ARIEL DORFMAN. La Muerte y la Doncella.








ARIEL
DORFMAN

La Muerte y la Doncella


ARIEL
DORFMAN

La Muerte y la Doncella



Personajes

Paulina Salas, una mujer de unos cuarenta años.
Gerardo Escobar, un abogado de unos cuarenta y tantos
años.

Roberto Miranda, un médico de unos cincuenta años.

El tiempo es el presente; y el lugar, un país que es

probablemente
Chile, aunque puede tratarse de cualquier país que
acaba de salir de una dictadura.

PRIMER ACTO

Escena 1

Ruido del mar.
Es de noche

El living-comedor de la casa de play a de los Escobar, con
una mesa puesta para una cena para dos. Hay por lo
menos tres sillas, una cassette-grabadora, una lámpara.
Afuera, una terraza frente al mar comunicada con
el living por medio de ventanales. Hay una puerta
desde la terraza que conduce a un dormitorio. En la
terraza se encuentra sentada Paulina Salas, como si
estuviera bebiéndose la luz de la luna. Se escucha el
ruido de un auto a lo lejos. Ella se levanta, va hasta el
living, mira por la ventana, retrocede, busca algo, y
cuando se ilumina la pieza con focos de luces del auto
que se avecina se ve que ella tiene en sus manos un
revólver. El auto frena con el motor todavía andando las

luces sobre ella. Sonido de una puerta de auto que
se abre y se cierra.

Voz de Gerardo (off): ¿Seguro que no quieres entrar?
Un traguito, siquiera... Entonces nos juntamos
antes de que yo me vaya... el lunes tengo que
estar de vuelta... ¿Te parece el domingo?... Mi
mujer hace un piscosour que es de miedo... Oye,
no sabes cuánto te lo agradezco... Así que hasta
el domingo. (Se ríe)

(Paulina esconde el revólver. Se esconde detrás de las
cortinas. El auto parte y queda el escenario iluminado
sólo por la luz de la luna. Entra Gerardo)

Gerardo: ¿Paulina? ¿M'hijita? Que está oscuro esto...
(Ve a Paulina escondida. Endeude una lámpara.)
¿Pero qué haces allí, Paulineta linda, mi gatita
amorosa? Perdona que haya tardado tanto en...
Yo...

Paulina (tratando de no parecer alterada): ¿Quién era?
Gerardo: Lo que pasa...
Paulina: ¿Quién te trajo?
Gerardo:... es que tuve un... no, no te preocupes, si
no fue un accidente, lo que pasa es que el auto...
—por suerte un tipo me paró —se me pinchó un
neumático. Oye, que está lúgubre esto. (Prende otra
lámpara. Ve la mesa puesta.) Pobrecita. Debe haberse
enfriado, ¿no?, la...
Paulina (muy calmada, hasta el final de la escena): Se
calienta. Siempre que tengamos algo que celebrar,
¿no? (Pausa). ¿Tienes algo que celebrar,
Gerardo?
Gerardo: Eso depende de ti. (Pausa larga. Saca un
clavo enorme de su bolsillo) ¿Sabes lo que es esto? El
clavo hijo de puta que me pinchó el neumático.
¿Y sabes lo que pasa cuando a uno se le pincha... ?
Se cambia el neumático. Se cambia, siempre que
haya uno de repuesto, ¿no? Siempre que la mujer
se haya acordado de parchar el de repuesto, ¿no?
Paulina: La mujer. Siempre la mujer. Parcharlo te
toca a ti.
Gerardo: Perdóname, mi amor, pero habíamos quedado
que...
Paulina: Te toca a ti. Yo me ocupo de la casa y tú
puedes ocuparte alguna vez del...
Gerardo: No quieres tener una empleada pero después...
Paulina: ...auto por lo menos.
Gerardo: ...después te quejas...
Paulina: Yo jamás me quejo.
Gerardo: Esta es una discusión absurda. ¿Por qué
estamos peleando? Ya me olvidé de qué...
Paulina: No estamos peleando, mi amor. Me acusaste
de no parchar tu neumático.
Gerardo: ¿Mi neumático?
Paulina:.. .y yo te dije con toda dulzura que...
Gerardo: Un momento. Aclaremos este asunto de
una vez. Que no parchaste el neumático, nuestro
neumático, pase; pero hay otro pequeño asunto
que aclarar. La gata.
Paulina: ¿Qué gata?
Gerardo: En efecto. ¿Qué gata? ¿Qué hiciste con mi
gata? Porque tampoco estaba...
Paulina: ¿Tu gata? Tu gata está acá, mi amor...
Gerardo: ¿Mi gata?
Paulina: Tu gatita.

( Gerardo se ríe, la toma en brazos, la besa)

Gerardo: Ahora dime: ¡la gata del auto! ¿Qué hiciste
con...?
Paulina: Se la presté a mi mamá.
Gerardo (soltándola): ¿A tu madre? ¿Se la prestaste a tu
madre?
Paulina: A mi mamá, sí.
Gerardo: ¿Y se puede saber por qué?
Paulina: Se puede. Porque le hacía falta.
Gerardo: Mientras que a mí, claro, a nosotros supongo
que no nos... No se puede... Mi amor, no
puedes hacer eso.
Paulina: Mamá se iba de viaje al Sur y verdaderamente
lo necesitaba, mientras que tú...
Gerardo: Mientras que yo me jodo.
Paulina: No.
Gerardo: Sí. Recibo un telegrama y me tengo que ir de
urgencia a la capital para ver al Presidente en lo que
es la reunión más importante de mi vida y...
Paulina: ¿Y...}
Gerardo: Y se me mete un clavo hijo de puta; por
suerte no fue a la ida que se me clavó el hijo de...,
y ahí me quedé sin repuesto y sin gata en la
carretera... Paulina, yo no sé si tu linda cabeza
puede darse cuenta de que...
Paulina: Mi linda cabeza sabía que ibas a encontrar
alguien que te ayudara. ¿Era buena moza, por lo
menos? ¿Sexy?
Gerardo: Ya te dije que era un hombre.
Paulina: No me dijiste nada por el estilo.
Gerardo: ¿Por qué siempre tienes que suponer que va
a haber una mujer que...?
Paulina: ¿Por qué será, no? (Breve pausa) ¿Simpático?
¿El tipo que te...?
Gerardo: Simpatiquísimo. Por suerte me...
Paulina: ¿Ves? No sé cómo te las arreglas, pero
siempre te las arreglas para que todo te salga
bien... Mientras que mamá, seguro que si tiene
un panne...
Gerardo: No sabes cuánta alegría me da pensar en
tu madre explorando el Sur libre de preocupaciones,
mientras yo me tuve que chupar
horas...
Paulina: Exageraciones sí que no...
Gerardo: Cuarenticinco minutos. Por reloj. Pasaban
los autos como si no me vieran. Cuando la gente
parte a la playa por el fin de semana es como si
perdiera todo sentido cívico de... Empecé a mover
los brazos como molino de viento a ver si con
eso... igual no me paró ni un alma. Se nos ha
olvidado lo que es la solidaridad en este país, eso
es lo que pasa. Por suerte, este señor —Roberto
Miranda, se llama— lo invité a que se tomara
un...
Paulina: Te escuché.
Gerardo: El domingo, ¿te parece?
Paulina: Bueno.

(Pausa)

Gerardo: Como nos volvemos el lunes. Me vuelvo. Ysi
tú quieres acompañarme, acortar estas vacaciones...
Paulina: Asi que te nombraron, ¿eh?
(Breve pausa)
Gerardo: Sí.
Paulina: La culminación de tu carrera.
Gerardo: No la llamaría culminación. Después de
todo soy el más joven de los nombrados, ¿no?
Paulina: Cuando seas Ministro de Justicia, sería la
culminación, ¿eh?
Gerardo: Eso sí que no depende de mí.
Paulina: ¿Se lo dijiste a él?
Gerardo: ¿A quién?
Paulina: A tu... buen Samaritano.
Gerardo: ¿A...? Pero si ni lo conozco. Es la primera vez
en mi... Además, todavía no dicidí si voy a...
Paulina: Ya decidiste.
Gerardo: Dije que le contestaría mañana, que me
sentía extraordinariamente honrado pero que
necesitaba...
Paulina ¿Al Presidente?
Gerardo: Al Presidente. Que lo tenía que pensar.
Paulina: No veo qué tienes que pensar. Ya lo decidiste,
Gerardo, sabes que lo decidiste, es para esto
que llevas años trabajando, por qué te haces el
que...
Gerardo: Porque primero tengo que... tú tienes que
decirme que sí.
Paulina: Entonces: sí.
Gerardo: No es el sí que necesito.
Paulina: Es el único sí que tengo.
Gerardo: Yo te he escuchado otros. (Breve pausa) En
el caso de que acepte, tengo que saber que
cuento contigo, que no sientes que esto puede
crearte ningún tipo de... No sé, podría ser duro
para ti tener que... Una recaída tuya me dejaría...
Paulina: Vulnerable. Paralizado. Tendrías que cuidarme
de nuevo, ¿no?
Guardo; No seas injusta. (Pausa breve) ¿Me criticas que
te cuidé, que te voy a seguir cuidando...?
Paulina: Y le dijiste eso al Presidente, que tu mujer
podría tener problemas con...
(Pausa)
Gerardo: El no sabe. Nadie sabe. Ni tu madre sabe.
Paulina: Hay gente que sabe.
Gerardo: No me refiero a ese tipo de gente. Nadie en
el nuevo gobierno sabe. Me refiero a que no es
público, como nunca hiciste... nunca hicimos
una denuncia...
Paulina: Sólo casos de muerte, ¿no?
Gerardo: No entiendo, Paulina.
Paulina: La Comisión. Sólo se ocupa de casos de
muerte.
Gerardo: La Comisión investiga casos de muerte o
con presunción de muerte.
Paulina: Sólo casos graves.
Gerardo: Se supone que esclareciendo lo más terrible,
se echa luz sobre...
Paulina: Sólo casos graves.
Gerardo: Digamos los casos... digamos, irreparables.
Paulina (lentamente): Irreparables.
Gerardo: A mí no me gusta hablar de esto, Paulina.
Paulina: A mí tampoco.
Gerardo: Pero tendremos que hablar, ¿no? Voy a
pasarme meses recogiendo testimonios que... Y
cada vez que vuelva a casa..., yo te voy a... supongo
que tú querrás que yo te cuente... Ysi tú no lo
puedes tolerar, si tú... Si tú... (La toma en brazos).
Si supieras lo que te quiero. Si supieras cómo
todavía me duele.
(Breve pausa)
Paulina (sin soltarse, ferozmente): Sí. Sí. Sí. ¿Ese es el sí
que quieres?
Gerardo: Es el sí que quiero.
Paulina: Necesitamos que se establezca toda la verdad.
Prométeme que...
Gerardo: Toda. Toda la que se pueda... comprobar.
(Pausa) Estamos...
Paulina: Atados.
Gerardo: Limitados, digamos. Pero dentro de esos
límites es bastante lo que se puede... Publicaremos
los resultados. Un libro oficial en el que
quede para siempre establecido lo que pasó, para
que nadie pueda negarlo, para que nunca más
nuestro país conozca excesos como...
Paulina: ¿Y después? (Gerardo no responde) Escuchan
a las parientes de las víctimas, denuncias los
crímenes, ¿qué pasa con los criminales?
Gerardo: Traspasamos lo averiguado a los tribunales
de justicia para que ellos dispongan si corresponde
o no...
Paulina: ¿Los tribunales? ¿De justicia? ¿Los mismos
tribunales que jamás intervinieron para salvar
una vida en diecisiete años de dictadura? ¿Vas a
entregarle tu informe al juez Peralta? ¿El que le
dijo a esa pobre mujer que dejara de molestarlo,
que su marido no estaba desaparecido sino que
se había ido con alguien más joven y atractiva?
¿Tribunales de justicia? ¿De justicia?
(Paulina empieza a reírse suavemente pero con una
cierta histeria subterránea.)
Gerardo: Paulina. Paulina, basta. Paulina. (El la toma
en sus brazos. Ella se va calmando) Tontita. Tontita
linda, mi gata. (Breve pausa) ¿Y qué hubiera pasado
si la panne la tienes tú? Tú ahí en el camino
con los autos pasando, las luces pasando como un
grito, sin que nadie te... Has pensado qué te
podría haber...
Paulina; Alguien me hubiera parado. Probablemente
el mismo. ¿Miranda?
Gerardo: Más que probable. En eso se pasa... rescatando
huérfanos y amparando doncellas.
Paulina: ¿Como tú?
Gerardo: Almas gemelas.
Paulina: Debe ser simpático entonces.
Gerardo: Muy buena gente. Si no es por él... Lo invité
para el domingo. ¿Te parece?
Paulina: Bueno. Tuve miedo. Escuché un auto y no
era el tuyo.
Gerardo: Pero no había peligro.
Paulina: No. (Pausa breve). Gerardo. Ya le dijiste que
sí al Presidente, ¿no es cierto? La verdad, Gerardo.
¿O vas a comenzar tu labor en la Comisión con
una mentira?
Gerardo: No quería hacerte daño.
Paulina: Le dijiste que aceptabas, al Presidente. ¿No?
¿Antes de consultarme? (Pausa breve)
Gerardo: Sí. Ya le dije que sí. Antes de consultarte.
(Bajan las luces)


Escena 2

Una hora más tarde. Nadie en escena. Sigue, más débil,
la luz de la luna. Se escucha el ruido de un auto que se
aproxima. Luego los focos iluminan el living, se apagan,
se abre y cierra una puerta de automóvil. Suenan
golpes en la puerta, primero tímidos, después más
fuertes.

