La Ruta, de Jorge Arroyo, dramaturgo de Costa Rica

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
La ruta
de
Jorge
Arroyo
 
 
 
 

Aspectos generales
La Ruta es la obra teatral más reciente del dramaturgo costarricense Jorge Arroyo. Este texto fue estrenado el viernes 27 de abril del 2012, en el Teatro 1887 (Centro Nacional de la Cultura -CENAC-), en un montaje producido por la Compañía Nacional de Teatro con la colaboración del Instituto Nacional de Fomento Cooperativo (INFOCOOP).


La Ruta fue incluida como parte de las celebraciones del Año Internacional del Cooperativismo. Cumplió una temporada de un mes en el Teatro 1887, culminando el domingo 27 de mayo. Luego, durante el segundo semestre del año en curso, realizó giras a varias comunidades del país, entre ellas Desamparados (San José), San Carlos, San Pablo (Heredia), San Carlos y la ciudad de Alajuela; Cartago, Santa Cruz (Guanacaste) y San Isidro de Pérez Zeledón (San José).


Argumento


La anécdota de la obra La ruta se sostiene en relación a la construcción de una carretera, como parábola de la conformación de un núcleo solidario. En un asentamiento montañoso de difícil acceso, los habitantes necesitan una vía para sacar los productos de sus cosechas, que hasta ahora llevado por un sendero muy peligroso. La muerte de una anciana, y su consecuente traslado a un cementerio, apuran la decisión de hacer una ruta menos riesgosa. La tarea, que ya por sí misma es difícil, se complica con personajes que se oponen al proyecto. Sorteando dificultades, los trabajos de la carretera avanzan revirtiendo la oposición en ayuda mutua, hasta culminar satisfactoriamente. Una vez concluida la labor, también cambian los objetivos de los hechores, pues la ruta no solamente servirá para el comercio agrícola previsto, sino que apoyará otros negocios, como la venta de artesanías y el desarrollo del turismo rural y ecológico, en procura del bienestar general.


Estructura


La ruta es una obra en un acto, dividida en 17 escenas. Tiene 4 canciones. La narración principal es en tiempo actual, pero se alterna con retrospecciones. La urdimbre del texto se desarrolla en un contemporáneo juego escénico entre el presente y el pasado, donde las escenas se intercalan con un delicado equilibrio dramatúrgico para evitar la confusión argumental. Algunos personajes se repiten en ambos espacios temporales, en diferentes edades, en procura de brindar riqueza de propuestas para el director y para los y las intérpretes.
Detalladamente, en el transcurso de La ruta se enfatiza en el uso de elementos que rescatan lo tradicional en el habla costarricense, la gastronomía vernácula, la medicina alternativa y la curandería, e inclusive la magia y las creencias populares relacionadas con lo sobrenatural.


Espacio escénico


La propuesta escenográfica para La ruta propone un espacio neutral, que permita la convivencia de los dos tiempos dramáticos en que se sostiene el texto. Semióticamente es importante que dialoguen las acciones de los dos tiempos. Se apela a los recursos contemporáneos multimedia, como ciclorama y pantallas.


Personajes


La ruta está narrada en las voces escénicas de 32 personajes, pero la mayoría pueden doblados (es decir, algunos representados por una misma persona). En el montaje de 2012, fueron interpretados por 6 actores y 6 actrices, para un total de 12 intérpretes.
La línea narrativa es fundamentalmente conducida por la Abuela, tanto joven como mayor. Es la protagonista quien, junto con su Marido, en las escenas del pasado agrupa a los del bando constructor en el que figuran las señoras mágicas de las yerbas medicinales y la cocina, y las mujeres y los hombres de los pueblos. Entre los personajes antagónicos del pasado destacan el Hombre 3 y el Embozado; también, en un primer momento, lo serán la pareja líder de El Coyolar y la pareja de la montaña, que luego revertirán sus posiciones, al igual que el abogado que llega de la capital.
La Abuela también es prioritaria en el tiempo presente, pues en conjunto con su hija (La Madre), su yerno (el Padre) y los nietos, sostendrán la acción y las razones para que los alemanes brinden la ayuda. El personaje del Italiano es pivotal, más un pícaro que un decisor argumental.









La ruta
Parábola escénica de
Jorge Arroyo


Personajes:


Abuela (mayor y joven)
Padre (adulto y joven)
Madre (adulta y joven)
Nieto
Nieta
Señora de las yerbas medicinales
Señora de la cocina
Mujer de los telares
Mujer de la montaña
Hombre de la montaña
Marido de la abuela joven
Embozado
Alemán
Alemana
Italiano
Hombre líder de El Coyolar
Mujer líder de El Coyolar
Campesina
Hombre con sombrero y lentes oscuros
Hombre 1
Hombre 2
Hombre 3
Mujer 1
Mujer 2
Mujer 3
Vecinas 1
Vecina 2
Lugareño 1
Lugareño 2
Lugareña 1
Lugareña 2
Voz de hombre


Escenario neutro, con condiciones para proyectar imágenes multimedia: ciclorama, pantallas, etcétera.






1
-En un tiempo indeterminado-


(El escenario en penumbras. Todo son siluetas muy marcadas: los árboles, la floresta, y El Nieto, quien canta acompañado de una guitarra).


Canción de la sELVA


i
Madre de caudalosos ríos,
la montaña, piel de verdes,
se tupe con redes de trinos
o ruge, furia silvestre.


Ii
Mas brinda parcelas de aurora
la espesura turbulenta;
se abre, y el azul aflora.
Cede el dosel. El sol entra.


IIi
Esplendente, ilumina el claro
donde bregan las señoras,
aquellas, las que trazan rutas
y afianzan huellas pioneras.


Iv
Aguerridos hombres cerreros
faenan por los caminos,
blanden herramientas y aperos
para construir el destino.


v
La selva, la de piel de verdes,
los acoge o los enfrenta
los prueba y, si no los consume,
¡los eterniza y los premia!


(Se desvanecen las siluetas.
Muta la escena).






2
-En el presente-


Abuela: (Acciona en una computadora). ¡Ay! ¡Santo Dios! ¿A qué horas me metí yo en esto?


Nieto: Serénese, abuela. Ya verá que sí va a poder. Usted siempre dice que con paciencia y labor constante, se pude bañar hasta a un elefante.


Abuela: Bañar a un elefante no necesita de tanta concentración como este asunto. ¿No estaré ya muy vieja para aprender?


Nieto: Usted también dice que uno nunca está viejo para aprender ni para emprender.


Abuela: Mmm… Pues no será cuestión de edad, pero sí es cuestión de tiempo.


Nieto: Usted le ha dedicado bastante a esto.


Abuela: Si. Pero hoy no es un buen momento. Ya deben de estar por llegar los turistas alemanes.


Nieto: ¡Qué bueno que lo logramos! ¡Al fin estamos empezando a recibir turismo europeo!


Abuela: Mmm… No sé. Puede ser una espada de doble filo, m’hijito. A mí me preocupa que no les guste aquí. Ellos son muy exigentes.


Nieto: Les va a gustar. Ya verá.


Abuela: Es que por eso necesitamos urgentemente la plata de la donación internacional. Así podríamos mejorar las cabinas, tener unos caballitos, arreglar los senderos... En fin, todas esas cosas que a ellos les gusta.


Nieto: No se preocupe, abuela. Ya verá que aquí van a pasarla muy bien.


Abuela: ¡Dios te oiga!


Nieto: Sigamos con lo de la computadora.


Abuela: ¿Qué hago ahora?


Nieto: Lleve de nuevo el cursor al ícono.


Abuela: ¿El ícono es el dibujito o el cuadrito con rayitas?


Nieto: El dibujito.


Abuela: El único ícono que conozco es el de la Virgen del Socorro, y a ella me encomiendo para hacer esta tarea… ¿Ahí está bien?


Nieto: No. El cursor tiene que tocar el dibujito.


Abuela: ¿El cursor es la flechita?


Nieto: Si.


Abuela: Pues dígale “flechita”, que si no me enredo. A ver, a ver ¿así?


Nieto: Sí. Ahora, haga dos clicks en el mouse.


Abuela: (Hace dos golpes de dígito, muy espaciados). No pasa nada.


Nieto: Tiene que hacerlo más rápido.


Abuela: No puedo, por el reumatismo.


Nieto: Inténtelo. Si no puede, le enseño otra forma.


Abuela: ¿Por qué no me la enseña de una vez?


Nieto: Como dice usted, para que las cosas sean fáciles, hay que pasar primero por lo más difícil.


Abuela: ¡Vaya! Por lo visto me la paso diciendo cosas sabias que a mí no me sirven para nada. A ver…


Nieto: ¡Va muy bien! (Pausa breve). ¿Qué pasa?


Abuela: Que se me acalambró el dedo. (Pausa breve). ¡Ahí está! ¡Mire! ¡Ya salió el relojito de arena!


Nieto: ¡Bravo! Lo consiguió.


Abuela: ¡Jesús! ¿Qué está pasando? ¿Qué es todo eso que se está moviendo? ¡Las Tres Divinas Personas! ¿Descompuse la máquina?


Nieto: No, no, abuela. Todo va bien. Se están abriendo los archivos.


Abuela: Lo que se me está abriendo es el corazón. ¡Me va a dar un infarto! (Transición. Música suave. Ella mira la pantalla, atenta. Con proyecciones escénicas se pueden ilustrar las imágenes y textos que se describen a continuación). ¡Uy! ¡Mirá qué belleza! ¡Qué que paisaje más hermoso. Y están apareciendo letras… ¡Una frase! ¡Ay! ¡Un pensamiento! A ver qué dice. (Se ajusta los lentes y se aproxima a la pantalla. Lee). “Juntos, ahuyentaremos el miedo”.


Nieto: Haga click en esta tecla, para que aparezca otra frase.


Abuela: ¡Ajá! (Muy concentrada en la pantalla, mira rápidamente la tecla y acciona). ¡Esto es magia! ¡Ve qué pajarito más tierno! Parece un gorrión. ¿Qué hago para que salga otro pensamiento?


Nieto: Toque esa tecla.


Abuela: (Acciona. Lee). “Cada día inicia el futuro”… ¡La tecla, la tecla! (El nieto la señala). ¡Ahora aparecen un montón de gorriones! Entre todos hacen un enorme nido… ¡Qué preciosura! ¿Cómo no tenía yo esto cuando era chiquilla? ¡Cómo tardan en inventar las cosas buenas! (Se escucha un carro que llega afuera). Oí. Me parece que ya llegaron.


Nieto: (Se levanta y se asoma hacia entre bastidores). Sí. Es la buseta de papá.


Abuela: ¿Con los alemanes? (Se oyen voces afuera).


Nieto: Hay una pareja que me parece que son ellos, pero vienen con otro señor.


Abuela: ¿Uno flaco y mal encarado?


Nieto: Sí, un poco así.


Abuela: ¡Ay, Dios! ¡El italiano! ¡Llegaron juntos, igual que en la Segunda Guerra Mundial! Yo esperaba al italiano para el café, no para el almuerzo.


Nieto: Los italianos siempre resultan simpáticos.


Abuela: ¡Cómo no! ¡Seguro que Mussolini era simpatiquísimo!
Nieto: ¡Sh! ¡Ya vienen!


Abuela: Por dicha tengo suficiente caldo de frijoles. Voy a echarle más agua y hago una buena sopa negra. ¿Cuántos son?


Nieto: Uno… tres… Cinco, contando a papá y a mamá.


Abuela: (Va a asomarse). ¡También viene tu hermana!


Nieto: ¡Ah, sí! ¡Seis!


Abuela: ¡Los Tres Dulcísimos Nombres! M’hijito, ayúdeme. Mientras yo completo la sopa, aliste usted tres huevos duros más… ¡No! ¡Cuatro, por si uno se revienta! Ay, no. Mejor yo hiervo los huevos y usted junte los cubiertos. Lave los que están en la pila y saque más de la gaveta, para que comamos todos juntos... Ellos, usted y yo… ¡Ocho en total! ¡Qué apuro! (Sale, casi al tiempo que entra el grupo).


