EL ATENTADO. JORGE IBARGÜENGOITIA.




EL ATENTADO

JORGE IBARGÜENGOITIA


PERSONAJES:

BORGES, un presidente electo 
VIDAL SÁNCHEZ, un presidente saliente 
EL GENERAL SUÁREZ,
Jefe de la Policía su AYUDANTE
UN JUEZ
EL PADRE RAMÍREZ 
LA ABADESA 
JUAN VALDIVIA 
PEPE
CAUTELA, su mujer
  Tres actores comodines representarán los siguientes personajes:
BALGAÑÓN, GAVALDÓN, MALAGÓN, diputados
BAZ, PAZ, RAZ, periodistas
MACARIO, NAZARIO, ROSARIO, de la Secreta
UN ABOGADO DEFENSOR
UN ABOGADO ACUSADOR
UN MESERO, UN DIPUTADO, UN POLICÍA
UN OBISPO
UNO DEL JURADO
Además aparecen:
  DOS DE LA MONTADA, UN OFICIAL, UNOS CATÓLICOS, UNA MUJER QUE BAILA ARRIBA DE UNA MESA
   La acción se desarrolla en la ciudad de México, en 1928.
  
Nota para el director distraído: las proyecciones son fijas y de la época; los títulos que indican el lugar de la acción, o la comentan, se dicen por el magnavoz, se muestran al público como letreros, o se proyectan; el asunto queda a su discreción y bajo su responsabilidad. Esta obra es una farsa documental, mientras más fantasía se le ponga, peor dará.
   Advertencia: si alguna semejanza hay entre esta obra y algún hecho de nuestra historia, no se trata de un accidente, sino de una vergüenza nacional.
  

PRIMER ACTO


El general Borges, ex-presidente de la República, regresa a la capital después de dos años de estar dedicado, "como Cincinato moderno", a la agricultura.
  Proyección: Un ferrocarril entra en la estación. Una multitud lo recibe.
  Desaparece la proyección. Entra Borges seguido de Baz, Paz y Raz, periodistas. Se detiene en el centro.
BAZ
Díganos, general, ¿cuál es la razón de su venida a la ciudad de México?
BORGES
Vengo a recibir la Medalla del Mérito Agrícola, que me ha concedido la Cámara de Comercio.

Los periodistas apuntan en sus libretas.

PAZ
¿Vive usted contento lejos de la política?
BORGES
Soy un agricultor nato. Mi intervención en la vida revolucionaria del país fue sólo un paréntesis, mi gestión presidencial, un sacrificio. La revolución ha triunfado, mi labor ha concluido. Ahora soy feliz en el campo.

Los periodistas apuntan.
RAZ
¿Tiene usted intenciones de regresar a la política, mi general?
BORGES
Categóricamente: ningunas.

SUFRAGIO EFECTIVO, NO REELECCIÓN

Proyección: La cámara de diputados en sesión.
   Baz, Paz y Raz, se ponen bigotes retorcidos y se convierten en Balgañón, Malagón y Gavaldón, tres diputados. Borges ha salido de escena.

BALGAÑÓN
Compañeros diputados, pido la palabra.
GAVALDÓN Y MALAGÓN
Usted la tiene, compañero.

Balgañón toma un lugar preponderante.
BALGAÑÓN
Propongo una aclaración al artículo 83 de la Constitución, que me parece confuso.
GAVALDÓN
Dígala, compañero.
MALAGÓN
Exprésese usted.
BALGAÑÓN
Dice así el artículo en cuestión: "…el Presidente entrará a ejercer su cargo el primero de diciembre, durará en él cuatro años y nunca podrá ser reelecto." Propongo que se agregue lo siguiente: "….pero pasado un periodo constitucional, el ciudadano que haya desempeñado el puesto, podrá ser reelecto por una sola vez."
   Aplauso estruendoso, bravos, etc. Diana por la Sinfónica de México.
Proyección: Un tren sale de la estación. Proyección: Un tren entra en la estación. Proyección: Una multitud. Entra Borges. Los diputados lo escuchan.
BORGES
Estaba yo alejado del bullicio de la gran ciudad, dedicado al cultivo de la tierra que tanto quiero y de la que tanto me cuesta separarme, cuando llegó hasta mí una comisión de legisladores para invitarme a regresar a la palestra política. Rechacé su invitación, señores. (Aplauso.) Más tarde ocurrieron sucesos que me hicieron recapacitar, comprendí que mi lugar sigue estando en la línea de fuego y que no tengo derecho de negarle a la Patria mi cooperación cuando la necesita. (Aplauso entusiasta.) Soy un esclavo del deber. (Aplauso delirante.)



LA LUCHA ELECTORAL


Los diputados se quitan los bigotes y se convierten en manifestantes. Borges se ha retirado. Los manifestantes sacan un cartel que dice: "Viva Gámez". Luego otro que dice: "Viva Gómez". Luego otro que dice: "Muera Borges".
   Proyección: Simultáneamente tres fotos; Gámez, Borges y Gómez, diciendo acalorados discursos.

Ruidos. Dos descargas cerradas.
   Proyección: Las fotografías de Gámez y Gómez son reemplazadas por las de dos sepelios. La de Borges continúa.
   Se descubre a Borges solo en escena, diciendo un discurso.

BORGES
La lucha electoral ha terminado, señores. El pueblo soberano ha expresado su voluntad y no me queda más remedio que someterme a ella tomando las riendas del poder durante el próximo cuatrienio. (Aplauso delirante.)
   Oscuro. Se escucha un ruido que va en aumento, hasta terminar en una explosión.