Una lámpara se enciende en off, desde el dormitorio de
los Escobar, y se apaga enseguida. Se escucha la voz de
Gerardo en off.

Gerardo: Tranquila, Pau, tranquila. Nadie va a venir
a... (Suenan los golpes, aun más fuertes) No tengo
por qué... Está bien, amor, está bien, me voy a
cuidar, ¿ya?

(Entra Gerardo, en piyama. Prende una lámpara)

Gerardo: Ya voy, Ya voy. (Va hasta la puerta y la abre.
Afuera está Roberto Miranda) Ah, eres tú.
Roberto: Me tienes que perdonar esta... Es que pensé
que todavía estarías en pie celebrando.
Guardo:   Adelante, por favor. (Roberto entra a la casa)
Lo que pasa es que uno todavía no se acostumbra.
Roberto: ¿Acostumbrarse?
Gerardo: A la democracia. Que llamen a tu puerta a
la medianoche y sea un amigo y no...
(Paulina sale a la terraza y se pone a escuchar. Los
hombres no pueden verla)
Roberto: Y no estos hijos de puta, ¿no?
Gerardo: Y mi mujer... está algo nerviosa y... Entenderás
entonces que... tendrás que perdonarla si
ella no viene a... Y si bajáramos la voz...
Roberto: Pero faltaba más, si yo...
Gerardo: Siéntate, por favor, toma asiento.
Roberto: Si vine sólo de paso, para... Pero sólo un
minutito, sabes. Pero te preguntarás a qué se
debe esta intempestiva... Cuando iba a casa, no
sé si te acuerdas que tenía la radio prendida, te
acuerdas que...
Gerardo: Pero te sirves un traguito, ¿no? No te puedo
ofrecer el famoso pisco sour que hace mi mujer...
Pero yo tengo un cognac que traje de un viaje y
que...
(Paulina se acerca, escondida, para escuchar mejor)
Roberto: No, muchas gracias, yo... Bueno, un pocón,
eso sí. Así que tenía la radio prendida y... me
quedé de una pieza, de repente tu nombre en el
noticiario, la nómina de miembros de la Comisión
Investigadora Presidencial, y dicen don
Gerardo Escobar, y me dije ese nombre me sue-
na, pero dónde, quién, me quedó dando vueltas,
y al llegar a casa me di cuentarde quién se trataba
y junto con eso me acordé de que yo me había
quedado con tu neumático de repuesto en el
portamaletas de mi auto y que mañana ibas a
tener que parcharlo y... Bueno, la verdad, la
verdad, es que... ¿quieres saber la verdad?
Gerardo: Me encantaría saber la verdad.
Roberto: Pensé: tan importante lo que va a hacer este
hombre, lo que este hombre hace por el país...
para que este país se reconcilie, para que se
acaben las divisiones y odiosidades del pasado.
Vas a tener que recorrer todo el país recogiendo
testimonios, ¿no?
Gerardo: Cierto, cierto, pero no es para...
Roberto: Y me dije este hombre lo hace  por nosotros,
por mí, por todos, sacrificarse así... Y lo menos
que yo puedo hacer es ir a dejarle el neumático
porque a esta punta no llega ni Cristo y que no
tenga él que perder el tiempo, pensé, que debe
ser tan valioso...
Gerardo: Pero, por favor, hombre, me vas a hacer
sentirme...
Roberto: Esta Comisión va a permitirnos cerrar un
capítulo tan doloroso de nuestra historia, y me
dije, estoy solo este fin de semana, tengo que
ayudar... por pocón que sea...
Gerardo: Podrías haber esperado hasta mañana...
Roberto: ¿Ysi tú te levantas de madrugada? Y cuando
llegas a tu auto, no está el neumático de repuesto,
¿eh? ¿Y recién ahí tienes que venir a buscarme?
No, mi señor, tenía que traértelo y de paso
decirte que me ofrezco para ir contigo mañana a
parcharlo y luego con mi gata vamos a buscar tu
auto... Oye, y tu gata, qué se hizo, averiguaste lo
que...
Gerardo: Mi mujer se la prestó a su madre.
Roberto: ¿A su madre?
Gerardo:Tú sabes cómo son las mujeres...
Roberto (riéndose): ¡No lo voy a saber! El último misterio.
Vamos a penetrar todas las fronteras, mi
amigo, y nos va a quedar esa alma insondable
femenina. Sabes lo que escribió Nietzsche... Por
lo menos creo que fue Nietzsche. Que jamás
podremos poseer esa alma femenina. Y eso que el
viejo Nietzsche nunca se encontró sin gata en el
medio del camino por culpa de una mujer.
Gerardo: Sin gata y sin neumático.
Roberto:Y sin neumático. Con mayor razón entonces
te acompaño y terminamos el operativo en una
mañana...
Gerardo: Pero estoy abusando de tu...
Roberto: Faltaba más. A mí me gusta ayudar a la gente,
sabes... Soy médico, creo que te dije, ¿no? Así que
las emergencias son para mí el pan de cada día.
Claro que no sólo ayudo a la gente importante,
no creas...
Gerardo: Si hubieras sabido en lo que te estabas
metiendo yo creo que aceleras, ¿no?
Roberto (serie): A íondo. No, en serio, no es ninguna
molestia. Es más bien un honor. La verdad la
verdad, vine para felicitarte, para decirte que...
Esto es lo que le hace falta al país, saber de una vez
por todas la verdad...
Gerardo: Lo que al país le hace falta es justicia, pero
si podemos establecer la verdad...
Roberto: Es lo mismo que digo yo. Aunque no podamos
juzgar a esta gente, aunque se acojan a esa
aberración de una amnistía... que se publiquen
sus nombres, por lo menos...
Gerardo: Los nombres se mantienen en reserva, a la
Comisión no le toca revelarlos...
Roberto: En este país todo se termina sabiendo. Que
sus hijos, que sus nietos vengan y les pregunten es
verdad tú hiciste esto de que te acusan... y ellos
tendrán que mentir, dirán que jamás, yo no,
dirán, son calumnias, es una conspiración comunista,
qué sé yo qué estupidez dirán, pero se
les notará en cada mirada y los mismos hijos, los
nietos les tendrán pena y asco. No es como
meterlos en la cárcel pero...
Gerardo: Tal vez algún día...
Roberto: Nunca se sabe. Por ahí, si la gente se indigna,
capaz de que se pueda derogar la ley de amnistía
también.
Gerardo: A nuestra Comisión eso no nos compete.
Nosotros reunimos antecedentes, escuchamos
testigos, averiguamos...
Roberto: Yo estoy por matar a estos hijos de puta, pero
veo...
Gerardo; Lamento tener que discrepar, Roberto, pero
opino que la pena de muerte no resuelve ningún...
Roberto: Vamos a tener que discrepar entonces,
Gerardo. Hay gente que no merece estar viva.
Pero a lo que iba es que creo que van a tener un
problema más o menos serio...
Gerardo: Vamos a tener un montón de problemas
serios. Para empezar, el Ejército nos va a hacer la
contra durante todo el... Ya le avisaron al Presidente
que consideraban esta investigación un
agravio, que era inaceptable que se estuvieran
removiendo las heridas del pasado. Por suerte,
siguió adelante, pero...
Roberto: En ese caso, capaz de que tengas razón y no
se sepa finalmente quiénes son estos tipos, no ves
que forman una especie de... cofradía, fraternidad.
Gerardo: Mafia.
Roberto: Eso. Una mafia. Nadie cuenta nada y se
cubren las espaldas entre todos, y si lo que dices
es cierto entonces los militares no van a permitir
a ninguno de sus hombres que vayan a declarar,
y si ustedes los citan van a decir que se vayan a la
puta que los parió... Así que quizás eso que dije
de sus hijos, sus nietos, quizás después de todo...
Gerardo: Quién sabe. El Presidente me adelantó...
Esto, en confianza, por cierto...
Roberto: Por cierto.
Gerardo:Me adelantó que hay gente que está dispuesta
a declarar, en secreto, sabes, dándoseles todo
tipo de garantías de confidencialidad. Y una vez
que se larguen, una vez que comiencen a confesar,
es increíble la cadena de nombres que va a salir...
Como dijiste tú: en este país todo se termina
sabiendo.
Roberto: Ojalá compartiera tu optimismo. Temo que
haya cosas que no se van a saber nunca.
Gerardo: Estamos limitados, pero no tan limitados,
mi amigo. Sanción moral, por lo menos, tendrá
que haber... Ya que los tribunales...
Roberto: Dios te oiga. Pero (mira su reloj)... por Dios,
si son las dos de la mañana. Mira, vengo mañana
a buscarte, digamos a las... te parece bien las
nueve, así...
Gerardo: ¿Y por qué no te quedas? Al menos que
alguien te esté esperando en tu...
Roberto: Nadie.
Gerardo: Bueno, si estás solo.
Roberto: Por ahora. Mi mujer y los niños están de
viaje. A Disneylandia se fueron... y como a mí me
carga viajar, y tengo mis pacientes que... preferí
quedarme, tener tiempo para escuchar mis
cuartetos, mirar las olas. Pero a lo que vine es a
ayudar y no ser una molestia. Mejor me voy y...
Gerardo: Faltaba más. Te quedas. Tenemos ropa de
cama de más. Estás... ¿qué?... a como media hora
o más.
Roberto: Unos cuarenta minutos por el camino de la
costa, y si me apuro...
Gerardo: No hay más que hablar. Te quedas. Paulina
va a estar encantada. Ya vas a ver, mañana nos
prepara un rico desayuno...
Roberto: Bueno, eso del desayuno me termina de
convencer, mira que ni leche tengo en la casa. Y
la verdad la verdad es que estoy rendido... ¿Y el
baño?

(Paulina rápidamente se va de la terraza hacia el
dormitorio)

Gerardo: Por allá. ¿No sé si te hace falta algo más...?
Un cepillo de dientes es lo único que realmente
no te puedo...
Roberto: Una de las cosas que nunca se comparten, mi
amigo, es el cepillo de dientes.
(Gerardo se ríe y luego sale hacia un lado y Roberto
hacia el otro. Se escucha la voz de Gerardo en off)
Gerardo: M'hijita. Paulina, amor... Oye, amorosa,
¿me estás escuchando? Para que no te asustes, mi
amor, Roberto Miranda, el doctor que me recogió
en la carretera, se está quedando a dormir acá
porque mañana me va a acompañar a... Mi amor,
¿me escuchas?
Paulina (también en off aparentemente adormilada): Sí,
mi amor.
Gerardo: Es para que sepas. Es un amigo, ¿ya? Para
que no tengas miedo. Mañana nos haces un rico
desayuno...

