El Arca de Noelia, una nave donde quepamos tod@s, comedia en un acto de Humberto Robles

“El Arca de Noelia”

- Una nave donde quepamos tod@s -

Comedia en un acto de Humberto Robles

Obra ganadora del X Concurso de Dramaturgia 2008
Fundación La Barraca, Venezuela

Personajes:

Noelia, la abuela (60-70 años)
Siempre en bata; manifiesta rasgos de demencia senil.

Genoveva, la madre, (40-45 años)
Usa ropa de aspecto hippie.

Alex, el hijo (18-23 años
Masculino, usa ropa casual, informal.

Esteban, el inquilino (20-25 años)
Masculino, usa ropa cotidiana, formal.
                                                                                       
La acción transcurre en la sala-comedor de un departamento clase media de la Ciudad de México. Época actual.


ACTO ÚNICO

                                                               Escena I

En el centro del escenario está la puerta principal. A la izquierda una puerta que conduce a un pasillo el cual lleva al cuarto de Noelia y de Genoveva; a la derecha un pasillo que comunica a los cuartos de Alex y de Esteban, el inquilino. Hay una mecedora frente a un televisor; una mesa con cuatro sillas, que es el comedor y a la vez el escritorio de Genoveva, donde hay libros, diccionarios, papeles, una laptop. Hay unos sillones a modo de sala con mesas laterales y lámparas, libreros, plantas. Hay elementos decorativos indígenas, artesanías, quizás un póster del Che o del subcomandante Marcos o con algún tema sobre cuestiones feministas. Durante el oscuro escuchamos la voz de una Locutora que dice:

Locutora: Se esperan lluvias aisladas por la tarde debido a la depresión tropical número once que asola las costas del golfo... Para esta noche la temperatura máxima será de catorce grados en la zona del centro...

Escuchamos truenos aislados y lejanos.

Voz Noelia (grabado): Habría que construir un arca.

Se va iluminando el escenario. Es una tarde nublada. Noelia está en la mecedora, cambiando los canales de la televisión; se queda en un programa sobre la vida de los animales que escuchamos en segundo plano. Genoveva está frente la mesa; se cerciora de no ser observada por Noelia, enciende un hiter (pequeño tubo o pipa para fumar marihuana) y retiene el humo. Suena el teléfono. Genoveva exhala el humo, lo espanta con la mano y contesta, mientras acomoda sus cosas, papeles, fólders, libros, etc.

Genoveva (al teléfono): ¿Bueno…? No, Alex no está... Habla su mamá... Yo creo que no debe tardar en regresar...
Noelia (espanta un olor en el aire): Huele a petate quemado.
Genoveva (al teléfono): ¿Quieres que le dé algún recado...?  Muy bien, Gustavo, yo le digo... Hasta luego... (Cuelga) Con ésta ya van como veinte veces que habla este muchacho.
Noelia (sin dejar de ver el televisor): Te digo que habría que construir un arca, Genoveva.
Genoveva: Ay, please, ahorita no empiece con sus cosas.
Noelia: Necesitaríamos madera de gofer y brea para recubrirla por dentro y por fuera.
Genoveva: Mire, Noelia, yo necesito que le diga a Alex...
Noelia: ¿Alex? ¿Qué Alex?
Genoveva: Su nieto.
Noelia: Mi nieto... ¿Tengo un nieto?
Genoveva: Sí, el hijo de su hijo y mío.
Noelia: ¿Yo tengo un hijo?
Genoveva: No. Tenía.
Noelia: ¿Y qué le pasó a mi hijo?
Genoveva: No me haga contarle otra vez lo del accidente... Ahorita lo que necesito es que le diga a Alex...
Noelia: ¿Qué Alex?
Genoveva: ¡Mi hijo!
Noelia (mecánicamente): Alex... tu hijo.
Genoveva: Dígale que me fui a entregar la traducción del artículo... Si se le ofrece algo, que me llame al celular.
Noelia (Viendo la televisión): ¿Qué dices? No te oigo bien.
Genoveva (alzando la voz): Que le diga a Alex que…
Noelia (interrumpe alzando la voz): ¡No te oigo, Genoveva!
Genoveva: ¿Le puede bajar el volumen a la televisión?
Noelia: Habla más fuerte... ¿Qué no ves que el volumen de la tele está muy alto?
Genoveva (va a bajarle el volumen a la televisión): Mire, Noelia, necesito que ponga, ya no digo mucho, sólo tantito de su parte.
Noelia: ¿Por qué le bajas? (señala el televisor) ¡Están pasando la vida de las suricatas!
Genoveva: ¡A mí qué me importan en estos momentos esas alimañas!
Noelia (viendo el televisor): ¡Mira cómo copulan... criaturitas del señor!
Genoveva (mira el televisor): Para mí eso casi raya en pornografía vil.
Noelia: No seas prejuiciosa... es la naturaleza.
Genoveva (al cielo): ¡Ay, paciencia, paciencia!
Noelia: Paciencia la del santo Job.
Genoveva: Por favor, brínquese sus citas bíblicas y póngame atención.
Noelia: Tengo una duda.
Genoveva: ¿Cuál? Les dejé comida en el microondas, sus medicinas están en el buró, Gustavo es el muchacho que le ha estado hable y hable a Alex.
Noelia: No, no, no es eso.
Genoveva: ¿Entonces?
Noelia: Según tú, ¿de qué tamaño deberíamos construir el arca?
Genoveva: ¡Por favor!
Noelia (Prosigue): En la Biblia dice que la longitud tendría que ser de 300 codos...
Genoveva: ¡Me va a volver loca, Noelia!

Suena el teléfono. Noelia y Genoveva hablan casi al unísono.

Noelia: (Prosigue) Ahí dice que debe ser de cincuenta codos de anchura y de treinta codos de altura...
Genoveva (contesta; al teléfono): ¿Diga...? Sí, joven, aquí es donde estamos rentando una recámara…
Noelia: Y hay que hacerle piso bajo, segundo y tercero...
Genoveva (la ignora, al teléfono): Puede pasar a verla cuando quiera…
Noelia: Genoveva, ¿un codo cuánto es...?
Genoveva (la ignora, al teléfono): De preferencia mañana porque ahorita voy de salida…

Escuchamos truenos aislados y lejanos.

Noelia: Porque ahí tienes que va a venir un diluvio... ¡Un señor diluvio...! Oye nomás que truenos...
Genoveva (al teléfono): El baño es compartido... Vivimos mi hijo, mi suegra y yo… (Pausa) Dos mil quinientos mensuales con luz y gas incluidos… Está muy bien ubicado y hay un metro a dos cuadras...
Noelia (Prosigue): En la Biblia dice bien clarito que hay que meter dos parejas de animales puros y dos parejas de animales impuros...
Genoveva (al teléfono): Perfecto, entonces lo esperamos mañana al mediodía... ¿Su nombre…? (Anota algo) Igualmente, Esteban, hasta luego… (Colgando, a Noelia) ¿De qué habla?
Noelia. ¡Del arca!
Genoveva: Es verdaderamente inútil tratar de hablar con usted... (Escribe una nota)
Noelia: ¿Pero cuáles son los animales puros... y cuáles los impuros, Genoveva? ¿Cómo reconocerías a cada uno...? ¿Tú qué opinas?
Genoveva: Yo opino que me debería llevar una gabardina y un paraguas para no empaparme.
Noelia: Harás bien... Luego te dan unos gripones marca diablo y a mi edad no me puedo dar el lujo de que me contagies... Te has de acordar: la última gripe me tumbó y me la pasé con fiebre no sé cuántos días.
Genoveva: Bueno, al menos ya establecimos una conversación más o menos coherente... Me puedo ir más tranquila.
Noelia: Despreocúpate, mujer... Vete en santa paz... Yo le digo a Alex que la comida está en el microondas... que le llamó su amigo Gustavo...
Genoveva (la observa y sondea): ¿Quién es Alex?
Noelia: ¿Qué te pasa? ¿Estás mal de tus facultades? ¡Alex es tu hijo! ¡Mi nieto!
Genoveva: Vaya... ¡Un minuto de cordura!
Noelia: ¿De veras no sabes quién es Alex? Si no lo sabes, tu caso es grave, Genoveva... Deberías checarte con un médico.
Genoveva: Sí lo sé, sólo la estaba poniendo a prueba a usted.
Noelia: ¿A mí por qué?
Genoveva: Porque a veces se le olvida quiénes somos, dónde está.
Noelia: ¡Estás mal de la cabeza, Genoveva! Tengo una memoria prodigiosa... Desde que era así, (Hace una seña con la mano) chiquita... Me aprendí las tablas de multiplicar antes que las otras niñas... También la tabla periódica de los elementos... Y los teoremas de Pitágoras.
Genoveva: Qué bien, qué bien... En cuanto llegue Alex, dígale que mañana viene un joven a ver el cuarto que estamos rentando… (Le tiende la nota) Y que su amigo Gustavo le ha estado hablando... Quién sabe qué querrá, pero le urge hablar con él.
Noelia: ¿Alex... qué Alex?
Genoveva: Su nieto...
Noelia: ¿Yo tengo un nieto?
Genoveva: ¡Ya empezamos de nuevo!

Genoveva deja la nota sobre la mesa; se cerciora de que Noelia no la vea, enciende el hiter, fuma, retiene el humo, exhala y lo espanta con la mano.

Noelia: Otra vez huele a petate chamuscado.
Genoveva (disimula): Debe ser que se mete el olor de alguna cocina.

Efecto truenos.

Noelia: Oye nomás que truenos... Parece que se va a caer el cielo a cubetazos... Es el diluvio, Genoveva, ¡el diluvio...! Hazme caso, insisto en que habría que construir un arca.
Genoveva: Sí, sí... En este edificio habitan tantas bestias que por tripulación no va a parar.
Noelia: Necesitamos maderas resinosas, como dice en el génesis. Hay que hacer el arca de cañizo y calafatearla por dentro y por fuera con betún.
Genoveva: Voy por mi gabardina y un paraguas. (Sale a los cuartos)
Noelia (Prosigue): Porque ya está escrito: va a llover cuarenta días y cuarenta noches... (Busca a Genoveva) ¿Me estás oyendo, Genoveva?
Genoveva (desde afuera). Ajá, que va a llover no-sé-cuánto-tiempo.
Noelia: Entonces contéstame para saber que me estás escuchando, carambas... Si no, parezco una vieja chiflada que le habla a la nada.
Genoveva (desde afuera): Sí, Noelia.
Noelia: Así está mejor... Oye... y según tú, ¿de dónde va a sacar dios tanta agua para hacer llover todos esos días?

Genoveva entra poniéndose una gabardina.

Noelia: ¿Eh? ¿De dónde?
Genoveva: ¡Yo qué voy a saber!
Noelia: ¡Pues piénsale, mujer, échale cacumen...! Haz cuentas, ¿cuántos litros de agua se necesitan para cubrir el planeta?
Genoveva: Hablando de litros, ya no hay leche... Si en una de esas se acuerda de esta conversación, dígale a Alex que no sea malito y que vaya a comprar dos litros... de la que tiene Omega 3.
Noelia: Alex…
Genoveva: ¡Su nieto!
Noelia: Cuéntame de él.
Genoveva: Otro día... (Se acuerda) ¡El paraguas! (Sale a los cuartos)
Noelia: ¿Cómo es tu hijo...? (Pausa) Tú no eres fea... él debe ser mono... (Pausa) ¿Me estás oyendo, Genoveva?
Genoveva (desde afuera): Sí...
Noelia: Entonces aunque sea di “ajá” para saber que me oyes, si no los vecinos van a pensar que soy una anciana que habla sola... ¡O peor: de ésas que se pelean y discuten con los monitos que salen en la tele!
Genoveva (Desde afuera): Ajá...
Noelia: No, como dice Alex, tampoco me des el avión...

