Georg Büchner Woyzeck




















Georg Büchner


Woyzeck



PERSONAJES.


FRANZ WOYZECK
MARIE
CHRISTIAN, el hijo de ambos
CAPITÁN
DOCTOR
TAMBOR MAYOR
EL SUBOFICIAL
ANDRÉS
MARGARETH una vecina de Marie
EL PREGONERO
UN VIEJO
EL JUDIO
EL MESONERO, de una barraca de feria.
1° ARTESANO
2° ARTESANO
KARL, un idiota
KÄTHE
LA ABUELA
1° NIÑA
2° NIÑA
OTRA NIÑA
1° PERSONA
2° PERSONA
UJIER del tribunal.
JUEZ
Soldados, estudiantes, gentes, muchachas y niños.


CAMPO ABIERTO: LA CIUDAD A LO LEJOS.
Woyzeck y Andrés cortan varas en los matorrales.
WOYZECK.-
Si, Andrés; ahí, sobre aquella franja de hierba, ahí rueda la cabeza por la
noche; uno la levantó una vez, pensaba que era un erizo. Tres días y tres
noches, y yacía en la caja. (Bajando la voz) Andrés, eran los masones, ahora
ya lo sé, los masones chss...
Andrés canta.
ANDRÉS.-
Dos conejos en el prado.
Se han comido todo el verde, verde...
WOYZECK.- ¡Calla! ¡Algo se mueve! ¡Escucha!.
ANDRÉS.- Se han comido todo el verde, verde...
Y ni una hierba han dejado.
WOYZECK.-
Se mueve tras de mí, debajo de mí. (Golpea el suelo), está hueco, ¿lo oyes?. El
suelo está hueco aquí. ¡Los masones!,
ANDRÉS.- Tengo miedo.
WOYZECK.- Tan raro es el silencio. Que deseo contener la respiración. ¡Andrés!.
ANDRÉS.- ¿Qué?.
Woyzeck Mira fijamente hacia el horizonte, tras la retirada Woyzeck arrastra a Andrés hasta
la maleza.
WOYZECK.-
¡Di algo!.
¡Andrés! ¡Qué claridad! Un fuego recorre el cielo y se oye un estruendo como
de trombones. ¡Se nos hecha encima!. Vamos. No mires atrás.
ANDRÉS.- Woyzeck, ¿lo oyes todavía?.
WOYZECK.- Silencio, todo está en silencio, parece que el mundo ha muerto.
ANDRÉS.- ¿Lo oyes? son los tambores del cuartel. Tenemos que irnos.

MARIE CON SU HIJO EN LA VENTANA. MARGRETH.
Pasa una banda militar, a la cabeza el tambor mayor Marie. Mece al niño.
MARIE.-
Chss, mi niño chss, A la nana nanita. ¿Oyes? Vienen por ahí.
MARGRETH.- ¡Qué buen mozo! Como un roble mismamente.
MARIE.-
Como un león, con ese andar.
El tambor mayor saluda..
MARGRETH.- Vaya, vaya, qué ojitos tiernos vecina. ¿Quién lo habría penado de usted?.
Cantando.
MARIE.-
Los soldados, los soldados son muchachos galanes...
MARGRETH.- Aún le siguen brillando a usted los ojos.
MARIE.-
¿Y qué? Lleve usted los suyos al judío y que se los limpie, a lo mejor le brillan
también y puede venderlos por dos reales.
MARGRETH.- ¿Cómo se atreve? Señora doncella, yo soy una persona decente, pero usted
traspasaría con la mirada siete pares de calzones de cuero.
MARIE.-
¡Ramera! (cierra de golpe la ventana) ven mi niño. ¿Qué quiere la gente?
Aunque no seas más que el pobrecito hijo de una cualquiera, eres la alegría de
tu madre, con esa carita de pícaro. Chss, chss.
Canta.
MARIE.-
Muchacha, qué vas hacer
Con un niño y sin marido
Esta noche cantaré
Y no pregunto al destino.
Nana, nanita, mi niño, ¡ohé!
Nadie hace nada por mí.
Ensilla las yeguas blancas
Hansel, dales de comer,
No quieren comer cebada,
Agua no quieren beber.
Vino fresco es lo que quieren, ¡ohé!
Vino fresco es lo que quieren.
Llaman a la ventana.
MARIE.- ¿Quién va? ¿eres tú, Franz? ¡Entra!
WOYZECK.- No puedo. Ha tocado la banda de guerra.
MARIE.- ¿Qué te pasa Franz?
WOYZECK.- Otra vez a pasado una cosa, muchas cosas, ¿no está escrito: “y he aquí que
subía una humareda de la tierra, semejante a la humareda de una hoguera?.
MARIE.- ¿Qué me estás diciendo?
WOYZECK.- Me ha venido siguiendo hasta las mismas puertas de la ciudad. ¿Qué va a
pasar?.
MARIE.- ¡Franz!
WOYZECK.- Tengo que irme.
MARIE.- ¡El pobre! Tan desquiciado. Ni siquiera ha mirado a su hijo.
Va a perder el seso de tanto pensar. ¿Bonito por qué estás tan callado? ¿Tienes
miedo?. Cómo se está poniendo esto de oscuro, pensaría una que está ciega.
Otras veces entra la claridad del farol. No lo soporto. Me da miedo.

