LOS MUERTOS Florencio Sánchez





Los muertos

Florencio Sánchez




PERSONAJES

AMELIA, mujer de Lisandro Fuentes.

LISANDRO FUENTES.

LALO, su hijo.

JULIÁN, amante de Amelia.

DOÑA LIBERATA, madre de Amelia.

MARÍA JULIA.

AGUSTÍN, amigos de Julián.

LUIS, amigos de Julián.

JORGE, amigos de Julián.

ANTONIO, amigos de Julián.

RICARDO, amigos de Julián.

MOZO.

CAPATAZ.

VIGILANTE.

MOZOS.

PARROQUIANOS.

Músicos.

La acción en Buenos Aires.

Acto I

Un comedor.

Escena I

JULIÁN y AMELIA.

JULIÁN.- (Se alza y busca dónde arrojar la colilla de su habano.)

¿Quieres que te ayude? ¿No has terminado aún?

AMELIA.- (Desde su habitación.) Sí, vení... ¡No! ¡No, no, no!...

¡Tené paciencia!... ¡Quiero darte la sorpresa!... Que me veas

vestida.

JULIÁN.- ¡Mujer!... Hace media hora...

AMELIA.- (Cerrando la puerta.) No seas loco... No entrarás...

JULIÁN.- ¡Jesús!... ¡Nunca te habré visto los brazos!...

(Aproximándose y haciendo fuerzas para abrir.) Vamos... ¡no seas

pava!... ¿Qué?... ¡Pero qué tonta!... ¿Será acaso la primera vez

que...? Abrime pues... Se me ha antojado. Te alcancé a ver un

poquito y... Bueno, vos tenés la culpa... Te pensás que impunemente

se tienta la curiosidad de un hombre... ¡Eh!... ¿cómo?...

(Irónico.) ¡Claro!... ¡A buena hora, candil, te apagás!... pero,

dejate de zonceras. ¡Abrí!... Abrime por favor...

AMELIA.- (Asomándose.) ¡Vaya!... ¡Aquí estoy!... ¡No, no!...

¡Retírate un poco!... ¡Así no!...

JULIÁN.- ¿Y cómo?

AMELIA.- Te vas allá, más lejos... La sorpresa.

JULIÁN.- (Alejándose.) ¡Aquí estoy, pues!...

AMELIA.- (Avanzando majestuosa.) ¿Qué tal? ¿Me queda bien?

JULIÁN.- ¡Ya lo creo! ¡Así!... Espléndido. Tenés buen gusto.

AMELIA.- ¿Recién lo has descubierto?

JULIÁN.- Lo confirmo una vez más.

AMELIA.- ¿No tiene un chingue la pollera de este lado?... Parece

que arrastra un poquito...

JULIÁN.- ¡Qué esperanza!... Yo qué sé... Cae muy bien,

elegantísimo... ¿A verla espalda?... Date vuelta.

AMELIA.- No he podido prenderme la bata.Para eso pensé llamarte.

JULIÁN.- ¡Ah!... Permíteme, soy muy práctico. (Trabaja inútilmente

por abrocharle la bata.)

AMELIA.- (Coqueta, moviendo la cabeza.) ¿Para abrochar... o

para...?

JULIÁN.- (Acertando.) ¡Ah!... ¡Ya entiendo!... Para las dos cosas,

hijita. Lo último suele último suele ser más difícil... Bueno... ya

está... ¿Y ahora?

AMELIA.- ¿Qué?

JULIÁN.- (Remedando.) ¿Qué?... ¿Qué?... ¡Naturalmente!... ¿Crees

que trabajo de balde?...¡La changa, pues!...

AMELIA.- ¡Ah!... ¿Con que... la changa?... ¡Sí... sí... sí!... ¿Me

queda bien de espaldas?...

JULIÁN.- ¡Lindísimo!...

AMELIA.- Y ahora me verás con sombrero. Precisamente aquí está.

(Saca un sombrero de la caja y se lo pone. Cuadrándoselo.) ¿Qué me

decís?

JULIÁN.- Digo... digo que estoy esperandoque me paguen mi

trabajo...

AMELIA.- ¡Miren qué cosa!... Y yo que aguardaba que lo cobrases

adelantado.

JULIÁN.- (Besándola.) ¿Así?

AMELIA.- Debías haberlo hecho al principio...

JULIÁN.- ¡Perdóname, soy tan corto de genio!...

AMELIA.- ¡Angelito!... ¡La inocencia!... Bueno; supongo que ahora

tus amigos no dirán que paseas con una cursi...

JULIÁN.- ¡Oh!... Verás esta noche... Nos vamos al Casino... Gran

palquete grillé... Después a Palermo en automóvil y a cenar por

ahí...

AMELIA.- ¡Eso no!... No quiero exhibirme. Para ti, para ti solito,

todo este lujo... Llévame donde quieras con tal que no haya mucha

gente...

JULIÁN.- ¡Tonta!... Sería tu revancha...

AMELIA.- ¡No, no, no!... Lisandro anda por todas partes y podría

vernos...

JULIÁN.- ¡Vaya un escrúpulo!... ¡Como si tu marido no estuviese

bien enterado!... En todo caso, vas conmigo y se guardaría muy bien.

AMELIA.- ¿Y el escándalo? (Llamando.) ¡Mamá!... ¿Quieres ver

quién llama?... Bien sabes que no le tengo miedo, pero me

disgustaría ponerlo más en ridículo...

Escena II

JULIÁN, AMELIA y DOÑA LIBERATA.

DOÑA LIBERATA.- (Saliendo.) ¿Se puede entrar?

AMELIA.- Sí, señora... ¡Caramba!... ¿Desde cuándo precisa usted

permiso?... ¡Está echando un aire de sirvienta usted!...

DOÑA LIBERATA.- (Seca.) No me gusta ver ciertas cosas...¡Y ya

está!

AMELIA.- ¿Qué cosas?...¡Jesús!...¡Se está poniendo muy delicada!

DOÑA LIBERATA.- Siempre lo he sido... ¿sabés?... Y además, no tengo

que darte cuenta...Ahí mandan ese paquete de «La Especial»...

AMELIA.- ¡Ah!... El trajecito para Lalo...Verán qué monada...

DOÑA LIBERATA.- El hombre aguarda el recibo...

AMELIA.- Es verdad. ¿Quiere firmar usted, Julián?

JULIÁN.- Sí, señora. (Firma y lo entrega a DOÑA LIBERATA que hace

mutis.)

AMELIA.- ¡Mirá qué ricura! ¡Qué alegría para mi Lalo!...

¡Pobrecito!... Andaba hecho un conventillero y con lo que pude

economizar del vestido, fíjate, hasta botincitos le compré...

JULIÁN.- ¡Che!... La vieja sigue estrilada conmigo...

AMELIA.- Contigo, no. No hay que hacerle caso. Está chocha...

JULIÁN.- Pues que se deje de pavadas. ¡Si anda fastidiando mucho la

espiantás, qué diablos!... Bueno. Hasta luego. Si no vengo te mando

un coche. Quizás te invite a comer... ¡Ah!... mi whisky. (Toma la

copa servida.)

AMELIA.- ¡No, Julián! No tomés más...

JULIÁN.- ¡Mujer!... ¡Qué zoncera! (Bebe.)

AMELIA.- ¿Si supieras cuánta repugnancia me causa verlos beber

así?...

JULIÁN.- ¡Bah!... Esto no hace daño...

AMELIA.- Mi marido decía lo mismo, y ya ves en lo que paró...

JULIÁN .- Sin embargo, el vicio de tu marido fue causa de que nos

conociéramos...Sos una ingrata con el alcohol... Vamos, no se

enoje... Chao, ¿eh? (Se va por el foro. AMELIA lo acompaña.)

Escena III

DOÑA LIBERATA, LALO y luego AMELIA.

DOÑA LIBERATA.- (Saliendo, con el niño de la mano.) ¡Venga,

venga!... ¡Ya verá!

LALO.- (Resistiendo.) No, mamá nata, yo no fui... Fue el chiruso

que puso mi cobre en la vía para que lo achatara el trangua...

DOÑA LIBERATA.- ¡Jesús!... ¡Así ocurren las desgracias!... ¡Ah!...

¡Usted no sale más a la puerta!... ¿Me ha oído?...

LALO.- No fui, le digo, abuelita... Pregúntele a papá y verá cómo

es cierto. Yo estaba sentadito...

DOÑA LIBERATA.- ¿Tu padre? ¿Dónde lo has visto?

LALO.- En la vereda... Siempre viene allí al almacén... Y cuando me

ve, me llama...

DOÑA LIBERATA.- Y vos vas, ¿no?... ¿No te he dicho que no tenés que

hacerle caso?

LALO.- Yo no le hago caso, pero él viene ande estoy y... Hoy me dio

este níquel, y me dijo que de aquí a un rato me iba a traer un lindo

regalo... Y dispués, sabés... dispués me preguntó si quería irme a

vivir con él...

DOÑA LIBERATA.- ¿Ah, sí?... ¡Pues cuidadito con que me vuelva a

pisar la calle!... ¡No faltaba otra cosa!... ¡Ya lo había

maliciao!...

