Piojos, de Damián Bojórquez, de Argentina


Piojos de Damian Bojorque: en escena el autor y Silvia Debona.

























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PIOJOS

- de Damián Bojorque-

Estrenada el 18 de Mayo del 2008 en la sala Maggi del Foro Cultural Universitario de la ciudad de Santa Fe.

Elenco:
RAÚL: Damián Bojorque.
DOCTORA: Silvia Debona.

Dirección: Rubén Von der Thusen, Cecilia Mazzeti, Norma Cabrera.

Reseña de la obra:

El grupo teatral Andamio Contiguo presenta la obra “Piojos”, de Damián Bojorque, con direccion gral de Cecilia Mazzetti y Ruben von der Thüsen. Actúan Silvia Debona y Damian Bojorke.




El Andamio sostenido
El grupo teatral santafesino Andamio Contiguo estrena este domingo un nuevo espectáculo que se integra a las artes escénicas. Presentarán "Piojos", de Damián Bojorque, "una mirada joven, íntima y personal sobre las desgracias de la última dictadura. El proceso de creación duró aproximadamente dos años y este domingo se verán los resultados en el Foro Cultural Universitario.


Andamio Contiguo estrena este domingo una nueva propuesta para las artes escénicas de la ciudad. Presentan, según sostienen, un nuevo "boomerang". "Le llamamos así a una modalidad que inauguramos hace unos años: proyectos que surgen a raíz de una propuesta hecha al grupo, no desde su interior. Las tres experiencias las motorizaron artistas jóvenes, y eso nos entusiasma mucho". Caber recordar entonces que Marisa Ramírez fue la promotora de "Julia", Mariana Mathier hizo llegar "Dos mujeres" y ahora es el turno de Damián Bojorque con "Piojos". La novedad con respecto a las ediciones anteriores es que se trata de un texto del mismo Damián, un egresado de la Escuela Provincial de Teatro. "Siempre es motivo de celebración -reflexionan- la aparición de un nuevo dramaturgo, refuerza y renueva la fuerte tradición de "textos propios' que tenemos en la región".


Damián ha tenido -continúan los integrantes de Andamio Contiguo- una "mirada joven, íntima y personal sobre las desgracias de la última dictadura. El proceso de trabajo aproximadamente dos años fue muy peculiar porque, por mil motivos distintos, los miembros de Andamio fuimos pasando por su dirección. Así que en una especie de "sedimentación artística' termina siendo una puesta escénica que tiene un poco (o mucho), de todos nosotros".


"Pero no se debe exclusivamente al proceso de trabajo, en realidad es el texto disparador de Damián el que nos da esa oportunidad, porque aunque utiliza un estilo sutil y ambiguo habla de manera explícita sobre nuestras obsesiones. Realmente funciona a la perfección la idea de "boomerang', es lo primero que nos vuelve en este caso".


Rememoran entonces que desde "Prosumo", pasando por "Domingo Furioso", "Plato Fuerte", hasta "Paul Vater", "en nuestras obras han estado siempre presentes los terribles mecanismos de control, poder social y exterminio, pero quizás por pudor o por sentirnos implicados nunca habíamos hablado de manera tan directa sobre el horror argentino. La mayoría de nosotros ronda una generación que pasó su adolescencia entre el mundial 78 y Malvinas, estamos marcados, construidos en un dolor develado prematuramente, es algo que nos acompañará siempre. Quisiéramos que las cosas hubiesen sido de otra forma, que todo fuese un muy mal sueño. "Piojos' elige hacer una metáfora con aquello que nunca debió habernos sucedido, eso que cada uno sabe y decide asumir o dejar abandonado en el olvido. Nosotros decidimos no olvidar".