Padre: (Entra con la Madre y la Nieta, seguidos por los extranjeros que cargan maletines y mochilas). Adelante, están en su casa. Luego de comer los llevaré a sus habitaciones. (A la Alemana). El baño queda por ahí. (A la Nieta). Muéstrele dónde.


Nieta: Sígame, por favor (Sale, junto con la Alemana).


Madre: ¿Y mamá?


Nieto: Atareada en la cocina.


Madre: Vamos a ayudarle. (Sale con el Nieto).


Alemán: En mis clases de Ciencias Forestales, en la Universidad de Friburgo, estudié el bosque tropical, pero nunca imaginé lo impresionante que es estar ahí. ¡El recorrido de hoy ha sido maravilloso!


Italiano: (Al Padre). Usted es un guía muy bueno. ¿Estudió turismo?


Padre: ¿Yo? ¡Qué va! Apenas alcancé a terminar la primaria, en la escuelita de La Unión. (La Abuela y el Nieto entran con sendos azafates con vasos. La Madre los sigue con un pichel de refresco. Sirven). Ahora, de aquí a la escuela se va en un brinco, por la carretera, pero cuando yo era güila costaba un mundo llegar. ¡Hasta había que cruzar un río en panga! ¡Y cuidado si había llovido mucho, porque atravesarlo era peligro de muerte! Hoy es diferente…


Alemán: La carretera es excelente.


Padre: Fue construida con el esfuerzo de muchos.


Italiano: ¿Ustedes abrieron el primer camino solos?


Abuela: ¡Con estas manos que se habrá de comer la tierra! (Al Padre). ¡Cuénteles!


Padre: Mejor cuénteles usted, suegrita, mientras dejo estos bultos en las cabinas. (Al Nieto). Ayúdeme.


(El Nieto recoge el azafate de la Abuela, y entrega ambos azafates a la Madre, quien también toma los vasos de los extranjeros y del Padre, y sale hacia la cocina. El Nieto y el Padre alzan los maletines y las mochilas y salen).


Alemán: Cuéntenos cómo fue lo de la carretera, por favor.


Abuela: ¿Usted es ingeniero?


Alemán: ¿Por qué me lo pregunta?


Abuela: Para medir hasta dónde puedo inventar cosas. Je, je. A ver… Aquí vivíamos cuatro gatos, rodeados de selva. Producíamos algunas verduras, pero, para vender las que sobraban, pasábamos mil trifulcas. ¡Nos costaba un triunfo sacarlas de aquí! ¡Cosechas enteras se perdían por no poder comerciarlas! Teníamos que irnos en mula, y con nada terminaban las papas y la yuca en el barranco… con todo y mula. Para colocarlas a buen precio había que llevarlas hasta La Unión, allá, el pueblo que queda pegadito al mar. Sacar los productos ya era complicado; pero cuando alguien de por aquí se moría, todavía era peor. Estaba yo jovencilla cuando falleció la vecina más vieja, una mañana en que todos los hombres se habían ido para la selva.


3
-En el pasado-


(Entran mujeres; unas realizan faenas de campo, una cuida a una anciana que yace en una estera).


Mujer 3: (A la que cuida a la anciana). ¿Cómo sigue?


Mujer 1: Agoniza.


Mujer 3: ¿Y las demás?


Mujer 1: Faenan.


Mujer 2: (En tanto labora en el campo). ¿Cuándo podremos salir de aquí sin tener que agarrar el machete y meterse en la espesura, a abrirse campo entre bejucos?


Mujer 3: ¡El otro día me cayó encima una araña de este vuelo!


Mujer 2: Yo ya me acostumbré. Aquí hay toda clase de bichos. Mi marido prefiere machetear él; le preocupa que lo haga yo.


Mujer 3. Las alimañas atacan igual si se es hombre o mujer.


Mujer 2: También por igual trabajamos.


Mujer 3: ¿Qué nos queda? Cuando los hombres se van al monte, ya sabemos que a veces dilatan muchos días por allá…


Mujer 2: ¿No están cansadas de velar solas por ustedes y por los chiquillos?


Mujer 3: Cuando ellos no están, esto es como una isla de mujeres solas con chacalines y recién nacidos.


Mujer 2: Los bebés son una bendición.


Mujer 1: Ha muerto. (Llama). ¡Ea! ¡Vengan! (Las mujeres dejan la faena y se acercan. Entra la abuela, joven).


Abuela joven: ¿Murió? (Mujer 1 asiente entre sollozos). Habrá que rezarle…


Mujer 1: …Y que enterrarla pronto. Hace mucho calor.


Mujer 3: Hoy lloverá. El cielo es una piedra de nubes de tormenta.


Mujer 2: La llevaremos a la montaña y la sepultaremos.


Abuela joven: No; en la montaña no.


Mujer 2: Hay parcelas donde hemos abierto la espesura. Ahí estará bien.


Abuela joven: ¡No! Ella pidió reposar en tierra santificada.
Mujer 3: ¡Pero el cementerio consagrado que queda más cerca está en El Coyolar!


Abuela joven: ¡Pues a El Coyolar iremos, pero ella descansará como quiso!


Mujer 1: Ya oscurece…


Mujer 3: Truena…


Mujer 2: ¡Llueve! (Lluvia).


Abuela joven: (Prepara a la mujer yacente). Que dos de nosotras se queden cuidando a los chiquillos, mientras las demás durante la noche atravesamos el monterío cerrado, hasta El Coyolar.


Mujer 1: ¡Vamos!


(La mujer 1 coge una lámpara de canfín y un machete. Las mujeres alzan la estera con el cadáver. Avanzan detrás de la Mujer 1, que machetea abriendo campo. Las otras, protegidas por enormes hoja de “sombrilla de pobre” (Gunnera talamancana), las siguen. Rezan. Los efectos de luces y sonido simulan una tormenta torrencial. Salen todas.
-Transición-
Amaina la noche furiosa de tormenta. Clarea, amanece y avanza el día).


Marido: (Entra junto a Hombre 1. Topa a una las mujeres). ¿Adónde están las demás?


Campesina: Sepultando a la mayor.


Marido: ¿Cuándo murió?


Campesina: Hoy, de madrugada.


Marido: ¿Dónde fueron a enterrarla?


Campesina: En tierra consagrada. Ésa era su voluntad.


Marido: ¿A El Coyolar?


Hombre 1: ¡Volvieron a atravesar la selva en la noche!


Campesina: ¿Y qué es lo raro?
Hombre 1: De raro, nada; de preocupación, ¡todo! ¿Iba mi mujer?


Campesina: De primera, abriendo paso con el machete.


Hombre 1: Es muy corajuda. (Se oyen voces que se allegan).


Campesina: ¡Ahí vuelven! (Entran las mujeres).


Marido: (Les sale al paso). ¡Otra vez tentando a la selva!


Abuela joven: Ustedes lo hacen siempre, ¿por qué nosotras no?


Marido: Debieron esperar a que amainara la tormenta, o al menos a que amaneciera.


Abuela joven: Estos calores se ensañan con los cadáveres y el cuerpo de la difunta no podía esperar. Tampoco su alma merecía una tumba sin Dios. Ahora ya descansa en tierra bendita y todos en paz.


Marido: ¡Les pudo haber salido el tigre!


Hombre 1: (A Mujer 1, con gran ternura). No lo haga otra vez. (Mujer 1 se alza de hombros; se abrazan).


Marido: Ni ella ni nosotros seguiremos en esto. ¡No más de tanta disputa con la selva! ¡Basta de abrir hoy una trocha que mañana la cerrarán los bejucos! ¡Hay que tronchar montaña! ¡Hacer un camino decente desde aquí hasta donde se pueda! ¡No hay que dejar que se pierdan las cosechas ni mucho menos que le pase algo a alguien de los nuestros!


Abuela joven: ¿Abrir una ruta desde aquí hasta el mar? (Voces de aprobación).


Hombre 1: Yo nunca he visto el mar.


Marido: Podemos seguir el trillo que tenemos y luego…


Madre joven: ¿Hasta el mar?


Mujer 2: No, no. Mejor hacer una ruta nueva. El trillo que hay bordea el precipicio y es muy peligroso.


Mujer 1: Pero ya estamos acostumbrados…
Mujer 3: Hasta ahora nadie ha muerto.


Mujer 2: Sí han caído animales y carga.


Marido: ¿Y habrá que esperar a que alguien muera?


Madre joven: ¿No bastaría con ampliar el camino que hay?


Marido: Sería tan complicado y tan caro como hacerlo nuevo.


Mujer 2: Entonces, ¿por dónde iría la nueva ruta?


Marido: Por la montaña. (Silencio).


Mujer 3: ¡Es una locura!


Madre joven: ¡Habría que voltearla!


Marido: Pues sí, pero es lo más directo para llegar a La Unión.


Hombre 3: Mmm… Y… Al acercarse a La Unión… ¿Por dónde seguiría el camino?


Marido: (Luego de una pausa). Este… Bueno… Si queremos que vaya bien recto, pues… Habría que meterse por un borde de su finca.


Hombre 3: Pueden hacer ese camino sin quitarme tierra a mí.


Hombre 2: Tendríamos que desviarnos mucho.


Marido: (Al Hombre 3). Podríamos llegar a un arreglo.


Hombre 3: El único arreglo es que me paguen lo que vale.


Hombre 2: ¿Lo que vale o lo que se le antoje?


Hombre 3: Son ustedes los que quieren que el camino atraviese mis terrenos.


Marido: Para que sea recto…


Hombre 2: (A Hombre 3). A usted le conviene que quede bien derechito, así, cuando lo camine borracho, no se marea más de la cuenta. (Risas generales. El Hombre 3 mira desafiante al Hombre 2).
Marido: (A Hombre 3). ¿En cuánto estima su tierra?


Hombre 3: ¿Cuánto tienen para comprarla?


Marido: Nada.


Hombre 3: Entonces la pregunta no tiene respuesta.


Marido: Por ahora, parece que no.


Mujer 3: Cuando llegue el momento de hacer la ruta por ese lado, veremos cómo lo resolvemos.


Marido: No. Todo debe estar bien organizado desde antes.


Mujer 3: A veces, las rutas escogen sus propios trazos. Comencemos, y verá que luego es más fácil arreglar el asunto. ¡Nunca se llega a nada, si no se dan los primeros pasos!


Mujer 2: Quizá sea lo mejor.


Marido: Quizá. Ya hay mucho por hacer, y hay que hacerlo con cuidado.


Hombre 2: (Por el Hombre 3). Si éste no cede, pues doblamos la calle sin tocarle su tierra.


Marido: Todos sabemos hacer volteas de montaña, ¿o no?


Hombre 3: Yo no.


Hombre 2: Usted lo único que voltea es el estómago, cuando anda socado. (Risas de nuevo. El Hombre 3 da un manazo hacia el Hombre 2, quien lo esquiva. El Hombre 3 se desequilibra y casi cae). ¡Hijo, mírenlo! ¡Y esto que está sobrio!


Abuela joven: Voltear árboles en selva espesa no es como jugar dominó.


Marido: No, a menos que todas las fichas estén levantadas y en fila. Para voltear, hay que cortar varios palos hasta llegar al árbol que se escoja como capitán. Ese será el que apenas se corte caiga sobre los demás y los derribe en fila. El corte de cada palo debe ser tan hondo como para que caigan uno tras otro, pero no tanto como para que se desgaje antes de tiempo y mate a todo el que esté debajo.


Abuela joven: La faena no permite errores.


Marido: No. Si algún árbol no cayó, todo se echó a perder. Es peligrosísimo tratar de arreglar una metida de patas y lo mejor será empezar de nuevo, en otra parte.


Hombre 3: Yo no me meto en eso… (Hace para irse).


Hombre 2: (Lo detiene). ¡Ah! Pero luego sí se beneficia con el camino, ¿verdad?


Hombre 3: (Se sacude). ¡Suélteme! Usted, como estuvo un tiempo en la capital, cree que puede mandar a los demás. ¡Conmigo se equivoca! Yo me largo de aquí.