LALO.- Y esto ¿pa quién es?... ¿Pa mí?...¡Ay, qué lindo!... Y

botines nuevos...¡Ay!... ¡Pongameló abuelita!... Pa probarlo no

más... Dispués me lo saco...

DOÑA LIBERATA.- Sí, hijo... venga acá.

LALO.- ¡Ay, qué lindo!... ¡Qué lindo!... Lo mandó papá, ¿verdad?

DOÑA LIBERATA.- (Desnudándolo.) Este... sí... digo, no... Se lo

ha comprado su madre...

LALO.- ¡Ah!... ¿Y con qué plata? ¿Se la dio papá? (AMELIA regresa

alegremente, se saca el sombrero, que vuelve a colocar en la caja,

se mira al espejo con coquetería y vase desprendiendo el vestido.)

DOÑA LIBERATA.- No sé, curioso... ¡Vean cómo tiene las piernas este

puerco!... Venga acá... Los zapatos... así... ¡Pero estese quieto!

Ajajá... Ya tiene para corretear bastante, hasta que los rompa...

Este pantaloncito le queda muy ancho... muy ancho... habrá que

devolverlo...

LALO.- ¡No... mentira!... ¡Me queda lo más bien! ¡Ay, con

bolsillos! (Mete las manitas en los bolsillos, muy orondo.)

DOÑA LIBERATA.- Esto es para guardar porquerías...

AMELIA.- ¡Caramba, qué paquete!... ¡Parece un hombrecito!...

¡Cuánto lujo!...A ver, déjeme... Le pondré yo la blusa... ¡Así!...

Meta aquí el brazo...no se apure... Así... Lo más mono,¿verdad?

LALO.- Los monos están en Palermo, ¿sabés? ¿Y ahora me llevarás a

pasear en coche?

AMELIA.- Ya lo creo...

LALO.- ¿Con don Julián?

AMELIA.- No, señor.

LALO.- ¿Y con papá, sí?

AMELIA.- Ya le he dicho que no se acuerde más de él. Su papá no es

su papá,¿sabe?

LALO.- ¿Y quién es mi papá, entonces?

AMELIA.- Bueno, se acabó... Múdese esa ropa y vayasé a jugar...

LALO.- ¡No!... Dejemé un ratito... No lo ensucio...

AMELIA.- Está bien... ¡Largo de acá!

DOÑA LIBERATA.- (Deteniendo al chico.) ¡No a la calle! ¡Qué

esperanza! Al patio, si quiere... (Lo conduce hacia la izquierda.)

LALO.- ¿Solito?... En el patio nadie me ve el traje... Deje. Me via

portar bien... (DOÑA LIBERATA lo lleva y regresa.)

Escena IV

AMELIA y DOÑA LIBERATA.

DOÑA LIBERATA .- Ahí anda ése.

AMELIA.- ¿Lisandro?... ¿Todavía?... ¿Y qué quiere? Es tan

sinvergüenza que sería capaz de venirme a ver otra vez. Digalé que

se deje de fastidiarme...

DOÑA LIBERATA.- No me preocupa eso... Tengo miedo de...

AMELIA.- ¿Miedo?... ¿Miedo de qué?

DOÑA LIBERATA.- El nene... Me parece que anda tramando algo por

sonsacarlo.

AMELIA.- ¿Qué?... ¿A mi hijo?

DOÑA LIBERATA.- Es su hijo también.

AMELIA.- ¿A mi hijo? ¿Con qué derecho? ¡Se guardará muy bien... ese

perdido! ¡No faltaría otra cosa! Vamos a ver... ¿Qué ha pasado?

DOÑA LIBERATA.- Lo busca... le habla... trata, en fin, de atraerlo

con cariños... Cualquier día no le vemos más...

AMELIA.- ¡Ah! ¡Canalla!... ¡Eso será lo que tase un sastre!...

¡Lalo! ¡Lalo!

DOÑA LIBERATA.- Dejá en paz a la criatura... ¿Qué entiende el

pobrecito?

AMELIA .- Quiero prohibirle que salga a la puerta y enseñarle lo

que debe hacer cuando Lisandro le hable.

DOÑA LIBERATA.- ¡No hagas locuras, mujer!

AMELIA.- Usted también podría cuidarlo un poco mejor... Lo deja

andar suelto y claro está...

DOÑA LIBERATA.- ¡Eso es!... ¡Échame la culpa ahora! ¿Pa qué sos

madre?

AMELIA.- No puedo estar en todo...

DOÑA LIBERATA.- ¡Para lo que hacés!... Si te dedicaras un poco más

a tu hijo.

AMELIA.- Retemé si le parece...

DOÑA LIBERATA.- ¡Qué esperanza!... ¡Sos muy libre! Pero estoy

viendo que el día menos pensado, Lisandro nos saca el chico con todo

derecho...

AMELIA.- ¿Qué dice? ¡Hable claro, claro!...

DOÑA LIBERATA.- Antes, la razón hubiera estado de tu parte; ahora

si se presenta a la justicia, ¡quién sabe!...

AMELIA.- No entiendo. Hágame el favor de no andar con tantos

rodeos. Hace días que la veo muy misteriosa.

DOÑA LIBERATA.- Digo que si vos te portaras bien...

AMELIA .- ¿Cómo me porto? ¡Hable!... ¿Cómo me porto?... ¡Se le ha

aparecido un difunto a usted! ¡Y no es nuevo!... Desde que Julián

viene a casa anda usted tan torcida; me hubiera advertido si no le

gustaba, y santas pascuas... Yo... no la engañé... Se lo dije bien

claro. «Julián es un buen mozo, lo quiero y antes que seguir pasando

miseria estoy dispuesta a aceptarlo»... ¿Es cierto o no es cierto?

DOÑA LIBERATA.- ¡Sí, sí!... ¡No te alteres!... Acepté todo, me

resigné a tolerarlo, porque no había otro remedio... Pero... pero...

¿Querés que te hable con franqueza?... Bueno, hija... ¡No me gusta

ese hombre.... Es muy joven para vos y medio tarambana...

AMELIA.- Es bueno y generoso y me quiere.¡Y eso basta!... Usted le

tiene inquina de balde, no más...

DOÑA LIBERATA.- ¡Qué esperanza, hija!... Si algo te digo es por tu

bien... Ya que en esta vida es preciso transar con ciertas cosas,

hubiera sido preferible una persona más seria, más reservada, un

hombre de edad que pudiese ofrecerles un porvenir a vos y a tu

hijo...

AMELIA.- ¡Claro está!... Un gran señor, un fuerte comerciante, un

apellido ilustre, uno de esos respetables ancianos... No, señora...

¡Muchas gracias! Demasiado estropeó mi juventud ese cretino de mi

marido para que pueda resignarme ahora a tolerar una nueva

esclavitud. Si se siente molestada me lo dice y trataré de buscarle

un acomodo... Buenamente... tan cariñosas...

DOÑA LIBERATA.- No. Ya sabés que no podría separarme del nene...

Por él es que hago esto. Escuchame: tratá de ser más reservada, de

no exhibirte tanto. Mañana tu marido consigue probar ante los

tribunales que llevas una vida así, medio alegre, y nos saca el

chico.

AMELIA.- Es decir, que debo seguir tiranizada por mi señor marido.

Se guardará muy bien de intentar algo. Y si lo intenta... ¡Hum!

Vamos, señora, tranquilícese y... (Viendo a LISANDRO, quien aparece

por la puerta.) ¿Qué quiere usted en esta casa?

Escena V

DOÑA LIBERATA, AMELIA y LISANDRO.

LISANDRO.- (Desde la puerta.) Nada... Venía a traer estos

botincitos para el nene...

AMELIA.- ¿No le he prohibido que se ponga ante mi vista? ¡El nene

no precisa regalos de nadie! ¡Puede marcharse!...

LISANDRO.- (Avanzando tímidamente.) No te enojés, Amelia... Me

voy...Me iré en seguida... no pienso incomodarte... ni decirte nada.

¿Sabés?...Un amigo que me debía unos pesos... Rovira, ¿te

acordás?... Bueno, me debía unos pesos y lo que me vio, se acordó de

lo que me debía y me los pagó... veintisiete pesos que yo le había

prestado...

AMELIA.- Acabe de una vez...

LISANDRO .- Yo entonces le compré estos zapatos a Lalo y no te

enojés... Aquí te traigo lo que sobró por si te hace falta...

(AMELIA, abrumada, baja la cabeza.)

DOÑA LIBERATA.- ¡Infeliz!... (Igualmente impresionada hace un

gesto compasivo.)

LISANDRO .- ¡Son veinticinco!... justitos... Para algo sirven...

AMELIA.- (Dulcemente.) ¡No, no Lisandro!... ¡Guárdalos!... No me

hacen falta...

LISANDRO.- ¿Es porque yo te los traigo? ¡A mí tampoco me hacen

falta! Tomalos... Vine yo porque... porque tenía ganas de verlo y

regalarle los botincitos... ¿No está?... Si no querés que me vea

aquí en casa, digo, aquí en tu casa, me lo mandás a la puerta con la

abuela. ¿De veras no te hacen falta esos pesitos?

AMELIA .- Mamá... traigaló... (DOÑA LIBERATA vase.) Sentate.

LISANDRO.- ¿Está muy travieso? ¿No te da mucho trabajo? ¡Pobrecito!

