AMOR ES MÁS LABERINTO. Sor Juana Inés de la Cruz.

















AMOR ES MÁS LABERINTO

Sor Juana Inés de la Cruz


MINOS, Rey de Creta
ARIADNA, Infanta, su hija
FEDRA, Infanta, su hija
TESEO, Príncipe de Atenas
ATÚN, su criado gracioso
BACO, Príncipe de Tebas
RACIMO, su criado
LIDORO, Príncipe de Epiro
LICAS, embajador de Atenas
TEBANDRO, Capitán de la guarda
LAURA, criada de Fedra
CINTIA, criada de Ariadna
Dos SOLDADOS
MÚSICA
ACOMPAÑAMIENTO







JORNADA PRIMERA

CORO 1: "En la hermosura de Fedra, y en la beldad de Arïadna, muestra Amor que hay mayorías donde no caben ventajas; porque de Amor conozcan en las hazañas, que sin dejar despojos, consigue palmas." ARIADNA: ¿Quién esta música ordena, Cintia? CINTIA: ¿Quién puede ordenarla, sino el Príncipe de Epiro y el de Tebas, que con tantas demostraciones os sirven, y en cuestiones cortesanas apurando los discursos, por dar a entender sus ansias, lo que por sí mismos lloran, por ajenas voces cantan? Y como sois Fedra y tú, aun más que en la sangre, hermanas en la belleza, os festejan con iguales alabanzas, y no como algunos necios, cuya adoración cansada, sólo piensa que a una sirve con lo que a todas agravia. FEDRA: Cortesana es la atención; mas oye, que otra vez cantan. CORO 2: "En el Príncipe Teseo, muestra la Fortuna varia que puede haber vencimientos, sin precederles batalla; porque Fortuna ordena que, en sus hazañas, haber pueda despojos, sin lograr palmas." ARIADNA: ¿Qué es esto? ¿Qué tristes voces, con cláusulas concertadas, parece que contradicen lo que las otras cantaban? CORO 1: "Pues cuando forman sus luces competencias soberanas, sin quedar una vencida, quedan victoriosas ambas." FEDRA: ¡Oh, qué distintos afectos explican sus consonancias; que aquí cantan lo que penan, y allí penan lo que cantan! CORO 2: "Tan infelizmente muere, que aun no merecen sus ansias que otro logre por trofeos el fruto de sus desgracias." ARIADNA: ¡Qué altivo sentir! ¡Qué bien muestra en tan noble arrogancia, que no merece ser pena, una pena tan hidalga! CORO 1: "Porque cuando es el exceso imposible en beldad tanta, recíprocamente vencen todo aquello en que se igualan." FEDRA: Buena letra; y el estudio es imposible que hallara proposición más atenta ni prueba más ajustada. CORO 2: "No siente el héroe la muerte; la afrenta sí, que es infamia que tan bajamente muera quien nació a vida tan alta." ARIADNA: Bien dice, porque sin duda que suelen ser, en el alma, más sensibles que el morir, del morir las circunstancias. ARIADNA Y MÚSICA: "¡Porque Fortuna ordena que en sus hazañas, haber pueda despojos, sin lograr palmas!" FEDRA Y MÚSICA: "Porque de Amor conozcan en las hazañas, que sin dejar despojos, consigue palmas!" ARIADNA: ¿Cúyas serán estas voces? LAURA: Sin duda, como este alcázar, empezando en un palacio, en un laberinto acaba de tan intrincadas vueltas y entretejidas lazadas que el discurso las ignora aunque las toque la planta, pues jamás ha entrado a verlas atención tan desvelada a quien no turben las señas de sus indistintas cuadras, porque con tal artificio las dispuso aquella sabia industria de su arquitecto, que, unas con otras trabadas, son unas, y otras parecen; son iguales, y son varias --prueba de esta verdad sea el que, sirviendo su estancia de triste prisión, adonde de tu padre la venganza a los atenienses pone, para que de sangre humana se alimente el Minotauro, monstruo de formas contrarias, no tiene más puerta que su dificultad, por guarda-- y como aqueste año estuvo la Fortuna tan airada contra Atenas, que dispuso que cayese la inhumana suerte en su Príncipe mismo, Teseo; por cuya causa su dolorosa familia, viendo que tu padre trata de entregarlo al fiero monstruo, y que un joven que de tantas prerrogativas el Cielo adornó--y cuando esperaban que a sus bélicos alientos, a sus ínclitas hazañas, cuando no dichosa vida, alta muerte coronara-- hoy es tan triste despojo de la ignominiosa Parca, que el que ayer mandaba un reino sirve a un bruto de vïanda; y execrando la injusticia con que Fortuna le trata, dicen que es, en sus desdichas, sólo de su muerte causa. LAURA y MÚSiCA: "¡Porque Fortuna ordena que, en sus hazañas, haber pueda despojos, sin lograr palmas!" ARIADNA: ¡Oh, qué dolor en mi pecho han causado tus palabras! Que le falta la nobleza a quien la piedad le falta. No sé qué atractivo tiene lo infeliz para las almas altivas, que sólo el serlo por recomendación basta. ¿Qué mucho, si perfecciona la miseria a la gallarda potencia de la piedad, haciendo que al acto salga? Pues en el más noble pecho, en la condición más blanda, fuera inútil la piedad si faltara la desgracia. ¿Y cuándo, Laura, llegó el Príncipe? LAURA: Ayer, con tanta majestad, como pudiera quien a coronarse entrara; pero aún no le ha visto el rey, y así es forzoso que haga el Embajador de Atenas la entrega. FEDRA: ¡Suerte inhumana! CINTIA: Pero ya tu padre, a quien los Príncipes acompañan, a recibir al cautivo sale aquí. FEDRA: Pues, Ariadna, si tú gustas, esperemos a ver una tan extraña maravilla. ARIADNA: Ya obedezco tu gusto, no por la causa de ver al preso ateniense a quien los hados maltratan, sino por hablar a Baco, cuya presencia gallarda va en mi pecho a sus finezas asegurando la paga. FEDRA: No diré yo de Lidoro eso, pues sus tiernas ansias tanto más me desobligan, cuanto obligarme más tratan. Y tengo en esto razón, pues demás de ser cansadas, finezas que hace el abuso deberlas sin aceptarlas, con tan grande improporción como querer que en las damas sea preciso el deberlas y voluntario el pagarlas, se ofende mi vanidad, de que quiera su ignorancia, forzándose a ser querida obligarme a ser ingrata. MINOS: ¡Hijas! LIDORO Y BACO: ¡Beldades divinas! MINOS: El cariño con que os ama mi amor, no me ha permitido que pueda tener el alma contento, sin que vosotras lo gocéis. ARIADNA Y FEDRA: Tus reales plantas besamos por tal favor. ARIADNA: Y después de darte gracias, ¿cuál es el gusto, Señor, a que, con novedad tanta, nos convida tu cariño, y tu prevención nos llama? Pues es cierto que después que mi hermano, en quien estaban de tu reino y de tu amor fundadas las esperanzas, murió de los atenienses a las cautelosas armas, nunca oímos en tu voz, nunca vimos en tu cara el semblante sin tristezas, ni sin quejas las palabras. MINOS: De lo mismo que refieres, pudieras bien, Arïadna, claramente inferir cuál es de mi gusto la causa; pues el ofendido, sólo cuando se venga descansa. Murió en Atenas mi hijo --¡ay, infeliz prenda amada, no el referir me avergüence tu muerte, que no desaira su queja el que la pronuncia a vista de la venganza-- y aunque mi valor pudiera haberle dado a mi saña bastante satisfacción; pues ha tres años que airada, mi justa cólera tuvo a Atenas tan apretada, que después de otros partidos la forcé a que me entregara todos los años por feudo siete doncellas gallardas y siete nobles mancebos, aquellos a quien tocara la suerte entre todo el reino, sin que de entrar en la infausta suerte tuviese ninguno excepción, ni reservada aun la persona estuviese del Príncipe y las Infantas; para cuya ejecución, ministros de confïanza cada año a Atenas envío que echen suertes, y al que salga, fuercen a venir a Creta, donde tengo en las entrañas del Minotauro el sepulcro que mi enojo le señala; y aunque pudieran templar en parte, mi enojo, tantas malogradas juventudes, cuyas vidas desdichadas más que alimento a la fiera, se lo han dado a mi venganza, he quedado satisfecho nunca, que no se restaura con muchas que no lo son, una frente coronada; hasta que hoy, que la Fortuna, para Atenas tan contraria cuanto favorable a Creta, hizo que la suerte airada en el Príncipe cayese; porque en iguales balanzas, si fue Príncipe el difunto, lo sea el que satisfaga también por su infeliz muerte, y no quede Atenas vana de tener Príncipe, cuando por su causa, en Creta falta. Muera Teseo, y con él mueran de su infame patria las que en su valor tenían bien fundadas esperanzas; que no poco lisonjeo mi enojo, al pensar que acaba toda la vida de un reino reducido a una garganta. ARIADNA: Felices edades vivas porque vean que no empaña en ti el ardor del acero, la prudencia de las canas. FEDRA: Y porque conozca el mundo que vio tu sangre agraviada, que el clamor de aquella sangre, con otra sangre se aplaca. BACO: Yo, Señor, quedo corrido, pues con victorias tan altas, le dejáis a mi valor que os pueda servir en nada. LIDORO: Yo no, pues antes, señor, me dará vuestra enseñanza, para facultad de triunfos tantas lecciones de hazañas. MINOS: Cuánto, Príncipes invictos, esa voluntad, el alma os estima, no encarezco, hasta que la satisfaga con debida recompensa; que queda muy desairada la deuda que no se dice con las voces de la paga. BACO: Gran señor, vuestra promesa por satisfacción me basta; pues quien promete, ya da de contado la esperanza. MINOS: Escucha, Tebandro, a solas. TEBANDRO: ¿Qué me ordenas?
LIDORO: Soberana Fedra, miradme siquiera; y no penséis que mis ansias os lo piden por alivio; que es tan poco interesada mi fineza, que aun tan leve alivio escrupulizara, a no saber que tenéis gusto en mis penas; y para que logréis el gusto, quiero que lo tengáis con mirarlas. FEDRA: La intención de darme gusto os estimo, mas se engaña vuestro discurso, si piensa que el veros penar me agrada; que bien puede una mujer que al mor no se avasalla hacer alarde de altiva, sin hacer gala de ingrata. LIDORO: Según eso, yo, Señora, podré tener confïanza, no de merecer, que aquesto fuera presunción bastarda, sino de saber que puedo servir, sin que en esto haga ofensa a vuestro decoro; que es alivio para un alma el saber que los servicios, si no merecen, no cansan. FEDRA: Valerme, Príncipe, quiero de vuestras mismas palabras, pues con ellas me excusáis la vergüenza de formarlas; de donde sacar podréis la consecuencia bien clara de que, quien no ofende amando en amar no desagrada. LIDORO: Según aqueso, Señora, bien pudiera mi esperanza. FEDRA: ¿Qué? LIDORO: Alentarse a vuestras luces feliz... FEDRA: No prosigáis, basta; que una cosa es permitirla, y otra cosa es alentarla. LIDORO: Grosero anduve; perdón os pide mi voz, que errada, esperanza dijo, donde aun no es lícito nombrarla; pero advertid que si tengo alguna, no es tan villana, que atenta a sus conveniencias sólo siga lo que alcanza, sino otra que, negativa, alcanzar espera nada; que hay esperanza que vive de no tener esperanza. MINOS: Tebandro, haz que venga luego el Príncipe.
