LE GUICHET, (Oficina de informes) de JEAN TARDIEU: Versión de Benjamín Gavarre







LE GUICHET,
de JEAN TARDIEU:


Versión de Benjamín Gavarre
® contacto: gavarreunam@gmail.com
OFICINA DE INFORMES
La oficina de informes de una estación ferroviaria. El espacio está dividido en dos por un cancel con vidrio y una ventanilla practicable. A la derecha, detrás de la ventanilla se encuentra EL ENCARGADO sentado. Su mesa está repleta de objetos de oficina. En una esquina, un ventilador; en el muro está colgado un sombrero; en el suelo, un paraguas abierto.
Al fondo hay una puerta. A la izquierda de la puerta, un letrero que dice ENTRADA y a la derecha otro que dice SALIDA. A la derecha del escenario, una sala de espera. En el muro del lado del público un gran letrero en el que se lee: SEA BREVE. Del lado del encargado un letrero similar que dice: SEAMOS PACIENTES.
Al levantarse el telón EL ENCARGADO está concentrado en la lectura de un libro; lee silenciosamente y se rasca la cabeza de vez en cuando con un abrecartas.
La puerta se entreabre, aparece la cabeza de EL INDIVIDUO: rostro insulso e inquieto; lleva un sombrero desteñido. EL INDIVIDUO se arma de valor y entra. Es absolutamente tímido y temeroso. Camina de puntitas mirando a su alrededor: volteándose distingue los letreros, parece dudar un instante y después sale como entró. Acto seguido toca la puerta. EL ENCARGADO que hasta el momento no ha prestado atención alguna a la presencia de EL IDIVIDUO, levanta súbitamente la cabeza, cierra brucamente su libro y...
EL ENCARGADO.- (En tono severo) ¡Entre!
EL INDIVIDUO no entra
EL ENCARGADO.- (Todavía más severo) ¡Entre!
EL INDIVIDUO, todavía más aterrado, entra.
EL INDIVIDUO.-  (Dirigiéndose hacia la ventanilla) Perdone señor... ¿Esta es la oficina de informes?
EL ENCARGADO.- (Abre ruidosamente la ventanilla) ¡Sé!
EL INDIVIDUO.-  Ah... Bueno... Este... Es que yo venía a....
EL ENCARGADO.- (Interrumpiéndolo brutalmente) ¿A pedir informes?
EL INDIVIDUO.-  (Emocionado) Sí, sí, precisamente, precisamente, venía...
EL ENCARGADO.- (Mismo juego) Entonces, espere.
EL INDIVIDUO.-  Perdone, ¿qué tengo que esperar?
EL ENCARGADO.- Su turno. Espere a que se le llame.
EL INDIVIDUO.-   ¡Pero si aquí no hay nadie más!
EL ENCARGADO.- (El encargado insolente y feroz) ¡No mienta! ¡No ve que estoy yo? ¡Tenga su ficha!
EL INDIVIDUO.-  (Lee el número de su ficha) ¿3 640? (le da un vistazo a la sala vacía) Pero si soy el único que espera...
EL ENCARGADO.- (Furioso) ¿Se cree usted muy importante, verdad? ¡Váyase a sentar y espere que se le llame!
Cierra ruidosamente la ventanilla, se levanta y prende el
radio. Se oye una canción idiota (de un cantante de moda, por
ejemplo). EL INDIVIDUO, resignado, va a sentarse. EL ENCARGADO
inspecciona su paraguas, lo abre y lo cierra, lo lleva al
perchero. Luego le saca punta a un lápiz, canturrea o silba la
canción que está oyendo. Va al radio y le cambia de estación y
se detiene en el reporte del tiempo.
VOZ EN EL RADIO.- El tiempo permanecerá caluroso en la mayor parte del territorio nacional, con altas temperaturas que ocasionarán precipitaciones principalmente en las costas del Pacífico... (Al escuchar esto, el encargado se dirige al ventilador) ...Algunas masas continentales húmedas se presentarán en las regiones del centro. Se avecina una tormenta tropical que amenaza la región de las altas montañas. El buen tiempo persistirá en los sectores peninsulares. Gracias por escuchar nuestro boletín meteorológico.