PLAZA PÚBLICA, BARRACAS, LUCES.
VIEJO.-
Niño
Nada dura en esta vida.
Al fin todos moriremos,
Eso es cosa bien sabida.
WOYZECK.-
Si ¡Así se baila! ¡Pobre hombre, que viejo! ¡Pobre niño, que joven! Venga,
Marie, ¿quieres que te lleve? Un hombre tiene que... para poder comer.
¡Mundo! ¡Hermoso es el mundo!.
PREGONERO.- ¡Señoras! ¡Caballeros! Vean ustedes la criatura tal y como dios la formó nada,
nada de nada. Vean ahora el arte anda derecho, lleva levita y pantalón, lleva un
sable. ¡Así! ¡Haz reverencia! Así se hace. ¡Hecha un beso! (Toca la trompeta)
Michel entiende de música. Señoras y señores, vean aquí presentes al caballo
astronómico y estos bonitos canarios cantores: son los favoritos de todos los
potentados de Europa y miembros de todas las sociedades científicas. Le leen
el provenir a todo el mundo, cuántos años tiene uno, cuántos hijos, qué
enfermedades; sabe disparar con pistola y andar cojeando. Educación, sólo
educación; tienen un raciocinio animal o más bien una animalidad dotada de
raciocinio. No es una bestia irracional, como tantas personas, a excepción del
distinguido público. ¡Pasen, señores! ¡Empieza la función, el comienzo del
comienzo va a dar inmediatamente!.
Vean los adelantos de la civilización. Todo progresa, el caballo, el mono, el
canario. El mono ya es un soldado, todavía no es mucho, el escalón más bajo
del género humano. Principia la representación. ¡El inicio, el inicio! ¡El
comienzo va a dar comienzo inmediatamente!.
WOYZECK.- ¿Tú quieres?.
MARIE.- ¿Por qué no? Bien lindo que será. Que borlas le cuelgan al hombre y la mujer
lleva pantalones.
SUBOFICIAL.- ¡Ahora! ¡mira! ¿La vez? ¡Qué mujer!.
TAMBOR MAYOR .-
¡Demonios! ¡Qué buena para la reproducción de regimientos de coraceros y
para la cría de tambores mayores!.
VIGeorg Büchner
Woyzeck
SUBOFICIAL.- Tal y como lleva la cabeza, se creería que la melena negra tira de ella hacia
abajo como una pesa, y esos ojos negros...
TAMBOR MAYOR .-
Como quien mira en lo hondo de un pozo o al fondo de una chimenea. ¡Venga
a seguirla!.
MARIE.- ¡Cuántas luces!
WOYZECK.- Si... un gato grande y negro cono ojos de fuego. ¡Ay, qué noche!.
En el interior de la barraca, el pregonero con un caballo amaestrado.
PREGONERO.- ¡Muestra tu talento! ¡Muestra tu raciocinio animal! ¡avergüenza a la sociedad
humana! Caballeros, este animal que ven ustedes aquí, con su cola y sus cuatro
pezuñas, es miembro de todas las sociedades científicas, es profesor de nuestra
universidad, donde los estudiantes aprenden con él a montar a caballo y a
manejar el látigo. Eso era raciocinio simple. Piensa ahora en el raciocinio
doble. ¿Qué haces tú cuando piensas con el raciocinio doble? ¿hay algún burro
entre los miembros del docto público aquí presente? (el caballo sacude la
cabeza) ¡Vean ustedes ahora el raciocinio doble! ¡Esto se llama equinosofía!
Sí, no es una bestia sin inteligencia, es una persona. Un ser humano, un ser
humano animal y sin embargo un bruto, una bestia. (El caballo se comporta
indecorosamente) Y ahora estás avergonzando al docto público. Vean ustedes,
este bruto sigue siendo naturaleza en estado puro. Aprendan de él. Pregunten
al médico, es altamente perjudicial. Se ha dicho: hombre, sé natural, estás
hecho de polvo, arena, barro. ¿Y tú quieres ser más que polvo, arena, barro?
Vean ustedes qué raciocinio, sabe hacer cuentas y sin embargo no sabe contar
con los dedos, ¿por qué? Simplemente, no sabe expresarse, ni explicarse es un
ser humano metamorfoseado. Di a estos señores qué hora es. ¿Quién tiene un
reloj, entre estos señores y señoras, un reloj?.
SUBOFICIAL.- ¡Un reloj! Helo aquí, caballero.
MARIE.-
Eso tengo que verlo.
Trepa por la primera fila. El tambor mayor la ayuda.

