LOS LACAYOS LADRONES. LOPE DE RUEDA





LOS LACAYOS LADRONES


Paso muy gracioso, agora nuevamente compuesto por Lope de Rueda. Introdúcense en él
las personas siguientes
MADRIGALEJO, lacayo ladrón.
MOLINA, lacayo.
ALGUACIL.
UN PAJE.
MADRIGALEJO
¡Reñego del gran Taborlán y de todos sus consortes y bien allegados, y de toda la canalla que
rige y gobierna la infernalísima barca del viejo carcomido Carón, que si entre las manos le tomo
ad aquel que semejante palabra y afrenta de la boca se le soltó, si a puros papirotazos no le
convierto el pellejo en pergamino virgen!
MOLINA
Por cierto, ello fue palabra muy mal sonante, señor Madrigalejo.
MADRIGALEJO¿No le paresce a vuestra merced? ¿Cómo es su gracia, señor?
MOLINA
Señor, Molina, para su servicio.
MADRIGALEJO
¿Es bien, señor Molina, que digan de mí semejantes palabras? ¿Hombre era yo que le había
d'escalfar su bolsa? ¿Faltábanme a mí dos pares de reales entre amigos?
MOLINA
¡Por Dios, señor! Yo no creo tal y pésame de que vi que os trataban mal y acudían tantos contra
vos.
MADRIGALEJO
¿De dónde bueno es vuestra merced, señor Molina?
MOLINA
Señor, de Granada.
MADRIGALEJO
Ahí tuve yo una pasión de harto quilate.
MOLINA
¿Y con quién, señor?
MADRIGALEJO
Contra la Justicia, cuando menos.
MOLINA
¿En qué tiempo?
MADRIGALEJO
Agora ha cinco años.
MOLINA
¡Ta, ta, pecador de mí! Ya se me acuerda. En verdad que le hicieron a vuestra merced harto
agravio allí entonces de parte de la Justicia.
MADRIGALEJO
Ya sé dónde va...
MOLINA
Sí, sí, cuando le levantaron a vuestra merced que le habían hallado una noche encima de un
caballete en casa del chantre.
MADRIGALEJOTiene razón, pero ¿qué monta?; que si ellos supieran entonces a qué iba, de aquella hecha me
ponían de la gorja como calabazón en garabato.
MOLINA
Decían que le habían tomado con una antepuerta y con un capote guarnescido de un lacayo del
mismo dueño de la casa.
MADRIGALEJO
Así es la verdad, que, como no pude habelle a las manos para matalle, cogíle, por vengarme, lo
primero que me vino a la mano.
MOLINA
Ya, ya, ya..., y an por eso decía el pregonero: “¡A este hombre por ladrón!”
MADRIGALEJO
¿Vio vuestra merced mejor ánimo de hombre en los días de su vida qu'el que yo llevaba encima
de aquel asno, con ser el verdugo el mayor enemigo que tuve en toda aquella tierra?
MOLINA
Es la verdad.
MADRIGALEJO
Tan encarnizado le vi contra mis espaldas, que dos o tres veces estuve para descabalgar del asno
y no aguardalle más.
MOLINA
¿Pues, por qué no lo hacía, señor?
MADRIGALEJO
¿Por qué diz que no lo hacía? Porque iba atado, pecador de mí.
MOLINA
Yo me espanto cómo no murió de aquella hecha, según llevaba las espaldas.
MADRIGALEJO
¡Cómo en aquesas refriegas se ha visto el pobre de Madrigalejo...!
MOLINA
Es verdad, que ansí lo decían, que otras dos veces le habían dado cien azotes.
MADRIGALEJO
¡Juro a tal qu'es la mayor mentira del mundo y que al bellaco que tal inventó le haga conoscer, de
mi persona a la suya, que miente como un grandísimo tacaño!
MOLINA
¿Pues no le pasó aqueso en Granada?MADRIGALEJO
Es así; y en el Burgo de Osma otra vez. Pero otras dos veces..., el que tal dijere, véngase con
espada y capa; veamos si me lo dice delante. Y el que dijere que me dieron cien azotes también
miente.
MOLINA
¿Cómo, señor, pues lo vimos tantos?
MADRIGALEJO
¿Contaron vuestras mercedes los azotes que me dieron?
MOLINA
¿Para qué se habían de contar?
MADRIGALEJO
Pues dígame agora: veinte y cinco paradas de cuatro en cuatro, ¿Cuántos son?
MOLINA
Ciento.
MADRIGALEJO
Pues, ¡voto a tal!, que no daba vez, vuelta o corcovo con el cuerpo que no le echase al verdugo
un azote de clavo. Mire vuestra merced, si en ciento, si no fueron más de quince de menos.
MOLINA
No hay duda, sino qu'es ansí.
MADRIGALEJO
Pues, ¿cómo se puede decir con verdad que me dieron cien azotes, faltando al pie de veinte?
Tampoco lo qu'el hombre no sufre por su voluntad no se puede llamar afrenta. Comparación:
¿qué se me da a mí que llamen a uno cornudo, si la bellaquería está en su mujer, sin ser él
