La Linyera, de Andrés Caro Berta

LA LINYERA

CLAUDIA, LA ABUELA Y EL CIRUJA


















 

de Andrés Caro Berta
Registrada en AGADU


(Érase que se era una linyera de pantalón rotoso realmente, encima una pollera también rotosa, una blusa que le queda grande, encima un sweater comido por las polillas, zapatillas debajo de las cuales lleva dos pares de medias de lana o algo así y encima las cubre con otro par de medias (¿?). No se olvida de sus guantes... aunque no tengan dedos. Tampoco se olvida de su sombrero y lleva el cabello rizado natural, la cara sucia, las manos (o los dedos, je...) sucios pero con tierra o algo así, no melosas. Tampoco la cara está limpiecita. Siempre va a la plaza y se sienta sobre un banco y allí cuenta su historia, porque ella es... Tiene toda una historia atrás, no nació en una villa miseria ni en un hogar careciente. Algo pasó en su vida que la llevó a ganar la calle. Pero no es cerrada, es ingenua en su dolor, que no sabe que es dolor... Si se le acercan, ella no siente temor...) Este texto de Elizabeth Ríos, actriz porteña enviado por correo electrónico a mí, fue el disparador para la siguiente obra teatral.

1- (Descripción del lugar)
Tengo frío… Tengo frío… ¡Que tengo frío…! ¡Dónde dejé los cartones! ¡Ese guacho de mierda..! ¡Me los robó! No me hayo sin cartones… ¿Y dónde me refugio ahora? Esta plaza es toda abierta. Ni el monumento ese tiene un huequito para meterse… Además los milicos están bravos… Si tuviera mis cartones armo el refugio donde sea… Pero justo hoy al guacho de mierda ese se le da por robármelos… ¿Para qué? Si no los necesita…

2- (Relación con el tipo)
Para joderme, nada más… Eso, para joderme… Debe querer algo conmigo… Ni ahí…  No, el tipo ese se cree que soy como él… No, no es así… Odio a ese tipo… Se cree que siempre fui así… Me ve así, vestida así, con esta pinta y se que cree que… No, nene… Es que elegí, ¿sabés?... Elegí esta vida… Pero qué va a entender… Si él siempre fue linyera… Ni sabe cuánto es dos más dos… Ni pisó la escuela… ¡Qué va a saber! ¡Ese no sabe nada! ¡Ni quién es la madre!...

