Historias para ser contadas. Osvaldo Dragún. Argentina.





HISTORIAS PARA SER CONTADAS

Autor:     Osvaldo Dragún

PRÓLOGO PARA SER CONTADO

TODOS:              
¡Público de la Plaza, buenas noches!
Somos los nuevos comediantes,
actores que van de pueblo en pueblo,
que van de plaza en plaza,
¡pero siempre adelante!

ACTOR 1:           
Si es cierto que la vida del hombre es una estrella
que dura apenas un minuto
en esta infinita trayectoria
que es un día del mundo,
convengamos que es también una historia,
una pequeña historia irrealizada
que termina a veces antes de empezada.

TODOS:               Una pequeña Historia para ser Contada.

ACTOR 2:           
La comedia italiana era otra cosa.
Tal vez fuese aquella época de rosas.
Hoy la flor se deshoja contra el viento
y la espina se hinca en nuestras manos,
a veces callosas…

TODOS:               ¡Y entonces la arrancamos!

ACTOR 2:            A veces de nube.

TODOS:               ¡Y naufragamos!

ACTRIZ:              
La mandolina rota de Arlequino,
es hoy tranvía furioso,
y la sonrisa azul de Cantarina
la esperanza rosada de una nueva heroína:
madre
mujer,
hermana,
que con un signo de interrogación
tachan el día de mañana en nuestro calendario.

TODOS:
Mas nosotros sabemos,
ya que por actores, sabios somos,
que siempre llega el sol hasta la cuna
de la simple semilla.
Un pequeño hombre no es más que una semilla,
y su historia,
una historia sencilla.

ACTOR 3:            No se asombren de lo que aquí verán.

ACTRIZ:               Les traemos la ciudad…

ACTOR 1:            Sus hombres…

ACTOR 2:            Sus problemas.

TODOS:               Somos solamente nosotros.

ACTOR 1:            Yo…

ACTOR 2:            Yo…

ACTOR 3:            Yo…

ACTORES 1, 2 y 3: Y ella.

ACTRIZ:               Pero a veces yo seré una hermana, después una madre y en seguida una esposa…

ACTOR 1:            ¡Y yo un viejo, o un joven, o un niño!

ACTOR 2:            ¡Y yo un tango, y después una sombra!

TODOS:              
Traemos para ustedes
Cuatro historias de la vida cotidiana.



ACTOR 3:           
Nosotros existimos
porque existen ustedes.
Sus historias nos pesan en el alma
y nuestras manos las lloran.
Lágrimas de muy allá traemos
y también una risa.
Y si alguno de ustedes, padres nuestros,
tiene una risa para ser reída
o una lágrima que deba ser llorada,
que se acerque al final de la jornada
a nosotros, actores

ACTOR 3 y 1: cantores,

ACTOR 3, 1 y 2: llorones,

ACTOR 3, 1, 2 y ACTRIZ: reidores,

TODOS:              
cazadores de estrellas.
Su historia contaremos
allá en lejanas plazas,
bajo el sol o la luna,
para ninguno o muchos.
Lo importante es contarla,
y su pequeña historia acribillada
será otra “Historia para ser contada”.


HISTORIA DEL MONO QUE SE CONVIRTIÓ EN HOMBRE

Quedan tres ACTORES y una ACTRIZ.

CORO:
Y como siempre la Historia
empieza por su empiezo
nuestras Historias comenzarán
por su comienzo.

CANTOR:            
(Canta.) ¡El Mono! ¡El Mono! ¡El Mono
dicen que fue mi nono!

CORO:
Parece ser que fuimos una comunidad
antes que el Progreso nos volviese unidad.

CANTOR:            
(Canta.) ¡La Mona! ¡La Mona! ¡La Mona
dicen que fue mi nona!

CORO:
Intentaremos aquí seguir el recorrido
que nos llevó de la selva
al asfalto y al ruido.

CANTOR:            
(Canta.) Por suerte somos dos
dijo el Mono a la Mona
el trabajo es más liviano
y más dulce contigo.
¡Te digo
te digo
te digo mi Mona!
¡Te digo
te digo
te digo mi Mona!

CORO:
Esta es la Historia de
un Mono y una Mona que
trabajando, trabajando
se fueron transformando.

CANTOR:            
(Canta.) ¡Por suerte somos dos
dijo el Mono a la Mona!
¡Trabajando trabajando
iremos progresando!
¡Andando andando
andando mi Mona!
Andando andando...
¡iremos pro-gre-san-dooo!

CORO: Esta es la Historia del Mono que se convirtió en Hombre.

CANTOR:            
(Canta.) ¡Hace unos cuantos millones de años,
cuando las cosas no andaban tan mal,
una raza de mono antropoide
vivía en la selva tropical!

ACTOR 1:            (Hablando.) Aunque cubiertos de pelo, y orejas en punta y su estado muy pero muy avanzado...

ACTOR 2:            (Hablando.)...en los árboles las hordas tiraban en yunta sin preocuparse de caminar parados.

CANTOR:             (Canta.) Y para poder trepar
las manos tuvieron que usar,
y después de muchos deberes
dejaron los pies para otros menesteres.

ACTOR 1:            (Hablando.) Trabajaron, trabajaron, trabajaron...

ACTOR 2:            (Hablando.) ... y las manos de los pies diferenciaron.

CANTOR:             (Canta.) Y así comenzaron a erguirse
y a prostituirse
y apenas se pararon
se miraron
y se asombraron
pero empezaron
a convertirse
a convertirse
a convertirse en hombre a convertirse.

ACTOR 1:            ¡Y caminaron!

CANTOR:             ¡Ese fue el caso
del primer paso!

ACTOR 1:            Y como donde hay Monos siempre hay un domador...

ACTOR 2:            ...en esta Historia Él será el domador...

ACTOR 1 toma un bastón.

ACTOR 1:            Y mi amigo aquí presente será en esta Historia mi asistente. (ACTOR 2 entra carretilla con ladrillos. ACTOR 1 hace sonar un silbato. Extiende el bastón hacia el ACTOR 2.) ¡Ayúdame!

ACTOR 2:            ¿Qué vamos a hacer?

ACTOR 1:            Enseñarles. Los únicos privilegiados son los monos. Sin educación no hay civilización. ¿Estamos?

ACTOR 2:            (No entiende nada.) Si usted lo dice, Patrón. (Agarra el bastón.)

ACTOR 1:            (Anuncia al público.) Primera lección: ¡esquivar obstáculos! (Hace sonar el silbato hacia los
MONOS. Éstos los miran sorprendidos. ACTOR 2 levanta el bastón.) ¡Más bajo! ¿Quieres que se maten?

ACTOR 2:            ¡No, Patrón! ¡Si son simpáticos! (ACTOR 1 vuelve a sonar el silbato, ahora con más severidad. Los dos MONOS se acercan al bastón. Lo miran. No pasan.) ¿Y? ¿Por qué no pasan?

ACTOR 1:            Falta el aliciente. ¡Para atravesar un obstáculo hay que tener un aliciente!
Saca de su bolsillo una banana. La enseña a los MONOS. Ellos la miran sorprendidos. ACTOR 1 la mueve ante ellos. Los MONOS extienden la mano pero no pueden alcanzarla porque el ACTOR 1 se las aleja. Los MONOS miran el bastón que se extiende ante ellos como una barrera que les impide tomar la banana. Por fin se deciden y quieren cruzar el bastón, pero el ACTOR 1 lo levanta y ambos MONOS ruedan por el suelo.

ACTOR 2:            Eh... diga, ¿qué hace?

ACTOR 1:            ¡Silencio! ¡Aquí mando yo!

El MONO llora dolorido. La MONA lo consuela con todo amor, casi como si fuese su madre.

CANTOR:             (Canta.) No presten atención
a esta escena de amor.
Es instinto animal
nada sentimental.
¡El amor nos nació
cuando el corazón
se fue civilizando!
¡Esto que están mirando
tiene la ingenuidad
del instinto animal
sin psicoanalizar!

ACTOR 2:            (Mira a los MONOS.) ¿Qué están haciendo?

ACTOR 1:            ¡Bobadas! (Los separa con el pie.) ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Hay que estudiar! (Hace sonar el silbato. Vuelve a colocar el bastón extendido. Los MONOS miran. El ACTOR 1 les enseña otra vez la banana. Los MONOS se aproximan. Tienen miedo. Al ACTOR 2.) ¡Baja el bastón! ¿Quieres que se maten?
Bajan el bastón casi hasta el suelo. ACTOR 1 mueve la banana ante los MONOS. Éstos vacilan. Por fin quieren cruzar pero el ACTOR 1 levanta bruscamente el bastón y los MONOS vuelven a rodar por el suelo, El MONO llora pero al mismo tiempo está furioso ante la burla.

La MONA lo contiene apenas. Ambos no dejan de mirar la banana que el ACTOR 1 vuelve a agitar ante ellos. Se aproximan. Están hambrientos. Necesitan comer, aunque estén doloridos por los golpes. El MONO solloza entre dientes. La MONA le habla al oído, le da la solución. Se miran. Se ponen de acuerdo. Dan vuelta sin cruzar el bastón y toman la banana. Se alejan con ella triunfalmente.

ACTOR 1:            Primera lección: ¡para lograr un objetivo no debe seguirse el camino recto, sino el camino torcido!

CANTOR:             (Canta.) Y como hemos comprobado
trabajando, trabajando...

ACTOR 1:            Nuestro antiguo antropoide distinguido...

ACTOR 2:            … se hizo cada vez más civilizido.

ACTOR 1:            (Le pega.) ¡Civilizado!

ACTOR 2:            ¡Perdón! ¡Civilizado!