Hoy le di diez centavos y se puso contentísimo... Dijo que pensaba

guardarlos para juntar muchos y comprarse un traje de pantalón

largo... ¿Pensás mandarlo a la escuela después de las vacaciones? Yo

que vos, mirá, le enseñaría a leer en casa... Es mucho mejor... En

la escuela...

Escena VI

DOÑA LIBERATA, LALO, LISANDRO y AMELIA.

DOÑA LIBERATA.- (Regresa con el niño.) Aquí lo tiene.

LALO.- (Extrañado.) ¡Oh, en casa!... ¡Ah! ¡Ya sé!... ¡Viniste a

traerme el regalo!... ¿A verlo?... (Corre hacia LISANDRO que lo

alza en brazos besándolo con efusión.)

LISANDRO.- ¿Y vos?... ¿No quieres besarme?... Vamos, un beso a tu

papá...

LALO.- (Lo besa en la boca y vuelve la cara con repugnancia.)

¡Uf... qué olor feo!

LISANDRO .- (Impresionado, limpiándose con el dorso de la mano.)

¡Ah!, el cigarrillo... Es el cigarro... Los cigarros de hoja que

fuma su papá...

LALO.- ¿Y mi regalo?

LISANDRO.- ¡Ah!... El regalo. (Se interrumpe sorprendido al ver el

traje flamante del chico y mira alternativamente a los

circundantes.)

LALO.- ¡Ahí lo tenés!... ¡Abrilo!...

LISANDRO.- ¡No, no! No es esto... No pude traerlo...

LALO.- ¡Mentira!... Es para engañarme...Trae... trae no más. (Le

arrebata el paquete y lo desenvuelve rápidamente.) ¡Qué pavada!...

Unos botines... (Los deja caer.) Mirá lo que tengo... ¡Éstos sí

que son lindos!... (LISANDRO oculta la cabeza entre las manos.) Te

dio rabia porque son más lindos... ¿Eh?... ¡Míralos!

DOÑA LIBERATA.- Nene, venga. Déjese de fastidiar a la gente... (Se

lo lleva.)

Escena VII

LISANDRO y AMELIA.

LISANDRO.- (Después de un momento, reaccionando.) ¡Amelia!...

¿Querés que hagamos las paces?... ¡No puedo, no puedo vivir así!...

AMELIA.- No, Lisandro... Me has prometido no tocar más este

asunto... Andate...

LISANDRO.- Ahora me van a dar un empleo... el nuevo gobierno...

Tengo muchos amigos... Trabajaré... Pienso portarme bien...

cambiar... ¡Te lo juro!... cambiar completamente...

AMELIA.- No insistas porque no es posible. Entre nosotros no podrá

existir nada más...

LISANDRO.- Ya sé, lo haría por él... No tiene la culpa el

pobrecito. Ya me está perdiendo hasta el cariño... ¡No beberé más...

ni vino en la mesa!...

AMELIA.- ¡No y no!... ¡No añadas una palabra! (Señalándole la

puerta.) ¡Hemos concluido!...

LISANDRO.- Sé que has tenido razón... Me porté mal... no pude

contenerme... estaba enviciado ya... No me daba cuenta de lo que

hacía. Cuando un hombre se emborracha pierde el sentido. ¿No es

verdad?... Bueno; yo también perdí el sentido. Ahora, no... Mira; te

prometo tomar ese remedio que hay... Yo no quiero perder el cariño

de mi hijo... ¡Esa criatura es para mí, más que mi madre, más que

Dios, más que todo el mundo!...

AMELIA.- Juras no beber más y estás ebrio ya... (Se le acerca y le

toma por un brazo.) Vamos... Andate, que será mejor. ¡No insistas!

LISANDRO.- ¿Yo ebrio? ¿Yo borracho? Sólo he bebido un cognac para

animarme a venir acá... Nada más... Ni una sola copa más...

Déjame... No quiero irme... Si me voy me pego un tiro... Déjame...

Hagamos las paces... Si querés te pido perdón de rodillas... Prometo

ser bueno... Te daré toda la plata que gane; me iré al centro a pie

sin un centavo en el bolsillo. Más... todavía; te dejaré en libertad

absoluta... Yo todavía te quiero, te quiero mucho... Yo tuve la

culpa...

AMELIA .- ¡No!... ¡Basta!... ¡Basta!... ¡Basta!... ¡Mándate

mudar!... ¿Pensás repetir la comedia acostumbrada? ¡Andando!

(Quiere conducirlo.)

LISANDRO.- ¡No me voy!... ¡No!... Quiero quedarme... ¡Ésta es mi

casa!

AMELIA.- (Severa.) ¿Cómo? ¡Fuera de acá! ¡Ni a buenas ni a

malas! ¡Te irás!...

LISANDRO.- ¡No te enojés!... Sí, me iré... Pero... quisiera

quedarme, a buenas...

AMELIA.- ¡No!... Pues... Si no te vas en el acto, nunca, nunca

volverás a ver a tu hijo... ¡Elegí!...

LISANDRO.- ¿Eh?... ¡Jajá!... ¿A mi hijo?... ¿Que no lo veré?...

¡Jajá! ¡Estás loca, loca!... ¿A mi Lalo?... ¡A mi Lalo!... ¡No me

muevo! (Se sienta.)

AMELIA.- ¡Lisandro!...

LISANDRO.- No me muevo... ¡Ésta es mi casa!... ¡Sí, mi casa!...

¿Has entendido?... ¡Yo mando!... ¡Soy el marido!... ¡Creías que me

hubiera olvidado!...

AMELIA .- ¡Oh! ¡Qué infame! ¿Querés que llame a la policía?

LISANDRO.- Podés llamarla. Mientras no haya divorcio, yo seré quien

gobierne... el dueño de esta casa.

AMELIA.- Eso, nunca... Ya verás... (Llamando.) ¡Mamá!... Ma...

LISANDRO.- No; no la llamés... Podría venir él... Perdóname... No

soy nada aquí... Vos mandás...

AMELIA.- ¡Se habrá visto cosa igual!...

LISANDRO.- Hagamos las paces... a buenas...Amelia...

AMELIA.- Te repito que no insistas. Por otra parte, sería tarde.

LISANDRO.- Ya lo sé... Julián Álvarez es tu...

AMELIA.- Entonces, si lo sabes... se acabó.

LISANDRO.- ¿Él te da la plata?

AMELIA.- Él.

LISANDRO.- ¿Y le regaló el traje y los botincitos?

AMELIA.- Y los botincitos.

LISANDRO.- (Exasperado.) ¡Dios!... ¡Dios!... (Después de una

pausa.) Decime... ¿Y si yo te matase?

AMELIA.- ¡Mátame!... Sería lo único que te quedara por hacer;

completar la obra... ¡Estarías en tu derecho, desde que sos el

marido!... A ustedes les permite todo la ley, la sociedad y qué sé

yo, hasta la religión. Nadie, nadie sin haberlo pasado, puede

imaginarse toda la miseria de nuestra vida conyugal. A la mujer más

santa, más sufrida, la pondría en mi caso, para demostrar la

abnegación con que te soporté siempre. Te quería cuando me casé, te

quise más cuando me hiciste madre, a pesar de que ya empezaba a

conocerte. Después manoseaste mi amor propio de mujer, me

abandonaste y te fuiste abandonando y perdiendo poco a poco los

escrúpulos, hasta presentarte ante mis ojos como el más vulgar, como

el más indigno y repelente de los seres. Todavía me oprime acá el

recuerdo de la náusea con que noche a noche me obsequiaba tu

borrachera asquerosa... y las privaciones y el oprobio de la mentira

y de la embrolla, porque ni el coraje les queda de tratar con los

acreedores... Y el hambre y la mendicidad vergonzante...todo es

poco. Encima el marido se abroga el derecho, amparado por la ley y

la sociedad, de matar a la infeliz mujer que ha tenido el coraje de

emanciparse... y reclamar su parte de dicha en esta vida...

¡Mátame!... ¡Mátame! ¡y mátate!... Tal vez sea mejor! Así le

ahorraremos a nuestro hijo el mal ejemplo de nuestras vidas

pervertidas.

LISANDRO.- ¡Tenés razón!... ¡He sido un infame!... ¡Ya no hay

remedio!... ¡Soy un desgraciado!... ¿No es cierto?... ¡Completamente

perdido!... Te dejo... ¡Se acabó! Pero, me vas a prometer una cosa.

Cuídalo mucho... El pobrecito no es culpable. Adiós. Vendré a verlo

alguna vez... (Alejándose.) ¡Cuando no esté borracho!...

AMELIA.- (Compasiva, viéndolo salir.) ¡Qué infeliz!

LISANDRO.- (Volviéndose después de un breve mutis.) ¡Ah!...

¿Querés darme los zapatitos?... De todos modos ya... ¿para qué?...

