El Encierro Enrique Buenaventura

El Encierro

Enrique Buenaventura




Pool General
Diciembre 16 de 1986
1ª Secuencia
Oscuro
A) Luz sobre la muñeca
Sonido genérico
B) Silencio...
a) Incesto
b) La borracha en el espejo
c) Transparencia con silla de ruedas
d) Sombras limpiando armas
C) Pedos y eructos
Debajo de la muñeca rezan las mujeres.
Procesión de los hombres
D) Las mujeres dejan a los hombres en sus nichos. Luego secretos de las mujeres.
E) El capataz interrumpe el juego.
Carga la escopeta. Entran todos los hombres. Se ríen. Mal olor.
Las mujeres se retiran a un lado. Los hombres se van.
Sombras atrás.
F) Casto a la virginidad.
Irrupción del campesino.
La caída
o) Cuando cae la muñeca se separan los hombres, luego buscan sus oropeles y los sacan con cuidado de debajo de ella.
p) Vestida/aseo/agua bendita, agua de colonia (como una prepa- ración para la comunión).
q) La comunión: tomar elementos del árbol de los ahorcados y de la última cena; ritmos, tempos, gestualidades, extrañeza, etc.
El mal olor
r) Atomización proxémica
Cada uno se aleja del otro como si descubriera en el otro un enemigo.
s) Formación de un bando de hombres y uno de mujeres.
Enfrentamiento de los dos bandos.
t) Por una especie de terror del afuera de adelante (público) y de atrás (haciendo–campo de peligro) se van reuniendo de nuevo.
u) Inacabable final que no acaba ni finaliza.
Estructura superficial
Estructura profunda
(Los Temas)
La propuesta textual se inicia con el tema Agonía de la Mamá Grande.
1º. La propuesta de la puesta en escena se inicia “antes”, toca los mitemas:   “endogamia”, “incesto”, “encierro” a través de imágenes que combinan varios lenguajes: espacial (las puertas, los “muertos” del fondo), sonoros (las fantásticas respiraciones de las botellas), kinésico proxémico (las acciones laterales). Todo esto prepara el “despertar” abrupto y brutal de la Mamá Grande. Todos estos elementos funcionan aquí como contexto del texto.
2º. Entra el texto “De pronto la muñeca se mueve, se agita violentamente y estertores como eructos salen de su boca y algo como pedos de su enorme culo”.
El texto de montaje concede a este acontecimiento toda su magnitud y lo acompaña de los rezos a gritos dirigidos compulsivamente por “La Matrona” y respondidos por las mujeres y los hombres como si todos estuvieran frente a un cataclismo.
3º. Se aquieta poco a poco la Mamá Grande, se suavizan lenta, muy lentamente sus estertores y cuando su quietud es total y la angustia de todos ha sido deglutida por las gargantas todavía quemadas por los gritos mediante un rezo sordo, el discurso de montaje deja entrar algunos enunciados textuales:
Gamonal  Campesino: No.
Cura  Apócrifo: Todavía no.
Hombre del  Sayal Blanco: Da tiempo.
4º. El tema de la agonía de la Mamá Grande parece diluirse. Ella deja de ser el foco muy lentamente y los personajes se desprenden de ese foco muy difícilmente. Van abandonando la gran burbuja de la Mamá Grande mientras el cura apócrifo y el hombre del sayal las bendicen y este último echa incienso para hacer huir los hedores y los temores.
5º. Eso no basta, las mujeres quieren también Agua de Colonia para tranquilizarse, La Matrona, que se había arrodillado para la bendición, introduce abruptamente el tema:
Matrona: ¿Se acabó el agua de colonia?
La Mujer en Bata de  Dormir: Todavía queda. (Busca).
La Pequeña Mujer de Negro: En el botiquín hay más.
La Mujer de Rojo: ¡Tráela!
La Pequeña Mujer de Negro: ¿No has oído?
La Mujer en Bata de Dormir: ¿Qué cosa?
La Matrona: ¡El agua de colonia!
LA mujer de Rojo: ¡Que vayas a buscar el agua de colonia!
6º. Aquí el montaje introduce otro tema: Las amenazas del cerco invisible.
De súbito los hombres armados como si se dispusieran a repeler un ataque que viene de atrás. Las mujeres corren a armarse. Los legítimos se parapetan como si esperaran el ataque de los bastardos. Para el público eso es todavía un enigma.
¿Qué hay atrás? ¿Quién los amenaza? ¿Quiénes son los que se defienden?
Términos como: legítimos y bastardos no existen sino para nosotros. Aquí hay algo que los narradores saben y el público no sabe. La espera es relativamente larga. El pretendido ataque no se produce. Entra el cura apócrifo con una botella de agua de colonia, las mujeres sacan sus pañuelos y corren a la botella.
Gamonal Campesino: ¡Calma!
Cura Apócrifo: ¡No se amontonen!
El Viejo de Aicardo: ¡Una por una!
La Matrona: ¡Parecen mulas en el abrevadero!
La Pequeña de Negro: ¡O vacas rompedoras!
La de Rojo: ¿Quién empujó primero?
La de Bata de Dormir: ¡Tú como siempre!
La de Rojo: ¿Yo? ¡La víctima de todas las horas! ¡El chivo expiatorio!
La Matrona: Deja los melindres.
Gamonal: ¡Silencio!
7º. Aquí termina la segunda intervención del tema “Agua de Colonia” que ha funcionado como alivio de una tensión, como estructura superficial que “desvía” a los personajes de la profunda.
8º. Vuelve el tema de la Agonía-muerte de la Mamá Grande.
La de Rojo: Está muerta.
La de Bata: Podrida.
Gamonal: ¿Qué dijeron? ¡A mí no me hablen entre dientes!