Los protagonistas




Damián Bojorque y Silvia Debona

En este nuevo montaje actúan Damián Bojorque y Silvia Debona, con espacio escénico de Debona; banda sonora de Norma Cabrera; supervisión corporal, vestuario y maquillaje de Cecilia Mazzetti y operación técnica de Daniela Arnaudo, Cabrera y Rubén von der Thüsen. La puesta en escena es de Cabrera, Debona, Mazzetti y von der Thüsen, con dirección general de los dos últimos mencionados.


En definitiva, ¿qué es "Piojos"? Para sus hacedores, "la impredecible relación de dos seres que, por distintas razones y bajo distintas condiciones de poder, están obligados a comparecer el uno ante el otro en uno de los momentos más dolorosos de nuestra Historia. En una pequeña celda, él espera. Ella lo visita cada día y en un lugar de relativo privilegio, también espera. Y los anhelos de ambos coinciden en enrarecidos puntos de contacto".


El miedo, la locura, los estados alterados, el cuerpo degradado; la delgada línea entre lo que es y lo que no es, y la vida, siempre, más allá de los muros, más acá de la muerte. "Piojos", reflexionan finalmente los integrantes de este ya emblemático grupo de la escena santafesina "nos cuenta del barro de la miseria humana, del cual sólo podremos salir aferrándonos a nuestra devaluada capacidad de amar".


DAMIAN BOJORQUE


PIOJOS

I

Una pecera en el centro del encierro con un pez de color anaranjado. Atrás, casi camuflado en el fondo, Raúl; lleva puesto un chaleco de fuerzas -sin sujetar- un borceguí en el pie izquierdo y descalzo el pie derecho. Tiene la barba algo larga y desarreglada al igual que su cabello. Flaco, de aspecto demacrado. De a poco se acerca a la pecera. Una lámpara que se balancea débilmente los ilumina. En el piso y en su chaleco hay rastros de sangre.

RAÚL: ¿Por qué nadás? ¿Porque sos un pez? ¿Porque alguien lo dijo? ¿Y porque alguien lo dijo yo lo debo repetir? ¿Las cosas tienen que ser como el jefe de turno lo quiere? ¡No! Para mí, flotás. Como los pájaros. Levitás en las aguas... en las más turbias y en las más claras.
Es triste lo tuyo. Estás ahí encerrado en tu jaulita... que no es tuya, ¿verdad? Estás sólo. Vas de un lado para el otro dando vueltas y flotando intentando comprender... Yo podría darte eso que vos tanto añorás. Esa libertad que pocos conocen. Yo podría darte a luz. (Coloca la pecera en su panza y la acaricia como una madre. Canta una canción de cuna)

Ya se cayó el arbolito
donde dormía el pavo real.
Ahora duerme en el suelo.
Como cualquier animal.

¡Ey!... Una patadita muy fuerte para tu tamaño... pero yo no quiero un futbolista. Estoy en víspera de una nena hermosa, hermosa, hermosa como la madre. Que sea inteligente, honrada, discreta y que juegue a hacer de novio a las escondidas. Que nadie sepa de su amor y su romance hasta estar segura de que son el uno para el otro. Y hasta estar seguro de que algo bueno hay para nosotros.
Te ves tan linda ahí adentro. Aparentás de tres semanas. Estás ansiosa, ¿no? Pero no te pongas así, los meses pasan rápido… y además hay que hacer otros estudios para darte a luz. (Consciente de su realidad. Al pez) ¡Por supuesto que no te puedo ayudar! ¡Estoy acá encerrado! ¡¿Cuánto tiempo llevo en esta locura?! ¡¿Acaso nadie me busca?!... Parece que no le importo a nadie. Esconden la cabeza como el avestruz… ¡Cobardes! ¡Sos una mocosa mal educada! ¡¿No te enseñaron a respetar a tus mayores?!
(Mece la pecera en sus brazos) Se lo tenemos que hacer saber a Raúl. No sirve de nada seguir escondiéndote, en algún momento vas a dar el golpe. ¡No digas estupideces! ¡Jamás pensé en el aborto!... ¿Se lo tomará bien?... Se va a poner loco de contento (La débil lámpara parpadea. Raúl se inquieta. La luz se muere)

II

Silencio y oscuridad. Una puerta al fondo se abre dejando ver el retrato de Jorge Rafael Videla Presidente. Ingresa una doctora. Trae puesto un delantal; en su pie derecho un borceguí y en el izquierdo un zapato blanco. De su cuello cuelga un estetoscopio. Cierra la puerta. La luz de la lámpara comienza a parpadear... se restituye. Raúl está con el chaleco de fuerzas sujetado rascándose la cabeza contra el suelo. La pecera ha desaparecido.