EL ENCARGADO.- (Apaga el radio, se frota las manos, se sienta en la mesa. Abre la ventanilla y....) ¡Número 3 640! (EL INDIVIDUO, ensimismado, no escucha. El encargado lo llama enérgicamente.) Dije: número 3640.
EL INDIVIDUO.-  (Sale bruscamente de su ensoñación y mira su ficha) ¡Sí, yo, aquí!
Se levanta y se dirige hacia la ventanilla
EL ENCARGADO.- ¡Su ficha!
EL INDIVIDUO.-  Oh perdón, discúlpe... Tenga.
EL ENCARGADO.- Gracias.



EL INDIVIDUO.-  Mire, yo quisiera saber si...
EL ENCARGADO.- (interrumpiéndolo) ¿Apellido?
EL INDIVIDUO.-  ¿Apellido?, pero si yo...
EL ENCARGADO.- Ningún yo. ¿Apellido!
EL INDIVIDUO.-  Aquí, mire, en mi credencial... (busca en su  bolsillo y luego en su portafolios).
EL ENCARGADO.- (lo detiene) No necesito su credencial, le pregunté su apellido. El paterno, claro.
EL INDIVIDUO  murmura algo
EL ENCARGADO.- ¿Cómo se escribe eso? Deletreélo.
EL INDIVIDUO.-  M U Z S P N Z J A diéresis, K doble E. S G U R W T E G U I, como Incháustegui.
EL ENCARGADO.- Fecha y lugar de nacimiento.
EL INDIVIDUO.-  (Suspirando) Nací en mil novecientos cuarenta y... No. En mil novecientos sesenta y... En el Oeste.
EL ENCARGADO.- ¡Sea preciso! ¿Se está burlando de mi?
EL INDIVIDUO.- No, cómo cree, de ninguna manera. Para ser exacto nací en la colonia Voluntad, año de la Caña Tolerante.
EL ENCARGADO.- Ajá. ¿Profesión?
EL INDIVIDUO.-  Civil.
EL ENCARGADO.- ¿Número de matrícula­?
EL INDIVIDUO.-  Remiso clase bola negra sin esperanza. Centinelas Presidenciales. JJ93. GASB 620227 BSO. 7818057-8  512-43-71 YA INEXISTENTE U2. 34895  22--22.
EL ENCARGADO.- ¿Es usted casado? ¿tiene hijos?
EL INDIVIDUO.-  Disculpe señor....estoy un poco asombrado. Vine para pedir informes y resulta que usted es el que me los pide. Yo....
EL ENCARGADO.- Usted me hará las preguntas cuando venga su turno....le pregunté si está casado y si tiene hijos. ¿Si o no?
EL INDIVIDUO.-  Eh.....si....no...es decir...
EL ENCARGADO.- ¡¿Cómo que "es decir"?!
EL INDIVIDUO.-  Es que es tan desagradable! Con la prisa que tengo...
EL ENCARGADO.- Entonces, si tiene tanta prisa responda rápido y sin titubear.
EL INDIVIDUO.-  Está bien, de acuerdo. Me casé y tuve hijos...dos hijos.
EL ENCARGADO.- ¿De qué edad?
EL INDIVIDUO.-  (Emocionado, casi a punto de llorar) Ya no me acuerdo. Póngale diez a la niña y ocho a mi muchacho.
EL ENCARGADO.- ¿Usted qué edad tiene?
EL INDIVIDUO.-  Pero si hace rato le di la fecha de mi nacimiento.
EL ENCARGADO.- La fecha de nacimiento y la edad no son la misma cosa. Los datos no aparecen en el mismo lugar en la ficha del solicitante.
EL INDIVIDUO.-  Ah ¿entonces usted hace una ficha para todos los que vienen a pedir informes?
EL ENCARGADO.- Por supuesto. Si no, ¿cómo podríamos identificarlos?. Le pregunté su edad.
EL INDIVIDUO.-  Entonces espere (hace un cálculo mental) 1952 menos 1897...12 menos 7, 5....95 menos 89, 16...quedan, déjeme ver 5 más 16 igual a 21 años, no, 16 y 5, ¡165 años!....no. No es posible. Déjeme ver, voy a volver a empezar.
EL ENCARGADO.- Déjelo, ya hice el cálculo. Tiene 55 años exactamente.