BUHARDILLA
Marie sentada con un niño en el regazo, un trocito de espejo en la mano se mira en él.
MARIE.-
¡Cómo brillan las piedras!. ¿Qué piedras serán? ¿Cómo ha dicho él?... duerme,
niño. Cierra los ojos, apriétalo (el niño se tapa los ojos con las manos), más
aún; quédate así, a callar o viene a buscarte.
Niña, cierra las ventanitas;
Sino, viene un gitanillo
Que te llave de la mano
Al país de los gitanos.
Se mira de nuevo.
MARIE.-
Seguro que es oro. Los pobres sólo tenemos rincón en el mundo y un trozo de
espejo, y sin embargo yo tengo una boca tan roja como las señoronas, con esos
espejos donde se ven de arriba abajo y con esos espejos donde se ven de arriba
abajo y con esos caballeros tan guapos que les besan la mano; yo sólo soy una
pobre mujer. Niño, a ser bueno, cierra los ojos, el angelito del sueño. Mira
cómo corre por la pared, (refleja con el espejo la pared) a dormir o te mira
dentro de los ojos hasta dejarte ciego.
Entra Woyzeck, se detiene detrás de Marie quien se sobresalta, se lleva las manos a las orejas.
WOYZECK.- ¿Qué te pasa?.
MARIE.- Nada.
WOYZECK.- Algo te brilla bajo las manos.
MARIE.- Es un pequeño pendiente que he encontrado.
WOYZECK.- Yo nunca he encontrado nada así. Y dos a la vez.
MARIE.- ¿Soy acaso una cualquiera?
WOYZECK.-
Está bien Marie. ¡Cómo duerme el niño! Tómalo por debajo del brazo, la silla
le hace daño. Tiene la frente llena de goterones; todo es trabajo bajo el sol,
sudar hasta durmiendo. ¡Pobres que somos! Esto es dinero otra vez, Marie, la
soldada y un poco más de mi capitán.
MARIE.- Dios te lo pague Franz.
WOYZECK.- Tengo que irme. Esta noche, Marie. Adiós.
Sale Woyzeck.
MARIE.-
Soy una mala persona. Sería capaz de apuñalarme. ¡Bah! ¿Qué importa el
mundo? Todo acaba machándose al diablo, el hombre y la mujer.
Woyzeck por la compañía de títeres WILLIAM KENTRIDGE AND HANDSPRING de Sudáfrica
EL CAPITÁN Y WOYZECK
El capitán en una silla. Woyzeck le afeita.
CAPITÁN.-
Despacio, Woyzeck, despacio, una cosa después de otra. Me das vértigo. ¿Qué
voy hacer con los diez minutos que me sobran hoy porque tú terminas antes?
Calcula, Woyzeck, aún te quedan por vivir tus treinta hermosos años; ¡Treinta
años! O sea trescientos sesenta meses y días, horas, minutos. ¿Qué quieres
hacer con esa enorme cantidad de tiempo? Adminístralo bien, Woyzeck.
WOYZECK.- Sí, mi capitán.
CAPITÁN.- Tengo mucho miedo por el mundo cuando pienso en la eternidad. ¡Hay que
ocuparse, Woyzeck, ocuparse! La eternidad es eterna, es eterna, eso lo
entiendes; pero luego, no es eterna y es un instante, sí, un instante. Woyzeck,
me dan escalofríos cuando pienso que la tierra da un giro completo en un día.
¡Qué pérdida de tiempo! ¿A dónde vamos a parar?. Woyzeck, yo ya no puedo
ver una rueda de molino sin ponerme melancólico.
WOYZECK.- Sí, mi capitán.
CAPITÁN.- Woyzeck, estás siempre tan apresurado. Una persona buena no hace eso, una
persona buena que tiene la conciencia tranquila- pero ¡di algo Woyzeck! ¿Qué
tiempo hace hoy?.
WOYZECK.- Malo, mi capitán, malo. Viento.
CAPITÁN.- Ya lo noto, hay algo muy ligero ahí afuera; un viento así me hace el efecto de
un ratón. Creo que es algo así como viento norte-sur.
WOYZECK.- Sí, mi capitán.
CAPITÁN.- ¡Ja, ja, ja!, ¡norte sur! ¡Ja, ja, ja! Oh, qué necio eres, horriblemente necio.
Woyzeck, eres una buena persona, una buena persona... pero, Woyzeck, no
tienes moralidad. Moralidad es cuando uno es moral, ¿comprendes? Es una
palabra buena. Tienes un hijo sin la bendición de la iglesia, como dice nuestro
muy reverendo capellán, sin la bendición de la iglesia; la expresión no es mía.
WOYZECK.-
Mi capitán, dios no va a tenerle en cuanta a la pobre criatura que no le hayan
echado amén antes de fabricarla. El señor ha dicho: dejad que los niños vengan
a mí.
CAPITÁN.-
¿Qué estás diciendo? ¿Qué curiosa respuesta es ésa? Me llana de confusión.
Cuando yo digo tú, quiero decir, tú, tú.
WOYZECK.-
Pobres que somos. Mire usted, mi capitán: dinero, dinero. Quien no tiene
dinero... que uno haya de traer al mundo a otro de su misma condición
pensando en la moralidad. Uno es también de carne y hueso. Los pobres somos
desgraciados, en este mundo y en el otro. Yo creo que si fuésemos al cielo,
tendríamos que ayudar a tronar.
CAPITÁN.-
Woyzeck, no tienes virtud, no eres una persona virtuosa. ¿Carne y hueso?
Cuando estoy tumbado junto a la ventana, ha llovido y se me van los ojos
detrás de esas medias blancas que dan saltitos por la calle... ¡Maldita sea,
Woyzeck!, entonces es amor lo que siento. Yo también soy de de carne y
hueso. Pero, Woyzeck, la virtud, la virtud. ¿Cómo iba a pasar el tiempo yo,
sino? Lo que yo me digo siempre: eres una persona virtuosa, una buena
persona, una buena persona.
WOYZECK.-
¡Sí, mi capitán, la virtud! Aún sé lo que es eso. Mire usted, la gente común
como yo no tiene virtud, a uno le viene la naturaleza así, sin más; pero si yo
fuese un caballero y tuviera sombrero, reloj una levita inglesa y hablara como
los señoritos, sí que me gustaría entonces ser virtuoso. Tiene que ser bien lindo
eso de la virtud mi capitán. Pero yo soy un hombre pobre.
CAPITÁN.-
Está bien Woyzeck. Eres una buena persona, una buena persona. Pero piensas
demasiado, eso desgasta, siempre estás como tan apresurado. El platicar
contigo me ha fatigado mucho. Márchate ahora y no corras tanto; despacio
calle abajo.
BUHARDILLA
Marie Tambor mayor.
TAMBOR MAYOR .- ¡Marie!.
MARIE.- Camina un poco, que te vea el pecho, como un toro; la barbas como un león.
No hay ninguno que te iguale. Estoy orgullosa entre todas las mujeres.
TAMBOR MAYOR .-
Cuando los domingos voy con el penacho de plumas y los guantes blancos
maldita sea, Marie el príncipe dice siempre: muchacho, qué buena postura
adoptas.
Se burla de él y se le acerca frente a frente.
MARIE.- ¡Cuéntaselo a otra! ¡Qué hombre!.
TAMBOR MAYOR .- ¡Y tú también eres una chica de buen ver, divina! ¿Y si pusiéramos un criadero
de tambores mayores? ¿Eh?
La abraza, Marie se suelta.
MARIE.- ¡Déjame!
TAMBOR MAYOR .- ¡Animalito salvaje!
MARIE.- ¡Tócame, a ver!
TAMBOR MAYOR .- ¿Te sale el diablo por los ojos?
MARIE.- ¡Qué más da! ¡Al fin y al cabo!.
EN LA CALLE.
Woyzeck mira a Marie fijamente, sacudiendo la cabeza.
WOYZECK.-
¡Hum! No veo nada, no veo nada. ¡Oh, tendría que verlo uno mismo, tendría
uno que poder agarrarlo fuerte con las manos.
MARIE.- ¿Qué te pasa Franz? Estás disparatando, Franz.
WOYZECK.- Un pecado tan gordo y tan ancho. Apesta tanto que se podría ahumar a los
ángeles y ahuyentarlos del cielo. Tienes roja la boca, Marie ¿No te han salido
ampollas?
Adiós Marie, eres hermosa como el pecado. ¿Puede ser tan
hermoso el pecado mortal?.
MARIE.- Franz estás delirando, tienes fiebre.
WOYZECK.- ¡Maldita sea! ¿Ha estado plantado ahí? ¿Así? ¿Así?.
MARIE.- Como el día es largo y el mundo es viejo, puede haber muchas personas en el
mismo sitio, una después de otra.
WOYZECK.- Lo he visto. Yo lo he visto.
MARIE.- Se pueden ver muchas cosas cuando se tienen ojos y no se es ciego, luce el sol.
WOYZECK.- Tú vas a ver.
MARIE.- Bueno, ¿y qué?.
Woyzeck Versión filmográfica de Werner Herzog del año 1979

