Dos viejos pánicos. VIRGILIO PIÑERA.




Dos viejos pánicos
VIRGILIO PIÑERA


Personajes



Tota: una vieja de sesenta años

Tabo: un viejo de la misma edad



ACTO PRIMERO

Dos camas de una sola plaza, separadas
por un espacio circular marcado en rojo.
En una de la cama
está Tabo, arrodillado de espaldas al
público, recortando figuras de una revista.
En la otra está
Tota, su mujer, de cara al público; saca de
una gran cartera una copa
y una botella de agua. Fotos de caras
masculinas y femeninas en las paredes.
Luz blanca.

Tota: (A Tabo) Tabo. Tabo: (Sin volverse)
¿Qué? Tota: (A Toba) Vamos a jugar.
Tabo: (Sin mirarla)
No.
Tota: ¿No? ¿Y qué haremos? ¿Mirarnos
las caras? (Pausa) No pienses que voy a
perder mi tiempo
hablando. ¿No te parece que después de
veinte años juntos quede algo por decir?
Tabo: Bueno, si no queda nada por decir,
entonces nos callamos. (Pausa.
Coge una página de la revista y sin
volverse se la extiende a Tota) Mira,
puedes ayudarme.
Tota: ¿Ayudarte? (Riendo) ¿Ayudarte a ti,
precisamente a ti? La única ayuda
que te daría sería un empujón.
Tabo: Tota, ¿un empujón?
Tota: Pues claro, un empujón, así (Hace la
acción) y no cuentas el cuento.
Tabo: ¿Un empujón? ¿Dónde, Tota?
Tota: Un empujón, un buen empujón por
la espalda cuando te viera parado
al borde de un precipicio.
Tabo: ¿Estás segura, Tota? Yo tengo ojos
en la espalda. (Se para, llega a la cama
de Tota, sube, se pone de espaldas a Tota)
Mira, ese es el precipicio, yo estoy
de espaldas a ti, tú me empujas…
Empújame, Tota. (Tota lo empuja, Tabo
no se mueve) ¿Lo ves? Será mejor que te
pongas a recortar figuras. Ya te he
dicho que es lo mejor que podemos hacer.
Recortar y quemar. Sí, Tota,
hay que quemar a la gente. Ayer quemé
doscientas, y hoy pienso quemar
quinientas. (Se incorpora
lentamente hasta pararse, después baja y se
dirige a su cama).
Tota: (Que ha empezado a hablar desde
que Tabo empezó a incorporarse. Con
tono conminatorio) Tabo…
(Pausa) Tabo, ven acá. (Sube la voz) Saco
de huesos, viejo cañengo, ven acá.
Tabo: (Que de nuevo recorta figuras en la
misma posición) Hoy quemaré qui-
nientas.
Tota: (Se para, se pone las manos en las
caderas, echa el cuerpo hacia adelante)
Tabo, después no
grites cuando te lo enseñe. Tabo, Tabito,
ven acá… es por tu bien. Cuando te lo
enseñe y te dé el
ataque, voy a dejar que te revuelques
echando espuma por la boca. (Pausa) ¿Te
imaginas lo que puede
pasarte si te da el ataque? Tabo, tú estás
muy mal; ¿qué fue lo que el médico te
dijo? (Imita la
voz de un hombre) Señor Tabo, nada de
emociones. Tiene la presión muy alta y
cualquier cosita…
Tabo: (Sin volverse, con voz suplicante)
Tota, no sigas.
Tota: (Baja de la cama) ¿Que no siga?
(Camina hacia Tabo, sigue hablando)
¿Que no siga, Tabo? (Se ríe) Tabo, dos
infartos, un principio de hemi-
plejía, un edema, un edema pulmonar,
sesenta años. Todo eso deja
huellas. (Pausa) Vamos a jugar, si no me
complaces te lo enseño y esta
vez no cuentas el cuento. (Pausa, llega a la
cama y le pone una mano en el
hombro) Viejo cretino, ¿tú crees que
ahora es como antes? No, ahora
no es como antes. Ahora no puedes salir y
dejar que Tota se quede en
la casa pensando: ¿a dónde habrá ido
Tabo? ¿Qué estará haciendo?
¿Con qué mujer se acuesta? ¿Quién le
saca el dinero? (Le mete una
mano en un bolsillo del saco) Tabo, aquí
no hay un kilo (Mete la otra en
otro bolsillo) Y aquí tampoco. Ahora no es
como antes y como ahora
no es como antes, si te lo enseño te dará el
ataque, y como los infar-
tos, la hemiplejía y el edema dejan huellas,
esta vez no contarás el
cuento. (Pausa. Le pone las manos en los
hombros y lo obliga a volver la
cabeza hacia ella) Dime, Tabo, contéstame,
Tabo, decídete, Tabo.
Tabo: (Hace un movimiento violento)
Tota, tú no me lo vas a enseñar, tú no
puedes hacerle eso a tu
Tabo, tú no quieres que tu Tabo se muera.
Tota: (Se ríe) ¡Óiganlo! Como siempre,
como si ahora fuera como antes.
Tota, loca de amor por Tabo, Tota
suplicándole a Tabo. (Hace como que
suplica) Tota arrodillada ante Tabo (Se
arrodilla) Tota llorando porque
Tabo tiene otra mujer (Llora. Pausa)
¡Viejita, vuelve a ti materia! Claro
que no quiero que Tabo se muera, si se
muere, Tota se queda sola, se
aburre. Pero Tabo no quiere morirse, ¿no
es cierto, Tabo? ¿No es cierto
que tú no quieres morirte? (Lo coge por
debajo de los hombros) Ven acá,
déjame ayudarte. (Con voz amorosa)
Vamos, tu Tota no quiere que te
mueras… (Lo arrastra hasta sacarlo de la
cama) Vamos, un esfuercito.
(Lo va parando) Ya está. Ahora, a jugar.
Tabo: (Vuelve a la cama, se arrodilla,
vuelve a coger las tijeras) Pues no voy a
jugar, Tota, no y no. (Cogiendo una figura
que representa a un nadador)
Tú también… ¿te acuerdas? (Eleva la
figura por encima de su cabeza)
Tota, tú también. ¿Cómo se llamaba?
(Piensa) ¡Paco! Hiciste horrores
con Paco. (Baja la figura) ¿Cuándo años
viviste con él? ¿Fueron cinco
o seis? ¿Y qué me dices de la cirugía
plástica que te hiciste? ¿Cuánto te
costó? ¿Y el auto que le regalaste a Paco?
¿Qué me dices del auto?
Tota: (Histérica) ¡Silencio! Paco se ahogó
en el Canal de la Mancha. Paz
a sus restos. Pero ahora, solo quedamos tú
y yo. Tú y yo, y tú con
miedo, sí Tabo, con miedo de que te lo
enseñe, y si te lo enseño no
cuentas el cuento. Ven acá, que voy a
enseñártelo. (Empieza a caminar
hacia su cama dando zancadas muy
fuertes).
Tabo: (Gritando) Tota, no lo hagas. Te
pido perdón por haber mentado
a Paco. Paz a sus restos. (Suplica) Déjame
recortar mis figuras. Tota,
necesito quemar mucha gente. Si nos
ponemos a jugar no tendré
tiempo para recortar la revista entera. Te
prometo que no quemaré a
Paco. Lo juro. (Coge la figura y la rompe
en pedacitos) ¿Lo ves?
Tota: (Que entretanto ha llegado a su
cama, se arrodilla y saca de la cartera un
espejo de mano, se vuelve hacia Tabo, con
voz melosa) ¿Ya terminaste de
hablar? ¿Te queda alguna basura por
decir? ¿Algo más sobre Paco?
Tabo: Ya terminé, Tota, ya terminé.
Tota: (A Tabo) Tabo, mira.
Tabo: Perdóname, pero estoy muy
ocupado. ¿Qué quieres?
Tota: Te he dicho que mires.
Tabo: Lo siento, Tota.
Tota: Mira lo que tengo en la mano.
Tabo: ¿Qué tienes en la mano, Tota?
Tota: (Con voz burlona) Tú lo sabes mejor
que yo.
Tabo: (Fingiendo) No lo sé, de verdad que
no sé lo que tienes en la mano.
Tota: Tengo en la mano lo que tú sabes.
(Pausa) Si no te acuerdas, puedes
volver la cabeza y mirarlo.
Tabo: No vale le pena, te agradezco.
(Pausa) ¿Tota, qué tienes en la mano?
Tota: Algo que sirve para mirarse, Tabo.
Algo que te da mucho miedo.
Algo…
Tabo: (La interrumpe, gritando) No sigas,
no sigas.
Tota: Entonces, ¿vamos a jugar?
Tabo: Tota, deja eso; estamos muy viejos
para jugar.
Tota: Claro, estamos muy viejos para
jugar al tenis o al fútbol, pero el
juego que nosotros jugamos es para
viejos. ¿No te parece?
Tabo: Es un juego peligroso, Tota. No
digo que no lo juguemos una vez
por mes, pero, todos los días… Por
ejemplo, ayer, creí que no llegaba
al final.
Tota: ¡A mí con esas, viejo hipócrita! ¡A
mí misma, que te conozco como
si te hubiera parido! La verdad es que te
encanta jugarlo.
Tabo: Me encanta, me encanta, pero hoy,
precisamente hoy tengo mucho
trabajo. Cada día hay más gente joven en
este mundo Tota, y si no me
doy prisa en quemarla, bueno… ya tú
sabes…
Tota: Sería inútil, inútil. Si te dijera… (Se
calla).
Tabo: Anda, Tota, dímelo.
Tota: Te voy a dar un disgusto, Tabo, voy a
dártelo, pero será mejor que
sepas a qué atenerte. (Pausa) Pues hoy leí
en una revista de pediatría
que el año pasado nacieron cien millones
de niños. ¿Te das cuenta?
Tabo: Cien millones… (Pausa) ¿Y qué…?
Los que voy a quemar uno por uno.
(Pausa) Oye, Tota, óyelo
bien: desde hoy, desde este momento,
tendré mucho trabajo. (Ríe) Muchísimo
trabajo. (Pausa. Cuando
Tabo dice « trabajo», Tota baja de la cama
y, con el espejo oculto en la espalda, llega
junto a él)
Quemaré diariamente cien mil recién
nacidos, cin- cuenta mil niños de cinco
años, treinta mil de
diez, veinticinco de veinte y diez mil de
veinticinco.
Tota: (Toca a Tabo en el hombro) Tabo…
Tabo: ¿Me tocaste?
Tota: Te toqué.
Tabo: ¿Qué quieres ahora?
Tota: Que te mires en el espejo.
Tabo: (Se tapa la cara con las manos) Lo
siento, Tota, no puedo.
Tota: ¿Con que no puedes, eh? (Se sitúa
delante de Tabo y sube a la cama)
¿No te gusta mirarte en el espejo?
Tabo: (Gimotea) No me gusta, Tota, y tú
lo sabes.
Tota: ¿Por qué no te gusta?
Tabo: Estoy muy viejo para mirarme, me
da miedo. Tú sabes que cuando
me conociste me decían “El lindo”. Y
ahora, Tota, ahora…
Tota: Déjate de sentimentalismos baratos;
ahora eres horroroso, y si no
juegas al juego, te obligaré a mirarte en el
espejo.
Tabo: (Suplicante) No, Tota, por lo qué
más tú quieras en este mundo.
Tota: Ya no quiero nada en este mundo, ni
a ti mismo. De modo que…
Tabo: (Trata de ganar tiempo) De modo,
que cuando yo era joven me decían
el Lindo, y ya ves hace rato que todo eso
terminó… Por eso te decía que
no me gustan los jóvenes, me recuerdan…
Tota: (Lo interrumpe) No voy a oírte, no
vas a dormirme con el cuento del
Lindo. O juegas al juego o te miras en el
espejo. Y piénsalo, porque si
te miras puede darte el infarto.
Tabo: Déjame pensarlo, Tota.
Tota: (Con la mano izquierda le coge las
manos a Tabo y las aparta de su cara
al mismo tiempo que le pone el espejo
frente a la cara) Mírate.
Tabo: (Se abraza a Tota tratando de
quitarle el espejo, que esta ha vuelto a
ocultarlo en su
espalda) Puta vieja, te voy a estrangular,
¿qué te has creído? ¡Egoísta! Consque
jugar al juego y
Tabo que reviente, ¿no? Acabaste con mi
paciencia, puta mala. Hoy es tu último día.
(Ruedan por el
suelo y se detienen en el centro del
círculo).
Tota: (Que ha caído encima de Tabo,
dejando el espejo sobre la cama) Y tú,
viejo chulo, quemando
jóvenes en efigie. ¿Por qué no los quemas
de verdad? Anda, sal a la calle y empieza a
quemar gente.
(Pausa) Eres un tipejo, Tabo, eso es lo que
eres.
Tabo: (Forcejea) ¡Suéltame, puta mala!,
¡suéltame!
Tota: ¿Puta? Qué más quisiera yo, Tabo,
qué más quisiera yo que ser tu
puta, pero, no soy nada más que tu vieja,
babosa, asquerosa, zarra-
pastrosa, y piojosa. (Pausa, lo suelta y se
para) Vamos, arriba, vamos a
jugar (Da dos palmadas y le da una
patada…) ¡Arriba!
Tabo: (Se pone de pie con gran esfuerzo)
Tota, me duelen todos los huesos.
Tota: (Lo ayuda a levantarse) Tú te lo
buscaste. En vez de complacerme, te
empeñas en recortar figuras y yo tengo que
obligarte. (Pausa. Le pasa
la mano por la cabeza) Vamos, mi Tabo
querido, vamos…
Tabo: (Resignado) Bueno, vamos… (Se
sitúa frente a Tota).
Tota: ¿Listo?
Tabo: Lo qué tú quieras. (Le pone las
manos en el cuello).
Tota: Empieza.