LICAS: Ya a tus plantas tienes al embajador de Atenas, cuya desgracia le dio tan infausto cargo y comisión tan extraña, como que por feudo tuyo su mismo Príncipe traiga; acción de tanto dolor, que a haber sido voluntaria, hubiera antes escogido la muerte, que la embajada. MINOS: Alza del suelo, que quiero guardarte en todo las sacras exenciones que se deben a embajador. LICAS: Excusadas son tus mercedes, Señor, con quien no puede aceptarlas; que estando el Príncipe aquí, no era razón que gozara honores en su presencia un vasallo; y más con tanta desgracia, como estar él en una suerte tan baja, como la de prisionero, y yo gozando las altas preeminencias de mi cargo. MINOS: Discretamente reparas; mas haz que llegue Teseo, que aunque de verle la cara tuve nunca la intención, porque es en los reyes gracia dejarse ver, y los reos no es bien lleguen a lograrla, con todo quiero esta vez, incitado de su fama, ver al Príncipe, y saber de su boca sus hazanas, para que mejor se temple lo ardiente de mi venganza, viendo cuán grande es la ofrenda que sacrifico a sus aras. ATÚN: Por cierto que es el favor, como de su buena cara. LICAS: Llegue, Señor, Vuestra Alteza, que el Rey espera. TESEO: ¡Ah, tirana Fortuna! Aquí está, Señor, tu prisionero. MINOS: Repara que aunque vienes como reo, mi benignidad te trata este rato como a libre. ATÚN: Y también besa tus patas un Atún, que a ser comido viene por concomitancia, si no mandas otra cosa. ARIADNA: (¡Qué presencia tan gallarda! ¡Ay, infeliz! ¡Quién pudiera darle libertad!) FEDRA: (El alma se me ha enternecido al verle. ¡Quién su libertad comprara, aunque costara mi vida! MINOS: Haz, Teseo, de las altas proezas tuyas la suma. TESEO: La suma de mis desgracias pudieras decir más bien; mas, pues gustas de escucharlas, atiende. MINOS: Prosigue. FEDRA: (¡El Cielo te libre!) ARIADNA: (¡El Cielo te valga!) TESEO: Atiende para que sepas, en dos acciones contrarias en lo vario de una suerte, lo que pierdo y lo que ganas. ¡Generoso Rey de Creta, a cuyos gloriosos hechos sirven de cortos archivos las bibliotecas del tiempo; glorioso legislador, cuyo acertado gobierno, como da leyes al orbe, dará al abismo preceptos, porque podrá tu justicia, valor, rectitud y celo, introducir la concordia en el mismo desconcierto; cuyas veneradas leyes tendrán padrón tan eterno que estés en su ejecución reinando después de muerto! Yo--aunque ya sabes quién soy-- referir de nuevo quiero mi nombre, por si el olvido le sepulta, que es muy cierto que nadie conoce al que ve en baja fortuna puesto. Yo, pues, el Príncipe soy, que de Atenas heredero, antes pago sus pensiones que gozo de sus imperios. Poco te he dicho en decir que soy príncipe, pues pienso que es más que decir monarca decirte que soy Teseo. Y con razón, pues haber nacido príncipe excelso, se lo deberá a la sangre y no a mis merecimientos. Y no he de estimar yo más --aun siendo mi padre mesmo-- aquello que debo a otro, que no lo que a mí me debo. Que entre ser príncipe y ser soldado, aunque a todos menos les parezca lo segundo, a lo segundo me atengo; que de un valiente soldado puede hacerse un rey supremo, y de un rey--por serlo--no hacerse un soldado bueno. Lo cual consiste, Señor, si a buena luz lo atendemos, en que no puede adquiriese el valor, como los reinos. Pruébase aquesta verdad, con decir que los primeros que impusieron en el mundo dominio, fueron los hechos, pues, siendo todos los hombres iguales, no hubiera medio que pudiera introducir la desigualdad que vemos, como entre rey y vasallo, como entre noble y plebeyo. Porque pensar que por sí los hombres se sometieron a llevar ajeno yugo y a sufrir extraño freno, si hay causas para pensarlo, no hay razón para creerlo; porque como nació el hombre naturalmente propenso a mandar, sólo forzado se reduce a estar sujeto; y haber de vivir en un voluntario cautiverio, ni el cuerdo lo necesita ni quiere sufrirlo el necio. Aquél, porque en su cordura halla de vivir preceptos, y aquéste, porque le tiene su necedad satisfecho; pues no verás ignorante, en quien el humor soberbio no llene de presunción los vacíos del talento. De donde infiero, que sólo fue poderoso el esfuerzo a diferenciar los hombres, que tan iguales nacieron, con tan grande distinción como hacer, siendo unos mesmos, que unos sirvan como esclavos y otros manden como dueños. Luego no será altivez que cuando le debo al Cielo, de nacimiento y valor tan conformes privilegios, me precie de mi valor más que de mi nacimiento. Y porque veas con cuánto fundamento hacerlo puedo, escucha. Apenas había en mi rostro el primer vello dado las honrosas señas del corazón y del seso, cuando en vez de acompañarme de los pulidos mancebos que en la juventud de Atenas eran de la gala espejos, de Hércules me acompañé; que más quiso mi ardimiento, que preceptores de galas, tener de hazañas maestros. Alcancé en su compañía, entre otros muchos trofeos, el vencer las Amazonas; y no sin causa el primero de todos mis triunfos llamo éste, Señor, porque creo que el vencer a una mujer es el mayor vencimiento; porque ¿cómo vencer a un enemigo que a un tiempo aprisiona con la vista y lidia con el acero? Y cuando hermosa no sea, basta ser mujer, que el serlo es suficiente ventaja; pues demás de sus alientos, pelean de parte suya, mi lástima y mi respeto. Demás de que es muy difícil, alcanzado ya el trofeo, saber lograrlo con aire, porque es menester un pecho, para conseguir, altivo, y para gozar, modesto; que desluce la victoria el que quiere, desatento, que lo que costó un peligro se logre con un desprecio. Yo en Epidauro privé de la vida al hijo fiero de Vulcano, a quien el vulgo apellidó Corineto. Yo di muerte en Maratón al toro, que de tu reino siendo destrucción, pasó a ser de Atenas incendio. A la gran Tebas libré de la opresión de aquel fiero Creonte, cuya impiedad, opuesta a todos los fueros humanos, no consentía dar sepultura a los muertos. Maté también a Escirón y a Procusto, bandoleros tan sin piedad, que el segundo en un inhumano lecho, en que astuto recibía los incautos pasajeros, el que era lecho de alivio, hizo potro de tormento; pues, al que grande venía, cortar mandaba al momento toda la cantidad que le sobraba, y al pequeño, con no menor tiranía, mandaba extender los miembros, hasta que los nervios rotos, o descompuestos los huesos, ajustaban la medida que aquel tirano había hecho determinada mensura al tamaño de los cuerpos. No era de Sinis menor la crueldad, con que sangriento bárbaramente abusando de las fuerzas de que el Cielo liberal quiso dotarle, hizo de ellas instrumento para su ofensa mayor --¡oh, humano discurso ciego, qué no intentará tu error!-- pues obligando violento a dos árboles distantes, a que besasen el suelo con las superiores ramas, y atando después en ellos al peregrino, soltaba los árboles; y ellos luego, por cobrar su rectitud, se apartaban con tan presto movimiento que quedando dividido por el medio el cuerpo, ignoraba el alma por algún rato el suceso. Mas diole el Cielo el castigo en mi brazo, para ejemplo de que Él que sufre remiso, también castiga severo. De las victorias y triunfos que alcancé en el casamiento de mi amigo Piritoo, cuando los centauros fieros, o pervertidos del vino o incitados del deseo, quisieron robar su esposa, no me alabo; porque siendo el que es verdadero amigo "yo"--y no "otro yo," porque temo que es llegar a decir "otro," suponer otro sujeto-- y siendo suyo el agravio, es evidente argumento de que también era mío, y que yo reñí con ellos como ofendido y celoso; luego la acción de vencerlos no fue prueba del valor tanto, como del despecho celoso, que no hay alguno cobarde, si tiene celos. Por darle gusto a este mismo amigo, que con imperio gobernaba mis acciones tanto como mis afectos, bajando al abismo, quise, a pesar del Cancerbero, robar a Plutón su esposa, que, aunque no logré el intento, no perdí por eso el lauro; que en los casos tan inciertos, conseguir, toca a la dicha, pero intentar, al esfuerzo. Pero la mayor victoria fue, Señor, que amante tierno de la belleza de Elena, la robé. No estuvo en esto el valor--aunque el robarla me costó infinitos riesgos-- sino en que, cuando ya estaban a mi voluntad sujetos el premio de su hermosura y el logro de mis deseos de sus lágrimas movido y obligado de sus ruegos la volví a restituir a su Patria y a sus deudos, dejando a mi amor llorando y a mi valor consiguiendo la más difícil victoria, que fue vencerme a mí mesmo. Aquéstos, Señor, han sido los prodigios, los portentos que de mí canta la Fama, sin otros que no refiero o porque son muy sabidos o porque yo no me acuerdo; porque como no pensé jamás hacer lista de ellos, nunca tuve de contarlos cuidado, sino de hacerlos. Éste he sido, gran Señor; pero ya a tu saña expuesto, sólo me acuerdo de que no soy más de un prisionero. Sirva mi altivez, mi sangre, mis blasones, mis trofeos, de que quedes de tu enojo dignamente satisfecho, y quede libre mi patria de tan doloroso peso como este infeliz tributo; que yo moriré contento, si con mi muerte la libro de tan inhumano feudo. MINOS: Admirado me ha dejado, mas no me podrá ablandar; haz, Tebandro, ejecutar lo que te tengo mandado. Venid, Príncipes. LICAS: Atienda, Señor, Vuestra Majestad, que no es bien que una crueldad tan alto decoro ofenda; y advierta, si de Androgeo quiere la sangre vengar, que no ha de resucitar con la muerte de Teseo. Cuando la condición fiera admitió el reino al rendirse, ¿quién pudiera persuadirse, que en el Príncipe cayera? Cayó en él, ¡fiero rigor!, y él, sin hacer resistencia, fió de vuestra clemencia lo que pudo en su valor. Pues si en armas se pusiera, ¿quién dudará que constantes muriéramos todos, antes que el Príncipe se rindiera? Pero si tan comedida su atención, quiso mostrar que estima en más conservar la palabra que la vida, ¿por qué por una venganza, quiere Vuestra Majestad pagar con una crueldad, debiendo una confïanza? Perdón os pido postrado, Señor, pues si perdonáis, con perdonarle, quedáis más noblemente vengado; y no sin satisfacción, porque antes, la tendréis doble, que no hay para un hombre noble castigo, como el perdón. Pues--de su error convencido-- vive, siempre avergonzado de verse beneficiado de aquel a quien ha ofendido. Haced, pues, Señor, de modo que vida al Príncipe deis, que como a él le perdonéis, disponed del reino todo. FEDRA: (Quizá le perdonará mi padre con lo que ha oído.) ARIADNA: (Quizá escogerá un partido, de los muchos que le da.) ATÚN: (¡Que este viejo, por capricho, se muestre tan enemigo!) MINOS: Príncipes, venid conmigo. Tebandro, lo dicho, dicho. BACO: Ya yo voy. (¡Condición fiera!) LIDORO: Ya te sigo. (¡Rigor grave!)
ARIADNA: (¡Oh! ¡Acabe yo, y él no acabe!) FEDRA: (¡Oh! ¡Muera yo, y él no muera!) RACIMO: Yo me voy a desquitar de lo mucho que he callado, pues he salido al tablado a solamente callar.
TEBANDRO: Príncipe, afuera a esperaros voy, que querréis con suspiros, de los vuestros despediros, y no quiero embarazaros.
LICAS: Esperad, Señor; apenas puedo razones formar. ¿Así se ha de despreciar a un heredero de Atenas? ¿Con el Príncipe y conmigo se ha de usar tal tiranía? ¡Mal haya aquel que confía en piedad del enemigo! Mas ¿qué me quejo, si medio no hay en penas tan atroces? ¿Ni qué me canso en dar voces, cuando no les doy remedio? Mas, ¡vive Dios!, Rey injusto, que pues eres su homicida, has de pagar con la vida haber tenido este gusto. Pues a Atenas mi coraje va, y mi venganza, a alistar soldados, para vengar de su príncipe el ultraje. Yo voy a que Atenas fuerte castigue a Creta atrevida; y pues no le doy la vida, al menos vengue su muerte. Príncipe, si a dilatarse llega del Rey la venganza, y os libro, la confïanza, con vos ha de coronarse.
ATÚN: Gentil alivio, Señor, te quiere aqueste hombre dar. Déjese usted ahorcar, que yo quedo por fiador.
FEDRA: Solo el Príncipe ha quedado. TESEO: ¡Ay infelice de mí! FEDRA: ¿Si podré hablarle? TESEO: ¡Que aquí haya mi valor llegado! FEDRA: Yo llego, ¡pena mortal! Mas pues es fuerza que muera, déle mi piedad, siquiera, el pésame de su mal; que cuando está desvalido, y sujeto a una inclemencia, no se opone a la decencia consolar a un afligido.
