Dicen las paredes, de Ailyn Morera, dramaturga de Costa Rica


Ailyn Morera



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Dicen las paredes

(2012)

 

De:

Ailyn Morera

 

PERSONAJES

 

Gabriela- 30 años                              

La Niña- Sobre 10 años (la actriz no debe actuar de Niña)

Bernal-   Sobre 55 años.

El padre- Sobre 35 años.

La Madre- Sobre 30 años.

 

1.  Se propone que durante todo la obra Gabriela esté en escena, “la mirada de sus recuerdos”.

 

Domingo, en el comedor de la casa de Gabriela y Bernal. Junto a la mesa, Gabriela lee el periódico. Bernal prepara espaguetis a la amatriciana)

 

Bernal- Por supuesto que soy un hombre de ciudad.

 

Gabriela- Ya no se puede caminar por esta ciudad, huele a mierda. Y no me salgás con que si viviéramos en la Edad Media sería peor.

 

Bernal- Acordate que tiraban los meados por las ventanas.

 

Gabriela- (Entre risas) ¡Claro que me acuerdo! (Pausa) ¿Por fin qué decidiste, vas a buscarte otra asistente?

 

Bernal- Creo que sí.

 

Gabriela- Pues deberías de pensar en cambiarte de oficina; con dos asistentes ya no vas a caber ahí, ¿no te parece?

 

Bernal- Lo estuve pensando, pero quiero... ¿Tenés mucha hambre?

 

Gabriela- Bastante.

 

Bernal-  Lo lógico sería alquilar una oficina cerca de dónde vamos a vivir. (Pausa) ¿Y si nos vamos  cerca del mar? Es tu sueño, ¿no?

 

Gabriela-  ¡Del mar! ¿Vos viviendo cerca del...? Pero si no soportás un grano de arena en los pies...

 

Bernal- No es para tanto... Con vos a mí lado soy capaz de resistirlo todo.

 

(Cariñoso lanza beso a Gabriela y tras breve pausa revisa tomates en canasta)

       

Bernal- Estos tomates están madurados a la fuerza.

 

Gabriela- No sé... Aquí es casi imposible vivir, pero en la montaña, cada día es más peligroso.

 

Bernal- Se compran verdes, es mejor dejarlos madurar en casa que ...

 

Gabriela- Es una lástima... con este clima...¡viste qué día!

 

Bernal- Sólo falta el mar... Aunque en verdad, con una piscina me conformo.

 

(Bernal prueba un bocado, y del mismo le da a probar a Gabriela)

 

Bernal- ¿Qué te parece?

 

Gabriela- Un poco pasado de mantequilla.

 

Bernal- Ese es el problema básico entre vos y yo: la mantequilla. Para vos poco es mucho, y para mí, mucho es poco.

 

Gabriela- Entre mucho y poco hacemos un buen balance.

 

Bernal- Propongo una terapia de pareja con un especialista, un mantequillólogo: El único problema con mi mujer es que no le gusta que le ponga mantequilla  a nada... (Continúa cocinando)

 

Gabriela- ¡Qué exagerado!

 

Bernal- A la larga te hacés adicta a la mantequilla.

 

(Gabriela se detiene en una noticia específica. Lee detenidamente en voz baja.  Podría entrar la Niña. Después de un silencio prolongado, Gabriela continúa revisando el periódico.

 

 

Gabriela- ¿Qué decías?

 

Bernal- Que a la larga te hacés adicta a la mantequilla. El mantequillólogo te someterá a una hipnosis y te quita el miedo.

 

Gabriela- ¿Hipnosis?

 

Bernal- Es la única forma de acercarse al misterio de tu rechazo a la mantequilla.

 

Gabriela- Bernal...

 

Bernal- Sería interesante, ¿no te parece?

 

Gabriela- ¿Pensás que algún día se pueda esclarecer el caso de papá?

 

Bernal- ¿Y qué hay que esclarecer?

 

Gabriela- No lo sé. Quedaron... puntos…dudosos que....

 

Bernal- … ¿Y a qué viene esa pregunta?

 

Gabriela- ¿Crees que hay dudas sobre la verdad?

 

Bernal- En el caso de Julio todo quedó muy claro.

 

Gabriela- ¿Seguro?

 

Bernal- En el juicio no quedó duda razonable.

 

Gabriela- Según el Morocho, sí.

 

Bernal- ¿Quién?

 

Gabriela- El Morocho, ¿no recordás quien es el...?

 

Bernal- ¡Vaya quién lo dice: el propio asesino! ¿Quién te ha dicho semejante tontería?

 

Gabriela- El periódico.

 

Bernal- ¿El periódico?

 

Gabriela- El periódico.

 

                (Bernal mira desconcertado el periódico, Gabriela muestra noticia y Bernal la lee)

 

Gabriela- El Morocho quiere revelar la verdad.

 

Bernal- (Con sorna) ¿¡La verdad!?

 

 

Gabriela- (Lee) “Tras cumplir veinte años de condena en la cárcel, Carlos Martínez, alias el Morocho, salió libre el día de ayer y amenaza con revelar el entresijo político del que fue víctima..”

 

Bernal- ¡Qué hijueputa!

 

Gabriela- (Interrumpe retomando la lectura)  “El Morocho insiste en que el caso de la muerte del juez Julio Bermúdez, fue una muerte de traición, ajuste de cuentas entre los mismos jerarcas que tenían el control del poder...”

 

Bernal- (Interrumpe) ¡Pobre Julio!  

 

(Gabriela deja de leer el periódico. Bernal la abraza, la besa. Luego sirve la mesa. Silencio)

 

Gabriela- ¿Cómo saber que miente?

 

Bernal- ¡Sentido común, Gabriela!

 

Gabriela- ¿Cómo saber que no miente?

 

Bernal- Gabriela, por favor. El Morocho sale de la cárcel, lo manipulan con intereses políticos, y claro, es la oportunidad de hacer un culebrón.

 

Gabriela-  Dice que puede demostrar que hay muchos cabos sueltos...

 

Bernal- Sí, pero, vamos... ¿Qué va a decir? La verdad la tienen los vivos, ¿ah? ¿Y por los otros, por tu padre, quién va a hablar?

 

Gabriela- Vos.

 

Bernal- Claro que sí. Hablé una y mil veces; hablaría las veces que sean necesarias pero entendé que no tiene sentido. Son muchos años...

 

Gabriela- 20 años.

 

Bernal- ¿No ves que hay intereses políticos...?

 

Gabriela- Han pasado 20 años.

 

Bernal- Tu padre merece descansar en paz. Y vos tenés que protegerte.

 

(Tras breve pausa va por el espagueti)

 

Bernal- ¡Lo que nos faltaba! Que esos cabrones hagan un festín del pobre Julio.

 

                (Pausa)

 

Bernal- ¡Espaguetis a la amatriciana, justo como te gustan!  (Sirviendo el plato de ella) ¿Así?

 

(Gabriela afirma. Pausa. La NIÑA que ha encontrado un espejo se mira. Cambio de luz)

 

Gabriela-  Recuerdo que me llamabas... me llamabas...

 

La Niña-  colibrí...