3- (Hacia él)
(Grita) ¡¿Te parieron en la basura?! (Se ríe para ella) Jajaja… En la basura… No está mal… Jaja…
4- (Recuerdos de familia)
En la… ¡En mi casa había una estufa de leña, de esas que tienen esas cosas adelante para que lo que salte no provoque un incendio…! Sí, señor… ¿Cómo se llaman? Bueno, qué importa… De chiquita elegí… “¿Qué querés ser cuando grande?” “Linyera”, le decía a mi abuela que se pegaba un susto… La madre de mi madre…  “Ay, nena, mire las cosas que se te ocurren” Y sí, abuela, las cosas que se te ocurren, se cumplen en la vida cuando una las quiere con muchas ganas... Es el Destino… Si querés algo… tenés que hacer mucha fuerza, mucha, mucha para que se cumpla… No aflojar…
5- (Descripción y tipo)
Pero tengo frío y no es joda… Se me mete por todos lados… ¡Y este estúpido que me roba siempre los cartones…! ¡Está de vivo! ¡Son míos! (Grita) ¡Los retiré con mis manos! ¡No se los pedí a nadie!  ¡Guacho de mierda! ¡Que ni dientes tiene! Yo sí… uno, dos, tres… (Se ríe)
6- (Escena de la abuela en televisión)
Mi padre quería que fuera, yo qué sé… Doctora, arquitecta… Decoradora de interiores… Pero yo quería linyera… Es que una vez, había visto en la televisión una mina, re valiente, una mina de verdad, no una actriz… Le encajaron la cámara con luz casi en la cara y el estúpido le preguntaba estupideces, como no podía ser de otra forma… Y la vieja miraba el foco, molesta,  y de pronto dijo una frase rara…: “Apagá la luz, atorrante, que me despertás al Ciruja” El Ciruja era un perro que daba lástima. Estaba todo arrollado adentro de una caja de cartón enorme, y ni bola que les daba a ellos. Pero ella estaba preocupada por él, como si fuera su bebé. “¿Quién es esa señora?”, le pregunté a mamá y ella con cara de asco me dijo que era una linyera. “¿Una qué?” “Una bichicome, pobre mujer, con el frío que hace…” Yo me quedé pensando en qué sería una linyera… Y después la vieja, en la televisión se mandó otra que ahí sí,  me quemó la cabeza: “Enfocame, dale, enfocame ya que no me sacás esa luz de encima… Voy a dar un mensaje importante…” Y me acuerdo que se levantó y se puso muy seria. Y los ojos le brillaban… “Yo tengo una nieta que me debe estar mirando. A vos, Claudia, a ver si algún día venís a buscarme. Mirá, ésta es la plaza… Estoy viejita, Claudia, pero me voy a aguantar de morirme hasta que vengas a buscarme. Vos, Claudia, que no te conozco porque tu viejo no quiere que me veas” Yo tenía como ocho años, y me llamaba Claudia… Bueno, me sigo llamando. Y me dije: “Es mi abuela. La que me dijeron que se había muerto”  En casa se mataban de risa de la vieja. Hasta mi madre, que se tapaba la boca para disimular… Y me cargaban: “Mirá, dijo Claudia, te está llamando. Llama a la nieta… ¿No serás vos, che? ¿La nieta de la linyera esa?…” Y yo esa noche me quedé callada. Terminó el programa y todos se fueron a acostar. Yo también, claro, antes me hicieron lavar los dientes, como todas las noches… Y me miré el espejo, y me dije: “Cuando sea grande te voy a buscar, abuela. Aguantá. No te mueras”… No me puedo olvidar del rostro de esa vieja. Lo he buscado por todos lados desde que pude irme de mi casa. No. Desde antes. No fue fácil irme.
7- (Situación del padre y la madre)
A mi madre la llevé a la tumba. Siempre llorando… ¡Mentirosa! ¡Qué me importa! Mi viejo es más fuerte, o se hace… Cada tanto me encuentra y me pide que vuelva. “Vení”, me dice. “Te está esperando la estufa prendida… Hay una soledad en la casa…” y yo hago como que no me importa. Se me parte el corazón de verlo así, viejo, arrugado.
8- (Misión en su vida)
Pero elegí ser linyera… Como ella… Y tengo una misión en la vida,  encontrar a mi abuela. Y al Ciruja. En las noches que me tomo hasta el perfume, o me fumo todo con la lata, los veo. A los dos. Pero después se me van y no sé por donde se escondieron. Si serán guachos…
9- (Escena con la hermana)
Mi hermana no quiere saber nada. Se asusta. No quiere ni que pase cerca del hijo. Una vez me vino como una cosa… Y me fui caminando hasta mi casa… Y me senté enfrente… Y miraba… En la ventana de arriba, el Carlitos me miraba. Yo sé que me miraba. Y después gritaba “la tía, la tía, vino la tía” Y yo, tranquila, sentada en el pasto de enfrente sonreía sin moverme. Al rato cayó mi hermana. “¿Qué querés?”, me dijo. “¿Querés que se muera otro en la familia?” Yo armé un pucho y nada. “Ta’ lindo el pibe”, me salió, mirando fijo el cigarrillo que iba armando… También miraba los zapatos de mi hermana. Estaban buenos. Yo jamás los usaría, pero estaban buenos… Eran de charol… “No puedo creer que prefieras… “, empezó y se calló. Prendí el pucho, me chupé todo el humo y me quedé mirando la ventana. “Ta’ lindo el pibe…” “Se llama Carlos”  “Sí, ta’ lindo el Carlitos” Y se agachó y puso sus ojos a la altura de los míos. “Claudia, mirame”, me dijo. Y yo la miré. “¿Qué pasó, Claudia. Tenías todo. Y mamá… que no resistió… Por tu culpa… No, perdoname… Pero sí, la perdimos porque…” Yo la entiendo a mi hermana… Ella siente vergüenza de mí… Se casó. El marido no es malo. Le dio un hijo. Tienen un autito… Pero es de ir a la peluquería los sábados para quedarse a ver televisión… Tiene una vida así de chiquita… Nunca tocó un libro, ni le importó…
10- (Escena de los libros)
