De la calle. Jesús Gonzalez Dávila.






De la calle 
Jesús Gonzalez Dávila

PERSONAJES 


RUFINO 
XÓCHITL 
LA SEÑO 
EL CERO 
GLOBERO 
TRUENO 
EL OCHOA 
GREGORIO 
LA PRIMA 
FÉLIX 
LA CHICHARRA 
TRES PUTITAS 
CINCO CHEMOS 
CUATRO SOCIOS 
TRANSEÚNTES 
VECINOS 
UNA PATRULLA 


La acción transcurre por estos días, en un escenario múltiple, 
alrededor de un antiguo edificio de la ciudad de 
México. 




Uno 

Fachada del edificio 

Una calle del centro de la ciudad La fachada de un edificio 

de dos o tres pisos. Son las siete de la mañana. En 
el quicio de una puerta, dos hombres acostados entre 
periódicos. Uno de ellos despierta, se rasca, se sienta, le 
da un empujón al otro. Se oyen campanadas de un templo 
cercano cuando pasan dos ancianas de chal negro. 
El hombre les dice algo. Ellas apresuran el paso y salen. 
El hombre observa a su compañero, se inclina sobre él, 
lo palpa. Pasa una mujer con pañoleta después de comprar la leche. El hombre la llama. Ella no voltea, sale rápidamente. 
Un muchacho con una bolsa de pan se detiene 
a cierta distancia y mira con atención al hombre, quien 
ahora sacude con más jiterza el cuerpo del otro; después 
busca entre los periódicos algo que no encuentra. El hombre 
parece que solloza, pero habla en voz alta; a nadie en 
especial. A quien quiera oírlo. 

HOMBRE: Estaba bien hace rato, antes que saliera el sol. 
Estuvimos hablando, y muy bien. Como siempre. (Pausa.) 
Me dijo, tengo sed. Y yo, no tomes agua, le dije ... 
Ya iba a salir el sol y de eso platicamos. Estaba bien 
hace rato. (Pausa.) Luego me quedé dormido. Así, 
platicando nomás. (Pasan algunos transeúntes. Alguien 
se detiene un momento. Luego continúa su camino.) 
Mi camal, mi compañero ... cómo no. Cómo no 
iba yo a saber, si estaba bien hace rato. (Pausa.) Hasta 
me estuvo diciendo, que quién sabe cuánto de su je
fecito. De sus cosas, pues ... (Silencio.) Yo le dije, no 
vayas a tomar agua, porque eso sí hace daño, ¿qué 
no? (Pausa.) Pero me quedé dormido. Así platicando, 
sin darme cuenta. Ya iba a salir el sol. (Pausa.) Sí, le 
dije, te estoy oyendo, cómo no. Y me donní, otro ratito 
nomás. (Pausa.) Era mi carnal, mi compañero... 
cómo no. 

Mueve la cabeza, abatido. Parece que solloza. El grupo 
de curiosos va creciendo. Alguno cubre el cuerpo con un 
lienzo. El hombre sigue hablando sin parm; dice a uno y 
otro lo mismo. Una sirena que se acerca. Llegan dos fotógrafos, 
empujándose, riendo, masticando aún el desayuno. 
Alistan sus cámaras, escogen ángulos estratégicos. 
Luego, dos hombres corpulentos de traje y corbata se abren 
paso a empujones y codazos. El hombre sentado en el 
quicio de la accesoria sigue repitiendo lo mismo. Del 
grupo de curiosos se separa el muchacho con la bolsa 
de pan. Se apoya en el semáforo, al filo de la banqueta. 
A vuelta de rueda, entra un vehículo de la policía, se detienefi-
ente al muchacho. Éste mira al interior de lapatrulla, 
y obedece la orden de circulwé Camina unos pasos. 
Entra al zaguán del edificio. En la calle continúa la 
acción de rutina cuando amanece algún muerto en la vía 
pública. De un radio portátil surge el estribillo de una 
canción de moda. 

Dos 

En el zaguán 

El muchacho con la bolsa de pan camina por el zaguán. 
De una puerta angosta surge un brazo delgado que lo 
detiene al pasar

XÓCHITL: (Asoma la cabeza.) Ru... Quiubo, Ru. 
RUFINO: Qué pasó. 
XÓCHITL: (Sonríe.) De dónde vienes. 
RUFINO: De por ahí. 
XÓCHITL: ¿Del mercado tan temprano? 
RUFINO: Un mandado de la seño. 
XÓCHITL: Hasta pan trajiste. 
RUFINO: Ya ves. (Le da uno.) 
XÓCHITL: Te lo van a cobrar. 
RUF!NO: Ni modo. 
XÓCHITL: Te dije que ya trabajo. 
RUFINO: Y dónde. 
XÓCHITL: Con don Gregorio; en su papelería. 
RUFINO: Desde cuándo. 
XÓCHITL: Dentro de un rato comienzo. 
RUFINO: Está bueno. 
XÓCHITL: Tú dices si festejamos. 
RUFINO: Luego. Luego hablamos. (Se retira.) 
XÓCHITL: (Lo detiene.) Ru... Ru. 
RUFINO: Tengo que subir. 
XÓCHITL: ¿Vamos a la feria ...? 
RUFINO: A cuál feria. 
XÓCHITL: La que acaban de poner. 
RUFINO: Ah, sí. .. Aquí a la vuelta. 
XÓCHITL: Dicen que ... es más bonita que las otras. 
RUFINO: Bueno. 
XÓCHITL: Vamos a la tarde. 
RUFINO: A la noche. Mejor a la noche. 
XÓCHITL: Órale. (Rujlno sube las escaleras.) Adiós, Ru. 


Xóchitl muerde el pan y desaparece tras la puerta angosta


Tres 

Un cuarto de azotea 

El cuarto de la Seño es extremadamente reducido. Se 

amontonan mesa, ropero, estufa y cama. Rufino deja la 
bolsa de pan sobre la mesa. 

RUFINO: Ya vine ... (Un silencio.) Seño, ya vine. 

Entre las sábanas revueltas aparece una vieja despeinada


LA SEÑO: ¿Y. .. el Ochoa? 
RUFINO: No sé. 
LA SEÑO: ¿No te encontró? 
RUFINO: No. 
LA SEÑO: Salió como un demonio detrás de ti. 
RUFINO: No vi a nadie. 
LA SEÑO: (Revisa la bolsa.) ¿Y este pan? 
RUFINO: Se lo manda Sancho. (Pausa.) Oiga, seño ... Mire 
nomás cómo le dejó el cuello. Y ahora, ¿por qué fue? 
LA SEÑO: (Saca un pan.) El bueno del Sancho ... ¿ya estaba 
en el puesto? 
RUFINO: Sí, pero ... déjeme limpiarle. Mire, tiene sangre 
hasta adentro de la oreja. 
LA SEÑO: Luego, luego ... ¿Le diste lo que te mandé? 
RUFINO: Sí, seño ... (Mientras le limpia la cara.) Todavía 
estaba oscuro cuando llegué al mercado. Sancho me 
dio ese pan, que se lo trajera; también ese bultote de· 
hojas, mire. 
LA SEÑO: Pero, ¿le dijiste lo que...? 
RUFINO: Pues claro. 
LA SEÑO: ¿Abrió la bolsa con ... ? 
RUFINO: Hasta lo probó. 
LA SEÑO: Y qué dijo. 
RUFINO: De primera, ¿qué iba a decir? 
LA SEÑO: ¿Y el recado?¿Y el dinero? 
RUFINO: Todo, seño. Como usted me dijo. Está de acuerdísimo. 
Y necesita otra entrega de la misma, pero ya. 
LA SEÑO: Está loco. (Un silencio.) En el pocillo hay café. 
RUFINO: Sancho me dio chilaquiles; ya lo conoce. Hasta 
llenar. Comí para todo el día. (Pausa.) Sancho sí es 
bueno. 
LA SEÑO: No como mi viejo. 
RUFINO: ¿Ahora por qué le pegó el Ochoa? 
LA SEÑO: Todavía lo preguntas. Nomás sintió que saliste 
y se paró a buscar como loco la bolsa y todo. Luego 
me surtió a patadas cuando le dije que ... 
RUFINO: Pero él ya sabía, ¿qué no? 
LA SEÑO: Se puso peor que nunca. A puro grito. Que esa 
yerba era para otro fulano; la tenía comprometida 
con los Canijos. Y que te iba a ... (Contenida.) Ay, Rufino. 
Mejor te vas. Porque ora sí, el Ochoa anda muy 
bravo. (Silencio.) Te vas por un tiempo largo. Con el 
Sancho, dile. 
RUFINO: El Ochoa me aprecia. 
LA SEÑO: Pero como anda de bravo, no distingue ni a su 
propio hijo. 
RUFINO: Yo ni soy hijo del Ochoa. 

Silencio

LA SEÑO: ¿Quién te dijo eso ...? 
RUFINO: ¿Qué cosa? 
LA SEÑO: Que no eres hijo del Ochoa. Que eres regalado. 
RUFINO: Usted creía que no sabía nada. U y, desde cuándo. 
(Pausa.) Como quiera, el Ochoa me aprecia .. 
LA SEÑO: Anda bravo el Ochoa. Si te encuentra, sepa dws 
de lo que sea capaz. (Pausa.) Vete, Rufino. Y ni regreses. 