EL INDIVIDUO.-  Sí eso es, eso es. Gracias señor.
EL ENCARGADO.- ¡ Y porqué no lo dijo antes! Es impresionante la cantidad de tiempo que se pierde con personas sin experiencia. Ahora, ¡saque la lengua!
EL INDIVIDUO.-  (sacando la lengua) ¿Así?
EL ENCARGADO.- A ver, no, nada fuera de lo normal. ¡Enséñeme sus manos!
EL INDIVIDUO.-  ¿Así?
EL ENCARGADO.- Pero ya meta la lengua. (mirando atentamente las manos) Mh, la línea de la muerte cruza la línea de la vida...mal signo...pero para su buena suerte...aquí aparece la línea de la existencia...es bueno. Puede irse a sentar.
EL INDIVIDUO.-  ¿Cómo? ¿todavía no le puedo pedir informes.
EL ENCARGADO.- No tan rápido. Espérese a que se le indique. (Cierra ruidosamente la ventanilla).

EL INDIVIDUO.-  (Desesperado y gimoteante) Pero,
señor, tengo prisa. Señor... Mi mujer y mis hijos me esperan, señor... Venía... a pedir informes urgentes, señor... (En ese momento se escucha el silbato de un tren que parte)Como usted sabe la estación de trenes está cerca,  y venía a pedirle informes para saber qué tren tomar.
EL ENCARGADO.- ¿Vino para los horarios del tren?
EL INDIVIDUO.-  Sí, entre otras cosas. En principio, los horarios del tren... Por eso tenía tanta prisa.
EL ENCARGADO.- ¿Por qué no lo dijo antes? Lo escucho.
EL INDIVIDUO.-  Bueno, pues mire...fíjese...yo quería....en fin, yo desearía tomar el tren para Matehuala para ver a un pariente que...
EL ENCARGADO.- (Interrumpiéndolo) El tren para Matehuala sale a las 6:50 y 9:30, primera y segunda solamente. 13 hrs., promoción para familias numerosas. 14 hrs. sólo solteros. 16 y 21 hrs. cualquier edad y toda clase de sexos.
EL INDIVIDUO.-  Gracias, muchas gracias señor. Sabe...me gustaría ver en Matehuala a un tío que es notario...él ya está grande y no anda bien de salud, y fíjese que...                          
EL ENCARGADO.- ¡ Vayamos al grano !
EL INDIVIDUO.-  Sí señor, discúlpeme. A lo que quiero llegar es a esto: yo quisiera...bueno, yo desearía estrechar entre mis brazos, una vez más, a mi viejo pariente de Matehuala y fíjese que no se si ir a verlo o ir a Tomazulapa donde vive una prima que también está enferma y le
juro que no sé si...
EL ENCARGADO.- Tren para Tomazulapa: hay un pullman a las siete de la mañana, un doble pullman a las nueve, uno de carga a las diez y uno de quinta a las 15 hrs. con conexión al Papaloapan. Tren nocturno 8:45, usted llega a Tomazulapa a las 3 de la mañana.
EL INDIVIDUO.-  Ah gracias, gracias, muchas gracias señor. Si hago caso a sus indicaciones, me conviene más ir a ver a mi prima que a mi tío.
EL ENCARGADO.- No tengo nada que decir la respecto. Yo le dí los horarios y punto.
EL INDIVIDUO.-  Sí, sí claro. Pero, o me equivoco o usted manifestó cierta preferencia, una especie de preferencia personal por mi prima de Tomazulapa, y se lo agradezco, sí se lo agradezco, aunque sea, en suma, en detrimento de mi viejo tío de Matehuala, a quien le tengo un profundo afecto y por quien...

EL ENCARGADO.- Mire señor, haga lo que quiera, a mi no me importa. Yo sólo doy informes. (el cliente no responde. el encargado más suave). Bueno, en fin señor, responda.
EL INDIVIDUO.-  No me toca a mi responder señor sino a usted....¡y a mi que hubiera gustado tanto recibir consejo para saber lo que debo hacer, a dónde ir, qué dirección tomar.
Un Altoparlante.- (a lo lejos) Señores pasajeros, con destino a todas partes. Señores pasajeros, atención: favor de abordar el tren que les toca en el andén correspondiente. Su tren va a partir.