En cambio a mí… Cuando se van los últimos puestos de la feria… los que venden porquerías… Yo corro a ver si pesco algún libro, o una revista… Cualquier cosa. Pucha que no tengo lugar que si no… Y me los roban… Que si no… Los otros días, los de la vuelta me los prendieron fuego… Ya sé que hacía frío pero eran unos de francés… De negocios… De cómo viven allá… Ya sé que no sirven para nada pero era lo que había… La otra vez había encontrado en la basura uno sobre la revolución francesa… Estaba de bueno… Contaba lo de la guillotina… Pero el perro de mierda del viejo de la esquina lo meó todo… Ya me dije, perro que venga a mearme un libro o una revista, perro que acuchillo y chau…
11- (El libro del bebé)
Tengo uno que ese sí no lo largo… Un libro, digo… Es de un bebé con sus medidas, y qué le dijo el médico, cuánto pesó… Y… yo qué sé que le pudo pasar al gurí ese… Para que tiraran ese libro… Hasta su foto tiene… Gordito… ¿Se habrá muerto?... Porque tirar ese libro… Está lindo… Lo llevo en el carro, debajo de las frazadas. Está envuelto para que no se moje cuando llueve… Yo a veces me hago la loca y lo muestro como si fuera de mi hijo… Yo no tengo, pero les miento… Y los tarados me creen… (Silencio)… “¿Y dónde lo dejaste?” “¿A quién se lo diste?”… Tarados…
12- (Segunda escena con la hermana)
¡Qué frío que hace!... Ah, sí, lo de mi hermana… Y entonces la miré y no dije nada. Y después “¿Y papá?”,  tan bajito que casi no me sentí yo misma. “Te extraña”, me dijo y se me hizo un nudo. “¿Tenés guita?” le dije. “¿Cuánto querés?” “No tengo para puchos”. “Veni y te bañás, y te la doy”, me dijo. Pero le dije que no. Aunque me moría de ganas. No, no… Yo sé lo que venía después… “Que quedate, que así no podés seguir, que mirá cómo estás… Qué flaca… ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?”  No, ni ahí… Me gusta esta vida aunque nadie lo entienda… Yo elegí… Elegí la calle… Ser linyera…
13- (Escena con Dios y los milicos)
 iMierda, qué frío que hace…! Yo a veces hablo con Dios… Dicen que estoy loca… Miren si lo voy a estar...  Los locos son ellos… Siempre lo hago de callada, pero una vez estaba sacada y me puse a gritar, jajajaja… Y casi me llevan… Vinieron los milicos de mierda, que no sirven para nada y que yo estaba haciendo escándalo, y qué te pasa, y donde tenés la droga y vení con nosotros, ni mamada, sé lo que hacen después… Te toquetean toda, te meten la mano, no le hacen asco a nada… “Chiquilina de mierda”, me decía uno de ellos, y yo estaba sacada… Pero al final, no sé, me salvé, los llamaron por la radio, se ve que tenían algo más importante y rajaron… Sino me llevaban al manicomio. Cantado.
14- (Dios y el flaco Luis)
Yo le digo a Dios lo que no le digo a nadie. Y él me escucha. A veces es medio sordo, o hace como que no me da bola, pero me escucha. Es mi amigo… Si le habré contado de cosas… Secretos… Pero hay algo que no me ha cumplido. Encontrar a la abuela. O al Ciruja… Nada… ¿Cuántos años llevo atrás de ellos?… Y nada…  Es que no me acuerdo de aquella plaza… ¿Dónde era? Era muy chica, yo, claro,  cuando la pasaron por televisión… Mire si me voy a acordar… Además, todas las plazas son iguales… Bueno, al menos por televisión… Nos reímos mucho con Dios… A veces se enoja conmigo… A veces no lo quiero ver por una semana… Una vez pasó algo horrible… El viejo que paraba en la esquina, el Flaco Luis… Horrible… Lo agarraron unos pendejos y lo prendieron fuego… Tal cual… Y el viejo estaba encopado, se había tomado hasta el agua de los floreros y no podía defenderse… Y lo rociaron no sé con qué y parecía un Judas… ¡Cómo gritaba ese hombre! Le sacaron unas fotos y lo rodeaban… Hasta que un vecino llamó a la policía y los nenes valientes desaparecieron… Nosotros le tiramos los trapos encima y apagamos el fuego, pero el Luis estaba a la miseria. Una vieja gritaba “llamen a una ambulancia, llamen a una ambulancia” pero para los pobres, ma’ qué ambulancia. Entonces miré para arriba y hablé con Dios. Lo hice en silencio para que nadie se diera cuenta, total, no me creen. Y le pedí que se lo llevara… “Dale”, le dije, “es un buen tipo. Te va a hacer compañía. Bancale que te hable todo el día del hijo, pero con unos tintos lo arreglás y se te duerme” y santo remedio… El flaco Luis dejó de respirar… De no creer… Ahí, me arrodillé y le dije “gracias”…
15- (La majuga y los milicos)
Puta, qué frío que hace… Los cartones… Tengo que buscar otro lugar… Este ya no sirve… Además se juntaron unos que tienen unas pintas… Ya no son los de antes, que eran respetuosos… No, estos están salados… No tienen códigos… Se drogan todo el tiempo… Roban y se drogan, roban y se drogan… Allá, abajo del puente es imposible… Se junta una majuga… Se la dan con todo… Hasta a los autos, paran… La otra vez pasó un milico de los grandes y les encajó dos chumbazos… Y nadie se enteró… Por dos días estuvo limpito el lugar pero después, de nuevo… Y es el mejor lugar. Hay sombra de día, calorcito de noche… Pero ni loca… Yo me pongo estas ropas… Sueltas… Para que no me vean mucho…
16- (La escena del fin de año)