Matrona: Es mejor de dientes para afuera.
Gamonal: ¡O muérdanse la lengua!
La Pequeña de Negro: Se envenenan.
Gamonal: ¡Me da lo mismo! Quiero las palabras claras y precisas o el silencio.
Matrona: Como es un velorio.
Gamonal: ¡No es un velorio!
Cura Apócrifo: ¡No se equivoquen!
Viejo de Aicardo: ¡Desde allí puede tirarles un rayo!
Viejo de Cabal: ¡No se fíen de una nube de tormenta!
Hombre del Sayal: ¡O puedo bajar y borrarlas de la faz de la tierra con la fuerza de un huracán!
Gamonal: Ha entrado en agonía. Nada más.
Viejo de la Silla: Pero sus agonías son transitorias. Cada vez que ha despertado de una agonía ha sabido vengarse de los que la creían muerta.
Hombre del
Sayal Blanco: Paciencia.
Gamonal: ¿Están encendidos los sahumerios?
Cura Apócrifo: Hay sahumerios en las cuatro esquinas de la hacienda.
Viejo de Aicardo: Bosques de mirra.
Viejo de Cabal: Montañas de hojas de eucaliptos.
Peón de Blanco: Un ejército de mendigos los atiza.
Viejo de la Silla: Los que se asfixian son enterrados en el acto.
Cura Apócrifo: Y no se va el mal olor.
Peón de Blanco: Han matado mucha gente de la servidumbre.
Gamonal: No sigas hablando de la servidumbre.
El Guardaespaldas: ¡Ya nadie quiere someterse!
El Viejo de Aicardo: ¡Estamos en grave peligro!
Cura Apócrifo: Lo creo. Desde el tiempo del ruido no tenía yo tanto miedo.
Gamonal: Todo se puede perder. El diablo se lo puede llevar todo (Aquí sería el  “disparo”al público).
Matrona: ¡Dios te salve María, llena eres de gracia!
Coro de Mujeres: Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre.
Gamonal: No es cualquier persona la que se muere.
Cura Apócrifo: ¡Es la señora!
Hombre del Sayal: ¡La señora!
Viejo de Aicardo: ¡ La gran vieja!
Viejo de Cabal: ¡La Mamá Grande!
Gamonal: Tu madre natural, mi madre legítima.
Viejo de la Silla: La madre de la familia y la madrastra de los otros.
Cura Apócrifo: ¡No morirá don Nicanor!
Gamonal: No puede agonizar toda la vida, Homero.
9º. Vuelve el tema de la guerra contra los bastardos. El mundo de “atrás” que los atrae y los repele.
Gamonal: ¡Qué carajo pasa allá afuera! Ese silencio preñado de tempestades me aterra.
Cura Apócrifo: Es el silencio de muchos muertos, don Nicanor. Usted ha llenado el campo de gente muy peligrosa.
Gamonal: Estamos en peligro, en grave peligro. Cuando uno está en peligro tiene que volverse peligroso y rodearse de gente peligrosa.
Cura Apócrifo: Pueden ser cuervos que después nos saquen los ojos.
Gamonal: Cuando estemos muertos.
10. Entra de nuevo el tema de la agonía de la Mamá Grande en la forma de una “evocación” de su prodigiosa historia.
La de la Bata: No van a poder salir de aquí.
La Pequeña de Negro: Ninguno.
La de Rojo: Pero están quietos.
La Muda: Vamos. Vamos.
La de la Bata: Vamos. Están quietos y están lejos.
La Pequeña de Negro: Les gustaría salir a perderse.
La Matrona: Pero no pueden.
(Aquí hay el primer problema con la loca).
La Pequeña de Negro: Cuenta la historia.
La de la Bata: Sí, sí, la historia del matrimonio.
La de Rojo: La historia del matrimonio de la vieja.
Matrona: Fue hace siglos.
La de la Bata: Hagamos de cuenta que es hoy.
Matrona: Hay muchos ojos mirando.
La de Rojo: No es nada prohibido.
Matrona: El recuerdo es cosa de mujeres.
La Pequeña de Negro: No solamente. (Segundo problema con la loca. La sacan). (Aquí se mueve la muñeca, gruñe y gime. Salen los elementos para la representación).
La de Rojo: A lo mejor no le gusta.
Matrona: Al contrario, está inquieta por su historia.
La Pequeña de Negro: Cuenta, cuenta de una vez.
La Muda: (Con gruñidos y visajes). Sí, sí, cuenta. (Levanta al niño). Quiero que él vea.
Matrona: Ya la saben.
La Pequeña de Negro: No importa, cuenta.
La de la Bata: Cuenta.
La de Rojo: Cuenta.
La de la Bata: Vivimos del recuerdo.
Matrona: La he contado mil veces.
La de la Bata: Todo es así. Todo se sabe. Todo se olvida. Todo vuelve a comenzar.
La Pequeña de Negro: ¿Por qué?
La de Rojo: Porque todo es igual.
La de la Bata: Nada cambia.
La Muda: (Con gruñidos). ¡Empieza! ¡Empieza! (Acción de vestirse).
Matrona: Era otro tiempo.
La de Rojo: Infinitas las distancias.
La de la Bata: La gente viajaba en el lomo de la servidumbre.
La Pequeña de Negro: Por las selvas y los páramos. (Pausa).
La de Rojo: Los gamonales, como el coronel Belar-mino, se alzaban en armas por todas partes.
La de la Bata: Y estallaban las guerras civiles.
La Pequeña de Negro: Y se extendía la hediondez como un sudario.
11. Entra el tema: “Agua de colonia”.
La Muda: ¡La hediondez! ¡La hediondez!
Matrona: ¡Busca el Agua de Colonia!