2

En la inspección de Policía.
Suárez y su Ayudante estudian unas fotografías.
AYUDANTE
Esta foto muestra los daños causados por la explosión; esta otra es la de una bomba que no explotó; éstas son las perforaciones que hay en el techo; éstos son los tres detenidos, que habrá que poner en libertad por falta de méritos.
SUÁREZ
¿Revisó usted el texto de los discursos pronunciados por los diputados en los días anteriores al atentado?
AYUDANTE
Sí, señor.
SUÁREZ
¿Hubo ataques al general Borges?
AYUDANTE
Alguien dijo que protestaba por alguna cosa, alguien habló de la no reelección, alguien dijo que las elecciones del domingo pasado no habían sido legales…pero nada especial.
SUÁREZ
Bien. Para la policía todos son sospechosos. Primer sospechoso: el señor Presidente de la República. (Ambos hacen una leve inclinación de cabeza.) Segundo: el Presidente Electo. (Inclinación de cabeza.) Tercer sospechoso: el Ministro de Gobernación. Cuarto: el Presidente de la Cámara. Quinto: los católicos. Sexto: el Ministro de Guerra. Tampoco hay que descartar la posibilidad de que se trate de una simple rivalidad entre dos partidos que luchan por conseguir el dominio de la Cámara, o bien, de dos individuos que luchan por conseguir el de una misma mujer. Podría ser también cuestión de celos: profesionales, políticos, afectivos. En fin, amigo mío, hay tantas personas y tantas razones para hacer volar la Cámara de Diputados. . . Quizá, inclusive, no hubo ni siquiera una razón, bien puede tratarse de una mera equivocación, o de un capricho, o bien de un ensayo, y el verdadero atentado se producirá en un lugar completamente diferente; en el Toreo, por ejemplo. ..
   Entran los diputados Balgañón, Gavaldón y Malagón, con sombreros téjanos y bigotes retorcidos.
BALGAÑÓN
General Suárez, en nombre del Congreso de la Unión...
GAVALDÓN
De los compañeros ferrocarrileros...
MALAGÓN
Y de los electores del distrito de Celaya...
BALGAÑÓN
Y compenetrados como estamos de nuestros deberes para con la Nación...
GAVALDÓN
Venimos a ponernos a las órdenes de la Policía. ..
MALAGÓN
A su digno cargo...
BALGAÑÓN
Y a rendir declaración...
GAVALDÓN
Con objeto de dilucidar en lo posible la identidad del culpable del atentado de que fue objeto la Cámara de Diputados.
BALGAÑÓN
Balgañón. (Estrecha la mano de Suárez.)
GAVALDÓN
Gavaldón. (ídem.)
MALAGÓN
Malagón. (ídem.)
SUÁREZ
Señores, los felicito por el sentido de responsabilidad que los trae aquí y les suplico que empiecen con su declaración. 
BALGAÑÓN, a Gavaldón: Empiece usted, compañero.
GAVALDÓN
De ninguna manera, compañero. Empiece usted. (A Malagón.) O usted.
MALAGÓN
Usted primero, compañero. O en todo caso, el compañero Balgañón.
BALGAÑÓN
Yo soy de opinión que empiece el compañero Gavaldón. Esto es, si el general Suárez no tiene inconveniente.
GAVALDÓN
Sin embargo, yo considero que usted es el más indicado, compañero. 
SUÁREZ, a Balgañón: Empiece usted.
BALGAÑÓN
¿Yo? Bien, puesto que usted me lo pide.  (Se aclara la garganta.) La tarde en que ocurrió el atentado, la sesión de la Cámara terminó a las seis y treinta y cinco. Antes de salir de la sala estuve hablando dos o tres minutos con el diputado José Juan Sánchez. Luego, tomé el portafolio que acostumbro llevar a las sesiones y con él bajo el brazo, me dirigí al lugar en donde se encuentran instalados los servicios sanitarios del edificio, pues desde hacía ya rato tenía la intención de hacer uso de uno de ellos. Penetré en el recinto donde se encuentran los servicios que mencioné, fui hasta la puerta de uno de los gabinetes y traté de abrirla... todo fue inútil. Estaba cerrada herméticamente. Me alejé unos pasos y noté que por abajo asomaban unos zapatos cafés. Comprendí entonces que había una persona haciendo uso del aparato en cuestión; poco después descubrí que lo mismo ocurría en el de junto, así que llegué al tercer gabinete, que es el que colinda con la pared sureste del edificio de la Cámara, lo abrí, entré en él, dejé el portafolio en el piso, me despojé del saco y de la corbata, prendas que colgué en un perchero, y me instalé. En los momentos que transcurrieron después pude darme cuenta de que había un diálogo entre las personas que ocupaban los otros dos gabinetes. Puse atención y me pareció que lo que se decía era en apariencia inocente y hasta baladí. Cuando terminé de hacer uso del sanitario y después de tomar las medidas higiénicas que consideré necesarias, me puse la corbata, luego el saco, recogí el portafolio y salí a los lavabos en donde me lavé las manos convenientemente. En esos momentos se abrió la puerta del gabinete central y apareció el diputado Gavaldón aquí presente.
GAVALDÓN
Sí, señor, estoy de acuerdo con la declaración.
BALGAÑÓN
Me despedí de él y ya me retiraba por el pasillo, en dirección a la salida, cuando comprendí que había olvidado tirar de la cadena que pone en libertad el agua del depósito del sanitario. Durante unos momentos estuve indeciso entre si regresar y tirar de la cadena, o si bien dejar ese trabajo a la siguiente persona que hiciera uso del sanitario antes mencionado. Tomando una decisión, volví sobre mis pasos, cruzándome en el camino con el diputado Gavaldón que iba hacia la salida; al llegar a los lavabos encontré al diputado Malagón, aquí presente, quien según me confesó después, era la persona cuyos zapatos cafés había yo visto, que había estado ocupando el primer gabinete.
MALAGÓN
Estoy de acuerdo.
SUÁREZ
Prosiga usted, diputado.
BALGAÑÓN
Pues bien: saludé al compañero, caminé unos pasos, entré en el gabinete, tiré de la cadena, y en ese mismo instante se produjo una explosión tremenda, que me hizo perder el sentido. 
SUÁREZ
  Muchas gracias, diputado Balgañón, lo felicito « por la sinceridad con que se ha expresado y espero que los datos que nos aporta sirvan para establecer la identidad del autor o autores del atentado.
GAVALDÓN
Mi general, quiero hacer una aclaración.
SUÁREZ
Hágala, diputado.
GAVALDÓN
Es nada más en el sentido de que yo sí tiré de la cadena a su debido tiempo y que no ocurrió ninguna explosión.
SUÁREZ
Según el informe pericial, diputado, en el gabinete central que era el que usted ocupaba, no había instalada ninguna bomba. Sin embargo, le agradezco mucho su aclaración y me parece un dato interesante.
MALAGÓN
Pido la palabra.
SUÁREZ
Usted la tiene, diputado Malagón.
MALAGÓN
Al responsable del atentado lo conozco yo, señores.
SUÁREZ
¡Bravo! Es exactamente lo que necesitamos, diputado, así es que díganos.
MALAGÓN
Es un tinterillo que pasea todas las mañanas por las calles de Donceles con un portafolio bajo el brazo. Lo vi salir de los sanitarios cuando yo entraba. ¿Qué hacía en la Cámara, si no es diputado?
SUÁREZ
Muy bien, diputado. Denos más datos sobre esta persona.
MALAGÓN
Sé su nombre.
SUÁREZ
¡Magnífico, diputado! Díganoslo y en media hora lo tendremos preso.
MALAGÓN
No puedo decirlo.
SUÁREZ
¿Cómo que no puede decirlo?
BALGAÑÓN
¡Compañero, por favor...!
GAVALDÓN
¡Me extraña!
MALAGÓN
Resulta que este individuo es hermano de una señorita por la que siento un afecto muy especial y a la que me unen lazos muy tiernos. No quiero verla mezclada en este asunto.
GAVALDÓN
Comprenda, amigo mío, que el atentado no fue contra nosotros tres como individuos, sino contra el Congreso de la Unión, es decir, contra la Ciudadanía misma del país.
MALAGÓN
Como caballero que soy, señores, no puedo responder.
BALGAÑÓN
¡Compañero Malagón, en nombre del pueblo mexicano, lo conmino a que se exprese!
SUÁREZ
Hágalo, diputado, hágalo.
MALAGÓN
No puedo, señores, no puedo.
BALGAÑÓN
¡Por una señorita...!
GAVALDÓN
¡Por favor, compañero! Piense en sus obligaciones.
MALAGÓN
Antes están las personas a quienes yo estimo.
BALGAÑÓN
¿Antes que la Patria?
GAVALDÓN
No merece usted encontrarse entre nosotros.
BALGAÑÓN
Es usted un traidor.
MALAGÓN
No me interesa lo que piensen.
SUÁREZ
Le advierto, diputado, que si persiste en su actitud, lo hago cómplice del delito.
MALAGÓN
¿Cómo dice?
SUÁREZ
Que usted se hace responsable.
MALAGÓN
Pero yo nada tengo que ver...
SUÁREZ
Ya está advertido. Aténgase a las consecuencias. Para empezar, me veré en la necesidad de aprehenderlo.
MALAGÓN
¡Protesto!
GAVALDÓN
Y nosotros también.
BALGAÑÓN
El fuero del compañero...
SUÁREZ
¿Quieren ustedes llamar al Presidente de la República a ver qué opina del asunto? ¿o al general Borges?

Silencio.

SUÁREZ
Así, diputado, que díganos el nombre.
MALAGÓN
  Juan Valdivia Ramírez. 
  SUÁREZ, al Ayudante:
Orden de aprehensión para Juan Valdivia Ramírez. Que vive en... (Mira a Malagón.)
MALAGÓN
  Chopo número 26. SUÁREZ, al Ayudante:
Comuníquele la noticia al señor Presidente, y pídale instrucciones.

El ayudante sale.
SUÁREZ
Señores, quiero felicitarlos por la exactitud de los datos que nos han proporcionado y por la valiosa ayuda prestada por ustedes en el esclarecimiento de este misterio.
GABALDÓN, a Malagón, abriendo los brazos: Un abrazo, compañero.
Los diputados se abrazan unos a otros, mientras se produce el

OSCURO

3
En la casa de Borges.
   Borges está ante un espejo con unos papeles en la mano, como quien prepara un discurso.

BORGES
La Historia vuelve los ojos horrorizada, como púdica matrona, para no contemplar el espectáculo de una jauría indomable que festina los restos de nuestra Nacionalidad... No. (Se mira en el espejo un momento. Con voz más dramática)…que festina los restos de nuestra Nacionalidad. Sí. (Se aclara la garganta. Consulta los papeles.) Me refiero, señores, al clero católico. No, no, no. Me refiero, señores al clero cató... No, no, no. Me refiero, señores al clero. .. Bueno. Me refiero señores, al clero católico. .. (Líricamente). Hidra de mil cabezas. Eso es. Hidra de mil cabezas que...
  Entra Vidal Sánchez. Borges se interrumpe y tarda un momento en reponerse de la incomodidad que le produce la entrada súbita.
  VIDAL SÁNCHEZ
¿Preparando otro discurso, Nacho?
BORGES
Éste es excelente. Me lo vendió un muchacho muy bien preparado de la Facultad de Leyes. Tiene todo lo que necesita un discurso: resonancia, profundidad, y es tan arrebatado que nadie puede ponerlo en tela de juicio.
VIDAL SÁNCHEZ
Nacho, ¿conoces a un tal Juan Valdivia?
BORGES
Para nada.
VIDAL SÁNCHEZ
Se le acusa de colocar la bomba que explotó en la Cámara de Diputados.
BORGES
¿No fuiste tú quien mandó ponerla?
VIDAL SÁNCHEZ
No, fuiste tú.
BORGES
No fui yo.
VIDAL SÁNCHEZ
Yo tampoco.
BORGES
¡Ah, no, mentiras no!
VIDAL SÁNCHEZ
Nacho, te juro que no fui yo.
BORGES
Y yo te juro que yo no fui.
VIDAL SÁNCHEZ
Yo quería avisarte, para que le dijeras al muchacho que se escondiera.
BORGES
Y yo creyendo que tú... (Ríe a carcajadas.)
VIDAL SÁNCHEZ
Y yo, que tú... (Ríe a carcajadas.) (Dejando de reír bruscamente.) Entonces hay que agarrar a este Juan Valdivia.
BORGES
Pero pronto.
   Vidal Sánchez toma un teléfono; marca un número.

