DOCTOR FAUSTUS. Marlowe.




DOCTOR FAUSTUS
Marlowe





PERSONAJES 

Coro 
Doctor Faustus 
Wagner 
Buen Ángel 
Mal Ángel 
Valdés 
Cornelio 
Estudioso  
Estudioso  
Mefistófeles 
Robin 
Demonios 
Rafe 
Lucifer 
Belcebú 
Soberbia 
Avaricia 
Ira 
Envidia 
Gula 
Pereza 
Lujuria 
Papa 
Cardenal de Lorena 
Frailes 
Tabernero 
Emperador de Alemania, Carlos V 
Caballero 
Sirvientes 
Alejandro Magno 
Su Amante 
Comerciante de Caballos 
Duque de Anhalt 
Duquesa de Anhalt 
Helena de Troya 
Viejo 
Estudioso  



PRÓLOGO 


CORO No en la campaña en campos de Trasimeno 
donde Marte acompaño a los Cartagineses,
ni distraídos con los devaneos del amor 
en las cortes de reyes donde los estados sucumben, 
ni en los esplendores de osadas hazañas soberbias 
tiene la intención nuestra musa de someter sus versos celestiales: 
Sólo esto, vuesas mercedes, ahora representaremos, 
el fin de las fortunas de Faustus, para bien o para mal. 
A juicios pacientes apelamos para el aplauso 
para hablar de Faustus en su infancia: 
Ya nace, sus padres de común estirpe 
en Alemania, en la ciudad de Roda. 
Con los años, viajó a Wurtemberg 
donde sus deudos le cuidaron. 
Tan pronto avanza en la teología 
honrando los designios provechosos de la erudición 
que al poco fue honrado con el nombre de Doctor, 
excediendo a todos, su más dulce deleite disputar 
sobre temas celestiales de la teología, 
hasta rebosar de ingenio y de presunción 
sus céreas alas se alzaron más allá de su alcance 
y los encendidos cielos conspiraron en su caída; 
por dedicarse a un ejercicio diabólico, 
y ya saturado con los dones dorados del conocimiento 
se empacha de la nigromancia maldita. 
Para él nada es tan dulce como la magia, 
que prefiere a su mayor dicha, 
y éste es el hombre que sentado se encuentra en su estudio. 



Acto I Escena  

Faustus, en su estudio 

FAUSTUS 
Decídete ya entre tus estudios Faustus, y comienza 
a sondear las profundidades de aquello que profesarás. 
Siendo licenciado, sé teólogo aparente 
pero aspira al objetivo de toda disciplina 
y vive y muere entre las obras de Aristóteles. 
Dulce Analítica,  me has devorado. 
Bene disserere est finis logicis. 
¿Es el buen debatir el único fin de la lógica? 
¿No esconde este arte mayor milagro? 
Pues no leas más; ya has logrado ese fin. 
¡Más grande materia le conviene al ingenio de Faustus! 
Despídete de on-kai-me-on,  adelante Galeno. 
Ya que ubi desinit philosophus, ibi incipit medicus, 
Sé médico, Faustus. Apila oro, 
Y con alguna asombrosa cura serás inmortal. 
Summum bonum medicinae sanitas. 
El fin de la medicina es la salud de nuestros cuerpos. 
Pero, Faustus, ¿no has alcanzado ya ese fin? 
¿Acaso cada palabra tuya no es un contundente aforismo? 
¿No ves colgadas tus recetas como si monumentos fueran, 
que gracias a ellas, ciudades enteras se han salvado de la plaga, 
y mil graves males han sido curados? 
A pesar de ello no eres más que Faustus, y aún hombre. 
¿Harías que el hombre viviera eternamente? 
¿O una vez muerto, devolverle la vida? 
Entonces esta profesión sería de estimar. 
Adiós a la medicina, ¿dónde está Justiniano? 
Si una eademque res legatur duobus, 
alter rem, alter valorem rei, etc. 
Un bonito caso de miserables legados. 
Exhereditari filium non potest pater nisi… 
Así es la materia del instituto 
y el cuerpo universal de la ley. 
Tales estudios son para siervos mercenarios 
que nada más buscan basuras externas, 
es demasiado servil e iliberal para mis gustos. 
Al fin y al cabo, la teología lo supera todo. 
La Biblia de Jerónimo, Faustus, míralo bien: 
Stipendium peccati mors est. ¡Ja! Stipendium, etc. 
La recompensa del pecado es la muerte. Severa. 
Si pecasse negamus, fallimur el nulla est in nobis veritas. 
Si decimos que estamos sin pecado, 
nos engañamos, y no hay verdad en nosotros. 
Pues por esa 
que tenemos que pecar, y como consecuencia morir. 
Sí, debemos morir una muerte eterna. 
¿Qué clase de doctrina es ésta? Che será, será: 
Lo que ha de ser, será. ¡Adiós, teología! 
Aquestas metafísicas de magos 
y libros nigrománticos son celestiales. 
Líneas, círculos, escenas, letras y caracteres. 
Sí, esto es lo que Faustus más desea. 
¡Ah, que mundo de ganancia y deleite, 
de poder, honor y omnipotencia 
le espera al aplicado artesano! 
Todo lo que se mueve entre los quedos polos 
quedará a mis órdenes. Emperadores y Reyes 
son sólo obedecidos en sus varias tierras, 
ni pueden invocar al viento, ni hender las nubes, 
pero el que su dominio exceda de ese modo, 
alcanzará hasta donde llegue el pensamiento del hombre. 
Un buen mago es un dios poderoso. 
Bien, Faustus, pon a prueba tu mente para conseguir la deidad. 


Entra Wagner 

Wagner, encomiéndame a mis queridos amigos, 
el alemán Valdés, y Cornelio; 
pídeles encarecidamente que me visiten. 

WAGNER 
Así haré, señor. 

Sale. 

FAUSTUS 
Sus consejos me serán de más ayuda 
que todos mis esfuerzos, por mucho que persevere. 
solamente al aspecto negativo y no terminando de leer la frase al completo con su equilibrio 
atenuante. 


Entran el buen y el mal ángel. 

BUEN ÁNG. Oh, Faustus, aparta de tus ojos ese maldito libro 
no lo mires, no sea que tiente a tu alma 
y caiga sobre tu cabeza la gran ira de Dios. 
Atente a las sagradas escrituras, léelas. Esto otro es blasfemia. 

MAL ÁNG. Adelante, Faustus, adéntrate en ese famoso arte 
que contiene todos los tesoros de la naturaleza. 
Serás en la tierra como Júpiter en el cielo, 
maestro y señor de todos los elementos. 

Salen los ángeles. 

FAUSTUS ¡Como me satura la mera idea! 
¿Podría hacer que espíritus me trajeran lo que quisiera, 
que me sacaran de dudas frente a cualquier ambigüedad, 
o que ejecutaran la más extravagante empresa que se me ocurra? 
Haré que vuelen a la India a por oro, 
que saqueen los océanos en busca de perlas orientales, 
y que me traigan de los lugares más remotos de la nueva tierra 
las frutas más exóticas y manjares dignos de príncipes. 
Haré que me lean extrañas filosofías 
y que me cuenten los secretos de los reyes extranjeros; 
Haré que construyan un muro de latón alrededor de Alemania 
y que el veloz Rin rodee la bella Wurtemberg. 
Haré que llenen los colegios públicos de sedas 
para que los estudiantes vayan elegantemente vestidos. 
Levaré soldados con el dinero que me traigan 
y echaré al Príncipe de Parma de nuestras tierras  
para gobernar como rey soberano de todas nuestras provincias. 
Sí, más temibles maquinas para el fragor de la guerra 
que el abrasador brulote que hendió el puente de Amberes 
haré que mis espíritus siervos inventen. 
Venid, Alemán Valdés, y Cornelio, 
e iluminadme con vuestra sabia conversación. 

Entran Valdés y Cornelio 

Valdés, querido Valdés, y Cornelio, 
sabed que vuestras palabras por fin me han convencido 
a practicar las artes ocultas de la magia; 
Pero no sólo vuestras palabras, ya que mi propia imaginación 
no escucha ninguna objeción de mi mente 
sino que discurre sobre el ingenio de la nigromancia. 
La filosofía es odiosa y oscura, 
el derecho y la medicina son para mentes pequeñas; 
La teología es la peor de las tres, 
desagradable, dura, despreciable y vil. 
La magia, la magia me ha cautivado. 
Por tanto, queridos amigos, ayudadme en este intento, 
y yo, que con concisos silogismos 
he aturdido a los pastores de la iglesia alemana, 
y hecho que el orgullo floreciente de Wurtemberg 
acuda a mis debates, cómo hicieran los espíritus diabólicos 
rodeando a Museo cuando bajó al infierno, 
seré astuto como Agrippa 
cuyos espíritus obligaron a toda Europa honrarle. 

VALDÉS 
Faustus, estos libros, vuestro ingenio y nuestra experiencia 
conseguirán que todas las naciones nos canonicen. 
Tal y como los indios obedecen a sus maestros españoles, 
así los sirvientes de todos los elementos 
estarán siempre al servicio de nosotros tres. 
Como leones nos protegerán cuando nos plazca, 
como jinetes alemanes con sus lanzas 
o como gigantes Lapones trotando a nuestra vera, 
a veces como mujeres o doncellas solteras, 
ensombrecidas de mayor belleza en sus etéreas frentes 
que por los pechos blancos de la Reina del Amor. 
Arrastrarán enormes galeras desde Venecia, 
y desde América el vellocino de oro 
que cada año colma la tesorería del Rey Felipe, 
si el docto Faustus así se resuelve. 

FAUSTUS 
Valdés, estoy tan resuelto en esta materia 
como tú de vivir, y por ello no objetes. 

CORNELIO 
Los milagros de la magia 
harán que votes a no estudiar ninguna otra cosa. 
El que posea conocimientos de la astrología, 
se haya enriquecido con idiomas, y esté versado en minerales, 
tiene todos los principios que requiere la magia. 
Ten por cierto, Faustus, que serás más reconocido 
y más consultado por este misterio 
que el antiguo oráculo en Delfos. 
Los espíritus me dicen que pueden secar la mar 
y traer los tesoros de navíos extranjeros hundidos, 
sí, toda la riqueza que nuestros antepasados escondieron 
enterrada en las entrañas de la tierra. 
Dime, Faustus, ¿qué más podríamos querer? 

FAUSTUS 
Nada, Cornelio. ¡Ah, esto alegra mi alma! 
Vamos, hacedme alguna demostración mágica 
que pueda después evocar en algún bosque vigoroso 
para poseer al completo estas dichas. 

VALDÉS 
Vayamos presto a un bosque solitario, 
y trae las sabias palabras de Bacon y Albano,  
los Salmos Hebreos y el Nuevo Testamento. 
Todo lo demás que necesites 
os lo haremos saber antes de terminar nuestra conversación. 

CORNELIO 
Valdés, primero dale a conocer las palabras del arte, 
y después, con las demás ceremonias aprendidas, 
Faustus podrá probar su ingenio por si sólo. 

VALDÉS 
En primer lugar os instruiré en los rudimentos, 
y con tiempo seréis aún mejor que yo. 

