1/3/11

De Montevideo, Andrés Caro Berta. dramaturgo, psicoanalista, nos invita a cuatro obras: La primera es David, que no fue Brenda: ver información del autor al final de esta entrada...



Andrés Caro Berta





















DAVID QUE NO FUE  BRENDA
(1965 – 2004)




David....



que no fue Brenda.


































Autor: Andrés Caro Berta

Para solicitar derechos de autor: andres@andrescaroberta.com
AGADU – Dr. Hugo di Carlo - hdicarlo@agadu.org


(Trabajo posiblemente para un actor)
(En ese caso, los distintos personajes se muestran a través de distintas posturas corporales del actor)

(Comienza sentado en una silla, frente al público)

Brenda/ David- Mi nombre es David Reimer. Llegué a este mundo el 22 de agosto de 1965 en Canadá. Nací con el nombre de Bruce y mi hermano gemelo, con el de Brian. A los 6 meses, mis padres, Janet y Ron, nos llevaron a una consulta de rutina y allí nos diagnosticaron Fimosis. A los dos. El 27 de abril de 1966, el cirujano, Jean-Marie Huot, y el equipo máximo de anestesiología del Hospital realizó la circuncisión con una máquina de cauterización de Bovie, que no estaba preparada para los órganos genitales, pero que se usaba  por aquella época, intensamente. Mi pene fue quemado, destruido. Después de esto, la circuncisión de mi hermano Brian fue cancelada, y él se recuperó sin el tratamiento adicional. El equipo médico me reasignó un sexo y me convertí en Brenda. Pero yo no era Brenda. Nunca lo fui. Por lo que al enterarme por mi padre de lo sucedido, cuando era adolescente… por decisión propia… volví a ser ¿hombre? Hoy es 5 de mayo de 2004 y...

Dr. Money- Mucho gusto, por favor siéntense… Ustedes son los papás de Bruce y Brian… Mi nombre es el Dr. John Money y…

Madre de Brenda/ David- (Emocionada) Sí, sí, ya lo conocemos de vista... Claro, usted a nosotros, no… Él es mi esposo, Ron… Yo me llamo Janet y…

Dr. Money- Sí, acabo de leer la carta que me enviaron… Les agradezco mucho los conceptos… Me parecen un poco exagerados… Ante lo que me cuentan  que están viviendo, el caso de su hijo me resulta muy interesante… Desde hace un tiempo, mi labor ha consistido en trabajar con la temática de la identidad sexual y de género…

Madre de Brenda/ David- Mire, Doctor… Mi esposo y yo… Nos han dicho… Hemos llegado hasta Baltimore porque… Lo que le cuento en la carta es nuestro drama desde hace meses… ¿Se imagina? Todo era alegría hasta que queman a nuestro hijo… Por casualidad, estábamos viendo televisión y en un programa, usted hablaba tan bien de… tan convencido de que… hablaba de, no sé cómo expresarlo…Usted aseguraba que es posible que los bebés tuvieran un sexo…

Dr. Money- Neutral, estimada señora…

Madre de Brenda/ David- Eso, neutral… Ahora me acuerdo… Usted dijo “un sexo indefinido que se puede cambiar en el transcurso de la vida”... ¿No es así? Y pensamos con mi esposo que quizás… podría ayudar a nuestro hijo… Usted es considerado un… destacado… Si usted puede hacer algo por traer la felicidad nuevamente a nuestro hogar, usted es dios, Dr. Money…
Dr. Money-  Bueno, bueno… Dejémoslo ahí… Sí, mi teoría es que la identidad de género es relativamente maleable en la infancia y se debe más que nada a un aprendizaje social durante los primeros años… Considero que las diferencias psicológicas y de comportamiento entre varones y niñas son… aprendidas…Frente al caso de su hijo… ante esta mutilación desgraciada, se podría construir una vagina y de esa forma lograr una madurez mejor como mujer que como varón… (Cambiando de tono) Estimados colegas, agradezco sus aplausos… En esta reasignación de sexo realizada en el paciente de 22 meses se practicó la cirugía para extirpar sus testículos. Mi labor consiste en ayudar en el proceso posterior. Han pasado unos cuantos años y sigo trabajando con… Esta pareja de gemelos es ideal para nuestro experimento. Tomen en cuenta que el hermano del sujeto sigue siendo educado con varón, mientras nuestro paciente, como una niña… Y los dos tienen la herencia genética idéntica… Y les puedo asegurar como que me llamo Dr. John Money, que hemos  tenido un éxito abrumador… Miren lo que acaba de publicar Times y que está haciendo vender la revista como nunca… Dice así. “Este caso constituye un apoyo férreo a la mayor de las batallas de la liberación de la mujer: el concepto de que las pautas convencionales sobre el comportamiento masculino y femenino pueden alterarse…” Esto nos abre el camino para nuevos logros en próximos pacientes… (Cambia de postura, está en un estudio de televisión) Mire, usted como entrevistadora, por encima de eso es mujer, entonces, entenderá lo que le voy a decir… Apoyo fervientemente estos movimientos feministas que se están dando en Estados Unidos… La educación está por encima de la naturaleza… No nacemos con un género asignado… Es el contexto, el aprendizaje los que lo van asignando… Yo entiendo a las feministas cuando levantan el estandarte de que el papel tradicional de la mujer no viene biológicamente definido, ¿no le parece? Yo, el Dr. Money, de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, señorita, me siento un auténtico sexólogo progresista. Sí, fui educado en una familia religiosa y conservadora de Nueva Zelanda, como dice su informe que acaba de leer, pero no me inhibe de sentirme un misionero del sexo, defiendo los matrimonios abiertos y el sexo bisexual en grupo, enfáticamente. Pero además, y sé que puede ser mal interpretado, no condeno el incesto ni la pedofilia… Mi querida amiga, nuestra humanidad fracasará si no tiene en cuenta la salud sexual de sus niños y adolescentes…
Brenda/ David- ¡Yo no me siento una mujer! ¡No sé qué me pasa! ¿Por qué no me siento mujer? ¡Soy marginada en el colegio! ¡Papá y mamá, no quiero ir a estudiar! ¡Hagan algo! ¡Se burlan! ¡Me visto con ropa de mujer… pero no me siento una mujer! ¡En el baño, cuando orino parada, me quieren lastimar con navajas! ¡Tengo 13 años, papá y mamá! ¡Trece años de tortura! No quiero más operaciones… No quiero más estrógenos para que me crezcan los senos… ¿Por qué no me crecen solos? ¿Qué pasa? ¿Por qué no soy como las demás? Sepan que me voy a matar si siguen trayendome  a este… A usted… ¡Usted es un monstruo! ¡Me voy a matar! ¡Se los aviso! ¡Y si puedo, antes lo voy a matar a usted, Dr. Money!

Dr. Money- Calma, calma, Brenda… Hace años que nos vemos en consulta, y creo que el resultado es…

Padre de Brenda- Hija…, tengo algo para decirte… Tu madre nos espera en casa con la comida pronta pero ven, entremos a esta heladería. Mientras comemos este helado, antes de irnos a casa, quiero decirte alguna cosa… ¿Está rico? Compré el que te gusta… Eh… ¿Cómo te fue hoy en la consulta?... Está bien… No me digas nada… Ya sé, no quieres volver… Bueno, puede ser que ahora sí te haga caso…  Necesito contarte toda la verdad. Ya tienes 15 años y no puedo seguir ocultándola… Cuando naciste, junto con tu hermano tuviste… un problema… Bueno, es muy difícil decirte esto… Este… Tú realmente tienes razón… No te sientes mujer… Eh… Tienes razón… Te voy a contar la verdad… En realidad, los médicos que te están viendo vieron que el tratamiento que estás siguiendo no ha dado los resultados que querían… Es una historia complicada… Mamá y yo… Ah, qué difícil es todo esto… Brenda, tú naciste varón, los dos nacieron varones. A tu hermano le  pusimos Brian. Ustedes dos fueron la alegría de nuestro hogar. Éramos felices… Pero a los pocos meses, junto con tu hermano tuvieron un problema de fimosis y los médicos dijeron que había que quitar la piel de… ahí… Y… cuando te estaban operando, te quemaron tu miembro y luego de muchos estudios para ver si se podía reconstruir, y viendo que era imposible, nos aconsejaron, nos propusieron que… A ver, ¿cómo decírtelo? Los médicos nos dijeron que era mejor… Que podrías ser más feliz si… te convertías en mujer… Y si nadie te decía que habías sido varón… El Dr. Money se encargó del tratamiento… Debíamos hablarte como a una niña, vestirte como tal, y nosotros lo hicimos porque queríamos lo mejor para ti y para tu hermano… Pero la verdad… No eres feliz… Y nosotros, tampoco…  Ha sido un calvario para tu madre y para mí… Cuando naciste te pusimos de nombre, Bruce…

Brenda/ David- ¡A mí nadie me pidió permiso! ¡Yo no quiero ser Brenda! ¡No quiero! ¡Yo no soy Brenda! ¡Yo no soy mujer! ¡Tengo un cuerpo que no es…! ¡No elegí! ¡Mis padres no sabían nada! ¡Los embaucaron! ¡Mentira que sería más feliz dejando de ser Bruce! ¡Usted, Dr. Money es el culpable! ¡Por usted mi vida ha sido un calvario! Mientras yo tuve una vida miserable, usted lucró con nuestra historia, haciéndose famoso mundialmente, contando sus éxitos con mi hermano y conmigo, editando libros, participando de congresos de Sexología, mintiendo… No tiene perdón, Dr. Money… ¡Usted será el responsable de…! (Mirando al público) 15 años. Tengo quince años y digo basta… A partir de ahora vuelvo a ser hombre. Se acabó. Mi nombre a partir de ahora será el de David. Lo he decidido. Así que, sepan, papá y mamá, que no me llamo más Brenda… Mi nombre es David… Ese héroe que enfrentó al gigante de Goliat…
Dr. Money- Y, estimados colegas, este caso  confirma mis teorías de que alguien educado como un ser de determinado sexo puede comportarse como de otro, debido al trabajo de aprendizaje social. Sí, sí, es cierto, no he publicado más nada en todo este tiempo… El caso de Juan/ Joan como yo lo llamo… Debo indicar que… su reasignación no fue acertada…  Fue un error, pero bueno… De los errores se aprende… Gracias a nuestra labor… Con lo que hemos aprendido podremos reasignar sexo a personas en el futuro sin estas desgraciadas consecuencias… Inevitables cuando se está experimentando, ¿no les parece? A todos los médicos nos ha pasado… ¿Cómo? No, no tengo nada que declarar… Para mí, es un caso cerrado, no voy a hablar más del tema. Unos reporteros de la BBC me están persiguiendo. ¡Es insólita la independencia que tiene esta gente de sus superiores! Yo soy el Dr. Money, toda una autoridad reconocida en todo el mundo y un grupo de ineptos, amparados por la emisora trata de desprestigiarme… y lamentablemente… Algún colega está sacando provecho de esta situación… En mi propia Universidad… La verdad es que me han quitado el caso… Se la han dado a Diamond y Sigmundson, el psiquiatra jefe…  Sacándome del John Hopkins… Y ahora aparece ese roquero, John Colapinto queriéndome enchastrar… ¡A mí, que he dado toda mi vida al estudio de la sexualidad de los diferentes! ¡Es un escándalo! Pero seguiré trabajando hasta que me muera, por la libre sexualidad… 
Brenda/David- Esto no funciona… El doctor Money ya no me atiende, lo cual agradezco… Pero igualmente, esto no funciona… Me he ofrecido para que inviertan la reasignación, me han inyectado testosterona, me han hecho una mastectomía doble, dos operaciones para construirme un pene… He aceptado que durante cinco años fueran haciendo el proceso quirúrgico para tener ese miembro que no es el mío, pero que al menos me hace sentir algo y puedo tener una vida relativamente normal… Me he casado con Jane y tengo tres hijos de ella que quiero como míos… Recuerde que ella era soltera y yo me hice cargo de ellos… Cuando todo se aclaró, un día me encontré rezándole a Dios: “Tú sabes, he tenido una vida tan terrible… No voy a quejarme ante Ti porque debes tener una idea de por qué Tú me has puesto a través de esto. Pero yo puedo ser un buen marido si se me da la oportunidad; pienso que puedo ser un buen padre, si se me da la oportunidad”… ¿Y sabe lo que pasó? A los dos meses, mi hermano y su mujer me presentaron a una muchacha de veinticinco años, Jane, madre de dos mujeres y un varón… Y nos amamos profundamente… Pero esto no funciona… Por ejemplo, con mi esposa nos vamos a separar, y estoy desesperado. No sé quién soy…