(Excepto el ruido del mar, silendo total)

Escena 3

Han pasado algunos minutos. Una nube oscurece la
luna. El ruido del mar. Silendo. Aparece Paulina,
vestida, en el living-comedor. Por la luz de la luna se la
ve ir hasta el cajón y sacar el revólver. Y vagamente
también se ve en sus manos lo que parecen ser medias de
mujer. Su silueta cruza el living-comedor hasta la
entrada al dormitorio donde duerme Roberto. Espera
un instante, escuchando. Entra. Pasan varios instantes.
Hay un ruido confuso, como de un golpe y un grito
ahogado. Después de un período de silendo, ella entra,
vuelve a la puerta de su dormitorio y lo cierra con llave.
Vuelve al dormitorio de Miranda y luego se ve su silueta
que entra en escena arrastrando algo que parece ser un
cuerpo y al que se identificará luego como Roberto
Miranda. Más ruidos. Ella levanta penosamente el
cuerpo y lo ata a una silla. Vuelve al dormitorio de
Roberto y retoma con lo que parece ser su chaqueta,
sacando un manojo de llaves de adentro. Comienza a
irse. Se detiene. Vuelve al cuerpo de Miranda. Se saca
los calzones y se los mete en la boca a Roberto.
Sale de la casa. Se escucha el motor del auto de Miranda
y los focos del auto que se prenden brevemente. Al barrer
la escena brevemente, antes de irse, vemos que

efectivamente es Roberto Miranda quien está atado en una
de las sillas, totalmente inconsciente, y con la boca
amordazada. Se va el auto. Oscuridad.

Escena 4

Está amaneciendo.

Roberto abre los ojos. Hace un esfuerzo por levantarse y
se da cuenta de que está atado. Empieza a debatirse
desesperadamente Paulina está frente a él con el revólver,
recostada en un sofá. Roberto la mira despavorido.

Paulina: Buenos días, Doctor... Miranda. Doctor
Miranda. (Toma el revólver y apunta a Roberto
juguetonamente)
¿Será algo de los Miranda de San Fernando? Yo
tuve una compañera de Universidad que se llamaba
Miranda, Ana María Miranda, la Anita,
bien habilosa, tenía una memoria, le decíamos
nuestra enciclopedita, ni sé qué habrá sido de
ella, debe haber terminado de médico igual que
usted, ¿no?... Yo no terminé la carrera, Doctor
Miranda. A ver si adivina por qué nunca terminé
mi carrera, por qué no me recibí; estoy segura
que no le va a costar mucho imaginarse las
razones.
Por suerte estaba Gerardo, y él... bueno, no
puedo decir realmente de que me estuviese esperando,
pero digamos, sí, que me amaba... así que
no tuve que volver a la Universidad a recibirme.
Una suerte, porque le agarré... bueno, fobia no
es la palabra exacta, resquemor... a la profesión.
Pero nada es definitivo en la vida, dicen, y por ahí
me matriculo de nuevo, o pido mi reincorporación.
Leí que estaban aceptando peticiones de
los exonerados.
Pero debe tener hambre y a mí me toca hacer el
desayuno, ¿no?, un rico desayuno. A usted le
gusta... a ver, jamón con mayonesa, creo, no es
cierto, sandwiches de jamón con uno de los
panes untados en mayonesa, creo que eran... No
tenemos mayonesa, pero jamón sí, a Gerardo
también le gusta el jamón. Tiene que perdonarnos
de que no tengamos mayonesa. Por el momento.
Ya me voy a ir informando de sus otros
gustos.
No tendrá inconveniente, supongo, que esto sea
por ahora un monólogo. Ya le daremos ocasión
para que usted diga lo suyo, doctor. Lo que pasa
es que no quisiera sacarle esa... mordaza, se
llama, ¿no?... hasta que no despierte Gerardo.
Tan cansado el pobre, pero lo tendré que despertar
dentro de poco. ¿Le dije que llamé a la grúa?
Deben estar por venir ya.
( Va hasta la puerta del dormitorio y la abre)

La verdad verdad es que tiene aire de aburrido.
¿Qué le parece si mientras yo les hago un rico
desayuno... Yo sí que tengo leche... qué le parece
algo de Schubert? ¿La Muerte y la Doncella?
¿Supongo que no le importará que le saqué la
cassette de su auto. Doctor?
( Va al tocacassettes y pone una cassette. Empieza a
escucharse ''La Muerte y la Doncella " de Schubert)
¿Sabe hace cuánto que no escucho este cuarteto?
Trato, por lo menos, de no escucharlo. Si lo
ponen en la radio, lo apago, incluso me cuido de
salir demasiado, me excuso y Gerardo sale solo.
Si algún día lo nombran Ministro voy a tener que
acompañarlo. Una noche fuimos a cenar a casa
de... eran personas importantes, de esas con
fotos en las páginas sociales... y la anfitriona puso
Schubert, una sonata para piano, y yo pensé me
levanto y la apago o simplemente me levanto y
me voy, pero mi cuerpo decidió por mí, porque
me sentí mareada, repentinamente enferma y
tuvimos que partir con Gerardo, y ahí se quedaron
los demás escuchando a Schubert sin saber lo
que había causado mi mal. Así que rezo que no
vayanjamás a poner Schubert, extraño no, cuando
era, y yo diría... sí, yo diría que sigue siendo mi
compositor preferido, esa tristeza suave, noble...
Pero siempre me prometí que llegaría un momento
para recuperarlo. Tantas cosas que quizás
puedan cambiar a partir de ahora, ¿no? Estuve a
punto de botar todo el Schubert que tenía, fíjese
qué locura, ¿no?
Se me ocurre que ahora voy a poder empezar a
escuchar de nuevo mi Schubert, ir a algún con-
cierto de nuevo como solíamos hacerlo cuando...
¿Sabía que Schubert era homosexual? Pero
claro que lo sabe, si fue usted el que me lo repitió
una y otra vez, acá en el oído, mientras me tocaba
justamente "La Muerte y la Doncella". Esta cassette
que le encontré, ¿es la misma que usted me
tocó, Doctor Miranda, o la va renovando todos
los años para que el sonido esté siempre... prístino?
(Va hasta la puerta del dormitorio y le dice a
Gerardo) Qué maravilla este cuarteto, ¿no,
Gerardo? (Ella vuelve a su asiento. Después de un
instante, entra Gerardo, adormilado) Buenos días,
mi amor. Tienes que perdonarme de que todavía
no esté listo el desayuno.

(Al ver a Gerardo, Roberto hace esfuerzos desesperados
por desatarse. Gerardo mira la escena atónito)

Gerardo; ¡Paulina! Pero qué pasa acá, qué está... pero
¿qué locura es ésta? Roberto... Señor Miranda,
yo...

( Va hacia Roberto)
Paulina: No lo toques.
Gerardo: ¿Qué?
Paulina (levantando el revólver): No lo toques.
Gerardo: Pero ¿qué está pasando acá, qué locura
es...?
Paulina: ¡Es él!
Gerardo: Deja inmediatamente ese...
Paulina: Es él.
Gerardo: ¿Quién?.
Paulina: Es el médico.
Gerardo: ¿Cuál médico?
Paulina: El que tocaba Schubert. (Pausa breve)
Gerardo: El que tocaba Schubert.
Paulina: Ese médico.
Gerardo: ¿Cómo lo sabes?
Paulina: Por la voz.
Gerardo: Pero si tú estabas... Me dijiste que pasaste
los dos meses...
Paulina: Con los ojos vendados, sí. Pero podía oír...
todo.
Gerardo: Estás enferma.
Paulina: No estoy enferma.
Gerardo: Estás enferma.
Paulina: Entonces estoy enferma. Pero puedo estar
enferma y reconocer una voz. Y además cuando
nos privan de una facultad, otras se agudizan a
modo de compensación. ¿O no. Doctor Miranda?
Gerardo: El recuerdo vago de una voz no es una
prueba de nada, Paulina.
Paulina: Es su voz. Se la reconocí apenas entró
anoche. Es su risa. Son sus modismos.
Gerardo: Pero eso no es...
Paulina: Puede ser un pocón, pero a mí me basta.
Todos estos años no ha pasado una hora que no
la escuche, acá en mi oreja, acá con su saliva en mi
oreja, ¿crees que una se olvida así como así de una
voz como ésa?
(Imitando la voz de un hombre)
"Dale más. Esta puta aguanta más. Dale más."
"¿Seguro, Doctor? No se nos vaya a morir la
huevona, oiga."
"Falta mucho para que se desmaye. Dale más
nomás."
Gerardo: Paulina, te pido que por favor guardes ese
revólver.
Paulina: No.
Gerardo: Mientras tú me estés apuntando, no hay
conversación posible.
Paulina: Por el contrario, apenas te deje de apuntar,
la conversación se acaba. Porque ahí tú usas tu
fuerza física superior para imponer tu punto de
vista.
Gerardo: Paulina, te advierto que lo que estás haciendo
es muy grave.
Paulina: Irreparable, ¿eh?
Gerardo: Irreparable, sí, puede ser irreparable. Doctor
Miranda, yo le ruego que nos disculpe... mi
señora ha estado...
Paulina: No te atrevas. No te atrevas a pedirle perdón
a esta mierda humana.
Gerardo: Desátalo, Pau.
Paulina: No.
Gerardo: Entonces lo voy a desatar yo. ( Va hacia él De
repente, Paulina dispara, hada abajo. Ella misma se
muestra sorprendida, Gerardo salta hada atrás, lejos
de Roberto que, a su vez, se muestra desesperado) No
dispares. Pau, no vuelvas a disparar. Dame esa
arma. (Silendo) No puedes hacer esto.
Paulina: Hasta cuándo me dices lo que puedo y no
puedo hacer, lo que puedo y no puedo. Lo hice.
Gerardo: ¿Se lo hiciste a este señor que la única falta
que ha cometido... de lo único de que podrías
acusarlo ante los tribunales...? (A Paulina, le sale
una risa entrecortada y despectiva) Sí, los tribunales,
por corruptos que sean, por venales y cobardes...
lo único de que podrías acusarlo es de detenerse
en un camino donde yo estaba abandonado, y
traerme a casa y después ofrecerse para ir a
buscar...
Paulina: Ah, se me olvidó decirte que la grúa va a
llegar en cualquier momento. Aproveché para
llamarlos del teléfono público de la carretera
esta mañana cuando salí a esconder el auto de tu
buen Samaritano. Así que vístete. Deben estar a
punto de llegar.
Gerardo: Te ruego, Paulina, que seamos razonables,
que actuemos...
Paulina: Tú serás razonable. A tí nunca te hicieron
nada.
Gerardo: Me hicieron, claro que me hicieron, pero
esto no es un concurso de horrores... no estamos
compitiendo, carajo. Mira, aun si este hombre
fuera el médico de que hablas, no lo es, no tíene
por qué serlo, pero digamos que fuera... aun en
ese caso, con qué derecho lo tienes de esta
manera. Pero Paulina fíjese en lo que está haciendo,
en las consecuencias de actuar de esta...
(Se escucha el motor de una camioneta afuera. Paulina
corre hasta la puerta, la abre y grita)
Paulina: ¡Ya va, ya va! (Cierra la puerta con llave y se
dirige a Gerardo) Vístete pronto, es la grúa. Afuera
está el neumátíco. Y también bajé su gata.
Gerardo: Le estás robando la gata, ¿eh?
Paulina: Así podemos dejarle a mamá la nuestra.
(Breve pausa)
Gerardo: ¿No has pensado que podría dar aviso a la
policía?
Paulina: No creo. Tienes demasiado confianza en
tus poderes persuasivos. Y además tú sabes que si
se asoma por acá la policía le meto un balazo en
el cerebro a este doctor, ¿no? Lo sabes, ¿no?
(Pausa breve) Y después me pego yo un tiro...
Gerardo: Paulineta linda,.. Paulineta linda. Estás...
irreconocible. ¿Cómo es posible que estés así?
Paulina: Explíquele a mi marido, Doctor Miranda,
qué me hizo usted para que yo estuviera tan...
loca.
Gerardo: ¿Me puedes decir de una vez qué es lo que
piensas hacer, Paulina?
Paulina: No yo. Los dos. Lo vamos a juzgar, Gerardo.
Vamos a juzgar al Doctor Miranda. Tú y yo. ¿O lo
va a hacer tu famosa Comisión Investigadora?