ACTOR 1:            Al trabajo el bulto
no esquivaron
y de la mano al cuerpo
y del cuerpo al seso
en un hombre cabal
se transformaron.
Pero...

CANTOR:             (Canta.) Como sucede hasta hoy en día
es más dulce trabajar en compañía.
Y aunque eso permite ayudarse
es necesario poder comunicarse.

ACTOR 1:            Para empezar, gesticularon.

ACTOR 2:            Después gritaron.

ACTOR 1:            Se garrotearon. (Se manosean.)

ACTOR 2:            Hasta que, por fin...

ACTOR 1:            ... ¡hablaron!

CANTOR:             (Canta.) ¡Y ése fue el caso...
del Segundo Paso!

ACTOR 1:            (A los MONOS. Les enseña un dedo.) Este es el UNO. (Ellos miran sorprendidos.) ¡El UNO! (No responden.) ¡U-NO! ¡El U-NO! (No responden.)

ACTOR 2:            Parece que no supieran hablar, no...

ACTOR 1:            ¡Y claro que no saben! Pero ya van a aprender... (Lo mira.) ¿Quieres enseñarles tú?

ACTOR 2:            ¿Yo? ¿Cómo?

ACTOR 1:            Con el bastón, ¡con qué va a ser! ¿Quieres?

ACTOR 2:            Y... me gustaría... ¡Nunca nadie me dio la oportunidad!

ACTOR 1:            ¡Toma! (Le da el bastón. ACTOR 2 lo toma. Vacila. ACTOR 1 lo empuja hacia los MONOS.)

ACTOR 2:            ¡Eh, no empuje!

ACTOR 1:            ¡Acércate que no muerden!

ACTOR 2:            ¿Y yo qué sé? (A distancia señala el dedo a los MONOS. Con una sonrisa.) ¡UNO! (No responden.) ¡UNO! (Se aproxima más.) U-NO... U-NO... U-NO... UNO... (Como no le responden, y ya furioso, se acerca mucho más a ellos.) ¡UNO, carajo! (Les pega con el bastón.)

MONO: (Aúlla.) ¡SOCORRO!

ACTOR 1:            ¿Viste? ¡Ya aprendieron a hablar! (Le quita el bastón.)

ACTOR 2:            Pero... yo creí que la primera palabra iba a ser... “mamá”...

ACTOR 1:            ¡Estabas muy equivocado! La primera palabra fue “¡Socorro!”...

CANTOR:             (Canta.) Los antiguos monitos
caminando y hablando
hasta el hombre de hoy
llegaron trabajando.
¡Y siguiendo un camino
que es muy complicado
no descansaron
y fueron transformando
el seso del mono
en cerebro humanizado!
¡Capacitándo-se!
¡Modificándo-se!
¡Sacrificándo-se!
Un día-se dejaron-se de hacer
siempre cansadas.
¡Y pasaron a cosas
mucho más complicadas!

ACTOR 1:            Sin por eso dar muestras de estar cansados...

ACTOR 2:            … intentaron objetivos cada vez más elevados.

ACTOR 1:            Sumaron.

ACTOR 2:            Restaron.

ACTOR 1:            Midieron.

ACTOR 2:            Y... ¡se jodieron!  ,

ACTOR 1:            Pero...

ACTORES 1 Y 2: ... ¡construyeron!

CANTOR:             (Acorde de guitarra.) ¡Cha! ¡Cha! ¡Cha!

ACTOR 1:            (Muestra otro dedo al MONO.) ¡Dos!

MONO: D...o...s...

ACTOR 1:            ¡Muy bien, muy bien! Y ahora... primero va el Uno y después ¡el dos! (Hace sonar el silbato.)

MONO: Uno...

MONA: Dos...

ACTOR 1:            ¡Uno, dos!

MONO: Uno... ¿dos? (Mira a la MONA dudando.)

MONA: ¡Uno, dos! (Le sonríe con amor.)

ACTOR 1:            ¡Uno, dos!

MONO: (Seguro ahora.) Uno, dos.

MONA: Uno, dos.

ACTOR 1:            ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos!

MONO Y MONA: ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! (Y comienzan primero a marcar el paso y luego a desfilar. Siguen contando.) ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos!

ACTOR 1:            ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos... y tres!
Les arroja un ladrillo de la carretilla. El MONO lo toma apenas en el aire. Lo mira. Mira a la MONA. Piensan. La
MONA le habla al oído.

MONO: (Sonriendo suficiente al ACTOR 1.) ¡Tres!... (Deja el ladrillo en el suelo.)

ACTOR 1:            (Les arroja otro.) ¡Y cuatro! (Lo dejan sobre el tres.) ¡Y cinco! (Mismo juego.) ¡Y seis! (Mismo juego.) ¡Y siete! (Mismo juego.) ¡Muy bien, muy bien! (Al ACTOR 2.) ¡Sigue tú!

ACTOR 2:            (Les arroja un ladrillo imaginario.) ¿Qué van a hacer?

ACTOR 1:            ¡Construir! ¡Estamos en el siglo XXI!

ACTOR 2:            ¡Yo sólo sé el día que cobro!

ACTOR 1:            (A los MONOS.) ¡Y siete! ¡Y ocho! ¡Y nueve! ¡Y diez! ¡Y once! ¡Y doce! (Los dos MONOS amontonan ladrillos como si estuviesen levantando una pared. El MONO comienza a cansarse.) ¡Trece! ¡Catorce! ¡Quince! ¡Dieciséis! ¡Diecisiete! (El MONO está agotado. Casi se cae. La MONA lo levanta.)

ACTOR 1:            (Ordena.) ¡Vamos! ¡Diecisiete!... ¡Diecisiete! (El MONO se sienta. La MONA lo acaricia y sigue sola, a pesar de su cansancio.) ¡Dieciocho! ¡Diecinueve! ¡Veinte! ¡Veintiuno! ¡Veintidós! ¡Veintitrés!... ¡Descansen! (La MONA cae rendida junto al MONO. El ACTOR 1 saca un pañuelo y se enjuga la transpiración.) ¡El trabajo me agota! (A los MONOS.) No sé si me van a entender... ¡Dios quiera que sí!... Yo sé que el trabajo lo hacen ustedes... pero verlos ahí, todo el día... cansados... embrutecidos... sin ganar lo suficiente... con sus hijos mal vestidos y mal alimentados... ¡es un peso que no puedo soportar! ¡Ustedes son mis patrones, no yo el de ustedes! No, no... ¡Ustedes son mis patrones! ¡Se han apoderado de mi conciencia!... ¡Han monopolizado mi conciencia!... Han creado el trust internacional de mi conciencia... y explotando sus miserias, y sus sufrimientos, y los de sus hijos, ¡no me dejan vivir en paz! (Ofensivo.) ¡Proletarios! ¡Explotadores!... ¡Aquí!... (Se golpea el vientre.) Aquí... créanme, por Dios... ¡aquí mi conciencia se retuerce de hambre! ¡Grita de hambre! ¡Mi conciencia aúlla de hambre por culpa de ustedes! ¡Aquí! ¡Aquí! ¡Aquí!... (Se golpea con furia. De pronto, se siente mal. Al ACTOR 2.) Ya vuelvo...

ACTOR 2:            ¿Qué le pasa, patrón? ¿Se siente mal?

ACTOR 1:            No, no... Es mi conciencia... ¡Voy a cagar y vuelvo! (Sale.)

La MONA acaricia al MONO. Se abrazan. Se besan. Se acuestan.

CANTOR:             (Canta.) No presten atención
a esta escena de amor.
Es instinto animal
nada sentimental.
¡El amor nos nació
cuando el corazón
se fue civilizando!
Esto que están mirando
tiene la ingenuidad
del instinto animal
¡sin psicoanalizar!...

El MONO se levanta. Ya no es un MONO. Es un Hombre muy suficiente. ACTOR 2 se aproxima a él y a la pared.

ACTOR 2:            ¡Qué linda pared!

MONO: ¿En serio es linda?

ACTOR 2:            Sí... (La toca.) ¡Parejita... y resistente!

MONO: (Se infla.) ¡Eh! ¡La hice yo! (A la MONA.) ¿No?

La MONA se incorpora hasta quedar de rodillas.

MONA: Sí...

ACTOR 2:            ¡Y bien, eh! (La toca.) Resistente...

MONO: ¡Parejita y resistente! (A la MONA.) ¿No?

MONA: Sí...

MONO: ¿Y si la sigo?

ACTOR 2:            ¡No, mejor espere que vuelva ÉL! ¡A ver si mete la pata!

MONO: ¿Y por qué voy a meter la pata? A ver... llegué al... (No recuerda. A la MONA.) ¿A cuál llegué?

MONA: Veinticuatro...

MONO: ¡Claro! ¡Veinticuatro! (Pone ladrillo.) Y después el... (A la MONA.) ¿Después el cuál?

MONA: Veinticinco.

MONO: ¡Claro! ¡Veinticinco! (Pone ladrillo.)

MONA: Veintiséis.

MONO: Veintiséis... (Pone ladrillo.)

MONA: Veintisiete.

MONO: Veintisiete... (Pone ladrillo.)

MONA: Veinti...

MONO: (La corta de un grito.) ¡Cállate de una vez! ¿O te crees que yo no sé contar, eh? Veintiocho... (Pone ladrillo.) Veintinueve... Treinta... (La MONA se los va alcanzando.) Treinta y uno... treintaidós... treintaitrés... (A la
MONA.) Hazme un tinto, mujer.

ACTOR 2:            ¡Oiga, esto va quedando muy bien, eh!

MONO: ¿Le parece?