Silencio. 

RUFINO: ¿Usted sabe ... de mi papá? Digo, el de a de veras. 

¿Usted sabe? 
LA SEÑO: Quítate. Qué voy a saber. 
RUFINO: Por qué no me dice. 
LA SEÑO: Porque no sé. 
RUFINO: Total, si ya me voy. 
LA SEÑO: (Pausa.) Trabajó por Garibaldi, dicen, hace años. 
De mesero o algo así. Luego lo vieron en el Canta 
Ranas. 
RUFINO: ¿Dónde es eso? 
LA SEÑO: Un tugurio atrás de la Merced, pero ya lo tiraron. 
RUFINO: ¿Entonces? 

La Seño pone alguna ropa sobre una camisa, le amarra las mangas y le entrega el bulto. 

LA SEÑO: Toma, llévate esto. Y la bolsa de pan. (Rufino la 
mira a los ojos.) Se llama Alfredo. Alfredo Hemández 
RUFINO: Alfredo Hemández. 
LA SEÑO: ¿Sabes cuántos hay que se llaman igual? 
RUFINO: El chingo. (Pausa.) Pero lo voy a buscar. 
LA SEÑO: Tú sabrás. 
RUFINO: (Toma el bulto y la bolsa.) Seña... 
LA SEÑO: No, ni me lo agradezcas. Has sido bueno, y 
por eso me apuro. (Lo empuja a la puerta.) Ándale, 
no vaya a regresar el Ochoa. 
RUFINO: Póngase algo en ese golpe, seño. Se le ve re feo. 
LA SEÑO: Sí, sí. Vuélale tú. No te lo vayas a encontrar en 
la escalera o el zaguán. (Rufino sale. Ella le grita desde 
la puerta.) Oye. En aquellos tiempos le decían ... 
el Chícharo... A la mejor alguien se acuerda. 

Cierra la puerta. Va y se tira de nuevo en la cama. 



Cuatro 

En el crucero 

En la esquina, junto al semáforo, un joven ofrece a los 

manejadores cajas de pañuelos desechables. El tránsito 
es pesado a las nueve de la mañana, cuando llega Rufino. 

CERO: Qué pasó, tú. 
RUFINO: Nada... ¿Y tú? 
CERO: Desde cuándo no nos mirábamos. 
RUFINO: Uta, desde cuándo. 
CERO: ¿En qué has andado? 
RUFINO: En lo mismo, ¿y tú? 
CERO: Pss, ya ves. 
RUFINO: Del albergue, ¿te saliste? 
CERO: Soy de la calle, carnal, qué quieres. 
RUFINO: Y dónde le llegas ahora. 
CERO: Con uno que está bien locote. Ya lo conocerás. 


Corre tras un auto ofreciendo sus cajas, que no le compran. 
Regresa con Rufino. 

CERO: A ver cómo te pinta. Es... encantador de serpientes. 
RUFINO: No jodas. ¿En un circo? 
CERO: En una casa de citas. 
RUFINO: Y qué con eso. 
CERO: Uta, ¿andas erizo? 
RUFINO: Como me ves. 
CERO: Te echaron a la calle. Pinche Rufino. Te lo dije. 
Esos güeyes con los que estabas eran balines. 
RUFINO: La seño me aprecia. El Ochoa, pues también, 
aunque tenga su carácter. 
CERO: Ese Ochoa sólo te quiere de esclavo. 
RUFINO: Pero sí me aprecia. 
CERO: ¿Qué traes en la bolsa? (Saca un pan.) ¿Viste al 
que amaneció afuera de la tintorería? Se reventó por 
adentro. El hígado, dicen. Pintaron con gis donde estaba 
el cuerpo. (Pausa.) Y ahora tú, en qué la vas girar. 
RUFINO: Sabe. (Pausa.) A ver qué sale. Y tú, ¿qué pedo ...? 

Cero va con sus cajas hasta un coche. Luego regresa sin 
haber vendido

CERO: Ya me acordé, carnal. No nos mirábamos desde 
la otra vez. Cuando lo de la miscelánea. 
RUFINO: Ah, sí. La miscelánea. 
CERO: (Se acuerda, se ríe.) Cuando salimos destapados ... 
¿A poco se te olvidó? 
RUFINO: Pues cómo; si la caja que me volé no tenía ga
lletas. 
CERO: Era una cajota de galletas "Marias". 
RUFINO: Puras ligas, cabrón. Puras ligas de hule. 
CERO: (Riendo.) Pero como quiera te las comiste, me cae. 
RUFINO: A ti sí te fue mejor. 
CERO: Alcancé a colgarme de un materialista que pasa
ba. Pero tú te quedaste ahí, paradote en la banqueta. 
RUFINO: Mirando mi caja de ligas. 
CERO: En lugar de correr, güey. 

Los dos ríen. Comen pan

RUFINO: Sí... Si sí corrí. Brinqué bardas, salté por azo
teas, en chinga. 
CERO: Pero te agarraron, supe. 
RUFINO: Una más, una menos. 
CERO: Qué güey, Rufino. Qué güey eras entonces, me 
cae que sí. (Corre hasta un auto con sus cajas. Regresa 
sin vender.) Pero, óyeme camal. Ahora es distinto. 
Soplan vientos mejores. Vente conmigo, qué dices. 
RUFINO: Pues por eso vengo. A ver qué transa. 
CERO: Menos riesgos. Más ganancias. Tú dices si le entras. 
RUFINO: Nosotros y quién más. 
CERO: El carnal del que te platico. 
RUFINO: El que hipnotiza víboras. No mames. 
CERO: Uta. Ese sabe un chingo de movidas. Siempre va 
a la segura. Y se organiza bien de acá. Le pone cerebro. 
Nomás de pura pantalla es merolico. Ya lo vas a 
conocer. Déjame que saque una feria de estas cajas y 
lo vamos a ver. 
RUFINO: Aquí te vas a echar todo el día. Ni compran nada. 
CERO: Ha de ser por la hora. Y para acabarla de joder, el 
Globero no tarda en llegar... 
RUFINO: El Globero, sí. Ya sé cual. Lo he mirado ... 
CERO: La esquina es suya. 
RIJFINO: Ps, te va a madrear. ¿O qué? 
CERO: Anoche que estaba taloneando aquí ese Globero, 
le armaron un pedísimo. Hubieras visto. Por nada, 
por una flameada que le puso a un mono de carro 
grande. Se lo llevaron antes que llegara la tira, pero 
han de haber sido los mismos. 

Llega el Globero. Sin cejas, con erupciones en la piel de 
cara y brazos. Trae un garrafón con gasolina y su antorcha 
de estopa. Mira a los otros. 

GLOBERO: Entonces qué. 
CERO: Nada... Aquí nomás. 

GLOBERO: Quién te invitó. (Silencio.) Quién te dio permiso. 
(Silencio.) No sabes de quién es la esquina. 
CERO: Sí, mi carnal. Cómo no voy a saber. Si yo siempre 
ando por aquí. Nos hemos visto, ¿qué no? El otro día ... 
GLOBERO: (Interrumpe.) ¿Entonces...? 
CERO: Nada, Globero. Nada. Nomás estaba aquí de mientras... 
GLOBERO: Mientras qué. 
RUFINO: Te la estábamos cuidando. 
GLOBERO: No mames, hijo. Te estás ganando una buena 
rociada. 
RUFINO: Ya nos vamos. 
CERO: Ese Globero, en qué paró lo de anoche. Los chamuscados. 
¿Cómo te fue con los cábulas? 
GLOBERO: Pinches canijos. Pues cómo querías que me 
fuera. (Muestra el estómago con moretones.) Me surtieron 
macizo. Pero les aguanté a esos hijos de su ... 
RUFINO: (Le da varias pastillas.) Échate una de éstas. 
GLOBERO: De cuáles pastas son. Qué mugrero es ése. 
RUFINO: Es árnica, nomás. Chochos de árnica. 
GLOBERO: (Los prueba.) Uta, saben a madres. 
CERO: Pero no los chupes, carnal. Se tragan. 
RUFINO: Son para los golpes de adentro; los que no se 
ven. Te echas cinco chochos cada que te acuerdas. 
Ahora, mañana y pasado. 

El otro se guarda el frasco. 

CERO: Hubieras visto al Globero anoche, Rufino. Como 
si fuera el mismo dios de las llamaradas, el cabrón. Y 
que pasa un tipo en un carrazo blanco y que se la mien
ta. Así, nomás porque quiso. Hubieras visto, Rufino. 
Como nopalito chamuscado nomás quedó. Y qué gritadera 
de gente. 
GLOBERO: Sí, pero lo del flamazo fue nomás el pretexto. 
Esos canijos querían que yo les soltara otros rollos, 
pero ni madres. (Prepara su antorcha.) Me la pelaron 
bien y bonito. Porque no les dije nada. Bueno. Háganse, 
que voy a trabajar. 
CERO: Nos vemos despuesito, Globero. 
GLOBERO: Ah, sí.¿ Y cuánta lana te estás llevando, cabrón? 
CERO: No chingues. Ni vendí nada. Apenas iba a empe
zar cuando me caíste. 
GLOBERO: Sí, cómo no ... A ver esas monedas. 
CERO: Ni una pinche caja pude vender, ¿no es cierto, 
Rufino? 
GLOBERO: Aquí se quedan a ayudarme un rato, a güevo. 
CERO: Pero ... mi camal trae un pendiente. 
GLOBERO: Se chingan y me alivianan. Tú, güey de los cho
chos, por ese lado. Y tú les llegas a los carros por acá. 

