LA NARCOTIENDITA DE LA ESQUINA de Benjamín Gavarre



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LA NARCOTIENDITA DE LA ESQUINA

DE BENJAMÍN GAVARRE


® contacto: gavarreunam@gmail.com

La obra ocurre en tres espacios que se pueden alternar por medio de telones o que pueden estar presentes en una escenografía que presente tres secciones permanentes. Se trata de una sala familiar, un cuarto de hotel y una narcotienda.



ESCENA 1



FAMILIA ROVIRA



Vemos la casa de la familia Rovira. Es un departamento o casa pequeña de la clase media. Rubén es un padre intolerante. Inés, es la madre conciente y atenta a los problemas de su hijo adolescente.

Al inicio de la obra, Rubén ve la televisión de la que sólo se escucha el audio. Inés lee un libro en el que se alcanza a leer “Psicología del adolescente”.



Voz del Noticiero.– Al parecer la cabeza fue encontrada en pleno centro de la plaza, parece que está relacionada con el Cartel de Morelos.

Rubén.– (Apaga la televisión) ¡Qué asco! En mis tiempos no pasaban esas cosas.

Inés.– Nosotros tenemos nuestros problemas.

Rubén.– ¿Vas a empezar otra vez?

Inés.– Qué, ¿ya le vas a dar de cinturonazos al niño?

Rubén.¬– Tú dirás. ¡Así aprendí yo!

Inés.– ¡Los tiempos han cambiado!

Rubén.– A golpes se entiende, pendeja.



ESCENA 2

El Cortado quiere que Joaquín y Eva prueben coca

Joaquinito, Eva y el Cortado

Afuera de la Secundaria

El Cortado.¬– ¿Topan? Ya les dije, ¡tienen que probarla!

Eva.¬– ¡Ya déjanos!

El Cortado.– ¡Es gratis, pendejitos!

Eva.¬– ¡Ya estuvo!

El Cortado.¬– Yo llevo encima más dinero del que sueñan, pendejos.

Joaquín.¬– Yo tengo mis botas con estoperoles, no soy ningún pendejo.

El Cortado.– ¡Uy, qué presumido, wey! ¡ Me va a dar el bajón, puto! Entonces qué, ¿no le entran?

Eva.– ¡Ya déjanos!

El Cortado.– ¿Y tú, Joaquín?... Ven, acompáñame a mi casa.

Joaquín.¬– No sé. Ya me tienen bien avisado. No, mejor no.

El Cortado.¬– Te vas a divertir, putito, vente.

Eva.– ¡Déjalo en paz!

El Cortado.¬– Qué, tú eres su novia o qué. Vente tú también.

Joaquín.– Vamos, Eva. ¿Qué nos puede pasar?

Eva.– No sé. ¿Tú quieres ir?

Joaquín.¬– ¿Por qué no?

Eva.¬– Un rato.

El Cortado.– Un rato. Ya van a ver.



ESCENA 3

EN EL HOTEL RINCÓN

Los Jefes narcomenudistas van a distribuir coca.

Cuarto de hotel. Grande, impersonal, pero sin faltar una enorme televisión. Se ven algunas botellas.



El Gabo.– Ya les están dando guerra a los grandes, Jefe. Cada día es más difícil meter los paquetes.

El Rizos.– Tú no te preocupes. Tienen controlada toda la acción. Ya hablé con gente; pronto, cabrón.

El Gabo.¬– Les apañaron veinte. Ya nos fregaron.

El Rizos.– Sí... Más o menos. Casi todo lo que se iba para el Norte se los chingaron. Pero tenemos un buen para acá.

El Gabo.– Pero, Jefe. ¿Aquí?

El Rizos.– Tenemos que venderla, qué no? ¿Qué te pica, wey?

El Gabo.― Pues como quiera, si lo que se va para el Norte–Norte les hace daño a los de allá... a mí no me importa. Pero aquí...

El Rizos.― ¿Qué?, ¿qué paros pones?

El Gabo.― Nada, Jefe. Es qué. Son Nuestros chavos.

El Rizos.― No me vengas con mariconadas, que ya sabes.

El Gabo.― Es que...

El Rizos.― Me estás poniendo nervioso, Gabo.

El Gabo.¬― Na más decía.

El Rizos.― No me busques, ca.

El Gabo.¬― No, Jefe.

El Rizos.– Ya estuvo.