ACTOR 2:            ¡Sí, muy bien!

MONO: Creo que me corresponde sobresueldo, participación en las ganancias, doble jubilación, doble aguinaldo, y un porcentaje del prode... (La MONA le da un tinto.) Prepara el asado, mujer. (Al ACTOR 2.) ¿Usted qué opina?

ACTOR 2:            Eh... Yo no sé... Yo en eso no decido. ¿Qué está construyendo?

El MONO lo mira. Se vuelve a la MONA, con expresión de que la pregunta del ACTOR 2 es la más absurda del mundo. Se larga a reír.

MONO: (A la MONA, mientras se sienta para comer el asadito.) ¿Qué te parece la pregunta? (Al ACTOR 2.) ¡Estoy construyendo!

ACTOR 2:            Sí, ya sé, pero... ¿qué?

MONO: (Riendo.) ¡Eso no tiene importancia! ¡No es cosa mía! ¡Yo construyo! ¡Para eso me pagan! ¡Un hospital, un campo de concentración, una escuela, un laboratorio de bombas atómicas, un horno crematorio, un jardín infantil, una cámara de gas... ¡Yo construyo, señor! ¡Soy un gran constructor! ¡A mí me dan un baldío... y yo construyo!... ¡Yo construyo!

CANTOR:             (Canta.) El hacer por hacer no significa
que siempre lo que hacemos está bien
ya que a veces por no meter la pata
el tiro sale por la culata...
(Habla.) ¡Moraleja!
(Canta.) Siempre conviene saber...
para qué se trabaja
¡y para quién!

Vuelve el ACTOR 1 arreglándose el pantalón. Ve la pared construida por los MONOS.

ACTOR 1:            (Al ACTOR 2.) ¿Los ayudaste tú?

ACTOR 2:            No. La hicieron solos.

ACTOR 1:            ¿Solos? ¡Pero si no sabían contar sin mí!

ACTOR 2:            Aprendieron.

ACTOR 1:            ¡Pero si no sabían medir sin mí!

ACTOR 2:            Aprendieron.

ACTOR 1:            ¡Pero si no sabían pensar sin mí!

ACTOR 2:            Aprendieron.

ACTOR 1:            (Mira a los MONOS.) ¿Aprendieron?

ACTOR 2:            Pues, sí... aprendieron...

ACTOR 1:            (Vuelve a mirar a los MONOS, que comen su asado. Se acerca a ellos paternal y sonriente.) ¡Me alegro de que a mi lado hayan aprendido tanto! ¡Y ahora, creo que es hora de seguir trabajando!

MONO: Un momentito, señor.

ACTOR 1:            (Lo mira sorprendido por el tono.) ¿Qué pasa muchachos?

MONO: Antes de seguir hay que aclarar algunas cosas. La pared, ¿quedó bien?

ACTOR 1:            ¡Pues... bueno!... podemos decir que... pero tal vez no es que...

MONO: ¡Nada de ambigüedades, señor! ¿Quedó bien, o no?

ACTOR 1:            (Pausa corta.) Sí... quedó bien.

MONO: Sin mí, ¿hubiese quedado tan bien?

ACTOR 1:            Bueno... tal vez no... pero...

MONO: ¡Nada de peros, señor! Usted me necesita. Sin mí, no puede seguir con esto. Así que, creo que es hora de
hablar de condiciones.

ACTOR 1:            (Furioso.) ¿Condiciones? Pero... (Parece a punto de pegarle pero se contiene. Sonríe forzado.) ¡Pero muchachos! ¿Qué les pasa? (A la MONA en cómplice.) Señora, ¿qué le pasa a su marido? Se puso triste, ¡y tan divertido que era antes!

MONA: (Humilde.) Yo...

MONO: Tú te callas. ¡Esto lo decido yo! (Al ACTOR 1.) Antes yo no sabía pensar, señor. Ahora, aprendí.

ACTOR 1:            (Al ACTOR 2.) ¿Aprendió?

ACTOR 2:            Y sí, aprendió... Lo único que no aprendió es para qué sirve lo que está haciendo.

ACTOR 1:            (Feliz.) ¿Ah, no?

MONO: Y, señor, ¿hablamos de condiciones?

ACTOR 1:            ¡Hablamos, hablamos! ¿Por qué no?... Pero antes, pone ESO en su lugar. (Señala un sitio.) El
trabajo hay que terminarlo, no...

MONO: ¿Qué?

ACTOR 1:            ESO...

MONO: (Ve “ESO”.) ¡Ah!... (Va al lugar. Mira. Vuelve hacia la MONA.) Ven, mujer. Ayúdame. (La MONA va con él.
Mira “ESO”. No le gusta.)

MONA: No... No...

MONO: ¿Por qué?

MONA: No me gusta...

MONO: Y tú ¿quién eres para opinar?

MONA: ¿Cómo quién soy? (Lo mira.) Yo soy...

MONO: ¡Nadie! ¡Tú no eres nadie, me oyes! ¡Na-die!

ACTOR 1:            (Ve la indecisión del MONO.) ¿Y? ¿Qué pasa? ¿O ahora en tu casa manda tu mujer?

MONO: (Ofendido en su orgullo masculino.) No se preocupe, señor, que en mi casa mando yo, ¡faltaba más! (A la
MONA haciendo sonar los dedos.) ¡Tú te callas, que esto lo decido yo, eh! El trabajo hay que terminarlo. ¡Nunca dejé un trabajo sin terminar! ¡Vamos, ayúdame! ¡Vamos!... ¡Vamos! (La amenaza con la mano.) ¡Vamos, que te doy, eh!

Finalmente la MONA no tiene más remedio que ayudarlo. Entre los dos entran una especie de jaula enrejada que se arma en el escenario. De los barrotes de la jaula, cuelgan madreselvas en flor, antenas de televisión, y carteles en los que se anuncian ventas de distintos productos. Cuando terminan de acomodar su jaula sobre el escenario, los dos MONOS quedan dentro de ella.

MONO: (Al ACTOR 1.) ¡Ya está listo el trabajo, señor! ¿Y ahora?

ACTOR 1:            Y... ahora... ¡se quedan ahí!

MONO: ¿Cómo?... ¡Oiga, señor... no puede hacernos esto! ¡Somos seres humanos!

ACTOR 1:            ¡Se puede, se puede! ¿Y saben por qué?

CANTOR:             (Canta.) ¡Porque siempre conviene saber
para qué se trabaja, y para quién!

ACTORES 1 y 2 salen. Los dos MONOS quedan aferrados a las rejas de la jaula. Giran con ella en todas direcciones.

MONO: ¡Sáquenos de aquí! ¡Somos seres humanos!

Nadie les responde. Giran con la jaula más lentamente. Comienza en ellos otra transformación física. A mitad de camino entre el hombre y el MONO, el MONO queda aferrado a la reja. La MONA va al centro de la jaula. Se arrodilla. El MONO saca un diario y empieza a leer. La MONA comienza a sollozar quedamente. El MONO se da cuenta de ello.

MONO: Prende el televisor, quieres... (Pausa.) Mujer, te estoy hablando... (Se vuelve. La ve llorando. A la MONA.) ¿Por qué lloras?

MONA: Tengo mareos...

MONO: Y... debe ser el vino del almuerzo... o el televisor, o el subte... o el invierno...

MONA: No... Creo que... que voy a tener un hijo...

MONO: (Feliz.) ¡No! ¿Y por qué lloras?

MONA: ¡No quiero tener un hijo!

MONO: ¿Cómo que no quieres? Pero, ¿estás loca, mujer? (Excitadísimo.) ¡Mi hijo! ¡Un hijo MÍO, carajo! (Aprieta el puño.) ¡Un hijo macho!

MONA: ¿Y si me sale... un hombre? Eh... si me sale un hombre... ¿qué vamos a hacer?

Se enciende luz sobre el Cantor y se apaga sobre los dos MONOS.

CANTOR:             (Canta) ¡Y fue hombre sí!
¡Y fue hombre sí!
¡Aquel embarazo
tuvo un parto feliz!
¡La horda tropical
salvaje y comunal
dio paso a la ciudad
y al ser individual!
¡Sabemos contar
sabemos restar
sabemos dividir
y filosofar!
¡Y fue hombre sí!
¡Y fue hombre sí!
¡Nuestra Historia
tuvo un devenir feliz!
¡La horda tropical
salvaje y comunal
dio paso a la ciudad
y al ser individual!
Ahora el mono piensa
y ve la televisión.
Lo que aquí comienza
señores…
¡es el hombre
en su civilización!


