SOBRE DEMETRIO AGUILERA MALTA

PROLOGO
En nuestro siglo, la literatura ecuatoriana se da a conocer con cierto  retraso; antes del año 30 el valor de esa literatura se circunscribía  a la pequeña área nacional. Ecuador era doblemente un país pobre:  tanto en su economía como en los distintos aspectos del arte  y la literatura. A partir del año ya citado, el 30, se inicia una  nueva etapa, la que se manifiesta sobre todo en la narrativa y en  las artes plásticos.
En tanto que los escritores de varios países de la América española seguían puntualmente, o con cierto retraso, las visibles corrientes europeas o norteamericanas, los narradores ecuatorianos se adentraron en sus propios problemas, describieron la vida de las distintas regiones del país, habitadas por seres de peculiares rasgos distintivos; entramos en contacto, de ese modo, con la costa marítima y la fluvial, con la sierra; conocemos, asimismo, el mundo emotivo e intelectual del cholo, del montuvio, del indio y del negro. Si en la elección de las anécdotas los narradores cargaron el énfasis en lo nacional y aun en lo regional, usaron en la manera de contarlas los procedimientos legítimos de la novela moderna, sobre todo los que procedían de los novelistas norteamericanos de la "Generación Perdida" 'y de las primeras promociones de novelistas rusos que produjo la Revolución de octubre. Si en el aspecto ideológico fueron y siguen siendo revolucionarios, igual ocurre en el terreno de la técnica y del estilo.
Ecuador, como México en el momento de la novela de la Revolución, acapara para su narrativa la atención del continente y de algunos sectores de la inteligencia europea: da a conocer, en forma más o menos artística, un mundo recién nacido, en el que predomina la violencia y la injusticia. Existen en ella dos clases de hombres: los opresores —que son los menos numéricamente— y los oprimidos, que representan a la inmensa mayoría. La lucha de éstos últimos por sacudir la postración en que viven da la tónica y el repertorio de temas a la narrativa ecuatoriana.
A este respecto es imprescindible señalar que las novelas más significativas que ha producido la América Latina, desde los iniciales y fogosos titubeos de Fernández de Lizardi en México, están sustentadas en el amor y en el odio; aspiran implantar la justicia en la tierra y, en consecuencia, desvirtuar el influjo insalubre de los tradicionales enemigos de las mayorías. Si algún rasgo común aproxima a nuestros ejemplares textos de ficción éste es el apego, sin retórica y sin demagogia, a los intereses del pueblo.
Los narradores americanos que han logrado trascender las barreras aduanales no son, únicamente, maestros en el arte de contar, sino también hombres convencidos de grandes o pequeñas verdades, las que intentan difundir al mayor número posible de personas: están convencidos que escribir en América es enseñar.
Les novelistas ecuatorianos de la generación de 1930 forman uno de los grupos más interesantes que ha producido la ficción hispanoamericana del siglo XX. A cinco narradores se les debe que el país pequeño contara con una novela grande. "Eramos cinco, como un puño " dijo Enrique Gil Gilbert al referirse a sus cuatro compañeros y a sí mismo. Ellos eran José de la Cuadra, Joaquín Gallegos Lara, Alfredo Pareja Díez-Canseco y Demetrio Aguilera Malta. A ese equipo también se le conoce como el "Grupo de Guayaquil'.