Tabo le aprieta el cuello como para
estrangularla. Tota permanece inerte con
los brazos pegados a
los muslos. Finalmente va cayendo muy
lentamente en el suelo.

Tabo: (Mirándola, le da un puntapié) Te
moriste, puta vieja.
Tota: Me morí, Tabo, estoy muerta.
Tabo: ¿Cómo es?
Tota: Bueno uno siente que la respiración
va faltando, la vista baja hasta
quedarse ciego, se deja de oír, y…
Tabo: ¿Y qué más, Tota?
Tota: Bueno, como uno ya está muerto
puede decir y hacer lo que quiera.
Tabo: ¿Lo que uno quiera, Tota? ¿Estás
segura?
Tota: Segurísimo. No falla.
Tabo: ¿Y las consecuencias? ¿Te has
puesto a pensar en las consecuencias?
Tota: Cuando uno está muerto ya no hay
consecuencias. La última fue
morirse.
Tabo: (Mueve la cabeza) Es lógico, lógico,
pero…
Tota: ¿Pero qué?
Tabo: No sé… ¿Y si hay consecuencias?
Te consta que no quiero líos con
la policía.
Tota: (Riendo) ¿La policía, Tabo? ¿Qué
policía? ¿La de los muertos? Toda-
vía nadie le ha visto el uniforme…
(Vuelve a reír) Eres un niño, un
niñito. (Pausa) Ponme a prueba.
Tabo: Eso es hablar en serio. (Pausa) A
ver, dime algo que nunca me has
dicho.
Tota: (Se para, siempre con los ojos
cerrados y las manos cruzadas sobre el
pecho) ¡Qué buena idea has tenido, Tabo!
Son tantas las cosas que
nunca te he dicho.
Tabo: Fíjate bien, cosas que siempre
tuviste miedo decirme.
Tota: Pues claro, miedo mucho miedo,
miedo a las consecuencias.
Tabo: Tota, estoy de lo más intrigado, muy
intrigado. A ver, a ver…
Tota: (Se sitúa frente a Tabo) Te voy a
decir algo que pasó hace dos meses.
Tabo: ¿Dos meses, Tota? ¿Has dicho dos
meses? Déjame pensar. (Pausa)
No, no creo…
Tota: Pues sí, Tabo, hace dos meses.
(Pausa) ¿Te acuerdas del dinero que
se te perdió hace dos meses?
Tabo: No me lo recuerdes, Tota, no me lo
recuerdes. Con ese dinero
pensaba comprar un lote de revistas viejas.
Y de pronto, el dinero se
esfumó. Como lo llevaba siempre en el
bolsillo del saco, tú me dijiste
que a lo mejor uno de esos carteristas…
Tota: No, Tabo, no fue un carterista, fui
yo. Cuando te vi dormido fui a la percha,
donde el saco
estaba colgado, cogí el dinero y al otro día
me di un banquete en el restorán.
Tabo: (Se lanza sobre ella) ¡Puta vieja! ¡Te
voy a partir el alma!
Tota: (Con mucha calma) Tabo, un muerto
no tiene alma, ni cuerpo. Te
ves muy ridículo diciendo eso y echándote
sobre mí. Vamos, apár-
tate. No soy otra cosa que un cadáver sin
miedo a las consecuencias.
Tabo: (Se aparta, bajando la cabeza) Es
cierto, Tota, un cadáver… (Pausa)
Es maravilloso. Es como si…
Tota: (Lo interrumpe) Déjalo ahí. Siempre
hablas basura. Ya sé que es
maravilloso; por eso inventé el juego.
(Pausa) A ver, dime que he sido
condenada a muerte.
Tabo: Tota, mi vieja querida, has sido
condenada a muerte.
Tota: (Finge un gran terror) ¿A muerte,
has dicho a muerte?
Tabo: (Llorando) Sin apelación, Tota, sin
apelación.
Tota: Sin apelación… (Pausa) ¿Tú sabes si
el juez está instruido de lo que
me pasa?
Tabo: ¡Cómo no va a saberlo, cómo no va
a saber que me has matado!
Tota: Pues claro que el juez sabe que te he
matado. Pero lo que él no sabe
es que yo estoy muerta. Nunca he visto
matar dos veces a la misma
persona.
Tabo: Es maravilloso, Tota, es
maravilloso. Se me ocurre que cuando yo
quiera matar a alguien primero me muero
y después lo mato. Así no
puede haber consecuencias.
Tota: Y si al que tú piensas matar se muere
antes de que tú lo mates para
que lo mates ya muerto, entonces es más
maravilloso.
Tabo: Tota, búrlate del juez.
Tota: (Suplicante) Señor juez, vengo a
implorar su perdón. Si usted
me condena a muerte privará al mundo del
primer muerto que se
murió para que lo condenaran a muerte,
señor juez, no me mate
dos veces.
Tabo: (Aplaude) ¡Bravo, Tota, bravo! Eres
la muerta perfecta. Te voy a condecorar
con la Orden
Mortal de la Muerte. (Hace como si le
impu- siera una condecoración) Y toma
este diploma (Hace como
que lee) Honor al mérito. Tota, la grande,
murió en aras de la humanidad para
demostrar a sus
semejantes que cuando uno está muerto no
le teme a las consecuencias.
Tota: (Abre los ojos, baja los brazos) Está
bueno ya. Ahora te toca a ti.
Vamos (Ambos llegan a la cama. Tota se
sienta. Adopta una postura de
gran dama. Tabo se arrodilla, destapa la
botella y llena la copa de agua , le
añade unos polvos blancos que están en un
sobrecito. Coge la copa y mira
fijamente a Tota)
Tabo: (Le alarga a Tota la copa) Mi amor,
bebe este nepente. Te hará olvi-
dar a Paco.
Tota: (Dramática y grotesca, se lleva la
mano al corazón) Paco, ese nombre
me desgarra el corazón.
Tabo: Cuando tomes este nepente borrarás
a Paco del libro de tu vida.
Tota: Primero toma tú, déjame la mitad.
También tú debes borrar a
Paco de tu vida.
Tabo: Tota, yo nunca tuve nada con Paco.
No hubiera podido…
Tota: (Imperativa) Yo sé que no hubieras
podido, pero debes tomar el
nepente para que nunca más pronuncies su
nombre. Bebe.
Tabo: ¿Lo tomo?
Tota: Tómalo. Verás que Paco se te quita
de la cabeza. Después yo tomo
la otra mitad de nepente y también Paco se
me quita de la cabeza.
Tabo: (Toma la mitad de la copa) ¡Sabe a
rayos!
Tota: Sí, a rayos, pero después, el Nirvana.
Tabo: (Le alarga la copa a Tota) Bebe.
Tota: (Con la copa en la mano, la expone a
la luz mirándola atentamente)
Pensar que en este líquido maravilloso
está el olvido de Paco. Paco,
me has destrozado el corazón. (Pausa)
Paco, amor mío, ¿Vendrás
hoy? Tota te espera siempre, siempre…
(Pausa) ¿Te acuerdas de lo
que pasó la noche en que navegábamos por
el Danubio? Paco, me juraste amor eterno.
¿Y aquel beso
Paco? Aquel beso tuyo fue como una perla
fabulosa sobre mis labios, Paco, Paco, te
voy a olvidar
para siempre, para siempre, para
siempre… (Lanza una carcajada. Entre-
tanto Tabo se ha echado en
la cama y ha cruzado sus manos sobre el
pecho) Conque querías asesinarme, chulo
de mierda. Pero
Tota es más viva que tú. (Se acerca y lo
escupe) Nepente no, cicuta querías darme,
pero con Tota no
hay quién pueda. (Le da una patada) ¡Que
te coman los gusanos! (Registra en la
cartera, saca un
pañuelo negro y lo extiende sobre la cara y
la cabeza de Tabo) Y óyelo bien: no te voy
a preguntar
nada. Te vas a quedar con las ganas. Ahí te
irás pudriendo, viejo cabrón. (Va a la cama
de Tabo, se
sienta y empieza a romper las figuras
recorta- das. Canta) «Tabo fue por lana y
salió trasquilado…
envenenado y embalsamado…» (Ríe.
Pausa. Da dos golpes sobre la cama.
Pausa. Se incorpora. Pausa. Se
para) Puedes entrar, Paco. (Pausa. Camina
hacia el proscenio) Ya lo maté (Como si
alguien le
hablara al oído) ¿Qué, Paco, qué? ¿Que si
está bien muerto? (Como si agarrara a
Paco, por un brazo)
Ven. (Empieza a caminar hacia la cama
donde está Tabo) Ven, cerciórate. (Llega a
la cama, le quita
el pañuelo a Tabo) Míralo bien;
envenenado con veneno. Cayó redondo.
Anda, Paco, tócalo; está más
frío que un cubito de hielo. (Hace como si
oyera a Paco) Sí, mi amor, nos iremos de
aquí para
siempre. ¿Que quién va a enterrarlo? El
municipio, y como pobre de solemnidad.
(Hace como si
cogiera a Paco por el brazo y camina hacia
el fondo de la escena) Vamos, vamos,
amor mío. (Llega al
fondo de la escena. Se vuelve y mira hacia
la cama de Tabo donde está su cartera)
Espera, mi amor,
se me olvidaba mi cartera y… sabes, ahí
están tus cartas. (Coge la cartera, se vuelve
hacia Tabo)
Tabo… (Pausa. Un poco más alto) Tabo…
viejo, ¿está bueno, no? No te hagas más el
muerto. (Pausa)
Tabo… (Gritando) Tabo… (Pausa.
Camina hasta quedar frente a la cama de
Tabo) ¿Tabo, te has de
olvidado que cuando yo te digo Tabo por
segunda vez, tienes que levantarte?
(Pausa) ¿Tabo, me estás
oyendo? Tabo, se me está acabando la
paciencia y voy a entrarte a pata- das…
(Pausa. Zarandea a
Tabo por los pies) Vamos, mira que van a
dar las seis y tenemos que tomar la leche;
después no me
vengas con el cuento de que te cayó mal
porque la tomaste a las ocho. Vamos Tabo
(Vuelve a
zarandearlo. Se pone las manos en la
cabeza) ¡Dios mío, qué paciencia hay que
tener con este viejo!
El otro día, ¿te acuerdas, Tabo? Te pasaste
el rato que yo hablo con Paco rascándote
la nariz y lo
que no es la nariz. ¿Te acuerdas? ¿No
sabes que tienes que estar rígido mientras
yo hablo?
Rí-gi-do, mi hijito. (Pausa. Se inclina y de
un tirón le arranca el pañuelo) Y ahora
esto, esta
demora. (Le da dos galletas)
¡Anjá! ¿Conque persistes en hacerte el
muerto? ¿Qué te traes Tabo, qué te traes?
Mira que voy a
darte una paliza de padre y señor mío.
(Pausa. Se pone manos en la cadera y lo
mira atentamente)
¡Ah, ya sé…! Las cosquillas. ¿Me oyes? Te
voy a hacer cosquillas. ¿No? Pues sí
señor. (Se agacha y
le hace cosquillas en la barriga. Tabo no se
mueve)
¡Como si le hiciera cosquillas a un
muerto! (Pausa, moviendo la cabeza) No,
no puede ser, no está
muerto, imposible, cuándo se ha visto que
un purgante de soda mate a alguien.
(Vuelve a hacerle
cos- quillas, lo zarandea, le vuelve a pegar
en la cara, le da dos patadas) ¡Mi madre!
¿Qué te
pasa? Tabo, Tabo, ¿me oyes? Cabrón, hijo
de mala madre, ¿me oyes? ¿Pero se habrá
muerto de verdad?
No, no puede ser, él no puede hacerme
esto. (Corre hacia la cama de Tabo registra
en la carteras
saca el espejo, vuelve a la cama, se agacha,
le pone es espejo en la boca, en la nariz, lo
toca)
Está más frío que un cubito de hielo.
(Pausa, se revuelve el pelo y empieza a
caminar alrededor de
la cama, gritando)
¡No, Tabo!, no puedes hacerme esto, no
puedes morirte, ¡no puedes dejar sola a
Tota!; además, nos
falta morirnos los dos a la vez, y tú sabes
que eso es lo mejor, es cuando podemos
decirlo todo
porque no tenemos miedo. Tabo, ¿qué voy
a hacer sola en esta casa? Vuelve, vuelve
en ti, si vuelves
te voy a dejar un día entero recortando
figuras de jóvenes y te ayudaré a
quemarlas. (Corre hacia
su cama. Se sienta)
¿Y ahora qué? ¿Es verdad que Tabo se
acabó? (Mira la cama de Tabo)
¡Mierda, eres un mierda! Tabo, ¿me oyes?
Eres un mierda.
Tabo: ¿Qué estás diciendo, Tota?
Tota: Que eres un mierda. (Pausa, se para
rápidamente) Tabo… ¡No puede
ser! ¿Hablaste? Pero, Tabo, tú estás
muerto de verdad. (Pausa, va a
la cama de Tabo, pero sin acercarse
mucho) ¿Tabo, tú hablaste? (Tabo
permanece mudo) ¡Carajo! ¿Pero es que
estoy oyendo voces como esa
Juana de Arco? (Vuelve a mirar a Tabo)
¡Qué imbécil soy! Está más
muerto que un muerto y yo creyendo que
habló.
Tabo: ¿Quién está muerto, Tota?
Tota: (Corre y se echa junto a Tabo) Ahora
si es verdad, cabrón, me las vas
a pagar todas juntas. Conque haciéndote el
muerto. (Lo zarandea vio-
lentamente).
Tabo: (Se para lentamente) Vamos, Tota,
no es para tanto, además quise
proporcionarte una emoción. Pensé…
Tota: (Lo interrumpe) ¿Una emoción?
¿De qué me hablas? ¿Emoción?
Niñito, ¿con qué se come eso?
Tabo: (Se acerca a Tota y le coge las
manos) Tota, pensé…
Tota: (Zafa sus manos con violencia)
¡Suelta! ¿Conque una emoción, eh?
(Coge las figuras y las rompe) ¿Esto es
una emoción? Tabo, ven acá…
Tabo: (Llorando) No le hagas eso a tu
Tabo.
Tota: (Lo amenaza con el puño) Tabo, te
he dicho que vengas. Tú no eres
mi Tabo; eres solo el marido viejo de una
vieja. Ya hace mucho rato
que se acabó eso de tú eres mi Tabo y yo
soy tu Tota. ¿O es que no te
miras? Anda mírate, coge el espejo y
mírate. Por eso le tienes odio a
la gente joven…
Tabo: (Camina hacia la cama donde está
Tota) Tú también, Tota, tú también…
Tota: (Lo coge por una mano y le pone en
la otra las tijeras) ¿Yo…? ¿Odio yo?
No me hagas reír. A mí la juventud me
enternece. Además, nunca
miro para atrás. Lo pasado, pasado. Ahora
lo único que me interesa
es el presente. (Se pasa las manos por todo
el cuerpo. Ríe grotescamente,
agarra a Tabo por un brazo y lo aproxima a
su cara) Mira. (Mientras habla se va
tocando la cara)
Mira, por aquí arrugas, y por aquí más
arrugas, y por aquí patas de gallina, y por
aquí bolsas, y
por aquí cráteres, y por aquí zanjas.
(Vuelve a reír) Y por aquí (Se toca los
senos) me llegan a la
barriga, y las manos, ¡mírame las manos!
No puedo más con la artritis. (Pausa) Y tú
estás peor que
yo. Todos mis achaques, y encima de eso,
tu próstata… Al menos, yo todavía no me
orino, pero tú, un
reguero, viejito, un reguero… Más el olor.
(Escupe) Y eres tú, precisa- mente tú, el
que todavía
sueña, sí, porque tú sueñas con la Fuente
de la Juventud Eterna (Lanza una
carcajada, pausa,
indicando con el dedo índice las figuras,
coge una y se la da a Tabo) Córtale la
cabeza.
Tabo: Eres implacable. (Le corta la cabeza
a la figura).
Tota: Y ahora muérete de nuevo, vamos
rápido, muérete, tenemos poco
tiempo. (Tabo va a su cama, y adopta la
misma posición. Va a la cama de
Tabo) Tabo, Tabo…
Tabo: (Se levanta, le apunta a Tota con el
dedo índice) ¡Pum!
Tota: (Se desploma) ¡Muerte soy!
Tabo: (Al público).

¡Mi mujer ha muerto y soy libre! Puedo,
pues, beber mucho o poco. Cuando
entraba sin un centavo,
sus gritos me volvían loco.
Esta crápula invulnerable, como las
máquinas de acero, jamás en invierno o en
verano, conoció el
amor verdadero,
con sus negras hechicerías, su pomo de
hiel, su calvario,
su cortejo infernal de alarmas, sus ruidos
de grillos y osario,

¡Heme aquí solitario y libre! Borracho
perdido estaré
a la noche, y sin miedo alguno en el suelo
me echaré.1

Se echa junto a Tota.

