LAS AVES. Aristófanes.







LAS AVES


Aristófanes







PERSONAJES:




EVELPIDES.
PISTETERO.
ABUBILLA.
UN PARRICIDA.
EL CORO DE LAS AVES.
UN SACERDOTE.
UN POETA.
UN INSPECTOR.
UN VENDEDOR.
MENSAJERO PRIMERO.
MENSAJERO SEGUNDO.
IRIS.
UN HERALDO.
UN PARRICIDA.
CINESIAS, poeta ditriámbico.
UN SICOFANTE.
PROMETEO.
POESEIDÓN.
TRIBADO.
HERACLES.



País agreste, lleno de zarzales y peñascos. Al fondo, una selva; a un
lado una roca, morada de Abubilla.



EVÉLPIDES, llevando un grajo sobre el puño.
PISTETERO, llevando igualmente una corneja; y los dos en busca
del reino de las Aves.




EVÉLPIDES.-(Al grajo que le sirve de guía.) ¿Me dices que vaya en
línea recta hacia aquel árbol?
PISTETERO.-(A la corneja que trae en la mano.) !Peste de
avechucho! Ahora grazna que retrocedamos.
EVÉLPIDES.-Pero infeliz la qué andar errantes en todos sentidos?
Con estas idas y venidas nos derrengamos inútilmente.
PISTETERO.-¡Qué imbécil he sido al dejarme guiar por esta
corneja! Me ha hecho correr más de mil estadios.
EVÉLPIDES. -¿Mayor dicha que la de llevar de guía a este grajo,
que me ha destrozado hasta las uñas de los pies?
PISTETERO.-Ni siquiera sé en qué lugar de la tierra estamos.
EVÉLPIDES.-¿No podrías tú averiguar desde aquí dónde cae
nuestra patria?
PISTETERO.-No, por cierto; ni Execéstides 1 la suya.
EVÉLPIDES.-¡Ay!
PISTETERO.-Tú, amigo mío, sigue esa senda.
EVÉLPIDES.-¡Terrible engaño el que nos ha hecho Filócrates, ese
atrabiliario vendedor de pájaros! Nos aseguró que estas dos aves nos
guiarían mejor que ninguna otra a la morada de Tereo 2 la Abubilla, que
fue transformado en pájaro, y nos vendió este grajo, hijo de Tarrélides,
por un óbolo, y por tres aquella corneja, que sólo saben darnos picotazos.
(Al grajo.) ¿Por qué me miras con el pico abierto? ¿Quieres precipitarnos
desde esas rocas? Por ahí no hay camino.
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1 Extranjero que quería pasar por ateniense.
2 Rey legendario de Tracia, cambiado en abubilla tras de haber intentado seducir a su cuñada Filomela.
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PISTETERO.-Ni senda tampoco, por Zeus.
EVÉLPIDES.-¿No dice nada tu corneja sobré el camino que hay que
seguir?
PISTETERO.-Sigue graznando, por Zeus, las mismas cosas que
antes.
EVÉLPIDES.-Pero, en fin, ¿qué dice a propósito del camino?
PISTETERO.-¿Qué ha de decir, sino que a fuerza de roer acabará
por comérseme los dedos?
EVÉLPIDES.-¡Esto es insoportable! Queremos irnos a los cuervos 3 ;

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3    «irse al infierno» o «al diablo.»
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ponemos para conseguirlo cuanto está en nuestra mano, y no logramos
hallar el camino. Porque habéis de saber, oyentes míos, que nuestra
enfermedad es completamente distinta de la que aflige a Saccas: éste,
que no es ciudadano, se obstina en serlo, y nosotros que lo somos, y de
familias distinguidas, aunque nadie nos expulsa, huimos a toda prisa de
nuestra patria. No es que aborrezcamos a una ciudad tan célebre y
afortunada, siempre abierta a todo el que desee arruinarse con litigios;
porque es una triste verdad que si las cigarras sólo cantan uno o dos
meses entre las ramas de los árboles, en cambio los atenienses cantan
toda la vida posados sobre los procesos. Esto es lo que nos ha obligado a
emprender este viaje y a buscar, cargados del canastillo, la olla y las
ramas de mirto, un país libre de pleitos, donde pasar tranquilamente la
vida. T es el objeto con que nos dirigimos a Tereo la Abubilla para pre-
guntarle si en las comarcas que ha recorrido v ]ando, ha visto alguna
ciudad como la que deseamos.
PISTETERO.-¡Eh, tú!
EVÉLPIDES.-¿Qué hay?
PISTETERO.-Ya hace unos momentos que la corneja me indica que
hay que subir un poco.
EVÉLPIDES.-También mi grajo mira con el pico abierto en la
misma dirección, como si quisiera señalarme alguna cosa: no puede
menos de haber aves por aquí. Pronto lo sabremos haciendo ruido.
PISTETERO. ¿Sabes lo que has de hacer? Dale con el pie a la roca.
EVÉLPIDES.-Y tú, con la cabeza, para que el ruido sea doble.
PISTETERO.-O mejor, coge esa piedra y llama.
EVÉLPIDES.-¡Habrá que hacerlo, claro está! !Esclavo! ¡Esclavo!
PISTETERO. Pero ¿qué haces? Para llamar a la Abubilla, gritas:
!Esclavo! ¡Esclavo! En vez de esclavo debes gritar: ¡Epopoi! ¡Epopoi! 4 .
EVÉLPIDES.-¡Epopoi! Tendré que llamar otra vez. ¡Epa poi!
Un criado de Abubilla, Pistetero y Evélpides.
EL CRIADO.-(Representando a un pájaro.) ¿Quién va? ¿Quién
llama a mi dueño?
EVÉLPIDES.-¡Apolo nos asista! ¡Qué enorme pico! 5 .
EL CRIADO.-¡Horror! ¡Son cazadores)
EVÉLPIDES. Me causa un miedo indecible.
EL CRIADO.-¡Moriréis!
EVÉLPIDES.-Pero si no somos hombres.
EL CRIADO.-¿Pues qué sois?
EVÉLPIDES.-Yo soy el Tímido, ave de Libia.
EL CRIADO.-¡A otro con esas!
EVÉLPIDES.-Pregúntaselo a toda la caca que llevo en los pies.
EL CRIADO.-Y ese otro, ¿qué pájaro es? Contesta.
PISTETERO.-El Ensuciado, ave de Fasos.
EVÉLPIDES.-Y tú, ¿qué clase de animal eres, en nombre de los
dioses?


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4  Grito que imita al de la abubilla.
5  Los actores salían con máscaras y trajes imitando a las aves que representaban.
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EL CRIADO.-YO soy un pájaro doméstico.
EVÉLPIDES.-¿Te ha domesticado algún gallo?
EL CRIADO.-No; pero cuando mi dueño quedó convertido en
abubilla quiso que yo también me transformase en pájaro, para tener
quien le siguiese y sirviese.
EVÉLPIDES.-¿Pero es que las aves necesitan criados?
EL CRIADO.-Este sí, tal vez porque fué antes hombre. Cuando se
le antojan anchoas del Falero, yo cojo una escudilla y corro a por
anchoas; cuando quiere comer puré como se necesitan una cuchara y una
olla, corro a por la cuchara.
EVÉLPIDES.-Por las señas, este pájaro es un recadero. ¿Sabes lo
que has de hacer, recadero? Llamar a tu señor.
EL CRIADO.-Acaba de dormirse, después de haber comido bayas
de mirto y algunos gusanos.
EVÉLPIDES.-No importa, despiértale.
EL CRIADO.-Estoy seguro de que se va a enfadar; pero lo haré por
complaceros.
PISTETERO.-(Por el pájaro-criado.) Que el cielo te confunda, ¡pues
no me has dado mal susto!
EVÉLPIDES.-¡Oh desgracia! ¡De miedo se me ha escapado el grajo!
PISTETERO.-¡Grandísimo cobarde! Has dejado escapar el grajo por
miedo.
EVÉLPIDES.-Y tú, ¿no has dejado marchar la corneja al caer?
PISTETERO. Yo no, por Zeus, no.
EVÉLPIDES.-Pues, ¿dónde está?
PISTETERO.-Voló.
EVÉLPIDES.-¿Y no se te ha escapad ? ¡Vaya un valiente!
ABUBILLA.-(Desde dentro.) Abre la selva para que salgas 6 .
EVÉLPIDES.-Por Heracles ¿qué animal es éste? ¡Qué alas! ¡Qué
triple cresta! ¿visitantes? ¿son estos visitantes?
EVÉLPIDES.-Sin duda, los doce grandes dioses te han maltratado.
ABUBILLA.-¿Acaso os burláis de la forma de mis alas? Sabed,
extranjeros, que antes he sido hombre.
EVÉLPIDES. No nos burlamos de ti.
ABUBILLA.-¿Pues de quién?
PISTETERO.-Es tu pico lo que nos da risa.
ABUBILLA.-Esas son, sin embargo, las injurias con que me cubre
Sófocles, en sus tragedias a mí, Tereo.
EVÉLPIDES.-Pero Zeres Tereo, o un ave, o un pavo real?
ABUBILLA.-Soy un ave.
EVÉLPIDES.-¿Y las alas?
ABUBILLA.-Se me han caído.
EVÉLPIDES.-¿Alguna enfermedad?
ABUBILLA.-No; pero en el invierno mudan todas las aves, y les
salen después nuevas plumas. Y vosotros, ¿qué sois?
EVÉLPIDES.-¿Nosotros? Dos mortales.
ABUBILLA.-¿De qué país?
EVÉLPIDES.-Del de las bellas trirremes.
ABUBILLA.-¿Seréis acaso jueces
EVÉLPIDES.-Nada de eso: somos antijueces.
ABUBILLA.-¿Se siembra ese grano en vuestro país?
EVÉLPIDES.-Rebuscando en todo el campo, aún se encuentra un
poco.
ABUBILLA.-¿Y qué os trae por aquí?
EVÉLPIDES.-El deseo de hablarte.
ABUBILLA.-¿Para qué?
EVÉLPIDES.-Porque en otro tiempo fuiste hombre, como nosotros;
en otro tiempo tuviste deudas, como nosotros, y en otro tiempo te
gustaba no pagarlas, como a nosotros; después, cuando fuiste
transformado en ave, recorriste en tu vuelo todos los mares y tierras, y
llegaste a reunir la experiencia del pájaro y la del hombre. Esto nos trae a

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6  Los nombres griegos de selva y puerta sólo difieren en una letra.

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ti para suplicarte que nos indiques alguna pacífica ciudad donde podamos
vivir blanda y sosegadamente, como el que se acuesta sobre mullidos
cojines.
ABUBILLA.-¿Buscas, pues, una ciudad más grande que la de
Cranao? 7 .
EVÉLPIDES.-Más grande, no; pero sí algo más cómoda.
ABUBILLA.-Claro está que tratas de vivir bajo un régimen
aristocrático.
EVÉLPIDES.-¿Yo? En absoluto; detesto al hijo de Escelio 8 .
ABUBILLA.-¿Pues en qué ciudad quisierais vivir?
EVÉLPIDES.-En una donde los negocios más importantes sean, por
ejemplo, venir muy de mañana a mi puerta un amigo y decirme: "Te
ruego por Zeus olímpico que al salir del baño vengáis a mi casa tú y tus
hijos, pues voy a dar un banquete de bodas. ¡Cuidado con faltar¡ ¡Cómo
no vengas, no tienes que poner los pies en mi casa hasta que me
abandone la fortuna!
ABUBILLA.-Vamos, veo que tienes afición a las desgracias. ¿Y tú?
PISTETERO.-Tengo los mismos gustos.
ABUBILLA.-¿Cuáles?
PISTETERO.-Quisiera una ciudad en la que al verme el padre de un
hermoso muchacho, me dijese como si le hubiera ofendido: «¡Muy bien,
muy bien, Estilbónides! Te encontraste ayer con mi hijo que volvía del
baño y del gimnasio, y no fuiste para darle un beso, ni hablarle, ni
acariciarle los testículos. ¿Quién dirá que eres amigo mío?»
ABUBILLA.-¡Hola, hola! Pues no es nada las desdichas que
apeteces, buen hombre. En la costa del Mar Rojo, hay una ciudad,
afortunada como la que deseáis.
EVÉLPIDES.-¡Ah! No me hables de ciudades marítimas; el mejor
día amanecería la galera de Salamina 9 trayendo un alguacil. ¿No puede
indicarnos alguna ciudad helénica?

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7  Es decir, que la de Atenas.
8  El hijo de Escelio, político oligarca se llamaba Aristócratas.
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EVÉLPIDES.-¡Por todos os dioses! Aunque no he visto a Lepreo, lo
aborrezco a causa de Melantio 10 .
ABUBILLA.-Hay también en Locrida la ciudad de Opuncio, donde
podréis vivir muy bien.
EVÉLPIDES.-NO quisiera ser Opuncio 11 ni por un talento de oro.
Pero ¿qué tal pasan la vida los pájaros? Tú debes saberlo bien.
ABUBILLA.-La vida no es desagradable; en primer lugar, hay que
prescindir del monedero.
EVÉLPIDES.-Lo que representa reducir considerablemente la corrupción.
ABUBILLA.-Picoteamos en los jardines sésamo blanco, mirto, amapolas y menta.
EVÉLPIDES. ¿De modo que vivís como recién casados? 12
PISTETERO.-¡Oh! ¡Oh! ¡Qué magnífica idea se me ha ocurrido para
la gente alada! Seríais omnipotentes si me obedecierais.
ABUBILLA.-¡Obedecerte! ¿En qué?
PISTETERO.-Lo primero, en no andar revoloteando por todas
partes con el pico abierto: es indecoroso. Entre nosotros, cuando vemos a
uno de esos botarates que no paran un instante, acostumbramos a
preguntar: «¿Quién es ese chorlito?» Y Teleas responde: «Es un
inconstante; tiene siempre la cabeza a pájaros: no se está quieto un
momento.
ABUBILLA.-Tienes razón, por Dionysos. ¿Qué hemos de hacer?
PISTETERO.-Fundad una ciudad.
ABUBILLA.-¿Y qué ciudad podríamos fundar nosotras, las aves?
PISTETERO.-En verdad que es bien necia tu pregunta. Mira a tus
pies.
ABUBILLA.-Ya miro.
PISTETERO.-Mira ahora hacia arriba.