 

Gabriela- … Así me llamabas...  ¿Cómo sería si estuvieras? ... Quizá fue en mayo, sí, es mayo cuando cae el agua con toda su fuerza…adoro mayo, esa lluvia fuerte, a veces ceniza, a veces goterones deslizándose por las paredes, por los edificios, esos aguaceros fuertes que golpean con tanta pasión el techo de la casa... Sabés, papá adoro mayo... y junio porque sigue lloviendo con más fuerza. Julio porque llueve, llueve con ese ardor de la lluvia que sabe que tiene que caer. Cada gota con sus brazos abiertos para mojarlo todo... para humedecerlo...Los árboles, la ciudad, el mar... ¿Sabés qué siente el mar cuando lo penetra el agua del cielo? ¿Qué sentirá?.... Me pregunto si tiene la sensibilidad de lo húmedo, de lo mojado... Y cuando llega el sol, ¿extrañará la lluvia?... No lo sé Papá,… no lo sé…

 

 (Cambio de luz)

 

 

Bernal- ¿Te gusta?

 

Gabriela- …¿Qué…?

 

Bernal- ¿El espagueti…?

 

Gabriela- ¿por qué dijiste que yo debo protegerme? ¿Protegerme de qué?

 

Bernal- Yo no he dicho eso.

 

Gabriela- Si dijiste que…

 

Bernal- …Quise decir que con esa gente no hay que meterse… ¡Ni con sus sombras!  ¿Entendes?

 

(Gabriela nota algo en el rostro de Bernal, lo mira detenidamente)

 

Gabriela- …¿Qué te pasa?

 

Bernal- ¿A quién?

 

Gabriela- ¿Qué es eso?

 

Bernal- ¿Eso, qué?

 

Gabriela- ¿Por qué te ponés así?

 

Bernal- ¿Así, cómo?

 

Gabriela- Te ponés rojo, la piel... Te sube un ...

 

Bernal- ¿Qué? ¿Qué tengo?

 

Gabriela- Ronchas rojas... en el cuello, en la cara.

 

Bernal- ¿Ronchas?

 

Gabriela- Rojas, muy rojas.

 

Bernal- Será una alergia.

 

Gabriela- No sabía que padecés de alergias.

 

Bernal- Yo tampoco; digo que puede ser una alergia.

 

Gabriela- Pero, cómo, ¿no sabés si es una alergia?

 

Bernal- No sé... Digo que puede ser. Dame un espejo.

 

Gabriela- Cada vez son más rojas.

 

Bernal- ¿Dónde hay un espejo?

 

Gabriela- En la frente también...

 

Bernal- Pasame un espejo.

 

Gabriela- Y en la oreja.

 

Bernal- ¿En las dos?

 

Gabriela- El espejo se quebró.

 

 

(Cambio de luz)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2.

 

 

(Es de noche. En la sala de los padres de Gabriela, cuando Niña. En una de las paredes cuelga un espejo. La Niña mira televisión, se escucha en segundo plano música que identifica el programa “El corre caminos”. Sería mejor si al lado de la Niña estuviera un perro echado. Entra la Madre, viste una falda azul y una blusa blanca; trae un sobre, que no suelta en ningún momento; se dirige a la salida, intentando irse  sin ser advertida por la Niña. Se escucha llover.)

 

La Niña- Mamá, ¿para dónde vas?

 

La Madre- (Le hace gesto de silencio) Ya regreso. A papá le duele la cabeza...

 

(La Madre intenta salir. La Niña la detiene inoportunamente)

 

La Niña- ¿Por qué?

 

La Madre- ¿Por qué, qué?

 

La Niña- ¿Por qué le duele?

 

La Madre- Porque... trabaja... trabaja mucho.

 

La Niña- Entonces, que no trabaje tanto.

 

La Madre- Ya se lo he dicho. ¿Y tu suéter? ¿Dónde está tu suéter?

 

La Niña- No sé. 

 

(La Madre busca el suéter, lo encuentra y ayuda a la Niña a ponérselo, sin soltar el sobre)

 

La Niña- Mamá, ¿verdad que no vamos a abandonar a Olafo?

 

La Madre- Gabriela, creo que es mejor que Olafo se quede.

 

La Niña- Va a llorar.

 

La Madre- Tenemos que irnos y es difícil llevarlo. (Se dirige a la puerta)

 

La Niña- ¿Por qué tenemos que irnos?

 

(La Madre mira a la Niña y decide acercarse nuevamente a ella)

 

La Madre- Porque tu papá cambió de trabajo.

 

La Niña- ¿Ya no es abogado?

 

La Madre- Sí, sí, pero... trabajará en otro lugar.

 

La Niña- ¿Para que ya no le duela la cabeza?

 

La Madre- Sí: para que ya no nos duela la cabeza.

 

La Niña- Olafo sólo me tiene a mí.

 

La Madre- Los perros no tienen memoria.

 

La Niña- Él sí tiene.

 

La madre- Ya verás como ese sinvergüenza nos olvida.

 

La niña- Olafo sabe quién soy yo, por eso mueve la cola cuando llego de la escuela.

 

La madre- Pronto se le olvida.

 

La Niña- Él no me va a olvidar porque sabe que yo lo quiero.

 

 

(Pausa breve)

 

La Madre- Ya regreso. (Besa a la Niña)

 

(La Niña se levanta con la intención de acompañar a su madre)

 

La Niña- Yo te acompaño.

 

La Madre- (Bruscamente) ¡No!... Regreso pronto.

 

(La Madre saca dos chocolates de su bolso y se los da a la Niña. Al salir la Madre se detiene ante el espejo, se mira por unos instantes. Durante el monólogo la madre sale)

 

Gabriela-  Esa noche comí chocolates... porque a papá le dolía la cabeza... Y vos mamá, ¿sabías algo?... Te recuerdo... callada... sí, silenciosa. ¿Por qué? ¿Acaso papá...? ¿Le tenías miedo? Cuando te pienso, mamá, te veo pálida, como en la etapa de tu enfermedad. Eso es: palidez... Pálida ante papá, palidez para defender a mi perro. Decolorada ante la vida. Te fuiste tan joven, mamá... Sabés, fui a una actividad del colegio y me puse tu vestido negro, aquel de muchos botones, como el ciempiés... Yo... querría saber más de tu vida... y de la de papá, ¿se amaban?  ¿Supiste qué pasó con papá? ... ¿Por qué el silencio? ¿Qué fue lo que ocurrió? (Pausa) A vos te mató el cáncer y a papá... ¿quién?...  ¿quién, mamá, quién?  ¿Por qué te mató el cáncer, mamá? ¿Tenías secretos? Dicen que los secretos pueden matar... Siempre pensabas en el qué dirán,  siempre ocultándolo todo, a tu propia familia, qué nadie se enterara ¿de qué?  ¿Temías algo? Odiaba cuando me advertías que no contara en la escuela quien era mi padre.  ¿Qué podía contar yo mamá? Odiaba tu reacción cada vez que yo te preguntaba por mi padre. ¿A quién odiabas mamá, a mi padre o a mí?

 

 

 

3.

 

(Sábado. En el comedor.  Bernal de espaldas a Gabriela mira  a través de la ventana y podría revisar  teléfono celular)

 

Bernal- Gabriela, por favor, esto es masoquismo...

 

Gabriela- ¿Cómo era?