Tota: (Abre los ojos, se incorpora) ¿Te
echaste ya?
Tabo: Sí, crápula. (Abre los ojos).
Tota: Bueno, viejo cañengo, ahora
estamos muertos.
Tabo: Eso es, Tota, estamos muertos.
(Ladeando la cabeza del lado de Tota.
Pausa) Es como tú dices. No tengo miedo.
Tota: ¿Ni siquiera al espejo?
Tabo: No, Tota, ahora ya no soy ni viejo ni
joven, ahora soy un muerto.
(Pausa) ¿Y dónde estarán ahora Tabo y
Tota?
Tota: (Con el brazo extendido a todo lo
largo apuntando al fondo del escenario)
¡Míralos, míralos! Tienen miedo.
Tabo: (Echa el cuerpo hacia delante) Sí,
tienen miedo, mucho miedo. Ahora
les toca tener miedo.
Tota: Eso es, se pasaron la vida
metiéndonos miedo, y ahora…
Tabo: Ahora están en nuestras manos. En
nuestras manos. Ahora tendrán que
pagar. (Camina hacia el fondo de la
escena) Míralos, míralos… (Gritando)
¡Tabo, Tabo, aquí estoy!
Tota: (Sigue a Tabo gritando) ¡Tota, Tota,
aquí estoy!
Tabo: (Avanza más) Tabo, te llegó la hora.
¿No me casaste con Tota? Pues
te llegó la hora de pagar. (Hace como que
atrapa un cuerpo) Así te quería
coger Tabo. (Vuelve a hacer la acción)
Mansito, mansito. No, Tabo, no
grites. (Hace la acción de taparle la boca)
Es inútil. La policía no puede
entrar en esta casa. Yo soy el jefe de todos
los policías del mundo.
(Pausa) ¿Dices que no me obligaste?
¿Qué a ti te hubiera gustado


1 Fragmento de «El vino del
asesino», (Baudelaire).

casarme con Tota, pero que si yo decidía
que era con Lili te daba lo mismo? No te
creo, Tabo,
aunque me lo jures por toda la corte celes-
tial. No, Tabo no te voy a perdonar la vida.
Me
obligaste a casarme con Tota, que es la
mujer más asquerosa que hay en toda la
tierra.
¿No es cierto Tota, que tú eres la mujer
más asquerosa que hay en toda la tierra?
Tota: Sí, me gusta oírtelo decir, me gusta
mucho. Y tú también eres el hombre más
asqueroso de
toda la tierra. (Pausa) Tota, ¿me estás
oyendo? Me casaste con el asqueroso de
Tabo. Yo estaba
enamorada de Toni, pero eso no lo tuviste
en cuenta. Tota eres una bruja, eso es lo
que eres, una
bruja egoísta, pero ahora te llegó la hora
de pagar. ¿Qué lo hiciste por mi bien? No,
Tota, lo
hiciste para darte tono. ¡Qué clase de perla
eres, Tota! Te aprovechaste de mi miedo;
ella tiene
miedo, ella no va a protestar, ella se
conformará con su suerte. Ella será des-
graciada, pero no
importa, con tal de que yo pueda darme
tono. ¿Y ahora qué tono te das, Tota?
Ahora el tono me lo
doy yo, ahora estás en mis manos, mansita,
y ahora eres tú la que tiene miedo. Yo soy
la que te
mete miedo, el miedo final, Tota, ¿me
oyes? El miedo final.
Tabo: No, Tabo, aquí no hay cura para
confesarte. ¿Que vas a ir a la pre- sencia
de Dios sin
confesarte? Mala suerte, Tabo mala suerte,
mala suerte. Además, no arreglarías nada,
el mismo Dios
te condenaría.
¿Cómo dices? ¿Qué te arrepientes? Allá
tú, pero tu arrepentimiento no te va a
salvar.
Tota: También Tota quiere un confesor
para arrepentirse de sus peca- dos. Y Tabo
otro. Ahora los
dos están muy razonables y piden per- dón
y dicen que van a ser buenos en lo
adelante.
Tabo: Buenos en el hoyo, no les queda
otra cosa.
Tota: (Riendo) ¡El hoyo, el hoyo! ¡Qué
bárbaro eres!, de verdad que eres
un bárbaro en lo adelante Tabo y Tota van
a ser muy buenos en el
hoyo.

A medida que ambos actores hablan,
zigzaguean por toda la escena hasta llegar
al proscenio. Deben
dar la impresión de estar borrachos,
extenderán las manos como si dejaran caer
los cadáveres de
Tabo y de Tota en el foso de la orquesta.
Al público, al unísono.

Tota: ¡Ahora no tenemos miedo!
Tabo: (Se vuelve hacia Tota) ¡Los pobres,
murieron creyendo que noso-
tros pensábamos que eran culpables!
Tota: Es así Tabo, es así como dices. El
miedo ayuda a mentir. (Pausa.
Mueve la cabeza y deja caer los brazos una
y otra vez) ¡Qué mentirosos
somos! ¡Qué par de mentirosos!
Tabo: (Hace la misma acción) ¡Qué par de
mentirosos!







ACTO SEGunDO



Tota y Tabo están sentados en su cama con
un vaso de leche en la mano.
Luz blanca.