Príncipe, si en un extraño pecho, piedad puede haber, bien podéis de mí creer, que me duele vuestra daño. Infanta de Creta soy, y aunque mi sangre ofendéis, más a mi piedad debéis aun de las señas que os doy. Y me holgara hallar un medio para poderos librar, que yo no os quisiera dar pésame, sino remedio. ARIADNA: Con Teseo--¡qué dolor!-- allí, Cintia, Fedra está; escuchemos, que quizá será piedad y no amor. TESEO: Yo Señora, la piedad os estimo del consuelo, que mal pudiera en un cielo faltar la benignidad; y de modo, Infanta bella, mi fe os queda agradecida, que quisiera tener vida para serviros con ella. Mas pues no tengo, al deberos para tanta recompensa, recibid vos la vergüenza de no tener qué ofreceros. FEDRA: No os quite la confïanza, Príncipe, esta desventura, que mientras la vida dura, tiene lugar la esperanza. Nunca la Fortuna queda se está, y si abatido os veis, antes que vos acabéis podrá volverse la rueda. Y así, pensad que habrá medio de remediar pena tanta, que entre el hierro y la garganta, puede caber el remedio. ARIADNA: Que quiere librarlo infiero, mas yo se lo estorbaré. CINTIA: ¿Por qué, Señora? ARIADNA: Porqué lo libraré yo primero. TESEO: ¿Con qué pagaré el cuidado de favor tan desmedido, sí aun queda lo agradecido, por lo corto, desairado? ¡Oh! ¡Quién con vida se hallara y a vuestros pies la pusiera, que yo por vos me muriera aunque nadie me matara! Mas siempre os lleváis la palma de ser mi dulce homicida; pues ha de quitar la vida por fuerza, quien roba el alma. ARIADNA: ¿Ves, Cintia, cómo rendido enamorándola está? CINTIA: Calla, Señora, que hará aquello de agradecido. ATÚN: Una muerte muy galana es la que escoges, Señor, que por las muertes de amor nunca se dobló campana. Y digo, si permitir quieres tan dichosa suerte, que de ésa que llamas muerte, también me quiero morir, y aun quiero que se dé prisa ese inhumano rigor; porque es morirse de amor, como morirse de risa.
Y más cuandó en vos he hallado quien la muerte me dará. LAURA: El toro le quitará a vuested de ese cuidado, y verá cómo le saca el alma con gran decoro. ATÚN: ¿Para qué quiero yo toro, si tú puedes estar vaca? LAURA: ¿Y el nombre? ATÚN: Atún me han llamado. LAURA: El toro dará de él cuenta, que de carne se sustenta. ATÚN: A bien que yo soy pescado. LAURA: En ser carnicero emplea todo su conato fiero. ATÚN: Más que sea carnicero, como pescador no sea. FEDRA: Príncipe, puesto que vos el postrero habéis de ser de los siete del tributo, que a aqueste monstruo crüel, por mandado de mi padre se dan, no desconfiéis, que en este tiempo se puede algún camino ofrecer para salvar vuestra vida, y yo lo procuraré por cuantos caminos haya de conseguirlo, y creed que me importa que viváis, más de lo que vos podéis pensar. TESEO: Pues ¿por qué, Señora? FEDRA: No me preguntéis por qué, que lo que yo no declaro, no es bien que vos procuréis descifrarlo; y si allá a solas, de las premisas que veis, sacáis alguna ilación que juzguéis que os está bien, sacadla allá en hora buena, mas no me la consultéis.
ATÚN: Enamórala, Señor, pues tan rendida la ves, que podrá ser que te saque de peligro tan crüel. TESEO: ¡Ay, Atún, que no me atrevo! ATÚN: ¿Melindres gastas también? No pensé que eras tan dama; pero déjate querer al menos, y hazte de cuenta que ella el Príncipe Fedro es y tú la Infanta Tesea. TESEO: ¿Quieres dejarme? ATÚN: Sí haré, que no soy la Infanta yo para quererte tener. TESEO: Según aqueso, Señora, lícitamente podré soltar a mi pensamiento las riendas. FEDRA: Eso no sé; porque ya eso es consultar, y fue lo que os ordené no hacer conmigo. TESEO: Pues yo el secreto guardaré de los discursos que hiciere, con tanto cuidado, que lo sienta el corazón, sin que lo llegue el labio a saber. FEDRA: Pues en aquesto quedamos; y adiós, porque sentiré mucho que hablando con vos, alguno me llegue a ver. TESEO: Pues adiós, Señora. FEDRA: Adiós. TESEO: Pero escuchad. FEDRA: ¿Qué queréis? TESEO: Que, pues me habéis dado vos licencia para que dé libertad al pensamiento, también al vuestro soltéis las riendas, para que ya que yo, por obedecer, no os puedo decir mi pena, de vos misma la escuchéis. FEDRA: Príncipe, adiós. TESEO: Pues, Señora, ¿por qué no me respondéis? FEDRA: Porque os está bien a vos. TESEO: ¿No responder, me está bien? FEDRA: Sí, porque si yo respondo, precisamente ha de ser que no, y sólo con callar os excuso este desdén; porque es el no repugnar, un tácito conceder. TESEO: Pues adiós, Señora. FEDRA: Adiós. TESEO: (¡Qué divina!) FEDRA: (¡Qué cortés!)
ATÚN: ¿Oyes, Laura? LAURA: ¿Qué querrá el señor Atún? ATÚN: Querré que este escabeche de atún lo aderece tu laurel. LAURA: Nos veremos más despacio. ATÚN: Pues, ¿por qué no puede ser luego? LAURA: ¿Por qué me pregunta? ¿No sabe que es menester mil años de rendimiento para obligar mi altivez? ATÚN: ¿Mil años menester son? Pues perdóneme vuested, porque no puedo ser yo amante Matusalén. LAURA: ¿Luego quieres desistirte de mi amor? ATÚN: Sí. LAURA: ¿Pues no ves, que todo aqueste rigor no ha sido más que querer probar la fe de un lacayo, si es que en lacayos hay fe? ATÚN: Está muy bien; pero mira no te acontezca otra vez quererte fingir señora, porque no se avienen bien la tizne del estropajo y el humo de la altivez. LAURA: Pues adiós, picaril brío. ATÚN: Adiós, fregatriz desdén.
ARIADNA: ¿Qué es aquesto, cielo injusto? ¿Qué es lo que pasa por mí, que lo acierto a padecer y no lo sé definir? ¡Ay de mí, que mal sabe hablar, quien sabe sentir! Apenas, Amor tirano, de tus flechas conocí que las hace más agudas quien las quiere resistir, cuando vi que sabes hacer más daño que herir. No siento, no, que pasaras mi corazón varonil, ni que del alado arpón que vibra tu aljaba vil el sutil oro, de mi sangre esmalte el carmín, Ni que pudiese tu engaño a mi altivez persuadir que consistía el vencer en dejarse antes rendir; que el servil, fuera sin celos estado feliz. Lo que sí siento, es que, cuando al ateniense gentil, del reino de mi albedrío la investidura le di, hallo aquí que muero por quien no muere por mí. CINTIA: ¿Qué es lo que dices, Señora? Recóbrate y vuelve en ti, que se niega al remediar quien se da toda al sentir. ARIADNA: Yo he de librarlo, pues tengo para que se libre, ardid; que aunque de Fedra sea amante, mi amor no ha de permitir que para mí, si le adoro, sea amante infeliz. CINTIA: ¿Cuál es el medio que tienes para librarlo? ARIADNA: Es sutil, porque con un hilo sólo, ha de triunfar y vivir; pues en la líd, sabrá al fiero monstruo soberbio rendir.
BACO: Si no me miente el deseo, la voz de Arïadna oí, que triste se lamentaba. Quiero escuchar desde aquí, puesto que no me ha sentido, que quizá podré inferir de sus voces su dolor. CINTIA: Señora, no estés así, que aunque sea de tu hermana amante, al que tú a rendir has llegado tu albedrío, no faltará algún ardid para que atento a tu amor la deje, y te quiera a ti. BACO: ¡Al amante de su hermana! ¿Qué es esto? ¡Triste de mí! Que lo quisiera saber y no lo quisiera oír. CINTIA: Mas di, ¿no quieres a Baco? ARIADNA: ¿Tal llegas a proferir, cuando me ves abrasar, cuando me miras morir, y cuando al galán de Fedra de manera me rendí, que aun libre no me quedó la parte de discurrir? Y así, deja los consejos, si es darme gusto tu fin --que en un amor obstinado, es ofender, advertir-- y ve que quiero buscar medios para conseguir mi intento. CINTIA: Vamos, Señora, que razón es preferir al que tú tienes amor, al que te le tiene a ti.
BACO: ¿Tal agravio llego a ver y persevero en vivir? Sin duda es por carecer, o de alma con que sentir, o de vida que perder. Cuando a esta injusta tirana con mayor fineza adoro, hallo que quiere, liviana, al amante de su hermana, que claro está que es Lidoro. ¿Que este ultraje sufra aquí mi dolor? ¡Ah, ingrata fiera!, ya que me dejas así, ¿no me dejaras, siquiera, por quien te quisiera a ti? Que aunque tan ingrata estás, es tan noble mi despecho, que juzgo que siento más que los celos que me das, la ofensa que a ti te has hecho. RACIMO: Bien lo has gritado, Señor; sosiegate y ten cordura, mas no es culpable el furor, que si Amor solo es locura, ¿qué serán vino y amor? Y aunque es tan grande insolencia, si la consecuencia saco no te ofendo, que en conciencia no es mucha la diferencia entre ser toro y ser Baco. Aunque también te confieso que es cosa muy enfadosa que te carguen con exceso, en la cabeza otra cosa, sobre su ordinario peso. BACO: ¡Loco, atrevido, villano! ¿Cómo mis ansias reprimo? RACIMO: Detente, Señor, que es llano que si tú aprietas la mano, corre peligro el Racimo. Mas un remedio he pensado, con que tendrá linda medra tu amor. BACO: Pues di, ¿qué has hallado? RACIMO: Que tú enamores a Fedra, con que quedarás vengado. BACO: Como tuya es la locura. RACIMO: Pues qué, ¿te parece malo? Requiebra tú su hermosura y taparás la rotura con cuña del mismo palo. BACO: Hacerlo quiero al instante; que aunque tus locuras toco, no es razón que a nadie espante el ver que apetezca un loco consejos de un ignorante. Ven, pues, para que advertido, si mi dicha a Fedra topa le diga mi amor fingido. RACIMO: Ella viene allí, que ha sido caer en la miel la sopa.
FEDRA: Por si acaso se quedó de Teseo algún crïado en esta cuadra, de quien tenga noticia... Mas Baco está aquí, volverme quiero. RACIMO: Señor, acude al reclamo, y mira no se te vuele el pájaro de la mano. BACO: Temo no acertar, Racimo. RACIMO: ¿Qué importa? Llégate errando, que repite para amante, quien cursa de mentecato. Haz cuenta que eres poeta y que te hallas en un paso de comedia, donde es fuerza, sin estar tú enamorado, fingir otro que lo esté, y díle soles y rayos, ansias, desvelos, respetos, temor, silencio y cuidado, y atención sin esperanza, que es lo que corre en palacio, y verás cómo lo aciertas. BACO: Yo llego. Hermoso milagro, en cuyas aras divinas sirve el mismo Amor postrado de víctima a vuestro culto, porque fuera desacato que ardiera a incendio tan puro menos divino holocausto. FEDRA: Agradecida a la sangre estoy, Príncipe, pues hallo, que por serlo de Arïadna merezco favores tantos.
LIDORO: Buscando el desdén de Fedra vengo siguiendo sus pasos, que siempre son los desdenes imán de los desdichados. Mas con el Príncipe allí de Tebas, la miro hablando; no quiero salir tan presto, que es exponerme a que airado me desprecie su desdén, y a mí me basta el trabajo de sentirlo, sin que sepa otro, que estoy desairado. BACO: No dudéis de la fineza con que os adoro, si acaso por estimar a Lidoro me desdeñáis. FEDRA: ¿Desde cuándo he querido yo a Lidoro? LIDORO: ¿Qué es esto? ¡Celos, a espacio. No deis crédito al veneno, hasta que apuréis el vaso! FEDRA: Pues vos, Príncipe, ¿a Arïadna no servís? BACO: No vuestro labio la nombre, porque es hacer, contra las leyes de urbano, que yo quebrante grosero los términos cortesanos. Verdad es que, a los principios, por congruencias de estado, publiqué su galanteo; pero después de miraros (¡Ay Cielos, qué mal me animo!) ¿quién es de juicio tan falto (¡Que así ofenda lo que adoro!) que no se os rinda?
LIDORO: A un agravio tan grande, sólo el acero reconviene. BACO: De mi brazo tendrás el justo castigo. FEDRA: ¡Qué empeño tan apretado! ¡Ah de la guarda! ¿Qué es esto? RACIMO: ¡Por Dios que tienen entrambos lindos filos de reñir! Mas si rompen a mi amo la cabeza, será bueno ver, una vez en el año, que tenga los cascos rotos quien tiene tan buenos cascos.
MINOS: ¿Qué es esto? LOS DOS: Nada, Señor. MINOS: ¿Qué fue, Fedra? FEDRA: Que indignados (Aquí es forzoso fingir) por una cuestión que acaso se excitó, sin intención, estando los dos hablando cada uno de las grandezas y blasones de su estado, paró en porfía, porque cada uno intentaba el lauro para su patria, lo cual ocasionó que, empeñados de argumento en argumento, se encolerizasen tanto que... pero ya tú los viste. MINOS: Puesto que no ha habido agravio de por medio, yo os suplico depongáis el temerario ímpetu que aquí os incita. LIDORO: Por mí, Señor, acabado está, pues vos lo mandáis. BACO: Yo en obedecer no os hago servicio, Señor, alguno, pues que no estoy enojado con Lídoro, ni ofendido. MINOS: Pues vamos, Príncipes. BACO: Vamos. FEDRA: (Mucho llevo que temer.) MINOS: (Mucha sospecha me han dado.) LIDORO: (De celos y agravios muero.) BACO: (De cólera y celos rabio.) RACIMO: (Y yo me muero de risa, de ver tan grandes menguados.) LIDORO: (Mucho temo que reviente el volcán en que me abraso.) BACO: (Mucho temo que se asome esta pasión a los labios.) MINOS: (Mucho sentiré que pase el empeño a mayor daño.) FEDRA: (Mucho sentiré que sirva Baco a mi amor de embarazo.) RACIMO: (Mucho temo que de sed he de beberme a mi amo.)  





