El caso de las petunias pisoteadas. Tennessee Williams.

El caso de las petunias pisoteadas.
Tennessee Williams.
Personajes
DOROTHY SIMPLE
AGENTE DE POLICÍA
MUCHACHO
SRA. DULL
Escena
La acción se desarrolla en una mercería llamada «Simple Notion Shop», atendida por
su propietaria la SRTA. DOROTHY SIMPLE, una muchacha de Nueva Inglaterra, de
veintiséis años, soltera, que tiene un físico muy atractivo, pero que ha parapetado su
casa y su corazón tras de una doble fila de petunias.
La ciudad es Primanproper, Massachusetts, situada dentro de la órbita cultural de
Bostón.
Cuando se levanta el telón son las primeras horas de la mañana. La SRTA. SIMPLE,
muy agitada por algún motivo, acaba de abrir su tiendecita. Se halla de pie junto a la
puerta abierta, inundada por los rayos del sol de primavera, pero su rostro expresa
pesar e indignación. Está llamando a un AGENTE DE POLICÍA que hay en la esquina.
DOROTHY: ¿Agente?... ¡Agente!
POLICÍA (Andando despacio hacia ella): ¿Dígame, señorita Simple?
DOROTHY: Quiero denunciar un caso de sabotaje deliberado y malicioso.
POLICÍA: ¿Sabotaje de qué, señorita Simple?
DOROTHY: ¡ De mis petunias!
POLICÍA: Bueno, bueno. ¿Qué quiere usted decir con eso?
DOROTHY: Exactamente lo que he dicho. Véalo usted mismo. Anoche esta casa estaba
rodeada de una hermosa doble fila de petunias de color rosado y malva. ¡Mírelas ahora!
Esta mañana al levantarme las encontré en este estado. ¡ Una por una pisoteadas,
deliberada y maliciosamente!
POLICÍA: ¡Caramba! ¡Bueno, bueno, bueno!DOROTHY: ¡ Con decir «bueno, bueno, bueno» no vamos a atrapar al culpable!
POLICÍA: ¿Qué quiere usted que haga, señorita Simple?
DOROTHY: Quiero que detenga usted a un maniaco petunicida que calza el número
once D.
POLICÍA: ¿Un once D?
DOROTHY: Sí, ese es el tamaño de las huellas que dejó en mis petunias. Acaba de
medirlas un dependiente de la zapatería.
POLICÍA: Es un pie bastante grande, señorita Simple, pero hay muchos hombres que
tienen los pies grandes.
DOROTHY: No en Primanproper. El señor Knowzit, el dependiente de la zapatería, me
aseguró que no hay un solo hombre en toda la ciudad que calce ese número. Supongo
que se da usted cuenta del peligro que representa permitir que este maníaco ande suelto.
¡En mi opinión, un hombre que pisotea una petunia es capaz igualmente de pegar a una
mujer indefensa o de dar puntapiés a un niño inocente!
POLICÍA: Haré cuanto pueda, señorita Simple. Hasta luego.
DOROTHY (Secamente): Sí. Adiós. (Cierra la puerta de golpe. Vuelve tras el
mostrador y tamborilea nerviosa con las uñas, esmaltadas de rosa pálido. El canario
gorgea tímidamente. Después ensaya un arpegio. DOROTHY, al canario.) ¡Oh, cállate!
(Después, arrepentida.) Perdóname, por favor. ¡Tengo los nervios destrozados! (Se
suena. La campanilla de la puerta tintinea al entrar un cliente. Es un MUCHACHO que
resulta exageradamente grande y de aspecto agresivo en el cubículo de la tiendecita,
cuyas paredes están forradas de un papel floreado.) ¡ Dios bendito, tenga cuidado, por
favor! Va usted a dar con la cabeza en la lámpara.
MUCHACHO (De buen humor): Lo siento, señorita Simple. Creo que es mejor que me
siente. (La frágil sillita se derrumba bajo su peso)
DOROTHY: ¡ El cielo nos valga! ¡ Parece usted tener una fuerza destructora! Ha hecho
trizas esa sillita antigua.
MUCHACHO: Perdone, señorita Simple.
DOROTHY: Le agradezco sus disculpas, pero eso no arreglará mi silla. ¿Deseaba usted
ver alguna cosa?
MUCHACHO: Quisiera ver ese par de calcetines color vino que tiene usted en el
escaparate.
DOROTHY: ¿Qué número usa usted?
MUCHACHO: Nunca lo recuerdo, pero en zapatos calzo el once D.DOROTHY (Con viveza): ¿Qué número dijo? ¿Once? ¿Once D?
MUCHACHO: Eso es, señorita Simple, once D.
DOROTHY: ¡Oh! ¿Sus zapatos tienen bastante barro, verdad?
MUCHACHO: Sí, señorita Simple, creo que sí.
DOROTHY: Llenos de barro. Parece como si la noche pasada hubiera usted pisado un
macizo de flores recién regado.
MUCHACHO: Pensándolo bien, eso es lo que hice.
DOROTHY: ¿Supongo que no ha oído usted hablar de esa horrible historia de las
petunias pisoteadas que ocurrió la noche pasada?
MUCHACHO: Algo he oído.
DOROTHY: ¿Se lo contó el policía de la esquina?
MUCHACHO: No, señorita; él, no.
DOROTHY: ¿Quién entonces? El es el único que sabe, excepto..., excepto... ¡el hombre
que lo hizo! (Pausa. El canario trina inquisitivamente.) ¡Usted..., usted..., usted es el
hombre que lo hizo!
MUCHACHO: Sí, señorita, yo soy.
DOROTHY: ¡ No trate de escapar!
MUCHACHO: No pienso hacerlo, señorita Simple.
DOROTHY: ¡No se mueva de donde está hasta que venga el policía!
MUCHACHO: ¿Va usted a llamar al policía?
DOROTHY: Claro que voy a llamarle. Dentro de un minuto. Antes quisiera saber por
qué lo hizo. ¿Por qué pisoteó mis petunias?
MUCHACHO: Muy bien. Se lo diré. ¡ Primero, porque usted había parapetado su casa
—y su corazón— tras esa absurda doble fila de petunias!
DOROTHY: ¿Parapetado? ¿Mi casa? ¿Mi corazón? ¿Tras ellas? Eso es ridículo. No
entiendo qué quiere usted decir.
MUCHACHO: Ya lo sé. Aparentemente son unas criaturas tan frágiles, tan delicadas,
esas petunias, pero tienen una resistencia terrible.
DOROTHY: ¿ Resistencia frente a qué, si me permite la pregunta?MUCHACHO: Frente a toda cosa grande o importante que pueda llegar a su casa. Nada
que sea grande o importante puede traspasar nunca una doble fila de petunias. Por eso
vive usted sola con su canario y está empezando a detestarlo.
DOROTHY: ¿Detestar a mi canario? ¡Le tengo un gran cariño!