Tota: (Hace un gesto de desagrado después
de probar la leche) Esta leche…
Tabo: Si fuera eso…
Tota: No, Tabo, no es la leche, es tener que
tomarla. Estoy hasta la coro-
nilla del vaso de leche a las seis de la tarde.
Tabo: Bueno, puedes arreglarlo
prolongando la sesión de la muerte hasta
las ocho de la noche.
Tota: Sigues siendo un cretino. Como si
uno pudiera pasarse las vein-
ticuatro horas del día haciéndose el
muerto. Además, para hacerse
los muertos hay que comer y dormir, ¿no?
Si nos morimos de verdad
entonces no habría juego. A mí me
revienta el vaso de leche, pero si
no lo tomo pierdo fuerzas, y si las pierdo
estoy a dos dedos de que la
pelona me coja. Y yo, Tabo, quiero vivir;
allá tú si te gusta la muerte
de verdad.
Tabo: Eres un pozo de ciencia, querida
puta vieja, más puta y más sabia
que tu madre. (Pausa) Y ahora dime: si no
te gusta la leche, ¿por qué
no te comes un bisté y un par de huevos?
Tota: ¡Que cretinadas hay que oírte, Tabo!
Así que bisté y huevos. ¿Y tú
crees que mis sesenta años resisten a esta
hora esos alimentos? Supón
que me los comiera, bueno, una embolia
y no cuento el cuento.
(Pausa) No, hijito, cuando uno quiere
seguir viviendo —lo que se
pueda, claro está—, y cuando uno goza
horrores con el juego de la
muerte, hay que aguantar la boca.
Tabo: No, si te digo lo del bisté y los
huevos es por ti; yo, con este vaso de
leche resisto hasta mañana. (Pausa) Oye, el
juego de hoy nos quedó
sublime. ¿No te fijaste que dije cosas
nuevas?
Tota: ¡Ya te oí, ya te oí! Nada más estaba
esperando que fallaras, para darte una
patada en la
espinilla. Pero a la verdad que te salió
fenómeno.
Tabo: ¿Qué te pareció lo del hoyo?
Cuando iba a decir: « Y ahora vamos a
darles cristiana
sepultura»…, se me ocurrió lo del hoyo.
Es más efi- caz. ¿No te parece?
Tota: Fue algo sublime, pero no vayas a
creer, sentí un frío en el estómago.
Tabo: ¿Un frío…?
Tota: Eso es un frío… Como si tuviera
una bolsa de hielo dentro de la
barriga.
Tabo: Y eso, ¿por qué?
Tota: Bueno, es que me acordé que a Tota
no le gustaba que dijeran en
su presencia: «Fulano fue derechito al
hoyo… o Mengano ya está en
el hoyo…» Decía que el hoyo es para los
animales y además, que esa
palabra era muy honda. ¿Tú entiendes
algo? Nunca aclaró por qué le
parecía honda.
Tabo: Bueno tú sabes que un hoyo para un
muerto tiene que ser hondo.
Tota: ¡No me digas, filósofo! Eso lo saben
hasta los perros. No, no es
eso estoy segura que Tota quería expresar
algo más. Y es por eso que
sentí el frío en la barriga.
Tabo: Estaba pensando que en la próxima
sesión de juego podemos hacer
que Tota mate a Tabo y lo entierre en el
hoyo.
Tota: Por poder hacerlo, no quedará… Ya
sabes que cuando uno está
muerto puede hacer lo que quiera. Pero no
sé, así de pronto la idea no
la veo bien. ¿Qué te propones?
Tabo: Bueno, como proponerme, nada. Es
tan solo una variación dentro
del juego. En la primera, Tota mata a
Tabo, en la segunda, Tabo mata
a Tota.
Tota: No me parece correcto disponer de
Tota y de Tabo para que Tota
mate a Tabo o Tabo a Tota. Ellos están
muertos de verdad y ya no
podrían matar. Otra cosa sería si estamos
vivos aceptaran jugar el
juego.
Tabo: Pero a lo mejor Tabo y Tota… (Se
calla).
Tota: (Se para, va a la cama de Tabo)
¿Quieres decir que Tabo y Tota se
quedaron con las ganas de matar?
Tabo: Con las ganas de matar, exactamente
Tabo a Tota o Tota a Tabo.
Tota: ¿Tú quieres decir que también ellos
tuvieron miedo?
Tabo: A lo mejor… Porque oye, uno ve a
la gente y piensa ese es un tipo
de pelo en pecho o esa es una tipa que se
lleva al más pintado por
delante, y un buen día te enteras que son
unos cobardones. O no te
enteras, pero en el fondo lo son.
Tota: (Se sienta) Eso es muy interesante.
Eres un cretino, pero de vez en
cuando dices algo con sustancia. (Pausa)
Ven acá, ¿lo que tú quieres
decir es que todo el mundo tiene miedo?
Tabo: Bueno, no exactamente. No, no
creo que todo el mundo tenga
miedo, porque entonces no habría
miedosos. Tiene que haber gente
que meta miedo.
Tota: ¿Y no será que la gente que mete
miedo es porque también tiene
miedo?
Tabo: Puede ser como dices, pero eso no
cambia las cosas. De un lado
están los miedosos que meten miedo y del
otro los miedosos que se
dejan meter miedo.
Tota: ¿Y tú crees que hay más miedosos
que meten miedo que miedosos
que no lo meten?
Tabo: ¡Qué sé yo! Todo esto es como un
dale al que no te da… Habría
que empezar por saber quién inventó el
miedo.
Tota: Déjalo ahí, para lo que serviría
saberlo. Ya es bastante tener miedo.
Tabo: ¡Y qué miedo! Quiero decir, el de
nosotros. Supón que el miedo
tenga un cuerpo, bueno nosotros somos su
trasero.
Tota: ¿Tan miedosos somos?
Tabo: ¡Y me lo preguntas! ¿Cuántas veces
has ido hoy al inodoro?
Tota: ¡No me digas nada! ¡Ocho! Parece
que el pescado de ayer me cayó
mal.
Tabo: ¿El pescado…? Diría más bien que
lo que te ha caído mal es la planilla.
Tota: No te entiendo.
Tabo: Porque no quiero. Mañana viene el
hombre de la planilla y eso te
tiene del coro al caño…
Tota: (Se para, camina con agitación, se
pone las manos en la cabeza) ¡Allá va
eso! Más o menos se me había olvidado, y
ahora vienes a recordarme
la maldita planilla. (Pausa) Todavía no la
he llenado. ¿Ya llenaste la
tuya?
Tabo: Tampoco, y oye, esa planilla se las
trae, ¿la has leído?
Tota: Mil veces, y cada vez que vuelvo a
leerla me da más miedo.
Tabo: Dicen que es un test sicológico.
Tota: Sí, eso siempre dicen, pero se
enteran de tu vida y milagros…
Tabo: ¿Tú crees que el tipo venga, meta la
planilla en su cartera y se vaya
o se ponga a hacernos preguntas?
Tota: Nunca se sabe… (Pausa) ¿Me
ayudas a llenarla?
Tabo: Ahora me caigo de sueño… Déjalo
para mañana.
Tota: No, ahora mismo. Total, si no voy a
poder dormir. Y tú tampoco.
(Pausa) ¿Dónde están?
Tabo: (Mete la mano en el bolsillo
posterior del pantalón) Acá la tienes. (Le
muestra dos papeles rosados, los alisa
sobre sus rodillas, saca un lápiz del
bolsillo de la camisa y se lo pone en la
oreja) Bueno, cuando quieras.
Tota: Son cinco preguntas solamente.
Tabo: Cinco, nada más que cinco, pero se
las traen… Son de argolla…
Tota: Empieza a leer.
Tabo: (Lee) La primera dice así: «Si no se
hubiera casado con el hombre
que se casó ¿con cuál le hubiera gustado
casarse?»
Tota: ¿Tú crees que esa pregunta tiene
filo?
Tabo: ¡Vaya si lo tiene! Esa gente de la
oficina de preguntas sabe mucho;
para mí es que ellos conocen nuestro caso
y esperan que tú contestes:
«De no haberme casado con mi actual
marido, lo hubiera hecho con
Toni».
Tota: Pero ellos también deben saber que
estuve enamorada de Toni.
Tabo: Lo saben y también saben que si yo
no me hubiera atravesado en
tu camino, a estas horas estarías casada
con él.
Tota: ¿No será que quieren saber que yo
no estaba enamorada de ti?
Tabo: ¡Qué me cuentas! Eso lo saben
mejor que tú y que yo. No; lo que ellos
esperan que tú contestes es eso que acabo
de decirte. Y mira si es que la
segunda pregunta se relaciona
estrechamente con lo que ellos quieren
que tú respondas.
Tota: ¿Es posible? Léela.
Tabo: (Lee) Allá voy. Oye: « ¿Se casó con
el que actualmente es su esposo
por amor o por miedo?»
Tota: No empieces a inventar. Tienes la
costumbre de enmendarle la plana
a la planilleros. Acuérdate lo que te pasó
con la planilla del consumo
eléctrico. Donde decía “consume”
cambiaste la palabra por “energía”.
El planillero te puso como un zapato…
(Pausa) Ahí no dice «por amor
o por conveniencia».
Tabo: (Le mete la planilla por los ojos)
Lee tú misma. ¿Qué dice ahí?
Tota: (Lee) «¿Se casó con él que
actualmente es su esposo, por amor o
por miedo?» (Pausa. Levanta la cabeza)
Tienes razón.
Tabo: ¿Te das cuentas? Sabes tanto de ti y
de tu vida que son como si fue-
ras tú misma.
Tota: Son preguntas que meten miedo.
¿Cómo contesto esta?
Tabo: Lo que contestes no va a tener
mayor importancia. Fíjate, en el fondo
ellos no preguntan.
Tota: (Gritando) Y si no preguntan, ¿qué
carajo es lo que hacen?
Tabo: (Con mucha calma) Contestan,
contestan por ti. (Pausa. Pasa la vista
por la planilla) Ya te dije que la respuesta
de cada pregunta está en la
pregunta siguiente. Así, la pregunta
número uno es contestada por
la número dos, esta por la tres, la tres por
la cuatro y la cuatro por la
cinco.
Tota: Entonces, ¿qué objeto tiene que yo
conteste? ¿No lo han hecho ya ellos por
mí?
Tabo: Si pudiera contestarte esa pregunta,
sería el jefe de los planilleros.
¿Qué se trae entre manos? Solo él lo sabe
y no creo que jamás te lo diga.
Tota: Déjalo ahí. Sigamos la charada. Lee
la tercera que contesta la segunda.
Tabo: Ahí va. (Lee) «¿Quiere explicarme
por qué juega a hacerse la muerta?»
(Pausa) ¿Te das cuenta? Aquí te están
diciendo muy claramente que te
has pasado la vida teniendo miedo. Por
tanto, te casaste conmigo por
miedo.
Tota: (Riendo) El jefe de los planilleros
sabe mucho.
Tabo: Imagínate, es un jefe…
Tota: ¿Y la cuarta que contesta la tercera?
Tabo: La cuarta dice así: « Si no le teme a
las consecuencias, ¿utilizaría
la mentira como arma? (Pausa) Está
diciendo por las claras que jue-
gas a hacerte la muerta para no temerle a
las consecuencias. ¿Qué te
parece?
Tota: Formidable. Ese jefe es un
bárbaro… (Ríe de nuevo) ¿Y la quinta
que contesta la cuarta?
Tabo: (Se pone el papel delante de los
ojos) Enseguida te la leo. Oye bien:
«Si usted mintió para inculpar a Tabo y a
Tota, ¿sería capaz de men-
tir afirmando haber recibido una planilla
con cinco respuestas sobre
su vida?» (Pausa) Aquí, te contestan la