Hombre 2: ¡No! ¡Se queda! (Trata de impedir que el Hombre 3 se marche).


Hombre 3: Quítese, o no respondo.
Marido: ¡Déjelo!


Hombre 2: (Luego de una pausa, deja el paso franco al Hombre 3). ¡Bah! ¡Andate!


Hombre 3: (A Hombre 2). Deje de meterse conmigo o le va a costar caro. (Sale).


Hombre 2: ¿Saben? En la carretera para entrar a la capital hay unas casitas donde les cobran a los que usan la calle. Los peajes. Cuando hagamos la carretera, pongamos una al frente de la finca de ese mal amansado, para que tenga que pagarnos cada vez que salga o entre a la casa.


Marido: ¡Déjese de ideas raras! Algo así sólo traería problemas. Si alguien quiere irse, nadie se lo impide. En esto nadie debe estar por obligación. Cada quien es libre de participar, o de no hacerlo.


Madre joven: Mejor que se fuera aquel.


Abuela joven: Se van a necesitar muchos brazos, m’hijita. No creo que sea bueno el que alguien se vaya. (Murmullo general).


Madre joven: ¡Ay, mamá! Usted sabe que ese que se fue es mal bicho.


Hombre 2: Es que está muy enojado con la vida.


Hombre 1: Desde que se le quemó la cantina allá, en Bejucal.


Hombre 2: Desde que se la quemaron…


Marido: Eso fue lo que dijeron, pero nunca se comprobó.


Hombre 2: ¡Se la incendiaron!


Marido: ¿Seguro? (Silencio).


Abuela joven: En lugar de chismorrear, deberíamos apurarnos a definir por dónde irá el camino.


Marido: Quienes queramos empezar, empecemos.


Todos y todas: ¡Empecemos! (Todos y todas trabajan).



Canción de las abras


i
(Canta una mujer):
Hay que dominar la selva
que mis ojos vean el mar.
Hay que transitar los bosques
Sin dejarse doblegar.


Ii
(Coro):
Brazo con brazo en la brega
el pueblo junto estará
los hombres y las mujeres
abrirán camino al mar.


IIi
(Canta un hombre):
Hay que tronchar la montaña
y salvar la cosecha.
¡Que no haya tigre ni araña
que detenga esta brecha!


IV
(Coro):
Brazo con brazo en la brega
el pueblo junto estará
los hombres y las mujeres
abrirán camino al mar.
4
-De vuelta al presente-


(Todos retoman los caracteres de la escena 2).


Abuela: De aquellos días queda mucho para recordar. Fue el inicio de todo esto con lo que contamos hoy: la carretera, las construcciones, la cooperativa…
Alemán: ¡Ustedes son admirables!


Abuela: Todo costó un triunfo y llevó rato. La necesidad de ayudarnos nos hizo formar un grupo. El tiempo, y un poco más de esfuerzo, hicieron el resto.


Alemán: Que no fue poco.


Abuela: ¿Listos para almorzar?


Italiano: Siamo pronti.


Abuela: (A la Nieta). Muchacha: dígale a su papá que venga, porque ya vamos a comer. Por favor, pídale que traiga los refrescos que hay en la cámara (Al Italiano). Vaya con ella, para que les ayude.


Nieta: (Coqueta). Si… Venga “pronti”. (Sale con el Italiano).


Abuela: (Al Alemán). A ver, usted, que es joven y fortachón: vaya con mi yerno, traiga la mesa y póngala ahí en el corredor. La tarde está fresca y hay una luz deliciosa para comer al aire libre. (Salen el Padre y el Alemán. La Abuela se dirige a la Madre). Usted, m’hijita, traiga sillas del cobertizo. (La Nieta sale. La Abuela habla a la Alemana). Usted vaya a la cocina, saque la sopa del perol y sírvala en la sopera que está sobre el moledero.


Alemana: (Saca una libretita, apunta). “pirrol” “mo… lien… diro”…


Abuela: No me entendió ni papa. Mejor voy yo.


Alemana: Sí entendí; sí. Y mis notas son muy importantes.


Abuela: ¡Pues qué bien! Ahora, vaya traiga los platos que están en el trinchante.


Alemana: (Sigue apuntando en su libreta). “Trin… chon…te”… (Sale hacia la cocina; topa con el Alemán y el Padre, quienes regresan con la mesa).
Abuela: A ver, pónganla aquí, bajo esta generosa sombra del árbol.


Alemán: ¡Esta mesa es una antigüedad! ¡En Friburgo valdría una fortuna! (Colocan la mesa donde indica la Abuela, en lugar destacado).


Abuela: ¡Para antigüedades estoy yo! (La Abuela, dedicada en la organización, orquesta el acomodo de todo: -“A ver… Corra esa silla para acá” -“Ponga cada uno de los taburetes en los extremos”… -“Los bancos por aquí, que ocupan menos espacio”…, etc. El Nieto entra con botellas).


Italiano: ¡Usted sí que sabe dirigir un regimiento!


Abuela: ¡Qué exagerado! (Ríe). Lo que aprendí fue a organizar grupos; es decir, a darle a cada quien su cuota de trabajo y de responsabilidad. (El Padre entra con una guitarra). ¡Ay! ¡Qué buena idea para acompañar el trajín! ¿Por qué no toca la canción con la que acunábamos a los nietos cuando estaban chiquillos? (El Padre toca en la guitarra una pieza suave, casi una canción de cuna, que adorna con silbidos que imitan cantos de aves. Canta la Madre).


canción de las aves del bosque


i
De tanto escuchar a las aves
he comprendido su trinar,
lo susurra en secreto el viento
y el polen lo lleva hasta el mar.


Ii
Aves de los bosques, las sabias
canoras de verbo vivaz
soterrey, jilguero y yigüirro,
cometas que silban la paz.


IIi
Vivaracha cotorra verde
de murmullo escandaloso,
no pelees con la viuda lila,
guarden el borde boscoso.


IV
El pequeño pechoamarillo
teje bandera brillante
con el rojo rey de cacique
de llamarada exultante.


V
Completa la franja el celeste
pitorreal capulinero.
En bandadas color naranja
va la caciquita en vuelo.


vi
Perchada en la rama más alta,
una serena vigía,
una golondrina morada
cierra el concierto del día.


vIi
Es la canción de los pájaros
enhebrada como un poema
bálsamo para la vida
remedio de todas las penas.


Los extranjeros: ¡Bravo! ¡Bravo!


Abuela: La canción la compuso mi marido, que de Dios goce... ¡Lo inspiraba tanto el bosque, la naturaleza, la nueva ruta…! ¡Ay! Ya me puse muy sentimental.


Alemana: Por lo visto todo fue muy lindo con la construcción de la carretera.


Abuela: ¡Qué va! Luego de la primera voltea comenzaron los problemas. No fue tan fácil como organizar este almuerzo.


Padre: Hubo de todo. Cosas buenas… Otras… no tanto… (Sale).


Abuela: Voy por un suéter, con permiso. (Sale).


Alemán: (Habla aparte a la Alemana). Creo que teníamos mala información. Esta gente está organizada, es trabajadora y si merecen la ayuda que han solicitado.


Alemana: No sé… Me parece que es pronto para juzgar. Hay que justificar muy bien la donación. No podemos dar dinero a cualquiera que pida. Hay que ser prudentes.




5
-De vuelta al pasado-


(En la izquierda de la escena, la Señora de las yerbas medicinales y la Señora de la cocina, preparan la sopa. Las acompaña la Campesina).


Señora de la cocina: (A la Campesina). Alcánceme el orégano. (La Campesina lo hace. La Señora de la cocina se lo echa a la sopa).


Campesina: ¡Qué difícil que es hacer que todo el mundo se ponga de acuerdo!


Señora de las yerbas medicinales: Hay gente que solo ve por sus intereses, y no hay manera de que entren en razón.


Campesina: ¡Caramba! ¡Pero si ellos también se benefician!


Señora de la cocina: ¡Pues ya lo ve, m’hijita! ¡Apenas comenzábamos el trabajo y ya había gente incómoda y molestando! Páseme el tomillo, por favor. (Faenan. Silencio).


Campesina: Esta tarde, cuando fui al claro donde tengo sembradas las hierbas, vi un arco-iris.


Señora de las yerbas medicinales: Leve, pero lo había. (Se proyecta, muy difuminado, un arco-iris).


Campesina: Es raro. No ha llovido ni un pelo’e gato y no es época para arco-iris.


Señora de la cocina: ¿Y desde cuando los arco-iris tienen calendario? Para que se forme un arco-iris sólo se necesita que los colores se pongan de acuerdo.


Señora de las yerbas medicinales: ¡Y hasta se les puede conjurar! Si usted quiere hacer un arco-iris, serene las siete yerbas durante siete horas nocturnas; después, con esa agua asperje una rama de saúco en arco, y en menos de medio día tiene en el cielo un puente de colores.


Campesina: A punta de brujería.


Señora de las yerbas medicinales: De magia, que no es lo mismo.


Señora de la cocina: De trabajo, que suena mejor. ¡Y a terminar la conversa, que los comensales esperan! (A la Campesina). Traiga usted esa olla de sopa. Aquí llevo el culantro bien picado, para que el caldo tenga aromo fresco. (A la Señora de las yerbas medicinales). ¿Venís?


Señora de las yerbas medicinales: Voy a terminar de preparar la carne. Ahorita estoy con ustedes. Iré a traer tomillo. (Sale).


(La Campesina lleva la sopa a la mesa, seguida por la Señora de la cocina. Atardece. Se allegan los demás y todos se sientan a la mesa. La disposición recuerda una Santa Cena, coronada por El Marido, flanqueado por la Abuela y la Señora de la cocina).


Marido: El camino, además de permitirnos sacar los productos, nos conducirá hacia nuevos horizontes.


Abuela joven: Es bueno mirar hacia fuera, pero sin desatender lo propio.


Hombre 2: ¿Cada quien tendrá una tarea?


Marido: O varias.


Abuela joven: Lo que importa es que cada quien cumpla con lo suyo.


Hombre 2: ¿Y cómo sabrá cada quien lo que le toca?


Marido: Para eso estamos algunos…


Abuela joven: …que los orientaremos.


Hombre 1: ¿Eso es lo que llaman “capacitación”?


Abuela joven: Simplemente son saberes.


Marido: “Aprendizaje”, digámosle, que de aprendizaje se compone la vida.


Abuela joven: Son experiencias.


Marido: De todas maneras, será una manera de pasarnos lo que sabemos. ¿Quiénes estarán mañana a primera hora abriendo camino? (Todos y todas, a diferente tiempo, pero con igual firmeza, levantan la mano). ¡Pues a comer bastante sopa, que hay que amanecer fuertes! ¡Todavía somos pocos, y habrá que trabajar el doble! (El grupo se aboca a la cena y departe a gusto. El atardecer deja paso a una noche con luna llena. Los comensales no advierten al Hombre 3, que se ha mantenido observando, oculto, con el Embozado).


Hombre 3: ¡Ni crean que les resultará fácil!


Embozado: Al menos han empezado bien. (La Señora de las yerbas medicinales regresa por el lado donde se encuentran el Hombre 3 y el Embozado, quienes no se percatan de su presencia. Ella, inadvertida por ellos, los escucha).


Hombre 3: ¡Bah! Ni siquiera conseguirán llegar a El Coyolar.


Embozado: ¿Vamos a hacer algo para impedírselos?


Hombre 3: Para eso estamos aquí.


Embozado: No sé...


Hombre 3: ¡No los dejaremos llegar a El Coyolar!


Embozado: La montaña se encargará de bajarles el ánimo.


Hombre 3: No quiero correr riesgos.


Embozado: La propia gente de los pueblos los desinflará. Es muy difícil poner de acuerdo a todas las comunidades.


Hombre 3: Más que difícil para ellos, es riesgoso para mí. Si pasan La Ceiba ya estarían en Bejucal. Quiero asegurarme de que no lleguen allá. ¡A mí no me van a partir la finca! ¿Cuento con usted, o no?