(Bajan las luces)

Fin del primer acto.




SEGUNDO ACTO
Escena 1

Pasado el mediodía.

Roberto todavía en la misma posición, Paulina de
espaldas a él mirando hacia el ventanal y el mar,
meáéndose lentamente mientras habla.

Paulina: Y cuando me soltaron... ¿sabe dónde fui?
Donde mis padres no podía... en ese tiempo yo
había roto relaciones con ellos, eran tan promilitares,
a mi mamá la veía muy de vez en
cuando... Qué cosa, no, que le esté contando
todo esto a usted, como si fuera mi confesor.
Cuando hay cosas que nunca le conté a Gerardo,
ni a mi hermana, ni menos a mi mamá... mientras
que a usted le puedo decir exactamente lo que
me pasa, lo que me pasaba por la cabeza cuando
me soltaron.

Esa noche estaba..., bueno, ¿para qué describir
cómo estaba, doctor, si usted me inspeccionó
a fondo antes de que me soltaran? Estamos
bien, así, ¿no? Como un par de viejos tomando
sol en un banco de la plaza. (Roberto hace un gesto,
como que quiere hablar o soltarse) ¿Tiene hambre?
No es para tanto. Tendrá que aguantarse
hasta que vuelva Gerardo. (Imitando la voz de un
hombre) "¿Tenis hambre? ¿Querís comer? Yo te
voy a dar de comer, m'hijita rica, yo te voy a dar
algo sustancioso y bien grande para que te
olvidís del hambre." (Su propia voz) De Gerardo
usted no sabe nada... Quiero decir que nunca
supo. Yo nunca solté el nombre. Sus colegas.
Me preguntaban: "Cómo una hembra así,
con una raja tan rica, cómo vai a estar sin un
hombre... Si alguien tiene que estar tirándosela,
señorita. Díganos quién se la está tirando".
Pero yo nunca solté el nombre de
Gerardo. Lo que son las cosas. Si yo menciono a
Gerardo, seguro que usted no comete el error
garrafal de venir anoche a sonsacarle información.
Para eso, vino, ¿no? Aunque la verdad
verdad es que si yo menciono a Gerardo él
no estaría nombrado a esa comisión investigadora
sino que otro abogado estaría investigando
su caso.Y yo iría a declarar a esa comisión
y contaría que a Gerardo lo conocí asilando
gente... metiéndolos a las embajadas, a eso me
dediqué yo en los días después del golpe. Entonces
yo estaba dispuesta a todo, increíble que no
tuviera miedo a nada en ese tiempo. Pero en qué
estaba yo... Ah, le estaba contando acerca de esa
noche. Esa noche, igual que usted me puse a
golpear en la puerta y cuando Gerardo finalmente
me abrió, se veía un poco alterado, el pelo lo
tenía... (Se oye el sonido de un auto, que se detiene
afuera. Después, una puerta de auto que se abre y se
cierra. Paulina va a la mesa y toma el revólver en su
mano. Entra Gerardo) ¿Cómo te fue con el auto?
Fue fácil parchar el...
Gerardo: Paulina. Me vas a escuchar.
Paulina: Claro que te voy a escuchar. ¿Acaso no te he
escuchado siempre?
Gerardo: Siéntate. Quiero que te sientes y quiero
que me escuches, que verdaderamente me
escuches. (Paulina se sienta) Tú sabes que yo me
he pasado la vida defendiendo el estado de derecho.
Si algo me ha reventado del régimen militar...
Paulina: Diles fascistas, no más.
Gerardo: ¡No me interrumpas! Si algo me ha reventado
de ellos es que acusaron a tantos hombres y
mujeres, hicieron de juez y parte y acusadores y
ejecutores y no les dieron a quienes condenaron
la más mínima garantía, la posibilidad de defenderse.
Aunque este hombre haya cometido
los peores crímenes del Universo, tiene derecho
a defenderse.
Paulina: Pero yo no le voy a negar ese derecho,
Gerardo. Te voy a dar todo el tiempo del mundo
para que consultes con tu cliente, a solas. Estaba
esperando que llegaras tú para darle a esto un
comienzo oficial. Puedes sacarle esa... (Le hace un
gesto a Gerardo. Mientras Gerardo le desata el pañuelo
a Roberto, Paulina indica la grabadora) Queda avisado
que todo lo que diga va a quedar grabado acá.
Gerardo: Por Dios, Paulina, cállate de una vez. Deja
hablar a...
(Pausa breve, Paulina echa a andar la grabadora).
Roberto (carraspea, luego con voz ronca y baja): Agua.
Gerardo: ¿Qué?
Paulina: Quiere agua, Gerardo.
(Gerardo corre a llenar un vaso con agua y se lo trae a
Roberto, dándoselo a beber. Se lo bebe entero)
Paulina: Rica el agua, ¿no? Mejor que tomarse su
propio pichí, en todo caso.
Roberto: Señor Escobar. No tiene perdón este abuso.
Realmente no tiene perdón de Dios.
Paulina: Momento. Momento. No diga ni una
palabra más, doctor. Vamos a ver si está grabando.
( Toca unos botonesy luego se escucha la voz deRoberto)
Voz de Roberto en la grabadora
Señor Escobar. No tiene perdón este abuso. Realmente
no tiene perdón de Dios.
Voz de Paulina en la grabadora:
Momento. Momento. No diga una palabra más,
doctor. Vamos a..,
(Paulina para la grabadora)
Paulina: Bueno, Ya tenemos una declaración sobre
el perdón. El Doctor Miranda opina que no tiene
perdón, ni perdón de Dios, atar a alguien contra
su voluntad por unas horas, dejar a esa persona
sin habla por un par de horas. Estamos de acuerdo.
¿Algo más?
( Toca otro botón)
Roberto: Señora, yo no la conozco. No la he visto antes
en mi vida. Puedo sí decirle que usted está muy
enferma, Pero usted, Señor Escobar, no está
enfermo, señor. Usted es un abogado, un defensor
de los derechos humanos, un opositor al
gobierno militar, como lo he sido yo toda mi vida,
usted es responsable de lo que hace y lo que debe
hacer ahora es desatarme de inmediato. Quiero
que sepa que cada minuto que pasa sin que usted
me libere lo hace más y más cómplice y tendrá
que pagar las consecuencias de,.,
Paulina (se le acerca con el revólver): ¿A quién está
amenazando?
Roberto: Yo no estaba...
Paulina: Sí, está amenazando. Entendamos algo de
una vez, doctor. Aquí se acabaron las amenazas.
Allá afuera puede que manden ustedes todavía,
pero aquí, por ahora, mando yo, ¿Se entiende?
(Pausa)
Roberto: Tengo que ir al baño,
Paulina: ¿Mear o cagar?
Gerardo: ¡Paulina! Señor Miranda, nunca en su vida
ella habló de esta...
Paulina: Vamos, Doctor, ¿cómo es la cosa? ¿Por
adelante o por detrás?
Roberto: Parado.
Paulina: Desátalo, Gerardo. Yo lo llevo.
Gerardo: ¿Pero cómo lo vas a llevar tú? Lo llevo
yo.
Paulina: Yo voy con él. No me mires así. No es la
primera vez que va a sacar su cosa en mi presencia,
Gerardo. Vamos, doctor, levántese. No quiero
que se mee en mi alfombra,
(Gerardo suelta las amarras. Con lentitud y dolor.
Roberto va cojeando hacia el baño, con Paulina

apuntándole.
Después de unos instantes, se escucha el ruido
de la meada y luego el water. Mientras tanto, Gerardo
corta la grabadora y se pasea nerviosamente. Paulina
vuelve con Roberto)
Paulina: AmárraÍo. (El lo hace) Más fuerte, Gerardo.
Gerardo: Paulina, tengo que hablar contigo.
Paulina: ¿Y quién te lo está impidiendo?
Gerardo: A solas.
Paulina: No veo por qué tenemos que hablar a
espaldas del Doctor Miranda. Ellos discutían
todo en mi presencia...
Gerardo: Paulina linda, por favor. Te ruego que no
seas tan difícil. Te quiero hablar donde nadie nos
puede oír.
(Salen a la terraza. Durante la conversación de ellos,
Roberto va a ir tratando de zafarse de sus ataduras,
lentamente lográndolo con las piernas)
Gerardo: Bueno. ¿Qué es lo que pretendes? ¿Qué
pretendes, mujer, con esta locura?
Paulina: Ya te dije, juzgarlo.
Guardo: Juzgarlo, juzgarlo... Pero ¿qué significa
eso, juzgarlo? Nosotros no podemos usar los
métodos de ellos. Nosotros somos diferentes.
Buscar vengarse de esta...
Paulina: No es una venganza. Pienso darle todas las
garantías que él no me dio a mí. Ni él ni ninguno
de sus... colegas.
Gerardo:Y a ellos también los vas a traer hasta acá y los
vas a amarrar y los vas a juzgar y...
Paulina: Para eso, tendría que disponer de sus nombres,
¿no?
Gerardo:... y después los vas a...
Paulina: ¿Matarlos? ¿Matarlo a él? Como él no me
mató a mí, se me ocurre que no sería procedente
que...
Gerardo: Qué bueno saberlo, Paulina, porque si
piensas matarlo, me vas a tener que matar a mí
también. Te lo juro que vas a tener que...
Paulina: Pero cálmate. No tengo la menor intención
de matarlo. Ymenos a ti... Claro que, para variar,
no me crees.
Gerardo: ¿Pero entonces qué vas a hacerle? Lo vas a
qué entonces, lo vas a... Y todo esto porque hace
quince años atrás a ti te...
Paulina: A mi me ... Qué cosa, Gerardo. Termina.
(Brevepausa) Nunca quisiste decirlo. Dilo ahora.
A mi me...
Gerardo: Si tú no quisiste decirlo, ¿cómo iba a hacerlo
yo?
Paulina: Dilo ahora.
Gerardo: Sólo sé lo que me dijiste esa primera noche...
cuando...
Paulina: Dilo. A mí me...
Gerardo: A ti te...
Paulina: A mí me...
Gerardo: Te torturaron. Ahora dilo tú.
Paulina: Me torturaron. ¿Y qué más? (Pausa breve)
¿Qué más me hicieron, Gerardo? ( Gerardo va hacia
ella, la toma en brazos)
Gerardo (susurrándole): Te violaron.
Paulina: ¿Cuántas veces?
Gerardo: Muchas.
Paulina: ¿Cuántas?
Gerardo: Nunca me dijiste. Perdí la cuenta, dijiste.
Paulina: No es cierto.
Gerardo: ¿Qué es lo que no es cierto?
Paulina: Que hubiese perdido la cuenta. Sé exactamente
cuántas veces. (Pausa breve). Y esa noche,
Gerardo, cuando... empecé acontarte, ¿qué juraste
hacer? ¿Te acuerdas qué juraste hacer con
ellos si los encontrabas? (Silencio). Dijiste: "Algún
día, mi amor, vamos a juzgar a todos estos hijos de
puta. Vas a poder pasear tus ojos"... —recuerdo
exactamente esa frase, me pareció, como poética—
"pasear tus ojos por la cara de cada uno de
ellos mientras escuchan tus acusaciones. Te lo
juro". Dime a quién recurro ahora, mi amor.
Gerardo: Fue hace quince años.
Paulina: ¿Ante quién acuso a este médico, ante
quién, Gerardo?¿Ante tu Comisión?
Gerardo: Mi Comisión. ¿De qué Comisión me estás
hablando? Con tus locuras, vas a terminar
imposibilitando
todo el trabajo de investigación que
pretendíamos. Voy a tener que renunciar a ella.
Paulina: Siempre tan melodramático. Supongo que
no irás a usar ese tono de melodrama cuando
hables a nombre de la Comisión.
Gerardo: ¿Pero eres sorda? Te acabo de decir que voy
a tener que renunciar.
Paulina: No veo por qué.
Gerardo: Tú no ves por qué, pero todo el resto del país
va a ver por qué y especialmente los que no
quieren que se investigue nada van a ver por qué.
Uno de los miembros de la Comisión Presidencial
a cargo de investigar la violencia de estos años
y que tiene que dar muestras de moderación y
ecuanimidad...
Paulina: ¡Nos vamos a morir de tanta ecuanimidad!
Gerardo: Y objetividad, que uno de sus miembros
haya permitido que secuestren, amarren y atormenten
en su casa a un ser humano indefenso,..
Tú sabes cómo los diarios que sirvieron a
la dictadura me van a crucificar, van a usar
este episodio para menoscabar y quizás terminar
con la Comisión. (Pausa breve) ¿Quieres
que esos tipos vuelvan al poder otra vez? ¿Quieres
que tengan tanto miedo de que vuelvan
para sentirse seguros de que no los vamos a
lastimar? ¿Eso quieres? ¿Que vuelvan los tiempos
en que esos tipos decidían nuestra vida y
nuestra muerte? Suéltalo, Paulina. Pídele disculpas
y suéltalo. Es un hombre —parece por lo
que hablé con él—, es un hombre democrático
que...
Paulina: Ay, m'hijito, por favor, cómo te meten el
dedo en la boca... Mira. No quiero hacerte daño
y menos quiero hacerle daño a la Comisión. Pero
ustedes en la Comisión se entienden sólo con los
muertos, con los que no pueden hablar. Y resulta
que yo sí puedo, hace años que no hablo ni una
palabra, que no digo ni así de lo que pienso, que
vivo aterrorizada de mi propia... pero no estoy
muerta, pensé que estaba enteramente muerta
pero estoy viva y sí que tengo algo que decir... así
que déjame hacer lo mío y tú sigue tranquilo con
la Comisión. Yo te puedo prometer que este
enjuiciamiento no les va a afectar, nada de esto se
va a saber.
Gerardo: No se va a saber siempre que este señor se
desista de hacer declaraciones cuando lo sueltes.
Si es que lo sueltas. Y aun en ese caso, yo tengo
que renunciar de todas maneras, y mientras antes,
mejor.
Paulina: ¿Tienes que renunciar aunque no se sepa?
Gerardo: Sí.
(Pausa)
Paulina: Por la loca de tu mujer, que antes era loca
porque no podía hablar y ahora es loca porque
puede hablar, ¿por eso tienes que...?
Gerardo: Entre otras cosas, sí, si tanto te interesa la
verdad.
Paulina: La verdad verdad, ¿eh? (Pausa breve) Espérate
un momento.
(Va a la otra pieza y encuentra a Roberto a punto de
zafarse. Apenas la ve, él se paraliza. Paulina lo vuelve
a atar, mientras imposta la voz)
"¿Que no te gusta nuestra hospitalidad? ¿Querís
irte tan pronto, huevona? Afuera no vai a gozar
como habís gozado acá con tu negro. ¿Me vai a
echar de menos?"
(Paulina empieza lentamente a recorrer el cuerpo de