EN CASA DEL DOCTOR.
Woyzeck y el Doctor.
DOCTOR.- ¿Cómo es posible Woyzeck? Un hombre tan formal.
WOYZECK.- ¿Qué pasa, doctor?.
DOCTOR.- Lo he visto Woyzeck; has orinado en plena calle, has meado contra la pared
como un perro. Y sin embargo, dos centavos diarios. Woyzeck, muy mal. El
mundo es malo, muy malo.
WOYZECK.- Pero doctor, si a uno le viene la naturaleza.
DOCTOR.- ¡Viene la naturaleza, viene la naturaleza! ¡La naturaleza! ¿No te he
demostrado yo que el musculus constrictor vesicae está sometido a voluntad?
¡La naturaleza, viene la naturaleza! Woyzeck, el hombre es libre, en el hombre
la individualidad se transfigura en libertad.
¡No poder contener la orina! (Sacude la cabeza, cruza las manos detrás de la
espalda y pasea de un lado a otro) ¿Y has comido los guisantes Woyzeck? Va
a haber una revolución en la ciencia, yo voy a saltar por los aires. Urea, 0,10
clorhidrato de amonio, hiperoxidul.
Woyzeck, ¿No tienes que orinar otra vez?.
WOYZECK.- No puedo doctor.
DOCTOR.- ¡Pero contra la pared sí orinas! Lo tengo por escrito, tengo el trato en la mano.
Lo he visto, con estos ojos lo he visto, yo sacaba justamente la nariz por la
ventana para que le entraran bien los rayos de sol y poder así observar el
estornudo. No Woyzeck, no me irrito, irritarse no es sano, no es científico.
Estoy tranquilo, muy tranquilo, mi pulso tiene sus habituales pulsaciones y te
lo digo con la mayor sangre fría. Dios me libre de excitarme a causa de un ser
humano. ¡Si al menos fuese una salamandra lo que se le muere a uno! Pero
tendrías que haber orinado en la pared.
WOYZECK.-
Mire doctor, a veces uno tiene como un carácter, como una estructura. Pero la
naturaleza es otra cosa, sabe usted, la naturaleza (chasquea los dedos) es algo
así como, no sé expresarme, como digamos...

DOCTOR.- Woyzeck, ¿filosofando otra vez?.
WOYZECK.- Doctor, ¿ha visto alguna vez la naturaleza doble? Cuando el sol está en lo alto
del mediodía y es como si al mundo lo devorasen las llamas, me ha hablado
una voz terrible.
DOCTOR.-
Woyzeck, tienes un aberratio.
Llevándose el dedo sobre la nariz.
WOYZECK.-
Los hongos doctor. Ahí, ahí está el intríngulis. ¿Ya ha visto usted qué figuras
forman los hongos al crecer en el suelo? ¡Quién pudiera leerlas!.
DOCTOR.-
Woyzeck, tienes la más hermosa aberratio mentalis partialis, segunda especie.
Con las características más patentes. Woyzeck, voy a darte un aumento.
Segunda especie, idea fija, con estado general razonable; ¿haces todo como
siempre, sigues afeitando al capitán?.
WOYZECK.- Si señor.
DOCTOR.- ¿Tomas los guisantes?.
WOYZECK.- Siempre conforme a sus indicaciones doctor. El dinero de la comida va para
mi mujer.
DOCTOR.- ¿Sigues prestando servicio en el cuartel?.
WOYZECK.- Si señor.
DOCTOR.- Eres un caso interesante, sujeto Woyzeck, vas a recibir un aumento. Sigue tan
dispuesto. A ver el pulso... si.
sketch anónimo de la escena para la producción de
Woyzeck montada en Düsseldorf en 1930.

EN LA CALLE.
Capitán y Doctor.
CAPITÁN.-
Doctor, los caballos me dan mucho miedo. Cuando pienso que las pobres
bestias tienen que ir a pie. No corra de esa manera. ¡No menee el bastón en el
aire de esa forma! Va usted a la carrera detrás de la muerte. Una buena persona
que tenga la conciencia tranquila no va tan deprisa. (Toma al doctor por la
levita) Doctor, permítame que salve una vida humana. Va usted como una
bala... doctor, estoy tan melancólico, me entra una exaltación tengo siempre
que ponerme a llorar cuando veo mi casaca colgada en la pared. Ahí cuelga.
DOCTOR.-
¡Hum! Abotagado, adiposo cuello grueso, constitución apoplética. Si capitán, a
usted le puede dar una apoplexia cerebralis pero también le puede dar de un
solo lado y quedarse entonces paralizado psíquicamente y seguir vegetando;
éstas son más o menos sus perspectivas para las cuatro semanas próximas. Por
lo demás, le puedo asegurar que usted constituye uno de los casos más
interesantes, y si dios quiere que su lengua se quede parcialmente paralizada,
haremos los más inmortales experimentos.
CAPITÁN.-
Doctor, no me asuste, ya ha habido gente que ha muerto del susto, pura y
simplemente del susto. Ya veo a la gente con los limones en las manos, pero
dirán era una buena persona, una buena persona... ¡Voto al diablo! ¡es usted
un clavo de ataúd!.
Tendiéndole el sombrero.
DOCTOR.-
¿Qué es esto, señor capitán? Esto es una cabeza vacía.
Haciendo un pliegue en el sombrero.
CAPITÁN.- ¿Qué es esto, señor doctor? ¡Esto pura simpleza!.
DOCTOR.- Servidor de usted, señor penacho militar.
XVIGeorg Büchner
CAPITÁN.-
Woyzeck
Igualmente a sus órdenes, señor clavo de ataúd.
Woyzeck pasa corriendo.
CAPITÁN.-
¡Eh, Woyzeck! ¿A dónde vas, siempre con esas prisas? Descansa un poco.
Andas por el mundo como una navaja de afeitar abierta, uno se corta si te roza;
corres como si tuvieras que afeitar a un regimiento de cosacos y fueran a
ahorcarte un cuarto de hora después de acabar con el último pelo... pero, por
cierto, a propósito de barbas largas... ¿qué te quería decir yo? Woyzeck las
barbas largas.
DOCTOR.-
Una larga barba debajo del mentón, Plinio ya hablaba de ello; hay que quitar
esa costumbre a los soldados, eh tú...
CAPITÁN.-
A ver... las barbas largas... dime Woyzeck, ¿no has encontrado ningún pelo
de barba en tu tazón ¡Eh! Entiendes lo que digo ¿no? ¿el pelo de un hombre,
de la barba de un soldado, de un suboficial, de un... de un tambor mayor? ¡Eh,
Woyzeck! Pero tú tienes una mujer decente. No te pasa como a otros.
WOYZECK.- Si señor. ¿Qué me está queriendo decir mi capitán?
CAPITÁN.- ¡Qué cara pone este hombre! Bueno, no tiene que ser precisamente en la sopa,
pero si te apresuras y tuerces la esquina, acaso encuentres un par de labios.
Woyzeck, otra vez he sentido el amor. Woyzeck ¿Qué te pasa?, estás blanco
como el papel.
WOYZECK.-
Mi capitán soy un pobre diablo... y no tengo otra cosa en el mundo, mi
capitán, si usted está bromeando...
CAPITÁN.- ¿Bromeando yo? ¡A ti te voy a dar yo bromas mentecato!.
DOCTOR.- El pulso, Woyzeck: breve, duro, arrítmico, desigual.
WOYZECK.- Mi capitán, la tierra quema como el infierno, pero yo estoy helado, estoy
helado; el infierno es frío, ¿Qué se apuesta? Imposible. Dios, dios...
¡Imposible!.
CAPITÁN.-
Eh, tú, ¿quieres que te fusilen?, ¿quieres que te metan un par de balas en la
cabeza?. Me estás apuñalando con los ojos, yo te quiero bien porque eres una
buena persona, Woyzeck, buena persona.