Acto II

La escena representa el amplio y lujoso sótano de un bar aristocrático y

central. A la izquierda del actor, segundo término, se levanta una amplia

escalinata que da frente al público y acceso a la calle. Colgada del

techo, al centro de la escalera, una planta de helecho en lujosa maceta

sostenida por cadenillas doradas. En las banderolas y tragaluces habrá

vidrios de colores iluminados por dentro. En las paredes, cuadros de

paisajes y mosaicos de colores vivos y variados. Al pie de la escalera una

amplia mesa preparada como para una cena de seis personas con las sillas

que la rodean descansando inclinadas al borde de la mesa, demostrando que

está pedida. En el salón varias mesitas con manteles y una mesa grande en

línea recta a la mesa colocada al pie de la escalinata y en primer término

a la derecha del actor. Antes de alzarse el telón la orquesta interior

ejecuta un lieder popular, que es coreado por los Parroquianos en momentos

en que se descorre el telón. Al terminar, aplausos, bravos, bis,

insistentes. Los Músicos toman sus instrumentos y remedan el motivo

principal que también se acompaña. Nuevos aplausos. Los Músicos se retiran

del tablado. La primera mesa del primer término derecha está ocupada por

RICARDO, LUIS, ANTONIO y JORGE, una patota de muchachos que han bebido

sendos medios litros. Las mesitas de la izquierda con servicio de comida,

libres. Las restantes ocupadas por tranquilos Parroquianos ingleses o

alemanes. Una que otra pareja elegante, comiendo. Los Mozos cruzan

constantemente la escena sirviendochampagne, cerveza, licores. Vense

durante todo el acto personas que suben o bajan la escalera central. Una

familia extranjera, matrimonio y chicos, abandonan su mesa y al terminar

la música suben lentamente la escalera.

Escena I

LUIS, RICARDO, JORGE y MOZO.

LUIS .- (Observándola.) ¡Fíjense!... ¡El gringo borracho con la

familia!... ¡Qué ejemplo para los hijos!... ¡Así los enseñan a

curdelones!...

RICARDO.- Van a ver cómo lo arreglo... (Toma un platillo de estopa

y lo arroja al grupo. El Parroquiano se vuelve y mira a todos lados

y vase encogiéndose de hombros. Carcajada en el grupo.)

LUIS.- ¡No te metás, no seas bárbaro!...

RICARDO.- Si es un alemán otario... ¿Qué tiene? Miren los

escrúpulos de éste... Lo que es a vos, cuando te da por ahí, no hay

quién te aguante.

LUIS .- Una casualidad...

RICARDO.- Naturalmente. Sin ir más lejos, anoche en «Aues» te había

dao por catarle la pera a los gringos... Se ha librao de una

pateadura porque Dios es grande.

JORGE.- ¿Te encurdelaste anoche también?

RICARDO.- ¡Ilusiones, che!... Amaneció en la Tercera, con el Pato,

con Manolo, el negro Franco y una punta más. ¡Metieron un bochinche

bárbaro en el Tropezón!... Treinta del país por desorden. Cuando los

fui a sacar estaba el tendal por encima de los bancos... (Risas.)

JORGE.- ¿Y dónde la cataron?

LUIS.- En un banquete que le dimos a Carlitos, despidiéndolo de la

vida de soltero...

JORGE.- ¿Cómo? ¿Se casa?

LUIS.- ¡No! Lo mandan sus padres a la estancia, allá por el Sur; no

pueden con la vida d'él... ¿Pero aquí no se toma nada? ¡Mozo!

MOZO .- ¿Qué van a tomar?

LUIS .- ¿Qué van a servirse? Vos medio litro, ¿y vos?

JORGE.- Un cívico a mí...

RICARDO .- ¡Qué cívicos!... Aquí, hermano, están reventaos los

cívicos. Traiga para todos, medios litros. ¡Bien tiré!... (Vase el

MOZO.)

Escena II

LUIS, RICARDO, JORGE, MOZO, LISANDRO y luego, CAPATAZ.

LUIS.- (Viendo a LISANDRO que baja lentamente la escalera.)

Fíjate quién cae...

RICARDO.- ¡Qué!... ¡Lisandro! No lo miren porque se nos viene.

(LISANDRO desciende y se detiene mirando en derredor, luego avanza.)

LUIS .- ¡Qué arreglao está el pobre!...

JORGE .- Ése ya se emborracha con el olor de un bar...

LUIS.- ¡Es un desgraciado!... Le tengo lástima de veras...

RICARDO.- ¡Ya nos vio!... Vamos a hacernos los desentendidos...

Pues como les iba diciendo, ¿saben?... (LISANDRO dándose cuenta de

la actitud del grupo, converge hacia la izquierda, y ocupa una de

las mesitas vacías.)

MOZO.- (Vuelve con la cerveza.) ¡Bien tiré! (Sirve.)

LISANDRO.- ¡Mozo!

LUIS.- (Volviéndose.) ¿Cómo te va, Lisandro?... (Los demás

saludan con el ademán.)

LISANDRO.- ¡Bien, y a vos!... ¡Mozo!...

MOZO.- (Con mal modo.) ¿Qué quiere?...¡Aquí estoy!... ¡Qué tanto

escándalo!...

LISANDRO.- Tráigame whisky «Smogley».

MOZO.- Oiga. Estas mesas son para comer... ¿No podría ocupar otra?

LISANDRO.- No me da la gana, ¿sabe?, no me da la gana... Usted me

sirve aquí... Usted es un insolente... ¡Un whisky «Smogley» le he

dicho!

MOZO.- Tengo orden de no servirle nada cuando venga en ese estado.

LISANDRO.- ¿A mí? A mí... He pedido un whisky... Y me lo van a

traer. Llame al capataz... (El MOZO se va rezongando.) ¡Me lo van

a traer!... ¡Qué se habrán pensado estos gringos ladrones! ¡Si yo

pago, se me sirve y se acabó!

LUIS .- ¿Qué te pasa?

LISANDRO.- Que estos desgraciaos... (Poniéndose en pie.) Esta

chusma insolente...a mí, a mí que los he enriquecido a propinas...

LUIS .- ¡No hagás caso! ¡Macanas del mozo!

CAPATAZ.- ¿Qué hay, don Lisandro?

LISANDRO.- ¿Usted ha dicho que no me sirvan a mí... que no me

sirvan? ¿Les ha dicho a los mozos... a mí...?

CAPATAZ.- No, eso no... Pero no le conviene tomar... Ya ha bebido

bastante...

LISANDRO.- ¡Ah!... Usted le ha dicho, ¿eh?... ¡Mozo! Un whisky...

Me han de servir... Son ustedes mis lacayos, ¿saben? ¡Me han de

servir!... (Golpeando la mesa.) ¡Mozooo!...

CAPATAZ .- Vea. No me meta escándalo... Haga el favor... Váyase...

(Tomándolo por un brazo.)

LISANDRO.- No me toques, porque te rompo la cabeza... Te rompo la

cabeza... ¡Insolente!

LUIS .- (Interviniendo.) ¿Por qué no le han de servir?...

(Apartando al CAPATAZ.) ¡Salga de aquí!... ¡Dejeló en paz!...

¡Sosegate, Lisandro!... Vení... ¡Tomarás con nosotros!...

LISANDRO.- Yo los quiero castigar primero... ¡Déjame!... Los quiero

castigar...

LUIS.- (Conduciéndolo.) Vení... no seas zonzo... Sentate

tranquilo...

LISANDRO.- (Sentándose.) Los quiero castigar... Son unos

insolentes...

LUIS.- ¿Qué habías pedido?

LISANDRO .- Los quiero castigar... ¡Whisky!... Los voy a castigar.

LUIS.- ¡Mozo!... Sirva al señor... (El MOZO vase.) ¡Quedate

quieto!... ¿Qué ganas con pelear a un mozo?

LISANDRO.- Es que... porque me ven así, se han pensado que ya no

soy gente... Porque me ven pobre y porque tomo...Bueno... Yo me

emborracho... ¿Y qué? Si yo tomo, es porque ellos me sirven, y si

ellos viven, es porque yo tomo... Los sinvergüenzas son ellos...

MOZO.- (Regresando.) El whisky...

LISANDRO.- ¡Lacayo inmundo!... (El MOZO se aleja.)

LUIS .- (Sirviendo.) ¿Vos dirás?...

LISANDRO.- Un poquito más... así... gracias... (Bebe después que

le han puesto la soda.) ¡Tendría ganas de matar a un mozo!

¡Mirá!... Si vos no te metés le pego un tiro...

RICARDO.- ¡Con la papeleta, che!

LISANDRO.- ¡Papeleta!... ¡Hum!... (Saca un revólver.) Con este

revólver... con éste.

LUIS.- Guardá esa arma... ¿Qué andas haciendo con revólver?

LISANDRO.- ¿Yo? ¿Yo? ¡Hum!... Este revólver tiene su historia.

RICARDO.- ¿Lo caloteaste?

LISANDRO .- Lo compré... No se asusten... Lo compré esta tarde para

matarme...

LUIS .- ¡Vos, matarte! ¡No embroméis que lastimáis.

LISANDRO .- Vaya, ¿y por qué no puedo matarme? Es bien fácil; ¡se

pone uno así, y zas! (Abocándose el revólver.)

RICARDO.- ¡Che!... No seas loco... guardá eso...

LISANDRO .- No tengas miedo... Ya no me mato...Compré el revólver

esta tarde para pegarme un tiro, completamente resuelto; escribí una

carta para el comisario... Aquí está para que vean que no miento...

RICARDO.- ¡Cierto, che!... ¡Fíjate qué loco lindo!