La puerta de entrada se abre. Entra Alex muy serio con una mochila con útiles.

Noelia: ¡Hablando del rey de Roma!
Alex: Hola, abuela.
Noelia (muestra la mejilla): Mi beso.

Alex va a besarla.

Noelia: ¿Cómo te fue?
Alex (evasivo): Bien, bien...
Noelia: Por la cara que traes parece todo lo contrario... ¿Qué te pasó?
Alex: Nada.
Noelia: ¿Te reprobaron en algún examen?
Alex: No.
Noelia: ¿Te dejó la novia?
Alex: Yo no tengo novia, abuela.
Noelia: Pues deberías. No eres feo... (Confidencial) No como tu madre, que perdóname, pero es medio feyucona... Tú saliste a tu papá... porque mi hijo habrá sido todo lo que tú quieras y mandes, mujeriego y con sus vicios, pero de que era guapo, era guapo.
Alex: ¿Ya se fue mi mamá?
Noelia: ¿Mamá? ¿Cuál mamá?
Alex: Mi mamá.
Noelia: Ah, ¿tú tienes mamá? ¿Y como se llama?
Alex: ¡Genoveva, abuela!
Noelia: ¿Y cómo es...? Debe ser agraciada, porque tú te ves simpático.

Entra Genoveva del interior con el paraguas en la mano.

Genoveva: ¡Alex!
Alex: Hola, mamá.

Ambos se besan.

Alex: Creí que ya te habías ido.
Genoveva: En esas ando... No quiero que me agarre el aguacero.
Noelia: ¡¿Cuál aguacero, Genoveva?! Va a llover cuarenta días y cuarenta noches... De mí se acuerdan ustedes dos: este es el apocalipsis.
Alex: ¿De qué habla?
Genoveva: Así ha estado todo el día.... A ratitos bien, a ratitos con sus locuras... A veces parece que entiende todo lo que le dices y luego...
Noelia (Mira la televisión): Habría que construir un arca.
Alex: ¿Qué dice?
Genoveva: No le hagas caso... Les dejé comida en el microondas... Me voy a la editorial y de ahí a mi reunión porque ya viene el Día Internacional de la Mujer.
Alex: Sí, ma.
Genoveva: ¿No necesitas nada?
Noelia: Algo para quitarle esa cara larga, larga.
Genoveva (lo observa): Sí es cierto, no me había fijado. ¿Que tienes?
Alex (evasivo): Nada.
Genoveva: ¿Seguro?
Alex: Ajá.
Noelia: Te está dando el avión, Genoveva.
Genoveva: ¿De veras no te pasó algo?
Alex: ¡Que no!
Genoveva: Está bien... no te enojes.
Noelia: Desde hace días que este muchacho trae un aire de misterio que no puede con él.
Genoveva (Va a la mesa, toma unas llaves, descubre la nota): ¡Casi se me olvida...! Este muchacho te ha estado llame y llame... (Le la nota) Gustavo... Dice que le hables... (Le da la nota)
Alex: ¿Te pido un favor?
Genoveva: El que quieras, pero de volada porque voy con el tiempo justo.
Alex (rompe la nota): Si vuelve a hablar este idiota, dile que ya no vivo aquí, que me morí, ¡que me fui a vivir a China!
Noelia: Mmm, conque venimos de mal genio.
Genoveva: ¿Te peleaste con él? ¿No era tu amigo? ¿Qué te hizo?
Alex: Nada... pero no quiero saber nada de él.
Genoveva: Haces bien. Sigue mi consejo: evita los problemas a toda costa… Yo veo venir una bronca… y le doy la espalda.
Noelia (viendo el televisor): ¡La estrategia del avestruz!
Genoveva (a Alex): Fíjate que hasta llegué a pensar que ese muchacho estaba llamando para alquilarnos la otra habitación.
Alex: ¡Ni se te vaya a ocurrir rentársela a él!
Genoveva: No, por suerte acaba de hablar otro joven. Mañana viene a verla. Ojalá se quede. Con esos pesos estaremos más desahogados.
Noelia: ¡Pero si de todas formas nos vamos a ahogar...! A menos que me hagan caso y construyamos un arca.
Alex: ¿De qué hablas, abuela?
Genoveva: Está con la obsesión de que se viene un diluvio... (Confidencial) Tú síguele la corriente.
Noelia: No, tampoco me tiren de a lurias, ¿eh? Estaré vieja pero no demente.
Genoveva (la ignora, a Alex): Bueno, nos vemos.
Noelia: Una pareja de puros y una pareja de impuros.
Genoveva (Va a besar a Alex; lo observa): ¿En serio estás bien?
Alex: Que sí, ma.
Noelia: Si no te quiere contar, que no te cuente, Genoveva... déjalo... Respeta su privacidad.
Genoveva: Si le pregunto es porque es mi hijo y me interesan sus cosas.
Noelia: Ya sé que es tu hijo, no me lo tienes que aclarar... ¡Como si no lo supiera!
Alex: Es que a veces se te olvida, abuela.
Noelia: ¿Olvidárseme a mí? ¿Qué te pasa? Yo tengo una memoria que ya quisieran... Cuando era así (hace una seña con la mano), chiquitita, me sabía todas las capitales del mundo... De países que ahora ya ni existen como la Unión Soviética, Persia, el Congo Belga...
Genoveva (a Alex): La agarraste en sus dos minutos de lucidez...  Ya se tomó sus medicinas... Antes de dormir le das las que tiene en su buró.
Alex: Sí, ma.
Noelia: Este muchacho está tan parco, que para mí que se peló con la novia.
Alex: Ya te dije que no tengo novia, abuela.
Noelia: Pues deberías... No eres feo... (Mira a Genoveva) Tú tampoco... Aunque salió más parecido a su papá... (A Alex) ¿Qué te hizo la chamaca? ¿Se fue con otro? A esa edad cambian de galán como de humor... Perdona a tu novia y ya.

Efecto trueno.

Genoveva (A Alex): Me voy, m’hijo... (Lo besa) Bye… (A Noelia) Hasta luego.
Noelia (ve la televisión): Ándale, ándale, chulita... No te vayas a ensopar.

Genoveva sale por la puerta principal, observada por Noelia. Escuchamos truenos. Alex jala una silla y se sienta junto a Noelia.

Noelia: ¿La señora que salió es tu mamá?
Alex: Ajá.
Noelia: ¿Y tú eres su hijo?
Alex: Exacto.
Noelia: ¿O sea: mi nieto…?
Alex: Sí, abuela.
Noelia: ¡Mira qué chulada de nieto tengo! Saliste a mí en lo bien parecido.
Alex (viendo el televisor): Tú me avisas si quieres comer algo, abuela.
Noelia. ¡Quién piensa en comida en estos momentos, m’hijito, la cosa está que arde! Lo que necesito es que me ayudes a construir una embarcación... Necesitamos madera de gofer y brea... ¿Tú sabes cuánto es un codo en centímetros?
Alex: Ni idea... (Se queda ensimismado, viendo hacia el televisor)
Noelia: Mira, Alex, en la Biblia dice que de todo lo que vive, hay que meter dos de cada especie... de animales puros y de animales impuros... Pero no entiendo lo que pide dios, ¿cómo sabremos cuáles son los puros y cuáles los impuros...? ¿Tú qué crees...? Según yo las cucarachas son de las impuras... a ésas ni habría que subirlas al arca... Y a las moscas tampoco... Que dios no nos oiga ni nos vea, pero a esos bichos los dejamos en la tierra para que se mueran ahogados por el tormentón que se va a venir... Pero mariposas sí vamos a llevar... y pájaros de todos los colores... Rinocerontes, caballos, tortugas… Ratas no... Conejos sí... Vacas para la leche... y abejas para la miel... ¿Tú qué dices?

Alex ha permanecido callado; unas lágrimas recorren su rostro. Noelia se da cuenta hasta ese momento de que está llorando.

Noelia: M’hijo, estás llorando…
Alex (se limpia las lágrimas): No es nada, abuela.
Noelia: No llores por mí... Ni por los animales... Los vamos a salvar.
Alex: Ajá.
Noelia: ¿Por qué lloras?
Alex (evasivo): Por nada.
Noelia: Me lo puedes decir... Confía en mí... (Sonríe) Ya ves que todo se me olvida…
Alex: De veras... es una tontería.
Noelia (tras pausa): Déjame ver… Si no tienes novia… no lloras por una muchacha. (Pausa) Así que... (Calla)
Alex: ¿Qué?
Noelia (Tras pausa): Se me hace que lloras por ese muchacho que te ha estado llamando.
Alex (tras pausa): Sí, abuela... es por él.
Noelia: A ver, a ver… (Tras pausa) ¡Ah, ya entendí...! ¡Saliste a tu tío Miguel, un primo hermano de tu papá, que prefería la compañía de los muchachitos al de las muchachitas!
Alex (tras pausa): Pues sí.
Noelia: ¡Jesús, María y José! ¡No le vayas a decir a Genoveva nada de esto porque ella, así de liberal como la ves, está chapada a la antigua y sabrá-dios cómo lo vaya a tomar…! Yo porque estoy más allá del bien y del mal... pero tu mamá es medio especialita con esas cosas.
Alex: Algún día se lo diré.
Noelia: ¿Qué cosa?
Alex: Que soy gay.
Noelia: ¿Cómo que “gay”?
Alex: Homosexual, abuela.
Noelia: ¡Válgame la virgen santa, ¿a poco eres homosexual?!
Alex: ¡¿No me acabas de decir que salí a mi tío Miguel?!
Noelia: ¿Cuál tío Miguel?
Alex: ¡Un primo hermano de mi papá!
Noelia: ¿Te digo una cosa?
Alex: Claro.
Noelia: Habría que construir un arca…
Alex: Abuela...
Noelia: Dos parejas de puros... y dos parejas de impuros... porque va a llover cuarenta días y cuarenta noches...

Alex calla. Truenos, comienza a llover.

Noelia: ¿Ves? Ya empezó. El diluvio está aquí.

Oscuro.

Escena II

Durante el oscuro escuchamos a un Locutor:

Locutor: Un trozo de hielo de 40 kilómetros de largo comenzó a desprenderse de la plataforma de Wilkins, en la Antártica. Los científicos lo relacionan al cambio climático e informaron que nunca se había visto algo así…

Al día siguiente. Se ilumina el escenario. Es un día nublado. Genoveva, con otro vestuario, trabaja en su laptop; revisa diccionarios, traduce. Entra Noelia, sigilosa, se lleva una silla del comedor tratando de no llamar la atención de Genoveva.