DOCTOR.-
Músculos faciales rígidos, tensos, contracciones intermitentes, posición
erguida, tensa.
WOYZECK.-
Me voy. Son posibles muchas cosas. ¡El hombre! Son posibles muchas cosas.
Hace buen tiempo mi capitán. Mire usted qué hermoso y firme es ese cielo
gris, le entran a uno ganas de clavar un garfio en él y ahorcarse, tan sólo por la
coma que separa al sí del no. Mo capitán ¿sí no? ¿Tiene culpa el no del sí o el
sí del no? Voy a meditar sobre esto.
Se marcha a grandes zancadas, primero despacio luego cada vez más de prisa. El Doctor sale
corriendo tras él.
DOCTOR.- Fenómeno, Woyzeck, aumento.
CAPITÁN.- A mí me produce vértigo esa gente, que apresuramiento; el tipo largo va dando
zancadas, corre como la sombra de una pata de araña y corto va al roce. El
largo es el rayo y el corto el trueno... ¡Ja, ja, ja, el uno a la zaga del otro! No
me gusta eso. Las personas buenas son agradecidas y aman la vida, las
personas buenas no son valientes. Los hijos de perra son valientes. Yo he ido a
la guerra sólo para confirmarme en mi convicción de que amo la vida... de eso
a ser valiente... ¡que ideas le vienen a uno!. Grotesco, grotesco.
Puesta en escena del año 1992 con adaptada por Hang Ong

CAMPO ABIERTO: LA CIUDAD A LO LEJOS.
Andrés canta
ANDRÉS.-
Una moza tiene el ama
Que de noche y día pasa.
Sentadita en el jardín.
WOYZECK.- ¿Qué hay?
ANDRÉS.- Buen clima.
WOYZECK.- Sol de domingo y música a las puertas de la ciudad. Antes han pasado las
mujeres, qué bullicio, todo van para allá.
Inquieto.
WOYZECK.- Baile, Andrés, están bailando.
ANDRÉS.- En el Rössel y en el Stern.
WOYZECK.- Baile, baile.
ANDRÉS.- Y a mí qué.
...sentadita en el jardín
Hasta que al dar las doce
Espera a los soldados.
WOYZECK.- Andrés, no me puedo serenar.
ANDRÉS.- ¡Loco!
WOYZECK.- Tengo que marcharme. Todo me da vueltas. ¡Qué manos tan calientes tienes!
¡maldita sea Andrés!.
ANDRÉS.- ¿Qué quieres?
WOYZECK.- Tengo que irme.
ANDRÉS.- Con esa golfa.
WOYZECK.- Tengo que salir al aire libre, que calor hace aquí.

MESÓN.
Ventanas abiertas. Baile. Bancos delante de la casa.
1° ARTESANO.- Llevo puesta una camisa
Que no es mía, es de otra gente.
Mi alma apesta a aguardiente.
2° ARTESANO.- Hermano, ¿te hago por amistad un agujero en la naturaleza? ¡Divino! ¡Quiero
hacer un agujero en la naturaleza! Yo también soy humano ¿sabes?, voy a
matarle todas las pulgas que tiene en el cuerpo.
1° ARTESANO.- Mi alma, mi alma apesta a aguardiente. Hasta el dinero acaba pudriéndose.
¡Nomeolvides! Que bonito es este mundo. Hermano tengo que llorar hasta
llenar una cuba de mi lluvia. Me gustaría que nuestras narices fueran botellas y
que pudiésemos vaciárnoslas el uno al otro en el gaznate.
Woyzeck se coloca junto a la ventana. Marie y el tambor mayor pasan bailando sin verle.
TODOS.-
Un cazador del platinado
Iba una vez por un verde prado,
Halí, haló, la caza es divertida,
Allá en el verde llano
La caza es mi alegría.
Pasa Marie por delante de Woyzeck bailando. Woyzeck al querer hablar al principio se ahoga,
se incorpora bruscamente y se deja caer otra vez en el banco.
MARIE.- Más y más. Y más y más.
WOYZECK.- Más y más, más y más. (Batiendo las palmas) ¡Sí bailad, revolcaos! ¿Porqué
no apaga dios el sol de un soplo y que todos se revuelquen en lujuria, macho y
hembra, hombre y bestia? ¡Hacérselo a uno encima de las manos, como los
mosquitos! La hembra... la hembra está caliente. (Se incorpora de un salto)
XXGeorg Büchner
Woyzeck
¡Ese hijo de perra! Cómo la sobaba, cómo sobaba su cuerpo, él la posee...
como yo la poseía al principio.
1° artesano predica de pie sobre una mesa.
1° ARTESANO.- Mas si un caminante que se apoya en el transcurso del tiempo o que se hace
consciente de la divina sabiduría y que dice: ¿Por qué existe el hombre? Pero
en verdad, en verdad os digo, ¿de qué viviría el campesino, el tonelero, el
zapatero, el médico si dios no hubiese creado al hombre? ¿de qué viviría el
sastre si dios no hubiese inculcado al hombre el sentimiento del pudor, de qué
soldado si no le hubiera imbuido la necesidad de matar a otros? Por eso, no lo
dudéis, sí, sí es bello y agradable, pero todo lo terreno es vanidad, hasta el
dinero acaba pudriéndose... para concluir, amados oyentes, vamos a mear en
forma de cruz a fin de que muera un judío.
Músicos ensayando para Woyzeck, del director Marike Splint en el Theater of the Riverside
Church abril del 2007