cuarta pregunta diciendo que
utilizas la mentira como arma. (Pausa.
Dobla los papeles, los mete en
el bolsillo posterior del pantalón, saca el
lápiz de la oreja y se lo muestra a
Tota) Mira, no hemos tenido necesidad de
utilizarlo. (Se lo guarda en
el bolsillo de la camisa. Moviendo la
cabeza) Bueno, mañana vendrá el
planillero. (Bosteza, se estira) Vendrá,
vendrá…
Tabo: (Vuelve a bostezar.) Sí, Tota, el
planillero…
Tota: ¡Cómo no, Tabo, no faltaba más! Y
cuando llegue tú le dirás:
váyase.
Tabo: (Siempre bostezando) ¿Que yo le
voy a decir que se vaya? ¿Y con qué
derecho? (Se para, da dos
pasos y se sitúa de espaldas a Tota).
Tota: Con el derecho del más fuerte.
(Llega junto a Tabo y con violencia se
pone frente a él, al
mismo tiempo le coge la cara entre sus
manos) Viejo cabrón, con el derecho del
más fuerte porque tú
eres el jefe.
Tabo: ¿Yo el jefe, Tota? ¿Y jefe de qué?
Tota: De los planilleros, chulo de mierda.
(Le da una bofetada) Así que redac-
tando planillas para meterme miedo. Pues
voy a hacértelas comer. (Le
mete la mano en el bolsillo posterior del
saco) ¡Hijo de perra!...
Tabo: (Forcejea) Puta mala, puta vieja, te
voy a estrangular. (Le echa las
manos al cuello) Conque quieres echarme
el muerto. (Pausa) Así que
me rompo la cabeza descifrando tu planilla
y me pagas con esto. Eres
peor que una rata de cloaca. Pero te voy a
estrangular. (Le aprieta el
cuello) Y encima te burlas de mí. Cabrona,
eres tú la que ha cocinado
este pastel y ahora me echas el muerto…
Tota: (Echa las manos al cuello de Tabo)
¡Hipócrita! Lo que tú quieres es
que me muera de verdad. ¡Imbécil! Si tu
Tota se muere de verdad,
¿con quién vas a jugar? ¿Tú solo?
Pensaste que me iba a morir del
susto, pero tengo el corazón más duro que
el hierro. (Le echa una zan-
cadilla y ambos ruedan por el suelo)
Farsante, pirata, degenerado.
Tabo: (Se encarama sobre Tota y la
inmoviliza utilizando sus piernas como
tenazas) Óyelo bien, puta mala, cuando
estés muerta no podrás
decirme: Tabo, ahora no tengo miedo. No
cabrona, cuando estés
muerta serás otro muerto, es decir nada de
nada.
Tota: No te tomes el trabajo… Ya estoy
muerta. Y también tú. ¿No te das
cuenta de que estamos muertos?
Tabo: ¿Estamos muertos, Tota? ¿De
verdad que lo estamos?
Tota: Te lo juro. A ver, ¿Sigues teniendo
miedo?
Tabo: (Sacando sus piernas de encima de
Tota, se tiende al lado de ella) Ni
pizca de miedo (Pausa) ¡Qué bien se está
así, a tu lado! Ahora pode-
mos hacer todo lo que nos salga de
adentro. Por ejemplo, podemos
romper las planillas. (Las saca del bolsillo)
Toma la tuya. (Se la pone en las manos)
Rómpela.
(Rompe la suya).
Tota: (Rompe la planilla) ¡Qué felicidad!
Es como nacer de nuevo, sin culpa ni pena.
Siempre
estamos discutiendo y tirándonos los
platos a la cabeza, pero al final nos
ponemos de acuerdo.
Tabo: De acuerdo, eso es siempre de
acuerdo. (La acaricia) Mi Tota, mi
Totica, qué hubiera sido mi vida sin ti.
Tota: ¡Y la mía! (Lo acaricia) Mi Tabo, mi
Tabito. (Pausa) Me siento tan
feliz que pienso seguir muerta hasta que
me muera.
Tabo: ¡Qué magnífica idea, Tota, qué
magnífica idea! Seguir muertos
hasta que nos toque morirnos. Mi vieja,
eso es un descubrimiento
sensacional. (Pausa) ¡En esta casa se acabó
el miedo! (Coge a Tota por
un brazo) ¡Ven, vamos a matarlo!
Tota: (Se para) ¿Matarlo, has dicho
matarlo? ¿Y con qué, Tabo, con qué?
Tabo: (Le muestra las manos) ¡Con estas
manos, Tota, con estas manos!
(Le coge las manos a Tota) Y con las
tuyas.
Tota: (Ríe socarronamente) ¡No me digas!
Así que con estas manos…
(Le muestra sus manos a Tabo. Pausa. Le
coge las manos) Y con esas
manos… Lo vamos a matar.
Tabo: (Perplejo) Pues sí, te digo que lo
mataremos y después lo vamos a
enterrar.
Tota: (Siempre riendo socarronamente)
¿Tú lo jurarías, Tabo?
Tabo: (Con mayor perplejidad) ¿Qué te
traes, Tota?
Tota: No me traigo nada, juego limpio y
hablo claro. Contéstame: ¿lo
juras?
Tabo: (Alzando lentamente su mano
derecha) Lo juro.
Tota: Piénsalo dos veces, mira que un
juramento es algo sagrado, y
cuando uno jura tiene que mantener su
palabra. Después no vengas
pidiendo perdón, como lo hiciste la
semana pasada. ¿Qué pasó ese
día, Tabo?
Tabo: Bueno, es que yo. .. (Se calla).
Tota: Tú, nada… No pudiste.
Tabo: Tota, yo te juro que hoy sí lo
mato… Me siento muy fuerte. Mira
(Le muestra el brazo derecho haciendo
mollero) Es un hierro.
Tota: (Le toca el mollero) De acuerdo, un
hierro. (Pausa. Le toca el corazón)
¿Y esto, Tabo, esto? Un fleco; un colgajo.
El miedo te lo va a matar del
susto.
Tabo: Ya verás, ya verás. Lo voy a esperar
en guardia. (Se pone en guardia
como un boxeador). Él me tira un jab a la
mandíbula. Yo lo esquivo.
(Hace como si esquivara el golpe) Lo
mido bien. Le tiro un uppercut y,
¡noqueado!
Tota: (Cuenta como lo hace un referee a
contendiente, le asesta un golpe en el
barriga y Tabo cae. Volviendo a hacer de
referee) ¡Noqueado!
Tabo: (Siempre en el suelo) ¡Toma este, y
toma este otro, y toma más! (Tira
golpes al aire).
Tota: (Lo coge por las muñecas y lo
inmoviliza) ¡Cretino! ¿Quieres que te
repita el ataque de reuma? ¿Y qué vas a
sacar? ¡Nada mi viejo nada!
(Lo levanta) Toma tu píldora, ponte la
bolsa de agua caliente en los
riñones y échate encima dos frazadas. Esos
huesos están muy fríos.
(Pausa) Así que pretendes matarlo. ¿Es
que ya se te olvidó? (Lo sacude)
¿Ya se te olvidó? Contéstame.
Tabo: No sé de qué me hablas, Tota.
Tota: Claro, se te olvida porque tienes
miedo de recordarlo. Pero yo
te voy a refrescar la memoria. (Pausa)
Cada, vez que tratamos de
matarlo, lo único que conseguimos es
tener más miedo.
Tabo: (Protestando) No exageres…
Tota: ¿Exagerar? ¿Que yo exagero?
(Pausa) A ver, ¿qué hiciste la semana
pasada después de luchar dos horas con él
tratando de matarlo?
Tabo: (Como si pensara) Pues me acosté y
dormí como un bendito.
Tota: No mientas, Tabo. No hay por qué.
Aquí solo estamos tú y yo. Deja
las mentiras para la calle, en este terreno la
mentira no camina…
Anda, di lo que hiciste.
Tabo: No me lo recuerdes. (Se echa a
temblar).
Tota: Dilo o te cuento del hombre que se
murió de miedo. (Pausa, en tono
narrativo) «Érase un hombre que iba una
noche muy oscura por un
camino…»
Tabo: (Suplicante, a gritos) No, Tota, te lo
suplico, no me lo cuentes, me
pone los pelos de punta…
Tota: Entonces dilo.
Tabo: (Con voz entrecortada) Bueno,
después que yo forcejeé dos horas
con él tratando infructuosamente de
matarlo, me entró un miedo
tan grande de que él me matara a mí que
me pasé toda la noche fin-
giendo que yo era un perro. Y… (Se calla).
Tota: ¿Y qué más, Tabo, qué más?
Tabo: (Se pone en cuatro patas y empieza a
ladrar) Jau, jau, jau,…
Tota: ¡Pobre Tabo! ¿Sabes que me das
pena?
Tabo: ¿Te doy pena, Tota?
Tota: Figúrate tú… Si te cuento el cuento
del hombre que se murió de
miedo te cagas en los pantalones; cuando
tratas de matar tu miedo,
él te mete más miedo en el cuerpo y
entonces haces de perro. (Pausa)
Tabo, tú no sirves para nada, para nada.
Tabo: (Se incorpora, se para) Te juro que
sirvo, Tota, te lo aseguro. Esta noche
lo mato. ¡Se acabó! Pero ayúdame; mira tú
me lo aguantas firme en el
suelo y yo lo ahogo con la almohada.
Tota: No, no me vas a convencer. La
última vez que tratamos de matarlo,
por poco soy yo la que sale muerta. Casi
me asfixias con la almohada.
Tabo: Por la mala suerte que siempre
tenemos. El muy cabrón se deslizó
debajo de ti y claro la almohada te cayó
sobre la cara. Menos mal que
me di cuenta.
Tota: Bueno, te diste cuenta cuando yo ya
casi había estirado la pata.
(Pausa) Pensándolo bien…
Tabo: (Anhelante) ¿Qué, Tota?
Tota: Convéncete: nunca lograremos
matarlo. Ese bicho sabe mucho. Total, nos
agitamos, perdemos el
resuello, me expongo a morir asfixiada, el
azúcar me sube, a ti la presión te sofoca, la
respiración te falta, y él cada vez más vivo.
Sí, cada vez más vivo, metiéndonos más
miedo entre
pecho y espalda. (Pausa) Será mejor que
juguemos otro juego. (Pausa) ¿Qué te
parece si jugamos a …
Tabo: (La interrumpe suplicante, junta sus
manos) Tota, por última vez, dame una
oportunidad. Te
juro que si hoy fracaso no volveré a inten-
tarlo. Pero hoy estoy inspirado.
Tota: ¿Estás inspirado? ¿Verdad que lo
estás?
Tabo: Anoche soñé que tú lo tenías
dominado así (Se coloca detrás de Tota
y pasa sus manos sobre el pecho de esta,
cerrándolas fuertemente) ¿Ves?
No podía moverse. Entonces yo le puse la
almohada en la cara hasta
que se murió.
Tota: ¿No se estaría haciendo el muerto?
Te olvidas que hoy está de
moda hacerse el muerto…
Tabo: (Impaciente) Ya sé, ya sé, pero él
estaba muerto de una vez y para
siempre.
Tota: ¿Y tú crees que esta noche las cosas
van a pasar como en tus sueños?
Tabo: Se van a parecer tanto que no
sabremos si lo hemos matado en mis
sueños o si lo hemos matado esta noche.
Tota: (Entusiasmada) Eres un cretino, pero
a veces tienes tus chispazos.
(Pausa) Tabo, lo estoy viendo muerto,
estoy viendo cómo se va
muriendo. Le has puesto la almohada en la
cara. (Empieza a hacer la
acción sobre la cara de Tabo) Pero como
tú no quieres que se muera de
golpe porque antes debe sufrir mucho,
cuando está a punto de estirar
la pata quitas un cachito de almohada y lo
dejas respirar un segundo,
después vuelves a apretar y él vuelve a
debatirse en la agonía; de
nuevo lo dejas resollar, esta vez dos
segundos, él piensa que lo vas
a perdonar, te mira agradecido y entonces
tú ¡bang! Aprietas más
fuerte, más fuerte, cada vez más, y él
respira cada vez menos, menos.