DOCTORA: ¿Qué hacés, Raúl?
RAÚL: (Con una mezcla de alivio y alegría) ¡Hola, seño! ¿Cómo está?
DOCTORA: Bien. ¿Vos?
RAÚL: Me pica la cabeza. ¿Me rasca un poquito?
DOCTORA: ¿Dónde te rasco?
RAÚL: Por toda la cabeza, Seño.
DOCTORA: (Suavemente determinante) ¡Doctora, Raúl! ¡Soy tu Doctora!
RAÚL: ... Por toda la cabeza. (La doctora comienza a rascar. Raúl, con satisfacción) ¡Eso! ¡Ahí! Cerca de la oreja. ¡Así! ¡Qué lindo!... ¿Por qué la visita?
DOCTORA: Rutina. Como todos los días.
RAÚL: Sí, ya sé. Cuando escucho que la jaula de al lado se cierra, al ratito la tengo acá... ¿Por qué me pica? ¿Tiene idea?
DOCTORA: Puede que tengas piojos.
RAÚL: Pero por qué me pican.
DOCTORA: Porque los piojos son algo así como los mosquitos, o las garrapatas... pican. Te chupan la sangre de a poquito y pican, pichicatean mucho, a dos veinte.
RAÚL: Adentro de este cuarto no hay mosquitos, ni garrapatas, no hay nada. Estoy bien encerrado.
DOCTORA: No, Raúl. Estás bien protegido.
RAÚL: ¿Protegidos de quiénes? (Las manos de la doctora se detienen. Breve silencio) ¿De los piojos?
DOCTORA: Sí, de los piojos.
RAÚL: Cuando yo era un niño. Tendría unos ocho años, más o menos. No me voy a olvidar nunca. En mi ciudad había algo así como los mosquitos. "Los chupa-sangre" le llamaban. Fue para la época en que se aprobaron los bancos de sangres y los de órganos. Comenzaron a desaparecer niños de la noche a la mañana. Fue muy triste. Cuando veas un falcon verde, me decía mi mamá, esos autos largos, volvé corriendo a casa porque son ellos.
DOCTORA: (Inconmovible, como escuchando una locura más) Mirá vos, qué interesante.
RAÚL: Sí. A veces encontraban algunos que otros chicos pero estaban todos chupados. Vacíos. Al menos sirvió para algo ya que la paranoia acercó más a mi mamá. A mi papá, no. No tengo claro de qué lado estaba él. Decían que a "Los chupa-sangre" les pagaban bastante bien porque era un trabajo espantoso, imagínese. A muchos les pagaban con seguridad... ¿Será por eso que nunca me pasó nada? ¿Será que papá…?
Había que tener mucho cuidado. Mamá me acompañaba a la escuela, después me iba a buscar, me llevaba a la plaza, a los cumpleaños, a todos lados. No me descuidaba. (Silencio)
Si tengo piojos es porque usted me los trajo. O alguna de sus enfermeras. Yo estoy aislado del mundo en este cuarto y no se justifica que los tenga.
DOCTORA: A veces vienen volando... como si vinieran de tierras extranjeras. No quiero decir que los piojos vuelen, pero son muy chiquititos y el viento los pudo haber traído a tu cabeza.
RAÚL: El viento es libertad y acá no hay viento.
DOCTORA: Entonces puede que te hayas contagiado de alguna de las enfermeras porque yo no tengo piojos.
RAÚL: Es una enfermedad, ¿no?
DOCTORA: Algo así... No, para nada. Es necesario... Depende... No sé. ¿De qué estás hablando?
RAÚL: Pero usted dijo que el piojo te pica. Te chupa la sangre de a poquito hasta llenarte de miedo y dejarte en la ruina.
DOCTORA: Sí, eso dije.
RAÚL: Definitivamente es una enfermedad de mierda... como la pobreza. Te Pica, te chupa, te desnutre. Es hereditaria también... pero es curable. ¡Yo vi a muchos pobres salir adelante!
Es desesperante la pobreza. Si no hay alguien que te rasque la cabeza te termina matando (La mira) Gracias, Seño. Si no fuera por usted...
DOCTORA: De nada, Raúl. Pero tu pobreza no es otra cosa que...
RAÚL: (Enojado) ¡Yo no soy pobre! ¡No soy pobre! ¡La cabeza me pica porque desde el día en que me metieron acá no sé lo que es el agua! Salvo el baldazo frió que me revive todos los días... para volver a escuchar las mismas preguntas una y otra vez.
DOCTORA: Me refería a tu piojera, Raúl.
RAÚL: (Conteniéndose) No se debe decirle a un loco que está loco.
DOCTORA- ¿Por qué no?
RAÚL: (Obvio) Por que no lo entendería.
DOCTORA- Y vos, ¿lo entenderías?
RAÚL- Por supuesto. Claro que lo entendería.
DOCTORA: (Saca una pastilla del bolsillo y una botellita de agua y se la da de tomar. Luego revisa su boca para asegurarse de que la haya tragado) Muy bien, Raúl. Ahora, un caramelo de premio. (Oscuridad)


