LA MARQUESA DE LARKSPUR LOTION TENNESSE WILLIAMS





LA MARQUESA DE LARKSPUR LOTION
TENESSE WILLIAMS




SRA. HARDWICKE-MOORE
SRA. WIRE
EL ESCRITOR



ACTO ÚNICO
Una habitación pobremente amueblada en el barrio francés de
Nueva Orleáns. No tiene ventana, ya que es un cubículo separado
de otros semejantes por tabiques artificiales. Un pequeño tragaluz
inclinado deja pasar la escasa y deprimente luz de las últimas horas
de la tarde. Hay un armario alto, negro, con lunas rotas en las
puertas, una bombilla eléctrica oscilante, una cómoda negra y
carente de elegancia, una horrible estampa de un santo y, encima
de la cama, un escudo de armas en un marco.
La Sra. Hardwicke-Moore, una mujer de cuarenta años, teñida de
rubio, está sentada en el borde de la cama en una actitud pasiva,
como si no se le ocurriera nada mejor que hacer.
Se oye un golpe seco en la puerta.
SRA. HARDWIKE-MOORE: ( En un tono agudo, afectado)¿ Quién es, por favor?
SRA. WIRE: ( Desde afuera bruscamente) ¡ Soy yo!
(Con una expresión momentánea de terror en la cara, la Sra.
Hardwike-Moore se levanta muy tiesa)
SRA. HARDWIKE-MOORE: ¡Oh...Señora Wire. Pase.( Entra la
patrona, una mujer de unos cincuenta años, gruesa y desaliñada.)
Precisamente iba a pasar por su habitación para hablar con usted.
SRA. WIRE: ¿Si? ¿ De qué?
SRA. HARDWIKE-MOORE: ( Con una sonrisa que quiere ser jovial, pero que resulta forzada) : Señora Wire, lamento decirle que no creo que estas cucarachas sean los compañeros de cuarto más
gratos, ¿ y usted?
SRA. WIRE: Cucarachas, ¿ eh?
SRA. HARDWIKE-MOORE: Si, exactamente. No es que haya
tenido muchos contactos con cucarachas en mi vida, pero las pocas
que había visto hasta ahora eran pedrestes, de las que andan. ¡Estas señora Wire, son cucarachas voladoras! Me quedé
asombrada, en realidad me quedé literalmente pasmada cuando
una de ellas despegó del suelo y empezó a zumbar por el aire,
describiendo un círculo, apenas a dos pulgadas de mi cara. Señora
Wire, me senté en el borde de esa cama y lloré, ¡tan horrorizada y
asqueada me sentía! ¡Imagínese! ¡Cucarachas voladoras, algo que
nunca se me ocurrió que existiera, zumbando y dando vueltas a mi
alrededor! Mire señora Wire, quiero que sepa...
SRA. WIRE: (Interrumpiéndola): Las cucarachas voladoras no
tienen nada de extraño. Las hay en todas partes, incluso en el
barrio elegante las tienen. Pero no era eso lo que yo quería...
SRA. HARDWIKE-MOORE: (Interrumpiéndola): Es posible señora Wire, pero yo también puedo decirle que me horrorizan las
cucarachas, incluso las simples cucarachas tradicionales, las
pedestres; y en cuanto a este otro tipo, las que vuelan...¡Si he de
quedarme aquí, estas cucarachas voladoras han de desaparecer, y
han de desaparecer inmediatamente!
SRA. WIRE:¿Cómo voy a impedir yo que las cucarachas voladoras
entren por las ventanas? Pero no es eso lo que yo...
SRA. HARDWIKE-MOORE: (Interrumpiéndola): Yo no sé cómo,
señora Wire, pero tiene que haber un procedimiento. Lo único que
sé es que tienen que desaparecer antes de que yo pase aquí una
noche más, señora Wire. ¡Oiga, si me despierto por La noche y me
encuentro una en la cama me dará un ataque; le juro que,
sencillamente, me moriré de convulsiones!