La Pequeña de Negro: Aquí está.
Matrona: Calma. Hay para todas.
La de la Bata: Dios mío, bendito. Qué hiciéramos sin Agua de Colonia.
La Muda: (Canta con voz nítida. No habla claro, pero canta clarísimo). El Agua de Colonia es una magnolia y a veces por las noches es una amapola.
Cambio de Proxemia
12. Vuelve el tema agonía evocación. (La representación que recuerda la improvisación del rapto de la niña de la primera comunión, se abre paso. Los muñecos del escenario pueden tener aquí un rol isotópico con la muñeca. También recuerda las improvisaciones de iglesias con santos).
Matrona: El marido era grande.
La de Rojo: Gordo.
La de la Bata: Arrastraba por el suelo dos estrellas como dos soles.
La Pequeña de Negro: Y ensayaba la carabina en los esclavos.
La de Rojo: Fue patriarca.
La de Bata: Fue arzobispo. (Aquí los atributos pueden volverse icónicos para producir isotopías con el mitema de los cambios de atributos icónicos como cambios de roles).
La Pequeña de Negro: Algunos dicen que fue papa.
La de Rojo: Fue general.
La de Bata: Fue presidente.
La Pequeña de Negro: Fue prócer.
Matrona: Y la vieja se casó virgen, amamantó ella sola a toda su especie y siguió virgen. Sin romperse ni mancharse por los siglos de los siglos.
Coro de Mujeres: Amén.
13. Vuelve el tema  “Agua de Colonia”. (La muñeca ha bajado más. Casi toca el suelo).
Matrona: Hiede.
La de la Bata: Me asfixia.
La Pequeña de Negro: El agua de colonia.
La de Rojo: Qué alivio.
La de la Bata: Qué tranquilidad.
La Pequeña de Negro: Ella vivió siempre entre fragancias y perfumes.
Matrona: Pero ya no hay perfume que valga.
14. Vuelve el tema la agonía.
La de Rojo: Es lindo recordar.
La de Bata: Pero fugaz.
La Pequeña de Negro: El recuerdo pasa como un celaje.
La Matrona: Y quedamos otra vez en la inmundicia del presente.
15. Tema de la guerra. (La muñeca se ha elevado. Se ha desmantelado la representación y ha entrado el extraño arrojando flores. Irrumpe el grupo de matones).
Peón de Blanco: La servidumbre está hecha de gente buena.
Cura Apócrifo: Que Dios bendiga a la servidumbre. (El extraño de las flores es liquidado).
Gamonal: Ya no hay servidumbre ni gente buena. Hay gente que defiende el imperio de la Mamá Grande, hay gente que se hace ilusiones con su larga agonía y hay gente que se levanta contra ella. Eso es todo. (Baja la muñeca).
Cura Apócrifo: Que la entierran en las tierras baldías, en los viejos ejidos. Allí donde iban a pastar las bestias del pueblo y las infinitas recuas de mulas de los arrieros.
Gamonal: ¿Y de quién eran los ejidos?
Cura Apócrifo: Del común, desde los tiempos del ruido y desde antes.
Gamonal: ¿Y de quién era el común?
Peón de Blanco: ¿El común? Pues del común.
Gamonal: No señor. De la Mamá Grande.
Viejo de Aicardo: Y los bastardos siguen invadiendo esas tierras.
Viejo de Cabal: Se imaginan que esa es la herencia que les corresponde.
Guardaespaldas: Pero no pueden mostrar ni un solo título.
Cura Apócrifo: Los legítimos tampoco.
Gamonal: Los legítimos hacen los títulos.
Viejo de Aicardo: No se olvide de eso.
Peón de Blanco: Pero la gente ya no se resigna.
Gamonal: Por eso hay que matarlos. (Han colgado, al fondo, al extraño. El cura apócrifo le reza los últimos responsos).
16. Breve aparición del tema  “encierro”.
Cura Apócrifo: Pero aquí no estamos todos.
Viejo de Aicardo: Estamos los que estamos.
Viejo de la Silla: El viejo ex presidente no llegará. Está podrido. El cáncer le consume los huesos.
17. Se insinúa el tema “Vida-muerte familia”.
El peón de Blanco: Ella no morirá.
Gamonal: Morirá, convéncete. Tiene que morir algún día.
Peón de Blanco: Moriré yo primero.
Viejo de Aicardo: No te hagas ilusiones.
Viejo de la Silla: Eres una reliquia.
Gamonal: A lo mejor has muerto hace tiempos, con la servidumbre y estás aquí sólo como recuerdo.
Peón de Blanco: No me confunda, señor, no me confunda.
Gamonal: ¿A dónde vas?
Peón de Blanco: Voy a ver si viene el que falta. Debemos estar todos los hijos de la señora.
Cura Apócrifo: Vamos. Vigilaremos los sahumerios.
18. Vuelve el tema  “Agonía-evocación”, con una breve introducción.
Pequeña de Negro: Se han ido.
La de Rojo: Empecemos de nuevo.
Matrona: Es como contar todos los días la creación del mundo.
La de la Bata: Exactamente.
La de Negro: Adán y Eva.
La de Rojo: Y la serpiente.
Matrona: Aquí sólo hay una serpiente.
La de la Bata: Siempre armada entre la maleza.
La de Negro: Mordiendo los calcañares del que pasa.
19. Se reanuda el tema “Evocación”, esta vez con la participación de la Mamá Grande. Hay representación pero aquí ella se representa a sí misma.
La de Rojo: Cuenta. Aprovechemos este respiro.
Madrastra: Su espíritu desciende hasta nosotros. (Este sería el momento en el cual la Mamá Grande “Decide” participar. La evocación la ha hecho revivir).