III

Sola, la doctora, en el encierro con la pecera en las manos.

DOCTORA: Cuando se lo dije quedó así como zombi. Estaba paralizado el estúpido. La noticia fue chocar con un camión de frente, lo dejó noqueado, pero después de un rato reaccionó. Los primeros días del mes se mostró interesadísimo. Parecía llenarse con ese orgullo de futuro padre incomparable: protector, educador, baboso. Parecía un payaso como todo padre bañado en su orgullo. Él se encargó de informarles a los míos. Pensé que lo iban a matar, pero tuvo una delicadeza para decirles que iban a ser abuelos que yo ni me lo esperaba; y ellos, como flotando en el aura, listos para mal educar al nieto. La verdad que tenía cualidades que desconocía. En realidad nunca llegué a conocerlo del todo.
...Y los días fueron transcurriendo de manera maravillosa, todo encaminaba a la felicidad. Apoyaba (poniendo la pecera sobre su oído) su oído sobre mi panza para escuchar los latidos. Horas enteras se pasaba. Todos los días traía un nombre nuevo... Florencia fue el primero... Verónica... Lucrecia... Romina... Ramona...
Había comenzado a pagar la cuna, el cochecito y cuando menos lo esperábamos unas brutales luces lo encandilaron y lo atravesó un nuevo camión de frente: se quedó sin trabajo. Buscaba, pero le cerraban la puerta en la cara. Nadie quería comprometerse al recibirlo. Ni los amigos le ayudaron. Eso lo mata a cualquiera. Fueron pasando los días y ya no le interesaban mucho los latidos de la nena. Estaba muy preocupado buscando empleo. Muy preocupado al punto de cambiar su aspecto. El rostro se le fue deformando. Fue quedando flaco, barbudo, sucio. Ya no era el pececito que a mí me gustaba y entró en un pozo profundo del cual no pudo salir jamás. Todavía sigue allí con los recuerdos que lo atormentan. Es preso de su locura, de su desgracia.
Me las tuve que arreglar sola... y con la ayuda de los abuelos. (Oscuridad)

IV

La Doctora y Raúl, éste con el chaleco sujetado y masticando su caramelo. La pecera ha desaparecido.

