Fin de partida Samuel Beckett














Fin de partida

Samuel Beckett


Clov
Hamm
Nell
Nagg


Un cuarto sin muebles. Luz cenicienta.
En las paredes de la derecha y de la izquierda, hacia el fondo, dos ventanitas muy altas, con las cortinas corridas.
A la derecha, en el proscenio, una puerta. En la pared, junto a la puerta, un cuadro dado vuelta. En el proscenio, a la izquierda, dos tachos de basura, muy juntos, cubiertos con una vieja sábana. En el centro, cubierto con una vieja sábana, sentado en una silla de ruedas, está Hamm. Clov, inmóvil al lado de la silla, lo mira. Tez muy roja.
Clov va a colocarse bajo la ventana de la izquierda. Camina en forma rígida y vacilante. Mira la ventana de la izquierda con la cabeza echada hacia atrás. Vuelve la cabeza, mira la ventana de la derecha. Se coloca bajo la ventana de la derecha. Mira la ventana con la cabeza echada hacia atrás. Vuelve la cabeza y mira la ventana de la izquierda. Sale, regresa en seguida con una escalerilla, la coloca bajo la ventana de la izquierda, sube, corre la cortina. Baja, camina seis pasos hacia la ventana de la derecha, regresa, toma la escalerilla, la coloca bajo la ventana de la derecha, sube, corre la cortina. Baja, camina tres pasos hacia la ventana de la izquierda, regresa, toma la escalerilla, la coloca bajo la ventana de la izquierda, sube, mira por la ventana. Risa breve. Baja, da un paso hacia la ventana de la derecha, regresa, toma la escalerilla, la coloca bajo la ventana de la derecha. Sube, mira por la ventana. Risa breve. Baja, se dirige hacia los tachos de basura, regresa a tomar la escalerilla. La toma, cambia de idea, la deja, va hacia los tachos de basura, quita el trapo que los cubre, lo pliega cuidadosamente y se lo coloca bajo el brazo. Levanta la tapa de uno de los tachos, se inclina y mira dentro. Risa breve. Lo tapa. Hace lo mismo con el otro. Va hacia Hamm, quita el trapo que lo cubre, lo pliega cuidadosamente y se lo coloca bajo el brazo. Hamm parece dormir. Viste robe de
chambre, solideo de fieltro y gruesas pantuflas, un gran pañuelo manchado de sangre le cubre la cara, de su cuello cuelga un silbato. Tiene una manta sobre las rodillas. Clov lo mira. Risa breve. Va hacia la puerta, se detiene, se vuelve, contempla la escena, se vuelve hacia la sala.

CLOV (mirada fija, voz monocorde): Terminó, se terminó, va a terminar, quizá esté por terminar. (Pausa.) Los granos se unen a los granos, uno a uno, y un día, de pronto, forman un montón, un pequeño montón, el imposible montón. (Pausa.) Voy a la cocina, tres metros por tres metros por tres metros, a esperar que me llame con el silbato. (Pausa.) Bonitas dimensiones; me apoyaré en la mesa, miraré la pared, esperando que me llame.

Permanece un momento inmóvil. Después sale. Regresa en seguida, va a tomar la escalerilla y sale con ella. Pausa. Hamm se mueve, bosteza bajo el pañuelo. Aparta el pañuelo de su cara. Tez muy roja. Anteojos negros.

HAMM: Ahora... (bostezos) me toca (pausa) a mí. (Con los brazos extendidos sostiene el pañuelo abierto ante sí.) ¡Trapo viejo! (Se quita los anteojos, se frota los ojos, la cara, limpia los anteojos, se los pone, dobla cuidadosamente el pañuelo y lo coloca delicadamente en el bolsillo superior de su robe de chambre. Carraspea, une las puntas de los dedos.) ¿Puede exis... (bostezos) tir miseria más... más grande que la mía? Sin duda. En otras épocas. ¿Pero hoy? (Pausa.) ¿Mi padre? (Pausa.) ¿Mi madre? (Pausa.) ¿Mi... perro? (Pausa.) ¡Oh!, admito que sufren tanto como pueden sufrir seres semejantes. ¿Pero acaso digo que nuestros sufrimientos pueden compararse? Sin duda. (Pausa.) No, todo es ab... (bostezos) soluto. (Orgulloso.) Más crecemos más satisfechos estamos. (Pausa. Sombrío.) Y más vacíos. (Pausa. Estornuda.) ¡Clov! (Pausa.) No, estoy solo. (Pausa.) ¡Qué sueños... con una s! ¡Esos bosques! (Pausa.) ¡Basta! Es hora de que esto termine, también en el refugio. (Pausa.) Y sin embargo, vacilo, vacilo en... en ponerle punto final. Sí, es eso, es hora de que esto termine y, sin embargo, todavía vacilo en... (bostezos) ponerle punto final. (Bostezos.) ¡Oh! ¡Oh! ¿Qué me pasa? Sería mejor que me fuera a acostar. (Llama con el silbato. En seguida entra Clov. Se detiene junto al sillón.) ¡Apestas! (Pausa.) Ayúdame, voy a acostarme.
CLOV: Acabo de levantarte.
HAMM: ¿Y entonces?
CLOV: No puedo levantarte y acostarte cada cinco minutos, tengo que hacer.
HAMM: ¿Nunca has visto mis ojos?
CLOV: No.
HAMM: Mientras dormía, ¿nunca sentiste curiosidad por quitarme los anteojos y mirar mis ojos?
CLOV: ¿Levantándote los párpados? (Pausa.) No.
HAMM: Te los mostraré un día. (Pausa.) Parece que son totalmente blancos. (Pausa.) ¿Qué hora es?
CLOV: La misma de siempre.
HAMM: ¿Miraste?
CLOV: Sí.
HAMM: ¿Entonces?
CLOV: Cero.
HAMM: Debería llover.
CLOV: No lloverá.
Pausa.
HAMM: ¿Aparte de eso, te encuentras bien?
CLOV: Sí.
HAMM: ¿Te sientes normal?
CLOV (molesto): Te digo que no me quejo.
HAMM: Yo me siento un poco raro. (Pausa.) Clov.
CLOV: Sí.
HAMM: ¿No estás harto?
CLOV: ¡Sí! (Pausa.) ¿De qué?
HAMM: De... de... esto.
CLOV: Desde el comienzo. (Pausa.) ¿Tú, no?
HAMM (sombrío): Entonces no hay motivos para que cambie.
CLOV: Puede terminar. (Pausa.) Toda la vida las mismas preguntas, las mismas respuestas.
HAMM: Ayúdame. (Clov no se mueve.) Busca la sábana. (Clov no se mueve.) Clov.
CLOV: Sí.
HAMM: No te daré más de comer.
CLOV: Entonces moriremos.
HAMM: Te daré justo lo necesario para que no mueras. Siempre tendrás hambre.
CLOV: Entonces no moriremos. (Pausa.) Voy a buscar la sábana. (Se dirige hacia la puerta.)
HAMM: No vale la pena. (Clov se detiene.) Te daré un bizcocho por día. (Pausa.) Un bizcocho y medio. (Pausa.) ¿Por qué te quedas conmigo?
CLOV: ¿Por qué me retienes?
HAMM: No hay nadie más.
CLOV: No hay ningún otro empleo.
Pausa.
HAMM: Sin embargo, me dejas.
CLOV: Trato de hacerlo.
HAMM: No me quieres.
CLOV: No.
HAMM: Antes me querías.
CLOV: ¡Antes!
HAMM: Te he hecho sufrir demasiado. (Pausa.) ¿Verdad?
CLOV: No es eso.
HAMM (indignado): ¿No te he hecho sufrir demasiado?
CLOV: Sí.
HAMM (aliviado): ¡Ah! ¡Menos mal! (Pausa. Fríamente.) Perdón. (Pausa. Más fuerte.) He dicho perdón.
CLOV: Te oigo. (Pausa.) ¿Perdiste sangre?
HAMM: Menos. (Pausa.) ¿No es la hora del calmante?
CLOV: No.
Pausa.
HAMM: ¿Cómo andan tus ojos?
CLOV: Mal.
HAMM: ¿Cómo andan tus piernas?
CLOV: Mal.
HAMM: Pero puedes caminar.
CLOV: Sí.
HAMM (con violencia): Entonces, ¡camina! (Clov va hasta la pared del fondo, se apoya en ella con la frente y las manos.) ¿Dónde estás?
CLOV: Aquí.
HAMM: ¡Vuelve! (Clov vuelve a su sitio, al lado del sillón.) ¿Dónde estás?
CLOV: Aquí.
HAMM: ¿Por qué no me matas?
CLOV: No conozco la combinación del aparador.
Pausa.
HAMM: Tráeme dos ruedas de bicicleta.
CLOV: No hay más ruedas de bicicleta.
HAMM: ¿Qué hiciste con tu bicicleta?
CLOV: Nunca he tenido bicicleta.
HAMM: Es imposible.
CLOV: Cuando todavía había bicicletas, lloré por tener una. Me arrastré a tus pies. Me mandaste al diablo. Ahora ya no hay más.
HAMM: ¿Y tus recorridas? ¿Cuando visitabas a mis pobres, ibas a pie?
CLOV: A veces, a caballo. (La tapa de uno de los tachos de basura se levanta y aparecen las manos de Nagg aferradas al borde. Después emerge la cabeza, cubierta con un gorro de dormir. Tez muy blanca. Nagg bosteza. En seguida, escucha.) Te dejo. Tengo que hacer.
HAMM: ¿En la cocina?
CLOV: Sí.
HAMM: Fuera de aquí es la muerte. (Pausa.) Bueno, vete. (Clov sale. Pausa.) Esto va mejor.
NAGG: ¡La sopa!
HAMM: ¡Maldito progenitor!
NAGG: ¡La sopa!
HAMM: ¡Ah! ¡Basta de viejos! ¡Comer, comer, no piensan más que en eso! (Pitada. Entra Clov. Se detiene al lado del sillón.) ¡Vaya! Creí que me abandonabas.
CLOV: Todavía no. Todavía no.
NAGG: ¡La sopa!
HAMM: Dale la sopa.
CLOV: No hay más.
HAMM (a Nagg): No hay más. Ya nunca habrá sopa para ti.
NAGG: ¡Quiero sopa!
HAMM: Dale un bizcocho. (Clov sale.) ¡Fornicador maldito! ¿Cómo están tus muñones?
NAGG: No te preocupes por mis muñones.
Entra Clov con un bizcocho.
CLOV: Estoy de vuelta con el bizcocho.
Pone el bizcocho en la mano de Nagg, quien lo toma, lo palpa, lo husmea.
HAMM (quejumbroso): ¿Qué es esto?
CLOV: Un simple bizcocho.
NAGG (quejumbroso): ¡Está duro! ¡No puedo!
HAMM: ¡Enciérralo!
Clov hunde a Nagg dentro del tacho de basura y lo tapa.
CLOV (regresando a su puesto al lado del sillón): ¡Si la vejez supiera! HAMM: ¡Siéntate encima!
CLOV: No puedo sentarme.
HAMM: Es cierto. Y yo no puedo mantenerme de pie.