SRA. WIRE: Perdóneme que le diga, señora Hardshell-Moore, que
es mucho más probable que se muera usted de beber demasiado
que de convulsiones provocadas por las cucarachas. (Coge una
botella de la cómoda.) ¿Qué es esto? ¡Larkspur Lotion! ¡Vaya!
SRA. HARDWIKE-MOORE: (Enrojeciendo): Lo uso para quitarme el esmalte de las uñas.
SRA. WIRE: ¡Muy delicada, si!
SRA. HARDWIKE-MOORE: ¿Qué quiere usted decir?
SRA. WIRE: No hay una casa vieja en el barrio que no tenga
cucarachas.
SRA. HARDWIKE-MOORE: Pero no en cantidades tan enormes,
¿no? ¡Le aseguro que esta habitación está realmente infestada!
SRA. WIRE: No hay que exagerar. Y a propósito, no me ha pagado
usted todavía el resto del alquiler de esta semana. No pretendo
cambiar de conversación, pero sí necesito cobrar ese dinero.
SRA. HARDWIKE-MOORE : ¡Le pagaré el resto del alquiler tan
pronto como haya acabado usted con las cucarachas!
SRA. WIRE: Tendrá usted que pagármelo ahora mismo o
marcharse.
SRA. HARDWIKE-MOORE: ¡Estoy decidida a marcharme si no se van las cucarachas!
SRA. WIRE: Entonces márchese y deje de hablar de ellas.
SRA. HARDWIKE-MOORE: ¡Debe usted haber perdido el juicio, no puedo marcharme ahora mismo!
SRA. WIRE: ¿Entonces a qué viene lo de las cucarachas?
SRA. HARDWIKE-MOORE:¡Viene a lo que ya le he dicho, que no creo que sean los seres más indicados para compartir con ellos un cuarto!
SRA. WIRE: ¡De acuerdo! ¡No lo comparta! Haga la maleta y
múdese a otro sitio donde no haya cucarachas!
SRA. HARDWIKE-MOORE: ¿Quiere usted decir que insiste en
tener cucarachas?
SRA. WIRE: No, lo que quiero decir es que insisto en que me pague usted el alquiler que me debe.
SRA. HARDWIKE-MOORE: Ahora mismo es imposible.
SRA. WIRE: ¿Eh?
SRA. HARDWIKE-MOORE: Sí, y le diré por qué. No me han girado todavía la suma que trimestralmente me manda la persona que regenta la plantación de caucho. Hace ya varias semanas que la
estoy esperando, pero según la carta que recibí esta mañana
parece que ha habido un pequeño error en los impuestos del año
pasado y...
SRA. WIRE:¡Oh, basta ya! ¡Otra vez la maldita plantación de
caucho del Brasil! ¿Cree usted que en los diecisiete años que llevo
en este negocio no he aprendido nada sobre las mujeres de su
clase?
SRA. HARDWIKE-MOORE: (Muy tiesa): ¿Qué insinúa usted?
SRA. WIRE:Supongo que los hombres que recibe usted por las
noches vienen a hablar de la plantación de caucho del Brasil, ¿no?
SRA. HARDWIKE-MOORE: ¡Debe usted estar loca para decir una
cosa así!
SRA. WIRE: ¡Oigo lo que oigo y sé lo que pasa!
SRA. HARDWIKE-MOORE: ¡Ya sé que es usted una fisgona, que
escucha detrás de las puertas! 
SRA. WIRE: ¡No soy una fisgona ni escucho detrás de las puertas!
¡Lo primero que aprende una patrona del barrio francés es que no
tiene que ver ni oír, sino limitarse a cobrar su dinero! ¡Mientras me
pagan, conforme, soy ciega, sorda y muda! Pero en cuanto el dinero
no llega, recupero el oído, la vista y el habla. Si hace falta, cojo el
teléfono y llamo al jefe de Policía, que es pariente de mi hermana.
Anoche oí aquella discusión sobre dinero.
SRA. HARDWIKE-MOORE: ¿Qué discusión? ¿Qué dinero?