MUCHACHO: En secreto, señorita Simple, quisiera usted que se atragantara con el
alpiste. Le detesta usted tanto como sin confesárselo detestaba las petunias.
DOROTHY: ¿Por qué iba yo, o usted, o cualquier otra persona, a detestar las petunias?
MUCHACHO: Nuestra animosidad y la acción que de ella resulta queda perfectamente
explicada en un poema que compuse yo una vez sobre el tema de las petunias... y flora
similar. ¿Le gustaría conocerlo?
DOROTHY: Supongo que sí, si viene al caso.
MUCHACHO: Viene muy al caso. Dice así:
(Música suave)
Con qué severidad miran las petunias
las cosas que no vienen en el libro,
pues estas encantadoras criaturas
jamás se salen de los moldes académicos.
Observan con mirada penetrante
los fenómenos que ocurren junto a ellas
y clasifican como bueno o malo
a la gigantesca ballena o al diminuto gorgojo.
Contemplan con profundo desdén
todo lo que es masculino u ordinario.
Enrojecen hasta sus tiernas raíces
cuando pasan los hombres con las botas de trabajo.
Todo lenguaje sincero les choca
y se estremecen al oír cantar al gallo.
Dicen, eso sí, que la diversión buena y honesta
es permisible para todos,
pero encuentran que hasta la gallina ciega
es un juego ruidoso y demasiado grosero
y... (Aparte.) ¡No del todo inocente!
¿Qué le parece?
DOROTHY: ¡ Injusto! ¡ Totalmente injusto!
MUCHACHO (Riendo): ¿Para las ordenadas petunias?
DOROTHY: Sí, y además no creo que nadie tenga derecho a imponer sus opiniones en
forma de huellas sobre las petunias ajenas.
MUCHACHO (Sacando un paquetito del bolsillo): Estoy dispuesto a ofrecer reparación.DOROTHY: ¿Con qué?
MUCHACHO: Con esto.
DOROTHY: ¿Y qué es eso?
MUCHACHO: Semillas.
DOROTHY: ¿Semillas de qué? ¿De rebelión?
MUCHACHO: No, de rosas silvestres.
DOROTHY: ¿Silvestres? ¡No podría usarlas!
MUCHACHO: ¿Por qué no, señorita Simple?
DOROTHY: Las flores son como los seres humanos. No se puede permitir que crezcan
salvajes. Es preciso...
MUCHACHO: ¿Regimentarlas? ¡Ah! Ya veo. Es usted una fascista hortícola.
DOROTHY (Con un sonido entrecortado de indignación) : ¡ Debo llamar al policía y
hablarle de esas petunias!
MUCHACHO: ¿Por qué no lo llama entonces?
DOROTHY: Únicamente porque lo confesó usted honradamente.
MUCHACHO: No es por eso, señorita Simple.
DOROTHY: ¿NO?
MUCHACHO: La verdadera razón es que está usted fascinada.
DOROTHY: ¿Que estoy fascinada? ¡Es el colmo!
MUCHACHO: Sí que lo está, señorita Simple. Pese a sus difuntas y no lloradas
petunias, está usted encantada, intrigada..., ¡asustada!
DOROTHY: ¡Es usted muy presuntuoso!
MUCHACHO: Ahora, si me lo permite, quisiera hacerle una pregunta.
DOROTHY: Puede usted hacerla. Pero yo puedo no contestarla.
MUCHACHO: La contestará si puede. Pero probablemente no podrá. La pregunta es
ésta: ¿Qué piensa usted de todo ello?
DOROTHY: No comprendo... ¿Qué es todo ello?MUCHACHO: El mundo, el universo y el lugar que usted ocupa en él. ¡ El maravilloso
accidente de vivir! (Música de fondo suave.) ¿Ha pensado usted alguna vez en el
número de muertos y hasta qué punto rebasa el de los vivos? Su superioridad numérica
es tan grande que no encontraría usted cifras lo bastante altas ni lo bastante bajas .para
representar esa proporción.
DOROTHY: Parece como si estuviera usted tratando de venderme algo.
MUCHACHO: Claro que sí. Espere y verá.
DOROTHY: Yo no compro...
MUCHACHO: ¡Por favor! ¡Un minuto de su inestimable tiempo!
DOROTHY: De acuerdo. Un minuto.
MUCHACHO: i Mire!
DOROTHY: ¿Qué he de mirar?
MUCHACHO: Esas pequeñas partículas de polvo en el rayo del sol de abril que pasa
por esa ventana.
DOROTHY: ¿Qué les pasa?
MUCHACHO: Piense un poco. Usted podría haber sido una de esas partículas en lugar
de ser quien es. Podía haber sido una cualquiera de esas partículas infinitesimales de
polvo. O una cualquiera de los millones y billones y trillones de partículas de materia
muda, inconsciente. Incapaz de hacer preguntas. Incapaz de dar respuestas. ¡Incapaz .de
hacer, pensar, sentir nada absolutamente! Pero en lugar de eso, mi querida amiga, en
virtud del más raro y más improbable de los azares, resulta que es usted lo que es. ¡La
señorita Dorothy Simple, de Bostón! Hermosa, humana, viva. Capaz de pensar, sentir y
obrar. Aquí viene la parte fundamental de mi pregunta. ¿Qué va usted a hacer, señorita
Simple?
DOROTHY (Que está un tanto conmovida, a pesar de sus petunias): ¡Dios bendito...
nos valga! ¡ Creí que había entrado usted aquí a comprar unos calcetines!
MUCHACHO: Sí, pero antes tengo que venderle algo.
DOROTHY: ¿Venderme qué?
MUCHACHO: Una maravillosa colección de artículos.
DOROTHY: He de verlos antes de firmar el pedido.
MUCHACHO: Eso es imposible. No puedo exponer mis muestras en esta tienda.
DOROTHY: ¿Por qué no?MUCHACHO: Son demasiado preciosas. Tiene que darme una cita.
DOROTHY (Batiéndose en retirada): Lo siento, pero no hablo de negocios fuera de
aquí.
MUCHACHO: Peor para usted. Bueno, peor para los dos. ¿Tal vez cambiará de
parecer?
DOROTHY: No lo creo.
MUCHACHO: De todos modos, aquí está mí tarjeta.
DOROTHY (Leyéndola, desconcertada): Vida, Sociedad Limitada.
(Levanta la vista lentamente)
MUCHACHO: Sí. Represento ese artículo.
DOROTHY: Ya. ¿Es usted un vendedor de revistas?
MUCHACHO: No, no se trata de material impreso.
DOROTHY: ¿Pero es material, al menos?
MUCHACHO: ¡ Oh, -sí!, y de enorme importancia además. Pero la gente lo desconoce.