CAMPO ABIERTO: LA CIUDAD A LO LEJOS.
Woyzeck se inclina a tierra aguzando el oído.
WOYZECK.-
¡Más y más! Silencio. Música. ¿Eh? ¿Qué? ¿Qué dices? Más alto, más alto.
¿Clávale el puñal, mata a esa zorra? Apuñala, apuñala a esa zorra. ¿Lo hago?
¿Tengo que hacerlo? ¿Lo oigo también ahí? ¿También dice eso el viento?
Siempre lo oigo, siempre, siempre: mata, apuñala.
Diseños de Magda Banach para Woyzeck puesta Argentina del 2007 por Damián Moroni.

DE NOCHE.
Woyzeck despierta sacudiendo a Andrés en la cama.
WOYZECK.-
¡Andrés! ¡Andrés! No puedo dormir; cuando cierro los ojos, todo me da
vueltas y oigo esos violines: más y más, siempre y siempre, y luego sale una
voz de la pared, ¿tú no oyes nada?
ANDRÉS.-
Si, déjalos que bailen. Dios nos proteja. Amén
Woyzeck lo despierta de nuevo.
WOYZECK.- Algo me tira aquí, entre los ojos, como u cuchillo.
ANDRÉS.- Tienes que tomar aguardiente con polvos dentro, eso corta la fiebre.
Woyzeck puesta Portuguesa de la compañía de la escuela teatral de Cardoso.

MESÓN.
Tambor mayor se golpea el pecho, va fanfarroneando hasta que desafía a Woyzeck.
TAMBOR MAYOR .-
¡Yo soy un hombre! Un hombre, digo ¿Quién quiere algo? Quien no sea dios
borracho, que no se meta conmigo. Le voy a zarandear hasta que se meta la
nariz en el culo. Le voy a... ¡eh, tú!, bebe, los hombres tienen que beber. Ojalá
el mundo entero no fuese más que aguardiente.
Woyzeck silba.
TAMBOR MAYOR .-
Oye ¿quieres que te saque la lengua del gaznate y te la enrolle en el cuerpo?
Pelean Woyzeck pierde.
TAMBOR MAYOR .-
¿Cuánto aire te dejo para respirar? ¿el del pedo de una vieja?
Woyzeck exhausto y tembloroso, se sienta en el banco.
TAMBOR MAYOR .-
Que silbe el mentecato hasta ponerse azul. ¡Sí! El aguardiente es mi vida. El
aguardiente es mi fuerza.
UNA.- Ese ya tiene bastante.
OTRA.- Está sangrando.
WOYZECK.- Cada cosa a su tiempo.

WOYZECK Y EL JUDIO
WOYZECK.- La pistola es muy cara
JUDIO.- Bueno, ¿la compras o no la compras? ¿Eh?.
WOYZECK.- ¿Cuánto cuesta el cuchillo?.
JUDIO.- Está completamente derecho.¿Quieres cortarte el pescuezo con él? Bueno
¿Qué? Te lo doy tan barato como a cualquier otro, morir te costará bien poco,
pero no será en balde. ¿Te decides? Vas a tener una muerte económica.
WOYZECK.- Con esto se puede cortar algo más que pan.
JUDIO.- Dos centavos.
WOYZECK.- ¡Aquí!
JUDIO.- ¡Aquí! como sino fuese nada. ¡Y es dinero, nada menos! El muy necio.
Una escena del 'Woyzeck' dirigido por Emilio García Wehbi, aún en cartel en el Teatro San
Martín

BUHARDILLA
Marie, el niño y Kart, el idiota. Marie hojea la Biblia.
MARIE.-
“Y en su boca no se halló el engaño”... ¡Señor, señor! No me lo tengas en
cuenta. “...Y los fariseos le llevaron una mujer sorprendida en adulterio y la
pusieron en medio. Mas Jesús dijo: tampoco yo te condeno. Vete y en adelante
no peques más”.
Marie junta las manos.
MARIE.-
¡Señor, señor! No puedo. Señor ¡dame sólo que pueda rezar! El niño, me da
una punzada en el corazón. ¡Fuera!!Qué calor tan sofocante!.
Karl tumbado se cuenta cuentos con los dedos.
KARL.-
Este es el rey y tiene una corona de oro. Mañana e llevaré al hijo de la reina.
Esta morcilla dice: Ven acá salchichón.
Karl carga al niño y guarda silencio, Marie tras el bochorno abre la ventana.
MARIE.-
No ha venido Franz, ni ayer, ni hoy; qué calor hace aquí. ...Y poniéndose a
sus pies comenzó a llorar y le mojaba los pies con sus lágrimas y con los
cabellos de su cabeza se los secaba; y besaba sus pies y los ungía con
perfumes.
Marie dándose golpes de pecho
MARIE.-
¡Todo está muerto! Señor, redentor mío, yo quisiera ungirte los pies.