El Gabo.¬– Le juro.



ESCENA 4

FAMILIA ROVIRA.

Inés escucha un programa de ayuda psicológica, por el Radio. Joaquín ha empezado a robar y tiene problemas de drogadicción.



Voz de Psicoanalista.– No, Señora, ¿me entiende? Si su hijo ha caído en las drogas no es cuestión de que salga de ellas con que usted le diga que eso no está bien, o conque le eche ganas. Hay que buscar ayuda, ¿me entiende?

Voz de mujer.– Sí, señor. Lo metimos a una de Recuperación, me sacaron cuarenta mil por una semana que estuvo y nada más empeoraron las cosas. Le estuvieron dando mariguana y salió peor, como si fueran unas vacaciones. Cuando salió, siguió igual o peor. Yo ya no sé qué hacer.

Rubén.– (Entra a la sala donde se encuentra su esposa) Otra vez oyendo ese programa. Te pones histérica y no solucionas nada.

Inés.– Tenemos que hacer algo. El problema de la drogadicción no es sencillo, y menos cuando se trata de gente vulnerable.

Rubén.– Ya hasta hablas como los de tu programa. “Vulnerable”.

Inés.– Gente sin defensa, expuesta a los peligros, a las amenazas contra sus vidas.

Rubén.¬– ¿Qué?

Inés.¬– Es que tú no te das cuenta. Joaquinito está peor. Ya ni te digo nada, ni siquiera las que pasaba con diez le interesan. Ya no llega a comer a la casa. Llega tarde con los ojos muy extraños. Le digo que si quiere algo de comer y que no porque lo invitaron unos amigos. No te das cuenta, algo grave está pasando.

Rubén.– Está creciendo. Yo me la pasaba también con mis amigos. Y claro que comía en cualquier parte: con la mamá de Rolando, con la mamá de Alfredo... Cuando llegaba a mi casa, no tenía hambre. Es la ley de la vida. Tienes que acostumbrarte a que “Joaquinito” ya dejó de ser un niño. Ahora... va a convertirse en machito. Tienes que entenderlo.

Inés– Y… ¿también tengo que acostumbrarme a que desaparezcan las cosas de la casa?

Rubén.– ¿De qué me hablas?

Inés.– Muchas cosas que han desaparecido. De dinero que tenía yo guardado en el cajón de la alacena. De las monedas de plata que estabas coleccionando.

Rubén.– ¿Mis monedas?

Inés.¬– No están en el cajón de la cocina donde las guardabas.

Rubén.¬– Cómo se te ocurre, ¿mis monedas? (Va a buscarlas).

Inés.– Y no sólo eso. Tampoco encuentro mi anillo de compromiso.

Rubén.– No están mis monedas. (Pausa) Y tú piensas que Joaquín...

Inés.– Las ha de haber vendido, estoy segura. En el programa de radio que no te gusta han dicho muchas veces que los drogadictos hacen cualquier cosa con tal de conseguir dinero... pues ya sabes para qué.

Joaquín.– Pero... Sólo tiene doce años.

Inés.– Pues a esa edad es cuando son más vulnerables, aunque te choque la palabra. Y más en el caso de Joaquín. Tenemos que llevarlo a un médico. Tenemos que hacer algo con él y no sólo regañarlo, o darle de cinturonazos.

Rubén.– Puede ser; tengo que pensarlo.



ESCENA 5

EN LA NARCOTIENDITA.

El Cortado va a convencer a Eva y a Joaquín de que vendan “grapas” de cocaína.

Eva.– Qué bueno está este pase, carnal. Gracias, gracias, Cortadito por dejarnos la grapa más barata.

El Cortado.– Es la última vez, ya saben, pendejitos. Tienen que conseguir más lana para la próxima vez.

Joaquín.– ¿Más?... No la... No te la jales...

Eva.– Sí, Cortado. En mi casa se están dando cuenta. El otro día, mi papá dejó su billetera en la sala. Tenía todo el dinero de su sueldo y apenas nos alcanzó para estar a tono durante dos semanas...

El Cortado.– Pues no gana mucho tu pinche jefe, la verdad.

Eva.― Eso dices tú. Me regañó como nunca, aunque nunca estuvo seguro de que yo había sido, cómo iba a ser, pero estuvo de un genio, me estuvo gritando por cualquier cosita. Yo creo que sabe.