JORNADA SEGUNDA

MINOS: En esta del horror caverna obscura, mi venganza insaciable hallar procura modo con que templar el dolor fiero del tormento mayor, del más severo linaje de pesar y alevosía que pudo fabricar la tiranía. TEBANDRO: Ya Vuestra Majestad tiene en Tesco satisfecho el desastre de Androgeo, puesto que al Minotauro ya entregado, pasto suyo, su fin habrá alcanzado, donde pagado habrá su adversa suerte, réditos de una vida con su muerte. MINOS: Aunque es verdad que es príncipe de Atenas, tan crecido es el golfo de mis penas, que en ondas de congojas fluctüando, mi triste vida miro zozobrando en un mar de tormentos repetido, donde estoy de congojas sumergido. TEBANDRO: Si opuesto siempre, el hado riguroso dispuso que en el Príncipe, costoso fuese el fin de sus prendas un violento, trágico estrago, fúnebre lamento, siendo los juegos en que se excedía, tragedia de su misma gallardía; pues con primor de partes las más diestras, era rayo galán de las palestras, en cuyas lides fue, sin desvarío, el que daba lección al mismo brío. MINOS: Qué importa el que gallardo, osado lidia, si feroz contra él tiene la envidia, enemigo tan fiero e inhumano que se precia de aleve y de tirano; pues contra el que feliz más se previene, tiene sed de lo mismo que no tiene, cuya injuria de locas esperanzas hidrópica de horror bebe venganza. Pero con el tributo, manjar viviente de un hambriento bruto que habita el laberinto obscuro tanto que es eco del pavor, voz del espanto, han de acabar mis iras repetidas tantas infames temerosas vidas. TEBANDRO: Dé Vuestra Majestad a pena tanta treguas de alivio hoy. MINOS: ¡Tebandro, cuánta fuera mi dicha, si aliviar pudiera esta batalla de mi enojo fiera
ATÚN: Por sacar la cabeza, a lo que infiero, soy atún, y galápago ser quiero. MINOS: ¡Muera Teseo! ATÚN: ¡Horrendo disparate! Éste, no hay que dudar que es fiero mate. MINOS: De cólera en mi enojo no sosiego; todo soy iras, todo rayos. ATÚN: ¡Fuego! TEBANDRO: Tu Majestad procure divertirse. ATÚN: Déjelo, y más que llegue a consumirse, que con aqueste rey tan aturdido, el secreto sabré del consumido. TEBANDRO: Las Infantas, Señor, tienen dispuesta hacer a Vuestra Majestad gran fiesta de un sarao en el Alcázar de Dïana. Témplese una congoja tan tirana, y opóngase lo cuerdo al accidente; porque un sentir, si es cuerdo, menos siente. MINOS: Por si puedo aliviar tanto tormento, iré, Tebandro.
ATÚN: Cierto, que es contento el ir a ver el Rey, sin más andanzas, en dos Infantas suyas las mudanzas. Salgamos a ver el día, que hay un laberinto grande, en éste en que estoy metido; plegue a Dios que ello en bien pare. Salgamos a ver el día; que en esta horrorosa cárcel donde se estudian tinieblas, se ignoran las claridades. Cierto, que estoy, a mi amo, dispuesto en aquesta parte casi, casi, por no verlo, por lïarlas casi, casi.
TESEO: ¡Atún! ATÚN: Señor, oye al punto con qué modo, con qué arte podemos a Ariadna y Fedra verlas en danza esta tarde. Dame albricias, y sean luego; acaba ya, no te tardes. Dame lo que tú quisieras, y no lo que tú mandares. TESEO: ¿En danza? ATÚN: Sí, porque tienen dispuesto un sarao muy grande, donde príncipes y nobles entran con bravos disfraces de galas y mascarillas, porque los conozca nadie. No de príncipe papel harás, sino de danzante; haz, por Dios, lo que te ruego, aunque es forzoso que saltes. TESEO: Infeliz soy y dichoso en un tiempo, pues combaten a mi pecho, entre imposibles, amantes neutralidades. Fedra, a quien mi amor erige rendimientos por altares, adoraciones me intima, afectos me persüade. Ariadna, a quien no le debo menos que la vida, amante, si no me rindo a su cielo, de ingrato he de hacer alarde; porque si fue el instrumento para que yo me librase dando muerte al Minotauro, ¿en qué pecho noble cabe recibir el beneficio, para no saber pagarle? Pues en este Laberinto donde vivo, ni aun señales deja la duda al recelo, para que riesgos me asalten; pues con el hilo piadoso que su amor supo fïarle sólo a mi valor, mi vida tuvo en su piedad rescate. Por cuya fineza quiso, para que yo me librase, Fedra que yo de Arïadna me mostrase fino amante; acción de amor generosa, de tan subidos quilates, que sólo para mis bienes de sus injurias se vale, solicitando su ofensa tan agente, al resguardarme, que a Arïadna le permite lo que nunca es dispensable. Su mal es grande estadista, porque estudia infatigable, en escuelas de tormentos, políticas de pesares. Pues cuando firme pretende que por quererla, a otra ame, cobra sueldos de fineza, sin tirar de amante gajes. ATÚN: Aunque pudiera, la muerte, hoy por el hilo sacarte, del bruto, tan bien la hiciste, que el rey de ella está ignorante. TESEO: Pero di, el sarao que dices, Atún, ¿de dónde lo sabes? ATÚN: Sélo, porque al Rey, Tebandro avisó, que festejarle querían Ariadna y Fedra por divertir sus pesares, y que habían dispuesto un festín de aquellos que hacen, con cortesanos adornos, las palaciegas deidades. TESEO: Yo danzara, si tuviera decente forma. ATÚN: Millares, de príncipes, has de ver, que en forma y figura salen. TESEO: Para el caso galas tengo, como tú sabes, bastantes; pues por príncipe, aunque preso, traje muy rico homenaje. ATÚN: Que no las tienes, presumo, según es fuerza empeñarte. TESEO: ¡Qué sería que con Fedra danzara! ATÚN: Siendo el tu autem de que tú salgas, espero te baile el agua delante. TESEO: ¿En qué lo fundas? ATÚN: ¡Qué lindo! En lo que llego a fundarme es que se paga del viento, y tienes tú muy lindo aire.
S
LAURA: Buscando vengo a Teseo; mas, si no llego a engañarme, éste que miro es Atún. ¡Cé, galán! ATÚN: Anzuelo trae para pescarme, sin duda, este fregatriz donaire. TESEO: Mira que te busca; llega. ATÚN: ¿Buscona, y que llegue? ¡Tate! Pero llego. ¿Qué me quiere, mi reina? LAURA: Que a su amo llame. ATÚN: Es enfadoso, y conmigo puede usted desenfadarse. LAURA: Mire que vengo de prisa. ATÚN: Despacio es razón que me hable. LAURA: No es fácil, Señor galán. ATÚN: Si es vuesarced, es muy fácil. LAURA: ¡Ce, Teseo! ATÚN: Oigan las cees, las quees, las erres, las haches, con el etcétera de otras letras, para que yo cante. TESEO: Ordéneme vuestro gusto, Señora, lo que mandareis que a obedeceros me obligo. LAURA: Pues lo que os pido al instante es que admitáis esta banda, seña que será bastante de la que, por conoceros, aquesta súplica os hace. TESEO: ¿Cómo? LAURA: Entrando en un sarao, a que os cita. TESEO: ¿A mí, citarme? ATÚN: Sí, Señor, y es muy bien hecho que te cite de remate. TESEO: La duda que aquí padezco, sin repugnar al dictamen, es el que los presos tengan excepción de libertades. ATÚN: Su esclavo he de ser muy libre. LAURA: ¿Él, mi esclavo? ATÚN: No se enfade, que pienso, si no lo acierto, que por su esclavo he de herrarme. LAURA: Adiós, porque ya no puedo detenerme. ATÚN: Aquí ha de estarse conmigo, como usted guste, que no por banda ha de echarme. LAURA: No gaste flores conmigo. ATÚN: Aunque lo sean y las gaste, para las damas mis flores jamás han sido de azahares. TESEO: ¿Pues no sabré a quién le debo tanto favor? LAURA: Sólo baste deciros que es a una infanta. ATÚN: Si es infanta, a mí me cabe. Venga la banda. TESEO: ¿Hay tal loco? ATÚN: Con ella pueden atarme. TESEO: ¿De qué infanta? LAURA: Oídme en secreto. De Fedra. Y adiós, que os guarde. Si vais al sarao, después por el cuarto que cae al parque y corre hasta el laberinto saldrá a veros.
TESEO: ¡Suerte grande! ATÚN: Una exhalación con manto es la mozuela picante. Si a cuartos no me condena la dicha, más que me arrastre.
CINTIA: ¡Cé, galán! ATÚN: ¿Qué es lo que miro? Aquésta es segunda parte de la comedia de Amor, donde hay bellezas a pares. CINTIA: Llame a su amo, que le importa. ATÚN: ¿Y eso a mí puede importarme? TESEO: Atento estaré, Señora, a lo que vos me ordenarais; y así, si he de obedeceros, no dilatéis el mandarme. CINTIA: De vos una dama quiere que, con esta pluma, alarde hagáis de lo que os estima. ATÚN: Hombre de pluma lo hace. CINTIA: Pues para un sarao os convida. TESEO: La máscara he de quitarme, aunque la lleve, sirviendo a quien tanto favor me hace. Mas, ¿no me diréis quién es la que quiere hacer examen ahora de mi obediencia, sin embozarme su imagen? CINTIA: Basta deciros que es quien os lo ruega. ATÚN: No es bastante; que puede ser fea, y los ruegos de las feas son en balde. TESEO: Si no cabe en lo soberbio tal favor, ¿cómo en mí cabe? CINTIA: Sólo digo que una infanta os lo pide. ATÚN: Si el que nace varón, infante se llama, y ella es infanta, yo infante. TESEO: Necedades deja, loco. ATÚN: ¿Éstas llamas necedades, pretender, sea como fuere, desde lacayo infantarme? CINTIA: Adiós, no me detengáis, que es tarde ya; y perdonadme, que me espera. TESEO: ¿Quién? CINTIA: La infanta Ariadna. ATÚN: Clara es el ángel... CINTIA: El cuarto que corresponde, aunque está un poco distante de este laberinto, tiene dispuesto para que os hable. Y adiós. TESEO: Esperad un poco. CINTIA: Adiós, adiós, que es muy tarde.
TESEO: Atún, ¿qué dices de aquesto? ATÚN: Lo que digo es que te apartes, que entre tanta infantería, es forzoso que dispares. TESEO: Las dos a una parte misma me llaman. ATÚN: Para este lance, no de una, lo mejor fuera ser hombre de muchas partes. TESEO: La banda es un fuerte empeño. ATÚN: La pluma es para cortarse. TESEO: La banda he de llevar sola. ATÚN: Plumas se las lleva el aire. TESEO: ¿Pero si soy conocido? ATÚN: ¿Pero si damos al traste? TESEO: Mi vida arriesgo, mas muera. ATÚN: ¿Morir? ¡Muérase un alarbe! TESEO: Pero un medio se me ofrece. ATÚN: Ni aun un real es bastante. TESEO: ¿Con máscara no se ha de ir? ATÚN: La fiesta es el descararse. TESEO: Pues tú has de ir de aventurero. ATÚN: ¡Hay desventura más grande! TESEO: Yo la banda he de ponerme, tú la pluma, y muy iguales en la gala y bizarría, hemos de ir a este certamen. ATÚN: ¿Tengo cara de hechicero? No por cierto, luego es fraude, sólo porque se te antoja, el querer hoy emplumarme. TESEO: Quien ama no teme riesgos. ATÚN: Quien sirve, los teme tales. TESEO: Yo he de salir con la mía. ATÚN: Otros con la mía se salen. TESEO: ¿Pero si lo sabe el Rey? ATÚN: Luego al punto, si lo sabe... TESEO: ¿Qué ha de hacer? ATÚN: Por Dios que es lindo; que otra vez nos minotaure. TESEO: Las infantas son hermosas. ATÚN: Sí, pero el viejo es matante. TESEO: ¡Oh si logro la ocasión! ATÚN: ¡Oh si me quieren de balde! TESEO: ¡Oh si mereciese a Fedra! ATÚN: ¡Oh si Ariadna me rogase!
RACIMO: Yo tengo un amo, Señores, que con él, por mis pecados, en buena filosofía, he de conceder que hay Baco. Yo no sé por qué ocasión, saliendo aquí en un sarao solicita ser de fiesta hombre de tanto trabajo. De aquí para allí corriendo, por estar enamorado, aunque me trae bien vestido me trae siempre hecho pedazos. Su amor no le da lugar a mi amor, y es fuerte caso el que se lo quiera todo sin dejarme querer algo. Por ser de Laura cautivo me trata como un esclavo, y quisiera algunas veces ser con ella un libertado. De este palacio, mondonga, según los pies y las manos, me ha parecido, porqué de mondonga tiene callos. Ya se va haciendo la hora de la fiesta; ahora veamos el cómo se han de ir siguiendo los que han de salir bailando.
MÚSICA: "Del cielo lucida envidia, gallarda afrenta del Alba, el hermoso sol de Fedra sale con el de Arïadna; porque firme la dicha, de sus mudanzas hace, con sus bellezas de airosa, gala."
MINOS: Hermosamente lucido, a contiendas de buen garbo, el buen donaire y buen brío se retan y eligen campo. MÚSICA: "Cuando la confïanza vive segura, hace aplauso, industriosa, de su fortuna; que fortuna que elige la dicha, siempre afïanzada, acredita su buena suerte." FEDRA: Vuestra Majestad dispense el embozo, que el recato hará que tenga el festejo más libre el desembarazo. ARIADNA: Ceremonia es, más que adorno, este disfraz tan usado, vinculado a los festines cortesanos de palacio. MINOS: Atender a vuestro gusto será mi mayor agrado. TESEO: El mérito de esta dicha lo hace grande vuestro aplauso. BACO: Mi obsequio, tendrá, rendido, su obligación por resguardo. LIDORO: El velo de mi temor correré con vos muy vano. ATÚN: Señora, a vos me rindiera pero un rendido es cansado. MÚSICA: "Aunque el favor se emboce, si la dicha se alcanza sin afán de mudanza, porque feliz la goce, sólo la logra aquél que la conoce." FEDRA: A la banda he de ponerme del más diestro aquí danzando. TESEO: (¿A la banda? Aquésta es Fedra. Voy a lograr lance tanto.)
TESEO: Mis confïanzas resueltas, sin hallar neutralidades de presas, al verse sueltas, truecan en felicidades de mi fortuna las vueltas. FEDRA: Vuestro crédito afïanza darme lección entendido, que estudio en vuestra importancia, pues dichosa he conseguido de vos tan feliz mudanza. MÚSICA: "Las que Venus procura imitar, soberanas, gallardamente ufanas, su primor asegura que salgan por milagros de hermosura." BACO: Por señas del vestido ésta es Ariadna. ¿Qué aguardo? Sácola, porque con ella mi fortuna airosa saco.
BACO: Si atiendo a vuestra decencia a quien estoy venerando, por cortesana advertencia me toca, con vos danzando, sólo a mí la reverencia. ARIADNA: Libre a los desembarazos, y a los compases sujeta con primores nunca escasos, me acreditaré discreta sólo en seguir vuestros pasos. MÚSICA: "Si se logra oportuna, la ocasión afïanza con segura esperanza, por ser como ninguna, hacer de sus mudanzas su fortuna." LIDORO: ¿Si será tanta mi suerte que este aire y este buen garbo sea de Fedra? No lo dudo. A sacarla me adelanto.
LIDORO: Luces que ignoran ocasos en sus gloriosos empleos, sin que puedan ser acasos, ser estudian sus paseos de mi libertad los lazos. LAURA: Mi afecto, que os satisface, cuando danzar consiguió con vos, hizo que mirase cortés, cuando me sacó, que por vuestra me quedase. MÚSICA: "Mérito, que ha de serlo porque quiso la suerte, si el peligro lo advierte, sin llegar a temerlo, riesgo fue que estudió cómo no serlo." ATÚN: Danzando con esta dama, por Dios que he de echar el trapo, que es muy sobrado de bueno mi vestido por lo largo. Si en danza meterme trato, mirando vuestro donaire, sin que sea desacato, a mí todo--es poco--al aire, lo metéis en un zapato. CINTIA: Como vuestro esmero es tan atento y cortesano, diestro el garbo más cortés, aunque os gane por la mano, no os ha de ganar por pies.
BACO: Esta pluma que a mis pies se ha venido, la levanto. Con ella rabio de celos, porque puesta en el tocado presumo que se la he visto a Ariadna. Indeterminado estoy; ponérmela quiero, y buscar el desengaño si acaso es que por favor la trajo Lidoro. Vamos un poco despacio, celos, y averigüemos mi agravio.
FEDRA: Conocido he por la banda al Príncipe; hablarle trato.
Teseo, esta noche espero. TESEO: ¿Quién mereció bien,tan alto? ARIADNA: Según la pluma, es Teseo.
Príncipe, esta noche aguardo. BACO: ¿Hay más dicha? ARIADNA: Sí, por señas de esta pluma. BACO: Declarado ya con esto, está el enigma. En llamas de celos ardo, este favor fue a Lidoro. ATÚN: ¡Vive Dios, que estoy cansado! LIDORO: Sin duda, que Baco y Fedra son los que allí se hablaron. ¿Cómo, sabiendo sufrirlo, ignoro cómo vengarlo? TESEO: Aunque culto, el bello idioma de Fedra es tan colocado, que con lenguaje de luces dicta palabras de rayos. BACO: Nunca aspire a ser dichoso el que nació desdichado, que es desaire a las estrellas querer violentar los astros. MINOS: Permitidos galanteos son siempre los de palacio, haciendo los rendimientos gala del desembarazo. A las aras del respeto llega el deseo tan sagrado, que en veneración del culto humos gasta el holocausto. Discretos Baco y Lidoro como príncipes tan altos, son los que a la vista tengo; esto es cierto, no hay dudarlo. Sin adularos, bien puedo deciros lo que me he holgado, que mi pesar divertido templará mal tan tirano. TESEO: Señor, del festejo es dicha, haber sabido aliviaros. MINOS: Grosero fuera el tormento no admitiendo este agasajo. MÚSICA: "En todo lo que no creo finjo a veces confïanza, por ver si saco esperanza de las fuerzas del deseo."