Por ignorancia han comprado siempre sustitutivos baratos. Y últimamente ha aparecido
fuera del país una empresa rival, que se llama Muerte, Sociedad Ilimitada. Su producto
viene en un paquete con la etiqueta guerra. Nos están desplazando mediante nuevos
métodos agresivos de promoción de ventas. Y una de sus principales armas es la
excitación. ¿Por qué da tan buenos resultados ? ¡ Porque ustedes rodean sus casas y sus
corazones con hileras de cosas aburridas y triviales como son las petunias! ¡ Si
pudiéramos sustituirlas por rosas silvestres no habría guerras! ¡No, habría suficiente
excitación en el mundo sin necesidad de que hubiera guerras! Por eso hemos iniciado
esta campaña antipetunias, señorita Simple. ¡ Vida, Sociedad Limitada, ha llegado a la
conclusión de que tenemos que usar los mismos métodos agresivos que utiliza allá
Muerte, Sociedad Ilimitada! Hemos de demostrar a la gente que Vida, Sociedad
Limitada, puede eliminar la perniciosa trivialidad de todas las petunias del mundo de
una manera más limpia, permanente y total que Muerte, Sociedad Ilimitada. ¿Qué dice
usted ahora, señorita Simple? ¿No va usted a probar nuestro producto?
DOROTHY (Nerviosa): Bueno, verá usted, en realidad... yo hago todas mis compras en
Bostón y...
MUCHACHO: ¿Qué compra usted en Bostón?
DOROTHY: Véalo usted mismo. Mire mis existencias.
MUCHACHO (Examinando las estanterías): Dedales, 'hilos, labores femeninas, guantes
blancos...
DOROTHY: Artículos de mercería. Novedades. Adornos.MUCHACHO: ¿Adornos... de la existencia?
DOROTHY: Sí, eso es exactamente.
MUCHACHO: ¿Qué hace usted después de cerrar?
DOROTHY: Despacho una correspondencia considerable.
MUCHACHO: ¿Con quién?
DOROTHY: Con mayoristas de Bostón.
MUCHACHO: ¿Cómo termina sus cartas?
DOROTHY: «Atentamente», «Queda de usted segura servidora», «Le saluda
atentamente».
MUCHACHO: ¿Pero nunca con cariño?
DOROTHY: ¿Con cariño? ¿A las casas de Bostón?
MUCHACHO: Supongo que no. Creo que debería usted ampliar su correspondencia. Le
diré lo que vamos a hacer. ¡Nos vemos esta noche en la carretera número setenta y siete!
DOROTHY: ¡Oh, no! Tengo que despachar mi correspondencia.
MUCHACHO: Déjelo para otro día. Nos encontramos allí. Iremos a tomar unas
cervezas al Starlight Casino.
DOROTHY (Tratando de escapar por todos los medios): ¡Si yo no bebo!
MUCHACHO: Entonces, coma. Queso suizo con pan de centeno. No importa. Después
la llevaré a dar un paseo en un coche descapotado.
DOROTHY: ¿ Adonde?
MUCHACHO: A la colina de los Cipreses.
DOROTHY: Pero eso es el cementerio.
MUCHACHO: Ya lo sé.
DOROTHY: ¿Por qué allí?
MUCHACHO: Porque los muertos son los mejores consejeros.
DOROTHY: ¿Sobre qué aconsejan?
MUCHACHO: Sobre los problemas de la vida.DOROTHY: ¿Y qué consejos dan?
MUCHACHO: Sólo una palabra: ¡ Vivid!
DOROTHY: ¿Vivid?
MUCHACHO: ¡ Sí, vivid, vivid, vivid! ¡ Es todo lo que saben, es la única palabra que
queda en su vocabulario!
DOROTHY: No veo cómo...
MUCHACHO: Se lo diré. La muerte tiene una cosa buena en su favor. Es un espléndido
proceso de simplificación. Libera el corazón de toda inconsecuencia. Por ejemplo,
recorre el diccionario entero con un lápiz azul absolutamente implacable. Al final, lo
único que queda es una página, ¡y en esa página una sola palabra!
DOROTHY: ¿La palabra que se oye por las noches en la colina de los Cipreses?
MUCHACHO: ¡ La palabra que se oye por las noches en la colina de los Cipreses!
DOROTHY: Oh. ¡Oh, oh!
MUCHACHO: Pero nadie la oye hasta que me conoce a mí. Yo tengo un dispositivo
secreto patentado que la hace audible. Una cosa que nunca fabricó Du Pont. Pero que es
un invento maravilloso. Absolutamente ingrávido y transparente. Se ajusta en el interior
del oído. Sus amigos nunca sabrán que lo lleva puesto. Pero se lo garantizo: ¡oirá esa
palabra, que suena casi como el largo, dulce susurro de las hojas al moverse!
DOROTHY: ¿De las hojas?
MUCHACHO: i Sí, de las hojas de sauces o de cipreses, o de la hierba cuando sopla el
viento! Y después ya no será la misma, señorita Simple. ¡ No; habrá cambiado para
siempre!
DOROTHY: ¿En qué sentido?
MUCHACHO: ¡Vivirá, vivirá, vivirá!..., y no detrás de unas petunias. ¿Qué dice,
señorita Simple? ¿Dorothy? ¿Quedamos citados? ¿Esta noche a las ocho y media en la
carretera número setenta y siete?
DOROTHY: ¿En qué punto de la carretera número setenta y siete?
MUCHACHO: Junto al ciruelo silvestre. En el sitio en que el largo muro de piedra está
roto..., donde las raíces han quebrantado las rocas desmoronándolas.
DOROTHY: Parece tan lejos. Parece... un lugar incivilizado.
MUCHACHO: Es incivilizado, pero no está lejos.
DOROTHY: ¿Cómo podría llegar allí? ¿Qué medio de transporte hay?MUCHACHO: Pídale la bicicleta a su hermano pequeño.
DOROTHY: Esta noche es la reunión de los Scouts. No me la dejará.
MUCHACHO: Pues vaya andando, no le hará daño el paseo.
DOROTHY: ¿Cómo lo sabe? Pudiera ser. Yo soy de Bostón.
MUCHACHO: Óigame. Bostón es una actitud mental de la que debe emanciparse.
DOROTHY: No sin un tratamiento de choque con insulina.
MUCHACHO: ¡Basta de evasivas! ¿Vendrá o no?
DOROTHY: Tengo tanto que hacer. Tengo que devolver unos libros a la biblioteca
pública.
MUCHACHO: Por última vez, ¿vendrá o no?
DOROTHY: No puedo dar una respuesta concreta. i Yo soy de Bostón!
MUCHACHO: ¡Una referencia más a Bostón puede ser fatal! Bien, señorita Simple, ¡no
puedo esperar indefinidamente!
DOROTHY: Creo que... tal vez.
MUCHACHO: ¿ Cree usted que tal vez?
DOROTHY: Quiero decir que creo que iré.
MUCHACHO: ¿Cree que irá?
DOROTHY: Quiero decir que iré. ¡Iré!
MUCHACHO: Así está mejor. Hasta luego, Dorothy.
(Sonríe y sale cerrando la puerta)
DOROTHY: Adiós.