LISANDRO.- Bueno y cuando ya me iba a volar los sesos se me ocurrió

que era una zoncera. ¿Para qué matarme, si ya estoy muerto?

LUIS .- ¿Cómo es eso?

LISANDRO.- Claro que estoy muerto... como tanta gente que anda por

ahí... Hombre sin carácter es un muerto que camina...

RICARDO.- Tranca filosófica... Hombre sin moneda querrás decir.

LISANDRO.- Yo soy muy bueno, pero no tengo carácter y me emborracho

y muero; vos sos un pillo y como tenés carácter vivís. Los bellacos

no se emborrachan nunca, ¿has visto?, y viven.

LUIS.- Pero hay mucha gente buena que tampoco se emborracha.

LISANDRO.- Mueren de otra cosa... Los buenos no tienen carácter...

Nunca triunfan y hacen daño.

LUIS .- ¿Y los malos, che?

LISANDRO.- Triunfan y también hacen daño...pero con la diferencia

de que no se lo hacen a sí mismos ni a los suyos, y prolongan la

raza. ¿Vos, sin carácter, vicioso, borracho consuetudinario, a quién

reventás?... A vos mismo, a tu mujer y a tus hijos, a tu madre...Te

matás y los matás...

LUIS.- Bueno. No nos des la lata. Y aclará las cosas. ¿De modo que

vos pensás que sólo los malos tienen carácter?

LISANDRO .- Esperate un poco... Te diré... Pienso que los que no

saben vivir, que los inadaptables, están muertos... Los buenos no

saben vivir... Cristo murió; su religión persiste porque es mala...

VOCES.- (Desde una mesa.) ¡Basta! ¡Que se calle! ¡Que se calle!

LISANDRO.- No me callo porque tengo razón. Yo tuve una mujer... y

un hijo... un hijito así de grande, y lo quería mucho...

muchísimo... y ahora me pregunto: ¿por qué si los quería tanto les

hice daño? ¿Por qué los abandoné y los maltraté, si tengo tan buen

corazón?

LUIS .- ¡Claro!... ¡Por tus borracheras!...

LISANDRO.- ¿Y por qué me emborracho yo y los que no tienen corazón

no se emborrachan? ¡Contesten!

RICARDO.- (Aparte a los otros.) ¡Manicomio!... ¡Está perdido!...

LUIS .- Bueno; no hablés tanto, que te hace mal... Tomá...

LISANDRO.- Claro que tengo razón... Claro que sí... El mozo no me

ha servido...¡Mozo!... ¡Es un insolente!... ¡Todavía, todavía voy a

matar!... Soy capaz de pegarle un tiro. Tengo muchas ganas... (El

MOZO se acerca y sirve otro whisky.)

LUIS.- Toma, borracho, y déjate de fastidiar...

LISANDRO.- (Deteniendo al MOZO por el delantal.) ¡Che!... Ven

acá... Yo te voy a matar, ¿eh?... Bueno... (El MOZO se desprende y

se aleja. LISANDRO bebe un sorbo, paladeando con fuerza.) En fin,

me voy.

LUIS.- ¿A dónde?

LISANDRO.- A cualquier parte... (Se alza, dispuesto a marcharse.)

LUIS.- ¡Che!... Déjame el revólver. ¿Qué falta te hace?... Trae...

LISANDRO.- ¿El revólver?... No, hijito; me hace falta... para

empeñarlo, en el almacén de la esquina; lo amuro en tres o cuatro

pesos... No tengan miedo... Adiós... (Se va lentamente por la

escalinata. Llegan en este momento varios grupos de Parroquianos.)

RICARDO.- Éste se mata... Verán lo que les digo...

JORGE.- ¡Bah!... Pa lo que sirve. Podía haberlo hecho antes...

LUIS.- ¡A qué extremos ha llegado el pobre!

RICARDO.- ¿Eh?... ¡Quién sabe si no nos espera igual suerte!...

LUIS.- Descuidate vos y...

RICARDO.- ¿Y por casa, hermano?

Escena III

LUIS, RICARDO, JORGE, MOZO y AGUSTÍN.

AGUSTÍN.- (Que ha descendido un momento antes, acercándose al

grupo.) ¡Hola, muchachos!

TODOS.- ¡Adiós!... ¿Cómo estás? ¿Qué tal?

LUIS.- Sentate.

AGUSTÍN.- Gracias, vengo con acoplado. ¡Mozo! ¿Quiere reservarme

esta mesa?¿No hay ningún saloncito, verdad?

MOZO.- Todos ocupados.

LUIS .- ¿Venís con María Julia?

AGUSTÍN.- Sí; estuvimos en el Casino. Nos visitó Julián.

RICARDO.- ¿Qué tal es ésa que anda con él, la nueva?

AGUSTÍN.- Es regular...

RICARDO.- ¿Dicen que es casada?

AGUSTÍN.- Casada y figúrense con quién... Es nada menos que la

mujer de Lisandro Fuentes... (Expresiones de asombro.)

RICARDO.- ¡Qué linda cosa! Y Lisandro seguramente lo sabe... Es un

degradado...

JORGE.- Sin duda por eso se le han aparecido los muertos de que

hablaba... Acaba de salir de acá...

RICARDO.- Anda con un revólver para matarse...

AGUSTÍN.- ¿No ven?... Y ese loco de Julián que... Figúrense que

está empeñado en traer esa pobre mujer aquí...

LUIS.- ¡Qué bestia!... Está medio...

AGUSTÍN .- Bastante arreglado. Quedó discutiendo con ella en el

coche y es muy capaz de traerla a tirones. Ahí llegan. (Va al

encuentro de JULIÁN, AMELIA y MARÍA JULIA que descienden. Los del

grupo observan con curiosidad.)

RICARDO.- ¡No es muy turra, que digamos!

JORGE.- Bastante competente.

RICARDO.- Una mujer así con un marido imbécil... Claro está... Y

para iniciarse no ha elegido mal compañero.

Escena IV

LUIS, RICARDO, JORGE, MOZO, AGUSTÍN, JULIÁN, AMELIA y MARÍA

JULIA.

JULIÁN.- (Saludando a los de la mesa.) Adiós... ¿Qué tal? (A

AMELIA.) Sentate por ahí... en esa mesa y vayan pidiendo. (Saluda

alborozado al grupo.)

MARÍA JULIA.- Pase, señora... siéntese en ese rincón que la verán

menos... Tranquilícese y no haga papelones...

AGUSTÍN.- Claro está... Cenan y se lo lleva después...

AMELIA.- ¡Oh!... Esto es una infamia...

JULIÁN.- Y ¿qué les parece mi casadita?

RICARDO.- Muy competente... Medio empacadita, ¿no?

JULIÁN .- Asustada, che, de este mundo nuevo...

RICARDO.- Ya la amansaremos... Supongo que nos presentarás...

JULIÁN.- ¿Cómo no?... Vengan ahora a tomar una copa de champagne...

Los espero. (Volviéndose a su mesa.) ¿Qué tal? ¿Pidieron? Pucha

que son lerdos... ¡Mozo!... Por lo pronto,«Cordon Rouge»... (A

AMELIA.) ¿Se te pasó, che? ¡No me hagas hacer papelones, mujer!...

Alza esa cabeza... ¿Qué querés tomar? (Repasando la lista.)

¿Ostras?... No te aconsejo... ¿Consomé?... ¿Un caldito a la reina?

¿Les parece? ¡Che, che, che!... ¿Estás llorando? Hacé el favor de

dejar los melodramas para más tarde, ¿me has oído?

AMELIA.- ¡Por Dios, Julián!... ¡Por qué sos tan malo!... ¿Qué te he

hecho para que me trates así?... ¡Déjame ir a casa!... Me siento

mal.

JULIÁN.- El champagne te compondrá... ¡Santo remedio! ¿Vos no

pensás lo mismo, María Julia?

MARÍA JULIA.- Creo que es una pavada que tengas a esa señora aquí,

a la fuerza... Nada nos hubiera costado ir a otra parte. La pobre

tiene razón. No le gusta quela vean... Si no está habituada a estas

cosas... Después, maldito lo que nos vamos a divertir... Ella en ese

estado, vos estrilando y nosotros como unos papanatas mirando el

espectáculo... Vaya un capricho...

JULIÁN.- (A AGUSTÍN.) Che, ¿por qué no haces estudiara ésta?

Sería una buena abogada de pobres... ¡Amelia! ¡Amelia!... ¡Alza esa

cabeza!... Te he dicho que no las voy con la funeraria... ¡Mozo!...

¡Ese champagne!...

RICARDO.- (En la otra mesa, continuando la discusión.) No,

señor... ¡Estás muy equivocado!... Tenga los defectos que tenga el

marido, la mujer debe serle fiel... Mira. Yo no sé lo que seré

mañana, pero si me encontrara en el caso de Lisandro, se guardaría

muy bien mi mujer de faltarme.

LUIS.- Es muy fácil decirlo ahora... No verías nada, hijito,

pasarías como él en los bares el día y la noche y la madrugada

durmiendo la mona, y llegando el caso de enterarte de algo, te

faltarían energías para proceder... Es inútil discutir eso.

JORGE .- Lo que yo pienso es que si me sigue gustando tanto el

trinquis, no me caso...