Joaquín.– Lo mismo mi mamá. Se me queda viendo los ojos, que si fui a la escuela, que mis calificaciones... Ya saben...

El Cortado.– No, ustedes Ya saben. Si no pueden conseguir más lana. Pues yo…Ya saben.

Eva.¬– Qué. ¡Cómo de qué va!

El Cortado.― (Sonríe satisfecho) Es muy sencillo, pinche Eva.

Eva.¬– ¿Yo qué? No entiendo.

El Cortado.¬– Tú nomás pérate y vas a ver si me entiendes.



ESCENA 6

EN EL HOTEL RINCÓN:

Luchas internas de los narcos.

Rizos y El Gabo

El Gabo.– Levantaron a Lucas. Lo aventaron en las Bombas con una nota. “El Sur es nuestro, más les vale que lo entiendan”. Los Jaguares Negros, nos la sentenciaron.

El Rizos.¬– Qué más quisieran. Ya vas a ver, Gabo. Lucas no murió porque sí. Vamos por el Sur. Vas a ver que nos quedamos con todo. Háblale a Israel. Les vamos a cortar los huevos... ¡Conoces al Jaguar Mayor?... Hay que ponerle un hasta aquí. Háblale a Israel.



ESCENA 7

FAMILIA ROVIRA.

Inés limpia la casa. Rubén cambia canales de televisión y se detiene en un noticiario.

Voz del Noticiero.– “Entrevistado hoy en la cárcel, el acusado de 15 años indicó que imitó a dos de sus tíos, que son asesinos narcotraficantes en Sinaloa...

Rubén.– Tiene quince años y ya está en la cárcel.

Llegan Joaquín y Eva a casa de sus padres. Los dos visten con ropa excéntrica pero cara y tienen además, ella un ipod colgándole del cuello, y él, un teléfono celular tipo manos libres.

Joaquín.– ¿Qué pues!

Inés.– ¿Por qué no me avisaste que traías visitas?

Rubén.– ¿Y esa ropa? ¡Pareces cholo!

Joaquín.– (Ignora a su padre) ¡Esta es mi chava!

Eva.– ¡Hola!

Inés.– ¿Sí?

Rubén.– Te estoy hablando, Joaquín. ¡Porqué estás vestido así!

Joaquín.– (Recibe una llamada por su teléfono manos libres. Ante lo cual su padre comienza a desatarse el cinturón.) ¿Hola? (...) Qué pasó We (...) ¿Orita? (...) Pues... con los rucos... (...) lo de siempre... baras; bien baras. Allá voy a estar. (Cuelga el teléfono y se le enfrenta a su padre). ¿Me quieres pegar?... Tú no más…

Rubén.― ¡Por qué te vistes así! ¿De dónde sacaste ese teléfono?

Joaquín.– Me va bien.

Rubén.– ¿Sí? ¿con todas las cosas que nos has robado?

Joaquín.– Hazme la cuenta.

Rubén.– ¡Hijo de tu…!

Joaquín.― ¡Cuidadito y cómo me hablas!

Rubén.– Ya estuvo. (Trata de írsele a los golpes con su cinturón)

Joaquín.― Ya estuvo tú, pinche mamón. (Saca una pistola y lo amenaza) No es un juguete, eh. Calmado, putito, o te tiro un balazo.

Inés.– Joaquín, por favor, eres sólo una criatura.

Joaquín.― Eso mismo, par de lusers… Ya me cansé de ustedes. Vine a despedirme, jefes.

Inés.- Pero, cómo va a ser.

Rubén.- Eres menor de edad, idiota.

Joaquín.― ¿Qué, quieres que me quede? (Ante el silencio evidente del padre) Se la pasaron pegándome. Ahora tengo familia. (a Eva) Vámonos chava.

Eva.– ¡Lusers!

Joaquín.– Tenemos dinero, la verdad sí. Toma jefecito, para tus gastos. (Le avienta varios billetes al piso antes de salir de escena).



ESCENA 8

EN LA NARCOTIENDITA.

El Gabo pasa a cobrar la cuota. Le dice a El Cortado que no quiere niñas en la “Organización”

El Gabo y el Cortado.

El Cortado.– Aquí está lo de la última semana. Ha estado muy buena porque me conseguí a una niñita que vende el triple que un cabezón...

El Gabo.¬– ¿Ahora estás regenteando niñas?, ¡no chingues!... Y, qué... ¿Se porta bien entonces?