¿Cuánto hace que no me pinto los labios? Jaja… Una noche de fin de año, me acuerdo… Me dije… Voy a recibir el año, pintada… Y robé un lápiz bien rojo y me lo pasé hasta que se gastó y no quedó nada… Era como un semáforo… jaja… “Bo, mirá la Clau”, me decían y  yo haciéndome la sota… Jajaja… Terminó mal pero ta’… Terminó mal… Bueno, cambiemos de tema… ¡Qué frío…! (Silencio) Fue por culpa de la Tita… Pero, ta’… Ya pasó… ¿Por qué le seguí la corriente? No, no fue culpa de ella… Yo quería… Estaba caliente… Y sí… Perdoná, Dios, tapate los oídos, ¿viste?... Y estaba muy sacada… Y sí, yo quería una fiestita… Para olvidarme del fin de año ese… Y los recuerdos… Y el calor de la estufa y… Sí, yo quería una fiestita… Pero no lo que… Le tenía unas ganas al Pedro… Ese bulto en el pantalón… Fui derechito y lo abrí, se lo saqué mientras todos aplaudían y se lo agarré con ganas, con los labios todos rojos y empecé a… Tapate, Dios, tapate… Y estaba buenísimo, y yo chupaba pero el Pedro es un animal… Y yo, de pasada que estaba, no tenía ni idea de lo que él podía hacer… Y me agarró de los pelos con la boca mía ahí, sin poder sacarla, que me atoraba y no podía zafar, y tenía arcadas y el tarado se reía a carcajadas mientras me sostenía mi cara ahí, y vinieron muchos,  yo qué sé cuántos, porque no podía ver para ningún lado y me quitaron las polleras y el pantalón… Se sentían los cohetes y la gente que gritaba y yo lloraba… De dolor y de rabia… Y la Tita desapareció. Era uno y otro, y otro… Yo me ahogaba con eso duro en mi boca, y me golpeaban como si estuvieran arriba de un caballo… Y no podía ni moverme hasta que vino la Julia, que es una mina a la que le tienen miedo porque loca puede hacer cualquier cosa y me largaron… Que si no… Ahí estuve no sé cuánto tiempo sin hablarle al de arriba… Lo odié. ¿Por qué dejaste que pasara eso?, le gritaba. Y nada. No me respondía. Debía sentir vergüenza. Eso. Porque no es mal tipo, y es mi amigo. Capaz que era un castigo no sé por qué.  Fue horrible. Estuve con pánico pila de tiempo. Que ni pasaba por ahí. Porque además los veía y me gritaban cosas a lo lejos, y yo agachaba la cabeza.
17- (La venganza)
Hasta que me vengué. Porque yo soy así. Soy tranquila hasta que me sacan. Una noche se me cruzó el Pedro con una botella de tinto en la mano. Estaba drogado y se movía como aquel tentepié que me regaló mi madre cuando era una bebé. Me dio la botella para que chupara y me dije, esta es la mía. Y todo en uno, pegué el pico en un muro y ta’, le incrusté el vidrio entre las piernas. Y bajo el farol, fue. Y le salía sangre y vino tinto de la herida. Y el tipo no podía hacer nada. No entendía lo que pasaba. Y yo me reía. Me reía. Y pensaba qué desperdicio, el vino tinto y ese pedazo hermoso que tenía. Arruinados. Se lo tenía merecido. Y agarré,  me fui y lo dejé desangrando. Se debe haber muerto porque los que iban con él desaparecieron. Y nunca más me molestaron.
18- (Buscando a la abuela)
Qué frío, che… Los cartones… La plaza tenía… tenía muchos bancos… Y árboles… Y un monumento… Pero andá saber de quién. Son todas iguales. Y era de noche. ¿Cómo se llamaría mi abuela, esa que me estaba llamando? El perro ya lo sé. En una época, me había entrado como la desesperación y caminaba preguntando a todos si la conocían. Los tenía hartos a los que viven como yo… Me llamaban “la nieta” Y nada… ¿Me moriré sin encontrarla? (Baja lentamente a la platea y va preguntando a los espectadores si la vieron, si la conocen, el perro. Jugar con las respuestas. Sube al escenario) No está… Nadie sabe nada… Me voy a morir sin conocerla… ¿Y si tiene frío como yo? Mi hermana no lo sabe… Nunca se lo conté… Le partiría el corazón…
19- (Lo que pasó en el cumpleaños de la hermana)
Fue a los nueve.  Nunca se lo cuentes (mira hacia arriba) Fue en el día del cumpleaños de ella… Qué frío que… Un tinto no vendría mal… Me habían pedido que fuera a buscar no sé qué cosa al cuarto de mis padres, antes que vinieran los invitados. Yo entré, estaba todo oscuro y sentí que alguien se estaba bañando. Me acerqué y era papá… Estaba… Estaba desnudo… Él se sorprendió tanto como yo (mira hacia arriba) Por favor, no le cuentes nada, eh… Quedamos paralizados… Nunca lo había visto… Nunca había visto eso… Y me dijo: “Vení, Claudita, con papá” y yo fui. Había cerrado el agua y estaba parado en la ducha. Yo me acerqué y él me pidió que le alcanzara la toalla… Yo se la alcancé y entonces le toqué eso… Que estaba duro… Nunca lo había visto… Nunca había visto uno,  y me dio la toalla para que se lo secara… Pero no se lo… cuentes… Yo no sabía si estaba bien o mal… Ahora sé, y me pidió que se lo tocara… y besara… Y en eso, entró mamá… Me tomó de los pelos, me dio un cachetazo y me dijo que era una degenerada, “justo el día del cumpleaños de tu hermana, para arruinarle la fiesta”, me dijo que provocaba a mi propio padre, me lavó la boca con agua y jabón, yo no entendía nada pero me dolía lo que hacía. Y ella le gritaba a mi padre… “Después vas a ver, después vas a ver” Estaba furiosa. En medio de los cachetazos me hizo jurar que nunca se lo contaría a nadie. Mi padre se vistió en silencio… Y salimos los tres del cuarto y afuera mi hermana y mi abuela, bueno, la madre de mi madre, no la de la plaza, la verdadera, estaban esperando para ver qué había pasado. Y no pasó nada. Un día, dos días, una semana y decidí irme.
20- (A los 18 años)
Juré que cuando cumpliera los 18 me iba… Demoré muchos años en hacerlo, pero me fui. En silencio. Cuando cumplí los 18. Desde esa época elegí la calle para vivir… Como mi abuela… Mi padre me daba asco… Mi madre… Ella casi ni me tocaba… Era todo con mi hermana… Y a mi padre nunca le dijo nada. Y yo  pasé todos esos años esperando… En silencio… Usando la ropa que me ponían, yendo al colegio y el liceo que me mandaban… Pero yo ya era linyera… Sólo esperaba poder dejarlos… Y ellos lo sabían… Les incomodaba mi presencia. Especialmente a papá y a mamá… Nunca más hablaron de lo que había pasado… Nunca más… Y yo me fui preparando… Para buscar a la única que me estaba esperando, con su perro Ciruja, al que no dejaban dormir… Abandoné todo… Y no les dio ni como para denunciarme a la policía… Me dejaron ir… Los odiaba. Me sentía sucia. Me odiaba… ¿Viste, Dios? No hiciste mucho, eh…
21- (¿Para qué volver?)