VIDAL SÁNCHEZ
Habla el Presidente de la República. Comuníqueme con el general Suárez. (A Borges.) Hemos perdido una hora. (Por teléfono.) ¿Suárez? No hay obstáculo. Consígneme al tal Valdivia. Tiene usted manos libres. Aprese a quien considere sospechoso, dele el tratamiento que le parezca conveniente, apunte la información y comuníquemela a mi casa, que allí estaré. (A una seña de Borges.) Ah, comuníquesela también al general Borges. (Pausa.) Hasta luego. (Cuelga.)
BORGES
Esto es un ataque a las Instituciones.
VIDAL SÁNCHEZ
Y a la vida política del país.
BORGES
Si los representantes del pueblo no están seguros en su propio recinto, ¿dónde van a estarlo?
VIDAL SÁNCHEZ
Hechos de esta naturaleza son los que llevan a la parálisis de toda actividad cívica, que es la muerte de la democracia. ¿No te parece, Nacho?
BORGES
¡Claro, Vidal!
VIDAL SÁNCHEZ
Y si la democracia muere, puede decirse que la Revolución ha fracasado. ¿No te parece, Nacho?
BORGES, decrescendo: ¡Claro, Vidal!
VIDAL SÁNCHEZ
Y nuestro trabajo de veinte años se va al diablo, y al diablo también se van todas nuestras esperanzas, nuestras ambiciones, nuestras ilusiones. .. ¿no te parece, Nacho?
BORGES
Claro, Vidal.
   Ambos meditan retorciéndose los bigotes. BORGES
Valdivia... ¿quién puede ser?... ¿Juan Valdivia, dices que se llama?

OSCURO

4
En el escondite de Juan Valdivia.
   Juan Valdivia duerme sobre un camastro. Entra Pepe con periódicos y portavianda. Llama a la puerta con tres golpes pausados. Juan Valdivia se levanta sobresaltado. Se repone. Saca una pistola de bajo la almohada, y empuñándola, se acerca a la puerta.
VALDIVIA, con voz temblorosa: ¿Quién es?
PEPE
Pepe. Traigo la comida.
   Juan Valdivia, con una mano en el pecho, abre y Pepe entra.
VALDIVIA
Ten más cuidado. Estaba yo durmiendo sin pesadillas por primera vez desde hace días, y me despiertas. Me ha dado taquicardia.
PEPE
Habíamos convenido en que tres golpes eran la señal.
VALDIVIA
¡Pero yo estaba dormido! ¿Cómo voy a saber que son tres golpes si estoy dormido? Y aunque lo hubiera sabido, si estaba dormido ¿cómo iba a acordarme de que tres golpes eran la señal? Nadie tiene consideración de mí. Todos me han abandonado.
PEPE
Al contrario, Juan. Aquí está la comida que hicieron las monjas pensando en ti, dos libros que te manda el padre Ramírez, dos cartas de tu familia, y los periódicos que hablan de ti.
   Valdivia toma la portavianda y se sienta en la cama.

VALDIVIA
Léeme lo que dicen los periódicos.
   Pepe lee, mientras Valdivia revisa la porta-vianda.

PEPE
"Atentado dinamitero en la Cámara de Diputados. Los legisladores en peligro de muerte."
VALDIVIA
Muy bien empieza el artículo. Suena muy impresionante. Eso es lo que yo hubiera querido, Pepe, matarlos a todos, para que sepan de una vez por todas que los católicos no estamos cruzados de brazos, que no todos somos beatas, que no van a jugar con nosotros, que vamos a luchar por nuestra libertad, que podemos exigirla... desgraciadamente, Pepe, sabíamos la fórmula del explosivo, pero no las cantidades; la bomba resultó demasiado pequeña, lo sé.
PEPE
"Una bomba destrozó los excusados."
VALDIVIA
¡Qué vergüenza, Dios mío! ¡No me hubiera importado morir con tal de ver la cámara hecha escombros! Pero esta mala suerte que me persigue, Pepe, que convierte mis actos más sublimes en algo prosaico... y hasta sucio. Pepe, ¿qué dice Sarita mi novia de esto?
PEPE
Te admira.
VALDIVIA
¡Pobrecita, qué poco sabe de lo que es el heroísmo! (Mirando la portavianda.) ¿Qué, estas monjas no saben hacer otra cosa que sopa de fideo?
PEPE, con gran solemnidad:
Juan, es necesario que comprendas tu destino glorioso.
VALDIVIA
¿Tú crees, Pepe, que mi destino es glorioso?
PEPE
Estás llamado a ser un mártir.
VALDIVIA
¿Quieres decir con eso que van a fusilarme?
PEPE
Toda la policía está tras de ti.
VALDIVIA
Pero no hay derecho. ¡Hombre, por un desperfecto!
PEPE
Aquí dice: (Leyendo.) "Toda la policía tras del culpable. Se espera su captura antes de veinticuatro horas."
VALDIVIA
Dios mío, ¿qué hacer? ¡ay qué destino tan cruel! Pero, ¿y Sarita? ¿qué será de ella sin mí? íbamos a casarnos.
PEPE
Es la voluntad de Dios.
VALDIVIA
¿Que me fusilen por haber roto un excusado? No es justo, Pepe, yo tenía un futuro brillante. Dios debe tener en cuenta eso. Además, mis ideas eran elevadas. Yo no pongo una bomba así nomás, por el gusto de ponerla. La pongo por un ideal.
PEPE
Eso es lo peor, a los ojos de la policía.
VALDIVIA
¡Ay, cuánta razón tienes, Pepe, estoy perdido! (Se desespera, luego, reflexiona.)  Pepe... Si me encuentran con una pistola será peor que si me encuentran desarmado, ¿verdad?
PEPE
Yo creo que sí.
VALDIVIA
Toma. (Le entrega la pistola.) Yo esperaré aquí mi suerte, desarmado. (Se pone a comer sopa de fideo.)

Pepe examina la pistola.

PEPE
¿Cómo se usa esto? VALDIVIA, sin dejar de comer. Señalando bajo la almohada: Allí está el parque.
   Pepe saca una pequeña caja y la guarda en el bobillo.

VALDIVIA
No está mal esta sopa, después de todo.
OSCURO
Juan Valdivia duerme. Pepe se ha ido.
OSCURO
Juan Valdivia duerme. Alrededor se han congregado Nazario, Rosario y Macario, que son de la Policía Secreta y lo miran en silencio. Valdivia despierta y al verlos, se mueve apenas perceptiblemente, luego se queda inmóvil. Silencio.

OSCURO

Proyección: Instrumentos de tortura.
   Al mismo tiempo se escuchan sonidos propios del tormento.

En la inspección de Policía:
   Alrededor de una mesa están el general Suárez, su Ayudante con una máquina de escribir, los tres de la Secreta y en una silla, como un fardo, Valdivia.

SUÁREZ
A ver, muchachito, díganos, ¿quién lo mandó? Pausa. Macario levanta la cara de Valdivia.
MACARIO
Está desmayado, mi general. 
SUÁREZ Amoniaco.

En un oratorio:
   En otra zona del escenario un grupo de católicos reza una letanía, contestando: "ruega por él".
OSCURO

En la inspección de Policía: Los mismos.
SUÁREZ, fingiendo enojo, golpea la mesa: Usted confesó que la Mitra lo mandó.
VALDIVIA
  No, señor, fui yo quien fabricó las bombas. 
  SUÁREZ
¿Y el Obispo?
VALDIVIA
  ¿Cuál Obispo? 
  SUÁREZ
Comprenda que si no confiesa todo lo que sabe, su familia va a pagarlo muy caro.
VALDIVIA
Es todo lo que sé. Yo hice las bombas y yo las coloqué. 
SUÁREZ, a su Ayudante:
Lea usted la declaración de este hombre.
AYUDANTE
"El señor Obispo personalmente me entregó dinero para que comprara yo los ingredientes. Me ordenó que fabricara unas bombas para hacerlas explotar en la Cámara de diputados en sesión plenaria. Cuando las bombas estuvieron construidas un sacerdote las bendijo."
VALDIVIA
Es mentira todo eso. No pude haberlo confesado yo.
SUÁREZ
¿Se niega usted a firmar?
VALDIVIA
Me niego.
SUÁREZ
Muy bien. (Al Ayudante:) Llame usted por teléfono al señor Presidente y dígale que el prisionero se niega a firmar su declaración, que si lo pasamos por las armas.
   Todos miran a Valdivia esperando que se conmueva. No se conmueve.
SUÁREZ, al Ayudante:
   Llame usted por teléfono. 
AYUDANTE, poniéndose de pie:
   Muy bien, mi general. (Sale.) 
SUÁREZ, a Valdivia:
Sea sensato. Firme y se acaban los problemas.

Valdivia mueve la cabeza negativamente.

OSCURO

JUAN VALDIVIA ES CONDENADO AL DESTIERRO
  
  
   Proyección: Un hombre viaja en la cubierta de un barco.