La de la Bata: Ama su propia historia. (Aquí podría haber una mezcla de música instrumental y suspiros voluptuosos de la Mamá Grande con los elementos de sonido genérico).
La de Negro: Sonríe. (La Mamá Grande está entre ellas. Parece que hablara).
La de Rojo: Como en los viejos tiempos.
Matrona: Desde aquí hasta al altar mayor se tendieron doscientos metros de estera.
(Aquí se narra y se mima y, a cada enunciado narrativo, la Mamá Grande responde kinésica y sonoramente).
La de Negro: El alcalde abanicaba a la pareja con un abanico de plumas. (Es como si la Mamá Grande respondiera afirmativamente y gozaran las mujeres con esa fidelidad a los hechos históricos).
La de Rojo: Ella tenía dispensa del arzobispo para no arrodillarse ni en el instante de la elevación, a fin de no estropear su saya de volantes holandeses ni sus almidonadas pollericas de holán. (Estas citas de García Márquez, su primer historiador, emocionan a la Mamá Grande. Camina sola. Avanza solemne. Las mujeres se apartan, la miran...).
La de la Bata: Bajo los almendros polvorientos se pusieron ventas de comistrajos y cachivaches.
La de Negro: Se emborrachó todo el pueblo.
La de Rojo: ¡Desollaron sesenta reses en la plaza pública!
La de la Bata: ¡La banda tocó contradanzas, danzo-nes, pasillos, valses! (Hay un bramido de “Todo el pueblo”, se tiran cohetes y, en el silencio, suenan el acordeón y las voces).
Coro de Mujeres: (Canción de las flores. Una a una las mujeres bailan con la Mamá Grande y luego entre ellas hasta caer rendidas. La de la bata empieza a llorar. La alegría de la Mamá Grande se apaga. Retrocede, se eleva un poco. Las otras consuelan a la de la bata que no puede resistir la pérdida del recuerdo).
La de Rojo: No bailemos, estamos tristes.
La de la Bata: (Llorando). Quizá esté muerta.
La de Rojo: Y ya estamos de luto. (Empiezan todas a vestirse de luto y todavía recuerdan, llorando).
Matrona: En el fondo del salón.
La de Rojo: Bajo los festones de papelillo.
La de la Bata: Y sentada en su mecedora de bejuco...
La de Negro: Entre almohadones de seda.
Matrona: Estaba la señora.
La de Rojo: La vieja.
La de Negro: La madre.
Matrona: La Mamá Grande.
La de Rojo: De vez en cuando mandaba arrojar monedas a la muchedumbre que rompía las ventanas.
La de la Bata: Luego volvía a juntar sus manos.
La de Negro: Sus manos blancas.
La de Rojo: Sus anillos.
La de la Bata: A mí me toca el de esmeralda oscura. Ella dijo que me lo dejaba.
Matrona: Es para la mayor, con tu consentimiento.
La de Negro: A mí el diamante del dedo chiquito.
La de Rojo: A mí el rubí del dedo del corazón.
Matrona: Quita.
La de la Bata: Los collares son míos.
La de Rojo: Los zarcillos, quiero los zarcillos.
Matrona: Un momento.
La de Rojo: Se va a agarrar todo.
La de Negro: Avara. Miserable.
La de la Bata: ¡Quítate!
La de Rojo: Apártate roñosa.
La de la Bata: A ti no te toca nada.
La de Negro: Eres bastarda.
Matrona: La herencia es de los legítimos.
La de la Bata: Tu madre fue la única puta de la familia.
La de Rojo: Cómo que la única. Todas las putas de la comarca han salido de la familia.
La de Negro: Esa no es la familia. Es la resaca, la hez, la gleba, la porquería.
Matrona: Apártense hijas de mala madre.
Gamonal: Silencio. A la primera que toque un pelo de la vieja le pego un tiro.
Obispo: Todavía no ha llegado su última hora...
Viejo de Aicardo: Todavía no has caído... y ya quieren desvalijarla.
El de la Silla: Hienas.
Gamonal: No se toca una migaja de herencia sin mi consentimiento.
Cura Apócrifo: Recen.
Mujeres: (Rezan. El rezo es largo. Una de las mujeres termina). Bendita tú entre las mujeres...
Obispo: Y bendito el fruto de tu vientre.
Matrona: La bendición Su Eminencia...
La de Rojo: Era un juego.
La de la Bata: Un simple juego. Su Ilustrísima.
Viejo de Cabal: La herencia no debe dividir a la familia.
La Pequeña: No pensábamos en eso, señor presidente.
Viejo de Aicardo: La vida de todo el país depende de la unidad de toda la familia.
El de la Silla: Se quedarán con lo que les corresponde.
Cura Apócrifo: Nicanor debe velar por el testamento.
Obispo: La herencia llegará como el pan y el vino de la comunión.
Viejo de Cabal: Nos unirá más que nunca.
El de la Sillla: Nuestra misión no termina con su muerte.
Viejo de Aicardo: Con su muerte nuestra misión se renueva.
Cura Apócrifo: Quedaremos ungidos.
Viejo de Cabal: Y firmes contra el peligro exterior.
El de la Silla: Ella no habrá desaparecido. Estará adentro de cada uno de nosotros.
Obispo: Y saldremos a predicar su evangelio. (Aquí entra el tema de la guerra con la servidumbre).
Gamonal: No saldrán.
Peón de Blanco: Nadie podrá salir.
Viejo de Cabal: Saldremos.
Viejo de Aicardo: Afuera.
El de la Silla: No nos encerrarán en este manicomio.
Obispo: Que Dios nos acompañe.
Viejo de Aicardo: Tenemos que salir.