Embozado: (Sonríe). En el Coyolar ya saben que los de aquí comenzaron a voltear montaña.


Hombre 3: ¡Qué rápido van las noticias!


Embozado: Algunos sabemos correr entre la selva…


Hombre 3: Ya veo.


Embozado: Ya les hablé, y ahora allá no están muy seguros de que ese asunto les convenga.


Hombre 3: Ni les conviene a ellos ni a nosotros. Con esa carretera se nos vendrán a meter los de la ciudad y nos impondrán cosas. Nos meterán en enredos con las leyes. Con el camino llegarán los abogados, que es lo peor que nos puede pasar.


Embozado: Yo oí decir que allá en la ciudad, para que alguien sea abogado, tiene que hacer pacto con el diablo. (La Señora de las yerbas medicinales, que lleva un manojo en su mano, las sacude hacia los hombres).


Hombre 3: ¿Usted no sabe que se sala el que nombra al Pisuicas en una noche de luna llena, como la de hoy?


Embozado: ¡Machalá!


Hombre 3: ¡Y encima nombra a Machalá, que es la suegra del demonio! ¡Nos va a ir pésimo en todo!


Embozado: Deje de maldecirme, jefe, que más bien necesito buena suerte para atravesar el monte esta noche y terminar de avispar a los de El Coyolar.


Hombre 3: ¡Váyase, ya! Yo aquí tengo cosas que hacer. (El Embozado sale de escena. El Hombre 3 se acerca a la mesa). Buenas noches.


Marido: Buenas las tenga usted.


Campesina: (Por lo bajo). Aunque no tanto para nosotros…


Hombre 3: ¿Han pensado alguna oferta por mis tierras?


Marido: En realidad no.


Hombre 2: Podría no llegar a haber oferta.


Hombre 3: Podría no llegar a haber camino.


Marido: Camino habrá, aunque con una curva de más.


Hombre 2: (Se levanta y palmea en la espalda al Hombre 3). ¿Sin rencores?


Hombre 3: Por ahora, no.


Marido: Pues acérquese, siéntese y coma.


Hombre 3: Estoy bien así. Cuando quieran hablar de negocios, hablamos. (Sale).


Señora de la cocina: Iré a ver qué pasó con la carne (Va hacia el fogón. Encuentra a la Señora de las Yerbas Medicinales). ¿Todo bien por aquí?


Señora de las yerbas medicinales: Todavía, sí.


Señora de la cocina: ¿La carne está lista?


Señora de las yerbas medicinales: Aquí está.


Señora de la cocina: (Toma la batea con la carne y hace para irse; se detiene antes de salir). ¿Usted está bien? (La Señora de las yerbas medicinales asiente. La Señora de la cocina sale y lleva la carne a la mesa. Sirve y comen, mientras la luz desciende en esa área. Destaca iluminación especial sobre la Señora de las yerbas medicinales, que hace un ramo con diversas yerbas, consigue una palangana en la que vierte agua de un pichel y se acerca al ciclorama. La luna desciende casi hasta la altura de ella, quien alza la palangana, oferente. Un tenue arco-iris cruza el ciclorama, como un cometa).


6
-De regreso al presente-


(Sobremesa de la cena que preparaban en la escena 4. La Madre, la Nieta y la Alemana retiran la loza, el servicio y los restos. El Alemán y el Nieto sacan la mesa y regresan. El Padre acomoda los taburetes y bancos a un lado. El Italiano, en una mecedora en el extremo izquierdo, hace anotaciones en una libreta. La Abuela va hacia él; se sienta en otra mecedora al lado).


Abuela: ¿Así que usted es de un pueblecito de Mantova?


Italiano: Di San Giovanni del Dosso.


Abuela: Y allá es donde tienen sus negocios, claro…


Italiano: Si. .


Abuela: Y… ¿vino aquí solamente de paseo?
Italiano: Si... ¡Si! Aquí clima… buono. En Italia, no. Ha finito l’estate. Ha arrivato la giornate umide e piovosa.


Abuela: (Se levanta y va hacia el Padre y el Nieto). ¡Ayúdenme! ¡Ya se soltó a hablar en lenguas y me cuesta montones entenderle! En el almuerzo me comentó que tiene una finca en no sé qué remotidad de Italia; y le entendí que vino aquí para aprender cómo ponerla a producir… Algo así. No le entiendo mucho…


Nieto: Pues no parece, abuela. En realidad, lo que quiere es conocer nuestro modelo de trabajo para copiarlo en su país. Eso fue lo que me dijo.


Abuela: ¿Ah, sí? ¿Quiere organizar en Italia una cooperativa como la que tenemos nosotros?


Padre: Así parece.


Abuela: ¿Y para eso vino hasta aquí? Pudo haberse ahorrado el viaje con solo saber que nosotros les copiamos el modelo de los europeos. ¡Qué gente! Ahora resulta que vienen de allá a copiárnoslo.


Nieto: Tal vez le gusta el estilo nuestro.


Abuela: Pues deberíamos cobrarle “el estilo”.


Nieto: ¡Abuela platera! El pueblo de donde viene ese italiano se parece a este. Queda fuera de circuitos turísticos masivos. Saben que no van a competir con las ciudades cercanas, que tienen muchas atracciones culturales, históricas y tecnológicas, y por eso vino a ver cómo hemos hecho para atraer a pequeños grupos hasta aquí.


Abuela: ¿Desde cuándo vos hablás italiano?


Nieto: También habla un poquillo de inglés, como yo. Ahí nos entendimos.


Abuela: Espero que en ningún idioma le hayás contado más de la cuenta.


Nieto: ¡Qué abuela más desconfiada!


Alemán: (Regresa con una botella de licor y unas copitas). ¡Un brindis por nuestros anfitriones! (Todos, menos la abuela, se acercan a brindar. El Italiano deja la libreta en la mesita al lado de la mecedora, se levanta y se une al grupo. La abuela toma la libreta, la abre y lee).


Alemán: ¡Brindemos por este hermoso lugar!


Italiano: (Al Padre). Ustedes no son una grande cooperativa, pero tendrán su base de datos en Internet... presumo.


Padre: Pues sí. Tenemos una buena lista de las personas que nos han visitado.


Italiano: ¿Vienen solo una vez o regresan después?


Padre: Algunos vienen cada año.


Italiano: ¿Son muchos? Yo gustaría de ver cuántos.


Padre: ¡Ah! Venga para mostrarle. ¡Quedará impresionado! (Se acerca a la computadora).


Abuela: (Deja la libreta y apura hacia la computadora). No, no. Van a tener que esperarse. Ahorita tengo que practicar computación. Discúlpenme, pero tengo que aprovechar lo poquito que queda de luz natural. Con estos bombillos no veo nada.


Nieto: Abuela, mejor practique mañana en la mañana. ¡Ya casi es de noche!


Abuela: No. Ahora.


Padre: Mañana por la mañana los llevaremos a bañarse a la Poza de las Maravillas.


Abuela: (Al Italiano, en tanto lo lleva a otro lado de la escena. Los sigue el Padre). ¿Ya le contaron la historia del milagro que hubo allá? (El Italiano niega. La abuela lo junta con el Padre). ¡A ver, a ver! Mi querido yerno le contará todo sobre el gran milagro de la Poza de las Maravillas… ¿verdad?


Padre: Ya es un poco tarde…


Italiano: Posso vedere mis e-mails en esa computadora, ¿puedo?


Abuela: No. ¡La voy a ocupar! ¡Usted tiene que oír lo de la poza! Es la parte más bonita de la historia de la carretera.


Italiano: Ma! Mis correos…


Abuela: ¡Nada! Será el cuento antes de dormir.
Nieto: ¡Cuéntelo, abuela!


Abuela: Más tarde.


Italiano: É una historia misteriosa? Certo?


Abuela: ¡Ah! ¡Ya le interesó! ¡Lo cuento de una vez! (Al Nieto). Andá a decirles a las muchachas que vengan. (Nieto sale. Abuela apaga la computadora y le pone un cobertor). Como dijimos, en aquellos días teníamos aquí a una mujer mágica y maravillosa, la Señora de las yerbas medicinales. Ella oyó que se fraguaba una traición contra los pioneros. No dijo nada, pero decidió actuar… sola.


Nieto: (Regresa con la Madre). Las muchachas ya se fueron a dormir.


Madre: (Al Nieto). Acompáñeme a cerrar el portón. (Salen la Madre y el Nieto).


Abuela: Pues aquella mujer nos demostró que los milagros son cotidianos, aunque a veces no los vemos. ¡Atención a la historia!


-Transición-


7
-En el pasado-


(Hombres y mujeres bregan. Con empeño abren la trocha. Se notan exhaustos).


Hombre 2: (Señala a lo lejos). ¡Miren! ¡Allá está el río que bordea El Coyolar!


Mujer 2: ¿Y eso es bueno o malo?


Hombre 2: ¡Muy bueno! Solo hay que seguir su cauce para llegar hasta el océano.


(Todos corren hacia “el río”).


Mujer 2: ¡Qué poza más bonita!


Mujer 3: ¿Cómo se llamará?


Mujer 2: No creo que tenga nombre. ¡Bauticémosla!


Hombre 2: (Se quita la camisa). ¿Quién quiere refrescarse? ¡Al agua!


(En medio de mucha algarabía, el grupo de hombres se despoja de su ropa. Se sumergen en la “poza”).


Mujer 2: ¡Ah, claro! Para voltear montaña, sí que somos todos iguales, pero para quitarnos el bochorno, parece que sólo ellos tienen derecho a echarse al agua… ¡Pues no! ¡Aguárdense y verán!


(Las mujeres hacen lo mismo que los varones. El jolgorio se mezcla con los sonidos de la selva. Todos se integran en una convención escénica que de manera plástica simule que retozan en la poza. Un hombre y una mujer aparecen y se acercan, sigilosos. Él trae una escopeta con la que hace un tiro al aire. Silencio de súbito).


Hombre líder de El Coyolar: ¿A qué viene esta bulla?


Mujer líder de El Coyolar: ¡Ah! ¡Son los de La Esperanza!


Hombre líder de El Coyolar: ¿Los que están pelando la montaña? (Silencio largo. Los de la poza lucen muy asustados).


Mujer líder de El Coyolar: ¡Mire qué boquete dejaron ahí atrás!


Marido: ¿Qué quieren ustedes?


Hombre líder de El Coyolar: Saber en qué andan los vecinos…


Abuela joven: (Al Hombre líder de El Coyolar). ¿Podrían dejar de apuntarnos como si fuéramos culpables de algo?


Hombre líder de El Coyolar: No, porque sí tienen cara de ser culpables de algo.


Marido: (A los suyos). Es cierto. Quiten esa cara. Tenemos que estar orgullosos de lo que estamos haciendo.


Mujer 2: (A la pareja líder de El Coyolar). Ustedes también se benefician.


Hombre líder del Coyolar: (Al ver que los de la poza hacen para salirse de ella, los apunta con el rifle). ¡Quietos!


Marido: ¡Por lo visto a ustedes ya les llenaron la cabeza con cosas en contra de nosotros!


Mujer 3: Deje de apuntarnos.


Mujer 2: Por lo menos escúchenos.


Abuela joven: ¡Ay, ya! ¡Por Dios! ¡Baje esa escopeta!


Hombre líder del Coyolar: ¡Ni bajo la escopeta ni bajo la guardia ni bajo la voz! ¡No quiero oír nada de ustedes!


(La Señora de las yerbas medicinales surge de entre la espesura. Trae un enorme ramo de matojos. Se acerca a la orilla de la poza. Con el ramo golpea varias veces el agua y produce pequeñas olas, al tiempo que recita un conjuro. Todos, como por un influjo, están liberados del miedo y relajados. La pareja líder de El Coyolar luce hipnotizada.).


Hombre líder de El Coyolar: (Baja la escopeta). ¿De qué estábamos hablando?


Marido: (Cruza con su grupo una mirada de extrañeza). Pues… De que estamos haciendo un camino para llegar al mar…


Hombre líder de El Coyolar: ¡Ah! Bien.