Médico- Estimados colegas, gracias por estar presentes… Dado que como saben, el Dr. Money hace ya un tiempo que se ha retirado del caso que nos convoca, es mi deber hablar personalmente con ustedes. Las noticias no son buenas. Ustedes han seguido paso a paso nuestro experimento con esta pareja de gemelos… Han pasado muchos años… Estamos en 1997 y finalmente debo trasmitirles a todos ustedes, como sexólogo académico que soy que… he permitido que el paciente llamado David, y nosotros conocemos como Brenda  divulgue públicamente su caso. Lamento las malas noticias… Gracias, colegas…  Ah… Señores, también lamento informarles que hemos diagnosticado que el hermano gemelo de Brenda… Brian, presenta un cuadro de disturbio mental que lo ha llevado a la esquizofrenia… Por tanto, aconsejamos un tratamiento con medicamentos adecuados e internación…  El Dr. Money… está muy enfermo… Pero ha seguido aportándonos sus conocimientos valientemente… A pesar de sus adversarios ha sido un psicólogo y sexólogo que ha luchado incansablemente para la reasignación sexual, ha creado el “test de la vida” para pacientes transexuales, ha sido autor de los conceptos de multifactorialidad del sexo, nos aportó los términos identidad y rol de género, el “mapa del amor”, entre tantas otras cosas… Es doloroso que al final de su vida, un libro de un tal Colapinto haya salido a ventilar el caso que acabo de mencionarles de los hermanos gemelos… Todos tenemos derecho a equivocarnos… Pero las cosas que dicen de él… Además, que públicamente, en televisión se lo acuse de “Dr. Menguele”…

Brenda/ David- Gracias por aceptar escribir este libro, Sr. Colapinto… Siempre lo leo en la Rolling Stone… Sí, me gusta mucho el rock…  Y su artículo sobre mí… Pero hay que escribir un libro. Sí, me parece correcto que se escriba este libro, señor Colapinto… La gente debe saber lo que pasó… No quiero que le hagan a otros lo que nos hicieron a mi hermano y a mí… Fuimos ratones de laboratorio…  Todo empezó, señor Colapinto, el 3 de julio de 1967. Ese día los médicos del Johns Hopkins me castraron, y lo que sobró de piel lo usaron para crear una “fisura vaginal cosmética”… Y Money, que siguió con el tratamiento… ¡Es el diablo!  Me dio estrógeno… Me dio estrógeno en mi adolescencia para que me crecieran mis pechos… Tenía que ver a este médico en su consultorio de Baltimore… Yo no quería ir… Y me obligaban… Me decían que era terapéutico… ¡Terapéutico! Ese doctor Money sí que le hizo honor a su apellido, gracias a experimentar conmigo… Tenía que ir con mi hermano… Me da pánico recordar lo que pasaba ahí… Nos mostraba imágenes… Imágenes de hombres y mujeres teniendo sexo… Para él, eso estaba bien… Contribuía a mi reasignación sexual, decía… Inmundo… Money me gritaba, me obligaba a que me sacara la ropa y yo no quería… Me quedaba quieto y él me insultaba. A mí me daba miedo que me fuera a dar una paliza… Entonces… Me desnudaba y me quedaba quieto… temblando de pánico… Le voy a contar algo que hasta ahora nadie sabe… Se lo confío para que la gente conozca quién es ese médico que ahora es famoso gracias a nosotros… Nos ponía en cuatro patas a mi hermano y a mí, en el sofá de su consultorio y obligaba a Brian a colocarse detrás de mí… De rodillas… Y le hacía frotar su entrepierna en mis nalgas… Él llamaba a eso un “ensayo sexual”… Fue un lavado de cerebro que me hicieron… Yo daría cualquier cosa para que un hipnotizador lograra borrar todos esos recuerdos de mi pasado… Es una tortura que no soporto… Lo que me hicieron en el cuerpo no es tan grave como lo que aquello provocó en mi mente… La crisis final me vino en mayo del 78, cuando el Dr. Money intentó violentamente hacerme una nueva cirugía… Después me enteré que era la definitiva para tener lo que él llama, una “identidad femenina” Me venía dando hormonas femeninas que estaban cambiando mi cuerpo. Yo veía la alianza que había entre Money y mis padres, para hacerme esa operación. Ese día, quería mi consentimiento y recurrió a una supuesta estudiante que era un transexual operado. Yo me di cuenta enseguida que era un varón y escapé, harto de todo eso, en un ataque de pánico. Como pude me solté de los brazos del Dr. Money que intentaba sujetarme y corrí por el Hospital, por los corredores, las escaleras, perseguido por esa  “estudiante”, hasta que llegué a la calle. Ahí les dije a mis padres que era la última vez que iba al consultorio del Dr. Money. Si me volvían a obligar, me mataba. Al tiempo, mi padre hablaba conmigo. Cuando me lo dijo… no lo podía creer. Pero lo que sentí fue alivio… Ya no era una rareza, entendí que no estaba loco…

Madre de Brenda/ David- Mire, señor Colapinto… Ponga en su libro también esto: El doctor Money fue muy claro con nosotros. Nos mandó a nuestra casa, de regreso, con instrucciones muy estrictas. Nos dijo que no habláramos del tema, que no le contáramos la verdad  a nuestro hijo, y que por sobretodo, que no podía enterarse nunca que no era una niña… Yo admiraba al doctor Money como si fuera un dios. Esa es la verdad… Ahora… Debo aceptar que todo empezó a andar mal, enseguida… ¿Sabe cuándo me di cuenta? Cuando le puse su primer vestido, estaba por cumplir los dos años, intentó arrancárselo, romperlo. Y Recuerdo que pensé: “¡Dios mío, sabe que es un niño, y no quiere que le vista como a una niña!”... Después me enteré que en el colegio, sus compañeras, cuando orinaba de pie en el baño, la atacaban con navajas…

Brenda/ David- Mire, Colapinto, estoy extrañado, ha sido un éxito su libro sobre mí. Me sorprenden los comentarios que recibo de los lectores. Todos me apoyan. Gracias a su trabajo he participado de programas de televisión, la gente me reconoce por la calle… ¿Se acuerda cuando una mañana, caminábamos juntos por la Quinta Avenida y una mujer que salía del subterráneo me reconoció, me tomó de la mano y emocionada me dijo “¡Tú caminas en la luz, hombre!”? ¿Se acuerda? Me he propuesto que la gente sepa la verdad… Pero, junto con eso, aunque el libro que ha publicado sobre mí, es cierto, me ha permitido solucionar algunos problemas económicos de mi vida… como la separación con mi mujer, ayudar en la situación crítica en que están mis padres…  Mi padre que se volvió alcohólico, mi madre intentando varios suicidios, pero no es cierto que haya  solucionado mi economía… Bueno, sí, gané mucho dinero pero me equivoqué… No… Mi situación económica es terrible… Vivo de hacer cualquier arreglo en el Club de Golf… Los socios, yo me doy cuenta, juntan dinero entre todos y me dan algo para que pueda comer… Es la verdad… Lo que sucedió es que esas acciones que compré con lo del libro… cayeron y no las pude recuperar… Y la muerte de mi hermano Brian… ¡Qué dolor! ¡Mi hermano gemelo muerto, por culpa de…! Hace dos años que se fue y no me puedo acostumbrar… Y tuvo años de agonía… ¡Esquizofrenia! Los médicos siempre ponen en una casilla, con un rótulo a sus pacientes, y duermen tranquilos… Murió lleno su cuerpo de alcohol y antidepresivos  Yo me siento culpable de su muerte… ¿Sabe una cosa? Lo visito en su tumba cada vez que puedo y converso con él… Es importante el libro que usted escribió sobre mí… Pero nada me quita el dolor… ¡Quiero morir! ¡Quiero tener paz! (Al público) Mi nombre es… Ya no sé quién soy… Nací Bruce, fui Brenda, ahora me llamo David, pero, ¿quién soy? Tengo esta escopeta… En el 2002 perdí a mi hermano. Se suicidó. Hace dos años. Hoy es 5 de mayo de 2004. Tengo 38 años. Estoy en mi casa, acá en Winnipeg, Canadá. Hoy he decidido terminar con mi vida. No soporto más no saber quién soy. (Se apagan las luces. Se siente un disparo. Silencio)

Fin


ANDRÉS CARO BERTA

DRAMATURGO - DIRECTOR




Psicólogo clínico de línea psicoanalítica, Presidente de la Sociedad Uruguaya de Sexología, Directivo de la Sociedad de Psicología del Uruguay, Perito Judicial, psicodramatista, dramaturgo, director teatral, escritor, ex – Directivo de la cAsa de los Escritores del Uruguay, crítico de cine, directivo de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay / Fipresci

Tiene en su haber los siguientes  estrenos de sus obras:

ACTUACIÓN EN OBRAS COMO AUTOR Y DIRECTOR

 Sade, el divino marqués (2004) (Nominada al Florencio como mejor obra de autor nacional, y mejor actor, Walter Rey) Música de Daniel López e Inés Saavedra
El 4 de junio 2004 en el Centro de Arte Moderno de Madrid. Gobernador, 25 esq. San Pedro se hizo una función con Walter Rey como Sade

La mejor Historia de Amor (cursi y con final feliz), (2006) con Raquel Gutiérrez y Enrique Martínez Pazos. Música de Gastón Rodríguez, Walter Bordoni, Darío Iglesias

El Orgasmo de María (2007), con Mariana Pagani. Estrenada en Buenos Aires, en el teatro Fray Mocho y luego en Montevideo. Participa del Festival Internacional de Teatro y Danza de La Plata (2007)
Selección musical de Andrés Caro Berta

LA LINYERA (Claudia, la abuela y el Ciruja)  (2010) Con Jimena Prates. Música de Walter Bordoni. Luces: Adrián Rodríguez
ACTUACIONES Temporada en el Teatro del Museo Torres García
Presentación en apertura del Congreso Uruguayo de Sexología. Intendencia Municipal de Montevideo – 14.9.2010
Presentación en el Foro Cultural Universidad del Litoral Santa Fe – 16 y 17.10.2010
Presentación en Teatro Bastión del Carmen. Colonia del Sacramento – 23.10.2010
Presentación en Teatro Rec & Play Maldonado – 30.10.2010