(Permanece con la mirada perdida por unos momentos. Entra la SRA. DULL)
SRA. DULL (Bruscamente): ¡Señorita Simple!
DOROTHY: ¡Oh, perdóneme! ¿Qué desea?
SRA. DULL: Quiero un par de calcetines color vino para mi marido.
DOROTHY: Lo siento de veras, pero el único par que tengo está reservado.
SRA. DULL: ¿Reservado para quién, señorita Simple?DOROTHY: Para un caballero que representa a esta casa.
(Enseñándole la tarjeta)
SRA. DULL: ¿Vida, Sociedad Limitada? ¡Hum! Nunca he oído hablar de ella.
DOROTHY: Ni yo tampoco, hasta ahora. Y mañana estará cerrada la tienda por
reformas.
SRA. DULL: ¿Qué clase de reformas, señorita Simple?
DOROTHY: Voy a derribar las cuatro paredes.
SRA. DULL: ¿Derribar... qué? ¡Increíble!
DOROTHY: Sí, con el fin de hacer sitio para nuevas mercancías. Cosas que nunca he
tenido hasta ahora.
SRA. DULL: ¿Qué clase de cosas? ¿Cosas embotelladas, señorita Simple, o en cajas?
DOROTHY: Ni lo uno ni lo otro, señora Dull.
SRA. DULL: Pues todo viene en botellas o en cajas.
DOROTHY: Todo, salvo lo que fabrica Vida, Sociedad Limitada.
SRA. DULL: ¿En qué viene, pues?
DOROTHY: Todavía no lo sé con seguridad, pero sospecho que es algo que no está
encerrado, algo libre, natural y abierto como el cielo... También voy a cambiar el
nombre de la tienda. ¡Ya no se va a llamar «Simple Notions», sino «Tremendous
Inspirations»!
SRA. DULL: ¡ Cielo santo! En tal caso puede estar segura de que dejaré de ser su
cliente.
DOROTHY: Me lo figuraba.
SRA. DULL: ¿Y no lo siente?
DOROTHY: Ni lo más mínimo. Creo que sus monedas me han producido una ligera
erupción. Además, hace usted ruido con la nariz. Debe usted sonarse. O mejor aún,
debería usted cortarse la nariz. Muchas veces me he preguntado cómo podría abrirse
paso su nariz entre la gente. (La SRA. DULL emite sonidos entrecortados, mira con
desesperación a su alrededor y sale apresuradamente.) ¡Olvida usíed sus comestibles,
señora Dull! (Los arroja por la puerta. Se oye un golpe y un grito agudo. Crece la
música.) ¿Agente? ¡Agente!
POLICÍA: ¿ Dijo usted del número once D, señorita Simple?DOROTHY: Olvídese de eso, ya está todo arreglado.
POLICÍA: ¿Por las buenas? ¿Amigablemente, quiere usted decir?
DOROTHY: Por las buenas y amigablemente. El saboteador ha reparado todos los
daños causados y yo retiro mi denuncia. Ahora lo que quiero que me diga es por dónde
se va a la carretera número setenta y siete.
POLICÍA: ¿La carretera número setenta y siete? Esa carretera está abandonada.
DOROTHY: No por mí. ¿Dónde está?
POLICÍA: ¡ Está en muy malas condiciones, cubierta de zarzas!
DOROTHY: ; No me importa! ¿Dónde está?
POLICÍA: Dicen que la lluvia ha desunido las piedras. También el viento se ha tomado
libertades con ella. ¡ Por la noche, la luna hace unas sombras tan desconcertantes que las
gentes se extravían, van a sitios peligrosos, hacen cosas escandalosas!
DOROTHY: ¿Cómo, por ejemplo?
POLICÍA: ¡Oh, acrobacias sin sentido, dan volteretas en el aire, cantan canciones
desconocidas, destilan en vino los vapores de la medianoche..., bailan danzas paganas!
DOROTHY: ¡Maravilloso! ¿Cómo se llega allí?
POLICÍA: ¡Le advierto, señorita Simple, que una vez que va usted allí ya no puede
volver a Primanproper!
DOROTHY: ¿Quién piensa en volver aquí? ¡Nunca ha habido nadie tan dispuesto a
expatriarse como lo estoy yo hoy! Lo único que quiero saber es dónde está, ¿al norte, al
sur, al este o al oeste de la ciudad?
POLICÍA: Eso es precisamente, señorita. En las cuatro direcciones.
DOROTHY: Entonces no creo que pueda perderme.
POLICÍA: Es difícil que se pierda, si quiere usted encontrarla. ¿No desea nada más?
DOROTHY: No, señor, eso es todo. Muchas gracias.
(Crece la música. DOROTHY dice suavemente.)
i Adiós para siempre!
TelónNo puedo imaginar el mañana.
Tennessee Williams- “El País del Dragón”.
Personajes: UNA
DOS
Una y Dos son, respectivamente, una mujer y un hombre, que se aproximan a la
mediana edad: el único amigo de Una es Dos y el de éste, aquélla. No hay paredes en el
escenario, que sólo contiene los muebles que la acción de la obra exige (un sofá, una
silla, otra silla en el descansillo de un tramo de escaleras, una mesa con una lámpara y
una mesa de cartas). Hay un quicio de puerta al fondo a la izquierda del escenario. La
iluminación de la obra es una suave luz azul de crepúsculo, con suaves focos ambarinos
que siguen a los actores. El sofá y las sillas estarán tapizados de satén, color pastel, qui-
zás rosa suave y turquesa. Junto a la silla que hay en el descansillo, puede haber un gran
jarrón con una palma o unos heléchos. La mujer. Una, está en el piso de abajo, cerca del
quicio, con los brazos separados como si abriese unas cortinas para mirar por la ventana.
Lleva un vestido blanco de satén con una mancha de vino. El hombre. Dos, aparece en
el quicio; la mujer retrocede y se tapa la cara con las manos. Dos alza un brazo y hace
como si llamase a la puerta. Esta acción se repite dos o tres veces antes de que la mujer
se acerque y haga el gesto de abrir la puerta.
UNA: Oh, eres tú.
Dos: Sí, soy yo.
UNA: Me lo suponía. (Hay un silencio extrañamente prolongado, durante el cual
ninguno de los dos se mueve.) Te has puesto tu traje color crema de helado. (Los dos se
ríen, embarazados.) Bueno, no te quedes ahí como si fueses un recadero sin ningún
recado que dar.
Dos: No me mandas pasar.
UNA: Vamos, baja... Entra.
Dos (entrando): Gracias. (Hay otra extraña pausa.) Cuando subía por el camino te vi en
la ventana, luego cerraste las cortinas.
UNA: ¿Qué hay de malo en ello?
Dos: Tuve que llamar varias veces para que... abrieras la puerta.
UNA : Sí, casi la echas abajo.
Dos: Me pregunto si...
UNA:¿Si qué?Dos: Si no querías... si no querías...
UNA: ¿Si no quería qué?