Aguilera Malta (1909) es probable entre sus compañeros de generación el más regional y, al mismo tiempo, el de mayor alcance geográfico en la localización de sus anécdotas. El más regional porque toda su producción de tema y personajes ecuatorianos ocurre "en la desembocadura del río Guayas, en el mar 'Pacífico', en un archipiélago que avanza a saltos, dejando un caprichoso reguero de manchas de tierra firme, cual sembradas al voleo frente a la costa, a lo largo de un canal que se llama del Morro. . No solamente el agua las rodea completamente. Hay también un dique que las circunscribe. Ese dique es el manglar." (1) Desde la adolescente recopilación de versos chotunos, El libro de los mangleros, pasando por el libro de cuentos que publicó en compañía de Gallegos Lara y Gil Gilberí, Los que se van (1930), por las novelas Don Goyo (1933) y La isla virgen (1942), hasta la breve pieza de teatro en tres cuadros El tigre (1955), los temas que describe y los personajes que crea están tomados de la costa marítima —los novelistas hablan de otra costa, la fluvial— donde viven los cholos. (Estos libros tratan de la penetración del blanco en esa zona, modificando con su presencia los sistemas económicos y sociales.) Aguilera es también el de mayor alcance geográfico.
En 1935 publica Cana! Zone — los yanquis en Panamá — y en 1939, Madrid, reportazgo novelado de una retaguardia heroica. Actualmente trabaja dos novelas ubicadas fuera de su país: Una cruz en la Sierra Maestra, en la que narra las vicisitudes de los héroes anónimos de la Revolución cubana y México y tú. Es entre sus compañeros de grupo, asimismo, el más inquieto en el terreno
(1) Angel F. Rojas, estudio preliminar a La isla virgen. Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1954. P. V. 146
de la literatura y el arte, y el más andariago. La prosa breve de intención artística, el poema, el cuento, el reportazgo, la novela y el teatro no le han sido ajenos en las distintas etapas de su vida. La mayor parte de los países del continente y buena porción de los europeos le han otorgado experiencias decisivas. (Recuérdese que "hizo" , como suele decirse, la guerra civil española, que denunció la ingerencia norteamericana en Panamá... )
Desde hace dos décadas Aguilera Malta escribe obras de teatro. Una de ellas, Lázaro (1941), ha tenido gran éxito: es la pieza que mayor número de veces se ha representado en el Ecuador; ofrece la tragicomedia de un profesor idealista que cumple su tarea en una escuela secundaria. Sangre azul (1946) y El pirata fantasma (1946) son otras dos obras suyas de la primera época que se han llevado a la escena. En 1955, la Casa de la Cultura Ecuatoriana editó en un solo volumen dos de sus piezas: No bastan los átomos y Dientes blancos, de tres y un acto respectivamente. La primera, una de ¡as obras extensas que ha escrito Aguilera Malta , "está fabricada con los más finos instrumentos y posee cierta pasión, ritmo y audacia" . (2) Obra de tesis, los personajes consecuentemente son emisarios de las ideas pacifistas del autor.
Aguilera Malta es considerado unánimemente como el mejor dramaturgo del Ecuador. Es el más "juicioso" y el más "sereno", el que mejor conoce los secretos de la escena. Me ha confesado que para él el aprendizaje del teatro ha sido lento y difícil; que si para escribir una novela se necesita, como norma fundamental, cursar la vida, para escribir obras de teatro se necesita vivir y, más que en la novela, aprender el oficio, las "mañas " del autor teatral. "La novela —me ha dicho — se escribe; el teatro, se reescribe".
En este volumen se reúnen tres obras breves, escritas más o menos en un mismo tiempo: Dientes blancos, El tigre y Honorarios (1957) inspirada en un cuento de José de la Cuadra. Dientes blancos, inscrita tal vez en la atmósfera de Eugene O'Neill, es una especie de frenética pantomima en la cual los gestos y los sonidos son tan significativos como las palabras. Un negro, que ¡unto con otros hombres de color constituye el espectáculo musical de un cabaret del trópico, ha sido contratado para reírse en todo momento. Uno de sus compañeros se rebela ante tan me
(2) Francisco Tobar, El teatro durante los años de 1944 a 1956 visto por un autor". En Trece años de cultura nacional. Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana 1 957. P. 89.
cónica y degradante ocupación. Esta mínima anécdota, tratada con impecable lenguaje teatral —sobre todo mímico—, produce en el público —en este caso en el lector— el malestar que experimenta toda persona ante la segregación racial. Si el propósito de la obra es combativo, Aguilera Malta ha sorteado los peligros del obvio teatro de tesis.
