22/1/08

DISFRAZ, DE BENJAMÍN GAVARRE

Disfraz

de Benjamín Gavarre

EL ESCENARIO es una gran habitación; un poco teatro, un poco camerino, un poco departamento; pero es sobre todo el lugar donde habita nuestro personaje al que llamaremos: el Actor; aunque su nombre, el verdadero, el otro, sea Pablo.
Él, se encuentra "solo", en una intimidad extrema; sin embargo, se relacionará con ciertos personajes surgidos del recuerdo, o de su imaginación. Lo acompañarán algunos otros que podrían llamarse personajes reales, pero hay quien asegura que también forman parte de su mente; quizá de su mente en el momento de un sueño, de su sueño: esto sin embargo no lo podríamos asegurar.
Al comenzar la obra el Actor se encuentra en gran actividad: escoge su música preferida; luego va hacia un perchero y trata de probarse distintos disfraces, (obrero, licenciado, agente de tránsito, un héroe de espada y armadura, Romeo...) pero no puede vestirse solo. Por eso saca de un baúl enorme a Bufo-el Globero, quien le ayuda a ponerse la capa, o le coloca el yelmo o el birrete. Con cada disfraz posible modela frente a un espejo de cuerpo entero, pero ninguno de ellos lo convence. Finalmente escoge un disfraz: será un colegial de suéter, escudo, pantalones largos, mocasines y mochila. Busca la aprobación de Bufo-el Globero, pero éste solamente lo observa burlona, silenciosamente.
El Actor sonríe frente a su imagen final. Es una sonrisa que se transforma súbitamente en carcajada. Después viene el silencio. Él sabe perfectamente lo que tiene que hacer: corre presuroso hacia un rincón donde aparece un letrero que dice:
escondite tortuoso... Y saca una pistola. Obliga al desconcertado Bufo a salir de escena, luego va hacia el espejo y apunta a su sien...
Dispara tres tiros a su imagen reflejada y grita:

ACTOR.— ¡Basta!

Bufo-el Globero brota sorpresivamente del baúl y muestra al público una claqueta en la que leemos:

¡¡¡EL SUICIDIO!!!

Luego, después de dar el claquetazo dice con brillantez:

BUFO.— ¡El suicidio! Escena tercera del acto V... ¿Romeo y Julieta?... ¡No! Pero de todos modos: ¡Comenzamos!

Y se vuelve a meter a su baúl.
Suena el timbre de la puerta, el Actor corre hacia ella pero en ese momento suena el timbre del teléfono: decide ir primero hacia el teléfono.

ACTOR.— ¿Bueno?, ¡un momento por favor!

Deja descolgado el teléfono y va hacia la puerta; la abre y descubre que no hay nadie. Confundido la cierra y corre hacia el teléfono.

ACTOR.— ¿Quién habla? (Nadie contesta del otro lado de la línea) ¡Bueno! (Silencio) Qué, ¿no vas a contestar? No me lo digas. Eres tú de nuevo. Eres el Mudo...¿O Muda?...A lo mejor eres la Muda. Pues bien, querido o querida quien seas: te recomiendo que vayas y consultes un buen Otorrino. Sí, laringólogo. A ver si así me dejas de joder. (Y muy molesto cuelga la bocina).

Durante algunos instantes se queda viendo al vacío, luego descuelga la bocina y marca con ansiedad un número. Espera. Alguien contesta del otro lado de la línea y el Actor cuelga con una mezcla de miedo y vergüenza. Respira, mira de nuevo al vacío y vuelve a marcar el mismo número. Espera. Contestan del otro lado: cuelga precipitadamente. Bufo surge del baúl y lo mira suspicaz...


BUFO.— ¿No contestan?

ACTOR.— Sí, ellos siempre contestan, ¿pero yo?...Me quedo como una Mú...Muerto de nervios.

BUFO.— Sí, ¡esos mudos! ¿Insoportables, verdad?

ACTOR.— Deberían encerrarlos.

BUFO.— ¿Nos?

ACTOR.— Encerrarnos si quieres; lo mismo da. Pero, ¿sabes qué?

BUFO.— ¡Oh no!

ACTOR.— Voy a invitarlos. Voy a invitarlos a mi fiesta de cumpleaños.

BUFO.— ¿Crees que se acuerden de ti?

ACTOR.— (Sin hacer caso) Únicamente dos invitados: Verónica y Jerónimo; Jerónimo y Verónica... ¿Te das cuenta?

BUFO.— ¡Oh no!

ACTOR.— Hasta en el nombre se parecen. ¿No te parece ridículo?... Jerónimo y Verónica, ¡Já! (Se toma la cabeza con un exagerado gesto de dolor) ¡Ay, otra vez esta maldita migraña, no es justo! ¡Mi pobre cabeza...! !Y tenía que dolerme precisamente hoy! (Repentinamente sin dolor mira paranoico a Bufo) Sí, ya sé... pero no tienes por qué mirarme así; ya no me duele... ¡Que no me mires así!... De acuerdo, tienes razón: siempre busco pretextos. Pero esta vez sí les voy a hablar. (Bufo toma el teléfono y marca el número de Verónica y Jerónimo) ¿No me crees, verdad? Pues fíjate bien cómo les hablo... (Bufo le da la bocina y Pablo, mientras espera a que contesten, dice...) Y no me vuelvas a decir que soy hipocondriaco, porque no soy hipocondriaco. Nunca he sido ni seré... ¡Hola!... ¡¿Verónica?! (Muy nervioso) ¡Adivina quién!... Pablo, el mismo de siempre, casi el mismo. ¿Qué te parece si te invito a una fiesta?... Sí, así de drástico. Dile también a Verónimo, Jerónimo... Pero claro que es en serio... ¿Ahí está?... Luego me lo pasas, pero mira: es una fiesta de disfraces... Pues se me ocurrió... ¿Mi cumpleaños? No, claro que no. ¿Te hubieras acordado, no?... ¿Cómo? ¿Sí te acordaste? ¿Qué dijiste?... ¡Ah sí! ¡Claro! Gracias por hablar... ¿Qué cosa?... No, si ya sé que yo soy el que te habló, claro; pero de todos modos gracias, sí. Por acordarte... ¡Uy, qué insistencia! A ver, pásamelo... ¿Jerónimo?... ¡Maestro, qué desgracia!... ¿Cómo?... Sí, que me da mucho gusto... Sí, de veras. Le decía a Verónima de una fiesta... Sí, de disfraces... No, no; pastel si quieres, pero detesto los globos... Pues no sé, nunca me han gustado... ¿Qué dices? ¡Ahmmh, temprano! ¿A las nueve te parece bien?... Nueve y media... ¿Sí?... A ver, pásamela... De lo que quieras, Vero... ¿De momia? Pues, me parece estupendo... ¿Sí?... A mí también, sí... Perfecto... Bye... Nos vemos... Diez y media, sí... ¡Chauuu!

Cuelga radiante el teléfono. Bufo se burla de él.

BUFO.— Ajá, sí... ajá, sí, claro. ¿Ajá?... sí. ¿Mhiumjummh?... Mhiamjá... mmmhhh.

ACTOR.— (Feliz) No lo puedo creer. Estoy vivo. ¡Vivo! (Orgulloso) Lo he notado. Y ellos van a venir. A las nueve, a las nueve en punto. ¿Te das cuenta? ¡Estoy vivo!

BUFO.— Felicidades...¿Y qué vas a hacer con toda esa vivísima vitalidad?

ACTOR.— (Sin desalentarse) Tengo futuro, voluntad. Soy casi famoso. Hoy es mi cumpleaños, todavía soy joven. Tengo salud, fuerza, memoria, entendimiento: Inmejorables condiciones.

BUFO.— Oye, ¡qué bárbaro! ¡Por qué no nos casamos!

ACTOR.— ¿Así que no me crees? (Lo mira fijamente) Ya sé lo que estás pensando: Pablo va a intentarlo de nuevo. Eso piensas, ¿verdad? ¡Contesta!

BUFO.— ¿Intentar? ¿Qué cosa?

ACTOR.— El suicidio. Llámalo con todas sus letras:
(Deletrea) S U I C I D I O: Suidicio... digo, como se llame.

BUFO.— Usted... ¡Se está tomando demasiado en serio!

ACTOR.— ¿Qué?... ¡De qué se trata!

BUFO.— (Muy amable, le da un globo) Queda usted detenido. Acompáñeme.

ACTOR.— ¿Sí?... Gracias, pero así estoy bien.

BUFO.— Sígame.

ACTOR.— ¡Cómo se le ocurre! ¡Yo no soy un delincuente!

BUFO.— Eso no interesa. Se siente usted culpable, ¿no?

ACTOR.— Sí. Es decir: ¡No! ¿De qué tendría que sentirme culpable? Yo solamente quiero sentirme bien.

BUFO.— Qué original. Entonces usted no es culpable de nada.

ACTOR.— No, rotundamente no.

BUFO.— Y sin embargo, todo lo que usted diga o haga será utilizado...

ACTOR.— En mi contra, sí. Pero, ¿se trata acaso de una pesadilla?

BUFO.— Quizá. Y quizá todo lo que usted diga o haga no le importe a nadie, ni siquiera a usted mismo...

ACTOR.— Eso no es posible... ¿O sí?

BUFO.— No lo sé; pero el caso es que tiene usted que acompañarme.

ACTOR.— ¿Tengo? ¿Y si me escapo?

BUFO.— Esa sería su decisión... su elección.

ACTOR.— ¿Está seguro?

BUFO.— No.

ACTOR.— (Busca distintas salidas) ¿Y por dónde está la salida?

BUFO.— Por la puerta como es natural, pero sólo algunos, muy pocos acostumbran fugarse por la puerta.

ACTOR.— (Pensativo) Claro... ¡Qué confusión! (Se despide de Bufo) Gracias, ha sido... como un placer.

BUFO.— No fue nada.

ACTOR.— Ah... Si preguntan por mí... Dígales que tuve un compromiso muy... Un compromiso verdaderamente...

BUFO.— Y que no fue capaz de despedirse de nadie...

ACTOR.— Que tuve que salir. Eso es todo.

El Actor se dirige a la puerta: la encuentra cerrada. Va hacia el espejo de cuerpo entero: lo traspasa. Se da cuenta de que se encuentra en el mismo espacio. Traspasa una y otra vez la puerta-espejo. Trata de adoptar una actitud racional. Analítica.