COMO DIRECTOR

Marat – Sade en el Vilardebó (2008 – 2009) Premio Montevideo Teatral  Intendencia Municipal de Montevideo – Organizado por la Cátedra de Arte y Psicología, de la Facultad de Psicología (UDELAR) Realizado en el Hospital Psiquiátrico de Montevideo. Película presentada en Festival Internacional de Cine de Punta del Este, Festival Internacional de Cine de Montevideo, Festival de Cine Pobre de La Habana, Festival de Cine de Porto Alegre

Cuentos de brujas y princesas (2006) De y con la actuación de Niré Collazo. Teatro Antonio Larreta. Montevideo. Presentada en el Foro Universal de las Culturas Monterrey 30.10 al 4.11.2007 México

cOMO AUTOR


1- SADE, EL DIVINO MARQUÉS (2005) Sala del Teatro XTREMO. Dirección: Luisa Torregrosa. Jaen. España

2- SADE, EL DIVINO MARQUÉS – (2006 – 2007) Por Sergio Kohan y la dirección de Liliana Dragone y Ian Gutierrez Teatro Fray Mocho. Buenos Aires, Argentina

3- SADE, EL DIVINO MARQUÉS (2007) Grupo Teatral Albedo Direccion: Alejandro Alonso. Sala Experimental del Teatro de la Ciudad Monterrey. México

4- RIESGO, adaptación de SADE, EL DIVINO MARQUÉS – (2007) – Por Florencia Catalina Caviglia - Teatro Arlequines. Buenos Aires, Argentina

5- SADE, EL DIVINO MARQUÉS (2008) – TIR (Teatro Independiente de Rosario) Dirección Lila García. Actuación Daniel Uturburu – Teatro Politeama – Canelones. Teatro del Museo Torres García. Montevideo

6- Sade, el divino marqués – (2011) Próximamente por elencos de Corrientes y La Plata (Argentina)

7- LA MEJOR HISTORIA DE AMOR (Cursi y con final feliz) – Río Cuarto – Córdoba, Argentina. Grupo Teatral de El Sótano (2006- 2007)

8- LA MEJOR HISTORIA DE AMOR (Cursi y con final feliz) (2007) – Por Grupo del Patrimonio – Teatro del Bastión del Carmen – Colonia del Sacramento

9- EL ORGASMO DE MARÍA – (2008)- Dirección: Sergio Gómez. Actriz: Rafaela Camargo. Auditorio Leonardo Angulo Prada. Colombia

10- EL SENTIDO DEL SEXO (2009) Por Matías Pérez. Laboratorio Gautier. Montevideo

11- “LA ÚLTIMA CENA”, por el grupo El gato de Schrödinger, en Asturias, España (2010) con el espectáculo Sordos, sordos, sordos

12- DAVID QUE NO FUE BRENDA  (2010) con la dirección de Lucila Irazabal y la actuación de Fernado Gallego. Teatro del Museo Torres García. Montevideo



Sade, el Divino Marqués, del dramaturgo uruguayo Andrés Caro




Sade, el Divino Marqués, del dramaturgo uruguayo Andrés Caro

 






 

 

 

 

 

 