Viejo de Cabal: Nadie podrá impedir que salgamos. (Entra el tema de las guerras civiles personificado e historizado).
El Coronel: ¿Ha llegado la última hora para nuestra madre?
(Vuelve el tema de agua de colonia y la confusión con agua bendita).
Matrona: El agua de colonia.
La Pequeña: El agua bendita.
La de Rojo: Se suponía que estaba muerto.
La de la Bata: Podrido.
Cura Apócrifo: Ilustre coronel Belarmino, ¿se despertó para el entierro?
Viejo de Aicardo: No ha muerto.
El de la Silla: Nos enterrará a todos.
El Coronel: A todos. A los vivos y a los muertos.
El Viejo de Cabal: Te fusilarán más de una vez. De eso estoy seguro.
El Coronel: La primera vez en 1875.
Cura Apócrifo: Sí, sí. Y todavía tiene el pecho lleno de sangre.
El Coronel: La sangre nunca se lava. Aunque esté cien años bajo tierra, en contacto con las fuentes y los manantiales. Pero yo también fusilé. Les fusilé a los conservadores tres generales en 1879.
Cura Apócrifo: Y ellos te volvieron a fusilar.
El Coronel: Exactamente. Me fusilaron por última vez cuando agonizaba el siglo.
Gamonal: Recuerdo ese fusilamiento. Te vi. Estabas pálido.
Coronel: Tenía miedo... ¿Y qué dice la vieja?
El de la Silla: Nada
Viejo de Aicardo: Todavía cree que la hacienda no tiene límites.
El Cura Apócrifo: Y sigue soñando con sus campesinos.
Gamonal: Cree que la familia mantiene el derecho de vida y muerte sobre la pionada.
El Coronel: Perdimos ese derecho.
Gamonal: Y como van las cosas puede que mañana lo tenga la pionada.
El Coronel: A dónde hemos llegado.
Viejo de Cabal: El desastre empezó contigo, Belarmino.
El de la Silla: Con usted, coronel.
Viejo de Aicardo: Recuerda que cuando la vieja todavía manejaba la carabana hacía colocar tu imagen allá, en la vieja caballeriza.
Gamonal: Allí está ese hijo de puta de Belarmino, gritaba.
El Obispo: Viene con sus liberales, sus ateos, sus masones.
El de la Silla: Viene con chusma de negros, de mestizos y de zambos.
Gamonal: Viene libertando esclavos y levantando siervos.
El de la Silla: Allí estás hijo bastardo.
Viejo de Aicardo: Renegado.
Obispo: Maldecido, mil veces maldecido.
Gamonal: Vas contra la patria.
Obispo: Contra Dios.
El de la Silla: Contra la propiedad.
Obispo: Contra tu propia herencia.
Cura Apócrifo: Y... ¡Pum! Disparó la carabina.
El Coronel: Conque eso gritaba la vieja.
El de la Silla: Cuando todavía hablaba.
Obispo: Volverá a hablar.
El de la Silla: Lo dudo.
El Coronel: Quiero conocer a las nuevas generaciones.
Gamonal: Asunción.
Matrona: Descendiente en línea recta de la Mamá Grande.
Gamonal: Purificación.
La de la Bata: De una auténtica rama del árbol genealógico.
Gamonal: Concepción.
La de Rojo: Un fruto caído del árbol, coronel.
La Pequeña: Dolores, legítima heredera.
La de la Bata: ¡Cállate, lengua viperina! De la misma raíz venimos todas, ilustre coronel Belarmino.
Matrona: Pero hay diferencias.
El de la Silla: Tobías, ministro de Gobierno.
El Coronel: ¿De qué época?
El de la Silla: De ésta, por supuesto.
El Coronel: El último ministro de Gobierno que conocí murió a mi lado, combatiendo contra los godos en Paloseco.
El Obispo: Nepomuceno, representante de su santidad en la agonía de la Mamá Grande.
El Coronel: Igualito al otro, a su probable abuelo, representante de su santidad cuando nacía la República.
Viejo de Cabal: Eustaquio, en la intimidad de la agonía. Presidente de un país convulsionado en la vida pública.
Viejo de Aicardo: Historiador, autor de las memorias de la Mamá Grande y ex presidente de la República, Coronel.
Cura Apócrifo: Y éste es Nicanor. El matador de la servidumbre.
Gamonal: Es la vieja guerra.
Cura Apócrifo: Y la nueva. La de siempre.
El Coronel: De la guerra nacimos y la guerra nos entierra con las armas en la mano.
Gamonal: Pero nosotros estamos vivos.
El Coronel: No lo proclamen tan alto. Pregúntense, humildemente si no estarán muertos. Nunca se sabe.
La de la Bata: No quiero estar muerta. No quiero estar muerta. No quiero estar muerta.
Matrona: ¡Purificación!
La de Rojo: ¡Contiénete!
La Pequeña: ¡Decente hasta la muerte!
La de la Bata: No quiero ser decente hasta la muerte, no quiero.
La Muda: Purificación, Purificación, Purificación...
La Pequeña: Excomúlgala. Nepomuceno.
Matrona: Que pierda la herencia.
El Coronel: Déjenla. Hacía mucho tiempo que no venía una mujer en cueros.
Matrona: Tápala con algo.
Dolores: Sáquele el diablo de adentro, Su Eminencia.
El Obispo: Vete satanás.
Cura Apócrifo: Pater noster qui est in celis...
La de Rojo: Siga sacando diablos, Su Excelencia. Hay muchos.
La Pequeña: Cállate.
Matrona: ¿Te das cuenta de lo que has hecho?
La Pequeña: No te hagas ahora la mosca muerta.
Gamonal: Llévenla atrás. A las caballerizas.
El Obispo: Lucifer se apoderó de ella.