Música: Sobre las olas.

OSCURO

En el recibidor del convento.
  
  Pepe está hincado y el Padre Ramírez sentado en una silla, como en confesión.
RAMÍREZ
Ten en cuenta hijo, que las mujeres no son iguales a los hombres.
PEPE
Sí, padre.
RAMÍREZ
No están sujetas a esos movimientos que llamaba el Santo "concupiscencia de la carne", que consiste en el oscurecimiento de las facultades del alma, y en el despertar de ciertos apetitos, que de ser consentidos llevan al hombre a lo más bajo y lo más ruin. ¿No te sucede a veces que una mujer te parece perita en dulce?
PEPE
Sí, padre.
RAMÍREZ
¿Como si te dijera: "cómeme, cómeme"?
PEPE
Sí, padre.
RAMÍREZ
Pues bien, ella es tan inocente como la perita en dulce. Ciertos vestidos atrevidos, ciertas miradas picaras, ciertos movimientos irritantes, no vienen de una intención de provocar, sino de la inocencia que les es innata, y de la ignorancia que tienen respecto a la pasión animal que ese vestido, esa mirada o ese movimiento pueden desencadenar.
PEPE
Pero, Padre, mi mujer...
RAMÍREZ
Ya sé, ya sé; se ha sometido gustosa al "vínculo".
PEPE
Sí, padre.
RAMÍREZ
Es señal de que el cariño que te tiene la hace aparentar una alegría que no siente al ver que tú disfrutas con esa actividad.
PEPE
Yo no disfruto.
RAMÍREZ
Entonces, lo que sucede es que como todas las personas de su sexo, siente una profunda curiosidad hacia el misterio indescifrable que es la reproducción.
PEPE
¿Y por qué me exige más de lo que yo puedo darle?
RAMÍREZ
¿No habrás interpretado mal sus palabras? ¿No te habrá pedido cariño, o atención, en vez de lo que te imaginas?
PEPE
Me lo ha pedido muy concretamente y no sólo de palabra.
RAMÍREZ
No puede ser. Te has equivocado. Lee los tratadistas. Todos están de acuerdo en afirmar que para la mujer el acto sexual es siempre una molestia. Es insensato pensar que alguien insista en que se le moleste, luego, o no te exige, o te exige otra cosa. Dale más atención, y sé más cuerdo. Y por favor no me hagas esta clase de consultas, que los tiempos no están para eso. Ten en cuenta que vivo en un escondite, en peligro inminente de ser apresado, y tengo que atender las necesidades espirituales de cerca de diez mil católicos. ¿A dónde iríamos a parar si todos vinieran con problemas como el tuyo? Me parece que te falta actividad, muchacho. Haz un examen de conciencia; medita: ¿qué es lo que hago por mi Dios, por mi Patria, por mi Religión? Muy poco. Recuerda que nunca ha estado la Iglesia tan necesitada de Trabajadores como en estos tiempos de persecución. Sé un Soldado de Cristo. Un verdadero soldado. Dispuesto a dar su vida por su Santa Religión. Verás entonces que estos pequeños problemas domésticos pasan a segundo término como se merecen. Serás más feliz, estarás más satisfecho, y ganarás el cielo. (Consulta su reloj. Pone una mano sobre la frente de Pepe y luego lo santigua.) "Ego te absolvo a peccatis tuis. In Nomine Patris, Filius, et Spirito Sancto." Es hora de irme. (Se pone de pie y guarda la estola. Pepe se levanta.) Cuídate y trabaja más. (Le da a besar la mano y sale.)
Pepe se sienta a meditar en la silla que ha dejado el Padre Ramírez. Entra la Abadesa, leyendo un periódico.

ABADESA
¡Pepe, felicítame!
PEPE
¿Por qué, Madre?
ABADESA
¡He mandado cuatro almas al cielo! (Le muestra el periódico.) Mira, ayer fusilaron en el Ajusco a estos cuatro muchachos.

Pepe mira el periódico. Ella sigue, feliz.
ABADESA
Yo los convencí de que se unieran a los cristeros. Estaban en la flor de la edad; dejaron novias, familias que los adoraban, estudios brillantes, y fueron a morir por Dios Nuestro Señor. ¡Imagínate la Gloria que les espera! PEPE, reflexionando: Son mártires.
ABADESA
¡Qué orgullo para nuestra Nación! ¡Otros cuatro santos mexicanos!
PEPE
Madre, yo quisiera hacer algo.
ABADESA
Yo también, pero ¿qué puede hacer una pobre mujer como yo? Casi nada, Pepe.
PEPE
Usted nos orienta con sus conversaciones, Madre; ha mantenido el culto abierto en esta casa; cada semana visita a los presos católicos en la penitenciaría, ¿y le parece poco?   -
ABADESA
Es mucho para mi insignificante personilla, pero nada comparado con lo que queda por hacer.
PEPE, leyendo al azar en el periódico:
"Un rayo causó la muerte del aviador Jesús Carranza."
ABADESA
Es la voluntad de Dios.
PEPE
¿No hubiera sido mejor que ese rayo cayera sobre Borges?
ABADESA
Hubiera terminado el conflicto religioso.
PEPE
¿Usted cree?
ABADESA
Estoy segura.
PEPE
¿Por qué, entonces, no lo dispuso Dios así?
ABADESA
Querrá que seamos nosotros los que terminemos con el conflicto.
Se miran fijamente entre sí.
OSCURO
6
En el patio de la casa de Pepe
Entra Pepe en mangas de camisa llevando un cartón en donde ha dibujado un blanco y la pistola. Coloca el cartón en un extremo del escenario, va al otro, apunta y dispara. (La detonación no debe ser muy fuerte, porque habrá doce durante el transcurso de la pieza.) Se acerca al blanco, lo revisa sin encontrar huella del proyectil, y luego revisa el muro. Entra Cautela y lo observa. Pepe se vuelve decepcionado y se encuentra frente a ella.

CAUTELA
¿Y ahora?
PEPE
Ahora tiro, mi vida. (Apunta.) Hay que estar preparado.

Cautela prorrumpe en sollozos.
PEPE, yendo hasta ella:
¿Qué tienes, chatita? ¿por qué lloras, corazón?
CAUTELA
Te vas a la guerra.
PEPE
¿Cuál guerra? Si no hay guerra. No seas tonta.
CAUTELA
  Y me dejas. PEPE, exasperado:
¿No estoy aquí, con un demonio? (Apunta y hace fuego. Revisa el blanco y el muro, sin encontrar el proyectil. Se vuelve furioso a su mujer que lo observa entre lágrimas.) Me has hecho errar el tiro con tus lloriqueos.
CAUTELA
No te parece nada de lo que hago.
PEPE
¿Cómo va a parecerme si no haces más que tonterías?
CAUTELA
Has cambiado mucho conmigo.
PEPE
Tú también.
CAUTELA
Ya no me quieres.
PEPE
Tampoco tú a mí. (Apunta. Cambia de opinión y va hasta ella.) No, chatita, sí te quiero. Tanto como antes. Más que antes. Sólo que estoy nervioso. (La abraza.) Estoy cansado. Trabajo mucho y gano poco. Son tiempos difíciles y todo el mundo está de mal humor. (La besa.) Pero sí te quiero. (Ella responde, pero él se desprende y se separa de ella. Apunta y dispara. Revisa infructuosamente el blanco y el muro.)
CAUTELA
¿Te vas a la guerra?
PEPE
¿Cuál guerra, carajo? ¡Ay, perdóname, ya te falté al respeto! ¡Mi cielo, mi corazón, perdóname! (Se abrazan.) No voy a ninguna parte. Me prestaron la pistola y tiro al blanco para ver qué se siente, pero no iré a ninguna parte. Aquí estaré contigo.
CAUTELA
¿Me lo prometes?
PEPE
Te lo prometo.
   Se separa de ella, apunta y dispara. Cautela revisa ahora el blanco y el muro.
CAUTELA
Aquí está.
PEPE
¿Ves? ya voy aprendiendo.
   Cautela, contenta de haber encontrado el impacto, se coloca junto a él y lo mira amorosamente mientras él apunta y hace fuego por quinta vez.