ACTOR.— Bueno y después de todo: ¿quién quiere saber lo que hay afuera? Afuera es un concepto abstracto, tan abstracto como el concepto Adentro. ¿Dentro y Fuera relacionados con qué o para qué? Si lo pensamos bien, obtendremos como conclusión de esta antinomia: una serie de datos que podrían revelar el sentido más profundo de las entidades ontológicas. Quiero decir que tomando en cuenta la Ubicuibilidad y los Atributos del Ser: el Espacio se manifiesta precisamente en una contradicción básica cuyas premisas son como acabo de decir, ahmm... Cuyas premisas son precisamente, ahmm... (Se toma la cabeza anunciando dolor de cabeza. Bufo le sirve un vaso de agua) Cuyas principales premisas son, ahmmm... (Recibe el vaso de agua y mira agradecido a Bufo) Gracias. (Se lo toma sin dejar de mirarlo) Es usted un... Casi un ángel. ¿Sabe? Tengo una cita a las ocho.

BUFO.— (Afirmando) Una cita muy importante.

ACTOR.— Importantísima. Más que una cita es una fiesta. Una fiesta disfrazada, (Se corrige) de disfraces.

BUFO.— (Malicioso) Y van a venir sus amigos.

ACTOR.— Mis amigos de SIEMPRE sí... Y CUANDO lleguen...

BUFO.— SIEMPRE Y CUANDO lleguen.

ACTOR.— CUANDO LLEGUEN...

Se escucha la sirena de una patrulla o ambulancia. Entra Jerónimo vestido de boy scout. Su aspecto en general es el de un niño que acaba de sufrir un accidente: su camisa está manchada de sangre.

JERÓNIMO.— (Infinitamente triste) Te lo dije, Pablo. Te dije que no podríamos seguir con tanta suerte. A dónde estabas. ¿Por qué me dejaste solo? Me detuvieron, Pablo. Ya no podemos seguir así jugando tanto. Jugando siempre como si nada fuera en serio. Algún día tenía que terminar; y ya ves, me detuvieron. Me agarraron entre cuatro y no tuvieron lo que se dice: ¿piedad?, ¿compasión? No, nada de eso. Me pescaron, como tú dices. A la salida, como siempre.

BUFO.— ¡Tírale los dientes; apúrate, nos van a ver; quítate, me toca a mí! (Habla y actúa sin que Jerónimo lo tome en cuenta. Para Jerónimo y para todos los demás personajes, con excepción de Pablo, Bufo apenas existe. Saben que está ahí, como un fantasma impertinente, pero prefieren ignorarlo).

JERÓNIMO.— No, pero no pienses que fue un combate limpio; una pelea de caballeros, de grandes héroes y todo eso, no. Me agarraron entre cuatro. Como a tres cuadras de la escuela. Me cubrieron de patadas, de gritos cómplices.

BUFO.— ¡Tírale los dientes; apúrate, nos van a ver; quítate, me toca a mí!

ACTOR.— Eso sucedió hace mucho tiempo...

BUFO.— A la salida.

ACTOR.— ¿Y yo?

JERÓNIMO.— ¡A dónde estabas!

BUFO.— Te quedaste dormido.

ACTOR.— ¿Dormido?... ¿Estoy dormido?

JERÓNIMO.— Nadie me avisó. Todo sucedió sin más, a la salida, como siempre. Me puse a caminar sin esperarte.

ACTOR.— Me quedé dormido.

JERÓNIMO.— Me agarraron entre, ¿siete?

BUFO.— Una pesadilla.

ACTOR.— Una bofetada de cascos y macanas, de calibres y patrullas. ¿Y yo? ¿A dónde estaba?

BUFO.— Roncando. Soñabas con judiciales.

ACTOR.— Te rompieron los ojos.

JERÓNIMO.— Me arrancaron la vida.

BUFO.— Ya lo decía yo. Una pesadilla.

JERÓNIMO.— Me dejaron tirado en la calle, masacrado.

ACTOR.— ¡Malditos judiciales!

JERÓNIMO.— ¿Estás loco? ¡Cuáles judiciales! ¡Fueron Jáuregui y los demás! ¡Fueron los del tercero B!

BUFO.— ¡Tírale los dientes; apúrate, nos van a ver; quítate, me toca a mí!

JERÓNIMO.— ¿Y tú, a dónde estabas tú? Por qué no fuiste a la escuela.

ACTOR.— ¿Yo? (Somnoliento) ¿Estaba dormido?

JERÓNIMO.— ¡Qué dices!

Suena una señal de alarma. Un despertador, o la chicharra de una escuela son adecuados. Bufo venda los ojos de Jerónimo. Pablo le pone una pistola en la sien. Comienza un interrogatorio implacable.

ACTOR.— ¿Cuál es tu última voluntad?

JERÓNIMO.— No me molestes.

ACTOR.— ¿Cigarros, alcohol, alguna droga... ?

JERÓNIMO.— ¡No me estés jodiendo!

ACTOR.— ¿Saliste reprobado?

JERÓNIMO.— Sí, fue por tu culpa.

ACTOR.— ¿En Deportes?

JERÓNIMO.— Sí.

ACTOR.— En Matemáticas.

JERÓNIMO.— Sí, fue por tu culpa.

ACTOR.— Siempre mi culpa... ¿Cuál es tu última voluntad?

JERÓNIMO.— ¿Voy a morir?

ACTOR.— ¿Quieres veneno?

JERÓNIMO.— ¿No has visto a los demás?

ACTOR.— ¿Demás?

JERÓNIMO.— Demás.

BUFO.— ¿Qué es eso?

ACTOR.— ¿Demás?

JERÓNIMO.— Demás.

BUFO.— Demasdemasdemasdemás...

ACTOR.— ¿Qué es eso?

JERÓNIMO.— No lo sé. ¿Una palabra?

BUFO.— ¿Y qué significa?

JERÓNIMO.— No lo sé.

BUFO.— No lo sabe.

JERÓNIMO.— Ya no.

ACTOR.— ¿Quieres veneno?

JERÓNIMO.— Lo sabía.

ACTOR.— ¿Veneno?

JERÓNIMO.— Un vaso de agua.

Bufo le ofrece una copa de metal.

ACTOR.— (A Bufo) ¿Tiene todo?

JERÓNIMO.— (Mira receloso el contenido de la copa) Gracias... ¿Y?... ¿Cómo te ha ido? ¿Qué has hecho? ¿Qué dice el Teatro?

ACTOR.— Estoy ensayando mi nuevo, mi último... es decir mi más reciente personaje: sucedió frente al espejo... ¿Qué fue lo que te dije?

BUFO.— Estoy ensayando mi nuevo, mi último... es decir mi más reciente... (El Actor obliga a Bufo a meterse a su baúl) ¡Personaje!

ACTOR.— ¡Sucedió!... Suicidio... frente al espejo.

JERÓNIMO.— Ah, sí... me dijeron que estabas ensayando Romeo y Julieta. ¿Pero eso fue el año pasado, no?

ACTOR.— (Le quita la copa y representa un fragmento de su versión a Romeo, antes del suicidio. Bufo surge de su baúl y le ayuda a representar la escena) Julieta, por qué estás aún tan hermosa? Tus ojos brillan. Voy a morir contigo. Déjame sellar con un beso mi eterno pacto con la muerte. (Besa la copa) Ven áspero y vencedor veneno. Mi cuerpo, harto de combatir con la vida... quiere perderse en los abismos. Brindemos.

EL ACTOR CAE FULMINADO. JERÓNIMO APLAUDE CON ENTUSIASMO.

JERÓNIMO.— ¡Bravo! ¡Genial, maestro! ¡Déjame darte un abrazo! (Se dan un aparatoso abrazo. Repentinamente, Jerónimo se pone serio) Pero no lo vuelvas a hacer, es de mala suerte.

ACTOR.— ¿Ensayar frente al espejo?

JERÓNIMO.— No. Suicidarse frente al espejo. Es de mala suerte. Dicen que tu alma se queda dentro, atrapada.

ACTOR.— Por favor, Jerónimo; nunca pensé que fueras un supersticioso.

JERÓNIMO.— Nunca lo he sido.

BUFO.— Pero insisto en que es de mala suerte.

JERÓNIMO.— Pero insisto en que es de mala suerte.

ACTOR.— Mejor me suicido en otra parte.

BUFO.— !Se aproxima el juego más vital!

JERÓNIMO.— ¿Y si mejor te mato?

ACTOR.— (Emocionado) ¡Bruscamente!

JERÓNIMO.— (Feliz) ¿Te acuerdas?...

ACTOR.— Cuando jugábamos en la cocina de tu abuela...

JERÓNIMO.— ¡Muerte brusca, sí! ¿Cuáles eran las reglas?

BUFO.— ¡Artículo tercero!

ACTOR.— ¡Artículo tercero, sí! ¿Qué es más importante? ¿Las reglas del juego... ?

JERÓNIMO.— ¡O el juego sin reglas!

ACTOR.— ¡El juego de la regla rota!

JERÓNIMO.— ¡Artículo mortis!

BUFO.— ¡Mortis mortibus!

JERÓNIMO.— ¡Todo aquel que viole o desobedezca estas reglas será condenado a la pena máxima...

TODOS.— ¡MUERTE BRUSCA!

EL ACTOR TOMA LA PISTOLA Y DISPARA TRES TIROS A JERÓNIMO, QUIEN CAE SÚBITAMENTE AL PISO. EL ACTOR TRATA DE REANIMARLO CON LA AYUDA DE BUFO.

ACTOR.— ¡Jerónimo! ¡Jerónimo despierta! ¡Acaban de matar al maestro de Matemáticas!

JERÓNIMO.— (Se levanta sorpresivamente) No, Pablo, no. Al maestro de Matemáticas no lo asesinaron. Simplemente se arrojó, se tiró, precipitó. Se hizo trizas; salió en el periódico. Todo el mundo lo sabe. Se arrojó. Se hizo trizas...

TODOS.— ¡SE SUICIDO!

JERÓNIMO.— (Adopta la actitud de un maestro de Matemáticas) Vamos a ver, jóvenes, miremos. El día de hoy analizaremos la Teoría del suicidio y sus principales corolarios. Axioma A... (Al Actor) A ver, usted. Diga Ahh por favor.

ACTOR y BUFO.— Aggh, gahhh, guihuu, gaiiuuu...

JERÓNIMO.— ¡Suficiente! El suicidio como todos sabemos es una actividad peligrosa que puede llevar al individuo a diversos estados de alteración. Tenemos por ejemplo los suicidios que comienzan con una perturbación del pneuma. Asimismo, los hay parecidos a la muerte lenta, muy semejantes a los provocados por muerte brusca, pero no tanto. La diferencia estriba en si el sujeto se toma demasiado en serio o no. Tenemos el suicidio de Romeo, con veneno por supuesto. El lento pero aproximado, que es una variante de la muerte brusca. Tenemos ese suicidio, ese otro... y tenemos además, el además.