Algunos automóviles se detienen frente al semáforo. Sobre 
el ciclorama se proyecta el enorme resplandor de una 
llamarada. El ruidero de claxons. 

Cinco 

Una camioneta panel 

Una camioneta estacionada sobre la banqueta. Sucia, 
despintada, con los vidrios manchados. Parece abandonada. 
Llegan Rufino y Cero. 

CERO: (Golpea la carrocería.) Carnal... Carnal... 
voz: (Del interior.) Quién. 
CERO: El Cero, carnal. (Silencio. Toca otra vez.) 
voz: (Del interior.) Quién chingados. 
CERO: Es el Cero ... ¿no abres? 

Un silencio. La puerta de la camioneta se abre para ver 
a Trueno, de overol y tenis, corpulento, con melena y ojeras 
muy marcadas. 

TRUENO: Pasen, pasen. Nomás no le echen lodo a la alfombra. 
Cojines de telas floreadas, cortinillas con flecos, móviles 
colgantes, entre el desorden y la suciedad. Una vez que 
han entrado, Trueno cierra la puerta de golpe e inmediatamente 
toma a Rfjino por el cuello y lo levanta en vilo. 
RUFINO: (Apenas.) Oye ... ¿por qué? 

Trueno le da una bofetada que se oye resonar

TRUENO: ¿Qué me andas gritando tú? ¿Qué me gritaste? 
RUFINO: (Confundido, asustado.)¿ Yo... ? 
TRUENO: No te hagas. 
RUFINO: ¿Cuándo ... ? 
TRUENO: El otro día, pinche güey. No te hagas. 
RUFINO: ...Yo no... fui. 
TRUENO: (De un putazo en las costillas lo lanza a un 
rincón.) Qué me gritaste al pasar. Repítemelo ahora, 
hijo de tu pelona. 

Rufino se hace nudo entre los cojines y trata de esquivar 
la lluvia de patadas. 

CERO: (Se interpone.) Ya, cálmala. Ya está bueno. 
TRUENO: Muy machito, ¿no? 
CERO: Déjalo. ¿Qué no oyes? 
TRUENO: Muy machito. 

Trueno se detiene, con esfuerzos. Aún agitado va a un espejo, 
se compone la cabellera

CERO: Si hubiera sabido que lo ibas a madrear. 
TRUENO: Tú no mames, o también te pongo parejo. 
CERO: Mejor ni lo hubiera traído. 

Cero ayuda a Rufino a levantarse. Tiene sangre en la nariz. 
Trueno toma unos tragos de ron, hace buches. Escupe, 
rociando la cara de Rufino, quien grita de dolor y de 
susto. Trueno ríe a carcajadas. 

TRUENO: (Lo observa de lejos.) ¿Tú crees que sirva? 
CERO: Ps, claro. 
TRUENO: Pero, no ves. De todo se asusta. 
CERO: Qué cabrón. 
TRUENO: Todavía está temblando. 
CERO: Con tanto madrazo, ¿qué querías? 
TRUENO: Va a llorar. Límpiale los mocos. Y mejor llévatelo. 

Cero trata de limpiarle la cara

RUFINO: (Apenas.) Estoy bien, estoy bien. 
TRUENO: Pinche Cero. Vas y me traes al primero que te 
ligas en la esquina. Pues qué pedo contigo ... 
CERO: Rufino es otra cosa. Es carnal de hace un chingo, 
¿no, Rufino? 
TRUENO: Rufino, ¿y andas en el talón? ¿O qué? 
RUFINO: (Sincero.) Necesito una feria. 
TRUENO: Yo nunca doy nada por nada. (Lo pellizca.) ¿Y tú? 

Trueno vuelve a tomar ron. Va y se pone los audífonos de 
una pequeña grabadora. Tararea y bailotea una música 
que no se oye. 

RUFINO: (Aparte.) ¿Y éste es el que hipnotiza víboras? 
CERO: Pero ni se lo recuerdes. 
RUFINO: Por qué. 
CERO: Le encabrona hablar de cuando anduvo en el circo. 
RUFINO: Se escapó de un circo. 
CERO: N'ombre. Traía un aparato de sonido sobre el techo 
de esta camiona. Anunciaba las funciones por donde 
iba pasando. 
RUFINO: ¿Unos que parecen cornetas? 
CERO: Anduvo vendiendo de todo. Menos klínex, como 
si vender eso fuera ya lo peor; ni pañales desechables, 
dice. (Pausa.) 
RUFINO: Y por qué se pinta así. 
CERO: De pura loquera. Un día que lo madrearon los ca
nijos le dejaron los ojos así; luego él mismo comenzó 
a pintarse de negro alrededor. 
RUFINO: Nomás le falta su medita roja de merolico para ... 

(Ríen, bajito.) 

TRUENO: (Se arranca de un tirón los audífonos.) A mucha 
honra, par de güeyes. (Se pasea, exhibicionista.) 
Tirar el rollo, el buen rollo, tiene su chiste. Que cuiden 
el agua, que no tiren basura y las arañas. Pintado así 
se me juntan más y me compran lo que sea. A veces, 
hasta pedazos de recitaciones me aviento. 

RUFINO: ¿Y. .. sabes hipnotizar serpientes? 

TRUENO: Claro, claro. Y en el volante, soy un chingón. 
¿Cuántos festivales he ganado, cerillín? Dile, dile ... 
CERO: Le dicen; 'Trueno, el cafre sin freno". 
TRUENO: Pero con voz ronca, me anuncian "Trueno, el 
cafre sin freno ..." (Se pone serio.) ¿No me crees, puto? 

Le da un fuerte empujón a Rufino

CERO: Chale, carnal. No comiences otra vez. 

TRUENO: (Encendido de nuevo.) Te crees mucho; te crees 
mucho. (Otro trago de ron.) 
CERO: Ps, ¿cuál es el pedo contigo? Ya deja de chupar. 
TRUENO: (Luego de un silencio.) ¿Cuántos años tienes? 
RUFINO: (Desprevenido.) ¿Yo...? 
TRUENO: Ni me digas, que me da coraje. 
RUFINO: Bueno, los que tú quieras. 
TRUENO: (Ríe.) Oíste, cerillo. Tiene los que yo quiera. 
(Pausa.) Se siente el gran chingón. También yo, tengo 
los que tú quieras, mi amor. (Le da una fuerte cachetada.) 
A ver, baboso. ¿Sabes manejar, cambiar llantas, 
enfrenar sin frenos? 
RUFINO: Sí ... 
TRUENO: ¿Y no abrir la boca, aunque te quiebren todos 
los dientes? ¿Y aguantar las horas, con los ojos abiertos 
frente a la luz más fuerte? ¿Y resistir calambres en 
los huevos y en el culo?¿ Y aguantar la sed o las ganas 
de cagar? (Le da otra cachetada.) ¿Y guisar un huevo? 
¿Lavarme los calzones? ¿Rascanne la espalda, las costras? 
¿Curánnela? ¿Mamármela? ¿Soplánnelos? (Rujino 
dice sí a todo.) Lo compro, lo compro. Que me lo 
envuelvan. (Lo arroja a un rincón, luego dice a Cero.) 
¿Dónde encontraste a este ojete ...? 
CERO: Ése mi Tmeno, si no te aplacas. Un día te van a dar 
un susto. Y te chamuscan como nopalito ... (Silencio.) 
Rufino... es de la calle. Como yo. Es mi carnal. Respondo 
por él. (Pausa.) Le dije del trabajito que tanto 
te urgía. Cuándo va a ser, pues. 
TRUENO: A la de ya. Tengo que mover esta camiona de 
la cuadra; y pues, no me voy a ir así, así nomás. (Mira 
a Rufino.) Pero este culerín, a lo mejor no le entra. 
RUFINO: Yo... Yo le entro. A eso vine. 
TRUENO: (Sonríe.) Tendrás que ir por delante. 
RUFINO: Ya sé. 
TRUENO: Lo que salga mal, ni te conocemos. 
RUFINO: Pues no. 
TRUENO: Lo que saques, es para todos. 
RUFINO: A güevo. 
TRUENO: Es aquí cerca. 
RUFINO: Mejor. 
TRUENO: Puede que te conozcan. 
RUFINO: Total. (Un silencio.) 
TRUENO: Vamos a llegarle a la papelería de junto. 
CERO: ¿La papelería de aquí junto? 
TRUENO: Sí, ésa. La papelería. 
CERO: Pero, qué vamos a sacar de ahí. Veinte billetes y ya. 
RUFINO: ¿La papelería de don Gregario, dicen? 
CERO: Cómo se te ocurre, Trueno. Andas re mal. 
TRUENO: El pendejo eres tú. Ese vejestorio tiene el chin
go de negocios y movidas. Y lo más chancho lo guarda 
aquí mero; en la trastienda. 
CERO: ¿Quién te dijo? 
TRUENO: A ver, Rufino: ¿tú conoces al tal Gregario? (Pausa.) 
¿Ya ves, cerillo? Rufino conoce a Gregario, y de 
seguro Gregono conoce a Rufino. Son un par de putones, 
no hay problema. (Pausa.) Ese señor tan pro
pio, ,con sus OJOS bonados y sus pelitos perfumados, 
es facll de asustar. (A Rufino.) Tú nomás entras, lo 
saludas de beso, y agarras la caja. 
RUFINO: ¿Cuál caja? 
TRUENO: Y te vienes. 
RUFINO: ¿Me vengo? 
TRUENO: Sí, te vienes, ¿o no vas a poder...? 

