacia bambalinas.) A ver muchachos, préstenme la guitarra. (Se la dan. En realidad, la canción se acompaña de violín.) Es una canción que nos parece monótona a nosotros, pero estos indígenas llaman así a las almas de los muertitos. Y es muy apropiada para que se aparezcan estas calaveras llenas de vicios. Van a ver. (Toca y canta hacia el fondo de la escena.)

Salguen, salguen, salguen,
ánimas en pena;
Salguen, salguen, salgue,
ánimas en pena...

(Después de rasguear la guitarra y al comenzar de nuevo la estrofa, se abre el telón o se va iluminando el área de las calaveras, al tiempo que éstas van cobrando vida. Aparece entonces otra música truculenta, que termina por dominar a la anterior, ejecutada por una banda de pueblo; esta banda tocará el resto de la música, así para el baile final, como para subrayar irónicamente, a ratos, la conducta de los personajes.
El área de las calaveras consiste en dos secciones ubicadas al fondo, a derecha e izquierda, y sobre plataformas practicables. En el bastidor de cada seccón se han recortado tres vanos como de arcada, bien divididos entre sí. Altérnese la ubicación de las calaveras en esos vanos; es decir, la Calavera 1ª. a la derecha, la 2ª. A la izquierda, etc. La decoración de los bastidores, así como la composición del movimiento de actores, han de presentar a los personajes como figuras del juego de la lotería, que en un momento dado cobran vida, y por otra parte como vecinos que se pasean muy satisfechos en “los arcos” de la plaza de su puelo. Incluso podría escribirse, arriba de cada arco, la denominación de la calavera que ahí se encuentre: la madre consentidora, etcétera.
La conducta de las calaveras de Lizardi pide, en cuanto a su vestuario, una recreación de la espléndida obra calaveresca de José Guadalupe Posada. Máscaras, guantes y mallas negras, con sus respectivos huesos y “güesitos” pintados en color fosforescente, más algunos cuantos detalles muy típicos en una vestimenta de colores mortecinos, podrían ser la solución. Déjese el colorido intenso para los decorados, y recuérdense los recursos del maestro Posada: aparte de sus calaveras desnudas, las hay que van vestidas por entero, y otras que dejan asomar los huesos de piernas o brazos. De conformidad con los materiales que nos ofrecen autor y grabador, el vestuario puede abarcar de la época de Lizardi a la de Posada, admitiendo incluso detalles anacrónicos no muy violentos. Para la caracterización del Curro, tipo muy de principios del siglo XIX, véase documentación como la señalada en nuestra nota número 6.
Hecho todo lo anterior bellamente, las calaveras comienzan a pasear por el portal. Y luego bajan al área central, que es el sitio donde dirimirán su eximia calavería. El director curiosea un rato y luego sale tranquilamente.)


El Pleito


Calavera 1ª.: Yo soy más calavera que mi padre...
Calavera 2ª.: Más lo soy yo, por vida de mi madre...
Calavera 3ª.: Eso no. ¿Qué decís? ¡Hay tal manía!
No hay mayor calavera que la mía.
Calavera 4ª.: Tú también has mentido,
que mayor calavera no ha nacido
de ningún vientre humano
que la que tengo yo...
Calavera 5ª.: La de mi hermano
(señalando a la Calavera 4ª. )
sin disputa tendría
en la calavería
in rectum el lugar más preferente,
si nunca hubiera yo sido viviente.
Calavera 6ª.: Pues mientes tú también, ¡voto a Caifás!
Calavera 5ª.: ¿Cómo es eso de “mientes”?
Calavera 6ª.: Mentirás
(Exagerando su tosquedad para oponerla a la apariencia afeminada del curro.)
mil veces si dijeres
que la arquicalavera del mundo eres,
habiendo tantas y tan exquisitas
con cuernos, con sorongos, peloncitas,
con gorros y sombreros;
que lo digan, si no, los peluqueros,
que saben bien que algunas muy peinadas
suelen hacer dos mil calaveradas.
Calavera 5ª.: Pues todo eso es friolera,
porque yo soy la protocalavera
de cuantas tiene el mundo y ha tenido.
Calavera 6ª.: Pues yo digo que mientes y has mentido.
Calavera 4ª.: Y yo también lo digo.
Calavera 3ª.: Y yo...
Calavera 5ª.: ¡Bribones!
(Blandiendo su bastón.)
Habré de resolver estas cuestiones
a palos con vosotros.
Calaveras 3ª., 4ª. Y 6ª.: Eso si nos dejáramos nosotros.
¡Muera esta calavera!... (Riñen.)