ACTOR Y BUFO.— Gauuu, gauiii, gaushhh, shiuuuuu, aghh.

JERÓNIMO.— (Al Actor) ¿Cuál es su nombre, joven?

ACTOR.— Pablo.

JERÓNIMO.— (Indignado) ¡Pablo! (Lo observa con atención) Pablo, usted y yo resolveremos juntos la siguiente ecuación. Acuéstese en el piso. Levante ese brazo. (El Actor levanta, por ejemplo, el brazo izquierdo) ¡Ese brazo no! ¡El otro! (El Actor levanta el brazo derecho) ¡No, ése no! Levante exactamente ese brazo y no el otro. (El Actor confundido levanta uno y otro brazo) ¡Levántelo!... Muy bien. Ahora, usted va a recibir un pequeño obsequio. (Le da una rosa. Bufo, a su vez, corre por un ramo de rosas negras y las va colocando alrededor del cuerpo del Actor) Repita después de mí.

El Actor repite torpemente cada verso mientras flexiona piernas y brazos. Jerónimo lo cubre con una tela negra a manera de sudario. Bufo es el cómplice de Jerónimo en esta especie de ceremonia.

EL ACTOR Y JERÓNIMO.—

MUERTO SOY

MUERTO SIN POLVO

SIN EMBARGOS Y SIN PEROS

MUERTO SIN SAL

CON DIENTES Y CON PELO

MUERTO SOY

SIMPLEMENTE

SIN CUIDADO

SIN ANTEOJOS

SIN MALETA

MUERTO SOY

DESNUDO

YO SOLO

Y SIN ZAPATOS

ACTOR.— (Gime) ¿¡Maestro, puedo ir al baño!?

JERÓNIMO.— (Continúa con su "cátedra") El suicidio...

ACTOR.— (Aúlla) ¡Maestro!

JERÓNIMO.— Silencio. Despejemos juntos la siguiente incógnita:
Capítulo primero: Usted se encuentra en su casa; solo y angustiado; triste, cabizbajo; sin hambre, desolado; herido y fatigado; se siente culpable, amordazado.
Capítulo segundo: Usted sale corriendo hacia la calle. Baja las escaleras del metro. Mira venir el convoy. Se decide. Todo es metal naranja y luz verde. El convoy se acerca, se acerca cada vez más aprisa. Usted está dispuesto. Mira venir el inmenso convoy...
¡Y en ese preciso instante!...

ACTOR.— ¡Qué bruto!

JERÓNIMO.— (Muy serio) De qué te ríes.

ACTOR.— Del maestro de Matemáticas. Es que eso de suicidarse en el Metro... ¿No has visto el anuncio? “!Por favor no se suicide en el Metro, piense en el tiempo de los DEMÁS!”

JERÓNIMO.— (Gélido) ¿Te pido un favor?

ACTOR.— (Bromista) ¿De aquí hasta el fondo de la coladera? ¿Qué desea su INMINENCIA?

JERÓNIMO.— ¿Podrías dejar de escupir estupideces?

ACTOR.— Disculpe, señor Profesor. No quise ofenderlo. Yo... ¿Me va a reprobar?

JERÓNIMO.— ¿Te callas? Estoy hablando en serio.

ACTOR.— ¿Qué? ¿Así no juegas? Uyy sí. No hay problema. ¿No quieres un café?

JERÓNIMO.— No, gracias. Pero podrías prestarme tu teléfono. Es algo que no te importa. Es algo que jamás te importaría. Es una llamada urgente. ¿Me prestas tu teléfono?

ACTOR.— Claro que no...

JERÓNIMO.— ¿No?

ACTOR.— (Desarmado) Está bien. Habla.
Jerónimo marca un número telefónico interminable. Bufo y el Actor llevan a cabo un insólito juego de naipes.

JERÓNIMO.— Una porquería, todo es una porquería. Estoy harto. ¿El juego más importante que las reglas? Pobre Pablo. Tú insistes demasiado y el juego terminó hace mucho tiempo. ¿A dónde vas? ¿A dónde quieres ir? Un día me descubrí hablando con un payaso insoportable. ¿Quién cambió? ¿Quién se volvió un desconocido para el otro? Estoy harto. Yo ya no vuelvo. Yo ya no voy a jugar.

BUFO.— Tercia de qüinas, dos reyes, dos jotos y un caballo... Jaque mate.

ACTOR.— ¿Y eso? ¿Qué clase de estúpido juego es éste?

BUFO.— Un estúpido juego sin reglas. O qué, ¿ya no te gustan?
Jaque mate y muerte brusca. ¡Salud!

JERÓNIMO.— Pero... parece que tu teléfono está suspendido. Mejor hablo desde un teléfono público. Espero que no te moleste.

ACTOR.— No, ¿cómo crees? Yo de todos modos me iba a dar un...

BUFO.— Un balazo.

ACTOR.— Un baño. Me iba a matar al baño cuando llegaste... A meter. Así que si me permites...

JERÓNIMO.— Claro.

BUFO.— Además no tarda en venir Verónica.

ACTOR.— Además no tarda en venir Verónica.

JERÓNIMO.— ¿Quién?

ACTOR.— Verónica. ¿La conoces?

JERÓNIMO.— Se me hace tarde. Luego nos hablamos.

BUFO.— Ándale.

ACTOR.— Adiós. Cuídate, si puedes.

Jerónimo sale de escena. En ese momento se escucha el estruendoso choque de un automóvil. Gritos y sirenas. Bufo y el Actor se miran desconcertados. Entra Verónica intempestivamente. Es una mujer joven, pero viste como una niña. Trae una bolsa de almacén.

VERÓNICA.— ¡Puf... vengo muerta! (Cae fulminada. El Actor y Bufo corren a confortarla. Verónica se levanta sorpresivamente.) ¡Hay un tráfico...! No tienes una idea. Un tráfico espantoso. (Siempre al Actor) Pero qué cara. Parece que te hubieran golpeado. Por cierto, a que ni sabes con quién me acabo de encontrar en el elevador: a tu psiquiatra. ¡Qué tipo! (Bufo le da un vaso de agua) ¡Pero cómo no lo pensé! ¿Acaba de estar aquí, verdad? Se nota. ¿A qué vino? (Se toma el vaso de agua mientras observa al Actor) Por eso tienes esa cara... Pero siéntate, mi amor; estás muy pálido.

ACTOR.— ¿Y tú? ¿Cómo has estado tú?

VERÓNICA.— ¡Mira lo que te compré! (Saca un libro enorme de la bolsa de almacén) Acaban de editarlo. La traducción es una porquería, pero las ilustraciones son de sueño. Además te dice en veintinueve lecciones todo lo necesario. Eso sí: debes seguir las instrucciones al pie de la letra, pero con un pequeño esfuerzo...

ACTOR.— Verónica te estoy hablando. ¡Verónica, cómo demonios has estado!

VERÓNICA.— Una joya. Incluye recetas de cocina, crucigramas, el horóscopo al día y un paquete de adivinanzas varias. Pague una fortuna claro, pero al final...

ACTOR.— ¡Maldita sea, Verónica! ¿¡Me vas a contestar!? ¿¡Cómo has estado!?

Verónica deja caer el libro. Bufo lo toma y lo lee plácidamente.

Verónica.—(Conmocionada) ¿Bien? ¿Todo está bien?

ACTOR.—¿Necesitas ayuda?

VERÓNICA.— Soy fuerte.

ACTOR.— ¿Por qué tienes los ojos tristes?

VERÓNICA.— Soy dueña de mis actos.

ACTOR.— Así que ya no eres una niña.

VERÓNICA.— Nunca lo he sido.

Bufo se sienta en una silla. Saca de una bolsa un paquete enorme de palomitas y silenciosamente las consume mientras observa atentamente al público.

ACTOR.— Recuerdas, ayer, cuando estuvimos solos.

VERÓNICA.— ¿Ayer?... ¿Quién quiere hablar de eso?

ACTOR.— Yo.
*************************************correcciones de aquí en adelante: B. Gavarre.
BUFO.— (Anuncia) ¡Soledad! ¡La película! ¡Véala en su cine favorito!

VERÓNICA.— ¿Ayer?... Estuve sola. Me compré una paleta de limón en la tienda de la esquina. Ayer me soñé caminando sola por la calle; y en mi sueño me decían, no sé quién, pero me decían que me habían visto comprar una paleta de limón en la tienda de la esquina.

BUFO.— ¡Soledad! ¡Una película!, ¡pero qué película!

ACTOR.— Ayer hacía calor. Me quité la camisa y los zapatos. Hacía calor y me tomé un vaso de agua.

Bufo los moja con una regadera. Luego pasea con un paraguas abierto.

VERÓNICA.— Me gusta comprar paletas de limón. Son frías pero me besan los labios y la lengua. Me gusta sentir el vacío de mi estómago cuando me siento sola, sentada en cualquier banca del parque, mirando la gente que pasa.

BUFO.— Conozca la conmovedora historia de Verónica: simple mortal en busca del Amor. ¿Su mayor fantasía?

VERÓNICA.— ¿Vendrás? ¿Vendrás a mí, caballero de los brazos fuertes?

BUFO.— Ella no sabe que pronto llegará a ella, a su melancólica soledad: ¡El Hombre!

VERÓNICA.— Un caballero de piel tibia. Hermoso y fuerte.

ACTOR.— ¿Ayer? Ya casi no me acuerdo. Alguien decía que tenía que ser valiente como un torero.

BUFO.— Sí, pronto llegaría Pablo. Un Hombre que le ofrecería todo su amor. Todo el amor que él podía ser capaz de dar.

VERÓNICA.— ¿Vendrás? ¿Vendrás a mí?

ACTOR.— Y me dijeron: Cuando seas grande serás vigoroso y audaz. Cabalgarás con armadura y una espada. Eso dijeron. Pero no. Yo no soy azul, nunca lo fui, ni mucho menos príncipe.

BUFO.— Y sucedió. El Hombre y la Mujer se conocieron. No se la pierda. Soledad. Consulte su cartelera.

BUFO.— (A Verónica) ¿Cómo fue todo? ¿Cómo fue que nos conocimos?

VERÓNICA.— ¿Sucedió como en el Teatro, como en el Cine? ¿Verdad que sucedió como en el Cine?

ACTOR.— Sí, algo así... claro.

BUFO.— Por lo menos sucedió en el cine.

ACTOR.— Esa tarde fui al cine.

VERÓNICA.— Esa tarde me fui... al cine.

BUFO.— Fueron al cine.

VERÓNICA.— Me senté en la butaca que yo elegí. Estuve mirando las caras de la gente y te vi. Tú también habías escogido tu lugar, sin mucho ruido. Bueno, es una manera de decirlo.