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9 Galera que sólo se empleaba en las necesidades más apremiantes. Destinábase principalmente a traer a Atenas
los ciudadanos fugitivos que habían de ser juzgados.
10 Poeta trágico, que padecía de lepra.
11 Es decir, tuerto; porque Opuncio, contemporáneo de Aristófanes, tenía este defecto.
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ABUBILLA.-Ya miro.
PISTETERO.-Ahora vuelve la cabeza a un lado y a otro.
ABUBILLA. ¿Qué voy a sacar, por Zeus, de retorcerme así el
pescuezo?
PISTETERO.-¿Has visto algo?
ABUBILLA.-Sí; las nubes y el cielo.
PISTETERO.-¿No es ese el polo de las aves?
ABUBILLA.-¿El polo? ¿Qué es eso de polo?
PISTETERO.-Como si dijéramos el país; se llama polo 13 . Porque
gira y atraviesa todo el mundo. Si fundáis en él una ciudad y la rodeáis de
murallas, en vez de polo se llamará población 14 ; entonces reinaréis sobre
los hombres, como ahora sobre los saltamontes y haréis morir a los
dioses de un hambre como la de Melos 15 .
ABUBILLA.-¿Cómo?
PISTETERO.-El aire está entre el cielo y la tierra, y del mismo
modo que cuando nosotros queremos ir a Delfos pedimos permiso a los
beocios para pasar, así vosotros, cuando los hombres hagan sacrificios a
los dioses, si éstos no os pagan tributo, podréis impedir que el humo de
las Víctimas atraviese Vuestra ciudad y Vuestro espacio.
ABUBILLA.-¡Oh! ¡Oh! Por la Tierra, las Nubes, Los Lazos y las
Redes, que jamás he oído una idea más ingeniosa. Estoy dispuesto a
fundar contigo esa ciudad, si los demás pájaros comparten mi opinión.
PISTETERO.-¿Quién podrá exponerles el proyecto?
ABUBILLA.-Tú mismo. Antes eran bárbaros, pero en el largo
tiempo que he estado en su compañía les he enseñado a hablar.
PISTETERO.-¿Cómo les Vas a convocar?

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12 Los recién casados se coronaban de esas plantas y comían tortas de sésamo.
13  Polo, de griego, girar.
14  Las palabras polo y población son muy parecidas en griego.
15  Frase comente en tiempo de Aristófanes, para expresar una necesidad extremada. Su origen fué el hambre horrible que sufrieron los habitantes de Melos durante el asedio de los atenienses, en el año diez y seis de la guerra

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ABUBILLA.-Muy fácilmente. Voy a entrar en esa espesura, despertaré a mi dulce ruiseñor y les llamaremos; en cuanto oigan nuestra Voz acudirán sin detenerse.
PISTETERO.-¡Oh tú, el más querido de los pájaros, no te quedes
ahí plantado! Te lo suplico, intérnate pronto en la espesura y despierta a
Filomena 16 .
ABUBILLA.-(Llamando a Filomena) Despierta, dulce compañera de
mi Vida; entona esos himnos sagrados que, como armoniosos suspiros,
brotan de tu divina garganta cuando con melodiosa y pura Voz deploras la
triste suerte de nuestro llorado Itis. Tu sonoro canto sube, atravesando
los copudos tejos, hasta el trono de Zeus, junto al que Febo, de áurea
cabellera, responde con los acordes de su lira de marfil a tus plañideras
endechas y reúne los coros de los dioses y de sus bocas inmortales brota
un celestial aplauso 17 .

(Se oye una flauta dentro)

PISTETERO.-¡Zeus soberano! ¡Qué garganta la de ese pajarito! Ha llenado de miel toda la espesura.
EVÉLPIDES.-¡Eh! ¡Tú!
PISTETERO.-¿Qué hay?
EVÉLPIDES.-¿No callarás?
PISTETERO.-¿Por qué?
EVÉLPIDES.-Abubilla se prepara a cantar a su Vez.
ABUBILLA.-Esopopoi, popoi, popopopoi... Venid, Venid; Venid,
Venid, alados compañeros. Todos cuantos taláis las fértiles campiñas,
tribus innumerables que recogéis y devoráis los granos de cebada,
catervas infinitas de rápido Vuelo y melodioso canto, acudid, acudid;
Vosotros, los que posados en un terrón os complacéis en gorjear

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16     La dulce compañera de Tereo Abubilla, metamorfoseada también en pájaro
17     Parodia de ciertos pasajes de Sófocles y Eurípides, en que se pondera el canto del ruiseñor.
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débilmente entre los surcos: tio, tio, tio, tio, tio; tio; tio; tio; los que en
los jardines saltáis sobre las hiedras o en las montañas picoteáis el ma-
droño u la silvestre aceituna, acudid a mi voz: trioto, trioto, toto brix.
Vosotros también, los que devoráis punzadores mosquitos en los Valles
pantanosos; los que pobláis los prados húmedos de rocío y el campo
ameno de Maratón; francolines de matizadas alas; aves que revoloteáis
con los alciones sobre las alborotadas olas del mar, Venid a escuchar la
grata nueva: congréguense aquí las aves de largo cuello. Sabed que ha
Venido un anciano ingenioso, autor de una nueva idea, que pretende
realizar audaces proyectos. Venid todos a deliberar aquí. Torotorotorotorotix.
 Kiccabau, kiccabau. Torotorotorotorolililix.


(Pistetero, Evélpides, Abubilla, Coro de Aves)


PISTETERO.-¿Ves algún pájaro?
EVÉLPIDES.-Ninguno, por Apolo, aunque estoy mirando al cielo
con la boca abierta.
PISTETERO.-Me parece que ha sido inútil que Abubilla imitando al
pardal 18 , se haya metido en el bosque como a empollar huevos.
UN AVE.-(De la familia de las zancudas.) Torotix, torotix.
PISTETERO.-¡Ah! muchacho, ya Viere alguna.
EVÉLPIDES.-Ya la ves, sí, por Zeus, pero ¿cuál? ¿Será acaso el
pavo real? 19 .
PISTETERO.-Este nos lo dirá (Por Abubilla.) ¿Qué ave es ésa?
ABUBILLA.-No es de esas aves domésticas que veis todos los días;
es un ave acuática.
PISTETERO.-!Qué hermoso color de púrpura fenicia¡
ABUBILLA.-Es verdad; por eso se llama el fenicóptero 20 .
EVÉLPIDES.-¡Eh! ¡Eh! ¡Tú!

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18 Pájaro que hace su nido en los agujeros de las peñas.
19  En tiempo de Aristófanes los pavos reales eran muy poco conocidos en Atenas y se enseñaban por dinero, como animales raros.
20 Es decir, flamenco.



PISTETERO.-¿Por qué grita?
EVÉLPIDES.-Ahí viene otra.
PISTETERO.-Cierto; y exótica al parecer. ¿Cómo se llama esa ave
montañesa, de aspecto tan solemne como estúpido?
ABUBILLA.-Se llama el pájaro meda.
PISTETERO.-¡El Meda? ¿Y cómo, gran Heracles, siendo de Media
ha podido venir sin camello?
EVÉLPIDES.-Ahí se presenta otra con una buena cresta.
PISTETERO.-¿Qué prodigio es éste? No eres tú la única abubilla,
puesto que hay esa otra.
ABUBILLA.-Esa abubilla es hija de Filocles, hijo de una Abubilla y
yo soy su abuela, como si dijéramos Hipónico de Calas y Calias de
Hipónico 21
PISTETERO.-¿Luego Calias es un pájaro? ¡Oh, y cómo se le caen
las plumas! 22 .
ABUBILLA.-Es generoso; por eso los sicofantes le despluman y las
pájaras le arrancan las alas.
PISTETERO.-¡Oh, Poseidón! Un nuevo pájaro de diversos colores.
¿Cómo se llama ése?
ABUBILLA.-El glotón.
PISTETERO.-¿Hay, pues, otro glotón además de Cleónimo?
EVÉLPIDES.-Pero si es Cleónimo ¿cómo ha podido conservar la
cresta? 23
PISTETERO.-¿Qué significan todas esas crestas? ¿Quizá acuden
estas aves a disputar el premio del doble estadio? 24 .
ABUBILLA.-Son como los carios, que no abandonan las crestas de
las montañas para estar más seguros.


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21 Con frecuencia en Atenas al nieto le daban el nombre de su abuelo. La Abubilla, es, pues, la abuela del ave en
cuestión. Pero el texto griego dice «abuelo« puesto que epops (la abubilla) es masculino en griego. En cuanto a Filocles, éste era un poeta trágico de gran fealdad, autor de una tragedia titulada Terco y que no era sino un plagia de la obra de Sófocles de igual título.
22 Personaje que se había arruinado por mala conducta.
23 Nueva alusión, tan reiterada en Aristófanes, a la cobardía de Cleónimo.
24 Los que corrían en el diaulo o doble estadio llevaban un penacho.
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PISTETERO.-¡Oh, Poseidón! !Mira, mira cuántas aves agoreras se
reúnen!
EVÉLPIDES.-i Soberano Apolo! ¡Qué invasión¡ ¡Oh! ¡Oh! Sus alas
no dejan ver la boca de la escena.
PISTETERO.-Esa es la perdiz; aquél, el francolín; ése, el penélope;
el otro, el alción.
EVÉLPIDES.-¿Y aquel que viene detrás del alción?
PISTETERO.-¿Ese? El rapista.
EVÉLPIDES.-¿Cómo? ¿El barbero es pájaro? Un pájaro rapista
PISTETERO.-¿Pues no lo es Espórgilo, y de los de cuenta? 25 Ahí
viene la lechuza.
EVÉLPIDES.-¿Qué dices? ¿Quién trae una lechuza a Atenas? 26 .
PISTETERO.-Mira, mira, la urraca, la tórtola, la alondra; el eleos,
la hipatimis, la paloma, el nerto; el azor; la torcaz; el cuco, el eritropo, la
ceclepiris, el porfirión, el cernícalo; el somormujo, la ampelis, el
quebrantahuesos, el pico.
EVÉLPIDES.-¡Oh! ¡Oh! ¡Cuántas aves¡ ¡Cuántos mirlos¡ ¡Cómo pían
y corren con estrépito! Pero ¿qué nos amenazan? ¡Ay¡ ¡Cómo abren los
picos y nos miran!
PISTETERO.-Eso me parece.
EL CORIFEO.-Po po po po po ¿por dónde anda el que me llamó?
¿Dónde se encuentra?
ABUBILLA.-Estoy aquí hace tiempo; yo nunca abandono a los
amigos.
EL CORO.-Ti ti ti ti ti ti ¿tienes algo bueno que decirme?
ABUBILLA.-Un asunto de interés común, seguro, justo, agradable,
útil. Dos lógicos sutiles han venido a buscarme.
EL CORO.-¿Dónde? ¿Cómo? ¿Qué dices?
ABUBILLA.-Digo que dos ancianos han venido del país de los
hombres a proponernos una empresa prodigiosa.

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25   Barbero de Atenas, cuyo establecimiento gozaba de mala fama.
26   Frase proverbial, equivalente a «llevar agua al río
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EL CORIFEO.-! Oh, tú que perpetraste el mayor crimen de que he
oído hablar en mi vida! ¿Qué es lo que estás diciendo?
ABUBILLA.-NO te asustes de mis palabras.
EL CORIFEO.-¿Qué has hecho?
ABUBILLA.-Acoger a dos hombres que desean vivir con nosotros.
EL GORIFEO.-¿Y te has atrevido?
ABUBILLA.-Sí; y me encanta haberlo hecho.
EL CORIFEO.-¿Y están ya entre nosotros?
ABUBILLA.-Como yo lo estoy.
EL CORO.-¡Ay, ay, estamos vendidos; somos víctimas de la traición
más negra! Nuestro amigo, el que compartía con nosotros el fruto de los
campos ha hollado nuestras antiguas leyes, ha quebrantado los
juramentos de las aves; nos ha atraído a una trampa, nos ha puesto en
manos de una raza impía con la que estamos en guerra desde que vimos
la luz. Tú, traidor, nos darás luego cuenta de tus actos; pero primero
castiguemos a esos hombres. ¡Ea! ¡A despedazarlos!
PISTETERO.-¡Ahora sí que estamos perdidos!
EVÉLPIDES.-Tú sólo tienes la culpa de lo que nos pasa. ¿Para qué
me trajiste?
PISTETERO.-Para tenerte a mi lado.
EVÉLPIDES.-Mejor dirás que para hacerme llorar todas las lágrimas de los ojos.
PISTETERO.-No delires; ¿cómo has de llorar cuando te hayan
sacado los ojos? 27 .
EL CORO.-¡Io! ¡Io! ¡Sus al enemigo¡ ¡Hiérele mortalmente;
despliega tus alas; envuelve con ellas a esos hombres; que paguen su
culpa y den alimento a nuestros picos. Nada podrá librarles de mi furor;
ni las sombrías montañas, ni las etéreas nubes, ni el piélago espumoso.
EL CORIFEO.-¡Ea, caigamos sobre ellos y desgarrémosles sin
tardanza! ¿Dónde está el taxiarco? Que haga avanzar el ala derecha.

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27 Alusión a los trágicos, que hacían derramar lágrimas a Edipo después de haberse arrancado los ojos.
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EVÉLPIDES.-Llegó el momento supremo. ¿A dónde huir, pobre de
mí?
PISTETERO.-! Eh! Firme en tu puesto.
EVÉLPIDES.-¿Para que me hagan trizas?
PISTETERO.-Pues ¿cómo piensas escaparte?
EVÉLPIDES.-No lo sé.
PISTETERO.-Pues yo te digo: es preciso resistir a pie firme y
batirse con las ollas en la mano.
EVÉLPIDES.-¿De qué nos servirán las ollas?
PISTETERO.-La lechuza no nos atacará 28 .
EVÉLPIDES.-¿Y contra esas de uñas tan ganchudas?
PISTETERO.-Coge el asador y ponlo en ristre.
EVÉLPIDES.-¿Y para proteger los ojos?
PISTETERO.-Defiéndelos con un plato o con la vinagrera.
EVÉLPIDES.-¡Qué ingenio! !Qué habilidad, digna de un general
consumado! Sabes más estrategia que Nicias 29 .
EL CORIFEO.-¡Eleleleu! Adelante 30 y con el pico bajo; no vaciléis.
Picad, desgarrad, herid, arrancad; romped primero la olla.
ABUBILLA.-Deteneos y decidme: ¿por qué, crueles, queréis matar
y despedazar a dos hombres que ningún mal os han hecho, y que son,
además, de la misma tribu y familia que mi esposa?
EL CORIFEO.-Pues qué, ¿se perdona a los lobos? ¿No son nuestros
más feroces enemigos? Nunca encontraremos otros más dignos de
castigo.
ABUBILLA.-Si la naturaleza los hizo enemigos, su intención les
hace amigos, y vienen aquí a darnos un consejo útil.
EL CORIFEO.-¿Qué consejo útil pueden damos ni decirnos los
enemigos de nuestros abuelos?
ABUBILLA.-Los sabios aprenden muchas cosas de sus enemigos.
La desconfianza es la madre de la seguridad. Con un amigo jamás


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28   Porque los reconocerá como atenienses.
29   Las estratagemas empleadas recientemente por Nicias en el sitio de Melos le habían dado celebridad.