SADE, EL DIVINO MARQUÉS

sucumbe ante la violencia




Autor: ANDRES CARO BERTA

Registrado en AGADU

 autorizaciones@agadu.org


-Existe una cuota de terror a la que todos somos afines... ¿No le parece? El límite, la frontera con el horror es tan endeble... Y sin embargo, tan delimitado... El asco, el terror viene de lo vulgar, de lo ordinario, de todo aquello que deja de lado, ya, el juego. El jugador pasa a perder la noción de lo que es, y el personaje invade y sustituye a la persona... No crea en lo que dicen de mí... Eso sí, témame... Si yo como victimario no tengo resistencia suya... Si usted no me ofrece una respuesta acorde a mis actos... imposible que disfrutemos ambos de lo que hacemos... Yo soy el que debe sostener el límite, no puedo trasgredirlo teniendo todo a mi disposición para hacerlo... Y usted... Usted debe entregarse hasta el infinito... Usted tiene que  darme su ser para que pueda hacer con él lo que quiera, y me contenga. No es fácil lo nuestro. Somos complementarios... ¿Ve este cuchillo? Podría insertarlo en alguna parte de su cuerpo, pero se acabaría el acto... No habría suspenso, magia... No escucharía su miedo trasmutándose en terror... No vería el sudor frío, la mirada extraviada, sus manos no bailarían en el aire buscando lo imposible, la libertad... Su cuerpo no se contorsionaría al extremo, reclamando escapar aunque... Aunque quizás quiera quedarse... Esa es la historia, mi adorada víctima... Yo soy por un instante el dueño de su vida  y su muerte... Yo soy el que pongo el pulso, el que marca el tiempo, el creador del juego, quien dice cuándo termina, o quien lo prolonga con otros juegos... Pero usted, usted es mi argamasa, mi barro con el que elaboro las fantasías para que los dos gocemos... Los de afuera no lo entienden... Me consideran bárbaro, asesino, loco, y  en algo soy responsable de esa idea que tienen de mí. ¿No cree que hablo  demasiado? Es que me quitan la razón con tantas mentiras... ¿Siente sobre la piel el afilado del cuchillo? Es posible que esté preparándose para no solo estar sobre usted, cortarle la piel tan dulce y tersa que tiene, arrancarle gotas de sangre para saborear entre mis dientes, para luego introducirse  en ese cuerpo rollizo y maravilloso, mientras yo me permito abusar de su cautiverio... Pero no tema, quizás diga estas cosas  tan solo para asustarle... ¿Toma vino? Ah, claro, no puede... La mordaza... ¿Aprieta? A ver... Mmm... Esa saliva que le sale por la comisura de los labios... Permítame  lamérsela... Tengo los labios secos... ¡Qué sabroso es este vino mezclado con su líquido!... ¿Ve esta soga? Dentro de un rato estará bordeando y jerarquizando el par de senos gigantes que posee... ¿No es extraño que a usted le crezcan senos tan grandes? Parecen montañas... Le aseguro que crecerán más con la presión... Y arriba de las colinas, como dos faros, los pezones quedarán más erectos que nunca... Ah, se moja... Está mojado, mi ser cautivo... Está asustado y excitado... No, no, ¿qué dice? No, no... dentro suyo, no... Quizás después, ahora no... (le mira detenidamente) ¿Qué puedo hacerle con placer y dolor que no hayan hecho ya, antes solo con dolor, a la humanidad? Éstos bárbaros han llevado a la muerte a miles por estúpidas guerras, han probado medicamentos adulterados, fomentado la tortura para sacar datos a través de la misma, han mutilado, asesinado, todo por dioses que no existen, dioses creados por ellos mismos para tener más Poder... O para luchar con alguien que se oculta y otro al que no pueden derrocar... Me acusan de tirar por un balcón a una pobre infeliz, dar veneno a otra, violar a una tercera... Se dicen cosas horribles de mí, una caricatura de quien está frente suyo... ¿Para qué? Para silenciarme, porque soy el espejo en el que no quieren mirarse, son ellos quienes hacen lo que yo apenas me animo a escribir, o representar con gente como usted... Sé  que luego de nuestros encuentros, si no le satisfago, o si lo hago... es posible que usted salga corriendo, en busca de recompensa y perdón, gritando a quien quiera escucharle, los horrores a los que le he sometido... No sería la primera vez... No me importa... Usted es  fuente de inspiración... Estará en alguna página de mis libros... Mi adorable víctima, se verá reconocida en alguna de las heroínas, claro que con detalles exagerados, cambiados para preservar su intimidad... ¡Ja! Pero, ha llegado la hora,  juguemos ya... Usted la presa, y yo la fiera que le atrapa,  violenta, le excita... A ver, tiemble, sí, tiemble, caramba... ¡Qué sudoroso  que está su cuerpo!... Mmmm... ¿Se acuerda cuando le colgué de  la cuerda sujeta al techo, boca abajo y usted introducía su boca en este aparato mío, totalmente erecto? Caramba... Me caliento de pensarlo... Sí, mi pecado es hablar y escribir de más... Todos tenemos esas fantasías... Algunos poseemos el privilegio de llevarlas a  la práctica... Otros sueñan con ellas, pero no se animan... Ja... No se animan... Temen que la frontera se les torne peligrosa, que traspasen el límite y no puedan volver... Tontos... Los todopoderosos lo hacen todo el tiempo, pero  tan encubiertos, tan protegidos... Tan ocultos a la mirada de los otros, que nadie se da cuenta, nadie los conoce, o les perdona por miedo, por interés, por sumisión, por respeto, por prostitución... Pero no me quejo... ¿Sabe por qué escribo? Para cubrir mi estado de pobreza... Mis hijos están refugiados en Alemania, fui prisionero político del antiguo régimen, de los revolucionarios, ahora de ese payaso de Napoleón... Se han enterado, han descubierto que soy el escritor anónimo que corrompe los pensamientos de quienes saben leer... ¡Vaya! ¡Pecado! Cuando el viejo Güttemberg inventó esa máquina maravillosa llamada imprenta no sabía  que mis libros iban a ser más leídos que la Biblia... Sí, escuchó bien... ¡Mis libros son más leídos que La Biblia! ¡Y son esos hijos míos  quienes han tenido más ediciones! ¡Pero no puedo figurar públicamente como su autor, como el padre que los parió...! ¡Me acusan por Justine, la hermana Juliette, Los crímenes del amor, la filosofía del tocador... Sospechan  que soy yo quien las ha escrito... ¿Ud. qué diría? ¿Mmmm? Ah, tiemble, mi adorable  confidente, tiemble... Los pocos amigos que me quedan me piden que huya nuevamente a Italia... ¿Otra vez? No, no, basta... Me anuncian que pesa sobre mí la sentencia de ir a un hospital de locos, o la muerte... Muerte... Cuando muera quiero que pongan en mi tumba este epitafio: Aquí yace “Donatien Alphonse François de Sade arrestado por todos los regímenes”... ¿Qué le parece? Sí, mi querida, sí, soy un libertino... He sido el autor de todas esas terribles fantasías, pero pocas de ellas he cumplido... No soy un criminal... Quisiera que aquellos que me acusan fueran honestos consigo mismos y confesaran sus propios crímenes... Mi primera detención, ¿sabe por qué fue? Porque contraté a una prostituta y más allá de castigarla con el látigo, le hice pisar un crucifijo, estábamos borrachos, puse una hostia
en la entrada, dijimos gritando palabras prohibidas... “¡Sacrilegio!”, dijeron.  No importaban las marcas en la piel provocadas por las cuerdas, las cadenas utilizadas... ¿Sabe de qué me acusaron?  Me acusaron de hereje... El cura se persignaba ante mi presencia... Ese mismo cura que violaba niños en su iglesia... Sí, algunas prostitutas sufrieron más que otras, pero a todas les pagué, como le pago a usted, y todas aceptaron como lo hace usted... No fueron forzadas a hacerlo... Lo que ocurre es que se hizo público... ¿Usted sabe cuántas fiestas se hacen en los castillos de nuestros gobernantes? Se asombraría... Es que tienen una vida aburrida y cuando aparece alguien con una propuesta de ese tipo, se excitan, entregan a sus hijas e hijos, las mujeres se prestan gustosas a violentos encuentros y muchas de ellas, nueve meses después... Pero todo es olvidado, para eso existen los orfanatos... Dejan el niño en la puerta, golpean y ya está... Los poderosos son gente despreciable  pero gozan de la protección... Una vez, cuando practicaba con una joven el amor violento y apasionado que acostumbramos usted y yo, fui detenido y encarcelado... La prensa disfrutó y vendió más ejemplares gracias al escarnio público al que fui sometido... Recuerdo que tomé un periódico y leyendo lo que publicaban de mí, dije asombrado: “Pero, ¿todo esto hice yo?” Buscan que yo me humille y pida clemencia... ¡Jamás lo lograrán! ¡Yo he nacido en un hogar importante! Una vez el rey me obligó a permanecer en su residencia dada mi cuna de alcurnia, cosa que yo aborrecía...  Cuando pude, gracias a dos circunstancias, el nacimiento de mi hijo y el cuidado al que debía someterme por mis malditas hemorroides, pude salir de allí... Y no volví... En Holanda me alisté al ejército pero eso no es para mí... Todo rodaba tranquilamente hasta que tuve la mala idea de pedirle a mi criado que contratara a varias prostitutas para una fiesta... Una fiesta privada... Todo era muy divertido para todos, un poco de fusta, varios tipos de penetración, pero me equivoqué en la proporción de cantárida... Usted la conoce... Crece la excitación, su ano se dilata, le quema y usted quiere que lo calmen penetrándolo... Ah, ¡Cómo se pone el culo!, pero me equivoqué y terminé denunciado porque se sintieron mal y  dijeron cosas horribles que nunca ocurrieron... ¡Me acusaron de querer matarlas! No les di tiempo... Huí... Una vez más... Luego me enteré que a los pocos días ya estaban recuperadas...
¡¿Quiénes son los jueces para meterse en la vida privada de la gente?! Todos tenemos derecho a placeres dentro de nuestras casas... ¡¿Quiénes son ellos para impedirlo?! ¡Ellos que lo hacen aprovechándose de sus cargos! Los nobles, mi dulce animal en cautiverio, practicamos la fusta, el látigo, la vara... Es la plebe la que abofetea o tira de las orejas... ¿O me equivoco? Entonces, ¿cuál es mi pecado? ¿Cómo tratan los maestros a sus alumnos...? ¿Y las relaciones de sodomía...? Están más extendidas de lo que se dice... Los niños ya las conocen por sus maestros, en los colegios... Pero me acusan de practicarlas, cuando pago para ello y doy placer... Mire esas nalgas hermosas que tiene, muéstreme ese palpitante agujero trasero que tiene... ¡Hermoso!  Es injusto, nunca crea a los ministros, ni los jueces ni los clérigos... Son los peores... Pero no son los únicos... Además de ellos, arrastro la maldición de mi suegra, la Presidenta... Ella me quiere ver preso... Inventa... Cometí un error gravísimo. Confié en ella mi amor apasionado, creyendo que me iba a apoyar ante todos los que buscan encarcelarme... Fue peor. Me acosa, me persigue... Su propia hija está contra de ella, pero esta mujer no se detiene ante nada... Mi esposa sabe de lo que digo... No siempre lo acepta, pero me respeta... Sí, soy un libertino... ¿Quién no? Aunque sea en la fantasía... Se detienen en mis novelas... Y se olvidan de las obras de teatro que he escrito... Mis poemas... Dicen que no están mal, pero prefiere el público las otras, las escandalosas... Esas que no puedo gritar  que son mías ya que pertenecen a un “autor desconocido”... Pero me dan el dinero necesario para no caer en la pobreza, y para que usted y yo, mi amado barro,  podamos hacer lo que hacemos...  ¿La mesa está dura? ¿Fría? ¿Tiene frío? Ah, qué pena... Pero no podría arroparle justo ahora... Deberá esperar un poco... ¿Quién es el esclavo?, ¿Usted o yo? ¿Es el amo el que pasea al perro, o es el perro el que obliga a pasear al amo? Sí, sí, ya voy a satisfacer sus deseos... y los míos... Estoy preparando el juego, y quería que  participara de ello... Siempre viene cuando tengo todo pronto... Es un egoísmo suyo disfrutar, mientras  yo... No, no es cierto... También me agrada prepararle los objetos que le van a dar placer... Este látigo está sin estrenar... Lo compré por monedas a unos mercaderes que pensaron que era para mi caballo... No, les dije, ja, ja, “es  para mi yegua, o mi caballo...”  Y ellos asentían con la cabeza... Sin saberlo... Ja, ja... Sin saberlo... Es muy divertido hablar con la gente, sin que sepan el verdadero sentido de lo que uno dice... Mi yegua, mi caballo, mi potro salvaje que hay que domesticar... ¿No se ríe? ¿No es divertido que no conozcan los códigos en los que uno se mueve? ¿Cómo están las correas? ¿Aprietan de más? ¿No? Bien... Mmm... Sí, me gusta arañar ese vientre hasta llegar a lo que tiene entre las piernas... Yegua, caballo... Mi adorada yegua, mi adorado caballo... El abate ese violó la semana pasada dos monjas, con el pretexto que estaban poseídas y debía fornicar con el diablo para sacarlo del cuerpo de ellas... Notable, me supera largamente... Él lo hace, yo  lo digo, y lo escribo... Pudo hacerlo públicamente, ante todos  y luego le agradecieron... Y yo... Pongo en mis libros lo mismo, claro, describiendo los mínimos detalles para que  mis lectores, ávidos de vivir a través mío aventuras inconfesadas, puedan gozar y... me encarcelan... Es ingrato, mi adorada presa, es ingrato... ¿Y el Juez? Condenó a tres hombres al tormento... porque habían robado las gallinas al vecino influyente... Tres gallinas... No, no miento... Tres... Los infelices clamaban por el perdón, y eso, al canalla, lo excitaba aún más... Sentado a la sombra, mientras torturaban a los muchachos, con sus manos ocultas a los demás, en la penumbra del calabozo, tapado por amplios ropajes, se masturbaba una y otra vez... Tuvo muchas eyaculaciones  a medida que avanzaban los castigos... Pero él es un ser respetable... Terminado el acto, medio muertos los delincuentes, todos los presentes le miraron buscando saber cómo continuaba eso... Y él, pálido por el agotamiento de la acción de sus manos, dictó clemencia, y todos se agacharon respetuosamente a sus pies, agradeciéndole su conmiseración... Hasta los propios reos... Ja, es un maestro... En cambio yo... Pero es que no puedo cambiar... Trato de contar al mundo que los verdaderos villanos son ellos y no yo... Pero no me creen, mi dulce placer, no me creen... Sí, sí, estoy hablando demasiado... Me ha resultado una persona egoísta... Por eso he tapado su boca con ese esparadrapo, para que no hable, para no escucharle... ¡No solo estoy a su servicio! ¡Yo también tengo derecho a disfrutar de lo que hago! ¡Mierda! ¡Tengo ganas de... de... de...! ¡Me gustaría...! ¡Traspasaría esa frontera...! ¡No me provoque, no me provoque, no hay nada que más desee que me provoque para poder hacerlo! ¡Alguna vez lo he hecho! ¡Y no me arrepiento! ¡Aquella prostituta me había desafiado! No lograba abatirla.  Recuerdo que desde temprano comía los diablotines que yo le había dado. Parecía tener tanta energía que nada le hacían mis castigos... Yo estaba exhausto, quería terminar, quería dejarla en la calle, de donde la había recogido, pero ella insistía en provocarme, no tenía control de sí misma, se revolcaba gritándome que la cogiera... Ella misma se pegaba, se tiraba encima mío, se hería con las tijeras que tenía en la mesa... Se tocaba lascivamente con sus manos llenas de sangre, quería quitarse trozos de su cuerpo... Sus gritos se elevaban a todo el barrio... Temía que golpeara la puerta la inoportuna policía... Entonces, le tapé la boca, le tomé los cabellos y puse su cabeza dentro de la tina llena de agua, mientras la penetraba... Fue magnífico... Controlé su ahogo hasta que largué todo el semen que tenía acumulado... Entonces, solté su cuerpo que casi vació ese recipiente... Pero era tarde... Ya la gente había alertado a los cancerberos... Como buitres, deseosos de compartir mi delirio, rompieron la puerta y me encontraron semi desnudo, agotado, sin poder oponer resistencia. Fue así que me llevaron una vez más, preso... Fue así... ¿Usted quiere que pase eso? No dice nada, eh... Es mejor callar... (Reflexiona para sí mismo) Ya estoy viejo... Las cosas que antes me divertían ahora me cansan... Por momentos soy un autómata... Un autómata que necesita repetir sus actos para no perder la memoria... Si es que los autómatas tienen memoria... El rey mandó hacer un calabozo con los objetos más terribles y extraños de todo el mundo... Salieron sus lacayos a buscarlos, pagando fortunas que no le pertenecen a la Corona... Trajeron barcos llenos de cosas que no sirven para nada... Todos en la corte murmuraban y agigantaban los servicios que cumplían los  adminículos depositados en los sótanos... Nadie osaba bajar a los mismos, aunque se dejaban seducir por los dichos de pícaros guardianes que inventaban mecanismos que quizás no existieran... Alguna doncella perdió la vida en esas travesuras, pero nadie se dio por enterado... Y el rey siguió impartiendo justicia... Era un individuo que recibía a los diplomáticos, comía con los viajeros, conversaba de arte con pintores y escultores, y no descansaba de hablar mal de un servidor, aduciendo maldades mías que podían desestabilizar el reino... ¿Y el Cardenal? Ese viejo camarada de lujurias, asentía con la cabeza cada vez que el rey insistía  en atraparme y torturarme hasta la muerte, diciendo que era mejor que me pudriera entre las ratas, antes de que siguiera cometiendo atrocidades... ¿Con usted cometo atrocidades, querida levadura mía? Bueno, claro, en cierto sentido...  