(Se agreden con lo que pueden: sombreros, la mantilla o el chal, etcétera.)

Calavera 5ª.: Tanta canalla de esqueleto muera.
Calavera 1ª.: (A la 2ª. ) Metamos paz entre éstos, ¿te parece?
Calavera 2ª.: Muy bien hecho será.
Calavera 1ª.: Pues cese, cese
esta riña insolente.
Vamos, señores, ¿qué dirá la gente
(Señalando al público.)
al ver tan empeñada
la ira de tanta calavera honrada?
Calavera 2ª.: Valgan nuestros respetos
para movernos, nobles esqueletos,
a que haciendo lugar a la prudencia
a cuestión se reduzca la pendencia,
que sólo un necio o un tirano fiero
disputa su razón con el acero.
Y así, ¡vamos, ya está...!
Calavera 5ª.: Todo ha cesado
por mi parte, después que lo han rogado
con razones tan justas y bisoñas
vuestras nobles ilustres carantoñas.
Calavera 2ª.: Yo lo agradezco.
Calavera 1ª.: Y yo.
Calavera 5ª.: Mas es preciso
que, supuesto que se hizo
condicional la paz a vuestro ruego,
la condición se cumpla luego luego.
Calaveras 3ª. Y 4ª.: ¿Cuál es la condición?
Calavera 2ª.: Que se discuta
en juiciosa disputa
por una y otra parte,
con talento y con arte,
con juiciosas razones,
sin bulla, gritos, pleitos ni pasiones,
so cargo de conciencia,
quién merece el lugar de preferencia
entre las calaveras aquí estantes,
que réplicas serán y sustentantes;
y después que concluya el argumento,
con escrúpulos y tiento
se tomarán los votos
y se dará el lugar sin alborotos
a la que le tocare por derecho.
Después que todo esté hecho
mandará lo que quiera
¡la nuestra soberana Calavera!,
a quien desde ahora la obediencia damos.
¡Qué decís? ¿Lo juramos?
Todas: ¡Lo juramos!
Calavera 2ª.: Ya no hay lugar a queja ni rencilla.
Calavera 1ª.: Pues cada cual tomemos nuestra silla
y con música empiece nuestro examen.
Calavera 3ª.: Perdona, hermana,
mira que es ve-ja-men,
pues la disputa sólo se provoca,
no en razón de virtud.
Calavera 1ª.: Bien dices. (Hacia bambalinas.) Toca.

(Fanfarria. Todas las calaveras se dirigen a sus lugares, donde se disponen de una silla.)

El Director: (Entra con su lanza y la máscara puesta. Da tres golpes al piso.)
¡Atención!... (Titubea.) ¡Atención que... (Se quita la máscara.)
Les suplico que me disculpen, pero se me olvidaron los versitos...
Perdón. Aquí los traigo. (Saca un papel del bolsillo y lee,
entonando correctamente.)
¡Atención, que disputan
las calaveras
quién por mala merece
la preferencia!

¡Atención presten
las hermanas mironas (Por el público.)
que nos atienden! (Sale.)

(La calavera 1ª. Es una señorona melindrosa, ataviada con joyas muy vistosas. Quizá lleva un sombrero como el de la Cucaracha, calavera muy famosa de Posada.)