El tigre ocurre en dos distintos planos: el real y el mental. El "manchado " —as í le llaman los cholos — posee una doble significación: es el animal carnívoro y representa al "maldecido", al demonio. Es por una parte teatro realista-costumbrista y, por la otra, teatro simbólico. Como la pieza anterior, ésta es parca en diálogo y rica en sugerencias.
Honorarios trasplanta al teatro el tono y el tema de la ficción ecuatoriana. Es obra de denuncia y de protesta. Es la más real de las tres, y la más fuerte. Los personajes pertenecen a las dos categorías que se advierten en esa narrativa: a la de los oprimidos y a la de los opresores. Su tema es la injusticia.
Quién sólo conozca a Demetrio Aguilera Malta como narrador, verá en esta otra de sus facetas las mismas cualidades: la generosidad del propósito y la sapiencia del oficio. La poesía, como en sus cuentos y novelas, trasciende la angosta realidad en que viven y sufren sus criaturas.
EMMANUEL CARBALLO









DIENTES BLANCOS
Pieza en un Acto

PERSONAJES:
EBRIA
EBRIO
WILLIAM
PETER
ERNEST
PATRON

(Al levantarse el telón, un reflector focaliza el centro del escenario.
La decoración representa la tarima de una orquesta de negros, en un cabaret centroamericano. Se oye, de rato en rato, el rumor de la fiesta, destaparse de botellas, gritos estridentes, carcajadas. Los músicos negros —Peter, William y Ernest— tocan piano, saxofón y batería, respectivamente. Están vestidos de frac blanco. Miran, a veces, abajo, donde se supone que están divirtiéndose los blancos.
Durante todo el acto, cada vez que William ríe, con su estruendosa carcajada, Ernest lo acompaña, como un autómata, con el sonido, también estruendoso, de su batería.)

PETER. (Mirando angustiado para todas partes, como buscando una salida.) ¿Serán las tres de la madrugada?
WILLIAM. (Lo observa, como a un bicho raro. Después, estalla en una carcajada martillante, onomatopéyica, que muestra sus dientes blanquisimos.) ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!
PETER. (Volviéndose furioso a William. Sintiendo que encuentra, por fin, alguien contra quien descarga su cólera.) ¿Y tú? ¿De qué te ríes?
WILLIAM. (Un tanto desconcertado. Con súbita seriedad.) De tu preocupación por el tiempo. Sabes que trabajaremos hasta cuando el sol baile en las calles. Y preguntas a cada instante la hora.
¿Cómo quieres que no ría? (Transición. Con su risa estruendosa.)
¡Jajajá! . . . ¡ Jajajá! . . .
ERNEST. (Después de acompañar, como lo hace siempre, con su batería, la risa de William. Como despertando.) Es que lo espera su mujer. . .
WILLIAM. (Asombrado.) ¿Su mujer?. . . ¿Qué mujer?
ERNEST. (Señalando a PETER.) La mujer de él. ¿No sabes que se casó ayer, no más?
WILLIAM. (Como para sí mismo.) ¡Ah! ¿Se ha casado? Entonces, no debía estar trabajando. ¡Debía estar con ella!
ERNEST. Por lo menos esta noche. (Sordamente.) ¡Es su primera noche!
PETER. (Con desesperación.) ¡Sí pudiera hacerlo!
ERNEST. (Pesando sus palabras. Preocupado.) ¡Y se ha casado con una mujer blanca! ¡O casi blanca!
WiLLIAM. (Histérico. Vibrando todo. Riendo, mientras lo acompaña Ernest, con su batería, cada vez que lanza su carcajada.) ¡Una mujer casi blanca!.. . ¡Jajajá!.. . ¡Una mujer casi blanca!.. . ¡ Jajajá! . . . ¡ Jajajá! . . .