Qué frío… Un alcohol no estaría mal… Y ese tarado que robó los cartones… Tengo que buscar otro lugar para dormir… No, los refugios, no… Te roban hasta lo que no tenés…  (Queda en silencio. Mira hacia arriba como si Dios le hablara) ¿Volver a la casa? ¿Para qué? Ellos no son mi familia. Ya no tengo. Nunca tuve. Nací ahí, sí, pero por casualidad… (Mira hacia arriba) ¿Vos me pusiste ahí? Eso era una casa con gente adentro… Ahora soy libre…
22- (El desencuentro con la abuela)

Y busco a mi abuela… Y al Ciruja… Yo sé cómo ladra… No es un perro cualquiera, no… Yo sé cómo ladra… ¿Lo bancarán mis pichichos? Le van a ladrar a muerte… Pero sí, si se los ordeno, sí… Y la voz de mi abuela… “Claudia, tu padre no me…”, la siento acá, en la oreja… Una vez, cuando dormía cerca de las vías del tren, la sentí. Juro que la sentí, cerquita… Yo me había tomado todo y no podía casi levantarme… Y los perros ladraban, protegiéndome… Me apoyé en la pared y como pude le grité… “¡Abuela!” varias veces… Pero la deben haber espantado estos bichos… Les encajé varias patadas pero no hubo caso… Hasta que estuvo lejos, no pararon. Y yo no podía aguantarme en pie… Fue una estupidez mía… No me lo perdono… La tuve ahí… Cerca, y volví a perderla… No me lo perdono… Desde ese día trato de no emborracharme… De estar lúcida aunque no siempre se puede… No siempre… (Silencio) La tuve ahí… Pero, ¿qué les voy a decir a mis perros? Si son mi familia… Ellos no tienen la culpa de que yo haga estupideces…
23- (La parroquia)