Roberto, con sus manos, casi como haciendole cariños. Se

levanta asqueada, casi vomitando. Vuelve a la terraza)

Paulina:No sólo le reconozco la voz, Gerardo. (Pausa
breve) También le reconozco la piel. El olor. Le
reconozco la piel. (Pausa) Ysi yo pudiera probarte
sin lugar a dudas de que este doctor tuyo es
culpable... de todas maneras ¿quieres que lo
suelte?
Gerardo: Sí. (Pequeña pausa) Con más razón si es culpable.
No me mires así. Imagínate que todos
actuaran como lo haces tú. Tú satisfaces tu propia
obsesión, castigas por tu cuenta, te quedas tran-
quila mientras los demás se van a la... todo el
proceso, la democracia, se va a ir a la mierda...
Paulina: ¡Nada se va a la mierda! ¡No se va a saber!
Gerardo: La única manera de garantizar eso es que lo
mates y ahí la que se va a ir a la mierda eres tú y
yo contigo. Suéltalo, Paulina, por el bien del país,
por el bien nuestro.
Paulina: ¿Y el bien mío? Mírame... Mírame.
Gerardo: Mírate, ay amor, mírate. Te quedaste presa
de ellos, todavía estás presa en ese sótano en que
te tenían. Durante quince años no has hecho
nada con tu vida. Nada. Mírate, tenemos la oportunidad
de comenzar de nuevo, de respirar. ¿No
es hora de que...?
Paulina: ¿Olvide? Me estás pidiendo que olvide.
Gerardo: Que te liberes de ellos, Paulina, eso es lo que
te estoy pidiendo.
Paulina: ¿Ya él lo dejamos libre para que vuelva en
unos años?
Gerardo: Lo dejamos libre para que no vuelva nunca
más.
Paulina: Y lo vemos en el Tavelli y le sonreímos y él
nos presenta a su señora y le sonreímos y comentamos
lo lindo que está el día y...
Gerardo: No tienes para qué sonreírle, pero sí, de eso
se trata. Empezar a vivir, sí.
(Pausa breve)
Paulina: Mira, Gerardo, qué te parece un compromiso.
Gerardo: No sé de qué estás hablando.
Paulina: Un compromiso, una negociación. ¿No es
así como se ha hecho esta transición? ¿A nosotros
nos dejan tener democracia, pero ellos se quedan con el

control de la economía y las fuerzas
armadas? ¿La Comisión puede investigar crímenes
pero los criminales no reciben castigo? ¿Hay
libertad para hablar de todo siempre que no se
hable todo? (Pausa breve) Para que veas que no
soy tan irresponsable ni tan... enferma, te propongo
que lleguemos a un acuerdo. Tú quieres
que yo a este tipo lo suelte sin hacerlo daño, y yo
lo que quiero... ¿te gustaría saber lo que quiero
yo?
Gerardo: Me encantaría saberlo.
Paulina: Cuando escuché su voz anoche, lo primero
que pensé, lo que he estado pensando todos estos
años, cuando tú me pillabas con una mirada que
me decías que era... abstracta, decías, ida, ¿no?
¿Sabes en lo que pensaba? En hacerle a ellos lo
que me hicieron a mí, minuciosamente. Especialmente
a él, al médico... Porque los otros eran
tan vulgares, tan... pero él ponía Schubert, él me
hablaba de cosas científicas, hasta me citó a
Nietzsche una vez.
Gerardo: Nietzsche.
Paulina: Me horrorizaba de mí misma... pero era la
única manera de conciliar el sueño, de salir
contigo a una cena en que me preguntaba siempre
si alguno de los presentes no sería... quizá no la
exacta persona que me... torturó, pero... y yo,
para no volverme loca y poder hacer la sonrisa de
Tavelli que me dices que tengo que seguir haciendo,
bueno, iba imaginándome meterles la
cabeza en un balde con sus propios orines o
pensaba en la electricidad, o cuando hacemos el
amor y a mí me estaba a punto de dar el orgasmo.
era inevitable que pensara en... y entonces yo
tenía que simularlo, simularlo, para que tú no te
sintieras...
Gerardo: Ay, mi amor, mi amor,
Paulina: Así que cuando escuché su voz, pensé lo
único que yo quiero es que lo violen, que se lo
tiren, eso es lo que pensé, que sepa aunque sea
una vez lo que es estar... (Pausa breve)Y que como
yo no iba a poder hacerlo... pensé que ibas a
tener que hacerlo tú.
Gerardo: No sigas, Paulina.
Paulina: Enseguida me dije que sería difícil que tú
colaboraras.
Gerardo: No sigas, Paulina.
Paulina: Así que me pregunté si no podía utilizar una
escoba... Sí, Gerardo, un palo de escoba. Pero
me di cuenta de que no quería algo tan... físico,
y ¿sabes a qué conclusión llegué, qué es lo único
que quiero? (Pausa breve) Que confiese. Que se
siente a la grabadora y cuente todo lo que hizo,
no sólo conmigo, todo, todo... y después lo
escriba de su puño y letra y lo firme y yo me
guardo una copia para siempre... con pelos y
señales, con nombres y apellidos. Eso es lo que
quiero. (Pausa breve)
Gerardo: El confiesa y tú lo sueltas.
Paulina: Yo lo suelto.
Gerardo: ¿Y no necesitas nada más que eso?
Paulina: Nada más. (Gerardo no contesta durante una
pausa breve) Así podrás seguir en la Comisión.
Teniendo su confesión, estamos a salvo, él no se
atreverá a mandar a uno de sus matones a...
Gerardo: ¿Y tú esperas que yo te crea que lo vas a
soltar después que confiese? ¿Y esperas que te
crea él?
Paulina: No veo que ninguno de los dos tenga otra
alternativa. Mira, Gerardo, agente de esta calaña
hay que darle miedo. Dile que estoy preparándome
para matarlo. Dile que por eso escondí el
auto. Que la única manera de disuadirme es que
confiese. Dile eso. Dile que nadie sabe que él vino
acá anoche, que nadie va a poder encontrarlo
jamás. A ver si con eso lo convences.
Gerardo: ¿Que yo lo convenza?
Paulina: Creo que es una tarea más grata que tener
que tirárselo, ¿no?
Gerardo: Hay un solo problema, Paulina. ¿Qué pasa
si no tiene nada que confesar?
Paulina: Si no confiesa, lo voy a matar. Dile que sí no
confiesa, lo voy a matar.
Gerardo: Pero ¿qué pasa si no es culpable?
Paulina: No tengo apuro. Dile que yo lo puedo tener
aquí durante meses. Hasta que confiese.
Gerardo: Paulina, me estas escuchando. ¿Qué puede
confesar si no es culpable?
Paulina: ¿Si no es culpable? (Pausa breve) Ahí sí que
se jodió. (Bajan las luces)

NOTA: Si el director siente que la obra necesita un
intermedio (dividiéndose en dos partes o actos), éste es
el lugar más adecuado para que haya ese intermedio.

Escena 2

La hora del almuerzo.