DOCTORA: Ayer por la noche mi hija me preguntó a qué me dedicaba. (Examina a Raúl con el estetoscopio. La vista perdida en el recuerdo) Ella sabe que soy Médica-Psiquiatra.
RAÚL: Treinta y tres.
DOCTORA: Pero anoche quería saber bien qué es lo que hago. Cuando era más chica se conformaba con saber que era Médica.
RAÚL: (Algo desafiante) 30.000 ¿no?
DOCTORA: Ahora no le basta con saber que ayudo a los enfermos tratando de ponerlos en camino.
RAÚL: (Conteniendo su enojo) Seño, yo no soy un enfermo, ni soy un piojoso... Yo no tengo nada para decir. No sé qué es lo que quieren.
DOCTORA: (No lo escucha. Sonriendo) Tiene cinco años. Es divina pero preguntona. (Se sienta al lado de Raúl) Está en la edad de querer saber siempre un poco más. Eso no sirve. Es peligroso. También me preguntó por su padre. No supe qué decirle. Me agarró de sorpresa. Quedé paralizada por unos segundos. No podía mirarla a los ojos. Seguí cocinando como si no la hubiera escuchado pero te juro que esa pregunta me cocinó el alma. Nadie sabe quién es su padre, salvo los abuelos. Nunca se lo dije a nadie y no me interesa que lo sepan. ¿Porqué se lo tendría que decir a ella?
RAÚL: Tiene derecho a saberlo.
DOCTORA: Ya sé que tiene todo el derecho a saberlo... (Mirándole a los ojos) pero se merece un padre sano, cuerdo, no uno perdido en sus fantasías. ¡Para qué mostrarle la verdad! ¡¿Para desilusionarla?! ¡¿Para que sufra más de lo que sufre sin saberla?!
Prefiero que siga creyendo que su padre me abandonó, o que se perdió buscando trabajo... o que se muera con la duda. Me avergüenza la idea de contarle la verdadera historia.
RAÚL: Pero él no la abandonó. Él, todavía la está buscando y no pierde la esperanza, no piensa parar hasta encontrarla, hasta hacerla dormir en su regazo. Lo que hace es injusto, doctora. ¿No se da cuanta que está haciendo todo mal?

V

Solo, Raúl, en el espacio. Sostiene la pecera en sus manos.

RAÚL: Cuando me confesó que estaba embarazada debo admitir que la noticia me impactó. No estaba en mis planes una hija tan imprevista. Además éramos un pacto desconocido para el mundo. A ella le gustaba jugar a los amores a escondidas y eso en realidad nos venía de maravilla porque los dos teníamos pareja. Alianza. Ninguno estaba de acuerdo con el aborto. Se supone que todo es para bien... Nos queríamos demasiado... nos divertía la situación de escaparnos para vernos en las noches, para amarnos y cómo nos amábamos. A veces nos cruzábamos a Chile, o viajábamos de provincia en provincia, una vez a Uruguay. Una diversión peligrosa porque en cualquier momento nos podían encontrar. Yo la estaba ayudando en todo. Había comenzado a pagar la cuna y el cochecito pero al poco tiempo una luz enorme encandiló mis ojos... perdí el trabajo. Buscaba, pero me cerraban la puerta en la cara. Nadie se quería comprometer. Ni siquiera mis amigos me ayudaron. Eso lo mata a cualquiera. Sentía una presión insoportable en el alma, algo que sólo los desafortunados sienten. Ahorraba las últimas moneditas para mi nena para sus cosas y golpeaba en cada puerta con el currículum en mano pero siempre había alguien más capacitado... ¡Mentiras!… La barba me fue creciendo, me fui enflaqueciendo, me fui deformando. Me fui deprimiendo, el mal olor se me fue apoderando, pero yo no bajaba los brazos. Quería darle un futuro a mi hija... ¡¿Habrá nacido?!... corrí al hospital con todas mis fuerzas imaginando sus primeros llantos, sus ojitos cerrados, su cuerpecito de algodón, anaranjado... pero cuando llegué, los piojos me estaban esperando. Caí en un pozo profundo del cual no pude salir jamás. Todavía sigo acá. (Parpadea la lámpara y Raúl se asusta… se apaga)

VI

La pecera ha desaparecido. La Doctora masajea la espalda de Raúl... los masajes se vuelven caricias... a las caricias le suma sus besos... Raúl, contenido, sufre cada contacto... lagrimea.