Marido: Por ahí sacaremos los productos y también la gente de afuera podrá visitarnos y nosotros podremos… (De súbito, la pareja líder de El Coyolar se marcha, en silencio). …explicarles otro día, si quieren…


Abuela joven: ¿Y eso? ¿Qué fue lo que les pasó? (La Señora de las yerbas medicinales esgrime el ramo en el aire).


Mujer 2: Lo que sea que tengan ésas yerbas… ¡funcionó!


Mujer 3: ¡Fue un milagro!


Señora de las yerbas medicinales: También son milagrosos los colores que toma esta poza en los días de calor. ¡Miren! (Vuelve a esgrimir el ramo. Todos exclaman asombrados por los colores del agua).


Abuela joven: ¡Es como si aquí se bañara el arco-iris!


Mujer 2: ¡Cuántos colores! ¡Qué maravilla!


Abuela joven: ¡Eso! ¡No hay que decir más! ¡Ése es el nombre para esta poza: “la Poza de las Maravillas”!


Mujer 2: (Grita). ¡Ay, Dios mío! ¡Pero si estamos todos medio chingos!


Abuela joven: ¡Pues a vestirnos, que si no aquí habrá más de un encantamiento!


(Todos y todas ríen y, en medio de un gran jolgorio, corren fuera de escena).


8
-El presente-


Alemán: (Entra junto con la Alemana). A mí me parece que sí merecen el dinero que pidieron a nuestra organización.


Alemana: ¡Sh! ¡Nos pueden oír!


Alemán: No. No hay nadie cerca. Ya me fijé.


Alemana: ¿No desperdiciaríamos la plata con ellos?


Alemán: Te digo que no.


Alemana: Hasta ahora, lo que hemos oído son las historias de cómo abrieron un camino, pero no hemos visto realizaciones que justifiquen el dinero de nuestra posible donación.


Alemán: ¿Y lo que nos mostraron hoy?


Alemana: ¿El bosque? Eso no lo hicieron estos.


Alemán: Pero las instalaciones y los senderos sí.


Alemana: Por lo visto, solo saben hacer caminos.


Alemán: ¿Y no es eso lo que queremos estimular con nuestras ayudas?


Alemana: A mí me falta ver más cosas concretas.


Alemán: En eso nos diferenciamos, porque a mí me basta la gente. (Salen).


9
-El pasado dialoga con el presente-


(Proyecciones: En una está la abuela joven, en la otra, la abuela mayor).


Abuela: (En proyección) ¡Cuántos cosas pasaron!


Abuela joven: (En proyección). Conforme avanzábamos se nos unía más gente, aunque siempre hubo quienes se nos opusieron. Yo temía encontronazos fuertes.


Abuela (Ídem): ¡Y los hubo!


(Luces especiales sobre Marido y sobre el Hombre de la montaña y la Mujer de la montaña. Ella está embarazada).


Mujer de la montaña: ¡Hay que detener esto! La carretera no podrá seguir por ahí, porque por ese lado está sembrada la yuca. ¡Se perdería la cosecha!


Marido: Pero sería solamente la cosecha de este año y…


Hombre de la montaña: ¿Y le parece poco?


Marido: …nosotros mismos los ayudaríamos con la siembra para el año entrante.


Mujer de la montaña: ¡Ah, sí! ¡Eso quisiera verlo!


Marido: Recuerde que el año pasado, cuando el río se desbordó y les inundó todo, nosotros vinimos a limpiar, a meterles el hombro con la preparación de los terrenos y a resembrar con ustedes.


Hombre de la montaña: ¡Ni yo ni los míos vamos a perder el trabajo de este año!


Marido: La ruta tiene que continuar…


Hombre de la montaña: Pues o se esperan a que cosechemos o pasan la carretera por encima del río.


Marido: ¿Y cómo van a sacar lo cosechado este año? La crecida borró el camino. Lo que hay es un trillo que hay que machetear para poder pasarlo.


Mujer de la montaña: ¡Pues lo machetearemos! ¡Así lo hemos hecho siempre!


Marido: La carretera evitaría ese problema.


Hombre de la montaña: ¡Hasta que viniera otra crecida y se la llevara!


Marido: No será así. Estamos construyendo en firme.


Abuela joven: (En pantalla). ¡Todos queríamos hacer un camino bien hecho!


Abuela: (En pantalla). No todos. Recordalo: al principio, no todos. Hubo que hacerles ver las cosas, en algunos casos muy sutilmente…


Hombre de la montaña: ¡Primero las cosechas! ¡No hay nada más importante!


Abuela joven: (Habla desde la proyección, a la Mujer líder de El Coyolar). Muchacha… ¿Cuánto tiene de embarazo?


Mujer de la montaña: Un tiempo.


Abuela joven: (Ídem). ¿Y dónde va a recibir a la criatura?


Mujer de la montaña: Con los míos, como debe de ser. Aquí, pues.


Abuela joven: (Ídem). ¿Y si el niño decide ver mundo, y usted… (Se persigna). -¡Dios no lo quiera!- …se complica?
Hombre de la montaña: (Hacia la proyección de la abuela joven). ¿Qué está diciendo? ¿Nos está haciendo brujería?


Abuela joven: (En proyección). ¡Virgen Santa! ¡No! Los estoy haciendo ver que la carretera no es solo para sacar productos, sino que puede hasta salvar vidas. (La pareja se marcha molesta).


Marido: (A la proyección de la abuela joven). Perdimos esta guerra.


Abuela: (En proyección). ¿La perdimos? (Sale el Marido. La proyección de la abuela adulta se desvanece. Se mantiene la proyección de la abuela joven. La abuela adulta entra a escena. Viene en bata de dormir y trae un té, interactúa con la proyección).


Abuela joven: (En proyección). Yo nunca creí que los de El Coyolar nos apoyaran; sin embargo, al final…


Abuela: ¡Bastante al final! Siempre hubo algunos que ni hicieron el propio por entender de lo que se trataba.


Abuela joven: (Ídem) No. Ni siquiera cuando elevamos la voz.


Abuela: En realidad, no gritamos tanto, porque estábamos convencidos de que cuando hay mucho gritón, lo que termina por verse es que detrás hay intereses personales y poca solidaridad...


Abuela joven: (Ídem). Queríamos el bien colectivo.


Abuela: Pero no todos aportaron ni participaron en la toma de decisiones, aunque, luego, algunos de aquellos fueron de los más beneficiados...


Abuela joven: (Ídem). Yo no recuerdo que alguien hablara sin aportar algo.


Abuela: ¡Ah muchacha más desmemoriada! Muchas veces no fue así y costó llegar a consensos.


Abuela joven: (Ídem). Siempre hubo mejores soluciones entre todos.


Abuela: ¡En eso sí que estamos de acuerdo! ¿Por qué costará tanto que algunos lo entiendan? (Sale. Desaparece la proyección).



10
-Solamente el pasado-


(Las proyecciones muestran cómo se abre la espesura y caen árboles, que desgarran las ramas y la selva. Atrás se ven las siluetas de los que trabajan en la voltea.
En diferentes puntos de la escena luces especiales iluminan al Marido y a diferentes vecinos).


Vecina 1: ¡Ya verán que les daremos guerra!


Marido: ¡Es por el bien de todos!


Vecina 2: ¿El bien de todos? ¡El bien de ustedes!


Hombre 2: ¡Ustedes son los más beneficiados!


Marido: ¡Todos hemos perdido mercadería por no tener esa ruta!


Vecina 1: ¡Si quieren acabar con el problema, cómprense un avión!


(Burlas de los vecinos).


Vecino 2: N’hombre. Con suerte y quieren que les hagamos el aeropuerto


(Nuevas risas. Se apagan las luces especiales).


11
-El presente-


(La Abuela está sentada frente a la computadora).


Nieta: (Entra). ¡Abuela! ¿Todavía levantada? ¿No le parece que es un poco tarde?


Abuela: Y si no, ¿a qué hora practico? ¡El oficio de la casa no me da chance!


Nieta: ¿Cómo va con esto?


Abuela: Muy bien.


Nieta: ¿Muy bien?


Abuela: Sí. ¿Por qué se extraña?


Nieta: Como usted es de otros tiempos…


Abuela: (Sonríe, pícara). ¡Aténgase al santo y no le rece! ¡Estos son mis tiempos! Y ahora déjeme sola. Tengo que conectarme a Skype. (Musita). Tengo novio.


Nieta: ¡Ay, abuela! Podría ser que usted tuviese problemas con la computadora, pero nadie le gana con el sentido del humor.


Abuela: ¿Quién dice que tengo problemas con la computadora?


Nieta: Mejor me voy a acostar. ¡Buenas noches! (Besa a la abuela y sale).


Abuela: ¡Y resulta que la vieja soy yo! (Se coloca unos audífonos. Teclea con propiedad en la computadora. En proyección aparece la pantalla de Skype. Se amplia la foto de usuario: se mira una imagen de un caballo muy hermoso. La abuela habla, coqueta). Hola, Percherón. Aquí la Gaviota.


Voz de hombre: (En off). Saludos, Gaviota.


Abuela: Ya tengo la base de datos guardada en otros soportes, pero mejor que también la tengás vos.


Voz de hombre: Enviámela. Es lo mejor.


Abuela: Aquí va. (Intermitencia de luces).


Voz de hombre: Recibido. Gracias. Suerte.


Abuela: Gracias a vos… Mi “percherón”… (Ríe).


Voz de hombre: ¡Buenas noches!


Abuela: Si no me voy a acostar todavía. Voy a seguir escribiendo mi obra de teatro.


Voz de hombre: ¿La de la construcción de la carretera?


Abuela: Si. “La ruta”.


Voz de hombre: ¡Suerte! ¡Hasta mañana!


Abuela: ¡Adiós! (La proyección varía; se convierte en una página del programa Word, donde aparece lo que la abuela digita. Se escucha la voz de la abuela). Pasaron los días, pasaron los meses. La mayoría de los conflictos se resolvían con negociaciones. Cada parte cedía en algo, pero no siempre, y hubo quienes quisieron imponerse. Los que no aceptaron la voluntad de los demás, cayeron en resentimientos…”


12
-El pasado que bulle-


(Entran el Hombre 3, el Embozado, el Hombre líder de El Coyolar y el Hombre de la montaña).


Hombre 3: ¿Qué es lo que está pasando? ¡Ya hay varias comunidades que trabajan juntas! No sé cómo convencieron a los líderes, pero, si siguen así, ahorita completarán el tramo hasta Bejucal.


Embozado: No crea, jefe. Hay mucha gente en contra, dispuesta a impedirlo.


Hombre 3: De Bejucal sí que no pasarán. Los de Bejucal no somos de trato fácil.


Embozado: (Con intención). Los conozco.


Hombre 3: (Por el Hombre líder de El Coyolar y el Hombre de la montaña). Espero que éstos dos sean de los que estén en contra, porque no veo para qué los trajo.


Embozado: Son líderes de El Coyolar y de la Ceiba. Están dispuestos a unir a los lugareños de sus pueblos para detener el avance de la carretera.


Hombre líder de El Coyolar: Aquella es gente peligrosa. Tienen una bruja con ellos. ¡A nosotros nos doblegaron con brujería! De nada valió que yo anduviera armado.


Hombre de la montaña: Traté de hablar con ellos, pero no me hicieron caso. Yo no puedo perder mis sembradíos de yuca. Mi esposa está embarazada y cuento con ese dinero. ¡No puedo dejar que la carretera arruine mi cosecha!


Hombre 3: ¿Y qué proponen?


Hombre de la montaña: Los de Bejucal se nos unirán cuando nos vean juntos a los de El Coyolar y los de la Ceiba.


Hombre líder de El Coyolar: A los de Bejucal no les hará gracia que la carretera pase cerca.


Embozado: ¡Por supuesto que no! ¡Las sacas de guaro quedarían a la vista!


Hombre 3: Los del pueblo les cerrarán el paso.


Embozado: Trajeron un abogado del gobierno, y parece que lo que están haciendo los de La esperanza, no es de ley.