CLOV: Así es.
HAMM: Cada uno su especialidad. (Pausa.) ¿Alguien llamó por teléfono? (Pausa.) ¿Reímos?
CLOV (después de reflexionar): No tengo ganas.
HAMM (después de reflexionar): Yo tampoco. (Pausa.) Clov.
CLOV: Sí.
HAMM: La naturaleza nos ha olvidado.
CLOV: Ya no existe la naturaleza.
HAMM: ¡Que no existe la naturaleza! Exageras.
CLOV: En los alrededores.
HAMM: ¡Respiramos, cambiamos! ¡Perdemos los cabellos, los dientes, la frescura! ¡Los ideales!
CLOV: Entonces, la naturaleza no nos ha olvidado.
HAMM: Pero tú dices que ya no existe.
CLOV (tristemente): Nadie en el mundo ha pensado jamás de manera tan retorcida como nosotros.
HAMM: Se hace lo que se puede.
CLOV: Lo hacemos mal.
Pausa.
HAMM: ¿Te crees importante, eh?
CLOV: Mucho.
HAMM: Esto no anda bien. (Pausa.) ¿Es la hora del calmante?
CLOV: No. (Pausa.) Te dejo. Tengo que hacer.
HAMM: ¿En la cocina?
CLOV: Sí.
HAMM: Hacer qué, me pregunto.
CLOV: Miro la pared.
HAMM: ¿La pared? ¿Y qué ves en la pared? ¿Mane, mane? ¿Cuerpos desnudos?
CLOV: Veo mi luz que muere.
HAMM: ¡Tu luz que...! ¡Las cosas que hay que oír! De acuerdo: tu luz también puede morir aquí. Mírame un poco, y ya me hablarás de tu luz.
Pausa.
CLOV: Haces mal en hablarme así.
Pausa.
HAMM (fríamente): Perdón. (Pausa. Más fuerte.) Dije: Perdón.
CLOV: Te oigo.
Pausa. La tapa del tacho de basura de Nagg se levanta. Reaparecen las manos aferradas al borde. Luego emerge la cabeza. Con el bizcocho en la mano, Nagg escucha.
HAMM: ¿Tus granos han germinado?
CLOV: No.
HAMM: ¿Escarbaste un poco para ver si han germinado?
CLOV: No han germinado.
HAMM: Quizá sea demasiado pronto.
CLOV: Si habían de germinar ya hubieran germinado. (Violento.) No germinarán nunca.
Pausa.
HAMM: Ya no resulta tan gracioso. (Pausa.) Al final de la jornada siempre es así, ¿verdad, Clov?
CLOV: Siempre.
HAMM: Es un final de jornada como los otros, ¿verdad, Clov?
CLOV: Así parece.
Pausa.
HAMM (con angustia): ¿Pero qué sucede, qué sucede?
CLOV: Algo sigue su curso.
Pausa.
HAMM: Bueno, vete. (Reclina la cabeza en el respaldo del sillón. Permanece inmóvil. Clov no se mueve. Lanza un gran suspiro. Hamm se reincorpora.) Creí haber dicho que te fueras.
CLOV: Trato de hacerlo. (Va hacia la puerta, se detiene.) Desde mi nacimiento.
Sale.
HAMM: Ahora vamos bien.
Reclina la cabeza en el respaldo del sillón, permanece inmóvil. Nagg golpea en la tapa del otro tacho de basura. Pausa. Golpea más fuerte. La tapa se levanta. Aparecen las manos de Nell aferradas al borde. En seguida emerge la cabeza. Gorro de encaje. Tez muy blanca.
NELL: ¿Qué pasa, mi amor? (Pausa. Con intención.) ¿Tienes ganas? NAGG: ¿Dormías?
NELL: ¡Oh, no!
NAGG: Bésame.
NELL: No se puede.
NAGG: Intentemos.
Las cabezas se aproximan penosamente. No llegan a tocarse, se apartan.
NELL: ¿Por qué todos los días la misma comedia?
Pausa.
NAGG: Perdí mi diente.
NELL: ¿Cuándo?
NAGG: Ayer lo tenía.
NELL (elegíaca): ¡Ah, ayer!
Se vuelven penosamente uno hacia otro.
NAGG: ¿Me ves?
NELL: Mal. ¿Y tú?
NAGG: ¿Qué?
NELL: ¿Me ves?
NAGG: Mal.
NELL: Mejor, tanto mejor.
NAGG: No digas eso. (Pausa.) Nuestra vista se torna más débil.
NELL: Sí.
Pausa. Se apartan.
NAGG: ¿Me oyes?
NELL: Sí. ¿Y tú?
NAGG: Sí. (Pausa.) Nuestro oído se mantiene bien.
NELL: ¿Nuestro qué?
NAGG: Nuestro oído.
NELL: No. (Pausa.) ¿Tienes algo más que decirme?
NAGG: Recuerdas...
NELL: No.
NAGG: El accidente del tándem, cuando perdimos las patas.
Ríen.
NELL: Fue en las Ardenas.
Ríen con menos intensidad.
NAGG: A la salida de Sedán. (Ríen aún menos. Pausa.) ¿Tienes frío?
NELL: Sí, mucho frío. ¿Y tú?
NAGG: Me estoy congelando. (Pausa.) ¿Quieres retirarte?
NELL: Sí.
NAGG: Entonces, hazlo. (Nell no se mueve.) ¿Por qué no lo haces?
NELL: No sé. 
Pausa.
NAGG: ¿Te cambiaron el aserrín?
NELL: No es aserrín. (Pausa. Con cansancio.) ¿No podrías ser un poco más preciso, Nagg?
NAGG: La arena, entonces. ¿Qué importancia tiene?
NELL: Es importante.
Pausa.
NAGG: Antes era aserrín.
NELL: Sí.
NAGG: Y ahora es arena. (Pausa.) De la playa. (Pausa. Más fuerte.) Ahora es arena: va a buscarla a la playa.
NELL: Sí.
NAGG: ¿Te la cambió?
NELL: No.
NAGG: A mí tampoco. (Pausa.) Hay que protestar. (Pausa. Mostrando el bizcocho.) ¿Quieres un pedazo?
NELL: No. (Pausa.) ¿De qué?
NAGG: De bizcocho. Te guardé la mitad. (Mira el bizcocho. Orgulloso.) Tres cuartas partes. Para ti. Toma. (Le tiende el bizcocho.) ¿No? (Pausa.) ¿No te encuentras bien?
HAMM (con cansancio): Cállense, cállense, no me dejan dormir. (Pausa.) Hablen más bajo. (Pausa.) Si durmiera, quizá podría amar. Andaría por los bosques. Vería... el cielo, la tierra. Correría, escaparía si alguien me persiguiese. (Pausa.) ¡Naturaleza! (Pausa.) Hay una gota de agua en mi cabeza. (Pausa.) Un corazón, un corazón en mi cabeza.
Pausa.
NAGG (bajo): ¿Oíste? ¡Un corazón en su cabeza!
Cloquea con mucha precaución.
NELL: No hay que reír de esas cosas, Nagg. ¿Por qué ríes siempre? NAGG: ¡No tan fuerte!
NELL (sin bajar la voz): Nada más gracioso que la desgracia, de acuerdo. Pero...
NAGG (escandalizado): ¡Oh!
NELL: Sí, sí, es lo más cómico del mundo. Y los primeros días nos reíamos, nos reíamos con ganas. Pero es siempre lo mismo. Sí, como aquella bonita historia que nos cuentan demasiado a menudo: siempre nos parece buena, pero ya no reímos. (Pausa.) ¿Tienes algo más que decirme?
NAGG: No.
NELL: Reflexiona bien. (Pausa.) Entonces te dejo.
NAGG: ¿No quieres tu bizcocho? (Pausa.) Te lo guardo. (Pausa.) Creí que te ibas.
NELL: Me voy.
NAGG: ¿Puedes rascarme antes de irte?
NELL: No. (Pausa.) ¿Dónde?
NAGG: En la espalda.
NELL: No. (Pausa.) Frótate con el borde.
NAGG: Es más abajo. En el vientre.
NELL: ¿Dónde? 
NAGG: En el vientre. (Pausa.) ¿No puedes? (Pausa.) Ayer lo hiciste. NELL (elegíaca): ¡Ah, ayer!
NAGG: ¿No puedes? (Pausa.) ¿No quieres que te rasque a ti? (Pausa.) ¿Otra vez lloras?
NELL: Trataba de hacerlo.
Pausa.
HAMM (bajo): Quizá sea una venita.
Pausa.
NAGG: ¿Qué dijo?
NELL: Quizá sea una venita.
NAGG: ¿Qué quiere decir eso? (Pausa.) No quiere decir nada. (Pausa.) Voy a contarte el cuento del sastre.
NELL: ¿Para qué?
NAGG: Para distraerte.
NELL: No es nada gracioso.
NAGG: Siempre te ha hecho reír. (Pausa.) La primera vez pensé que te morías.
NELL: Fue en el lago de Como. (Pausa.) Una tarde de abril. (Pausa.) ¿Puedes creerlo?
NAGG: ¿Qué?
NELL: Que hemos paseado por el lago de Como. (Pausa.) Una tarde de abril.
NAGG: Nos habíamos casado la víspera.
NELL: ¡Casado!
NAGG: Reíste tanto que zozobramos. Debíamos habernos ahogado.
NELL: Me sentía feliz. Tan feliz.
NAGG: No, no, la causa fue mi cuento. La prueba es que ríes todavía cada vez que lo repito.
NELL: Era profundo, profundo. Se veía el fondo. Tan blanco, tan claro.
NAGG: Escúchalo una vez más. (Voz de narrador.) Un inglés (imita el rostro de un inglés, retoma su expresión) que necesitaba urgentemente un pantalón de fantasía para año nuevo, va a ver a un sastre, quien le toma las medidas. (Voz de sastre.) "Ya está. Vuelva dentro de cuatro días, estará terminado." Bueno. Cuatro días después. (Voz del sastre.) "Sorry, vuelva dentro de ocho días, los fondillos me salieron mal." Bueno, hacerlos bien no es fácil. Ocho días después. (Voz del sastre.) "Discúlpeme, vuelva dentro de diez días, se estropearon las entrepiernas." Bueno, de acuerdo, las entrepiernas exigen un trabajo delicado. Diez días después. (Voz del sastre.) "Lo lamento mucho, vuelva dentro de quince días, me salió mal la bragueta." Bueno, de acuerdo, no es trabajo fácil. (Pausa. Voz normal.) Lo cuento mal. (Pausa. Triste.) Lo cuento cada vez peor. (Pausa. Voz de narrador.) En fin, entre una y otra cosa, llega Semana Santa y el sastre todavía no hizo los ojales. (Rostro, voz del cliente.) ‘‘¡Goodam Sir, no, realmente, esto es indecente! Dios hizo el mundo en seis días, me comprende, en seis días. ¡Sí, señor, EL MUNDO! ¡Y usted no es capaz de hacerme un pantalón en tres meses! (Voz del sastre, escandalizado.) "¡Pero Milord! ¡Milord! Mire (gesto despreciativo, con asco) el mundo... (pausa) y mire... (gesto amoroso, con orgullo) mi PANTALÓN."