Genoveva (sin verla, trabajando): Noelia, buenos días… ¿A dónde lleva esa silla?
Noelia: A… a mi cuarto.
Genoveva: ¿Se puede saber para qué?
Noelia: Este… Yo… La necesito.
Genoveva: No se vaya a subir en ella que se puede resbalar y romperse un brazo o la cadera.
Noelia: Cállate la boca, Genoveva, que a mi edad los huesos ya no sueldan como antes y con la bendita osteoporosis estoy amolada.
Genoveva: Entonces tenga cuidado.
Noelia (llevándose la silla): Lo tendré.
Genoveva: Y por favor: bájele el volumen a la televisión de su cuarto que no me deja concentrar.
Noelia: Ahorita, ahorita, ya voy…

Noelia sale sigilosa hacia su cuarto llevándose la silla. Genoveva se cerciora de no ser vista, enciende el hiter, fuma, exhala el humo y lo espanta con la mano. Enciende un incienso. De su cuarto aparece Alex en bóxers y una playera, a manera de pijama, recién levantado.

Alex: Buenos días, ma.
Genoveva (moviendo el incienso por el aire): Buenos, Alex… Te dejé el desayuno en la estufa.
Alex: No tengo hambre.
Genoveva: Al menos tómate un yogur, un vaso de leche.
Alex: Al rato.
Genoveva: Hay café recién hecho.

Alex la observa, duda. Genoveva vuelve a su trabajo. Él va a su mochila, saca un sobre con exámenes médicos y piensa.

Alex: Mamá…
Genoveva (sin verlo): ¿Eu?
Alex: Necesito hablar contigo.
Genoveva (trabajando en la laptop): ¿No puede ser después? Este artículo está muy difícil de traducir y tengo que entregarlo en la tarde.
Alex: Preferiría ahora que ya me armé de valor.
Genoveva (lo mira): Por cierto, me despertó una llamada de tu amigo Gustavo. Háblale, que ya me tiene mareada con tanto telefonazo.
Alex: No quiero hablar con él. Nunca.
Genoveva (trabajando): Luego me cuentas qué te hizo que andas de pleito con él.
Alex: De eso quiero hablarte… O sea, en parte tiene que ver… Más o menos.
Genoveva (concentrada en su trabajo): Si es algo malo, mejor ni me cuentes. Ya sabes que yo, de saber a no saber, prefiero no saber.
Alex (Tras pausa; se arma de valor): Ma…
Genoveva: ¿Eu?
Alex (Tras pausa): Tengo VIH.
Genoveva (deja su labor): ¡¿Qué dijiste?!
Alex: Que tengo VIH.
Genoveva: ¡¿Alejandro… tienes SIDA?!
Alex: No, mamá, te estoy diciendo que tengo VIH.
Genoveva: ¿Qué no es lo mismo?
Alex: ¡No! El VIH es el virus que produce el SIDA.
Genoveva: ¿Estas bromeando? Mira que tengo un trabajal…
Alex: No, para nada… Mira… (Le da los exámenes)
Genoveva: (viendo los exámenes): ¿Qué es esto?
Alex: Los exámenes de sangre.
Genoveva (viendo los exámenes): A ver… (Lee) ¿Qué significa “reactivo”?
Alex: Que la prueba salió positiva… (Toma otros exámenes) Pero no te alarmes, mira…
Genoveva (lo interrumpe): Espérame, espérame tantito… Estoy shockeada… (Pausa) ¿Desde cuándo lo sabes?
Alex: Hace casi dos meses.
Genoveva: ¡¿Y hasta ahora me lo dices?! (Compungida solloza, va a abrazarlo) ¡M’hijito! ¡No puede ser! ¿Y todo este tiempo me lo estuviste ocultando? ¿No me tienes confianza? ¿Te guardaste esto durante tanto tiempo?
Alex: Quería estar seguro, ma… Quise tener todos los resultados para poder decirte en qué condiciones estoy.
Genoveva: ¿Entonces es un hecho? ¿No hay un error? ¿No se habrán equivocado en el laboratorio?
Alex (deniega): La primera prueba, la de ELISA, salió positiva… (Le entrega otros exámenes médicos) De ahí me mandaron a hacerme otra, la Western Blot, que es la definitiva… Y también resultó positiva… No hay duda, estoy infectado.
Genoveva: Pero, ¿cómo? ¿Qué pasó? ¿Quién fue? ¿Cómo te contagiaste?
Alex: Pues así, ma…
Genoveva: Por eso traías esa cara desde hace días, ¿verdad? ¡Hasta tu abuela, que vive en otro mundo, se dio cuenta!
Alex (asiente): Pero no te preocupes, ya fui a una clínica donde me están tratando y dando los medicamentos. Estoy en buenas manos.
Genoveva (solloza): ¡Todo esto es mi culpa!
Alex: No es culpa de nadie.
Genoveva: ¡Claro que sí, es mi culpa!
Alex: ¿Tú por qué?
Genoveva: Porque desde que murió tu papá debí haberme dedicado más a ti, a guiarte, educarte mejor… Pero estaba sola, m’hijito, me tuve que hacer cargo de tu abuela, necesitaba trabajar para mantenernos a los tres… Luego la maldita crisis del país, las traducciones que a veces tengo y a veces no, la militancia, mis actividades con las compañeras… (Solloza) Fallé como madre… ¡Perdóname!
Alex: Tú no tienes nada que ver, mamá… En todo caso la responsabilidad es mía… No me cuidé lo suficiente.
Genoveva: ¡Nunca me voy a perdonar esto!
Alex: Por favor, cálmate. Puedo vivir así y hacer una vida normal.
Genoveva (tras pausa): Detesto hacerte esta pregunta, pero… ¿Cuánto tiempo te queda de vida?
Alex: Mucho, ma… Ahora ya no es como antes… Es una enfermedad crónica. Se puede vivir muchos años como seropositivo… Siempre y cuando tome las medicinas puntualmente, me cuide y lleve una vida sana.
Genoveva: Te vamos a apoyar en todo, hijo… Bueno, yo, porque con tu abuela no contamos… Voy a cuidar de ti, de tu alimentación… ¿Puede comer cualquier cosa? ¿Qué te recomienda el médico? ¿Debemos tomar precauciones? ¡Dime todo, Alex, no me escondas nada!
Alex: Tranquila, ma… No debo estresarme, ni deprimirme; tengo que hacer ejercicio, dormir y comer bien.
Genoveva: Ay, m’hijito, tú disculparás… Nunca hago esto, pero… (Se voltea, le da la espalda, enciende el hiter y fuma) Necesito tranquilizarme.
Alex (sin reproche): Mamá…
Genoveva (espanta el humo que exhala): No es la primera ni la última vez que me veas fumando, Alex… La marihuana es lo único que me relaja. No lo vuelvo a hacer enfrente de ti, eso te lo juro. Debe ser horrible ver a una madre drogándose, pero es que estoy muy nerviosa.
Alex: Por mí no hay tos.
Genoveva: Es que una cosa es que sepas que lo hago muy de vez en cuando y otra que veas a tu propia madre consumiendo. Prometo no volver a hacerlo jamás.
Alex: No te mal-viajes.
Genoveva (pausa, inhala y exhala aire para relajarse): Hijo, quiero que sepas que cuentas conmigo para todo. Si tengo que trabajar el doble, lo haré… Buscaré otras chambas para que termines tu carrera y para pagar tus medicamentos. ¿Cuánto cuestan?
Alex: Como 15 mil pesos, pero…
Genoveva (interrumpe): ¡Espérate! ¡¿Mil quinientos dólares?! ¡Me va a dar un síncope! ¡Ni que fuéramos millonarios, no hay bolsillo que alcance!
Alex: ¡No te aceleres, ma, me los dan en la clínica… gratis!
Genoveva: ¿Y los estudios, los doctores, los análisis? ¿Quién va a pagar eso?
Alex: Todo corre por cuenta de la clínica. ¡Todo! Por eso no te lo había dicho antes, hasta saber cómo iba a ser el procedimiento. Ahora sé que no tenemos que gastar ni un peso.
Genoveva (solloza): ¡Debí haberte puesto más atención! Soy una distraída de lo peor: no me di cuenta por lo que estabas atravesando… Y como dice mi terapeuta: a veces me cuesta enfrentar las cosas y les saco la vuelta… ¡Le huyo a los problemas…! O a lo mejor no me quise dar cuenta que algo te estaba pasando… ¡Discúlpame, hijito!
Alex: Ma, de veras, no lo tomes así… Fui yo el que se contagió por no protegerme como debe ser. Lo único bueno es que ahora el virus se puede controlar.
Genoveva: ¿Seguro no te quedan unos meses de vida y no me lo quieres decir?
Alex: No, ma...
Genoveva: ¡Júramelo!
Alex: Te lo juro.
Genoveva: Ay, m’hijito… Te pido que no le comentes nada de esto a Noelia… Está tan perturbada, rayando en el Alzheimer o algo parecido, que no me imagino cómo vaya a manejar esta información… Yo porque soy de otra generación, pero ella ya está grande. Y como últimamente anda tan religiosa, seguro piensa que es un castigo divino.
Alex: No pensaba decírselo, no tiene caso preocuparla. Ya bastante tiene con lo suyo.
Genoveva: Ni cuenta se da. Aquí los que la padecemos somos tú y yo.
Alex: No exageres; lo único es que a veces se pasa de obsesiva, nada más. Pero yo la quiero como es.
Genoveva (pausa): Todavía no salgo del impacto. No logro calmarme ni con esta fumadita… y el ansiolítico se me acabó anoche. (Va a servirse tequila) Por suerte mañana tengo sesión. Tú perdonarás. (Bebe, se sirve más y bebe)
Alex: Todo va a estar bien, créeme. Solo quería que supieras en qué condiciones me encuentro y que ya estoy siguiendo el tratamiento adecuado.
Genoveva: Te urge un terapeuta. Le voy a preguntar a la mía si es ético que te atienda o si conoce a alguien que te apoye a pasar este trance.
Alex: En la clínica tengo un psicólogo, mamá… Ya he estado yendo con él. A veces, cuando te decía que iba a casa de Gustavo, en realidad iba a terapia. Y el psicólogo me ha ayudado a procesarlo, a no culparme, ni pensar que me voy a morir cualquier día de estos o…
Genoveva (interrumpe): ¡Ni lo digas! ¡Si te pasa algo, yo me muero! ¿Qué no ves que eres lo mejor que he hecho en esta vida, mi único hijo, mi mayor tesoro?
Alex (la abraza): No me va a pasar nada. Confía en mí. Lo peor ya pasó… De ahora en adelante voy a estar bien, a cuidarme, a ser más consciente. Cometí un error, pero no lo vuelvo a hacer.
Genoveva (suspira llorosa): ¡Ay…!
Alex: ¿Qué?
Genoveva: ¡Me acordé de Rock Hudson!
Alex: Justamente casos como ése ya no pasan, ma. ¡Mejor piensa en Magic Johnson!
Genoveva: ¿Quién es ése?
Alex: Un basquetbolista que lleva años viviendo con el virus… Por suerte la medicina ha avanzado mucho y ya no es una enfermedad fulminante y mortal.
Genoveva: ¿Y de ánimo como estás, cómo te sientes?
Alex: Muy bien, de veras. Y ahora que lo sabes me siento mucho mejor. Gracias por agarrar la onda sin hacer de esto una tragedia que no es… ¿Ves que a veces es mejor saber qué está pasando a fingir que no pasa nada?
Genoveva: Puede que sí…
Alex: Aunque nos duela, lo mejor es enfrentar los problemas.
Genoveva (Asiente. Tras pausa): ¿Puedo saber cómo te contagiaste?
Alex: Te juro que por una transfusión sanguínea no fue.
Genoveva: ¿Entonces?
Alex: No usé condón.
Genoveva (tras pausa): Maldita vieja… Mujer infame… ¡Hija de su madre!
Alex: ¿Cuál mujer, mamá, de quién hablas?
Genoveva: ¡De la infeliz desgraciada que te contagió! ¿Era una cuatro letras? No me digas que pagaste por una noche de placer, Alex… Yo no te eduqué así, y tu papá, aunque haya sido una fichita, no era de ésos.
Alex: No, mamá, nunca he ido con una prostituta.
Genoveva: ¿Entonces de dónde salió esa suripanta? ¿Qué clase de fulana es la que te infectó? ¡¿A poco una de la facultad?!
Alex (pausa): No fue una mujer, ma.
Genoveva: ¡¿Qué, qué, qué?! ¡Explícate!