OSCURO

7
En un parque.
   Borges y un Amigo se pasean abanicándose con sus carretes. Trinos de pájaros.

BORGES
No.
AMIGO
Hazlo por tus hijos.
BORGES
No.
AMIGO
Por el país, entonces.
BORGES
Menos.
AMIGO
Nacho, acabarán matándote.
BORGES
No es fácil. Hace trece años me tocó una bala de cañón: vi tanta sangre que creí que iba a morir; dije mi frase que tenía preparada para el caso: "muero bendiciendo la Revolución", a los ocho días estaba yo dirigiendo las operaciones otra vez; hace poco dejaron como una criba el tren en que yo viajaba, ¿qué me hicieron? Nada. Luego, me lanzan una bomba que hace explosión abajo de mi automóvil; se hacen pedazos los cristales y me cortan la cara. A los dos días estaba sano, y después de todo esto ¿crees que voy a tener miedo a los católicos? No, definitivamente con ellos no voy a parlamentar.
AMIGO
¿Por qué no?
BORGES
Porque son todo México. El día que busquemos parlamentar sabrán que son los más fuertes y nos ahorcan.
AMIGO
Pero entonces, ¿qué harás con ellos?
BORGES
No sé. Si fueran revolucionarios como nosotros sería muy fácil aniquilarlos: los obligaríamos a levantarse en armas; una vez levantados, compraríamos a tres o cuatro de los más importantes, mandaríamos en viaje de estudio a otros tres o cuatro, al resto los derrotaríamos fácilmente y los pasaríamos por las armas. Pero éstos son diferentes. No pasa nada, luego, de buenas a primeras una bomba; después... nada otra vez. Hace quince años, cuando tomé esta maldita ciudad, la gente se moría de hambre. Me fui sobre los acaparadores, sobre los ricos, sobre los bancos. Le pedí a la Mitra doscientos mil pesos. No me los dieron. A la cárcel con doscientos sacerdotes. ¿Qué crees que hicieron los que se morían de hambre? ¡Colectas para pagar el rescate de los curas! ¡Sufragio Efectivo! El día que lo tengamos, eligen Presidente de la República al señor Obispo. Nada de parlamento. A perseguirlos, aterrarlos, reventarlos para que estén en orden.
AMIGO
¿Y si te matan?
BORGES
¡Pues me mataron, y se acabó!

TELÓN
SEGUNDO ACTO

1
La alcoba de Pepe.
   Es de noche, hay sólo una luz pequeña. Cautela duerme. Pepe, cerca de la luz, prepara la pistola y la guarda en el cinto. Cautela despierta sobresaltada.

CAUTELA
¿Qué es? PEPE, oculta la pistola: Soy yo.
CAUTELA
Todavía no amanece.
PEPE
Voy de excursión.
CAUTELA
¿Por qué no me habías dicho?
PEPE
No estaba decidido.
CAUTELA
¿Por qué no me llevas?
PEPE
Porque no van mujeres.
CAUTELA
Antes siempre me llevabas.
PEPE
No tenías obligaciones. Ahora tienes que cuidar de los niños.
CAUTELA
Podríamos dejarlos con alguien.
PEPE
No van mujeres, ya te lo dije.
CAUTELA
Has cambiado mucho. (Pepe la besa.) Te haré algo para que desayunes.
PEPE
No. Pienso comulgar. Después desayunaré en algún café.
CAUTELA
Te prepararé algo, entonces, para que lleves.
PEPE
Tampoco.
CAUTELA
¿A dónde vas, Pepe?
PEPE
De excursión, ya te dije. (Cautela le toca el cinto y siente la pistola. Lo mira interrogante.) Pienso tirar al blanco.
Ella, apoyada en la almohada, lo mira preparar una cámara fotográfica y colgársela al cuello.

PEPE
Me voy.
   Ella extiende la mano en silencio, y cuando él se acerca para estrecharla, ella lo atrae hacia sí y lo besa apasionadamente, tomándole la cara con ambas manos. Luego lo deja ir.PEPE
Adiós.
   Ella levanta la mano para despedirlo. Pepe sale. Cautela apaga la luz.

OSCURO

En un parque.
   En otra zona del escenario está una banca de un parque. En ella están sentados Pepe y el Padre Ramírez.
RAMÍREZ
No quiero saber nada.
PEPE
Pero, padre, yo quisiera conocer su opinión.
RAMÍREZ
No puedo dártela, porque no estoy enterado de lo que piensas hacer. Haz de cuenta que lo que me has dicho no lo oí.
PEPE
Necesito un consejo.
RAMÍREZ
¿No me entiendes? ¿no ves que como sacerdote tengo la obligación de prohibirte eso?
PEPE
¿Es pecado, entonces?
RAMÍREZ
No me lo preguntes.
PEPE
Necesito saber. Dígame.
RAMÍREZ
No quiero contestar.
PEPE
Entonces va sobre su conciencia. Usted me dijo que en caso de duda había que resolver en mi favor.
RAMÍREZ
Mira, muchacho, es un acto necesario, pero peligroso. Según el derecho canónico es un asesinato como cualquier otro.
PEPE
Pero necesario.
RAMÍREZ
Necesario.  ,
PEPE
Es decir, que alguien tiene que ejecutarlo. RAMÍREZ, después de dudar: Alguien tiene que ejecutarlo.
PEPE
¿Bajo su responsabilidad?
RAMÍREZ
Bajo su responsabilidad.
PEPE
Yo la cargo. Yo siento el deber de ejecutar ese acto.
RAMÍREZ
Pepe, como amigo, no como sacerdote, te felicito, te admiro, estoy hasta dispuesto a ayudarte. (Se estrechan la mano.) Ten en cuenta, Pepe, que no saldrás con vida de ésta.
PEPE
Lo sé, padre.
RAMÍREZ
No me digas padre, dime Ramírez.
PEPE
Ramírez.
RAMÍREZ
Inclusive, que probablemente no cuentes con auxilios espirituales. Quiero decir, que las cosas serán tan rápidas, que no podrás ni siquiera confesarte.
PEPE
Ésta es una confesión, padre. ¿Me da usted la absolución?
RAMÍREZ
No puedo dártela.
PEPE
¿Quiere decir eso que me condenaré?
RAMÍREZ
Quiere decir que no me comprometo. Que Dios sabrá.
PEPE
Eso me basta.
OSCURO

2


PARA CELEBRAR EL RESULTADO
 DE LAS ELECCIONES SE HACEN 
BANQUETES EN HONOR DE BORGES
  
  
   Una batería de fotógrafos, formada por Baz, Paz, Raz y Pepe, usando toda clase de cámaras, toma algo que sucede fuera de escena.

VOZ DEL ORADOR, afuera:
Valeroso soldado, general invencible, estadista notable, gobernante probo y honesto, Ignacio Borges, has regresado. El pueblo de México, que te conoce y te quiere, te recibe con los brazos abiertos.
Aclamación delirante fuera de escena. Se oscurece esa zona. Se enciende otra en la que se descubre a Vidal Sánchez contemplando tristemente la silla presidencial.

VIDAL SÁNCHEZ
Madre generosa, esposa preclara y fidelísima, amante inagotable, te me vas de la vida. ¡Qué seco y duro soy sin ti!
   Se oscurece esta zona y se ilumina la otra. Sigue la aclamación. Los fotógrafos toman otra fotografía.

VOZ DEL ORADOR
Contigo, México irá a la cabeza de las naciones por el sendero de la justicia social...
   La gritería ahoga la voz del orador, Baz, Paz y Raz, salen de escena. Pepe saca la pistola, ocultándola con la cámara, y la prepara.
   Entra Borges agradeciendo la aclamación, estrechamente rodeado por Nazario, Macario y Rosario (los tres de siempre), que son de la Policía Secreta con bigotazo y pistolones, Borges agradece a Pepe la ovación que no le tributa éste, cruza el escenario y sale con sus acompañantes. Pepe contempla tristemente su pistola y lo sigue cabizbajo. Baz, Paz y Raz cruzan el escenario corriendo tras del Presidente Electo.

OSCURO
3
Las tres de la tarde.
  Proyección: Un estadio lleno de gente aplaudiendo.
  
   Borges gesticula como quien dice un discurso. Los tres de la Secreta lo rodean. Pepe trata de acercarse, pero no puede hacerlo porque los policías se lo impiden.
OSCURO

Las ocho de la noche.
  
   Pepe está sentado a una mesa, lleno de cansancio, mientras su mujer le sirve una cena que él ignora. Ella lo mira en silencio.

OSCURO
   En otra mesa Borges y los diputados brindan. Música de la época.

Las cinco de la mañana.

Pepe arregla una maleta.
   Una mujer baila arriba de una mesa. Los diputados y Borges aplauden.
Las siete de la mañana.

Pepe, hincado en un reclinatorio, reza.
   Una mujer baila arriba de una mesa. Borges aplaude.
Las ocho de la mañana.
   Pepe lee un periódico en la banca de un parque. Alguien barre.
Un Mozo dice al público:

MOZO
El señor general está descansando.

Las once de la mañana.
Un bolero da grasa al calzado de Pepe. Un Mozo dice al público:

MOZO
El señor general está descansando.

La una de la tarde.
Pepe dibuja en un block. Un Mozo dice al público:

MOZO
El señor general está descansando.
   Borges, en camisón, se estira, como saludando al nuevo día.

Las dos de la tarde.
  
   Pepe se levanta mirando fuera de escena, se pone el block bajo el brazo.
   Entran los tres de la Secreta, mirando a todos lados en busca de sospechosos.
Entra Borges y sale seguido de sus ayudantes.

Proyección: Un Cadillac de la época.
  Pepe, solo en escena, hace señas desesperadas para detener un automóvil de alquiler.

Proyección: Un Ford de la época.

