CORNUDO Y CONTENTO. LOPE DE RUEDA



CORNUDO Y CONTENTO
Paso muy gracioso, en el cual se introducen las personas siguientes, compuesto por Lope
de Rueda
LUCIO, doctor médico.
JERÓNIMO, estudiante.
MARTÍN DE VILLALBA, simple.
BÁRBARA, su mujer.
LUCIO
¡Oh, miserabelis doctor, quanta pena paciuntur propter miseriam! ¿Qué fortuna es ésta, que no
haya receptado en todo el día de hoy recepta ninguna? Pues, ¡mirad quién asoma para mitigar mi
pena! Éste es un animal que le ha hecho encreyente su mujer qu'está enferma, y ella hácelo por
darse el buen tiempo con un estudiante. Y él es tan importuno que no lo hace con dos ni tres
vesitas al día. Pero venga, qu'en tanto que los pollos en el corral le turaren, nunca su mujer estará
sin fiebre.
-Sea bien allegado el bueno de Alonso de...
MARTÍN
No, no, señor Licenciado; Martín de Villalba me llamo para toda su honra.
LUCIO
Salus adque vita in qua Nestoreos superetis dias. ¿Para qué era nada d'esto, hermano Martín de
Villalba?
MARTÍN
Señor, perdone vuesa merced, que aún están todavía pequeñuelos; pero sane mi mujer, que yo le
prometo un ganso que tengo a engordar.
LUCIO
Déos Dios salud.
MARTÍN
No, no; primero a mi mujer, plegue a Dios, señor.
LUCIO
Mochacho, toma esos pollos, ciérrame esa gelosía.MARTÍN
No, no, señor, que no son pollos de gelosía; vuesa merced puede estar descuidado. ¿Sabe cómo
los ha de comer?
LUCIO
No, por cierto.
MARTÍN
Mire: primeramente les ha de quitar la vida, y plumallos, y echar la pluma y los hígados, si los
tuviere dañados.
LUCIO
¿Y después?
MARTÍN
Después, ponellos a cocer y comer si tuviere gana.
LUCIO
Bien me paresce todo eso. Pues, ¿cómo se ha sentido esta noche vuestra mujer?
MARTÍN
Señor, algún tanto ha reposado, que, como ha dormido en casa aquel su primo el estudiante, que
tiene la mejor mano de ensalmador del mundo todo, no ha dicho en toda esta noche “aquí me
duele”.
LUCIO
Yo lo creo.
MARTÍN
¡Guárdenos Dios del diablo!
LUCIO
¿Y queda en casa?
MARTÍN
Pues si aqueso no huese, ya sería muerta.
LUCIO
¿Tomó bien la purga?
MARTÍN
¡Ah, mi madre! Ni aun la quiso oler. Pero buen remedio nos dimos porque le hiciese impresión la
melecina.
LUCIO
¿Cómo así?MARTÍN
Señor, aquel primo suyo, como es muy letrudo, sabe lo qu'el diablo deja de saber.
LUCIO
¿De qué manera?
MARTÍN
Díjome: “Mirad, Martín de Villalba: vuestra mujer está de mala gana y es imposible qu'ella beba
nada d'esto. Vos decís que queréis bien a vuestra mujer.” Dije yo: “¡Ah, mi madre! No estéis en
eso, que juro a mí que la quiero como las coles al tocino.” Dijo él entuences: “Pues tanto monta;
bien os acordáis que, cuando os casaron con ella, dijo el crego ser unidos en una misma carne.”
Dije yo: “Así es verdad.” Dijo él: “Pues siendo verdad lo qu'el crego dijo, y siendo todo una
misma carne, tomando vos esa purga, tanto provecho le hará a vuestra mujer como si ella la
tornase.”
LUCIO
¿Qué hecistes?
MARTÍN
¡Pardiez! Apenas hubo acabado la zaguera palabra, cuando ya estaba el escudilla más limpia y
enjuta que la podía dejar el gato de Mari Jiménez, que creo que no hay cosa más desbocada en
toda esta tierra.
LUCIO
¡Bien le aprovecharía!
MARTÍN
¡Guárdenos Dios! Yo fui el que no pude más pegar los ojos, que ella a las once del día se
despertó. Y como a mí me había quedado aquella madrugada tan enjuto el estrómago con aquello
de la escudilla, hízole tanto provecho a ella que se levantó con una hambre que se comiera un
novillo, si se lo pusieran delante.
LUCIO
¿En fin...?
MARTÍN
En fin, señor, que como no me podía menear del dolor qu'en estos ijares sentía, díjome su primo:
“Andad mal punto, que sois hombre sin corazón; de una negra purguilla estáis que no parescéis
son búho serenado.” Entuences el señor, diciendo y haciendo, apañó una gallina por aquel
pescuezo, que paresce que agora lo veo, y en un santiamén fue asada y cocida y traspillada entre
los dos.
LUCIO
Hiciérame yo al tercio, como quien juega a la primera de Alemaña.MARTÍN
¡Ah, mi madre! Bien lo quisiera yo, sino que me hicieron encreyente que le haría daño a mi
mujer lo que yo comiere.