Noelia viene de su cuarto leyendo una Biblia.

Noelia: Lógico, Genoveva: si no fue una mujer, fue un hombre…

Escuchamos truenos. Tocan a la puerta.

Genoveva: A ver, a ver, a ver, con calma y nos amanecemos… (A Noelia) ¿Usted qué sabe?
Noelia: ¿Yo? ¡Nada!
Alex: ¿Estabas escuchando, abuela?
Noelia: ¡N’hombre! Sólo el final de la plática, m’hijo.
Genoveva: Alejandro, explícame en este instante qué está sucediendo.

Tocan a la puerta.

Alex: Están tocando la puerta, ma.
Genoveva: Ya oí, no estoy sorda. No me refería a eso… ¿Quién será?
Noelia: Seguramente la persona que viene a rentar el cuarto.
Genoveva (ve su reloj): Ah, claro, debe ser el joven que llamó ayer.
Alex: Entonces voy a cambiarme.
Genoveva: Hazlo, hay que darle una buena impresión al probable inquilino. (A Noelia) Y usted, Noelia, no salga con ninguna locura, se lo suplico.
Noelia (melodramática): Si quieres le pido a dios que ya me recoja para no seguir siendo un estorbo para ustedes.
Alex: Tú no eres ningún estorbo.
Genoveva (a Noelia): No dramatice en estos momentos, please. (Va hacia la puerta; a Alex) Vete a cambiar, Alex, luego hablamos muy seriamente tú y yo.
Alex: Es que ya me tengo que ir a la universidad.
Genoveva: Pues regresando me vas a explicar con pelos y señales este asunto.

Tocan a la puerta. Alex y Noelia salen hacia sus respectivos cuartos. Genoveva se medio arregla, abre la puerta y aparece Esteban.

Esteban: ¿Este es el 204?
Genoveva: Así es… Tú debes ser…
Esteban: Esteban.
Genoveva: Pásale, Esteban… Disculpa la tardanza… Yo soy Genoveva…

Ambos entran. Ella cierra la puerta.

Esteban (le tiende la mano): Mucho gusto, señora.
Genoveva (le estrecha la mano): Háblame de tú, que si no me haces sentir más vieja y no lo estoy tanto... Soy traga-años.
Esteban: Okay, Genoveva.
Genoveva (distraída): Bueno, te cuento, Sebastián…
Esteban (corrige): Esteban.
Genoveva: Perdona, Esteban… Como verás esta es la sala-comedor… Ahora la encuentras medio hecha un relajo porque donde va a ser tu cuarto estaba el estudio y tuve que pasar mis chivas para acá… Soy traductora… Inglés-español, español-inglés… ¿Qué más? Ah, sí… Vivo con mi suegra y con mi hijo… Ella está un poquito tocada de la cabeza, pero es pacífica y muy buena gente, ya la conocerás… Y mi hijo… ¡Es un amor…! Mi mayor orgullo… (Lo observa) Él y tú son como de la misma edad… En una de esas hasta pueden ser amigos… ¿Qué otra cosita?
Esteban: Por ejemplo… ¿podría conocer la habitación?
Genoveva: Ay, por supuesto. Sígueme… (Saliendo) ¿Y tú estudias o trabajas?
Esteban (saliendo): Estudio y trabajo.
Genoveva: Qué bien…

Ambos salen hacia el cuarto que será de él. Noelia viene de su cuarto, sigilosa; jala una silla y la deja cuando Alex regresa cambiado, con pantalones y otra playera; toma los exámenes médicos y los guarda en su mochila.

Noelia: Oye, ¿ya le dijiste a Genoveva eso de que saliste con las mismas inclinaciones de tu tío Miguel?
Alex: Todavía no.
Noelia: ¡Mira lo que viniste a heredar!
Alex: Eso no se transmite por los genes, abuela.
Noelia: Tú sigue mi consejo, no se lo cuentes a tu mamá. Ella será muy politizada, muy psicoanalizada y muy culta, pero en ciertos asuntos es bastante anticuada. Hasta mojigata diría yo, y eso que es atea de hueso colorado. Ella se las da de feminista, pero en estas cuestiones es muy machista. ¡A veces se expresa muy feo de esa gente, yo la he oído…! Ella es… ¿Cómo le dicen ahora?
Alex: Homofóbica.
Noelia: ¡Exacto! Tu papá también era así aunque yo nunca le inculqué ningún odio por esas personas… Será cosa de aquellos tiempos en los que no se entendía la… la… ¿la qué, m’hijito?
Alex: La diversidad.
Noelia: ¡Ándale: la diversidad! Así que mejor tú guárdate tu secretito. ¿Para qué quieres que se arme la-de-dios-es-Cristo?
Alex: Ya veré, abuela. Conociéndola, poco a poquito le iré contando todo.
Noelia (va a la mesa): M’hijo, ¿tú crees que la señora que vive con nosotros se dé cuenta si me llevo esta mesa a mi cuarto?
Alex: Obvio que sí, mi mamá trabaja encima de ella. Además, ¿para qué la quieres?
Noelia: Estuve viendo en las noticias que hay unos incendios tremendos en California que no han podido controlar. ¡Unos señores incendios!
Alex: ¿Y eso qué tiene que ver?
Noelia: Son las señales inequívocas de que el mundo se va a acabar… Va a llover durante cuarenta días y cuarenta noches.
Alex: Abuela, acaba de llegar alguien que a lo mejor nos renta el cuarto, así que compórtate. ¿Sí?
Noelia: ¡Óyeme, ni que yo hiciera desfiguros o me anduviera paseando encuerada por la casa…! Rarezas las de tu madre que bebe a escondidas y fuma de esa hierba que le pone los ojos rojos.
Alex: Yo sólo digo que a veces te da por repetir las cosas chorrocientas veces y desesperas a cualquiera.
Noelia: ¡¿Chorrocientas veces?, ni que estuviera loca! ¡Loca tu tía Margarita que se fugó con un hombre catorce años menor que ella! O loca Chayito, una prima mía que se iba a casar con un partidazo y terminó metiéndose en un convento, pero yo no.
Alex: Abuela, me tengo que ir a la facultad, luego seguimos platicando. (Va a salir)
Noelia: Mi beso.

Alex le da un beso, toma su mochila  y sale a su cuarto. Noelia toma una silla y se la va llevando hacia el suyo, sigilosa. Aparecen Genoveva y Esteban. Noelia disimula y deja la silla.

Esteban: El cuarto es un poco chico y pensé que tenía el baño adentro.
Genoveva: Te dije que era compartido, pero tenemos dos… Uno será para ti y mi hijo, el otro para mi suegra y para mí… Claro, si aceptas quedarte.
Esteban: Pues no estoy seguro…
Genoveva: Mira, ella es doña Noelia, mi suegra.
Esteban (le tiende la mano a Noelia): Un placer. Esteban.
Noelia (le da la mano, seca): Un gusto, jovencito.
Genoveva (a Noelia): ¿Alex se fue?
Noelia: Está en su cuarto. (Mira a Esteban) Con permiso.

Noelia va saliendo con la silla que tomó. Genoveva toma la silla y la frena.

Genoveva: ¡Ey, ey!, ¿a dónde…? No se va a andar llevando todas las sillas a su recámara.
Noelia: Ash.
Genoveva: No se enoje. Mejor métase a bañar.
Noelia (Saliendo): No quiero, no me gusta.
Genoveva: Antes le encantaba.
Noelia: Antes era antes… (Sale a su cuarto)
Esteban: ¿Me dice que la señora padece alguna enfermedad? Se ve muy saludable.
Genoveva: Físicamente está mejor que cualquiera de nosotros. ¡Es un roble! Oye bien lo que te voy a decir: Noelia nos va a terminar enterrando a todos. De donde anda mal es de la “azotea” (se señala la cabeza).
Esteban: Ah...
Genoveva: Demencia senil o principios de Alzheimer, no se sabe bien a bien. Lo que sí es que sufre una enfermedad degenerativa y mortal.
Esteban: Qué mala onda.
Genoveva: Pero es tranquila. Le encanta ver la televisión, los noticieros y los programas científicos... Si te repite las cosas una y otra vez, tú dile que sí a todo... Tiene sus achaques y manías, se le olvida todo, pero nada más.
Esteban: Okay. 
Genoveva: Cuando se murió mi esposo decidí hacerme cargo de ella. No tiene a nadie en el mundo, sólo a mi hijo y a mí... (Alza la voz hacia el cuarto) ¡Alex!
Alex (desde afuera): ¿Qué?
Genoveva (a Esteban): Permíteme tantito, Esteban. Mientras piénsalo. Ojalá te decidas porque me gustas para inquilino; te me haces buena onda, me dices que eres solvente y te ves serio. ¡Si vieras cada espécimen que ha venido por lo del anuncio en el periódico! ¡De todos no haces uno!

Genoveva sale hacia el cuarto de Alex. Esteban mira la casa, pensativo. Noelia viene del cuarto, sigilosa. Toma una silla pero al ver a Esteban se frena.

Noelia: Genoveva... aquí hay un individuo que yo no conozco.
Esteban: ¿No se acuerda de mí? Nos acaban de presentar.
Noelia: ¡Genoveva, el hombre me está hablando!
Esteban: Probablemente le rento uno de los cuartos y vivo con ustedes.
Noelia: Tú no eres Alex.
Esteban: No, soy Esteban.
Noelia: ¡¿Genoveva, quién es Esteban?! ¿Es algún pariente tuyo? ¿Es tu pretendiente, tu amante… o un ladrón?
Esteban: No, señora…
Noelia: ¿Sabes que se viene un diluvio?
Esteban: Bueno, hoy a lo mejor llueve... y bastante... pero de eso a un diluvio...
Noelia: ¿Puedes ayudarme a construir un arca?
Esteban: ¿Qué?
Noelia: Te ves fuerte, ponchado… (Le toca uno de los bíceps) Con estos brazotes me vas a ser de gran utilidad para hacer la embarcación; estás correoso.
Genoveva (entrando de los cuartos): Mire, Noelia, si tenemos suerte, el joven nos va a alquilar una de las habitaciones, así que no le dé lata... Si él se queda, usted va a tener que hacer de cuenta como que él no vive aquí.
Noelia: ¡Bueno, ¿tú estas chiflada, Genoveva?! ¿Cómo voy a estar en una casa conviviendo con una persona y hacer como si no existiera? Tú estás mal, Genoveva... Ve a que te revise un doctor... Lo tuyo no es normal. (Le hace a Esteban una señal de que Genoveva está loca)
Genoveva (a Esteban): Dime, ¿ya lo pensaste?
Esteban: Pues sí, pero honestamente…
Genoveva (lo interrumpe, refiriéndose a Noelia, confidencial): Te juro que no mata ni a una mosca.
Esteban: No es eso, señora…
Genoveva: Llámame Genoveva, ya habíamos quedado.
Esteban: Okay, es que…

Entra Alex de los cuartos, con su mochila y un impermeable, listo para irse.