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aprenderíamos a ser cautos, al paso que un enemigo nos obliga a serlo;
las ciudades, en un principio, aprendieron de sus enemigos, y no de sus
amigos, a rodearse de altas murallas y a construir grandes naves, y con
esta lección, a defender hijos, casas y haciendas.
EL CORIFEO.-Sea; me parece que podrá ser útil el oírles antes;
puede recibirse alguna buena lección de un enemigo.
PISTETERO.-Su cólera parece calmarse. Retrocede un paso.
ABUBILLA.-Es muy justo; debéis de estarme agradecidos.
PISTETERO.-Cada vez se manifiestan más pacíficos; por consiguiente, deja en el suelo la olla y los platos; ahora, con la lanza terciada, digo, con el asador, paseémonos dentro del campamento, junto
a la olla, y sin perderla de vista. No debemos huir.
EVÉLPIDES.-Tienes razón. Y si morimos, Len qué punto del globo
nos enterrarán?
EVELPIDES.-En el Cerámico. Para que nos entierren por cuenta del
Estado, diremos que hemos muerto peleando con los enemigos junto a
Orneas 31 .
EL CORIFEO.-¿Quiénes son esos hombres, y de dónde vienen?
ABUBILLA.-Son dos extranjeros de la sabia Hélade.
EL CORIFEO.-¿Qué buen viento les trae a la morada de las aves?
ABUBILLA.-La afición a vuestra vida y costumbres y el deseo de
compartirlas y vivir con nosotros.
EL CORIFEO.-!Será verdad! ¿Y cuáles son sus proyectos?
ABUBILLA.-Increíbles, inauditos.
EL CORIFEO.-¿Hallan alguna ventaja en habitar aquí, o esperan
que viviendo con nosotros podrán vencer a su enemigo y favorecer a sus
amigos?
ABUBILLA.-Nos anuncian una felicidad inmensa, indecible e increíble, y demuestran con irrefutables argumentos que cuanto hay aquí y allí, y en todas partes, todo nos pertenece.


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30 ¡Eleleleul, grito de guerra.

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EL CORIFEO.-¿Estarán locos?
ABUBILLA.-Su discreción no es para dicha.
EL CORIFEO.-¿Tienen talento?
ABUBILLA.-Son dos zorros redomados la astucia personificada,
gente muy corrida e ingeniosa.
EL CORIFEO.-Diles, diles que vengan a hablarnos. Sin más que oír
tus palabras, ya vuelo de gozo.
ABUBILLA.-(Dirigiéndose a los criados.) Recoged vosotros esas
armas y colgadlas de nuevo en la cocina, junto al hogar, bajo la
protección de los dioses domésticos. (A Pistetero.) Expón y demuestra a
la Asamblea el objeto para el que ha sido convocada.
PISTETERO.-No, por Apolo; nada diré mientras no prometan, como
aquel mono armero a su mujer, no morderme, ni desgarrarme, ni
taladrarme el...
EL CORIFEO.-Nada temas.
PISTETERO.-Ni los ojos.
EL CORIFEO.-Lo prometo.
PISTETERO-Júralo.
EL CORIFEO.-Lo juro, a condición de que estén de mi parte todos
los jueces y espectadores.
PISTETERO.-Convenido.
EL CORIFEO.-Y si no lo cumplo, que gane por un solo voto.
PISTETERO.-¿Pueblos, escuchad! Que los hoplitas recojan sus
armas y vuelvan a sus hogares e infórmense de las órdenes que se fijen
en los tablones 32 .
EL CORO.-El hombre es un ser siempre y en todo falso; habla tú,
sin embargo. Quizá me reveles algún proyecto que te parezca útil, o un
medio de aumentar mi poder que a mí se me haya pasado por alto y que
tú hayas visto. Habla; en inteligencia de que lo haces para el bien
general, porque los bienes que me procures los dividiré contigo.

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31 Ciudad del Peloponeso, entre Corinto y Sicione, cuyo nombre significa pájaro. Poco antes de la
representación de Las Aves, los atenienses habían sido derrotados en sus inmediaciones.
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EL CORIFEO.-Manifiesta confiadamente los proyectos que te han
traído aquí, pues bajo ningún pretexto romperé la tregua que contigo he
pactado.
PISTETERO.-No deseo otra cosa; la masa de mi discurso está ya
dispuesta, y sólo me falta amasarla. Esclavo, tráeme una corona y agua
para las manos; pero pronto.
EVÉLPIDES.-¿Pero es que vamos a cenar? 33 .
PISTETERO.-No, por Zeus; estoy buscando algunas palabras
magníficas y sustanciosas para ablandar sus ánimos.
(Dirigiéndose al Coro.) Sufro tanto por vosotros, que en otro tiempo
fuisteis reyes...
EL CORIFEO.-¿Nosotros reyes? ¿De quién?
PISTETERO.-Reyes de todo cuanto existe: de mí, en primer lugar;
de éste; del mismo Zeus, porque sois anteriores a Cronos, a los Titanes y
a la Tierra.
CORO.-¿A la Tierra?
PISTETERO.-Sí, por Apolo.
ABUBILLA.-He ahí, por Zeus, algo que yo ignoraba.
PISTETERO.-Es que sois ignorantes y descuidados y no habéis
manoseado a Esopo. Esopo dice que la alondra nació antes que todos los
seres y que la misma Tierra; su padre murió de enfermedad, cuando la
Tierra aún no existía; permaneció cinco días insepulto, hasta que la
alondra, ingeniosa por la fuerza de la necesidad, enterró a su padre en su
cabeza.
EVÉLPIDES.-Por eso el padre de la alondra yace ahora en Céfale 34 .
PISTETERO.-De modo que si las aves son anteriores a la Tierra y a
los dioses, a ellas les pertenecerá el mando por derecho de antigüedad.
EVÉLPIDES.-Sí, por Apolo; procura, por tanto, fortificar tu pico,
pues Zeus no devolverá así como así su cetro al pito real.


32 Fórmula empleada para la promulgación de las leyes.
33 Los preparativos para pronunciar un discurso y ponerse a la mesa eran muy parecidos.
34 Nombre de un demo del Atica, que significa cabeza.



PISTETERO.-Hay infinitas pruebas de que las aves, y no los dioses,
reinaron sobre los hombres en la más remota antigüedad. Empezaré por
citaros al gallo, que reinó sobre todos los persas antes que todos sus
monarcas, antes que Darío y Megabises; y en memoria de su reinado se
le llama todavía el ave pérsica.
EVÉLPIDES.-¡Ah, comprendo! Por eso es la única de las aves que
anda majestuosamente, como el Gran Rey, con la tiara recta sobre la
cabeza.
PISTETERO.-Fue tan grande su poder y tan respetada su
autoridad, que hoy mismo, como un vestigio de su dignidad antigua, en
cuanto canta al amanecer, corren al trabajo y se calzan en la oscuridad
todos los herreros, alfareros, curtidores, zapateros, bañeros, panaderos y
fabricantes de liras y de escudos.
EVÉLPIDES.-Pregúntamelo a mí; precisamente un gallo tuvo la
culpa de que perdiese un fino manto de lana frigia. Estaba yo en la ciudad
convidado a un banquete que se daba para celebrar el acto de poner
nombre a un niño, bebí algo y empecé a dormitar; en esto, y antes de
que los demás convidados se sentasen a la mesa, se le ocurre cantar a un
gallo; creyendo que era de día, marcho en dirección a Alimunte 35 ; apenas
salgo extramuros, un ladrón me asesta en la espalda un terrible
garrotazo; caigo al suelo; voy a pedir socorro; pero era tarde; ya había
desaparecido con mi manto.
PISTETERO.-El milano fue antiguamente jefe y rey de los helenos.
EL CORIFEO.-¿De los helenos?
PISTETERO.-Durante su reinado él fue quién les enseñó a
arrodillarse a la vista de los milanos.
EVÉLPIDES.-Sí, por Dionysos; un día que me prosterné en
presencia de uno de ellos, me eché al suelo con la boca abierta y me
tragué un óbolo 36 , por lo cual volví a casa con mi saco vacío 37 .

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35 Demo del Atica.
36 De los que llevaban en la boca, según costumbre muy generalizada.
37 Sin duda, el saco que llevaba para comprar la harina con el óbolo pagado.
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PISTETERO.-El cuco fue rey de Egipto y de toda la Fenicia; así es
que cuando cantaba ¡cu-cu! todos los fenicios iban al campa a segar el
trigo y la cebada.
EVÉLPIDES.-De ahí, sin duda, viene el proverbio: ¡Cu cu!, los
circuncidados, al campo 38 .
PISTETERO.- Tan grande fué el poder de la gente alada, que los
reyes de las ciudades griegas, Agamenón y Menelao, llevaban en el
extremo de su cetro una ave que participaba de sus presentes.
EVÉLPIDES.-No sabía yo eso; así es que me admiraba cuando
Príamo se presentaba en las tragedias con un pájaro que observaba
fijamente a Lisícrates 39 y los regalos con que se deja sobornar.
PISTETERO.-Pero oíd la prueba más contundente: Zeus, que ahora
reina, lleva sobre su cabeza un águila, atributo de su soberanía; su hija
lleva una lechuza, y Apolo, su ministro un azor.
EVÉLPIDES.-¡Es verdad, por la venerable Deméter! Mas ¿para qué
llevan esas aves?
PISTETERO.-Para que en los sacrificios, cuando según el rito, se
ofrecen las entrañas a los dioses, las aves reciban su parte antes que
Zeus. Entonces ningún hombre juraba por los dioses, sino todos por las
aves.
EVELPIDES.-Lampón  aún jura por el ganso, cuando quiere
engañar 40 .
PISTETERO.-¡En tanta estima y veneración tenían entonces a los
que ahora sois considerados como imbéciles y esclavos viles! Hoy os
apedrean como a los dementes; hoy os arrojan de los templos; hoy
infinitos cazadores os tienden lazos y preparan contra vosotros varetas,
cepos, hilos, redes y pihuelas; hoy os venden a granel después de
cogidos, y ¡oh, colmo de ignominia¡, los compradores Os tantean para ver
si estáis gordos. ¡Y si se contentasen al menos con asaros! Pero hacen un
menudo picadillo de silfio y queso, aceite y vinagre; le agregan otros


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38 Los egipcios y fenicios practicaban la circuncisión.
39  General ateniense, ambicioso y venal.
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condimentos dulces y crasos y derraman sobre vosotros esta salsa
hirviente, como si fue seis carnes corrompidas.

EL CORO.-Acabas de hacernos, hombre querido, un triste,
tristísimo relato. ¡Cuánto deploro la incuria de mis padres que, lejos de
transmitirme los honores heredados de sus abuelos, consintieron que
fuesen abolidos¡ Pero, sin duda, algún numen propicio te envía para que
me salves; a ti me entrego, pues, confiadamente con mis pobres
polluelos. Dinos lo que hay que hacer; porque seríamos indignos de vivir,
si no reconquistásemos por cualquier medio nuestra soberanía.
PISTETERO.-Opino primeramente que todas las aves se reúnan en
una sola ciudad, y que las llanuras del aire y de este inmenso espacio se
circunden de un muro de grandes ladrillos cocidos, como los de Babilonia.
ABUBILLA.-¡Oh!, Cebrión; ¡oh!, Porfirión 41 , ¡qué terrible plaza
fuerte!
PISTETERO.-Cuando hayáis construido esa muralla, reclamaréis el
mando a Zeus; y si se obstina en no acceder declaradle una guerra
sagrada y prohibid a los dioses que atraviesen como antes vuestros
dominios y que desciendan a la tierra, enardecidos por su adúltero amor a
las Alcmenas, Alopes y Semeles; y si se presentan, hay que ponerles un
anillo alrededor del glande para que no puedan unirse a ellas. Enviad en
seguida otro alado embajador a los hombres para que les haga entender
que, siendo las aves dueñas del mundo, a ellas deben ofrecer primero sus
sacrificios y después a los dioses, y que deberán agregar a cada divinidad
el ave que le convenga; si, por ejemplo, sacrifican a Afrodita, ofrecerán al
mismo tiempo cebada a la picaza marítima; si matan una oveja en honor
de Poseidón, presentarán granos de trigo al ánade; si un buey a Heracles,
tortas con miel a la gaviota; si inmolan un carnero en las aras de Zeus-
Rey, rey es también el reyezuelo y, por consiguiente, habrá de
consagrársele, antes que al mismo Zeus, un mosquito macho.