Escena V

LUIS, RICARDO, JORGE, MOZO, AGUSTÍN, JULIÁN, AMELIA, MARÍA

JULIA y

LISANDRO.

(Aparece LISANDRO por la escalera.)

RICARDO.- ¡Guarda la que se arma!... ¡Fíjate quién viene!

LUIS.- Un demonio... No, no. Es peligroso... No hay que dejarlo.

(Se levanta.)

RICARDO.- No seas pavo... Dejalo que se arregle. Nos divertiremos

un rato...

JORGE.- Está claro... En todo caso, después nos metemos...

LUIS.- No sean idiotas... Yo me lo llevo... (Avanza al encuentro

de LISANDRO y lo toma por un brazo.) Vení... tengo que hablarte...

LISANDRO.- (Desasiéndose.) Esperate un minuto... Tengo que

decirle una cosa al mozo... A ese mozo de hoy. Se me ocurrió en la

calle... No lo mato porque está muerto.

LUIS.- Dejate de zonceras y vení conmigo.

LISANDRO.- Soltame... soltame te he dicho...¿Sos capataz?...

Largate pues... ¿Querés que te mate? Ya no tengo revólver, pero es

lo mismo... Me dieron cinco pesos por él... Vamos a tomar un

whisky... Pero aguarda que tengo que hablar con el mozo...

(Avanzando.) ¡Mozo!... Oiga... (LUIS se le coloca a la derecha

como para impedir que vea el grupo de JULIÁN y le obliga a converger

a la izquierda, sentándose casi a la fuerza en la silla que él

ocupaba, de modo que dé la espalda al otro grupo. AMELIA y JULIÁN,

que se han erguido al reconocer a LISANDRO, permanecen un instante

en azorada expectativa.)

JULIÁN.- (A AMELIA.) Siéntese... ni una palabra. (AMELIA se

desploma en la silla y extiende los brazos ocultando el rostro.)

LUIS.- Che, Lisandro... Continúa la conversación de hoy... iba muy

linda... Sostenías que los hombres de carácter son unos hombres...

¿Cómo era?...

LISANDRO.- No era así... verás... Pero hay que tomar algo, pues...

¡Mozo!...

MOZO .- (Que llega con dos botellas de whisky.) Aquí está su

whisky...

LISANDRO .- (Sirviéndose.) Esto yo lo pago... Todo lo que se

tome... Bueno... pues... lo que yo digo es que... no sé si lo

dije... pero ahora lo he pensado bien... Sostengo que los hombres

buenos, los hombres sensibles y de gran corazón son los únicos o los

más propensos a contraer un vicio... Eso es... Y en cuanto tienen un

vicio, están muertos... Por eso no me maté yo... ni lo maté al

mozo... A los vivos, a ésos sí que se les mata... A ésos, sí...

¡Como a perros! (Suena un taponazo de champagne en la mesa de

JULIÁN. LISANDRO, que iba a llevarla copa a los labios, vuelve

lentamente la cabeza hacia un lado, y como le resulta incómodo hace

el movimiento opuesto. Luego se incorpora y deja caer la copa al

suelo y se queda unos instantes con su mirada idiota fija en el

grupo.) ¡Amelia!... ¡Vos!... ¡Mi mujer!... Allí... (Avanza

tambaleante.)

JULIÁN.- (Incorporándose.) ¡No se acerque porque lo mato!

LISANDRO.- (Deteniéndose.) ¡A mí! ¿Porqué?... ¡Es mi mujer

ella!... ¡Mi Amelia!... (Avanzando.) Ella... ¡La misma! (De un

salto se pone junto a él. Tumulto. Vocerío en todo el bar. Acuden

Parroquianos y Mozos. Algunos se trepan a las mesas del fondo.

Pasada la primera impresión de sorpresa, MARÍA JULIA, solícita,

aparta a AMELIA, abriéndole paso entre la gente y se la lleva.)

LUIS.- (Queriendo separarlos.) Julián... Déjalo... Es un

infeliz...

JULIÁN.- Eso es, voy a permitir que me mate. (Forcejea y lo

sienta en el suelo.)

LISANDRO.- Pero... ¡si yo no le hice nada!...¿Por qué?... (Lo

levantan.) ¡No le hice nada!... Estaba mi mujer allí... (A

JULIÁN.) Me parece que yo no le he faltado al respeto...

Escena VI

LUIS, RICARDO, JORGE, MOZO, AGUSTÍN, JULIÁN, LISANDRO,

CAPATAZ y

VIGILANTE.

VIGILANTE.- (Interviniendo.) Vamos a ver... ¿Quién ha sido?

CAPATAZ.- (Señalando a LISANDRO.) El señor... Proceda nomás,

agente... Está borracho y lo ha provocado al señor.

VIGILANTE.- Acompáñeme...

LISANDRO.- Bueno... Pero es mentira... No me resisto. (Al CAPATAZ,

amenazador.) Mirá, vos estás vivo, ¿eh?

JULIÁN.- Vea, agente. Aquí no ha pasado nada. Este hombre miente...

Fue simplemente una broma de amigos. Lárguelo... Está con

nosotros... (A LISANDRO.) ¿No es cierto, compañero?

LISANDRO.- Naturalmente... Yo no hice nada... ¿Amelia se fue?

JULIÁN.- Retírese, agente... (Le pone dinero en la mano, con

cierto disimulo. El VIGILANTE se va y los Parroquianos se alejan

juzgando la escena con ademanes de burla.) Se acabó... ¡Caramba!...

Las mujeres se han ido... Pero queda el champagne... Ricardo, Jorge,

péguenle. Y usted Lisandro, acompáñenos... Venga esa mano, ¡qué

diablos!... (Se la extiende.)

LISANDRO.- (Estrechándosela.) Natural... Yo no me había metido

con usted...

JULIÁN.- (Palmeándolo afectuoso.) ¡Fue una zoncera! ¿Quiere

champagne?... ¡Sentémonos!... Esta noche la correremos juntos.

(Alzando la copa.) ¡Salud! ¡Choque, compadre!...

LISANDRO.- Salud...

RICARDO.- Y ahora nos va a explicar aquella teoría de los

muertos...

LISANDRO.- Hombre sin carácter es un muerto que camina. (La

orquesta reanuda el concierto con un cake walk.)

Acto III

La decoración del primer acto. Sobre la mesa una lámpara y una vela

encendida. La acción transcurre un tiempo después.

Escena I

DOÑA LIBERATA, MARÍA JULIA y AMELIA.

(DOÑA LIBERATA y MARÍA JULIA atienden solícitamente a AMELIA que

vuelve en sí de un desmayo, tendida sobre la chaise-longue de la

derecha.)

MARÍA JULIA.- Cálmese. Ya pasó... Aspire un poco más... Así...

Así... ¡Hay que tener ánimo, mujer!... ¿Para cuándo es el valor?

DOÑA LIBERATA.- Sí, hija mía... Tranquilícese... olvide... No

volverá a sucederle...

AMELIA .- (Reaccionando, con voz ahogada.) Estoy mejor...

Déjenme... Quiero respirar un poco... Tengo aquí... una cosa...

(Abrazando a DOÑA LIBERATA se echa a llorar desesperadamente.)

¡Madre! ¡Madre!... ¡Ay!... ¡Ay!...

DOÑA LIBERATA.- (Llorando también.) ¡Pobre! ¡Pobre hija mía!...

MARÍA JULIA.- Señora... Por favor... que la aflige más...

(Apartando suavemente a DOÑA LIBERATA.) Déjela que llore... Eso le

hará bien... (Pausa prolongada durante la cual se oyen sollozos de

AMELIA. DOÑA LIBERATA y MARÍA JULIA la contemplan.)

DOÑA LIBERATA.- ¿Cree que le haría bien un té de tilo?

MARÍA JULIA.- Es posible... ¿Cómo no?...

DOÑA LIBERATA .- Entonces, atiéndamela un ratito mientras voy a

prepararlo...

AMELIA.- No, mamá. No se incomode... Me siento ya muy tranquila...

si quisieran alcanzarme un poco de agua...

MARÍA JULIA .- Con mucho gusto... (Va hacia el cristalero.)

DOÑA LIBERATA.- No se incomode, señora... Aquí estoy yo...

Permítame... (Sirve agua en una copa que está junto ala botella de

whisky.) ¡Toma, hija!

AMELIA.- (Bebe un sorbo y lo arroja con un gesto de repugnancia.)

¡Oh!... ¡Qué asco!... ¡Gusto a bebida!... ¡Señor!... ¡Qué

obsesión!... ¡Este olor a alcohol que me persigue eternamente!...

Tire eso... Tírelo...

DOÑA LIBERATA.- (Medio aparte.) Claro. La copa en que ha bebido

el otro... ¡Qué porquería!... (Va a renovar el agua.)

AMELIA.- Es desesperante... atroz esta vida... Preferiría estar a

mil metros bajo tierra...

DOÑA LIBERATA.- Ésta es buena... Tómala con confianza...

AMELIA.- (Después de beber algunos sorbos.) Gracias, mamá...

(Incorporándose con esfuerzo doloroso.) ¡Ah!... ¡Dios, Dios!...

¡Qué habrá sucedido!...

MARÍA JULIA .- Nada... Había mucha gente... Y estaban Agustín y

otros amigos para impedir cualquier cosa... No se preocupe.