El Coronel: Qué carnes tiene Lucifer.
Matrona: Coronel.
Coronel: Perdón. Esas cosas no se ven en la otra vida.
Entra el tema de la Agonía, Muerte de la Mamá Grande, que va a culminar en el sueño de Purificación.
El de la Silla: Gime.
Viejo de Cabal: Extraño estertor.
Peón de Blanco: No caerá, no caerá.
Obispo: Allí, suspendida, le ha llegado su hora.
Peón de Blanco: La bendición Su Santidad.
Cura Apócrifo: No es Su Santidad.
El de la Silla: No todavía.
Cura Apócrifo: Le faltan unas indulgencias.
Gamonal: Pero Su Santidad vendrá al entierro.
Cura Apócrifo: Pasando por el infierno y el purgatorio.
Obispo: Es posible.
Peón de Blanco: No caerá, no caerá.
Obispo: A lo mejor sube a los cielos en cuerpo y alma. En el Vaticano se habla de beatificación.
Viejo de Cabal: Quizá trata de decir sus últimas palabras.
El de la Silla: De expresar su última voluntad.
El Coronel: Se equivocan. Ella es la única viva que hay aquí. La larga agonía es la de ustedes.
Viejo de Cabal: No vuelva a empezar, Coronel.
El de la Silla: Hiede.
Gamonal: Agua de colonia.
Viejo de Aicardo: Agua de colonia
Viejo de Cabal: Agua de colonia.
Cura Apócrifo: Agua de colonia.
Peón de Blanco: Agua de colonia para Su Santidad.
Cura Apócrifo: Te he dicho que no es Su Santidad.
Obispo: No todavía.
El de la Silla: Ten paciencia.
Viejo de Cabal: Ha vuelto a gemir.
Viejo de Aicardo: Vuelve el extertor.
Obispo: Lauda, anima mea, Dominum...
Cura Apócrifo: Amén.
Peón de Blanco: No caerá.
Viejo de Aicardo: Está quieta.
Viejo de Cabal: Tranquila.
(Vuelve el tema de Purificación).
Matrona: Se ha quedado dormida.
La de Rojo: Respira suavemente.
La Pequeña: Como si nada hubiera pasado.
Matrona: Como un ángel.
Obispo: Es lo natural. Siempre quedan así cuando el demonio las abandona.
El de la Silla: Pero casi nunca las abandona.
Viejo de Cabal: Las quiere mucho.
Matrona: No me hagas hablar.
La de Rojo: Sí, mejor es que se callen.
Obispo: Benedictus, dominus...
Cura Apócrifo: Pater noster... (etc.). (Como la avalancha en la improvisación de “Armero” la Mamá Grande se desprende y cae sobre ellos. Salen, como pueden de debajo de ella los curas y huyen los otros).
La de la Bata: ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hacen aquí?
Matrona: Purificación.
La de Rojo: Cálmate, ya pasó todo.
La Pequeña: Le ha vuelto el desvarío, Su Eminencia.
Obispo: Satanás, no regreses a ella.
Viejo de Aicardo: Un momento, Nicanor. Baja la carabina.
El de la Silla: Somos tus parientes, Purificación.
Viejo de Cabal: Tu familia.
Viejo de Aicardo: Eres legítima.
La de Rojo: La puta era mi madre.
El de la Silla: ¿Quién dijo eso?
Matrona: Yo no.
La Pequeña: Yo tampoco.
La Muda: Yo nunca.
Gamonal: Vamos, fuera.
Matrona: Y tú, deja de calumniar.
La de Rojo: Ahora resulta que eso es una calumnia.
El de la Silla: No empieces tú también.
Obispo: No removamos ahora la historia.
Viejo de Aicardo: La historia, la historia. Aquí está la historia. Veamos qué dice sobre eso.
El de la Silla: Deja la historia.
Viejo de Cabal: No vamos a empezar ahora con la historia.
Viejo de Aicardo: La historia es la madre de todos nosotros.
El de la Silla: Y ésa sí que es una puta.
Cura Apócrifo: Vuelta con las putas.
El de la Silla: Que las dejen tranquilas.
Cura Apócrifo: Ya están todas en el purgatorio.
El de la Silla: O en el infierno.
La de Rojo: El infierno está aquí.
Matrona: Cállate.
Obispo: Han sido perdonadas.
Coronel: Todas las putas de la familia han sido perdonadas. Y han sido muchas.
La de Rojo: Ya se perdió la cuenta.
Matrona: ¡Bastarda!
La Pequeña: ¡Víbora!
Gamonal: ¡No la soporto más!
Viejo de Cabal: Tranquilízate, Nicanor.
El de la Silla: Que no haya sangre.
Viejo de Aicardo: La historia. Lo único que existe es la historia.
Viejo de Cabal: Estamos aquí convocados por ella.
Cura Apócrifo: Por su agonía.
Obispo: No lo olvidemos. Pater noster... (etc.).
Cura Apócrifo: Pater noster... (etc.)
La de la Bata: No habrá entierro.
Matrona: Chist.
Gamonal: Silencio.
La Pequeña: Respeta.
La de la Bata: No habrá entierro. Este es un hueco hediondo donde todos estamos encerrados. No hay salida. Aquí nos pudriremos lentamente.
Viejo de Cabal: Mójenle el pañuelo.
Cura Apócrifo: Purificación, dame el pañuelo.
Matrona: Te sentirás mejor.
La Pequeña: Eso despeja.
La Muda: Sí, moja el pañuelo.
La Pequeña: Expulsa los malos olores y los malos espíritus.
La de la Bata: Soñé que ella descendía de su cielo lentamente y que ustedes volaban a su alrededor.
El de la Silla: ¿Nosotros?