EN AUTOMÓVIL A TRAVÉS DE LA CIUDAD DE MÉXICO
  
  
   Proyección: Dos automóviles. Un Cadillac y un Ford.

HASTA SAN ÁNGEL


Proyección: La Bombilla.
   Música ejecutada por la orquesta Típica de Lerdo de Tejada.

Proyección: La Orquesta Típica.
   En una gran mesa, Borges come solo. La orquesta toca. Pepe, a un lado, hace un dibujo de Borges. (Hay que dar la impresión de que el recinto está lleno de gente.) Pepe se acerca a Borges y le muestra el dibujo que de él ha hecho. Borges se vuelve cortésmente para ver lo que le muestran. Pepe saca la pistola y a quemarropa dispara siete tiros. Borges cae.
OSCURO
4
Silencio.
Proyección: Instrumentos de tortura. Oscuro. Ruidos correspondientes. En la inspección de policía.
   Suárez, frente al público, recargado en la mesa, con la guerrera desabrochada, fuma.
   Entran Macario, Nazario y Rosario arrastrando a Pepe y lo dejan sobre una silla; tiene el rostro desfigurado y está casi inconsciente. Entra el Ayudante con su máquina de escribir y se prepara a tomar la declaración.
   Suárez tira el cigarro, se abrocha la chaqueta con solemnidad; hace una seña a los de la Secreta para que se alejen del prisionero y camina pausadamente hasta llegar a él.

SUÁREZ
¿Sabes quién soy? (Pausa.) Soy el jefe de la Policía. (Pausa. A Nazario.) Dele un golpe.

Nazario le da un golpe. Pepe despierta.

SUÁREZ
¿Sabes quién soy? (Pepe lo mira haciendo un esfuerzo.) Soy Suárez, el jefe de la Policía. (Pepe mueve la cabeza afirmativamente.) ¿Sabes que vas a morir, muchacho? (Pepe asiente.) ¿Sabes que yo puedo salvarte? (Pepe alza los hombros con indiferencia.) ¿No quieres salvarte? Puedo dejarte en libertad. ¿No quieres estar libre otra vez? (Pepe mueve la cabeza negativamente.) ¡Llévenselo!
   Nazario, Macario y Rosario sacan a Pepe. El Ayudante toma su máquina de escribir y sale.
   Entra Vidal Sánchez, Suárez adopta una actitud contrita.
SUÁREZ
Mi general, mi más sentido pésame, por la muerte de un colaborador tan...
VIDAL SÁNCHEZ
Nada de pésames, Suárez, felicítame. (Ambos ríen, y se abrazan.) Nadie me había hecho un favor tan grande: veinte años bajo la sombra de Borges, y que venga un tarugo y me lo quite de encima.
SUÁREZ
General, cuánto me alegro. Ahora sí, la Revolución será la que debe ser...
VIDAL SÁNCHEZ
Mía. (Ambos ríen) ¿Qué ha dicho este hombre?
SUÁREZ
Nada, mi general.
VIDAL SÁNCHEZ
¿No ha tratado de colgarme el muerto?
SUÁREZ
No, mi general, ni a usted, ni a nadie.
VIDAL SÁNCHEZ
Mejor. Déjeme platicar con él un poco. A solas.
SUÁREZ
Muy bien, mi general. (Sale.)
   Entran Macario, Nazario y Rosario con Pepe. Lo dejan sobre una silla y salen. Vidal Sánchez se acerca a Pepe, que al verlo, se yergue.

VIDAL SÁNCHEZ
Sí, soy el señor Presidente. (Toma una silla y se sienta en ella junto a Pepe.) Vengo a pedirte un favor. (Pepe lo mira con extrañeza.) Me has puesto en un aprieto, muchacho. ¿Sabes por qué? Porque de todas 
  las personas que querían matar a Borges, yo era el que más motivos tenía para hacerlo. Claro que todos saben que tú lo mataste, pero todos creen que yo te pagué porque lo hicieras. ¿Me entiendes? Ahora soy el principal sospechoso. En la Cámara me gritaron "asesino". El favor que quiero que me hagas es que declares quiénes fueron tus cómplices, para que se sepa que no fui yo. ¿Quiénes fueron?
PEPE
Yo soy el único.
VIDAL SÁNCHEZ
Mira, aunque eso sea cierto, nadie va a creerlo. Di nombres, cualesquiera: recuerda que has hecho un acto heroico: has librado al país de un tirano. Un hombre que fue capaz de adulterar la Constitución para reelegirse. Un hombre que violó los comicios, ¡de antemano! eliminando a sus contrincantes políticos. Ese hombre traicionó la Revolución al violar sus dos postulados esenciales: Sufragio Efectivo y No Reelección. Los revolucionarios verdaderos te bendecirán por haberlo asesinado. Los católicos te bendecirán también, porque con tu acto de heroísmo has terminado el conflicto religioso, porque si yo perseguí a la Iglesia fue por órdenes de ese lobo humano llamado ¡Ignacio Borges! (Se levanta y da unos pasos para moderar su elocuencia. Pepe lo mira entendiendo muchas cosas por primera vez.) ¡Confiesa, muchacho! No niegues a los hombres que te han ayudado, la gloria de haber participado en ese tiranicidio heroico. No dejes que yo usurpe el aplauso que merecen otros. Di sus nombres, que ellos te lo agradecerán.
PEPE
Cuente conmigo, señor.
VIDAL SÁNCHEZ
Dame un abrazo. (Ambos hombres se abrazan.) Cuenta con mi ayuda y mi benignidad. Y una cosa sí te pido: que no quede lugar a dudas que entre tú y yo no ha habido ningún trato.
PEPE
Pierda usted cuidado, señor.
VIDAL SÁNCHEZ
¡Suárez! (Entra Suárez.) Que le tomen declaración a este hombre. (Entran los de la Secreta y salen con Pepe.) Estamos salvados. No hay peligro de que nos compliquen en este asunto. Le haremos un juicio con todas las de la ley, para apaciguar a los borgistas: jurado borgista, juez borgista, fiscal borgista. Que lo quieren fusilar, que lo fusilen. Para que no quepa duda que nosotros estamos fuera del lío. (Mutis falso.) Ah, se me olvidaba. Quiero pedirte un favor muy grande.
SUÁREZ
Lo que usted quiera, mi general.
VIDAL SÁNCHEZ
Parece que no les gustas a los borgistas, así que mándame tu renuncia. Provisional, claro está. Hasta luego, Suárez. (Sale.) Suárez queda un momento en escena perplejo, antes de que se produzca el

OSCURO

5

LOS FUNERALES DEL GENERAL BORGES


Música: Marcha fúnebre.
  Proyección: Personalidades haciendo guardia a los lados de un féretro.
Proyección: Cortejo fúnebre.

Proyección: Una multitud.
   Entran tres oradores. Gesticula el primero al compás de una trompeta.

Proyección: Otra multitud.
   Gesticula el segundo orador al compás de un clarinete.
Proyección: Otra multitud.
Gesticula el tercero al compás de un saxofón.
OSCURO

LOS FIELES DAN GRACIAS A DIOS

Música (Coros): Aleluya. (Hasta el oscuro.)

Proyección: Fieles rezando.
   Los tres de la Secreta golpean una puerta. Se escuchan gritos de angustia.
   Proyección: Prisioneros en la calle escoltados por dos hileras de soldados.
   Proyecciones: Fotos de prisioneros con su número sobre el pecho.
   Proyección: Fachada de la delegación de San Ángel.
Cuando aún se escuchan los cánticos cae el 

TELÓN

TERCER ACTO

1
Se descubre la sala del juzgado. Al fondo, presidiendo la sala, dos fotografías de tamaño natural: la de Borges contrito, con un moño negro y la de Vidal Sánchez sonriendo.
  
   Al fondo, mirando al público, hay tres escritorios: el del centro está ocupado por el Juez Oyau-guren; encima hay un letrero que dice: JUEZ; el de la izquierda dice: DEFENSA; el de la derecha: ACUSACIÓN. A la derecha, en primer término, están los dos acusados: Pepe y la Abadesa con dos de la Policía Montada. Al levantarse el telón uno de los actores comodines ocupa el lugar de la Defensa y otro el de la Acusación.
  
   El Acusador se pone de pie y ocupa el centro del escenario.

ACUSADOR, al Juez:
Honorable señor Juez (al público) señores del Jurado (al Defensor), estimable colega, etcétera. .. Nos hemos reunido aquí para tomar conocimiento de las declaraciones, discernir la culpabilidad y castigar debidamente uno de los más horrendos crímenes, etcétera... Tengo el gusto, señoras y señores, de acusar a este homúnculo (señala a Pepe) y a esta harpía (señala a la Abadesa), de homicidio perpetrado con toda premeditación, alevosía y ventaja en la persona del general Ignacio Borges, etcétera... y para comprobarlo pido que se me permita presentar testigos.
JUEZ
Primer testigo de la acusación.
   Entra el tercer actor comodín vestido de Mesero: ocupa el estrado a la izquierda.