Trueno suelta una carcajada. Luego, una transición. 
Trueno toma la mano de Rufino entre las suyas, le habla 
con una suavidad inesperada

TRUENO: A ver, a ver, Rufino, deja ver esa mano sudada 
Y medio mugrosa; enséñame la palma de tu mano 
qu~ voy a decirte lo que te conviene a ti, que no halla~ 
que hacer, que vagas por el vecindario que habitas 
el edificio, el departamento, el cuarto de azotea; que 
has llorado a escondidas porque cada vez que te lanzas 
no falta quien se burle de tus sentimientos· mira , ,
déjame decirte, no regales tus favores, ni regales tu 
sudor, ni te fies de los ojos claros. No desperdicies tu 
sal. Ni tu fuerza vital... A ver esa mano puñetera, ponla 
más abierta y oye lo que te dicen mis palabras, porque 
miro en tu mano la preocupación que no te deja, mira, 
esa cosa que te obsesiona a todas horas ... Espérate, 
no te vayas. A través de tus pensamientos, de la palma 
de tu mano, ya miro que preguntas por un caballero, 
por uno que está muy lejos y muy cerca, que tú quisieras 
saber; pero mira. Déjame decirte. No te conviene 
buscarle por ahí, porque las cosas no son como parecen; 
mira, presta tu atención; te voy a decir ahora cuál 
es tu problema y cómo puedes resolverlo; en estos 
tiempos en que no hay dinero ni trabajo ni nada. Mira, 
déjame decirte lo que te conviene ... 

Dos músicos ambulantes, un tambor y una trompeta pasan 
a un lado de la camioneta, tocando sus instrumentos, 
cubren las palabras de Trueno. 

Seis 

Fachada del edificio 

Afuera de la papelería. Rufino, y después Cero, entran a 

la accesoria. Trueno permanece en la puerta unos momentos, 
después se introduce también. En el interior del 
local se oyen voces y un grito de mujer. Poco después, una 
joven aparece en la puerta con las ropas desgarradas. Es 
Xóchitl. Camina unos pasos, temblorosa y asustada. Del 
interior sale Trueno, la alcanza,forcejea con ella, la domina 
y con violencia la saca de escena. Algún transeúnte pasa 
de prisa, tratando de no mirar. Se oye a lo lejos la sirena 
de una patrulla. Cero sale de la papelería con algún ob
jeto, mira a los lados y corre fuera del escenario. La patntlla 
aparece lentamente. Se detiene ante el local. Por la radio 
de onda corta se oyen instrucciones de la central. 




Siete 

En la delegación 

Rufino, con las manos atadas a la nuca, frente a un hombre 

corpulento que lo observa. 

RUFINO: (Lo reconoce.) Ochoa... Ochoa... Qué bueno, 
Ochoa. Quería decirte lo de la seño; yo iba a, nomás... 

Rufino es lanzado contra un rincón. Un tubo de hule macizo 
le golpea el estómago. Sus piernas se doblan, su cuerpo 
se desliza y queda en cuclillas. A su lado, el Ochoa le 
habla quedo. 

OCHOA: Mira nomás. (Silencio.) Mira nomás ... Dónde 
te vine a encontrar, Rufino. (Lo levanta de los cabellos, 
hasta hacerlo pararse en las puntas de los pies.) 
Mira nomás. (Pausa.) Estás muerto, Rufino, mira nomás. 
(Lo suelta. Rufino se derrumba de nuevo. Algunas 
sombras pasan por el pasillo de junto. El Ochoa 
simula:) ¿Te sientes mal?, ¿quieres agua?, ¿necesitas 
algo? (Cuando vuelven a quedar solos, le da un tubazo 
en el pecho.) Mira nomás. (Silencio.) Pero para 
chingarse al Ochoa, se necesita lo que no tienes. (Pausa.) 
Pendejo... 

Se oye una voz fuera que grita: 

voz: Rufino Mireles ... 

OCHOA: (Suavemente.) Mira nomás, qué cara pones. Pero 
del Ochoa no te salvas, pendejo. Ya verás. (Pausa.) 
Ya verás. 

El tubo de hule golpea una vez más el abdomen de Rufino. 
Un momento después, Rufino es empujado para que 
se alinee con otros sospechosos que se van colocando 
bajo la luz potente de las lámparas. Se oyen voces fuera 
de la luz. 

XÓCHITL: (Llorosa.) No sé. Le digo que no sé. Nunca 
los había visto. ¿Eh ...? (Pausa.) Ni aquéllos ni a éstos. 
(Pausa.) A qué horas me van a soltar. Que no sé, 
¿no le digo? Lo que quiero es irme. No, yo no hice 
nada, ¿por qué? (Pausa.) Que no; ya le dije que no ... 

GREGORIO: Pero, ¿cómo se le ocurre, Ochoa? ¿Identificarlos? 
Yo estaba tan asustado como la muchacha. (Pausa.) 
En ese momento, todos se ven iguales. (Pausa.) 
Bueno, ése del bigotito no ... El de la cintura quebrada, 
más bien. No, el de la camiseta, ése ... quiero decir, 
se ve capaz de todo. A ver. Enséñeme los que siguen. 
(Pausa.) Qué... ¿no tiene más? 

La fila de sospechosos sale entre empujones e insultos 
de todos contra todos

Ocho 

Un departamentito 

La pequeña estancia con papel tapiz rosa. Un sillón, espejos 

y una cantina, alrededor de la cual revolotean tres 
jovencitas con ropa brillosa y ajustada. 

PUTITA 1: ¿Y de qué te ríes?, me preguntó. 
PUTITA 2: Le hubieras dado un sofocón, manita. 
PUTITA 1: La risa es muy natural, le dije. 
PUTITA 2: Ahí fue donde perdiste. Hay que darse su 
lugar. 
PUTITA 1: Pero, qué quieres. Cuando menos te lo espe
ras ... zaz, caes bien redondita. 
PUTITA 2: Me lo imagino. 
PUTITA 3: Oyes, pero no me quedó claro. Era un vigilan
te así nomás, o uno de patrulla y toda la cosa. 
PUTITA 2: Un canijo, eso ha de haber sido. 
PUTITA 1: Qué les pasa. Era un oficial. Uno de esos de 
gorra con visera, que parecen capitanes de barco. 
PUTITA 3: Ay, sí. Mi querido capitán. 

Risitas que se cortan de repente al entrar don Gregario 
y la Prima, una mujer entrada en años y en carnes. 

PRIMA: Pues le hacemos como quieras, pelón. (Echa una 
mirada a las otras.) Pero ya habíamos quedado en 
otra cosa. 
GREGORIO: Muy cierto, muy cierto. 
PRIMA: Y una promesa, es una promesa. 
GREGORIO: Será por poco tiempo, no te apures. 
PRIMA: Figurate tú. Ya le había mandado a mi primo 
para el pasaje. Te había dicho, ¿no? 
GREGORIO: Dile a tu primo que te aguante. Luego te lo 
traes ... 
PRIMA: No le va a hacer mucha gracia, júralo. 
GREGORIO: Prima. Tú sabes. El muchacho me interesa 
de veras. Ya le había echado el ojo desde antes; pero 
hasta ahora se presentó la oportunidad y ... En cuanto 
le quites un poco lo pendejo me lo llevo. Ten, para 
los primeros gastos; pero te lo encargo mucho. 
PRIMA: (Guarda el dinero.) Está bien. Tú mandas. 
GREGORIO: Prima, no lo tomes así. Es un favor que me 
haces, y ahí te lo debo. A ver, prima. Sonríe ... 

Rufino aparece en la puerta

PRIMA: Mira. Qué diferente se ve bañadito. (A Gregario.) 
Tienes buen ojo. Nunca te falla. 

Rufino pasa junto a la cantina, donde las otras lo detienen. 

PUTITA 1: Vente para acá. No te vamos a comer. 
PUTITA 3: Se te antoja un drink, o qué. 
PUTITA 2: Es muy temprano, manita. Mejor o qué. 
PUTITA 3: Oyes, no. Nunca es temprano para el primer 
trago. · 
PUTITA 2: Ni para el primer faje. 
PUTITA 1: Uy, ustedes... Van a hacer que se ponga colorado. 

De nuevo las risas se interrumpen con la tos aguda de don 
Gregario, y con un ademán enérgico de la Prima. 