ACTOR.— Estás sugiriendo que fui un escandaloso.

VERÓNICA.— Lo afirmo. Fuiste escandaloso.

ACTOR.— (Cínico) Fue para llamarte la atención

VERÓNICA.— Debo decir que lo lograste. Nunca vi la película.

BUFO.— ¡Soledad!

ACTOR.— (Admirado) ¿¡No la viste!?

VERÓNICA.— Tampoco tú.

ACTOR.— Claro que sí... Todavía me acuerdo.

VERÓNICA.— ¡Pero Pablo! ¡Te corrieron del cine!

BUFO.— Por escandaloso.

ACTOR.—¿Sí, verdad? Y tú saliste tras de mí... clamando.

VERÓNICA.— No seas vanidoso.

ACTOR.— No soy vanidoso, pero saliste tras de mí... clamando.

VERÓNICA.— No me voy a poner a discutir.

ACTOR.— ¿Y te acuerdas, en la calle?

BUFO.— ¿Les gustan las comedias musicales?

ACTOR.— ¡Las detesto!

VERÓNICA.— En la calle fue como de cuento. Mejor dicho fue como... Como una...

ACTOR.— ¿¡Una comedia musical!? ¡No, ni se te ocurra, por favor!

VERÓNICA.— Me acuerdo que yo era Ginger Rogers y tú... tú eras...

BUFO.— ¿Fred Astaire?

ACTOR.— (A Bufo) ¡Todo lo que quieras menos Fred Astaire!

VERÓNICA.— Me quitaste las palabras de la boca... tú eras Fred Astaire.

ACTOR.— Lo dijo... ¡Lo dijo!

Música de comedia musical. Los personajes ejecutan una comedia musical rosa.

BUFO.— Hola muy buenas piernas.

ACTOR.— ¡Hola! Muy buenas tardes.

VERÓNICA.— ¡Hola! ¡Gusto, mucho!

ACTOR.— ¿Para dónde vas?

BUFO.— ¿Pequeños pliegues en los sitios más inusitados?

VERÓNICA.— Pasaba por aquí y pues pasaba.

ACTOR.— Yo también iba esperándote, pasando. ¿Te gustó la película?

VERÓNICA.— Sí. Es decir no. No la vi.

ACTOR.— Yo también. Yo tampoco la vi.

BUFO.— Dulces tensiones aliviadas. Húmedas sensaciones. Olores varios.
[corte
VERÓNICA.— ¿Son verdes o azules?

ACTOR.— ¿Quiénes?

VERÓNICA.— Tus ojos. ¿Son verdes o azules?

ACTOR.— Son exactamente de ese color y no de otro.

VERÓNICA.— ¿Verdes?]

BUFO.— ¿Te gustaría ir conmigo a donde estemos solos?

VERÓNICA.— ¿Te puedo hacer una pregunta?

BUFO.— ¿Te gusta el sexo oral?

ACTOR.— Claro, cómo no.

BUFO.— ¿Exactamente ahí, o a un lado?

VERÓNICA.— ¿Cómo dijiste que te llamabas?

ACTOR.— Pablo. Me llamaba Pablo. Soy talentoso y por supuesto soy actor. Luego te doy mi tarjeta.

VERÓNICA.— Sí bueno, pero en qué trabajas.

BUFO.— ¡Basta! ¡Silencio, por favor silencio!

Cesan abruptamente música y coreografía. Verónica cae al suelo, fulminada.

ACTOR.— ¿¡Qué pasa!?

BUFO.— Es terrible... pero lo peor sucedió antes del desayuno, como siempre. Lo peor, ni más ni menos; antes del desayuno.

ACTOR.— ¡Qué! ¿Cuál desayuno?

BUFO.— El de ustedes. Despierta a tu mujer. Pregúntale si los prefiere revueltos o estrellados.

ACTOR.— ¡Pero si nos acabamos de conocer!

BUFO.— ¿Conocer? ¿Qué no vivieron juntos?

ACTOR.— ¿Vivimos?

BUFO.— ¿Viven?

ACTOR.— ¿Qué?

BUFO.— Sí, eso es lo que digo yo. VIVEN juntos... por ahora. Muy bien, entonces cómo quieren su desayuno.

ACTOR.— ¡Insistes!

BUFO.— ¡Ajá! Sí.

ACTOR.— Pues lo queremos en la cama, por favor.

BUFO.— Perdón, ¿cómo dijiste?

ACTOR.— El desayuno en la cama y rapidito por favor.

BUFO.— ¿Estás soñando?

ACTOR.— (Turbado) ¿¡Qué!?

BUFO.— No importa, no. Veré que puedo hacer por ti.

BUFO SALE DE ESCENA.

ACTOR.— ¿Verónica? ¿Duermes, Verónica?

VERÓNICA.— ¿Pablo?

ACTOR.— Sí.

VERÓNICA.— ¿Estás aquí? No te vayas... La vida es demasiado grande.

ACTOR.— No te preocupes. Yo te voy a cuidar.

VERÓNICA.— (Pausa) Te equivocas, Pablo. No me gusta que me cuiden. (Se levanta desorientada)

ACTOR.— (Protector) ¿Tienes frío? ¿Quieres que te preste un suéter?

VERÓNICA.— ¿Un suéter? (El Actor la abraza dulcemente) ¿Una piel tibia? (Lo aleja) No me toques.

ACTOR.— Eres una niña.

VERÓNICA.— Soy una mujer. (El Actor la abraza de nuevo. Ella dice fríamente...) Soy fuerte. (Y se aleja hacia el espejo. Lentamente, cepilla su cabello)

Bufo entra con una charola vacía.

BUFO.— Dígame, señor. ¿Usted la ama?

ACTOR.— ¿Quiere una respuesta simple?

BUFO.— Quiero una simple respuesta. ¿La ama?

ACTOR.— Sí.

BUFO.— ¿Y ella?

ACTOR.— Verónica es egoísta.

VERÓNICA.— ¿Cómo empezar? Ayer estaba sola y me dijeron:
¿No quieres venir?
¿Cómo seguir?... Ahí estaba ese curioso ser, ese chiflado escandaloso. Tenía los ojos vivos y en cada mano una sorpresa...
Y comencé a querer amarlo.

ACTOR.— ¿Una decisión?

BUFO.— Un imposible.

VERÓNICA.— Pasó el tiempo y comencé a recordar ese desear amarlo. Y seguí y me perdí... Y me olvidé. Me confundí conmigo misma.
Confundí mi voluntad de amar con el amado mismo. Olvidé tanto que imaginé querer con toda mi verdad al hombre de los ojos vivos.
Olvidé, pero después lo supe. Me enteré de mí misma. Estaba enamorada de la imagen que yo misma quise crear. (Deja de cepillarse, mira impasible al Actor)

BUFO.— No, no, no, no y no. La verdad es más simple y menos complicada: Verónica es incapaz de dar amor y sobre todo es incapaz de recibirlo. ¿O tú qué piensas? (Sale presuroso ante la mirada fulminante del Actor)

ACTOR.— Oye, Vero... ¿No crees que es tiempo de que tengamos un bebé. Un bebito con mi cara y con tu cara, así... mezcladas. Sería sensacional, ¿no crees? Con tu cara con mi cara. (Ante la elocuente mirada de Verónica) No, ¿verdad? No es una idea brillante. No.

VERÓNICA.— (Como si estuviera sola) Pablo es un sordo. Pablo es un gatito torpe. ¿Y yo? Yo me voy.

ACTOR.— ¿Con quién, Verónica?

VERÓNICA.— Me voy, Pablo; simplemente.

ACTOR.— ¿Buscas un héroe de mil batallas?

VERÓNICA.— Adiós, Pablo

ACTOR.— Un héroe fantástico. Matará al dragón. Levantará un castillo para ti.

VERÓNICA.— Eres un idiota. Nunca vas a cambiar. (Sale furiosa de escena).

ACTOR.— Te construirá una torre y tú en silencio lo amarás. Lejos de él; mientras conquista el mar, dragón de tantas olas. Una historia perfecta para ti, Verónica; para ti, tan sola.

Entra Bufo-el Globero con gran estrépito. Trae consigo una misteriosa bolsa de papel estraza de las que se usan para el pan dulce, pero esta vez la bolsa contiene un globo lleno de agua que apenas se asoma al público.

BUFO.— Le venimos estudiando, le venimos excitando, le venimos lubricando, le venimos erectando. Le pintamos, le sacamos, le introducimos, le metemos paso a paso, poco a poco: ¡la singular, la nunca vista! Lo contiene, lo tranquiliza, lo mediatiza, lo acompaña, no lo deja solo. Lo pertenece, lo incorpora, lo adhiere, lo pega, lo succiona. Usted no intenta, no ejecuta, no tiene de qué, no tiene sino qué. Se inercia, se deja, se hamaca, se alfombra y se algodona. Sin compromiso, sin esfuerzo y sin maniobras... ¡Llévelo!

ACTOR.— (Emocionadísimo) ¿¡Y cuánto cuesta!?

BUFO.— ¿De veras le interesa?

ACTOR.— ¡Pues sí, pues claro, sumamente!

BUFO.— Por ser para usted...

ACTOR.— ¿¡Sí!?

BUFO.— No. Mejor no. Disculpe a usted no se lo podemos vender.

ACTOR.— (Indignado) ¿¡Por qué no!?

BUFO.— (Misterioso) Es peligroso. (Lo abraza) Usted sabe. Usted sabe que no sirve de nada saber y mucho menos criticar. Por lo menos aquí.

ACTOR.— (Cada vez más indignado) ¿Saber qué cosa, criticar qué cosa? ¿Y qué quiere decir con aquí?

BUFO.— Criticar, saber. Es inútil. Como el psicoanálisis.

ACTOR.— ¡Oiga no! ¡A mí nadie me va a venir con discursos!

BUFO.— Si yo mismo le dije que aquí no. ¿Qué? ¿Ya se enojó?

ACTOR.— (Se contiene) No, cómo cree. (Reflexiona) Oiga...

BUFO.— ¿Sí?

ACTOR.— ¿No me podría vender aunque sea tantito?

BUFO.— Lo siento, señor, pero está prohibido. Por lo menos durante las horas hábiles.

ACTOR.— (Con la intención de discutirle todo) ¿Y por qué hábiles?

BUFO.— Las de trabajo, Señor. ¿No tenía usted que irse a trabajar?

ACTOR.— ¡Ay la entrevista!

BUFO.— ¿Entre qué?

ACTOR.— ¡Qué barbaridad, la entrevista!