Pausa. Mira a Nell, que ha permanecido impasible, la mirada perdida. Ríe aguda y forzadamente, se interrumpe, trata de acercar la cabeza a Nell, ríe nuevamente.
HAMM: ¡Basta!
Nagg se sobresalta, interrumpe su risa.
NELL: Se veía el fondo.
HAMM (exasperado): ¿No han terminado? ¿No van a terminar nunca? (De pronto, furioso.) ¿Nunca van a terminar? (Nagg se hunde en el tacho de basura. Se tapa. Nell permanece inmóvil.) ¿Pero de qué pueden hablar? ¿De qué pueden hablar todavía? (Frenético.) ¡Mi reino por un zaparrastroso! (Silbato. Entra Clov.) ¡Llévate esa basura! ¡Arrójala al mar!
Clov se dirige hacia los tachos de basura. Se detiene.
NELL: Tan blanco.
HAMM: ¿Qué? ¿Qué dice?
Clov se inclina sobre Nell, le toma la muñeca.
NELL (bajo, a Clov): Desierto.
Clov le suelta la muñeca, la hunde en el tacho de basura, coloca la tapa, se incorpora.
CLOV (regresando a su sitio al lado del sillón) Ya no tiene pulso.
HAMM: ¡Ah, qué porquería! Para eso es formidable. ¿Qué chapurreaba? CLOV: Dijo que me fuera al desierto.
HAMM: ¿Y a mí qué me importa? ¿Es todo?
CLOV: No.
HAMM: ¿Qué más?
CLOV: No comprendí.
HAMM: ¿La tapaste?
CLOV: Sí.
HAMM: ¿Están tapados los dos?
CLOV: Sí.
HAMM: Habrá que soldar las tapas. (Clov se dirige hacia la puerta.) No hay apuro. (Clov se detiene.) Mi cólera se apacigua, tengo ganas de hacer pipí.
CLOV: Voy a buscar la sonda.
Se dirige hacia la puerta.
HAMM: No hay apuro. (Clov se detiene.) Dame el calmante.
CLOV: Es demasiado temprano. (Pausa.) Es demasiado temprano. Después del tónico, no surtiría efecto.
HAMM: Por la mañana nos estimulan y por la tarde nos adormecen. A menos que sea a la inversa. (Pausa.) ¿Ha muerto naturalmente ese viejo médico?
CLOV: No era viejo.
HAMM: ¿Pero ha muerto?
CLOV: Naturalmente. (Pausa.) ¿Eres tú quien me lo pregunta?
HAMM (pausa): Vamos a dar una vuelta. (Clov se coloca detrás del sillón y lo hace avanzar.) ¡No tan rápido! (Clov empuja el sillón.) Hazme dar la vuelta al mundo. (Clov empuja el sillón.) Roza las paredes. Después, colócame en el centro. (Clov empuja el sillón.) Estaba exactamente en el centro, ¿verdad?
CLOV: Sí.
HAMM: Necesitaríamos un verdadero sillón de ruedas. Con grandes ruedas, ruedas de bicicleta. (Pausa.) ¿Estás rozando?
CLOV: Sí.
HAMM (tratando de tocar la pared): ¡No es verdad! ¿Por qué me mientes?
CLOV (acercándose más a la pared): Ahora, ahora.
HAMM: ¡Stop! (Clov detiene el sillón cerca de la pared del fondo. Hamm apoya la mano contra la pared. Pausa.) ¡Viejo muro! (Pausa.) Más allá... el otro infierno. (Pausa. Con violencia.) ¡Más cerca! ¡Más cerca! ¡Completamente pegado!
CLOV: Saca la mano. (Hamm retira su mano. Clov pega el sillón contra la pared.) ¡Así!
Hamm se inclina hacia la pared y pega el oído.
HAMM: ¿Oyes? (Golpea con el nudillo. Pausa.) ¿Oyes? Ladrillos huecos. (Golpea otra vez.) ¡Todo está hueco! (Pausa. Se incorpora. Con violencia.) ¡Basta! Regresemos.
CLOV: No hemos dado la vuelta.
HAMM: Llévame a mi lugar. (Clov lleva el sillón a su lugar. Lo detiene.) ¿Es éste mi lugar?
CLOV: Sí, éste es tu lugar.
HAMM: ¿Estoy justamente en el centro?
CLOV: Voy a medir.
HAMM: ¡Más o menos! ¡Más o menos!
CLOV: Aquí.
HAMM: ¿Estoy más o menos en el centro?
CLOV: Me parece que sí.
HAMM: ¡Te parece! ¡Colócame en el centro!
CLOV: Voy a buscar el centímetro.
HAMM: ¡A simple vista! ¡A simple vista! (Clov mueve apenas el sillón.) Justo en el centro.
CLOV: Aquí.
Pausa.
HAMM: Siento que estoy demasiado a la izquierda. (Clov mueve apenas el sillón. Pausa.) Ahora siento que estoy demasiado a la derecha. (Lo mismo.) Siento que estoy demasiado adelante. (Lo mismo.) Ahora siento que estoy demasiado atrás. (Lo mismo.) No te quedes allí (detrás del sillón), me das miedo.
Clov se ubica nuevamente junto al sillón.
CLOV: Si pudiera matarlo, moriría contento.
Pausa.
HAMM: ¿Cómo está el tiempo?
CLOV: Como siempre.
HAMM: Mira la tierra.
CLOV: Ya la he mirado.
HAMM: ¿Con el catalejo?
CLOV: No se necesita catalejo.
HAMM: Mírala con el catalejo.
CLOV: Voy a buscarlo.
Sale.
HAMM: ¡Que no se necesita catalejo!
Entra Clov con el catalejo.
CLOV: Estoy de regreso. Traje el catalejo. (Se dirige a la ventana de la derecha. La mira.) Necesito la escalerilla.
HAMM: ¿Por qué? ¿Te has empequeñecido? (Clov sale, tiene el catalejo en la mano.) Esto no me gusta. No me gusta.
Entra Clov con la escalerilla.
CLOV: Traigo la escalerilla. (Coloca la escalerilla bajo la ventana de la derecha. Sube. Se da cuenta de que no tiene el catalejo. Baja.) Necesito el catalejo.
Se dirige hacia la puerta.
HAMM (con violencia): ¡Lo tienes ahí!
CLOV (deteniéndose, con violencia): ¡No! ¡No lo tengo!
Sale.
HAMM: ¡Qué tristeza!
Entra Clov con el catalejo. Se dirige a la escalerilla.
CLOV: Esto se está poniendo divertido. (Sube. Apunta con el catalejo hacia afuera. El catalejo se le escapa de las manos, cae. Pausa.) Lo hice a propósito. (Baja. Recoge el catalejo. Lo examina, apunta hacia la sala.) Veo... una multitud delirante. (Pausa.) ¡Diablos! Como catalejo, es un buen catalejo. (Baja el catalejo. Se vuelve hacia Hamm.) ¿Qué pasa? ¿Ya no te ríes?
HAMM (después de reflexionar): No.
CLOV (después de reflexionar): Yo tampoco. (Sube a la escalerilla. Apunta con el catalejo hacia afuera.) Vamos a ver... (Mira moviendo el catalejo.) Cero... (mira) cero... (mira) ...y cero. (Baja el catalejo, se vuelve hacia Hamm.) ¿Y ahora, estás tranquilo?
HAMM: Nada se mueve. Todo está...
CLOV: Cer...
HAMM (con violencia): ¡No te estoy hablando! (Voz normal.) Todo está... todo está... todo está ¿cómo? (Con violencia.) ¿Todo está cómo?
CLOV: ¿Cómo está todo? ¿En una palabra? ¿Es eso lo que quieres saber? Un segundo. (Apunta con el catalejo hacia afuera, mira. Baja el catalejo, se vuelve hacia Hamm.) Mortibus. (Pausa.) ¿Y ahora, estás contento?
HAMM: Mira el mar.
CLOV: Es lo mismo.
HAMM: ¡Mira el océano!
Clov baja, camina unos pasos hacia la ventana de la izquierda, regresa, toma la escalerilla, la coloca bajo la ventana de la izquierda, sube. Apunta
el catalejo hacia afuera, mira largamente. Se sobresalta, baja el catalejo, lo examina, apunta de nuevo.
CLOV: Nunca vi una cosa semejante.
HAMM (inquieto): ¿Qué? ¿Una vela? ¿Una aleta? ¿Humo?
CLOV (siempre mirando): El fanal está en el canal.
HAMM (aliviado): ¡Bah! ¡Siempre estuvo allí!
CLOV (mirando): Quedaba algo.
HAMM: La base.
CLOV (mirando): Sí.
HAMM: ¿Y ahora?
CLOV (mirando): Nada.
HAMM: ¿No hay gaviotas?
CLOV (mirando): ¡Gaviotas!
HAMM: ¿Y el horizonte? ¿No hay nada en el horizonte?
CLOV (bajando el catalejo, se vuelve hacia Hamm, exasperado): ¿Pero qué quieres que haya en el horizonte? (Pausa.)
HAMM: Las olas, ¿cómo son las olas?
CLOV: ¿Las olas? (Apunta con el catalejo.) De plomo.
HAMM: ¿Y el sol?
CLOV (siempre mirando): Nada.
HAMM: Sin embargo, ha de estar ocultándose. Busca bien.
CLOV (después de mirar): ¡Vete al diablo!
HAMM: ¿Ya es de noche?
CLOV (mirando): No.
HAMM: ¿Entonces, qué?
CLOV (mirando): Todo es gris. (Bajando el catalejo. Volviéndose hacia Hamm. Más fuerte.) ¡Gris! (Pausa. Aún más fuerte.) ¡GRRIS!
Baja, se acerca a Hamm por detrás y le habla al oído.
HAMM (sobresaltado): ¡Gris! ¿Has dicho gris?
CLOV: Negro claro. En todo el universo.
HAMM: Exageras. (Pausa.) No te quedes allí, me das miedo.
Clov regresa a su puesto, al lado del sillón.
CLOV: ¿Por qué esta farsa, día tras día?
HAMM: La rutina. No se sabe jamás. (Pausa.) Anoche me vi el pecho. Tenía una pupa grande.
CLOV: Te viste el corazón.
HAMM: No, era algo vivo. (Pausa. Con angustia.) ¡Clov!
CLOV: Sí.
HAMM: ¿Qué pasa?
CLOV: Algo sigue su curso.
Pausa.
HAMM: ¡Clov!
CLOV (molesto): ¿Qué pasa? 
HAMM: ¿No estamos a punto de... de... significar algo?
CLOV: ¿Significar? ¿Nosotros, significar? (Risa breve.) ¡Qué bueno!
HAMM: Me pregunto. (Pausa.) ¿Una inteligencia que hubiera vuelto a la tierra no se sentiría tentada de formarse ideas a fuerza de observarnos? (Tomando la voz de la inteligencia.) ¡Ah! ¡Bueno, ya veo de qué se trata! ¡Sí! ¡Veo lo que hacen! (Clov se sobresalta. Deja el catalejo y comienza, a rascarse el bajo vientre con ambas manos. Voz normal.) E incluso, sin llegar hasta ahí, nosotros mismos... (con emoción) nosotros mismos... por momentos... (Vehemente.) ¡Y pensar que quizá todo esto podría haber tenido algún sentido!