 

Bernal- Ya te lo he dicho: fue un hombre trabajador, tenía buen humor...

 

Gabriela- ¿Qué hacía cuando salía del trabajo? ¿Por qué regresaba tarde a casa?

 

Bernal- ¡Yo qué sé! Eso debió decírtelo tu madre.

 

Gabriela- ¿No salías con él a tomar un trago, o...?

 

Bernal- En ese tiempo éramos hombres casados.

 

Gabriela- ¿Y...? (Pausa) Mamá nunca volvió a hablar de él. (Pausa) ¿Le gustaba leer?

 

Bernal- ¡Yo que sé!  pero vamos Gabriela, no te hagas daño.

 

Gabriela- Entendeme, siento un nido extraño en mi conciencia.

 

Bernal- Mi amor, tu conciencia es la más limpia que he conocido. ¿De qué te preocupás? 

 

Gabriela- Yo…

 

Bernal- …Los padres mueren. En este momento somos vos y yo, y nuestra casa nueva,  los hijos que vienen, nuestros sueños. ¡Hasta estoy decidido a irme a vivir a la playa!

 

Gabriela- ¿Qué hizo mi padre?

 

(Silencio)

 

Gabriela- ¿Qué hizo mi padre?

 

Bernal- Gabriela, han pasado 20 años.

               

Gabriela- Veinte años de su muerte. ¿Por qué?

 

Bernal- Gabriela, no te permito que sigás torturándote. ¿Qué pretendés, ah? 

 

Gabriela-  ¿Por qué después de 20 años el Morocho quiere… ?

 

Bernal- Lo están utilizando; y el cabrón se está prestando, a saber cuánto le están pagando. 

 

Gabriela- Quizá pero… ¿y si es verdad?

 

Bernal- Nadie supo lo que pasó exactamente.

 

Gabriela- Exactamente... ¿Qué significa “exactamente”?

 

Gabriela. Fuiste su amigo, trabajaste con él. Pasaste a su lado más años de los que pasó conmigo. Mamá decía que vos sabías todos sus secretos.

 

Bernal-  No creo. Nunca se llega a conocer los secretos de nadie.

 

Gabriela-  ¿Te hablaba de mí?

 

Bernal- Siempre. Ya te lo he dicho.

 

Gabriela- Me pregunto qué música escuchaba, sobre qué leía, si es que leía; qué autores le gustaban. Las imágenes que tengo son... siempre en el teléfono. (Imitando a su Madre) Julio, es el señor tal. Julio, es fulanito. Julio, dice que es urgente, Julio, tu secretaria, Julio, Julio, Julio... ¿Qué pudo ser tan terrible?

 

                (Pausa)

 

Bernal- Una vez íbamos de prisa para una reunión, hicimos un alto cerca del Hospital y vimos a un muchacho desangrándose tirado en el caño. Julio corrió al hospital para traer la ambulancia pero no fue posible porque,-en aquel tiempo- las ambulancias respondían, únicamente, si se les llamaba por teléfono.  Entonces, Julio regresó y él mismo tomó al muchacho, lo metió al carro y lo llevó al hospital… Ahí lo dejamos en emergencias.  Julio tenía un buen corazón, a pesar de todo.

 

Gabriela- ¿A pesar de qué?

 

Bernal- De que nadie es perfecto Gabriela, ¡nadie!

 

(Silencio. Gabriela podría buscar cercanía con Bernal)   

 

Gabriela- Sabés, el día que hice mi Primera Comunión, mamá me disfrazó con el vestido que a ella le hubiera gustado llevar. Me peinó al estilo pastel de boda. Ese día amanecí enferma y vomité... Por suerte no me ensucié el vestido, sólo los zapatos... Mamá me atendió como pudo. Ahora sé que extrañaba a mi padre... Él hubiera colaborado... y a mamá no se le hubiera arrugado el traje. Fue ese día...el día de mi Primera Comunión, cuando escuché decir: Julio no murió, lo... (Pausa)

 

Gabriela- ¿Me entendés?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4.

 

(Gabriela y la niña)

 

La Niña- Yo soy...

 

Gabriela- Soy...

 

La Niña- Yo...

 

Gabriela- Así...

 

La Niña- Cuando juego rayuela, a veces me tropiezo y...

 

Gabriela- A veces me siento tan pesada que no logro levantarme.

 

La Niña- Juego a volar, pero el viento no me levanta.

 

Gabriela- Y no me levanto.

 

La Niña- No me levanta.

 

Gabriela- Tan pesada...

 

La Niña- Me siento...

 

Gabriela- ¿Cómo me sentía?

 

La Niña- Siento nidos en el pecho.

 

Gabriela- No puedo olvidar.

 

La Niña- Sí, nidos de grillos en mi pecho.

 

Gabriela- Siento que...

 

La Niña- ¡Papá!

 

Gabriela- ¿Qué hiciste?

 

La Niña- Papá, las niñas sí jugamos a los vaqueros.

 

Gabriela- ¿Qué hiciste papá? Por qué te ...

 

La Niña- Sí, ¿por qué?

 

Gabriela- No puedo pronunciar la palabra...

 

La Niña- Sí, ¿Por qué? ¿Por qué las Niñas no juegan a los vaqueros?

 

Gabriela- ¿Qué hiciste papá?

 

La Niña- Ahora recuerdo, sí....

 

Gabriela- Papá... él, Olafo, ¿por qué me obligaste a dejarlo?

 

La Niña- Sí, los vaqueros matan porque son vaqueros.

 

Gabriela- Papá, el perro orinó sangre cuando la casa quedó vacía, cuando me despedí de él, Olafo orinó sangre.

 

La Niña- Te lo dije papá, Olafo va a llorar.

 

Gabriela- ¿Qué hiciste, papá?

 

La Niña- Papá, es mi perro.

 

Gabriela- ¿Qué pudo ser tan terrible?

 

La Niña- Papá, Olafo va a llorar.

 

Gabriela- ¿Qué?

 

La Niña- ¿Papá?

 

Gabriela- ¿Papá?

 

La Niña- ¡Papá...!

 

Gabriela- No puedo pronunciar la palabra.

 

La Niña- ¡No!

               

(Pausa)

 

Gabriela- Sabés, papá... El día de mi Primera Comunión escuché decir: “Su padre no murió, lo mandaron a matar”.

 

(Ambas quedan inmóviles. Irrumpe sonido de lluvia. Cambio de luz)

 

 

 

 

5.

 

(Es de noche. En la habitación de los padres de Gabriela, cuando Niña. Al fondo, una ventana. La Madre y el Padre preparan valijas que sugieren mudanza. La Madre viste una falda azul y una blusa blanca; está concentrada en la acción. El Padre interrumpe continuamente la acción de hacer valija caminando de un lado a otro. Constantemente observa cauteloso hacia la ventana. En la extraescena se escucha la transmisión de la teleserie infantil “El correcaminos”. La Niña, sigilosa, observa en la puerta sin ser advertida por los padres. Se escucha llover)

 

 

El Padre- Todo lo he hecho por vos. Por vos y por la niña. No es que quiera... pero todo te lo he dado. Todo lo que has querido. Sos la única de tu familia que tenés este nivel de vida... ¿Y qué te he pedido? ¿Ah? ¿Qué te he pedido? Nunca te... Bueno, tampoco ha sido necesario, pero... (Levanta la voz) ¿Qué te cuesta? (Pausa) Perdón, sabés que yo.... Y si te pedí que lo hicieras, es porque sólo vos podés hacerlo, ¿no entendés?