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40 Lampón era un adivino. En griego sólo hay una letra de diferencia entre el nombre de Zeus y la voz de ganso.
41  Nombres de pájaros y de gigantes.
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EVELPIDES.-Me agrada ese sacrificio de un mosquito. ¡Que truene
ahora el gran Zeus!
ABUBILLA.-Pero ¿cómo nos tendrán los hombres por dioses, y no
por grajos, al ver que volamos y tenemos alas?
PISTETERO.-No sabes lo que dices; Hermes, que es todo un dios,
tiene alas y vuela, y lo mismo otras muchas divinidades: la Victoria vuela
con alas de oro, el Amor tiene las suyas, y Homero compara a Iris cOn
una tímida paloma.
ABUBILLA.-¿No tronará Zeus? ¿No lanzará contra nosotros su
alígero rayo?
PISTETERO.-Si los hombres, en su ceguedad, se obstinan en
despreciaros y en tener por dioses sólo a los del Olimpo, lanzad sobre la
tierra una nube de gorriones que arrebaten de los surcos las semillas;
veremos si Deméter baja a distribuir trigo a los hambrientos.
EVÉLPIDES.-No lo hará, de seguro; veréis cómo alega mil
pretextos.
PISTETERO.-Además, que los cuervos, para probar que sois
dioses, saquen los ojos a los bueyes de labranza y a Otros ganados, y que
enseguida los cure Apolo, que es médico; para eso le pagan.
EVÉLPIDES.-¡Eh, no! Aguarda a que haya vendido mi parejita.
PISTETERO-Por el contrario, si los hombres os tienen a tí por un
dios, a ti por la vida, a tí por Cronos, a ti por Poseidón, lloverán sobre
ellos todos los bienes.
ABUBILLA.-Dime siquiera uno de ellos.
PISTETERO.-En primer lugar, los saltamontes no devorarán las
flores de sus viñas, porque un solo escuadrón de lechuzas y cernícalos
dará buena cuenta de ellas. Después sus higos estarán libres de
mosquitos y cínifes que serán devorados por un escuadrón de tordos.
ABUBILLA.-¿Pero cómo les daremos las riquezas, que es lo que
más quieren?
PISTETERO.-Cuando consulten a las aves, indicaréis al adivino las
minas más ricas y los tráficos más lucrativos; ni un marino perecerá.
ABUBILLA.-¿Por qué no perecerá?
PISTETERO.-Porque cuando consulte los auspicios sobre la
navegación no faltará nunca un ave que le diga: «No te embarques, habrá
tempestad»; o «embárcate, tendrás ganancias.»
EVÉLPIDES.-Compro un navío y me lanzo al mar; no quiero ya
vivir con vosotros.
PISTETERO.-Revelaréis también a los hombres el lugar donde se
ocultan los tesoros enterrados por sus padres; porque todos lo sabéis. De
aquí el proverbio: «Nadie sabe dónde está mi tesoro, como no sea algún
pájaro.»
EVÉLPIDES.-(Aparte.) Vendo mi barco; compro un azadón, y la
desenterrar ollas de oro¡
ABUBILLA.-¿Y cómo darles la salud de que gozan los dioses?
PISTETERO.-¿Qué mejor salud que la felicidad? Créeme, un
hombre desgraciado nunca está bueno.
ABUBILLA.-Pero ¿cómo llegarán a la vejez? Porque como ésta
habita en el Olimpo, habrán de morir en la infancia.
PISTETERO.-Todo lo contrario; las aves prolongaréis su vida
trescientos años.
ABUBILLA.-¿De quién los tomaremos?
PISTETERO.-¿De quién? De vosotros mismos. ¿Ignoras que la
graznadora corneja vive cinco vidas de hombre?
EVÉLPIDES.-¡Ah, cuánto más grato será su imperio que el de
Zeus!
PISTETERO.-¿Quién lo duda? En primer lugar, no tendremos que
consagrarles templos de piedra cerrados con puertas de oro, porque
habitarán entre el follaje de las encinas; un olivo será el templo de las
aves más veneradas; además, para ofrecerles sacrificios no habrá que
hacer ningún viaje a Delfos o Amnon 42 , sino que parándonos delante de
los madroños y acebuches, les presentaremos un puñado de trigo o de
cebada, suplicándoles, con las manos extendidas, que nos concedan parte
de sus bienes, y los conseguiremos sin más dispendios que un poquillo de
grano.
EL CORIFEO.-¡Oh, anciano, que después de haberme sido tan
odioso me eres ahora tan querido, nunca por mi voluntad me apartaré de
tus consejos!
EL CORO.-Animado por tus palabras, he prometido y jurado que si
tú, fiel a tus promesas, te unes a mí, sin dolo alguno para atacar a los
dioses, éstos no conservarán mucho tiempo el cetro que me pertenece.
Todo lo que dependa de la fuerza queda a nuestro cargo, y al tuyo lo que
exija habilidad y consejo.
ABUBILLA.-¡Por Zeus! Que no es tiempo de dormirse v dar largas
a la manera de Nicias, sino de obrar con energía y rapidez. Entrad en mi
nido de pajas y ramaje y decidnos vuestros nombres.
PISTETERO.-Es fácil; me llamo Pistetero.
ABUBILLA.-¿Y ése?
PISTETERO.-Evélpides, de la aldea de Crisa.
ABUBILLA.-Sed ambos bienvenidos.
PISTETERO.-Aceptamos el augurio.
ABUBILLA.-Entrad, pues.
PISTETERO.-Vamos, dirígenos tú.
ABUBILLA.-Venid.
PISTETERO.-¡Ah, cielos! Ven, vuelve acá. ¿Cómo éste y yo, que no
tenemos alas, os hemos de seguir cuando voléis?
ABUBILLA.-Muy fácilmente.
PISTETERO.-Piénsalo bien; mira que Esopo dice en sus fábulas que
a la zorra le causó grave perjuicio su alianza con el águila.
ABUBILLA.-Nada temas; hay una raíz que os dará alas en cuanto
la comáis.
PISTETERO.-Entremos cOn esa condición. Ea, Xantias, y tú,
Manodoro 43 , coged nuestro equipaje.

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42 Templo y oráculo de Zeus en Libia.
43 Nombres de esclavos.
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EL CORIFEO.-¡Hola¡ ¡Eh, Abubilla! A tí te llamo.
ABUBILLA.-¡Qué me quieres?
EL CORIFEO.-Llévate a ésos y dales bien de comer, pero déjanos
aquí al melodioso ruiseñor, de canto tan suave como el de las musas; que
venga para que juguemos con ella 44 .
PISTETERO.-Sí, por Zeus cede a sus deseos; hazla salir de entre
las floridas gañas. Por los dioses te pido que la llames para que
contemplemos también nosotros al ruiseñor.
ABUBILLA.-Puesto que lo deseáis, fuerza es obedeceros: sal,
Procne, y muéstrate a nuestros huéspedes.
(Sale Procne)
PISTETERO-¡Oh, venerado Zeus! ¡Qué linda avecilla¡ ¡Qué tierna!
Qué brillante!
EVÉLPIDES.-¡Con qué placer la abriría yo de piernas¡
PISTETERO.-¡Cuánto oro! Parece una virgen.
EVÉLPIDES.-Tentado estoy de darle un beso.
PISTETERO.-Pero, desdichado, ¿no ves que tiene por pico dos
asadores?
EVÉLPIDES.-¿Qué importa? ¿Hay más que quitarle la cascarilla que
le cubre la cabeza, como si fuese un huevo, y besarla después?
ABUBILLA.-Vamos.
PISTETERO.-Guíanos en hora buena. Sé nuestra guía y la buena
suerte de los dos.

EL CORO.-Amable avecilla,
el más querido de  mis alados compañeros, mi señor, que presides nuestros cantos; al fin viniste a mi
presencia; viniste para dejar oír tu suavísimo gorjeo. Tú, que en la flauta
armoniosa tañes primaverales melodías, preludia nuestros anapestos.
EL CORIFEO.-Ciegos humanos, semejantes a la hoja ligera,
impotentes criaturas hechas de barro deleznable, míseros mortales que,
privados de alas, pasáis vuestra vida fugaz como vanas sombras o
ensueños mentirosos, escuchad a las aves, seres inmortales y eternos,
aéreos, exentos de la vejez y ocupados siempre en pensamientos
perdurables; nosotros os daremos a conocer los fenómenos celestes, la
naturaleza de las aves y el verdadero origen de los dioses, de los ríos, del
Erebo y del Caos; con tal enseñanza podréis causar envidia al mismo
Pródigo 45 . En el principio sólo existían el Caos y la Noche, el negro Erebo y
el profundo Tártaro; la tierra, el Aire y el Cielo no habían nacido todavía;
al fin, la Noche de negras alas puso en el seno infinito del Erebo un huevo
sin germen, del cual, tras el proceso de largos siglos, nació el apetecido
Amor con alas de oro resplandeciente, y rápido como el torbellino. El
Amor, uniéndose en los abismos del Tártaro al Caos alado y tenebroso,
engendró nuestra raza, la primera que nació a la luz. La de los inmortales
no existía antes de que el Amor mezclase los gérmenes de todas las
cosas; pero, al confundirlos, brotaron de tan sublime unión el Cielo, la
Tierra, el Océano y la raza eterna de las deidades bienaventuradas. He
aquí cómo nosotros somos muchísimo más antiguos que los dioses. No-
sotros somos hijos del Amor; mil pruebas lo confirman; volamos como él
y favorecemos a los amantes. ¡Cuántos lindos muchachos habiendo
jurado ser insensibles, se rindieron a sus amantes al declinar su edad
florida, vencidos por el regalo de una codorniz, de un porfirión, de un
ánade o de un gallo¡ Nos deben los mortales sus mayores bienes. En
primer lugar, anunciamos las estaciones; la primavera, el invierno y' el
otoño; la grulla, al emigrar a Libia, advierte al labrador que siembre; al
piloto, que cuelgue el timón y se entregue al descanso; a Orestes, que se
mande tejer un manto para que el frío no le incite a robárselo a los tran-
seúntes. El milano anuncia, al aparecer, otra estación y el momento
Oportuno de trasquilar los primaverales vellones; y la golondrina dice que
ya es preciso abandonar el manto y vestirse una túnica ligera. Las aves
reemplazamos para vosotros a Anmon, a Delfos, a Dodona y a Apolo.



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44  ya hemos dicho que el ruiseñor en cuestión era Procne, la propia amada de Abubilla.
45  Filósofo de gran notoriedad.
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Para todo negocio comercial, o compra de víveres, o matrimonios nos
consultáis previamente y dáis el nombre de auspicios a todo cuanto sirve
para revelaros el porvenir; una palabra es un auspicio; un estornudo es
un auspicio; un encuentro es un auspicio. Una voz es un auspicio, el
nombre de un esclavo es un auspicio; un asno es un auspicio. ¿No está
claro que somos para vosotros el fatídico Apolo? Si nos reconocéis por
dioses, hallaréis en nosotros las Musas proféticas, los vientos suaves, las
estaciones, el invierno el estío, un calor moderado; no iremos, como
Zeus, a posarnos orgullosos sobre las nubes, sino que, viviendo a nuestro
lado, os dispensaremos a vosotros y a vuestros hijos, y a los hijos de
vuestros hijos, riquezas y salud, felicidad, larga vida; juventud; risas;
danzas; banquetes; delicias increíbles, en fin, tal abundancia de bienes
que llegaréis a saciaros. ¡Tan ricos seréis todos!
Musa silvestre de variados tonos, tio, tio, tio, tio; tio; tio; tio, tix, yo
canto contigo en las selvas y en la cumbre de los montes: tio, tio, tio, tio,
tix; posado entre el follaje de un copudo fresno; tio, tio, tio, tio, tix;
exhalo de mi delicada garganta himnos sagrados; tio, tio, tio, tix; que se
unen en las montañas a los augustos coros en honor de Pan y la madre
de los dioses; to, to, to, to, to; to; to; to; to; tix. En ellos, a modo de
abeja, liba Frínico el néctar de sus inmortales versos y de sus dulcísimas
canciones, tio, tio, tio, tio, tix.
EL CORIFEO.-(A los espectadores.) Si alguno de vosotros quiere
pasar dulcemente su existencia viviendo con las aves, que acuda a
nosotros. Todo lo que en la tierra es torpe y se halla prohibido por las
leyes, goza entre la gente alígera de un pequeño honor. Entre los
hombres, por ejemplo, es un crimen odioso el pegar a su padre; entre las
aves, nada más bello que acometerle gritando: si riñes, coge tu espolón.
El siervo prófugo, marcado con infamante estigma, pasa aquí por pintado
francolín; un bárbaro, un frigio, tal como Espíntaro, será entre nosotros el
frigilo, de la familia de Filemón; un esclavo de Caria, Execéstides, por
ejemplo, podrá proveerse entre las aves de abuelos y parientes. ¿Qué
más? ¿Quiere el hijo de Pisias abrir las puertas a los infames? Pues
28transfórmese en perdiz, digno hijo de su padre, que por acá no es
deshonroso escaparse como la perdiz.
EL CORO.-Así, los cisnes, tío, tio, tio; tio; tio; tio; tio, tix, uniendo
sus voces y batiendo las alas, cantan a Apolo, tio, tio, tio, tix;
deteniéndose en las orillas del Hebro, tio: tio; tio, tix, sus acentos
atraviesan las etéreas nubes, escúchanlos las fieras arrobadas y el mar
serenando sus olas, to, to, to, to, to, to, to; tio; tio; tix; todo el Olimpo
resuena; los dioses inmortales las Musas y las Gracias repiten gozosos
aquella melodía: tio, tio, tio, tix.
EL CORIFEO.-Nada mejor, nada hay más agradable que tener alas.
Si uno de vosotros las tuviese, podría, cuando asistiendo impaciente y
malhumorado a una interminable tragedia, se sintiese desfallecer de
hambre, volar a su casa, comer y regresar satisfecho su apetito. Si
Patróclides se viera acosado en el teatro por una apremiante necesidad,
no tendría que ensuciar su manto, pues volaría a otra parte, y después de
desahogarse, tornaría a su asiento recobradas las fuerzas. Aún más; si
alguno de vosotros, no importa quién, abrasado por adúltera llama,
distinguía al marido de su amante en las gradas de los Senadores, podría,
extendiendo sus alas, trasladarse a la amorosa cita, y satisfecha su
pasión, volver a su puesto. ¿Comprendéis ahora las inmensas ventajas de
ser alado? Por eso Diitrefes 46 , aunque sólo tiene alas de mimbre, ha sido
nombrado filarco primero; después hiparco; y de hombre de nada, se ha
convertido en gran personaje, y hoy es ya el gallito de su tribu.
PISTETERO.-(Que vuelve provisto de alas, lo mismo Evélpides.) Ya está.
EVÉLPIDES.-Por Zeus, nunca vi nada tan cómico.
PISTETERO.-¿De qué te ríes?
EVÉLPIDES.-De tus alas. ¿Sabes lo que pareces con ellas?
PISTETERO.-Tú sí; a un ganso pintado de brocha gorda.
EVÉLPIDES.-Y tú un mirlo tonsurado.

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46 Cestero, que se enriqueció fabricando botellas de mimbre.
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PISTETERO.-Nosotros lo hemos querido; y como dice Esquilo: «No
son plumas de otro, sino nuestras.»
EL CORIFEO.-Pero veamos, ¿qué hemos de hacer?
PISTETERO.-Lo primero, darle a nuestra ciudad un nombre ilustre
y pomposo; después, ofrecer un sacrificio a los dioses.
EVÉLPIDES.-Lo mismo digo yo.
EL CORIFEO.-¿Qué nombre le pondremos a nuestra ciudad?
PISTETERO.-¿Queréis que le demos uno magnífico, tomado de
Lacedemonia? ¿Queréis que la llamemos Esparta?
EVÉLPIDES.-¡Por Heracles! ¿Esparta mi ciudad? Cuando ni siquiera
consiento que sea de esparto mi lecho, aunque sólo tenga una estera de
junco.
PISTETERO.-¿Pues qué nombre le daremos?
EVELPIDES.-Uno magnífico, tomado de las nubes y de estas
elevadas esferas.
PISTETERO.-¿Te gusta el de Nefelococigia? 47 .
ABUBILLA.-¡Oh! ¡Oh! Ese sí que es bello y grandioso.
EVÉLPIDES.-¿No es en Nefelococigia donde están todas las
grandes riquezas de Teógenes y Esquines? 48 .
PISTETERO.-No; donde están es en el llano de Flegra, 49 en el que
los dioses aniquilaron la arrogancia de los gigantes.
EVÉLPIDES.-Será una ciudad hermosísima. Pero ¿cuál será su
divinidad protectora? ¿Para quién tejeremos el peplo?
PISTETERO.-¿Por qué no escogemos a Atenea Polias?
EVÉLPIDES.-¿Cómo podrá reinar buen orden en una ciudad donde
una diosa lleve una panoplia y Clistenes... una rueca?
EL CORIFEO.-¿Quién guardará el muro pelárgico de la ciudad? 50
PISTETERO.-Un ave.
EL CORIFEO.-¿Uno de nosotros? ¿De qué raza?