FAUSTUS 
Venid a cenar conmigo pues, y después de comer 
examinaremos todas las sutilezas del tema, 
porque antes de la noche veré qué puedo hacer. 
Esta noche haré un conjuro, aunque sea mi muerte. 


Entran dos estudiantes. 

º EST. 
Me pregunto que habrá sido de Faustus, que tanto le gustaba 
atronarnos con su sic probo.  

Entra Wagner. 

º EST. Ahora lo sabremos, porque mira, aquí viene su criado. 
º EST. Hola, mancebo. ¿Dónde está tu señor? 
WAGNER Sólo Dios en el cielo lo sabe. 
º EST. ¿Por qué? ¿No lo sabes tú? 
WAGNER Sí que lo se, pero una cosa no quita la otra. 
º EST. ¡Vamos, muchacho! Déjate de burlas y dinos dónde está. 
WAGNER Vuestro argumento no es lógico, y vuesas mercedes, siendo 
licenciados, debierais basaros en ello. Por lo tanto, aceptad 
vuestro error y escuchad atentos. 

º EST. 
¿Pero no nos acabas de decir que lo sabías? 

WAGNER 
¿Tiene vuesa merced algún testigo? 

º EST. 
Muchacho, sí, que yo te oí. 


WAGNER 
Preguntad a mi semejante si soy un ladrón. 

º EST. 
Bueno, ¿no nos lo piensas decir? 

WAGNER 
Sí, os lo diré. Pero si no fueseis burros, nunca me haríais tal 
pregunta, ya que ¿no es Faustus corpus naturale,  y así no es 
también mobile? Por tanto, ¿cómo me hacéis tal pregunta? Si yo 
no fuera por naturaleza flemático, poco colérico, y propenso a la 
lujuria (mejor dicho, al amor), no os recomendaría acercaros en 
demasía al lugar de la ejecución, aunque no dudo de veros 
ahorcados tras los próximos exámenes. Y así, habiendo 
triunfado sobre vosotros, pongo mi expresión más seria para 
después hablar deste modo: En verdad, mis queridos hermanos, 
mi señor está en sus aposentos cenando con Valdés y Cornelio, 
como este vino, si pudiese hablar, informaría a vuesas señorías. Y 
así, el Señor os bendiga, os salve y os guarde, mis queridos 
hermanos, mis queridos hermanos. 

Sale Wagner. 

º EST. 
Entonces mucho me temo que haya caído en aquellas malditas 
artes por las que esos dos son famosos por todo el mundo. 

º EST. 
Me afligiría por él aunque fuera un desconocido, y no mi 
compañero. Pero vayamos a informar al rector a ver si con sus 
sabios consejos le pudiéramos salvar. 

º EST. 
Ah, pero me temo que nada le pueda salvar ya. 

º EST. 
Por lo menos intentémoslo a ver qué podemos hacer. 


Salen. 


Entra Faustus preparando un conjuro. 

FAUSTUS Ahora que la sombra lúgubre de la tierra 
aspirando a contemplar el rostro lluvioso de Orión 
se lanza desde el mundo antártico al firmamento 
y oscurece el cielo con su aliento de azabache, 
comienza, Faustus, tus ensalmos 
y prueba si los demonios obedecerán tu gusto 
habiendo rezado y hecho sacrificios en su nombre. 
El nombre de Jehová está en este círculo 
deletreado hacia delante y al revés, 
los nombres abreviados de santos sagrados, 
los símbolos adjuntos a las esferas celestes 
y caracteres de los signos estelares 
que obligan a los espíritus a ascender. 
No hayas miedo, Faustus, y se firme 
en poner a prueba los límites de la magia. 
Sint mihi dei Acherontis propitii! Valeat numen triples Jehovae! 
Igneii, aerii, aquatici, terreni, spiritus, salvete! Orientis princeps 
Lucifer, Beelzebub, inferni ardentis monarca et Demogorgon, 
propitiamus vos, ut appareat et surgat Mephastophilis! Quid tu 
moraris? Per Johavam, Gehennam et consecratum aquam quam 
nunc spargo, signumque crucis quod nunc facio, et per vota 
nostra, ipse nunc surgat nobis dicatus Mephastophilis. 

Entra un demonio. 

Ordeno que os marchéis y cambiéis de forma; 
sois demasiado feo para servirme. 
Iros, y volved fraile Franciscano; 
esa forma sagrada conviene a un demonio. 


Sale el demonio. 

Veo que mis palabras celestiales surten efecto. 
¿Quién no querría ser diestro en este arte? 
Qué dúctil es este Mefistófeles, 
obediente y humilde. 
Tal es el poder de mi magia y mis conjuros. 
No, Faustus, vos sois hechicero laureado 
bien podéis dominar al gran Mefistófeles. 
Quin redis Mephastophilis, fratris imagine? 

Entra Mefistófeles. 

MEFISTO 
Bien, Faustus, ¿qué me mandáis hacer? 

FAUSTUS 
Ordeno que me sirváis mientras viva, 
para hacer todo lo que Faustus os mande, 
ya sea hacer que la luna caiga de su esfera 
o que los océanos arrollen la tierra. 

MEFISTO 
Soy siervo del gran Lucifer 
y no puedo atenderos sin su venia. 
Nada más de lo que él ordene debemos hacer. 

FAUSTUS 
¿No os mandó que aparecierais ante mí? 

MEFISTO 
No, vine aquí por mi propio albedrío. 

FAUSTUS 
¿No os invocaron mis conjuraciones? ¡Habla! 

MEFISTO 
Aqueso fue la causa, sin embargo fue per accidens,  
porque cuando oímos a uno martirizar el nombre de Dios 
y abjurar de las sagradas escrituras y de su salvador Jesucristo, 
acudimos volando con la esperanza de aprehender su gloriosa alma; 
Ni acudimos a no ser que utilice medios tales 
que le expongan al peligro de condena. 
Por tanto, el mejor atajo para el hechicero 
es abjurar firmemente de la Santa Trinidad 
y rezar devotamente al príncipe de los infiernos. 

FAUSTUS 
Y así Faustus ya 
lo ha hecho, y sostiene este principio: 
No hay otro señor que Belcebú, 
a quien Faustus se entrega. 
La palabra condenación no le asusta, 
porque el infierno y Eliseo son para él una misma cosa. 
¡Qué su fantasma camine con los antiguos filósofos! 
Pero dejando tales vanas pequeñeces como las almas humanas 
a un lado, dime, ¿quien es ese Lucifer, vuestro señor? 

MEFISTO 
Es el señor supremo y gobernador de todos los espíritus. 

FAUSTUS 
¿No fue ángel aquel mismo Lucifer? 

MEFISTO 
Sí, Faustus, el más querido de Dios. 

FAUSTUS 
Entonces, ¿cómo se convirtió en príncipe de demonios? 

MEFISTO 
Ah, por orgullo ambicioso e insolencia, 
por lo que Dios le arrojó del cielo. 

FAUSTUS 
Y, ¿qué sois vos, que vivís con Lucifer? 

MEFISTO 
Desdichados espíritus que caímos con Lucifer, 
conspiramos contra nuestro Señor con Lucifer 
y estamos condenados para siempre con Lucifer. 

FAUSTUS 
¿Dónde estáis condenado? 


MEFISTO En el infierno. 

FAUSTUS ¿Pues cómo es que estáis fuera del infierno? 

MEFISTO Pero si esto es el infierno, y no he salido de él. 
¿Pensáis vos que yo, que he visto la faz de Dios 
y he saboreado las dichas eternas del cielo 
no sufro un tormento de diez mil infiernos 
al serme negada la felicidad eterna? 
Oh, Faustus, olvídate de estas pretensiones frívolas 
que llenan de terror mi alma desfallecida. 

FAUSTUS ¿Qué es esto? ¿El gran Mefistófeles sufre tanto 
al ser privado de las dichas del cielo? 
Aprended del poder de Faustus y sé un hombre, 
reíros de esas alegrías que nunca poseeréis. 
Ve, lleva estas nuevas al gran Lucifer: 
Dado que Faustus ha incurrido en la muerte eterna 
con pensamientos desconfiados contra el Júpiter divino, 
dile que le entrega su alma 
para que le perdone la vida por veinticuatro años, 
permitiendo que viva con toda voluptuosidad, 
contando siempre con vos como sirviente, 
para darme todo lo que os pida, 
y responder a cualquier cosa que exija, 
para dar la muerte a mis enemigos y ayudar a mis amigos, 
y ser siempre obediente a mi voluntad. 
Ve, vuelve al poderoso Lucifer, 
y ven a mi estudio a medianoche, 
para darme fe de lo que piensa tu señor. 

MEFISTO Así lo haré, Faustus. 

Sale. 

FAUSTUS Tuviera yo tantas almas como hay estrellas, 
las daría todas por Mefistófeles. 
Con él seré un gran emperador del mundo, 
para construir un puente en el mismo aire movedizo, 
y cruzar los océanos con un ejército. 
Juntaré los montes que bordean la costa Africana 
para hacer de esa tierra y España un solo continente, 
ambos tributarios de mi corona. 
Ni el emperador vivirá si no es con mi venia, 
ni cualquier otro potentado de Alemania. 
Ahora que he conseguido lo que deseo, 
viviré en el estudio de estas artes 
hasta que vuelva Mefistófeles. 


Sale 


Acto I 

Escena IV

Entran Wagner y Robin. 

WAGNER 
Ven acá, muchacho. 

ROBIN 
¿Cómo que muchacho? Dios santo, muchacho. Me imagino que 
habrás visto muchos muchachos con perilla como la mía. Y me 
llama muchacho. 

WAGNER 
Dime, mancebo, ¿tienes ingresos? 

ROBIN 
Sí, y salidas también, ya lo ves. 

WAGNER 
Ay, desdichado esclavo, bien veo como se burla la miseria con su 
desnudez. El villano está pelado y desempleado, y con tanta 
hambre que sé que daría su alma al diablo por un filete de ternera, 
aunque estuviera crudo y sangriento. 

ROBIN 
¿Cómo? ¿Mi alma al diablo por un filete de ternera aunque crudo 
y sangriento? Pues no, amigo mío. Por nuestra Señora que me lo 
cocinara bien a la plancha, y con una buena salsa también si me 
va a costar tan caro. 

WAGNER 
Bueno, ¿me servirás? Y te haré qui mihi discipulus.  

ROBIN 
¿Qué? ¿En verso? 

WAGNER 
No, mancebo, en sedas labradas y albarraz. 

ROBIN 
¿Cómo, cómo, en tierras labradas ser capataz? Pero pienso que 
debe ser toda la tierra que tu padre te ha dejado. Escúchame, me 
daría pena quitarte tus medios de vida. 

WAGNER 
Mancebo, he dicho sedas y albarraz. 

ROBIN 
¡Ah, albarraz! Entonces, si yo fuera tu sirviente, me cubrirás de 
piojos. 

WAGNER 
Eso sería así tanto si estuvieras conmigo como si no. Pero, rapaz, 
déjate ya de burlas y únete a mi ahora mismo por un periodo de 
siete años, o convertiré todos tus piojos en familiares y os harán 
trizas. 