Dos: ...verme esta... esta tarde.
UNA : Te veo todos las tardes. No habría tardes sin tí, y sin la partida de cartas y las
noticias de la televisión.
Dos: Pero...
UNA: ¿La cosa no ha mejorado verdad?
Dos: ¿Qué?
UNA: Decía que no ha mejorado, tu dificultad para hablar.
Dos: Mejorará. Es algo... temporal.
UNA: ¿Estás seguro? Hace ya mucho tiempo que es temporal. ¿Cómo te las arreglas
para hablar a tus alumnos en el instituto? ¿o no les dices nada, sólo escribes cosas en
la pizarra?
Dos: No, yo...
UNA: ¿Qué?
Dos: He estado intentando decírtelo. Hace cinco días que no doy mis clases en el
instituto.
UNA: No me extraña. Me lo suponía. Suponía que tendrías que dejarlo. ¿Y ahora qué?
¿Algo o nada?
Dos: Siempre hay...
UNA: ¿Qué?
Dos: Siempre hay algo, mientras...
UNA: Si, mientras hay vida...
Dos: Hoy. Hoy fui.
UNA: ¿A la clínica?
Dos: Sí. Allí.
UNA: ¿Qué les dijiste? ¿Qué te dijeron?Dos: Sólo hablé con la chica, la...
UNA : ¿La recepcionista ?
Dos: Sí, me dio un papel, una...
UNA: Una solicitud, un
Dos: Cuestionario para...
UNA: ¿Llenar?
Dos: Yo... tenia que informarles de si...
UNA:¿Sí?
Dos: Había recibido antes tratamiento...
UNA ¿Psiquiátrico ?
Dos: Sí, o había estado... hospitalizado.
UNA: ¿Y tú?
Dos: Respondí no a ambas cosas.
UNA: ¿Sí?
Dos: No.
UNA (con impaciencia): Sí, ya sé, escribiste no.
Dos: Luego, la recepcionista me dijo...
UNA: ¿Qué te dijo?
Dos: Que no había plaza para mi ahora, de momento, pero... se me informaría en
cuanto... uno de los...
UNA: ¿Médicos?
Dos: Te... terapeutas pudiese... incluirme en su... programa.
UNA: ¿Le explicaste que eras profesor y que tu situación era desesperada porque no
podías dar tus clases?
Dos: Era sólo la recepcionista, así que... No le expliqué nada. Pero puse en el, el...
UNA: ¿Cuestionario?Dos: Que sólo había una persona con la que... podía aún hablar... un poco. Insistí en que
era desesperado y urgente.
(Hace una pausa. Abatido, se gira ligeramente.)
UNA (con tono amable): Con esta luz difusa podrías pasar por uno de tus alumnos, con
tu traje color mantecado, recién salido de la lavandería.
(Se separa de él.)
Dos: De camino para acá pasé delante de un prado, el prado de una casa, la casa estaba a
oscuras y el prado lleno de grullas blancas. Creo que había por lo menos veinte grullas
blancas por el prado.
UNA: ¡Ah,sí?
Dos: Al principio pensé que veía visiones.
UNA: Era una visión, veía grullas blancas.
Dos: Supongo que estaban emigrando hacia el sur.
UNA: Sí, y se detuvieron en el prado de la casa a obscuras, quizás para elegir un nuevo
guía porque el viaje, el de antes, elegía una dirección equivocada, estaba un poco
desorientado o perdía altura, ¿eh? Así que se pararon en el prado de la casa oscura para
cambiar sus planes de vuelo... O quizás sólo para sentir el fresco de la hierba al
oscurecer bajo sus pies antes de continuar su viaje.
Dos: Sólo queda a una manzana de aquí. ¿Te gustaría ir hasta allí y verlas?
UNA: No. Tu descripción de ellas es suficiente, pero si quisieses volver y echarles otra
mirada, hazlo, vete. Creo que con ese traje blanco tan encantador te aceptarían.
Dos: ¿No vino hoy la muchacha?
UNA: Vino pero no pudo entrar, la puerta estaba cerrada.
Dos: ¿Por qué?
UNA: No quería que anduviesen trajinando por la casa. Llamó, dio voces y golpes en la
puerta y finalmente desistió y... se fue...
Dos: Todo está como estaba ayer al atardecer. Las cartas aún están sobre la mesa. Tú
aún tienes puesto ese vestido blanco con la mancha de vino...
UNA: Llevo aquí desde anoche. No he subido arriba. Acabé el vino y dormí en el sofá.
Oh. Y esta noche no ceno. No habrá cena para mí. Entré en la cocina y abrí la ne-
vera, pero la visión y el olor de su contenido me hizo sentirme enferma. Así que vete a
la cocina y hazte tú mismo un bocadillo o lo que quieras mientras yo prepa-
ro las cartas.Dos: Haré algo para los dos.
UNA: ¡No, sólo para tí! ¿Me oyes? Y cómelo fuera de aquí, en la cocina. (El sale de la
zona iluminada. Ella camina hasta la ventana y separa las manos como si abriese unas
cortinas). País Dragón, el país del dolor, un país inhabitable que sin embargo, está
habitado. Todos cruzan a través de este país inmenso y desolado por sus propios
senderos independientes, todos lo cruzan solos. Si los habitantes, los exploradores del
País Dragón, mirasen a su alrededor, verían otros exploradores, pero en este país de
soportado pero insoportable dolor cada cual está tan absorbido, sordo y cegado por su
propio viaje, que no ve ni busca a los que se arrastran cruzándose con él. Se sube loma
arriba, hacia los montes, el sendero es muy empinado, lleva a la cima de las Sierras
peladas... No cruzaré este país donde no hay ninguna posibilidad ya. Me detendré en la
linde de las Sierras, me negaré a seguir... Una vez leí una historia de una vieja
esquimal que sabía que su tiempo había concluido y pidió que la llevasen lejos de su
casa familiar, del iglú, y que la depositasen sola en un bloque de hielo desprendido del
resto, para poder ir a la deriva, separada... de... todo... (Vuelve Dos con un plato de
emparedados.) ¡Vete, vete, llévate eso o te echaré de aquí!
Dos: ¿Es que...?
UNA: ¡Sí, ya te lo he dicho!
Dos: Si tú no quieres comer, yo tampoco comeré. No tengo hambre esta noche.
UNA: ¡Yo no puedo!
Dos: ¿Qué?
UNA: Jugar a las cartas. No soy capaz. No puedo. Lo siento, perdóname, no puedo.
Dos:... Yo creo que tú...
UNA: ¿Qué?
Dos:... quieres que me vaya...
UNA: ¿Adonde, adonde ibas a ir?
Dos: Podría... ir a mi habitación.
UNA: Pero si dices que no tienes aire acondicionado, que no tienes televisión, que es
demasiado pequeña y que te sientes ahogado allí.
Dos (con tristeza): Hay un aparato de televisión en el salón del hotel.