EL INDIVIDUO.-  (retomando su pregunta) Me gustaría tanto saber qué dirección tomar...en la vida....y sobretodo...
EL ENCARGADO.- (encolerizado e interrumpiéndolo) ¡Dése prisa, no me haga perder el tiempo! ¿Qué quiere saber?
EL INDIVIDUO.-  No me atrevería a decírselo.
EL ENCARGADO.- No se lo tome tan a pecho.
EL INDIVIDUO.-  Yo me imaginaba que en las estaciones...¡hay tantas salidas y llegadas, tantos reencuentros...! Es como un inmenso lugar de citas.
EL ENCARGADO.- ¿Tiene una cita con alguien?
EL INDIVIDUO.-  Eh...si y no, es decir...
EL ENCARGADO.- Una mujer, desde luego.
EL INDIVIDUO.-  (encantado) Sí, eso es, una mujer. ¿Cómo lo adivinó?
EL ENCARGADO.- (alzando los hombros) Por su traje.
EL INDIVIDUO.-  ¿Cómo por mi traje?
EL ENCARGADO.- ¿No está vestido como hombre?
EL INDIVIDUO.-  ¡Por supuesto!
EL ENCARGADO.- Por eso digo que Ud. es hombre, ¿me equivoco?
EL INDIVIDUO.-  No, tiene Ud. razón.
EL ENCARGADO.- Bueno, si usted es un hombre, usted espera una mujer. Es lógico, ¿no?
EL INDIVIDUO.-  !Qué ingenioso! !Qué capacidad de síntesis!... Un hombre: entonces una mujer.
EL ENCARGADO.- Es obvio. ¿Qué clase de mujer busca
Usted?
EL INDIVIDUO.-  Una mujer del tipo: "mujer de mi vida".
EL ENCARGADO.- Espéreme, déjeme consultar mis fichas. Veamos: Su nombre comienza con "m" y acaba con "i"... Bueno... A ver... Una mujer morena que responde al nombre de Rita Caraquilla. Atravesó la calle a las 15:45 en dirección al Suroeste. ¿Será ella?
EL INDIVIDUO.-  No lo creo. La mujer de mi vida sería más bien rubia cobriza tirándole a rubia platinada... Bueno, entre las dos.
EL ENCARGADO.- (Sigue buscando entre sus fichas) Entonces esta:  Señorita Natividad Perdomo, modesta... (Viendo más de cerca) No, perdón: modista. Entrará por la puerta de servicio del edificio de enfrente mañana a las nueve de la mañana. Tiene cita con una cliente: la señora Revillón D'Oporto que...
EL INDIVIDUO.-  (Triste) No, no tiene caso. No puede ser esa persona porque ya no estaré más aquí.
EL ENCARGADO.- Pues lo lamento mucho... No tenemos a nadie disponible entre las 3:45 de hoy y las 9:00 de mañana que cumplan con las características que pide. ¿Es todo?
EL INDIVIDUO.-  No, no es todo. Yo quisiera saber... ¿Qué piensa usted exactamente... De mi manera de vivir?
EL ENCARGADO.- !Explíquese!
EL INDIVIDUO.-  Con gusto. Mire: en la mañana, me
levanto con la aurora, absorbo un gran vaso de café... ¿Usted cree que eso sea bueno para mi salud?
EL ENCARGADO.- (Doctoral y categórico) Agregue una pequeña cantidad de  leche. Es preferible. Sobre todo en casos de gripe.
EL INDIVIDUO.-  Ah, muy bien. ¿Me permite que lo anote?
Escribe rápidamente en un block.
EL ENCARGADO.- Puede continuar.
EL INDIVIDUO.-  Por otra parte, cuando voy a mi trabajo en las mañanas, viajo en metro. Y cuando logro sentarme (lo que no siempre es posible) saco mi periódico.
EL ENCARGADO.- ¿Por qué lo hace?
EL INDIVIDUO.-  Pues, no sé. ¿Para pasar el tiempo? ¿Para no olvidar el alfabeto? ¿Para estar al corriente?
EL ENCARGADO.- ¿Al corriente de qué?
EL INDIVIDUO.-  De todo. De lo que pasa. Aquí. Allá.