ACUSADOR
    Dígame su nombre. 
MESERO, acento español: 
Quintín Rodríguez.
ACUSADOR
¿Su oficio?
MESERO
Mesero del restaurante La Bombilla.
ACUSADOR
¿Qué hacía usted el 17 de julio a las tres de la tarde?
MESERO
Ayudé a servir un banquete ofrecido al general Borges por la Diputación Guanajuatense.
DEFENSA
Moción de orden. Pido que se haga constar en el acta que el testigo es español.
JUEZ
Concedido.
ACUSADOR
¿Atendió usted al general Borges?
MESERO
Sí, señor.
ACUSADOR
¿Cuáles son las últimas palabras que le oyó pronunciar a dicho general?
MESERO
"Estoy muy lleno. No me traiga cabrito, sino unos frijoles."
ACUSADOR
¿Qué hizo usted al escuchar esas palabras?
MESERO
Fui por unos frijoles.
ACUSADOR
¿Qué sucedió después?
MESERO
Oí unos disparos. Volteé hacia el lugar de donde venía el ruido y vi que seis diputados estaban golpeando a este individuo. (Señala a Pepe.) 
ACUSADOR, al juez: Es todo.
   Va a su lugar. El Defensor se levanta y se acerca al testigo.
DEFENSOR
Dígame, joven, en aquel momento que nos acaba usted de describir, ¿notó usted el brillo de sinceridad que había en la mirada de este hombre? (Señala a Pepe.)
MESERO
No, señor.
DEFENSOR
Gracias, es todo lo que tenía que preguntar.
(Regresa a su lugar.)

Sale el Mesero.

JUEZ
Segundo testigo de la acusación.
   El Acusador se pone de pie y ocupa el centro del escenario. Entra el tercer actor comodín de segundo testigo (es un diputado) y ocupa el estrado.
ACUSADOR
Tenga la bondad de indicarnos su nombre.
SEGUNDO TESTIGO
Eulogio Ramírez y Ramírez.
ACUSADOR
¿Cuál es su profesión?
SEGUNDO TESTIGO
Diputado Federal.
ACUSADOR
¿Tendrá usted inconveniente, señor diputado Ramírez y Ramírez, de indicarnos qué era lo que estaba usted haciendo el 17 de julio a las 3 p. M.? 
SEGUNDO TESTIGO
Ninguno, compañero, estaba yo en un banquete ofrecido por la Diputación Guanajuatense al ciudadano general Borges.
ACUSADOR
¿Le sería muy molesto narrarnos los acontecimientos sobresalientes de esa tarde?
SEGUNDO TESTIGO
Estaba yo en conversación con el diputado Sánchez y Sánchez, cuando me preguntó él: "¿Quién es ese hombre que anda allí?" Y me señaló a este hombre. (Pepe.) Yo le contesté que no sabía pero que puesto que traía una libreta en la mano habría de ser un dibujante. En esas estábamos, cuando el acusado se acercó a mí y me preguntó qué me parecía el dibujo que había hecho del general Borges, y me lo enseñó. A mí no me gustó, pero...
DEFENSOR
Moción de orden. No estamos aquí para juzgar las aptitudes artísticas del acusado. Pido a su Señoría que prohíba al testigo opinar sobre la materia.
JUEZ
El testigo no opinará sobre la calidad del dibujo.
SEGUNDO TESTIGO
Yo no dije que fuera malo el dibujo, dije que no me gustaba y lo mismo pasó ese día; a mí no me gustó el dibujo, pero le dije al acusado que se lo enseñara al general Borges, a ver qué le parecía a él.
ACUSADOR
¿Será mucho pedirle, señor diputado Ramírez y Ramírez, que nos platique qué fue lo que sucedió entonces?
SEGUNDO TESTIGO
Que yo seguí conversando con el diputado Sánchez y Sánchez; entonces oímos la balacera y nos volteamos y alcancé a ver al general Borges que se había enderezado con la cara ensangrentada y me miraba fijamente, como queriendo decirme: "aquí te encargo". Luego se desplomó.
ACUSADOR
¿Qué sucedió después?
SEGUNDO TESTIGO
Saqué la pistola y me metí abajo de la mesa por si algo se ofrecía. Cuando salí ya se habían llevado a este hombre.
ACUSADOR
Muchas gracias, diputado, es todo por mi parte. (Regresa a su lugar.)

El Defensor ocupa el centro del escenario.
DEFENSOR
Dígame, señor diputado Ramírez y Ramírez, ¿notó usted un brillo de sinceridad en la mirada del acusado?
SEGUNDO TESTIGO
Al contrario. Me pareció que tenía una mirada traicionera. No me extrañó nada lo que sucedió.
DEFENSOR
Gracias, es todo lo que quería preguntarle. (Regresa a su lugar.)

Sale el segundo testigo.

JUEZ
Tercer testigo de la acusación.
   Se levanta el Acusador y ocupa el centro del escenario. Entra el tercer actor comodín de tercer testigo: es un policía tuerto de la Secreta: ocupa el estrado.

ACUSADOR
Díganos su nombre.
TERCER TESTIGO
Joaquín Gutiérrez.
ACUSADOR
¿Su oficio?
TERCER TESTIGO
Agente secreto.
ACUSADOR
Díganos qué hacía usted el día 17 de julio a las 3 de la tarde.
TERCER TESTIGO
Se me encargó la comisión de guardar la entrada que comunica la cantina de La Bombilla con el salón principal.
ACUSADOR
Díganos qué fue lo que vio allí.
TERCER TESTIGO
Entró este individuo (Pepe), llevando un cuaderno bajo el brazo, se acercó a la barra y pidió una cerveza fría. Se la tomó, fue al baño, en donde permaneció unos cinco minutos; luego se acercó a mí y me preguntó tartamudeando si estaría en el banquete el general Cedillo. Le contesté que no lo sabía. Me dijo entonces que necesitaba darle un recado urgente. Me encontré en un dilema: dejar mi puesto para buscar al general Cedillo; o dejar entrar a este hombre para que lo buscara él mismo; o bien, no dejarlo entrar y correr el riesgo de que se molestara el general Cedillo. Opté por lo segundo, y ahora me acusan de incumplimiento de mi deber. ACUSADOR
Díganos, amigo mío, qué fue lo que usted vio después.
DEFENSOR
Moción de orden. Pido que se asiente en el acta que el testigo está parcialmente privado de la vista.
JUEZ
Moción aceptada, que se asiente lo que se pide. Prosiga la acusación con el interrogatorio. ACUSADOR
No haga caso, prosiga.
TERCER TESTIGO
Pues vi que los meseros empezaron a llevar el coñac a la mesa. Después, entre dos diputados que no reconocí, sacaron en brazos al diputado Meléndez y lo llevaron al baño. Después vino la balacera, saqué la pistola y entré en el salón principal: la mayoría de los diputados estaban abajo de las mesas, otros atrincherados con las sillas, el general Borges estaba bocabajo en la mesa. Entre varios diputados habían agarrado al acusado y el diputado Magallón gritaba "no lo maten". Entonces, los otros le dieron golpes, y yo, como no había otra cosa qué hacer, también le di; luego lo sacamos y lo llevamos a la Inspección. 
ACUSADOR
Es todo lo que yo necesito preguntar (Va a su lugar.)
El Defensor ocupa el centro del escenario.
DEFENSOR
Usted estuvo muy cerca del acusado minutos antes de que se cometiera el crimen. ¿No es verdad?
TERCER TESTIGO
Sí, señor.
DEFENSOR
Díganos: ¿notó usted un brillo de sinceridad en su mirada?
TERCER TESTIGO
No sabría decirle, señor, porque como usted dijo, estoy parcialmente privado de la vista.
DEFENSOR
Es todo lo que quería preguntar. (Va a su lugar.)

Sale el tercer testigo.

JUEZ
Que pase el acusado. Pepe sube al estrado.
El acusador ocupa el centro del escenario.
ACUSADOR
¿Cuál es su nombre?
PEPE
José Pereira.
ACUSADOR
¿Su profesión?
PEPE
Empleado.
ACUSADOR
Díganos qué fue lo que hizo usted el 17 de julio a las tres de la tarde.
PEPE
Fui al restaurante La Bombilla y maté de siete balazos al general Ignacio Borges.
Se oyen aplausos y rechifla. El Juez golpea con el martillo.

Se restablece el orden.
ACUSADOR
Dígame: cuando entró usted en la cantina y pidió la cerveza, ¿tenía ya la intención de asesinar al general Borges?
PEPE
Sí, señor.
ACUSADOR
Cuando dijo usted al agente Gutiérrez que tenía un recado urgente para el general Cedillo, ¿dijo usted la verdad?
PEPE
No, señor. Era un ardid para poder entrar.
ACUSADOR
¿Estaba usted en sus cinco sentidos? ¿Era usted responsable de sus actos?
PEPE
Estaba un poco asustado, pero sí era responsable.
ACUSADOR
Cuando disparó usted sobre el general Borges, ¿hubiera él tenido oportunidad de defenderse?
PEPE
No, señor.
ACUSADOR
Acaba usted de confesar que actuó con premeditación, alevosía y ventaja.
PEPE
Me doy cuenta de eso, señor.
DEFENSOR
Moción de orden, mi defendido está obnubilado.
JUEZ
¿Está usted obnubilado?
PEPE
No lo creo, señor.
JUEZ
Siga el interrogatorio.
ACUSADOR
Dígame usted qué fines pretendía alcanzar cuando dio muerte de siete balazos al general Borges.