Calavera 1ª.: (En pie.) Yo, que vine la primera,
para no perder el tiempo
con discursos que molestan,
con arengas que no entiendo,
noble auditorio, diré
Lo que me esté más a cuento
para lograr del certamen
el voto que me deseo.
El mundo me llama madre
de familias, porque tengo
dos hijas diz que doncellas
y un mancebito soltero.
De éste nada esperen, diga,
porque con él no me meto.
Jamás le voy a la mano,
Cosa alguna le reprendo;
(Minimizando la importancia de todo
lo que a continuación enumera.)
o bien no venga a comer,
o se desvele en el juego,
o le empeñe a sus hermanas
tal vez algún aderezo
para obsequiar la mocita
a quien sirve de cortejo;
o bien venga del café
o de los billares ebrio,
o que jamás oiga misa,
o que nunca vaya al templo,
o que disipe lo poco
que ha heredado de su abuelo,
sin dedicarse jamás
a oficio, estudio, ni empleo,
sin hacer caso de mí,
ni yo de él ningún aprecio,
porque al fin es joven rico
(Alzando los hombros.)
y es fuerza dé tiempo al tiempo.
(Ahora con entusiasmo.)
De mis hijitas diré
que son como yo las quiero,
y que saben con primor
el arte que las enseño.
Son curras de las del día
y visten con tal graejo,
que nadie puede dudar
que son hermosos sus pechos.
Las malas lenguas me dicen
que son necias en extremo
y (que) no saben hablas más...
que de modas y cortejos.
Diz que vírgenes no son,
¡ni mártires!... No lo creo,
pues arto las martirizan
los sastres y peluqueros.
Cuando bailan, lucir saben
de la pierna lo bien hecho.
Son más hábiles que yo
pues embaucan, a un tiempo,
con la finura mayor,
a diez o doce mozuelos.
Yo en la vida las evito
las tertulias, ni paseos,
ni los bailes, ni visitas,
ni el lujo ni el galanteo.
Por todo lo cual parece (Con énfasis.)
que el premio yo lo merezco,
pues no solamente soy
calavera, sino quiero
que mi familia lo sea,
pues con mi consentimiento
haré que mi descendencia
sea raza de calvatruenos.
Colegial 1º.: (En alabanza irónica.)
Bien merece sin duda
la preferencia
entre cabezas malas,
madre tan buena.
Colegial 2º.: ¡Désele el premio
y el grado de maestra
de calaveras!
Colegiala 1ª.: ¡No se le dé, no, el premio!,
hasta que todos (Señalando a las calaveras.)
sus méritos no aleguen
y oigan los votos, (Ahora señala al público:
votantes.)
porque es preciso
el que alegue cada uno
todos sus vicios.

(La calavera 2ª. Va bien vestifa y habla con cínica solemnidad. En la mano izquierda lleva una balanza pequeña, y en la derecha una plima real, al estilo antiguo. Al público.)

Calavera 2ª.: Con ese seguro, yo
voy a decir mis servicios,
por si merecenn, señores,
lugar en vuestros oídos.
Soy un escribano, pues,
que el vulgo llama maldito,
porque jamás he usado
con conciencia de mi oficio.
Siempre procuro adular
ya a este juez, ya aquel ministro,
y según su inclinación
son los sentimientos míos;
de manera que aunque el reo
esté de culpa más limpio
que lo está de caridad
el mismo juez vengativo,
como yo a éste le conozca
su depravado designio,
enredaré el infelice
¡tan cierto como hay pepinos!
Y si fuere un poco tonto...
haré diga lo que no hizo.
Diré que en mi mano está...
(Con pluma hace que la balanza
se cargue hacia uno y otro lado.)
su libertad o castigo.
Por fin, lo seduciré
hasta probarle delito,
aunque vaya a dar a Ceuta
o lo conduzca al suplicio;
el caso es que se haga el gusto
del juez que sea mi padrino.
Para esto no lo valdrán
diligencias al más vivo,
pues en mundano las fojas
que digan lo qu él no dijo,
como no las rubricó,
diré que lo escrito, escrito.
Esto es cuando tenga parte
el juez en su maleficio;
que si no, yo haré muy bien
pasar por santo el delito.
si hay monedas... o si tiene,
como ya me ha sucedido,
mujer o hermana bionita,
con que pague el poblecito
las cosas de su prisión,
no le parará perjuicio.

(Se lleva a la espalda la mano de la balanza, ocultándola; guarda la pluma en el bolsillo superior del saco, y hace aspacientos con la mano mientras habla, como si litigara. Se dirige ahora a las demás calaveras.)

Calavera 2ª.: En esto de testamentos,
escrituras, codicilos,
hijuelas, obligaciones
o instrumentos más prolijos,
son célebres mis marañas
y mis artes peregrinos;
pues mi alma en bnada la aprecio
ni en nada la ley estimo,
de suerte que, como importe
a mi bolsa o mi apetito,
al que quiero dañar, daño,
y al que quiero servir, sirvo.
(De nuevo al público.)
Baste ya, por si merezco
el grado yo con lo dicho.
(Caravana.)
Colegial 3º.: ¡Désele el premio, digo!
Colegiala 2ª.: Yo digo que no,
pues no se ha oído a todos
como se ofreció.
Ambos coros: (De pie.) Sigan diciendo
y en el turno que deban
vamos oyendo.

(La Calavera 3ª. Avanza hacia el centro, contoneándose; aunque calavera, son apreciables sus encantos femeninos. Huesos, sólo la cabeza y manos. Quizá lleva un abanico, con el que coquetea.)