La de la Bata: Sí, ustedes. Todos ustedes volaban atraídos por la carroña.
Matrona: No hables así.
La Pequeña: Son sueños, sólo sueños.
La Muda: Sueños, sueños.
La Pequeña: Visiones que te pone ante los ojos el enemigo malo.
Viejo de Aicardo: La historia, volvamos a la historia.
La de la Bata: Y que cuando caían se precipitaban sobre ella en forma de gallinazos. Son una nube de aves de rapiña.
La Pequeña: ¿A dónde vas?
Matrona: No irás muy lejos.
La Pequeña: Estás condenada a morir aquí.
Matrona: Y a revolotear aquí después de muerta.
Viejo de Aicardo: Miren esto.
Viejo de la Silla: El retrato de ella.
Matrona: Muestra.
La Pequeña: Deja ver.
Viejo de Aicardo: La capital está enlutada. El parlamento reunido. Grupos oscuros, en las calles, miran consternados ese mismo retrato. Ya se habían olvidado de ella las nuevas generaciones. Y ahora, cuando se muere, un estremecimiento de terror sacude las multitudes.
Peón de Blanco: No se muere. Baja a ver su retrato.
Viejo de Cabal: ¿De qué parlamento está hablando? ¿A qué época se refiere?
Matrona: Está fresca.
La de Rojo: Bella.
La Pequeña: Imponente.
Matrona: Nadie puede reunir, como ella, la juventud y la vejez, la frescura y la podredumbre, el perfume y la hediondez, la dulzura y el poder.
Viejo de Cabal: Es un daguerrotipo muy antiguo.
Cura Apócrifo: Un retrato de los buenos tiempos.
Coronel: Tomado un poco antes de la Guerra de los Mil Días.
Obispo: Pero cómo se conserva.
El de la Silla: Parece de hoy.
Viejo de Aicardo: O de ayer. Es un renacimiento. Ha vuelto a nacer.
Matrona: Como si asistiéramos a sus años de infancia.
La Muda: Como si estuviera chiquita, chiquitica, chirriquitica.
Peón de Blanco: No morirá.
Viejo de Cabal: No habrá entierro.
Viejo de Aicardo: Atraviesa la historia cual un cometa.
Cura Apócrifo: Brilla en la noche de siempre como un lucero.
Obispo: Ecce Agnus Dei, qui tollit peccata mundi.
Cura Apócrifo: He aquí el cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Amén.
El de la Silla: Sin mácula, para siempre jamás, eterna.
Gamonal: Eterna como su imperio.
Viejo de Cabal: Pero allá afuera...
Gamonal: Allá, afuera, ¿qué?
Viejo de Aicardo: Piensan de otro modo.
El de la Silla: El populacho piensa distinto.
Gamonal: El populacho me importa un carajo.
Viejo de Cabal: No hables así. Esto es una democracia.
El de la Silla: Y saber manejar el populacho es el arte de la familia.
Viejo de Cabal: La verdadera herencia.
Viejo de Aicardo: Es la sabiduría que ella nos deja. La trascendencia de la sabiduría divina sobre la improvisación mortal y pasajera.
Gamonal: Porque no se untan de sangre. Yo tengo que mantenerlos a raya. Yo tengo que hacer los escarmientos. ¿No fue siempre así, coronel?
Coronel: Sí señor. La otra cara de la moneda.
Viejo de Cabal: Debe estar el parlamento reunido.
El de la Silla: La capital llena de luces de bengala.
Viejo de Aicardo: Las muchedumbres dispuestas a recomenzar la historia.
Viejo de Cabal: Ella nos permite volver a nuestro mundo.
El de la Silla: A nuestras dignidades.
Peón de Blanco: Regresa a su sitio.
Obispo: A su gloria.
Cura Apócrifo: Nos señala un nuevo camino. (Aquí entra, de nuevo y con otras características, el tema del “Encierro”. Van a salir medio borrachos, medio beatíficos, optimistas. Han olvidado el encierro, la guerra, están cómicamente dignos. Las mujeres, sin embargo, no parecen dispuestas a esa cruzada. El lugar de ellas es, de todos modos, la hacienda.
Pero piensan, quizá, que es, de nuevo, la hacienda de antes.
Al llegar los caballeros a las puertas, la de rojo: y la de la bata entran con el cadáver del guardaespaldas. Todo de negro, con el rostro blanco azulado, el guardaespaldas es como un mensajero de la muerte).
La de Rojo: Su guardaespaldas, Nicanor.
La de la Bata: La guerra llega a nuestras puertas.
El de la Silla: ¡Atrás!
Obispo: Tranquemos las puertas.
La de Rojo: La resistencia es imposible.
La de la Bata: Que nadie intente disparar un tiro.
Peón de Blanco: Mataron mucha gente.
El de la Silla: Nicanor, baja esos escarmientos.
Viejo de Cabal: Y entiérralos en secreto.
(Aquí entra el tema de la descomposición de la familia, de las dignidades como disfraces, del poder como mascarada. Enterrados los “Escarmientos”, se miran llenos de culpa y empiezan las acusaciones).
Viejo de Aicardo: La historia vuelve a comenzar.
Gamonal: Deja la chochera de la historia.
Viejo de Aicardo: ¿Qué dices?
El de la Silla: Que esa historia es un cuento de hadas.
Viejo de Cabal: Un mito.
El de la Silla: Una ficción.
Obispo: Un delirio.
Viejo de Aicardo: ¿Y usted se cree un ex presidente? No es más que un cadáver ambulante.
Viejo de Cabal: Una sombra.
El de la Silla: Y usted ¿de qué es presidente? De nada. De un hato de bestias encerradas.
Cura Apócrifo: Ahora laven la ropa sucia en casa.