RAÚL: ¡Basta, Seño!
DOCTORA: (Suavemente dominante) ¡Soy tu Doctora, Raúl! ¡Decime Doctora!... Te voy a soltar y vas a portarte bien. Vas a poner tus manos donde a mí tanto me gusta y vas a darme calor. Mucho calor. Vas a decirme lo mucho que te gusto y lo bien que lo hago. (Le desprende el chaleco)
RAÚL: (Temeroso acaricia a la Doctora... la besa... Una lágrima de sangre le brota. Lentamente lleva las manos a la garganta de la Doctora y aprieta con fuerza. La Doctora intenta defenderse) ¡Debería matarte! ¡Cerrar el puño cada vez más fuerte hasta que tus ojos salten hacia afuera! ¡Y matarte! Y volver a matarte ¡Y matarte otra vez! Pero no lo voy a hacer ¡¿Sabés por qué?! ¡Porque yo no soy asesino! ¡Por que sos la madre de mi hija! ¡Y jamás te apuñalaría por la espalda! ¡Esté del lado que esté! ¡¿Le quedó claro, Doctora?! (La Doctora asiente como puede. Raúl la suelta) Puede volver a sujetarme (La Doctora no reacciona) ¡Áteme!... ¡Áteme, le digo!
DOCTORA: (Obedece. Llorosa)... ¡¿Cuándo vas a entender que no Soy Carolina, que no soy la madre de tu hija?! ¡Que soy y seguiré siendo esto que soy hasta el día que te pudras, Raúl! Ya no tenés solución. ¡Te puedo asegurar que nunca vas a salir de acá!
RAÚL: No se debe decir a un loco que está loco.
DOCTORA: Lo tenés bien asumido, ¿no?
RAÚL: ¿Sabe lo que es usted?
DOCTORA: (Irónica) ¿Tu señorita? ¿Acaso soy Carolina?
RAÚL: (Marcándosele las venas en la frente) ¡Sos chupa-sangre! ¡Sos un piojo! ¡Un piojo que me consume! ¡Que me vuelve pobre! ¡Que nos enferma! ¡Que me trastorna y se divierte!
DOCTORA: ¿Algo más?
RAÚL: Y me mira con esos ojos llenos de sangre. De odio. Sólo por que no le doy lo que quiere. O me va a decir que esto es parte del tratamiento.
DOCTORA: No. No es parte del tratamiento. Sí, es cierto que acá enderezamos al libertinaje, pero esto es personal. Te quiero a vos... ¡loco!... ¡padre! Un padre que hasta pierde la cabeza por darle todo a su hija. Y no un padre como el que tiene, que la abandona... y me abandonó.
RAÚL: Pero si todos los días se lo repito. “ella” es nuestra hija. Los dos somos culpables de lo que está pasando.
DOCTORA: No mezcles las historias. Libertad no es tu hija.
RAÚL: ¿Se llama Libertad? (Se le humedecen los ojos) ¿Le pusiste el nombre que yo elegí? Llevame con ella, por favor. Quiero conocerla.
DOCTORA: No es tu hija, Raúl. Es la mía.
RAÚL: ¿Cuántos años cumplió?
DOCTORA: Raúl, nunca tuviste una hija. Tu (piensa)... nunca lo consiguió. Tu historia se quedó en la sala de partos, ahí se terminó todo.
RAÚL: ¡No! Ella está en la escuela aprendiendo lo que tiene que aprender: la sociedad, los valores, la historia, lo que hay que saber, lo que no hay que callar!
DOTORA: No me sirven las demagogias.
RAÚL: ¡La quiero conocer! Llevame con ella. (Se tira al suelo y muerde el borceguí de la Doctora. Balbucea que la quiere conocer, que su hija está en la escuela, que la lleve)
DOCTORA: (Tironea su pierna) ¡Soltá, Raúl!... ¡Dejame ir!... ¡Basta, Raúl! ¡Dije basta!... ¡No vas a conseguir nada! ¡Hagas lo que hagas jamás voy a caer! ¡Basta, dije! ¡Vos me obligás a esto! (Saca una pequeña picana del bolsillo y da un shock a Raúl, al mismo momento parpadea la luz. La oscuridad inunda de a poco mientras la doctora sale por la puerta)