PETER. (Con rabia creciente.) ¿Y ahora? ¿De qué te ríes?
WiLLIAM. (Transición. Preocupado.) ¿Yo? ¡De nada! Tú sabes. Yo sólo sé reír. . . (Transición. Eufórico.) ¡Una mujer casi blanca!. . . ¡Jajajá! . . . ¡Lo que vas a tener que trabajar para que dure a tu lado!.. . ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!.. .
PETER. (Sin poderse contener más. Abalanzándosele encima a William. Agarrándolo por la solapa del frac. Sacudiéndolo, mientras su contendor en vano intenta desasirse.) ¡Cállate!
ERNEST. (Se levanta rápidamente. Se interpone entre Peter y William. Después de breve esfuerzo, los separa.) ¿Qué te ocurre hoy, Peter? ¡Estás muy nervioso!
WILLIAM. (En actitud canalla.) ¿Acaso tienes miedo de que, .. ?
PETER. ¿De qué?
WILLIAM. ¿¿De que tu mujer?.. .
PETER. ¿Qué, pues, qué?
WILLIAM. (Lentamente. Calculando todo el efecto de sus palabras.)
¿Se canse de esperarte y se vaya con otro?. . .
PETER. ¡Desgraciado!
(Peter se lanza, otra vez, contra William. Empieza a golpearlo. William se defiende, pero casi sin responder los golpes. Tratando, más bien, de contener a Peter. Ernest vuelve a separarlos.)
ERNEST. ¿Es que no pueden hablar de otra cosa?
WILLIAM. (Transición a la euforia.) ¡Del cabaret, por ejemplo! ¡Jajajá! (Coge el saxofón y empieza a dar vueltas como si el instrumento fuera una mujer con la cual estuviese bailando un ritmo loco. En tanto, toca unos compases.)
PETER. (Sombrío.) ¡El cabaret! ¡Sólo piensas en el cabaret!
WILLIAM. ¿En qué más quieres que piense! ¡Aquí he nacido! Aquí he vivido siempre. ¿Te imaginas esto sin la risa del negro William? Sabría mal el champaña. Las mujeres no darían el mismo placer a los hombres. El cabaret me necesita. ¡Yo soy el alma! ¡El alma negra del cabaret. ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!
PETER. (Con desprecio.) ¡Me das lástima!
WILLIAM. (Danzando con el saxofón.) ¡Jajajá! ¡Jajajá!
PETER. Vives contento con fu suerte. ¡Infeliz!
WiLLIAM. (Como antes.) ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!.. .
PETER. ¡Eres un traidor a ti y a la raza!
WILLIAM. (Como antes.) ¡Jajajá!.. . ¡Jajajá!.. .
ERNEST. (Qué, como siempre, ha acompañado automáticamente,  con su bateria, las carcajadas de William. Como dejando de ser
autómata, para volverse hombre.) ¿Pero qué te ocurre hoy, Peter?
PETER. (Amargamente.) ¿A mí? ¿Qué puede ocurrirme, Ernest? ¡Esta noche es igual a todas. . . a todas las noches de mi vida!
ERNEST. ¿Entonces?
PETER. ¿Qué?
ERNEST. ¿Por qué estás así con William? Él es tu amigo. Y él, esta noche, también está igual a todas las noches de su vida.
WILLIAM. ¡Y seguiré igual, hasta después de muerto! ¡Jajajá!
¡Jajajá!
(Por la izquierda, sube a la tarima el Ebrio, vestido de frac negro, con una copa de champaña en la mano izquierda y una botella del mismo licor en la diestra. A su lado, sube, también, la Ebria, que va vestida de noche y también lleva una copa de champaña. De vez en cuando, ambos beben. Suben con dificultad a la tarima. La embriaguez los torna desdibujados, caricaturescos.)
EBRIO. Tengo que irme mañana mismo.
EBRIA. Ya me lo has dicho.