HISTORIA DE UN ABSCESO, UNA MUJER Y DOS HOMBRES

ACTOR 1:            Y para comenzar, vamos a contarles la historia...
ACTOR 2:            ... de un absceso...
ACTRIZ:               ... una mujer...
TODOS:               ... y dos hombres.
ACTOR 1:            No piensen que nunca sucedió.
ACTOR 2:            Y si lo piensan...
ACTRIZ:               piensen también que si no sucedió...
TODOS:               ... podría suceder muy pronto.
ACTOR 1:            Yo soy el hombre. En la historia, un vendedor callejero, uno de esos que grita: “¡Código de comercio..., Código civil!” En la 35 con 19. Cuando me ponga este pañuelo... (Se ata un pañuelo alrededor de la cabeza.) ... significará que el absceso ha comenzado a molestarme. No lo olviden. (Se saca el pañuelo.)
ACTRIZ:               Yo seré en esta historia su mujer. Y si siempre me verán muy seria es porque soy su mujer. Tal vez si me hubiese casado con un ingeniero... (Suspira.) ... como quería mamá...
ACTOR 2:            En esa historia yo representaré a un dentista. No lo olviden. Y no se extrañen que en esta historia figure un dentista. Ah, me llamo Navarro López Correas.
ACTOR 1:            Esta historia comenzó un día cualquiera. Yo estaba trabajando... (Lo hace.) ¡Código de comercio, código civil!...
ACTRIZ:               Yo estaba cocinando... (Lo hace.)
ACTOR 2:            (Se pone los anteojos.) Y yo no los conocía.
ACTOR 1:            ¡Código de comercio..., código civil! ¡Código de comercio..., código civil!... Estoy en la 35 con 19. La 35 con 19 es famosa por dos cosas. Por abajo pasan todas las rutas de buses, y por arriba, como un monumento, han puesto al General Santander. No una pirámide egipcia. El General Santander. ¡Código de comercio..., código civil!
ACTRIZ:               El General Santander. Siempre me habla del General Santander. No sé qué podrá significar para él. Para los que vienen de turismo, sí. Pero para él, que tiene que trabajar... Me imagino que si pensara menos en el General Santander trabajaría más, y yo podría tener una sirvienta.
ACTOR 1:            ¡Código de comercio..., código civil! Les cuento esta historia para que sepan que estas cosas suceden. No creo que puedan ayudarme. Creí que el dentista lo haría, y no pudo ayudarme.
ACTOR 2:            Lo siento. Me llamo Navarro López Correas.
ACTOR 1:            Y mi mujer...
ACTRIZ:               Yo estoy cocinando. Hace mil quinientos seis días que estoy cocinando.
ACTOR 1:            El día es hermoso. Yo estoy trabajando. El día es hermoso. ¡Ruummm! La buseta que pasa por La Paz. Me alegra que la gente sepa que hay una buseta que pasa por La Paz. (Canta.)
“Señora Bucaramanga
señora de las cigarras
que tienes mujeres bellas
esbeltas como tus palmas…”
(Habla.) ¡Código de comercio..., código civil! Algunos niños van a la escuela. (El ACTOR 2 y la ACTRIZ se transforman en estudiantes y comienzan a pasear delante de él.) ¿Por qué vas a la escuela?
ACTOR 2:            Porque queda cerca...
ACTOR 1:            ¿Por qué vas a la escuela?
ACTRIZ:               Porque me mandan.
ACTOR 1:            ¿Por qué vas a la escuela?
ACTOR 2:            (Vuelve a pasar.) Porque mi papá no sabe leer.
ACTOR 1:            El día es hermoso. Hace años que vendo por la calle. Antes me hacía sufrir el depender del sí o el no de los otros. Ahora comprendo que todos dependen del no o el sí de los demás, y me acostumbré. Quiero decir que esta mañana era igual a cualquiera. Yo trabajaba...
ACTRIZ:               Yo cocinaba...
ACTOR 2:            Y yo no los conocía.
ACTOR 1:            ¡Código de comercio..., código civil! Y de repente llegamos a la historia: ¡Ay! Comienzo a sentir un dolor en una muela. ¡Código de comercio..., código civil! En serio que me duele mucho. Bueno, no puedo ir a la droguería. Y nunca llevo conmigo una aspirina. ¡Código de comercio..., código civil! ¿Por qué vas a la escuela?
ACTOR 2:            No voy a la escuela. Tengo que trabajar.
ACTOR 1:            ¡Hey, chino!... No debí haberle preguntado... parecía tan chiquito. ¡Pero el dolor no me deja tranquilo! ¡Cómo me duele! Yo debo trabajar; tal vez abriendo más la boca... (Lo hace.) ¡Có… digo… de... co… mercio…, Có… digo… ci… vil! ¡Ahora no puedo cerrar la boca! ¡Pero tengo que trabajar! (Hace un esfuerzo supremo.) ¡Códi...! ¡Se está hinchando!... ¡Este sol del diablo me calienta la cara y me hace doler más fuerte! ¡Código de com...! Y este viento que me enfría la cara y me hace doler más fuerte... Debo tener un absceso. No sé por qué, pero debo tener un absceso. Cuando tenía cinco años, mi mamá me ponía un pañuelo. (Se pone el pañuelo.)
ACTRIZ:               Y así fue como ese día él llegó a casa con un absceso y con la cara atada con un pañuelo. No es nada, tienes que tomar una aspirina.
ACTOR 1:            No voy a comer. Me duele mucho.
ACTRIZ:               No es para tanto. Tienes que comer.
ACTOR 1:            ¡Tengo que trabajar... y no puedo abrir ni cerrar la boca! ¿Cómo voy a trabajar si no puedo abrir ni cerrar la boca?
ACTOR 2:            En realidad, como yo le dije más tarde, era cuestión de tiempo.
ACTOR 1:            ¡No tengo tiempo! Esta tarde debo volver a trabajar...
ACTRIZ:               ¡Toma un dólex! Calma más rápido. Y esta tarde tienes que volver a trabajar...
ACTOR 1:            Y esa tarde volví a trabajar. La cara se me hinchaba cada vez más. (Les muestra.) Fíjense. En otros días me gustaba oír a la gente discutir de política. Hoy no lo soporto. Es el absceso. En otros días me quedaba siempre una oreja libre para escuchar a las muchachas hablar de sus novios. Hoy el pañuelo me aprieta la cabeza. Es el absceso. Ahora sólo existimos yo y el absceso. No puedo gritar. Y como no puedo gritar, no vendo nada.
ACTRIZ:               Y cuando volvió me dijo que no había vendido nada. Me pareció absurdo que hiciera eso, justamente a principios de mes. ¡No puedes seguir así! Mañana mismo vas al consultorio del dentista.
ACTOR 1:            ¡No tengo tiempo! Tengo que trabajar.
ACTRIZ:               ¡Ya sé que no tienes tiempo! Pero si bajas la escalera corriendo, es un minuto; si cruzas la calle en la mitad de cuadra y no pasan carros, son treinta segundos, si vas corriendo al consultorio de dentista, son cinco minutos; si tocas el timbre apenas llegas, son diez segundos...
ACTOR 2:            Buenas tardes. Por supuesto, usted tiene un absceso.
ACTOR 1:            (Con la boca abierta.) Ajá.
ACTOR 2:            Eso es todo.
ACTOR 1:            ¿Cuándo me saca la muela? Tengo que trabajar.
ACTOR 2:            Por supuesto. Primero va a ir a esta dirección para que le hagan una radiografía.
ACTOR 1:            ¿Tardará mucho? Tengo que trabajar...
ACTOR 2:            Dos días nada más. Son veinte mil pesos la visita. (Al público.) Me llamo López Correas, ustedes saben.
ACTOR 1:            Y como eran mis últimos veinte mil pesos tuve que empeñar el reloj. Y ahora voy corriendo, porque no tengo tiempo, a sacarme la radiografía. Uno, dos, treinta..., bajo la escalera en medio minuto, uno, dos, sesenta..., cruzo la calle en un minuto, unos, dos trescientos...; llego en cinco minutos.
ACTOR 2:            Y fue a la clínica. Tenía un absceso, eso era muy claro.
ACTOR 1:            Me costó otros veinte mil pesos.
ACTRIZ:               Volvió a casa con la cara más hinchada que antes. Le di otro dólex, pero no lo calmó. Se sentaba...
ACTOR 1:            Me sentaba... ¡Maldito dolor!
ACTRIZ:               Se paraba…
ACTOR 1:            Me paraba, ¡maldito dolor!
ACTRIZ:               Quise leerle una poesía divina que había visto en un libro... (El vendedor sale.).. pero abrió la puerta y se fue. ¿Por qué siempre se porta igual? Cuando vuelve a casa, después del trabajo, y quiero contarle que un astrónomo descubrió una estrella nueva y que la llamó Lucía, como yo, él se queda dormido.
ACTOR 1:            ¿Por qué tenía que salirme un absceso? ¡Yo tengo que trabajar! ¡Código de com...! ¡No puedo, no puedo!, ¿Así es Bucaramanga de noche? (Canta.)
“Quien ha pisado tu suelo
nunca te podrá olvidar
en su corazón señora
para ti tendrá un altar…”
(Habla.) ¡A nadie le importa mi absceso!
ACTRIZ:               ¡A mí me importaba; y era principios de mes y él no podía trabajar! ¿Qué vas a hacer? ¿Voy a tener que volver a buscar trabajo?
ACTOR 1:            ¡Hoy voy a gritar aunque el absceso se me reviente! ¡Código de comercio! (comienza casi a llorar.) ¡Código de comercio..., código civil!... ¡Mamá! ¿Te acuerdas cuando tenía paperas y lloraba? No puedo, no puedo, no puedo...
ACTOR 2:            Y volvió con la radiografía. Estaba más flaco, y casi no lo reconocí.
ACTOR 1:            Aquí está, doctor.
ACTRIZ:               Para pagarla tuvimos que vender la licuadora. Total, yo ya me imaginaba que no tomaríamos jugo por un buen tiempo.
ACTOR 1:            Es un absceso. ¿Cuándo me saca la muela? Tengo que trabajar.
ACTOR 2:            Por supuesto, todos tenemos que trabajar. Será muy sencillo. Luego un poco de reposo, no hablar ni una palabra, y después de siete días estará como nuevo...
ACTOR 1:            ¿Qué?...
ACTOR 2:            No pude terminar de hablar. Me miró como un loco y salió corriendo. Tuve que mandar a la enfermera a cobrarle.
ACTRIZ:               Vendimos las ollas de cocina para pagarle. Además, él no comía…
ACTOR 1:            ¡No puedo estar siete días sin hablar! Yo trabajo hablando...
ACTRIZ:               ¡Trata de hacer un esfuerzo! (Le toma las mandíbulas con las manos y empieza a separárselas.) ¿Ves..., ves como no es tan difícil? Di ahora: código… de comercio...
ACTOR 1:            Código de comercio...
ACTRIZ:               ¿Ves... ves? ¡Todo es cuestión de hacer un esfuerzo!
ACTOR 1:            Pero no pude. Código de comercio..., códi... ¡No pude, no pude, no pude!
ACTOR 2:            Y volvió de nuevo. No hablar ni una palabra, y después de siete días...
ACTOR 1:            ¡No tengo tiempo, doctor! Sáqueme la muela. No tengo tiempo.
ACTOR 2:            Imposible, señor. Si se le infecta yo seré el responsable. Un absceso es un absceso.
ACTRIZ:               Entonces fui yo a hablar con el dentista.
ACTOR 2:            Imposible, señora. Si se le infecta yo seré el responsable. Un absceso es un absceso.
ACTRIZ:               ¡Pero él es muy resistente, doctor! Parece mentira, tan esmirriado, y las cosas que soportó en su vida. Sáquele la muela...
ACTOR 1:            No me sacó la muela. Y mi cara parecía una sandía. Ya nunca más volvería a vivir sin el absceso.
ACTOR 2:            Yo le advertí que si no se operaba podía subirle la infección a la cabeza.
ACTRIZ:               Yo le dije esa tarde que hiciera el último esfuerzo. ¡Pero les juro que dije “último” por decir!
ACTOR 1:            Tengo que poder... tengo que poder...
ACTRIZ:               ¡Claro que tienes que poder! ¿Cómo un dolor te va a impedir trabajar?
ACTOR 1:            Y me fui. Cuando salí pensaba en ella... y creo que la odiaba. Y me fui...
ACTRIZ:               ¿Por qué le dije eso? Recuerdo un día... íbamos en el bus y le pisaron un pie... le dolió mucho... y yo lo acaricié durante dos días. Y ahora... ¿por qué le dije eso? ¿Qué pasó en nuestras vidas que me hizo decirle eso?
ACTOR 1:            La 35 con 19... Tengo que abrir la boca... ¡Código de comercio! Me duele, me duele tanto... ¡Código de comercio! Tres buses y el General Santander. ¡Código de comercio... El General Santander... dicen que fue presidente de Colombia... era rico, claro... no tenía que gritar... ¡Código de comercio! ¡A nadie le importa mi absceso! Recuerdo que un día pasaba por el cementerio... enterraban a uno, la gente silbaba y yo también silbaba. A nadie le importa mi absceso. ¡Óiganme! Me duele. Me duele mucho. Tengo un absceso...
ACTOR 2:            Un absceso es una molestia.
ACTRIZ:               Un absceso es un trastorno.
ACTOR 2:            Debería consultar con un dentista.
ACTRIZ:               ¡Pobrecito!
ACTOR 1:            Mamá... tengo paperas y tú me acaricias... ¿Por qué a nadie le importo yo? ¿Tú sabías que era así? Mamá...
ACTRIZ:               ¡Pobrecito!
ACTOR 1:            Está anocheciendo... y ya casi no me duele. Ahora mi cara no es una sandía, es un globo... ¿Así es Bucaramanga de noche? (Canta.)
“… Suspirando porque un día
como cantara el trovero
pueda dormirse por siempre
frente a tu parque Romero….”
(Habla.) ¡Óiganme, tengo que importarles..., porque cuando yo muera va a faltarles un pedazo! ¡Óiganme! ¡Esos tres buses solamente sirven si son mi sangre y corren por mis venas! ¡Óiganme! ¡Mamá, mamá, ven! ¡No pasen silbando a mi lado! Ya no me duele, sí... pero mi cara, ¿no les dice nada? ¿Ninguno de ustedes se parece a mi cara? ¿Ninguno de ustedes tiene un absceso? ¡Tengo fiebre! ¡Tengo mucha fiebre! ¡Tengo mucho frío! ¡Tengo mucho calor! Óiganme entonces y sepan que tengo que trabajar y que no tengo tiempo, ¡y que ahora el General Santander es el monumento a un presidente muerto! ¡Código de comercio..., código de com...! (Muere.)