AMELIA.- ¡Oh!... ¡señora!... ¡Perdón!... ¡La he incomodado

tanto!...

MARÍA JULIA.- ¡Qué esperanza!...

AMELIA.- Gracias... Ha sido muy buena conmigo...

DOÑA LIBERATA.- Ya lo creo... Pobrecita... ¡Si no es por ella,

quién sabe lo que le habría pasado! Puedes estar bien agradecida...

MARÍA JULIA.- ¡Oh!... de nada señora... Si las mujeres no nos

defendemos, las unas a las otras, ¿quién se ocupará de nosotras?

AMELIA.- Tiene razón... Los hombres son muy malos...

MARÍA JULIA.- ¡Pst!... Según... Hay de todo... Lo que pasa es que

nos desprecian... Bien, señora... Ya es muy tarde y voy a retirarme,

si es que no me precisa...

DOÑA LIBERATA.- ¡Oh!... Gracias. Demasiadas molestias le hemos

dado.

MARÍA JULIA.- Lo que debe hacer usted ahora es acostarse

tranquilamente y no pensar más en el asunto. Mañana será otro día.

¡Qué diablos!... Adiós, che.

AMELIA.- (Estrechándole la mano muy efusiva.) Adiós... Gracias.

MARÍA JULIA .- Un consejo: si piensa seguir con Julián, no salga

nunca con él. No es malo, pero acostumbrado a tratar siempre con

nosotras, cree que todas las mujeres son iguales... (A DOÑA

LIBERATA.) Adiós, señora.

DOÑA LIBERATA.- (Besándole la mano.) Adiós, hijita... Gracias por

el servicio. Yo la acompaño...

MARÍA JULIA .- Y cuenten siempre con una servidora... No les

ofrezco la casa porque... bueno, porque siempre una anda así...

(Yéndose.) Que descansen... (Mutis. AMELIA las sigue hasta la

puerta y se detiene allá mirándolas.)

Escena II

DOÑA LIBERATA.- (De vuelta.) Pobrecita... Después dicen que esas

mujeres son esto y lo de más allá...

AMELIA.- Así es...

DOÑA LIBERATA.- Bueno, hija. ¿Qué pensás hacer ahora?

AMELIA .- No sé... Temo que haya sucedido una desgracia. Lisandro

estaba muy raro, como loco... Quedaron allí, luchando los dos...

Quién sabe...

DOÑA LIBERATA.- ¡Oh!... No hay caso que dos hombres en ese estado

se hagan daño. Por desgracia, no ha de haber muerto ninguno.

AMELIA.- ¡Mamá, por Dios!

DOÑA LIBERATA.- Se habría acabado todo. Uno en la cárcel y otro en

el cementerio.

AMELIA.- ¿Yo... dónde?

DOÑA LIBERATA.- ¿Vos? En tu casa... con tu madre y con tu hijo.

Viviendo honradamente, descansando de tanta penuria como has

sufrido... Yo te lo advertí... Esta misma tarde te lo estuve

repitiendo: No me gusta esta vida... acabaremos mal... mereces algo

mejor que ese hombre... Pero vos con tu genio alborotado...

AMELIA.- No, mamá... es que...

DOÑA LIBERATA.- No hables más... Te entiendo...Vas a decirme que

tenés derecho a disfrutar de tu juventud y de tu vida... que has

sido siempre una víctima... que esto y lo de más allá... No te niego

ese derecho; te asiste toda la razón del mundo; pero, mi hija, nada

cuesta tener un poco de prudencia. Mira, ahora de cualquier modo,

cortas toda relación con ese mocito; dejamos esta casa, vendemos

estos muebles y todo lo que no sea indispensable, y desaparecemos;

nos mandamos mudar a cualquier parte, a un conventillo.

Trabajaremos, yo me conchabaré si es preciso, de sirvienta, todavía

tengo fuerzas; trabajaremos para mantener y educar a ese pobrecito

hijo, y así la vida, verás cómo no te falta la oportunidad de

desquitarte de todos los padecimientos...

AMELIA.- ¡Oh, mamá!... Eso es muy lindo en las novelas. En la vida

no pasa lo mismo. Lo haré, sin embargo, aunque tenga que seguir

sacrificada. Es preferible...

DOÑA LIBERATA.- Vamos, así me gusta... Verte razonable... Ahora a

dormir... Mañana será otro día... ¿Precisás algo?...

AMELIA.- Nada. Muchas gracias.

DOÑA LIBERATA.- (Tomando la palmatoria.) Buenas noches, hija...

(Alejándose.) Lo que es ahora, me va a ser difícil agarrar el

sueño... ¡Qué cosas éstas, Dios mío!...

AMELIA .- (Sobresaltada.) ¿Eh? ¿Quién abre la puerta?

DOÑA LIBERATA .- (Deteniéndose.) ¿Cuál?

AMELIA .- ¡Dios mío!... El zaguán...

DOÑA LIBERATA.- ¡Ay!... Mal negocio...

Escena III

JULIÁN, AMELIA y DOÑA LIBERATA.

JULIÁN .- (Desde afuera.) ¡Qué oscuridad!... Esto es una boca de

lobo...

AMELIA.- ¡Julián!... ¿Y ahora cómo hago?

DOÑA LIBERATA.- No lo dejés entrar... Con cerrar esta puerta...

(Intenta cerrar pero en ese instante aparece JULIÁN.)

JULIÁN.- Buenas noches... ¿Iba a alumbrarme?... No se incomode...

Pasó el peligro... Casi me he roto el alma en un escalón... ¿Qué

tal, china?... ¿Se le pasó el enojo?...

AMELIA .- ¿Qué quiere usted aquí?... ¿No tenía suficiente con las

que me ha hecho pasar?

JULIÁN.- ¡Ah!... ¿Te dura el estribillo?...No seas pava, mujer...

Tenés que alegrarte conmigo... No pasó nada, che... Después que vos

te empinaste, vino un vigilante y todo... Puede irse a dormir no

más, vieja... Aquí no la precisamos...

DOÑA LIBERATA.- Usted es el que no hace falta, ¿me entiende?...

JULIÁN.- Lindo, lindo!... ¿También usted está estrilada?...¡Qué

divertido!... Me parece que aquí hay que empezar a proceder de

justicia rápida...

AMELIA.- ¡Julián, Julián!... Mandate mudar...

JULIÁN.- ¿Irme? Ni pienso, hijita... Estoy muy bien acá...

AMELIA.- Por favor... Tené compasión de mí... Andate; volverás

mañana cuando estés más tranquilo... Yo no puedo verte así... Ya te

lo he dicho. No me mortifiques más... que demasiado me has hecho

sufrir...

DOÑA LIBERATA.- ¡Qué tanto suplicar!... ¡Faltaba otra cosa!... Si

no quiere irse se llama un vigilante y se acabó...

JULIÁN.- ¡Un vigilante!... ¡Un vigilante!... Estás arreglada,

vieja. Cualquier día se mete un vigilante en mi casa... Mira... Toma

estos cinco pesos y andate a dormir... ganarás más...

AMELIA.- ¡Oh!... ¡Esto ya pasa de los límites! ¡Fuera de acá!...

¡Cobarde!... ¡Canalla!... ¡Fuera!...

JULIÁN.- No grites, mujer... Si no pienso llevarte el apunte...

Mira si sos mal agradecida... Yo podía haberme quedado allá con los

amigos y ya lo ves, me vine a consolarte... (Deteniendo a DOÑA

LIBERATA que trata de salir por el foro.) ¿Ande vas, che, vieja?...

¿No te mandé que fueras a dormir?...

AMELIA.- (Interponiéndose.) Sí, sí... Váyase, mamá... Vaya...

tenga paciencia... No es posible... (La acompaña hasta la puerta

izquierda. Luego, a JULIÁN.) Vamos... Aquí estoy... Hacé lo que se

te antoje...

JULIÁN .- ¿Ves?... Me gusta verte así... ¿Qué ganás con andar con

partes?... Andá preparando unas copas que vamos a tomar champagne...

¡Fíjate!... (Sacando una botella del bolsillo.) «¡Cordon

Rouge»!... En el coche los muchachos traen tres botellas más... ¡Y

quién sabe todavía si alcanza!... A ver... Somos cinco...

AMELIA.- ¡Cómo!

JULIÁN.- ¡Claro! Ricardo, Jorge y Lisandro... tu marido...

AMELIA .- Oh!... Julián...

JULIÁN.- Hicimos las paces y chupamos juntos... ¡Está tan borracho!

Después, los muchachos que son unos locos lo convencieron de que

debía venir; y el muy desgraciado aceptó no más... Espérate; voy a

buscarlos...

AMELIA.- No, Julián... No... ¡Salvaje! No... ¡Oh!... ¡Qué horror!

¡Qué horror! ¿Qué ha pasado en el universo para que sucedan estas

cosas?... ¡Yo me vuelvo loca!... No... No... Yo me encierro.

(Intenta cerrar la puerta del foro.) ¿Para qué?... ¡la echarían

abajo!... ¡Oh!... (Corre desolada y se encierra en su habitación.)

Escena IV

JULIÁN, RICARDO y JORGE.

JULIÁN .- (Desde la puerta.) Cuidado con el escalón... Zas...Uno

al suelo... Seguro que es Lisandro... Alcenló, muchachos...