EBRIO. Pero quiero decírtelo otra vez. Tengo que irme. . .
EBRIA. (Continuando la frase de él) ... mañana mismo.
EBRIO. Así es. ¡Salud! (Bebe.)
EBRIA. ¡Salud! (Bebe.)
PETER. (Con repugnancia y rabia.) ¡Sólo nos faltaba eso! ¡Que vinieran hasta aquí!
WILLIAM. ¡Hay que aprovecharlos!
(William se acerca a los Ebrios y empieza a hacerles muecas. A bailarles. A hacerles gracias, como si se tratara de un payaso negro. Los Ebrios, al principio, no se dan cuenta de qué se trata. Después, ríen. A su vez, William empieza a reír, enseñando sus dientes blancos. Su carcajada va siendo tan contagiosa, que, al final, todos, excepto Peter, estallan en carcajadas estruendosas. Esta vez, Ernest, como loco, golpea todos los instrumentos de la
batería, en una forma extraordinaria.)
EBRIA. (Cuando todos parecen agotarse de tanto reír y se hace un breve silencio.) ¡Qué negro más gracioso!. . . ¿Me lo compras, querido?
EBRIO. ¡No puedo! ¡Tengo que irme. . .
EBRIA. (Continuando la frase.) ...mañana mismo! ¡Ya me lo has dicho, querido!
EBRIO. ¿No puedo decírtelo otra vez?
EBRIA. Sí. Sí querido. . . (Pausa.) ¿Y una copa? ¿Le puedes brindar una copa?
EBRIO. Sí. ¡Se la ha ganado!
WILLIAM. ¡Claro que me la he ganado! (Da unos cuantos pasos de baile con su saxofón.) ¡Jajajá!.. . ¡Champaña! Jajajá!.. . ¡Jajajá!
EBRIO. (Sirve más champaña en su copa. La tiende a William.)
¡Toma! ¡Bebe!
(William va a beber. Pone la copa en sus labios. Pero, de salta de la mano de WILLIAM, cayendo al suelo. Ante la estupefacción de todos, después, se dirige hacia el Ebrio, a quien arrebata la botella y, también, la arroja al suelo.)
PETER. ¡Canalla!
(Pasado un brevísimo instante de estupor, Ernest se lanza contra Peter. Lo toma por los brazos. Lo sacude.)
ERNEST. ¡Peter! ¿Qué te pasa? ¿Te has vuelto loco?
PETER. (Haciendo desesperados esfuerzos por desasirse de Ernest.)
¡Suéltame!
WILLIAM. (Que está desconcertado. Reaccionando.) Peter. . . yo . . . yo. . .
PETER. (Furioso. Fuera de sí). ¡Cállate!
EBRIO. (Tratando de comprender.) ¿El champaña no es bueno para los negros?
EBRIA. ¡Oh querido! ¿Eres tonto? Este negro (señala a Peter) no quiere nuestro champaña.
EBRIO. (Sin entender.) ¿No lo quiere? ¿Por qué?
EBRIA. ¡Es un negro insolente! ¡Atrevido!
EBRIO. (Haciendo ademán de irse.) Bien. ¡Pidamos otra botellal
EBRIA. ¿Y qué? ¿No eres hombre? ¿No vas a hacerte justicia por ti mismo?
EBRIO. ¿Yo? ¿Golpear a un negro? ¡Nunca! Me ensuciaría las manos!
PETER. (Sacudiéndose. Tratando de soltarse de las manos de Ernest.)
¡Suéltame! ¡Suéltame! (Al Ebrio.) ¡Borracho maldito!
ERNEST. ¡Cálmate!
EBRIA. ¿Vas a permitir que te siga insultando?
ERNEST. (Soportando a duras penas las sacudidas de Peter.) Todos se están dando cuenta de lo que pasa. Hasta el patrón. ¡Tranquilízate!