ROBIN 
Escúchame, señor. Te puedes ahorrar ese esfuerzo, ya tienen tanta 
confianza con mis carnes que parece que han pagado por el 
alojamiento. 

WAGNER 
Bueno, ¿me escuchas, mancebo? Toma estos dólares. 

ROBIN 
¿Dolores? ¿Qué son? 

WAGNER 
Pues monedas extranjeras. 

ROBIN 
Por Dios, aún con el nombre de dólares preferiría tener otros 
tantos en fichas. ¿Qué hago yo con estos? 

WAGNER 
Pues bien, mancebo, en el plazo de una hora vendrá el diablo a 
por ti dondequiera que estés. 

ROBIN 
No, no. Toma, te devuelvo tus monedas. 

WAGNER 
De verdad, que no las quiero. 

ROBIN 
De verdad, te las doy. 

WAGNER 
Doy fe que te las he dado. 

ROBIN 
Doy fe de que te las devuelvo. 

WAGNER 
Entonces haré que dos demonios vengan al instante para llevarte 
de aquí. ¡Baliol y Belcher! 

ROBIN 
Que vengan tu Balio y Belcher, que les daré de golpes, tantos 
que no les han dado desde que son demonios. Digamos que mato 
a uno de ellos, ¿qué diría la gente? ¿Veis aquel sujeto alto de los 
calzones anchos? ¡Pues ese ha matado al diablo! Me llamarían el 
“matadiablos”. Por toda la parroquia. 

Entran dos demonios, y Robin huye, llorando. 

WAGNER Y bien, muchacho, ¿me servirás? 

ROBIN Ay, sí, buen Wagner, que se vayan los diablos. 

WAGNER Baliol, Belcher, espíritus, iros. 

ROBIN ¿Ya? ¿Se han ido? Me vengaré de ellos, tenían viles uñas largas. 
Había un demonio chico y una demonia chica. Te diré como lo he 
sabido: los demonios tienen cuernos y las demonias pezuñas 
hendidas. 

WAGNER 
Vamos, mancebo, ven conmigo. 

ROBIN 
Pero óyeme. Si te sirvo, ¿me enseñarás cómo llamar a Banios y 
Belcheos? 

WAGNER 
Te enseñaré a convertirte en cualquier cosa. En un perro, un gato, 
un ratón, una rata, o lo que sea. 

ROBIN 
¿Cómo? ¿Un buen Cristiano un perro, gato, ratón o rata? No, no, 
señor, si me conviertes en algo, que sea algo parecido al bonito 
piojo juguetón, para estar aquí, allá y en todas partes.¡Ah, Me 
meteré en todas las rajitas, y haré cosquillas a las más bonitas 
mozas, te lo aseguro! 

WAGNER 
Bueno, mancebo, vayámonos. 

ROBIN 
Pero, ¿me escuchas Wagner? 

WAGNER 
Villano, dirígete a mi como señor Wagner, y qué tu ojo izquierdo 
se quede fijado diametralmente sobre mi talón derecho, para quasi 
vestigias nostras insistere. 

Sale. 

ROBIN 
Dios nos salve, ¡habla fustán holandés! Pues le seguiré, le 
serviré, está clarísimo. 

Sale. 


Acto II 

Escena I 

Entra Faustus a su estudio. 

FAUSTUS 
Ahora, Faustus, por fuerza te has de condenar, 
y no es posible tu salvación. 
¿De qué sirve pues pensar en Dios o el cielo? 
Fuera vanos pensamientos, entrad desconfianza; 
desconfía de Dios, y confía en Belcebú. 
No vuelvas atrás ahora, Faustus, sé resuelto 
¿Por qué vacilas? Ah, algo resuena en mis oídos: 
“Abjura de esta magia; vuelve de nuevo a Dios.” 
Sí, y Faustus volverá a Dios. 
¿A Dios? Él no te quiere. 
El Dios que sirves es tu propio apetito, 
en el que está fijado el amor de Belcebú. 
En su nombre construiré un altar y una iglesia, 
donde ofreceré sangre tibia de recién nacidos. 

Entra el Buen y el Mal Ángel. 

MAL ÁNG. 
Adelante, Faustus, adéntrate en esas famosas artes. 

BUEN ÁNG. 
Dulce Faustus, abandona aquellas deplorables artes. 

FAUSTUS 
¿Contrición, oración, arrepentimiento? ¿Y qué de ello? 

BUEN ÁNG. 
Oh, son medios para ganar el cielo. 

MAL ÁNG. 
Mejor dicho ilusiones, frutos de la locura, 
convierten en insensato al hombre que más se fíe de ellos. 

BUEN ÁNG. 
Dulce Faustus, piensa en el cielo y en cosas divinas. 

MAL ÁNG. 
No, Faustus; piensa en el honor y en las riquezas. 

Salen los ángeles. 

FAUSTUS 
¿Riquezas? 
Pues me haré con el señorío de Emden. 
Cuando Mefistófeles esté a mi lado, 
¿qué Dios me podrá dañar? Faustus, estás seguro. 
No arrojes mas dudas. Ven, Mefistófeles 
y tráeme las buenas nuevas del gran Lucifer. 
¿No es medianoche? Ven, Mefistófeles. 
Veni, veni Mephastophile! 

Entra Mefistófeles. 

Dime ahora mismo, ¿qué dice Lucifer, vuestro señor? 

MEFISTO 
Que serviré a Faustus mientras viva, 
y que comprará mi servicio con su alma. 

FAUSTUS 
Ya Faustus lo ha aventurado por vos. 

MEFISTO 
Pero, Faustus, debéis legarlo solemnemente 
y redactar una escritura de donación con vuestra propia sangre, 
porque esa garantía desea el gran Lucifer. 
Si se lo negáis, volveré al infierno. 

FAUSTUS 
Quedaos, Mefistófeles, y decidme 
de qué le sirve mi alma a su señor. 

MEFISTO 
Para agrandar su reino. 

FAUSTUS 
¿Esa es la razón por la que nos tienta? 


MEFISTO Solamen miseris socios habuisse dolores. 

FAUSTUS Pero, ¿sufrís vos, que atormentáis a otros? 

MEFISTO Tanto como las almas de las personas. 
Pero, dime Faustus, ¿tendré vuestra alma? 
Seré vuestro esclavo, y os serviré 
y os daré más de lo que vuestro ingenio sepa pedir. 

FAUSTUS Sí, Mefistófeles, os la daré. 

MEFISTO Pues apuñala brioso tu brazo, 
y obliga a tu alma para que cierto día 
el gran Lucifer la pueda reclamar como suya. 
Y entonces serás tan grande como Lucifer 

FAUSTUS Ojo, Mefistófeles, por amor a vos, 
he cortado mi brazo, y con mi propia sangre 
aseguro que mi alma será del gran Lucifer. 
Gran Señor y regente de noche perpetua, 
ved que la sangre que brota de mi brazo 
sea propicia a mis deseos. 

MEFISTO Pero Faustus, debéis 
redactarlo como escritura de donación.

FAUSTUS Sí, así haré. Pero Mefistófeles, 
mi sangre coagula, y ya no puedo escribir. 

MEFISTO Traeré fuego para disolverla enseguida. 

Sale. 


FAUSTUS ¿Qué podría presagiar el detenerse mi sangre? 
¿Es que se niega a que firme el contrato? 
¿Por qué no fluye para volver a escribir? 


Entra Mefistófeles con un brasero. 

MEFISTO 
Traigo fuego. Vamos, Faustus, aplícalo. 

FAUSTUS 
Bien. Ya comienza a fluir la sangre de nuevo. 
Llegaré al fin de inmediato. 

MEFISTO 
Ah, ¿qué no haría para obtener su alma? 

FAUSTUS 
Consummatum est; el contrato completado, 
y Faustus ha legado su alma a Lucifer. 
Pero, ¿qué es esta inscripción en mi brazo? 
Homo fuge! ¿A donde puedo huir? 
Si vuelo a Dios, me arrojará al infierno. 
Mis sentidos me engañan; aquí no hay nada escrito. 
Lo veo claramente. Aquí está escrito: 
Homo fuge! Aún así, Faustus no huirá. 

MEFISTO 
Le traeré algo para distraer sus pensamientos. 

Sale. Vuelve a entrar con demonios, y le dan a Faustus coronas y ropas 
opulentas. Bailan, y salen. 

FAUSTUS 
Mefistófeles, habla. ¿Qué significa este espectáculo? 

MEFISTO Nada, Faustus, sino para deleitaros 
y mostraros lo que la magia puede obrar. 
FAUSTUS ¿Podré convocar espíritus cuando quisiera? 
MEFISTO Sí, Faustus, y cosas aún mayores. 


FAUSTUS 
Esto es suficiente para mil almas. 
Tomad, Mefistófeles, recibid este pliego, 
una escritura de donación de cuerpo y de alma, 
pero bajo la condición de que cumpliréis 
con todos los artículos prescritos entre los dos. 

MEFISTO 
Faustus, juro por el infierno y por Lucifer 
que cumpliré todas las promesas hechas entre nosotros. 

FAUSTUS 
Pues óyeme leerlas. 
Bajo las siguientes condiciones: 
Primero, Faustus podrá ser espíritu en forma y sustancia; 
Segundo, Mefistófeles será su siervo, y estará bajo su comando; 
Tercero, que Mefistófeles hará por él y le traerá todo lo que sea; 
Cuarto, que será invisible en sus aposentos o casa; 
Último, que aparecerá ante el nombrado John Faustus en todo 
momento, en la forma o figura que le plazca: 
Yo, John Faustus, de Wurtemberg, doctor, conste por el presente 
que entrego mi cuerpo y alma ambos a Lucifer, Príncipe del 
Oriente, y a su ministro Mefistófeles y además les otorgo, al 
término del periodo de veinticuatro años no siendo infringidos los 
artículos anteriormente citados, plenos poderes para reclamar o 
llevar al dicho John Faustus, en cuerpo, alma, carne, sangre y 
bienes a su domicilio, dondequiera que sea. 

Firmado por, John Faustus. 


MEFISTO 
Di, Faustus, ¿me lo entregas con tu firma? 

FAUSTUS 
Sí, llévatelo, y que te lo abone el diablo. 

MEFISTO 
Ahora, Faustus, pregunta todo lo que quieras. 

FAUSTUS 
Primero te cuestionaré acerca del infierno. 
Dime, ¿dónde está el lugar que los hombres llaman el infierno? 

MEFISTO 
Bajo el cielo. 

FAUSTUS 
Sí, ¿pero dónde? 

MEFISTO 
Dentro de las entrañas de estos elementos, 
donde nos torturan y permanecemos para siempre. 
El infierno no tiene fronteras, ni está restringido 
a un mismo sitio, puesto que el infierno está donde estemos, 
y donde esté el infierno estaremos nosotros siempre por fuerza. 
Y, para terminar, cuando se disuelva el mundo, 
y todas las criaturas sean purificadas, 
todos los lugares que no sean el cielo serán el infierno. 

FAUSTUS 
Vamos, pienso que el infierno es un cuento. 