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47  Significa ciudad de las nubes y los cucos.
48  Ciudadanos que se jactaban de tener riquezas, siendo pobrísimos.
49  Otro lugar imaginario.
50  Pelárgico y no pelásgfco. Literalmente muro de las cigüeñas. Rodeaba a la antigua ciudadela de Atenas.
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PISTETERO.-De la raza pérsica, que es el más valiente de todos;
un ave de Ares 51 .
EVÉLPIDES.-¡Oh gallo y señor! ¡Es un dios a propósito para vivir
entre las rocas!
PISTETERO.-Ea, vete al aire, a ayudar a los albañiles que
construyen la muralla: llévales morrillos; desnúdate y haz mortero; sube
la gamella; cáete de la escala; pon centinelas; guarda el fuego bajo la
ceniza; ronda con tu campanilla, y duérmete; envía luego dos heraldos:
uno, arriba, a los dioses; otro, abajo, a los hombres, y después vuelve a
mi lado.
EVÉLPIDES.-Tú quédate aquí, y revienta.
PISTETERO.- Anda, amigo mío, adonde te envío; nada de cuanto
te he dicho puede hacerse sin tí. Yo voy a ofrecer un sacrificio a los
nuevos dioses, y a llamar al sacerdote para que presida la procesión. ¡Eh,
tú, esclavo!, trae el canastillo y el agua lustral.
EL CORO.-Yo uno a las tuyas mis fuerzas y mi voluntad, y te
exhorto a dirigir a los dioses súplicas espléndidas y solemnes, y a inmolar
una víctima en acción de gracias. Entonemos en honor del dios canciones
píticas acompañadas por la flauta de Queris.
PISTETERO.-(Primero al flautista y luego al sacerdote.) Tú, deja de
soplar. ¡Heracles! ¿Qué veo? Por Zeus, muchos prodigios he visto, pero
nunca a un cuervo con bozal 52 . Sacerdote cumple tu deber y sacrifica a los
nuevos dioses.
EL SACERDOTE.-Lo haré. ¿Dónde está el que lleva el canastillo?
Rogad a la Hera de las aves, al milano protector del hogar y a todos los
pájaros, olímpicos y olímpicas, dioses y diosas...
PISTETERO.-¡Salve, gavilán protector de Sunio, rey pelásgico!
EL SACERDOTE.-Al cisne Pítico y Delio; a Leto, madre de las
codornices; a Artemis, Jilguero...
PISTETERO.-En adelante no habrá Artemis Colenis, sino Artemis-
Jilguero.

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51 El gallo.
52 Los flautistas se colocaban una correa delante de la boca.
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EL SACERDOTE.- ...Y al frigilo Sabacio 53 , a Cibeles avestruz,
augusta madre de los dioses y los hombres...
PISTETERO.-¡Oh poderosa Cibeles avestruz, madre de Cleócrito 54 .
EL SACERDOTE.-Que den salud y felicidad a los nefelococigios y a
sus aliados de Quíos 55 .
PISTETERO.-Me gusta ver en todas partes a los de Quíos.
EL SACERDOTE.-A los héroes, a las aves, a los hijos de los héroes,
al porfirión, al pelícano, al pelecino, al fléxide; al tetraón, al pavo real, al
elea, a la cerceta, al elasa; a la garza, al mergo, al becafigo, al pavo...
PISETERO.-Acaba, hombre infernal; acaba tus invocaciones.
Desdichado, ¿a qué víctimas llamas a los buitres y a las águilas de mar?
¿No ves que un milano basta para devorar estas viandas? ¡Lárgate de
aquí con tus ínfulas! Ofreceré yo solo el sacrificio.
EL SACERDOTE.-Es preciso que para la aspersión entone un nuevo
himno sacro y piadoso, e invoque a los dioses, a uno siquiera, si es que
tenéis bastantes provisiones, pues vuestras decantadas víctimas veo que
se reducen a barbas y cuernos.
PISTETERO.-Oremos al sacrificar a los dioses alados.
UN POETA.-(Que sale recitando.) Celebra, oh Musa, con tus
himnos y canciones a la feliz Nefelococigia.
PISTETERO.-¿De dónde sale éste? Di, ¿quién eres tú?
EL POETA.-Soy un aedo melifluo, un trabajoso servidor de las
Musas, como dice Homero.
PISTETERO.-Si eres esclavo, ¿cómo llevas largo el cabello? 56 .
EL
POETA.-No es eso; todos los poetas somos trabajosos
servidores de las Musas, al decir de Homero.
PISTETERO.-Ya no me asombro: tu manto demuestra muchos
años de servicio. Pero, desdichado poeta, ¿qué mal viento te ha traído
aquí?

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53   Dionysos.
54   Alude a la traza de avestruz de Cleócrito.
55   Quíos era una de las aliadas más fieles de Atenas.
56   Los esclavos llevaban la cabeza rapada. .

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EL POETA.- -He compuesto en honor de vuestra Nefelococigia varios
cantos, hermosos ditirambos y partenias 57 , y algunas odas al estilo de
Simónides.
PISTETERO.-¿Cómo has compuesto esas cosas? ¿Y desde cuándo?
EL POETA.-Hace mucho, mucho tiempo que canto las alabanzas de
esta ciudad.
PISTETERO.-¡Pero si en este instante celebro la fiesta de su
fundación, y acabo de ponerla un nombre como a los niños de diez días! 58 .
EL POETA.-¡Qué importa! La voz de las Musas vuela como los más
rápidos corceles. ¡Oh tú, padre mío, fundador del Etna; tú, cuyo nombre
recuerda los divinos templos, otórgame propicio los bienes que para tí
desearías!
PISTETERO.-No nos vamos a quitar de encima esta calamidad, si
no le damos alguna cosa. Tú (dirigiéndose a uno de los presentes,) que
tienes ese abrigo sobre la túnica, quítatelo y dáselo a este discretísimo
poeta. (Al poeta.) Toma este abrigo, pues me parece que estás tiritando.
EL POETA.-Mi Musa acepta regocijada este presente. Pero escucha
estos versos pindáricos...
PISTETERO.-¿Cuándo acabará por marcharse este importuno?
EL POETA.-
Sin vestido de lino
Vaga Estratón en el confín helado
Del errabundo escita:
Burdo manto le han dado,
Pero aún túnica fina necesita.
¿Comprendes lo que quiero decir?
PISTETERO.-¡Vaya si comprendo! Quieres que te regale una túnica
(A un criado.) Quítatela: es preciso obsequiar a los poetas (Al poeta.)
Tómala y vete.

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57  Versos cantados por coros de doncellas
58  A los diez días de su nacimiento se ponía nombre a los niños, celebrándose este suceso con un banquete.
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EL POETA.-Me voy; pero al marcharme, compongo estos
versos en honor de vuestra ciudad:
Númen de áureo trono,
Celebra esta ciudad
Que tirita a los soplos
De un céfiro glacial.
Yo su campiña fértil
Vengo de visitar,
Alfombrada de nieve.
¡Tralalá, tralalá!

(Vase.)

PISTETERO.-Sí, pero te escapas de estos helados campos con una
buena túnica. Jamás hubiera creído, Zeus soberano, que ese maldito
poeta pudiera adquirir tan pronto noticias de esta ciudad. (Al Sacerdote.)
Coge la vasija 59 y da vuelta al altar.
EL SACERDOTE.-¡Silencio¡
EL ADIVINO.-(Entrando y dirigiéndose al Sacerdote.) No empieces
inmolando al chivo.
PISTETERO.-Y tú quién eres?
EL ADIVINO.-¿Qué quién soy? Un adivino.
PISETERO.-Entonces, ¡lárgate de aquí!
EL ADIVINO.-Amigo mío, no desprecies las cosas divinas: hay una
profecía de Bacis que se refiere claramente a Nefelococigia.
PISTETERO.-¿Por qué no me hablaste de ese oráculo antes de
fundar la ciudad?
EL ADIVINO.-La Divinidad me lo impedía.
PISTETERO.-No hay inconveniente en que oigamos el vaticinio.
EL ADIVINO.-(Leyendo en un papiro.) «Cuando los lobos y las
blancas palomas habiten juntos entre Corinto y Sicione... »
PISTETERO.-Pero qué tenemos que ver nosotros con los Corintios?
EL ADIVINO.-Al expresarse de ese modo Bacis, se refería al aire.
«Sacrificad primeramente a Pandora un blanco vellocino, y después
regalad al profeta que interprete mis oráculos un buen vestido y zapatos
nuevos...»
PISTETERO.-¿También zapatos?
EL ADIVINO.-Toma y lee. «Y dadle, además, una copa y un buen
trozo de las entrañas de la víctima.»
PISTETERO.-¿También dice «darle un trozo de las entrañas»?
EL ADIVINO.-Toma y lee. «Joven divino, si obedecieres mis
mandatos, serás un águila en las nubes; si no le das nada, ni tórtola, ni
águila, ni pito real.»
PISTETERO.-¿También dice eso?
EL ADIVINO.-Toma y lee.
PISTETERO.- Pero tu oráculo en nada se parece a otro que escribí
yo mismo bajo la inspiración de Apolo. Escucha: «Cuando, sin que nadie
le llame, venga un charlatán a molestarte mientras estás ofreciendo un
sacrificio y pida una porción de las entrañas, deberás molerle las costillas
a palos.»
EL ADIVINO.-Supongo que bromeas.
PISTETERO.-Toma y lee. (Y no le perdones, aunque sea un águila
en las nubes, aunque sea Lampón, aunque sea el gran Diopites.»
EL ADIVINO.-¿También dice eso?
PISTETERO.-Toma lee y ¡lárgate... a los cuervos!
EL ADIVINO.-¡Ay, pobre de mí!
PISTETERO.-¿Vas a largarte rápido y vaciar en otra parte tus
oráculos?
METÓN.-(Geómetra.) Vengo a veros para...
PISTETERO.-Otro importuno. ¿Qué te trae aquí? ¿Cuáles son tus
proyectos? ¿Qué te propones viniendo tan encopetado con tus coturnos?
METÓN.-Quiero medir las llanuras aéreas, y dividirlas en parcelas.
PISTETERO.-En nombre de los dioses, quién eres?

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59 Es decir, la que contiene el agua lustral.

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METÓN.-¿Quién soy? Metón, conocido en toda la Hélade y en la
aldea de Colona.
PISTETERO.-Dime, ¿qué es eso que traes ahí?
METÓN.-Reglas para medir el aire. Pues todo el aire, en su forma
general, es enteramente parecido a un horno. Por tanto, aplicando por
arriba esta línea curva y ajustando el compás... ¿Comprendes?
PISTETERO.-Ni una palabra.
METÓN.-Con esta otra regla trazo una línea recta, inscribo un
cuadrado en el círculo y coloco en su centro el Agora; a ella afluirán de
todas partes calles derechas, del mismo modo que del sol, aunque es
circular, parten rayos rectos en todas direcciones.
PISTETERO.-¡Este hombre es un Táles... Metón!
METÓN.-¿Qué?
PISTETERO.-Ya sabes que te quiero; pero voy a darte un buen
consejo: márchate cuanto antes.
METÓN.-¿Qué peligro corro?
PISTETERO.-Aquí, como en Lacedemonia, es costumbre expulsar a
los extranjeros, y en toda la ciudad llueven garrotazos sobre ellos.
METÓN-¿Es que, por acaso, estáis en revolución?
PISTETERO.-No, ciertamente, por Zeus.
METÓN. ¿Qué ocurre entonces?
PISTETERO.-Que hemos tomado por unanimidad la decisión de
pulverizar a todos los impostores.
METÓN.-En este caso, voy a largarme.
PISTETERO.-Sí, por Zeus; y aún no sé si podrás escapar, pues
aquí está ya la tormenta. (Le pega.)
METÒN.-(Huyendo.) ¡Desdichado de mí!
PISTETERO.-¿No te lo decía hace tiempo? Vete con tus medidas a
otra parte y bien lejos de aquí.
36UN INSPECTOR.-(Que llega mientras Metón huye.) ¿Dónde están
los próxenos? 60 .
PISTETERO.-¿Quién es este Sardanápalo?
EL INSPECTOR.-Soy un inspector, designado por la suerte para
ejercer mi vigilancia en Nefelococigia.
PISTETERO—¡Un inspector! ¿Y quién te ha enviado?
EL INSPECTOR.-Un maldito oráculo de Teleas.
PISTETERO.-¿Quieres recibir tu paga y marcharte, sin más
historias.
EL INSPECTOR.-Sí, por los dioses; precisamente tenía hoy
necesidad de estar en Atenas para asistir a la Asamblea: tengo un asunto
de Farnaces 61 .
PISTETERO.-Toma y vete; aquí tienes tu paga (Le pega.)
EL INSPECTOR.-¿Qué es esto?
PISTETERO.-Es la Asamblea en que has de defender a Farnaces.
EL INSPECTOR—¡Sed testigos de que me pega! ¡A mí! ¡A un
inspector)
PISTETERO.-¿No te irás con tus malditas urnas judiciales? Esto es
el colmo: ¡enviar inspectores a una ciudad antes de haber terminado los
sacrificios de los dioses!
(El inspector huye. Llega un vendedor de decretos.)
EL VENDEDOR DE DECRETOS.-«Todo ciudadano de Nefelococigia
que produjese daños a uno de Atenas...»
PISTETERO.-¿Qué nueva calamidad es ésta, cargada de pergaminos?
EL VENDEDOR DE DECRETOS.-Soy un vendedor de decretos, y
vengo a venderos leyes nuevas.
PISTETERO.-¿Cuáles?
EL VENDEDOR DE DECRETOS.-«Los habitantes de Nefelococigia
tendrán las mismas leyes, pesos y medidas que los Olofixios 62 .