 

(Ella lo mira, él esquiva la mirada, se asoma a la ventana, mira hacia todas las direcciones, como buscando algo en el exterior. Luego se acerca a la mujer)

 

Si te pido que llevés el sobre es porque...  Solo tenés que ir a la oficina de Cristóbal Castro, él te está esperando. Nadie te va a reconocer. Mañana ya no estaremos aquí. (Pausa) Ya sé que te duele dejar esta casa, pero te prometo que compraremos una mejor.

 

La Niña (Saliendo de escondite)  Papá…

 

El Padre- ¿No estabas viendo la televisión?

 

La Niña- Ya empaqué la comida y la cama de Olafo.

 

El Padre- Te dije que no lo podemos llevar.

 

La Niña- Él no puede quedarse solo.

 

El Padre- (Violento) ¡Dije que no!

 

(La madre reacciona. La Niña lo mira detenidamente por unos instantes, luego finge salir y se queda escondida sin ser advertida por los padres)

 

El Padre- Una casa no es para toda la vida. Los gustos cambian, ya sabemos que necesitamos una cocina más amplia, ésta nunca te gustó y...

 

(Suena teléfono. El Padre espera que ella conteste, ella lo mira sin intención de contestar, él la mira, ella no contesta. El timbre deja de sonar)

 

El Padre- ¿Por qué no...?

 

La Madre- No es para mí.

 

El Padre-  Esta bien, está bien...No me digás nada.

 

 

(La Madre lo mira detenidamente por unos instantes y continúa empacando. El Padre se asoma cauteloso por la ventana, mira hacia todas las direcciones)

 

La Madre- Gabriela hace la Primera Comunión la próxima semana. ¿Cómo vamos a hacer?

 

El Padre- No sé...

 

El Madre- ¿No sé? Se trata de la Primera Comunión de tu hija.

 

El Padre- Por mí, que no la haga. Ya te dije que...

 

La Madre- ¿Qué decís? ¿¡Qué no la haga!? 

 

El Padre- No he dicho eso, digo que... falta una semana. Ya veremos...

 

La Madre- Julio, es la Primera...

 

El Padre- Sí, claro que vendremos.  Si es solo por un rato, no veo por qué no...

 

 

(Suena teléfono. El padre espera que ella conteste, ella lo mira sin intención de contestar, él la mira, el timbre continúa sonando, él la mira y ella contesta)

 

 

La Madre- Aló... aló....aló... (cuelga)

 

El Padre- Hoy han llamado varias veces.

 

 

(El padre se asoma cauteloso por la ventana, mira hacia todas las direcciones)

 

El Padre- No han parado de llamar, de llamar y colgar, de llamar y colgar.... (Con gesto contundente, le da el sobre a la Madre) Tenés que entregarlo.

 

La Madre- ¿Por qué yo?

 

El Padre- Por favor, no me lo hagás más difícil. Ayudame por favor.

 

 

(La Madre mira el sobre y no lo toma. Saca labial y espejo del bolso, se mira)

 

 

El Padre-(Irritado)  ¿¡Para dónde creés que vas!?

 

 

(La Madre se pinta quedamente los labios. Irrumpe un sonido. El padre se aleja de la ventana.  Silencio)

 

El Padre- ( Aterrado) ¿Qué fue eso?

 

La Madre- Un trueno... ¿Será?

 

La Niña-  (Saliendo de su escondite, mordaz)  No. Es la televisión. Cuando el coyote corre detrás...

El Padre- ¡Gabriela!

 

La Niña- Papá, ya sé por qué no podemos abandonar a Olafo.

 

La Madre- ¿Por qué?

 

La Niña- Porque sólo nos tiene a nosotros.

 

 

(La Madre le sonríe  con cierto pesar)

 

 

El Padre- (Enojado) ¡Gabriela, por favor!

 

La Niña- Papá, ¿por qué...?

 

El Padre- Lo dejaremos en libertad.

 

La Niña- Va a llorar.

 

El Padre- Pues que llore.

 

La Niña- Se va a morir.

 

El Padre- Conseguiremos otro.

 

La Niña- Yo no quiero otro, quiero a Olafo.

 

La Madre- ¿En libertad?

 

 

(Suena el teléfono. El Padre espera que la Madre conteste, ella lo mira sin intención de contestar, él la mira, la Niña intenta contestar, la Madre reacciona y toma el auricular rápidamente)

 

La Madre- Aló... aló... aló... (Cuelga)

 

El Padre- (Autoritario) Gabriela, vaya a ver la televisión.

 

 

(La Niña finge salir y se queda escondida sin ser advertida por los padres. Silencio. El padre le da el sobre a la Madre, ella lo toma. El mueve débilmente la cabeza como en señal de agradecimiento. La Madre lo mira. La Niña sale a la sala. La Madre va con el sobre hacia la sala. El Padre queda de espaldas, mirando cauteloso  a través de la ventana. Cambio de luz)

 

 

 

 

6.

 

(Otro Sábado. Bernal habla por teléfono. Gabriela escucha sin ser advertida  por Bernal)

 

Bernal-  Bien, bien, pero no acepto errores (…) ¿Qué querés cabrón? (...) ya! ya! pero te lo dije hace años, era mejor que se lo… (…) Mañana a primera hora, sin falta, (…)  por teléfono no

 

(Bernal descubre a Gabriela, ésta irá a sus libros)

 

Bernal- Sí, y pórtate bien cabrón, hacé lo que te digo y hacelo bien. (…) No te preocupes  (…) A la orden. (Cuelga)

 

 (Bernal retoma la cocina)

 

Bernal- ¡Me quedaron al punto! ¿Te has dado cuenta de que me hice un experto en berenjenas? El humus no me queda nada mal... Descubrí el ingrediente secreto, ni los árabes lo hacen mejor. No creás, he pensado en patentar la receta... La de las berenjenas, claro. Con ese toquecito de fruta, no hay quien me supere... ¿Un vinito?

 

(Gabriela afirma y Bernal sirve las copas)

 

Bernal- ¡Salud, por mi reina de las galaxias!

 

        (Gabriela sonríe)

 

Bernal- ¿Estás bien? ¿Te pasa algo?

 

Gabriela-  ¿Con quién hablabas?

 

Bernal- Te referís a la conversación… ¡Ah, mi esposita me espía! Me da vergüenza decirlo  pero es un cabrón, un viejo amigo, que su mujer lo denunció por violencia doméstica. ¡Cabrón ya se lo había advertido!

 

Gabriela- ¿Y lo vas a defender?

 

Bernal- No, ¡por supuesto que no! Lo voy a asesorar para que llegue a un acuerdo con su mujer. Eso es historia vieja.

 

(Pausa)

 

Gabriela- Si logran interesarse en analizar una estrofa, será todo un logro... (Lee del libro) “De noche y día veo los martirios, de día y noche veo al encadenado...”

 

Bernal-  ¡Pobres!  Los vas a torturar. ¿No hay poesías más... bonitas?