Alex (entrando): Nos vemos en la noche.
Genoveva: Mira, Alex... te presento a Sebastián...
Esteban (corrige): Esteban.
Genoveva: Perdona, no sé dónde traigo la cabeza hoy.
Noelia: Ni hoy ni nunca.
Genoveva (A Alex): Te presento a Esteban. (A Esteban) Él es mi hijo: Alejandro.
Alex (le da la mano): Mucho gusto.
Esteban (le estrecha la mano): Igualmente.

Ambos se miran y quedan con las manos estrechadas unos instantes mirándose.

Noelia: Pasó un ángel.
Genoveva (a Esteban): ¿Entonces?
Esteban (viendo a Alex): Ya me decidí… siempre sí me quedo con el cuarto.

Esteban y Alex se miran. Escuchamos truenos. Oscuro.

Escena III

Escuchamos la voz de una Locutora:

Locutora: Los Estados Unidos se retiraron del Protocolo de Kioto en 2001, con el argumento de que éste dañaría gravemente la economía de ese país. Por otro lado, según un artículo publicado en enero del 2004, el calentamiento global podría exterminar a una cuarta parte de todas las especies de plantas y animales de la Tierra para el año 2050.

Esa misma noche. Afuera llueve. Noelia en la mecedora ve el televisor. Alex, recién llegado, está dejando sus cosas sobre la mesa.

Noelia: ¿Y mi beso?

Alex va a besarla y regresa a la mesa para sacar sus cosas.

Noelia: ¿Cómo te fue en la universidad?
Alex: Bien, bien. ¿Está mi mamá?
Noelia: ¿Cuál mamá?
Alex: La mía.
Noelia: ¿Genoveva?
Alex: Ajá.
Noelia: Creo que me dijo que iba a algún lado, pero no me acuerdo a dónde.
Alex: ¿A la editorial?
Noelia: ¿Cuál editorial?
Alex: Olvídalo, abuela. ¿Ya te tomaste tus medicinas?
Noelia: Creo que no. O puede que sí. Lo más seguro es que quién sabe.
Alex: Ven a tomártelas.
Noelia: ¿Sabes de qué me acordé?
Alex: Dime.
Noelia: Alguna vez leí en alguna parte que en el arca de Noé, él llevaba una pareja de unicornios.
Alex: Los unicornios no existen.
Noelia: ¡Claro que sí, existieron! La esposa de Noé estaba fascinada con el cuerno de ese hermoso animal… Y Noé, que era un borrachales, en un arranque de celos mató al unicornio macho… Y entonces la hembra quedó sola y se murió de tristeza… Por eso los unicornios ya no existen.
Alex: Sí, abuela, sí… Vamos a tu cuarto para que veas los programas de los animales.
Noelia: A lo mejor allí descubro cuáles son los seres impuros y cuáles los puros, ¿no crees?
Alex: Seguramente.

Alex ayuda a Noelia a levantarse y ambos salen hacia el cuarto de Noelia. Truenos. Se abre la puerta y entra Esteban con maleta deportiva cerrando un paraguas. Alex viene del cuarto.

Alex: Ah, pensé que era mi mamá.
Esteban: Hola.
Alex: ¿Qué tal? Se me olvidaba que habíamos rentado el cuarto. Voy con mi abuela y… ahorita regreso.
Esteban: Okay.

Esteban deja sus cosas, va hacia la televisión, sube el volumen con el control remoto y escucha:

Locutor: La comunidad internacional debe lograr un acuerdo global para frenar y mitigar el sobrecalentamiento de la tierra antes de finales de 2009, y evitar que el problema sea irreversible. El objetivo es lograr un acuerdo durante la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se celebrará en Copenhague en 2009…

Esteban apaga la televisión. Alex viene de los cuartos.

Esteban: Le apagué.
Alex: Está bien. Mi abuela es la que ve la tele. Anda muy preocupada por el calentamiento del planeta. Es su tema de la semana.
Esteban: Sí. Me propuso algo de construir un arca.
Alex: Dice que se viene un diluvio… ideas de ella.
Esteban: Pues no está tan equivocada; últimamente no ha parado de llover.

Sonríen. Ambos quedan en silencio unos momentos. Alex ve su reloj. Va a servirse agua de una jarra sobre la mesa; saca unas medicinas de su mochila y se las va tomando, tres en total.

Esteban: ¿Estás enfermo?
Alex (evasivo): No.
Esteban: Entonces, ¿por qué tomas pastillas?
Alex: Las necesito.
Esteban: Okay. Perdón. A veces soy medio metiche.
Alex: No hay bronca.
Esteban: La neta, te ves muy sano.
Alex: Lo estoy. Digamos que… tengo una infección, nada más.
Esteban: Ah… ¿Y es contagiosa?
Alex: Sí, pero no así nomás por la convivencia cotidiana, no te preocupes.
Esteban: No, sólo preguntaba.
Alex (tras pausa): ¿Y estás a gusto con nosotros?
Esteban: Apenas llevo unas horas… pero sí, me gusta el cuarto.
Alex: Está chido que te decidieras a quedarte.
Esteban: ¿Y eso? ¿Por qué?
Alex: Bueno, nada en especial… Desde que te vi me caíste bien, eso es todo.
Esteban: Ah… Tú te ves alivianado… También tu jefa… Y tu abuelita me cae bien. Buena onda los tres.
Alex: Tú igual.
Esteban: Me comentó tu mamá que estudias veterinaria.
Alex: Ajá. ¿Y tú?
Esteban: Antropología.
Alex: Ah… Tú estudias al ser humano y yo a los animales.
Esteban: Que casi, casi es lo mismo, ¿no?

Ambos ríen.

Esteban (tras pausa): ¿Y tienes novia?
Alex: No… ¿Tú?
Esteban: Tampoco. No soy de ésos que tienen novia.
Alex. Yo tampoco.
Esteban: Ah, ¿no? Entonces, ¿de cuáles eres?
Alex: Pues de… de los otros.
Esteban: Qué curioso… yo también soy de los otros.
Alex: ¿De cuáles?
Esteban: ¡Pues de los que no tienen novia!

Ambos ríen. Suena el teléfono.

Alex: ¿Me haces un paro?
Esteban: Va.
Alex: ¿Puedes contestar? Si es un chavo que se llama Gustavo dile que no estoy.
Esteban: Órale. Pero con una condición.
Alex: ¿Cuál?
Esteban: Que me digas por qué quieres que le eche esa mentira.
Alex: Okay, okay, contesta.
Esteban (contesta): ¿Bueno…? ¿De parte de quién…? (Mira a Alex) Ah, Gustavo, no, no está… ¿Quieres dejarle un recado…? Okay, yo le digo… Sale, chao. (Cuelga)
Alex: ¡Qué bien chinga!
Esteban: Dice que ya no te le estés escondiendo y que le llames… ¿Ahora me vas a contar por qué no le quieres tomar la llamada?
Alex: Otro día te lo explico, ¿sale?
Esteban: Qué mala onda, dijiste que me lo ibas a contar.
Alex: Es un poco complicado. Deja que nos conozcamos mejor y… chance y sí.
Esteban: Como quieras… (Tras pausa) ¿Te digo algo?
Alex: Ajá.
Esteban: Si me quedé aquí fue por ti.
Alex: ¿Cómo?
Esteban: Que me decidí a rentarles el cuarto cuando te vi.
Alex. ¿Y eso por qué?
Esteban: ¿No te imaginas?
Alex: Pues…

Ambos se han ido acercando demasiado, casi se tocan, nerviosos. Esteban va a besarlo. En eso entra Noelia sigilosa de los cuarto; los ve, sonríe; luego toma una silla y se la lleva sin que ellos se den cuenta. Alex y Esteban se dan el beso, pero de pronto Alex se separa.

Alex: Espérame. Ahorita no puedo.
Esteban: ¿No te late?
Alex: Sí… no es eso, es que… (Calla)
Esteban: Como quieras.

Ambos quedan muy incómodos.

Alex: Perdóname, no es que no me gustes, pero…
Esteban: No pasa nada.
Alex: Es que ando metido en muchos líos en este momento.
Esteban: Okay, tú tranquilo… (Tras pausa) Tengo que arreglar mis cosas… No he desempacado ni arreglado el cuarto.
Alex: Órale.
Esteban. Pues… buenas noches.
Alex: Sale, hasta mañana.

Ambos se miran. Esteban sale a su cuarto. Alex queda contrariado. Tras unos momentos, toma su mochila y sale hacia su cuarto. Noelia viene del suyo; quita algunos objetos de una mesa lateral y se la va llevando, todo esto mientras dice:

Noelia: "Viendo que la maldad del hombre cundía en la tierra y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal, le pesó al señor haber hecho al hombre en la tierra, y se indignó su corazón…”

Noelia sale con la mesa. Truenos y un relámpago. Al cabo de unos instantes regresa y hace lo mismo con otro mueble pequeño, lámpara de pie u otra mesa lateral.

Noelia: Y dijo: "Voy a exterminar todo lo que he creado, desde el hombre hasta los ganados, las sierpes, y hasta las aves del cielo, porque me pesa haberlos hecho." Dijo, pues: "He decidido acabar con toda carne, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he aquí que voy a exterminarlos de la tierra”.

Truenos. Noelia sale con el mueble o la mesa. Oscuro.       

Escena IV

Escuchamos al Locutor y una Locutora:

Locutor: Antes de que termine este siglo, como consecuencia del cambio climático, el panorama en las regiones más pobres del mundo será desolador. Así lo advierten expertos de la ONU quienes pronostican más sequías, inundaciones, extinción de especies y hambre.
Locutora: Si los gobiernos no toman medidas, el aumento de temperaturas podría incrementar los riesgos de mortalidad, contaminación, catástrofes naturales y enfermedades infecciosas en el planeta.

Día siguiente. Se ilumina el escenario. Afuera llueve y escuchamos truenos esporádicos. Vemos a Genoveva, cambiada una vez más, trabajando en su laptop. Aparece Alex con sus bóxers y playera, recién levantado.