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60 Magistrados encargados de recibir a los extranjeros que venían a Atenas.
61  Agente del Rey de Persia en Atenas.
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PISTETERO.-Ahora vas a conocer las de los Ototixios 63
EL VENDEDOR DE DECRETOS.-Pero ¿qué te pasa, hombre?
PISTETERO.-Si no te largas con tus decretos te voy a aplicar otros
bien duros.
EL INSPECTOR.-(Volviendo.) Cito en justicia y por injurias a
Pistetero para el mes muniquión 64 .
PISTETERO.-!Cómo! ¿Aún estabas ahí?
EL VENDEDOR DE DECRETOS.-«El que expulsase a un magistrado
y no le recibiese como prescribe el edicto fijado en la columna...»
PISTETERO.-(Al Inspector.) ¡Oh desdicha! ¿Ahí estabas también
tú?
EL INSPECTOR.-¡Ya me las pagarás) He de hacer que te condenen
a mil dracmas de multa.
PISTETERO.-Yo haré pedazos tus urnas.
EL INSPECTOR.-¿Te acuerdas de aquella tarde en que hiciste tus
necesidades junto a la columna de los edictos?
PISTETERO.-¡Ea! Echadle mano a ése. ¡Hola! Parece que no te
quedas.
EL SACERDOTE.-Marchémonos de aquí cuanto antes y sacrifiquemos dentro, el macho cabrío.

(Vanse todos)

EL CORO.-En adelante, todos los mortales me ofrecerán sus votos
y sacrificios a mí, que todo lo inspecciono y gobierno. Porque con mi vista
abarco el mundo entero y conservo los frutos en flor, destruyendo las
infinitas castas de animales que en el seno de la tierra o en las ramas de
los árboles los devoran antes de que hayan brotado del tierno cáliz. Yo
mato los insectos que corrompen con su fétido contacto los perfumados

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62 Habitantes de Olofixo, ciudad situada al pie del monte Athos, dependientes de Atenas; Nefelococigia es considerada por los atenienses como una colonia suya, y por eso tratan de imponerle las leyes de la metrópoli.
63 Pueblo imaginario de Aristófanes, cuya radical significa «llorar»

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huertos; y todos los reptiles y venenosos sapos mueren al golpe de mis
forzudas alas.
EL CORIFEO.- Hoy que se pregona principalmente este edicto: «El
que matase a Diágoras Meliense 65 , recibirá un talento, el «que matase a
uno de nuestros tiranos, recibirá un talento», queremos nosotros
promulgar también este decreto: «El que matare a Filócrates el pajarero
recibirá un talento; cuatro, el que lo traiga vivo: él es quien ata los
pinzones de siete en siete y los vende por un óbolo: él es quien
atormenta a los tordos inflándolos para que parezcan más gordos; él
atraviesa con plumas el pico de los mirlos: él reúne palomas y las
encierra, obligándolas a reclamar a otras y atraerlas a sus redes. Este es
nuestro edicto: mandamos además que todo el que tenga aves
encerradas en su patio, las suelte inmediatamente. El que no obedeciere
será apresado por las aves y servirá, cargado de cadenas, para señuelo
de otros hombres.»
EL CORO.-¡Oh raza afortunada la de las aves! Ni en invierno
tenemos necesidad de túnicas ni en estío nos molestan los abrasadores
rayos de un sol canicular. En los valles floridos, a la sombra del tupido
follaje, hallo fresco reposo, mientras la divina cigarra enfurecida por el
calor del mediodía, deja oír su agudo canto; cuevas profundas, en que ju-
gueteo con las ninfas de los montes, me abrigan en invierno, y en
primavera picoteo las blancas y virginales bayas del mirto, y saqueo los
huertecillos de las Gracias.
Queremos decirles a los jueces una palabra sobre el premio, si no le
adjudican, les otorgaremos toda clase de bienes; bienes más preciosos
que los que recibió el mismo Paris 66 . En primer lugar, cosa la más
apetecida por todos los jueces, las lechuzas de Laurium 67 no os
abandonarán jamás; habitarán dentro de vuestras casas, anidarán en

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64 Este mes empezaba, según el ciclo de Harpalo, el 6 de mayo, y según el de Meton, el 28 de marzo. Llamábase así por las fiestas muniquias en honor de Artemis.
65 Diágoras, después de la destrucción de Melos, su patria, se estableció en Atenas, distinguiéndose por su impiedad.
66 Después de su juicio para la adjudicación de la manzana de oro.
67 Las monedas atenienses tenían grabada una figura de lechuza. Estas monedas acabaron por llamarse lechuzas.
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vuestros bolsillos y empollarán en ellos pequeñas moneditas. Además
vuestras habitaciones parecerán templos magníficos, porque elevaremos
sus techos en forma de alas de águila. Si conseguís una magistratura y
queréis robar algo, armaremos vuestras manos con las garras veloces del
azor. Y si váis a un banquete, os proveeremos de espaciosos buches. Pero
si no nos adjudicáis el premio, ya podéis proveeros de sombrillas como
las de las estatuas 68 : que el que no la lleve nos las pagará todas juntas.
Pues cuando salga ostentando su túnica blanca, todas las aves se la
mancharemos con nuestras inmundicias.
PISTETERO.-El sacrificio, aves, ha sido favorable; pero me extraña
que no venga de la muralla ningún mensajero para anunciarnos cómo va
la obra. ¡Ah! Ahí viene uno, corriendo sin aliento.
MENSAJERO PRIMERO.-¿Dónde, dónde está? ¿Dónde, dónde,
dónde está? ¿Dónde está Pistetero, nuestro jefe?
PISTETERO.- Aquí estoy.
MENSAJERO PRIMERO.-Ya están en pie las murallas.
PISTETERO.-Excelente noticia.
MENSAJERO PRIMERO.-Es una obra soberbia y hermosíma: la
anchura del muro es tan grande, que si Proxénides, el fanfarrón y
Teógenes se encontrasen sobre él dirigiendo dos carros tirados por
caballos tan grandes como los de Troya, pasarían sin dificultad.
PISTETERO.-¡Oh, Heracles!
MENSAJERO PRIMERO.-Su altura, que yo mismo he medido, es
de cien orgías 69 .
PISTETERO.-¡Por Poseidón! ¡que altura! ¿Quiénes han construido
tan gigantesca muralla?
MENSAJERO PRIMERO.-Las aves, y nadie más que las aves; allí
no ha habido ni albañiles egipcios, ni canteros; todo lo han hecho por sí
mismas con una habilidad asombrosa. De África vinieron cerca de treinta
mil grullas que descargaron su lastre de piedras, las cuales, después de


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68 Era costumbre colocar sobre las estatuas unas cubiertas de metal para librarlas de las inmundicias de los pájaros.
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arregladas por el pico de los rascones, han servido para los cimientos.
Diez mil cigüeñas fabricaron los ladrillos. Los chorlitos y demás aves
fluviales subían al aire el agua de la tierra.
PISTETERO.-¿Quiénes traían el mortero?
MENSAJERO PRIMERO.-Las garzas, en gamellas.
PISFETERO.-Pero ¿cómo pudieron echarlo en las gamellas?
MENSAJERO PRIMERO.-Es una invención ingeniosísima. Los
gansos revolvían con sus patas, a guisa de paletas, el mortero, y después
lo echaban en las gamellas.
PISTETERO.-¡Qué no hubieran hecho con manos!
MENSAJERO PRIMERO.-Era de ver cómo traían ladrillos los
ánades. También ayudaban a la faena las golondrinas, trayendo mortero
en el pico y la llana en la cola, como si fuesen niños.
PISTETERO.-¿Qué necesidad habrá ya de pagar operarios? Pero
dime: ¿Quiénes labraron las maderas necesarias?
MENSAJERO PRIMERO.-Los pelícanos, como habilísimos
carpinteros, arreglaron con sus picos las jambas de las puertas: cuando
desbastaban las maderas, se oía un ruido parecido al de los arsenales.
Ahora está ya todo cerrado con puertas y cerrojos, y cuidadosamente
guardado: las rondas recorren el recinto con sus campanillas; hay
centinelas en todas partes, y antorchas en las torres. Pero corro a
lavarme; a ti te toca terminar la obra.
EL CORO.-¿Qué te ocurre? ¿Te admiras de la presteza con que el
muro ha sido construido?
PISTETERO.-Sí, por cierto; es cosa digna de admiración: parece
una fábula. Pero ahí viene uno de los centinelas de la ciudad, con marcial
continente.
MENSAJERO SEGUNDO,-Iu, iu, iu, iu; iu.
PISTETERO.-¿Qué pasa?

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69 Unos 185 metros.
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MENSAJERO SEGUNDO.-Algo muy indigno. Uno de los dioses de la
corte de Zeus, después de atravesar las puertas, ha penetrado en el aire,
burlando la vigilancia de los grajos que dan la guardia de día.
PISTETERO.-¡Oh indigno y criminal atentado! ¿Qué dios es ese?
MENSAJERO SEGUNDO,-Lo ignoramos; sólo sabemos que tiene
alas.
PISTETERO.-¿Por qué no habéis lanzado en seguida guardias en su
persecución?
MENSAJERO SEGUNDO.-Hemos enviado tres mil azores, arqueros
de caballería: todas las aves de ganchudas uñas, cernícalos, gerifaltes,
buitres, águilas y gavilanes vuelan en su busca, haciendo resonar el aire
con el rápido batir de sus alas. El dios no debe estar lejos; si no me
engaño, helo ahí.
PISTETERO.-¡Aprestemos la honda y el arco! Aquí, amigos;
disparad todos vuestras saetas; dadme una honda.
EL CORIFEO.-Declárase una guerra, una guerra inaudita entre los
dioses y yo. Hijos del Erebo, guardad cuidadosos
el aire y las nubes que le entoldan, para que ningún dios las atraviese:
vigilad todo el circuito. Ya se oye cerca un ruido de alas, como el de un
inmortal cuando vuela.
PISTETERO.-¡Eh, tú! ¿Adónde vuelas? Estate quieta, inmóvil. ¡Alto!
Detente. ¿Quién eres? ¿De qué país? Es preciso que digas de dónde
vienes.
IRIS.-(Que llega en forma de una joven, con aureola y provista de
alas.) Vengo de la mansión de los dioses olímpicos.
PISTETERO.-¿Cómo te llamas, navío o casco? 70 .
IRIS.-Iris la rápida.
PISTETERO.-¿De Paralos o de Salamina?
IRIS.-¿Qué quieres decir?


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70  Navío, por las alas que le sirven de velas o de remos; y casco por el penacho.

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PISTETERO.- Digo si no habrá por ahí un buen macho que se
abata volando sobre tí para cubrirte.
IRIS.-¿Qué se abata sobre mí? ¿Qué significan estos ultrajes?
PISTETERO.-Vas a llorar a mares.
IRIS.-Pero esto es absurdo.
PISTETERO.-¿Por qué puerta has penetrado en la ciudad, gran
impura?
IRIS,-¿Por qué puerta? Lo ignoro.
PISTETERO.-¿Oís cómo se burla de nosotros? ¿Te has presentado
al capitán de los grajos? Responde. ¿Traes un pasaporte autorizado con el
sello de las cigüeñas?
IRIS.-¿Qué calamidad es esa?
PISTETERO.-¿No lo traes?
IRIS.-Tú no debes estar en tu sano juicio.
PISTETERO.-¿No te ha enviado un salvoconducto algún jefe de las
aves?
IRIS.-No, por Zeus; nadie me ha dado ningún pase.
PISTETERO.-¿Y es así, en silencio como te has atrevido a llegar
por el aire a una ciudad extranjera?
IRIS.-¿Pues por dónde hemos de pasar los dioses?
PISTETERO.-No lo sé, por Zeus; pero no por aquí. Lo cierto es que
has delinquido. ¿Sabes que si te aplicase la pena merecida nos
apoderaríamos de tí y moriría la bella Iris?
IRIS.-Pero yo soy inmortal.
PISTETERO.-No por eso dejarías de morir. Esto es insoportable;
mandamos en todos los seres del mundo, y ahora nos vienen los dioses
echándoselas de insolentes y negándose a obedecer a los más fuertes.
Vamos, contesta: ¿adónde dirigías tu vuelo?
IRIS.-¿Yo? Traigo encargo de mi padre de ordenar a los hombres
que ofrezcan víctimas a los dioses del Olimpo; que inmolen bueyes y
ovejas, y llenen las calles con el humo de los sacrificios.
PISTETERO.-¿Qué dices? ¿A qué dioses?
43IRIS.-¿A qué dioses? A nosotros, a los dioses del cielo.
PISTETERO.-Pero ¿vosotros sois dioses?
IRIS.-Pues qué, ¿hay otros?
PISTETERO.-Sí; las aves son ahora los dioses de los hombres; y es
a ellas a quienes, por Zeus, han de ofrecerse los sacrificios y no a Zeus.
IRIS.-¡Ah, insensato! No desencadenes las terribles pasiones de los
dioses; guárdate de que la Justicia, armada del terrible azadón de Zeus
no extirpe de raíz toda tu raza; cuida de que sus rayos vengadores no te
reduzcan a cenizas con todos tus palacios.
PISTETERO.-¡Bueno! Ahórrate esas tiradas enfáticas y no te
muevas. ¿Crees que me vas a espantar con ese lenguaje, como si fuese
algún esclavo lidio o de la Frigia? Sabe que si Zeus me sigue molestando,
enviaré águilas igníferas que incendien su morada y el palacio de Anfión.
Entérate de que puedo mandar al cielo contra él más de seiscientos
alados porfiriones 71 , cubiertos con pieles de leopardos. Y cuenta que uno
sólo le dio mucho que hacer. En cuanto a tí, como sigas con tus
impertinencias te levantaré las piernas, te separaré los muslos y, por muy
Iris que seas, te asombrarás del vigor con que, a pesar de mis muchos
años, puedo encajarte tres veces el espolón.
IRIS.-¡Así revientes, viejo estúpido, con tus palabras!
PISTETERO.-¿Te marchas o no? ¡Largo de aquí!
IRIS.-Ten la seguridad de que mi padre pondrá fin a tus
insolencias.
PISTETERO.-¡Ay, qué miedo! ¡Vuela, vuela, vete a turbar con el
humo y el hollín de tus rayos a otros más jóvenes que yo!
EL CORO.-Queda prohibido a los dioses, hijos de Zeus, el paso por
nuestra ciudad, prohíbese también a los mortales, cuando les ofrezcan
sacrificios, que hagan atravesar por aquí el humo de sus víctimas.
PISTETERO.-Es extraño que el heraldo que envié a los hombres,
aún no esté de vuelta.