 

Gabriela- No seas ignorante, Bernal: esto es de Neruda.

 

Bernal-  ¿Neruda?

 

Gabriela-  ¡Neruda!

 

Bernal- Lo que no entiendo es que... si el mundo no es precisamente una poesía, ¿para qué insistir en lo feo que es... y justamente con poesía?

 

Gabriela- Precisamente, ahí está el quid de la existencia; la creación, lo bello frente al horror. (Lee del libro) “Al rubio, al negro, al indio escribiendo con manos golpeadas y fosfóricas en las interminables paredes de la noche”.

 

Bernal- (Mirando hacia arriba) ¡Perdón, Maestro: no entendí nada! (besa a Gabriela en la frente)

 

Gabriela- (Riendo) ¡Ignorante!

 

Bernal- ¡Lo acepto! Pero soy tu cocinero, tu chofer,  tu masajista, tu entrenador

            y tu loco enamorado.

 

        (Pausa)

 

Gabriela- Estuve en la cárcel.

 

Bernal- ¿En la cárcel?  ¿En cuál?

 

Gabriela- Donde trabajaste.

 

Bernal- Trabajé con todas.

 

Gabriela- Ya casi la empiezan a restaurar.

 

Bernal- Ah, ¿ya comenzaron?

 

Gabriela- No.

 

Bernal- ¿Entonces?

 

Gabriela- ¿Qué?

 

Bernal- ¿Qué fuiste a hacer?

 

Gabriela- Tuve curiosidad de ir.

 

Bernal- ¿Curiosidad? ¿Fuiste a la cárcel porque tenías curiosidad?

 

Gabriela- Sí. ¿Por qué no? Muy pronto la van a convertir en museo. En este país, todas las vergüenzas las convierten en museos. ¿Te has fijado en eso?

 

Bernal- ¿En qué?

 

Gabriela- El Cuartel General hoy es el Museo Nacional. La Penitenciaria Central, el Museo de los Niños... ¿Sabés qué nombre le van a poner?

 

Bernal- ¿Cuál?

 

Gabriela- No, no sé. Pregunto. (Pausa) Nunca imaginé que tendría el valor de entrar allí. ¿Coordinador de cárceles? Así se llamaba tu puesto.

 

Bernal- Antes; ahora no sé... Espero que tengás suficiente hambre, cociné para un ejercito.

 

Gabriela- En las paredes había dibujos.

 

Bernal- ¿Dibujos? Ah, ya me imagino qué clase de garabatos...

 

Gabriela- Graffitis. Hay graffitis en las paredes y palabras; algunos versos, oraciones... palabras.

 

Bernal- ¿Por qué ir a ese lugar? ¿A qué?

 

Gabriela- Necesitaba ir.

 

Bernal- ¿Por qué?

 

Gabriela- Lo necesitaba.

 

Bernal- ¿Por qué no me lo dijiste? Yo te hubiera acompañado pero decime por qué.

 

Gabriela- Estaba el nombre de papá.

 

Bernal- ¿Por qué insistís en hacerte daño? A vos, a tu padre, a tu familia.

 

Gabriela- Es el nombre de papá.

 

Bernal- Imaginá cuántos Julios existen. Julios reos, Julios padres, hermanos de reos, Julios amigos, amantes de reos...

 

Gabriela- Es el nombre de papá: Julio Bermúdez... mi padre.

 

                (Breve pausa)

 

Bernal- ¿Te parece que ponga la vajilla cuadrada?

 

(Bernal espera respuesta, al no obtenerla decide sacarla)

 

Gabriela- ¿Sabías que en la celda donde estuvo el Morocho hay un dibujo?

 

Bernal- ¿Un dibujo?

 

Gabriela- Más bien un mural.

 

Bernal- En todos los calabozos hay garabatos.

 

Gabriela- El mural refleja la rabia del Morocho... el día que mataron a papá.

 

Bernal- (Firme) Gabriela, no voy a permitir que te sigás atormentando con este  estúpido juego de pólvora. ¿Qué crees, que a mí no me afecta revivir la muerte de Julio?  Me da asco toda esa historia, ¡asco y dolor!

 

Gabriela- Eso mismo siento yo, dolor, mucho dolor.

 

Bernal- Entonces, dejá el asunto en paz. Que todo eso es un circo de esos hijueputas para quedarse en el poder.

 

Gabriela- Fue muy fuerte ver en las paredes la rabia del Morocho contra papá.

 

Bernal- Ni siquiera sabés si se trataba de tu padre.

 

Gabriela- Sí, es mi padre.

 

Bernal- Tampoco sabés si allí estuvo realmente el Morocho.

 

(Gabriela saca un papel del mismo cuaderno donde escribe y le muestra)

 

Gabriela- Te dice algo esta fecha.

 

(Bernal no contesta. Gabriela saca papel del cuaderno)

 

Gabriela- (Lee) “¡Qué Dios no te salve, Julio, el señor no es contigo, maldito político, tu injusticia te la cobran tus propios cómplices y maldito eres en esta hora de tu muerte!. El Morocho”. (Guarda el papel en el mismo cuaderno) Tiene la fecha del día de la muerte de papá.

 

Bernal- No debiste ir.

 

Gabriela- Según esas paredes, no fue el Morocho quien mandó a matar a papá.

 

Bernal- No debiste ir.

 

Gabriela- ¿Y si es cierto eso de que lo mataron sus cómplices?

 

Bernal-  Esas son habladas de criminales.

 

Gabriela- Cómplices, ¿de qué?

 

Bernal- ¡Pobre Julio!

 

Gabriela- ¿Pobre?

 

Bernal- Ya todo pasó y a los muertos hay que dejarlos en paz. (Pausa) El mantel, ¿dónde está el mantel? Ah, sí...

 

(Bernal saca el mantel y en adelante irá poniendo la mesa. Gabriela corre sus libros a un lado de la mesa. Silencio)

 

Gabriela- En la misma celda hay... una especie de revelación.

 

Bernal- ¿Revelación?

 

Gabriela- Sí, del Morocho. (Saca otro papel del mismo cuaderno donde escribe y lee)  “El asesino del “crimen del Monte” es el hijo del presidente”... (Pausa) “Pero el juez Julio Bermúdez le puso el culo a esos corruptos, y aquí estoy yo, pagando la deuda de ese delincuente.  El Morocho”

 

Bernal- Para un reo, la ley es un crimen.

 

Gabriela- ¿Sí?

 

(Bernal que ha servido la mesa, sirve el plato de Gabriela)

 

 

Bernal- Su ley es la única que conocen.... No tienen valores para... discernir. Si crecieron como animales ¿qué van a saber de justicia? Por eso es que Julio y cualquier otro que la ejerza, somos sus enemigos. Cenemos, que se va a enfriar.

 

Gabriela- Es raro... querer tanto a alguien... sin saber realmente quién es, ¿no te parece?

 

Bernal- A mí me conocés más que nadie.

 

Gabriela- No lo decía por vos... (Pausa) ¿Creés que me enamoré de vos porque fuiste cercano a papá?

 

(Bernal se le acerca y le acaricia el cabello)

 

Bernal- Yo también te amo, es lo que importa.  ¡A comer se ha dicho!