MEFISTO Eso, sigue pensando así hasta que la experiencia te haga cambiar 
[de opinión. 

FAUSTUS 
¿Por qué? ¿Creéis pues que Faustus se condenará? 

MEFISTO 
Sí, forzosamente, he aquí el pliego 
por el que habéis entregado vuestra alma a Lucifer. 

FAUSTUS 
Sí, y mi cuerpo también, pero ¿y qué? 
¿Creéis que Faustus es tan tonto como para imaginar 
que después de esta vida haya dolor? 
Bah, son tonterías y cuentos de viejas. 

MEFISTO 
Pero Faustus, yo soy un ejemplo que demuestra lo contrario, 
puesto que soy condenado, y estoy ahora en el infierno. 


FAUSTUS 
¿Cómo? ¿Ahora en el infierno? Si esto es el infierno, de buena 
gana me condenaré aquí. ¿Así, caminando, debatiendo, etc? Pero 
pasando a otra cosa, tráeme una esposa, la doncella más hermosa 
de Alemania, puesto que soy disipado y lascivo, y no puedo vivir 
sin una mujer. 

MEFISTO 
¿Cómo que una esposa? Te suplico, Faustus, no hables de 
esposas. 

FAUSTUS 
No, querido Mefistófeles, tráemela, tendré esposa. 

MEFISTO 
Bien, Faustus, tendréis esposa. Espera aquí a que vuelva. Os 
traeré una esposa en el nombre del diablo. 

Sale. Vuelve a entrar con un demonio vestido de mujer. Con fuegos 
artificiales. 

MEFISTO 
Dime, Faustus, ¿os gusta vuestra esposa? 

FAUSTUS 
Que la peste se lleve esta ramera infecta. 

MEFISTO 
Bah, Faustus, 
el matrimonio no es más que un juguete ceremonial 
si me queréis, no penséis más en ello. 
Os elegiré las más bellas cortesanas, 
y os las traeré a vuestra cama todas las mañanas. 
Aquella que sea de vuestro capricho, vuestro corazón poseerá, 
sea ella más casta que Penélope, 
más sabia que Saba, o más bella 
que fue el luminoso Lucifer antes de su caída. 
Tomad, os regalo este libro, estúdialo con cuidado. 
Si repites estas líneas, tendrás oro. 
Si trazas este círculo en el suelo 
convocarás torbellinos, tempestades, rayos y truenos. 
Vocalizando estas palabras devotamente para ti mismo, 
harás que aparezcan hombres armados 
listos para ejecutar lo que deseéis. 


FAUSTUS 
Gracias, Mefistófeles, pero me alegraría poseer un libro que 
contuviera todos los conjuros y hechizos para invocar espíritus 
cuando me plazca. 

MEFISTO 
Aquí están, en este libro. (Vuelve las páginas.) 

FAUSTUS 
Ahora quisiera un libro donde pudiera ver todos los signos y 
planetas celestiales, para poder conocer sus movimientos y 
disposiciones. 

MEFISTO 
También están aquí. (Vuelve las páginas.) 

FAUSTUS 
Pues, dame un sólo libro más, y ya termino, en el que pueda ver 
todas las plantas, hierbas y árboles que crecen sobre la tierra. 

MEFISTO 
Ahí están. 

FAUSTUS 
Oh, estás equivocado. 

MEFISTO 
Bah, os lo aseguro. (Vuelve las páginas.) 

Salen. 


Acto II
 Escena II 

Entra Robin, el mozo de cuadra, con un libro. 

ROBIN 
¡Ah, esto me admira! He robado uno de los libros de conjuros del 
Doctor Faustus y, voto a Dios, que pienso buscar algunos 
círculos para mi propio uso. Pronto haré que todas las mozas de 
nuestra parroquia bailen totalmente desnudas para mí y por ese 
medio, veré más de lo que he visto o sentido en mi vida. 

Entra Rafe, llamando a Robin. 

RAFE 
Robin, por favor, ven aquí, hay un caballero que espera a su 
caballo y quiere que limpiemos sus cosas. No deja de recriminar a 
mi señora y me ha mandado que te busque. Ven, te lo suplico. 

ROBIN 
No pases, no pases, o volarás desmembrado por los aires, Rafe. 
No pases, que estoy metido en un empleo de gran envergadura. 

RAFE 
Vamos, ¿qué haces con ese libro? Si no sabes leer. 

ROBIN 
Sí, mi maestro y mi señora verán que sí sé leer, a él su frente, y a 
ella en sus aposentos privados. Ella ha nacido para estar conmigo, 
o si no toda mi empresa fracasa. 

RAFE Pero, Robin, ¿qué libro es ese? 

ROBIN ¿Qué libro? Pues el libro de conjuros más intolerable que nunca 
fue inventado por demonio azufroso. 

RAFE ¿Puedes lanzar hechizos con ello? 

ROBIN Fácilmente con esto. Primero, te puedo emborrachar con moscatel 
en cualquier taberna en Europa sin gastar dinero. Ese es uno de 
mis conjuros. 

RAFE Pues nuestro párroco ha demostrado que eso no es nada. 

ROBIN Cierto, Rafe, pero hay más. Rafe, si a ti te gusta la moza de cocina 
Nan Spit,  pues hazte con ella y úsala a tu gusto, tantas veces 
como quieras, a medianoche. 

RAFE O valiente Robin, ¿podría ser mía Nan Spit, para mí sólo? Bajo 
esa condición daré de comer comida de caballo a tu demonio 
toda su vida gratuitamente. 

ROBIN Basta, querido Rafe, vayamos a limpiar nuestras botas que están 
sucias, y luego a conjurar en el nombre del diablo. 

Acto II Escena III

Entra Faustus a su estudio, con Mefistófeles. 

FAUSTUS Cuando contemplo el cielo, me arrepiento 
y te maldigo, malvado Mefistófeles, 
porque me has privado de aquellas dichas. 

MEFISTO Pero, Faustus, 
¿piensas tu que el cielo es tan glorioso? 
Te digo que no se acerca a tu belleza, 
ni a la de cualquier hombre que respira sobre la tierra. 

FAUSTUS ¿Y puedes demostrar eso? 


MEFISTO 
Fue hecho para el hombre, por tanto el hombre es mejor. 

FAUSTUS 
Si fue hecho para hombre, fue hecho para mí. 
Renunciaré a esta magia y me arrepentiré. 

Entra el Buen Ángel y el Mal Ángel. 

BUEN ÁNG. 
Arrepiéntete, Faustus, aún Dios se apiadará de ti aún. 

MAL ÁNG. 
Eres un espíritu, Dios no puede apiadarse de ti. 

FAUSTUS 
¿Quién murmura en mi oído que soy un espíritu? 
Aunque fuera un demonio, aún así Dios me perdonaría. 
Sí, Dios me perdonará si me arrepiento. 

MAL ÁNG. 
Ya, pero Faustus nunca se arrepentirá. 

Salen los ángeles. 

FAUSTUS 
Me he vuelto tan insensible que no me puedo arrepentir. 
Apenas puedo nombrar la salvación, la fe o el cielo, 
sin que ecos aterradores atruenen en mis oídos: 
“Faustus, estás condenado.” Pues entonces espadas, puñales 
veneno, cañones, sogas y acero emponzoñado 
presentaos ante mí para despacharme. 
Mucho tiempo ha que debiera haberme dado la muerte, 
si no hubiera el dulce placer vencido la profunda desesperación. 
¿No me ha cantado el ciego Homero 
sobre el amor de Alejandro y la muerte de Enón? 
¿Y aquel que construyó las murallas de Tebas 
con el sonido cautivador de su melódica arpa 
no hizo música con mi Mefistófeles? 
¿Por qué fuera entonces a morir, o caer en baja desesperación? 
Estoy resuelto, Faustus nunca se arrepentirá. 
Ven, Mefistófeles, volvamos a discurrir 
y debatir sobre la divina astrología. 
Dime, ¿se extiende lo celestial más allá de la luna? 
¿Son todos los cuerpos celestiales un sólo globo 
como la sustancia de esta tierra central? 


MEFISTO 
Como los elementos, tales son las esferas,
engarzados mutuamente en sus esferas, 
Y, Faustus, todos se mueven conjuntamente sobre un eje, 
cuyo extremo conecta con los polos del mundo; 
Ni son los nombres de Saturno, Marte o Júpiter 
vanos, sino que son estrellas errantes. 

FAUSTUS 
Pero dime, ¿comparten todos un mismo movimiento, situ et 
tempore ambas? 

MEFISTO 
Todos se mueven conjuntamente de este a oeste en veinticuatro 
horas girando sobre los polos del mundo, pero difieren en su 
movimiento sobre los polos del zodiaco. 
construyeron una gran muralla para proteger la ciudad, y según cuenta la leyenda Zeto se ocupó 
de la construcción mientras Anfión tocaba la lira, cuya música tenía el efecto de mover los 
enormes bloques a su posición en el muro. 


FAUSTUS Bah, estas menudencias las podría describir Wagner. 
¿No posee Mefistófeles mayor habilidad? 
¿Quién no conoce el doble movimiento de los planetas? 
El primero se completa en un día natural. 
El segundo así, Saturno en treinta años, Júpiter en doce, Marte en 
cuatro, el Sol, Venus y Mercurio en un año, la luna en veintiocho 
días. Bah, son conclusiones de estudiante de primer curso. Dime, 
¿posee cada esfera un dominio o intelligentia? 

MEFISTO Sí. 

FAUSTUS ¿Cuantos planetas o esferas hay? 

MEFISTO Nueve, los siete planetas, el firmamento, y el cielo empíreo. 

FAUSTUS Pues aclárame esta duda: ¿por qué no ocurren conjunciones, 
oposiciones, aspectos y eclipses a intervalos regulares, sino que 
algunos años tenemos más y otros menos? 

MEFISTO Per inaequalem motum respectu totius. 

FAUSTUS Pues es una respuesta. Dime, ¿quién creó el mundo? 

MEFISTO No lo diré. 

FAUSTUS Querido Mefistófeles, dímelo. 
MEFISTO No insistas, no lo diré. 
FAUSTUS Bellaco, ¿no es tu obligación decirme cualquier cosa? 
MEFISTO Sí, con tal de que no sea en contra de nuestro reino, pero esto lo 
es. Piensa en el infierno, Faustus, puesto que estás condenado. 
FAUSTUS Piensa, Faustus, en Dios que creó el mundo. 
MEFISTO Acuérdate de esto. 

Sale. 

FAUSTUS 
Eso, vuelve condenado espíritu al infierno. 
Vos sois el que habéis afligido el alma de Faustus. 
¿No será ya demasiado tarde? 

Entran el Buen y el Mal Ángel. 

MAL ÁNG. Demasiado tarde. 

BUEN ÁNG. Nunca es demasiado tarde, si Faustus puede arrepentirse. 

MAL ÁNG. Si te arrepientes, los demonios te despedazarán. 

BUEN ÁNG. Arrepiéntete y no podrán ni arañarte. 


Salen los ángeles. 

FAUSTUS 
Ah, Jesucristo, mi salvador, 
Trata de salvar el alma afligida de Faustus. 