TESEO: Buena es la copla; el sentido de ella me toca explicarlo. BACO: Es de mi asunto tan mía, que para mí la cantaron. LIDORO: Certamen será ingenioso. ATÚN: Pues si ha de serlo, veamos a los cuatro discurrir, porque nos la dan de cuatro. TESEO: En todo lo que no creo, finjo a veces confïanza, por ver si saco esperanza de las fuerzas del deseo. Aunque alivie mi dolor, vuestro favor contradice, que jamás un infelice algo alcanza en su favor. Presumirlo será error o engaño de mi deseo; pero a vista de mi empleo, oponiéndome a mi daño, pienso que padezco engaño en todo lo que no creo. FEDRA: Por el bien que no malogro, es contra un recelo injusto, recomendación del gusto la solicitud del logro. Feliz sin dudarlo cobro fiel y segura esperanza, porque de vuestra mudanza, que mi voluntad aprecia, con fe amante y nunca necia, finjo a veces confïanza. BACO: Mi desdicha al declararse es tal sin desvanecerse que hubo menester perderse un favor para encontrarse. Por el modo de alcanzarse, jamás mi pecho descansa, mas si aliento confïanza, será contra un fin sin medio, por ver si encuentro remedio, por ver si saco esperanza. ARIADNA: Si es forzoso despedirlo la voz, cuando sale al labio, lo difícil de un agravio es no saber reprimirlo. No os combata resistirlo, pues yo que el bien no poseo, valiéndome de otro empleo cuando a mi defensa salgo, en esta ocasión me valgo de las fuerzas del deseo. MINOS: Cortesanos los conceptos, con estilo más que urbano, en lo que se han excedido discretos se han igualado. A repetir este asunto vuelva la música, cuando no es razón que falten de él los que en nada aquí han faltado. MÚSICA: "En todo lo que no creo, finjo a veces confïanza, por ver si saco esperanza de las fuerzas del deseo." LIDORO: Si es gloria de mi trofeo el bien que no merecí, y es engano del deseo, andaré discreto aquí en todo lo que no creo. LAURA: Porque sosiego no alcanza mi ciega seguridad fundada en vana esperanza, sin hacerla realidad, finjo a veces confïanza. ATÚN: Mi fortuna la afïanza sola la imaginación; porque mi deseo la alcanza, no por sacar posesión, por ver si saco esperanza. CINTIA: Cuando vuestra razón veo que agradecerla es razón, se valdrá siempre mi empleo, si no de la ejecución, de las fuerzas del deseo. MINOS: Vamos, porque ya es forzoso pedir treguas de descanso, por lo grande de su esmero, festejo que ha sido tanto. TESEO: Muy de Vuestra Majestad, Señor, ha sido el reparo; porque ya va descosiendo la noche su negro manto.
FEDRA: (Amor, busquemos alivios para la dicha que aguardo.) ARIADNA: (Vamos a pensar, tormentos, el modo de remediaros.) LIDORO: (Vamos a morir tan luego, males, que no me deis plazo.) TESEO: (Fortuna, vamos aprisa a gozar el bien despacio.)
O
ATÚN: Solo he quedado; mas miento, porque según este trasto de media tijera, juzgo --y juzgo bien--que es lacayo. Quiero saber su intención, pues solo aquí se ha quedado. Oye; si sirve, me tenga usted por su menor amo.
(¿Pero qué es esto? La pluma, ¡vive Dios! que me han hurtado y que el galán que la lleva tiene gentil garabato.) RACIMO: Yo tengo amo a quien servir. ATÚN: Dígame quién es. RACIMO: Es Baco. ATÚN: Servirle no puede ser, si no es estando borracho. RACIMO: ¿Cómo habla de esa manera? ATÚN: Estilo mejor no gasto. Pero ¿cómo no está en cueros quien en Baco se ha empleado, cuando se quejan los montes de que los va despoblando? RACIMO: Los montes, ¿por qué ocasión? ATÚN: Por los lobos que ha tomado. (Mas la noche llega, y quiero dejar este mentecato.) Adiós. RACIMO: Os iré sirviendo. ATÚN: Si es de balde, sea volando. RACIMO: Fuerza es que de balde sea, porque de vos no me pago. Voy. ATÚN: Exceso es terrible. RACIMO: Forzoso es ir. ATÚN: Será en vano. RACIMO: Baste ya de cumplimientos. ATÚN: ¿Cumplimientos? ¿Pues son años? RACIMO: Usted no pase de aquí. ATÚN: ¿Qué es de aquí? No he de dar paso. RACIMO: Yo he de quedarme. ATÚN: Ha de irse usted con todos los diablos.
FEDRA: Si encuentro sombras, y la luz no veo de un bien que se dilata, por ser mío, cuando más cerca está, más me desvío de un peligro que toco y que no creo. Si es cobarde, y se alienta mi deseo teniendo por razón mi desvarío, y de la noche mi ventura fío, lóbrego ensayo de medroso empleo, quien está, como yo, tan asistida de un mal tan firme y un penar tan vario, sólo espera una muerte repetida; que el esperar, que es muerte de ordinario siendo el mayor contrario de mi vida, más allá de la muerte es mi contrario. ARIADNA: El manto de la noche, en sombras tinto, que medroso vistió de mis temores tupido laberinto de pavores, no es mayor que mi obscuro laberinto. Parecido a mi suerte, no es distinto el color de sus trágicos horrores, porque sin luz me pinta los rigores que yo sin descansar hago y me pinto. Sin que hagan intermisión mi amor constante de alivio, mi tormento, que es la herida que apetezco, más viva y penetrante me lisonjea, cuanto más sentida; pues por vivir muriendo, tengo amante mi tormento por alma de mi vida. FEDRA: ¡Qué largas que son las horas de la esperanza, y qué fijos en el alma los tormentos de un mal, cuando está remiso! ARIADNA: La noche con los horrores y las sombras que ha tejido de miedos y confusiones, de mi muerte es vaticinio. FEDRA: Si llego a vivir y muero triunfando de lo que vivo, nunca mejor vence amando un corazón, que vencido. ARIADNA: Mi fortuna es un achaque tan de gusto, en asistirlo, que el remedio de mi daño es de mi daño incentivo. FEDRA: Tanto apetezco mis males, que hidrópicamente aspiro a sed de nuevos tormentos que bebo y no desperdicio. ARIADNA: Tanto me hallo con la pena del dolor que no mitigo, que imaginando el descanso, me cansa lo que imagino. FEDRA: No hallo a mi mal bien que pueda tan feliz sustituirlo; lo que necesito, es sólo del bien que no necesito. ARIADNA: Esperar quiero a Tesco. FEDRA: Con Teseo determino que en él y en mi amor se logren recíprocos los cariños. ARIADNA: Hora será de que venga. FEDRA: ¿Si a esta cuadra habrá salido? Porque en esta cuadra es donde con maña y con artificio cae de su prisión la puerta, donde logrará propicio mi amor la dicha de verlo, sin mostrarse el hado esquivo. ARIADNA: Descuidada dejé a Fedra; que no quiero más testigos de mi pasión amorosa, que mis amantes suspiros. FEDRA: Temiendo estoy que Arïadna me eche menos, porque libro en su descuido el descanso que sin ella solicito.
TESEO: Hora será de que salga el sol de Fedra divino, que salir el sol de noche, es gala de su prodigio. En esta parte pretendo aguardarla, pues me dijo que me esperaba esta noche. ¡Oh, llegue ya, porque vivo no tengo más que el tormento que por ella paso, esquivo! Pero hacia aquí, me parece, que he sentido de su aliño pasar un crujir de seda. ARIADNA: Un bulto hacia aquí percibo. TESEO: 0 es que hago con el deseo verdad lo que aun no averiguo, o siento ruido. ARIADNA: ¡Oh, si fuera! Que asusta el bien por temído. TESEO: Llego a hablarle. ARIADNA: A hablarle llego. FEDRA: A aquella parte he sentido pasos. ¿Si será Teseo? ARIADNA: Mi bien es, o yo lo finjo. TESEO: Un infeliz, que cobarde contra la razón de tibio, teme, si aspira a dichoso, riesgos de su precipicio. ARIADNA: Amor, ¿en qué me detengo? TESEO: Llego ciego al Sol que miro. ¡Hermoso sol, a quien hace, con mucho aplauso festivo, apagados rendimientos de la noche el negro abismo, mariposa enamorada, a tornos de vuestros giros libando ardores que bebo qué dulce pira me erijo, Ícaro de vuestros rayos, si tan feliz me derrito! ¡Oh qué gallarda es la muerte, de un peligro tan altivo! ARIADNA: Cortesanías amorosas que al silencio las remito, las halla mejor callando, siempre un corazón ladino. TESEO: Si calláis a mis congojas, que no pongáis, os suplico, a los oídos candados, poniendo a las almas grillos. ARIADNA: Dar crédito a la fineza es interés, con motivo de logro, porque afïanza la aceptación de bien quisto. FEDRA: Si son Teseo y Arïadna, Amor, ¿qué fiero cuchillo a la garganta me has puesto para morir a sus filos? TESEO: Tormenta corre anegado mi pecho, infeliz navío con lastre de pensamientos y velas de mis suspiros, que al pecho, el cordel más flojo le da, apretando nocivo, cuando galantea su muerte, razones de bien herido. FEDRA: Desdoro es de mi pasión ser mi pesar tan sufrido; pero vamos poco a poco, tormentos, que es requisito saber resistir amando, el pesar que no resisto; pues si arriesgo lo que quiero, peligro lo que he querido. Mas contra mi pundonor este desaire es indigno de mi amor; pues ¡ea, pesares, mirad que os desacredito! ¡Vierta la ponzoña el labio! Pero ¿tal pronuncio y digo? ¿Yo aventurar lo que quiero? No, Amor. ¿Pues qué haré? Sufrirlo. TESEO: Mi corazón hace alarde de que se ve a un tiempo mismo, tan avaro de placeres como de pesares rico. Baste ya, divina Fedra. ARIADNA: (¿Qué escucho? ¡Ah ingrato! El juicio pierdo con desdén tan fiero. TESEO: ¿No respondéis? ARIADNA: (¿Quién se ha visto en lance tan apretado? Pero fingir determino que soy Fedra. ¡Oh qué costoso examen el de un martirio! FEDRA: ¿No me nombraron? Sí, pienso, si, que el eco bien distinto de mi desgraciado nombre me trajo este infausto aviso. Yo no me engaño. Arïadna es la que--según colijo por los ecos--con Teseo logra el bien de que me privo. ARIADNA: Cuando llego a responderos, de vuestro amor no me obligo, porque os hallo para amante con señas de poco fino. TESEO: Quien por culto os rinde un alma tan postrada, el sacrificio, que se acredita de vuestro, amitidlo, no por mío. ARIADNA: Agravio es, más que fineza el vuestro, que si lo admito, con lo mismo que obligarme intentáis, me desobligo. TESEO: No os entiendo. ARIADNA: Si más cuerdo no lo miráis, y preciso estudiáis, como ignorante aprended mejor estilo. TESEO: ¿Qué es esto que me sucede, Señora? Si en el bajío de lo infeliz dio mi nave, mi suerte lo habrá querido. Aunque por amaros sea como descollado pino que--verde gigante--un rayo su vana pompa deshizo; como la flor, que a la Aurora le bebió el blanco rocío, para morir a la tarde de achaque de haber nacido; como en cuna azul el sol, purpúreo rubí encendido, que después en el ocaso, topacio agoniza tibio; como la menuda grama, cuyo verde, hermoso aliño en seco polvo convierte el brasero del estío; como cristal que, en verano corriendo, armónico vidrio, comprimido en el invierno suspende lo fugitivo; así seré. Porque yo, nave en golfos de peligros, pino mi altivez errada, flor mi amor, mi daño estío, rayo el incendio del pecho, cristal el mar de suspiros, si encuentro por mis desgracias, entre males tan nocivos, para mi cristal invierno, para mi escollo desvíos, para mi sol triste ocaso, para mi nave bajíos, para mi flor desalientos, para mi verdor olvidos, todos aquestos contrarios de mi amor fieros ministros, me parecerán lisonja cuando los logre castigo.
LAURA: Bien podéis entrar, que aquéste es el señalado sitio. BACO: Lo que aquí os debo, no dudo satisfaré agradecido. LAURA: Entrad, que ya voy volando a darle a mi ama aviso de que aquí estáis. (Con Teseo, a su amor albricias pido.)
BACO: Por ver si me dan las sombras la luz, que águila registro, vengo; pues de Ariadna hermosa citado esta noche he sido. ARIADNA: Hacia allí he sentido pasos. TESEO: Hacia aquí siento rüido. ARIADNA: Si me ven, perdida soy. TESEO: Mucho pierdo si soy visto. BACO: Llego, que según las señas, presumo, sin ser delirio, que me alumbra a ser dichoso la estrella de quien me fío. Llego, pues que Ariadna es ésta.
Permitid, sol más divino, que no os oculten las sombras, porque del sol siempre han sido unos bastardos borrones que se pierden desmentidos. A obedeceros dichoso vengo; porque han sido siglos los que he tardado viniendo esclavo, sólo a serviros. FEDRA: (¿Si es éste, Teseo? Pues antes, averiguarlo es preciso.) Extraño vuestra venida. BACO: ¿Qué decís? FEDRA: Lo que yo os digo es que la venida extraño. BACO: Ya sé, a costa de suspiros, que es Lidoro solamente de vuestros favores digno. FEDRA: (Teseo ha sabido, sin duda, que me pretende.) Atrevido, sobre hallaros desatento, estáis. ARIADNA: Yo cierro el postigo de esta puerta, que mi padre sé que no está recogido. Dejaros quiero. TESEO: ¿Qué escucho? ¿Cómo este pesar recibo? ¿Os vais?
Pero me parece que ha venido gente. Indicio de su afrenta y de su agravio es, y vengar determino, a despecho de mis celos, esta injuria. Aquí escondido he de examinar mi daño.
FEDRA: (Con desdenes, con desvíos he de probar su fineza.) Idos luego. BACO: Resistiros mal podré. TESEO: Sin duda es Fedra, que sintió que había venido quien con otro hilo, pendiente tiene mi vida en un hilo. ¿Para qué fue el de Arïadna? ¡Oh, engañoso basilisco, que disfrazando los ojos, me has muerto por el oído! FEDRA: Si a mi vista os he encontrado tan amante y tan rendido como os he atendido, en vano será el que os escuche. Idos. BACO: No entiendo lo que decís.
ARIADNA: (Vengo, por ver si consigo despacio hablar con Teseo.) BACO: (Para este empeño es preciso el valerme de una industria.) Aquel favor, si fue mío de enviarme vos una pluma, decidme, ¿qué fue el motivo? ARIADNA: (Peor es esto; ésta es sin duda Fedra, y Teseo el atrevido que con ella aquí está hablando. Erré en irme; pero libro mi defensa en mi venganza. Pensando que habla conmigo, es Teseo; no hay dudarlo. ¿Cómo rayos no fulmino, pues yo la pluma le envié?) FEDRA: ¿Yo, pluma? Ése es desvarío. ¿Banda es lo mismo que pluma? TESEO: ¿Banda escuché? ¿Esto es fingido? ¿Si es Fedra pensando que soy yo? Claro es el indicio. ARIADNA: Con la pluma solamente tengo mi engaño entendido. ¡Oh falso! ¡Oh aleve amante! FEDRA: (Quiero estorbar un peligro aquí, para que se vaya con sólo mudar de estilo.) Esto no ha sido otra cosa, que examinamos de fino. CINTIA: Señora, mira que es Fedra. ARIADNA: ¿Qué dices? TESEO: (Que es Fedra ha dicho esta voz; pues ¿a qué aguardo? ¡Muera el traidor enemigo!)
ATÚN: Poco a poco abro la puerta de este que parece el limbo, porque ya tarda mi amo. BACO: Tan vuestro me sacrifico, que nadie podrá estorbarle.
TESEO: Si no es yo. FEDRA: Hombre atrevido, ¿quién eres que de esta suerte haces gala de un delito? BACO: Yo sabré aquí castigarlo. TESEO: Verás cómo vengativo, con esta lengua de acero mi ofensa esta vez te digo. FEDRA: ¡Laura! ARIADNA: ¡Cintia, ven aprisa! FEDRA: ¡Luces! TESEO: Si no me retiro, dama y vida arriesgo a un tiempo.
LIDORO: Asaltado de improviso rondando la luz de Fedra, hacia esta parte he sentido ruido de espadas; ya es fuerza salir.
¿Qué es esto? ATÚN: En conflicto está mi amo. ¡Señor! TESEO: ¿Eres Atún? ATÚN: Soy el mismo. TESEO: Pues por sagrado nos valga, esta vez, el laberinto. Entrémonos, que las luces sacan ya. ATÚN: ¡Por Dios, que es lindo! Acaba que si nos miran, hemos de ser muy mal vistos.
LAURA: Señora, aquí están las luces. CINTIA: ¿Qué mandas? BACO: ¿Pero qué miro? ¿No es Lidoro el que aquí veo? LIDORO: ¿No es Baco éste? El enemigo con quien él se acuchillaba, ¿adónde está? Encanto ha sido. FEDRA: Valdréme de mi respeto en empeño tan crecido. ARIADNA: De mi decoro me valgo, que éste es remedio preciso. FEDRA: ¡Fuerte lance es, si lo vieron! ARIADNA: Teseo no ha sido visto de alguno. ¡Fue suerte grande con que él aquí está escondido! FEDRA: Este aprieto, con mi enojo aquí alentar determino. ¿Vos, Lidoro, de esta suerte? ARIADNA: ¿Vos, Príncipe, desmedido profanando este sagrado? BACO: Yo, Señora, sólo digo... LIDORO: Yo, Señora, a vuestra voz... BACO: Atento siempre y rendido, he venido. LIDORO: No he faltado. ARIADNA: Mi padre, con el castigo de atrevimiento tan grande, satisfará este delito. LIDORO: ¿Qué es lo que a mí me sucede? BACO: ¿Qué es lo que me ha sucedido? (En Lidoro he de vengar los celos que aquí averiguo.) Por darle a Su Majestad una nueva, había venido, que me escribieron de Atenas. LIDORO: La misma a mí me han escrito. LAURA: (Esto entre los dos se llama herir por los mismos filos.) BACO: (¡Que de mi industria se valga!) LIDORO: (Su disculpa me ha valido.) FEDRA: ¿Pues qué hace a lo descompuesto, la nueva? BACO: Haber presumido algún rüido en palacio. LIDORO: Este alboroto fue el mismo que me trajo de esta suerte.
BACO: (Lidoro ha perdido el juicio; pero de celos reviento.) LIDORO: (¿Quién sería el escondido que reñía aquí con Baco? ¿Es soñado lo que miro?) FEDRA: (Sólo en librarse Teseo toda mi fortuna libro.) ARIADNA: (Estando Teseo sin riesgo, ya no temo algún peligro.) LIDORO: (Vamos a pensar, venganzas, el modo de concluíros.) BACO: (Busquemos breve, tormentos, remedio para el alivio.) FEDRA: (Adelantemos, rigores, memorias contra el olvido.) LIDORO: (Pues amarte contra el riesgo...) BACO: (Resuelto contra mí mismo...) FEDRA: (Opuesta contra mi estrella.) ARIADNA: (Determinada me alisto.) BACO: (...yo a morir...) LIDORO: (...yo a padecer...) BACO: (...por amante.) LIDORO: (...por rendido.) FEDRA: (¿Pero, sabrá mi congoja...) ARIADNA: (Pero, sabrá mi delirio...) LAS DOS: ...sentir que en mis confusiones, amor es más Laberinto?