UNA: Me has dicho que no puedes soportar el salón del hotel, que está lleno de viejas
agonizantes que se congregan alrededor de la televisión como si sorbiesen la sangre y el
oxigeno de ella. Ese salón del hotel, sólo el pasar por él se te pega su atmósfera y vienesaquí con ella, la traes contigo, llegas como un perro enfermo después de pasar por ese
salón, está en tus ojos, en tu voz, en tus, tus... ademanes. Cuando llamas y te abro la
puerta, tienes un aspecto tan asustado y enfermizo que das la sensación de que estás
pensando que te voy a dar con la puerta en las narices. ¡Mi pobre y querido amigo! (Le
coge de pronto suspirando.) ¡No tengo ya fuerzas para intentar empujarte a que intentes
salvarte de tu paralizadora depresión! ¿Por qué no abandonas ese aire de niñito perdido
entrado en años? ¡Se me hace tan difícil hablar honradamente contigo! (Inspira
profunda mente y le aparta de sí, dando ¡a espalda a la mesa.) Todas las tardes tienes
una expresión culpable y asustada. Siempre digo, «ah, eres tú», y tú siempre dices, «sí,
soy yo». Y luego pones esa sonrisita dolorida, falsa, enfermiza, pestañeas, con las
manos metidas a los bolsillos. Tú das clase, pero nunca has dejado la escuela, aún es-
tás en la primaria de la enseñanza elemental, o incluso en el parvulario. Ah, eres tú, sí,
soy yo. Dios mío, ¿no puede haber otro saludo entre nosotros? Seria mejor que
simplemente entrases y te sentases a comer y luego sacásemos las cartas o
encendiésemos la televisión. Pero no, tenemos que repetir el ritual, ah, eres tú, y, si, soy
yo, y no decimos casi nada más, al menos nada más que merezca la pena decirse. Me
fuerzo a mi misma a proseguir una especie de monólogo, con unas cuantas intejecciones
por tu parte como «uummm», o «mmmmm» «ejemmmm». Y te digo cosas que te he
dicho tantas veces ya que me da vergüenza repetirlas. Pero no tengo más remedio que
hacerlo, porque si no, no haríamos más que sentarnos aquí juntos en un insoportable
silencio, si, un silencio intolerable. Si, y en verano, tú dices, «se está fresco y bien aquí»
y en invierno «se está caliente y bien aquí». Oh, Dios mió. Dios mío... (le coge de los
hombros, aprieta su cabeza un instante sobre la espalda de él: luego le aparta de sí).
Dos: Nunca me resultó fácil...
UNA .-¿Hablar?
Dos: Hasta donde puedo recordar, siempre me resultó difícil.
UNA: ¿Hablar?
Dos:... Poner en palabras lo que pienso y siento.
UNA: ¿E incluso mirar a otra persona a los ojos?
Dos:... Sí. Mirar a otra persona a los ojos, también eso.
UNA: Siempre miras un poco de lado, con una expresión culpable. ¿Qué te hace sentirte
culpable? ¿Sólo el estar vivo?
Dos:... Yo...
UNA:...¿Tú?
Dos:... no sé realmente.
UNA: Coge este trozo de papel y este lápiz y escríbeme lo primero que se te venga a la
cabeza. Rápido. No te pares a pensar. (Dos garrapatea algo en el papel.) Bueno.Déjame ver lo que escribiste. «Te amo y tengo miedo».... ¿De qué tienes miedo?
Rápido, escríbelo. (El escribe otra vez en el papel. Ella se lo arrebata.) «Cambio».... ¿Te
refieres a cambios en tí mismo o en mí o a cambios en circunstancias que afectan a
nuestras vidas. Rápido, escríbelo, no pienses. (El escribe de nuevo.) «A las tres cosas. A
todo».... Si, bueno, lo sabia desde el principio. Ahora lo haré yo; escribiré lo primero
que me venga a la cabeza. Lápiz. ¡Rápido! (Escribe con rapidez en la hoja de papel y la
empuja hacia él por encima de la mesa.) Léelo, léelo en voz alta.
Dos (leyendo en voz alta): «Si no existiese algo llamado tiempo, el paso del tiempo en
el mundo en que vivimos, podríamos contar con que las cosas permaneciesen iguales, el
tiempo vive con nosotros en el mundo y tiene una gran escoba y nos barre del camino,
admitámoslo o no».
UNA: ¿Bueno? ¿Por qué no dices algo?... ¿Nada? Coge lápiz y papel, escribe cualquier
cosa, rápido, algo, no te pares a pensar. (El escribe.) «Te amo y tengo miedo».... Eso fue
con lo que empezamos.
Dos: Dijiste que no me parase a pensar.
(Ella se aproxima para acariciarle la cara por encima de la mesa. El retiene la mano de
ella y la aprieta contra su boca y luego rodea la mesa para besarla. Ella aprieta la ca-
beza de él contra la suya un instante, luego le aleja de sí.)
UNA: Siéntate otra vez donde estabas. No hay modo de volver atrás, créeme. (El oculta
la cara entre las manos.)... ¿Lloras? (El mueve la cabeza.) No te dejes torturar...
¿Comiste en la cocina? ¿No?... Entonces, párate en el bar de vuelta a esa funeraria de
hotel y tómate un emparedado o algo así. Podría ser una buena oportunidad para tí,
mejor que nada. La gente de cuando en cuando necesita pequeños cambios, y tienen que
hacerlos o aceptarlos. Yo sé que algunas personas tienen pánico de los cambios, se
aterran a las rutinas repetidas. Creo que eso les da una sensación de estar protegidas.
Pero la repetición no proporciona seguridad, sólo da una sensación de seguridad. No
puede confiarse en eso. Uno puede caminar por una calle todos los día y sentir-
se seguro en aquella calle, y luego un día la calle se hunde bajo sus pies y el cielo se
vuelve negro.
Dos:... Tenemos que,.:.
UNA: ¿Tenemos que qué?
Dos:... intentar no...
UNA: ¿Qué?
Dos:... pensar sobre eso. No...
UNA .-¿Qué?
Dos:... ayuda a...
UNA: ¿Qué?Dos:... pensar sobre eso, es mejor...
UNA: ¿Qué?
Dos:... sentirse...
UNA: ¿Qué?
Dos:... protegido, aunque...
UNA: ¿Qué?
Dos:... no pueda confiarse en...
UNA: ¿Qué?
Dos:... el sentimiento.
UNA: Completaste una frase. No te resultó fácil, pero lo conseguiste. Ahora dame un
vaso de agua para mis gotas, por favor. (Dos pasa de la mesa de cartas a la zona oscura.)
Dos (para sí mismo): No puedo imaginar el día de mañana. (Vuelve con un vaso de
agua.)... ¿Quieres que eche las gotas en el agua?
UNA: Sí. Te lo agradezco.
Dos: En el frasco dice que cinco gotas.
UNA : Esta noche habrán de ser más.
Dos: ¿Estás...