Están sentados Gerardo y Roberto, todavía atado pero
con las manos por delante, frente a frente, en la mesa del
living. Gerardo está sirviendo unos platos de sopa
caliente. Paulina se encuentra instalada lejos de ellos
en la terraza frente al mar. Ella puede ver pero no oirlos.
Roberto y Gerardo se quedan unos instantes mirando la
comida. (Silencio)
Gerardo: ¿Tiene hambre, Doctor Miranda?
Roberto: Por favor, trátame de tú.
Gerardo: Prefiero tratarlo de usted, como si fuera mi
cliente. Va a facilitar mi tarea. Creo que debería
comer algo.
Roberto: No tengo hambre.
Gerardo: Déjeme que le ayude... (Llena una cuchara
con sopa. Lo alimenta con la cuchara, como a un bebé.
Va sirviéndolo, durante la conversación que sigue, y
también sirviéndose él de su plato)
Roberto: Está loca. Perdone, Gerardo, pero su señora...
Gerardo: ¿Pan?
Roberto: No, gracias. (Pausa breve) Debería buscar
tratamiento psiquiátrico para...
Gerardo: Para ponerlo de una manera brutal, Doctor,
usted viene a ser su terapia. (Le va limpiando la
boca a Roberto con una servilleta)
Roberto: Me va a matar.
Gerardo (sigue alimentándolo): A menos que usted
confiese, lo va a matar.
Roberto: Pero qué es lo que voy a confesar, qué voy a
poder confesar si yo...
Gerardo: No sé, Doctor Miranda, si está informado de
que los servicios de inteligencia del régimen
anterior contaron con la colaboración de médicos
para sus sesiones de tortura...
Roberto: El Colegio Médico se impuso de esas

situaciones, y fueron denunciadas y, hasta dónde se
pudo, investigadas.
Gerardo: A ella se le ha metido en la cabeza que usted
es uno de esos médicos. Si usted no tiene cómo
desmentirlo...
Roberto: Desmentirlo, ¿cómo? Tendría que cambiar
mi voz, probar que ésta no es mi voz... Si lo único
que me condena es la voz, no hay otra prueba, no
hay nada que...
Gerardo: Y su piel. Ella habla de su piel.
Roberto: ¿Mi piel?
Gerardo: Y su olor.
Roberto: Son fantasías de una mujer enferma. Cualquier
hombre que hubiese entrado por esa puerta...
Gerardo: Desafortunadamente, entró usted.
Roberto: Mire, Gerardo, yo soy un hombre tranquilo.
Lo que me gusta es quedarme en mi hogar, o
venir a mi casa en la playa, no molestar a nadie,
sentarme frente al mar, leer un buen libro, escuchar
música...
Gerardo: ¿Schubert?
Roberto: Schubert, no tengo por qué avergonzarme.
También me gusta Vivaldi, y Mozart, y Telemann.
Y tuve la pésima ocurrencia de traer "La Muerte
y la Doncella" a la playa. Mira, Gerardo, yo estoy
metido en esto sólo porque me diste pena
abandonado ahí en la carretera moviendo los
brazos como loco... mira, a ti te toca sacarme de
aquí.
Gerardo: Lo sé.
Roberto: Me duelen los tobillos, las manos, la espalda.
No podrías...
Gerardo: Roberto... yo quiero ser franco contigo.
Hay un solo modo de salvarte. (Pausa breve) A mi
mujer hay que... darle en el gusto.
Roberto: ¿Darle en el gusto?
Gerardo: Consentirla, que ella sienta que estamos,
que tú estás dispuesto a colaborarle, a ayudar.
Roberto: No veo cómo podría yo colaborarle, dadas
las condiciones en que me...
Gerardo: Darle en el gusto, que ella crea que tú...
Roberto: Que yo...
Gerardo: Ella me ha prometido que basta con una...
confesión tuya.
Roberto: ¡No tengo nada que confesar!
Gerardo: Tendrás que inventar algo entonces, porque
no va a perdonarte si no...
Roberto (alza la voz, indignado): No tiene nada que
perdonarme. Yo no hice nada y no voy a confesar
nada ni colaborar en nada. En nada, entiendes.
(Al escuchar la voz de Roberto, Paulina se levanta de
su sitio y empieza a dirigirse hacia los dos hombres) En
vez de estar proponiéndome estas soluciones
absurdas, deberías estar convenciendo a la loca
de tu mujer de que no siga con este comportamiento
criminal. Si sigue así va a arruinar tu
carrera brillante y ella misma va a terminar en la
cárcel o el manicomio. Díselo. ¿O acaso eres
incapaz de poner orden en tu propio hogar?
Gerardo: Roberto, yo...
Roberto: Esto ya ha llegado a límites intolerables...
(Entra Paulina desde la terraza)
Paulina: ¿Algún problema, mi amor?
Gerardo: Ninguno.
Paulina: Los vi un pocón... alterados. (Pausa breve)
Veo que terminaron la sopa. No se puede decir
que no sé cocinar, ¿no? ¿Cumplir mis funciones
domésticas? ¿Quieren un cafecito? Aunque creo
que el Doctor no toma café. Le estoy hablando,
Doctor... ¿acaso su madre nunca le enseñó modales?
Roberto: A mi madre no la meta en esto. Le prohibo
que mencione a mi madre.
(Pausa breve)
Paulina:Tiene toda la razón. Su madre no tiene nada
que ver en todo esto. No sé por qué los hombres
insisten en insultar a la madre de alguien, concha
de su madre, dicen, en vez de decir...
Gerardo: Paulina, te ruego que por favor vuelvas a
salir para que yo pueda seguir mi conversación
con el Doctor Miranda.
Paulina: Claro que sí. Los dejo solitos para que
arreglen el mundo.
(Paulina comienza a salir. Se da vuelta)
Paulina: Ah, si él quiere mear, me avisas, ¿eh, mi
amor...?
(Sale al mismo sitio que ocupó antes)
Roberto: Está realmente loca.
Gerardo: A los locos con poder hay que consentirlos.
Doctor. Y en su caso, lo que ella necesita es una
confesión suya para...
Roberto: ¿Pero para qué?, ¿para qué le puede servir a
ella una...?
Gerardo: Yo creo que entiendo esa necesidad suya
porque es una necesidad que tiene el país entero.
De eso hablábamos anoche. La necesidad de
poner en palabras lo que nos pasó.
Roberto: ¿Y tú?
Gerardo: ¿Y yo qué?
Roberto: ¿Y tú qué vas a hacer después?
Gerardo: ¿Después de qué?
Roberto: ¿Tú le crees, no es cierto? ¿Tú crees que yo
soy culpable?
Gerardo: ¿Si yo te creyera culpable, estaría yo acá
tratando de salvarte?
Roberto: Estás confabulado con ella. Desde el principio.
Ella es la mala y tú haces de bueno.
Gerardo: ¿Qué quieres decir con eso de...?
Roberto: Repartiéndose los roles, en el interrogatorio,
ella la mala, tú el bueno. Ydespués el que me va
a matar eres tú, es lo que haría cualquier hombre
bien nacido, al que le hubieran violado la mujer,
es lo que haría yo si me hubieran violado a mi
mujer... así que dejémonos de farsas. Te cortaría
las huevas. (Pausa. Gerardo se levanta) ¿Dónde vas?
¿Qué vas a hacer?
Gerardo: Voy a buscar el revólver y te voy a pegar un
tiro. (Pausa breve. Cada vez más enojado:) Pero
pensándolo bien, voy a seguir tu consejo y te voy
a cortar las huevas, fascista desgraciado. Eso es lo
que hacen los verdaderos machos ¿no? Los hombres
de verdad verdad le meten un balazo al que
los insultan y se violan a las mujeres cuando están
atadas a un catre, ¿no? No como yo. Yo soy un
pobre abogado maricón amarillo que defiende
al hijo de puta que hizo mierda a mi mujer...
¿Cuántas veces, hijo de puta? ¿Cuántas veces te la
culeaste?
Roberto: Gerardo, yo...
Gerardo: Nada de Gerardo acá... ojo por ojo, acá,
diente por diente acá... ¿No es ésa nuestra filosofía?
Roberto: Era una broma, era sólo...
Gerardo: Pero ¿para qué ensuciarme las manos con
un maricón como vos... cuando hay alguien que
te tiene muchas más ganas que yo? La llamo
ahora mismo, que ella se dé el placer de volarte
los sesos de un balazo.
Roberto: No la llames.
Gerardo: Estoy cansado de estar en el medio, entre los
dos. Arréglatelas tú con ella, convéncela tú.
Roberto: Gerardo, tengo miedo.
(Pausa breve)
Gerardo (se da vuelta y cambia de tono): Yo también
tengo miedo.
Roberto: No dejes que me mate. (Pausa breve) ¿Qué le
vas a decir?
Gerardo: La verdad. Que no quieres colaborar.
Roberto: Necesito saber qué hice, no te das cuenta de
que no sé qué tengo que confesar.
Lo que yo le diga tendría que coincidir con su
experiencia. Si yo fuera ese hombre, sabría todo,
todo, pero como no sé nada... Si me equivoco,
capaz de que ella me... necesitaría tu ayuda,
necesitaría que tú me... que me contaras lo que
ella espera...
Gerardo: ¿Te das cuenta que me estás pidiendo que
engañe a mi mujer?
Roberto: Le estoy pidiendo que salve la vida de un
hombre inocente. Señor Escobar. (Pausa breve)
¿Usted me cree, no es cierto? Sabe que yo soy
inocente, ¿no?
Gerardo: ¿Tanto le importa lo que yo piense?
Roberto: ¿Cómo no me va a importar? Usted es la
sociedad, no ella. Usted es la Comisión Presidencial,
no ella.
Gerardo (meditativo, apesadumbrado): Ella no, claro...
¿Qué importa lo que piense ella, no?
(Se levanta bruscamente y empieza a retirarse)
Roberto: ¿Dónde va? ¿Qué le va a decir?
Gerardo: Le voy a decir que tienes que mear.
(Bajan las luces)

Fin del segundo acto.


TERCER ACTO

Escena 1

Está atardeciendo. Gerardo y Paulina están afuera, en
la terraza frente al mar. Gerardo tiene una grabadora.
Roberto adentro, atado.

Paulina: No entiendo por qué.
Gerardo: Necesito saber.
Paulina: ¿Por qué?
(Pausa breve)
Gerardo: Te quiero, Paulina. Necesito saberlo de tus
labios. No es justo que después de tantos años
quien me lo diga sea él. No sería... tolerable.
Paulina: En cambio si yo te lo digo ¿es... tolerable?
Gerardo: Más tolerable que si me lo dice primero él.
Paulina: Ya te lo conté una vez, Gerardo. ¿No te
bastó?
Gerardo: Hace quince años me empezaste a contar y
después...
Paulina: No te iba a seguir contando frente a esa
puta, ¿no? Apareció esa puta, saliendo de tu
dormitorio medio desnuda preguntándote que
por qué estabas tardando tanto, no iba a...
Gerardo: No era puta.
Paulina: ¿Sabía ella dónde estaba yo? (Pausa breve)
Sabía, claro que sabía. Una puta. Acostarse con
un hombre cuando su mujer no estaba precisamente
en condiciones de defenderse, ¿no?
Gerardo: No vamos a empezar con esto de nuevo,
Paulina.
Paulina: Tú empezaste.
Gerardo: Cuántas veces te lo tengo que... Llevaba dos
meses tratando de ubicarte. Ella pasó a verme,
dijo que podía ayudar. Nos tomamos unos tragos
y... por Dios, yo también soy humano.
Paulina: Mientras yo te defendí, mientras tu nombre
no salió de mi boca. Pregúntale, pregúntale a
Miranda si yo siquiera te mencioné una vez,
mientras que tú...
Gerardo:Ya me perdonaste, ya me perdonaste, ¡hasta
cuando! Nos vamos a morir de tanto pasado, nos
vamos a sofocar de tanto dolor y recriminación.
Terminemos la conversación que interrumpimos
hace quince años, cerremos este capítulo de una
vez por todas, terminémosla de una vez y no
volvamos a hablar de esto nunca más.
Paulina: Borrón y cuenta nueva, ¿eh?
Gerardo: Borrón no, cuenta nueva sí. ¿O vamos a estar
pagando unay otra y otra vez la misma cuenta? Hay
que vivir, gatita, vivir, hay tanto futuro que nos...
Paulina: ¿Y qué querías? ¿Qué te hablara frente a
ella? ¿Qué te dijera, me violaron, pero yo no dije
tu nombre, frente a ella, que yo te lo...? ¿Cuántas
veces?
Gerardo: ¿Cuántas veces qué?
Paulina: ¿Cuántas veces le hiciste el amor? ¿Cuántas?
Gerardo: Paulina...
Paulina: ¿Cuántas?
Gerardo: Mi amor.
Paulina: ¿Cuántas? Yo te cuento, tú me cuentas.
Gerardo (desesperado, sacudiéndola y después