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71 Nombre de un pájaro y de un gigante.
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UN HERALDO.-(Que llega con una corona de oro.) ¡Oh, feliz
Pistetero! ¡Oh, sapientísimo! ¡Oh, celebérrimo! ¡Oh, hermosísimo! ¡Oh,
felicísimo! ¡Oh ...! Déjame hablar.
PISTETERO.-¿Qué estás diciendo?
EL HERALDO.-Todos los pueblos, admirados de tu sabiduría, te
ofrecen esta corona de oro.
PISTETERO.-La acepto; pero ¿por qué los pueblos me confieren
tan señalado honor?
EL HERALDO.-Tú no sabes, ilustre fundador de una ciudad aérea,
la inmensa estimación en que te tienen los mortales, y la afición
extraordinaria que se ha desarrollado por este país. Antes de que echases
los cimientos de esta célebre ciudad, todos los hombres, atacados de
lacomanía, se dejaban crecer el cabello, ayunaban, iban sucios, vivían
socráticamente, y llevaban bastones espartanos; ahora ha cambiado la
moda y les domina la manía por las aves, complaciéndose en imitar su
modo de vivir. En cuanto apunta el alba saltan todos a la vez del lecho y
vuelan, como nosotros, a su pasto habitual; después se dirigen a los
carteles y se atracan de decretos. Su manía por las aves es tan grande,
que muchos llevan nombres de volátiles; un tabernero cojo, se llama
perdiz; Meuipo, golondrina; Opucio, cuervo tuerto; Filo, cles, alondra;
Teógenes; ganso-zorro; Licurgo, ibis; Querofón, murciélago; Siracosio,
urraca y Midias se llama codorniz, porque, en efecto, tiene toda la traza
de una codorniz muerta de un porrazo en la cabeza. La pasión por las
aves hace que se canten versos, donde es de rigor hablar de golondrinas,
de penélopes, de gansos, de palomas o, por lo menos, algo de plumaje.
Así anda la cosa. ¡Ah!, te advierto que pronto vendrán aquí más de diez
mil personas pidiéndote alas y garras ganchudas; por consiguiente, ya
puedes hacer provisión de plumas para los nuevos huéspedes.
PISTETERO.-Entonces no hay tiempo que perder. Anda,
45llena de alas todos los cestos y cestillos, y dile a Manes 72 , que me los
traiga aquí. Yo me encargo de recibir a los que vengan.
CORO.-Nuestra ciudad no tardará en llamarse «La Populosa.»
PISTETERO.-¡Que la fortuna nos favorezca!
CORO.-El amor a nuestra ciudad se propaga.
PISTETERO.-(A1 esclavo.) Trae eso pronto.
CORO.-¿Qué falta en ella de cuanto puede hacer grata su mansión?
Aquí se encuentran la Sabiduría, el Amor, las Gracias inmortales y el
plácido semblante de la querida Paz.
PISTETERO.-¡Qué calma, justo cielo! Trae eso pronto.
CORO.-Sí, traed pronto un cesto lleno de alas; y tú hazle moverse
a palos, como lo hago yo; es más pesado que un asno.
PISTETERO.-Sí, Manes es un perezoso.
CORO.-Tú, pon en orden esas alas, las musicales, las proféticas, las
marítimas. Procura después que cada cual se lleve las que le convengan.
PISTETERO.-(A Manes) ¡Ah, lo juro por los cernícalos! Esta no te la
perdono, si continúas tan perezoso y tardón. (Golpea a Manes y éste
huye.)
UN PARRICIDA.-¡Quién fuera el águila de altísimo vuelo para
cernerse sobre las ondas cerúleas del estéril mar!
PISTETERO.-Veo que el mensajero dijo la verdad; ahí viene no sé
quién cantando a las águilas.
EL PARRICIDA.-¡Oh, nada tan delicioso como volar! Yo adoro las
leyes de los pájaros; la afición a las aves me enajena; yo vuelo, yo quiero
vivir con vosotros; me apasionan vuestras leyes.
PISTETERO.-¿Cuáles? Porque las aves tienen muchas clases de
leyes.
EL PARRICIDA.-Todas; pero principalmente una en virtud de la
cual es lícito a un pájaro morder a su padre y retorcerle el pescuezo.
PISTETERO.-Es verdad; nosotros tenemos por muy valiente al que
pollito aún, le pega a su padre.


______________________
72  Nombre de esclavo.
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EL PARRICIDA.-Por eso he emigrado a esta región; deseo
estrangular a mi padre para heredar todos sus bienes.
PISTETERO.-Pero tenemos también otra ley inscrita en la columna
de edictos de las cigüeñas: «Cuando la cigüeña haya criado a sus hijos y
los haya puesto en disposición de volar, éstos tendrán a su vez obligación
de alimentar a sus padres.»
EL PARRICIDA.-¡Pues bastante he ganado con venir, si tengo que
sostener a mi padre!
PISTETERO.-No, no; ya que con tan benévolas intenciones has
acudido a nosotros, te emplumaré como conviene a un pájaro huérfano.
Además, pobre joven, te daré un buen consejo que aprendí en mi niñez.
No maltrates a tu padre; coge esta ala en una mano y ese espolón en la
otra; figúrate que tienes una cresta de gallo, y haz guardias; vete a la
guerra, vive de tu estipendio, y deja en paz a tu padre. Ya que eres tan
belicoso dirige tu vuelo a Tracia y combate allí.
EL PARRICIDA.-¡Por Dionysos! Tu consejo me parece excelente, y
lo seguiré. (Se va.)
PISTETERO.-Obrarás discretamente, por Zeus.
CINESIAS.-(Poeta ditirámbico, saliendo.) Vuelo al Olimpo con
ligeras alas; y a su batir resuelto voy cruzando las sendas de la alegre
poesía...
PISTETERO.-Este va a necesitar un fardo entero de alas.
CINESIAS.-Otras nuevas buscando,
Mi cuerpo y mi indomable fantasía...
PISTETERO.-Un abrazo a Cinesias, el Tilo. ¿A qué vienes dando
vueltas a tu pie cojo?
CINESIAS.-Quiero, ansío ser ave,
Ser ruiseñor, y con gorjeo suave...
PISTETERO.-Basta de música, y explícame tus deseos.
CINESIAS.-Ponme alas, pues anhelo subir por los aires
y recoger de las nubes nuevos cantos, aéreos y caliginosos.
PISTETERO.-¿Cantos en las nubes?
47CINESIAS.-Sí; en ellas estriba hoy todo nuestro arte. Los más
brillantes ditirambos son aéreos, caliginosos, tenebrosos, alados. Pronto
lo verás; escucha.
PISTETERO.-No, no oigo nada.
CINESIAS.-Pues oirás, mal que te pese:
En forma de volátil,
Cuyo ondulante cuello
Surca del éter fúlgido
La azul inmensidad,
Recorreré los aires,
Que te obedecen ya.
PISTETERO.-¡Eh, hop! ¡Basta!
CINESIAS.-¡Ah! ¡Quién con vuelo rápido!
Al hálito vehemente
Cediendo de los ímpetus
De indómito Aquilón,
Pudiera sobre el piélago
Cernerse bramador!
PISTETERO.-¡Ya reprimiré yo tus hálitos e ímpetus...!
CINESIAS.-Y ora hacia el Noto cálido
Enderezando el vuelo,
Ora a la región frígida
Del Bóreas glacial,
El oleaje férvido
Del éter...
(A Pistetero, que le apalea.) ¡Anciano! ¡Anciano¡ ¡Vaya una hábil e
ingeniosa invención¡
PLSTETERO.-¿No deseabas volar?
CINESIAS.-¿Así tratas a un poeta ditirámbico que se disputan
todas las tribus?
48PISTETERO.- ¿Quieres quedarte con nosotros y enseñar a la tribu
Ceropia un coro de aves voladoras, tan ligero como el espirituado
Leotrófides? 73 .
CINESIAS.-Te burlas de mí, está claro. Pero no importa; ten
presente que no descansaré un momento hasta que surque los aires,
transformado en pájaro.
UN SICOFANTE.-(Es decir, un delator.)
Dí, golondrina de alas esplendentes
Por la Febea luz tornasolada,
¿Quiénes son esas aves indigentes
De tan varios plumajes adornadas?
PISTETERO.-El mal toma serias proporciones. Otro, que se acerca
zumbando.
EL SICOFANTE. Por la Feba luz tornasolada, repito.
PISTETERO.-Creo que esa canción la dirige a su manto, porque
parece que tiene necesidad urgente de la vuelta de la golondrina 74 .
EL SICOFANTE.-¿Quién distribuye alas a los recién llegados?
PISTETERO.-YO mismo; pero es preciso decir para qué.
EL SICOFANTE.-¡Alas! ¡Necesito alas! No me preguntes más.
PISTETERO.-¿Acaso quieres volar en línea recta a Pelene?
EL SICOFANTE.-No, por Zeus; soy acusador de las islas, un
delator...
PISTETERO.-¡Buen oficio!
EL SICOFANTE.-E investigador de pleitos. Quiero tener alas para
girar con rapidez mi visita a las ciudades y citar a los acusados.
PISTETERO.-¿Los citarás mejor teniendo alas?
EL SICOFANTE.-No, por Zeus; pero podré librarme de ladrones y
volveré como las grullas, trayendo por lastre infinitos procesos.
PISTETERO.-¿Y ésa es tu ocupación? ¿Cómo siendo joven y
robusto, te dedicas a delatar extranjero?


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73  Leotrófides era un poeta ditirámbico notable por su flacura y palidez.
74  Es decir, de la primavera, porque su raído manto no le podía librar del frío.
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PISTETERO.-Pero, por Zeus, hay otras ocupaciones con las cuales
un hombre de tu edad puede ganarse honradamente la vida, sin acudir al
vil oficio de zurcidor de procesos.
EL SICOFANTE.-Amigo mío, no te pido consejos, sino alas.
PISTETERO.-Ya te doy alas con mis palabras.
EL SICOFANTE.-¿Cómo puedes con palabras dar alas a un
hombre?
PISTETERO.-Las palabras dan alas a todos.
EL SICOFANTE.-¿A todos?
PISTETERO.-¿No has oído muchas veces en las barberías a los
padres decir hablando de los jóvenes: «Son terribles las alas para la
equitación que le han dado a mi hijo las palabras de Diitrefes» 75 . «Pues
yo, dice otro, tengo un hijo que en alas de la imaginación ha dirigido su
vuelo a la tragedia.»
EL SICOFANTE.-¿Luego las palabras dan alas?
PISTETERO.-Ya te he dicho que sí; ellas elevan el espíritu y
levantan al hombre. He ahí por qué con mis útiles consejos pretendo yo
levantar tu vuelo a una profesión más honrada.
EL SICOFANTE.-Pero yo no quiero.
PISTETERO.-Pues ¿qué harás?
EL SICOFANTE.-No quiero desmerecer de mi raza; el oficio de
delator está vinculado a mi familia. Dame, pues, rápidas y ligeras alas de
gavilán o cernícalo para que, en cuanto haya citado a los isleños, pueda
regresar a Atenas a sostener la acusación y volar en seguida a las islas.
PISTETERO.-Comprendo: a fin de que el isleño sea condenado aquí
antes de llegar.
EL SICOFANTE.-Precisamente.
PISTETERO.-Y después, mientras él navega en esta dirección,
volar tú allá y arrebatarle todos sus bienes.
EL SICOFANTE.-Exacto. Deseo ser una verdadera peonza.


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75  Diitrefes era un rico ateniense que tenía muchos caballos.
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PISTETERO.-A propósito de peonzas; tengo aquí unas excelentes
alas de Corcira 76 .
EL SICOFANTE.-¿Pobre de mí! ¡Es un azote!
PISTETERO.-¡Fuera de aquí volando! ¡Lárgate pronto, canalla
insoportable! Ya te haré sentir lo que se gana corrompiendo la justicia. (Al
esclavo.) Recojamos las alas y partamos.
CORO.-En nuestro vuelo hemos visto mil maravillas, mil increíbles
prodigios. Hay lejos de Cardias 77 un árbol muy extraño llamado Cleónimo,
completamente inútil, aunque grande y tembloroso. En primavera
produce siempre, en vez de yemas, delaciones; y en invierno, en vez de
hojas, deja caer escudos. Hay también un país, junto a la región de las
sombras en los desiertos oscuros, donde los hombres comen y hablan con
los héroes, excepto por la noche; cuando ésta llega, su encuentro es
peligroso. Pues si algún mortal tropezare entonces con Orestes 78 , sería
despojado de sus vestidos y molido a palos de pies a cabeza.
(Llega Prometeo ocultando el rostro.)
PROMETEO.-¿ Desgraciado de mí! Procuremos que no me vea
Zeus. ¿Dónde está Pistetero?
PISTETERO.-¡Oh! ¿Qué es ésto? ¿Qué significa ese disfraz?
PROMETEO..-Ves algún dios detrás de mí?
PISTETERO.-Ninguno, por Zeus, no veo ninguno; pero tú ¿quién
eres?
PROMETEO..-¿En qué momento del día nos encontramos?
PISTETERO.-Es algo más del medio día; pero tú ¿quién eres?
PROMETEO..-¿Es el declinar del día o más tarde?
PISTETERO.-¡Pero qué hombre más fastidioso!


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76 Esto se lo dice Pistetero enseñándole al Sicofante unos azotes de cuero. Los de Corcira tenían fama.
77 Cardias era una ciudad de Tracia, cuyo nombre significa corazón o valor. Esto y lo siguiente son burlas sobre la cobardía de Cleónimo, tantas veces mencionada.
78 Célebre ladrón, cuyo encuentro era peligroso de noche.

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PROMETEO.-¿Qué hace Zeus? ¿Disipa o amontona las nubes? 79 .
PISTETERO.-¿Déjame en paz!
PROMETEO.-Entonces, me descubriré.
PISTETERO.-(Reconociéndole.) ¡Oh, mi querido Prometeo!
PROMETEO..-!Cuidado! ¡Cuidado! ¡No grites!
PISTETERO—¿Qué ocurre?
PROMETEO.-¡Silencio! No pronuncies mi nombre; si Zeus llega a
verme aquí, estoy perdido. Cúbreme la cabeza con esta sombrilla, para
que no me vean los dioses y te contaré todo lo que pasa en el Olimpo.
PISTETERO.-Excelente idea, digna de Prometeo. Métete pronto
aquí debajo, y habla sin temor.
PROMETEO.-Escucha, pues.
PISTETERO.-Habla; te escucho.
PROMETEO.-Zeus está perdido.
PISTETERO.-¿Desde cuándo?
PROMETEO..-Desde que fundasteis esta ciudad en el aire. Ningún
mortal ofrece ya sacrificios a los dioses, ni sube hasta nosotros el humo
de las víctimas. Privados de todas sus ofrendas, ayunamos como en las
Tesmoforias 80 . Los dioses bárbaros, enfurecidos por el hambre, gritan
como los ¡lirios, y amenazan bajar contra Zeus, si no hace que vuelvan a
abrirse los mercados para que puedan introducirse las entrañas de las
víctimas.
PISTETERO.-Luego ¿hay dioses bárbaros que están sobre vosotros?
PROMETEO.-Pues si no hubiese dioses bárbaros, ¿cuál podría ser el
patrón de Execéstides? 81 .
PISTETERO.-¿Y cómo se llaman esos dioses?
PROMETEO.-¿Cómo? Tribalos 82 .