El Cortado.― Vende mucho, pero tiene a su güey.

El Gabo.– Me vale madres, pelado.

El Cortado.– Nomás decía. Yo he visto muchas cosas.

El Gabo.– Pues será mejor que te calles. Y no andes regenteando chavas; me da no sé qué.

El Cortado.– Pero con ésta ya nos quedamos, ¿no mi Gabo?

Gabo.¬– Tranquilo, Cortado, sin confianzas.

El Cortado.– Oiga mi jefe, me han estado diciendo de que la nieve está descolorida... ¿Qué pasó?, como que no amaciza.

El Gabo.¬–Tú no te fijes. Nada más no se te ocurra volver a caciquearla, porque te cortamos los huevos...

El Cortado.– ¿Cuándo han tenido queja de mí?

El Gabo.– Cierra el hocico si no quieres que te den violín los del Comando.

El Cortado.– Ni madres, Jefe. Entonces qué: ¿viene la próxima semana?

El Gabo.– Hasta crees. Hoy fue día especial. Atento que van a llegar otros paquetes.

El Cortado.– Bien avispa.

El Gabo.– ¡Va! Y no quiero niñas.

El Cortado.― Pero mi Gabo, es la más inofensiva que pude conseguir.

El Gabo.― Ya te dije; tú sabes cómo le haces.



ESCENA 9

EN EL HOTEL RINCÓN

El Rizos habla por teléfono con su hija. El Gabo se burla del afecto que el jefe puede demostrar a alguien. Hablan de que en una tiendita se atrasan con los pagos. Hablan de los “ajustes” que deben llevar a cabo.

El Rizos oye música de Juan Luis Guerra: “La llave de mi corazón”. Suena el teléfono, apaga su aparato de sonido y habla por su cel con su hija.



El Rizos.― Hola m’hija, ¿cómo está mi princesa? (...) Cómo que estás solita, ¿qué no está Ramiro y los demás para que te cuiden? (...) Ya sabes cómo es tu madre, no te preocupes, voy a hablar muy seriamente con ella. (...) Sí, mi princesa, ya sé que se acerca “tu cumple” (...) Está bien m’hija, ya pensaré en lo del auto. (...) No, m’hija, eso no. Hay que ser discretos. (...) Yo también te quiero, princesa. (...) Luego hablo con tu madre... (...) No se me olvida, cuídate m’hija preciosa.



El Rizos cuelga el teléfono y se muestra molesto al ver que El Gabo ha estado escuchando.



El Gabo.― Qué pasó mi Rizos, no te conocía tan cariñoso... “M’hija preciosa”...

El Rizos.― Te calmas, culero, ¿quién te dijo que me puedes tener esas confianzas?

El Gabo.― No, mi jefe, yo no digo nada; al contrario me da gusto que...

El Rizos.― A la chingada si te da gusto. Qué pasó, ¿fuiste a las tienditas?... ¿Cuánto juntaste?

El Gabo.― Casi todos han estado a la altura, nada más el Ñoño se está atrasando... Creo que ya va a valer verga; no cubre las cuotas.

Rizos.― Que se encargue Justino.

El Gabo.― Sí, Rizos, como siempre. Pero hay que poner a alguien más. No podemos desatender la zona, hay como siete escuelas con harto escuincle.

El Rizos.― Pues ya sabes, dile a uno... Nadie mejor que tú sabe.

El Gabo.― Sí, ya estoy pensando... Ya sé… El Cortado, ¿lo conoces?

El Rizos.― Ni madres. Tú hazle como sabes; nada más no desatiendas.

EL Gabo.― No, mi Rizos... Por cierto, se dieron cuenta de que las últimas entregas no amacizaron.

El Rizos.― Ah qué la Chingada. Todavía se quejan… Bola de… Nada más quieren que les pongamos la mesa servida y no saben por las que estamos pasando; que se chinguen. Diles que todo se va a componer.

El Gabo.― Sí, les he dicho eso mismo. Entonces qué... ¿Va a ser el cumpleaños de la Princesita?

El Rizos.― ¿No te dije que no me chingues? Mi gente te vale madres; no te metas y es en serio.

El Gabo.― Si yo nada más...

El Rizos.― Cierra tu pinche hocico, pendejo.

El Gabo.― Sí, ya estuvo.



ESCENA 10

FAMILIA ROVIRA.