abrazándola): Paulina, Paulina, Paulina. ¿Me quieres

destruir? ¿Eso quieres?
Paulina: No.
Gerardo: Lo vas a conseguir. Lo vas a conseguir y vas
a quedarte sola en un mundo en que yo no exista,
en que no me vas a tener más. ¿Eso es lo que
quieres?
Paulina: Quiero saber cuántas veces hiciste el amor
con esa puta.
Gerardo: No sigas, Paulina. No digas ni una palabra
más.
Paulina: La habías visto antes, ¿no? No fue ésa la
primera noche. Gerardo, la verdad, necesito saber
la verdad.
Gerardo: ¿Aunque nos destruya?
Paulina: Tú me cuentas, yo te cuento. ¿Cuántas
veces, Gerardo?
Gerardo: Dos veces.
Paulina: Esa noche. ¿Y antes?
Gerardo (muy bajo): Tres.
Paulina: ¿Qué?
Gerardo (más fuerte): Tres veces antes.
Paulina: ¿Tanto te gustó? (Pausa) Y a ella le gustó,
¿no? Le tiene que haber gustado si volvió...
Gerardo: ¿Te das cuenta de lo que me estás haciendo,
Paulina?
Paulina: ¿Irreparable?
Gerardo (desesperado): ¿Pero qué más quieres? ¿Qué
más quieres de mí? Sobrevivimos la dictadura, la
sobrevivimos, y ahora ¿nos vamos a destruir,
vamos a hacernos tú y yo lo que estos desgraciados
fueron incapaces de hacernos?
Paulina: No.
Gerardo: ¿Quieres que me vaya? ¿Eso quieres? ¿Qué
salga por esa puerta y no vuelva nunca más?
Paulina: No.
Gerardo: Lo vas a conseguir. Uno también se puede
morir de demasiada verdad. (Pausa) ¿Me quieres
destruir? Me tienes en tus manos como si fuera
un bebé, indefenso, en tus manos, desnudo. ¿Me
quieres destruir? ¿Me vas a tratar como tratas al
hombre que te...?
Paulina: No.
Gerardo: ¿Me quieres...?
Paulina (susurrando):Te quiero vivo. Te quiero adentro
mío, vivo. Te quiero haciéndome el amor y te quiero
en la Comisión defendiendo la verdad y te quiero en
mi Schubert que voy a recuperar y te quiero adoptando
un niño conmigo...
Gerardo: Sí, Paulina, sí, mi amor.
Paulina: Y te quiero cuidar minuto a minuto como
tú me cuidaste a mí a partir de esa...
Gerardo: Nunca vuelvas a mencionar a esa puta noche.
Si sigues y sigues con esa noche, me vas a
destruir, Paulina. ¿Eso quieres?
Paulina: No.
Gerardo: ¿Me vas a contar entonces?
Paulina: Sí.
Gerardo: ¿Todo?
Paulina: Todo. Te lo voy a contar todo.
Gerardo: Así... así vamos a salir adelante... Sin escondernos
nada, juntos, como hemos estado estos
años, así, ¿sin odio? ¿No es cierto?
Paulina: Sí.
Gerardo: ¿No te importa que te ponga la grabadora?
Paulina: Pónmela.
( Gerardo pone la grabadora)
Gerardo: Como si estuvieras frente a la Comisión.
Paulina: No sé cómo empezar.
Gerardo: Empieza con tu nombre.
Paulina: Me llamo Paulina Salas. Ahora estoy casada
con el abogado don Gerardo Escobar pero en ese
tiempo...
Gerardo: Fecha...
Paulina: El 6 de abril de 1975, yo era soltera. Iba por
la calle San Antonio...
Gerardo: Lo más preciso que puedas...
Paulina: A la altura de Huérfanos, cuando escuché
detrás mío un... tres hombres se bajaron de un
auto, me encañonaron, si habla una palabra le
volamos la cabeza, señorita, uno de ellos me
escupió las palabras en el oído. Tenía olor a ajo.
No me sorprendió que tuviera ese olor sino que
a mí me importara, que me fijara en eso, que
pensara en el almuerzo que él acababa de comerse,
que estaba digiriendo con todos los órganos
que yo había estudiado en mi carrera en
Medicina. Después me reproché a mí misma,
tuve mucho tiempo en realidad para pensarlo, yo
sabía que en esas circunstancias había que gritar,
que la gente supiera que me agarraron, gritar mi
nombre, soy Paulina Salas, me están secuestrando,
que si uno no pega ese grito en ese primer
momento ya te derrotaron, y yo agaché el moño,
me entregué a ellos sin protestar, me puse a
obedecerlos demasiado pronto. Siempre fui demasiado
obediente toda mi vida.
(Empiezan a bajar las luces)
El Doctor no estaba entre ellos.
Con el Doctor Miranda me tocó por primera vez
tres días más tarde cuando... Ahí lo conocí.
(Bajan más las luces y la voz de Paulina sigue en la
oscuridad)
Al principio, yo pensé que él podía salvarme. Era
tan suave, tan buena gente, después de lo que me
habían hecho los otros. Y entonces escuché, de
repente, el cuarteto de Schubert.
(Se empieza a escuchar el segundo movimiento de ''La
Muerte y la Doncella
No saben lo que es, escuchar esa música maravillosa
en aquella oscuridad, cuando hace tres días
que no comes, cuando tienes el cuerpo hecho
tira, cuando...
(Se escucha en la oscuridad la voz de Roberto)
Voz de Roberto
Ponía música porque eso ayudaba al rol que me
tocaba hacer, el rol del bueno, que le dicen, ponía
Schubert para que me tomaran confianza. Pero
también porque era un modo de aliviarles el sufrimiento.
Tienen que creerme que yo pensé que era
un modo de aliviarles el sufrimiento a los detenidos.
No sólo la música, sino que todo lo que yo hacía. Así
me lo propusieron a mí cuando comencé.
(Suben las luces como si fuera la luna la que ilumina.
Es de noche Está Roberto frente a la grabadora

confesándose. Ya no se escucha el Schubert)
Roberto: Los detenidos se les estaban muriendo,

necesitaban a alguien que los atendiera, alguien
que fuera de confianza. Yo tengo un hermano,
miembro de los servicios de seguridad. Tienes la
oportunidad de pagarle a los comunistas lo que
le hicieron a papá, me dijo una noche —a mi
papá le había dado un infarto cuando le tomaron
el fundo en Las Toltecas. Quedó paralítico—
mudo, con los ojos me interrogaba, como preguntándome
qué había hecho yo para vengarlo.
Pero no fue por eso que yo acepté. Fue por
razones humanitarias. Estamos en guerra, pensé,
ellos me quieren matar a mí y a los míos, ellos
quieren instalar acá una dictadura totalitaria,
pero de todos modos tienen derecho a que algún
médico los atienda. Fue de a pocón, casi sin saber
cómo, que me fueron metiendo en cosas más
delicadas, me hicieron llegar a unas sesiones
donde mi tarea era determinar si los detenidos
podían aguantar la tortura, especialmente la
corriente. Al principio me dije que con eso les
estaba salvando la vida y es cierto, puesto que
muchas veces les dije, sin que fuera así, que si
seguían se les iban a morir, pero después empecé
a... poco a poco, la virtud se fue convirtiendo en
algo diferente, algo excitante... y la máscara de la
virtud se me fue cayendo y la excitación me
escondió, me escondió, me escondió lo que estaba

haciendo, el pantano de lo que estaba... y
cuando me tocó atender a Paulina Salas ya era
demasiado tarde. Demasiado tarde...
(Empiezan a bajar las luces)
...Demasiado tarde. Empecé a brutalizarme, me
empezó a gustar de verdad verdad. Se convierte
en un juego. Te asalta una curiosidad entre
morbosa y científica. ¿Cuánto aguantará ésta?
¿Aguantará más que la otra? ¿Cómo tendrá el
sexo? ¿Tendrá seco el sexo? ¿Es capaz de tener un
orgasmo en estas condiciones? Puedes hacer lo
que quieras con ella, está enteramente bajo tu
poder, puedes llevar a cabo todas las fantasías,
(Bajan más las luces y sigue la voz de Roberto en la
semioscuridad, con la luz de la luna sobre la grabadora)
Todo lo que te han prohibido desde siempre,
todo lo que tu madre te susurraba que nunca
hicieras, empiezas a soñar con ella, con ellas de
noche. Vamos, doctor, me decían, no va a rehusar
carne gratis, ¿no? Eso me lo decía un tipo que
llamaban... el Fanta se llamaba, nunca supe su
nombre verdadero. Les gusta. Doctor... si a todas
estas putas les gusta y si además usted le pone esa
musiquita tan bonita que les pone, seguro que se
le acurrucan más todavía. Esto me lo decía frente
a las mujeres, frente a Paulina Salas me lo dijo, y
yo finalmente, y yo finalmente... pero nunca se
me murió ninguna...

( Vuelven a subirlas luces y está amaneciendo. Roberto,
desamarrado, escribe en una hoja de papel las palabras
que salen de su voz desde la grabadora, mientras
Gerardo y Paulina escuchan. Frente a él hay un montón
de hojas escritas)

Voz de Roberto (desde la grabadora) : Nunca se murió ni
una de las mujeres, ni uno de los hombres a los
que me tocó... asesorar. Fueron, en total, cerca
de 94 los presos a los que atendí, además de
Paulina Salas. Es todo lo que puedo decir. Pido
que se me perdone.

( Gerardo corta la grabadora, mientras Roberto escribe)
Roberto:Que se me perdone...

( Gerardo pone de nuevo la grabadora)
Voz de Roberto: Y que esta confesión sirva de prueba de
mi arrepentimiento y que tal como el país se está
reconciliando en paz ( Gerardo corta la grabadora).
Gerardo: Tal como el país se está reconciliando en
paz. ¿Lo escribió?
( Gerardo vuelve a poner la grabadora)
Voz de Roberto:.. .Se me permita vivir el resto de mis
días... con mi terrible secreto. No puede haber
peor castigo que el que me impone la voz de mi
conciencia.

(Gerardo corta la grabadora)

Roberto (mientras escribe): ...castigo... conciencia.

(Gerardo corta la grabadora. Hay un momento de
silencio) ¿Y ahora? ¿Quiere que firme?

Paulina: Ponga ahí que esto lo escribe de su propia
voluntad, sin presiones de ninguna especie.
Roberto: Eso no es cierto.
Paulina: ¿Quiere que lo presione de verdad. Doctor?
(Roberto escribe un par de frases más, se las muestra a
Gerardo, que mueve la cabeza afirmativamente)
Paulina: Ahora puede firmar.
(Roberto lo firma. Paulina mira la firma, recoge los
papeles, saca la cassette de la grabadora, pone otra
cassette, aprieta un botón, escucha la voz de Roberto)
Voz de Roberto: Ponía música porque eso ayudaba al
rol que me tocaba hacer, el rol del bueno, que le
dicen, ponía Schubert para que me tomaran
confianza. Pero también porque era un modo de
aliviarles el sufrimiento.
Gerardo: Por favor, Paulina. Basta.
Voz de Roberto:Tienen que creerme que yo pensé que
era un modo de aliviarles el sufrimiento a los
detenidos. No sólo la música, sino que todo lo
que yo hacía.
Gerardo (aprieta un botón, interrumpiendo la voz de
Roberto en la cassette-grabadora): Este asunto está
terminado.
Paulina: Casi terminado, sí.
Gerardo: No te parece que sería hora...
Paulina: Tienes toda la razón. Tenemos un acuerdo.
(Paulina va hasta la ventana y se queda un rato
mirando las olas, respirando profundamente) Y pensar
que me pasaba horas así, al amanecer, tratando
de distinguir, tan tan lentamente las cosas que la
marea había dejado atrás durante la noche, mi-
rándolas y preguntándome qué serían, si iban a
ser arrastradas de nuevo por el mar. Y ahora... Y
ahora... Tan generosos que son los amaneceres
en el mar después de una tormenta, tan libres
que son las olas cuando...
Gerardo: ¡Paulina!
Paulina (dándose vuelta): Cierto. Me alegra ver que
sigues siendo un hombre de principios. Pensé,
ahora que sabes que de veras es culpable, pensé
que yo iba a tener que convencerte de que no lo
mataras.
Gerardo: No soy como él.
Paulina (tirándole las llaves del auto a Gerardo): Anda a
buscarle el auto.