Calavera 3ª.: Pues, por cumplir, yo diré
que soy una casadita
con un hombre que me da
casa, vestifo, comida,
gusto, placer, diversión
y, finalmente, una vida
que en la casa de mis padres
acaso no la tendría;
y con todo eso, yo sé
pegársela cada día
con éste, aquél, con el otro;
(Risas de cinismo y coquetería.)
de manera que en la villa
no tienen más que pedir
porque yo no soy mezquina.
(Más risas, Pausa. A las demás calaveras.)
Ustedes mismos dirán
si habrá en la calavería
quién me dispute el lugar
para la soberanía.

(Regresa a su lugar. Escribano, Curro y Soldado tratan de llamar la atención con movimientos leves.)

Coro de Colegialas: (Al público, con sincera admiración.)
¡A ésta désele el premio!...
pues se lo merece.
Colegiala 1ª.: (Avanza hasta el centro de la escena, para apaciguar
debidamente los ánimos masculinos.)
oigamos a los otros,
por si prefieren.
Colegiala 3ª.: (Muy indignada.) ¡Qué en esta vida anda el vicio en disputa
de primacía!

(Un tanto inadvertidamente, la Calavera 4ª. Ha llegado al centro. Lleva en la mano un puro, que ha encendido antes.)

Calavera 4ª.: Hablando como se debe,
yo soy un pobre marido,
bueno por pobre, y por pobre:
jovial, prudente, sufrido;
de modo que, sin saber,
tengo mil amigos ricos
que obsequian a mi mujer,
que es como el diamante, lindo;
y aunque es verdad que no sé
trabajar ningún oficio,
nio tengo renta ni herencia,
comercio, empleo, ni destino,
está mi mujer decente,
(Se refiere al vestido.)
y yo como, bebo y visto.
(Fuma, largamente.)
y aunque tiene mi mujer
seis o siete muchachitos,
(Tirando calmadamente la ceniza en el suelo.)
yo no me atrevo a jurar
si alguno de ellos es mi hijo...
Coro de Colegialas: (De pie.)
¡A éste désele el premio, sin que lo pida!

(De inmediato, los tres hacen con la mano la figura de los cuernos y se la colocan en su propia cabeza, al tiempo que mugen. Luego, dos de ellos miman una corrida de toros, con música de pasodoble, mientras el tercero permanece mugiendo rabiosamente. La Calavera 4ª. Los mira con indiferencia, fumando. Entra el Director alarmado por el escándalo, con su lanza y sin máscara, y da tres fuertes golpes en el piso.)

El Director: ¡Oigamos la restante calavería!
Colegiala 1ª.: Pues pueden darse...
Colegiala 2ª.: Calaveras mayores...
Colegiala 3ª.: En otras clases...

(Mientras la Calavera 4ª. Regresa a su sitio y sale el Director, va bajando el Curro lentamente, haciendo molinetes con su bastón. Subráyese la pretendida elegancia, no se le haga afeminado; la voz es masculina.)

Calavera 5ª.: Yo soy, señores, un tuno
de estos que curros se llaman,
que me mantengo del juego,
del monopolio o la trampa,
y soy un bruto enjalmable,
aunque con brillante enjalma.
(Celebra a carcajadas lo que ha dicho. Encara al coro de colegialas.)
Ni yo entiendo filosofas,
ni policas, ni gramacas,
pero critico al Estado
(Volteando, zalamero, hacia las colegialas.)
cuando me hallo con las damas,
(Les dedica una inclinación de cabeza.)
y digo que de insurgentes
se acabaría la raza
con que el gobierno dijera
solamente mata, mata,
pues como ni he visto mundo,
ni sé yo lo que es campaña,
ni he leído historias sino
los Doce pares de Francia,
me parece que en matando
(Aspavientos enfáticos.)
a ros y a bellós, se acaba
este mal que nos apura
y se nos viene a las ancas.

(Se queda muy orondo.)

Coro de Colegiales: ¡A éste désele el premio
por majadero,
pues mayor calavera
no la tenemos!
Coro de Colegialas: ¡No, no se le dé,
pues premiar a los brutos
jamás es bien!

(El Soldado suelta una carcajada desde su sitio, y baja al centro. Burlándose del Curro repite: “pues premiar a los brutos, jamás es bien”; nueva carcajada. Al cruzarse con él, el Soldado lo azuza, silbándole galantemente, dándose besos tronados en la palma de su mano, hasta que el Curro le amenaza con su bastón; en ese momento el Soldado, apartándose rápidamente, se lleva la mano al lugar del sable, pero no trae. El Soldado, lleva una casaca puesta al revés, con el forro de fuera. Habla en tono quejumbroso; al público.)

Calavera 6ª.: Yo soy un soldado, en fin,
que me cogieron de leva,
y si he servido, he servido,
sábelo Dios, a la fuerza.
Dos veces me he desertado.