jornada tercera





RACIMO:           ¡Cielos, que tenga yo un amo 
               de tan extraño caletre, 
               que siendo único Señor
               de Tebas, adonde tiene 
               tabernas y bodegones 
               adonde a sus anchos puede 
               comer a qué quieres boca, 
               beber a tente bonete,
               a Creta se haya venido
               a campar de pretendiente, 
               y con el vino y amor
               ande obligando a que piensen,
               viéndole Baco y amante, 
               que asomado está dos veces!  
               Y ahora, porque Lidoro 
               le ha causado celos, quiere 
               que este maldito papel 
               de desafío le lleve 
               al dicho príncipe yo; 
               pero mi miedo, que tiene 
               su poco de zahorí, 
               sin haber nacido en viernes, 
               temiendo que el tal Lidoro    
               quiera, por el porte, hacerme 
               merced de ensayar conmigo 
               la pendencia, me parece
               que es mejor buscar algún
               paje que el papel le lleve,
               y antes que él me dé los tajos,
               darle yo con los reveses.

ATÚN: A darle un recado a Fedra vengo, y temo que me encuentre alguno; pero no importa, pues conocerme no puede alguno, porque en palacio es la cosa mas corriente que se están viendo las caras y no pueden conocerse. Y si acaso me preguntan, fácil será responderles que soy uno de los que son entrantes y salientes, sin que sepan ellos mismos por qué van ni por qué vienen; a los cuales, un autor de chistes y de sainetes, no halló más definición, que llamarles mequetrefes. RACIMO: Hacia acá viene un lacayo. ¡Oh, quiera el cielo que acierte a urdir bien esta tramoya! ¿Oye, hidalgo? ATÚN: ¿Qué me quiere? RACIMO: ¿Quién es? ATÚN: Mequetrefe soy. RACIMO: ¿Y a quién sirve? ATÚN: A Mequetrefe. RACIMO: ¿Quién es Mequetrefe? ATÚN: Yo. RACIMO: Miente. ATÚN: No miento. RACIMO: Sí miente. ATÚN: ¿Qué haces, hombre? Mira que ofendes a mucha gente; porque es muy largo el linaje de los Meques y los Trefes. RACIMO: Yo sé que sirve a Lidoro. (Así le obligo a que lleve el papel.) ATÚN: Así es verdad, que le sirvo; no se altere. (¿Qué mal puede estarme a mí que aquéste me Lidoree?) RACIMO: En fin, ¿le sirve a Lidoro? ATÚN: Como cuatro y tres son siete. RACIMO: Pues llévele este papel; que yo sé que por él lleve unas famosas albricias. ATÚN: ¿Albricias? Pues que me tuesten, si éste no es de alguna infanta. RACIMO: (Inclinación de alcahuete tiene.) Claro está, y no menos que de Fedra. (Así, al pobrete le obligo a la diligencia.) Adiós.
ATÚN: Adiós. Lindamente me ha sucedido este caso; mas ¿qué fuera que me diese cualque cadena o diamante, por el porte del billete? Que a los príncipes de Epiro, alguno quitar no puede que, al uso de los de España, ensortijen y encadenen. Voy a buscar a Lidoro.
TESEO: Atún, ¿ qué papel es ése? ¿Viste a Fedra? ¿Es suyo acaso? ATÚN: (Es del diablo, que me lleve, pues tan desgraciado soy. Mas, puesto que ya no tiene remedio, diré que sí, y que escrito para él viene. TESEO: ¿De qué te turbas, Atún? ATÚN: Estoy pensando si tienes alguna joya que darme de albricias, que las merece el papel. TESEO: Dame. La nema está tan fresca, que puede abrirse el billete, sin que llegue el papel a ofenderse.
"Príncipe, descubiertos ya los engaños, con que sirviendo a las dos Infantas me ofendéis, con la una en el gusto y con la otra en el pundonor, no me queda a qué apelar, sino a la venganza. En el parque os espero. Baco." ¿Qué es esto que escucho? ¿Pues así, infame, tú te atreves a burlarme?
ATÚN: ¡Ay de mis cascos! Espera, Señor, advierte que soy Atún y no pulpo, que con golpes se enternece. ¿Aquéstas son las albricias? TESEO: Las que tu traición merece son, villano. Pero, ¿cómo mi cólera se detiene, que no voy a castigar al que atrevido me ofende?
ATÚN: Allá vas, y nunca tornes. ¿A quién, cielos, le sucede buscar vueltas de cadena y encontrarlas de puñetes? Pues sin duda alguna, Fedra expresaba claramente, en él, de Lidoro el nombre, y con favores corteses le trataba; por lo cual mi amo, vuelto una sierpe, quiere que le pague yo lo que Lidoro le debe. Pero el papel está aqui, que al querer darme impaciente, se le debió de caer. ¡Oh quién ahora supiese leer, para saber todas las locuras que contiene! Pero pues él a Lidoro se escribió, y está de suerte que puede otra vez cerrarse sin que llegue a conocerse, ¡vive Dios! que he de llevarlo a Lidoro, que no siempre tengo de ser desgraciado; que bien puede sucederme que, pues del pan y del palo todos participar suelen, y aquí encontré con el palo, allá con el pan encuentre. BACO: ¿Qué es, Señor, lo que mandáis? MINOS: Conozco vuestra prudencia, y un cuidado fiaros quiero. BACO: (¡Cielos, que ahora me venga el Rey a estorbar que vaya donde Lidoro me espera!) ¿Qué manda Tu Majestad? Pues sabe que es la respuesta de la voz de su precepto, el eco de mi obediencia. (¡Quién pudiera despedirse!) MINOS: Sabed, Príncipe, que apenas tuve el gusto de pensar que quedaba satisfecha, en la muerte de Teseo, con mi venganza, mi ofensa, cuando un confidente mío que tengo dentro de Atenas, me avisa que así que supo de su príncipe la nueva, se alteró el reino, de modo que no hubo persona exenta que no se alistase, haciendo homenajes y promesas de no volver a la patria sin dejar antes a Creta, o convertida en cenizas o reducida a pavesas. Y en fin, que embarcados todos en una armada tan gruesa que quedando el mar poblado, queda desierta la tierra, navegan ya; pero yo prevenirme, de manera que la prevención, cordura y no recelo parezca, quisiera, porque los míos, viéndome temer, no entiendan que ya empieza a ser vencido quien a recelarse empieza. Mas venid, veréis las cartas, para que mejor con ellas confiramos lo que hacerse debe, que aquestas materias se han de resolver despacio, y ejecutarse de priesa. BACO: Vamos. (¿Qué dirá Lidoro de mi tardanza? Mas fuerza es seguir al Rey ahora; pues aunque quede mal puesta mi opinión, sabrá después volver mi valor por ella.) TESEO: Cansado estoy de esperar a que venga mi enemigo, que de esperar me fatigo aun más que de pelear. ¡Válgame Dios! ¿Quién diría a Baco cuanto pasó; que Arïadna me libró y que Fedra me quería? Pues... Pero acá un caballero, si no me engaño, llegar veo; justo es aguardar, por si no fuere el que espero.
LIDORO: Agora, de recibir acabo aqueste papel, y a dar la respuesta de él quiere mi valor salir. Porque sin duda, pretende Baco mi juicio trocar, pues me llega a mí a acusar de lo mismo en que él me ofende; porque cuando él inconstante, con Fedra ofende mi amor, me acusa de que, traidor, de Arïadna soy amante. Sin duda, su engaño piensa, fingiendo que le compito, hacer común el delito por hacer menor la ofensa. Mas pues yo no se la hice, y él a mí sí, morirá por la causa que me da, y no por la que me dice. Pero mi vista previene hacia allí un bulto. TESEO: ¿Quién va? LIDORO: Sin duda es Baco el que está. TESEO: Sin duda es Baco el que viene. LIDORO: Príncipe. TESEO: ¡Acabad, por Dios, de llegar! Reñir podéis, que en ver que quien soy sabéis, conozco yo quien sois vos.
LIDORO: ¡Qué valor! TESEO: ¡Destreza rara! LIDORO: Valiente sois. TESEO: Tengo honor. LIDORO: A no tener mi valor, pienso que el vuestro envidiara. TESEO: No tenéis que envidiar, cierto; que un Hércules en vos veo. LIDORO: Cumplir con quien soy deseo. Mas, ¡ay de mí!, que me has muerto.
TESEO: ¡Cielos, mi peligro es fuerte si hallan que fui su homicida, pues sobre deber mi vida, he cometido otra muerte! pienso que el mejor modo de enmendarlo, es apartarme; pues con sólo retirarme queda remediado todo.
BACO: ¡Qué cansado ha estado el Rey! No sé cómo lo he sufrido; porque, como eran tan otros sus cuidados de los míos por más que me consultaba sus políticos designios, no pasaban sus razones de aquel exterior rüido que no pasa a la atención aunque llega a los oídos. ¿Pero qué quietud es ésta? A nadie en el Parque miro. ¿Qué fuera que de cansado de esperarme, se haya ido Lidoro? Pero ¿qué es esto? A los rayos mal distintos de la luna, miro un hombre que en mortales paroxismos, da entre las muestras de muerto, escasas señas de vivo. ¿Quién será? ¡Válgame el Cielo!
VOZ: Hacia el Parque fue el rüido.
TEBANDRO: Hacia aquí dicen las voces; y no mal, cuando distingo un hombre embozado, y otro a sus pies, muerto o herido. Llegad a reconocerlos. TODOS: Daos a prisión. BACO: Mal reprimo la cólera.
Ved, Tebandro, que soy yo, y que a aqueste sitio llegué apenas, cuando en él vi lo que vos habéis visto. TEBANDRO: Que vos lo digáis, Señor, me basta; pero es preciso reconocerlo. BACO: Llegad. TEBANDRO: ¿Qué es esto, cielos divinos? ¿Qué es lo que miran mis ojos? ¿No es el príncipe de Epiro Lidoro, el que casi ya en los últimos suspiros, está haciendo de su sangre infelices desperdicios? BACO: Cielos, ¿cómo pudo ser? TEBANDRO: Señor, pues cuando vos mismo habéis sido el agresor, ¿os admiráis? BACO: Pues me admiro, claro está que no fui yo; que mal pudiera mi brío querer, con negar la culpa, hacer bajeza el delito. TEBANDRO: Ved, Príncipe, que en palacio estaban ya muy sabidos los disgustos de los dos, por causas que no averiguo. Y a un hombre como Lidoro, ¿quién hubiera que, atrevido, osara darle la muerte, sino vos?
GUARDA: Allí caído estaba aqueste papel, que es factible que haya sido de Lidoro, y que por él saques algo. TEBANDRO: Bien has dicho. Quiero ver lo que contiene. Llega la luz. GUARDA: Ya te sirvo.
"Príncipe, descubiertos ya los engaños, con que sirviendo a las dos Infantas me ofendéis, con la una en el gusto y con la otra en el pundonor, no me queda a qué apelar, sino a la venganza. En el parque os espero. Baco." TEBANDRO: Veis, Príncipe, cómo para sustanciar este delito, ya sobran las evidencias si faltaban los indicios. Mas, supuesto que no soy aquí yo más que un ministro, que en vos no puedo tener jurisdicción ni dominio, sólo me toca dar cuenta al Rey de lo sucedido, y si por vos me pregunta, decirle que no os he visto; aun bien, que vos no sois hombre que puede estar escondido. Vosotros ese cadáver llevad.
BACO: ¿Habrá sucedido a alguno tal confusión, como hallarse de improviso, sin haber tenido culpa, convencido de un delito? El papel que yo a Lidoro escribí del desafío, es el que más me condena. ¿Quién creerá, cielos divinos, que la culpa no es verdad y que es verdad el indicio? ¿Hase visto igual aprieto como estar a un tiempo mismo, por una parte inocente, por otra parte convicto del delito que no tengo? Decir que yo vengativo le di la muerte, demás de dar fuerzas al peligro, es mentira y es bajeza; y es de mi valor indigno, que una bajeza cometa por complacer un delirio. Si digo que no, el papel es tan terrible testigo, que aunque yo escribirlo pude, nunca podré desmentirlo. Demás de que no he de haceme tanto desaire yo mismo, como decir la verdad donde no he de ser creído. Pues ya que no tengo medio, ni puede hallar el jüicio, ni pruebas para negarlo ni razón para decirlo, irme de Creta es mejor, puesto que tengo navíos en que poder embarcarme, antes que corra peligro en reino extraño mi vida, o sabiendo los de Epiro de su Príncipe la muerte, hallando desprevenidos a mis estados, en ellos se venguen. Adiós, hechizo de Creta, que en este Alcázar no hay un solo Laberinto.