PRIMA: A ver, jovencito. Ven acá. 
RUFINO: (Va.) Sí, señora. 
PRIMA: Aquí don Gregario me dice que necesitas trabajar. 
RUFINO: Sí, señora. 
PRIMA: Don Gregario es una persona muy generosa. 
RUFJNO: Sí, señora. 
PRIMA: Te está haciendo un favor al traerte aquí, y más 
después de lo que pasó. 
RUFINO: Sí, señora. ' 
PRIMA: Pues, dale las gracias. 
RUFINO: (Mirando al piso.) Gracias, don Gregario. 
PRIMA: Él pagó la multa y arregló todo en la delegación; 
tú ya lo sabes, ¿no? 
RUFINO: Sí, señora. 
PRIMA:¿ Y le diste las gracias también por eso? 
RUFINO: Gracias, don Gregario. También por eso. 
PRIMA: Don Gregario espera que de ahora en adelante te 
portes bien. Y que aprendas a trabajar. 
RUFINO: Sí, señora. 
PRIMA: Él vendrá a visitarte diario. (Voltea con don Gre
gario.) ¿Diario? Sí, vendrá diario para saber cómo vas. 
CREGORIO: (Se acerca a Rufino, le toma la cara.) A la 
noche vengo, Rufino. 
RUFINO: Sí, don Gregorio. 
GREGORIO: Tenemos mucho de qué platicar tú y yo. (Un 
silencio.) Te portas bien. 
RUFINO: Sí, don Gregorio. 
PRIMA: Dile gracias otra vez. 
RUFINO: (Apenas.) Gracias. 

Gregorio le hace una caricia en la mejilla, le sonríe con 
ternura. Luego se va. En cuanto sale, las otras tres rodean 
a Rufino, vasos en mano. 

PUTITA 1: ¿Cómo dije ron que se llama esta criatura? 
PUTITA 2: Estás bien bueno, muchacho. Date vuelta. 
PUTITA 1: Ese pelón de don Grego no tiene malos gustos. 
PRIMA: (Los presenta.) Se llama Rufino ... Y tú, mira: estas 
despistadas ni nombre tienen. Puedes decirles una, dos 
y tres, en cualquier orden; como quiera no entienden. 
PUTITA 1: Si va a trabajar aquí ... 
PUTITA 2: ... Se impone una bautizada. 
PUTITA 1: Primero hay que quitarle esa cara de susto. 
PUTITA 3: Oyes, niño; llégale para que te emparejes. 
PUTITA 2: Pero tú ya estás re adelantada, manita. 

Lo hacen tomar de sus vasos. 

PRIMA: No vayan a enfermado; luego qué cuentas en
trego. 
PUTITA 1: Uy, con la prima tan propia. 
PUTITA 2: ¿Lo quieres para ti sola ...? 
PRIMA: Mejor llévenlo a la cocina y den le algo de comer. 
RUFINO: Sí. Tengo hambre. Vamos a comer. 
PUTITA 1: Confiesa, malvado. ¿Eres virgen? 
PUTITA 2: Antes, una copa especial. Para turista. 
PUTITA 3: Un aperitivo rápido y fulminante; sí. 

Las tres se precipitan a la cantina, donde preparan un 
brebaje. 

PRIMA: (Aparte.) Empezarás por ocuparte de la puerta. 
Debes fijarte bien quién entra y quién sale; a qué horas 
y cómo. Esto es muy delicado, niño. Este, ¿cuántos 
años tienes? 
RUFINO: (Titubea.) Quince, dieciséis ... No, catorce. 
PRIMA: Bueno, bueno. Luego irás aprendiendo otras cosas: 
la cantina, el teléfono. Depende de ti, muchacho. 
Pero no quieras pasarte de lanza, ni pensar por tu 
cuenta. (Pausa.) Al principio nomás casa y comida. 
¿Qué hacías antes?'Ah, sí. Don Gregorio dijo que de 
bolero, por Santo Domingo. Bueno, no necesito advetiirte 
que estás a prueba, y a la primera pendejada 
te largas, ¿entendido? (Pausa.) ¿Entendido? (Rufino 
asiente con la cabeza.) También me dijo Gregorio 
que andas buscando a un tal. .. ¿Chícharo? ¿Para qué? 
¿Te debe algo? 
RUFINO: No, ni lo conozco. 
PRIMA: ¿Entonces? 
RUFINO: Nomás, por nada. 
PRIMA: Cuéntame. (Insiste.) Que me cuentes, niño. 
RUFINO: (Incómodo.) Es que, ando buscando a mi papá. 



Las otras tres rompen a carcajadas y se acercan con una 
copa enorme. 

PUTITA 3: Para ti. ( Ofrece la copa.) Especialmente para 
Rufinito. 
PUTITA 2: Para el huerfanito... (Risas.) 
PRIMA: Una cosa sí te digo. El Chícharo que yo conozco 
no te conviene. Ni te le acerques .. . 
RUFINO: ¿Lo conoce ...? ¿Dónde vive ...? ¿Con quién se 
junta? 
PUTITA 1: En cambio don Grego, ése sí que te conviene. 
PUTITA 2: Porque don Grego es... "un buen señor". 
PUTITA 3: ¿Oyes? Un buen señor. 
PUTITA 1: Sí señor. 
PUTITA 2: Ya lo vas a conocer tú ... Más a fondo. (Todas 
ríen.) 
PUTITA 3: A calzón quitado. (Ríen más.) 
PUTITA 1: Y en pelotas. (Risas.) 
PRIMA: Ya, basta. Contrólense ... Que van a espantar a 
Rufino, y va querer escaparse. . 
PUTITA 2: (Ríen sin parar.) Y eso sin hablar de sus ami
gos. . 
PUTITA 3: Rico, rico. Le harán rico, rico a Rufimco ... 
PRIMA: Ya estuvo, niñitas. Orden o me las ajusticio. 

Silencio

RUFINO: ¿Dónde puedo encontrar al Chícharo, sei'iora ...? 
(Pausa.) ¿Dónde está el baño? Me siento ... JOdido. 
LAS TRES: Estreno, estreno. Queremos estrenar a Rufinito. 


Entre carcajadas alcohólicas, las tres chavas saltan alrededor 
de Rufino. A empujones se lo llevan a otro cuarto. 

Nueve 

Fachada del edificio 

Es media tarde. Rufino se descuelga desde una ventana 
del edificio hacia la calle. Al caer en la banqueta se encuentra 
frente al Ochoa. Hay una breve persecución 
hasta que el Ochoa lo acorrala. Una anciana pasa, reclama 
algo, y se aleja. Rufino aprovecha el instante para 
perderse entre los coches estacionados. A vuelta de rueda 
cruza una patrulla. Se detiene. El Ochoa se acerca al 
vehículo y habla con sus tripulantes. La patrulla se retira. 
El Ochoa sale por donde Rufino desapareció. Los 
ruidos de la calle han cubierto cualquier sonido humano. 

Diez 

Un terreno baldío 

Son las 6:45 de la tarde. Al fondo, por encima de una barda, 
aparecen una por una cinco cabezas cubiertas con 
gorras pasamontañas. Cinco cuerpos. Cinco pares de 
brazos y piernas que saltan con agilidad hasta el terreno 
baldío. Cada uno busca su lugar, cierto espacio que ya 
tiene reservado desde antes: dos ladrillos, una piedra, 
una llanta vieja, etcétera. 

CHEMO 1: ¿Y el Narices ... ? 
CHEMO 2: No está. 
CHEMO 1: Quedó de estar. 
CHEMO 3: Ps, sabe. 
CHEMO 1: ¿Y' ora? 
CHEMO 2: No ha de tardar. 
CHEMO 3: Éste se afanó dos chicos. 
CHEMO 1: A verlos. 
CHEl\10 4: (Muestra dos botes.) ¿Eh...? 
CHE MO 1: No vamos a ajustar. 
CHEMO 3: Ps, cuántos somos. 
CHEMO 1: Eso. Con el Narices, cuántos somos. 
CHEMO 3: Ps, cuántos somos. 
CHEMO 1: Eso. Con el Narices, cuántos somos. 
CHEMO 3: Ps, cuenten. 
CHEMO 2: Cuántos son dos y dos. A ver. 
CHEMO 4: Más aquél. 
CHEMO 2: Más el Narices. (Un silencio.) 
CHEMO 1: ¿Trajiste las bolsas, tú? 
CHEMO 4: Ya mero ni venía. 
CHEMO 3: Ése... que role el bote, ps. 
CHEMO 1: Órale, las bolsas. 
CHEMO 4: Mi jefa cerró con candado. 
CHEMO 1: No manches. 
CHEMO 4: Yo estaba adentro del cuarto, y... tuve que saltar. 
CHEMO 1: Bueno. A ver esas bolsas. 
CHEMO 3: Ya... Que role el bote, ps. 

En tanto se reparten bolsas y se desprenden de las gorras, 
uno de ellos se asoma por la boca de un enorme tubo de 
concreto, atrás de un montón de basura


CHEMO s: ¿Ya vieron? Allá adentro, ¿quién es ése? 
CHEMO 1: (Se acerca.) ¿El Narices? 
CIIEMO 5: Qué va a ser. Qué va a ser. 
CHEMO 4: Está re oscurote. 
CHEMO 2: Díganle que salga. (Pausa.) Sal, tú. 
CHEMO 4: Ni se mueve. Sal, tú. 