WILLIAM. (Dominándose. Amistoso.) Ernest tiene razón, Peter. ¡Tranquilízate! .. . No sé por qué te has disgustado. Sobre todo, conmigo.
Yo siempre tomo champaña. Me gusta. ¿No me has visto recoger las sobras todas las copas, cuando se van los clientes? ¡Champaña!
PETER. ¡Miserable!
EBRIA. ¿Lo ves, querido? ¿Vas a dejar que te sigan ofendiendo?
EBRIO. En mi hacienda, siempre les doy látigo. ¿Puedes conseguirme un látigo? Pídele al dueño del cabaret. Tal vez, él tenga un látigo.
(Peter, con un desesperado esfuerzo, logra soltarse de las manos de Ernest.)
PETER. ¿Látigo? ¿Ha dicho, látigo? (Se lanza contra el Ebrio. Lo agarra por el cuello y empieza a sacudirlo. Ernest, William y la Ebria intervienen y, después de breve lucha, consiguen soltar al Ebrio de las manos de Peter. Desde este momento empiezan a surgir numerosas voces de la Muchedumbre, fuera de escena.)
MUCHEDUMBRE. (Desde fuera.) ¡Afuera, el negro! ¡Afuera! ¡Que lo cuelguen! ¡Afuera! ¡Afuera!.. . ¡Atrevido! ¡Asqueroso! ¡Afuera! ¡Sáquenlo! ¡Afuera!
(El Patrón sube a la tarima de los músicos. Los músicos se  apartan respetuosamente.)
PATRON. ¿Qué pasa aquí?
EBRIO. (Tratando de reaccionar. Monocordemente.) Que me voy mañana mismo.
EBRIA. (Al Ebrio.) ¡Idiota! (Transición. Al Patrón, indicando a Peter.)
Este negro nos rompió una botella de champaña. Y no contento con eso, intentó pegarle a él. (Señala al Ebrio.)
WILLIAM. ¡Pobre Peter!
PETER. ¡Pobre tú! ¡Descastado!
PATRON. ¡Silencio!
WILLIAM. Peter es magnífico, Patrón. Usted lo sabe. ¡Pero esta
noche ha perdido el juicio!
MUCHEDUMBRE. (Desde fuera de escena.) ¡Afuera el negro! ¡Que lo boten! ¡Que lo cuelguen! ¡Afuera! ¡Afuera el negro! ¡Afuera!
PETER. (Transformándose.) ¡Sí! ¡Que me cuelguen! ¡Es lo mejor que pueden hacer!
WiLLiAM. No le haga caso, Patrón. Es verdad lo que le digo. ¡Peter está medio loco!
PATRON. Yo no permito aquí a ningún loco. Este es un cabaret, no un manicomio.
PETER. (Completamente fuera de sí.) ¡No! ¡Todavía no estoy loco! ¡Enloqueceré, no cabe duda! Pero todavía no estoy loco. Aun puedo darme cuenta de la vida que llevamos. ¡Nos consumimos como antorchas negras, para alumbrar la alegría de los blancos!
WILLIAM. (Queriendo disculpar a Peter en cualquier forma.) ¿Sabe usted, Patrón? Se casó ayer. Esta es su noche de bodas. Y... usted comprende.
PATRON. ¡No! ¡No comprendo! Además, ¿para qué? Tampoco permito
que mis músicos vengan a celebrar aquí sus noches de bodas.
PETER. (Mirando al Patrón con odio y desprecio.) ¡Cerdo!
PATRON. (Desconcertado.) ¿Qué dices?
PETER. ¡Cerdo!
PATRON. (Buscando a su derredor.) ¿Quién?
PETER. ¡Usted!
PATRON. (Dudando de lo que ha oído.) ¿Yo?
PETER. Sí. ¡Usted!
PATRON. (Se rasca la oreja, meditando. Duda. Después, se encoge de hombros.) ¡Uhm! ¡Bien! ¡Estás despedido! ¡Ya trataré de que nadie vuelva a darte empleo!. . . ¡Ahora, vete!. . . ¡Vete enseguida!