 

Gabriela- (Casi amorosa) Está bien, pero antes necesito que me confirmés lo que ya sé...Quiero oírlo de tu boca.

 

Bernal- Gabriela, yo...

 

Gabriela- Vos lo sabés, fuiste su mejor amigo. Trabajaste con él...

 

Bernal- Eso no significa que yo...

 

Gabriela- Puedo entenderlo... Al fin y al cabo se trata de mi padre... ¿Es verdad que se vio obligado a encarcelar al Morocho… para encubrir al hijo del presidente? ¿Verdad?

 

                (Silencio)

       

Gabriela- (Casi suplicante) Me harías un gran favor quitándome este peso de encima.

 

(Después de una breve pausa, Bernal afirma. Pausa)

 

Bernal- Luego los amigos de julio investigamos muy bien su muerte. El Morocho lo mandó a matar.

 

                (Pausa)

 

Gabriela- Entonces, el morocho aplicó su propia justicia.

 

Bernal- Nadie se explica por qué Julio hizo lo que hizo. (Pausa) Para mí es difícil decirte esto…

Gabriela- … Al fin y al cabo se trata de mi padre.

 

 

 

7.

 

El padre juguetón le canta a la madre, podrían bailar. La niña podría jugar)

 

 

El padre- “Amores, mucho amores habrás tenido María bonita, María del alma, pero ninguno tan bueno ni tan honrado  como el que hiciste que en mi brotara”

 

 

(El padre sale).

 

La madre- Gabriela, tenés que lavarte las manos antes de comer.

 

La niña- Las tengo limpias.

 

La madre- En apariencia sí pero hay microbios.

 

La niña- Yo no veo los microbios, ¿dónde están?

 

La madre- No se ven pero están ahí.

 

La Nina- Y porque soy un colibrí se me pasan los  microbios. 

 

La madre- Sos una niña;  a veces un colibrí y una monita que sube a los arboles y desde arriba puede verlo todo.

 

La Nina- Pero los monos son feos y los colibrís bonitos.

 

La madre- Mnnn, no creas, las monas también son bonitas y astutas, muy astutas.

 

La niña- ¿Y por qué son astutas?

 

La madre- Porque logran vencer el miedo.

 

 

(Gabriela podría mirar fotos y recortes viejos de periódicos sobre el asesinato de su padre, los coloca cronológicamente y lee. Entra Bernal con sobre en la mano. Gabriela guarda inmediatamente los periódicos).

 

 

Bernal- ¡Mi reina de las galaxias!

 

Gabriela- ¿Y eso? Tan temprano.

 

Bernal- Te traigo una sorpresa que no puede esperar. Cerra los ojos.

 

(Gabriela cierra los ojos. Bernal saca del sobre dos boletos y juega con ellos)

 

Gabriela- ¿Qué es?       

 

Bernal- Ah! Vas a ver. Solo imaginá que a partir de este momento tendremos una nueva vida.

 

Gabriela- ¿Ya?

 

Bernal- Paciencia, paciencia que lo bueno hay que saborearlo.

 

Gabriela- ¿Qué es?

 

Bernal- Paz.

 

(Gabriela abre sus ojos, toma los tiquetes)

 

Gabriela- ¿Nos vamos de viaje?

 

Bernal-  Nos vamos a vivir una nueva aventura. Italia, ¡adorás Italia!

 

Gabriela- ¿En este momento?

 

Bernal- Es este momento es lo mejor para los dos.

 

Gabriela- ¿Pero así? Tan repentino….yo no puedo abandonar el trabajo…

 

Bernal- …Pedís un permiso sin goce de salario.

 

Gabriela- Un viaje tan lejos hay que pensarlo muy bien.

 

Bernal- ¡Vamos mi amor! Ya lo pensé suficiente. Es lo mejor para los dos en este momento. El circo electoral apenas empieza.

 

Gabriela- Por ahora no quiero viajar.

 

Bernal- Pero si ya compré los tiquetes.

 

Gabriela- Debiste consultarme antes.

 

Bernal- Gabriela, es un regalo necesario para tu salud. A mí me toca cuidarte, protegerte…

 

                (Cambio de luz)

 

Gabriela- (para si) Mamá, los secretos me dan... sí, eso…como antes, ¿te acordás? Cuando las sombras invadían las paredes de mi habitación, y entonces vos venías y me dabas fortaleza para vencer el miedo. ¿Por qué mamá?, ¿por qué dejaste que el miedo apagara tu conciencia y tu poder?

 

La madre- ¡Ay mi niña!,  esos invisibles microbios nos pueden hacer una infección muy dolorosa.

 

                (Cambio de lu

               

Gabriela- No  voy a viajar. No quiero abandonar a mis estudiantes.

 

Bernal- Pensalo un poco más. Pensá en tu salud. Si queres te vas sola…o …con una amiga. Pensalo bien, mi amor. Lo único que quiero es lo mejor para vos. 

 

(Bernal abraza y besa a Gabriela. Cambio de luz. La Nina y la madre)

 

La niña- Mamá, Otra vez soñé con Olafo.

 

La Madre- Eso significa que él está feliz.

 

La niña- Mamá, ¿cuándo termina la  muerte de papá?

 

La madre- La muerte no termina.

 

 

8-

 

(Viernes. Es de noche. En el comedor de la casa de Gabriela y Bernal. Gabriela termina de cocinar. Bernal entra del exterior, trae sobre y viste traje con corbata. Se quita el saco)

 

Bernal- Esto es un diluvio... ¿Cómo estás?

 

Gabriela-  Y vos, ¿qué tal?

 

Bernal- (Besa a Gabriela) Bien... Pero, bueno: ¿cómo has sido capaz de intervenir en el área del especialista de la novelle cuisine?

 

(Bernal se quita la corbata y la deja en una silla)

 

Gabriela- Pues ya ves: Hoy decidí cocinar yo.

 

(Gabriela pone la mesa. Bernal podría  servirse un trago)

 

Bernal- No me voy a quejar, con el hambre que me traigo.... No me dio tiempo de almorzar. Huele rico, ¿qué es?

 

Gabriela- Ya verás.

 

Bernal- Se me fue el día en reuniones... Quiero dejar todo en orden con los clientes para irnos tranquilos.

 

Gabriela- ¿Irnos? Ya te dije que no voy a viajar.

 

Bernal- Si, pero estoy seguro de que lo vas a pensar mejor. 

 

(Gabriela mira que Bernal enciende velas que están sobre la mesa. Gabriela le sirve a Bernal arroz y frijoles)

 

Bernal- ¿Qué es ésto?

 

Gabriela- Arroz y frijoles.

 

Bernal- ¿Arroz y frijoles?

 

Gabriela- (Señalando) Sí. Este es el arroz y éstos los frijoles.

 

Bernal- ¿Te ayudo a terminar de cocinar?

 

Gabriela- No es necesario, gracias.

 

Bernal- Pero... ¿sólo arroz y frijoles?

 

                (Gabriela afirma)

 

Bernal- Sabés que no me gustan.

 

Gabriela- ¡Qué pena! Lo había olvidado.

 

(Pausa)

 

Bernal-. No te preocupés. ¿No vas a comer?

 

Gabriela- No.