Hay veces que no sé quién soy… Me pierdo… Otras, la tengo tan clarita… Cuando veo a las chiquilinas del colegio aquel… Con sus polleritas planchadas… Las medias altas… La mochila… Yo era una de esas… No me arrepiento… Pero las miro de lejos y no lo puedo creer… Yo era una de esas, me digo… Y les digo a mis perros, y ni ellos entienden nada… Una vez me acerqué a una de ellas y le dije que yo también había ido a ese colegio… Y gritó espantada, y salió corriendo (se ríe a carcajadas y va bajando hasta quedarse en silencio) Yo sabía hasta francés… todavía algo recuerdo… Teníamos que poner la boca como una trompita…  Cuando me dan la comida en la parroquia ni se imaginan que yo los domingos cantaba en el coro… El cura que tiene como mil años a veces me mira como si me reconociera, pero yo me hago la sota… Tenía linda voz… Y salía de noche a repartir comida… Jajaja… ¿Te das cuenta? Las vueltas de la vida… Yo prefiero callarme… No decir nada… Agarro el plato que me dan, con la cuchara de plástico y me voy a mi rincón en la plaza y  como en silencio… Y les tiro algo a mis perros… Tengo una misión en la vida. Por eso estoy acá. Porque voy a encontrar a mi abuela… La voy a encontrar… Así me lleve toda la vida… Ella me llamó y yo voy a ir. Me está esperando… Se lo prometí. Y vos me vas a ayudar, ¿ta?… (Mira hacia arriba)… Aunque a veces creo que no querés… ¿Por qué no querés?  (Silencio)