CUARTEL
Andrés. Woyzeck rebuscando entre sus cosas.
WOYZECK.-
Esta camisa, Andrés, no forma parte del uniforme, te puede servir a ti Andrés.
La cruz es para mi hermana y el anillo; tengo también una estampa, dos
corazones de oro, estaban en la Biblia de mi madre y pone:
Sea el sufrir mi beneficio,
Sea el sufrir mi sólo oficio.
Como tu cuerpo , llagada y sangrante.
Mi madre sólo siente el calor del sol en la mano. No importa.
ANDRÉS.- Sí.
WOYZECK.- Friedrich Johann Franz Woyzeck, fusilero jurado del segundo regimiento,
segundo batallón, cuarta compañía, nacido el día de la anunciación, tengo hoy
treinta años de edad , siete meses y doce días.
ANDRÉS.-
Franz, tienes que ir al hospital. Pobre, bébete el aguardiente con los polvos
dentro, eso mata la fiebre.
WOYZECK.-
Sí, Andrés, cuando el carpintero clava los maderos del ataúd, nadie sabe quién
meterá la cabeza en él.

EL PATIO DEL DOCTOR.
Estudiantes observan, el doctor asomado a la ventana del desván.
DOCTOR.-
Señores, estoy en el tejado como David cundo vio Betsabé pero yo sólo veo
los polisones de pensionado de señoritas puestos a secar... Señor estamos
tratando el importante problema de la relación del sujeto con el objeto. Si sólo
tomamos una de las cosas en las que se manifiesta la autoafirmación orgánica
de lo divino en uno de los elevados niveles y si investigamos sus relaciones
con el espacio, con la tierra, con el sistema planetario, señores, si yo tiro este
gato por la ventana, ¿cómo se comportará ese ser en relación con el centrum
gravitatoris y con el propio instinto? ¡Eh, Woyzeck! ¡Woyzeck!
WOYZECK.- Señor Doctor, el gato muerde.
DOCTOR.- Mentecato, agarras el animal con la misma delicadeza que si se tratara de tu
abuela.
WOYZECK.- Doctor, tengo los temblores.
DOCTOR.- Muy bien Woyzeck.
Se frota las manos. Coge al gato.
DOCTOR.-
Qué veo aquí, señores, la nueva especie del piojo de iebre, muy diferente de la
del doctor Rizinus, oscura.
Saca una lupa. El gato escapa).
DOCTOR.-
Señores, este animal no tiene instinto científico. A cambio señores, vean
ustedes a este hombre; desde hace tres meses no come otra cosa que guisantes,
¡observen los efectos, tómenle el pulso, vean que desigual, aquí los ojos!.
WOYZECK.-
Doctor, todo se me vuelve negro.
Woyzeck toma asiento.

DOCTOR.-
Woyzeck
Ánimo Woyzeck, unos días y hemos concluido; palpen ustedes, señores
palpen.
Le tocan las sienes, el pulso y el pecho.
DOCTOR.-
A propósito, Woyzeck, mueve las orejas para estos señores, yo ya quería
mostrárselo a ustedes. Actúan en él dos músculos. ¡Venga! ¡Deprisa!.
WOYZECK.- ¡Oh, Doctor!.
DOCTOR.- ¡Animal! ¿Habré yo de menearte las orejas? ¿quieres hacer como el gato? ¿Lo
ven señores? Es la transición al asno, muchas veces como consecuencia de la
educación femenina y de la lengua materna. ¿Cuántos pelos te arrancó ya tu
madre cariñosamente, como recuerdo? Se te han vuelto muy escasos desde
hace unos días; sí, los guisantes señores.


MARIE CON NIÑAS DELANTE DE LA PUERTA E SU CASA
Cantan:
NIÑAS.-
El sol luce en la Candelaria
Y están los campos en flor.
Marchaban de dos en dos.
Las flautas iban delante,
Y los violines detrás,
Tenían rojos...
1a NIÑA No me gusta. 2a NIÑA Pues qué es lo que quieres. OTRAS
1a NIÑA Lo que has empezado primero. ¿Por qué?
2a NIÑA No puedo Porque sí.
OTRA Que cante Pero, ¿por qué
TODAS Marieta, cántanos tú Porque sí?.
MARIE.- ¡Venid acá, cangrejitos!
Anillo, anillito,
Corona de rosas
Está el rey Herodes...
...Abuela ¡un cuento!.
ABUELA.-
Érase una vez un pobre niño que no tenía padre ni madre, todos se habían
muerto y ya no quedaba nadie en el mundo. Se habían muerto todos. Él fue y
se puso a llorar día y noche. Y como ya no había nadie en la tierra quiso ir a
cielo y la luna era un trozo de madera podrida. Entonces se fue al sol y cuando
llegó, era un girasol seco, y cuando llegó a las estrellas eran pequeños
mosquitos de oro que estaban prendidos como los prende el alfaneque en el
endrino, y cuando quiso volver a la tierra era una olla al revés y estaba
completamente solo, entonces se sentó y empezó a llorar. Todavía sigue
sentado y está completamente solo.
WOYZECK.-
¡Marie!

MARIE.- ¿Qué pasa?.
WOYZECK.- Marie vamos, es hora.
MARIE.- ¿A dónde?.
WOYZECK.- ¿Lo sé yo acaso?.

MARIE Y WOYZECK
Cantan:
MARIE.- Bueno, por ahí se va a la ciudad. Esto está tan oscuro.
WOYZECK.- Vas a quedarte aquí. Ven, siéntate.
MARIE.- ¡Tengo que irme!.
WOYZECK.- No vas a llegar muy lejos.
MARIE.- ¿Pero qué es lo que tienes?.
WOYZECK.- Marie ,¿Sabes cuánto dura lo nuestro?.
MARIE.- Para Pentecostés hará dos años.
WOYZECK.- ¿Sabes cuánto va a durar aún?.
MARIE.- Tengo que irme. Está cayendo sereno.
WOYZECK.- Tienes frío Marie y sin embrago estás caliente. Cómo te arden los labios.
Aliento ardoroso de puta y sin embargo, yo daría el cielo por besarlos otra vez.
Y cuando se está frío, ya no se tiene frío. Con el rocío de la mañana ya no
sentirás frío.
MARIE.- ¿Qué estás diciendo?.
WOYZECK.- Nada.
Silencio.
MARIE.- ¡Qué roja brilla la luna!.
WOYZECK.- Como un cuchillo ensangrentado.
MARIE.- ¿Qué te traes entre manos Franz? ¡estás pálido! ¡Franz, no! ¡Por el amo de
Dios! ¡So-socorro!.
WOYZECK.-
¡Toma esto! ¡y esto! ¿Es que no sabes morirte? ¡Así! ¡Así! ¡Aún sigue
moviéndose! ¿Todavía no? ¿Todavía no? ¿Estás segura? ¡Muerta, muerta!.
Llega gente y sale corriendo.