CLOV (con angustia, rascándose): ¡Tengo una pulga!
HAMM: ¿Una pulga? ¿Todavía hay pulgas?
CLOV (rascándose): A menos que sea una ladilla.
HAMM (muy inquieto): ¡A partir de eso la humanidad podría reconstruirse! ¡Por amor del cielo, atrápala!
CLOV: Voy a buscar el insecticida.
Sale.
HAMM: ¡Una pulga! ¡Es espantoso! ¡Qué día!
Entra Clov con un frasco de insecticida.
CLOV: Estoy de regreso con el insecticida.
HAMM: ¡Colócaselo de sombrero!
Clov se saca la camisa fuera del pantalón, se desabrocha el pantalón, desnuda el vientre, vierte el polvo. Se inclina, mira, espera, se estremece, vuelve a echar polvo frenéticamente, se inclina, mira, espera.
CLOV: ¡Maldita sea!
HAMM: ¿La agarraste?
CLOV: Así parece. (Tira el frasco y arregla sus ropas.) A menos que se quede fornicando.
HAMM: ¿Fornicando? Quieres decir, tranquila.1 A menos que se quede tranquila.
CLOV: ¡Ah! ¿Se dice tranquila? ¿No se dice fornicando?
HAMM: ¡Claro! Si estuviera fornicando, nos habría embromado.
Pausa.
CLOV: ¿Y ese pipí?
HAMM: Estoy haciendo.
CLOV: ¡Ah!, está bien, está bien.
Pausa.
HAMM (con arrebato): ¡Vamos los dos hacia el sur! ¡Por el mar! Construirás una balsa. ¡Las corrientes nos llevarán lejos, hacia otros... mamíferos!
CLOV: No hables de desgracias.
HAMM: ¡Me embarcaré solo! ¡Solo! Hazme una balsa inmediatamente. Mañana estaré lejos.
CLOV (precipitándose hacia la puerta): Comienzo en seguida.
1 Coïte, Coite. Juego de palabras imposible de traducir.
HAMM: ¡Espera! (Clov se detiene.) ¿Te parece que habrá tiburones?
CLOV: ¿Tiburones? No sé. Si hay, los habrá.
Va hacia la puerta.
HAMM: ¡Espera! (Clov se detiene.) ¿No es la hora del calmante?
CLOV (con violencia): ¡No!
Va hacia la puerta.
HAMM: ¡Espera! (Clov se detiene.) ¿Cómo sigues de la vista?
CLOV: Mal.
HAMM: Pero ves.
CLOV: Lo suficiente.
HAMM: ¿Cómo andan tus piernas?
CLOV: Mal.
HAMM: Pero caminas.
CLOV: Voy y vengo.
HAMM: En mi casa. (Pausa. Profético y voluptuoso.) Un día estarás ciego. Como yo. Estarás sentado en alguna parte, pequeña plenitud perdida en el vacío, para siempre, en la oscuridad. Como yo. (Pausa.) Un día te dirás, Estoy cansado, voy a sentarme, y te sentarás. Luego te dirás, Tengo hambre, voy a levantarme y hacerme la comida. Pero no te levantarás. Te dirás, No debí sentarme, pero ya que me he sentado permaneceré sentado un poco más, luego me levantaré y me haré la comida. Pero no te levantarás ni te harás la comida. (Pausa.) Mirarás un momento la pared, luego te dirás, Voy a cerrar los ojos, quizá duerma un poco, después todo irá mejor, y los cerrarás. Y cuando los abras ya no habrá más pared. (Pausa.) Lo infinito del vacío te rodeará, los muertos de todos los tiempos, resucitados, no lo llenarán, y estarás allí como una piedrecita en medio de la estepa. (Pausa.) Sí, un día sabrás lo que es eso, serás como yo, salvo que tú no tendrás a nadie, porque no te habrás apiadado de nadie y porque ya no habrá nadie de quien apiadarse.
Pausa.
CLOV: Eso no se sabe. (Pausa.) Además, olvidas algo.
HAMM: ¡Ah!
CLOV: No puedo sentarme.
HAMM (impaciente): Bueno, te acostarás; fíjate qué problema. O simplemente te detendrás, permanecerás de pie como ahora. Un día te dirás, Estoy cansado, voy a detenerme. ¡Qué importa la posición!
Pausa.
CLOV: ¿Entonces todos quieren que me vaya?
HAMM: Claro que sí.
CLOV: Entonces me iré.
HAMM: No puedes dejarnos.
CLOV: Entonces no me iré.
Pausa.
HAMM: No tienes más que liquidarnos. (Pausa.) Te enseño la combinación del aparador si prometes liquidarme.
CLOV: No podría liquidarte.
HAMM: Entonces no me liquidarás.
Pausa.
CLOV: Te dejo, tengo que hacer.
HAMM: ¿Recuerdas cuando llegaste aquí?
CLOV: No. Era muy pequeño, ya me lo has dicho.
HAMM: ¿Te acuerdas de tu padre?
CLOV (con cansancio): La misma respuesta. (Pausa.) Me has hecho esas preguntas millones de veces.
HAMM: Me gustan las viejas preguntas. (Con ímpetu.) ¡Ah, las viejas preguntas, las viejas respuestas, es lo único que cuenta! (Pausa.) Soy yo quien te ha servido de padre.
CLOV: Sí. (Lo mira fijamente.) Eres tú quien me ha servido de eso.
HAMM: Mi casa te ha servido de home.
CLOV: Sí. (Larga mirada circular.) Esto me ha servido de eso.
HAMM (orgulloso): Sin mí (señalándose a sí mismo), nada de padre. Sin Hamm (ademán circular), nada de home.
CLOV: Te dejo.
HAMM: ¿Alguna vez has pensado en una cosa?
CLOV: Nunca.
HAMM: Que aquí estamos en un agujero. (Pausa.) ¿Pero detrás de la montaña? ¿Eh? ¿Si todavía estuviera verde? ¿Eh? (Pausa.) ¡Flora! ¡Pomona! (Pausa. Con éxtasis.) ¡Ceres! (Pausa.) Quizá no necesitarías ir lejos.
CLOV: No puedo ir lejos. (Pausa.) Te dejo.
HAMM: ¿Mi perro está listo?
CLOV: Le falta una pata.
HAMM: ¿La piel es sedosa?
CLOV: Es del tipo Lulú.
HAMM: Ve a buscarlo.
CLOV: Le falta una pata.
HAMM: ¡Ve a buscarlo! (Clov sale.) Vamos mejor.
Saca su pañuelo, se limpia la cara sin desplegarlo, vuelve a guardarlo en el bolsillo. Entra Clov sosteniendo un perro negro de felpa por una de sus tres patas.
CLOV: Aquí están tus perros.
Alcanza el perro a Hamm, quien lo sienta en sus rodillas, lo palpa, lo acaricia.
HAMM: ¿Es blanco, verdad?
CLOV: Casi.
HAMM: ¿Cómo casi? ¿Es blanco o no es blanco?
CLOV: No es blanco.
Pausa.
HAMM: Olvidaste el sexo.
CLOV (molesto): No está terminado. El sexo se pone en último término.
HAMM: No le pusiste lazo.
CLOV (encolerizado): ¡Te dije que no está terminado! ¡Primero uno termina el perro, después le pone el lazo!
Pausa.
HAMM: ¿Puede pararse?
CLOV: No sé.
HAMM: Inténtalo. (Le da el perro a Clov, quien lo pone en el suelo.) ¿Qué pasa?
CLOV: Espera.
En cuclillas, trata de mantener el perro sobre sus patas, sin lograrlo. Lo deja. El perro cae sobre un lado.
HAMM: ¿Qué pasa ahora?
CLOV: Se mantiene.
HAMM (tanteando): ¿Dónde, dónde está?
Clov levanta el perro y lo sostiene.
CLOV: Aquí.
Toma la mano de Hamm y la guía hacia la cabeza del perro.
HAMM (la mano sobre la cabeza del perro): ¿Me mira?
CLOV: Sí.
HAMM (orgulloso): Como si me pidiera que lo llevase a pasear.
CLOV: Puede ser.
HAMM (lo mismo): O como si me pidiera un hueso. (Retira la mano.) Déjalo así, implorándome.
Clov se levanta, el perro cae sobre un lado.
CLOV: Te dejo.
HAMM: ¿Has tenido visiones?
CLOV. Menos.
HAMM: ¿Hay luz en casa de la señora Pegg?
CLOV: ¡Luz! ¿Cómo quieres que haya luz en casa de alguien?
HAMM: Entonces se extinguió.
CLOV: ¡Claro que se extinguió! Si no hay es porque se extinguió.
HAMM: No, quiero decir la señora Pegg.
CLOV: ¡Claro que se extinguió! ¿Qué te pasa hoy?
HAMM: Sigo adelante. (Pausa.) ¿La enterraron?
CLOV: ¿Enterraron? ¿Quién quieres que la entierre?
HAMM: Tú.
CLOV: ¡Yo! ¿No tengo ya bastante que hacer sin necesidad de enterrar a la gente?
HAMM: Pero a mí me enterrarás.
CLOV: ¡No, no te enterraré!
Pausa.
HAMM: Era hermosa como un corazón. Y nada difícil.
CLOV: También nosotros éramos hermosos, antes. Es raro que uno no fuera hermoso, antes.
Pausa.
HAMM: Búscame el bichero.
Clov va hacia la puerta, se detiene.
CLOV: Haz esto, haz lo otro, y yo lo hago. Nunca me niego, ¿por qué? HAMM: No puedes.
CLOV: Pronto dejaré de hacerlo.
HAMM: Ya no podrás. (Clov sale.) ¡Ah! ¡La gente! ¡La gente! Hay que explicarle todo.
Entra Clov con el bichero.
CLOV: Aquí está tu bichero. Trágatelo.
Da el bichero a Hamm, quien apoyándose en él se esfuerza por desplazar el sillón a la derecha, a la izquierda, hacia adelante.
HAMM: ¿Avanzo?
CLOV: No.
HAMM: Ve a buscar la aceitera.
CLOV: ¿Para qué?
HAMM: Para aceitar las rueditas.
CLOV: Las aceité ayer.
HAMM: ¡Ayer! ¿Qué quiere decir eso? ¡Ayer!
CLOV (con violencia): Quiere decir maldito sea. Uso las palabras que me has enseñado. Si ya no quieren decir nada, enséñame otras. O deja que me calle.
Pausa.
HAMM: Conocí a un loco que creía que había llegado el fin del mundo. Pintaba. Yo lo estimaba mucho. Iba a verlo al asilo. Lo tomaba por la mano y lo llevaba a la ventana. ¡Mira! ¡Allí! ¡Todo ese trigo que crece! ¡Y allí! ¡Mira! Las velas de los pescadores de sardinas. ¡Cuánta belleza! (Pausa.) Él retiraba la mano y volvía a su rincón. Espantado. No había visto más que cenizas. (Pausa.) Sólo él había sido preservado. (Pausa.) Olvidado. (Pausa.) Parece que el caso no es... no era tan... tan raro.