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79 Prometeo trata de saber si está el cielo cubierto o despejado.
80 Fiestas en honor de Deméter; duraban cinco días y se ayunaba el tercero.
81 Apolo era el patrono de los ciudadanos de Atenas; como Execéstides era extranjero, su patrono debía de serlo también.
82 Nombre de un pueblo de Tracia, cuyos pobladores eran considerados por los atenienses como salvajes.
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PISTETERO.-Comprendo. De ahí, sin duda, viene la frase: «Ojalá te trituren» 83 .
PROMETEO..-Está claro. Te aseguro que pronto bajará para
estipular las condiciones de paz una embajada de Zeus y de los Tribalos
superiores; pero vosotros no debéis concertar pacto alguno mientras Zeus
no restituya el cetro a las aves y te dé por esposa a la Realeza.
PISTETERO.-¿Quién es la Realeza?
PROMETEO..-Una hermosísima doncella que maneja los rayos de
Zeus, y a cuyo cargo están todas las demás cosas: la prudencia, la
equidad, la modestia, la marina; las calumnias, la tesorería y el pago del
trióbolo.
PISTETERO.-¿Es, pues, una intendente general?
PROMETEO.-Precisamente. De suerte que si te la otorga, serás
dueño de todo. He venido para darte este consejo, pues siempre he
querido mucho a los hombres.
PISTETERO.-Es verdad; tú eres el único dios a quien debemos el
carbón para hacer nuestros asados.
PROMETEO.-Sabes también que aborrezco a todos los dioses.
PISTETERO.-Sí, por Zeus; tú fuiste siempre su enemigo.
PROMETEO.-Un verdadero Timón 84 para ellos. Pero dame la
sombrilla para que me vaya cuanto antes; si Zeus me ve así desde el
cielo, creerá que voy siguiendo a una canéfora.
PISTETERO.-Para fingir mejor, coge este asiento y llévatelo con la
sombrilla.
CORO.-En los confines de los Esciápodas 85 es hay un pantano donde
evoca los espíritus el desaseado Sócrates; allá fué también Pisandro 86 ,
pidiendo ver su alma, que le había abandonado en vida; traía un camello
por víctima en vez de un cordero, y cuando lo degolló, dio un paso atrás

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83 Triturar en griego tiene cierta semejanza con tribalo.
84 Célebre, misántropo.
85 Seres fabulosos que habitaban en la zona tórrida. Sus pies eran más grandes que el resto del cuerpo, de suerte que cuando el calor se dejaba sentir con exceso, adoptaban la posición cuadrúpeda, y se servían de uno de sus pies como de quitasol, de donde les vino el nombre de esciápodas. Aristófanes coloca a los filósofos socráticos en este país, para indicar su constitución física empobrecida por las cavilaciones y su desaseo.
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como Ulises; después, Querofón el murciélago, subió del Orco para beber
la sangre.
Se presentan ante Pistetero Poseidón, Heracles y un dios Tribalo.
POSEIDÓN.-Estamos a la vista de Nefelococigia, a cuya ciudad
venimos de embajada. (Al Tribalo.) ¡Eh, tú! ¿Qué haces? ¿Te echas el
manto sobre el hombro izquierdo? ¿No lo cambias al derecho? ¡Cómo,
desdichado!
¿Tendrás el mismo defecto que Lespodias? 87 .
¡Oh, democracia! ¿Adónde vamos a parar si es ese el representante designado
por los dioses? ¿Te estarás quieto? ¡Peste de ti! Eres sin duda el dios más
bárbaro que he conocido nunca. Dime, Heracles ¿qué vamos a hacer?
HERACLES.-Ya lo has oído; mi intención es estrangular, sea quien
sea, al hombre que ha interceptado toda comunicación con los dioses,
erigiendo esas murallas.
POSEIDÓN.-Pero, amigo mío, a lo que hemos sido enviados es a
tratar de la paz.
HERACLES.-Razón de más para estrangularle.
PISTETERO.-(Fingiendo no haber visto a los dioses.) Alárgame el
rallador; trae silfio; dame queso; atiza los carbones.
HERACLES.-(Dulcificando la voz a la vista de los preparativos
culinarios.) Mortal, tres dioses te saludan.
PISTETERO. Ahora lo cubro con silfio.
HERACLES.-¿Qué manjares son esos?
PISTETERO.-Son unas aves que se han sublevado contra el partido
democrático; se las ha condenado como culpables.
HERACLES.-¿Y las espolvoreas primero con silfio?
PISTETERO—¡Salud, Heracles! ¿Qué ocurre?
HERACLES.-Venimos en embajada de parte de los dioses para
negociar el armisticio.
UN CRIADO.-Ya no queda aceite en la alcuza.
PISTETERO.-Pues estas aves tienen que estar bien rehogadas.

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86 Orador notable por su cobardía.
87 General que para cubrirse las úlceras de las piernas se dejaba caer el manto.

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HERACLES.-Nosotros nada ganamos con hacer la guerra; y
vosotros, si sois nuestros amigos, tendréis siempre agua de lluvia en las
balsas y disfrutaréis de días serenos. Venimos perfectamente autorizados
para estipular estas cuestiones.
PISTETERO.-Nunca hemos sido los agresores, y ahora mismo
estamos dispuestos a concertar la paz que deseáis si os avenís a una
condición equitativa y es la de que Zeus nos devuelva el cetro a las aves.
Después de arreglado este particular, invito a los embajadores a comer.
HERACLES.-POr mí, de acuerdo, y declaro...
POSEIDÓN.-¿Pero qué? ¡Desdichado) Eres glotón e imbécil. ¿Así
piensas despojar a tu padre del poder supremo?
PISTETERO.-Te equivocas. ¿Acaso no seréis más poderosos si las
aves reinan sobre la tierra? Ahora, al abrigo de las nubes, y bajando la
cabeza, los mortales blasfeman impune mente contra vosotros; pero si
tuvieseis por aliadas a las aves, cuando alguno jurase por el cuervo y por
Zeus, el cuervo se acercaría furtivamente al perjuro y le saltaría un ojo de
un picotazo.
POSEIDÓN.-¡Bien hablado, por Poseidón!
HERACLES.-Lo mismo digo.
PISTETERO.-(Al Tribalo.) Y tú ¿qué opinas?
EL TRIBALO.-Nabaisatreu 88 .
PISTETERO.-¿Lo ves? También está de acuerdo. Oid otra de las
ventajas que os proporcionará nuestra alianza. Si un hombre ofrece un
sacrificio a alguno de vosotros, y después difiere su realización diciendo:
«Los dioses tendrán paciencia», y por avaricia no cumple su voto,
nosotros le obligaremos.
POSEIDÓN.-¿Cómo? ¿De qué manera?
PISTETERO.-Cuando nuestro hombre esté contando su dinero o
sentado en el baño, un gavilán le arrebatará, sin que lo note, el precio de
dos ovejas y se lo llevará al dios defraudado.
HERACLES.-Confirmo mi declaración de que debe dársele el cetro.
POSEIDÓN.-Consúltalo también con Tribalo.
HERACLES.-¡Eh Tribalo! ¿Quieres... una buena zurra?
EL TRIBALO.-Sauna. Cabactaricrousa.
HERACLES.-Dice que también está de acuerdo.
POSEIDÓN.-elles si los dos sois de esa opinión, yo me adhiero a
ella.
HERACLES.-(A Pistetero) Consentimos, como quieres, en la devolución del cetro.
PISTETERO.-Se me olvidaba, por Zeus, otra condición) Le dejo
Hera a Zeus; pero exijo que éste me dé por esposa a la joven Realeza.
POSEIDÓN.-Está visto que no deseas la reconciliación.
Retirémonos.
PISTETERO.-POCO me importa ¡Cocinero, cuida de que esté bien
sabrosa la salsa!
HERACLES.-¡Qué hombre tan particular es éste Poseidón1 ¿Adónde
vas? ¿Habremos de hacer la guerra por una mujer?
POSEIDÓN.-¿Y qué quieres que hagamos?
HERACLES.-¿Qué? La paz.
POSEIDÓN.-¡Cómo! ¿No comprendes, imbécil, que te está
engañando? Tú mismo te arruinas. Si Zeus muere después de haberles
cedido a esas gentes el poder, quedarás reducido a la miseria, pues a ti
han de pasar todos los bienes que tu padre deje a su muerte.
PISTETERO.-¡Oh, infeliz! !Cómo trata de confundirte) Ven acá y te
diré lo que hace al caso. Tu tío te engaña, pobre amigo; según la ley, no
puedes heredar ni un hilo de los bienes paternos, porque eres un
bastardo y no un hijo legítimo.
HERACLES.-¿Yo bastardo? ¿Qué dices?
PISTETERO.-La pura verdad; por ser hijo de una mujer extranjera.
Y si no, dime: ¿cómo Atenea, siendo hembra, pudiera ser única heredera
de Zeus si tuviera hermanos legítimos?


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88 Jerga ininteligible.
____


HERACLES.-¿Y si mi padre al morir me lega la parte co-
rrespondiente a los hijos naturales?
PISTETERO.-La ley no se lo permite. El mismo Poseidón, que ahora
te jalea, será el primero en disputarte la herencia paterna, alegando su
cualidad de hermano legítimo. Escucha el texto de la ley de Solón: «El
bastardo no puede heredar si hay hijos legítimos. Si no hay hijos
legítimos, la herencia debe pasar a los colaterales más próximos.»
HERACLES. ¿Luego no tengo ningún derecho para heredar a mi
padre?
PISTETERO.-Ninguno absolutamente. Pero dime: ¿se cuidó tu
padre de inscribirte en el registro de los miembros de su fratria? 89 .
HERACLES.-No, por cierto; y la verdad, ya hace tiempo que esto
me extraña.
PISTETERO.-Déjate de miradas feroces y de amenazas al cielo. Si
pasas a ser uno de los nuestros yo haré de tí el jefe supremo y tendrás
cuanto apetezcas.
HERACLES.-Pues bien; creo justa tu petición de la doncella, y te la
concedo.
PISTETERO.-(A Poseidón.) Y tú, ¿qué dices?
POSEIDÓN.-Yo me opongo.
PISTETERO.-Todo depende ahora del Tribalo. ¿Qué opinas tú?
EL TRIBALO.-Maka donkila reala Kolondri cedo.
HERACLES.-El Tribalo también opina que hay que cedérsela.
POSEIDÓN.-No, por Zeus; no dice que se la concede, sino en caso
de que emigre como las golondrinas.
PISTETERO.-Luego dice que es necesario concedérsela a las
golondrinas.
POSEIDÓN.-Arreglaos los dos como podáis, y estipulad las
condiciones; yo, puesto que así lo queréis, me callaré.
HERACLES.-Nos place concederte cuanto pides. Vente pronto con
nosotros al cielo y se te entregará la Realeza y todo lo demás.
PISTETERO.-¡He ahí unas aves sacrificadas con gran oportunidad
para las bodas)
HERACLES.-¿Queréis que entre tanto me quede yo a asarlas?
Vamos, marcháos ya.
POSEIDÓN.-¿Tú asarlas? ¿Cómo qué no vas a venir con nosotros,
desvergonzado glotón?
HERACLES.-¡Ya me relamía de gusto)
PISTETERO.-¿Vamos, que me traigan un vestido nupcial)
EL CORO.-En Fanes, junto a la Clepsidra, vive la industriosa raza
de los Englotogastros 90 , que siegan, siembran, vendimian y recogen los
higos con la lengua; son de condición bárbara, y entre ellos se encuentran
los Gorgias y Filipos 91 . Estos Filipos Englotogastros han sido la causa de
que se introdujese en el Atica la costumbre de cortar aparte la lengua de
las víctimas.
EL MENSAJERO.-(Declamando.)
Vosotros a quienes todo sale bien, mejor de como puede decirse
tres veces dichosa gente volante de las aves
en su rico palacio recibid a vuestro Señor.
Ya se acerca, y con tal esplendor
como jamás se vió astro alguno en su mansión de oro lucir,
ni del sol que brilla a lo lejos surgir luces
tan chispeantes; viene dándole el brazo
a su Esposa, belleza indescriptible
y blandiendo el rayo alado, arma de Zeus.
Un aroma indecible hacia el alto cielo
se eleva -bello espectáculo- y brisas de incienso
dispersan espesas espirales de humo.
¡Mas hele aquí! Es él. De la Musa propicia
hay que lanzar los sagrados, los propicios acentos.


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89  Formalidad que sólo se llenaba con los hijos legítimos.
90 Palabra compuesta de dos que significan lengua y vientre, es decir, los que viven del producto de su lengua.
91  Gorgias, célebre retórico y sofista. Platón dio su nombre a uno de sus más bellos diálogos. Filipo se cree que era un delator.
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EL CORO.-Retroceded, apartaos, abrid paso, revolotead en feliz
enjambre alrededor de ese santo. ¡Feu, feu! ¿Qué de gracias! ¡Qué de
bellezas! ¡Oh tú, cuyo himen es tan favorable a esta ciudad¡
EL CORIFEO.-Grandes, inmensos beneficios han recibido las aves,
gracias a ese hombre. Hay que acogerle, así como a la Reina, con cantos
himeneos y nupciales.
EL CORO.-La unión de Hera la olímpica y del gran Rey, que desde
su alto trono impera sobre los otros dioses fué celebrado por las divinas
Pareas con cantos como éste: ¡Oh, himen, oh himeneo¡ El floreciente Eros
con sus alas de oro conducía tirando de las riendas, jefe del cortejo
nupcial de Zeus y de la dichosa Hera.
PISTETERO.-Me regocijan vuestros himnos y vuestros cánticos;
estoy encantado con vuestras palabras. ¡Celebrad a la vez los truenos
subterráneos y los brillantes relámpagos de Zeus y el fulgor terrible de su
rayo!
EL CORO.-¡Oh potente luz de oro de los relámpagos, oh centella
inmortal de Zeus, truenos de rugir subterráneo que hacéis caer la lluvia y
con los que ese hombre levanta ahora la tierra, dueño de todo gracias a
tí; y que también tiene a su lado a la Realeza, protegida de Zeus. ¡Oh
himen, oh himeneo!
PISTITERO.-Escuchad ahora los esposos, y vosotras todas, razas
de volátiles que vivís en común. Id hasta el país de Zeus, junto al lecho
nupcial. Dame la mano, oh bienaventurada, tómame por las alas y
bailemos; yo te cogeré, a mi vez, para alzarte en el aire.
EL CORO.-¡Alalá! ¡Ie, pean! ¡Viva, viva el glorioso vencedor, el más
poderoso de los dioses!








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