pero son compartidas, aceptadas, permitidas... He estado en las cárceles... No se lo recomiendo... Bestias con el ropaje de guardias, haciendo lo que imagine a pobres infelices que aún no se sabe si eran los culpables de lo que se les acusaba... Un joven que había venido de lejos, una noche se emborrachó y quedó tendido en la calle,  justo cerca de donde se había cometido  un crimen... Los soldados buscaban un culpable para terminar pronto y calmar a la gente, y encontraron su víctima durmiendo y eructando... Y lo llevaron rápidamente al juez, y éste con verlo ya supo que él era el asesino y por eso, el casi niño fue llevado al calabozo, junto con dos piratas que buscaban carne fresca para aliviar el aburrimiento de la cárcel... Mediante un pago, los guardias lo dejaron con ellos. Y abusaron de todas formas de él, hasta que a los meses, cansados de hacerlo siempre con el  mismo, lo dejaron desangrarse mientras jugaban a las cartas. Y dicen que soy el enemigo número uno... Ja... La mujer del Jefe de Policía, ¿sabe que recibe en su casa a las presas que atrapa su esposo? Ella es peor que él... Quienes saben que van a caer en sus garras prefieren la muerte... Pocas han escapado... Los vecinos ponen pesadas alfombras en las ventanas, tratando de amortiguar los gritos desgarradores de esas infelices... Una vez, cuando aún no me temían tanto, y creían que era apenas un escritor afiebrado, me invitaron a una de sus fiestas. Habían contratado a una puta de Venecia, pulposa y atrevida, de voz chillona y hermoso cuerpo... También a un hermafrodita que era el centro de atención de los que concurrimos... A ella la presentaron montada en una góndola que arrastraban por el salón, presurosos criados. Venía vestida con una enorme capa y una máscara del carnaval de su tierra... Cuando estuvo en el centro, se bajó lentamente y comenzó a chupar los pedazos de todos los que hacían fila para ello... Pronto otros aprovecharon el descuido y se empujaban entre sí para penetrarla por sus agujeros... ¡Tenía que ver a nuestro rey, semi desnudo y borracho, dando latigazos a los intrépidos que, en su mayoría, como machos cabríos soportaban el castigo con tal de culminar la tarea! Y el hermafrodita entró a donde estábamos, dentro de un paquete adornado que fue roto por la reina. Estaba totalmente desnudo, con un miembro flácido y senos inflados... Y nuestra señora le pegaba con sus inmaculadas manos en todas partes del cuerpo, para que se excitara, pero el pobre tenía mucho miedo... Entonces, fue sujeto por criados, colgado por las manos al techo, y todas las damas de la corte pudieron acercarse sin peligro, y manosear eso que con la tensión comenzaba a crecer peligrosamente... Algunas hasta se atrevieron a besarlo... También vinieron afeminados y sobaron los pechos y el culo, hasta que la reina se puso un falo artificial y lo sodomizó ante el aplauso general... Yo me mantenía en un rincón atesorando lo que ocurría para luego inmortalizar a toda esa gente, para mostrarlas a la Historia tal cual son. Claro que no dejaba de excitarme lo que veía... En determinado momento tomé una criada que estaba tan sofocada como yo y la monté mientras no me perdía detalle. Pero fue con tan mala suerte que la pobre levantó la cabeza, yo presioné su rostro y sin proponérmelo le quebré el cuello. Y ahí cayó muerta. Y las que estaban a mi alrededor gritaron y gritaron, y todos pararon la orgía que venían haciendo y sudorosos, chorreando líquido, babeando me rodearon y viendo a la sirvienta en el piso me señalaron con sus infectas manos y llamaron a los guardias, que tuvieron que ocultar sus miembros duros, y me acusaron de asesino, y allí mismo me juzgaron frente al juez que se resistía a soltar a un infante que aún no había llegado a la adolescencia... Y fui condenado, una vez más... Pero como no querían perder la noche por culpa de un imbécil, me dejaron encadenado mientras continuaron con lo que venían haciendo... Hasta que ya hartos, se acordaron de un servidor y me llevaron arrastrando a los infectos calabozos... Así se cuenta la historia... Y juro que no estoy mintiendo... Soy inocente... Las cosas que he hecho son juegos de niños... Pero he cometido el pecado de escribirlas... agrandándolas, haciéndolas excitantes, como un tonto... Si contara mis experiencias en  La Bastilla... Ah, ¿no sabía que su maestro estuvo encerrado en La Bastilla? Trataba de mitigar el aislamiento, escribiendo... ¿Cómo? Con el hollín hacía tinta... Sí, hollín mezclado con vino... A veces, cuando se enteraban me lo negaban y debía usar mi propia sangre para poder escribir... A falta de plumas, me convertí en un experto en el arte de cortar huesos con los que podía luego narrar mis alucinaciones... Contar al mundo las atrocidades de quienes me habían encerrado... Usaba tirillas de papel que luego ponía entre los huecos de las paredes... Si van allí, entre las ruinas es posible que aún encuentren manuscritos míos... No, mejor no decir nada porque irían a destruirlos...  Allí escribí mi mayor obra que la he perdido para siempre. Se llamaba “Las ciento veinte jornadas de Sodoma”... La hice en una banda enrollada de papel... La inicié, lo recuerdo, el 22 de octubre de 1785 y me llevó un mes y un  día pero cuando se produjo la Revolución, desapareció... Es la mayor desgracia que el cielo podía reservarme... ¡Se perdió! La he intentado volver a escribir pero es imposible... Además es un viaje al infierno que no quiero repetir... Hablando de infiernos, el primer día que llegué, lo recuerdo como si fuera hoy, cuando me depositaron en la celda me costó largo rato acostumbrar mi vista a tanta oscuridad. En esa mugrienta sala, a la que se llegaba a través de terribles túneles que recorrían el fondo de la tierra, solo había una cama con un infecto colchón, una almohada y una colcha ambos saturados de orín... una mesa de mármol muy sucia y tres sillas a punto de destruirse. Las paredes permanecían negras de tanto hollín... Cuando quedé solo, recuerdo, me dediqué a leer las inscripciones de anteriores prisioneros... Una decía “La viuda Lally y O’Driscol, su hija fueron traídas a este infierno el 27 de setiembre de 1701...  A quien sí conocí fue a Mauclere, de Chalon-sur- Saone, uno de los vencedores del 14 de julio...  Cuando salió publicó “El lenguaje de los muros o los calabozos de la Bastilla, lanzando al viento sus secretos”... Si habré visto y escuchado atrocidades...  Me acusan de jugar con gente como ustedes, penetrarles por atrás, oh, sacrilegio compartido por los clérigos que depositan su líquido en tiernos jóvenes entregados por sus padres... ¡Vamos! El primer día preso, los carceleros, un tal Mayor y el guarda llaves, un individuo detestable, vestido apenas con una camisa larga y en calzoncillos y sin sombrero me trajeron una mesa plegable, una jarra grande llena de agua, una copa, un orinal, dos servilletas blancas, una silla de madera, un salero, una cuchara, un tenedor de estaño, ¡un insulto!, ¿por qué no podía tener uno de plata?, un cuchillito, un pan de libra y una botella de vino de tres cuartos litros... Lo recuerdo claramente... Luego de un rato de tironear conmigo, haciéndose los cómplices me dijeron que podía introducir otros muebles siempre y cuando... tuviese la orden expresa del señor ministro, lo cual era prácticamente imposible... Me dijeron que este era el mejor cuarto y la mejor cama, y que por eso debía pagarles seis francos por su alquiler... Conocí  a  un capellán más terrible que todos los carceleros... Nunca le vi dar consuelo a los prisioneros. Pero sí visitaba a las mujeres presas, en especial aquellas que se destacaban por su belleza, y si no aceptaban sus torturas y abusos las encerraba en las celdas más humillantes hasta que finalmente accedían... Entonces recibían las mejores comidas, las ropas más caras, nada les faltaba pero a cambio, debían convertirse en las putas más requeridas de los nobles que como moscas venían a La Bastilla a saciar sus deseos... Allí se practicaba diariamente la tortura... Los gritos eran insoportables... Nos llevaban a una gran sala, más profunda que las otras, y frente a un ejército de hujieres, lacayos, oficiales y otra gente, los jueces permanecían sentados en sus sillones, con sus ropas color escarlata y sus grandes pelucas... Allí sus empleados  nos relataban nuestras maldades por las que estábamos prisioneros y nos extorsionaban para que confesáramos lo que ellos querían que fuera cierto... Y siempre estaba el capellán, disfrutando del espectáculo... Y el Escribano, sentado frente a una mesa rodeado de carceleros con mazas prontas para usar... ¿Y las ratas? Las verdaderas. Según quien gobernara esa cárcel, permanecíamos en celdas decorosas o en terribles cuevas invadidas por las ratas y ratones... Combatíamos frente a ellos que nos devoraban la comida, los papeles, intentaban mordernos, nos comían nuestra ropa, hasta mi gorro de dormir destruyeron...  Pero yo era privilegiado... Vi prisioneros en estado lamentable... Espaldas encarnadas, trozos de piel colgando... La cárcel nunca es útil para cualquier ciudadano que cometa una falta... La historia ha demostrado que las vejaciones a las que se le somete sólo sirven para empeorarlo...  La prisión es el más perverso y peligroso de los castigos, es apenas un abuso de la justicia que el despotismo y la tiranía convirtieron en costumbre... Fue un invento para mantener encerrados los que debían ser juzgados por jueces que por distintas causas son omisos con su deber... Eso les permite tranquilizar su conciencia al no determinar la libertad o la muerte del reo. Si un hombre es culpable debe ser eliminado... Si es inocente, absuelto... Claro, lo único que se puede aducir es la esperanza en encontrarle libre de culpa, finalmente,  de pecados... Pero no es posible corregir a un malhechor aislándolo de sus semejantes. Es de la Sociedad que debe recibir diariamente el castigo... ¿De qué sirve mantenerlo en solitario, sin hacer nada, abandonado, aumentando sus vicios, con su cabeza y su sangre hirviendo, rodeado de quienes lo van a corromper aún más? Cuando sale de la cárcel es más peligroso que cuando ingresó. Las jaulas y las cadenas son para las bestias feroces, o para jugar como lo hacemos nosotros, ¿verdad?... Si le hablara de mis pensamientos utópicos... De la sociedad que he visualizado en sueños donde las cosas pertenecen al Estado, y los hombres disfrutan en préstamo de los bienes, donde los jóvenes ayudan a los viejos, sabiendo que cuando lleguen a esa edad serán los beneficiarios de los que les siguen, una sociedad justa donde el peso está en el trabajo y donde la igualdad de los bienes materiales termina con los robos... Los niños deben ser alejados del hogar paterno para terminar con los incestos... Educados cuidadosamente por responsables maestros honrados, desaparecen las violaciones, mientras al existir el divorcio, se acaba con los adulterios. ¿Y los suicidios? Para qué cometerlos si la felicidad es patrimonio de todos... Debo reconocer que para terminar totalmente con el crimen en la tierra sería preciso que fuéramos dioses y no trabajáramos sobre un material tan corrupto como el hombre...   Pero basta, basta... Dediquémonos a lo nuestro... Debo haberle asustado con tanta violencia... A ver, ¿qué podemos hacer?... ¿A qué podemos jugar?... Ya sé... Tengo unas pinzas que pueden concentrar la sangre de una manera deliciosa... ¿Nunca las ha probado...? No tema, yo le excitaré tocando esa carne tan hermosa que tiene entre las piernas y esa mezcla de dolor y placer le resultará exquisita... Son las pinzas para colgar la ropa de mi vecina... Ella jamás sabrá dónde fueron a parar cuando encuentre sus vestidos prolijamente depositados en el piso de su azotea... Ja... A ver... Su piel es tan deliciosa... Podríamos empezar por las piernas, los muslos... Esos muslos pulposos... Ah, qué ganas de penetrarle por detrás, sodomizarle como si se tratara de domar un potro salvaje, ¿ve cómo me calienta su cuerpo? Sí, veo que también pasan cosas por usted ... No, mejor colocaría las pinzas... ¿Dónde?... Acá, en sus pezones... ¡Qué rojos que están! ¡Y qué erectos! ¡Toque mi miembro, verá qué grande que se ha puesto! ¡Ah, qué tonto! ¡Si es que no puede hacerlo por sus ataduras...
No importa... Ya va a poder saborearlo largamente... Pero como con el buen vino, este juego necesita de los tiempos, mi querido tormento, nada puede ser impulsivo... Todo tiene que ir dándose paso a paso... Pero las imágenes me perturban... ¡¿Para qué le habré contado lo de La Bastilla?!  Ahora se agolpan los recuerdos en mi cabeza... Es que eso no pertenece sólo a la cárcel... Es el propio ser humano... vaya paradoja... Somos nosotros los que traemos en nuestra esencia la destrucción... Somos salvajes contenidos... Y esto que hacemos usted y yo es un ritual que otros confunden con el acto en sí... Usted nunca pasó por una escuela, y menos salió de esta ciudad, pero acepte como cierto lo que un amigo me contaba... Más allá del océano hay un nuevo mundo... Le dicen así... Fueron los españoles quienes lo invadieron por primera vez... Llevaron la resaca que les infectaba las cárceles y con ellos conquistaron a quienes estaban allí... Que no eran mejores que ellos... En el rito de la cosecha, el sacerdote de un lugar magnífico, lleno de oro y demás riquezas, se subía a una enorme pirámide y frente al pueblo que aullaba de placer, hacía traer a una doncella que sumisa aceptaba ser sacrificada... Sin matarla, le cortaba la piel, con tan precisión que luego de arrancada a la infeliz quedaba como una bolsa flácida, entonces introducía su cuerpo, su propio cuerpo en ella llenándose de sangre recién liberada y mojaba una canasta llena de cereales que así bendecía, para que la próxima cosecha fuera buena... Mientras la gente deliraba en trance, la sacrificada sufría los estertores en carne viva, y sin la protección de su piel, roja, gritaba y finalmente moría o arrojándose ella misma al vacío, o siendo muerta por los guardias, preparados para ello. ¿Y hablan de mí? Pero no hay que ir tan lejos, mi confidente, la Iglesia o el Estado, si el individuo no es  cristiano o ha cometido algún sacrilegio frente al Poder están autorizados a ponerle en el potro, desollarle, quemarle con aceite hirviendo, cortarle en pedazos... ¿Sabe la tortura que habían inventado los romanos a quienes mataban a sus hijos? Le llamaban Culeus y consistía en poner a los infelices en una bolsa de cuero, junto a un perro, una mona, un grillo y una víbora. El saco era cocido y (con toda su carga) tirado al mar... ¿Qué le parece? Y se espantan cuando cuento nuestras fiestas... Bueno, cuando exagero sobre nuestros encuentros... Pero basta de charla, ahora dediquémonos al placer nuestro... Tenemos una noche muy larga por delante... Espere... ¿Qué son esos golpes? Golpean la puerta... ¿A esta hora? Debe ser la cargosa de mi esposa... Ella siempre espera que cambie mis hábitos... ¿Y si la invitamos a participar? No, mejor, no... Nos arruinaría la diversión... Vengo enseguida, no se vaya... Disculpe, es una broma... ¡¿Quién es?! (Desaparece. Luego de unos segundos se escucha)  ¡Ustedes no pueden entrar así porque sí! ¡No me toque! ¡No, estaba habitación, no! ¡Este cuarto es reservado! (Entra con la cara desencajada) ¡Déjenme!... No tienen derecho a invadir mi casa... (Es empujado contra la pared) ¡¿Qué quieren?! ¡¿Esa carta de quién es?! ¡Suéltenme! ¡Me lastima las muñecas! ¡¿Eh?! (Queda mirando a quien le pregunta) ¿Esa persona? ¡No es lo que ustedes creen...!  ¡Déjenle ir, no tiene nada que ver con esto...!  No, no, aceptó por el pago de un dinero... No, no es una víctima mía... ¡Basta de tonterías sobre  mi persona! Sí, soy yo, el Marqués de Sade... ¿Qué es lo que quieren? (Le habla a quien le sujeta las manos a la espalda) ¡Saque esas manos mugrientas de mí! ¡Le puedo explicar todo! (Mira al principal del grupo) Usted que parece una persona inteligente... ¿Qué está pasando? ¿Por qué este atropello? ¡¿Quién es usted, por favor?! ¿Un Juez...? Un juez... ¡¿Quién firma ese papel indigno?!  ¡Quiero saber! ¡Por favor, señor Juez, dígale a esta  gente que puedo explicar lo que está sucediendo...! ¡Sí, yo le contraté...! ¡Sí, ejerce la prostitución...!  ¡No, no le iba a  hacer nada, sólo... nos divertíamos...! ¡Sólo un pacto, un acuerdo entre ambos...! ¡No, no, no ironice...! ¡Soy un noble...! ¡Me debe respeto...! ¿Eso arriba de la mesa? Todo lo que está ahí no es más que... para jugar... ¡No, ¿cómo puede imaginar?!, ¡No pensaba usarlo con...!  Sé que es difícil de entender... ¡No, suéltenle...! ¡No le toquen, permítanme a mí sacarle las...! ¡Señores! ¡Señor Juez! ¡Por favor! ¡Quítenle el trapo de la boca y verán como  les cuenta lo que estábamos haciendo...! ¡Señor Juez! ¡Le exijo, está bien, disculpe, le  ruego que...! ¡Señor Juez! ¡Qué hace! ¡No, sus hombres no pueden lastimarle! ¡No, no pueden tocarle! ¡No, no tienen porqué  torturarle! ¡Quítenle las manos de encima! ¡Dejen eso! ¡No le peguen con el látigo! ¡Le están hiriendo! ¡Le sale sangre! ¡Es un abuso! ¡No! ¡No! ¡Señor Juez, ¿Qué hace? ¡No es de su dignidad hacerlo! ¡Escúcheme! ¿Por qué se baja los...? No, no le penetre! ¡Por ahí no! ¡Por ahí no! ¡Tenga piedad! ¡No, no, no siga! ¡Le está lastimando! ¡Ay, mis muñecas! ¡No, el cuchillo, no! ¡No, señor Juez! ¡No, no, no tiene porque matarle, por favor! ¡No mate, señor Juez! ¡Era un juego, señor Juez! ¡Era un juego! ¡Escuche sus gritos! ¡Escuche sus gritos! ¡Con su boca tapada, escuche cómo grita! ¡¿No le perfora sus oídos?! ¡Tenga piedad! ¡Está sangrando! ¡No, deténgase, en su pecho, no! ¡No tiene derecho! ¡No tiene derecho! ¡Noooooooooooooo! ¡Usted...! ¡Máteme a mí! ¡Tortúreme a mí! ¡¿Por qué no a mí, eh?! ¡¿Por qué no a  mí?! ¡¿Por qué?!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ¡Socorro! ¡Que alguien me escuche! (Ve como se retiran rápidamente) ¡No, ¿ahora qué pasa? no se vayan! (le sueltan y cae al piso) ¡No se vayan...! ¡Cobardes...! ¡Se amparan en su Poder! (Llora. Queda caído). ¡Han desbaratado mi obra! ¡Imbéciles! ¡Mediocres! ¡Han cometido un sacrilegio! ¡Bestias! (se arrastra hasta la persona que permanece atada) ¡Dígame algo! ¡Espere, le libero los labios! ¡Mire, ya no tiene la mordaza! ¡¡Por favor, dígame algo! ¡Contésteme! ¡Se lo ordeno! ¡Diga algo! (Silencio) Es inútil...¡Ha muerto! (Espantado, va gateando hacia la pared) ¡Le han asesinado! ¡Tiempo enseñándole, jugando...! ¡No puede ser! ¡La historia se repite...! ¡¡¡Otra vez más no, por favor!!! (Silencio mirándole. Lentamente se va incorporando y queda contra el muro. Poco a poco se recompone) ¡Se lo juro..., conmigo no van a poder! (grita)  ¡Conmigo no van a poder!
(Se  apagan las luces)