(Breve pausa)

Gerardo: ¿Ya él lo dejo acá solo contigo?
Paulina: ¿No te parece que tengo edad como para
saber cuidarme?
(Breve pausa)
Gerardo: Está bien, está bien, voy a buscar el auto...
Cuídate.
Paulina: Tú también.
( Va hasta la puerta)
Paulina: Una cosa más, Gerardo. Devuélvele la gata.
Gerardo (tratando de sonreír): Y tú devuélvele el
Schubert. Tienes tu propia cassette. (Pausa breve)
Cuídate.
Paulina: Y tú también.
(Sale Paulina lo mira, Roberto va desatándose los
tobillos)
Roberto: Si me permite, señora, quisiera ir al baño.
¿Supongo que usted no tiene para qué seguir
acompañándome?
Paulina: No se mueva, Doctor. Nos queda todavía un
pequeño asunto pendiente. (Pausa breve) Va a ser
un día increíblemente hermoso. ¿Sabe lo único
que me hace falta ahora. Doctor, para que este
día sea de verdad verdad perfecto? (Pausa breve)
Matarlo. Para que yo pueda escuchar mi Schubert
sin pensar que usted también lo va a estar escuchando,
que va a estar ensuciando mi día y mi
Schubert y mi país y mi marido. Eso es lo que me
hace falta...
Roberto (se levanta bruscamente): Señora, su marido
partió confiado... Usted dio su palabra, señora.
Paulina: Es cierto. Pero cuando di mi palabra, me
quedaba un pocón de duda de que usted de veras
fuera ese hombre. Porque Gerardo tenía razón.
Pruebas, lo que se dicen pruebas... bueno, por
ahí me podía haber equivocado, ¿no? Pero sabía
que si usted confesaba, si lo escuchaba confesarse...
Y cuando lo escuché, las últimas dudas se
me esfumaron, y me di cuenta de que no iba a
poder vivir tranquila si no lo mataba. (Le apunta
con el revólver) Tiene un minuto para rezar y arrepentirse
de veras, Doctor.
Roberto: Señora, señora... no lo haga. Soy inocente.
Paulina: Está confeso. Doctor.
Roberto: La confesión, señora... La confesión es falsa.
Paulina: ¿Cómo que es falsa?
Roberto: Mi confesión la fabricamos, la inventé...
Paulina: A mí me pareció sumamente verídica,
dolorosamente familiar...
Roberto: Su marido me indicó lo que tenía que escribir,
algo inventé yo... algo inventé, pero la mayoría me lo

sugirió él a partir de lo que él sabía que le había pasado a

usted, una fabricación para que usted me soltara, él me

convenció que era la única manera de que no me matara y

yo tuve que... usted sabe cómo, bajo presión, uno dice
cualquier cosa, pero soy inocente, señora, por
Dios que está en el cielo le...
Paulina: No invoque a Dios, Doctor, cuando está tan
cerca de comprobar si existe o no. El que sí existe
es el Fanta.
Roberto: Señora, qué es lo que...
Paulina: Varias veces en su confesión usted menciona
al Fanta, ese tipo grande, fornido, se comía las
uñas, no es cierto, no sé cómo tendría la cara. De
lo que pude darme cuenta es que se comía esas
uñas de mierda.
Roberto: Yo no conocí nunca a ningún señor que se
llamara así. El nombre me lo dio su marido, todo lo
que dije se lo debo a la ayuda de su marido...
Pregúntele cuando él vuelva. El le puede explicar,
Paulina: El no tiene nada que explicar. Yo sabía que
él iba a hacer eso, para salvarle la vida a usted,
para protegerme a mí, para que yo no lo matara,
yo sabía que él utilizaría mi confesión para armar
la suya. El es así. Siempre piensa que es más
inteligente que los demás, siempre piensa que
tiene que estar salvando a alguien. No lo culpo,
Doctor. Es porque me quiere. Nos mentimos
porque nos queremos. El me engañó a mí para
salvarme. Yo lo engañé a él para salvarlo. Pero
gané yo. El nombre que le mencioné a mi marido
fue el del Chanta, el Chanta, a propósito, un
nombre equivocado para ver si usted lo corregía.
Y usted lo corrigió. Doctor, usted corrigió el
nombre del Chanta y puso el Fanta y si fuera
inocente no tendría cómo haber sabido el nombre
verdadero de esa bestia.
Roberto: Le digo que fue su marido el que me...
Escuche. Por favor escúcheme. Primero dijo
Chanta, después lo cambió y me dijo que era el
Fanta. Debe haber pensado que era un nombre
que le venía más a ese tipo de... Yo no sé por qué
él me lo... Pregúnteselo. Pregúnteselo.
Paulina: No es la única corrección que usted hizo de
la versión que yo le entregué a mi marido. Doctor.
Habían varias otras mentiras.
Roberto: ¿Cuáles, cuáles...?
Paulina: Pequeñas mentiras, pequeñas variaciones que
yo fui metiendo en mi relato a Gerardo, y varias
veces. Doctor, no siempre, pero varias veces como
con el Fanta, usted las fue corrigiendo. Tal como
supuse que iba a ocurrir. Pero no lo voy a matar
porque sea culpable, Doctor. Lo voy a matar porque
no se ha arrepentido un carajo. Sólo puedo perdonar
a alguien que se arrepiente de verdad, que se
levanta ante sus semejantes y dice esto yo lo hice, lo
hice y nunca más lo voy a hacer.
Roberto: ¿Qué más quiere, señora? Tiene más de lo
que todas las victimas de este país van a tener. Un
hombre confeso, a sus pies, humillado (se arrodilla),
rogando por su vida. ¿Qué más quiere?
Paulina: La verdad. Doctor. Dígame la verdad y lo
suelto. Va a estar tan libre como Caín después de
que mató a su hermano, cuando se arrepintió.
Dios le puso una marca para que nadie lo pudiera
tocar. Arrepiéntase y yo lo dejo libre. (Pausa breve)
Tiene diez minutos. Uno, dos, tres, cuatro,
cinco, seis. ¡Vamos! Siete. ¡Confiese, Doctor!
(Roberto se para del suelo)
Roberto: No. No lo voy a hacer. Por mucho que me
confiese, usted no va a estar nunca satisfecha. Me
va a matar de todas maneras. Así que máteme. No
voy a seguir permitiendo que una mujer loca me
trate de esta manera vergonzosa. Si quiere matarme,
máteme. Sepa, eso sí, que mata a un
hombre inocente.
Paulina: Ocho.
Roberto: Así que seguimos en la violencia, siempre en
la violencia. Ayer a usted le hicieron cosas terribles
y ahora usted me hace cosas terribles a mí y
mañana... más y más y más. Yo tengo niños... dos
hijos, una mujercita... Qué tienen que hacer
ellos, pasarse quince años buscándola y cuando
la encuentren, ellos...
Paulina: Nueve.
Roberto: Ay, Paulina... ¿No te parece que es hora de
terrninar de una vez?
Paulina:Y por qué tengo que ser yo la que se sacrifica
¿eh?, yo la que tengo que morderme la lengua,
siempre nosotros los que hacemos las concesiones
cuando hay que conceder, ¿por qué, por
que? Esta vez no. Uno, uno, aunque no fuera más
que uno, hacer justicia con uno. ¿Qué se pierde?
¿Qué se pierde con matar aunque no fuera más
que uno? ¿Qué se pierde? ¿Qué se pierde?
( Van bajando las luces y quedan Paulina y Roberto, en
la penumbra, ella apuntándolo a él y antes de que
hayan bajado del todo, empieza a escucharse una
música de cuarteto. Es el último movimiento del cuarteto
Disonante de Mozart. Paulina y Roberto van
siendo tapados por un espejo gigante que le devuelve a
los espectadores su propia imagen. Durante un largo
rato, mientras oyen el cuarteto de Mozart, los espectadores
simplemente miran su propia imagen en el espejo.)


Escena 2

Lenta o bruscamente, según los recursos de que se
dispongan, el espejo se transforma en una sala de
conciertos. Han pasado varios meses. Es de noche.
Aparecen Gerardo y Paulina, ambos vestidos en forma
elegante. Se sientan entre los espectadores y de espaldas
a ellos, sea en dos butacas del mismo público o en sillas
que se colocan frente al espejo, viéndose sus caras.
También es posible, aunque no recomendable, que las
sillas estén colocadas de cara al público. Se escuchan por
debajo de la música algunos sonidos típicos de un
concierto: carrasperas, una tos aislada, un aletear de
programas, hasta alguna respiración entrecortada. Al
llegara su final la música, Gerardo empieza a aplaudir
y se escucha un aplauso que va creciendo entre lo que
evidentemente es el público presente Paulina no aplaude,

Los aplausos empiezan a disminuir hasta que
desaparecen del todo y se oyen los ruidos habituales de
una sala de conciertos cuando se termina parte del
programa: más carrasperas, murmulbs de los espectadores,
cuerpos que se mueven hacia el foyer. Empiezan
los dos a salir, saludando gente, parándose a charlar de
pronto. Se alejan desús asientos y avanzan por un foyer
imaginario que está aparentemente lleno de espectadores.
Se oyen cuchicheos, se ve humo que sale de cigarrillos,
etc, Gerardo se pone a hablar con miembros del
público, como si asistieran al concierto, Gerardo (en forma

íntima, a diversos espectadores): Gracias, muchas gracias.

Sí, quedamos bastante contentos
con el Informe... (Paulina va yéndose hacia
un lado, donde está instalado un puesto de venta,
Gerardo seguirá hablando con quienes lo rodean hasta
que ella vuelva) Se está actuando con una gran
generosidad, sin ningún ánimo de venganza
personal. Mira, te voy a decir cuándo supe que la
Comisión de veras iba a ayudarnos a sanar las
heridas del pasado. Fue el primer día de nuestra
investigación. Se acercó a dar su testimonio una
señora de edad, Magdalena Suárez, creo que se
llamaba, tímida, hasta desconfiada. Empezó a
hablar parada. "Siéntese", le dijo el Presidente de
la Comisión y le ofreció una silla. La señora se
sentó, y se puso a llorar. Después nos miró y nos
dijo: "Es la primera vez, señor", nos dijo —su
marido estaba desaparecido hace nueve años, y
había hecho miles de trámites, miles de horas de
espera—, "Es la primera vez," nos dijo, "en todos
estos años, señor, que alguien me ofrece sentarme".

Imagínate lo que es que te traten durante años de
loca y mentirosa y de pronto eres otra vez un ser
humano, contando tu historia para que todos la
puedan escuchar. No podemos devolverle el
marido muerto, pero podemos devolverle su
dignidad; que por lo demás ella nunca perdió.
Eso sí que no tiene precio. (Suena una campana
que indica que está por recomenzar el concierto) Bueno,
los asesinos... ya sabía que me lo ibas a
preguntar... Mira, aunque no sepamos, en muchos
casos, sus nombres, o no podamos revelarlos...
(Paulina ha seleccionado unos dulces, paga,
vuelve a juntarse con Gerardo, Entra Roberto en una
luz levemente distinta, con cierta dualidad casi
fantasmagórica, como de luna. Ella todavía no lo ve,
Roberto se queda contemplando a Paulina y a Gerardo
desde lejos) Ah, Paulineta linda, justo a tiempo.
Bueno, viejito, a ver si nos tomamos unos tragos
en casa, ahora que estoy más libre. La Pau hace
un pisco sour que es de miedo.
(Se sientan, Roberto los sigue. Se sienta en un extremo de

la misma fila, mirando siempre a Paulina, Se escuchan
aplausos, al entrar los músicos. Unos breves acordes para
templar los instrumentos. Empieza a oírse La Muerte y la
Doncella, Gerardo mira a Paulina que mira al frente El le
toma la mano y entonces, sin soltársela, comienza a mirar
también al frente Después de unos instantes, ella se da
vuelta lentamente y mira a Roberto que la está mirando. Se
quedan así por unos instantes. Después ella vuelve y mira
al frente, Roberto sigue mirándola. Las luces bajan

mientras  la música toca y toca y toca.)

Fin de la obra.




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