Alex: Qui’hubo, ma.
Genoveva: Qué bueno que te veo. (Deja su labor) Ven acá. Anoche llegué muy tarde de mi junta de mujeres y ya estabas dormido. Tenemos que hablar.
Alex: ¿Qué onda?
Genoveva: Eso es lo que quiero saber, ¿qué onda con eso que me dijiste ayer de cómo te habías infectado? No pude dejar de pensar en eso… Anduve como ida toda la reunión.
Alex: No sé qué quieres que te diga. Es más que evidente, ¿no?
Genoveva: Tan no es evidente que quiero que me lo digas de tu propia boca. ¿Cómo que no contrajiste el horroroso virus ese con una mujer?
Alex: ¿Necesitas más? ¡Lo acabas de decir!
Genoveva: ¡¿O sea que fue con un hombre?!
Alex: Pues sí.
Genoveva: ¡¿Eres bisexual, Alejandro?! ¡Mejor no me digas!
Alex: No, ma…
Genoveva (interrumpe): ¡Qué barbaridad, menos mal! Ya me estaba alarmando.
Alex (completa): Soy gay.
Genoveva: ¡Alejandro, ¿eres… homosexual?! ¡No me contestes, no quiero saber!
Alex: Sí, mamá, soy homosexual.
Genoveva: ¡Te dije que no quería saber!
Alex: Ese es tu problema, que nunca quieres darte por enterada de lo que sucede.
Genoveva: ¡Pero, ¿qué tienes, qué te pasa, de dónde sacas eso de que eres “gay”?!
Alex: Así nací, mamá.
Genoveva: ¡No me vengas con esas tarugadas, Alejandro! Nadie nace así… se hacen, se vuelven. ¿Quién te indujo a eso?
Alex: Órale, ni que fuera una adicción.
Genoveva: ¡¿Fue ese tal Gustavo?!
Alex: No, para nada, él no tiene nada que ver.
Genoveva: Entonces, ¿por qué no quieres hablar con ese muchacho, eh?
Alex: ¡Porque me dejó cuando supo que tenía VIH! Ahora debe querer arreglarlo, ofrecerme una disculpa o yo qué sé… Pero después de lo que me hizo, no quiero saber nada de él.
Genoveva: Debes estar confundido, m’hijito… recapacita.
Alex: No hay nada qué recapacitar. Estoy muy a gusto siendo como soy.
Genoveva: Ah… O sea que ya lo decidiste.
Alex: No es una decisión; uno es así y punto.
Genoveva: Pero me lo estuviste ocultando porque sabes que es incorrecto, ¿verdad?
Alex: Si no te lo dije antes es porque me imaginaba cómo ibas a reaccionar, no por que fuera “incorrecto”.
Genoveva: Ah, ¿sí? ¿Y según tú cómo iba a reaccionar?
Alex: ¡Como estás ahorita!
Genoveva: ¡Te recontra urge una terapia de a de veras!
Alex: Ah, ¿sí? ¿Para qué? ¿Para “curarme”?
Genoveva: Mínimo para orientarte. ¿Qué te cuesta ser heterosexual?
Alex: Lo mismo que a ti te costaría ser homosexual.
Genoveva: ¡¿Lesbiana yo?! ¡Sueñas…! ¿Qué tienes contra las mujeres?
Alex: ¡Nada!
Genoveva: Es el colmo para una feminista que su propio hijo rechace a las de su género…
Alex: No las rechazo, ¡simplemente no me atraen!
Genoveva: ¡Yo que lucho día a día contra la misoginia!
Alex: Párale, no soy misógino. Mírate a ti misma: tu actitud sí que es machista.
Genoveva (pausa, solloza): ¡Esto también es culpa mía! Y de tu padre, que te faltó en la edad crítica… Debí haber vuelto a tener una pareja, un hombre que te guiara… Te juro que traté… Lo que pasa es que ninguna de mis relaciones cuajó… Te consta que lo intenté con más de uno… Y claro, como dice mi psicóloga, soy una mujer dominante, manipuladora… ¡llámame castrante! Por mi ejemplo y por la falta de una figura paterna desviaste el camino y te volviste así.
Alex: Tú no tienes nada que ver, ni la falta de mi papá. Y no desvié ningún camino, éste es mi camino.
Genoveva: ¡Ay, sí, tú, cómo no! Si Freud no se equivocó: te hizo falta una figura masculina con la cual identificarte.
Alex: ¡Que no! ¡No seas así de esquemática!
Genoveva: No me contradigas, esto es antinatural.
Alex: ¡Para nada! Hasta en los animales sucede.
Genoveva: Ay, sí, ¿en cuáles?
Alex: Por ejemplo los bonobos, los delfines, los elefantes y en muchas aves e insectos.
Genoveva: No me consta.
Alex: ¡A mí sí!
Genoveva: ¿Y qué? ¿Pretendes continuar con esa forma de vida “natural”?
Alex: Claro. No tiene nada de malo.
Genoveva: De bueno tampoco.
Alex: De acuerdo: ni de bueno ni de malo, es como es y ya.
Genoveva: ¿Así que no vas a tener hijos?
Alex: No.
Genoveva: Y mí que me parta un rayo si no tengo nietos, ¿no es así?
Alex: Sólo piensas en ti. Estoy muy a gusto siendo como soy, ¿okay?
Genoveva: “Okay” ¡mangos! Yo que quería tener una criaturita entre mis brazos.
Alex: Pues cómprate un perro.
Genoveva (le da un manazo): No-me-hables-así.
Alex: Sabía que estabas llena de prejuicios, pero nunca creí que tantos.
Genoveva: Momentito, Alejandro, yo soy sumamente moderna y open-mind. Hasta tengo amigos gays. Incluso lesbianas, unas que están en el grupo a favor del aborto. Pero de ahí a que mi hijo sea homosexual, fíjate que no.
Alex: A ver, ¿qué tiene?
Genoveva (estallando): ¡¿Cómo que qué tiene, con una ching…?!

Genoveva calla cuando entra Esteban de los cuartos, mojado, sólo con una toalla a la cintura.

Genoveva (evita verlo): ¡Esteban, por favor, un poco de decoro!
Esteban: Perdón… es que de pronto se acabó el agua caliente.
Alex: Debe haberse apagado el calentador.
Genoveva: Alex, enséñale dónde está y enciéndelo.
Alex (saliendo): A ver…
Esteban: Con permiso.

Alex y Esteban salen hacia los cuartos. Genoveva, nerviosa, saca su hiter y fuma; exhala el humo y lo espanta con la mano. Alex regresa.

Alex: Ya está.
Genoveva: ¿Qué le voy a decir a mis amistades, a mis compañeras…? “Adivinen qué: mi hijo es gay”.
Alex: No tienes que dar cuentas de mi vida a nadie.
Genoveva: ¿Y cuando me pregunten: “por qué no se ha casado tu hijo, tiene novia, cuándo vas a ser abuela…” qué les digo?
Alex: ¡Que no es asunto de ellos y que no se metan en lo que no les importa!
Genoveva: Hasta en la Biblia viene que dios creó a Adán y a Eva, ¡no a Adán y a Evaristo!
Alex: ¡Salió la atea! Déjale las referencias bíblicas a mi abuela, ¿sí?
Genoveva: Ayer me saliste con lo del SIDA, ahora me sales con esto, ¿qué va a seguir, eh?
Alex: Uno: no es SIDA, es VIH, que es muy distinto. Y dos: “esto”, como tú le llamas, es lo que es tu hijo, aunque no sea lo que esperabas o lo que querías.
Genoveva: ¿Lo haces para molestarme, no es cierto? ¡Es una provocación!
Alex: ¿Qué te pasa?
Genoveva: Ah, claro, ¡claro!, te estás vengando porque fumo marihuana y a veces me echo uno que otro tequilita, ¿no?
Alex: ¡¿Eso qué tiene que ver?, para nada, allá tú, es tu vida!
Genoveva: A veces tomo más, de acuerdo, pero alcohólica no soy. Y sí, probé el LSD, el peyote, los hongos, las anfetaminas, pero eso no te da derecho a hacerme esto.
Alex: ¡Yo no te estoy haciendo nada! Sólo quería que supieras quién es tu hijo en realidad, pero tal parece que mejor debí haberme quedado callado. Pude haberle hecho como tantos que fingen una vida que no es, seguir en el clóset, pero no, es injusto para mí.
Genoveva: Es que no lo entiendo, Alex, tú tan masculino, tan viril, deportista, ningún amaneramiento… ¡Imposible darme cuenta…! ¡¿Cómo lo iba a sospechar…?! (Se toca la frente con el índice) ¡Ni por aquí me pasó! ¿Cómo te van a gustar los hombres?
Alex: ¡Así! Igual que a ti.
Genoveva (alza el brazo para darle un manazo pero se contiene): ¡No me faltes al respeto que soy tu madre!
Alex: ¡Ya sé que eres mi mamá! La que padece de mala memoria es mi abuela, no yo.
Genoveva: Búrlate, hazte el chistoso… Mira, lo de la infección vaya y pase… Estás contagiado y por suerte se puede controlar… Pero esto nomás no puedo asimilarlo, no me cabe en la cabeza.
Alex: ¡Pues es el colmo! En todo caso, estar infectado es mucho más grave que la orientación sexual de una persona.
Genoveva: “Orientación sexual”. Cuando yo era joven le decían desviación pequeñoburguesa.
Alex: Afortunadamente ya no estamos en esas épocas y ha cambiado la forma de pensar. En otros tiempos nos quemaban en la hoguera o nos metían en campos de concentración.
Genoveva: Si estás insinuando que soy una especie de reencarnación de Hitler, ¡te pego!
Alex: Ponte el saco si te queda.
Genoveva: Y bien que supiste cómo llegarme: primero me dices lo del VIH para sensibilizarme, ablandarme, y luego me sales con tu graciosada de que eres homosexual… ¡Eso se llama alevosía y ventaja!
Alex: ¡No fue así! Después de decirte que estaba contagiado, iba a contarte lo demás… pero llegó Esteban, nos interrumpió y yo me tenía que ir.
Genoveva: A mi se me hace que lo estás haciendo por moda, por seguir a tu amigo Gustavo… Ahora  que lo pienso: ese chavo era medio rarito, pero no me quise dar cuenta… Más bien: me di cuenta y una vez más fingí demencia.
Alex: Para tu información: Gustavo era mi pareja.
Genoveva (al cielo): ¡¿Yo por qué me tengo que enterar de esto?!
Alex: Ah, sí es cierto, tú prefieres no saber, a saber.
Genoveva: Si tu intención es fastidiarme, lo estás logrando, ¿eh…? Te pasé tu onda punk, tu racha gótica, que te pusieras un pearcing, un tatuaje, pero esto ya es francamente too much.
Alex: Sólo te digo la neta, mamá. No sé por qué te pones así por esta noticia.
Genoveva: ¿Qué quieres? ¿Qué te aplauda? ¿Qué lo festeje?
Alex: ¡Que me aceptes, nada más! Ser gay es como… como… como nacer con los ojos cafés o ser escorpión, nada más.
Genoveva: Ay, sí, tú, no me hagas reír, ¿de dónde sacas semejante simpleza?
Alex: ¡Lo deberías ver así de simple, es lo más normal!
Genoveva: ¡No me vengas con esas jaladas! ¡“Normal”! Ahora me vas a salir con que Shakespeare, Da Vinci y Oscar Wilde eran gays, ¿no? ¡Típico! Como si eso fuera consuelo.
Alex: Estás peor que mi abuela, hasta ella lo entendió mejor.
Genoveva: ¡¿Te atreviste a confesárselo a la pobre anciana?!
Alex: Solamente se lo comenté y me dijo que salí a un tío Miguel.
Genoveva: Será de su parentela, no de mi familia… La pobrecita está medio pirada, y tú pirado y medio por confiarle esas barrabasadas. ¡¿Cómo se te ocurre decírselo si sabes que está perturbada?!
Alex: Lo que es increíble es que ella lo haya tomado mil veces mejor que tú.
Genoveva: Debí haber tenido más hijos, alguno que me diera alguna satisfacción y no puros dolores de cabeza.
Alex: Aguas con tus comentarios, mamá, me estás ofendiendo.
Genoveva: ¡Y tú me estás desquiciando! ¿Mañana con qué novedad me vas a salir? Con que eres un delincuente, un asesino serial, un narcotraficante…
Alex: ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Ser homosexual no es sinónimo de criminal, ni de ladrón, ni de drogadicto.
Genoveva: ¡No me agredas, Alejandro!
Alex: ¿Cuándo te agredí?
Genoveva: Dices lo de drogadicto por mí, no creas que no me doy cuenta, sólo porque a veces, casi nunca, ahí de vez en cuando fumo un poquito de marihuana que, para que lo sepas, es medicinal, relaja, armoniza… ¡No soy una adicta…! ¡Estás haciendo todo esto para fregarme!