EL ENCARGADO.- No tiene caso. Usted no debería saber nada. Además, no es posible saberlo todo. Mejor vea la sección de monitos, se la recomiendo: mejora la circulación, la digestión; evita la obesidad.
EL INDIVIDUO.-  Estupendo. Muy bien. Anotaré también ese valioso consejo. (Escribe) Entonces quedamos en... Café con leche para la gripe... La sección de monitos para la digestión... (Sin transición, en un suspiro) ¡Ay, todo eso no nos va a devolver el paraíso perdido!
EL ENCARGADO.- ¡Lea entonces a Milton o la tercera parte de La Divina Comedia!
EL INDIVIDUO.-  Ya los leí señor. Los leí... Sí, son libros admirables. Pero... las inmensas extensiones que ofrecen a nuestra imaginación todavía no las he encontrado entre la Plaza del Sol Contrario, donde vivo y el Barrio de las Lamentaciones que es donde está mi trabajo.
EL ENCARGADO.- ¿Por que no busca otro camino?
EL INDIVIDUO.-  Ya lo he intentado, creame, pero no he logrado ningún resultado. Ninguno. Al contrario. Cada vez que bajo las escaleras del metro confirmo que el Paraíso se encuentra muy lejos de mi vida.
EL ENCARGADO.- ¿Conoce la desesperación?
EL INDIVIDUO.-  ¿La qué?
EL ENCARGADO.- La desesperación metafísica. Digamos, la angustia. La desesperación, la angustia, o incluso, las profundidades del inconsciente... el hombre subterráneo.
EL INDIVIDUO.-  Desgraciadamente conozco demasiado bien al hombre subterráneo. Lo he visto dirigirse a la estación Cuatro Estampidas, lo he visto en la Parámetro Ambiental.
EL ENCARGADO.- Ahí lo tiene. Usted debería sentir algo parecido al consuelo. ¿No se da cuenta de que las filosofías oscuras, las teorías sobre la angustia y la desesperación hablan precisamente de lo que a usted le pasa? Usted debería sentirse feliz ante semejante armonía, ante tal equilibrio.
EL INDIVIDUO.-  (Hundiendo la cabeza entre los hombros) Yo más bien siento que la pintura del Infierno me
conduce a mi infierno cotidiano, y de tal manera que me hundo un poco más y más con cada día que pasa. Sí, señor. Como le dije apenas ayer al jefe de la oficina, el licenciado Tendraz: si los pájaros tuvieran alas, me iría con ellos. O algo así.
EL ENCARGADO.- (Dulce, pero firme) Oiga, pero los pájaros... sí tienen alas.
EL INDIVIDUO.-  (abatido) Sí, verdad. Entonces, ¿qué voy a hacer?
EL ENCARGADO.- (muy natural) Conságrese a una gran tarea: conviértase en el dueño de una fábrica, hágase presidente. Le aseguro que eso le hará sentir un poco mejor.
EL INDIVIDUO.-  No crea que no lo he llegado a pensar, pero cómo, no crea que es tan fácil.
EL ENCARGADO.- Bueno, es cuestión de carácter. Míreme a mí: Yo sí que he alcanzado una buena posición.
EL INDIVIDUO.-  Sí, cierto. Pero yo no tengo su seguridad, su autoridad. No, mire. A mí más bien me hicieron para soñar.
EL ENCARGADO.- (ordena como un militar) Entonces, sueñe.
EL INDIVIDUO.-  Seguro que sueño. Sueño cada vez que puedo. Sobre todo cuando estoy despierto, sí. Pues cuando estoy dormido: nada. Como un hoyo negro. Me queda el día para soñar: en la calle, en un restorán, en el trabajo. Soñar me ayuda a vivir. Desgraciadamente mis sueños son medio borrosos. Me gustaría darles cuerpo, un poco de colorido.
EL ENCARGADO.- (prosaico, indiferente) No, no, no.



Si yo estuviera en su lugar cruzaría de un solo salto la distancia que nos separa de la vida eterna.
EL INDIVIDUO.-  A qué llama usted "la vida eterna".
EL ENCARGADO.- Me refiero a vivir en espíritu. Por y para el espíritu. A considerar como una nadería los accidentes de la vida, las contingencias de la realidad. ¿Me sigue?