Una pausa. Por la boca del tubo aparece Rufino. 

CHEMO 5: ¿Qué' ¿Cuál es tu pedo, güey? 
CHEMO 1: Qué se te perdió por aquí. 
CHEMO s: A ver si te vas largando, pero ya. 
CHEMO 1: A la chingada. A la chingada. 
CHEMO s: O te agarramos a piedrazos. 

Acorralan a Rufino. Un silencio

CHEMO 2: Espérense, pérense. Yo lo conozco. Ya lo he 
visto por aquí con el Globero, ¿qué no? Es Rufino. 
CHEMO 5: Como quiera; fuera, fuera. 
RUFINO: Chale, aguántenme un rato. 
CHEMO s: (Lo empuja.) Nada, qué. Sácate. Rapidito. 
RUFINO: Luego me voy. Nomás que oscurezca. 
CHEMO 2: Calmados. A este güey lo traen en chinga. 
¿Qué no ven? 
CHEMO S: (Lo empuja.) No le hace; fuera, fuera. 
CHEMO 1: (Se acerca.) Por qué te madrearon. Quién fue. 
CHEMO 2: A poco traes algún tira detrás ... 
RUFINO: Pues, hay uno. Uno que no me suelta ni ama
dres. Es del edificio de junto ... Es el Ocho a. 
CHEMO 2: Uta, el Ochoa. Ese mono está re locote. 
CHEMO 3: (Desde lejos.) Ya, ya... Que role ese bote, ps ... 

Un silencio. 

CHEMO 1: 4No esperamos al Narices... o qué? 
CHEMO 4: Ese ya ni vino. Ya no. 
CHEMO 1: A güevo que llega. Es que se fue a talonearse 
uno grande. De cinco mil, me dijo. 
CHEMO 4: Así dice. Siempre, así dice. 
CHEMO 1: No, hijo. El de la tlapalería manda. Lo que 
despache es bueno. 
CHEMO 3: Ya... Que role el bote, ps ... Que role. 

Destapan un bote y reparten su contenido en bolsas de 
plástico. 

CHEMO 2: Ese Rufino ... Lléguele. Lléguele a su debili
dad... O qué pedo. (Le ofrece su bolsa.) 
RUFINO: Este, no. Mejor... luego. Al rato me voy. 
CHEMO 4: Aliviana los cigarros. De perdis. 
RUFINO: No traigo. Nada de nada. 
CHEMO 4: Tú sí estás jodido, Rufino. Me cae que sí. 

Del interior del tubo de desagüe sale el Globero. 

CHEMO 1: Ese Globero ... Ahí estabas. Ni te vimos... 
CHEMO 4: Órale, mi Globero. Estamos en la repartición. 

(El otro saluda con la cabeza. Apenas sonríe.) 

CHEMO 1: ¿Le llegas o qué ...?¿Ya andas hasta atrás, güey'7 
Está bueno. Mejor. (Pausa.) Te emparejas luego. 
CHEMO 4: En la segunda vuelta. (Pausa) Ps, el Narices 
no tarda. Él viene con la refacción. El quedó ... 

El Globero lanza una cajetilla de cigarros que alguno 
alcanza a atrapar. Luego se apoya en el hombro de Rufino 
para conservar el equilibrio. Los Chemos se desplazan 
por el baldío. Se repegan a las bardas; se recuestan 
sobre montículos de basura. Contemplan sus respectivas 
bolsas con cuidadoso respeto. Amorosamente. Inician el 
rito de soplar y aspirar. Soplar y aspirar de su bolsa de 
plástico transparente. 

GLOBERO: Hazme caso, Rufus. (Pausa.) Te puedes quedar 
aquí. Mientras tú quieras. (Pausa.) El Ochoa no 
se mete hasta acá. Ni puede. 
RUFINO: Gracias, Globero. Me alivianastc pero ya me 
voy... 
GLOBERO: Por qué me desprecias. 
RUFINO: Ya te dije. Ando tras el Chícharo ... 
GLOBERO: Sí, el Chícharo. Pero ... para qué carajos ... 
RUFINO: Uta, tú también chingas con eso. Todo mundo 
me pregunta lo mismo. ¿Qué pedo? Quiero saber có
mo es. 
GLOBERO: Para qué chingados. 
RUFINO: Quiero verle la cara. Ver cómo se ríe. Oírlo ha
blar. .. Oír qué cosas dice. (Un silencio.) 
GLOBERO: Qué le vas a pedir. 
RUFINO: Nada. 
GLOBERO: Si ese Chícharo es tu jefe, como dices ... 
RUFINO: Nomás quiero decirle quién soy. Que sepa que 
existo. (Pausa) Porque seguro ni sabe. (Silencio.) 

Como gatos al atardecer; las siluetas de los Chemos vagan 
en la penumbra del baldío. Unos inventan dibujos 
en el aire. Otros improvisan danzas extrañas. Toses aisladas. 

RUFINO: Órale, Globero. Tú sabes dónde puedo hallar a 
ese Chícharo. No te hagas, pinche gordinflón. 
GLOBERO: Por ahí supe. Se junta con unos briagos. Son 
como un club. Si es el mismo Chícharo que dices ... 
RUFINO: Dónde lo busco, Globero. ¿Cuál club? 
GLOBERO: El club de los ... batracios, creo. No sé qué pe
do. Pero, Rufus. Tú mejor olvídate de eso. No te aparezcas 
por las calles. Ese Ochoa está cabrón. A la 
próxima, no te le escapas vivo. 
RUFINO: Ya sé. 
GLOBERO: ¿O qué quieres, güey? ¿Que te mate? 

Un silencio. 

RUFINO: El Ochoa me aprecia. 
GLOBERO: Pero se supo que le ganaste con un entrego 
chancho. Una yerbabuena y quién sabe cuánta feria. 
Hasta los canijos se le han volteado, dicen. 
RUFINO: El Ochoa me aprecia. En el fondo, se preocupa 
por mí. Porque me aprecia. 
GLOBERO: Hazme caso, Rufus. Un día de estos amaneces 
tasajeado. Por pura pinche equivocación o lo que 
quieras pero ... 
RUFINO: Como el de esta mañana. Afuera de la tintorería. 
(El otro le pone la mano sobre su cabeza.) Pero 
tranquilo mi Globero. Aquí sigo. No me ves. 
GLOBERO: Hazme caso, Rufus. (Pausa.) Quédate. 


Las siluetas se mueven por la barda, entre la basura. Algún 
Chemo tose tercamente y escupe flemas. Otro lloran 
con la cabeza entre las rodillas. Otros Chemos juegan con 
un envoltorio de periódico y trapos, a manera de balón. 
El bulto vuela por los aires hasta Rufino, quien lo atrapa. 
Lo va a lanzar de regreso, pero lo palpa mejor y se pone 
rígido. 

RUFINO: Oigan... Qué güeyes ... Si es un niño. 
CHEMO 5: (Desde lejos.) No mames, tú... échalo. 
RUFINO: Es un niño... 
CHEMO 4: (Impaciente.) Pero está muerto. No hay pedo. 
RUFINO: Es... un niño. 
CHEMO 5: Órale, acá. Un globito. Viene. Rufino, qué 
pasó. .

Uno de los Chemos pasa junto a Rufino, le arrebata el 
envoltorio y sigue corriendo. Los otros tratan de interceptarlo. 
Todos se mueven en cámara lenta, sin peso, como 
si flotaran en el espacio

CERO: (Se asoma por encima de la barda.) Rufino. 
Rufino. ¿Estás ahí? 
RUFINO: ¿Qué quieres ... ? 
CERO: Qué bueno que te encuentro, carnal. 
RUFINO: No tienes madre, después de la papelería ... 
CERO: Te conviene, carnal. Hay uno que conoce al Chí
charo ... 
RUFINO: (Se acerca a la barda.) ¿Quién es? 
CERO: Ven conmigo. 
RUFINO: Dime quién es, caraja. 
CERO: Es Félix, el viejo ... (Pausa.) Tiene un club ... Nos 
está esperando. Órale. 

Rufino sube a la barda. 

GLOBERO: (Le grita.) Hazme caso, Rufino. 
RUFINO: Mañana, mi gordo. Mañana sí te hago caso. 

Rufino y el Cero desaparecen tras la barda. Acá en el 
baldío, el Globero se hace del envoltorio y corre entre la 
basura. Los Chemos lo alcanzan en bola, se le echan encima 
y lo derriban entre risas, formando un montículo 
de sombras. 




Once 

Fachada del edificio 

De noche. Rufino y el Cero caminan por la banqueta. 

CERO: Por ésta, carnal. Yo qué iba a saber que el Trueno 
te iba a dejar morir solo. Si eres carnal, si somos de 
los mismos. 
RUFINO: Tú... y tu pinche encantador de serpientes. 
CERO: Aliviánate. Y alucina que ese güey ha de estar en 
la Cruz roja. 
RUFINO: Ni madres, Cero, eres bien hablador. 
CERO: Déjame que te diga. Se estaba agasajando con la 
del salón de belleza, en la otra cuadra, (se ríe) cuan
do algún malora le incendió su camiona. Uta. 
Hubieras visto qué griterío. 
RUFINO: Fuiste tú, pinche Cero. 
CERO: ¿Yo?, soy incapaz de chingaderas así. 
RUFINO: Ps, el Globero no fue. 
CERO: (Se detiene de repente.) Aguas. Desaparécete por 
el zaguán. (Lo empuja.) Le dije al viejo  que 
buscabas al Chícharo y dijo: "Mándamelo ...Orale. 
Don Félix está en la bodega de abajo, está esperándote 
en su agujero. Ya pélate, ¿qué no oyes? 