Va bajando la voz hasta que «menos» se
convierte en un murmullo, después en un
estertor. A medida
que Tota habla, Tabo va reflejando en su
cara la agonía; con el postrer estertor de
Tota coincidirá
la caída de Tabo.

Tabo: (Se para, aplaude) ¡Bravo! Mientras
te estaba oyendo pensaba que tú habías
soñado mis sueños.
Fue así Tota, exactamente como lo aca-
bas de hacer. (Pausa) ¿Entonces, decidido?
Tota: De-ci-di-do. Le llegó su última hora.
Vamos. (Pausa. Coge a Tabo por un brazo,
señala la cama
de Tabo) Óyelo como ronca. (Tabo, de
puro ner- vioso, tropieza y está a punto de
rodar por el piso.
Tota lo sujeta) ¡Cuidado! Si se despierta
nos hace papilla.
Tabo: Seguro que está soñando que nos
mete miedo (Amenaza con el dedo)
¡Bandido!
Tota: (Pone un dedo sobre sus labios)
¡Sssst! (Camina, seguida de Tabo, hacia la
cama) Cógelo por
los pies, yo lo cogeré por la cabeza. Ese
cabrón va a saber lo que es candela… ¡Se
acabó el miedo!
Y oye, a lo mejor… (Se calla)
Tabo: ¿Qué, Tota, qué?
Tota: A lo mejor nos dan dinero por el
cadáver.
Tabo: ¿Te has vuelto loca? A quién se le
va a ocurrir comprar un muerto.
Para lo que sirve…
Tota: Que te crees eso… pues lo compran,
lo embalsaman y lo ponen en
un museo para que todo el mundo le saque
la lengua. Así (Saca la len-
gua. Pausa) Y ahora, a matar (Se coloca
junto a la cabecera de la cama, le
indica a Tabo que se coloque a los pies de
la cama. Ambos extienden los bra-
zos como para coger algo, se miran, hacen
como si atraparan a un hombre) Sujétale
bien los pies.
Así, así, ahora amárraselo con las sábanas.
(Tabo la mira) ¿Qué rayos me estás
mirando? Amárralo te
digo. No, a mí no se me escapa, lo tengo
bien agarrado.
Tabo: (Coge las sábanas y hace como si
amarrara los pies a alguien) ¡Ya está, ya lo
amarré! Que se
zafe si puede. No le sueltes la cabeza.
Ahora mismo le pongo la almohada.
Cabrón, vas a ver lo que
es candela cuando te vayas de este mundo,
las palabras tendrán el sentido que deben
tener. Sí
cabrón, el que deben tener y no el que tú
quieres darles. (Corre junto a Tota, coge la
almohada y
hace como si la pusiera en la cara de
alguien) Ahora no contarás el cuento.
Tota: (Se balancea) ¡Ai, ai, ai, ai, …. Aire!
Tabo: (Hundiendo más la almohada) Paga.
Tota: (La misma acción) ¡Mise, mise,
mise, mise…Misericordia!
Tabo: (La misma acción) Paga.
Tota: (La misma acción) ¡So, so, so, so…
Socorro!
Tabo: (La misma acción) Paga.
Tota: (La misma acción) ¡Per, per, per,
per… Perdón!
Tabo: (La misma acción) Paga.
Tota: (La misma acción. La voz empieza a
entrecortársele) ¡Mu, mu, mu,
mu… Muero!
Tabo: (La misma acción) Paga.
Tota: (La misma acción, pero el balanceo
empieza disminuir) ¡Ay, ay, ay!
Tabo: (La misma acción) Paga.
Tota: (El balanceo se hace más lento, la
voz es estertorosa) ¡A, a, a, a, a!, te,
u… (Jadeos)
Tabo: (La misma acción) Paga.

El en curso de esta escena la luz habrá ido
bajando gradualmente hasta dejar en una
total penumbra
el escenario. No bien Tabo acaba de decir
«paga», un cono de luz blanca cae sobre el
centro de la
escena. Dicho cono no será mayor que una
pelota de basketball.