LLEGA GENTE
1° PERSONA.- ¡Alto!
2° PERSONA.- ¿Oyes? ¡Calla! Por ahí.
1° PERSONA.- ¡Uh! ¡Ahí! ¡Qué ruido!.
2° PERSONA.- Es el agua que llama, hace tiempo que no se ha ahogado nadie. Vámonos, no
es bueno escucharla.
1° PERSONA.- ¡Huy! Otra vez. Como alguien que se estuviera muriéndose.
2° PERSONA.- Da miedo esta bruma. Todo gris, casi niebla... y el zumbido de los abejorros
como campanas rajadas. Vámonos.
1° PERSONA.- No, la voz es demasiado clara, demasiado fuerte. Por allí ven.
Puesta en escena bajo la dirección de Matt Torney.

MESÓN.
WOYZECK.-
A bailar todos, más y más; ¡sudar!, ¡apestar!; al final él vendrá a buscarnos a
todos.
Una moza tiene el alma
Que noche y día se pasa
Sentadita en el jardín
Hasta dar las doce
Espera a los soldados.
Así Käte. Siéntate que tengo calor. ¡Calor!.
Se quita la casaca después de cantar y bailar.
WOYZECK.-
Así es, el diablo se lleva a una y deja suelta a la otra. Käthe, estás caliente.
¿Por qué Käte? Tú también te pondrás fría. Sé razonable. ¿Es que no sabes
cantar?.
KÄTHE.-
Yo no quiero marcharme a Suabia
Ni tampoco llevar trajes largos;
trajes largos, zapatos de tacón
no se casan con la moza de un mesón.
WOYZECK.- No, sin zapatos, también se puede ir al infierno sin zapatos.
KÄTHE.- ¿Pero qué tienes en la mano?.
WOYZECK.- ¿Yo? ¿Yo?
KÄTHE.- ¡Rojo! ¡Sangre!
Se forma un círculo de gente en torno a ellos.
WOYZECK.- ¿Sangre? ¿Sangre?.
MESONERO.- ¡Uh! Sangre.
WOYZECK.- Creo que me he cortado, aquí, en la mano derecha.
MESONERO.- ¿Y cómo ha llegado la sangre hasta el codo?.
WOYZECK.- Me habré limpiado.
XXXIVGeorg Büchner
MESONERO.-
Woyzeck
¿Y cómo? ¿El codo derecho con la mano derecha? Si que usted es muy
mañoso.
KARL.-
Y entonces dijo el gigante: me huele, me huele, me huele a carne humana.
¡Puah! Ese ya hiede.
WOYZECK.-
¡Demonios! ¿Qué quieren? ¿Qué les importa? ¡Déjenme salir! O al primero
que... ¡demonios! ¿Creen que he matado a alguien? ¿Soy yo un asesino? ¿Qué
están mirando? Mírense a ustedes mismos. Déjenme salir
Se escapa.

WOYZECK.-
¿El cuchillo? ¿Dónde está el cuchillo? Lo dejé ahí. ¡Va a delatarme! ¡Más
cerca!, más cerca aún! ¿Qué sitio es éste?. ¿Qué estoy oyendo? Algo se
mueve. Silencio. Ahí cerca. ¿Marie? ¡Ah, Marie! Silencio. Todo silencio. Hay
que marcharse de este lugar. El cuchillo, el cuchillo, ¿lo tengo? ¡Ah, bueno!
Gente. Allí.
Se marcha corriendo.
WOYZECK.-
Así, al fondo.
Arroja el cuchillo al agua.
WOYZECK.-
Se hunde en el agua oscura, como una piedra. La luna es como un cuchillo
ensangrentado. ¿Pero es que el mundo entero quiere delatarme?. No, está
demasiado cerca y cuando se bañen...
Se mete en el estanque y echa el cuchillo más adentro.
WOYZECK.-
Así, ahora, pero en verano, cuando se metan buscando conchas... Bah, para
ese entonces ya estará oxidado. ¿Quién va a reconocerlo? ¿Por qué no lo habré
roto? ¿Tengo sangre aún? Voy a lavarme. Aquí hay una mancha y aquí otra.

NIÑAS
1° NIÑA.- ¡Vamos Marieta!
2° NIÑA.- ¿Qué pasa?
1° NIÑA.- ¿No lo sabes? Se han ido ya todos. Hay una muerta allá fuera.
2° NIÑA.- ¿Dónde?
1° NIÑA.- A la izquierda de las trincheras, en el bosquecillo, junto a la cruz roja.
2° NIÑA.- Vamos, que todavía podamos ver algo. Si no, se la llevan.
Woyzeck en Dirección de Hadrian Garrard
XXXVIIIGeorg Büchner
Woyzeck

UJIER, MEDICO Y JUEZ.
UJIER.-
Un buen asesinato, un asesinato auténtico, un hermoso asesinato, tan hermoso
que no se puede pedir más, hace tiempo que no hemos tenido algo semejante.

KARL, CHRISTIAN Y WOYZECK.
Karl con el niño en el regazo.
UJIER.- Se ha caído al agua, se ha caído al agua. ¡No!, se ha caído al agua.
WOYZECK.- Niño, Christian.
KARL.- Se ha caído al agua.
Woyzeck quiere acariciar al niño, éste no se deja y rompe a llorar.
WOYZECK.- ¡Dios mío!
KARL.- Se ha caído al agua.
WOYZECK.- Christian pequeñín, te voy a regalar un caballito, arre, arre.
Christian le rechaza, Woyzeck se dirige a Karl.
WOYZECK.-
Cómprale tú un caballito al niño.
Con ruidosa alegría.
KARL.-
Arre, caballito, Arre, caballito.
Sale corriendo con el niño.

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