(Solicita la complicidad del público con un “shh”, atisbando con precaución hacia ambos lados del foro.)

Calavera 6ª.: Y con ésta va tercera,
y ya de esta deserción
¡voto a Cristo, que me pesa!,
(Insiste, con mímica, en la
ausencia del sable.)
porque el paisaje, amigos,
la licencia no franquea
de robar y de matar
¡como yo tal vez quisiera!;
(Mientras se va quitando la casaca,
y el tono fanfarrón.)
y por sólo este interés
asentaré plaza a fuerza,
pues a mí la religión,
la patria, el rey ni la reina,
ni otro honor ni faramalla,
en la vida me sujeta
a salir a la campaña,
ni hacer cuarto en centinela,
sino el amor de la plata,
la libertad... ¡y las hembras!
(Después de darle la vuelta, se viste la casaca con decisión.)
Ustedes dirán si puedo
ser el mayor calavera.

(Da una media vuelta militar y regresa a su sitio marchando.)

Colegial 1º.: ¡A éste désele el premio,
no faltan otros!
El Director: (Entra con un manojo de papeles en la mano.)
Aguárdense, que falta tomar los votos. (Señalando al público.)
Colegiala 1ª.: ¡Tómense presto!
Colegiala 2ª.: Y acábese la fiesta...
Colegiala 3ª.: ¡Con un festejo!

(Ambos Coros reciben de manos del Director el manojo de papeles, supuestas papeletas de votación que en realidad traen impresos versitos satíricos, calaveras literarias que, si son redactadas por los bardos del lugar, se pueden referir a personajes y asuntos de interés local. Los colegiales y colegialas bajan del foro y reparten las “calaveras” entre el público por un tiempo no muy largo, cuidando de quedarse con algunas para fingir la votación; durante ese tiempo la banda toca una truculenta música de suspenso. De regreso al foro, los Colegiales y Colegialas se congregan alrededor del Director, ocultándolo, en conciliábulo. Al cabo de él, ambos Coros vuelven a sus sitios, cada Colegial hace que cuenta los votos con que se ha quedado, y el Director ordena una fanfarria. Luego grita como en el juego de la lotería: )

El Director: ¡La madre consentidora!
Colegial 1º.: (Agitando en la mano los papeles.)
¡Cinco votos!
El Director: ¡El escribano tracalero!
Colegiala 1ª.: ¡Cinco!
El Director: ¡La casadita infiel!
Colegial 2º .: ¡Cinco!
El Director: ¡El cornudo consentido!
Colegiala 2ª.: ¡Cinco!
El Director: ¡El curro relamido!
Colegial 3º.: ¡Cinco!
El Director: ¡El soldado tunante!
Colegiala 3ª.: ¡Cinco votos! ¡Cinco!
Calavera 1ª.: (Bajan hacia el centro.)
Cinco votos ha tenido
cada uno a buen componer
y no se puede saber
quién más calavera ha sido.
Y así dése por partido,
para que ahorremos quimeras,
el bailar unas boleras
por lo que me toca a mí,
pues el voto falta aquí
(Señalando al público a todo lo ancho.)
de infinitas calaveras.

(A señas pide la música. Número bailable. La Madre consentidora saca a bailar al Escribano, y el Curro a la Casadita, con la consecuente molestia del Soldado. La música se hace lenta y se va desvaneciendo; las calaveras vuelven a su área, en cuyos “arcos” o portal pasean lentamente mientras hablan Colegialas y Colegiales.)

Colegial 1º.: Hay en el mundo muchas calaveritas
y andan en el portal
en estos días.
Colegial 2º.: No lo dijera,
por vida de mi madre,
si no se vieran.
Colegial 3º.: Se advierten calaveras
que han desertado
de las mesas de dulce
y andan paseando.
El Director: (Amonestativo.) ¡Qué buena venta
las dulceras tendrían
si las cogieran!
Colegiala 1ª.: Hay calaveras hembras,
hay cráneos machos.
Colegiala 2ª.: Soldados calaveras,
otras paisanos.
Colegiala 3ª.: (Otra vez muy indignada.)
que en esta vida
todo juzgo se vuelve
¡calavería!
Colegial 1º.: Diré por despedida...
Colegial 2º.: Si lo permiten...
Colegial 3º.: Ya que son calaveras...
Colegial 1º.: ¡No lo publiquen!
Coro de Colegiales: Pues no es preciso
hacer, aunque sean malos,
gala del vicio.
Coro de Colegialas y Director:
Pues no es preciso
hacer, aunque sean malos,
gala del vicio. (Telón.)

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