Entran Lucifer, Belcebú y Mefistófeles. 

LUCIFER 
Jesucristo no puede salvar tu alma, pues es justo. 
Solamente a mi me interesa. 


FAUSTUS 
Ah, ¿quienes sois que tenéis un aspecto tan temible? 

LUCIFER 
Soy Lucifer, 
Y este es mi compañero y príncipe en el infierno. 

FAUSTUS 
Ah, Faustus, han venido a llevarse tu alma. 

LUCIFER 
Venimos a deciros que nos injuriáis. 
Habláis de Jesucristo, al contrario de vuestra promesa. 
No debierais pensar en Dios: pensad en el diablo 
y en su madre también. 

FAUSTUS 
No lo haré más. Perdonadme, 
y Faustus jura nunca volverá a mirar al cielo, 
nunca nombrar a Dios ni a rezarle, 
sino quemar sus escrituras y dar muerte a sus pastores, 
y hacer que mis espíritus echen por tierra sus iglesias. 

LUCIFER 
Si actúas así, serás altamente recompensado. 
Faustus, venimos del infierno para deleitaros con unas visiones. 
Sentaos, y veréis los Siete Pecados Capitales aparecer en sus 
auténticas formas. 

FAUSTUS 
Aquella visión me resultará tan apetecible como lo fue el paraíso 
a Adán el día de su creación. 

LUCIFER 
No hables del paraíso, ni de la creación, sino que observa este 
espectáculo. Habla del diablo, y nada más. ¡Apártate! 

Entran los siete pecados capitales. 

Ahora Faustus, estudia sus varios nombres y temperamentos. 

FAUSTUS 
El primero, ¿qué sois? 


SOBERBIA 
Me llamo Soberbia, no me digno de tener padres, soy como la 
pulga de Ovidio, me puedo infiltrar en todo el cuerpo de una 
moza. A veces como una peluca me coloco sobre su frente, o 
como un abanico de plumas, beso sus labios. Efectivamente ¿a 
dónde no puedo llegar yo? Pero bueno, ¡qué peste hay aquí! No 
diré ni una palabra más a no ser que perfuméis el suelo y lo 
cubráis con tela de Arrás. 

FAUSTUS 
¿Qué sois, segundo? 

AVARICIA 
Me llamo Avaricia, engendrada por un viejo avaro que me dejó en 
una bolsa de cuero vieja, y si obtuviera mi deseo, querría que 
toda esta casa y todos los que la ocupan se convirtiesen en oro, 
para poder encerraros en mi arcón. ¡Ah, mi amado oro! 

FAUSTUS 
¿Qué sois, tercero? 

IRA 
Me llamo Ira. No tuve ni padre ni madre; salté de la boca de un 
león con apenas media hora de vida, y desde entonces he corrido 
de aquí para allá con mis estoques hiriéndome a mi mismo cuando 
no tenía con quién reñir. Nací en el infierno, y tened cuidado 
porque alguno de vosotros ha de ser mi padre. 

FAUSTUS 
¿Qué sois, cuarto? 

ENVIDIA 
Me llamo Envidia, engendrada por un limpia-chimeneas y una 
pescadera. No sé leer, y por tanto desearía quemar todos los 
libros. Me entra hambre viendo a otros comer. Ojalá cayera una 
hambruna sobre todo el mundo para que todos murieran y yo 
pudiera vivir sola. Entonces veríais lo gorda que me pondría. Pero 
¿vos sentado y yo de pie? ¡Levantaos de ahí, maldición! 


FAUSTUS 
¡Largo, granuja envidiosa! ¿Qué sois, quinto? 

GULA 
¿Quién yo, señor? Me llamo Gula. Mis padres está muertos y 
malditos sean que apenas me dejaron herencia, solamente para 
treinta comidas al día y diez tentempiés: lo mínimo para apaciguar 
la naturaleza. Ah, desciendo de realeza. Mi abuelo era un jamón 
de pata negra y mi abuela un tonel de vino de Burdeos. Mis 
padrinos eran Sebastián Sardina y Torcuato Ternera. Ah, pero mi 
madrina fue mujer distinguida, bien amada en ciudades y pueblos 
de bien. Se llamaba Clara Cerveza. Bien, Faustus, ahora que os 
he hablado de mis progenitores, ¿me invitaréis a cenar? 

FAUSTUS 
No, más bien os veré ahorcado que comiéndoos todas mis 
viandas. 

GULA 
Pues al diablo con vos. 

FAUSTUS 
Que os lleve a vos, Goloso. ¿Qué sois, sexto? 

PEREZA 
Me llamo Pereza. Fui engendrado en una soleada ribera y ahí me 
he quedado desde entonces, y me habéis hecho gran injuria al 
traerme de allí. Que me lleven de vuelta en brazos de Gula y 
Lujuria. No diré ni una palabra más ni por todo el rescate de un 
rey. 

FAUSTUS 
¿Y vos qué sois, séptima y última, señorita descarada? 

LUJURIA 
¿Yo, señor? Soy la que prefiere cinco centímetros de carne cruda 
a un metro de pescado frito, y mi nombre empieza con la letra 
Lujuria. 

LUCIFER 
¡Fuera, al infierno, al infierno! 


Salen los pecados. 

Bien, Faustus, ¿qué os parece esto? 


FAUSTUS Ah, esto alimenta mi alma. 

LUCIFER Ya, Faustus, en el infierno hay toda clase de placer. 

FAUSTUS Ah, si pudiera ver el infierno y volver sano y salvo, ¡qué feliz me 
haría eso! 

LUCIFER Lo veréis. Mandaré por vos a medianoche. Mientras tanto tomad 
este libro, estudiadlo con cuidado y podréis tomar la forma que 
queráis. 

FAUSTUS Muchas gracias, poderoso Lucifer, lo guardaré con tanto cuidado 
como si de mi vida se tratase. 

LUCIFER Adiós, Faustus, y piensa en el diablo. 

FAUSTUS ¡Adiós, gran Lucifer! Ven, Mefistófeles. 






Acto III 

Entra Wagner solo. 

WAGNER 
El docto Faustus 
para conocer los secretos de la astronomía, 
tallados en el libro del firmamento de Júpiter, 
asciende a la cima del Olimpo, 
sentado en un carruaje de vivas llamas 
arrastrado por la fuerza de dragones yugados. 
Ahora parte a demostrar la cosmografía, 
y supongo que primero llegará a Roma 
para ver al Papa y el porte de su reino 
y tomar parte en el banquete de San Pedro, 
que hasta nuestros días se celebra alegremente. 

Sale. 

Acto III Escena I

Entran Faustus y Mefistófeles. 

FAUSTUS 
Habiendo ya, mi buen Mefistófeles 
cruzado con deleite la majestuosa ciudad de Tréveris, 
envuelta por las altivas cumbres montañosas, 
con murallas de pedernal y profundamente arraigados lagos, 
no usurpado por ningún príncipe conquistador. 
Después a París, siguiendo la costa francesa, 
vimos el río Meno desembocando en el Rin 
cuyas riberas crecen surcadas de provechosas viñas. 
Después a Nápoles, rica Campania, 
cuyos edificios hermosos y espléndidos a la vista, 
de calles rectas y enlosadas con los mejores ladrillos, 
dividen la ciudad en cuatro partes. 
Ahí vimos la tumba dorada del sabio Marón,  
la forma en que partió, una milla inglesa de largo, 
la roca y piedra en sólo una noche. 
Desde ahí a Venecia, Padua y demás, 
entre las cuales se alza un suntuoso templo 
que amenaza las estrellas con su soñadora torre. 
Hasta aquí ha empleado así su tiempo Faustus. 
Pero dime, ¿en qué lugar nos hallamos ahora? 
¿Has hecho lo que te mandé, 
introducirme dentro de las murallas de Roma? 

MEFISTO Faustus, así lo he hecho, y para que no nos quedemos 
desprovistos, he seleccionado los aposentos privados de Su 
Santidad para nuestro uso. 

FAUSTUS Espero que Su Santidad nos de la bienvenida. 

MEFISTO Bah, da igual, hombre, nos tomaremos libertades con su buena 
disposición. 
Y ahora, mi Faustus, para que puedas saber 
qué contiene Roma para tu deleite 
sabed que esta ciudad se levanta sobre siete colinas 
que sostienen los cimientos de la misma. 
Por el mismo centro pasa el cauce del Tiber 
con sinuosas riberas que la parten en dos, 
sobre la cual se inclinan cuatro majestuosos puentes 
que permiten cruzar a salvo a cada lado de Roma. 
Sobre el puente llamado Ponte Angelo 
se alza un soberbio y fuerte castillo 
y dentro de sus murallas hay tal provisión de munición 
para dobles cañones envueltos en bronce labrado, 
que igualan al número de días en un año completo; 
A su lado, las puertas y altas pirámides 
que trajo Julio César de África.  


FAUSTUS 
Ahora, por los reinos infernales 
de Estigio, Aqueronte, y el lago en llamas 
de la siempre ardiente Flegetonte, juro 
que anhelo ver los monumentos 
y lugares de la resplandeciente Roma. 
Así pues, vayámonos. 

MEFISTO 
No, Faustus, quédate. Sé que querrás ver al Papa 
y tomar parte en el banquete de San Pedro 
donde verás una tropa de frailes calvos 
cuyo summum bonum consiste en alegrar sus panzas. 

FAUSTUS 
Bien, me place proponer un juego 
y que ellos con su necedad nos entretengan. 
Lanza un encantamiento para hacerme invisible y actuar a mí 
gusto sin ser visto por ninguno mientras esté en Roma. 

MEFISTO 
Bien, Faustus, ya está, haz lo que quieras, no serás visto. 

Suena música. Entran el Papa y el Cardenal de Lorena al banquete, con frailes 
sirviéndoles. 

PAPA 
Alto Arzobispo de Lorena, por favor acercaos. 

FAUSTUS 
A comer. Y que os atragantéis y el diablo os lleve. 

PAPA 
¿Cómo? ¿Quién habló? Frailes, buscadlo. 

FRAILE 
Aquí no hay nadie, vuestra Santidad. 

PAPA 
Mi buen señor Arzobispo, aquí he un exquisito plato que me 
mandó el Obispo de Milán. 

FAUSTUS Se lo agradezco, señor.

PAPA ¿Qué es esto? ¿Quién me ha quitado la vianda? ¿Ningún hombre 
buscará el culpable? Señoría, este plato me lo mandó el Cardenal 
de Florencia. 

FAUSTUS Dices bien, para mi. 

PAPA ¿Otra vez? Señoría, bebo por vuestra excelencia. 

FAUSTUS Yo también bebo por vos. 
LORENA Mi señor, pudiera ser algún fantasma escapado del purgatorio, 
venido a rogar el perdón de vuestra Santidad. 
PAPA Puede ser. Frailes, entonad una letanía para apaciguar la furia de 
este fantasma. De nuevo, señoría, comed. 


El Papa se santigua. 

FAUSTUS ¿Qué, os santiguáis? No volváis a usar ese truco, os lo aconsejo. 

Se vuelve a santiguar. 