El de la Silla: Especialmente tu puerca sotana. Jamás fuiste cura.
Cura Apócrifo: Nepomuceno, atentan contra la Iglesia.
Obispo: Satanás ha regresado.
Viejo de Cabal: Qué Satanás ni qué mierda. Tú no eres Su Santidad, ni arzobispo, ni obispo, ni nada que se le parezca.
La de la Bata: Ahora son lo que son.
Matrona: Tú cállate. Borracha, desvergonzada.
La de Rojo: La verdadera desnudez. ¡Que se desnuden todas!
La Pequeña: No hables tú, bastarda renegada, que vives alabando tu malparidez.
Viejo de Aicardo: Todo eso queda en la historia, para las nuevas generaciones.
Obispo: Las nuevas generaciones que se las lleve el diablo.
(En silencio y de un golpe cae la M.G. al suelo. Aterrados la miran en silencio. Se van acercando a ella poco a poco. La muñeca levanta la cabeza y todos desaparecen, corren a esconderse. De su vientre salen sonidos).
Matrona: ¿Qué dice?
La de Rojo: ¿De qué habla?
El de la Silla: Tiene la lengua enredada.
Obispo: Son las últimas palabras.
Viejo de Cabal: Incomprensible.
Viejo de Aicardo: Pero sustanciales para la historia.
Cura Apócrifo: Está exhalando el último suspiro.
Matrona: Y hiede.
La Pequeña: El agua de colonia.
Obispo: Requiescant in pace.
Mujeres: (Con las narices tapadas). Amén.
Cura Apócrifo: Requiem eterna dona et domini.
Mujeres: Et lux perpetua luceat eis.
Viejo de Cabal: Avance usted, Su Eminencia.
El de la Silla: Y usted, señor cura, con el agua bendita.
Viejo de Cabal: Pase usted, señor ministro.
Viejo de la Silla: Después de usted, señor presidente.
Gamonal: Usted, señor historiador y eminente diplomático.
Viejo de Aicardo: Ustedes hacen la historia, yo la escribo solamente.
La de la Bata: Pasa Asunción. Ella te está esperando.
Matrona: A todos nos espera. Somos sus hijos.
La de Rojo: Sus hijos legítimos.
La Pequeña: Ultrajados y redimidos.
(Ha entrado el tema de la unidad de la familia por encima y por debajo de todo. Revestidos obispo y cura van hacia la Mamá Grande cuya cabeza ha caído hacia atrás).
Obispo: Los santos óleos. (Murmullos en latín).
El de la Silla: Por la riqueza del subsuelo.
Viejo de Cabal: Por las aguas territoriales.
Gamonal: Por los colores de la bandera.
Viejo de Aicardo: Por la soberanía nacional.
Gamonal: Por los partidos tradicionales.
Obispo: Por el predominio de la Iglesia.
Coronel: Por los pundonorosos militares.
Viejo de Cabal: Por los derechos del hombre.
 Matrona: Por los deberes de la mujer.
La Pequeña: Por las reinas de belleza.
La de Rojo: Por las tradiciones republicanas.
La de la Bata: Por mí, por ti, por todos nosotros, por esta manada de bestias huérfanas.
El de la Silla: Hay que salir de aquí.
Gamonal: Difícil...
Peón de Blanco: Imposible.
Coronel: Yo no lo necesito. Vuelvo a mi lugar de siempre.
Viejo de Cabal: Yo sí lo necesito. Tengo que volver a la capital. El destino del país está en mis manos.
Gamonal: Son desgracias que se abaten sobre los pueblos.
Peón de Blanco: Desastres inevitables como los terremotos.
Matrona: Hiede.
La de Rojo: Más que antes.
La Pequeña: Mucho más.
Cura Apócrifo: (Al peón). Mójame el pañuelo en agua de colonia.
El de la Silla: Y el mío.
Viejo de Cabal: Y el mío.
Matrona: Y el mío.
La de la Bata: Y el mío.
La de Rojo: Y el mío.
La Pequeña: Y el mío.
Obispo: Y el mío.
Gamonal: ¡Aviva los sahumerios!
Obispo: ¡Que huela a incienso!
El de la Silla: ¡A bálsamo!
Viejo de Cabal: ¡A eucalipto!
Viejo de Aicardo: A historia clausurada.
Matrona: A gloria.
Obispo: ¿Podría apartarse un poco? Es usted el que huele mal.
Cura Apócrifo: Me da mucha pena, Excelencia, pero de sus ropajes sale el mal olor.
El de Cabal: Les pido mil disculpas, pero ambos huelen mal.
Cura Apócrifo: Usted huele peor.
Gamonal: No resisto su fetidez.
Matrona: ¡Son ustedes los que hieden!
Viejo de Aicardo: ¡El mal olor viene de las mujeres!
La de la Bata: ¡En ustedes está la podredumbre!
La de Rojo: ¡Siempre olieron a perro muerto!
La Pequeña: Ustedes son la carroña.
Obispo: No hay duda, son las mujeres las que hieden.
Matrona: A mí, ustedes, siempre me olieron a mierda.
Gamonal: ¡Más agua de colonia!
El de la Silla: ¡Agua de colonia!
Mujeres: ¡Agua de colonia! (Mojan los pañuelos).
Viejo de Cabal: ¡Qué alivio!
Obispo: ¡Qué sensación!
El de la Silla: ¡Es otra cosa...!
Matrona: ¡Hiede!
Viejo de Aicardo: Pero respiro.
El del cabel: Sí, respiro.
Obispo: ¡Respiro!
Gamonal: ¡Sí, se respira!
Matrona: ¡Se respira!
La de Rojo: Se respira.
La de la Bata: Se respira.
Todos: ¡Se respira!

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