UNA: ¿Qué?
Dos:... segura?
UNA: Dame el vaso y el frasco, lo haré yo misma. (Dos cuenta las gotas en voz alta.
Una sigue. El coge el frasco que le da ella y lo coloca en la mesa fuera de la zona
iluminada.) Está bien, tráelo, siéntate. (El vuelve a la mesa de cartas.) Voy a contarte
una historia. (Bebe el vaso de agua mientras habla.)... Es sobre un hombre pequeño.
Bueno... ¿Es que no vas a sentarte? (El se sienta a la mesa.)... Un hombrecito fue a la
casa de la Muerte y el guardia uniformado de la puerta le preguntó qué quería. El dijo
que quería la Muerte. El guardián dijo, es una petición muy grande para un hombrecito
como tú. El hombrecito dijo que sí, que él sabía que era una petición muy grande, pero
que era lo que él quería. El guardián le pidió la documentación. El único documento
que tenía era su certificado de nacimiento. El guardián miró la fecha de nacimiento y
dijo: demasiado pronto, has venido demasiado pronto, baja otra vez la montaña
y no subas aquí en veinte años. El hombrecito comenzó a llorar. Dijo: Si no me deja
entrar hasta dentro de veinte años, me pasaré los veinte años junto a esta puerta, nopuedo volver a bajar la montaña. Allá abajo no hay sitio para mí. No tengo a nadie a
quien visitar por las tardes. No tengo a nadie con quien hablar, ni con quien jugar a las
cartas, no tengo a nadie, a nadie. Pero el guardián se fue, volvió la espalda al
hombrecito y se fue, y el hombrecito, que tenia miedo a hablar, comenzó a gritar.
Gritaba muy fuerte para ser un hombrecito, y la Muerte le oyó y salió ella misma a ver
qué era lo que pasaba. El guardián dijo que el hombrecito que estaba a la puerta había
llegado con veinte años de adelanto, y que no quería volver a bajar la montaña, y la
Muerte dijo: Sí, ya entiendo, pero en algunos casos, especialmente cuando se ponen a
gritar a la puerta de este modo, se les puede dejar que entren antes, asi que déjale, y que-
haya paz. ¿Bueno? ¿Qué te parece la historia?
Dos: Es, bueno...
UNA: ¿Es bueno qué?
Dos: ¿Inventaste tú la historia?
UNA: No. Fuiste tú. Hace mucho tiempo que estás inventándola. Es hora ya de enviarla
para que la publiquen. ¿No te parece?
Dos: Yo, bueno...
UNA: ¿Yo bueno qué?
Dos: Dejemos...
UNA : Dejemos qué.
Dos: Esta noche tú.
UNA: ¿Esta noche yo qué?
Dos:... no pareces...
UNA: ¿Qué?
Dos:... tan bien como...
UNA: ¿Tan bien como qué?
Dos:... no tan bien como, no tan bien como... (se levanta con un gemido torturado y
suave.)
UNA: Sí. Ya sé. Ya sé. No comiste nada, ¿verdad? No. Debes pararte en el bar al volver
a casa y comer algo. Sirven toda clase de cosas allí y es un sitio popular. Podrías incluso
entablar una relación con alguien que estuviera comiendo allí. Cuando yo voy a comprar
mis medicinas, siempre veo a varias personas comiendo. Y las oigo hablar entre si.
Parecen conocerse. Es más fácil establecer relaciones con alguien en un bar que en la
mesa de un restaurante, porque te sientes más próximo y las mesas de los restaurantes
están separadas. Yo creo que es importante para tí hacer nuevas relaciones. Porque esposible que alguna tarde yo no te oiga cuando llames a la puerta. Podría estar arriba y no
querer bajar o no sentirme capaz de bajar hasta la puerta cuando tú llames, y en ese...
(Ella cierra los ojos y aprieta los dientes en un espasmo de dolor...)... En ese... posible...
caso... tendrías que... tener... otras... amistades... a las que acudir, en ese caso, si llega.
Dos: Creo que aún te duele. ¿Verdad que sí?
UNA: Si me duele o no, es mi dolor, no el tuyo, y tengo derecho a no hablar sobre él,
¿no te parece? Yo creo que una persona que padece un dolor ha de tener derecho a
guardarlo para sí. Pero prueba esta noche lo del bar y no entres allí con cara larga, entra
con actitud alegre y siéntate junto a alguien que de la sensación de tener aire
extrovertido. Di algo primero, no esperes a que los demás te digan algo, porque podrían
no hacerlo. Sé que odias hablar, pero a veces hay que hacer cosas que resultan difíciles,
así que entra allí y siéntate en el bar y toma un batido de leche y habla, charla, abre la
boca aunque sólo sea para decir que oíste anoche a un buho imitando tu voz en una
palmera. Por supuesto no te creerán, pero eso podría llevar a una conversación inte-
resante.
Dos: Creo que lo que quieres decir es...
UNA: Lo que quiero decir es... que las cosas tienen que cambiar en la vida.
Dos: Los cambios no tienen que ser súbitos.
UNA: Los cambios resultan mucho más fáciles de aceptar cuando uno está preparado
para ellos. Por eso te mencioné el bar.
Dos: En el bar hay mucha luz y mucho ruido, y yo nunca lograría entablar amistad con
nadie en un lugar con tanta luz y tanto ruido, no sabría cómo y no querría intentarlo.
UNA : Hasta hace un año...
Dos: ¿Qué?
UNA: ¿Qué te decía? Oh. Hasta hace un año.
Dos: ¿Qué?
UNA: Es igual. Dijese lo que dijese se me ha ido de la cabeza.
Dos(tras una pausa): ¿Quieres que me vaya ahora ?
UNA: Irse es un modo de decir morirse. (Se levanta.) He cambiado mis planes de esta
noche. Al final me iré arriba. Aún puedo subir las escaleras si lo hago con calma
y me apoyo en la barandilla. Puedo subir hasta el descansillo y pararme allí un rato y
luego subir el resto. En cuanto a ti, no olvides mi consejo de hacerte algún nuevo amigo.
Si no es en ese bar, puede ser en otro. Tú dile algo a alguien. Ese es mi consejo, aunque
ya veo que va a ser inútil.Dos: Un conocido no es un amigo.
UNA: ¿Quién es un amigo? Déjalo. Pero come algo en el bar de camino.
Dos: ¿Quieres que te ayude a subir antes...
UNA: Últimamente he estado durmiendo aqui en el sofá. Las escaleras se me han hecho
mucho más inclinadas. Pero esta noche creo que las subiré. Subiré hasta el descansillo
primero, y luego esperaré allí un rato antes de continuar. Hay una silla muy cómoda en
el descansillo y puedo sentarme en ella hasta que me sienta con fuerzas para subir el
segundo tramo. (Sube tres o cuatro escalones hasta una plataforma donde hay una silla.)
Sí, puedo descansar aquí un rato.
Dos: Me quedaré hasta que llegues al dormitorio. Luego me iré.