LUCIO
Hecistes muy bien. ¡Mirad quién ha de vivir seguro de aquí adelante! Según me paresce, a vos
basta que curemos.
MARTÍN
Sí, señor, pero no me mande más de aquello de la'scudilla. Si no, no será mucho, a muchas
escudilladas, ahorrar de tripas y quedarse el cuerpo como cangilón agujereado.
LUCIO
Agora, pues yo tengo ciertas vesitas, id en buen hora, y acudíos por acá mañana, que con un buen
regimiento que yo's ordenare, basta para que se acabe de curar.
MARTÍN
Dios lo haga, señor.
(Éntrase el DOCTOR y queda MARTÍN DE VILLALBA. Y sale BÁRBARA, su mujer, y el
ESTUDIANTE)
ESTUDIANTE
¡Por el cuerpo de todo el mundo! Señora Bárbara, veis aquí a vuestro marido que viene de hacia
casa el doctor Lucio, y creo que nos ha visto. ¿Qué remedio...?
BÁRBARA
No tengáis pena, señor Jerónimo, que yo le enalbardaré como suelo. Hacerle he en creyente que
vamos a cumplir ciertos votos que convienen para mi salud.
ESTUDIANTE
¿Y... creerlo ha?
BÁRBARA
¿Cómo si lo creerá? Mal lo conoscéis. Si yo le digo qu'en lo más fuerte del invierno se vaya a
bañar en la más helada acequia, diciendo qu'es cosa que importa mucho a mi salud, aunque sepa
ahogarse, se arrojará con vestidos y todo. Háblele.
ESTUDIANTE
Bien venga el señor Martín de Villalba, marido de la señora mi prima y el mayor amigo que
tengo.
MARTÍN
¡Oh, señor primo de mi mujer! Norabuena vea yo aquesa cara de Pascua de hornazos. ¿Dónde
bueno? ¡Oh! ¿Quién es la revestida como la borrica de llevar novias?ESTUDIANTE
Déjala; no la toques. Una moza es que nos lava la ropa allá en el pupilaje.
MARTÍN
Mas, ¿a fe?
ESTUDIANTE
Sí, en mi ánima; ¿habíate de decir yo a ti uno por otro?
MARTÍN
Bien lo creo, no te enojes. ¿Y adónde la llevas?
ESTUDIANTE
A casa de unas beatas que le han de dar una oración para el mal de la jaqueca.
MARTÍN
¿Búrlasme, di?
ESTUDIANTE
No, por vida tuya y de cuanto luce delante mis ojos.
MARTÍN
Ve'n buen hora. ¿Has menester algo?
ESTUDIANTE
Dios te dé salud, no agora.
MARTÍN
Como tú deseas.
BÁRBARA
¡Oh, grande alimaña, que aun no me conosció! Aguija, traspongamos.
MARTÍN
¡Hola, hola, primo de mi mujer!
ESTUDIANTE
¿Qué quieres?
MARTÍN
¡Aguarda, cuerpo del diabro! Que o yo m'engaño..., o es aquella saya la de mi mujer. Si ella es,
¿dónde me la llevas?
BÁRBARA
¡Ah, don traidor! ¡Mirad qué memoria tiene de mí, que topa su mujer en la calle y no la conosce!MARTÍN
Calla, no llores, que me quiebras el corazón; que yo te conosceré, mujer, aunque no quieras, de
aquí adelante. Pero dime: ¿dónde vas?, ¿volverás tan presto?
BÁRBARA
Sí, volveré, que no voy sino a tener unas novenas a una santa con quien yo tengo grandísima
devoción.
MARTÍN
¿Novenas? ¿Y qué son novenas, mujer?
BÁRBARA
¿No lo entendéis? Novenas s'entiende que tengo d'estar yo allá encerrada nueve días.
MARTÍN
¿Sin venir a casa, álima mía?
BÁRBARA
Pues..., sin venir a casa.
MARTÍN
Sobresaltado me habías, primo de mi mujer. ¡Burlonazo, maldita la sangre que me habías dejado
engotada!
BÁRBARA
Pues conviene una cosa.
MARTÍN
¿Y qué, mujer de mi corazón?
BÁRBARA
Que ayunéis vos todos estos días que yo allá estuviere, a pan y agua, porque más aproveche la
devoción.
MARTÍN
Si no es más que aqueso, soy muy contento. Ve'n buen hora.
BÁRBARA
Adiós; mirad por esa casa.
MARTÍN
Señora mujer, no te cumple hablar más como enferma, qu'el doctor me ha dicho que a mí me ha
de curar, que tú, ¡bendito Dios!, ya vas mejorando.
ESTUDIANTE
Quedad en buen hora, hermano Martín de Villalba.MARTÍN
Ve con Dios. Mira, primo de mi mujer, no dejes de aconsejarle que, si se halla bien con las
novenas, que las haga decenas, aunque yo sepa ayunar un día más por su salud.
ESTUDIANTE
Yo lo trabajaré. Queda con Dios.
MARTÍN
Y vaya con Él.
FIN DEL PASO

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