Rufino desaparece por el zaguán. 

CERO: (Se recarga en la pared, procura pasar inadvertido, 
mientras el Ochioa cruza la calle; de su brazo 
cuelga una güera que ríe tontamente. Al pasar junto 
al Cero lo sujeta violento.) ¿Yo qué ...? Ochoa, ¿yo 
por qué? Ochoa, ¿qué te hice o qué? 
OCHOA: ¿Dónde está Rufino ...? (Le dobla el brazo.) 
CERO: ¿CuáJ? Ah. No sé ... 
OCHOA: (Lo dobla hasta atrás.) Dime dónde anda el 
güey. 
CERO: (Con dolor.) ¿Rufino? Pos estará en el tambo. (El 
otro presiona más júerte, hasta obligarlo a gritar.) 
No lo he visto. Ochoa, no lo he visto. Suéltame .. : Me 
cae que, te juro que ... ay. 

Alaridos del Cero. Risas de la mujer. Mentadas del Ochoa. 
Ladridos nocturnos. 



Doce 

En la bodega 

En oscuro, Rufino baja algunos escalones y llega hasta 

una puerta ancha y vieja. Golpea. Silencio

RUFINO: (En un susurro.) Viejo... Viejo Félix. (Silencio.) 
Me dijeron que viniera. (Silencio.) Soy Rufino. ¿Puedo 
entrar? 

Empuja la puerta lentamente. Entra. El oscuro es casi 
total. En las tinieblas se oye la voz del viejo. 

FÉLIX: Por qué no habías venido. (Pausa.) Hace mucho 
que te miro entrar y salir por ese zaguán; pero siempre 
andas en otras cosas. Supe que ya no tienes casa; 
que ya eres de la calle otra vez. (Transición.) Yo no 
he podido salir a barrer. Ni el zaguán, ni la escalera, 
ni la banqueta. No encuentro mi escoba. Y digo: mañana 
me pongo a barrer, pero nada. Me la habrán 
escondido, y por eso. (Transición.) ¿Cómo te llamas? 
Ah, sí. Rufino. (Un silencio.) ¿Por qué te vienes a meter 
hasta acá? Eres de la calle; tú te llevaste la escoba, 
no creas que no sé. (Pausa.) Dicen que estoy loco 
y no me dejan salir de día. Me agarran a palos y me 
obligan a regresar a mi agujero. Sí. Me han quebrado 
dientes, toca. (Un silencio prolongado.) Cuando 
ella llegó de sabe qué pueblo; tendría catorce años. 
Fue a dar a la delegación de por aquí cerca. Tres o 
cuatro enchamarrados la interrogaron sobre cualquier 
cosa. Tú sabes cómo es. La golpearon, la tiraron en 
una zanja del metro en construcción. (Pausa.) De ahí 
la levantó el Chícharo. (Pausa.) Bien que ha rodado 
ese méndigo Chícharo, me cae. (Pausa.) Pero no te 
hagas para atrás, niño. Lo que tengo no se le pega a 
nadie. Sí. A veces me dan ataques, y algunos se asustan 
porque tengo los ojos saltones. (Pausa.) ¿Cómo 
te llamas...  Ah, sí... Rufino. (Un silencio.) Rufino. 
El mismo día que naciste, te envolvió en papel periódico 
y te dejó en un baldío. Ahí te encontré, escuincle, 
no voy a saber. Chillando como animal. Con el hocico 
y las narices despellejadas. La panza inflada como 
globo, dura como tambor. Y moscas hasta por adentro 
de las orejas. Batido en la porquería. Era abril. 
Me acuerdo por el calorón, no se aguantaba. (Un silencio.) 
Estamos en abril otra vez, Rufino. Pero ya 
no es como antes. La fruta está podrida. La verdura 
está marchita. ¿Quién va a querer comprar? Casi nadie... 
El mercado cierra más tarde, por ver si vende 
un poquito más, pero ... Estamos en abril otra vez, Rufino. 
Ya no es como antes. El buen pulque ya no llega 
hasta aquí. (Un silencio.) En abril, otra vez, y ni siquiera 
ha llovido una noche. ¿No sientes el bochorno? 
Acá abajo es peor. (Pausa.) A quién echarle la 
culpa, Rufino. ¿A papá? Sería bueno. Yo también voy 
a buscar un papá, y a reclamarle tanta cosa. (Un silencio.) 
Pero todos somos hijos de uno solo. Claro, 
aparte de ser hijos de la chingada. Somos hijos del 
mismo, del único. De ese que ya no anda por aquí, por 
más vueltas que le demos. (Pausa.) El Chícharo que 
buscas, si es el mismo, podrás mirarlo pronto, más al 
rato. Primero quiero enseñarte otra cosa. (Pausa.) Bueno, 
acércate. Tú te llamas... Rufino. (Un silencio.) Rufino, 
sí. Has de tener como ¿diez años') No, no, tienes 
más. Varios más. Estás flaco, macizo. Cargas bultos 
en el mercado, ya te he visto. Acércate, no te alcanzo 
bien. No tengas miedo. El amor de viejo es el amor más 
sabio. Amor limpio, tan inocente como el amor de un 
niño. Es amor que ya no se equivoca. Ven. 
En la penumbra, Rufino retrocede y sale por donde llegó. 
El viejo manotea en el vacío de la bodega. En el piso de 
arriba se oye una carcajada de mujer El llanto de un 
bebé. Y un nostálgico cha-cha-chá. 




Trece 

En el zaguán 

A media noche. Rufino se escurre por la banqueta. De la 
puerta angosta surge el brazo pequeño y delgado de Xóchitl, 
que detiene a Rufino. 

XÓCHITL: Ru. Ru. 
RUFINO: Cómo estás. 
XÓCHITL: Con miedo ... 
RUFINO: Estás temblando. 
XÓCHITL: ¿Dónde vas, tú? 
RUFINO: Al callejón. 
XÓCHITL: Colgaron un judas. A media noche lo truenan. 
RUFINO: Sí, pero yo voy a ... arreglar un pendiente. 
XÓCHITL: Ru. Ru. 
RUFINO: Luego vengo por ti. 
XÓCHITL: Te espero en la feria. 
RUFINO: Eso, espérame en la feria. 
XÓCHITL: Y después ... ¿A dónde, Ru? 
RUFINO: Sepa ... Pero nos vamos los dos. 
XÓCHITL: Nos iremos lejos. 
RUFINO: Ya verás. 
XÓCHITL: Te voy a esperar en la feria. 
RUFINO: Órale. Como quedamos. (Se besan.) 
XÓCHITL: Ru. Ru. 
RUFINO: Sí. 
XÓCHITL: Ahí voy a estanne, hasta que llegues. 
RUFINO: Ahí voy a llegar. (Se aleja.) 
XÓCHITL: Hasta que llegue, Ru. Voy a estarme hasta que 
llegues. 


Rufino se va. Xóchitl desaparece en la oscuridad del zaguan. 


Catorce 

Un callejón mal alumbrado 

De alguno de los alambres que cruzan de lado a lado, 
cuelga la figura de un judas de cartón, que se balancea 
al viento. Entre la barda y el filo de la banqueta se mueve 
un grupo de borrachines anónimos que, pocillo en mano, 
tararean la canción Un mundo raro. Ahí junto, una mesita 
con una parrilla donde humean dos ollas, una de 
café y otra con té de hojas. Botellas de aguardiente junto 
a un pequeño tanque de gas. Atiende la Seño, quien le sirve 
a Rufino. 

LA SEÑO: No entiendes. Todavía andas por aquí. 
RUFINO: Al rato, seño. Al rato ya me voy. 
LA SEÑO: Ahí te lo haya, ya sabes con quién. 
RUFINO: Ya no se apure, seño. 
LA SEÑO: Cuántas llevas. 
RUFINO: La última, seño ... La última y me voy. Un rato 
más aquí con los socios, y piro. 

Los borrachines anónimos forman un grupo compacto, 
que se mueve como un solo organismo. Rufino va con 
ellos. 