 

Bernal- (Saca sobre de su saco y muestra a Gabriela) Me llegaron cotizaciones de unas casas bellísimas, justo frente al lago Como, se ven acogedoras. Quedé en que el fin de semana confirmamos. La zona es un paraíso; arriba en la montana esta la casa con vista al lago ¡imaginate! Un paraíso… Es lo que queremos, ¿no?, pienso en que es lo mejor para una eterna luna de miel, ¿qué te parece?, y para criar niños. En el mapa se ven las callecitas estrechas serpenteando la montana… y el paisaje, Gabriela, el paisaje de esa zona es envolvente, ¿qué te parece? Hay que decidirlo este fin de semana porque no somos los únicos que la queremos…, Ah y estaríamos muy cerca de la frontera con Suiza… ¡una belleza! ¿no vas a comer?

 

Gabriela- No tengo hambre.

 

Bernal- ¿Y qué hiciste hoy? Te llamé en la tarde y no...

 

Gabriela- Fui a ver al Morocho.

 

Bernal- ¿El Morocho?

 

Gabriela- Sí, el Morocho.

 

Bernal- ¿Qué Morocho?

 

Gabriela- Me lo dijo todo.

 

Bernal- ¿Fuiste a buscar a ese hombre? ¡Estás loca, Gabriela!

 

Gabriela- Hablamos largo y tendido.

 

Bernal- ¡No puedo creerlo! ¿Fuiste sola a buscar al asesino de tu padre?

 

Gabriela- ¿Sabés quién me dio la bienvenida?

 

Bernal- ¡No lo puedo creer!

 

Gabriela- Rocky. (Ríe) ¡Más pulguiento!

 

Bernal- ¿Estás hablando en serio? 

 

Gabriela- Es impresionante el Corazón de Jesús que tienen en la sala, de yeso, claro, pero ocupa casi toda la pared.

 

Bernal- Gabriela; ¡es un delincuente!

 

Gabriela- ¡Ah! También tienen un San Nicolás que se mueve de un lado a otro, tun tun tun...

 

Bernal- ¿De qué estás hablando?

 

Gabriela- Es raro, ¿verdad? Si todavía no es Navidad... Está un poco dañado, pero se mueve.

 

Bernal- ¿Y fue capaz ese hijue`puta de decirte que mató a tu padre?

 

Gabriela- Me contó que lo había amenazado de muerte, por encarcelarlo injustamente y...

 

Bernal- Lo amenazó y lo mandó a matar.

 

Gabriela- Me juró que no lo mató él. Ah, sabés que tenían en una esquina, una niguenta[1]. Tenía años de no ver una.

 

Bernal- Gabriela...

 

Gabriela- ¿No vas a comer nada?

 

Bernal- ¿Qué más?

 

Gabriela- Ah, sí... Me dijo que después de que papá lo encarceló, varios de su banda siguieron a papá para matarlo...

 

Bernal- …Y lo mataron.

 

Gabriela- ¡¿Me dejás hablar?! Papá negoció con el Morocho y aceptó hablar con un periodista, Cristóbal Castro, para revelarlo todo.

 

(Bernal inquieto se levanta y podría encender un cigarrillo. Pausa)

 

Bernal- Bueno, ¿y qué más te dijo?

 

Gabriela- Papá le prometió al Morocho sacarlo de la cárcel.

 

Bernal- Julio jamás hubiera negociado con un tipo como él.

 

Gabriela- Dice que papá le pidió perdón.

 

Bernal- ¡No seas ingenua!

 

Gabriela- Papá sabía que él era capaz de matarlo a él y a nosotros.

 

Bernal- Te lo estoy diciendo, ese Morocho es un bicho.

 

Gabriela- Sí, es peligroso. Me confesó que estaba dispuesto a matar primero a mamá y luego a papá.

 

Bernal-  Y con Julio muerto, cualquiera se atreve a reinventar la historia.

 

Gabriela- ¿Eso creés?

 

Bernal- ¿No ves la basura política de esos cabrones para seguir en el poder?

               

(Pausa)

 

Bernal- ¿Y qué más?

 

Gabriela- Aparte del Corazón de Jesús, el San Nicolás y la nigüenta, no vi más...

 

Bernal- (Exasperado) ¡¿Qué dijo de tu tata?!

 

Gabriela- Ah, eso... Bueno, al Morocho le informaron que mamá le llevó un sobre a Cristóbal Castro, el periodista.

 

Bernal- No lo creo.

 

Gabriela- Los amigos del Morocho tenían controlado a papá para cerciorarse de que cumplía con lo acordado.

 

Bernal- Y esos amigos fueron los que vengaron al Morocho, matando a tu tata.  

 

Gabriela- El Morocho me dijo muchas cosas.

 

Bernal- Supongo que sí. Pero vos sos más inteligente que ese hombre y sabés…

 

Gabriela-  Eso intento, saber.

 

Bernal- Gabriela, escogé una embajada, Paris, Washington;  la querás y nos vamos.

 

Gabriela- No quiero huir.

 

Bernal-  Sería salud mental. Además no es tu historia. Es la historia de tu tata[2]. De tu tata corrupto que no merece que derramés una lágrima por él.

 

 

Gabriela- Sí, es mi historia...  yo era niña... yo... mi madre... Sí, es mí historia.

 

 

Bernal-  ¿Qué más cosas te dijo?

 

Gabriela- Por ejemplo: que mamá vestía una falda azul y una blusa blanca... el día que le llevó el sobre al periodista.

 

Bernal- Gabriela, no ves la manipulación, ¡es un montaje!  ¡No tiene sentido!

 

Gabriela- ¿Eso creés? Pues fíjate que yo recuerdo a mamá con su falda azul y su blusa blanca. Recuerdo el sobre. Recuerdo que salió con la falda azul, la blusa blanca y el sobre; recuerdo que esa noche llovía, llovía fuerte. El documento que mamá llevó aquella noche se lo entregó al periodista...

 

Bernal- ¡Por Dios, Gabriela!

 

Gabriela- Por Dios, no: por un hombre muy poderoso; fue que, al día siguiente, mataron a papá, y luego al periodista.

 

Bernal- La investigación determinó que esas muertes no estaban relacionadas entre... 

 

Gabriela- ¿Tan tonto iba a ser el Morocho, como para ordenar que mataran a papá?  Al único que podía sacarlo de la cárcel.

 

Bernal- Todo esto son ganas de levantar pólvora para las elecciones, ¿no te das cuenta?

 

Gabriela- (Levantándose) Pues no hablemos más del asunto.

 

Bernal- ¡Vamos, Gabriela! Contame.

 

Gabriela- Me parece que no creés nada.

 

Bernal- …Quiero saber, pero me da rabia que te hayas expuesto de esa manera.  ¿Qué más te dijo?

 

Gabriela- Según el Morocho, nadie más que él y papá sabía lo del periodista. Y sólo alguien muy cercano a papá podía saberlo. Y muy cercano también al hijo del presidente.

 

Bernal-  Te están manipulando.

 

Gabriela- Eso mismo creo yo. Que detrás del crimen en manos del hijo del presidente hubo mucha manipulación.

 

Bernal- ¿Estás tratando de decir que tuve algo que ver con ese crimen?