Pepe queda confundido. Hay una pausa.
PEPE
Yo quería... No sé, había tanta miseria... Tanta injusticia... Tanta persecución... La vida es tan difícil aquí en México... Yo quería hacer algo... Me decían trabaja, haz algo por Dios... Y yo no sabía qué hacer. Y entonces, vi un periódico... decía que un rayo mató al aviador Jesús Carranza... Se me ocurrió que quizá yo podría hacer algo...

Silencio.
ACUSADOR, con voz de trueno, al público:
Señores hemos oído tres testimonios de personas que vieron a este hombre asesinar al general Borges. Él mismo ha confesado su culpa, con todas las agravantes que previene la ley, y ahora no es capaz de darnos una explicación de cuál fue el motivo que lo impulsó a cometer ese asesinato. ¿Qué quiere decir esto? Que este hombre no es más que un instrumento. ¿De quién? De la Mitra. ¿Cómo llegó este hombre a ser un instrumento de la Mitra? Gracias a la influencia de esa mujer. (Señala enérgico a la Abadesa.)

OSCURO
  
   Se colocan el Defensor y el Acusador, frente a la Abadesa y Pepe.

ABADESA
Nada tuve que ver en el asunto. Casi no conozco al acusado.
DEFENSOR
¿Qué piensa usted de él?
ABADESA
Es un hombre insignificante.
ACUSADOR
¿Qué piensa usted de la Abadesa?
PEPE
Me ayudó mucho, es una mujer admirable.
ACUSADOR
¿Lo empujó al asesinato?
PEPE
No me empujó al asesinato.
ACUSADOR
¿De qué medios se valió usted para insinuar al acusado que cometiera el asesinato?
ABADESA
Ninguno que yo sepa.
ACUSADOR
¿Se da cuenta de que tiene un gran poder sobre él?
ABADESA
Tengo poder sobre mucha gente. No es culpa mía.
ACUSADOR
¿Cuánto hace que lo conoce?
ABADESA
Cerca de un año.
ACUSADOR
¿Tenían relaciones sexuales?
DEFENSOR
Moción de orden. Pido que no se hagan insinuaciones que deterioren el buen nombre de mi defendida.
JUEZ
La acusación tiene derecho de investigar.
ACUSADOR
¿Tenían relaciones sexuales?
ABADESA
Señor, soy Abadesa.
ACUSADOR
¿Es cierto que la Mitra le dio órdenes de asesinar al general Borges?
DEFENSOR
Moción de orden; la acusación está haciendo suposiciones gratuitas.
JUEZ
La acusación tiene derecho de hacerlas.
ACUSADOR
Conteste mi pregunta.
ABADESA
La Mitra no tiene que ver en el asunto, ni yo tampoco.
ACUSADOR
¿Es cierto que un sacerdote bendijo la pistola con la que se cometió el asesinato?
DEFENSOR
Pido que la acusación se abstenga de dar rienda suelta a su imaginación.
ACUSADOR
Y yo pido que la defensa se abstenga de interrumpir.
DEFENSOR
Es usted un arbitrario.
ACUSADOR
Y usted un tarugo.
Se abofetean el Acusador y el Defensor. Suenan los golpes del martillo. Silencio.

JUEZ
La acusación tiene la palabra.
ACUSADOR
¿Está la Abadesa complicada en el asesinato del general Borges, o no?
PEPE
No, señor.
ACUSADOR
¿Por qué entonces, mencionó usted su nombre durante el interrogatorio?
PEPE
Porque quería ofrecerle su coronita.
ACUSADOR
¿Cuál coronita?
PEPE
La del martirio.

OSCURO

Música.

LA RECAPITULACIÓN
  
  
  Luz. Los personajes ocupan los lugares que tenían al principio del cuadro. El Defensor ocupa el centro del escenario.
DEFENSOR
Desearía yo, señoras y señores, purificar mis labios en estos momentos con los carbones de Isaías, para que no saliera de ellos nada que no sea la verdad. Estamos ante un hecho que no es un crimen vulgar como pretendiera mi ilustre colega de la acusación. Estamos ante una de aquellas tragedias esquilianas que otrora se representaran a la sombra del Partenón, la conocida joya del orden jónico: "un hombre sigue a otro como la sombra de su muerte." El hubris y el hibris, la catarsis, el ritmo y la peripecia: todo está allí presente. Cuando lo alcanza, lo sacrifica: el general Borges muere con la sonrisa en los labios. No estamos ante un asesino, señores, sino ante un tiranicida. He dicho.
   Rechifla. El Defensor regresa a su lugar. El Acusador ocupa el centro del escenario.
ACUSADOR
Yo no puedo, señores jurados, esconder en estos momentos el tumulto que invade mi corazón y mis pensamientos. Mi voz se ahoga en mi pecho como se ahoga la del pueblo en el pecho de todos los buenos mexicanos. Yo no sé verdaderamente cómo la defensa se ha empeñado en presentar este crimen diferente de lo que es: un crimen vulgar, un crimen gracias al cual cayó un hombre... ¿qué digo? no un hombre, sino una montaña de generaciones; de generaciones humildes cuya causa es presidida por Cristo Redentor, no ese Cristo en cuyo nombre se ha perpetrado este crimen. (Aplausos estruendosos.) Yo respeto a la mujer, al sexo débil, a las damas: pero no a las hipócritas, y por eso mis palabras serán gráficas y exactas. La Abadesa aquí presente es un verdadero demonio, pero no aquel demonio de Sócrates, sino un lémur que busca el perjuicio y hace de él precepto. La Abadesa tenía trato con delincuentes, hacía conciliábulos con ellos, se entendían, se completaban, y la verdad, no creo en su santidad ni en sus virtudes. La Abadesa violaba las reglas monásticas en provecho de sus siniestros planes, y no podemos verla blanca como la Beatriz del Dante. Los asesinos del general Borges no son católicos, sino heréticos que pretenden ampararse cínicamente en la religión de Cristo. Nada puede atenuar la monstruosidad de este asesinato nefando. Pido que castiguéis a los culpables.

Aplausos, vivas.
   El tercer comodín como Miembro del Jurado ocupa el centro del escenario.

MIEMBRO DEL JURADO
El jurado decide que los acusados son culpables del homicidio de que se les acusa y merecen la pena de muerte.
   Aplausos estruendosos. Diana por la Sinfónica de México.

OSCURO

2
   Proyección: Pepe y la Abadesa, acompañados por varios policías y funcionarios, suben en una "julia". Las dianas y el tumulto regocijado siguen.
  Proyección: La "julia" viaja por las calles de México. Una multitud la aclama.
  Aclamación fuera de escena. Siguen las dianas. Entran la Abadesa y Pepe agradeciendo la ovación, escoltados por dos de la Policía Montada.
  Entra el primer actor comodín de Personaje Enlutado. Silencio.
PERSONAJE ENLUTADO, después de aclararse la garganta:
El Señor Presidente de la República, en consideración al sexo de la señorita abadesa, ha decidido conmutarle la pena de muerte por veinte años de destierro en las Islas Marías.
  Proyección: Una mujer de negro con "cloche" sobre la cubierta de un barco.

Música: Sobre las olas.
  
  Desaparece la proyección. La Abadesa ha salido.

PERSONAJE ENLUTADO
En cambio, el asesino Pereyra será fusilado al amanecer.

Dianas, regocijo, etcétera. Pepe da las gracias.
  Sale el Personaje Enlutado. Entra el segundo actor comodín de Obispo.
OBISPO
Según el derecho canónico, este hombre no es un mártir ni mucho menos, sino un asesino con atenuantes.

Dianas.
  
  Entra un Oficial. El Obispo se va a un lado del escenario. Los dos policías se separan de Pepe y se preparan a fusilarlo.

Pepe descubre su pecho.
  Los policías se echan los fusiles a la cara. El Oficial levanta la espada. Descarga. Pepe cae. Dianas. Los policías se retiran.

A PESAR DE LAS DECLARACIONES
DEL OBISPO, EL PUEBLO HACE RELIQUIAS
DE LAS ROPAS DE PEPE
  
  Entra el pueblo y hace reliquias de las ropas de Pepe. Sacan el cadáver.
  Proyección: Un cortejo fúnebre interminable, y glorioso.
Entra Vidal Sánchez por el lado opuesto al ocupado por el Obispo.

VIDAL SÁNCHEZ
El conflicto religioso debe terminar.
OBISPO
No hay conflicto religioso que no pueda solucionar la buena voluntad de las partes.

Se abrazan Vidal Sánchez y el Obispo.

AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS, DIJO CRISTO.

Dianas. Apoteosis.
TELÓN












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