El Actor arregla el "departamento" muy de prisa, sin demasiado éxito. Saca al Globero de escena como si fuera un mueble. Se peina, se arregla y corre hacia la puerta. En ese momento suena el timbre del teléfono. Corre hacia el teléfono, pero antes de llegar se detiene en seco: se vuelve a peinar y muy seguro de sí va hacia la puerta. Entra Bufo-el Globero por primera vez con globos. El Actor furioso va a contestar el teléfono que parece sonar cada vez más fuerte. Bufo se mantiene inmóvil en la puerta como si fuera un vendedor.

ACTOR.— (A Bufo) ¡Qué se le ofrece! (Bufo no contesta) (Al teléfono) ¡Bueno! (Al estático Bufo) ¡No quiero globos! (Agresivo) ¿Me oyó? ¡Que no quiero globos! (Para sí) Nunca me han gustado los globos. (Corre furioso hacia Bufo quien huye despavorido dejando la puerta abierta)(Al teléfono) ¡Bueno! Disculpe, casi no le oigo. ¿Sí?... ¿Por qué no vuelve a marcar? ¿Qué cosa?... ¿¡Eres tú, mami!? ¡Mamá, mamita; qué sorpresa! Gracias por hablar... No me lo digas, ¿no sabes cuántos cumplo?... (Entra Bufo y coloca sigilosamente decenas de globos por todo el escenario. Bufo, EXCLUSIVAMENTE PARA LOS OJOS DEL ACTOR, sólo es observable en movimiento, ya que al congelarse, mágicamente se vuelve invisible) ¿Por qué no me hablaste por cobrar?... No, no exageres, no. Yo nunca te he insultado. Además eso fue el año pasado... Sí, antes de tu accidente... ¿Cómo?... Sí, mami; muy bien... ¿Salió mi foto?... Bueno, será porque soy joven, ¿no crees?... Pues todavía, sí... ¿En dónde?... ¡Uy, no te imaginas! ¡Todo un éxito! ¡Éxito rotundo, sí!... De Shakespeare... A Romeo... Que yo hago a Romeo... ¡Claro que es importante! Ojalá pudieras venir a verla... Bueno, sí; me imagino que en tu estado... ¡Que soy qué!... (Bufo se emociona tanto con su "arreglo global", que deja al descubierto su pequeño truco. El Actor parece planear una estrategia de ataque) Permíteme un momento, ¿sí, mami?... No tardo... Sí, ya sé que es larga distancia, pero no tardo... Sí, no tardo, eh... (Corre como un energúmeno tras de Bufo, pero éste logra escapar. Cierra la puerta con varias vueltas de llave y muy molesto "continúa" su conversación telefónica) ¡Diga!... (Iracundo) ¡Muy buenas tardes!... ¡No, señor; está equivocado!... ¿¡Qué número dice que marcó!?... ¿¡Qué cosa!?... ¡No señor yo no he recibido ningún anticipo!... ¡Por supuesto que no me apellido Incháustegui!... ¿¡Cuál contrato!? ¿¡Cuál departamento!? ¿¡Está loco!?... ¡No, de ninguna manera!... ¿Cómo?... ¡Pues demándeme si puede!... ¿¡Qué!?... Mire, ni me llamo Romero, ni rento nada, ni... Óigame, no tiene por qué insultarme... ¿Montesco?... Pues usted será el estúpido y no tengo por qué decirle mi apellido... ¿Quién?... ¿Ah sí? ¡Pues vaya usted mucho a llamarle a su madre! ¿Bueno? ¡Bueno! Bueno... (Oscuro. Cuando se prenden las luces el Actor permanece inmóvil junto al teléfono)(Ausente) ¡Qué barbaridad, la entrevista! (Otra vez oscuro. Cuando se prenden las luces, el Actor está frente al espejo, se ve lejano, sin fuerzas) ¡Qué barbaridad, la entrevista!

Se escucha un blues lento. El Actor se pone lentes oscuros y se sienta tomando varias poses como si modelara frente a una cámara fotográfica. Al fondo del escenario vemos el arribo de un elevador que está dentro del departamento-camerino. Vemos las figuras de los Padres-Reporteros a contraluz detrás de las puertas translúcidas del artefacto. Se abre el elevador. Los Padres visten como en los años 40s. Cargan sendas maletas. Ella está embarazada. Al entrar revisan quisquillosamente el "departamento".

LA MADRE.— ¿Lo rentan con o sin muebles?

ACTOR.— (Turbado) Disculpen...

EL PADRE.— (Mirando al Actor y luego al departamento) Es horrible.

LA MADRE.— Por supuesto que es horrible, por eso piden cincuenta mil. (Al Actor) Vimos el anuncio, joven. No tenemos mucho tiempo para buscar casa... Mire, si usted nos deja los muebles... ¿Qué dice? Le ofrecemos noventa mil con todo y muebles.

ACTOR.— Señora, parece que hay un error.

EL PADRE.— Hay un grave error. No debimos venir. Es horrible. (Sigue mirando al Actor) Con o sin muebles es horrible.

ACTOR.— (Al Padre) Déjeme explicarle.

EL PADRE.— No se esfuerce, joven. Buscamos algo mejor. Tenemos prisa, pero buscamos algo mejor. (A la Madre) Vámonos.

LA MADRE.— (Al Padre) No, Pablo, mira... está bien. Quitamos algunos muebles, pintamos, alfombramos y con algunas plantas...

EL PADRE.— ¿No bromeas?

LA MADRE.— (Al Actor) Le ofrezco cuarenta mil. Sin muebles claro. ¿Mañana mismo puede usted desocupar?

EL PADRE.— No le quites su tiempo al joven. (Mira al Actor, luego al departamento) Es horrible. Definitivamente horrible. Muchas gracias, joven. No sufra. No le faltará quién.

LA MADRE.— (Al Padre) ¿!Ya decidiste!?

EL PADRE.— (Concluyente) ¡Es horrible...!

LA MADRE.— (Convencida) Muy bonito su departamento, joven; pero buscamos algo mejor. No se desespere, no le faltará quién.

EL PADRE.— Buenas tardes.

LA MADRE.— Compermiso.

El Actor parece acompañarlos a la puerta del elevador, pero repentinamente los Padres lo hacen pasar adelante y lo empujan dentro. Confirman que el elevador está en otro piso y se adueñan del departamento. La luz cambia rotundamente: parece un día soleado, perfecto para un día de campo. La Madre extiende un mantel sobre el piso y lleva a cabo todos los preparativos para un curioso picnic. Vemos descender al Actor asido a una cuerda. Él, recorrerá durante esta escena, desde el momento de su nacimiento hasta la edad que tiene al comienzo de la obra.

LA MADRE.— (De su vientre surge una pelota roja brillante. Ambos padres se relacionan con ella o con el Actor, como si fuera una sola entidad) Míralo, Pablo. Es tu hijo.

EL PADRE.— Así que hoy es el cumpleaños de este desgraciado. ¿Y cuántos cumple, eh?

LA MADRE.— (Hace cuentas sin gran éxito) Déjame pensar... en mil novecientos...cinc.. no en mil nov...


EL PADRE.— Qué manera de cambiar... ¿Así fue como lo dejamos? Brazos largos, manos, ombligo en su lugar... Más o menos alto... ¿Y en qué trabaja?

LA MADRE.— Es actor, Pablo... Creo que salió en una obra de... de Cervantes sí... Salió en el periódico.

EL PADRE.— ¿Y de qué salía?

LA MADRE.— De Romeo, creo... Pero míralo, mira qué delgado está. Y esa cara. Seguro padece insomnio, como tú, Pablo; como tú... estoy segura.

EL PADRE.— Exageras. Es un poco delgado... pues porque es delgado y no por otra cosa.

ACTOR.— Mamá, querida mamá. Mamá, papá. Papá, mamá. ¿Mamá? ¿Papá?

LA MADRE.— Es evidente.

EL PADRE.— No tanto.

ACTOR.— Mamá, estoy sentado en tu vientre; todo es calmado y tibio. Dile a papá que estoy bien. Todo es burbuja y rojo. Escucho un pequeño tam tam, burbuja y rojo... Tam tam, tam tam...

A partir de este momento los Padres ejecutan un juego entre infantil y sexual. El Actor se convierte en un elemento obstaculizador de la situación, pero al que no dejan de tomar en cuenta; no sin enfado, no sin resignación.

EL PADRE.— (Como una clave secreta para iniciar el rito amoroso—sexual) Veinticinco cincuenta, la número veintiséis.

LA MADRE.— Con una, con dos, con tres: te saco la vuelta y de dejo de a seis.

ACTOR.— Papá, querido papá. ¿Por qué todo es como es, por qué no puede ser de otro modo?... ¡Mamá!

LA MADRE.— (Acude brevemente al llamado de su hijo) Corre, vuela, salta. A ver si no te asaltan, a ver si no te matas.

EL PADRE.— (Protestando por la intromisión del "pequeño") ¡Fuera y pido, que se vaya el demonio, que se vaya si vino. (Besa intensamente a la Madre).

ACTOR.— Estoy en el agua, papá. No te vayas tan pronto, ¡mira qué bien sé nadar! ¡Como un pescado, mamá! ¿Lo estoy haciendo bien? (Se aferra de las piernas de sus padres).

EL PADRE.— (Molesto, arroja al "pequeño" de una sonora patada en el trasero) Pido cielo y tierra... (Luego, le da "consejos") Corre por encima, corre por abajo, frena para atrás, sube la escalera, salta para abajo, ahora no des brincos, quédate sentado... ¡Salta! ¡Salta!!! (El Actor, confundido ante las órdenes de su papá, da un enorme salto y se queda inmóvil en el suelo) Eso es.

LA MADRE.— (Aparentemente lo consuela. Lo cubre con el mantel) Con una, con dos con tres. Si te atrapo tú te duermes; si te alcanzo no te suelto y te convenzo.

ACTOR.— (Al Padre, al ver que éste toma sus maletas y se intenta marchar) ¿Te vas otra vez, papá? ¡Que tengas buen viaje, que te diviertas!

LA MADRE.— (Deja al "niño" y alcanza al Padre) Por aquí pasó Colón y mejor tomó un avión. (Realizan un "viaje" por el escenario)

ACTOR.— (Juega a solas) Una, dos y tres... Dos pasitos, dos. Muy bien. ¿Lo estoy haciendo bien? No, tú no. Tú menos. Tú tampoco. Uno, dos, y tres. Dos para dos son tres, dos y tres son seis. ¿Lo estoy haciendo bien? No, tú no. Tú menos. Tú tampoco.

LOS PADRES REGRESAN DEL "VIAJE"

LA MADRE.— (Al Actor) A ver, a ver. Una sonrisita, dos, tres sonrisitas.

EL PADRE.— Ríete desgraciado. A ver sonrisita... Sonrisita... Te voy a romper los dientes.