Tota: (Haciendo como si soltara al que
tiene agarrado, se incorpora) ¿Ya?
Tabo: Quedó.
Tota: Consumatum est.
Tabo: In nome Pater, Filiis et Espiritu
Sanctus.
Tota: Amén. (Pausa) Déjame verle la cara.
Tabo: (Retira la almohada) Ahí lo tienes.
De cuerpo presente (Se para y
tira la almohada. Gritando) ¡En esta casa
se acabó el miedo!
Tota: (Se inclina sobre la cama, mira
ansiosamente, tanto se inclina que mete
la cabeza en el colchón. Se queda en esa
posición mientras habla) No, no
puede ser, no es posible, se evaporó, se
esfumó. (Se incorpora, señala al
colchón) Se nos fue, Tabo, se nos evaporó.
Te lo dije, y tú: no, ten por
seguro que hoy lo mato, yo soñé, y como
soñé no podía fallar. Y yo:
mira, Tabo, que ese es un bicho, que sabe
mucho, que se te va entre
los dedos, y se fue, se fue, se fue.
Tabo: (Mira debajo de la cama) Se
evaporó.
Tota: (Levanta el colchón y lo tira al piso)
Se esfumó.
Tabo: (Va a la otra cama, tira al piso las
almohadas, las sábanas, el colchón)
Se fantasmó.
Tota: (Que ha seguido a Tabo, registra
debajo de la cama) Se fantasmó.

Tabo y Tota buscan alrededor de las camas,
haciendo gestos muy estereotipados de
consternación
mientras repiten «se fantasmó», en un tal
crescendo, que finalmente agotados, caen
de rodillas con
sus cabezas descansando sobre el piso. En
dicha postura se mantendrán un segundo.
Entretanto el
cono de luz se habrá movido para
colocarse a solo un metro de ellos.

Tota: (Levanta lentamente la cabeza, con
los ojos muy abiertos) Cielo santo, ahí
está (Sacude a
Tabo por un hombro) Tabo, ahí está.
Tabo: (Levanta la cabeza) ¿Quién está ahí,
Tota?
Tota: (Apunta al cono de la luz) Él,
míralo. Pronto Tabo, trae la almohada.
Tabo: (Se para rápidamente, coge una de
las almohadas, regresa junto a Tota)
Vamos a cercarlo. Ponte detrás de él y
sujétalo fuerte.
Tota: (Empieza a caminar para situarse
detrás del cono de la luz) Tabo, está
muerto.
Tabo: (Mientras se aproxima al cono la
luz) Se hace el muerto. Ten mucho
cuidado.
Tota: (Ya situada detrás del cono de la luz)
¿Qué hago ahora?
Tabo: (Ya frente al cono de la luz con la
almohada en alto) Agárralo.
Tota: (Se agacha y cuando va poner sus
manos sobre el cono de luz, este salta
y se fija en la pared lateral izquierda.
Lanza una carcajada, se dobla de la
risa) Míralo Tabo, está que se caga del
susto. Vivir para ver, así que
el machazo de la película… Ja, ja, ja…
Anda, baja y métenos miedo.
Vuelve a hacer todo lo que has hecho en tu
puñetera vida. (Pausa,
hace pabellón con la oreja) ¿Qué…?
¿Qué…? Eso quisieras. No, el que
está cagado del susto eres tú. (Pausa, se
vuelve hacia Tabo) Óyelo, dice
que estamos temblando. Dile algo, Tabo,
dile algo con tu voz de capi-
tán intrépido.
Tabo: ¿Qué le diga algo? Pues no faltaba
más. Me vas a oír, hijo de yegua.
(Con voz tronitonante) Estás atrapado.
Encomienda tu alma a Dios
porque la almohada de la justicia (Agita la
almohada) está pronta a
terminar tu miserable vida. (A Tota) ¿Te
gusta?
Tota: (Lo besa en la boca tres veces) ¡Mi
supermán! ¡Mi Tarzán! ¡Mi
vikingo!
Tabo: (En el mismo tono) Ya es hora de
poner punto final a tus fechorías. ¡Con
esta espada, con esta lanza, con este sable,
con este puñal! He dicho.
Tota: (Gritando) Dicho y hecho. ¡La
espada, la lanza, el sable, el puñal, el
puñaaaal!
Tabo: (En el mismo tono) Disponte a
morir (Pausa) ¡Arriba las manos!
¡Arrodíllate! ¡Pon la cabeza en el tajo!
(Pausa. Dando mandobles con la
almohada) ¡Zas, zas, zas!
Tota: (Dándolos con ambas manos) ¡Zas,
zas zas! (El cono de la luz se posa en
el pecho de Tabo).
Tabo: (Asustado deja caer la almohada y se
lleva las manos al pecho) ¡Maldi-
ción! (Dejar caer los brazos).
Tota: (Qué siempre ha estado situada
detrás de Tabo levanta los brazos con las
manos muy abiertas) No te muevas, no te
muevas… (Se va aproximando
a Tabo) No te muevas… Está preso ya.
(Otro cono de luz se posa en el pecho de
Tota; esta
despavorida, se mira el pecho y lentamente
se lleva las manos a él) ¡Maldición!
(Pausa) Tabo…
Tabo: (Sin darse vuelta) ¿Qué…?
Tota: Yo también, mírame.
Tabo: (Se da vuelta lentamente)
¡Maldición! (Pausa) ¿Qué hacemos, Tota,
qué podemos hacer?
Tota: Hay que matarlos, tú el tuyo y yo el
mío.
Tabo: ¿Matarlos? ¿Tú dices matarlos? ¿Y
cómo? Trata de hacerlo. Mira:
(Vuelve a ponerse las manos sobre el
pecho) se queda tan fresco entre
mis manos.
Tota: Pues entonces vamos a asfixiarlo
entre nuestros pechos. Abrázame.
Tabo: (Se abraza a Tota) Por ti.
Tota: (Se aprieta aún más a Tabo) Por mí.
Tabo: (Se aprieta aún más a Tota) Por ti.
Tota: (Se aprieta aún más) Por mí.

De tanto apretarse uno contra el otro en
medio de un atroz jadear, caen al suelo
lentamente. Ahora
el cono de luz ha aumentado su tamaño y
les cubre enteramente el cuerpo.

Tota: (Mira entorno a sí) ¡Maldición! Se
nos escapó de nuevo.
Tabo: (Hace lo mismo) Y ahora es más
grande. Es un demonio. Acabará
con nosotros.
Tota: (Se da golpes tratando de darle al
cono de luz) Hija de perra, vas a saber
lo que es bueno… No te quedará hueso
sano en el cuerpo.
Tabo: ¿Qué cuerpo, Tota? Esto no lo
tiene. ¿Qué rayos es esta cosa?
Tota: El miedo es así; tú lo ves por aquí y
aparece por allá, tú lo quieres
coger y se va entre las manos, tú lo quieres
matar y él te mata.
Tabo: Y se va haciendo más grande, más
grande…
Tota: Más grande, más grande…

Tabo: Y se infla. Tota: Y se agiganta. Tabo:
Y engorda. Tota: Y asfixia. Tabo: Y ahoga.
Tota: Y
sofoca.
Tota y Tabo: Y mata.

Desde que Tabo dice: «Y se va haciendo
más grande», el cono de luz irá ganando en
tamaño de modo
que cuando Tabo y Tota digan «Y mata»,
la luz habrá permeado la totalidad del
escenario. Al mismo
tiempo, Tabo y Tota irán aumentando la
voz hasta convertirla en alaridos de
espanto. Finamente se
separan quedando exánimes uno junto al
otro en idéntica posición a la adoptada en
la escena
anterior.