Inés.― Ya no sé que hacer. He hablado a todos lados y nada. Nadie sabe de Joaquín.

Rubén.― Qué se vaya a la mierda. Para mí está muerto.

Inés.― Cómo puedes hablar así. Es un niño.

Rubén.– ¡Un niño! Un niño no te apunta con una pistola. Un niño no se atreve a amenazar a sus padres. Estoy... decepcionado... no es la palabra. Para mí está muerto, ya te dije.

Inés.― Y tú qué... ¿Crees que fuiste un buen padre para él? Siempre lo trataste como si fuera una basura. Nunca quisiste entenderlo. Joaquín necesitaba ayuda profesional. Yo hasta lo llevé a un psiquiatra y tú nunca me apoyaste.

Rubén.― ¿Y si está loco es mi culpa? Hay muchos niños de su edad que no se meten en problemas.

Inés.― Loco, ¿tú crees?... Hay muchos niños de su edad son víctimas de los narcotraficantes porque se dejan llevar por amigos traviesos como Joaquín, por niños que se meten en problemas como Joaquín por niños a los que sus padres consideran como casos perdidos, como si se estuvieran muertos.

Rubén.― Cállate pendeja o te pego otra vez.

Inés.― ¿Otra vez? Atrévete maricón de mierda, cobarde. Estoy harta de ti, me escuchas. Estoy harta de que no te importe nada más que tu miserable tranquilidad y nada más. “Para mí está muerto”. ¿Sabes qué?... Para mí el que está muerto eres tú. Yo no sé cómo he podido soportarte tantos años, pedazo de basura.

Rubén.― ¿Basura? ¿Sí?, Pues lárgate, hija de la chingada. A ver quién puede soportarte a ti también. A ver quién puede mantenerte, estúpida. Conmigo llegaste en ceros y en ceros te largas hija de tu puta madre. Ándale, lárgate, cabrona, pendeja.

Inés.― Pues sí, ya me voy a ir. Yo me las puedo solita conmigo, macho de cuarta. Pero no creas que soy tarada. Me he informado. Tú tienes responsabilidad sobre mí, me tienes que dar dinero, ignorante, por todos los años que pasamos juntos.

Rubén.― Yo me voy al Table, qué te parece? A ver si cuando regrese ya te calmaste, estúpida.

Inés.― A ver si en lugar de estar de marrano haces algo para encontrar a tu hijo. Sólo tiene doce años, Rubén. ¡Doce años y es drogadicto y trafica con drogas, ¿no lo entiendes, estúpido!!

Rubén.― Ya no te soporto. Ojalá encuentres la manera de dejarme en paz.

Inés.― Yo que más quisiera. Déjame sola. Ayudas más si no estorbas. Lárgate maldito.

Rubén.― ¡Vete a la chingada!



Rubén Se va. Inés queda temblando de furia, pero pronto toma el teléfono y marca frenética un número.



ESCENA 11

EN LA NARCOTIENDITA. El Cortado da instrucciones a Eva y Joaquín sobre sus nuevas responsabilidades como “dillers”.



Cortado.― Ustedes conocen el bisnes, chamacones. No me fallen porque se las atoro.

Joaquín.― Pero y qué... Todavía no conocemos a todos los contactos, qué pex.

Cortado.― (Ignora a Eva) Ni los vas a conocer hasta que sea tiempo. No hagas preguntas si quieres salvar tu carita de estúpida. Nada más tienes chance de saber a cómo vender la grapa y a quién. A los mejores clientes los conoces. Si llega alguno que hace muchas preguntas tú te haces la que ni sabe, tú nada más atiendes aquí. Vendes refrescos y chelas y pan y jamón o lo que te pidan. Pero si te hablan al tiro, sobres. Conoces a la mayoría. (Por primera vez se dirige a los dos) Tienen que ponerse bien vergas, ¿va? Si no les late cómo les hablan, no saben nada. Y aguados con la tira. No van a venir uniformados, ¿qué no? Van a mandar muchos cuatros, me entienden, trampas, pendejos. Si no se ponen al tiro se los lleva la Chingada. Tienes que tener buen ojo, Joaquín. Tú también, pinche Evita, no te me apendejes.

Eva.― Yo qué. Ya sabes que yo siempre le entro y que he vendido más que nadie.