Esa es la segunda vez, cuidado con la tercera. Os he dado buen 
aviso. 
Se vuelve a santiguar y Faustus le golpea en la cabeza y todos salen corriendo.

FAUSTUS Vamos, Mefistófeles, ¿qué hacemos? 

MEFISTO No lo sé. Seremos maldecidos con campanas, libro y cirios. 

FAUSTUS ¿Cómo? Campanas, libro y cirios; cirios, libro y campanas. 
Para adelante y para atrás, para mandar a Faustus al infierno. 
Pronto oiremos a un puerco resoplar, un becerro balar y un asno 
[rebuznar, 
porque es el sagrado día de San Pedro. 


Entran los frailes para cantar la letanía. 


º FRAILE Venid, hermanos, hagamos nuestra labor devotamente. 
(Canta) 
Maldito sea el que robó las viandas de su Santidad de su mesa. 
Maledicat Dominus! 
Maldito sea el que golpeó el rostro de su Santidad. 
Maledicat Dominus! 
Maldito sea el que golpeó al Fraile Sándalo en la cabeza. 
Maledicat Dominus! 
Maldito sea el que alborota nuestra sagrada letanía. 
Maledicat Dominus! 
Maldito sea el que robó el vino de su Santidad. 
Maledicat Dominus! 
Et omnes sancti. Amén. 




Golpean a los frailes y lanzan fuegos artificiales entre ellos. Salen. 

Acto III Escena II


ROBIN Vamos, Rafe, ¿no te dije que este libro del Doctor Faustus nos 
haría dichosos? Ecce signum! Este es una gran adquisición para 
mozos de cuadra: nuestros caballos comerán como reyes mientras 
dure. 

Entra el Tabernero. 

RAFE 
Pero, Robin, aquí viene el tabernero. 

ROBIN 
Calla, le engañaré sobrenaturalmente. Mozo, espero que todo 
haya quedado pagado. Ve con Dios. Vamos, Rafe. 

TABER. 
Un momento, señor, te diría unas palabras. Antes de marchar aún 
me debes una copa que te has llevado. 

ROBIN 
Una copa, Rafe, ¿yo? ¿una copa? Eres despreciable; y no más que 
un… ¿yo, una copa? ¡Regístrame! 

TABER. 
Eso pienso hacer, con tu permiso. 

ROBIN 
¿Pero qué dices? 

TABER. 
Y tengo algo que decir a tu compañero. ¡Tu, señor! 


RAFE 
¿Yo señor, Yo señor? Registra todo lo que quieras. Ahora, señor 
te avergonzarás de atosigar a hombres honestos cuestionando si lo 
que dicen es verdad. 

TABER. 
Pues uno de los dos tiene escondida la copa. 

ROBIN 
Mozo, mientes. La tengo aquí a la vista. Mancebo, te voy a 
enseñar a impugnar a hombres honestos: te vas a enterar lo que 
vale una copa, te castigo en nombre de Belcebú. Cuida de la copa, 
Rafe. 

TABER. 
¿De qué hablas, muchacho? 

ROBIN 
Te lo explicaré. (Lee) Sanctobulorum periphrasticon. Nada, te 
haré cosquillas, tabernero. Cuida de la copa, Rafe. Polypragamos 
Belseborams framanto pacostiphos tostu Mephastophilis… 

Entra Mefistófeles. 

MEFISTO 
Monarca de los infiernos, bajo cuya negra mirada 
grandes potentados se arrodillan con terrible miedo, 
sobre cuyos altares descansan mil almas, 
¡cómo me contrarían los encantamientos de estos villanos! 
Desde Constantinopla he venido 
solamente para el placer de estos malditos esclavos. 

ROBIN 
¿Cómo que de Constantinopla? Habéis hecho largo viaje. 
¿Queréis estas monedas para invitarte a comer y después os 
marcháis? 

MEFISTO 
Bueno, villanos, por vuestra presunción a ti te convierto en simio 
y a ti en perro, y así, marchaos. 

Sale. 

ROBIN 
¿Cómo, un simio? ¡Qué bien! Podré jugar con los niños. Me darán 
cantidad de nueces y manzanas. 

RAFE Y yo he de ser un perro. 
ROBIN Doy fe que tu cabeza nunca saldrá del cubo de la basura. 
Salen. 

Acto IV 

Entra el Coro. 

CORO Cuando Faustus había con placer visto 
las cosas más singulares y las reales cortes de Reyes, 
dejó sus viajes y volvió a casa, 
donde aquellos que sufren su ausencia con pena, 
nos referimos a sus amigos y más cercanos compañeros, 
celebraron su seguro retorno con palabras amables, 
y en su conferencia sobre lo que aconteció 
durante su viaje por la tierra y el aire, 
le plantearon preguntas de astrología 
que Faustus respondió con tan docta pericia 
que se quedaron admirados y maravillados con su ingenio. 
Ahora su fama se ha difundido por todas las tierras. 
El emperador es uno de ellos, 
Carolus quinto, y en su palacio ahora 
Faustus es recibido entre la nobleza. 
Lo que allí realizó como prueba de su arte 
dejamos sin contar, los ojos representado lo verán. 

Salen. 


Acto IV Escena I 

Entran el Emperador, Faustus y un Caballero, con sirvientes. 

EMP. 
Maestro y Doctor Faustus, he oído extrañas historias sobre 
vuestros conocimientos de las artes oscuras, y que nadie en mi 
imperio ni en todo el mundo puede competir con vos en los 
insólitos efectos de la magia. Dicen que poseéis un espíritu 
familiar con el que podéis hacer lo que queráis. Por tanto, ésta es 
mi petición, dadme alguna prueba de vuestras habilidades, que 
mis ojos sean testigos para poder confirmar lo que he oído, y aquí 
os juro por el honor de mi corona imperial, que hagáis lo que 
hagáis, no sufriréis de ninguna forma herida ni perjuicio. 

CAB. 
Desde luego, tiene toda la pinta de conjurador. 

FAUSTUS 
Mi gentil señor, aunque me debo confesar inferior a las crónicas 
que de mi habéis recibido, ni aún apenas merecedor de los 
honores de vuestra majestad imperial, sin embargo ya que el amor 
y el deber me obligan, me satisfará complaceros con lo que sea 
que vuestra majestad me pida. 

EMP. 
Así pues, Doctor Faustus, escuchad lo que os voy a decir. Estaba 
un tiempo solo en mis aposentos, y varios pensamientos me 
asaltaron acerca del honor de mis antepasados: sobre su valor en 
las grandes hazañas, en la consecución de tantas riquezas, la 
subyugación de tantos reinos como nosotros ahora sucedemos, o 
incluso que poseerán aquellos que nos sucedan en el trono, 
aunque mucho me temo que nunca llegarán a tan alto nivel de 
renombre y de autoridad. Entre aquellos reyes se cuenta Alejandro 
Magno, la mayor maravilla y preeminencia del mundo, 
la brillantez de cuyos actos gloriosos 
ilumina el mundo con sus rayos luminosos, 
hasta el punto que con solo oír la mención de su nombre 
se entristece mi alma al nunca haberle visto. 
Si pudieseis, por tanto, con vuestras artes e ingenio 
levantar a este hombre de los hundidos panteones 
donde yace sepultado este famoso conquistador, 
y traerle con su bella amante, 
ambos en sus formas, gestos y vestimentas auténticas 
tal y como solían lucir en vida, 
vos satisfaréis mi justo deseo 
y me daréis causa para alabaros mientras viva. 

FAUSTUS 
Mi gentil señor, estoy listo para cumplir con vuestra petición, 
pudiendo obrar hasta donde llegue el arte y poder de mi espíritu. 

CAB. 
Doy fe, eso no es nada. 

FAUSTUS 
Sin embargo, si os place a vuestra majestad, no está en mi poder 
traer ante vos los verdaderos cuerpos sustanciales de los príncipes 
difuntos que mucho tiempo ha que les ha consumido el polvo. 

CAB. 
Ah, bueno, maestro doctor, esa es una señal de elegancia por 
vuestra parte, ya que confesáis la verdad. 

FAUSTUS 
Pero los espíritus que puedan vivamente encarnar a Alejandro y a 
su amante aparecerán ante vos de la forma en que vivieron, en su 
estado más floreciente que no dudo satisfará a vuestra majestad 
imperial. 

EMP. 
Adelante, maestro y doctor, dejadme verlos al instante. 

CAB. 
¿Escucháis, maestro y doctor? ¿Traeréis a Alejandro y a su 
amante ante el emperador? 

FAUSTUS 
¿Cómo no, señor? 

CAB. 
Doy fe, será tan verdad como que Diana me convirtió a mí en 
venado. 

FAUSTUS 
No, señor, pero cuando murió Acteón, dejó sus cuernos para 
vos.  Mefistófeles, ¡ve! 

Sale Mefistófeles. 

CAB. Ya, y vos atended a vuestros conjuros. Yo me marcho. 
Sale el Caballero. 

FAUSTUS Ya nos veremos las caras por interrumpirme así. Aquí están, mi 
gentil señor. 

Entran Mefistófeles con Alejandro y su amante. 

EMP. 
Maestro y doctor, he oído que esta señora en vida tenía una 
verruga o lunar en el cuello. ¿Cómo puedo comprobar si es verdad 
o no? 


FAUSTUS Su majestad puede con atrevimiento acercarse a mirar. 

EMP. Verdaderamente, estos no son espíritus sino los auténticos 
cuerpos sustanciales de aquellos príncipes difuntos. 

Salen Alejandro y su amante. 

FAUSTUS 
¿Tendría su majestad ahora la bondad de hacer llamar al caballero 
que fue tan amable conmigo aquí hace un momento? 

EMP. 
Uno de vosotros, llamadle. 

Entra el caballero con unos cuernos sobre la cabeza. 

EMP. 
¿Qué ha pasado, Caballero? si yo pensaba que erais soltero, pero 
ya veo que no sólo tenéis mujer que os pone los cuernos, sino que 
os hace llevarlos puestos a todos lados. Palpad la cabeza. 

CAB. 
¡Vos, miserable perro detestable, criado bajo una roca! ¿Cómo os 
atrevéis a agraviar así a un caballero? Villano, os digo que 
deshagáis lo que habéis hecho. 

FAUSTUS 
Ah, quieto, señor, sin prisas. ¿No os acordáis como me habéis 
contrariado durante mi conferencia con el emperador? Creo que 
ya os he respondido. 

EMP. 
Buen maestro y doctor, yo os ruego que le soltéis, ha 
escarmentado suficiente. 

FAUSTUS 
Mi gentil señor, no tanto por la injuria que me hizo estando vos 
aquí presente sino para deleitaros con una burla ha tratado así 
Faustus a este digno caballero, y siendo lo que yo mismo deseo, 
así le libero de su cornamenta. Y ahora, señor Caballero, hablad 
mejor de los estudiosos. Mefistófeles, transformadle al instante. 
Al fin, mi buen señor, habiendo hecho mi deber, humildemente 
parto. 

EMP. 
Dios os guarde, maestro doctor, pero antes de partir tendréis de mi 
una generosa recompensa. 

Sale el emperador y sus sirvientes. 