LA MADRE.— ("Cariñosa") ¿De qué te ríes imbecilito. A ver sonrisita, así, así. ¡Pero qué taradito, qué tontito! (La Madre cesa el juego con el Actor, coquetea al Padre con otra falsa adivinanza iniciando una vez más el coqueteo—rechazo) ¿Corre, se ahueca, salta y viene para afuera?...

EL PADRE.— ¿Quieres que te conteste al revés? (Vuelven a perseguirse, finalmente levantan el mantel y continúan el juego sexual en un cama instantánea y vertical —el mantel— que solamente deja ver las caras de los padres).

ACTOR.— Estoy volando, respiro. Vuelo y me elevo cuando quiero. ("Se mete a la cama" con sus padres) ¿Estás dormido, papá? ¿Hoy no me vas a pegar? ¿Tú tampoco, mamá? (Sale de la cama) ¡Mis papás no pegan, mis papás no me pegan. ¿Entonces por qué me duele, por qué me duele tanto?

Los Padres dejan la sábana y ponen total atención al Actor.

EL PADRE.— ¡Cómo que te duele... y por qué te duele! ¡Explícate!

LA MADRE.— Déjalo, Pablo. Déjalo que se acostumbre, que se acostumbre.

EL PADRE.— ¿Y luego que nos eche la culpa? ¡Eso sí que no!

LA MADRE.— (Asombrada) ¿La culpa?... ¿La culpa de qué?

ACTOR.— (Su Padre, cariñosamente brusco, conduce al Actor al espejo, y cariñosamente brusco le quita la camisa y le lava las orejas) Tengo la nariz de mi madre y las orejas de mi tío. Tengo las cejas de mi abuelo, el cuello de mi papá... Los hombros y los pies son míos.

LA MADRE.— (Conmovida) Míralo, Pablo; ¡es tu hijo!

EL PADRE.— (Refunfuñón) Y el tuyo también.

LA MADRE.— (Emocionada) ¡Soy madre!

EL PADRE.— ¿Y qué con eso? Yo también lo digo: ¡Soy el padre! ¿Y qué?

LA MADRE.— No es lo mismo, no es igual.

EL PADRE.— (Arrojando al "niño" fuera de la discusión) ¿¡Quién dice!?

LA MADRE.— ¡No fastidies!

ACTOR.— (Repentinamente recobra su edad auténtica) Buenas tardes.

LOS PADRES.— (Ninguno de los dos dispuesto a hacer las paces) ¡Muy buenas tardes!

ACTOR.— ¿Ustedes son mis padres?

EL PADRE.— ¡Todo parece indicarlo, sí!

LA MADRE.— ¡Parece que no existe la menor duda, no!

ACTOR.— ¿Dónde aprendieron a mentir? ¡Ustedes son demasiado jóvenes!

EL PADRE.— (A la madre. Conciliatorio a regañadientes) ¿Se lo dices tú?... O mejor ya no le decimos nada.

ACTOR.— Además mis padres están muertos, hace mucho tiempo que murieron... ¿A quién quieren engañar?

LA MADRE.— (Al Padre) Es nuestra última oportunidad... (Al Actor) Pablito, hijo. Tu padre y yo tenemos una sorpresa para ti.

ACTOR.— (Nuevamente infantil) ¿En serio?

EL PADRE.— De verdad, de verdad... Sí, Pablito. Tu mami y yo nos vamos de viaje.

LA MADRE.— (Dulce) Se trata de un viaje muy largo, sí... Muy, muy largo.

EL PADRE.— Pero tú no debes angustiarte, Pablo. Te vas a equivocar algunas veces, pero al final llegarás a la meta que todos anhelamos.

LA MADRE.— Si necesitas algo no se te ocurra pensar en nosotros.

EL PADRE.— De todos modos pórtate como puedas.

ACTOR.— (Se despide, cariñoso) Gracias, señores. Gracias por todo. Me dio mucho gusto conocerlos, que tengan buen viaje... (Los Padres se marchan con todo y elevador) Que se diviertan... (Reflexiona) ¿Gracias? (Y se encoge de hombros).

El Actor muy contento pone música; de pronto el sonido empieza a fallar y se escuchan mezcladas: una sirena de alarma y alguna música que recuerde a las caricaturas de la Warner Brothers. Entra Bufo bailando muy graciosamente, disfrazado de Bugs Bunny en una de sus caracterizaciones femeninas. El Actor juega a perseguirlo como si fuera el iracundo Sam Bigotes...

BUFO.— Ven noche; ven, Romeo. Tú que eres el día en medio de esta noche. Tú que en las tinieblas eres un copo de nieve sobre las alas negras del cuervo. Ven noche amiga de la locura y tráeme a mi Romeo... Bueno va más o menos así. ¿Qué opinas? ¿Te gusta el disfraz que escogí para tu fiesta? Lo he titulado: Julieta Capuleto se niega a salir a su balcón. ¿Cómo ves?

ACTOR.— ¿Quién te dijo que eres mi invitado? ¡Por qué no me dejas en paz!

BUFO.— De acuerdo, no seré más Julieta. Mira muy bien y dime ahora lo que ves.

Se quita el Disfraz de Julieta y queda casi desnudo, con un enorme y cómico pañal.

ACTOR.— Déjame adivinar... parece algo así como un... Como el disfraz de... ¿Un bebé?


BUFO.— Exacto. ¿Y si me quito el pañal? Vamos a ver qué pasa.

ACTOR.— ¡No! Mejor no. No te nos vayas a resfriar.

BUFO.— Siempre es mejor estar cubiertos, ¿verdad?

ACTOR.— Por favor...

BUFO.— Siempre disfrazados, es lo mejor.

ACTOR.— Yo no dije eso.

BUFO.— ¿Cuál es el mejor disfraz que existe?

ACTOR.— ¿Para una fiesta? Pues, el de...

BUFO.— No sólo para una fiesta... ¿Un disfraz para cualquier ocasión? ¿O para cualquier ocasión un disfraz? ¿Tú qué prefieres?

ACTOR.— Pues yo... no sé.

BUFO.— ¿O no prefieres ninguno? ¿Ningún disfraz para ninguna ocasión?

ACTOR.— Sí, supongo que eso es mejor.

BUFO.— Claro, de acuerdo. Me voy a quitar el mío. (Se lo intenta quitar).

ACTOR.— ¡Nooo!

BUFO.— En qué quedamos... ¿te molesta ver a un niño sin pañal?

ACTOR.— Tú no eres precisamente un niño.

BUFO.— ¿No? Entonces qué soy... ¿Un gnomo?

ACTOR.— Pues si me pides mi opinión, te diré que eres un... Eres un... ¡un inmaduro!

BUFO.— Pues claro que lo soy. Soy la parte más inmadura de... ¿De quién?... ¿De Pablo, verdad? Pues sí, ser adulto quita mucho tiempo. En todo caso para eso de los adulterios y adulteces estás tú. Y el hecho de que lo seas, no significa que no lo seas.

ACTOR.— ¿De qué me hablas?

BUFO.— Tú eres el adulto.

ACTOR.— ¿Yo? Soy demasiado joven.

BUFO.— ¿Te parece? Pues aunque estés vestido así, eres un adulto. Un poco extravagante, como los niños. Pero eres un adulto.

ACTOR.— Sí, supongo que sí.

BUFO.— Pero no te preocupes, eso no significa que no puedas jugar. Se tratará de un juego más difícil, porque es un juego en serio. El juego, si tu quieres, seguirá siendo más importante que las reglas.

ACTOR.— ¿No todos los adultos juegan?

BUFO.— No todos. Algunos viven demasiado ocupados en mantener el único disfraz que se han permitido escoger. Otros se divierten con miles y miles de disfraces, porque saben que son sólo eso... ¿Te lo digo? Disfraces.

ACTOR.— ¿Y siempre escogemos uno?

BUFO.— Uno o varios. No importa. Lo que sería interesante es conocer al que está desnudo, debajo de cualquier disfraz. Déjame enseñarte. (Se intenta quitar una vez más su "disfraz").

ACTOR.— ¡Que no!

BUFO.— (Discursivo) ¿Lo ves? Cuando uno quiere ser auténtico no lo dejan. Cuando uno quiere expresarse sin perder la forma, la más pura. No la que otros dicen que es mejor o indispensable...

ACTOR.— Oiga, Profesor; ¿no le parece a usted que fueron ya muchos discursos?
[Corte:
BUFO.— (Ensimismado en sus palabras) Porque hay que recordar que estamos vivos.

ACTOR.— Oiga...

BUFO.— Y si esta vida inexplicable, y su misterio inescrutable nos lleva finalmente hacia el...

ACTOR.— ¡PROFESOR! ] ]]

BUFO.— ¿Quién te dijo que era Profesor, En todo caso sería tu Institutriz, pues soy Julieta, Julieta Capuleto nada menos... (Intenta ponerse su disfraz de Julieta) ¿Divino mi disfraz, no crees?

ACTOR.— (Lo lleva hacia la puerta) En eso se equivoca, querida Institutriz. Yo ya le dije que nunca la invité.

BUFO.— Eso no tiene la menor importancia, yo estoy aquí cuando es preciso... ¿No lo habías notado?

ACTOR.— ¡Fuera!

BUFO.— No te enojes, mira nada más con qué cara vas a recibir a tus invitados...

ACTOR.— ¡¿Cómo, ya!?

BUFO.— Asómate por la ventana.

El sonido de la sirena es ahora intensísimo y se liga inmediatamente después con una marcha nupcial distorsionada. Bufo desaparece de la escena al mismo tiempo que una ventana desciende sobre el foro; el Actor se asoma por ella y saluda con gestos efusivos. Vemos venir por algún lado a Verónica y Jerónimo "disfrazados" de recién casados.

ACTOR.— ¡Aquí es!


La Novia, montada en los hombros de Jerónimo viene arrastrando un enorme velo que surge de su cabeza y termina varios metros atrás en las manos del apurado Bufo. El Actor coloca la puerta-espejo en el piso y espera sonriente a que los invitados pasen por ella. Finalmente los Novios se instalan en la escena ignorando profundamente al Actor, quien a pesar de todo se acerca encantador a recibirlos. Todos se congelan en una composición nupcial, y de ese grupo sale Bufo y les toma una foto. Luego saca otra fotografía del público y habla alternativamente al público y a los otros personajes.

BUFO.— ¡Sonrían, por favor sonrían! No es obligatorio pero sonreír es tal vez el único remedio... a veces. ¡Bienvenidos! Podría decir que me alegra su presencia esta noche, pero no importa. Espero que gocen, disfruten y hagan su mejor esfuerzo. ¡Esta es la fiesta de los disfraces!... Si alguno de ustedes tiene algo que preguntar, lo felicito.
¡Bienvenidos!
Toma otra fotografía y todos se descongelan.