CLOV: ¿Un loco? ¿Cuándo?
HAMM: ¡Ah! ¡Hace tiempo! ¡Hace tiempo! Todavía no habías venido al mundo.
CLOV: ¡Qué época hermosa!
Pausa. Hamm se quita el solideo.
HAMM: Lo quería mucho. (Pausa. Se pone el solideo. Pausa.) Era pintor.
CLOV: Hay tantas cosas terribles.
HAMM: No, no, ya no hay tantas. (Pausa.) Clov.
CLOV: Sí.
HAMM: ¿No te parece que esto ha durado demasiado?
CLOV: ¡Sí! (Pausa.) ¿Qué?
HAMM: Esto... esto...
CLOV: Siempre lo pensé. (Pausa.) ¿Tú, no?
HAMM (triste): Entonces es un día como los otros.
CLOV: Mientras dure. (Pausa.) Toda la vida las mismas necedades.
HAMM: No puedo dejarte.
CLOV: Lo sé. Y no puedes seguirme.
Pausa.
HAMM: Si me dejas, ¿cómo lo sabré?
CLOV (animado): Toca el silbato, y si yo no acudo es porque te he dejado.
Pausa.
HAMM: ¿No vendrás a decirme adiós?
CLOV: ¡Oh, no creo!
Pausa.
HAMM: Pero podrías estar muerto en la cocina.
CLOV: Sería lo mismo.
HAMM: Sí. ¿Pero cómo sabría si estás muerto en la cocina?
CLOV: Bueno... terminaría por heder.
HAMM: Hiedes ya. Toda la casa hiede a cadáver.
CLOV: Todo el universo.
HAMM (encolerizado): El universo me importa un bledo. (Pausa.) Busca algo.
CLOV: ¿Cómo?
HAMM: Un truco, busca un truco. (Pausa. Encolerizado.) Una solución.
CLOV: ¡Ah! (Comienza a caminar de un lado a otro, los ojos fijos en el suelo, las manos a la espalda. Se detiene.) Me duelen las piernas, es increíble, pronto no podré pensar más.
HAMM: No podrás dejarme. (Clov reanuda su paseo.) ¿Qué haces? CLOV: Estoy maquinando. (Camina.) ¡Ah!
Se detiene.
HAMM: ¡Qué pensador! (Pausa.) ¿Y entonces?
CLOV (se concentra. No muy convencido): Sí... (Pausa. Más convencido.) Sí. (Levanta la calesa.) Ya está. Pongo el despertador.
Pausa.
HAMM: Tal vez no esté en uno de mis mejores días, pero...
CLOV: Tocas el silbato. No acudo. Suena el despertador. Estoy lejos. No suena. Estoy muerto.
Pausa.
HAMM: ¿Funciona? (Pausa. Impaciente.) ¿El despertador funciona? CLOV: ¿Por qué no va a
funcionar?
HAMM: Porque ha funcionado mucho.
CLOV: Pero si casi no ha funcionado.
HAMM (encolerizado): Entonces, porque no ha funcionado mucho.
CLOV: Voy a ver. (Sale. Manipuleo con el pañuelo. Entre bastidores, suena el despertador brevemente. Entra Clov con el despertador. Lo acerca al oído de Hamm. Lo hace sonar. Escuchan hasta que se termina la cuerda. Pausa.) Es digno del juicio final. ¿Oíste?
HAMM: Vagamente.
CLOV: El final es insólito.
HAMM: Lo prefiero por la mitad. (Pausa.) ¿Es la hora del calmante?
CLOV: No. (Va hacia la puerta, se vuelve.) Te dejo.
HAMM: Es la hora de mi historia. ¿Quieres escuchar mi historia?
CLOV: No.
HAMM: Pregúntale a mi padre si quiere escuchar mi historia.
Clov va hacia los tachos de basura, levanta la tapa del de Nagg, mira, se inclina. Pausa. Se incorpora.
CLOV: Está durmiendo.
HAMM: Despiértalo.
Clov se inclina. Despierta a Nagg haciendo sonar el despertador. Palabras ininteligibles. Clov se incorpora.
CLOV: No quiere escuchar tu historia.
HAMM: Le daré un caramelo.
Clov se inclina. Palabras ininteligibles. Clov se incorpora.
CLOV: Quiere un confite.
HAMM: Le daré uno.
Clov se inclina. Palabras ininteligibles. Clov se incorpora.
CLOV: De acuerdo. (Clov va hacia la puerta. Aparecen las manos de Nagg aferrándose al borde. Después emerge la cabeza. Clov abre la puerta, se vuelve.) ¿Crees en la vida futura?
HAMM: La mía siempre lo ha sido. (Clov sale golpeando la puerta.) ¡Pam! En la cara.
NAGG: Escucho.
HAMM: ¡Basura! ¿Por qué me hiciste?
NAGG: No podía saber.
HAMM: ¿Qué? ¿Qué es lo que no podías saber?
NAGG: Que serías tú. (Pausa.) ¿Me darás un confite?
HAMM: Después de la audición.
NAGG: ¿Me lo juras?
HAMM: Sí.
NAGG: ¿Por qué?
HAMM: Por el honor.
Pausa. Ríen.
NAGG: ¿Dos?
HAMM: Uno.
NAGG: Uno para mí y uno...
HAMM: ¡Uno! ¡Silencio! (Pausa.) ¿Dónde estaba? (Pausa. Sombrío.) Se acabó. Se acabó para nosotros. (Pausa.) Se acabará. (Pausa.) Ya no tendrá voz. (Pausa.) Una gota de agua en la cabeza, por la fontanella. (Ahogada hilaridad de Nagg.) Se estrella siempre en el mismo sitio. (Pausa.) Quizá sea una venita. (Pausa.) Una pequeña arteria. (Pausa. Más animado.) ¡Vamos, es la hora! ¿Dónde estaba? (Pausa. Tono de narrador.) El hombre se acercó lentamente, arrastrándose sobre el vientre. Con una palidez y una flacura tan admirables que parecía estar a punto de... (Pausa. Tono normal.) No, ya lo dije. (Pausa. Tono de narrador.) Se oyó un largo silencio. (Tono normal.) Es hermoso. (Tono de narrador.) Yo llenaba tranquilamente mi pipa —de magnesita—, la encendía con un... digamos, un fósforo, aspiraba algunas bocanadas. ¡Aah! (Pausa.) Vamos, lo escucho. (Pausa.) Ese día hacía un frío extraordinariamente intenso, lo recuerdo, el termómetro señalaba cero. Pero como estábamos en vísperas de Navidad, aquello no tenía nada de extraordinario. En invierno suele ocurrir. (Pausa.) ¿Qué malos vientos lo traen? Levantó hacia mí su rostro negro de suciedad y lágrimas. (Pausa. Tono normal.) Todo irá bien. (Tono de narrador.) ¡No, no, no me mire, no me mire! Bajó los ojos, mascullando... excusas, sin duda. (Pausa.) Como usted sabe, estoy bastante ocupado con los preparativos de las fiestas. (Pausa. Con fuerza.) ¿Pero cuál es el objeto de esta invasión? (Pausa.) Aquel día, el sol estaba realmente espléndido, lo recuerdo, el heliómetro señalaba cincuenta, pero caía ya en la... entre los muertos. (Tono normal.) Qué bonito. (Tono de narrador.) ¡Vamos, vamos! ¡Empiece con su súplica, tengo mucho que hacer! (Tono normal.) ¡Está claro! En fin... (Tono de narrador.) Fue entonces cuando tomó la decisión. Es mi niño, dijo. ¡Ayayayay, un niño, qué fastidio! Querido, dijo, como si el sexo tuviera importancia. ¿De dónde salía? Me nombró el lugar. Medio día a caballo. No va a decirme que allí todavía existen pobladores. ¡Por favor! No, no, nadie, excepto él y el niño —suponiendo que existiera—. Bueno, bueno. Me informé de la situación en Kov, del otro lado del estrecho. Ni un gato. Bueno, bueno. ¿Y quiere hacerme creer que ha dejado a su hijo allá, solo, y además vivo? ¡Vamos! (Pausa.) Aquel día, el viento era cortante, lo recuerdo. El anemómetro señalaba cien. Arrancaba los pinos muertos y los arrastraba... lejos. (Tono normal.) Esto resulta un poco débil. (Tono de narrador.) ¡Vamos, vamos! En resumen, ¿qué quiere de mí? Debo encender la leña. (Pausa.) Finalmente, comprendí que quería pan para su hijo. ¡Pan! ¡Un menesteroso, como siempre! ¿Pan? Pero yo no tengo pan, no lo digiero. Bueno. ¿Quizá un poco de trigo? (Pausa. Tono normal.) Esto marcha. (Tono de narrador.) ¿Trigo? Sí, es verdad, tengo trigo en mis graneros. Pero piense, piense. Le doy trigo, un kilo, un kilo y medio, usted se lo lleva a su hijo y le prepara —si es que todavía vive— una buena sopa (Nagg reacciona), un plato y medio de sopa, muy nutritiva. Bueno. Recupera sus colores... quizá. ¿Y después? (Pausa.) Me estaba enojando. Pero piense, piense, usted está en la tierra, no tiene remedio. (Pausa.) Aquel día el tiempo era excesivamente seco, lo recuerdo. El hidrómetro señalaba cero. Tiempo ideal para mi reumatismo. (Pausa. Con violencia.) Pero finalmente, ¿cuál es su esperanza? ¿Que la tierra renazca en primavera? ¿Que el mar y los ríos vuelvan a llenarse de peces? ¿Que haya todavía maná en el cielo para imbéciles como usted? (Pausa.) Poco a poco me calmaba, lo suficiente como para preguntarle cuánto tiempo había necesitado para llegar. Tres días completos. Bueno. En qué estado había dejado al niño. Profundamente dormido. (Con fuerza.) Pero, ¿en cuál sueño, en cuál sueño? (Pausa.) En una palabra, le propuse que entrara a mi servicio. Me había conmovido. Además, pensaba que ya no me quedaba mucho tiempo. (Ríe. Pausa.) ¿Qué más? (Pausa.) ¿Qué más? (Pausa.) Aquí, si se cuida,
puede morir tranquilamente, en la cama. (Pausa.) ¿Qué más? (Pausa.) Terminó por preguntarme si consentiría en acoger al niño —si es que aún vivía—. (Pausa.) Era el momento que yo esperaba. (Pausa.) Si yo consentiría en acoger al niño. (Pausa.) Lo veo, de rodillas, con las manos apoyadas en el suelo, mirándome fijamente con sus ojos extraviados, pese a lo que acababa de explicarle. (Pausa. Tono normal.) Por hoy es bastante. (Pausa.) Me falta poco para terminar la historia. (Pausa.) A menos que introduzca otros personajes. (Pausa.) ¿Pero dónde encontrarlos? (Pausa.) ¿Dónde bus-carlos? (Pausa. Silbato. Entra Clov.) Roguemos a Dios.
NAGG: ¡El confite!
CLOV: Hay una rata en la cocina.
HAMM: ¡Una rata! ¿Todavía hay ratas?
CLOV: En la cocina hay una.
HAMM: ¿Y no la mataste?
CLOV: A medias. Tú nos interrumpiste.