UNA: No, no esperes. Vete ahora. Me gusta hablar sola un rato antes de dormir.
Dos: No debes dormir en el descansillo. No puedes dormir ahí.
UNA : ¡Haré lo que me de la gana!
Dos: Lo siento, yo... m quería decirte lo que tú...
UNA: Vete, márchate ya. Y echa el cierre en la puerta.
Dos: El cierre está por dentro.
UNA: Oh. ... Sí. Tienes razón. Eso cambia un poco mis planes, si, tendré que echarlo yo
misma.
Dos: No creo que deba dejarte sola aquí de noche.
UNA: Esa es tu opinión, no la mia. Buenas noches. Vete, márchate ya, esta velada ha
sido para mí un gran esfuerzo.
Dos: Yo... lo lamento, yo... tengo la sensación de que ya no sientes nada de lo que
sentías por mí...
UNA: Eso no es cierto. No te hubiese dejado entrar esta noche en casa si no te amase
ya. Te amaba y aún te amo. Pero nos hemos ido a países distintos, tú has en-
trado en un extraño país y yo en otro.
Dos: ¿Podría quedarme en el sofá?
UNA: No, no, lo siento, no. Tienes que irte, ahora.
Dos: Tú eres...
UNA: ¿Soy qué?Dos: ...mi vida... toda mi vida... no hay nada más en ella. Iré a la clínica, volveré al
instituto, haré...
UNA: No me hagas las cosas tan difíciles.
Dos: ¡Por favor! pójame quedarme en el sofá!
UNA: ¡No!
Dos: Pero...
UNA: ¡No, dije que no! ¡Abre la puerta, vete!
Dos: Cuando vuelva mañana, me...
UNA: ¿Qué?
Dos: ¿Dejarás entrar?
UNA: Si te vas ahora, sí, pero si...
Dos: Me iré ahora. (Abre la puerta.) El aire está... El cielo está...
UNA: ¿Cómo está?
Dos: ...extrañamente luminoso esta noche. Como la superficie de un agua clara y poco
profunda, como, como...
UNA: Los gallos cantarán toda la noche porque creerán que está a punto de amanecer.
Buenas noches. Que el paseo de vuelta sea agradable. Quizás estén aún las grullas
blancas en el prado junto al que pasaste al venir. Que descanses bien. No dudes nunca
de que me preocupo por tí, pero recuerda que estamos en países distintos. (El cierra la
puerta silenciosamente por dentro, y vuelve hasta el sofá.)
UNA: (para sí misma): Se ha ido... Mejor sola. Es duro porque él sólo me tiene a mi y
yo sólo le tengo a él, pero en el País Dragón, uno deja tras si a su último amigo y
continúa solo... Oh... la puerta... No está trancada... Será mejor que baje y la tranque,
porque si no mañana la criada entrará. ¡Arriba, arriba, arriba he dicho! (Se levanta con
gran dificultad y baja las escaleras apoyándose en la barandilla. No ve a Dos en la mesa
de cartas. Va hasta la puerta y la tranca. Luego se acerca al marco de ventana y mira al
exterior. Dos alza una carta como para escudar su rostro tras ella. Una se vuelve y le
ve en el sofá.) Oh... Te quedaste, no te fuiste... No puedo imaginar mañana... Ayúdame
a subir las escaleras, ayúdame'por favor a llegar a la silla del rellano. (El la coge cuando
parece a punto de desplomarse y la ayuda a subir hasta el rellano.) Déjame descansar
aquí, por favor. Continuaré hasta mi dormitorio dentro de un rato, aunque tenga que
subir arrastrándome el resto de las escaleras...
Dos: Déjame que te ayude a subir ahora.UNA: No. Déjame aquí. Basta. Imposible... continuar... ahora. (Se sienta en la silla del
rellano.) Ahora. Baja otra vez.
Dos: Déjame...
UNA: ¡No, no, baja, baja, baja!
Dos: ... Yo... tú...
UNA: Lo siento. He de estar sola aquí. (Dos vuelve a la mesa de cartas.) Si me
despierto y bajo las escaleras mañana, no me sorprenderá encontrarte aún aquí. Creo
que siempre has deseado estar en mi casa. Bueno, esta es tu oportunidad, así que
instálate tú mismo. Sabes donde está todo: la televisión, las bebidas, la nevera, el
dormitorio de abajo y el cuarto de baño. Te dejo con todas estas delicias. Voy a
quedarme dormida en un minuto. Supongo que aún es posible que mañana te recu-
peres y reanudes tus clases. No apostaría por ello, sin embargo. De todas formas es
probable que te hayan reemplazado en la Júnior High School. Probablemente
te hayan expulsado como a un estudiante incorregible. No tienen que molestarse en
notificártelo, o no te habrás atrevido a descolgar el teléfono si te llamaron al fúnebre
hotel. ¿No has deseado siempre trasladarte aquí? Has manifestado siempre tantas
alabanzas a esta casa cuando vienes por las tardes desde el fúnebre hotel
en que vives. Siempre me dices lo agradable que es todo, la calefacción en el invierno,
la refrigeración en el verano, las palmeras del jardín, incluso el cielo, como si también
perteneciera a la casa. De acuerdo, ahora si quieres puedes quedarte aquí. No te
interpondrás en mi camino, yo no me interpondré en el tuyo. Después de un par de días,
apenas nos fijaremos el uno en el otro. Podría ser como hablar cada uno consigo mismo,
o escuchar a un pájaro o a un grillo que canten afuera. Sin duda tienes la oportunidad de
regresar a esa funeraria llamada hotel, pero existe un plazo limitado, un breve plazo para
que te acepten allí en tus actuales circunstancias. Probablemente ya sabrán que te has
quedadosin trabajo. Bueno, esas cosas suelen sucederle a la gente, a todos sin
excepciones, el plazo concluye, se les echa encima y les deja en seco... (Hay una pausa.
Dos recoge las cartas, las coloca en el estuche. Luego, Una continúa.) Si duermo bien
esta noche, mañana estaré mejor, y si estás aún aquí, iremos al mercado en coche, o
cogeremos un taxi, y llenaremos la nevera para ti, y luego pasaremos por tu hotel y
recogeremos tus cosas y te borrarás de esa horrible funeraria. ¿Y después? No puedo
pensar. Quizás no sea necesario pensar lo que vendrá después de eso. Eso queda muy
lejos para pensar y planear el futuro. Asi que instálate. Toma un trago en el porche,
disfruta del cielo y el mar que pertenecen a la casa. Ahora me voy arriba. (Pero se
recuesta en la silla.)... Todavía no. Continuar subiendo es como escalar un pico en los
Alpes.
Dos: Quédate abajo un poco más.
UNA: Está bien, sólo un poquito más.
Dos (suavemente, tras una pausa): ¿Te has dormido ya? ¿Te has dormido ya ?
UNA: ... No puedo imaginar mañana...
TELÓN

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