 

Gabriela- …Lo que veo es que son muchos los muertos: el hombre del crimen del Monte, el periodista y papá. Y muchos los muertos vivos: el Morocho, la familia del Morocho, mi madre y yo.

 

Bernal-El Morocho es un delincuente, no te confundás

 

Gabriela- Probablemente eso mismo pensó papá; que el Morocho era un desgraciado sin futuro. En cambio él,  tan joven, iba en ascenso, le esperaba una brillante carrera judicial, ¿verdad? Y el hijo del presidente... y el presidente... y yo. Fuera de nuestro mundo estaba el Morocho, la escoria, y sus hijos, un lastre. 

 

Bernal- ¡Esto es absurdo…!

 

Gabriela- Lo que papá no sabía era que el hijo del presidente lo tenía vigilado. Porque esa persona tan cercana, le había contado los planes con el periodista. 

 

Bernal- ¿Todo eso lo sabe el Morocho? ¡Caramba, qué omnisciencia más aguda!

 

Gabriela- Pienso que papá confió demasiado en sus amigos. (Sale a extraescena)

 

(Cambio de luz.  Podría entrar la Niña, el padre y la  madre)

 

 

Bernal-  Estarías contento de verla hecha una mujer; es hermosa.  Sus curvas… sus ojos...sus ojos son como los tuyos. Queremos comprar una casa, Gabriela quiere una familia, hijos...ella es joven y lógico, ella quiere los suyos. ¡Quién iba a decir que yo me iba a enamorar de tu hija!... Ayudame Julio, donde quiera que estés, ayúdame por amor a tu hija.

 

       

        (La Niña,-quizá  jugando  rayuela-, confronta a Bernal)

 

 

La Niña-  ¿jugás?

 

(Bernal la mira)

 

La Niña- ¿Hasta cuándo?

 

Bernal- ¡Vamos Julio, no hecho más que cuidar  a tu hija!

 

La Niña- ¿Sabés? Olafo orino sangre cuando huimos y él quedó solo en la casa.

 

Bernal- ¡Todo se lo he dado!

 

La Niña- ¿Preferís rayuela de números o de días? Puedo inventar una de años, o de siglos, se hace así... (La Niña brinca con gran vitalidad) así hasta que los pies se te cansen, hasta que la suela de los zapatos se desgaste, hasta que las medias se derritan con el sudor, hasta que los pies sangren, hasta que la piel se deshaga. La rayuela de años estaría bien, porque sigue, sigue un año, otro año y todos mis años juntos, sí, los tuyos y los míos, entonces tus pies se desangran, se les arranca la piel, se revientan las venas... se estallan... y siguen los años... sí, los años... los que él no... sí, sus años... mis años... los años de...años...años... ¡Tengo tantos años!

 

(Irrumpe sonido. Cambio de luz. Gabriela entra del mismo sitio por donde salió, quizá se ha cambiado su ropa; trae  una valija)

 

Bernal- (Atónito) Gabriela... (Se acerca a ella) Gabriela, por favor... 

 

Gabriela- (Deteniéndolo) No Bernal. El Morocho no lo mandó a matar.

 

Bernal- Ah, ¿no? Entonces, ¿quién?  Decime: ¿quién?

 

(Silencio)

 

Bernal- (Furibundo) ¡Pues andate a la mierda!  ¿Qué pensás, que tu tata fue un santo? ¡Julio se traicionó, se vendió como una puta barata!

 

Gabriela- Ya lo sé. 

 

Bernal- ¿En qué mundo crees que vivimos, ah? ¡ Así se mueve el mundo!

 

(Gabriela intenta irse)

 

Bernal- Si salís de esta casa tu vida no vale nada.

 

        (Gabriela lo interpela)

 

 

Bernal- ¿Querés que te haga la lista de chanchadas de tu tata?   

 

Gabriela- ¡Callate!

 

Bernal- Te lo advertí, Gabriela. Te dije que a los muertos hay que dejarlos en paz.

 

Gabriela- ¿Por eso me siguen? Tuve que ingeniármelas para que no me siguieran a la casa del Morocho.

 

Bernal- Harías mejor en callarte que te van a matar.

 

 

Gabriela- ¿Quien me va a matar?

 

 

Bernal- Haz llegado demasiado lejos.

 

Gabriela- ¿Tanto me temes que me amenazas?

 

Bernal-Por eso las matan, por necias.

 

(Gabriela toma la valija y se dirige a la puerta. Bernal la alcanza y quizá la agarra del cuello)

 

Bernal-Para donde crees que vas?

 

Gabriela- No te atrevas Bernal… (forcejean)

 

(Suena el teléfono. Bernal reacciona sobresaltado, espera  que Gabriela conteste, ella lo mira, él la mira, el timbre continúa sonando hasta dejar de sonar)

 

 

Bernal-¡Perdón, Gabriela! Perdón.  Yo...

 

(Gabriela toma su maleta)

Bernal- ¡Gabriela, nos amamos!

 

Gabriela- Si lo sé. Y ya sé lo que me espera cuando salga de aquí.

 

                        (Sale. Los padres y la niña salen.)

 

Gabriela- (Desde la puerta) Ah, se me olvidaba: en la casa del Morocho me ofrecieron arroz y frijoles. (Sale)

 

(La luz va descendiendo hasta apagarse en Bernal)

 

 

9.

 

Gabriela-  Tengo que hacerte una confesión, cada vez que leo los periódicos, de antes y de ahora...o cuando me encuentro con rostros que saben la forma en que moriste... me sube un hormiguero por el cuerpo, me lo recorre, y me lo deja carcomido. Aunque nadie esté a mí lado, yo reacciono como si el mundo tuviera sus ojos puestos en mí... Porque mis ojos son del color de tus ojos, y mi nariz y mis cejas son idénticas a las tuyas. Pienso en mis amistades, en mis vecinos y entonces noto esos insectos devorándome. Imagino que hubiera sido mejor que vos no te hubieras corrompido encarcelando a un inocente... Papá, pero todo esto hace que me suban las hormigas y me devoren hasta dejarme descarnada... descarnada...

 

(Sonido de lluvia que empieza a caer. Poco a poco la luz va descendiendo)

 

Sabés papá, ya no soy un colibrí.

(Oscuro y sonido de aguacero por unos segundos) 

 

Heredia, 26 de febrero del 2012.

 

**

Ailyn Morera: Dramaturga, guionista, actriz e investigadora. Se ha especializado en desarrollar un método que integra el teatro con la metodología feminista, del cual ha impartido talleres en University of Connecticut, EEUU; Casa de las Américas, La Habana, Cuba y en Centroamérica. Algunos de sus textos puestos en escena son: Las princesas azules, Vacío (co-autoría con Roxana Ávila), El laberinto de las mariposas, Folie `A deux de Natacha y el Lobo, Dicen las paredes. Sus obras de teatro y narrativa e investigaciones, han sido publicadas y presentadas en Estados Unidos, México, Sudáfrica, Argentina, España, Colombia, Cuba y en la Región Mesoamericana.

 

Correo: ticamorera@gmail.com

 

 

 





[1] Se le llama así a una imagen escultórica o pictórica que representa a una niña sentada , sacándose de  la planta de su pie una nigua (insecto díptero originario de América y de África)
[2] Padre.

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