HAMM: ¿Puede escapar?
CLOV: No.
HAMM: Ya la matarás. Roguemos a Dios.
CLOV: ¿Otra vez?
NAGG: ¡El confite!
HAMM: ¡Primero Dios! (Pausa.) ¿Están preparados?
CLOV (resignado): Sí.
HAMM (a Nagg): ¿Y tú?
NAGG (junta las manos, cierra los ojos. Elocución precipitada): Padre nuestro que estás en los...
HAMM: ¡Silencio! ¡En silencio! ¡Un poco de compostura! Vamos. (Adoptan la actitud de alguien que reza. Silencio. Descorazonado.) ¿Qué pasa?
CLOV (abriendo los ojos): ¡Vete al diablo! ¿Y tú?
HAMM: ¡Ni por casualidad! (A Nagg.) ¿Y tú?
NAGG: Espera. (Pausa. Abre los ojos.) ¡Macaco!
HAMM: ¡Puerco! ¡No existe!
CLOV: Todavía no.
NAGG: ¡El confite!
HAMM: No hay más confites. (Pausa.)
NAGG: Es normal. Después de todo, soy tu padre. Es cierto, si no hubiera sido yo, habría sido otro. Pero eso no es una excusa. (Pausa.) El rahat-lukum, por ejemplo, ya no existe, lo sabemos, pero es lo que más me gusta en el mundo. Y un día te lo pediré en pago de un favor, y tú me lo prometerás. Hay que vivir de acuerdo con la época. (Pausa.) ¿A quién llamabas cuando eras pequeñito y tenías miedo en la noche? ¿A tu madre? No. A mí. Te dejábamos gritar. Después te alejábamos para poder dormir. (Pausa.) Yo dormía como un rey y tú me despertaste para que yo te escuchara. No era necesario, no tenías ninguna necesidad de que te escuchara. (Pausa.) Por otra parte, no te escuché. (Pausa.) Espero que llegue el día en que necesites realmente que te escuche, y necesites escuchar mi voz, una voz. (Pausa.) Sí, espero vivir hasta ese día, oír que me llamas como cuando eras niño y tenías miedo, en la noche, y yo era tu única esperanza. (Pausa. Nagg golpea sobre la tapa del otro tacho de basura. Pausa.) ¡Nell! (Pausa. Golpea más fuerte.) ¡Nell!
Pausa. Nagg se hunde en el tacho de basura. Coloca la tapa. Pausa.
HAMM: Terminó la diversión. (Busca tanteando el perro.) El perro se fue.
CLOV: No es un perro verdadero, no puede irse.
HAMM (tanteando): Aquí no está.
CLOV: Está echado.
HAMM: Dámelo. (Clov recoge el perro y se lo da a Hamm. Hamm lo sostiene en los brazos. Pausa. Lo arroja.) ¡Perro asqueroso! (Clov comienza a recoger los objetos dispersos en el piso.) ¿Qué estás haciendo?
CLOV: Poniendo orden. (Se incorpora. Con arrebato.) ¡Quiero sacar todo esto de aquí! (Sigue recogiendo objetos.)
HAMM: ¡Orden!
CLOV (incorporándose): Me gusta el orden. Es mi sueño. Un mundo donde todo esté silencioso e inmóvil y cada cosa ocupe su último lugar bajo el polvo último. (Continúa recogiendo.)
HAMM (exasperado): ¿Qué pretendes?
CLOV (incorporándose lentamente): Pretendo establecer un poco de orden.
HAMM: Deja eso.
Clov deja caer los objetos que acaba de recoger.
CLOV: Después de todo, aquí o allá...
Va hacia la puerta.
HAMM (molesto): ¿Qué tienes en los pies?
CLOV: ¿Los pies?
HAMM: Parece un regimiento de dragones.
CLOV: Tuve que ponerme botines.
HAMM: ¿Te molestan las pantuflas?
Pausa.
CLOV: Te dejo.
HAMM: No.
CLOV: ¿Para qué sirvo?
HAMM: Para hablar conmigo. (Pausa.) Adelanté en mi historia. (Pausa.) Adelanté mucho. (Pausa.) Pregúntame en qué parte estoy.
CLOV: ¡Ah! ¿Se trata de tu historia?
HAMM (sorprendido): ¿Qué historia?
CLOV: La que cuentas siempre.
HAMM: ¡Ah! ¿Quieres decir, mi novela?
CLOV: ¡Sí!
Pausa.
HAMM (encolerizado): ¡No andes con rodeos! ¡Diablos! ¡No andes con rodeos!
CLOV: Espero que hayas adelantado mucho.
HAMM (modesto): ¡Oh!... no mucho... no mucho. (Suspira.) Hay días como éste: uno no está inspirado. (Pausa.) Es preciso esperar. Nunca hay que forzarse, nunca hay que forzarse, es fatal. (Pausa.) Sin embargo, he adelantado algo. (Pausa.) Cuando se conoce el oficio, ¿sabes?... (Pausa. Con fuerza.) Dije que de todas maneras adelanté algo.
CLOV (con admiración): ¡Bueno! ¡A pesar de todo, pudiste adelantar algo!
HAMM (modesto): ¡Oh, ya sabes, no tanto, no tanto! De todas maneras, peor es nada.
CLOV: ¡Peor es nada! Me asombras.
HAMM: Te contaré. Viene arrastrándose...
CLOV: ¿Quién?
HAMM: ¿Cómo?
CLOV: ¿Quién? ¿Él?
HAMM: ¡Vamos! Otro más.
CLOV. ¡Ah! ¡Él! No estaba seguro.
HAMM: Arrastrándose a implorar pan para su hijo. Le ofrecen un puesto de jardinero. Antes de... (Clov ríe.) ¿Qué tiene de gracioso? CLOV: ¡Un puesto de jardinero!
HAMM: ¿Eso te hace reír?
CLOV: Debe de ser eso.
HAMM: ¿No sería más bien el pan?
CLOV: O el niño.
Pausa.
HAMM: En efecto, es divertido. ¿Quieres que riamos juntos un buen rato?
CLOV (reflexiona): Hoy ya no podría reír.
HAMM (reflexiona): Yo tampoco. (Pausa.) Entonces, continúo. Antes de aceptar con gratitud, pregunta si puede traer a su hijo.
CLOV: ¿Qué edad tiene?
HAMM: ¡Oh, es muy pequeño!
CLOV: Se hubiera trepado a los árboles.
HAMM: Todas las diabluras que hacen los chicos.
CLOV: Y después, habría crecido. (Pausa.) ¡No andes con rodeos!
HAMM: Eso es todo. Hasta aquí he llegado.
Pausa.
CLOV: ¿Sabes cómo sigue?
HAMM: Más o menos.
CLOV. ¿Terminará pronto?
HAMM: Temo que sí.
CLOV: ¡Bah! Harás otra.
HAMM: No sé. (Pausa.) Me siento un poco vacío. (Pausa.) El prolongado esfuerzo creador. (Pausa.) ¡Si pudiera arrastrarme hasta el mar! Me haría una almohada de arena, y la marea subiría.
CLOV: No hay más mareas.
Pausa.
HAMM: Ve a ver si ella ha muerto.
Clov va hacia el tacho de basura de Nell, levanta la tapa, se inclina. Pausa.
CLOV. Parece que sí.
Pone la tapa, se yergue. Hamm se quita el solideo. Pausa. Vuelve a ponérselo.
HAMM (sin soltar el solideo): ¿Y Nagg?
Clov levanta la tapa del tacho de basura de Nagg, se inclina. Pausa.
CLOV: Parece que no.
Pone la tapa. Se yergue.
HAMM (soltando el solideo): ¿Qué hace?
Clov levanta la tapa del tacho de basura de Nagg. Se inclina. Pausa.
CLOV: Llora.
Clov pone la tapa. Se yergue.
HAMM: Entonces, vive. (Pausa.) ¿Has tenido alguna vez un instante de felicidad?
CLOV: No, que yo sepa.
Pausa.
HAMM: Llévame hasta la ventana. (Clov va hacia el sillón.) Quiero sentir la luz sobre mi rostro. (Clov empuja el sillón.) ¿Recuerdas qué torpe eras al principio, cuando me llevabas a pasear? Empujabas demasiado arriba. A cada paso estabas a punto de hacerme caer. (Agitándose en la silla.) ¡Ja! ¡Ja! ¡Cómo nos divertíamos! ¡Cómo nos divertíamos! (Triste.) Después, nos acostumbramos. (Clov detiene el sillón frente a la ventana de la derecha.) ¿Ya? (Pausa. Echa la cabeza hacia atrás. Pausa.) ¿Es de día?
CLOV: No es de noche.
HAMM (encolerizado): ¡Te pregunto si es de día!
CLOV: Sí.
HAMM: ¿Está descorrida la cortina?
CLOV: No.
Pausa.
HAMM: ¿Qué ventana es ésta?
CLOV: La tierra.
HAMM: ¡Lo sabía! (Encolerizado.) ¡Por este lado no hay luz! ¡La otra! (Clov empuja el sillón hacia la otra ventana.) ¡La tierra! (Clov detiene el sillón bajo la otra ventana. Hamm echa la cabeza hacia atrás.) ¡Aquí hay luz! (Pausa.) Parecería que hay un rayo de sol. (Pausa.) ¿No?
CLOV: No.
HAMM: ¿No es un rayo de sol lo que siento en mi cara?
CLOV: No.
Pausa.
HAMM: ¿Estoy muy blanco? (Pausa. Con violencia.) ¡Te pregunto si estoy muy blanco!
CLOV: No más que de costumbre.
Pausa.
HAMM: Abre la ventana.
CLOV: ¿Para qué?
HAMM: Quiero escuchar el mar.
CLOV: No lo oirías.
HAMM: ¿Incluso si abrieras la ventana?
CLOV: No.
HAMM: ¿Entonces, no vale la pena abrirla?
CLOV: No.
HAMM (con violencia): ¡Entonces, ábrela! (Clov sube a la escalerilla. Abre la ventana. Pausa.) ¿La abriste?
CLOV: Sí.
HAMM: ¿Juras que la has abierto?
CLOV: Sí.
Pausa.
HAMM: Bien... (Pausa.) Debe de estar muy tranquilo. (Pausa. Violentamente.) ¡Te pregunto si está muy tranquilo!
CLOV: Sí.
HAMM: Porque ya no hay navegantes. (Pausa.) De pronto te has quedado callado. (Pausa.) ¿No te sientes bien?
CLOV: Tengo frío.
HAMM: ¿En qué mes estamos? (Pausa.) Cierra la ventana, regresemos. (Clov cierra la ventana, baja de la escalerilla, vuelve a colocar el sillón en su lugar, permanece detrás del sillón, con la cabeza baja.) No te quedes allí. Me das miedo. (Clov vuelve a su lugar, al lado del sillón.) ¡Padre! (Pausa. Más fuerte.) ¡Padre! (Pausa.) Ve a ver si me oyó.
Clov va hacia el tacho de basura de Nagg, levanta la tapa, se inclina. Palabras ininteligibles. Clov se yergue.
CLOV: Sí.
HAMM: ¿Las dos veces?
Clov se inclina. Palabras ininteligibles. Clov se incorpora.