Entra Esteban, ya vestido, con paraguas, sin ser visto por los otros dos.

Alex: ¡Que tú no tienes nada que ver! Soy yo, soy gay y estoy muy a gusto siendo así, ¡punto!

Genoveva descubre a Esteban.

Genoveva: ¡Mira las vergüenzas que me haces pasar, Alejandro! (A Esteban) Tú disculpa, Esteban, mi hijo está muy contrariado… no sabe lo que dice, has caso omiso de lo que acabas de escuchar, por favor.
Esteban (a manera de excusa): Ya me iba. Vuelvo más tarde.
Genoveva: Mil perdones. Nos vemos luego.
Esteban: Chao.
Genoveva: Bye

Incomodidad general. Esteban sale por la puerta principal.

Genoveva: ¿Viste? ¡¿Viste?! Me pones en ridículo. Haces alarde de “esto” como si fuera una proeza o un orgullo.
Alex: No tengo por qué ocultarlo, no es ningún crimen.
Genoveva: Tampoco es ninguna virtud, chulito. Me vas a espantar al inquilino. No me imagino ni lo que estará pensando ahorita. Seguro en la noche saca sus tiliches y me va a pedir el dinero que me dio de adelanto, y ahí sí estamos amolados…
Alex: ¿Por qué?
Genoveva: ¡Porque ya me lo gasté! ¿Ves en los problemones en los que me metes, Alejandro?
Alex: Dale otra fumadita a tu hiter, ¿sí? Estás muy alterada.
Genoveva: ¡Tú no me vas a decir cuándo fumar, ¿estamos?!
Alex: Y para que lo sepas, tu inquilino también es gay.
Genoveva: ¡No calumnies a ese pobre muchacho inocente!
Alex: ¡Es la verdad!
Genoveva: ¿Cómo lo sabes?
Alex: Oh… yo lo sé.
Genoveva: ¡¿Ya intimaron?! ¡¿En mi propia casa?! ¡Mira, te prohíbo que…!
Alex (la interrumpe): ¡Ay, no, mamá!
Genoveva: Este hogar lo respetas, Alejandro. No quiero ni imaginarme si Noelia los llegara a ver en alguna situación comprometedora, ¡la pobre pierde el juicio totalmente, se nos deschaveta!
Alex: Ella es mucho más alivianada que tú, eso ni dudarlo.
Genoveva: Me quieres matar de un coraje, pero no te voy a dar el gusto.
Alex: Tú crees que lo hago para molestarte, pero estás muy equivocada. Por eso no quise decírtelo antes, porque te pones como energúmena y no razonas. Has leído no sé cuántos libros, vas a no sé cuántas marchas y reuniones, pero en el fondo eres una conservadora, ¡una convencional!
Genoveva: ¡Ya nada más falta que me llames ignorante! ¡Hasta aquí llegamos fíjate!
Alex: Al menos estás de un desinformada, que das pena.
Genoveva: Pena la que voy a pasar yo cuando todo el mundo se entere de tus “preferencias”.
Alex: No me importa lo que piensen los demás.
Genoveva: ¿Sabes qué? ¡Basta! Ya no quiero seguir hablando de este tema.
Alex: ¡Lo mismo digo!
Genoveva: Si tu intención era acabar conmigo, estás a punto de conseguirlo. Por suerte tengo una mucha entereza... Haz lo que te dé la gana… pero a mí no me hagas partícipe de tu vida íntima, ¡no-me-in-te-re-sa! Y por favorcito, ni se te ocurra andarme paseando aquí a tus “novios” como el dichoso Gustavo… ¡Yo sin saberlo, recibiendo a tu amante…!
Alex: Te expresas de una manera que no va con la ideología que presumes.
Genoveva: Hablo como me da la gana… Te seguiré apoyando con lo de tu tratamiento… pero no me pidas más.
Alex: De veras nunca creí que fueras tan retrógrada… Te las das de izquierda, de feminista… y en el fondo eres una oscurantista.
Genoveva: Cállate, no me insultes.
Alex: A ver, mamá, ¿de veras es tan difícil aceptar que tu hijo es homosexual?
Genoveva: Sí. No dejo de quererte, pero… no como antes… Algo pasó en mi corazón… No se si “esto” pueda llegar a asimilarlo algún día… Me duele, pero esa es la verdad… Siento que a partir de ahora algo nos separa a ti y a mí… un abismo enorme… y no veo cómo estrecharlo.
Alex: Si te parece tan grave, me voy de la casa.
Genoveva: No sé, no sé… No me pidas que tome una decisión en estos momentos… Me tienes confundida, abrumada.
Alex: ¿En serio vas a rechazarme por ser gay?
Genoveva: Tanto así no sé… pero no puedo ser la misma de antes. Algo se resquebrajó dentro de mí… No me pidas lo que no me nace.
Alex: Mamá…
Genoveva (evasiva): Se te va a hacer tarde, vete a la facultad.

Alex va a decir algo, pero decide no hacerlo y sale a su cuarto. Genoveva va a servirse un tequila y se lo toma de golpe.
                                                            
Noelia (entrando de los cuartos): Ya no bebas, Genoveva, ya no bebas…No son horas…
Genoveva: Déjeme en paz, Noelia, se lo suplico.
Noelia: Tu hijo te quiere y tú a él.
Genoveva: ¡¿A poco estaba escuchando?!
Noelia: ¡N’hombre! Sólo el final de la plática…
Genoveva: Ya se le anda haciendo costumbre.
Noelia: Alex te necesita.
Genoveva: Yo no puedo consentir algo así. Rompe con todos mis esquemas. Yo me imaginaba otra vida, otro futuro, una familia, una nuera… ¡No un yerno!
Noelia: El problema es tuyo, no de tu hijo.
Genoveva (se sirve más tequila y bebe): Ojalá con el tiempo lo pueda comprender… ahora no me pidan más.
Noelia: Ojalá no te arrepientas y sea demasiado tarde... Heriste a Alex.
Genoveva (la observa): A veces no sé si usted es o se hace.

Escuchamos truenos.

Noelia: ¿Oyes…? Va a llover cuarenta días y cuarenta noches…
Genoveva: ¿Ve lo que le digo?
Noelia: “Entra en el arca tú y toda tu casa. De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, y de todos los animales que no son puros, una pareja…”

Genoveva se sirve más tequila y bebe. Noelia se cerciora de no ser vista y va saliendo con una silla.

Noelia (saliendo): “Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra y exterminaré de sobre la faz del suelo todos los seres que hice…”

Noelia sale a su cuarto. Alex viene del suyo, ya cambiado, con su mochila. Él y Genoveva se miran, tensos.

Alex (seco): Nos vemos luego.
Genoveva (evasiva): Adiós.

Alex sale por la puerta principal. Genoveva queda sola, bebe tequila y solloza. Oscuro.

Escena V

Escuchamos la voz de la Locutora y el Locutor:

Locutora: Investigaciones realizadas en 2005, el año más caluroso del que se tenga registro, confirman los peores temores de la mayoría de los científicos, que apremian a tomar acciones internacionales urgentes e innovadoras en materia del calentamiento global.
Locutor: El meteorológico nacional anuncia fuertes precipitaciones debido al huracán que asola las costas del Caribe.

Esa misma noche. Afuera llueve copiosamente. Truenos esporádicos. Al iluminarse el escenario vemos a Noelia llevándose la mecedora y sale hacia su cuarto. Ya no quedan sillas ni la mesa que servía de escritorio, casi no hay muebles, sólo libreros, un sillón. Del cuarto de Noelia escuchamos martillazos y ruidos de muebles moviéndose. Por la puerta principal entra Genoveva, con gabardina y paraguas mojados; de su cuarto viene Alex en bóxers y playera. Ambos se miran, tensos.

Genoveva (seca): Buenas noches.
Alex (seco): Hola.
Genoveva (evasiva): Vengo muerta de cansancio. Tuve reunión por el Día Internacional de la Mujer. Hasta mañana. (Mira donde estaba la mesa) ¡¿Mi mesa?! ¡¿Y las sillas?!

Genoveva sale decidida hacia su cuarto. Alex va a sentarse a un sillón. Esteban viene de los cuartos en pants y playera. Del cuarto de Noelia seguimos escuchando martillazos y ruidos de muebles moviéndose.

Esteban: Ya terminé de estudiar. ¿Quieres platicar un rato?
Alex: Creo que no.
Esteban (tras pausa, mira a su alrededor): ¡Órale! ¿Y los muebles?
Alex: No sé.
Esteban (va a sentarse al sillón): ¿Puedo?

Alex asiente y le hace lugar. Ambos guardan silencio. Del pasillo de los cuartos de ellas, oímos que Genoveva toca a la puerta de Noelia y escuchamos:

Genoveva (desde afuera): ¡Noelia, ¿dónde está mi mesa?!
Noelia (desde afuera): Luego te la devuelvo.
Genoveva (desde afuera): No está bien que se encierre en el cuarto. ¡Ábrame!
Noelia (desde afuera): Espérame tantito.
Genoveva (desde afuera): ¿Se tomó sus medicinas?
Noelia (desde afuera): Creo sí… Para mayor seguridad: quién sabe.
Genoveva  (desde afuera): ¿Ya cenó?
Noelia  (desde afuera): No me acuerdo.
Genoveva  (desde afuera): ¿Quiere algo?
Noelia  (desde afuera): Lo que sea dulce… pero luego, Genoveva, ¿qué prisa tienes?
Genoveva (desde afuera): ¡Abra la puerta!
Noelia (desde afuera): ¿Para qué, qué quieres?
Genoveva (desde afuera): ¡Quiero mis muebles otra vez en su lugar, ¿me oyó?! ¡Carambas!

Ambos han estado al pendiente de la conversación. Siguen los ruidos en el cuarto de Noelia. Esteban rompe el silencio, a Alex:

Esteban: Hoy, sin querer, alcancé a escuchar cuando discutías con tu mamá.
Alex: ¿Y?
Esteban: Nada. Que yo nunca les he dicho a mis papás que soy gay... No he tenido el valor… Ya están viejitos y son de provincia, así que imagínate… Se me hizo chido que tú lo hicieras… aunque creo que tu jefa no lo tomó muy bien que digamos.
Alex: Se alucinó. Mi mamá parece del siglo XIII.
Esteban: Se me hace que con el tiempo acabará por entenderlo y aceptarte. Tú no te azotes, aliviánate.
Alex: Eso trato, pero… Me da coraje que le dé más importancia a eso que a… (Calla)
Esteban: ¿Que a qué?
Alex (luego de pensarlo, se atreve): A que tengo VIH.
Esteban: ¡Chale!
Alex: Ayer se lo dije, pero armó más escándalo cuando supo que era gay que cuando le dije que era seropositivo.
Esteban: Órale… Qué mala onda.
Alex: Pésima.
Esteban (tras pausa, se atreve): ¿Y… cómo lo contrajiste?
Alex: Por imbécil. En una ocasión no usé condón.
Esteban: ¡¿Neto sólo por una vez?!
Alex (asiente): Ajá.
Esteban: Yo siempre lo he hecho con condón, pero nunca pensé que por una vez que no lo usaras te pudieras contagiar.
Alex: Ya ves… es la ruleta rosa.
Esteban (sonríe): No sólo rosa… a cualquiera le puede dar.
Alex: Ya sé, era broma.