Tota: (Se incorpora, toca a Tabo en un
hombro) Tabo, despierta, se hace tarde
para tu píldora.
Tabo: (Se incorpora, se restriega los ojos
fuertemente, sacude la cabeza)
¿Dónde estoy? ¿Se fue, Tota, se fue?
Tota: Vamos, cretino, vuelve a tu materia.
Ahora estamos vivos, ahora
hay que vivir, tomar la píldora, dormir,
despertar, y tener miedo y
jugar y volver a dormir y volver a
despertar…
Tabo: (Hace un gesto de repugnancia)
Tener que despertar y tener que vivir
con este miedo y tener que jugar para no
tenerlo y cuando no entien-
des nada de lo que te pasa y cuando juegas
lo mismo tienes miedo y no
entiendes nada de lo que pasa y solo sabes
que el miedo está aquí (Se
toca la cabeza) o aquí (Se toca el pecho) o
aquí (Se toca el estómago) Y él
apretando, apretando y tú crees que lo has
matado por ti, por mí, pero
matas nada y piensas que si lograras
matarlo sería una reparación,
una reparación que la vida te da, porque te
has pasado los años con las
manos en alto frente al cañón de una
pistola.
Tota: ¿Ya descargaste? Por mí puedes
seguir, pero te oirán las paredes.
Me voy a la cama. (Camina hacia la cama).
Tabo: (Le cierra el paso) Tota, no te vayas,
te lo pido de rodillas. (Se arrodi-
lla) Dime que esta noche va a ser la
última.
Tota: (Le da un empujón y lo sienta de
nalgas) ¿Y tú crees que en esta casa
mandamos tú y yo? ¿Y crees podemos
decir: miedo, vete y el miedo
se va? (Señala a derecha e izquierda)
¡Míralo, míralo! (Corre al fondo
del escenario) Míralo aquí… (Va tocando
las fotos de caras pegadas en
la pared del fondo) Míralo en esta cara, y
en esta y en esta otra y en
aquella y mira esta muerta de miedo y esa
que parece pedir auxilio.
(Pausa, camina lentamente hasta llegar
junto a Tabo) De modo que coge
derecho para tu cama y sueña con los
angelitos.
Tabo: Con los demonios, querrás decir.
Todavía me falta por soñar que
él me mata, y yo me muero en ese sueño y
me muero de verdad.
Tota: Eso sería un regalo. Piensa en las
noches que aún te quedan. Quiera
Dios que me pase a mí. Hasta mañana,
capitán intrépido. (Se acuesta,
se quita los zapatos y la saya, cierra los
ojos).
Tabo: (Se sienta en su cama, se quita los
zapatos, el pantalón, y siempre sen-
tado se agarra la cabeza con las manos. Se
levanta, va a la cama de Tota,
que ahora ronca, se inclina, la mira, vuelve
a su cama, coge la sábana, se
la pone a manera de manto, coge su
almohada y la pone en el centro de la
escena; finalmente se sienta en su cama, se
quita los zapatos, se acuesta.
La luz empieza a decrecer hasta quedar la
escena en semipenumbra.
Pausa larga. Se incorpora, se levanta
descalzo, coge la sábana por dos de
sus extremos llevándola hasta la altura de
la barbilla. Camina lentamente hasta llegar
a los pies
de la cama de Tota) ¿Jura usted decir la
verdad, solo la verdad y nada más que la
verdad?
Tota: (Se incorpora lentamente hasta
quedar sentada, lleva su mano derecha
al pecho) Juro que soy inocente.
Tabo: (Con afectación) Ja, ja, ja, todos me
dicen lo mismo: soy inocente,
soy inocente… Pero, señora, ¿qué se ha
creído? (Pausa) Limítese a
hacer sus descargos.
Tota: Ahora mismo. (Pausa) Juro
solemnemente que yo…
Tabo: (La interrumpe) Por escrito, señora.
Tota: Pero, ¿dónde?
Tabo: (Agita levemente la sábana) En esta
planilla.
Tota: (Echa el cuerpo hacia atrás y oculta
las manos en su espalda) ¿En esa
planilla? Es tan grande, señor, parece una
sábana. (Pausa) Lo que
tengo que declarar es poca cosa, lo único
que tengo que declarar es
que yo no los maté.
Tabo: (Pliega desordenadamente la sábana
y la tira sobre la cama) Se equi-
voca de medio a medio. Usted y su esposo
planearon de hecho el ase-
sinato y llevaron a vías de hecho el
asesinato de Tota y de Tabo. Ima-
gínese si hay tela por dónde cortar…
Tota: (Se echa hacia adelante quedando de
rodillas) ¡Así que nosotros los
matamos! (Pausa) Bueno, los matamos.
¿Y qué…? Se pasaban la vida
metiéndonos miedo. ¿Y qué…? Y se
habían propuesto matarnos. ¿Y
qué…? (Coge la sábana se sienta)
Estrangularnos. ¿Y qué…? (Se para,
siempre con la sábana en las manos)
Asfixiarnos. ¿Y qué…? Sofocar-
nos. ¿Y qué…? (Mientras habla camina
hasta situarse frente a Tabo).
Tabo: Escríbalo.
Tota: Lo escribo. ¿Y qué…?
Tabo: Pero diga la verdad.
Tota: ¿La verdad? ¿Y qué…?
Tabo: ¿Por qué los…? (Hace el gesto de
degollar a alguien).
Tota: ¿Y qué…?
Tabo: ¿Con qué…? (Con los brazos en
alto mueve los dedos).
Tota: ¿Y qué…? (Hace el mismo
movimiento).
Tabo: ¿Para qué? (Abre los brazos
expresando la inutilidad del hecho).
Tota: ¿Y qué…? (Se encoge de hombros).
Tabo: ¿Sobre qué? (Se pone las manos en
la cabeza).
Tota: ¿Y qué…? (Le tira la sábana a la
cara).
Tabo: (Haciendo una pelota con la sábana,
se la tira a Tota) Escriba que…
Tota: (Desplegando la sábana) No hay por
qué…
Tabo: Escribe qué, por qué, con qué, para
qué, sobre qué, de qué, según, que tras
qué, sin qué… (Le
arrebata la sábana, la despliega, la pone en
el piso, coge a Tota por el cuello y la
obliga a
arrodillarse, le coge la mano derecha y se
la pone sobre la sábana) Escríbalo todo.
Tota: (Hace como si escribiera) ¡Y qué, y
qué, y qué, y qué, y qué, y… Punto!
Tabo: Firme.
Tota: ¡Y qué… Y… punto!
Tabo: Culpable.
Tota: ¿Y qué?
Tabo: A muerte.
Tota: ¿Y qué…?
Tabo: Que… (Hace el gesto de cortar una
cabeza).
Tota: (Se lleva las manos al cuello) ¿Y qué
más?
Tabo: No hay más qué.
Tota: No sé qué… (Se calla).
Tabo: (Se inclina, la sacude por los
hombros.) ¿No sé qué de qué?
Tota: (Se para, pasa sus manos por la cara
de Tabo) No sé qué tiene de mi
marido usted.
Tabo: ¿Y qué…?
Tota: (Le toca la nariz) La nariz de mi
marido tiene usted.
Tabo: ¿Y qué…?
Tota: (Le toca la boca) La boca tiene
usted.
Tabo: ¿Y qué…?
Tota: (Le toca los ojos) Los ojos tiene
usted.
Tabo: ¿Y qué…?
Tota: (Le toca las orejas) Las orejas tiene
usted.
Tabo: ¿Y qué…?
Tota: (Le toca la frente) La frente tiene
usted.
Tabo: ¿Y qué…?
Tota: Que mi marido es usted. (Le echa las
manos al cuello) ¡Hijo de puta, Tabo, hijo
de la gran
puta, te voy a matar! Me persigues hasta en
el sueño. (Le aprieta el cuello) Pues te voy
a matar.
Tabo: (Con voz entrecortada) ¿Y qué…?
Tota: (Apretando siempre el cuello de
Tabo lo obliga a inclinarse sobre la
sábana) Que mi marido es usted, escriba
usted.
Tabo: (Hace como si escribiera) ¿Y qué, y
qué, y qué, y qué, y qué… y punto!
Tota: Firme usted.
Tabo: ¡Y qué… y… punto!
Tota: Y como mi marido es usted, a
muerte condenado queda usted.
Tabo: (Implorante) ¿Por qué? ¿Por qué?
Tota: Porque miedo me ha metido usted.
Tabo: (La agarra por el cuello) Y usted…
Y usted…
Tota: ¿Qué fue? ¿Qué fue?
Tabo: Que usted mi mujer es.
Tota: Lo sé, lo sé.
Tabo: Y como mi mujer es usted, a muerte
condenada queda usted.
Tota: (Implorante) ¿Por qué? ¿Por qué?
Tabo: Porque miedo me ha metido usted.
Tota: (Riendo) ¡Lo ve! ¡Lo ve!

Desde este bocadillo ambos empiezan a
pararse lentamente.

Tabo: (Gritando) De miedo se muere
usted.
Tota: (Gritando) Se muere usted.
Tabo: (Gritando) ¡Lo sé! ¡Lo sé!
Tota: (Gritando) ¡Mátelo usted!
Tabo: (Gritando) ¡Con qué! ¡Con qué!
Tota: (Gritando) ¡Con un….! ¡Con un…!
Tabo: (Gritando) ¡Diga usted! ¡Diga usted!
Tota: (Gritando) ¡Con un no sé qué!
Tota: (Gritando) ¡No sé qué es un no sé
qué! ¡No lo sé!
Tota: (Gritando) ¡Pues muérase usted!
Tabo: (Gritando) ¡Me muero de un no sé
qué! (Se desploma).
Tota: (Le da una patada) Está bueno ya. Es
tardísimo.

La escena se ilumina de nuevo.

Tabo: (Se incorpora) Pero Tota, si falta,
todavía falta…
Tota: (Lo interrumpe) Déjalo para mañana,
me caigo de cansada.
Tabo: (Suplicante) Tota, falta el final, y tú
sabes que esa parte me gusta
mucho, es la única parte que vale la pena.
Anda, Tota, no seas mala,
compláceme, si no la hacemos, es muy
probable que soñemos con la
parte que acabamos de hacer. Imagínate
qué pesadilla, brrrr. (Coge la
sábana, la sacude antes los ojos de Tota)
¿Qué es esto?
Tota: ¡Qué pregunta! Pues una sábana.
Tabo: (Se acerca a Tota) ¿Una sábana,
Tota? Tú sabes muy bien que es
otra cosa. ¿Qué es Tota?
Tota: (Piensa) ¡Ya! Una planilla.
Tabo: Frío, frío… Fue una planilla. Ahora
es otra cosa. (De nuevo sacude
la sábana) ¿Qué es ahora, Tota?
Tota: (Piensa) ¿Es una forma?
Tabo: Caliente, caliente… ¿Y qué forma
es?
Tota: (Piensa) ¡Mi forma! (La arrebata la
sábana a Tabo y se envuelve en
ella) ¡Al fin la encuentro!
Tabo: (Va a la cama de Tota, coge la
sábana, se envuelve en ella) Bien. ¿Y qué
se hace con una forma?
Tota: Se transforma.
Tabo: Entonces, sígueme. Todo va a
empezar de nuevo. (Camina, seguido
de Tota hacia el fondo del escenario. La
luz comienza a bajar lentamente)
Tota: Ya verás, Tota cañenga, ya verás lo
que vamos a hacer contigo.
Tabo: (Ya en el fondo del escenario)
Despídete de Tota.
Tota: (Gritando y agitando su mano
derecha en señal de despedida) Tota, adiós,
adiós para siempre.
Tabo: (Gritando y agitando su mano
derecha en señal de despedida) ¡Adiós para
siempre Tabo, adiós!
Tota: (Gritando) ¡La transfiguración! ¡La
transfiguración!
Tabo: (Gritando) ¡Cúmplase la
transfiguración!

Ambos se despojan de las sábanas, las
hacen un lío, las levantan sobre sus
cabezas y las dejan caer
a sus pies. Al mismo tiempo, sobre
la pared donde están las fotos, caerá un
telón en el que se verán pinta- dos dos
recién nacidos
desnudos. No bien Tabo ha dicho
«Cúmplase la transfiguración», la luz de
un reflector iluminará
ambas figuras. Tabo y Tota se vuelven
hacia ellas y le hacen un profundo saludo.
Acto seguido
llegan a sus respectivas camas y se sientan.

Tota: (Con voz de niño) Cuando yo sea
grande me voy a casar con Toni.
Tabo: (Con voz de niña) Cuando yo sea
grande me voy a casar con Lili y
me voy a poner un traje de vaquero (Se
para) y voy a ser Supermán y
voy a tener un perro así. (Levanta los
brazos empinándose en la punta de
los pies) Y voy a aprender a la bruja y
voy…
Tota: (Se para, empuja a Tabo) ¡Está
bueno ya, viejo cretino! ¿Piensas
pasarte la noche haciéndote el niñito?
(Con voz de niño) Y me voy a
poner un traje de vaquero y voy a ser
Supermán y que si la bruja y que
si el perro… ¡Idiota!
Tabo: Pero Tota era lindo, parecía verdad.
Tota: Vuelve a tu materia. Mírate: hueso y
pellejo. (Con ternura) Vamos,
Tabito, acuéstate. (Lo lleva a la cama, lo
acuesta le canta) Duérmete
cretino, duérmete mi horror, duérmete
pedazo de mi corazón. (Tara-
reando va a su cama, se acuesta).
Tabo: Tota, ¿qué vamos a comer mañana?
Tota: Carne con miedo, mi amor, carne
con miedo.
Tabo: ¿Otra vez? Ya no lo resisto.
Tota: ¿No lo resistes, de verdad que no?
Pues entonces comeremos miedo
con carne. (Pausa) Y ahora, duerme, mi
amor. Hasta mañana.
Tabo: Hasta mañana. (Pausa) Tota…
Tota: ¿Qué?
Tabo: ¿Mañana será otro día?
Tota: Sí, Tabo, otro día, otro día más…
Tabo: (Suspira) Otro día más…
Tota: Y otra noche más…
Tabo: Y otro día más…
Tota: Y otra noche más…
Tabo: Y otra noche más y otro día más…
Tota: Y otro día más y otra noche más…

Cuando Tabo dice «otro día más», el telón
empezará a cerrarse muy lentamente.





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