RICARDO.- ¡Oh!... Que se arregle... Como pa cuidar mamaos...

(Avanza cantando.) Allons enfants de la patrie...

JORGE.- Le jour de gloire est arrivé!...

JULIÁN.- Cuidado con las botellas...

RICARDO.- Intactas... che... Sabés que está bastante competente tu

casa...

JORGE.- ¿Son tuyos los muebles? ¡Macanudos!... Smugen... daría

hasta treinta pesos...

RICARDO.- Bastante confortable. ¿Y la prójima?

JULIÁN.- Estará adentro... Vayan sacando unas copas de ahí. Voy a

traerla... che... (Forcejea con la puerta. A AMELIA.) Mal

negocio... Vení que te voy a presentar a los muchachos... No seas

guaranga...

RICARDO.- Zas... whisky... ¡Qué bolada para Lisandro!... No le

gusta el champagne...

JORGE.- Porque es muy flojo...

JULIÁN.- ¿Destapamos?...

RICARDO.- Claro está... Y con ruido...

JULIÁN.- (Destapa la botella y sirve.) A la votre...

RICARDO.- ¡Salud!...

JORGE.- ¡Salud!...

JULIÁN .- Che... ¿Y Lisandro?... Vayan a buscarlo... Se ha de haber

lastimado...

RICARDO.- Cierto, che... Vamos, Jorge... (Vanse. JULIÁN se pone a

silbar.)

Escena V

JULIÁN, RICARDO, JORGE y LISANDRO.

RICARDO.- Entra, no seas zonzo... ¿Tenés miedo?... Vaya una

pavada... Vení... agarralo vos, Jorge... (Avanzan conduciendo a

LISANDRO, que debe aparecer deplorablemente desarreglado y con una

mancha de sangre en la frente.)

LISANDRO.- Dejenmé... ¡No quiero!...

RICARDO.- Fijate qué golpe se ha dado...

JULIÁN.- Vamos a ponerle algo...

JORGE.- Toma... Bebe un trago de whisky...

LISANDRO.- No... no... Déjenme... salgan... (Avanza tambaleante

unos pasos, recorre la habitación con la mirada, deteniéndola en una

y otra cosa, vacila un instante y toma resueltamente rumbo a la

chaise-longue, donde se deja caer pesadamente.)

RICARDO.- A dormir la mona.

JULIÁN.- Pobre diablo... Sírvanse, muchachos... Para tomar estamos.

RICARDO.- ¿Y tu mujer?

JULIÁN.- Ya vendrá. Si no, la hacemos salir... (LISANDRO solloza

hondamente.)

JORGE.- Tranca fúnebre.

RICARDO.- Son las más empalagosas... A vos, Julián, te suele dar

por ahí.

JULIÁN .- ¡Oh!... Muy rara vez. Miralo a ése cómo llora... ¿Eh? Vas

a reventar... ¡Pobre bicho!... Está en el colmo dé la degradación.

Si algún día me viera en ese estado, me pegaba un tiro.

JORGE.- Si uno se conociera, claro está... Pero nadie, hijito, se

conoce los defectos... No lo ves... Lisandro se considera muy feliz.

¡Qué mejor ejemplo!

RICARDO.- ¡Oh!... No embromes... Los imbéciles no se conocen...

Veamos lo que nos pasa a nosotros... Nos gusta el trinquis... nos

encurdelamos a cada rato, pero en cuanto la cosa pasa de los

límites... a sosegarnos, muchachos, y a tomar limón con soda.

Servime champagne.

JORGE.- Eso es cierto, pero...

JULIÁN.- Pero el caso es que poco a poco le vamos tomando el gusto

y...

JORGE.- Y si nos descuidamos nos agarra de veras... Lisandro tomaba

como nosotros al principio. Y ya lo ves.

RICARDO.- Se ha dormido... ¿Qué le haríamos?

JULIÁN.- Dejalo.

JORGE .- ¡Ah, no!... Un susto se lo lleva... (Le arroja una copa

de champagne.)

LISANDRO.- (Se yergue como enloquecido de sobresalto.) ¡Qué!...

¿Eh?... ¿Qué hay?

JORGE.- Nada... Está lloviendo... ¡dormite!... (LISANDRO aspira

con ansias una bocanada de aire y se deja caer de nuevo.)

RICARDO.- Al bombo otra vez...

JULIÁN .- Lástima que no esté helado... Destapa la otra...

RICARDO .- ¡Cómo no! Pero llama a tu mujer, pues...

JULIÁN .- Me había olvidado... (En la puerta.) ¡Eh!...

¡Amelia!... ¡Amelia!... ¡Nada!... ¡Abrí!... ¡Hum! Parece que se ha

dormido.

RICARDO.- ¡Ah!... Esperate... La despertaremos... (Se pone a

cantar y JULIÁN y JORGE lo imitan. LISANDRO se incorpora de nuevo y

se deja caer.)

Escena VI

JULIÁN, RICARDO, JORGE, LISANDRO y LALO.

LALO.- (Corriendo en camisa.) ¡Mamita!... ¡Mamita!... (Aparece

detrás DOÑA LIBERATA, pero se vuelve.)

JULIÁN.- ¡Hola!... ¿Quién está aquí? ¡El pebete! Venga para acá,

amigazo.

LALO.- ¿Y mi mamá? ¿Dónde está?

RICARDO.- ¡Lindo el botija!

JULIÁN .- No tenga miedo. ¿Viene a acompañarnos, a tomar champagne

con nosotros? ¡Así me gustan los hombres! Venga acá a la mesa...

grande... (El chico se resiste.) No. No se asuste, pues... Esos

hombres no tienen miedo. A ver... Una copa para este curdeloncito.

RICARDO.- Éste va a salir al padre.

JULIÁN.- (Haciéndolo beber.) Así... un trago bien grande.

LALO .- (Aparta la cabeza bruscamente.) ¡Ay!... ¡Ay!... ¡Ay!... Mi

mamita. (Se echa a llorar a gritos. LISANDRO se incorpora.)

Escena VII

JULIÁN, RICARDO, JORGE, LISANDRO, LALO y DOÑA LIBERATA.

DOÑA LIBERATA.- (Saliendo.) ¿Qué le han hecho? ¡Bandidos!

¡Perversos! ¡Desalmados!... ¿Qué le han hecho al pobre hijito?...

¡Asesinos!... (Arrebata al chico, protegiéndolo con el cuerpo.)

JULIÁN.- (Acercando la copa a los labios.) ¡Bárbaros! ¡Whisky!

LISANDRO .- Mi hijito... Mi Lalo... Mi Lalo querido.

DOÑA LIBERATA.- Salga usted de aquí... ¡Miserable!... No es suyo...

(Lo aparta.)

LISANDRO.- (Trágico.) ¿No?... Mi hijo... No me lo quiten... Es

mío.

DOÑA LIBERATA.- (Yendo al cuarto de AMELIA.) Amelia, abrí;

abrime, Amelia.

LISANDRO.- (Se lo arrebata con violencia y lo estruja entre los

brazos.) Mi Lalo... Mi Lalo... ¡No!... ¡Salga!... No me lo quiten...

Yo lo defiendo... (Va hacia la chaise-longue y se sienta,

colocándolo en las faldas, besándolo y acariciándolo.)

RICARDO.- Ahora verás cómo sale.

LISANDRO.- ¡Mi nene querido! ¡No llore!... Está con su papito que

lo quiere... No llore... Deme un besito. No tenga miedo. Soy yo. ¿No

me conoce ya? Soy papito. Pobre criatura. ¿Le hicieron nana aquellos

hombres? Siéntese así, a caballito como antes. Papito es bueno. No

llore más. Papito lo lleva al nene a caballo. Es bueno, es bueno.

LALO.- ¡No! ¡Déjeme! No quiero caballos.

LISANDRO.- Es bueno. Los hombres son malos, ¿verdad? Le hicieron

mal aquellos hombres. ¡Sí! ¡Están vivos! (Bajo.) ¿Están vivos,

verdad? (Deteniéndose sorprendido por la idea fija.) ¡Vivos! ¡Ah!

Escuche un secreto: Pa... pi... to los va a poner en

pe...ni...ten...cia. Venga. ¡Están vivos! (Se alza esforzándose por

mantenerse erguido y se acerca con el niño de la mano al aparador,

revolviendo en los cajones. Saca algo que oculta bajo el saco y gira

alrededor de la mesa.) ¡Con papito!¡Con papito! ¡Con papito! (Al

llegar junto a JULIÁN, rápidamente le aferra la barba con la mano

izquierda, y te hunde el cuchillo en la garganta, volcándolo de

espaldas, juntamente con la silla. Grito de horror... AMELIA asoma y

cae desplomada junto a la puerta. LISANDRO aparece oprimiéndolo con

furia un instante, luego se yergue bruscamente y mira en derredor.

Por RICARDO y JORGE.) ¡Ahora, a ustedes! (Por AMELIA.) ¡A vos!...

(Por el nene.) ¡A vos!... ¡no!... ¡Están muertos! (Fijándose en

LALO que se refugia junto a DOÑA LIBERATA.) Y todos están muertos.

(Con desconsuelo, dejando caer el cuchillo.)

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