SRA. WIRE: ¡ El gritaba de tal modo que tuve que cerrar la ventana de adelante para impedir que el ruido llegara a la calle! ¡ Y no oí nada de ninguna plantación en el Brasil! ¡En cambio, se habló de otras muchas cosas con toda claridad en esa conversación de
medianoche que tuvieron ustedes! ¡Larkspur Lotion...para quitarse
el esmalte de las uñas! ¿Se figura usted que soy una niña? ¡Es lo
mismo que la maravillosa plantación de caucho!
(Se abre la puerta de par en par y entra el ESCRITOR, que lleva un
viejo albornoz color púrpura)
ESCRITOR: ¡Basta!
SRA. WIRE: ¡Oh! ¡Es usted!
ESCRITOR: ¡Deje de importunar a esta mujer!
SRA. WIRE: ¡El segundo señor Shaskespeare entra en escena!
ESCRITOR: ¡Oí sus endemoniados aullidos entre sueños!
SRA. WIRE: ¿Sueños? ¿Ja, ja! ¡Querrá usted decir en el sopor de
la borrachera!
ESCRITOR: Mi enfermedad me obliga a descansar. ¿Acaso no
tengo derecho?
SRA. WIRE (Interrumpiéndole): ¡Enfermedad...alcohólica! ¡ No me venga con cuentos! Me alegro de que haya venido. Voy a repetir para que usted lo oiga lo que acabo de decirle a la señora. ¡Estoy harta de tramposos! ¿Está claro? ¡Hasta la coronilla de todos
ustedes, ratas de barrio, mestizos, borrachos, degenerados, que
tratan de ir tirando con promesas, mentiras, embelecos!
SRA. HARDWIKE-MOORE(Tapándose los oídos): ¡Oh, por favor,
por favor, por favor, deje de chillar! ¡No es necesario!
SRA. WIRE(Volviéndose a ella): Usted con su plantación de caucho en el Brasil. Ese escudo de armas en la pared que compró usted en el baratillo. ¡La mujer que se lo vendió me lo dijo! ¡Una Habsburgo!
¡Si! ¡Una dama de la nobleza! ¡ La marquesa de Larkspur Lotion!
¡Ese es su título!
( La SRA. HARDWIKE-MOORE da un grito desgarrador y se arroja boca abajo en la hundida cama)
ESCRITOR(Con un gesto de compasión): Deje de atormentar a
esta desdichada mujer. ¿Ya no queda piedad en el mundo? ¡Dóndeestá la compasión y la comprensión? ¿Qué se ha hecho de ellas?
¿Dónde está Dios? ¿Dónde está Cristo? (Se apoya, temblando en
el ropero.) ¿Y que pasa si no existe la plantación de caucho en el
Brasil?
SRA. HARDWIKE-MOORE(Enderezándose vivamente): ¡Le
aseguro que sí, que existe!
( El cuello tenso de convicción, la cabeza echada hacia atrás)
ESCRITOR: ¿Y qué si no hay ningún rey del caucho en su vida?
¿Tiene que haber reyes del caucho en su vida? ¿Se le ha de
reprochar qye necesiter compensar las crueles deficiencias de la
realidad con el ejercicio de un poco de imaginación... Cómo diré ?...
¿ Dada por Dios?
SRA. HARDWIKE-MOORE (Echándose boca abajo en la cama una vez más): ¡No, no, no, no! ¡No es ... imaginación!
SRA. WIRE: ¡Le ruego que haga el favor de dejar de espetarme
pomposos discursos! ¡Usted con su obra maestra de setecientas
ochenta páginas corre parejas con la marquesa de Larkspur Lotion
en cuanto al uso de la imaginación!