EL INDIVIDUO.-  No sabe de qué manera. No sabe con qué entusiasmo lo sigo. Y déjeme decirle, lo seguiría hasta el fin del mundo.
EL ENCARGADO.- (Se torna lírico y profético, en parodia) Y lo llevaré más allá del fin del mundo. Ahí donde las formas no son sino ideas, donde los seres son esencias, donde reina la claridad inmóvil, el equilibrio entre un destino terminado y un pasado que vendrá.
EL INDIVIDUO.-  ¡Qué lluvia de estrellas!
EL ENCARGADO.- No habrá más estrellas.
EL INDIVIDUO.-  ¡Que ausencia de lluvia de estrellas!
EL ENCARGADO.- ¡Que ausencia, qué absoluta ausencia! Dónde, dónde está usted?
EL INDIVIDUO.-  ¡Aquí, estoy aquí!
EL ENCARGADO.- Error. Usted no está aquí o en otra parte. Usted no esta en ninguna parte.
EL INDIVIDUO.-  Y sin embargo puedo escucharlo. Escucho su voz profiriendo una ausencia de palabras. No soy más. Era. No sufro. No vivo. Viví.
EL ENCARGADO.- (categórico, pero inspirado) En
espíritu.
EL INDIVIDUO.-  Soy espíritu.
EL ENCARGADO.- Tengo las alas del espíritu.
EL INDIVIDUO.-  Vuelo tras de usted.
EL ENCARGADO.- Adiós, pequeña Tierra, adiós, adiós.
EL INDIVIDUO.-  (Agita un pañuelo) Adiós pequeña bola de tierra.
EL ENCARGADO.- (Agita igualmente un pañuelo) Adiós. Buen Viaje.
Se escucha el ruido de un claxon seguido de sonidos de coches frenando. Ellos se miran asombrados y luego siguen normalmente.
EL ENCARGADO.- ¿Decía?
EL INDIVIDUO.-  ¿Qué?
EL ENCARGADO.- ¿Como?
EL INDIVIDUO.-  ¿Disculpe?
EL ENCARGADO.- ¿Decíamos?
EL INDIVIDUO.-  Decía que...
EL ENCARGADO.- (Resignado) Lo escucho.
EL INDIVIDUO.-  Yo... Yo tenía algo que preguntarle.
EL ENCARGADO.- ¿Que?
EL INDIVIDUO.-  Este... ¿Qué me depara el destino?
EL ENCARGADO.- Para contestar eso necesito hacerle un horóscopo. Espéreme un segundo. (Busca en sus papeles) Necesito algunos datos... Sí. ¿En qué mes, qué día y a qué hora nació usted?
EL INDIVIDUO.-   El primero de mayo a las 21:35.

EL ENCARGADO.- Muy bien. Veamos. Leo en conjunción con la constelación de la Vaca y en oposición a la del Vampiro. Galileo se alejaba de la cuadratura con Poseidón y los Cuatro Hijos de la Astucia se alejaban resueltamente hacia la Corona de Medusa. El Paracleto estaba en semicurvatura con Lucifer cuando su señora madre lo trajo al mundo.
EL INDIVIDUO.-  ¡Qué barbaridad! ¿Todo eso pasó en el cielo cuando yo nací?
EL ENCARGADO.- Sí.
EL INDIVIDUO.-  Y con semejante enredo celeste... ¿Qué destino me espera?
EL ENCARGADO.- Es según.
EL INDIVIDUO.-  ¿Según qué? Acaso un destino puede cambiar "según" las circunstancias.
EL ENCARGADO.- No me ha comprendido bien. Quise decir que según sus preguntas yo responderé.
EL INDIVIDUO.-  Ah... Gracias. Me había preocupado.
EL ENCARGADO.- (Perturbador) No tiene de qué.
EL INDIVIDUO.-  (se ríe nervioso) Llegué a pensar que no tenía ningún destino.
EL ENCARGADO.- Quizá eso fuera lo mejor.
EL INDIVIDUO.-  ¿Está usted bromeando?
EL ENCARGADO.- (tamborilea con sus dedos el escritorio) Desde luego.
EL INDIVIDUO.-  ¿Hay alguna pregunta que le deba hacer?
EL ENCARGADO.- Si necesita hacerme una pregunta para saber que tipo de pregunta debe hacerme, ¡pues nunca vamos a acabar! Yo no soy la Esfinge, ni Edipo.