FAUSTUS 
Bien, Mefistófeles, el curso incansable 
del tiempo corre con sereno y silencioso paso, 
acortando mis días y el hilo de vida, 
reclamando aquí el pago de mis últimos años. 
Por tanto, querido Mefistófeles, apresurémonos a Wurtemberg. 

MEFISTO 
¿Iréis a caballo o a pie? 

FAUSTUS 
Hasta que salga de este hermoso y agradable prado, iré a pie. 


Acto IV Escena II

Entran Faustus, Mefistófeles y el Comerciante de caballos. 

COMER. 
Todo este día he ido buscando un Maestro Fustán. Miradle 
donde está. Dios os guarde, maestro doctor. 

FAUSTUS 
Hola, mercader, sois bienvenido. 

COMER. 
¿Me escucháis un momento señor? Traigo cuarenta dólares por 
vuestro caballo. 

FAUSTUS 
No le puedo vender por eso. Si te gusta, te lo llevas por cincuenta. 

COMER. 
Lo siento, señor, no tengo más, os suplico que intercedáis por mi. 

MEFISTO 
Os suplico que se lo dejéis llevar. Es hombre honesto y tiene 
grandes gastos, y además ni mujer ni hijos. 

FAUSTUS 
Bueno, dame el dinero. Mi mozo te lo entregará. Pero una cosa te 
he de decir antes de que te lo lleves: no le hagas meterse en el 
agua por nada del mundo. 

COMER. 
¿Por qué, señor, no beberá de cualquier agua? 

FAUSTUS 
Claro que sí, beberá de cualquier sitio, pero no le hagas entrar en 
agua. Cabalga con el sobre vallas y acequias o donde quieras, 
pero no entres en el agua. 

COMER. 
Bueno, señor, a partir de ahora voy a tener éxito. No venderé mi 
caballo por cuarenta. Si tiene por lo menos calidad como 
semental, podré vivir de él. ¡Tiene un buen paquete! Muy bien, 
adiós, señor, vuestro muchacho ahora me lo traerá, pero 
escuchadme señor, si mi caballo se pusiese enfermo o sufriera de 
ansia, ¿si os trajera sus aguas me diríais qué le pasa? 

FAUSTUS 
¡Fuera de aquí, villano! ¿Qué te crees, que soy un veterinario? 

Sale el Comerciante. 

¿Qué eres Faustus sino un hombre condenado a la muerte? 
El mortal tiempo avanza hacia un final fatal; 
la desesperación abruma mis pensamientos con desconfianza. 
Silenciaré estas pasiones con un plácido sueño. 
Al fin, Cristo habló al ladrón crucificado, 
pues descansa Faustus, con ánimo sereno. 


Se duerme en su silla. 

Entra el Comerciante, empapado, llorando. 

COMER. 
Ay de mi, Doctor Fustán, ¡Dios mío! Ni que fuera el Doctor 
Lopus. Me ha purgado, me ha purgado de cuarenta dólares – 
nunca los volveré a ver. Pero como un burro no le quise escuchar, 
me dijo que no metiera el caballo en el agua. Y yo, pensando que 
el caballo tenía alguna extraña cualidad que él no quería que yo 
supiese, como joven aventurero cabalgué con él hasta la profunda 
laguna a las afueras de la ciudad. Nada más llegar al centro de la 
laguna, mi caballo desapareció y me encontré sentado encima de 
una paca de heno – y nunca más cerca de morir ahogado. Buscaré 
a ese doctor y que me devuelva mis cuarenta dólares, ¡o este será 
el caballo más caro que nunca ha habido! Ah, ahí está su lacayo. 
¿Me oís? Vos, quieto ahí. ¿Dónde está vuestro señor? 

MEFISTO ¿Por qué, señor? ¿Qué quieres? No puedes hablar con él. 

COMER. Pero hablaré con él. 

MEFISTO Está profundamente dormido. Vuelve otro día. 

COMER. Hablaré con él ahora, o romperé la ventana.

MEFISTO Te digo que no ha dormido en ocho días. 

COMER. Como si no hubiera dormido ocho semanas, hablaré con él.

MEFISTO Ahí le tienes, dormido. 

COMER. Sí, ese es. Dios os guarde, maestro doctor, maestro doctor, 
maestro Fustán, cuarenta dólares, cuarenta dólares por una paca 
de heno. 

MEFISTO Pero, ¿no ves que no te oye? 

COMER. (Le grita en la oreja) Eh, eh! Eeeeeh! ¿No os vais a despertar? No 
me iré sin que os despertéis. 
Le tira de la pierna, y se lo lleva entera. 
Estoy perdido, ¿qué hago? 

FAUSTUS Ah, mi pierna, mi pierna, ayúdame Mefistófeles. Llama a la 
justicia. ¡Mi pierna, mi pierna! 

MEFISTO Vamos, villano, a la comisaría. 

COMER. Oh, señor, mi señor, dejadme ir y os daré otros cuarenta dólares. 

MEFISTO ¿Dónde están? 

COMER. No lo tengo conmigo. Venid a mis establos y os los daré. 

MEFISTO Fuera de aquí, ¡rápido! 

El Comerciante sale corriendo. 

FAUSTUS 
¿Qué, se ha ido? ¡Adiós! Faustus tiene su pierna y el vendedor, 
parece ser, una paca de heno. Pues este juego le ha de costar otros 
cuarenta dólares. 

Entra Wagner. 

¿Qué tal, Wagner, qué nuevas me traes? 

WAGNER 
Señor, el Duque de Anhalt suplica que le hagáis compañía. 

FAUSTUS 
¡El Duque de Anhalt! Un hombre honorable, con quien no debo 
escatimar esfuerzos de mi ingenio. Ven, Mefistófeles, vayamos a 
él. 

Salen. 


Acto IV Escena III

Entran el Duque de Anhalt, su Duquesa, Faustus y Mefistófeles. 

DUQUE 
Creedme, maestro y Doctor, este entretenimiento me ha agradado 
mucho. 

FAUSTUS 
Mi generoso señor, me alegro de que tanto os plazca, pero pudiera 
ser que mi señora no tome ningún placer en estas cosas. He oído 
que a las mujeres preñadas se les antojan alguna exquisitez u otra. 
¿Qué deseáis, señora? Decídmelo, y lo tendréis. 

DUQUESA 
Gracias, buen maestro y doctor. Ya que veo vuestra cortés 
intención de complacerme, no os esconderé lo que mi pecho más 
añora, ya que si fuera verano en vez de Enero en lo más frío del 
invierno, no desearía nada mejor que un plato de dulces uvas. 

FAUSTUS 
Ay de mi, señora, eso no es nada. Mefistófeles, márchate. 


Sale Mefistófeles. 


Así mismo os complacería sí se tratara de cosa aún mayor.



Entra Mefistófeles con las uvas. 


Aquí están, señora. ¿las probaréis? 

DUQUE 
Creedme, maestro y doctor, esto me maravilla más que nada, al 
estar en lo más profundo del invierno y en el mes de Enero, no sé 
cómo habéis encontrado estas uvas. 

FAUSTUS 
Si os place a su alteza, el año divide al mundo en dos círculos, y 
cuando es aquí invierno donde estamos nosotros, en el círculo 
contrario se disfruta del verano, como en India, Saba y países más 
lejanos del este, y por medio de un ágil espíritu que poseo, hice 
que las trajeran aquí, como veis. ¿Os gustan, señora? ¿Están 
buenas? 

DUQUESA 
Creedme, maestro doctor, son las mejores uvas que jamás he 
probado en mi vida. 

FAUSTUS 
Me alegro que tanto os plazcan, señora. 

DUQUE 
Venid, señora, pasemos, y ahí deberéis recompensar a este sabio 
hombre por la gran atención que os ha mostrado. 

DUQUESA 
Así haré, mi señor, y mientras viva le estaré agradecida por esta 
cortesía. 

DUQUE 
Venid, maestro y doctor, seguidnos y recibid vuestra recompensa. 



Acto V

 Escena I 

Entra Wagner, solo. 

WAGNER 
Creo que mi maestro piensa morir dentro de poco. 
Pero sin embargo, si le acechará la muerte 
no comería y bebería con tantas ganas 
entre los estudiantes, como ahora mismo hace, 
están todos juntos cenando con más gozo 
de lo que Wagner haya visto jamás en su vida. 
Aquí vienen. Parece que el banquete ha concluido. 

Sale. 

Entra Faustus con dos o tres estudiantes. 

º EST. 
Maestro y Doctor Faustus, desde nuestra charla sobre mujeres 
hermosas, y cuál sería la más bella de todo el mundo, hemos 
determinado entre nosotros que Helena de Troya sería la mujer 
más admirable que jamás haya vivido. Por tanto, maestro y 
doctor, si nos hicierais el favor de permitirnos ver aquella Griega 
sin par, a quien todo el mundo admira por su majestad, estaríamos 
en vuestra deuda. 

FAUSTUS 
Señores, 
puesto que sé que vuestra amistad no es fingida, 
y no es costumbre de Faustus negar 
las justas peticiones de aquellos que le desean bien, 
veréis aquella dama Griega sin par, 
y con la misma pompa y majestad 
que cuando París surcó los mares con ella 
y trajo botín a la rica Dardania. 
Silencio pues, puesto que las palabras conllevan peligro. 


Suena música, y Helena cruza el escenario. 

º EST. Mi ingenio no llega a expresar su valor 
a quien todo el mundo admira por su majestad. 

º EST. No me maravilla que los fieros griegos castigaran 
con diez años de guerra el rapto de tal reina 
cuya belleza celestial excede toda comparación. 

º EST. Ya que hemos visto el orgullo de todas las obras de la naturaleza 
y el único dechado de excelencia, 
partamos y, por esta hazaña prodigiosa 
sea Faustus feliz y bendito para siempre. 

FAUSTUS Señores, adiós, lo mismo os deseo. 

Salen los estudiantes. Entra un Viejo. 

VIEJO 
Ah, Doctor Faustus, si pudiera conseguir 
guiar vuestros pasos hacia el camino de la vida 
por la dulce ruta donde podáis lograr la meta 
que os llevará al descanso celestial. 
Lágrimas caen bajo el peso del arrepentimiento 
por vuestra vil y odiosa indecencia, 
cuyo hedor corrompe el alma 
con tales atroces crímenes de abyectos pecados 
que ninguna compasión las puede expulsar, 
sino la misericordia, Faustus, de vuestro dulce salvador 
cuya sangre solamente puede lavar vuestra culpa. 

FAUSTUS 
¿Donde estás, Faustus? Infeliz, ¿qué has hecho? 
Maldito eres, Faustus, maldito, desespera y muere. 
El infierno clama su derecho y con voz atronadora 
exige: “Faustus, ven, ha llegado vuestra hora”, 
y Faustus irá derecho a vos. 

Mefistófeles le entrega una daga. 

VIEJO Ah, deteneos, buen Faustus, detened vuestros desesperados pasos. 
Veo un ángel suspendido por encima de vuestra cabeza 
que con un frasco de gracia eterna 
ofrece colmar tu alma con ella. 
Suplica misericordia, y no desesperes. 