Cortado.― Sí, ya sé que vendes mucho, putita. Pero esto no es lo mismo. No te me vayas a dormir hija de la chingada, que aunque eres vieja, te pueden dar lo tuyo. No te me duermas, pinche escuincla, ¿va? Estás aquí gracias a que yo quise, puta. Me estuvieron pidiendo que te fueras, pero yo te defendí, cabrona.

Eva.― Va, gracias Cortado. Vas a ver que no tienes quejas de mí.

Cortado.― Pues los dejo. Yo me voy a otra zona. Me la dieron porque les lato un buen. Hago bien la chamba, qué no, putitos? Me dieron una zona bien chida. Me llaman, ya saben, pero sólo si creen que se los va a cargar la verga del diablo, si no, ni me conocen.

Eva.― Va, Cortado.

Joaquín.- Va, Carnal.

Cortado.― No me digas así, wey que soy tu padre…Sale. Ahí se ven.



ESCENA 12

EN EL HOTEL RINCÓN.

El Rizos y El Gabo. La hija de El Rizos fue secuestrada no se sabe por quién. El Rizos reclama a El Gabo que Joaquín y Eva, Los Nuevos, no han cubierto las cuotas. El Rizos le pide que les de un ultimátum.



El Rizos.― ¡Me levantaron a mi hija, ca!

El Gabo.― ¡Jefe!

El Rizos.― Me cae que fueron los Gallos, o los Santos, o el Santiago, o la Puerca... Quçe al si fue la Familia. No dejaron recado.

El Gabo.― Cómo así... ¿y los fedecales, jefe? ya ve que anunciaron no sé qué madres de medidas drásticas, será por ahí el putazo.

El Rizos.― Quién sabe. A lo mejor quieren que nos destapemos. Por eso no he estado calladito… Pero mi niña, Gabo, me la quitaron. No hay que ser.

Gabo.― Y su mamá cómo está.

El Rizos.― A ella también se la fregaron.

El Gabo.― Qué quiere que le diga, Jefe.

El Rizos.― Primero, quita esa cara como de que me tienes lástima, que ahorita sí que no te voy a soportar. Anda, vete a atender los negocios que ya sé bien que no te andan pagando Los Nuevos. Yo no sé a quién pones, pero me vas a responder bien, o te va a cargar. Ahorita sí que no te me andes pasando. ¿Qué vas a hacer con Los Nuevos?

El Gabo.– Se han querido jinetear la lana, pero ahorita mismo voy y les pongo un ulti...

El Rizos.– ¿Un ultimátum? A qué crees que estamos jugando. ¡Ya estoy harto de que te me estés ablandando!

El Gabo.– Jefe; se trata de una niña también... Podría ser su hija...

El Rizos.– Nada más no me intentes chantajear porque ahora sí te... Llámale al Justino, que se encargue.

El Gabo.― ¡Cómo va a ser!... ¡No, Jefe!

El Rizos.― Y tú te me quedas aquí, a ver si hay noticias de mi hija.

El Gabo.― Pero... Jefe, piénselo.

El Rizos. ― Ahí te ves.



ESCENA 14

FAMILIA ROVIRA.



Inés.― (Al teléfono) ¿Hola?, ¿diga?, ¡quién habla?... Otra vez me colgaron.

Rubén.― Pues ya no contestes.

Inés.― ¡Cómo se te ocurre? Y si se trata de... ¿Y si es Joaquín?

Rubén.― Ya olvídalo. ¿Todavía sigues pensando que te va a hablar? Ya te dije que hay que olvidarlo.

Suena de nuevo el teléfono.

Inés.― ¡Diga! ¡Sí! ¡Sí! ¡Claro que voy a estar aquí! ¡Dónde estás!, ¡Cómo estás! ¡Dónde has estado!

Rubén.― ¿Es Joaquín?

Inés.― Aquí voy a estar.

Rubén.― ¡Qué pasa!

Inés.― Aquí te espero. Todo va a salir bien. Te espero.

Inés rompe a llorar.

Rubén.― ¡Qué te dijo!

Inés.― Los acaban de... Les dispararon.

Rubén.― ¿Les dispararon?

Inés.– Hay que llamar a un médico... O no sé... Hay que ir a un hospital... No se qué vamos a hacer.



Entra Joaquín. En sus brazos carga a Eva.

Joaquín.– Me la mataron, mamá. Le dieron de balazos. Hay que buscar un doctor.

Rubén.― Cómo se te ocurre. Nos vas a meter en problemas. Será mejor que te vayas.