SOCIO 1: Éntrale. Aquí hay lugarcito para uno más. 
SOCIO 2: No hay que ser, mi buen. 
SOCIO 3: Apenas es una criatura. 
SOCIO 1: En la banqueta, yo digo. Siempre hay lugar para 
uno más ... En la banqueta. 
SOCIO 2: Pásale a lo barrido, mi buen. 
SOCIO 3: ¿Quieres un beso? 
SOCIO 1: Quieta, Chicharra. 
SOCIO 2: Mejor dale un tinlarín. 
SOCIO 4: Toques, toques. Quién quiere sus toques. 
RUFINO: (Alza el pocillo.) A la salud del judas. 
SOCIO 1: (Después de beber.) A ver, a ver. ¿Cómo vamos? 
SOCIO 2: ¿Desde qué horas? 
SOCIO 1: Desde que se abrió la gloria. 
SOCIO 2: Como siempre, mi buen. 
SOCIO 3: Nunca aumentamos la dosis. 
SOCIO 4: Nunca aceleramos el paso. 
SOCIO 3: Y eso que no es una noche cualquiera. 
SOCIO 4: Una noche especial es ésta. 
SOCIO 2: Noche de sabadito santo, mi buen. 
SOCIO 3: Cuando la gloria se puede abrir para todos. 
SOCIO 1: Ya se abrió para uno. Por eso, yo quiero decir 
algo. 
SOCIO 2: Para qué decir pendejadas, mi buen. 
SOCIO 3: Para qué chingados moverse, pues. 
SOCIO 2: Para qué gastar energías. 
SOCIO 4: Toques, toques. Quién quiere sus toques. 
SOCIO 1: Ahora en la mañana, ayer, al salir el sol. Es bueno 
recordarlo. Un miembro del club llegó a su meta. 
SOCIO 2: ¿Cuál meta? .,. 
SOCIO 4: ¿Cuál club? 
SOCIO 3: ¿Cuál miembro? 
SOCIO 1: Quieta, Chicharra. 
SOCIO 4: El club de los escarabajos peloteros. 
SOCIO 2: Sí, sí. Tú no llegabas, mi buen, cuando estuvimos 
discutiéndolo. Cuál pinche grupo de batracios. 
No. Escarabajos, eso somos. ¿Eh? 
SOCIO 3: La bola de los escarabajos. 
SOCIO 2: Eso somos, me cae. 
SOCIO 4: Y ni color, socio. Nomás empujando la bola de 
mierda de los demás. 
SOCIO 3: Mierda desconocida. 
RUFINO: ¿Por qué no tronamos al judas...? 
SOCIO 1: Ps, aleluya por tan cachonda proposición. 
RUFINO: Verdad que sí. Si ha de tronar, que truene. 
SOCIO 1: Yo que había preparado un discurso para Jan
zar! o por el socio que se fue. Pero ni qué decir, más 
que ponemos como él hubiera querido estar, si estuviera 
con nosotros. 
SOCIO 4: Salucita. Por esa bola de caca, que crece y que 
crece. Salú. 

Beben en silencio

RUFINO: ¿Por qué no ha tronado ese judas? 
SOCIO 3: ¿Qué te importa? 
SOCIO 2: Porque todavía no es su hora, mi buen. 
RUFINO: Uta, pero desde cuándo sonaron las doce. 
SOCIO 3: Eso sí. Las campanas sonaron hace un chingo. 
SOCIO 1: Si no puedes cerrar las nalgas, cierra el hocico, 
Chichana. (Un silencio.) 

SOCIO 2: Chicharra... Chichana. Llévate a este muchacho 
de aquí. Anda muy inquieto; a ver qué puedes hacer 
por él. 

Todos beben en silencio. Del grupo compacto se desprende 
una figura alta, de caballera entre dorada y mugrosa, 
zapatos de pulsera y boca con pintura oscura. La Chicharra 
toma a Rufino del brazo y lo separa de los otros, 
que van a apoyarse en la pared, como para impedir que 
ésta se les venga encima. 

CHICHARRA: (Por el judas.) Yo traje ese monigote; los 
otros ni querían; pero es algo sentimental para mí; ¿te 
gusta? 

RUFINO: No parece ni diablo. Más parece charro, con ese 
sombrerote. (Un silencio.) 
CHICHARRA: (Cachondo.) Y qué pasó, pues. 
RUFINO: ¿Con qué? (Pausa.) Ah, no. Nada. 
CHICHARRA: ¿Traes billetes? O no más las ganas. (Le 
mete la mano en/a bolsa del pantalón.) Andas limpio, 
hijo. Pero me gusta cómo miras; así, de ladito. 
¿Cómo te llamas? Nunca te había visto. 
RUFINO: Pues, Rufíno. 
CHICHARRA: Quién te puso así de feo. 
RUFINO: Y a ti, ¿quién te puso Chicharra? 
CHICHARRA: Estamos celebrando que se abrió la gloria, 
la pascua y todo eso. Si me insistes un poquito, pues, 
puedo darte servicio de gorrión. (Pausa.) Órale, tú 
nomás me sigues. 
RUFINO: Es que. Ando buscando ... otra cosa. 
CHICHARRA: ¿No me digas...? Y quién no. Busques lo 
que busques, conmigo ya lo encontraste, Rufinito. 
Aquí se te abrió la gloria. Hasta tu mamacita puedo 
ser, ¿eso buscas? 

Un silencio

RUFINO: Busco al Chícharo. 

CHICHARRA: Ah... vaya. No quieres con la Chicharra. 
(Silencio.) El Chícharo ... ¿Quién te habló de él? (La 
Chicharra se despoja suavemente de la peluca dorada; 
su voz es ahora más grave. Es notorio que es 
hombre.) Aquí hay servicio completo, te dije. (Silencio.) 
Aquí tienes al Chícharo. (Pausa.) ¿Así te gusto 
más? Puedo ser tu papacito. Bueno, sácate la mano de 
ahí y dame un besito, ¿eh? 

De un tirón el travesti le baja el pantalón y trata de penetrarlo. 
Rujino grita. Del grupo de borrachines anónimos 
surgen mentadas al aire

SOCIO 1: Que ya truene ese maldito judas. 
SOCIO 2: Ese judas ni tiene cuetes. No truena. 
SOCIO 4: Toques, toques. Quién quiere sus toques. 


Y repique de campanas a todo vuelo, música hasta un 
volumen estridente. 




Quince 

Fachada del edificio 

Cuando amanece. Rujino camina tambaleándose. Lo alcanza 

el Cero cerca del zaguán. 

CERO: ¿Supiste, carnal? Los canijos apañaron al Ochoa. 
RUFINO: Ya casi es de día. 
CERO: Entiende. (Lo sacude.) Andan cazando a todo el 
que les late. Qué tienes, ¿a dónde vas? 
RUFINO: A la feria. 
CERO: Pero, carnal. ¿No te digo cómo anda el pedo? 
RUFINO: Voy a ... A la feria. 
CERO: Cuál feria, carajo. 
RUFINO: ¿Eh...? Aquí, a la vuelta. 
CERO: A estas horas. Espérate a que salga el sol. .. 
RUFINO: ... A la feria. 
CERO: Ha de estar cerrada; mejor vámonos. 
RUFINO: Tengo que llegar. 
CERO: Tenernos que desaparecemos, hijo. Con lo que pasó 
en el callejón. Pinche Globero, andaba hasta atrás 
y ni en cuenta ... 
RUFINO: (Ríe, pierde el equilibrio.) Hazme caso, dijo el 
Globero. Hazme caso, dijo el Globero. Hazme caso. 
CERO: La explosión se oyó hasta el mercado. Habrá sido 
por el tanque de gas de la seño. 
RUFINO: ¿Gas? ¿Cuál gas? Yo no vi nada, nada. Yo voy a 
la feria. Ahí quedé. 
CERO: Si estabas junto al Globero, qué no. Cuando le 
lanzó el flamazo al judas. 
RUFINO: Yo andaba en otro asunto. 
CERO: Ahí estabas. Y cuando el judas ese cayó encima 
de la seño de las hojas.·Y el pedo que se armó. 
RUFINO: Fuiste tú, güey: Corno en lo de la miscelánea, 
como en la papelería, como con la camioneta del 
Trueno ... Fuiste tú. De qué te ríes. 
CERO: (Entre carcajadas.) El Globero, Rufino. Fue el 
Globero. 
RUFINO: Me vale quién fue, yo me borro ... 
CERO: (Jugando.) Aguas con el Globero. Si lo ven, sáquenle 
la vuelta al Globero. (Risas de ambos.) 
RUFINO: Apaguen al Globero. 
CERO: El Globero anda caliente. Apáguenlo. Busquen 
una manguera de bombero y ... 
Rufino y Cero sufren una crisis de carcajadas grotescas, 
de risa angustiosa. De pronto ,frente a ellos aparece una 
figura con una enorme cabellera rizada y aspecto siniestro. 
CERO: ¿Trueno...? ¿Eres tú... ? 
TRUENO: Hasta la risa se les atoró, hijos de la chingada. 

Rufino y el Cero se quedan paralizados por un instante. 
Luego intentan correr hacia el callejón, pero sus movimientos 
son torpes. Trueno salta de un sitio al otro, los 
supera en agilidad y energía. 

CERO: Escápate, Rufino. Órale, carnal, vete ... 

La navaja de Trueno resplandece con la luz del amanece¡: 
Se establece una lucha entre los tres que se extiende 
por toda la escena. Ante un movimiento inesperado Trueno, 
por atacar al Cero, cae sobre Rufino y lo acuchilla. Un 
grito simultáneo. Cero se precipita fúera de escena. Trueno 
corre tras él. Rufino se recarga en la pared. Da algunos 
pasos y se derrumba al filo de la banqueta. Amanece. 
Alguna persona pasa. Algún curioso se detiene. Alguien 
tira un trapo sobre el cuerpo sin vida. En primer término 
pasa una patrulla a vuelta de rueda, con sus luces 
intermitentes encendidas





Oscuro final. 






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