La Linyera, de Andrés Caro Berta

LA LINYERA

CLAUDIA, LA ABUELA Y EL CIRUJA


















 

de Andrés Caro Berta
Registrada en AGADU


(Érase que se era una linyera de pantalón rotoso realmente, encima una pollera también rotosa, una blusa que le queda grande, encima un sweater comido por las polillas, zapatillas debajo de las cuales lleva dos pares de medias de lana o algo así y encima las cubre con otro par de medias (¿?). No se olvida de sus guantes... aunque no tengan dedos. Tampoco se olvida de su sombrero y lleva el cabello rizado natural, la cara sucia, las manos (o los dedos, je...) sucios pero con tierra o algo así, no melosas. Tampoco la cara está limpiecita. Siempre va a la plaza y se sienta sobre un banco y allí cuenta su historia, porque ella es... Tiene toda una historia atrás, no nació en una villa miseria ni en un hogar careciente. Algo pasó en su vida que la llevó a ganar la calle. Pero no es cerrada, es ingenua en su dolor, que no sabe que es dolor... Si se le acercan, ella no siente temor...) Este texto de Elizabeth Ríos, actriz porteña enviado por correo electrónico a mí, fue el disparador para la siguiente obra teatral.

1- (Descripción del lugar)
Tengo frío… Tengo frío… ¡Que tengo frío…! ¡Dónde dejé los cartones! ¡Ese guacho de mierda..! ¡Me los robó! No me hayo sin cartones… ¿Y dónde me refugio ahora? Esta plaza es toda abierta. Ni el monumento ese tiene un huequito para meterse… Además los milicos están bravos… Si tuviera mis cartones armo el refugio donde sea… Pero justo hoy al guacho de mierda ese se le da por robármelos… ¿Para qué? Si no los necesita…

2- (Relación con el tipo)
Para joderme, nada más… Eso, para joderme… Debe querer algo conmigo… Ni ahí…  No, el tipo ese se cree que soy como él… No, no es así… Odio a ese tipo… Se cree que siempre fui así… Me ve así, vestida así, con esta pinta y se que cree que… No, nene… Es que elegí, ¿sabés?... Elegí esta vida… Pero qué va a entender… Si él siempre fue linyera… Ni sabe cuánto es dos más dos… Ni pisó la escuela… ¡Qué va a saber! ¡Ese no sabe nada! ¡Ni quién es la madre!...