24- (El novio)

Una vez me enamoré… Lo había visto en una telenovela… Me flechó… Era de tarde y en el bazar de la esquina habían como veinte televisores y él estaba en todos… Y me miraba… Y me hablaba… Y yo no sabía qué decía porque estaba atrás de la vidriera… Pero sabía que me decía cosas… Porque me miraba a mí… Iba todas las tardes. Unos ojos pícaros. Labios finos… Elegante… El jopo se le caía y él lo levantaba con la mano. ¡Y cómo besaba! Yo soñaba que me besaba a mí. No me daban celos que besara a otra, porque era una novela…  Y un día pasó por la plaza… Fue horrible… Lo vi de lejos acercarse… Y me arreglé de apuro los pelos y estiré la ropa… Me levanté y esperé como una novia que viniera a mí… Y él ni me miraba… Y traté de llamarle la atención… Y entonces cruzó su mirada con la mía… “Hola”, le dije muy bajito… Y el se sonrió, y sin pararse a preguntarme nada… sacó la mano de su bolsillo… Ay, dios mío… Y me tiró una moneda… (Silencio prolongado) 

25- (Volver a empezar)

Me duele la barriga… Me voy a cagar de tanto frío… No importa cuánto tiempo pase… Capaz que termino viejita como mi abuela… Pero la voy a encontrar… Qué frío… (Queda estática. Busca en el carro y saca el libro del bebé. Se lo apoya en el pecho y lo abraza. Tararea una canción de cuna… Se pone tensa. Mira fijo hacia un costado. Larga el libro en el carro) No puede ser… ¡No puede ser! ¡Abuela! Esperame, abuela… ¡Ciruja! ¡Ciruja! (Va a tomar su carro, pero lo abandona y comienza a caminar acelerada y corre hasta casi desaparecer del escenario gritando) ¡Abuela! ¡Ciruja! ¡No se vayan! (Pero se frena… Vuelve a su lugar, al lado del carro… Sentada, con la cabeza gacha, en silencio, va armando un pucho…)

(Lentamente las luces se van apagando)

Fin

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