PETER. Cállate
WILLIAM. Pero, patrón. Peter. . .
(Con pasos lentos, Peter sale de escena, mientras arrecian los gritos de la Muchedumbre.)
MUCHEDUMBRE. (Fuera de escena.) ¡Afuera el negro! ¡A colgarlo!
¡A colgarlo fuera! ¡A colgarlo! ¡Atrevido! ¡Fuera!
PATRON. (Al Ebrio.) Perdone usted, señor. . . Usted comprende, ¿verdad? Se trata de un negro.
EBRIO. No se preocupe. Yo me voy mañana mismo. Estoy de paso.
Hoy llegué de mi hacienda de bananos. Esa es mi mina de oro verde. Mañana me voy a París. ¿Sabe? Voy a pasar mis vacaciones en París.
EBRIA. ¿Por qué no me llevas a París, querido?
EBRIO. No. No puedo. Voy con mi mujer. . . (Transición.) Pero te puedo dar más champaña.
EBRIA. (Encogiéndose de hombros.) ¡Champaña! ¡Eso es! ¡Champaña!
EBRIO. (Sonando las manos.) ¡Mozo! ¡Mozo! ¡Champaña!
PATRON. (A William.) Bueno. ¿Y tú? ¿Qué esperas?
WILLIAM. (Como despertando.) ¿Yo?
PATRON. Sí. ¿Por qué no ríes?
WILLIAM. Es que . . .
PATRON. ¡Ríe! El cabaret no puede estar sin tu risa. Sin que enseñes la doble hilera de tus dientes blancos. ¡Apúrate! ¡Ríe!
WILLIAM. (Angustiado.) Este.. . yo.. .
PATRON. Todos estamos esperando. ¡Apresúrate! ¡Ríe!
WILLIAM. (Intenta sonreír. Pero le sale una mueca horrible.) ¿No ve que no puedo?
PATRON. ¡No importa! ¡Tienes que reír! ¡Para eso te pago! . . .
WILLIAM. (Vuelve a intentar reír. Pero le resulta la misma mueca trágica.) | No!  ¡No puedo!
EBRIA. ¡Ríe, negrito! ¡Ya viene el champaña! ¡Nuestro champaña!
EBRIO. Ríe. Me voy a París mañana mismo. Y antes quiero verte reír.
ERNEST. Tienes que reír, William. Es tu deber. Está escrito en el contrato.
WILLIAM. ¡No quiero champaña! ¡No quiero reír!
KWCHEDUMBRE, (Fuera de escena . En coro. Con acompañamiento de golpes sobre las mesas.) ¡Ríe! ¡Ríe! ¡William ! ¡Ríe, William !
PATRON. Si no ríes, ¿para qué sirves? ¿Quieres que también te despida a ti y a Ernest? Recuerda que Ernest es sólo una batería..
¡Y una batería sola no sirve de nada! ¡Anímalo, Ernest!
(Ernest empiezo a tocar desesperadamente la batería.)
WILLIAM. (Haciendo un esfuerzo sobrehumano. Con risa triste.)
¡Jajajá! ¡Jajajá!
PATRON. ¿Yo ves como si podías reír? ¡Ríe! ¡Ríe, más! ¡Ríe!
WILLIAM. Jajajá. Jajajá. ¡Jajajá! ¡Jajajá!
PATRON. ¡Venga alegría, señores! ¡Riamos con William! Más fuerte.
¡Más fuerte! ¡Jajajá! ¡Jajajá!.. .
(Los Ebrios, Ernest, el Patrón, la Muchedumbre fuera de escena, todos, van contagiándose de la carcajada de William que, poco a poco, va siendo más fuerte, más fuerte, acompañada por la batería enloquecida de Ernest, hasta quecae violentamente, el telón.)
FIN DE LA PIEZA 

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