Hombre 3: ¡Tendrán que acabar con lo de la carreterita!


Embozado: Parece que el abogado hasta puede mandarlos a la cárcel.


Hombre 3: ¡Se lo merecen!


Embozado: Lo perderían todo.


Hombre 3: Ese proyecto quedará en cenizas, como quedó mi negocio. Cuando todo lo mío se incendió, no hicieron mucho por ayudarme.


Embozado: Hicieron lo que pudieron…


Hombre 3: No fue suficiente.


Embozado: ¿Por eso usted está en contra de la carretera?


Hombre 3: Más que por eso, porque no me partan la finca y después no valga nada. Si logran pasar Bejucal, siguen los canjilones. El camino ahí no podría seguir a la par del río. Tendrían que desviarlo y, por la ruta que se les ocurrió, de fijo querrán meterlo por entremedio de mi propiedad.


Embozado: Pero, según entiendo, apenas le quitarían un borde.


Hombre 3: Ni un pedacito, más que fuera. ¡No lo voy a permitir!


Embozado: Mmm… Bastaría con darles una pequeña orilla y…


Hombre 3: ¡Nada! De todas maneras, ya los de Bejucal impedirán que pasen.


Embozado: ¿Cómo se les habrá ocurrido traerse al abogado?


Hombre 3: Yo se los recomendé. (Sale, junto con el Hombre de la montaña).


13
-El pasado convulso-


(En proyecciones aparecen siluetas que se agitan. Los personajes de la escena hablan hacia esas siluetas. Las réplicas las dan imágenes en proyecciones.
A un lado, ocultos en proscenio, permanecen el Hombre líder del Coyolar y el Embozado).


Marido: (Se sobrepone al bullicio general). ¡Pero compréndanlo! De esta forma todos podremos sacar los productos con rapidez y, ¡quién quita y pronto los estemos mandando por el mar a otros países!


Lugareña 1: (En proyección). A ustedes les conviene, porque cosechan yuca y papas, pero nosotros no tenemos nada que sacar.


Embozado: Claro que sí: ¡guaro! Todos sabemos que no son verduras lo que se produce aquí. Van a tener que olvidarse del alambique. Con la carretera les decomisarán el guaro en dos patadas.


Hombre líder del Coyolar: ¡Dejen a la gente tranquila! ¡Váyanse con su carretera para otro lado!


Señora de las yerbas medicinales: ¡Imagínense que alguien enfermara de gravedad! ¡Con la carretera podríamos atender una emergencia!


Lugareña 2: (En proyección). ¿Y para qué está usted? ¿No es para curar a la gente con lo que aprendió de la Naturaleza?


Señora de las yerbas medicinales: A veces no basta con lo que sé y es necesario que otros aporten más opciones.


Marido: Para poder continuar necesitamos de ustedes. Sigue un tramo muy duro.


Lugareño 1: (En proyección). Debieron de pensarlo desde el principio…


Marido: Lo pensamos y se los mandamos a decir.


Lugareño 2: (En proyección). ¡Nunca nadie nos dijo nada! (El Hombre 3 toma al Embozado por el brazo y se retiran de escena).


Abuela joven: ¿Quién es la mayor de ustedes? (Silencio). ¿Puedo hablar con la mayor de sus mujeres?


(Las siluetas, convulsas, ríen y chotean).


Lugareña 1: (En proyección). Ninguna va a reconocer la edad que tiene.


Lugareño: (En proyección). A ver: la mayor de las chiquillas dé un paso al frente.


Lugareña 2: (En proyección). ¡La más vieja se murió hace cien años!


(Aparece una mujer mayor, envuelta en un hermoso y colorido rebozo.
Se aquietan las siluetas. Se difuminan las proyecciones).


Mujer de los telares: ¿Quién me busca?


Abuela joven: Yo.


Mujer de los telares: ¿Para qué soy buena?


Abuela joven: Esa es mi pregunta: ¿usted ayuda con la fabricación del licor?


Mujer de los telares: No. Hago textiles. Yo misma construí los telares. Procuro las fibras de la selva, hago del quirrilen un hilo grueso y firme, y de la palma un hilo suave, pero resistente. Las plantas me dan los colores más fuertes, gracias a la calidad del agua y la leña… El zumaque produce el rojo (Aparece el color en el ciclorama). El achiote da el naranja; y el amarillo: el achiotillo (Aparecen los colores). La gavilana y el jiquelite producen un verde profundo (Aparece). El azul de mata suelta tanto el celeste como el azul intenso (Aparecen los dos colores). La murta tiñe de morado (Aparece el color. Se completa una bandera de siete franjas). Con esos siete colores compongo camisas y camisolas, enaguas y cobijas con dibujos que se me aparecen en sueños.


Abuela joven: ¿Sólo usted conoce esos secretos?


Mujer de los telares: No. Ya todas saben hacer los textiles.


Abuela joven: ¿Y no creen que podrían mostrarlos y venderlos? ¡Muchos los disfrutarían así! (Silencio general). Sería un negocio muy productivo, y menos riesgoso que… que otros no tan legales. (Murmullo general).


Hombre con sombrero y lentes oscuros: (Aparece desde el fondo). De lo legal me encargo yo.


Señor de las yerbas medicinales: ¡Ah! Supongo que usted es el abogado que vino de la capital.


Hombre con sombrero y lentes oscuros: Soy.


Señora de las yerbas medicinales: Usted y yo tenemos qué hablar. Venga. (Sale con el Hombre de sombrero y lentes oscuros).


Embozado: (Salta, gritando hacia los que salen). ¡Oiga! ¡No se deje convencer con los cuentos extraños de esa mujer!


Hombre líder de El Coyolar: ¡Es bruja! (A la Mujer de los telares). Lo que quiere es hechizarlos a todos para que pierdan la voluntad. ¡Eso nos hizo en la poza de El Coyolar!


Hombre de la montaña: (Entra muy alterado). ¡Ayuda! ¡Necesito ayuda, por favor! Mi mujer está por parir… ¡Está muy mal ¡Se va a morir!


Lugareña 2: ¿Cómo? ¡Todavía no es tiempo!


Hombre de la montaña: ¡Se le está viniendo el güila! ¡O se muere la criatura o se muere ella!


Lugareña 2: ¡Hay que llevarla al hospital!


Lugareño 1: ¿En ese estado? ¿Por media montaña? No llegaría viva.


Marido: ¡Traigan una estera! ¡Vamos! Aunque la carretera todavía no está terminada, se puede pasar por algunos tramos que hemos abierto en la montaña.
Hombre de la montaña: (A la Abuela joven). ¡Usted tiene la culpa de todo! ¡Nos echó mal de ojo!


Marido: ¡No diga tonterías! Son cosas que pasan.


Abuela joven: En lugar de echarme la culpa, ¡muévase! ¡Salvaremos a su mujer!
(Todos apuran a salir, menos el Embozado y el Hombre líder de El Coyolar.
Lucen confundidos).


Hombre líder de El Coyolar: (Luego de una pausa, hace para ir tras el grupo, pero se detiene ante la impasibilidad del Embozado). ¿Usted no viene?


Embozado: (Luego de mirar largamente al Hombre líder de El Coyolar). Voy.


(Salen. El escenario permanece vacío brevemente.
El Marido regresa. En silencio mira el lugar. Avanza hacia el frente.
Desde el público le hablan los otros personajes).


Hombre 1: ¿Llegaremos hasta el mar?


Hombre 2: ¿Habremos hecho bien?


Marido: Hemos hecho bien. Ya salvamos dos vidas. Aunque fuese solo por eso, ya todo habría valido la pena.


Mujer 1: Falta bastante, y peor.


Mujer 2: ¡Hubiera sido mejor dejar todo como estaba!


Marido: ¿Para seguir botando la mitad de las cosechas?


Hombre 2: Pudimos sembrar otras cosas.


Marido: ¿Para seguir arriesgándonos a que nos atacara el tigre?


Hombre 1: Peor sería morir sin conocer el mar…


Marido: Ya salvamos dos vidas… ¡Y llegaremos al mar!


Hombre 1: ¡Todo ha valido la pena!


14
-En el presente-


Nieto: (Entra apurado). ¡Abuela! ¿Va a venir? ¡Ya la camioneta está lista!


Abuela: (Desde afuera). ¡Voy!


Alemán: (Entra con el Padre). ¡La abuela es maravillosa! Sabe conseguir lo que quiere.
Padre: A ella le debemos mucho por la unión de nuestros pueblos.


Alemana: (Entra con la Madre; luce un chal multicolor). Después de que se salvaron la mujer y el recién nacido, ¿se facilitaron las cosas?


Madre: Bueno… Para la gente fue más fácil entender que las obras de beneficio común también nos exigen ser menos egoístas y apartar los intereses personales.


Padre: Pero tu mamá tuvo mucho que ver.


Madre: Sí. Una vez que lograron calmar a los de Bejucal, fue ella quien organizó a las mujeres de allá.


Padre: Hizo grupos de trabajo…


Madre: …y cada uno se planteó como vender sus textiles a los primeros visitantes que llegaran cuando la carretera estuviera concluida.


Nieto: Les enseñó que si en forma individual no se pueden satisfacer las necesidades, lo mejor es unirse solidariamente para resolverlas entre todos.


Padre: Cuando nos dimos cuenta… ¡hasta una tienda tenían!


Madre: ¡Y vendieron y venden sin intermediarios!


Padre: ¡Tienen una industria que rescata y preserva la identidad local!


Alemana: ¡Son telas hermosísimas!


Madre: ¡Veo que ya les compró una!


Alemana: Varias.


Padre: Nosotros suponíamos que los de Bejucal serían los que más se opondrían, y fíjese, resultaron ser los más apuntados y responsables. Han sido fundamentales en todo lo que montamos luego.


Italiano: Pero… Ustedes hicieron la carretera para sacar las cosechas… ¿Cuándo cambiaron de idea para hacer turismo rural?


Nieta: La ruta nos permitió apreciar más todo lo maravilloso que nos rodeaba, y decidimos traer gente para que también lo disfrutara. (Coqueta, al italiano). ¿Usted se ha fijado bien en las bellezas del lugar?


Italiano: ¡Por supuesto!


Madre: (Aparta a la Nieta). Y fíjese siempre estamos alerta cuando alguien quiere sacarle provecho a los atractivos de esta zona…


Padre: Aquí todos trabajamos y manejamos la cosa directamente.


Alemana: ¿Igual que en Europa? ¿Luego de que cubren los gastos reparten los excedentes entre todos según lo que trabajó cada uno?


Padre: Sí.


Alemana: ¿Y si los gastos son cubiertos desde afuera?


Padre: ¿Ah?


Alemán: (Interrumpe). No es momento para esa pregunta.


Alemana: Pero es legítima, ¿no?


Alemán: No. Es mal intencionada. No amerita respuesta.


Abuela: (Entra con una bolsa y cajas). A ver, a ver… Aquí están las meriendas. (Reparte). Cada uno cuida la suya, se la come cuando quiera, y ¡buen provecho! (Al Padre). ¡Vámonos! ¡Nos espera la Poza de las Maravillas!


Padre: ¡Un momento suegrita! Algo está pasando aquí y me gustaría saber de que se trata. (Silencio incómodo).


Alemana: Bueno… Parece que llegó la hora de hablar.


Alemán: Si.


Alemana: En realidad nosotros no somos turistas.


Abuela: ¡Ah! ¡Espías!


Alemana: Vinimos para evaluar la organización de ustedes.
Padre: Pero… ¿para qué?


Alemán: Ustedes solicitaron una donación al fondo de cooperación internacional de nuestro gobierno.


Padre: ¿Cómo? ¿La donación aún no está aprobada?


Alemán: No.


Padre: Pero ya nosotros cumplimos con todos los requisitos.


Alemana: Pero yo me opuse, hasta no comprobar el destino de los fondos..


Padre / Abuela: ¿Cómo?


Alemana: No se ofendan, pero no sería la primera vez que nos tratan de engañar.


Padre: Y ahora… ¿de qué depende la ayuda?


Alemana: De nuestra recomendación. (Silencio).