consentidor?
MOLINA
Tenéis razón.
MADRIGALEJO
Pues, ¿qué afrenta recibo yo que me azoten, si es contra mi voluntad y por fuerza? Mas
disimúlese, que aquel paje viene con el alguacil, y tome aqueste lío y, por otro tal, vuestra
merced me abone y diga que me conosce.
MOLINA
Sí haré, señor; perdé cuidado.
PAJESeñor, aquél de aquel becoquín es el ladrón.
ALGUACIL
¿Qué hacéis aquí, gentilhombre?
MADRIGALEJO
Señor, estoy con este señor, que es compañero y de mi tierra.
ALGUACIL
¿Compañero vuestro es?
MOLINA
Sí, señor.
ALGUACIL
Vosotros ladrones debéis de ser.
MADRIGALEJO
Más ha de tres meses que no lo usamos.
ALGUACIL
Al fin, ¿usábadeslo?
MADRIGALEJO
Vuestra merced lo dice.
ALGUACIL
¿Y de dónde sois?
MADRIGALEJO
¡Di que de Salamanca.¿
MOLINA
De Salamanca somos, señor.
MADRIGALEJO
Hijos somos de vecinos de Salamanca.
ALGUACIL
¿Y a qué venistes aquí?
MADRIGALEJO
¡Di que a ver la tierra.¿
MOLINA
A ver la tierra, señor.MADRIGALEJO
Sí, sí, señor, a ver la tierra.
ALGUACIL
¿De qué vevís?
MADRIGALEJO
Señor, somos oficiales.
ALGUACIL
¿Qué oficio?
MADRIGALEJO
¡Di que sastres.¿
MOLINA
Somos sastres, señor.
MADRIGALEJO
Sí, señor, maestros de tijera somos.
ALGUACIL
¿Jurar lo heis?
MADRIGALEJO
¡Jesús, señor, sí, cierto!
ALGUACIL
¿Que's de unas Horas que sacastes a este mozo de la faltriquera?
MADRIGALEJO
¿Yo Horas? Cáteme vuestra merced...
ALGUACIL
¡Esperá! ¿Qué's esto? ¿Y vos no tenéis orejas?
MADRIGALEJO
Ni las he menester, señor.
ALGUACIL
¿Por qué?
MADRIGALEJO
Porque me las quitaron.ALGUACIL
¿Dónde os las quitaron?
MADRIGALEJO
Señor, en la toma de San Quintín; peleando, de una cuchillada me las quitaron ambas a dos.
ALGUACIL
¿Ambas de una cuchillada?
MADRIGALEJO
Sí, señor, y an cincuenta que tuviera, según andaba la revuelta.
ALGUACIL
Vos maraña traéis.
MADRIGALEJO
No, señor, aquí traigo el testimonio d'ello.
ALGUACIL
Enseñá.
MADRIGALEJO
Tome, señor. ¡Señor Molina, hágame merced de venirse hacia l'Antigua, por que hagamos
partición de aquella bolsa que sangramos a la frutera.¿
ALGUACIL
¿Barbero sois de bolsas? ¡Teneldo bien! Y a esotro mirad lo que lleva debajo la capa.
PAJE
Lío de ropa me paresce.
ALGUACIL
Amuestra acá.
MOLINA
Señor, en mi ánima que no es mío, que éste me lo encomendó.
ALGUACIL
¿Que os lo encomendó? En fin, compañeros sois.
MOLINA
Por mi salud, que no es mi compañero; no lo vi en mi vida, si agora no.
ALGUACIL
Pues, ¿cómo dijistes antes que era vuestro compañero?MOLINA
Señor, por abonallo.
MADRIGALEJO
Señor, en verdad, sí es, y que las mejores piezas que en mi oficio sé, él me las ha enseñado.
ALGUACIL
Yo lo creo; ¿y de qué oficio son las piezas?
MADRIGALEJO
De cortar de tijera, de subir de noche por una pared, aunque no haya candil, y de trastejar, al
mejor sueño del dueño de la casa, y de sacar prendas sin mandamiento, y de otras cosillas así
manuales que pertenescen así para el oficio. Y algunas veces, hacer de un pedacillo de alambre
una llave que hace a cualquier cerradura.
ALGUACIL
¡Buena habilidad es aquésa!
MOLINA
¿Yo? ¡Válate el diablo, ladrón!
MADRIGALEJO
En verdad, señor, la primera vez que me afrentaron en Antequera, él iba delante.
ALGUACIL
Asildos bien. ¿Qué va en este lío? Ganzúas son éstas.
MADRIGALEJO
Señor, él las hace por extremo.
MOLINA
¿Yo? ¡Justicia de Dios!
PAJE
¡Aquésas son mis Horas, señor alguacil!
MADRIGALEJO
Si aquésas son tus Horas, ¿en qué rezaba yo, ratoncillo?
ALGUACIL
¡Rezador está el tiempo! Tirá con ellos, que allá les mostrarán otro oficio.
MADRIGALEJO
¿Y qué oficio?
ALGUACILA remar.
MOLINA
Vamos, que yo daré tal testimonio de mí, que se aclare la verdad.
MADRIGALEJO
Una cosa terná segura, señor Molina, que en azotándole y estando tres o cuatro años en servicio
de Su Majestad en galeras, no terná más que ver la Justicia con él que el rey de Francia. Y esto,
como testigo de vista.
ALGUACIL
¡Andad, andad, tirá delante, no tantas palabras! ¡Estos bellacos tacaños...!
FIN

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