EPÍLOGO

Ambos están sentados en el banco de alguna plaza. Raúl lleva puesto una camisa blanca, la corbata floja, un saco negro, un pantalón gris, medias negras, zapatos y una carpeta en manos. Su cabello es desprolijo al igual que su barba. La Doctora lleva puesto un vestido largo, típico de embarazadas, guillermina en los pies y tiene la pecera en su regazo. De vez en cuando uno mira al otro hasta que Raúl se anima a establecer un diálogo.

RAÚL: ¿Embarazada?
DOCTORA: De seis meses.
RAÚL: Yo también espero una nena, o sea, no yo, sino mi (piensa)... no importa.
DOCTORA: ¿Amante?
RAÚL: Fuimos amantes. Ahora nos estamos preparando para ir a vivir juntos.
DOCTORA: (Silencio) En ningún momento dije que fuera nena. ¿Cómo lo supo?
RAÚL: Porque las nenas emanan algo así como... un color anaranjado.
DOCTORA: ¿De cuantos meses está su...? No sé qué son ahora.
RAÚL: De seis, igual que usted.
DOCTORA: ¿Ya tienen todo preparado? ¿Las batitas, el ajuar...?
RAÚL: Tenemos casi todo, al menos lo principal. Ahora sólo me queda conseguir trabajo, porque hace dos meses me rajaron... por la actividad gremial.
¿Usted, a qué se dedica?
DOCTORA: Estudio medicina. El año que viene, si Dios quiere, me gradúo. Después voy a especializarme en Psiquiatría.
RAÚL: Dios me salve de eso. El último lugar en le que quisiera estar es un hospital psiquiátrico. La piojera no es para mí y menos los tormentos psicológicos.
¿Y el padre a qué se…?
DOCTORA: Prefiero no hablar del tema.
RAÚL: Perdón.
DOCTORA: Está Bien.
RAÚL: Suelo meter la pata todo el tiempo. Cualquier cosita que digo es...
DOCTORA- Está bien. No importa.
RAÚL: (Silencio) ¿Sabe? No veo la hora de tenerla en brazos, de ver sus ojitos, de sentir su cuerpecito de algodón.
DOCTORA: Yo también.
RAÚL: ¿Cómo la va a llamar?
DOCTORA: Libertad.
RAÚL: ¿Enserio? (Ella asiente) Yo también lo había pensado para la mía. Es un lindo nombre. (Silencio) ¿Para cuándo está previsto?
DOCTORA: Para Marzo. La semana del veinte.
RAÚL: Habrá que prepararse...
Bueno, están levantando la persiana. Me voy yendo. Espero que cuando llegue no la bajen. Tengo tanta mala suerte últimamente.
DOCTORA: Permítame que le arregle un poco el cabello (Acomodándole la corbata) Tendría que haber venido un poco más arreglado (Lo mira y le da un suave beso en los labios) Es para que consiga el trabajo. Dicen que los besos de embarazadas traen suerte.
RAÚL: Gracias… Quizás después nos volvamos a ver.
DOCTORA: Quizás. Dicen que el mundo es pequeño. (Raúl sale. Ella lo sigue con la mirada)

Apagón



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