Ambos sonríen; quedan en silencio mirándose intensamente. Suena el teléfono. Alex y Esteban se acercan para besarse cuando escuchan la voz de Genoveva acercándose del pasillo y se separan:

Genoveva (desde afuera): Alejandro… (Entrando en camisón y bata) Sorry, te llama Gustavo y estoy hasta el gorro de decirle que no estás.
Alex: ¿No le puedes decir que…?
Genoveva (deniega e interrumpe): Gracias a la plática que tuvimos tú y yo entendí que los problemas hay que enfrentarlos, no hay evadirlos… Así que toma.

Alex toma el teléfono. Genoveva sale.

Alex (al teléfono): ¿Qué quieres…? No, no se me ha dado la gana de hablar contigo… Mira, no me interesa oír excusas…  No, no te creo ni media palabra…

Esteban, discreto, se levanta, va hacia su cuarto y sale.

Alex (al teléfono): Okay, por si no te enteraste: lo único que esperaba de ti era comprensión, apoyo, no que me tronaras justo cuando acababa de enterarme de que el resultado había salido positivo… Yo la estaba pasando fatal, completamente solo, sin atreverme a contárselo a nadie… Y cuando decido hacerlo, el que era mi pareja, supuestamente mi compañero, ¡huye…! Así que, ahora que ya estoy mejor… ¡vete mucho a la chingada! (Va a colgar) ¡Ah, y no me busques más!

Alex cuelga y va a sentarse al sillón. Esteban entra y va a sentarse junto a Alex. Ambos se miran.

Esteban: A mí no me importa que seas seropositivo.
Alex: ¿Y eso? A medio mundo le aterra. Lo digo y ¡salen disparados!
Esteban: Será que vengo de un pueblo y sé lo que es la discriminación. No la voy a ejercer yo, ¿verdad…?
Alex: Lástima que la gente no piense como tú.
Esteban: Además podemos cuidarnos, ¿no?
Alex: ¡Claro: sexo seguro!
Esteban: ¡Eso seguro!

Se acercan, se acarician y se dan un beso. Se abrazan y continúa el escarceo in crescendo. Escuchamos a Genoveva, que viene del pasillo:

Genoveva: Alejandro, pásame el teléfono, porque…

Genoveva entra y se paraliza al verlos besándose. Alex y Esteban se separan y se recomponen, nerviosos.

Genoveva: ¡Ah, no, eso sí que no! ¡Esto no es un antro de vicio y perdición ni un hotel de paso!
Alex (levantándose): A ver, mamá…
Genoveva (interrumpe): ¡Te lo advertí, Alejandro, que esta casa la respetabas porque la respetabas, que no quería escenitas de este tipo! ¿Y que es lo primero que haces?
Esteban (levantándose): Mira, Genoveva, déjame explicarte…
Genoveva (interrumpe): ¡Nada de Genoveva, para ti “señora”, faltaba más!
Esteban: ¿No me pidió que la tuteara?
Genoveva: ¡Antes de conocer tus verdaderas intenciones! (al cielo) ¡¿Yo por qué tengo que presenciar esto?! ¡¿Por qué?!
Alex (señalando el televisor): ¿Prefieres ver muertos y descuartizados en las noticias que a dos personas demostrándose su afecto?
Genoveva: ¡Si ustedes dos acaban de conocerse, ¿cuál afecto?! Lo suyo es atracción, lujuria, y eso simplemente no lo puedo solapar ni tolerar bajo mi techo.
Alex: Pero en cambio puedes cenar a gusto, muy quitada de la pena, viendo cómo matan a palazos a las focas en Canadá o cómo se mueren de hambre o de SIDA los niños en África, ¿no es así? ¡Eres increíble!
Genoveva: ¡No me salgas con esos argumentos! ¿Qué dijiste: si no puedo convencerla, la confundo, no?
Esteban: Señora, cálmese…
Genoveva: Tan decente que te veías, Sebastián…
Alex (la corrige): ¡Se llama Esteban!
Genoveva: ¡Como sea, a estas alturas me da igual!
Esteban: ¡Y lo soy!
Genoveva: ¡Sí, como no! ¡No sabes lo que es decencia, pervirtiendo a mi hijo en mi propia casa!
Alex: Yo lo besé porque quise, nadie me está pervirtiendo ni obligando a nada. ¡Lo hago por gusto!
Genoveva: ¡¿Yo por qué tengo que escuchar todo esto?!
Alex: ¡Razona por una vez en tu vida, mamá!
Esteban: Si quiere, empaco mis cosas y me voy mañana.
Alex: Y yo me voy contigo.

Alex y Esteban se miran.

Genoveva (nerviosa): Bueno, tampoco, no exageren… (A Alex) Tú no te vas… (A Esteban) y tú tampoco… Sólo les estoy pidiendo que no vuelvan a hacer lo que acaban de hacer… ¡No quiero que Noelia los vea…! Y a mí, si apenas estoy tratando de similar todo esto, no me pidan que de golpe acepte ver actos de esta naturaleza.
Esteban (tras pausa): A lo mejor me equivoqué al rentarles el cuarto.
Alex (A Genoveva): Y yo al quedarme aquí después de ver cómo reaccionabas cuando te dije que era gay.
Genoveva: ¡Es que no es fácil!
Alex: ¡Para mí tampoco! ¡La vida no es fácil, tener VIH no es fácil, que mi mamá me rechace no es fácil!
Genoveva: Tal vez con el tiempo lo comprenda…
Alex: ¿Sabes qué? El día que cambies la opinión que tienes sobre mí, me avisas.
Genoveva: ¡Muy bien, si se quieren ir, allá ustedes! Tampoco les voy a  estar rogando… Si se pusieran en mi lugar, quizás entenderían… ¡Es demasiada información en muy poco tiempo y no la puedo procesar!
Alex (tras pausa): Suerte, mamá.

Alex los mira y sale a su cuarto. Esteban y Genoveva quedan tensos e incómodos.

Genoveva: Sorry, Esteban, con la pena, pero el dinero que me diste de adelanto ya no te lo puedo devolver.
Esteban: Eso es lo de menos, señora.
Genoveva: Genoveva, llámame Genoveva.
Esteban: En una de esas, su hijo y yo podríamos ser felices, quien sabe… ¿No es eso lo que debería buscar para su hijo?
Genoveva: Sí, pero…
Esteban: ¿Tanto trabajo le cuesta aceptar que dos personas se aman y ya?
Genoveva: Bueno… yo… no es eso…
Esteban: El amor es el amor… el sexo es lo que menos debería importar.

Ambos se miran. Esteban finalmente sale a su cuarto. Genoveva queda muy confundida sin saber que hacer, si llamarlos, seguirlos, ir a su cuarto... De pronto escuchamos un trueno muy fuerte y luego un estallido. Se va la luz, apagón. Escuchamos una exclamación grave de Noelia desde su cuarto. Durante el oscuro escuchamos:

Genoveva: ¡Rápido, unas velas! ¡Odio la oscuridad!

Alex y Esteban regresan de los cuartos.

Alex: Debe haberse tronado un transformador por la tormenta.
Esteban: ¿No tienen una linterna?
Alex: ¡Ma, un encendedor!

Algún relámpago los ilumina, como en estrobo, y los vemos buscando velas y el encendedor. Tras unos instantes, Alex, Esteban y Genoveva encienden tres velas, es la única iluminación.

Noelia (desde afuera grita): ¡Es la señal! ¡Vengan todos!
Genoveva: Ay, pobre mujer, debe estar desvariando.
Alex: ¡¿Qué pasa, abuela?!
Noelia (desde afuera): ¡Llegó la hora, se acerca el momento!
Esteban: ¿De qué habla?
Alex: ¡Ni idea! ¡Vamos!

Los tres salen rumbo al cuarto de Noelia. El escenario queda a oscuras, sólo oímos la gran tormenta y truenos. Comienza la música que durará hasta el final (sugiero la canción 5 del disco L’Absent, de Yann Tiersen,).

Voz Noelia (grabado): Crecieron las aguas y levantaron el arca que se alzó encima de la tierra…Subió el nivel de las aguas y crecieron, mientras el arca flotaba sobre la superficie del mar. Subió el nivel de las aguas mucho, muchísimo, y quedaron cubiertos los montes más altos que hay debajo del cielo… El azul del mar se confundía con el azul del firmamento…

Escena VI

Entran Alex, Esteban y Genoveva con sus velas al cuarto de Noelia. Descubrimos que, con muchos de los muebles que se fue llevando (la mesa, sillas, mesas laterales, un sillón), más otros, ha construido algo parecido a un arca (amontonando los muebles unos encima de otros, así como otros objetos como lámparas, repisas, burós, etc.). Ella está arriba del arca, “navegando”. Afuera llueve, hay truenos y relámpagos esporádicos.

Noelia: ¡Vengan! ¡Llegó la hora! ¡Hay que salvarnos! ¡Este es el fin del mundo! ¡Suban, pronto! ¡Vamos, vamos a navegar! ¡La tierra va a ser destruida! ¡Vengan! ¡Suban, los puros y los impuros! ¡Todas las parejas! ¡Dos, cuatro, cientos de ellas! ¡Vengan todos!
Esteban: ¿Qué es esto?
Genoveva: ¿Qué ha hecho, Noelia?
Alex: ¿No se dan cuenta? ¡Es un arca!
Noelia (les tiende las manos): ¡Pronto, suban a la embarcación! Alex y Esteban… tú también, Genoveva… ¡Vamos todos! ¡Debemos salvarnos! ¡Los puros y los impuros! ¡Todos caben en esta arca! ¡Hay que volver a hacer un mundo nuevo donde haya cabida para muchos mundos!
Alex: ¡Sí, abuela! (A Esteban) ¡Vamos, Esteban!

Amos se miran. Toman la mano de Noelia y suben al arca. La lluvia es más fuerte, hay más truenos y algunos relámpagos. Escuchamos el oleaje feroz del mar chocando contra una gran embarcación. Alex y Esteban se abrazan, enamorados.

Noelia: ¡Vámonos! (Le tiende la mano a Genoveva, que duda) ¡Ahora tú, Genoveva, sube! ¡No te quedes afuera! ¡Vamos a zarpar! ¡El arca va surcar las aguas!
Esteban: ¡Genoveva!
Alex: ¡Mamá!
Noelia: ¡Ven con nosotros!

Genoveva duda. Finalmente se decide, toma la mano de Noelia y sube al arca.

Noelia: ¡Llegó el momento! ¡Vamos todos!  

Arriba del arca, Genoveva y Alex se miran. Tras unos instantes se toman de la mano y luego se abrazan con fuerza. Después Alex vuelve a abrazar a Esteban y Genoveva toma la mano de Noelia.
                                                       
Noelia: Y dijeron los hombres: “Nunca más volveré al maldecir el suelo, ni volveré a herir a todo ser viviente como lo he hecho. Mientras dure la tierra, frío y calor, verano e invierno, día y noche, no cesarán.” ¡Vamos todos, vamos a navegar! ¡Hay que salvarnos! ¡Vamos, vamos todos, a navegar!

Todos “navegan” sobre el arca. La música sube de volumen y se hace el oscuro final.

- Fin -

Humberto Robles

Obra debidamente registrada en SOGEM

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