ESCRITOR (Con voz fatigada): Ah, muy bien, ¿y qué? Suponga
que no existe ninguna obra maestra de setecientas ochenta
páginas. (Cierra los ojos y se toca la frente.) ¡Suponga que no
existe obra ninguna! ¿Qué le parece, señora Wire? ¡Qué sólo hay
unas cuantas, muy pocas, páginas sin valor, mal escritas, en el
fondo de mi viejo baúl!... ¡Suponga que yo quise ser un gran artista,
pero que me faltó energía y capacidad! ¡Suponga que mis libros no
tuvieron capítulo final, que incluso mis versos languidecieron
incompletos! ¡Suponga que los telones de mi exaltada fantasía se
alzaron sobre damas magníficos, pero que las candilejas se
apagaron antes de caer el telón! ¡Suponga que todas estas tristes
cosas son ciertas! ¡Y suponga que yo –dando traspiés de bar en
bar, de copa en copa, hasta caer finalmente en el colchón infestado
de piojos de este burdel-, suponga que yo, para hacer soportable
esta pesadilla mientras tenga que seguir siendo su impotente
protagonista, suponga que yo la adorno, la ilumino, la sublimo! ¡Con sueños y ficciones y fantasías! ¡Como la existencia de una obra maestra de setecientas ochenta páginas..., inminentes estrenos en Broadway..., maravillosos libros de poemas en manos de los
editores, que sólo esperan unas firmas para ser publicados!
¡Suponga que vivo en este mundo de piadosa ficción! ¿Qué
satisfacción puede procurarle a usted, buena mujer, hacerlo
pedazos, aplastarlo, decir que es mentira? ¡Escuche lo que le digo!
¡No hay más mentiras que las que mete en la boca la mano nudosa
de la necesidad, el frío puño de hierro de la miseria, señora Wire!¡Así que yosoy un embustero, sí! ¡Pero su mundo está edificado
sobre una mentira, su mundo es una espantosa construcción hecha
de mentiras! ¡Mentiras, mentiras!...¡Ahora estoy cansado y ya he
dicho lo que tenía que decir, y no tengo dinero para pagarle, de
modo que márchese y deje en paz a esta mujer! Déjela sola.
¡Vamos, váyase, fuera!
(La empuja firmemente haciéndola salir.)
SRA. WIRE (Gritando desde fuera): ¡Mañana por la mañana! ¡O
pagan o se van! Los dos. ¡Juntos! ¡La obra maestra de setecientas
ochenta páginas y la plantación de caucho del Brasil! ¡Pamplinas!
(Lentamente, el escritor fracasado y la mujer fracasada se afrontan.
A través de la claraboya la luz disminuye, agrisándose. El
ESCRITOR extiende lenta y rígidamente sus brazos en un gesto de
impotencia)
SRA. HARDWIKE-MOORE (Volviéndose para evitar su mirada):
¡Cucarachas! ¡Por todas partes! ¡Por las paredes, por el techo, por
el suelo! ¡Lo llenan todo!
ESCRITOR (Con dulzura): Lo sé. Supongo que no había
cucarachas en la plantación de caucho del Brasil.
SRA. HARDWIKE-MOORE (Animándose). No, clara que no. Todo estaba siempre inmaculado, siempre. Inmaculado. ¡Los suelos
estaban tan limpios y lustrosos que brillaban como espejos!
ESCRITOR: Ya. ¡Y las ventanas... supongo que se abrían sobre un
hermoso paisaje!
SRA. HARDWIKE-MOORE: ¡Indescriptiblemente hermoso!
ESCRITOR: ¿Estaba muy lejos del Mediterráneo?
SRA. HARDWIKE-MOORE (Insegura): ¿Del Mediterráneo? ¡Una
milla o dos tan sólo!
ESCRITOR: En una mañana muy clara me atrevería a decir que era
posible distinguir los blancos acantilados calcáreos de Dover..., al
otro lado del canal, ¿verdad?
SRA. HARDWIKE-MOORE. Sí, en un día muy claro sí. (El
ESCRITOR le pasaen silencio una botella pequeña de whisky.)
Gracias, señor...
ESCRITOR:: ¡Chéjov! ¡Antón Pavlovich Chéjov!
SRA. HARDWIKE-MOORE (Sonriendo con un resto de coquetería):
¡Gracias, señor Chéjov!
TELON

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