HISTORIA DE CÓMO NUESTRO AMIGO PANCHITO GONZÁLEZ SE SINTIÓ RESPONSABLE DE LA EPIDEMIA DE PESTE BUBÓNICA EN ÁFRICA DEL SUR
ACTRIZ:               Ésta es la historia de cómo nuestro amigo Pancho...
ACTOR 3:            Panchito.
ACTRIZ:               Sí. Panchito González, se sintió responsable de la epidemia de peste bubónica en África del Sur.
ACTOR 3:            Hacía muchos años que no veíamos a Panchito; pero ayer, cuando andábamos, como siempre, recogiendo historias...
ACTOR 2:            (Pasa.) ¡Extra!... ¡Extra!... ¡Gran epidemia de peste bubónica en África del Sur!
ACTOR 3:            ¡Peste bubónica!
ACTOR 2:            (Vuelve a pasar.) ¡Peste bubónica en África del Sur! ¡Extra!
ACTRIZ:               ¿África del Sur?
ACTOR 3:            No es Venezuela...
ACTRIZ:               No es Ecuador...
ACTOR 3:            ¡Está lejos! No hay peligro de contagio.
ACTOR 1:            (Entra y habla con voz de velorio.) Hola
ACTRIZ y ACTOR 3: ¡Panchito! ¿Cómo te va viejo? ¡Tanto tiempo sin verte!
ACTRIZ:               ¡Vamos a tomarnos un café! Café con leche...
ACTOR 3:            ¡Café!
ACTOR 1:            Una aspirina.
ACTOR 2:            (Pasa.) ¡Extra! ¡Extra! ¡Gran epidemia de peste bubónica en África del Sur!
ACTOR 1:            ¡Por favor! Esos voceadores me hacen sentir mal...
ACTRIZ:               ¡Pero, Panchito! ¿Qué te pasa? ¿Mucho trabajo?
ACTOR 1:            No.
ACTOR 3:            ¿Mucha deuda?
ACTOR 1:            No.
ACTRIZ:               ¿Mucha enfermedad?
ACTOR 1:            Sí. ¡La peste bubónica!
ACTRIZ y ACTOR 3: (Saltan.) ¿Tú... la peste bubónica?
ACTOR 1:            ¡No, yo no! ¡La peste bubónica en África del Sur! Yo soy el culpable...
ACTRIZ:               Y nos contó su historia. En un tiempo soñaste con ser ingeniero...
ACTOR 1:            Sí. Yo siempre supe que dos al cuadrado eran cuatro.
ACTOR 3:            Pero no pudiste...
ACTOR 1:            Me casé. ¡Mesero, otra aspirina!
ACTRIZ y ACTOR 3: (Corean la marcha nupcial.) ¡Ta… ran tan tán!
ACTOR 1:            Sí. Primero un varón...
ACTRIZ y ACTOR 3: (Menos alegremente.) ¡Ta… ran tan tán!
ACTOR 1:            Después una nena...
ACTRIZ y ACTOR 3: (Deprimentes.) ¡Ta… ran tan tán!
ACTOR 3:            ¿Y después?
ACTOR 1:            Mellizos.
ACTRIZ y ACTOR 3: (Fúnebres.) Ta… ran tan tán…
ACTOR 1:            Y entonces me dije: ¿Ingeniero? ¡Psch! ¡Otro día! Y tuve que emplearme para mantener a mi familia...
ACTRIZ:               (Ahora esposa.) Mira, gordito, ¿por qué no vas a ver a mi tío, querido? Es el diputado Dr. Trucho...
ACTOR 3:            (Diputado.) Pero ¡Cómo no, viejito! Ve con esta carta a la Corporación Transoceánica de Carnes. Me deben unos cuantos decretos a favor, y te van a dar puesto..., te van a dar puesto.
ACTOR 2:            (Entra.) ¡Mister González!
ACTRIZ:               Un dueño era inglés.
ACTOR 3:            ¡Signore Gonzalo!
ACTRIZ:               Y el otro era italiano. ¡Claro, Transoceánica!
ACTOR 1:            (A su mujer.) ¡Y me dieron empleo! Gano un millón de pesos por mes...
ACTRIZ:               ¡Todo va bien!...
ACTOR 1:            ¡No tan bien! ¡No tan bien! Con un millón de pesos, ¿qué vamos a hacer? Comer lentejas...
ACTRIZ:               Pero, Panchito, ten paciencia. Espera la oportunidad...
ACTOR 1:            Y la oportunidad llegó.
ACTOR 3:            (Imitando el sonido de una máquina de fax.) Prrrii… iiii… Prrrii… iiii… ¡Fax urgente para la Corporación Transoceánica de Carnes!
ACTOR 2:            (Lee.) Nos ha sidou conferidou el honour de participar en la licitacioun para proveer de dous mil touneladas de carne a lous pueblous de South África. Todou depende del preciou que poudemos ofrecer”.
ACTOR 3:            ¡É bonna cualque cosa que sea carnosa!
ACTOR 2:            (Llama.) ¡Mister Panchitou!
ACTOR 3:            ¡Signore Gonzalo!
ACTOR 1:            (A su mujer.) ¡Y me llamaron, mija! ¿Te das cuenta? Me llamaron para una reunión de la junta directiva. Seguro que me dan un aumento...
ACTRIZ:               Bueno, pero quédate quieto, que tienes torcida la corbata. ¡Huy!... ¿Por qué usas esa colonia?
ACTOR 1:            Porque es barata. Además se llama “Kiss of love”. Beso de amor, ¿te das cuenta? (La besa.)
ACTRIZ:               ¡Quédate quieto, sonso! Y avísame en cuanto sepas algo.
ACTOR 1:            Y fui a la reunión de la junta directiva...
ACTOR 2:            That is the question, mister Panchitou. Carne, ou nou carne...
ACTOR 3:            ¡Deviamo stare piú barato que cualunque!
ACTOR 2:            Todou depende de ousted. Le ofrecemos 5 milones de pesos pour mes si nous soluciona el problemou...
ACTOR 1:            (Habla por teléfono.) ¡Aló!... ¡Aló, Aló!
ACTRIZ:               ¡Aló!
ACTOR 1:            ¡Querida, ya está! ¡5 millones de pesos por mes!
ACTRIZ:               ¡Querido! ¡Prepararé una lasaña para festejarlo!
ACTOR 1:            Si, la lasaña estaba bien. Pero la competencia era terrible...
ACTOR 3:            ¡Cuatro mil pesos la libra de lomo!
ACTOR 2:            ¡Tres mil pesos la libra de chatas!
ACTOR 3:            ¡Dos mil pesos la libra de murillo!
ACTOR 2:            ¡Mil quinientos la libra de hígado!
ACTOR 3:            ¡Mil pesos la libra de chunchulla!
ACTOR 1:            ¡Era terrible! No se podía competir...
ACTOR 2:            Mister Panchitou, creo que sus 5 milones de pesos... (Sacude la cabeza negativamente.)
ACTOR 3:            ¡Eh!... Questo va male... Va male, signore Gonzalo...
ACTOR 1:            Y yo ¿qué podía hacer? Eran 5 millones de pesos por mes, y yo tenía que mantener a mi familia. Piensa, Panchito, piensa... ¡Ya está! (A los ACTORES 2 y 3.) ¡Pregunten, pregunten, por favor! ¡Es la única solución!
ACTOR 2:            ¡Helou, Loundres, urgente!
ACTOR 3:            ¡Roma, presto!
ACTOR 1:            Dos días tuve que esperar la contestación. ¡Dos días! Y cada vez que veía comer a uno de los niños, o montar en la bicicleta que yo les había comprado, me asustaba. ¿Y si teníamos que volver a las lentejas?
ACTOR 3:            Prrrii… iiii… Prrrii… iiii… ¡Fax urgente para la Corporación Transoceánica de Carnes!
ACTOR 1:            ¡Por fin llegó la contestación! ¿Y?...
ACTOR 2:            Mister Panchitou, no es necesariou que sea carne de vaca...
ACTOR 3:            ¡É bonna cualque cosa que sea carnosa! Además..., l’africani sono tutti negri...
ACTOR 1:            Eran negros, ¿entienden? No son como nosotros. Son... son negros, ¿saben?
ACTOR 2:            Además, nous dicen que las etiquetas deben ser de mouchos coulores. A lous negrous les goustan lous coulores.
ACTOR 1:            ¿Se dan cuenta? No importaba la carne. Era la etiqueta... el colorinche... ¡Y para mí eran 5 millones de pesos! ¿Qué podía hacer? ¡Lo que hice! (Habla al oído del ACTOR 3.)
ACTOR 3:            ¡Ma no, signore Gonzalo! En Italia, y poveri mangiano anche caballo. ¡E bonna carne!
ACTOR 1:            La carne de caballo no servía, porque en Italia la comían los pobres. (Habla al oído del ACTOR 2.)
ACTOR 2:            ¡Nou, nou, mister Panchitou! ¡La carne de perrou al vino blancou es very well, very well!
ACTOR 1:            La carne de perro no servía, porque en Londres la comían los lores. ¡Y para mí eran 5 millones de pesos! ¿Qué podía hacer? ¡Piensa, Panchito, piensa! Piensa... ¡Ya está! No, no eso no... eso no... no... ¡Y bueno! ¡Rata!
ACTOR 2 y 3: ¿Rata? ¡Uff!
ACTOR 1:            Pero aceptaron, y ganamos la licitación.
ACTOR 3:            ¡Bravo, bravo, signore Gonzalo!
ACTOR 2:            Mister Panchitou, ¡sous 5 milones de pesos están asegurados!
ACTOR 1:            Y volví a casa. Le pedí a mi mujer que hiciera otra lasaña. (A la ACTRIZ.) ¿Y los niños?
ACTRIZ:               Se acostaron.
ACTOR 1:            ¿No hiciste la lasaña?
ACTRIZ:               No, no la hice.