Abuela: ¿Y ganamos o perdimos?


Alemana: (Luego de otro silencio incómodo). Si ustedes demuestran que es verdadera la historia que acaban de contar, yo apoyaré su gestión.


Abuela: (Al Alemán). ¿Y usted?


Alemán: Yo nunca he dudado en apoyarlos. Es más, recomendaré que se copien cosas que ustedes lograron. Como ven, no es a mí a quien hay que convencer.


Abuela: ¡Y yo que de verdad creí que eras turistas! Caras vemos, corazones no sabemos. ¿Y el italiano?


Italiano: ¿Yo qué?


Abuela: (Con mucha intención, a la Nieta). No creo que viniera solamente a ver florcitas del campo…


Italiano: Vine a comprar textiles.


Abuela: No mienta, o le crecerá la nariz como a Pinocho, que también es italiano.


Italiano: Non capisco niente!


Abuela: Sí que “capisca”, y muy bien. Si no capiscara tanto, no hubiera intentado copiar nuestra base de datos.


Padre / Madre / Nieto / Nieta: ¿Cómo?


Abuela: (A la Madre). Esta mañana te pidió la computadora para mandar unos correos, ¿verdad?


Madre: Si.


Abuela: Pues de correos… ¡Niente! (Al Italiano). Confiese, mejor.


Alemana: ¿Es cierto?


Italiano: Yo le había contado al muchacho y a la señora que venía a recoger todos los datos posibles para crear nuestra cooperativa en San Giovanni, ¿no?


Padre: ¿Y para qué le sirve nuestra lista de contactos? Solo es útil para nosotros.


Italiano: Ma! ¡Era solo una listita!


Padre: Sí. Pero es nuestra lista, y además es información confidencial. A menos que… ¿No estará pensando en montar una empresa similar en este pueblo? ¡Por eso está tratando de robarse los clientes! ¡Para eso copió toda la información!


Abuela: Lo que copió fueron carpetas vacías.


Padre: ¿Cómo?


Abuela: Anoche saqué toda la información.


Nieta: ¡Ay, Jesús! ¿La borró?


Abuela: No. La pasé a otros soportes e hice respaldos en discos compactos.


Nieto: ¿Cómo hizo todo eso?


Abuela: Mi “ciber-novio” me enseñó.


Nieta: ¡Usted es una hacker!


Abuela: Todavía no, pero ya casi.


Italiano: Me avergüenzo. En verdad yo vine como turista, ¡lo juro!, pero después de ver lo que ustedes hicieron, decidí quedarme a desarrollar algo como ésto.


Padre: ¡Bonito cuento!


Italiano: ¡Siento mucha… mucha vergüenza!


Abuela: Sí. Bergoña! (Ríe). ¡Lo que hay que ver! Como lo dije: ¡nos copian lo que antes les habíamos copiado! (Al Italiano). Si de verdad quiere desarrollar un proyecto, nosotros lo ayudaremos… ¡Pero sin trampas! ¿Eh?


Madre: Pues ya que no hay turistas, y tenemos que ponernos a demostrar nuestra vida, me parece que no iremos a la Poza de las Maravillas...


Abuela: ¡Cómo no! ¡Hay razones de sobra para llevarlos! Además, no vamos a desaprovechar las meriendas que buen trabajo me costaron.


Padre: ¡A la Poza de las Maravillas! (Todos salen).


15
-Tiempo pasado-


Hombre 3: (Entra con el Embozado). ¡Convencieron a medio mundo! ¡Ya casi llegan a La Unión!


Embozado: Tranquilícese.


Hombre 3: ¡Estoy jodido!


Embozado: No se ponga así. ¿Ya negociaron con usted?


Hombre 3: ¡Nada! ¡Ni lo harán! ¡Con tanta gente que los apoya hasta podrían hacer un puente sobre el río y ya ni siquiera bordearían mi finca ¡Yo fui el que salí peor, porque la dichosa ruta ni pasará cerca de mis tierras!


Embozado: Aún quedan algunos dudosos.


Hombre 3: (Acusador). ¿Como usted?
Embozado: ¿Por qué lo dice?


Hombre: Porque si usted hubiera hecho bien lo que le tocaba, no estaríamos en estas. ¡Usted me falló! ¡Hasta pienso que lo hizo al propio!


Embozado: No. Yo iba bien con todo, hasta que pasó lo de la embarazada y se convencieron de apurar con la construcción del camino. De verdad que si no hubiera sido por la carretera, esa mujer habría muerto.


Hombre 3: Usted es un inútil.


Embozado: La noticia de cómo se salvó la mujer se corrió y…


Hombre 3: (Mira hacia fuera de la escena). ¿Quién es aquel tipo?


Embozado: (También mira afuera de la escena). Uno que dicen que llegó ayer desde la capital. Parece que se había ido del pueblo hace años.


Hombre 3: ¿Otro afuerino? ¡Mala seña!


Embozado: Viene con un camión. Va a ofrecer servicios.


Hombre 3: ¡Claro! Apenas supo de la carretera, vio la posibilidad de negocio.


Embozado: Viene hacia aquí.


Hombre 3: ¡Déjeme esto a mí! (El Embozado sale).


Padre joven: (Entra). Buenas…


Hombre 3: Buenas… Su cara me parece conocida…


Padre joven: Soy de por aquí, pero hace rato que ando afuera.


Hombre 3: ¿En la ciudad?


Padre joven: Si.


Hombre 3: ¿Y qué lo devolvió a estas tierras?


Padre joven: Uno vuelve al lugar de donde salió.


Embozado: ¿Para qué?


Padre joven: Para ver en qué se puede ayudar a que todo sea mejor.


Hombre 3: Le habrán hablado de la carretera...


Padre joven: Si. Parece que ya están por terminar.


Embozado: Eso dicen.


Hombre 3: Pero nunca se sabe, claro.


Padre joven: Lo que les falta para llegar a La Unión es muy poco. Solo un puente. De la capital traerán uno que se arma en poco tiempo.


Hombre 3: No será muy firme.


Padre joven: Parece que sí. Y luego, apenas serán unos metros para llegar al mar. Me dijeron que también querían hacer un muelle.


Hombre 3: Nunca se sabe, digo yo.


Padre joven: Tengo que hablar con alguien de los constructores.


Hombre 3: Por ahí andarán… (Entra la Abuela joven con la Madre (su hija), que luce veinteañera. La acompañan también la Señora de la Cocina y la Señora de las Yerbas Medicinales). ¡Caramba! ¡Parece que andaban más cerca de lo que yo creía!


Abuela: (Al Hombre 3). ¡Usted por aquí!


Señora de la cocina: Pensábamos que estaría ayudando a voltear el último poco de montaña.


Señora de las yerbas medicinales: ¿En qué anda por aquí? ¡Se le ve mal! ¿Busca médico? (Mueve las manos frente al Hombre 3). Parece que le está dando fiebre…


Hombre 3: ¡Bruja! (Toma el brazo del Padre joven). ¡Véngase conmigo! ¡Éstas no son buena compañía!


Padre joven: (Apenas le presta atención, embebecido en mirar a la Madre joven). Creo exactamente lo contrario. (Ella sonríe, coqueta).


Hombre 3: (Sotto voce). ¡Son brujas!


Padre joven: Y se nota. ¡Ya me hechizaron! (Se zafa del Hombre 3 y se acerca a la Madre joven).


Abuela: (Cruza miradas con las señoras mágicas, quienes también sonríen pícaras; luego, se interpone entre el Padre joven y la Madre joven). Usted… ¿Es de la capital?


Padre joven: No, de aquí, de La Unión, pero hace rato me fui a trabajar allá, hice algo de plata, compré un camión, y vine aquí a ver en qué soy útil.


Señora de la Cocina: (Pícara). Pues parece que en mucho…


Abuela: Sí. Vamos a necesitar un camión. Estamos por terminar una carretera que…


Hombre 3: ¡No la terminarán!


Señora de las yerbas medicinales: (Saca un cascabel y lo agita frente al Hombre 3). ¡Por los cuatro puntos cardinales, y por la mansión de los inmortales, sácate de aquí esperpento, regresa a los andurriales!


Hombre 3: ¡Bruja! ¡Bruja! ¡Bruja! (Huye del sitio).


Señora de la cocina: ¡Funcionó el hechizo!


Señora de las yerbas medicinales: ¿Cómo se te ocurre? Lo que funcionó para alejarlo es el miedo con el que siempre anda ese hombre. Como tiene la conciencia sucia, vive con temores. El miedo el peor enemigo que podemos tener.


Señora de la cocina: Pero ¿Y los cascabeles?


Señora de las yerbas medicinales: Nada especial. Una tontería para adornar. Ahora eso se usa mucho colgarlas al frente de la casa. (Al Padre joven). Usted que viene de la capital, lo sabe, ¿verdad?


Padre joven: (Sin dejar de ver a la Madre joven). Lo sé…


Abuela: ¡Lo que no sabe es de comportamiento!


Padre joven: (Se recompone). Disculpe. Es que… ¡Nunca había visto juntas a tantas mujeres hermosas! (Las Señoras gallardean). En especial… (A la Madre joven). ¡Nunca vi a una mujer tan bella!


Abuela: Pero… ¡Por Dios!


Padre joven: (A la Abuela). Si se nota que usted es la madre: ¡se le ve la herencia!


Abuela: (Desarmada). ¡Ay, bandido! ¡Ya te quedaste! (Todas ríen, muy coquetas).


(En el ciclorama se proyecta la caída de los árboles; luego entra la luz a raudales. Todos los personajes se incorporan a escena. Vivan).


Todos:
-Lo logramos.
-Volteamos la montaña.
-Construimos el puente.
-Hicimos la carretera.
-Llegamos a La Unión.
-¡Estamos en La Unión!


Hombre 1: (Destaca, hacia el frente). ¿Qué es aquello? ¿Qué es eso?


Mujer 2: ¡Venga! ¡Venga y vea!


Hombre 1: Un potrero… Un potrero enorme… Planito… ¡No!… ¡Se mueve!


Mujer 2: ¡Es el mar!


Hombre 1: ¿El mar? ¡El mar! Es…


Mujer 2: Todo eso es agua…


Hombre 1: No… Son lágrimas…


Mujer 2: ¿Qué le parece?


Hombre 1: Me parece que ya vi el Cielo.


Mujer 2: ¡Pero es el mar!


Hombre 1: Véalo bien: son lo mismo. El mar y el Cielo ¡son lo mismo!
Todos:
-Lo logramos.
-Volteamos la montaña.
-Hicimos la carretera.
-Construimos el puente.
-Llegamos a La Unión
-¡Estamos en La Unión!


(En Proyección, vuelve a verse la página del programa Word.
Letra a letra, aparece escrito el texto que la abuela dice).


Voz de la Abuela: (En off). “Llegar a La Unión fue maravilloso. Habíamos cumplido la meta. Las alegrías llegaban una tras otra. Una de las más grandes fue…”


(En escena, todos reaparecen, muy alegres y vivando. Música: La Marcha Nupcial. El Padre joven y la Madre joven lucen recién casados. La página de Word cede a una proyección donde se ve a ambos que se suben al camión, muy decorado de fiesta de bodas, y se marchan por la carretera).


16
-Tiempo presente, con memorias del pasado-


(Poza de las Maravillas. Bullicio y chapoteos. Gritería infantil.
Están la Abuela, la Madre, los nietos, el Padre y los extranjeros; todos, menos la abuela, en trajes de baño).


Padre: Durante el tiempo que estuvimos de luna de miel, la abuela tuvo acuerdos y desacuerdos en lo que tenía que ver con quién administraría la carretera y cómo se le daría sostenibilidad. Al abogado del gobierno lo convencieron de que se pusiera de nuestra parte, y se habló de pedir apoyo a la gente de la capital. Algo se consiguió, pero lo más importante fue que empezaron a surgir pequeñas empresas al borde del camino.


Abuela: (Sentada, haciendo picnic, rodeada de todos). Éste yerno mío, que ya había andado mundo, fue el que empezó con lo del turismo rural.