ATÚN: Lo que te digo ha pasado, Señora, y tengo por cierto, que Lidoro queda muerto y el palacio alborotado. ARIADNA: ¿Y es Teseo quien le ha dado la muerte? ATÚN: No hay que dudar, porque yo al verle bajar al parque, armado y crüel, bajé escondido tras él y se lo vide matar. Demás, que él ahora ha entrado mostrando indicios no escasos con apresurados pasos y con aliento turbado, el acero ensangrentado, el rostro pálido y fiero, el labio mudo, parlero, el color tal, que pensara cualquiera, que de la cara se fue la sangre al acero; que de esta manera ahora allá dentro lo dejé. ARIADNA: ¿Y sabes tú, por qué fue la pendencia? ATÚN: No, Señora. ARIADNA: ¡Ay de aquélla que le adora, y una vida que advertida guardó, ve casi perdida! Pues si le prenden, no queda hilo ya con que se pueda restaurar el de su vida. Temo le prendan; porqué entonces el duro filo cortará a su vida el hilo que yo con otro anudé; y porque mi industria fue Laquesis, en mal tan fuerte, ¿qué razón hay, si se advierte, que al mirarla combatida, la Laquesis de su vida sea Atropos de su muerte? Cuánto es mejor el crüel lance huir, pues con huír, a él lo libro de morir, y a mí de morir con él; de manera, que fiel a los dos soy este día, pues de su nobleza fía mi amor, que me restituya, viendo que libro la suya, en él la suya y la mía. Parte, Atún, y dí a Teseo que venga a verme al momento. ATÚN: Será con mi movimiento un tullido tu deseo; pues sólo tu ingenio, creo, que nos podrá dar favor, sacando de tu labor vida que darnos, y agudo darla en un dedal, quien pudo darla en un devanador. Pero si acaso ha salido mi amo fuera, ¿qué haré? ARIADNA: Díle que no entre, porqué puede de lo sucedido resultar algún rüido, y en todo caso será bien que esté fuera; pues ya no es segura la prisión, que yo estaré en el balcón, que al parque cae. ATÚN: Bien está.
ARIADNA: Amo a Teseo, y temo de manera su muerte, que me fuera más ligero tormento si, muriendo yo primero, los riesgos de su vida no temiera. Mil veces mi temor lo considera blandido sobre el cuello el duro acero, y tantas veces yo del susto muero cuantas presumo que él morir pudiera. Y no es el mayor daño, si se advierte, estar de tantos riesgos combatida, que otro mal tengo que temer más fuerte; que es pensar que con alma fementida, en algún tiempo puede darme muerte, a quien yo tantas veces doy la vida.
FEDRA: ¿Qué dices? ¿La muerte a Baco le diste tú? TESEO: Sí, Señora, que lo que atestigua el brazo, mal lo negará la boca. Recibí un billete suyo, en que su pasión celosa brevemente se explicaba, por querer presuntüosa remitir la explicación de su cólera a las obras; bien, que expresaba que yo, por gusto o por vanagloria, a las dos os sirvo, y que le ofendo en entrambas cosas; en la opinión con la una, y en el gusto con la otra. El cómo llegar pudiese él a saber nuestra historia, no me toca averiguarlo, aunque sentirlo me toca. Salí, en fin, al desafío, fue mi espada más dichosa, di la muerte; ya lo sabes todo. Pues escucha ahora a lo que vengo. Bien sabes, adorada Fedra hermosa, que desde el primer instante que te vi, te entregué toda el alma, tan sin reservas, que aun mis ansias amorosas no fueron mías, ni pude merecer en las congojas; porque a ninguno le pueden dar mérito ajenas obras, y siendo tuyas las mías pareciera acción impropia si quisiera mi cariño que te obligaras de cosa que era tuya; de manera, que incapaz la vanagloria quedó de poder servirte, pues reducida a una sola acción, la mayor fineza fue no poder hacer otra. También sabes que Arïadna, o por noble o por piadosa, hizo empeño de librarme con finezas tan heroicas, con industrias tan agudas y acciones tan generosas, que a hallarme con alma, fuera darle el alma paga corta; pues cuando tan soberanas son las prendas que la adornan, obró tan fina conmigo como si no fuera hermosa; pues bien sabes que en los duelos, que allá disputáis vosotras, ofende a su punto quien con finezas enamora. Y aun juzgo que ésta es la causa porque de ingratas blasonan todas las hermosas, dando a entender presuntüosas, que a quien la beldad no falta, todo lo demás le sobra. Y siendo... Pero, ¿qué es esto, que parece que te enojas porque alabo su hermosura? La desatención perdona, y no tengas por delito, cuando el alma le es deudora, que pues no puede en afectos, en aprecios corresponda; que muy bien puede un amante que en esta duda zozobra, ser fino con la que quiere, sin ser grosero con otra. Y si todo esto no basta, baste el ver que vengo agora a rogarte que, supuesto que ya la traza ingeniosa que conservaba mi vida se acabó, pues tú no ignoras que quien se lo dijo a Baco se lo dirá a otras personas, y añadiéndose a este riesgo el que es muy factible cosa que sepan que fui yo quien le maté, con que se dobla el riesgo; pues quien le dio a él de mis acciones todas cuenta, no es mucho que de él supiese que con celosa resolución me retó, y de aquí infiera con poca dificultad el suceso, sin quedar a mis congojas, ni consuelo que las temple ni asilo que las socorra. Y no pienses que es el riesgo de mi vida quien me asombra, pues me llamara feliz a peligrar ella sola; pero bien ves que Arïadna y tú, en las inquietas olas zozobráis de los peligros de la vida y de la honra; y por evitar tan grande riesgo, discurro, Señora, que sólo puede la fuga libertar nuestras personas. Si es verdad, hermosa Fedra, el amor de que blasonas, si no te ofenden mis ruegos, si te mueven mis congojas, vamos a Atenas, que allá puestos, no es dificultosa empresa alcanzar perdón de tu padre, que aunque agora se muestra tan enemigo, si una vez las armas toma mi valor, yo sé que es fácil conseguirlo; porque hay cosas que se niegan en la paz y que en la guerra se otorgan. Pues yéndote tú conmigo, pensarán que tú, amorosa, me diste la libertad, y con eso de la sombra de la sospecha Arïadna queda libre, y la corona ceñirá a solas de Creta, y tú, de Atenas Señora serás, y del alma, que es posesión más generosa. ¿Qué dices? FEDRA: Digo, Teseo, que mi vergüenza deudora te queda de la atención; pues cuando son tan notorias las razones que me obligan a que la fuga disponga, y que casi me forzaran a decírtelo animosa, con de irlo tú me excusas el que yo te lo proponga; porque no sé qué se tiene el disponer amorosas resoluciones, que suena siempre mejor en la boca del galán que de la dama, pues para ostentar heroica de amante, conceder basta, porque proponer es cosa en que se aja la hermosura o el respeto se abandona. Y la que a su amante ruega, aunque sepa que él la adora, sí no queda desairada no quedará muy airosa; que el decoro de las damas tiene tantas ceremonias, que para cumplir con ellas sin agraviarse a sí propia, ha menester una dama, aun cuando amante se nombra, dar a entender que se vence, mas no mostrar que se postra. Esto supuesto, dispón de mi vida y mi persona, que a quien dice que te quiere, todo lo demás le sobra. TESEO: Dulce imán de mis sentidos, deja que a tus plantas ponga mis labios. FEDRA: Alza del suelo que no es razón, cuando gozas todo el dominio del alma, que así estés. TESEO: Si generosa doblas los favores tú, ¿por qué te admira si dobla la recompensa mi amor? Adiós, mi bien, que ya es hora de disponerme. FEDRA: Ven luego que alguna nave dispongas, en que nos podamos ir, supuesto que hay tanta copia en el puerto siempre de ellas, y no dudo que entre todas, haya alguna de tu reino, la cual podrás con mis joyas fletar; pues con el disfraz no es fácil que te conozcan. TESEO: Pues yo voy. FEDRA: Y cuando vuelvas no entres, que yo cuidadosa te esperaré en esa puerta del parque, que así se logra mejor el no ser sentido. TESEO: Pues adiós, mi prenda hermosa; y pues eres deidad, manda que se anticipen las horas que voy a estar sin tu vista. FEDRA: Diligencia fuera ociosa, a poder ser, pues sin ti, aunque a un solo instante todas se redujesen, sería eternidad de congojas.
BACO: ¡Que cuando de un delito convencido me miro, sin haberío cometido, y cuando en la desdicha de Lidoro la muerte sé y el agresor ignoro que en el parque matándolo primero, impidió la venganza de mi acero, y cuando por librarme del riesgo, deterrnino el ausentarme de Creta, a cuyo efecto prevenida dejo una nave en que salvar mi vida, pueda tanto el amor de aquesta ingrata que con desdenes y belleza mata, que cuando a más no verla me resuelvo segunda vez a su palacio vuelvo, a despedirme de sus duras rejas, que quizá más piadosas a mis quejas, sus hierros dar podrán, enternecidos, a yerros de mi amor gratos oídos!
ARIADNA: Mientras más tarda Teseo, más en mí crece la angustia; que si esperar sólo, mata, ¿qué hará quien espera y duda? Mas si la vista no miente o me engaña la confusa sombra, hacia acá viene un hombre, BACO: Hacia allí han abierto una ventana, llegarme quiero. ARIADNA: Pues se llega, él es sin duda. ¿Sois vos, Señor? BACO: (Fingir quiero que soy por el que preguntan.) Yo soy. ARIADNA: ¿Pues cómo tan tarde venís, Señor, cuando turban tantos temores mi pecho, después que supe la injusta muerte que a Lidoro disteis? BACO: (¡Cielos! ¿Qué es esto que escuchan mis oídos? La que habla me conoce, pues pronuncia esto. ¿Quién será? ARIADNA: Y aunqué no sé la causa, quién duda que por el amor de Fedra mi hermana, cuya hermosura, en agravio de mi amor, solicitáis, y en injuria de mi fe. BACO: (Viven los cielos, que es Ariadna, y me acusa de falso, porque quizá supo aquella necia industria de solicitar a Fedra. Mas ¿cómo cuando sañuda, por la muerte de su amante Lidoro, mi amor la juzga, sin lamentar su desdicha, celosamente me culpa?) ARIADNA: Mas supuesto que no es tiempo de celosas conjeturas, sino sólo del remedio de los riesgos que me asustan --pues veis que muerto Lidoro, ninguna industria asegura vuestra vida ni mi honor, que ondas de riesgos fluctúa-- hurtémonos a este riesgo, huyamos aquesta furia, y lo que el valor no puede salvar, sálvelo la fuga. Naves hay siempre en el puerto; prevenid, Príncipe, alguna, en que nos podamos ir. BACO: (Cielos, ¿tan grande ventura es posible que yo tenga? ¿Ariadna, que tan dura fue, se muestra tan amante que a seguirme se aventura? ¿Pues yo de su misma boca no escuché que amaba--¡Oh, nunca me acordara!--a mi enemigo? ¿Pues cómo agora asegura, que me tiene amor a mí? ¿Mas qué es lo que dificulta mi dolor? ¿A los principios no me trató con blandura, y aun dio indicios de quererme? ¿Pues no puede ser que alguna ocasión la motivase a lo que vi; pues hay muchas, que en el crisol de los celos, el oro de amor apuran? Y en fin, aunque esto no sea, ¿qué indicio quedó de culpa que darle, a quien a seguirme se resuelve? Y aunque turba mi corazón el pensar que lo quiso, es conjetura necia; pues aunque así sea, galanterías tan justas desazonan, mas no ofenden, lastiman, mas no deslustran. Yo me resuelvo a llevar todo el cielo en su hermosura; pues que ya muerto Lidoro, ningún recelo me asusta.) ARIADNA: ¿Qué piensas, que no respondes? BACO: Señora, en el puerto hay surtas naves--la que yo previne servirá--la coyuntura logremos, que prevenirla no es menester, que antes muchas quieren ya hacerse a la vela; y si tú ahora aventuras el poder salir, después se puede ofrecer alguna dificultad. ARIADNA: Pues espera, que ya bajo. ¡Noche oscura, ampara mi amor, pues siempre empeños de amor ayudas! FEDRA: ¡Válgame Dios, qué resuelto y valiente es el Amor, pues a una mujer obliga a tan temeraria acción, como que deje a su patria y que abandone su honor por seguir a un hombre! Pero ya imagino que llegó Teseo, pues hacia acá se llega un hombre. ¿Sois vos, Señor? BACO: Pues quién puede ser sino aquel que girasol tan fino es de vuestros rayos, que aun cuando su resplandor con las sombras se disfraza, conoce en la noche al sol. FEDRA: Pues vamos, antes que sepa mi padre que fuisteis vos el autor del homicidio. BACO: Seguidme, pues.
TESEO: Ya quedó en el puerto prevenida la nave, porque el Amor es agente tan activo que no sufre dilación. En esta puerta me dijo Fedra que esperaba; yo quiero llegar.
ARIADNA: ¡Qué turbados pasos da mi confusión! ¡Qué mucho, si va en mi culpa tropezando mi temor! Pero acá se acerca un bulto, si no me engaña el horror de la noche; hablarle quiero. ¡Mas, ay, que la turbación me ha dejado el sobresalto, y se ha llevado la voz! TESEO: (¡Vive Dios, que está esperando a la puerta! ¿Qué valor al suyo iguala?) Señora. ARIADNA: ¿Quién es? ¡Ay de mí! TESEO: Yo soy el que soy porque soy vuestro, porque mi ser, de mi amor depende, y a no ser vuestro, pienso que no fuera yo. ARIADNA: Pues vamos, porque he sentido en el palacio rumor, y dudo qué pueda ser. TESEO: Vamos.