ACTOR.— (A la pareja) ¿Pero por qué no me avisaron? ¿Cuándo sucedió?

VERÓNICA.—(En éxtasis) Un acontecimiento naturalmente. Los invitados, la música, los crisantemos... Todo en su lugar, su sitio. Como es costumbre, como es natural.

BUFO.— Y como es natural en estos casos, la pregunta final se escuchó por el micro: (Sacerdotal) ¿Aceptan unir sus vidas por los siglos, y los siglos, y los siglos... posibles? ¿Aceptan, sí?

LA PAREJA.— ¡Sí!

BUFO.— Así sea pues. Entonces... los declaro. ¡Bésense!

La pareja se besa.

ACTOR.— ¡Pero qué desconsiderados!

LA PAREJA.— ¿Qué qué?

ACTOR.— ¿Por qué no me avisaron?

JERÓNIMO.— (Molesto) ¡No teníamos tu dirección!

VERÓNICA.— (Hostil) ¡Ni tu teléfono!

JERÓNIMO.— ¡Nos dijeron que estabas enojado con nosotros!

VERÓNICA.— ¡Que te habías ido de viaje!

JERÓNIMO.— ¡Que te habías sorrajado un tiro en la cabeza!

VERÓNICA.— ¡Que te habías cortado las venas!

LA PAREJA.— ¡Nos dijeron que estabas muerto!

Oscuro. Cuando las luces se prenden de nuevo luces, el Actor coloca la puerta-espejo enfrente de los Novios, quienes la atraviesan encantadores. Ambiente de alegría y encanto social.

BUFO.— ¡Comenzamos!

ACTOR.— (Feliz) ¡Pero qué alegría me da, qué bueno que vinieron! ¡No saben, no saben qué alegría me da! ¿Qué quieren tomar? ¿No será lo de siempre, verdad?

BUFO.— Porque lo de siempre se acabó.

JERÓNIMO.— (Abraza y besa al Actor) ¡Pablo, felicidades! ¡No has cambiado nada!

VERÓNICA.— (También lo abraza y besa) Estás igualito, igual que siempre... ¡Felicidades!

ACTOR.— (Vuelve a abrazar y besar a sus invitados) ¡Verónica, gracias de veras! ¡Jerónimo, gracias Maestro! ¡Gracias por venir a mi fiesta de cumpleaños!

JERÓNIMO.— (Asombrado) ¿Es su cumpleaños?

VERÓNICA.— (Confundida) ...Yo no sabía.

ACTOR.— No importa, no. De todas formas mi cumpleaños ya pasó, porque hoy es (Consulta el reloj de Jerónimo) lunes y mi cumpleaños fue ayer domingo.

JERÓNIMO.— No, no, no. Te equivocas, Pablo. Hoy es martes.

ACTOR.— No, Jerónimo... Estoy hablando estrictamente como a ti te gusta. Ya son más de las doce de la noche. Hoy es lunes y mañana martes.

BUFO.— Hablando estrictamente, claro. Hoy es lunes, hace unos minutos fue domingo.

JERÓNIMO.— Hoy es martes.

VERÓNICA.— ¡Ay, Jerónimo! ¿No sabes en qué día vives? Si Pablo te lo acaba de decir... Hoy es lunes.

JERÓNIMO.— No, no. Hoy es martes, claro que es martes...

TODOS.— No, no y no.

JERÓNIMO.— ¿Entonces qué día es hoy según ustedes?

VERÓNICA.— ¿Por qué preguntas?

ACTOR.— Sí, ¿por qué lo haces?

BUFO.— ¿Por qué?

JERÓNIMO.— ¡Bueno, ya!... ¿Simple curiosidad?

VERÓNICA.— Pues déjame decirte que eres un tonto, Jerónimo. Hoy es un lunes como cualquier otro.

JERÓNIMO.— ¿Estás loca? Ayer fue lunes. El domingo por la noche fue la boda, acuérdate. Y en la noche siguiente, es decir la del lunes, o sea ayer, nos fuimos de Luna de Miel. Lógicamente hoy es martes.

BUFO.— ¡Qué romántico! Así que enamorados.

VERÓNICA.— En Amor a Dos, sí.

ACTOR.— ¿De Luna de Miel? Pero y entonces... ¿qué hacen aquí?

VERÓNICA.— Sí, Pablo... nos fuimos al Viejo Mundo... (A Jerónimo) ¡Como tú dices!

JERÓNIMO.— ¡Yo nunca he dicho eso!

VERÓNICA.— ¡Cómo fastidias!

JERÓNIMO.— ¡Cómo te adoro!

VERÓNICA.— ¡Imbécil!... (Al Actor) Así es, Pablo. Nos fuimos en avión y todo... Yo siempre sugerí el barco... Por lo seguro, claro... Pero bueno, nos fuimos en avión. Según esto sin escalas; ¿verdad, Jerónimo? Pero ya ves, tuvimos una escala fatalmente forzosa... (Como rotunda conclusión) Bueno entonces hoy es martes.

JERÓNIMO.— (Cariñoso) ¿Lo ves, Pablo? ¡Antier domingo fue tu cumpleaños! ¡Déjame darte un abrazo! ¡Felicidades! (Se aleja y baila con Verónica.)

ACTOR.— ¡¿Gracias!?

BUFO.— (Abraza al Actor) Lo siento mucho.

JERÓNIMO.— ¡Que bailen los novios, que bailen los novios!

Se escucha el sonido de un avión en pleno vuelo. El Actor se ve envuelto junto con bufo en el enorme velo de la novia. Repentinamente la pareja deja de bailar y se queda mirando al público, sonriendo extrañamente.

VERÓNICA.— (De reojo mira cómplice a Jerónimo) Es una pena, Pablo, pero tenemos prisa, muchísima prisa.

JERÓNIMO.— Sí; ya nos vamos, Pablo.

ACTOR.— ¡No puede ser, pero si acabamos de empezar!

BUFO.— ¡Y no se trata del principio, no!

ACTOR.— (Comienza a reírse nerviosamente) ¿Tú tienes prisa, Verónica; y tú, Jerónimo?

JERÓNIMO.— Ni modo, Pablo; teníamos un compromiso inlu... inexcu... inluct... Muy importante.

ACTOR.— (Sin dejar de reírse) ¡Ah, ya sé; se trata de una broma!

BUFO.— ¡Ah bribones, conque bromas! ¡No te dejes, Pablo!

JERÓNIMO.— No seas idiota, ¿cómo crees que vamos a burlarnos de un compromiso tan... tan...

BUFO.— ¿Ineludible?

VERÓNICA.— ¡Ineludibilísimo!

JERÓNIMO.— ¡Eso! ¡Muy ineludible!

BUFO.— ¿Y acaso hay algo más ineludible que...?

VERÓNICA.— Una cita con el dentista.

BUFO.— Una boda.

JERÓNIMO.— Un citatorio penal.

ACTOR.— ¿La Muerte?

JERÓNIMO.— Sí, la muerte inevitable, ineludible, ineluctable, inexcusable... ¡Lo dije!

ACTOR.— ¿La Muerte? ¿Tenían un compromiso con la Muerte?

VERÓNICA.— Ay, cállate Pablo... y tú también Jerónimo...

JERÓNIMO.— ¿Yo qué?

VERÓNICA.— Tú te callas. Mira, Pablo; no te ofendas, pero nos invitaron a una fiesta.

BUFO.— ¡Así que eso era todo!

ACTOR.— (Se convulsiona de risa y cae al suelo) ¿¡No les dije!? Si todo era una broma... ¿Qué? ¡No es posible! ¡No puede ser cierto! (Cae desmayado).

VERÓNICA.— ¿Por qué lo dudas? Nos invitaron a una fiesta de disfraces en casa de Pablo.

JERÓNIMO.— ¿Te acuerdas de Pablo? ¡El actor! ¿Te acuerdas, Pablo!

LA PAREJA.— ¡Pablo! ¡Pablo!! ¡PABLO!!!

Oscuro. Suena insistentemente el teléfono. Se prenden las luces Cambia la iluminación y vemos, por lo menos en ambiente, la casa de Verónica y Jerónimo justo en el momento en que hacen los últimos preparativos para ir a su boda.: Es un domingo como cualquier otro, ellos, evidentemente viven juntos sin estar casados. Jerónimo se lava los dientes, Verónica está en el excusado, etc.

BUFO.— (Le entrega el teléfono a Verónica) Es para usted.

VERÓNICA.— (Sujeta la bocina sin decidirse a contestar) ¡Acaba de suceder algo espantoso, estoy segura!

JERÓNIMO.— Te van a colgar si no contestas.

VERÓNICA.— Esto ya lo había vivido. ¡Es horrible, alguien se acaba de morir!

JERÓNIMO.— Lo has de haber soñado, déjame contestar a mí.

VERÓNICA.— (Turbada, contenida) ¡Jerónimo!

JERÓNIMO.— (Con miedo, pero emocionado por tener miedo) Qué...

VERÓNICA.— ¡Es un aviso!

JERÓNIMO.— ¿Sí?

VERÓNICA.— Un hombre se mira en el espejo. Tiene en la mano una... Un revo... Revo... ¡Un arma!

JERÓNIMO.— (Emocionadísimo) ¡Una pistola!

VERÓNICA.— Sí... eso. Una visión: el hombre apunta hacia su imagen; y en un instante... un grito seco y sin que nadie se interponga llega... la Muerte.

BUFO.— (Le quita el teléfono a Verónica y se lo da a Jerónimo) ¿Es para usted, o para usted?

JERÓNIMO.— ¿La Muerte?

BUFO.— Si no le contestan se va a enojar.

VERÓNICA.— (Vuelve a tomar la bocina) ¿Quién habla?

BUFO.— (Saca un teléfono de algún bolsillo de su vestuario) ¿Adivina quién?

VERÓNICA.— No estoy para bromas. ¿Quién es usted?

JERÓNIMO.— ¿¡Qué pasó!?

BUFO.— ¿Hace ya mucho tiempo, Verónica? ¿Cómo está Jerónimo? ¿Todavía no adivinas?

VERÓNICA.— Es posible... ¿Cómo has estado?

JERÓNIMO.— ¿Quién es?

BUFO.— Espero no ser inoportuno.

VERÓNICA.— ¿Una fiesta?

BUFO.— Hoy en la noche, dile también a... Verónimo.

VERÓNICA.— (A Jerónimo) Te hablan.

JERÓNIMO.— ¿Quién se murió?

VERÓNICA.— No seas idiota, te habla Pablo.