ACTOR 1:            ¿Por qué?
ACTRIZ:               Mira, no me gusta cómo estás cambiando en estos días. Tú no eras así.
ACTOR 1:            ¿Y cómo era?
ACTRIZ:               Te importaban los demás.
ACTOR 1:            ¡Ahora también! Pero éstos son negros... No son gente...
ACTRIZ:               ¿Y tú qué sabes?
ACTOR 1:            ¡Yo sé! Además, son 5 millones de pesos. Y si no me hubiera casado, sería ingeniero; pero como me casé y no soy ingeniero, tengo que rebuscármelas... (La ACTRIZ sale.) Se fue. La había ofendido. ¡Tanto lío por unos negros africanos! Pero yo tenía remordimientos... La cuestión es que al otro día... (A la ACTRIZ.) Vea, doctora, ¿usted cree que a un negro puede hacerle mal la carne de rata?
ACTRIZ:               En absoluto. La carne de rata es el alimento del gato. El gato vive en la casa del hombre. El hombre se alimenta de carne de vaca. Así que para un negro comer rata es como comer carne de vaca. Y me voy, mijo. Me esperan en mi cabaña de la Mesa... (Sale.)
ACTOR 1:            ¿No ven? ¡Eran negros! Pero todavía fui a ver a un abogado. (Al ACTOR 3.) ¿Es legal o no?
ACTOR 3:                            Me gusta cortar bien ancho
                cuando atiendo una consulta
                y si la cosa resulta
                ya me quedo lo más pancho.
                En este caso tan chancho
                que Ud. me trae de pasada
                sé que no hay cosa juzgada
                y menos jurisprudencia
                ni tampoco hay existencia
                de alguna que otra acordada...
ACTOR 1:            ¿Pero es legal o no?
ACTOR 3:            ¡Y yo qué sé, hombre!
ACTOR 1:            Y fui a ver a un sabio... (Al ACTOR 2.) ¿Usted qué opina, profesor?
ACTOR 2:            Vea usted, el negro es una raza inferior que vive en estado animal primitivo. Se comen entre ellos, lo que significa que comen animales. Así que comer una ratita sólo significará como diferencia comer un bichito más chiquitito. Y perdóneme, pero debo irme... Estoy invitado a una conferencia sobre los orígenes del sánscrito.
ACTOR 1:            Y entonces me lancé. (Anuncia a todo pulmón.) ¡La Corporación Transoceánica de Carnes lanza su gran campaña de desratización!
ACTOR 3:            (Llama.) Rata, rata, rata...
ACTOR 2:            Ratita, ratita, ratita...
ACTRIZ:               Rata, ratita... rata, ratita...
ACTOR 2:            ¡Cien ratas!
ACTOR 3:            ¡Mil ratas!
ACTOR 1:            ¡Cuatro millones de ratitas!
ACTRIZ:               En esos días yo lo veía muy poco. ¡Estaba muy ocupado! Y tuve tiempo de pensar. Y pensé que tal vez la culpa de todo era mía, por haberle dado hijos y no dejarlo ser ingeniero. Ahora se estaba convirtiendo en un gran hombre de negocios. Y a todo lo que no le gustaba, lo llamaba “negro”...
ACTOR 3:            Señor González, avisó el empleado Fernández que llegará un poco más tarde...
ACTOR 1:            ¡Suspenda a ese negro de porquería!
ACTOR 2:            Señor González, ¡qué calor, no!
ACTOR 1:            ¡Por culpa de ese negro sol del infierno!
ACTRIZ:               ¡Te ensuciaste el traje!
ACTOR 1:            ¡Un carro negro, que me ensució con ese negro barro maldito!
ACTRIZ:               Y leía libros sobre el Ku… klux… klan... Quería convencerse a sí mismo. Hasta que un día lo llamaron de la Alcaldía. Tuve que ir con él...
ACTOR 2:            Esta ciudad se honra en otorgarle la Gran Cruz de la Salud Pública en mérito a los servicios prestados por usted mediante su gran campaña contra las ratas... Señores, brindemos por el nuevo flautista de... de... (El ACTOR 3 le sopla al oído.) ¡Ah, sí! De eso, de eso.
ACTRIZ:               Yo me fui antes de que terminara. Todo eso no me gusta nada...
ACTOR 1:            (A los ACTORES 2 y 3.) ¡Ahora debemos ocuparnos de las etiquetas de colores!
ACTOR 3:            Signore Gonzalo, gli colori azul, amarillo e azul...
ACTOR 2:            ¡Nou, nou! Mi propongo un concursou de pintoures. Al ganadour, 10 milones de pesos y una beca para Londres. Será... artísticou.
ACTOR 1:            Y lo hicimos artístico. Vinieron los pintores concretos.
ACTOR 3:            Pienso en un árbol que se transforma en un sandwich de jamón.
ACTOR 1:            ¿De qué color?
ACTOR 3:            ¡Blanco y rojo, por supuesto!
ACTOR 1:            No sirve. Vinieron los abstractos...
ACTOR 2:            Pienso en un cubo cruzado por una línea de puntos que...
ACTOR 1:            ¿De qué color?
ACTOR:                ¡Verde y negro!
ACTOR 1:            No sirve.
ACTOR 2:            ¡Caramba! (Sale.)
ACTOR 1:            Y por fin una señora surrealista...
ACTRIZ:               Pienso en el ojo del fantasma de Hamlet atravesado por el escarba-dientes que usó el rey, su tío, en la fiesta.
ACTOR 1:            ¿De qué color?
ACTRIZ:               Rojo, amarillo, morado, naranja, verde, negro...
ACTOR 1:            ¡Aceptado! Hicimos las etiquetas con el ojo y el escarba-dientes, la surrealista se fue a Londres, y la carne al África. Pasó una semana...
ACTOR 3:            (Al ACTOR 2.) Capitán ¿no siente un olor raro?
ACTOR 2:            Es el agua de mar.
ACTOR 1:            Pasó otra semana...
ACTOR 3:            Capitán, ¡Qué olor!, ¿no?
ACTOR 2:            Es el aire de mar.
ACTOR 1:            Y a la otra semana...
ACTOR 3:            (Tapándose la nariz y desfalleciente.) ¿Falta mucho, capitán?
ACTOR 2:            No, mañana llegaremos.
ACTOR 3:            ¡Ese olor no se puede aguantar!
ACTOR 2:            ¡Son esas latas de porquería que llevamos en la bodega! ¡Ni que fuera carne de rata!
ACTOR 1:            ¡Es que era carne de rata! ¿Y yo qué culpa tenía si el médico, el abogado y el sabio me dijeron que no importaba? ¿Y yo qué culpa tenía si debía mantener a mi familia, y 5 millones de pesos son 5 millones de pesos? Además, eran negros... y no podía pasarles nada. ¿No es cierto que no podía pasarles nada?
ACTOR 2:            (Le ofrece algo al ACTOR 3.) Lindo color, ¿eh? ¡Lindo color!
ACTOR 3:            (Transformado en negro africano.) ¡Lindo color! ¡Lindo color! (Abre la lata, come, los ojos se le dan vuelta y cae muerto, con los pies y las manos duros, como si fuese un perro.)
ACTOR 2:            ¡Extra!... ¡Extra!... ¡Epidemia de peste bubónica en África del Sur! ¡Peste bubónica! ¡Peste bubónica en África del Sur!...
ACTOR 3:            Signore Gonzalo…
ACTOR 2:            Mister Panchitou...
ACTOR 3: La sua idea non era buona.
ACTOR 2:            Mister Panchitou, ousted es muy pocou houmanitariou, y nuestra empresa debe ser houmanitaria. (Los dos le dan la mano y salen.)
ACTOR 1:            Y me despidieron. ¿Se dan cuenta? ¡Claro que a lo mejor toda la culpa fue mía! ¡Peste bubónica! ¿Se dan cuenta? ¡Pobres negros!
ACTOR 2:            (Pasa.) ¡Epidemia de peste bubónica en África del Sur! ¡Epidemia de peste bubónica en África del Sur! (Sale.)
ACTOR 1:            ¡Basta, por favor! ¿Quieren que me tire del puente?
ACTRIZ:               Ésa fue la historia que nos contó Panchito.
ACTOR 2:            (Riendo.) ¡Y que nos hizo reír mucho!
ACTOR 1:            ¡No, por favor, no se rían! ¡No se rían, que el asunto es muy serio!
ACTRIZ:               Pero, Panchito...
ACTOR 1:            ¡Les digo que es muy serio! Porque ahora me dan lástima los negros de África del Sur. Pero, ¿y si mañana me vuelven a ofrecer 5 millones de pesos por hacer lo mismo? ¿Qué voy a hacer? Yo debo pensar en mi familia, ¡y 5 millones de pesos son 5 millones de pesos! ¿Y si en vez de los africanos son los costeños? ¿Qué voy a hacer? Les juro que no sé. Y eso me hace pensar. Además, mi mujer me dijo que ya no era el mismo, que había cambiado. Y eso también me hace pensar. ¡No se rían, por favor, no se rían! (Sale.)
ACTOR 3:            Y claro...
ACTRIZ:               Ya... no nos reímos más.