CLOV: Una sola.
HAMM: ¿La primera o la segunda?
Clov se inclina. Palabras ininteligibles. Clov se yergue.
CLOV: No sabe.
HAMM: Debe de haber sido la segunda.
CLOV: No podemos saberlo.
Clov pone la tapa.
HAMM: ¿Sigue llorando?
CLOV: No.
HAMM: ¡Pobres muertos! (Pausa.) ¿Qué hace?
CLOV: Chupa un bizcocho.
HAMM: La vida continúa. (Clov regresa a su lugar, al lado del sillón.) Dame una manta, me congelo.
CLOV: No hay más mantas.
Pausa.
HAMM: Bésame. (Pausa.) ¿No quieres besarme?
CLOV: No.
HAMM: En la frente.
CLOV: No quiero besarte en ninguna parte.
Pausa.
HAMM (tiende la mano): Al menos, dame la mano. (Pausa.) ¿No quieres darme la mano?
CLOV: No quiero tocarte.
Pausa.
HAMM: Dame el perro. (Clov busca el perro.) No, no vale la pena.
CLOV: ¿No quieres tu perro?
HAMM: No.
CLOV: Entonces, te dejo.
HAMM (con la cabeza inclinada, distraído): Eso es.
Clov va hacia la puerta, se vuelve.
CLOV: Si no mato a esa rata, se va a morir.
HAMM (lo mismo): Eso es. (Clov sale. Pausa.) Ahora me toca a mí. (Saca su pañuelo, lo despliega, lo mantiene desplegado en el extremo del brazo, ante sí.) Esto marcha bien. (Pausa.) Uno llora, llora, por nada, por no reír, y poco a poco... una verdadera tristeza nos invade. (Dobla el pañuelo, lo mete en el bolsillo, levanta la cabeza.) A todos los que yo hubiera podido ayudar. (Pausa.) Salvar. (Pausa.) ¡Salvar! (Pausa.) Salían de todos los rincones. (Pausa, con violencia.) ¡Pero piensen, piensen, están en la tierra, ya no hay remedio! (Pausa.) ¡Váyanse y ámense! ¡Ámense los unos a los otros! (Pausa. Más tranquilo.) Cuando no era pan, eran mil hojas. (Pausa. Con violencia.) ¡Fuera de aquí! ¡Regresen a sus orgías! (Pausa. Bajo.) ¡Todo esto, todo esto! (Pausa.) ¡Ni siquiera un perro verdadero! (Más tranquilo.) El final está comprendido en el comienzo, y sin embargo uno continúa. (Pausa.) Quizá podría arrojarme al suelo. (Se incorpora penosamente, se deja caer.) Hundir las uñas en las ranuras y avanzar, arrastrándome por la fuerza de mis manos. (Pausa.) Será el fin, y me preguntaré qué pudo provocarlo, y me preguntaré qué pudo... (vacila) ...por qué ha tardado tanto. (Pausa.) Estaré allí, en el viejo refugio, solo, contra el silencio y... (vacila) ...la inercia. Si pudiera callarme y permanecer tranquilo, se habrían terminado el sonido y el movimiento. (Pausa.) Habría llamado a mi padre y habría llamado a mi... (vacila) ...mi hijo. Incluso dos veces, tres veces, en caso de que no hubieran escuchado la primera, o la segunda. (Pausa.) Me diré, volverá. (Pausa.) ¿Y después? (Pausa.) ¿Y después? (Pausa.) No pudo, se fue muy lejos. (Pausa.) ¿Y después? (Pausa. Muy agitado.) ¡Toda clase de fantasías! ¡Que me vigilen! ¡Una rata! ¡Pasos! ¡Ojos! El aliento que uno retiene, y después... (Suspira.) Después, hablar rápido, palabras, como el  niño solitario que se divide en dos, tres, para estar acompañado y hablar con alguien en la noche. (Pausa.) Minuto a minuto, ploff, ploff, como los granos de mijo, de... (busca) ...aquel viejo griego, y toda la vida uno espera que eso represente algo. (Pausa. Quiere continuar, renuncia. Pausa.) ¡Ah, estar allí! (Toca el silbato. Entra Clov con el despertador. Se detiene al lado del sillón.) ¡Qué pasa! ¿Ni lejos ni muerto?
CLOV: Sólo en espíritu.
HAMM: ¿Cuál?
CLOV: Ambos.
HAMM: Lejos, estarías muerto.
CLOV: Y a la inversa.
HAMM (orgullosamente): Lejos de mí, la muerte. (Pausa.) ¿Y la rata?
CLOV: Escapó.
HAMM: No llegará lejos. (Pausa. Inquieto.) ¿Qué?
CLOV: No necesita llegar lejos.
Pausa.
HAMM: ¿No es la hora del calmante?
CLOV: Sí.
HAMM: ¡Ah! ¡Por fin! ¡Dámelo, pronto!
Pausa.
CLOV: No hay más calmante.
Pausa.
HAMM (aterrado): ¡Mi...! (Pausa.) ¡No hay más calmante!
CLOV: No hay más calmante. Nunca más tendrás calmante.
Pausa.
HAMM: Pero, la cajita redonda. ¡Estaba llena!
CLOV: Sí, pero ahora está vacía.
Pausa. Clov comienza a dar vueltas por la habitación. Busca un lugar donde colocar el despertador.
HAMM (bajo): ¡Qué voy a hacer! (Pausa. Aullando.) ¿Qué voy a hacer? (Clov mira el cuadro, lo descuelga, lo pone en el suelo, de frente a la pared, cuelga el reloj en su lugar.) ¿Qué estás haciendo?
CLOV: Tres vueltecitas.
Pausa.
HAMM: Mira la tierra.
CLOV: ¿Otra vez?
HAMM: Puesto que ella te llama.
CLOV: ¿Te duele la garganta? (Pausa.) ¿Quieres una pastilla de goma? (Pausa.) ¿No? (Pausa.) ¡Qué lástima!
Clov va tarareando hacia la ventana de la derecha, se detiene, la mira, la cabeza echada hacia atrás.
HAMM: ¡No cantes!
CLOV (se vuelve hacia Hamm): ¿Ya no tenemos derecho de cantar?
HAMM: No.
CLOV: Entonces, ¿cómo quieres que esto termine?
HAMM: ¿Deseas que esto termine?
CLOV: Tengo ganas de cantar.
HAMM: No podría impedírtelo.
Pausa. Clov se vuelve hacia la ventana.
CLOV: ¿Dónde puse la escalerilla? (La busca con los ojos.) ¿Viste la escalerilla? (Busca, la ve.) ¡Ah, por fin! (Va hacia la ventana de la izquierda.) A veces me pregunto si estoy en mi sano juicio. Después, eso pasa y vuelvo a la lucidez. (Sube a la escalerilla. Mira por la ventana.) ¡Puta! ¡Está inundada! (Mira.) ¿Qué ha pasado? (Adelanta la cabeza, la mano a modo de visera.) Sin embargo no ha llovido. (Limpia el vidrio, mira. Pausa. Se golpea la frente.) ¡Ah! ¡Qué tonto soy! ¡Me equivoqué de lado! (Baja, da unos pasos hacia la ventana de la derecha.) ¡Inundada! (Regresa a buscar la escalerilla.) ¡Qué tonto soy! (Arrastra la escalerilla hasta la ventana de la derecha.) A veces me pregunto si estoy en mis cabales. Después, eso pasa y vuelvo a ser tan inteligente como antes. (Coloca la escalerilla bajo la ventana de la derecha, sube, mira por la ventana, se vuelve hacia Hamm.) ¿Hay algún sector que te interesa particularmente? (Pausa.) ¿O sólo el conjunto ?
HAMM (débilmente): El conjunto.
CLOV: ¿El efecto general? (Pausa. Se vuelve hacia la ventana.) Veamos.
Mira.
HAMM: ¡Clov!
CLOV (absorto): Mmm.
HAMM: ¿Sabes una cosa?
CLOV (absorto): Mmm.
HAMM: Nunca estuve allí. (Pausa.) ¡Clov!
CLOV (volviéndose exasperado hacia Hamm): ¿Qué pasa?
HAMM: Nunca estuve allí.
CLOV: ¡Tuviste suerte!
Se vuelve hacia la ventana.
HAMM (siempre ausente): Todo se ha hecho sin mí. No sé qué ha pasado. (Pausa.) ¿Tú sabes qué ha pasado? (Pausa.) ¡Clov!
CLOV (volviéndose exasperado hacia Hamm): ¿Quieres que mire esa porquería, sí o no?
HAMM: Contéstame primero.
CLOV: ¿Qué?
HAMM: ¿Sabes qué ha pasado?
CLOV: ¿Dónde? ¿Cuándo?
HAMM (con violencia): ¡Cuándo! ¡Lo que ha pasado! ¿No comprendes? ¿Qué ha pasado?
CLOV: ¿Qué diablos puede importarme? (Se vuelve hacia la ventana.) HAMM: No sé.
Pausa. Clov se vuelve hacia Hamm.
CLOV (duramente): Cuando la tía Pegg te pedía aceite para su lámpara y tú la mandabas al infierno, sabías lo que pasaba en ese momento, ¿no? (Pausa.) ¿Sabes de qué murió la tía Pegg? De oscuridad.
HAMM (débilmente): No tenía.
CLOV (lo mismo): ¡Sí, tenías!
Pausa.
HAMM: ¿Tienes el catalejo?
CLOV: No. Es tan grande...
HAMM: Ve a buscarlo.
Pausa. Clov levanta los ojos al cielo y extiende los brazos, los puños cerrados. Pierde el equilibrio, se aferra a la escalerilla. Baja algunos escalones, se detiene.
CLOV: Hay algo que no comprendo. (Termina de bajar. Se detiene.) ¿Por qué te obedezco siempre? ¿Puedes explicármelo?
HAMM: No... Quizá sea compasión. (Pausa.) Una especie de gran compasión. (Pausa.) ¡Oh, te costará mucho, te costará mucho!
Pausa. Clov comienza a dar vueltas por el cuarto. Busca el catalejo.
CLOV: Estoy cansado de nuestras historias. Muy cansado. (Busca.) ¿No estás sentado encima?
Empuja el sillón, mira el lugar que éste ocupaba, sigue buscando.
HAMM (angustiado): ¡No me dejes aquí! (Clov coloca furiosamente el sillón en su sitio. Sigue buscando. Débilmente.) ¿Estoy bien en el centro?
CLOV (sigue buscando): Se necesitaría un microscopio para encontrar ese... (Ve el catalejo.) ¡Por fin!
Recoge el catalejo, va hacia la escalerilla, sube, apunta el catalejo hacia afuera.
HAMM : Dame el perro.
CLOV (mirando): ¡Cállate!
HAMM (más fuerte): ¡Dame el perro!
Clov deja caer el catalejo, se lleva las manos a la cabeza. Pausa. Baja de la escalerilla precipitadamente, busca el perro, lo encuentra, lo recoge, se precipita sobre Hamm y le asesta un gran golpe en el cráneo.
CLOV: ¡Aquí está tu perro!
El perro cae al suelo. Pausa.
HAMM: ¡Me golpeó!
CLOV: ¡Me enfureciste! ¡Estoy furioso!