Inés.― (Se acerca a Eva) Todavía respira.

Rubén.― No estamos para ayudarte, mejor que te vayas y que pidas ayuda en otro lado.

Inés.– Se está desangrando. Qué vamos a hacer. Y a ti también te dieron, papacito, mira nada más tu pierna.

Joaquín.― No es nada.

Inés.― Rubén, por favor, ayúdame a llevarlos al auto, a un hospital

Rubén.― Cçomo se te ocurre, no atienden heridos de bala.

Inés.– No seas estúpido. No podemos dejarlos así, por favor, hay que hacer algo. ¡Por favor!

Rubén.– Ya, ya mujer. Mira, sé de un tipo que tiene una clínica, desas baras.

Inés.- ¡Pues vas! Como vamos. ¡Vámonos ya!

Rubén.- ¡Está bien, vamos carajo!



Rubén toma en sus brazos a Eva. Joaquín se apoya en Inés para caminar, se dirigen a la puerta y cuando la abren reciben una ráfaga de metralleta. Caen todos muertos al piso.



ESCENA 15

EN EL HOTEL RINCÓN.

El Rizos ve un programa de noticias del que sólo escuchamos el audio.

Audio de TV.― ...y fueron ultimados al parecer en el domicilio de sus padres, Rubén Rovira y su esposa, de nombre Inés. Los dos adolescentes de doce y diez años aproximadamente presentan el tiro de gracia. Las pruebas toxicológicas dieron positivo al consumo de cocaína por lo que se presume que estaban vinculados o eran víctimas del crimen organizado. Seguiremos de cerca este caso.



Rizos.― (Contesta su celular) ¿Cómo está mi princesa? (...) Yo muy bien, con mucho trabajo, como siempre. (...) Ah que tú mamá. Dile que no se preocupe, que pronto le voy a dar vacaciones, sí. (...) No, ya sabes que yo siempre tengo mucho trabajo. (...) Ya, mi princesita, ya pasó. Te aseguro que no vuelve a suceder. Se quiso hacer el gracioso uno de los nuestros, ya te dije, pero ya lo calmamos; ya lo pusimos en su lugar... (...) Nada princesita, nada que tú debas saber. (...) Sí, mi princesita, todo está ya bien, todo está muy bien. (...) Yo también te quiero mucho. Un beso.

Entra El Cortado.

El Cortado.– ¿Qué me llamó, mi jefe?

El Rizos.– Sí, Cortado. Quiero que le mandes unas flores a la familia de El Gabo. Ese cabrón.

El Cortado.– Se le pasó la mano, ¿no Jefe?

El Rizos.― Mejor cierra el hocico. Aprende en cabeza ajena.

El Cortado.– Nunca mejor dicho, ¿no Jefe?

El Rizos.― O qué la...

El Cortado.– Perdón.

El Rizos.– Mira que secuestrarme a mi hija. Con la familia no se mete uno. ¡Nunca! Bueno, a trabajar. ¿Ya cuánto has juntado?

El Cortado.– Todos pagaron puntualitos.

El Rizos.– ¿Ves? El escarmiento sirvió de algo.

El Cortado.– Pero hay un problema, Jefe.

El Rizos.– Eso no me gusta.

El Cortado.– Todavía necesitamos nuevos chamacos, usté sabe.

El Rizos.– Pues búscale, pero ya sabes, que amacicen y no se anden de pendejos, ya ves que luego se te mean encima .

El Cortado.– Sí, mi Jefe. Y si consigo una ruca. Conozco una con una miscelánea bien chida.

El Rizos.– Las misceláneas ya las tenemos, descerebrado. Consíguete unos escuincles… Pero no tan problemáticos, necesitados me entiendes…Que agachen la cabeza. Ah…Y escuinclas, también, la verdad a esa chamaquita le iba muy bien.

El Cortado.– Y escuinclas también, claro, jefe… es que las cosas están cambiando no, Jefe, jeje… jeje, no Jefe?, están cambiando, jejeje, están cambiando qué no, jejeje… Que sí, mi jefe, están cambiando… jejejejeje, muy bien, mi jefe, están cambiando… No, jefe, jeje, jejejejejejejeje…¡¡¿Jefe?!!...

Oscuro

fin

Ciudad de México

Diciembre de 2007

Registro SOGEM

© Benjamín Gavarre Silva

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