3- (Hacia él)
(Grita) ¡¿Te parieron en la basura?! (Se ríe para ella) Jajaja… En la basura… No está mal… Jaja…
4- (Recuerdos de familia)
En la… ¡En mi casa había una estufa de leña, de esas que tienen esas cosas adelante para que lo que salte no provoque un incendio…! Sí, señor… ¿Cómo se llaman? Bueno, qué importa… De chiquita elegí… “¿Qué querés ser cuando grande?” “Linyera”, le decía a mi abuela que se pegaba un susto… La madre de mi madre…  “Ay, nena, mire las cosas que se te ocurren” Y sí, abuela, las cosas que se te ocurren, se cumplen en la vida cuando una las quiere con muchas ganas... Es el Destino… Si querés algo… tenés que hacer mucha fuerza, mucha, mucha para que se cumpla… No aflojar…
5- (Descripción y tipo)
Pero tengo frío y no es joda… Se me mete por todos lados… ¡Y este estúpido que me roba siempre los cartones…! ¡Está de vivo! ¡Son míos! (Grita) ¡Los retiré con mis manos! ¡No se los pedí a nadie!  ¡Guacho de mierda! ¡Que ni dientes tiene! Yo sí… uno, dos, tres… (Se ríe)
6- (Escena de la abuela en televisión)
Mi padre quería que fuera, yo qué sé… Doctora, arquitecta… Decoradora de interiores… Pero yo quería linyera… Es que una vez, había visto en la televisión una mina, re valiente, una mina de verdad, no una actriz… Le encajaron la cámara con luz casi en la cara y el estúpido le preguntaba estupideces, como no podía ser de otra forma… Y la vieja miraba el foco, molesta,  y de pronto dijo una frase rara…: “Apagá la luz, atorrante, que me despertás al Ciruja” El Ciruja era un perro que daba lástima. Estaba todo arrollado adentro de una caja de cartón enorme, y ni bola que les daba a ellos. Pero ella estaba preocupada por él, como si fuera su bebé. “¿Quién es esa señora?”, le pregunté a mamá y ella con cara de asco me dijo que era una linyera. “¿Una qué?” “Una bichicome, pobre mujer, con el frío que hace…” Yo me quedé pensando en qué sería una linyera… Y después la vieja, en la televisión se mandó otra que ahí sí,  me quemó la cabeza: “Enfocame, dale, enfocame ya que no me sacás esa luz de encima… Voy a dar un mensaje importante…” Y me acuerdo que se levantó y se puso muy seria. Y los ojos le brillaban… “Yo tengo una nieta que me debe estar mirando. A vos, Claudia, a ver si algún día venís a buscarme. Mirá, ésta es la plaza… Estoy viejita, Claudia, pero me voy a aguantar de morirme hasta que vengas a buscarme. Vos, Claudia, que no te conozco porque tu viejo no quiere que me veas” Yo tenía como ocho años, y me llamaba Claudia… Bueno, me sigo llamando. Y me dije: “Es mi abuela. La que me dijeron que se había muerto”  En casa se mataban de risa de la vieja. Hasta mi madre, que se tapaba la boca para disimular… Y me cargaban: “Mirá, dijo Claudia, te está llamando. Llama a la nieta… ¿No serás vos, che? ¿La nieta de la linyera esa?…” Y yo esa noche me quedé callada. Terminó el programa y todos se fueron a acostar. Yo también, claro, antes me hicieron lavar los dientes, como todas las noches… Y me miré el espejo, y me dije: “Cuando sea grande te voy a buscar, abuela. Aguantá. No te mueras”… No me puedo olvidar del rostro de esa vieja. Lo he buscado por todos lados desde que pude irme de mi casa. No. Desde antes. No fue fácil irme.
7- (Situación del padre y la madre)
A mi madre la llevé a la tumba. Siempre llorando… ¡Mentirosa! ¡Qué me importa! Mi viejo es más fuerte, o se hace… Cada tanto me encuentra y me pide que vuelva. “Vení”, me dice. “Te está esperando la estufa prendida… Hay una soledad en la casa…” y yo hago como que no me importa. Se me parte el corazón de verlo así, viejo, arrugado.
8- (Misión en su vida)
Pero elegí ser linyera… Como ella… Y tengo una misión en la vida,  encontrar a mi abuela. Y al Ciruja. En las noches que me tomo hasta el perfume, o me fumo todo con la lata, los veo. A los dos. Pero después se me van y no sé por donde se escondieron. Si serán guachos…
9- (Escena con la hermana)
Mi hermana no quiere saber nada. Se asusta. No quiere ni que pase cerca del hijo. Una vez me vino como una cosa… Y me fui caminando hasta mi casa… Y me senté enfrente… Y miraba… En la ventana de arriba, el Carlitos me miraba. Yo sé que me miraba. Y después gritaba “la tía, la tía, vino la tía” Y yo, tranquila, sentada en el pasto de enfrente sonreía sin moverme. Al rato cayó mi hermana. “¿Qué querés?”, me dijo. “¿Querés que se muera otro en la familia?” Yo armé un pucho y nada. “Ta’ lindo el pibe”, me salió, mirando fijo el cigarrillo que iba armando… También miraba los zapatos de mi hermana. Estaban buenos. Yo jamás los usaría, pero estaban buenos… Eran de charol… “No puedo creer que prefieras… “, empezó y se calló. Prendí el pucho, me chupé todo el humo y me quedé mirando la ventana. “Ta’ lindo el pibe…” “Se llama Carlos”  “Sí, ta’ lindo el Carlitos” Y se agachó y puso sus ojos a la altura de los míos. “Claudia, mirame”, me dijo. Y yo la miré. “¿Qué pasó, Claudia. Tenías todo. Y mamá… que no resistió… Por tu culpa… No, perdoname… Pero sí, la perdimos porque…” Yo la entiendo a mi hermana… Ella siente vergüenza de mí… Se casó. El marido no es malo. Le dio un hijo. Tienen un autito… Pero es de ir a la peluquería los sábados para quedarse a ver televisión… Tiene una vida así de chiquita… Nunca tocó un libro, ni le importó…
10- (Escena de los libros)
En cambio a mí… Cuando se van los últimos puestos de la feria… los que venden porquerías… Yo corro a ver si pesco algún libro, o una revista… Cualquier cosa. Pucha que no tengo lugar que si no… Y me los roban… Que si no… Los otros días, los de la vuelta me los prendieron fuego… Ya sé que hacía frío pero eran unos de francés… De negocios… De cómo viven allá… Ya sé que no sirven para nada pero era lo que había… La otra vez había encontrado en la basura uno sobre la revolución francesa… Estaba de bueno… Contaba lo de la guillotina… Pero el perro de mierda del viejo de la esquina lo meó todo… Ya me dije, perro que venga a mearme un libro o una revista, perro que acuchillo y chau…
11- (El libro del bebé)
Tengo uno que ese sí no lo largo… Un libro, digo… Es de un bebé con sus medidas, y qué le dijo el médico, cuánto pesó… Y… yo qué sé que le pudo pasar al gurí ese… Para que tiraran ese libro… Hasta su foto tiene… Gordito… ¿Se habrá muerto?... Porque tirar ese libro… Está lindo… Lo llevo en el carro, debajo de las frazadas. Está envuelto para que no se moje cuando llueve… Yo a veces me hago la loca y lo muestro como si fuera de mi hijo… Yo no tengo, pero les miento… Y los tarados me creen… (Silencio)… “¿Y dónde lo dejaste?” “¿A quién se lo diste?”… Tarados…
12- (Segunda escena con la hermana)
¡Qué frío que hace!... Ah, sí, lo de mi hermana… Y entonces la miré y no dije nada. Y después “¿Y papá?”,  tan bajito que casi no me sentí yo misma. “Te extraña”, me dijo y se me hizo un nudo. “¿Tenés guita?” le dije. “¿Cuánto querés?” “No tengo para puchos”. “Veni y te bañás, y te la doy”, me dijo. Pero le dije que no. Aunque me moría de ganas. No, no… Yo sé lo que venía después… “Que quedate, que así no podés seguir, que mirá cómo estás… Qué flaca… ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?”  No, ni ahí… Me gusta esta vida aunque nadie lo entienda… Yo elegí… Elegí la calle… Ser linyera…
13- (Escena con Dios y los milicos)
 iMierda, qué frío que hace…! Yo a veces hablo con Dios… Dicen que estoy loca… Miren si lo voy a estar...  Los locos son ellos… Siempre lo hago de callada, pero una vez estaba sacada y me puse a gritar, jajajaja… Y casi me llevan… Vinieron los milicos de mierda, que no sirven para nada y que yo estaba haciendo escándalo, y qué te pasa, y donde tenés la droga y vení con nosotros, ni mamada, sé lo que hacen después… Te toquetean toda, te meten la mano, no le hacen asco a nada… “Chiquilina de mierda”, me decía uno de ellos, y yo estaba sacada… Pero al final, no sé, me salvé, los llamaron por la radio, se ve que tenían algo más importante y rajaron… Sino me llevaban al manicomio. Cantado.
14- (Dios y el flaco Luis)
Yo le digo a Dios lo que no le digo a nadie. Y él me escucha. A veces es medio sordo, o hace como que no me da bola, pero me escucha. Es mi amigo… Si le habré contado de cosas… Secretos… Pero hay algo que no me ha cumplido. Encontrar a la abuela. O al Ciruja… Nada… ¿Cuántos años llevo atrás de ellos?… Y nada…  Es que no me acuerdo de aquella plaza… ¿Dónde era? Era muy chica, yo, claro,  cuando la pasaron por televisión… Mire si me voy a acordar… Además, todas las plazas son iguales… Bueno, al menos por televisión… Nos reímos mucho con Dios… A veces se enoja conmigo… A veces no lo quiero ver por una semana… Una vez pasó algo horrible… El viejo que paraba en la esquina, el Flaco Luis… Horrible… Lo agarraron unos pendejos y lo prendieron fuego… Tal cual… Y el viejo estaba encopado, se había tomado hasta el agua de los floreros y no podía defenderse… Y lo rociaron no sé con qué y parecía un Judas… ¡Cómo gritaba ese hombre! Le sacaron unas fotos y lo rodeaban… Hasta que un vecino llamó a la policía y los nenes valientes desaparecieron… Nosotros le tiramos los trapos encima y apagamos el fuego, pero el Luis estaba a la miseria. Una vieja gritaba “llamen a una ambulancia, llamen a una ambulancia” pero para los pobres, ma’ qué ambulancia. Entonces miré para arriba y hablé con Dios. Lo hice en silencio para que nadie se diera cuenta, total, no me creen. Y le pedí que se lo llevara… “Dale”, le dije, “es un buen tipo. Te va a hacer compañía. Bancale que te hable todo el día del hijo, pero con unos tintos lo arreglás y se te duerme” y santo remedio… El flaco Luis dejó de respirar… De no creer… Ahí, me arrodillé y le dije “gracias”…
15- (La majuga y los milicos)
Puta, qué frío que hace… Los cartones… Tengo que buscar otro lugar… Este ya no sirve… Además se juntaron unos que tienen unas pintas… Ya no son los de antes, que eran respetuosos… No, estos están salados… No tienen códigos… Se drogan todo el tiempo… Roban y se drogan, roban y se drogan… Allá, abajo del puente es imposible… Se junta una majuga… Se la dan con todo… Hasta a los autos, paran… La otra vez pasó un milico de los grandes y les encajó dos chumbazos… Y nadie se enteró… Por dos días estuvo limpito el lugar pero después, de nuevo… Y es el mejor lugar. Hay sombra de día, calorcito de noche… Pero ni loca… Yo me pongo estas ropas… Sueltas… Para que no me vean mucho…
16- (La escena del fin de año)
¿Cuánto hace que no me pinto los labios? Jaja… Una noche de fin de año, me acuerdo… Me dije… Voy a recibir el año, pintada… Y robé un lápiz bien rojo y me lo pasé hasta que se gastó y no quedó nada… Era como un semáforo… jaja… “Bo, mirá la Clau”, me decían y  yo haciéndome la sota… Jajaja… Terminó mal pero ta’… Terminó mal… Bueno, cambiemos de tema… ¡Qué frío…! (Silencio) Fue por culpa de la Tita… Pero, ta’… Ya pasó… ¿Por qué le seguí la corriente? No, no fue culpa de ella… Yo quería… Estaba caliente… Y sí… Perdoná, Dios, tapate los oídos, ¿viste?... Y estaba muy sacada… Y sí, yo quería una fiestita… Para olvidarme del fin de año ese… Y los recuerdos… Y el calor de la estufa y… Sí, yo quería una fiestita… Pero no lo que… Le tenía unas ganas al Pedro… Ese bulto en el pantalón… Fui derechito y lo abrí, se lo saqué mientras todos aplaudían y se lo agarré con ganas, con los labios todos rojos y empecé a… Tapate, Dios, tapate… Y estaba buenísimo, y yo chupaba pero el Pedro es un animal… Y yo, de pasada que estaba, no tenía ni idea de lo que él podía hacer… Y me agarró de los pelos con la boca mía ahí, sin poder sacarla, que me atoraba y no podía zafar, y tenía arcadas y el tarado se reía a carcajadas mientras me sostenía mi cara ahí, y vinieron muchos,  yo qué sé cuántos, porque no podía ver para ningún lado y me quitaron las polleras y el pantalón… Se sentían los cohetes y la gente que gritaba y yo lloraba… De dolor y de rabia… Y la Tita desapareció. Era uno y otro, y otro… Yo me ahogaba con eso duro en mi boca, y me golpeaban como si estuvieran arriba de un caballo… Y no podía ni moverme hasta que vino la Julia, que es una mina a la que le tienen miedo porque loca puede hacer cualquier cosa y me largaron… Que si no… Ahí estuve no sé cuánto tiempo sin hablarle al de arriba… Lo odié. ¿Por qué dejaste que pasara eso?, le gritaba. Y nada. No me respondía. Debía sentir vergüenza. Eso. Porque no es mal tipo, y es mi amigo. Capaz que era un castigo no sé por qué.  Fue horrible. Estuve con pánico pila de tiempo. Que ni pasaba por ahí. Porque además los veía y me gritaban cosas a lo lejos, y yo agachaba la cabeza.
17- (La venganza)
Hasta que me vengué. Porque yo soy así. Soy tranquila hasta que me sacan. Una noche se me cruzó el Pedro con una botella de tinto en la mano. Estaba drogado y se movía como aquel tentepié que me regaló mi madre cuando era una bebé. Me dio la botella para que chupara y me dije, esta es la mía. Y todo en uno, pegué el pico en un muro y ta’, le incrusté el vidrio entre las piernas. Y bajo el farol, fue. Y le salía sangre y vino tinto de la herida. Y el tipo no podía hacer nada. No entendía lo que pasaba. Y yo me reía. Me reía. Y pensaba qué desperdicio, el vino tinto y ese pedazo hermoso que tenía. Arruinados. Se lo tenía merecido. Y agarré,  me fui y lo dejé desangrando. Se debe haber muerto porque los que iban con él desaparecieron. Y nunca más me molestaron.
18- (Buscando a la abuela)
Qué frío, che… Los cartones… La plaza tenía… tenía muchos bancos… Y árboles… Y un monumento… Pero andá saber de quién. Son todas iguales. Y era de noche. ¿Cómo se llamaría mi abuela, esa que me estaba llamando? El perro ya lo sé. En una época, me había entrado como la desesperación y caminaba preguntando a todos si la conocían. Los tenía hartos a los que viven como yo… Me llamaban “la nieta” Y nada… ¿Me moriré sin encontrarla? (Baja lentamente a la platea y va preguntando a los espectadores si la vieron, si la conocen, el perro. Jugar con las respuestas. Sube al escenario) No está… Nadie sabe nada… Me voy a morir sin conocerla… ¿Y si tiene frío como yo? Mi hermana no lo sabe… Nunca se lo conté… Le partiría el corazón…
19- (Lo que pasó en el cumpleaños de la hermana)
Fue a los nueve.  Nunca se lo cuentes (mira hacia arriba) Fue en el día del cumpleaños de ella… Qué frío que… Un tinto no vendría mal… Me habían pedido que fuera a buscar no sé qué cosa al cuarto de mis padres, antes que vinieran los invitados. Yo entré, estaba todo oscuro y sentí que alguien se estaba bañando. Me acerqué y era papá… Estaba… Estaba desnudo… Él se sorprendió tanto como yo (mira hacia arriba) Por favor, no le cuentes nada, eh… Quedamos paralizados… Nunca lo había visto… Nunca había visto eso… Y me dijo: “Vení, Claudita, con papá” y yo fui. Había cerrado el agua y estaba parado en la ducha. Yo me acerqué y él me pidió que le alcanzara la toalla… Yo se la alcancé y entonces le toqué eso… Que estaba duro… Nunca lo había visto… Nunca había visto uno,  y me dio la toalla para que se lo secara… Pero no se lo… cuentes… Yo no sabía si estaba bien o mal… Ahora sé, y me pidió que se lo tocara… y besara… Y en eso, entró mamá… Me tomó de los pelos, me dio un cachetazo y me dijo que era una degenerada, “justo el día del cumpleaños de tu hermana, para arruinarle la fiesta”, me dijo que provocaba a mi propio padre, me lavó la boca con agua y jabón, yo no entendía nada pero me dolía lo que hacía. Y ella le gritaba a mi padre… “Después vas a ver, después vas a ver” Estaba furiosa. En medio de los cachetazos me hizo jurar que nunca se lo contaría a nadie. Mi padre se vistió en silencio… Y salimos los tres del cuarto y afuera mi hermana y mi abuela, bueno, la madre de mi madre, no la de la plaza, la verdadera, estaban esperando para ver qué había pasado. Y no pasó nada. Un día, dos días, una semana y decidí irme.
20- (A los 18 años)
Juré que cuando cumpliera los 18 me iba… Demoré muchos años en hacerlo, pero me fui. En silencio. Cuando cumplí los 18. Desde esa época elegí la calle para vivir… Como mi abuela… Mi padre me daba asco… Mi madre… Ella casi ni me tocaba… Era todo con mi hermana… Y a mi padre nunca le dijo nada. Y yo  pasé todos esos años esperando… En silencio… Usando la ropa que me ponían, yendo al colegio y el liceo que me mandaban… Pero yo ya era linyera… Sólo esperaba poder dejarlos… Y ellos lo sabían… Les incomodaba mi presencia. Especialmente a papá y a mamá… Nunca más hablaron de lo que había pasado… Nunca más… Y yo me fui preparando… Para buscar a la única que me estaba esperando, con su perro Ciruja, al que no dejaban dormir… Abandoné todo… Y no les dio ni como para denunciarme a la policía… Me dejaron ir… Los odiaba. Me sentía sucia. Me odiaba… ¿Viste, Dios? No hiciste mucho, eh…
21- (¿Para qué volver?)