HAMM : Si vas a golpearme, golpéame con el martillo. (Pausa.) O con el bichero, sí, golpéame con el bichero. Con el perro, no. Con el bichero. O con el martillo.
Clov recoge el perro. Se lo da a Hamm, quien lo toma en sus brazos.
CLOV (implorando): ¡Basta de jugar!
HAMM: ¡Nunca! (Pausa.) Ponme en el ataúd.
CLOV : No hay más ataúdes.
HAMM: ¡Entonces, que esto termine! (Clov se dirige hacia la escalerilla. Con violencia.) ¡Y que salte por el aire! (Clov sube a la escalerilla, se detiene, baja, busca el catalejo, lo recoge, sube nuevamente, levanta el catalejo.) ¡De oscuridad! ¿Y yo? ¿Acaso alguien me perdonó alguna vez?
CLOV (bajando el catalejo, volviéndose hacia Hamm): ¿Qué? (Pausa.) ¿Lo dices por mí?
HAMM (encolerizado): ¡Un aparte! ¡Desgraciado! ¿Es la primera vez que oyes un aparte? (Pausa.) Preparo mi último soliloquio.
CLOV: Te prevengo. Voy a mirar esa asquerosidad porque tú lo ordenas, pero será la última vez. (Apunta el catalejo.) Veamos... (Mueve el catalejo.) Nada... Nada... Bien... Muy bien... Nada... Perf... (Se sobresalta, baja el catalejo, lo examina, apunta nuevamente, pausa.) ¡Ayayayay!
HAMM: ¡Más complicaciones! (Clov desciende de la escalerilla.) ¡Con tal que no traiga cola!
Clov acerca la escalerilla a la ventana, sube, enfoca el catalejo. Pausa.
CLOV: ¡Ayayayay!
HAMM: ¿Es una hoja? ¿Una flor? ¿Un toma... (bosteza) ...te?
CLOV (mirando): Te haría tragar los tomates. ¡Alguien! ¡Es alguien!
HAMM: ¡Bueno, ve a exterminarlo! (Clov baja de la escalerilla.) ¡Alguien! (Vibrante.) ¡Cumple con tu deber! (Clov se precipita hacia la puerta.) No. No vale la pena. (Clov se detiene.) ¿A qué distancia?
Clov vuelve a la escalerilla, sube, apunta el catalejo.
CLOV: Setenta y... cuatro metros.
HAMM: ¿Se acerca? ¿Se aleja?
CLOV (siempre mirando): Está inmóvil.
HAMM: ¿Sexo?
CLOV: ¿Qué importa? (Abre la ventana, se asoma. Pausa. Se incorpora, baja el catalejo, se vuelve hacia Hamm. Con terror.) Parece un chico.
HAMM: ¿Ocupación?
CLOV: ¿Qué?
HAMM (con violencia): ¿Qué hace?
CLOV (lo mismo): ¡No sé qué hace! Lo que hacían los niños. (Apunta el catalejo. Pausa. Baja el catalejo, se vuelve hacia Hamm.) Parece estar sentado en el suelo, adosado a algo.
HAMM: La piedra elevada. (Pausa.) Tu vista mejora. (Pausa.) Sin duda está mirando la casa con ojos de Moisés moribundo.
CLOV: No.
HAMM: ¿Qué mira?
CLOV (con violencia): ¡No sé qué mira! (Apunta el catalejo. Pausa. Baja el catalejo, se vuelve hacia Hamm.) Su ombligo. En fin... por allí. (Pausa.) ¿Por qué este interrogatorio?
HAMM: Quizá esté muerto.
CLOV: Voy a ver. (Baja de la escalerilla, arroja el catalejo, va hacia la puerta, se vuelve.) Tomo el bichero. (Busca el bichero, lo recoge, va hacia la puerta.)
HAMM: No vale la pena.
Clov se detiene.
CLOV: ¿No vale la pena? ¿Un procreador en potencia?
HAMM: Si existe, vendrá aquí o morirá allá. Si no existe, no vale la pena.
Pausa.
CLOV: ¿No me crees? ¿Crees que invento?
Pausa.
HAMM: Se terminó, Clov, hemos terminado. Ya no te necesito.
Pausa.
CLOV: ¡Qué bueno!
Va hacia la puerta.
HAMM: Déjame el bichero.
Clov le da el bichero, va hacia la puerta, se detiene, mira el despertador, lo descuelga, busca con la mirada un sitio mejor, va hacia la escalerilla, pone el despertador sobre ella, vuelve a su lugar junto al sillón. Pausa.
CLOV: Te dejo.
Pausa.
HAMM: Antes de irte, di algo.
CLOV: No hay nada que decir.
HAMM: Algunas palabras... que yo pueda repetir... en mi corazón. CLOV: ¡Tu corazón!
HAMM : Sí. (Pausa. Con fuerza.) ¡Sí! (Pausa.) Con todo lo demás, al final, las sombras, los murmullos, todo el mal, para terminar. (Pausa.) Clov... (Pausa.) Nunca me habló. Después, al final, antes de irse, sin que yo le pidiera nada, me habló. Me dijo...
CLOV (abrumado): ¡Ah!...
HAMM : Algo... cariñoso.
CLOV: ¡Cariñoso!
HAMM : Algunas palabras... cariñosas.
CLOV (canta):
Bello pájaro, deja tu jaula,
Vuela hacia mi amada,
Anida en su corpiño,
Dile cuán podrido estoy.
Pausa.
¿Es suficiente?
HAMM (amargamente): ¡Un escupitajo!
Pausa.
CLOV (la mirada fija, la voz monocorde): Me han dicho, Pero esto es el amor, pero sí, pero sí, créeme, ya ves qué...
HAMM: ¡Articula!
CLOV (lo mismo): ...qué fácil es. Me han dicho, Pero esto es la amistad, pero sí, pero sí, te lo aseguro, no necesitas buscar más. Me han dicho, Es aquí, detente, levanta la cabeza y mira este esplendor. ¡Este orden! Me han dicho, Vamos, no eres un imbécil, piensa en aquellas cosas y verás como todo se aclarará. ¡Sencillamente! Me han dicho, Todos esos heridos de muerte, con qué ciencia se los cuida. HAMM: ¡Basta!
CLOV (lo mismo): Me digo... algunas veces, Clov, es preciso que llegues a sufrir más que ahora, si quieres que algún día se cansen de castigarte. Me digo... a veces, Clov, es preciso que te encuentres mejor allá que aquí, si quieres que te dejen partir... un día. Pero me siento demasiado viejo, y demasiado lejos, para poder adoptar nuevas costumbres. Bueno, esto no terminará nunca, no me iré nunca. (Pausa.) Luego, un día, de pronto, esto termina, cambia, no comprendo, se muere, o soy yo, no comprendo, tampoco lo comprendo. Se lo pregunto a las palabras que aún quedan... sueño, despertar, noche, mañana. No saben decir nada. (Pausa.) Abro la puerta de la cabaña y me voy. Estoy tan encorvado que si abro los ojos solamente veo mis pies, y entre mis piernas un poco de polvo negruzco. Me digo que la tierra se ha extinguido, aunque nunca la haya visto encendida. (Pausa.) Resulta fácil. Cuando caiga, lloraré de dicha.
Pausa. Va hacia la puerta.
HAMM: ¡Clov! (Clov se detiene sin volverse. Pausa.) Nada. (Clov camina nuevamente.) ¡Clov! (Clov se detiene sin volverse.)
CLOV: Es lo que se llama ganar la puerta.
HAMM: Te agradezco, Clov.
CLOV (volviéndose vivamente): ¡Ah, no, perdón! Soy yo quien te agradece.
HAMM: Ambos nos agradecemos. (Pausa. Clov va hacia la puerta.) Algo más. (Clov se detiene.) Una última gracia. (Clov sale.) Escóndeme bajo la sábana. (Pausa larga.) ¿No? Bueno. (Pausa.) Es mi turno. (Pausa.) De actuar. (Pausa. Con cansancio.) Viejo final de partida perdida, terminar de perder. (Pausa. Más animado.) Veamos. (Pausa.) ¡Ah, sí! (Intenta desplazar el sillón apoyándose en el bichero. Entretanto, vuelve Clov. Panamá, chaqueta de tweed, impermeable en el brazo, paraguas, valija. Impasible, mirando a Hamm, Clov permanece inmóvil cerca de la puerta hasta el fin. Hamm renuncia.) Bueno. (Pausa.) Arrojar. (Arroja el bichero, quiere arrojar el perro, cambia de idea.) No mucho más arriba que el culo. (Pausa.) ¿Y después? (Pausa.) Sacar. (Se quita el solideo.) Paz a nuestras... nalgas. (Pausa.) Volver a poner. (Se pone el solideo.) Igualdad. (Pausa. Se quita los anteojos.) Limpiar. (Saca el pañuelo y, sin desplegarlo, limpia los anteojos.) Y volver a poner. (Vuelve a poner el pañuelo en el bolsillo, se pone los anteojos.) Llegamos. Todavía algunas tonterías como éstas y llamo. (Pausa.) Un poco de poesía. (Pausa.) Tú llamabas...
(Pausa. Se corrige.) RECLAMABAS la tarde; la tarde viene... (Pausa. Se corrige.) DESCIENDE: hela aquí. (Repite sonoramente.) Reclamabas la tarde; la tarde desciende: hela aquí. (Pausa.) ¡Qué bonito! (Pausa.) ¿Y después? (Pausa.) Instantes nulos, siempre nulos, pero instantes que cuentan, la cuenta está hecha, la historia ha concluido. (Pausa. Voz de narrador.) Si pudiese traer a su hijo... (Pausa.) Era el momento que yo esperaba. (Pausa.) ¿No quiere abandonarlo? ¿Quiere que crezca mientras usted empequeñece? (Pausa.) ¿Que le endulce los últimos cien mil cuartos de hora? (Pausa.) Él no se da cuenta, sólo conoce el hambre, el frío, y al final, la muerte. ¡Pero, usted! Usted debe saber lo que es la tierra ahora. (Pausa.) ¡Ah, lo puse frente a sus responsabilidades! (Pausa. Tono normal.) Bueno, ya está, aquí estoy, es suficiente. (Toma el silbato. Vacila, lo deja. Pausa.) Sí, ¡realmente! (Toca el silbato. Pausa. Más fuerte. Pausa.) Bueno. (Pausa.) ¡Padre! (Pausa. Más fuerte.) ¡Padre! (Pausa.) Bueno. (Pausa.) Llegamos. (Pausa.) ¿Y para terminar? (Pausa.) Arrojar. (Arroja el perro. Se arranca el silbato.) ¡Tomen! (Arroja el silbato delante de sí. Pausa. Resopla. Bajo.) ¡Clov! (Pausa larga.) ¿No? Bueno. (Saca el pañuelo.) Ya que esto se hace así... (despliega el pañuelo) ...hagámoslo así... (despliega) ...y no hablemos más... (termina de desplegarlo) ...y no hablemos más... (Sostiene el pañuelo abierto delante de sí, los brazos extendidos.) ¡Viejo trapo! (Pausa.) A ti... te conservo.
Pausa. Acerca el pañuelo a su cara.

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