ATÚN: La respiración me falta ya de cansado de buscar a mi señor, aqueste príncipe duende, que cuando lo buscan no parece, y cuando se enfadan se aparece cual visión. Avisaré del suceso a Arïadna, que al balcón puesta está al sereno; pienso que por templar el calor que él le causa. Pero allí va un hombre; no, sino dos, y muy cabales por cierto, pues por ir con perfección, cada uno de su costilla lleva la transformación. BACO: Hacia nosotros dos bultos vienen, señora; mejor es retirarnos aquí mientras pasan. FEDRA: Sin mí voy. ARIADNA: Camina aprisa, Teseo. ATÚN: (Teseo dijo esta voz. ¿Mas si éste fuese mi amo, que llegando antes que yo haya sacado a la infanta? Que como la descarnó ya de su padre, no es mucho que sirva de sacador. Quiero llegarme con tiento.) ¿Oyes? ¿Eres tú, Señor? TESEO: Éste es Atún. ¿Qué me quieres? ATÚN: Di si eres tú, que el temor, hasta ver si tú eres tú, no dirá si yo soy yo. TESEO: Teseo soy. ¿Quieres más? FEDRA: (Teseo dijo. ¿Pues no es Teseo quien me lleva? ATÚN: Pues díme Señor, por Dios, dónde has estado esta noche, que Arïadna me envió a buscarte, y no te hallé. BACO: (¿Quién a Arïadna nombró?) TESEO: A solicitar si había alguna navegación a Atenas, al puerto fui; porque deje mi valor a Creta en tinieblas, pues en Fedra le llevo el sol. ATÚN: ¿Luego es Fedra y no Arïadna la que llevas? ARIADNA: (¡Ah, traidor! ¿Así te equivocas? Bien se ve que en el corazón tiene a Fedra, pues a mí me dice Fedra. ¡Ah, rigor! ¡Qué presto empiezo a pagar mi ciega resolución!) BACO: (Que si es Fedra, y no Arïadna preguntan. ¡Qué confusión!) FEDRA: (Si es Fedra o es Arïadna la que llevan, preguntó. ¿Quién será quien esto dice?) ARIADNA: Vamos, antes que el rigor del Rey mi padre nos busque. TESEO: Ven, hermosa Fedra. ARIADNA: Yo Arïadna soy, no Fedra. No segunda vez tu voz mi nombre equivoque ingrato. BACO: (¿Qué es esto, Cielos? Ya no puedo dejar de saberlo. Tú, Ariadna, mientras voy a reconocer quién pasa espera. TESEO: Válgame Dios, ¿cómo puede aqueso ser? ¿Que no eres Fedra? ARIADNA: No soy, sino Arïadna. BACO: (¿Qué escucho? ¡Válgame el Cielo!) FEDRA: (Ni yo Arïadna, sino Fedra, y pues engañada voy con éste, que no sé quién es, y con el mismo error lleva Teseo a mi hermana, déle voces mi dolor.) ¡Teseo, Señor, esposo, mira que aqueste traidor robada te lleva a Fedra! TESEO: Pues, ¿qué espera mi valor? ¡Muere, atrevido, a mis manos! BACO: Muere tú, pues escuchó mi honor, que engañada llevas a Arïadna. ARIADNA: (¡Qué rigor de mi estrella es éste!) FEDRA: (Pues aquél es Teseo, yo quiero ponerme a su lado.) ARIADNA: (¡Ay de mí! Con el horror de la noche, no se cuál es Teseo de los dos.)
.
RACIMO: ¿Adónde podré esconderme? Que por crïado de Baco corre esta vez el Racimo peligro de ser colgado.
.
TEBANDRO: Matadlo si se resiste, que esta orden el Rey ha dado. RACIMO: ¿Quién dice que es resistirse el correr más que de paso? TEBANDRO: Pero ¿qué es esto? En el parque, resueltos y temerarios dos hombres están riñendo. ¿Quién sois vosotros que, osados, os atrevéis de este sitio a quebrantar el sagrado? Daos a prisión. TESEO: Mal conoces mi valor. BACO: Qué mal mis manos conocéis. TEBANDRO: Pues mueran luego. ¿Qué esperáis? TESEO: Si aquí alentado no me resisto, la vida y a Fedra pierdo. BACO: Si osado no me defiendo, a Arïadna pierdo, y la vida.
.
FEDRA: Tirano cielo, acaba, con mi muerte, vida que te ofende tanto. ARIADNA: Si blanco infeliz mi vida es de tus tiros airados, y es el blanco el que te ofende, acaba. ¿Resistencia a la justicia?
.
MINOS: ¿Qué es esto? ¿En todo el palacio, sólo se escuchan pendencias; sólo se miran estragos? TEBANDRO: Señor, aquestos dos hombres son, que intentan obstinados resistirse a la justicia. MINOS: Pues prendedlos o matadlos. TEBANDRO: Con estas damas, por quien se estaban acuchillando, según juzgo. MINOS: ¿Por mujeres? Prendedlas. TESEO: Ya es el librarnos imposible; pues nos vemos por todas partes cercados. MINOS: Descubrid esas mujeres. ARIADNA: ¡Cielos, hoy la vida acabo! FEDRA: ¡Adiós, infelice vida!
MINOS: ¿Qué es esto que estoy mirando? ¿Mis hijas? Mas no lo son, pues obran--¡todo me abraso!-- tan bajamente. Pues, ¿cómo... ¡Volcanes del pecho exhalo! ¡Oh, si al pronunciar mi afrenta! ¡Oh, si al decir dolor tanto, lo articularan los ojos y lo ignoraran los labios! Pues, ¿cómo, vuelvo a decir, aleves monstruos, ingratos instrumentos de mi afrenta, imágenes de mi agravio, en tal sitio--¡qué tormento!-- a las dos--¡qué desacato!-- disfrazadas--¡qué indecencia!-- solas con dos hombres hallo? Hablad. ¿No me-respondéis? Decid, ¿quién son los villanos que dejándome la vida todo el honor me han robado? Hablad, aleves; no os sirva la vergüenza de embarazo, que a quien le faltó al hacerlo, no ha de tenerla al contarlo. ARIADNA: Señor...(El temor, de hielo me ha vuelto). FEDRA: Señor... (En mármol me ha transformado el temor.) ARIADNA: Si por mi culpa... BACO: (¿Qué aguardo, que no me descubro, viendo a Arïadna en riesgo tanto?)
Señor, justo es que castigues sólo al que hallares culpado, que soy yo; pues Arïadna, vencida de mis halagos, convencida de mis ruegos y obligada de mi llanto, me sigue. ARIADNA: (¿Qué es lo que escucho? ¿Yo, divinos cielos, cuándo a Baco seguí? Mas quiero callar, por si en riesgo tanto su industria salvarme puede.) TESEO: (¿Qué es esto? ¿Cómo está Baco vivo, si yo le di muerte?) FEDRA: De verle vivo me espanto. MINOS: Luego, príncipe, juzgué que tú eras el inhumano autor de la ofensa mía; ¿pues quién se atreviera osado a mi honor, sino tú sólo, que de lo grande ha buscado, para volar bajamente, las alas de sér tan alto? Mas yo dejaré, en tu muerte, ejemplo a los temerarios, vengando al muerto Lidoro, y mi honor desagraviando. TESEO: (Cuando a la muerte se entrega él por su dama, arrojado, no será bien que se piense de mi ardimiento bizarro, que cuando él se llega al riesgo, yo del peligro me aparto.)
Señor, si por Arïadna se entrega a la muerte Baco, no será bien que Teseo no haga por Fedra otro tanto. FEDRA: ¡Ay de mí! ¿Qué es lo que has hecho? ARIADNA: (¿Qué miro? ¿Por Fedra osado se entrega a la muerte? Muera, que mi amor desengañado de su ingratitud, convierte en odio todo el agrado.) BACO: ¡Cielos! ¿Con vida Teseo, y de Fedra amante, cuando le juzgué muerto? Sin duda es ella quien lo ha librado. TEBANDRO: ¿Es sueño lo que estoy viendo? ATÚN: (Todos se han quedado helados, y más que pudiera muerto, espanta resucitado.) RACIMO: ¿Qué fuera que con Lidoro nos sucediera otro tanto, y tuviéramos en Creta el Día de los Finados? MINOS: De suerte me ha suspendido caso tan inopinado, que me usurpa lo admirado las acciones de ofendido. ¿Que estás con vida? ¿Que ha habido tan villana compasión que libertó tu traición? En vano el pecho respira, si cuando busco la ira, topo con la admiración. Hidra que mi enojo incitas, pues cuando mi enojo piensa matar contigo una ofensa, con tantas me resucitas. ¿Por qué mi cólera irritas? ¿No te bastaba, traidor, para agravar mi dolor cuando tu industria me engaña, haber burlado mi saña, sin haber muerto mi honor? ¿Qué más agravios intentas a la sangre hacer, que infamas, si en Atenas la derramas, y en Creta osado la afrentas? ¿Qué engaños nuevos inventas para dejarla agraviada, pues llevándola robada, a tu intención homicida no bastó verla vertida, hasta mirarla afrentada? Mas a todos el castigo les dará mi enojo grave, que como contigo acabe, ¿qué importa acabar conmigo? Y sea el mundo testigo de que con mi sangre lava mi honor su afrenta, y que acaba con los que agraviarle intentan, y mueran las que me afrentan, pues ya murió el que me honraba. Todos perderéis la vida, y hasta Baco, que traidor, de Arïadna fue raptor y de Lidoro homicida. Una es la culpa atrevida que vuestras vidas condena y así, que muráis ordena el enojo a que me incito; y pues tenéis un delito, llevad una misma pena. Llevadlos. BACO: ¡Fiero rigor! TESEO: ¡Con qué pena el alma lucha! ARIADNA: Nada su crueldad escucha. FEDRA: Nada atiende su rigor. MINOS: ¡Mueran, y viva mi honor, pues lo han querido agraviar! TESEO: ¡Que aquesto llego a escuchar! RACIMO: ¡Que esta pena llego a oír! ARIADNA: ¡Penas, callar y morir! FEDRA: ¡Amor, morir y callar!
...
SOLDADO l: Señor, ¿cómo tan despacio te estás, cuando la rüina de toda Creta, al cercano peligro tuyo te avisa? SOLDADO 2: Ocupado tu Palacio todo está ya de enemigas escuadras, que por la parte que cae hacia la marina, tuvieron disposición de entrarse sin ser sentidas; porque Atenas, de la muerte de su príncipe ofendida, viene brotando venganzas. Mas, Señor, salva la vida, que ya llegan. MINOS: ¡Ay de mí! ¿Quién ha visto--¡suerte esquiva!-- que yo pague las ofensas, y las ofensas reciba? LAURA: El alboroto y el susto amenaza mucha ruina. CINTIA: Siendo tan libre, sintiera esta vez verme cautiva.
...
LICAS: Hasta hallar al mismo rey, no se sosiegan mis iras, para vengar con su muerte la sangrienta tiranía de la muerte de Teseo. TEBANDRO: ¡Cielos, notable desdicha! Ya es imposible la fuga. LICAS: ¿Mas no es el rey el que miran mis ojos? ¡Muere a mis manos! FEDRA: ¡Teseo! TESEO: Nada me digas, que no es bien que por tu ruego, deje la acción de ser mía. MINOS: ¿No hay nadie que me socorra? TESEO: Sí hay, gran Señor. Tente, Licas, que no hay que vengar mi muerte, cuando me encuentras con vida. Teseo soy, ¿no lo ves? Vivo estoy. LICAS: ¡Tan grande dicha llego a ver, Señor! ¿Pues cómo te hallo vivo? TESEO: Compasivas me libraron las infantas. (No es bien que Arïadna diga sola, mi voz, porque es dar sospecha, y no es acción digna, cuando no puedo pagarlas, blasonar de sus caricias.) LICAS: Luego ¿no fue el rey el que te perdonó? TESEO: Fue su hija, que es lo mismo, pues él dio el sér a quien me dio vida, y cuando aquesta razón no me moviera, la misma acción hiciera, por dar a entender mi bizarría, que tiene más valor quien perdona, que quien castiga. Y así, haz, Licas, recoger la gente. MINOS: ¿Qué agradecida, te podrá el alma ofrecer, Teseo, cuando cautiva de tu razón mi venganza, aun no acierta, de corrida, a mirarte? TESEO: Aunque era justo darse por desentendida mi altivez del beneficio, hay razón que no permita ese garbo a mi valor y así la galantería perdone, que hay ocasiones en que es justa la codicia. MINOS: ¿Pues qué aguardas? Pide todo el reino. TESEO: Cosa más rica pido, Señor, que es a Fedra cuya hermosura divina es sólo el premio que quiero. MINOS: Por mí ya está concedida. ARIADNA: (¿Con Fedra se casa? ¡Ah, ingrato! Murió la esperanza mía. Mas pues no tiene remedio, pagar de Baco la fina atención quiero.) Señor, pues mitigadas, tus iras han perdonado a mi hermana, también yo a tus pies rendida pido perdón, y te aviso de que no fue el homicida Baco, de Lidoro, sino Teseo. MINOS: ¿No ves que implica, siendo de Baco el papel? ARIADNA: Quien lo vio, Señor, lo afirma. - Dílo Atún. ATÚN: Aquí entro yo. (¡Gracias a Santa Lucía, que tengo lugar de hablar!) Sí, Señor, que mi codicia, pensando que era de Fedra, le llevó el papel. RACIMO: No digas más, que también entro yo, que urdí toda la mentira de miedo. y se lo entregué a éste. ATÚN: Y yo por las albricias, a Lidoro lo llevaba, cuando la desdicha mía con mi amo me encontró, que leyendo a toda prisa el papel, no pude oír qué era lo que contenía; y viendo que estaba fresca la nema, y que bien podía cerrarse, volví a cerrarlo, y a Lidoro con la misma ignorancia lo entregué; el cual, luego, echando chispas bajó al Parque; y con mi amo, que también fue... MINOS: No prosigas. Déle la mano, Arïadna a Baco. Y tú, agradecida, a Teseo. FEDRA: Ésta es mi mano, príncipe. TESEO: Ya a recibirla, el alma, que es vuestra, sale. ARIADNA: Y aquésta, Baco, la mía. BACO: En ella me dais, Señora, todo el premio de mis dichas. RACIMO: Cintia, ya ves que no ha habido lugar de galanterías de lacayos y fregonas; pero, si quieres ser mía, dispensando de galán las amantes baratijas, aquí estoy. CINTIA: Y yo te admito, porque fuera bobería perder aquesta ocasión. ATÚN: Laura, no es bien que la envidia nos quede a nosotros. LAURA: Tienes razón; no es bien que baldía, cuando se casan los otros, quede persona tan digna como yo; y así, mi mano es ésta. TEBANDRO: Y perdón, rendida, os pide la pluma que, contra el genio que la anima, por serviros escribió, sin saber lo que escribía.

FIN 

Entradas populares de este blog

Antígona Furiosa Griselda Gambaro

Dos mujeres de Javier Daulte

Los Cuervos están de luto HUGO ARGÜELLES