FAUSTUS Ah, querido amigo, vuestras palabras reconfortan mi afligida 
alma. Dejadme reflexionar sobre mis pecados. 

VIEJO Voy, querido Faustus, pero con gran tristeza 
temiendo la ruina de vuestra alma desesperanzada. 

Sale. 

FAUSTUS Maldito Faustus, ¿dónde está ahora la misericordia? 
Me arrepiento pero al mismo tiempo desconfío. 
El infierno lucha con la gracia divina para conquistar mi pecho. 
¿Qué haré para evitar los lazos de la muerte? 

MEFISTO Traidor, Faustus, apreso vuestra alma 
por desobediencia a mi señor soberano. 
Retráctate, sino os despedazaré. 

FAUSTUS Querido Mefistófeles, suplica a tu señor 
que perdone mi injusta presunción, 
y con mi sangre volveré a confirmar 
mi promesa original a Lucifer. 

MEFISTO Hazlo pues rápido, con pecho honesto, 
no sea que mayores daños os estén esperando. 

FAUSTUS Querido amigo, atormenta a ese vil y encorvado viejo 
que intentó alejarme de vuestro Lucifer, 
con los mayores tormentos que nuestro infierno posea. 

MEFISTO 
Tiene grande fe. No puedo tocar su alma 
pero afligiré su cuerpo con todo 
lo que pueda, que servirá de bien poco. 

FAUSTUS 
Una cosa, buen sirviente, que ansío pediros, 
para satisfacer los anhelos que asolan mi corazón, 
que pueda poseer como amante 
a la celestial Helena que acabo de ver, 
cuyos dulces abrazos pueden extinguir del todo 
estos pensamientos que me disuaden de mi juramento, 
y cumpliré mi palabra con Lucifer. 

MEFISTO 
Faustus, esto, o todo lo que deseéis 
se hará en el parpadeo de un ojo. 

Entra Helena. 

FAUSTUS 
¿Fue esta la faz que fletó mil navíos, 
por la que ardieron las altas torres de Ilión? 
Dulce Helena, hazme inmortal con un beso. 
Sus labios sorben mi alma… ¡ahí vuela! 
Ven, Helena, ven, devuélveme mi alma. 
Aquí residiré, puesto que el cielo está en estos labios 
y todo será escoria si no es Helena. 

Entra el Viejo. 

Yo seré París, y por tu amor 
en lugar de Troya saquearé Wurtemberg. 
Yo pugnaré con el débil Menelao 
y llevaré vuestros colores en mi penacho emplumado. 
Sí, heriré a Aquiles en el talón 
y volveré a Helena a por un beso. 
Oh, eres más bella que el nocturno aire; 
ataviada en mil hermosas estrellas, 
resplandeces cual llameante Júpiter, 
cuando a triste Sémele se mostró. 
Más bella que el monarca de los cielos eres, 
envuelta en los brazos de azur de la lasciva Aretusa, 
y ninguna será mi amada, si no eres tú. 


Salen Faustus y Helena. 

VIEJO Maldito seas, Faustus, miserable 
que de vuestro alma excluís la gracia del cielo 
y huís del trono de su tribunal. 

Entran demonios. 

Satanás comienza a acosarme con su orgullo, 
como si en esta caldera Dios pusiera a prueba mi fe. 
Mi fe, viles infiernos, triunfará sobre vosotros. 
Demonios ambiciosos, ved como los cielos se burlan 
de que seáis repelidos y se ríe y desprecia vuestro estado. 
Fuera, infierno, por aquí yo vuelo a mi Señor. 


Salen. 



Acto V Escena II


Entran Faustus y los estudiantes. 

FAUSTUS ¡Ah, señores! 

º EST. ¿Qué tienes Faustus? 

FAUSTUS Ah, mi querido compañero de habitación, si hubiera vivido 
contigo, aún viviría, pero ahora moriré eternamente. Mirad, ¿no 
viene? ¿No viene? 

º EST. ¿Qué quiere decir Faustus? 

º EST. Parece que hubiera enfermado por ser demasiado solitario. 

º EST. Si es así, buscaremos médicos para curarle. Han sido los excesos, 
no pasa nada hombre. 

FAUSTUS Excesos de pecados capitales que han condenado mi cuerpo y 
alma. 

º EST. Pero, Faustus, mira a los cielos. Acuérdate que la piedad de Dios 
es infinita. 

FAUSTUS Pero la ofensa de Faustus es imperdonable. La serpiente que tentó 
a Eva se podría salvar, pero no Faustus. Oh, señores, escuchadme 
con paciencia y no tembléis con mis palabras. Aunque mi corazón 
jadee y tiemble pensando que he sido estudiante aquí estos treinta 
años, ojalá nunca hubiera visto Wurtemberg, ojalá nunca hubiera 
abierto libro alguno. Y qué maravillas he hecho, Alemania ha sido 
testigo de ello, sí, todo el mundo y por ello Faustus ha perdido 
Alemania y el mundo entero, hasta el mismísimo cielo, el cielo el 
reino de Dios, el trono de los benditos, el reino de la dicha, y 
ahora debo permanecer en el infierno eternamente. Infierno, ah, el 
infierno eterno. Mis queridos amigos, ¿qué será de Faustus, 
eternamente en el infierno? 

º EST. Pero, Faustus, apela al señor. 

FAUSTUS Al Dios de quien Faustus ha abjurado, Dios contra quien Faustus 
ha blasfemado. Ah, mi Dios, lloraría, pero el diablo bebe mis 
lágrimas. Que mi sangre corra en vez de mis lágrimas, sí mi vida 
y alma. Oh, me manda callar. Alzaría mis manos, pero mirad, me 
sujetan, me sujetan. 

TODOS ¿Quien, Faustus? 

FAUSTUS Lucifer y Mefistófeles. ¡Oh, señores! Les di mi alma por mi 
ingenio. 

TODOS ¡Dios no lo quiera! 

FAUSTUS Dios no lo quiso, es verdad, pero Faustus lo ha hecho. Por el vano 
placer de veinticuatro años ha perdido Faustus la dicha y alegría 
eterna. Les redacté una escritura con mi propia sangre. La fecha 
ha pasado, llegará el momento en que vengan a por mí. 

º EST. ¿Por qué no nos dijiste esto antes para que sacerdotes rezaran por 
ti? 

FAUSTUS A menudo lo he pensado, pero el diablo amenazó con 
despedazarme si nombraba a Dios, de llevarse mi cuerpo y alma si 
por un segundo diera oído a la teología. Y ahora es demasiado 
tarde. Señores, marchaos, no sea que os condenéis conmigo. 

º EST. ¿Qué podemos hacer para salvar a Faustus? 

FAUSTUS No habléis de mí, salvaos y marchaos. 


º EST. 
Dios me dará fortaleza. Me quedaré con Faustus. 

º EST. 
No tientes a Dios, querido amigo, vayamos a la otra habitación y 
recemos allí por él. 

FAUSTUS 
Eso, rezad por mi, rezad por mi, y sea lo que sea que oigáis, no 
vengáis a mi, nada me puede salvar. 

º EST. 
Reza, y nosotros rezaremos por que Dios tenga piedad de ti. 

FAUSTUS 
Señores, adiós. Si vivo por la mañana, iré a veros. Si no, Faustus 
ha ido al infierno. 

TODOS 
Faustus, adiós. 

Salen los estudiantes. 

El reloj da once campanadas. 

FAUSTUS 
Oh, Faustus, 
ahora tienes apenas una hora de vida, 
y serás maldecido para la eternidad. 
¡Quedaos quietas, esferas celestiales siempre en movimiento, 
que el tiempo pare y no llegue nunca la medianoche! 
Bello ojo de la naturaleza, alzaos, alzaos de nuevo y haced 
día perpetuo, o que esta hora dure 
un año, un mes, una semana, un día natural 
para que Faustus se arrepiente y salve su alma. 

O lente, lente currite noctis equi! 

Las estrellas se mueven aún, el tiempo pasa, el reloj sonará, 
el diablo vendrá y Faustus se condenará. 
Oh, ¡saltaré hasta mi Dios! ¿Quién me sujeta? 
Mira, mira como corre la sangre de Jesucristo en el firmamento. 
Una gota salvaría mi alma, media gota. ¡Oh, mi Jesús! 
Ah, no me arranques el corazón por nombrar a Jesús. 
Aún así le llamaré. ¡Lucifer, déjame ir! 
¿Dónde está ahora? ¡Ha desparecido! Y mira a donde Dios 
extiende su brazo y frunce el ceño enfurecido. 
Montañas y colinas, venid, venid y cubridme 
escondedme del peso de la ira de Dios. 
¡No, no! 
¡Entonces me meteré de cabeza en la tierra! 
¡Ábrete tierra! No, no me recibirá. 
Vosotras estrellas que reinabais en mi nacimiento, 
cuya influencia me marcó para la muerte y el infierno, 
ahora alzad a Faustus como una bruma nebulosa 
hasta las entrañas de aquella lenta nube, 
para que cuando me escupa al aire 
mis miembros fluyan de su boca humeante 
y para que mi alma ascienda al cielo. 


El reloj suena. 

¡Ah, ha pasado la media hora! ¡Todo terminará enseguida! 
Oh, Dios, 
si no tenéis piedad de mi alma, 
incluso en nombre de Cristo, cuya sangre me ha rescatado, 
impón un límite a mi sufrimiento sin final. 
Que Faustus viva en el infierno mil años, 
cien mil años y que por fin se salve. 
Oh, no hay límite ni fin para las almas malditas. 
¿Por qué no fuiste criatura sin alma? 
O, ¿por qué es inmortal el que posees? 
Ah, metempsicosis de Pitágoras, si fuera cierto, 
mi alma me abandonaría volando y me convertiría 
en animal salvaje. 
Todas las bestias son felices, puesto que cuando mueren, 
sus almas se disuelven entre los elementos, 
pero la mía pervivirá aún para ser acosada en el infierno. 
¡Malditos sean los padres que me engendraron! 
No, Faustus, maldito seas tú, maldito sea Lucifer 
que te ha privado de las dichas del cielo. 


El reloj da las doce campanadas. 

¡Ya suena, ya suena! Ahora, cuerpo, conviértete en aire 

o Lucifer te llevará presto al infierno. 
Rayos y truenos. 

¡O, alma, convierte en gotitas de agua 
para caer al océano y nunca ser encontrados! 

Entran demonios. 

Dios mío, Dios mío, no me mires con esa furia. 
Víboras y sierpes, dejadme respirar un poco. 
¡Atroz infierno, no abras tus fauces, no vengas Lucifer, 
quemaré mis libros, ah, Mefistófeles! 


Salen. 


EPÍLOGO 

CORO 
Cortada está la rama que pudo haber crecido recta, 
y quemada está la rama de laurel de Apolo 
que una vez creció en este hombre docto. 
Aquí termina Faustus. Contemplad su caída infernal 
cuya fortuna endemoniada puede exhortar a los sabios 
a que solamente se asombren ante lo ilícito, 
cuyas profundidades atraen a los mayores ingenios 
a practicar mas de lo que permite el poder celestial. 

Terminat hora diem, terminat auctor opus. 

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