Madre: Y no solo nos habló de eso… ¡También se fue en palabras melosas!


Padre: Era una atracción natural, estaba escrito que teníamos que encontrarnos.


Madre: Así empezaste: hablando de que los objetos se atraían naturalmente y que por eso también todo lo social debería regirse por la atracción natural de las personas… ¡Bandido!


Alemán: ¿Y después?


Abuela: Después se casaron.


Alemán: No, no. ¿Qué pasó después con los proyectos de ustedes?


Abuela: Nos organizamos poco a poco. Algunos fueron a capacitarse, mientras los que nos quedamos, chineábamos la naturaleza y construíamos lo que hoy tenemos. Y que… (A la Alemana, con intención). …que esperamos que haya sido de su agrado.


Alemán: Sin duda. (A la Alemana). ¿No es cierto? (La Alemana lo mira, impasible). Terminada la carretera, ¿cómo les fue con las cosechas? ¿Qué pasó con las papas y la yuca?


Padre: La vida nos jugó una curiosa broma: Al principio queríamos sacar tubérculos, pero nos dimos cuenta de que estábamos más capacitados para ofrecer otras cosas.


Madre: Las primeras instalaciones que construimos eran muy sencillas. Todos llevamos muebles o aportamos algo de dinero.


Padre: Quien no podía dar mucho, le puso bonito con el trabajo.


Madre: Éramos pocos, pero nos repartíamos las tareas


Padre: Menos la de la redacción del estatuto que… ¿adivinen quién dijo que lo hacía? (Todos miran a la abuela).


Abuela: Ya mi marido había muerto. A mí era a la que le tocaba. (Sobreactuada). ¡Fue una de sus últimas voluntades!


Madre: Mamá: papá murió tranquilo, rodeado de todos nosotros, en la más hermosa tarde de verano que yo recuerde. Se fue en silencio y satisfecho con la vida, pero no delegó nada en usted, que yo recuerde.


Abuela: ¡Él habló conmigo sin que ustedes lo supieran!


Madre: ¡Ay, mamá!


Abuela: Aquí están los gallos. ¿Quién quiere de frijol y quién de queso? A ver, a ver, vengan. Es muy peligroso estar tanto al sol. ¡Se van a retostar! Tomen. Pónganse estos sombreros. Aquí hay sombreros de todos colores, para todos. (Reparte sombreros).


Padre: Con el tiempo decidimos cambiar el primer puente


Madre: Pero el segundo puente no quedó muy bien…


Padre: Es que lo hicieron los de la capital y siempre nos ha dado problemas con una platina. ¡Ya veremos cómo lo arreglamos nosotros! (Ríen).


Abuela: (A la Alemana). ¿Y usted? ¿Qué ha decidido?


(Como espectros, las Señoras de las yerbas medicinales y de la cocina aparecen por los flancos).


Alemana: (Luego de un largo silencio de suspenso). ¡Apoyaré su gestión!


(Todos aplauden y vivan).


Abuela: ¡Vengan, vengan! ¡Ya casi es mediodía y va a ocurrir el milagro de la Poza de Las Maravillas! ¡Todos los días se repite! ¡Todos los días se forma un arco-iris nuevo! ¡Todos los días hay un milagro! (Las señoras mágicas elevan sus manos al cielo. En el ciclorama empieza a aparecer el arco-iris, tenue al principio. Conforme descienden las luces, se intensifica, hasta llenar el espacio total).




17
-Tiempo futuro-


canción final


i
Hemos sembrado un nuevo bosque
donde antes hubo un erial.
Hemos construido nuevas rutas
con manos de solidaridad.


Ii
Hemos derribado los muros
con gran voluntad ardiente
de gente que construye tiempo,
tiempo que construye gente.


IIi
Hemos tendido férreos puentes
donde había precipicios.
Hombres y mujeres, todos
entrelazaron sus destinos.


IV
Cayeron todas las barreras
con el poder tan valiente
de gente que construye tiempo,
tiempo que construye gente.


v
El futuro es una construcción
en la que aportan los pueblos
defensores de su destino
de sus tierras y su tiempo.


Vi
Hemos alcanzado el futuro
con el esfuerzo perenne
de gente que construye tiempo,
tiempo que construye gente.




FIN DE LA OBRA LA RUTA



Autor: Jorge Arroyo.
Currículo literario y artístico



Libros


  • Para aprisionar nostalgias. Poesía. San José: Editorial Costa Rica, 1984.
  • Cuerpo de mimbre. Poesía. Heredia: Universidad Nacional (EUNA), 1985.
  • Sentencia para una aurora. Teatro. San José: Teatro Nacional, 1991.
También en la Antología Drama Contemporáneo Costarricense -1980-2000-, de Carolyn Bell y Patricia Fumero. San José: Universidad de Costa Rica, 2000.
  • Azul Marlene. Teatro. San José: Teatro Nacional, 1997.
  • Dos obras y una más. Teatro. (Incluye: Con la honra en el alambre; El surco entre la flor y el labio y La tertulia de los espantos). San José: Editorial Costa Rica, 2000.
  • La patria primera: hombres de fecunda labor. Teatro. San José: Imprenta ICAR, 2002. También en Revista Escena, # 58. San José: Universidad de Costa Rica, 2006.
  • La tea fulgurante: Juan Santamaría o las iras de un dios. Teatro. Alajuela: Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, 2005.
También en San José: Editorial Costa Rica, 2006.
Actualmente en prensa: San José: Editorial Jadine.
  • Figueroa: notario de la patria inédita. Teatro. San José: Editorial Universidad Estatal a Distancia (EUNED), 2005.
  • La romería. Teatro. San José: Editorial Universidad Estatal a Distancia (EUNED), 2009.
  • Félix el puma y la gran carrera. Novela infantil. San José: Alfaguara, 2012.
  • Trío. Teatro. San José: Gráfica Litho Offset, 2012.


Obras en revistas


  • Ayer, cuando me decías que me querías. Teatro. Revista Escena, # 7. San José: Universidad de Costa Rica, 1982.


Principales lecturas, estrenos y reestrenos en Costa Rica


  • L'ánima sola de Chico Muñoz. Estreno 23 de agosto de 1985. Teatro del Ángel. Reestreno: 11 de abril de 1997. Teatro Arlequín. Reestreno: 7 de julio de 2005. Teatro Lucho Barahona. Reestreno. Teatro Municipal de Alajuela. 29 de octubre de 2011.
  • La chupeta electrónica. Estreno: 14 de agosto de 1986. Sala de la Calle 15.
  • Con la honra en el alambre. Estreno 13 de marzo de 1987. Teatro del Ángel.
  • Mata Hari: sentencia para una aurora. Estreno: 13 de septiembre de 1996. Teatro J. J. Vargas Calvo (Teatro Nacional de Costa Rica).
  • Fantasma por error. Estreno el 11 de marzo de 1994. Teatro La Comedia. Reestreno 23 de noviembre del 2007. Teatro Municipal de Alajuela.
  • La entrada de Jesús en Jerusalén. Estreno: 9 de abril de 1995. Calles de la ciudad de Alajuela.
  • La Batalla de Rivas. Estreno 11 de abril de 1995. Estadio Alejandro Morera Soto, de Alajuela.
  • Albores. Estreno: marzo de 1997. Fachada de la antigua Catedral de Santiago (Ruinas de la Parroquia). Cartago.
  • Leyendas. Estreno: 22 de marzo de 1997. Estadio Fello Meza. Cartago.
  • Azul Marlene. Estreno 9 de mayo de 1997. Teatro Lawrence Olivier.
  • La tertulia de los espantos. Estreno: 24 de julio de 1997. Teatro de la Aduana. Compañía Nacional de Teatro. Reestreno: 30 de enero de 2007: inauguración del Teatro Municipal de Alajuela.
  • El surco entre la flor y el labio. Estreno: 9 de octubre de 1997. Teatro J. J. Vargas Calvo. (Teatro Nacional de Costa Rica).
  • La patria primera -hombres de fecunda labor-. Estreno: 24 de junio del 2002. Colegio de Santa Ana. San José. (2002, 2003, 2004 y 2005: giras a más de 60 instituciones pedagógicas y culturales del país).
  • Figueroa: notario de la patria inédita. Primera lectura dramatizada: 5 de diciembre de 2003. Archivo Nacional de Costa Rica. Estreno: 11 de junio de 2009. Teatro de la Aduana. Compañía Nacional de Teatro.
  • La Tea fulgurante: Juan Santamaría o las iras de un dios. Estreno: 2 de abril de 2004. Auditorio Juan Rafael Mora Porras. Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, de Alajuela. (2004, 2005, 2006 y 2007: giras por más de 100 instituciones pedagógicas y culturales del país).
  • Costa Rica: formación de una nación. Estreno: 19 de agosto de 2008. Museo Nacional de Costa Rica. (Se mantuvo en temporada durante 2008, 2009 y 2010).
  • La Romería. Lectura dramatizada: 13 de noviembre de 2008. Centro Cultural de España. Estreno: 7 de mayo de 2009. Teatro de Cámara, de la Compañía Nacional de Teatro. Reestreno: 13 de agosto de 2009. Teatro de Artes Dramáticas. Universidad de Costa Rica.
  • Retablo Navideño. Estreno: 8 de diciembre de 2011. Teatro Municipal de Alajuela.
  • La ruta. Estreno: 27 de abril de 2012. Teatro 1887, de la Compañía Nacional de Teatro. (Centro Nacional de la Cultura CENAC. Instalaciones del Ministerio de Cultura y Juventud).


Algunas lecturas y estrenos internacionales


  • 1995: 8 de setiembre. Mata-Hari: sentencia para una aurora. Lectura auspiciada por las Embajadas de Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Upper Brooke House (Londres, Inglaterra).
  • 1995: 27 de setiembre: Mata-Hari: sentencia para una aurora se estrenó en el Festival Latinoamericano de Monólogos. Auditorio Ramón Frade (Cayey, Puerto Rico).
  • 1995: 24 de octubre: Mata-Hari: sentencia para una aurora inauguró el XX Festival Internacional de Teatro de Oriente. Teatro Cajigal. (Barcelona de Anzoátegui, Venezuela).
  • 1997: 22 de setiembre: La Tertulia de los Espantos inauguró el Primer Festival de Teatro Centroamericano. Teatro Nacional de Panamá (Panamá).
  • 2001: 15 de marzo: Mata-Hari, Sentencia para una Aurora, traducida al portugués por Edmundo de Novaes, se estrenó con producción del Grupo Odeón Companhia Teatral. Teatro Marilia (Belo Horizonte, Minas Gerais, Brasil).
  • 2002: 31 de enero: Mata-Hari, Sentencia para una Aurora se reestrenó en la 28 Campaña de Popularización del Teatro y la Danza. Teatro Marilia (Belo Horizonte, Minas Gerais, Brasil).
  • 2002: 4 de mayo: Fantasma por error se estrenó en el Teatro en Círculo, (Panamá, Panamá).
  • 2002: 6 de mayo: Valentino, la soledad del halcón, tuvo su primera lectura en el Teatro en Círculo (Panamá, Panamá).
  • 2003: 7 de febrero: Mata-Hari, sentencia para una aurora. Teatro do Centro da Terra (Sao Paulo, Brasil).
  • 2006: 22 de setiembre: Azul Marlene. Teatro Hecho a Mano (Cochabamba, Bolivia).
  • 2011: 16 de noviembre: La Romería (A Romaria). Lectura en el Centro Cultural Espaço Mezcla. Traducción de Renata Meffe Franco. (Juiz de Fora. Minas Gerais Brasil).
  • 2012: 21 de noviembre: La Romería (A Romaria). Lectura en el Centro Cultural Espaço Mezcla. (Juiz de Fora. Minas Gerais Brasil).


Artículos
Tiene un extenso corpus de artículos de opinión, reportajes y ensayos, publicados en revistas nacionales y extranjeras, y en los periódicos de Costa Rica durante 30 años.


Fotografías
 
 
La ruta, de Jorge Arroyo. 2012
 
 
 




     




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