HISTORIA DEL HOMBRE QUE SE CONVIRTIÓ EN PERRO

ACTOR 1:            Amigos, la cuarta historia vamos a contarla así...
ACTOR 2:            Así como nos la contaron esta tarde a nosotros.
ACTRIZ:               Es la “Historia del hombre que se convirtió en perro”.
ACTOR 1:            Empezó hace dos años, en el banco de un parque. Allí, señor..., donde usted trataba hoy de adivinar el secreto de una hoja.
ACTRIZ:               Allí, donde extendiendo los brazos apretamos al mundo por la cabeza y los pies, y le decimos: ¡suena, acordeón, suena!
ACTOR 2:            Allí lo conocimos. (Entra el ACTOR 3.) Era... (Lo señala.) Así como lo ven, nada más. Y estaba muy triste.
ACTRIZ:               Fue nuestro amigo. Él buscaba trabajo, y nosotros éramos actores.
ACTOR 1:            Él debía mantener a su mujer, y nosotros éramos actores.
ACTOR 2:            Él soñaba con la vida, y despertaba gritando por la noche. Y nosotros éramos actores.
ACTRIZ:               Fue nuestro amigo, claro. Así como lo ven... (Lo señala.) Nada más.
TODOS:               ¡Y estaba muy triste!
ACTOR 1:            Pasó el tiempo. El otoño...
ACTOR 2:            El verano...
ACTRIZ:               El invierno...
ACTOR 1:            La primavera...
ACTOR 3:            ¡Mentira! Nunca tuve primavera.
ACTOR 1:            El otoño...
ACTRIZ:               El invierno...
ACTOR 2:            El verano. Y volvimos. Y fuimos a visitarlo, porque era nuestro amigo.
ACTOR 1:            Y preguntamos: ¿Está bien? Y su mujer nos dijo...
ACTRIZ:               No sé...
ACTOR 2:            ¿Está mal?
ACTRIZ:               No sé.
ACTORES 1 y 2: ¿Dónde está?
ACTRIZ:               En la perrera. (ACTOR 3 en cuarto patas.)
ACTORES 1 y 2: ¡Uhhh!
ACTOR 1:            (Observándolo.)
Soy el director de la perrera,
Y esto me parece fenomenal.
Llegó ladrando como un perro
(requisito principal.);
y si bien conserva el traje,
es un perro, a no dudar.
ACTOR 2:            S-s-soy el v-veter-r-inario,
Y esto-to-to es c-claro p-paramí.
Aun-que p-parezca un ho-hombre,
Es un p-pe-perro el q-que está aquí.
ACTOR 3:            (Al público.) Y yo, ¿qué les puedo decir? No sé si soy hombre o perro. Y creo que ni siquiera ustedes podrán decírmelo al final. Porque todo empezó de la manera más corriente. Fui a una fábrica a buscar trabajo. Hacía tres meses que no conseguía nada, y fui a buscar trabajo.
ACTOR 1:            ¿No leyó el letrero? “NO HAY VACANTES”.
ACTOR 3:            Sí, lo leí. ¿No tiene nada para mí?
ACTOR 1:            Si dice “No hay vacantes”, no hay.
ACTOR 3:            Claro. ¿No tiene nada para mí?
ACTOR 1:            ¡Ni para usted, ni para el ministro!
ACTOR 3:            ¡Ahá! ¿No tiene nada para mí?
ACTOR 1:            ¡NO!
ACTOR 3:            Tornero...
ACTOR 1:            ¡NO!
ACTOR 3:            Mecánico...
ACTOR 1:            ¡NO!
ACTOR 3:            Electricista…
ACTOR 1:            ¡NO!
ACTOR 3:            Albañil...
ACTOR 1:            ¡NO!
ACTOR 3:            Zapatero...
ACTOR 1:            ¡NO!
ACTOR 3:            ¡Peón de patio!…
ACTOR 1:            ¡NO! ¡NO! ¡NO!
ACTOR 3:            ¡Celador! ¡Celador! ¡Aunque sea de celador!
ACTRIZ:               (Como si tocara un clarín.) ¡Tutú, tu, tu, tú! ¡El patrón!
Los ACTORES 1 y 2 hablan por señas.
ACTOR 1:            El perro del celador había muerto la noche anterior, luego de veinticinco años de lealtad.
ACTOR 2:            Era un perro muy viejo.
ACTRIZ:               Amén.
ACTOR 2:            (Al ACTOR 3.) ¿Sabe ladrar?
ACTOR 3:            Tornero.
ACTOR 2:            ¿Sabe ladrar?
ACTOR 3:            Mecánico...
ACTOR 2:            ¿Sabe ladrar?
ACTOR 3:            Albañil...
ACTORES 1 y 2: ¡NO HAY VACANTES!
ACTOR 3:            (Pausa.) ¡Guau... guau!...
ACTOR 2:            Muy bien, lo felicito...
ACTOR 1:            Le asignamos mil pesos diarios de sueldo, la perrera y la comida.
ACTOR 2:            Como ven, ganaba mil pesos más que el perro verdadero.
ACTRIZ:               Cuando volvió a casa me contó del empleo conseguido. Estaba borracho.
ACTOR 3:            (A su mujer.) Pero me prometieron que apenas un obrero se jubilara, muriera o fuera despedido me darían su puesto. ¡Diviértete, María, diviértete! ¡Guau... guau!... ¡Diviértete, María, diviértete!
ACTORES 1 y 2: (Pasando.) ¡Diviértete, María, diviértete!
ACTRIZ:               Estaba borracho, pobre...
ACTOR 3:            Y a la noche siguiente empecé a trabajar... (Se agacha en cuatro patas.)
ACTOR 2:            ¿Tan chica le queda la perrera?
ACTOR 3:            No puedo agacharme tanto.
ACTOR 1:            ¿Le aprieta aquí?
ACTOR 3:            Sí.
ACTOR 1:            Bueno, pero vea, no me diga “sí”. Tiene que empezar a acostumbrarse. Dígame: ¡Guau... guau!
ACTOR 2:            ¿Le aprieta aquí? (El ACTOR 3 no responde.) ¿Le aprieta aquí?
ACTOR 3:            ¡Guau... guau!...
ACTOR 2:            Y bueno... (Sale.)
ACTOR 3:            Pero esa noche llovió, y tuve que meterme en la perrera.
ACTOR 2:            (Al ACTOR 1.) Ya no le aprieta...
ACTOR 1:            Y está en la perrera.
ACTOR 2:            (Al ACTOR 3.) ¿Vio cómo uno se acostumbra a todo?
ACTRIZ:               Uno se acostumbra a todo...
ACTORES 1 y 2: Amén...
ACTRIZ:               Y él empezó a acostumbrarse.
ACTOR 1:            Entonces, cuando vea que alguien entra, me grita: ¡Guau... guau! A ver...
ACTOR 3:            (El ACTOR 2 pasa corriendo.) ¡Guau... guau!... (El ACTOR 2 pasa sigilosamente.) ¡Guau... guau!... (El ACTOR 2 pasa agachado.) ¡Guau... guau... guau!... (Sale.)
ACTOR 1:            (Al ACTOR 2.) Son mil pesos por día extras en nuestro presupuesto...
ACTOR 2:            ¡Mmm!
ACTOR 1:            ... pero la aplicación que pone el pobre, los merece...
ACTOR 2:            ¡Mmm!
ACTOR 1:            Además, no come más que el muerto...
ACTOR 2:            ¡Mmm!
ACTOR 1:            ¡Debemos ayudar a su familia!
ACTOR 2:            ¡Mmm! ¡Mmm! ¡Mmm! (Salen.)
ACTRIZ:               Sin embargo, yo lo veía muy triste, y trataba de consolarlo cuando él volvía a casa. (Entra ACTOR 3.) ¡Hoy vinieron visitas!...