EL INDIVIDUO.-  Eso es evidente.
EL ENCARGADO.- Ni usted tampoco, creo.
EL INDIVIDUO.-  No, seguro. No. ¿Qué le iba a decir? Ah, sí. Un asunto banal, algo que no es necesariamente urgente, para lo que tengo todo el tiempo del mundo... (risueño)  ¿Cuando me voy a morir?
EL ENCARGADO.- (amable, con una encantadora sonrisa) Veamos: Dentro de unos cuantos minutos, Sí, mi estimado señor, cuando se vaya de aquí.
EL INDIVIDUO.-  (incrédulo, guasón) Ah... Seguro. Así nada más. Saliendo de aquí. ¿Y por qué no aquí mismo?
EL ENCARGADO.- Sería complicado. No tenemos lo necesario. No, aquí no se puede morir.
EL INDIVIDUO.-  ¿No tienen lo necesario?... Puede haber un incendio, o un temblor. Un gran derrumbe: quedaríamos aplastados. O... en todo caso puedo desangrarme, puedo meter las manos al ventilador... puedo colgarme, le aseguro que encontraré de dónde... Incluso puedo meter la cabeza en esta especie de pequeña guillotina. (Se refiere a la ventanilla. El Encargado la deja caer, implacable, luego, la levanta suavemente.
EL ENCARGADO.- Usted me preguntó. Respondí. A mí, lo que usted piense, no me importa.
EL INDIVIDUO.-  (levantando los hombros) Entonces le voy a hacer otra pregunta. No puedo hacer nada para evitar... lo que me dijo.
EL ENCARGADO.- Nada.
EL INDIVIDUO.-  (Siempre incrédulo) ¿Absolutamente nada?
EL ENCARGADO.- Absolutamente no.
EL INDIVIDUO.-  (Repentinamente abatido) Bien. Se lo agradezco. Oiga...
EL ENCARGADO.- ¡Qué!
EL INDIVIDUO.-  Este... Yo quisiera preguntarle si...  Cuándo... Cómo... Este... En fin...
EL ENCARGADO.- ¿Si, cómo, cuándo? (levanta los hombros) ¿Se da cuenta, supongo, que sus dos últimas preguntas, --o mejor aún mis dos últimas respuestas-- volvieron totalmente inútiles las otras posibles preguntas y respuestas? De modo que en lo que a mi concierne...
EL INDIVIDUO.-  Entonces es verdad...
EL ENCARGADO.- (Irritándose) Si usted hubiera hablado claro desde un principio, nos hubiéramos ahorrado problemas. ¡Qué manera de perder el tiempo!
EL INDIVIDUO.-  (Tembloroso como al principio) Tiene usted toda la razón. Discúlpeme. Soy muy curioso.
EL ENCARGADO.- (Buena gente, finalmente) Está bien. No se preocupe.
EL INDIVIDUO.-  ¡Que cosa, verdad!
EL ENCARGADO.- (Justificándose) Bueno, yo le di todos los informes que pidió.
EL INDIVIDUO.-  Sin duda. Se lo agradezco.
EL ENCARGADO.- No hace falta, es mi trabajo.
EL INDIVIDUO.-  Me doy cuenta. Es usted un empleado modelo.
EL ENCARGADO.- Sólo deseo satisfacer a la clientela.
EL INDIVIDUO.-  Gracias, desde el fondo de mi corazón ( se dirige hacia la puerta, luego cambia de opinión) Ah... se me olvidaba... Sus honorarios...
EL ENCARGADO.- No se preocupe por eso... sus hijos recibirán la factura.
EL INDIVIDUO.-  Gracias. Muchas gracias. Entonces... hasta luego, señor.
EL ENCARGADO.- (Se levanta respetuoso, fúnebre) Adiós, señor.
El Cliente sale muy lentamente, a regañadientes.
Apenas cierra la puerta se escucha un claxonazo, seguido de un
violento amarre de frenos y casi al mismo tiempo un grito de
dolor. El encargado escucha por un instante, mueve la cabeza y
se dirige al radio, lo prende, y luego va a sentarse a su
escritorio. Mientras escuchamos una canción sentimental de
moda lo vemos muy concentrado en sus papeles.
fin
.

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