Qué frío… Un alcohol no estaría mal… Y ese tarado que robó los cartones… Tengo que buscar otro lugar para dormir… No, los refugios, no… Te roban hasta lo que no tenés…  (Queda en silencio. Mira hacia arriba como si Dios le hablara) ¿Volver a la casa? ¿Para qué? Ellos no son mi familia. Ya no tengo. Nunca tuve. Nací ahí, sí, pero por casualidad… (Mira hacia arriba) ¿Vos me pusiste ahí? Eso era una casa con gente adentro… Ahora soy libre…
22- (El desencuentro con la abuela)

Y busco a mi abuela… Y al Ciruja… Yo sé cómo ladra… No es un perro cualquiera, no… Yo sé cómo ladra… ¿Lo bancarán mis pichichos? Le van a ladrar a muerte… Pero sí, si se los ordeno, sí… Y la voz de mi abuela… “Claudia, tu padre no me…”, la siento acá, en la oreja… Una vez, cuando dormía cerca de las vías del tren, la sentí. Juro que la sentí, cerquita… Yo me había tomado todo y no podía casi levantarme… Y los perros ladraban, protegiéndome… Me apoyé en la pared y como pude le grité… “¡Abuela!” varias veces… Pero la deben haber espantado estos bichos… Les encajé varias patadas pero no hubo caso… Hasta que estuvo lejos, no pararon. Y yo no podía aguantarme en pie… Fue una estupidez mía… No me lo perdono… La tuve ahí… Cerca, y volví a perderla… No me lo perdono… Desde ese día trato de no emborracharme… De estar lúcida aunque no siempre se puede… No siempre… (Silencio) La tuve ahí… Pero, ¿qué les voy a decir a mis perros? Si son mi familia… Ellos no tienen la culpa de que yo haga estupideces…
23- (La parroquia)

Hay veces que no sé quién soy… Me pierdo… Otras, la tengo tan clarita… Cuando veo a las chiquilinas del colegio aquel… Con sus polleritas planchadas… Las medias altas… La mochila… Yo era una de esas… No me arrepiento… Pero las miro de lejos y no lo puedo creer… Yo era una de esas, me digo… Y les digo a mis perros, y ni ellos entienden nada… Una vez me acerqué a una de ellas y le dije que yo también había ido a ese colegio… Y gritó espantada, y salió corriendo (se ríe a carcajadas y va bajando hasta quedarse en silencio) Yo sabía hasta francés… todavía algo recuerdo… Teníamos que poner la boca como una trompita…  Cuando me dan la comida en la parroquia ni se imaginan que yo los domingos cantaba en el coro… El cura que tiene como mil años a veces me mira como si me reconociera, pero yo me hago la sota… Tenía linda voz… Y salía de noche a repartir comida… Jajaja… ¿Te das cuenta? Las vueltas de la vida… Yo prefiero callarme… No decir nada… Agarro el plato que me dan, con la cuchara de plástico y me voy a mi rincón en la plaza y  como en silencio… Y les tiro algo a mis perros… Tengo una misión en la vida. Por eso estoy acá. Porque voy a encontrar a mi abuela… La voy a encontrar… Así me lleve toda la vida… Ella me llamó y yo voy a ir. Me está esperando… Se lo prometí. Y vos me vas a ayudar, ¿ta?… (Mira hacia arriba)… Aunque a veces creo que no querés… ¿Por qué no querés?  (Silencio)

24- (El novio)

Una vez me enamoré… Lo había visto en una telenovela… Me flechó… Era de tarde y en el bazar de la esquina habían como veinte televisores y él estaba en todos… Y me miraba… Y me hablaba… Y yo no sabía qué decía porque estaba atrás de la vidriera… Pero sabía que me decía cosas… Porque me miraba a mí… Iba todas las tardes. Unos ojos pícaros. Labios finos… Elegante… El jopo se le caía y él lo levantaba con la mano. ¡Y cómo besaba! Yo soñaba que me besaba a mí. No me daban celos que besara a otra, porque era una novela…  Y un día pasó por la plaza… Fue horrible… Lo vi de lejos acercarse… Y me arreglé de apuro los pelos y estiré la ropa… Me levanté y esperé como una novia que viniera a mí… Y él ni me miraba… Y traté de llamarle la atención… Y entonces cruzó su mirada con la mía… “Hola”, le dije muy bajito… Y el se sonrió, y sin pararse a preguntarme nada… sacó la mano de su bolsillo… Ay, dios mío… Y me tiró una moneda… (Silencio prolongado) 

25- (Volver a empezar)

Me duele la barriga… Me voy a cagar de tanto frío… No importa cuánto tiempo pase… Capaz que termino viejita como mi abuela… Pero la voy a encontrar… Qué frío… (Queda estática. Busca en el carro y saca el libro del bebé. Se lo apoya en el pecho y lo abraza. Tararea una canción de cuna… Se pone tensa. Mira fijo hacia un costado. Larga el libro en el carro) No puede ser… ¡No puede ser! ¡Abuela! Esperame, abuela… ¡Ciruja! ¡Ciruja! (Va a tomar su carro, pero lo abandona y comienza a caminar acelerada y corre hasta casi desaparecer del escenario gritando) ¡Abuela! ¡Ciruja! ¡No se vayan! (Pero se frena… Vuelve a su lugar, al lado del carro… Sentada, con la cabeza gacha, en silencio, va armando un pucho…)

(Lentamente las luces se van apagando)

Fin