ACTOR 3:            ¿Sí?
ACTRIZ:               Y de los bailes en el club, ¿te acuerdas?
ACTOR 3:            Sí.
ACTRIZ:               ¿Cuál era nuestra canción favorita?
ACTOR 3:            No sé.
ACTRIZ:               ¡Cómo que no! “Es la historia de un amor, como no hay otro igual...” (El ACTOR 3 está en cuatro patas.) Y un día me trajiste un clavel... (Lo mira, y queda horrorizada.) ¿Qué estás haciendo?
ACTOR 3:            ¿Qué?
ACTRIZ:               Estás en cuatro patas... (Sale.)
ACTOR 3:            ¡Esto no lo aguanto más! ¡Voy a hablar con el patrón! (Entran los ACTORES 1 y 2.)
ACTOR 1:            Es que no hay otra cosa...
ACTOR 3:            Me dijeron que un viejo se murió.
ACTOR 1:            Sí, pero estamos en recesión. Espere un tiempito más, ¿eh?
ACTRIZ:               Y esperó. Volvió a los tres meses.
ACTOR 3:            (Al ACTOR 2.) Me dijeron que uno se jubiló...
ACTOR 2:            Sí, pero pensamos cerrar esa sección. Espere un tiempito más, ¿eh?
ACTRIZ:               Y esperó. Volvió a los dos meses.
ACTOR 3:            (Al ACTOR 1.) Denme el empleo de uno de los que echaron por la huelga...
ACTOR 1:            Imposible. Sus puestos quedarán vacantes...
ACTORES 1 y 2: ¡Como castigo! (Salen.)
ACTOR 3:            Entonces no pude aguantar más... ¡y renuncié!
ACTRIZ:               Fue nuestra noche más feliz en mucho tiempo. (Lo toma del brazo.) ¿Cómo se llama esta flor?
ACTOR 3:            Flor...
ACTRIZ:               ¿Y cómo se llama esa estrella?
ACTOR 3:            María.
ACTRIZ:               (Ríe.) ¡María me llamo yo!
ACTOR 3:            ¡Ella también... ella también! (Le toma una mano y la besa.)
ACTRIZ:               (Retira la mano.) ¡No me muerdas!
ACTOR 3:            No te iba a morder... Te iba a besar, María...
ACTRIZ:               ¡Ah!, yo creía que me ibas a morder... (Sale. Entran los ACTORES 1 y 2.)
ACTOR 2:            Por supuesto...
ACTOR 1:            A la mañana siguiente...
ACTOR 1 y 2: Debió volver a buscar trabajo.
ACTOR 3:            Recorrí varias partes, hasta que en una…
ACTOR 1:            Vea... no tenemos nada. Salvo que...
ACTOR 3:            ¿Qué?
ACTOR 1:            Anoche murió el perro del celador.
ACTOR 3:            ¿Y?
ACTOR 2:            Tenía treinta y cinco años, el pobre...
ACTOR 1 y 2: ¡El pobre!
ACTOR 3:            Y tuve que volver a aceptar.
ACTOR 2:            Eso sí, le pagábamos dos mil pesos por día. (Los ACTORES 1 y 2 dan vueltas.) ¡Hmmm!... ¡Hmmm!... ¡Hmmm!...
ACTORES 1 y 2: ¡Aceptado! ¡Que sean dos mil!
ACTRIZ:               (Entra.) Claro que 60 mil pesos no nos alcanzan para pagar el alquiler...
ACTOR 3:            Mira, como yo tengo la perrera, pásate tú a una pieza con cuatro o cinco chicas más, ¿eh?
ACTRIZ:               No hay otra solución. Y como no nos alcanza tampoco para comer...
ACTOR 3:            Mira, como yo me acostumbré al hueso, te voy a traer la carne a ti, ¿eh?
ACTORES 1 y 2: ¡La junta directiva aceptó!
ACTOR 1 Y ACTRIZ: La junta directiva aceptó… ¡Bendita sea!
ACTOR 3:            Yo ya me había acostumbrado. La perrera me parecía más grande. Andar en cuatro patas no era muy diferente de andar en dos. Con María nos veíamos en la plaza... (Va hacia ella.) Porque como tú no puedes entrar en mi perrera; y como yo no puedo entrar en tu pieza... Hasta que una noche…
ACTRIZ:               Paseábamos. Y de repente me sentí mal...
ACTOR 3:            ¿Qué te pasa?
ACTRIZ:               Tengo mareos.
ACTOR 3:            ¿Por qué?
ACTRIZ:               (Llorando.) Me parece... que voy a tener, un hijo...
ACTOR:                ¿Y por eso lloras?
ACTRIZ:               ¡Tengo miedo..., tengo miedo!
ACTOR 3:            Pero, ¿por qué?
ACTRIZ:               ¡Tengo miedo..., tengo miedo! ¡No quiero tener un hijo!
ACTOR 3:            ¿Por qué, María? ¿Por qué?
ACTRIZ:               Tengo miedo... que sea... (Musita “perro”. El ACTOR 3 la mira aterrado, y sale corriendo y ladrando. Cae al suelo. Ella se pone de pie.) ¡Se fue..., se fue corriendo! A veces se paraba, y a veces corría en cuatro patas...
ACTOR 3:            ¡No es cierto, no me paraba! ¡No podía pararme! ¡Me dolía la cintura si me paraba! ¡Guau!... Los carros se me venían encima... La gente me miraba... (Entran los ACTORES 1 y 2.) ¡Váyanse! ¿Nunca vieron un perro?
ACTOR 2:            ¡Está loco! ¡Llamen a un médico! (Sale.)
ACTOR 1:            ¡Está borracho! ¡Llamen a un policía! (Sale.)
ACTRIZ:               Después me dijeron que un hombre se apiadó de él, y se le acercó cariñosamente.
ACTOR 2:            (Entra.) ¿Se siente mal, amigo? No puede quedarse en cuatro patas. ¿Sabe cuántas cosas hermosas hay para ver, de pie, con los ojos hacia arriba? A ver, párese... Yo lo ayudo... Vamos, párese...
ACTOR 3:            (Comienza a pararse, y de repente:) ¡Guau... guau!... (Lo muerde.) ¡Guau... guau!... (Sale.)
ACTOR 1:            (Entra.) En fin, que cuando, después de dos años sin verlo, le preguntamos a su mujer ¿Cómo está?, nos contestó...
ACTRIZ:               No sé.
ACTOR 2:            ¿Está bien?
ACTRIZ:               No sé.
ACTOR 1:            ¿Está mal?
ACTRIZ:               No sé.
ACTORES 1 y 2: ¿Dónde está?
ACTRIZ:               En la perrera.
ACTOR 1:            Y cuando veníamos para acá, pasó al lado nuestro un futbolista.
ACTOR 2:            Y nos dijeron que no sabía leer, pero que eso no importaba porque era futbolista.
ACTRIZ:               Y pasó un policía…
ACTOR 2:            Y pasaron…, y pasaron…, y pasaron ustedes. Y pensamos que tal vez podría importarles la historia de nuestro amigo…
ACTRIZ:               Porque tal vez entre ustedes haya ahora una mujer que piense: “¿No tendré… no tendré…?” (Musita: “perro”.)
ACTOR 1:            O alguien a quien le hayan ofrecido el empleo del perro del celador…
ACTRIZ:               Si no es así, nos alegramos.
ACTOR 2:            Pero si es así, si entre ustedes hay alguno a quien quieran convertir en perro, como a nuestro amigo, entonces… Pero, bueno, entonces esa… ¡esa es otra historia!

TELÓN

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