JERÓNIMO.— ¿Cuál Pablo?

VERÓNICA.— ¿Cuál crees?

JERÓNIMO.— ¿¡Pablo!? ¡No puede ser... Si Pablo está bien muerto!

VERÓNICA.— Pues dice que nos invita a su casa hoy en la noche; precisamente hoy.

JERÓNIMO.— ¿¡Hoy!? No podemos.

VERÓNICA.— Claro que no podemos... ¿Y si lo invitamos nosotros?

JERÓNIMO.— ¿Y si nos arruina la boda? Ya sabes cómo es Pablo; es capaz de subirse al púlpito y oficiar misa.

VERÓNICA.— Mejor lo invitamos al brindis... O ya sé, mejor no le decimos nada: después de todo Pablo fue nuestro mejor amigo.

JERÓNIMO.— Es una lástima que se haya... Que haya cometido esa estupidez.

VERÓNICA.— Fue de muy mal gusto. Mejor cuélgale.

JERÓNIMO.— Sí.

Oscuro. Cuando la luz se enciende vemos la figura de un enorme avión con puerta y ventanillas practicables. Bufo espera junto a la puerta para recibir los boletos. Verónica y Jerónimo, entre besos, arrumacos y maletas; se disponen a abordar la nave. El Actor despierta, y muy alegre va con los novios y dice...

ACTOR.— Oigan, les gusta mi disfraz... (La pareja "entra" al "avión") ¡Oigan!

BUFO.— No los molestes, ¿no ves que están de Luna de Miel?

ACTOR.— ¿¡Me dejas en paz!? (Jerónimo y Verónica se asoman por sendas ventanillas) Oigan, ¿les gusta mi disfraz? Es muy bonito.

VERÓNICA.— Sí, Pablo... muy original. Yo siempre quise uno así.

JERÓNIMO.— ¿Por qué no te vas a jugar un rato?

BUFO.— Te lo dije.


Se escucha el sonido del avión que despega. Bufo se instala en una de las ventanillas. La Pareja se manda besos desde cada ventanilla. El Actor juega como un niño con un avión a escala.

JERÓNIMO.— ¿Ya viste a Pablo, Vero?

VERÓNICA.— Sí, qué chistoso... ¡Ay pero qué chistoso!

JERÓNIMO.— Yo siempre supe que llegaría el día en que... pobrecito.

VERÓNICA.— Pablo era de esa clase de gente que no es capaz de entender que la vida...

JERÓNIMO.— Sí, es una lástima, pero no, nunca fue capaz de entenderlo.

BUFO.— Disculpe, señor... ¿Él nunca fue capaz de entender que la vida es una lástima o es una lástima que no lo haya entendido o... ¿Cómo es la cosa?

VERÓNICA.— Es triste reconocerlo pero ese carácter tenía que conducirlo...

BUFO.— Ah, claro: Conducirlo... ¿A dónde pues?

VERÓNICA.— Sí, conducirlo irremediable, inexorablemente.

JERÓNIMO.— Sí. Jamás imaginé que Pablo llegara al extremo de... quitarse la vida. Todavía no lo puedo aceptar. Por otro lado tenía la esperanza. Así es, pero las cosas pasan sin que uno pueda. (A Verónica) ¿No lo crees así?

BUFO.— (Hace evidente la ininteligibilidad del discurso de la Pareja) Yo así lo creo.

VERÓNICA.— Y de qué modo. Recuerdo que algunas veces por las mañanas y de vez en cuando por las noches, pero sobre todo los domingos antes del desayuno, acostumbraba tener accesos que podrían definirse como...

BUFO.— ¿Crisis de angustia incontrolable?

VERÓNICA.— Sí.

BUFO.— ¿Crisis agudas de iracibilidad?

VERÓNICA.— ¡Eso también!

BUFO.— ¿Crisis de melancolía extrema?

VERÓNICA.— ¡Exacto!

BUFO.— ¿Y qué pasó después?

VERÓNICA.— Paso el tiempo; cada quién hizo lo suyo. Nosotros nos casamos como todo el mundo sabe... y Pablo... Pues en una de tantas crisis... se suicidó.

BUFO.— ¡No...! Se quitó la vida el bárbaro, qué tal.

JERÓNIMO.— Pero por supuesto. Todo el mundo lo sabe. Se suicidó, ¿no Vero?

VERÓNICA.— Pero por supuesto que se suicidó. ¿O no?

BUFO.— ¿Entonces qué, o qué? ¿O qué o qué?

JERÓNIMO.— Yo digo que... Que sí, ¿no?

VERÓNICA.— Ay pues ya no lo tengo claro... ¿Por qué no le preguntamos? ¿O mejor no?

JERÓNIMO.— Oye, Pablo...

VERÓNICA.— ¡Pablo!

TODOS.— ¡PABLOOO!


OSCURO. LUEGO, ÚNICAMENTE UN CENITAL SOBRE EL ACTOR.

ACTOR.— ¿Pablo? El otro día estuve hablando con él y me dijo que yo estaba muerto, que me había dado un tiro. Por eso fue que le dije: te equivocas, Pablo; yo no estoy muerto. Solamente imaginé, una mera fantasía por supuesto, que si yo me intentaba suicidar... ellos, los demás, pensarían que yo estaba muerto. Y lo intenté y me imaginé que ellos pensaban que estaba muerto. No era verdad, no. Yo no morí, pero ellos lo pensaron. Lo cierto, Pablo, es que ellos sí que se murieron. Se fueron al Viejo Mundo... ¿O al Otro Mundo se dice? Pues no lo sé del todo, Pablo... te juro que ya no sé si lo pensé o es cierto... ¿Sí se murieron? ¿Eh, Pablo? Se fueron lejos de este mundo. O... ¿cómo se dice? ¿Viejo u otro?... Mundo sí, pero ya no sé, ya no sé nada, Pablo.

El foro se ilumina. Verónica, Jerónimo y Bufo rodean al Actor. El avión ha salido de escena.

VERÓNICA.— Al Otro Mundo, Pablo... Un accidente, oh sí. ¿Pero no me digas que no sabías?

ACTOR.— No, no mucho.

VERÓNICA.— Fue espantoso, ya te podrás imaginar.

ACTOR.— ¿Espantoso, no?

BUFO.— Espantoso, sí... supongo.

JERÓNIMO.— Espantosísimo. Una falla mecánica; como a diez mil pies de altura. ¿Se llaman pies, no Vero?

VERÓNICA.— ¿Los pies?

JERÓNIMO.— En fin... con decirte, Pablo, que a pesar del cinturón de seguridad, y de los consejos de la Torre de Control al Capitán, y de los consejos de la Azafata al Capitán, al Copiloto y a los pasajeros... A pesar de todos los consejos que todos nos dábamos unos a otros... pues cataplum, a pesar de todo: el avión se vino abajo. !Paf!

VERÓNICA.— Fue muy horroroso, ¿Pero en qué mundo vives Pablo, si todo el mundo lo sabe... salió en el periódico.

BUFO.— Es que él no compra el periódico.

ACTOR.— Por qué no te callas y sirves la cena... ¿Se van a quedar a cenar, verdad?

BUFO.— ¿Qué desean ordenar los señores?

VERÓNICA.— ¡Un aperitivo, por favor!

JERÓNIMO.— ¡Que sean dos!

BUFO.— Salen dos aperitivos Luna de Miel... Y tú, ¿qué vas a tomar?

ACTOR.— ¿Cómo que tú? De usted, por favor... ponga la mesa y tráigame...

BUFO.— No me lo digas... ¡Otro aperitivo! ¡Perdón!... ¡Un aperitivo De Usted Por Favor! ¡Sale!


El Actor y sus invitados permanecen de pie y se quedan viendo al piso, al "techo", o a donde puedan; tensos, por el repentino silencio.

JERÓNIMO.— (Rompiendo el silencio) Verónica, ¿sabías que Pablo y yo nos conocemos desde que éramos (señala con sus dedos a una altura pequeñísima) ¿así...? Amigos de la infancia, sí... ¿Sí lo sabías?

VERÓNICA.— ¿Tú que crees?

JERÓNIMO.— ¿Ya te lo había dicho?

BUFO.— (Entra con la mesa y la cena, los demás personajes se sientan en cuclillas alrededor) Se lo dijo Pablo.

ACTOR.— Yo se lo dije.

VERÓNICA.— Él me lo dijo.

BUFO.— Vaya preguntas, Jerónimo... Pablo y Verónica vivieron juntos.

JERÓNIMO.— Claro.

ACTOR.— Hace ya mucho tiempo; ¿verdad, Verónica?

VERÓNICA.— (Habla como si el Actor estuviera ausente, pero viéndolo fijamente a los ojos) Pobre Pablo... me acuerdo muy bien de su mirada: lejana, ausente, obsesiva... y sobre todo ese dejarse llevar llevando... y ese disculparse sin entusiasmo... Sí, sobre todo ese dejarse llevar, llevando; vuelta a girar y luego ese disculparse sin entusiasmo. Sí, sobre todo lejana y obsesiva; ausente y obsesiva, obsesiva, sí...

BUFO.— (Mientras sirve una cena insólita) Y fue entonces cuando usted comenzó a notar esa curiosa actitud; ese tipo de costumbres... ¿Cómo, cómo calificarlas?

VERÓNICA.— ¿Insólitas?

JERÓNIMO.— ¿Extravagantes?

VERÓNICA.— ¡Muy inauditas!

JERÓNIMO.— ¡Inadmisibles!

ACTOR.— In... Innn...

VERÓNICA.— Una curiosa actitud. Los psicoanalistas se aburrieron, su psiquiatra cambió de vocación... (haciéndole caso de repente) ¿te acuerdas, Pablo? Creo que se dedicó a vender Biblias de casa en casa. Una vez nos quiso vender una. Todo el mundo se cansó, menos Pablo... Oye Pablo, pero entonces por qué fue eso...

ACTOR.— ¿Eso cuál, Vero?

VERÓNICA.— Eso... lo del suicidio. ¿Te suicidaste, no?

ACTOR.— Ay, Vero... lo has de haber soñado.

JERÓNIMO.— No, Pablo... Si yo también lo supe... te sorrajaste un tiro.

ACTOR.— (Turbado) Lo han de haber soñado, estoy seguro.

JERÓNIMO.— Claro.

SILENCIO.

VERÓNICA.— Y...

JERÓNIMO.— Y...

VERÓNICA.— ¿Sigues en el Teatro, Pablo?

ACTOR.— Sí, claro; a ver si me van a ver. Ya son las últimas funciones.

VERÓNICA.— Pero si ya conocemos la obra, Pablo: ¿Romeo y Julieta, no? Acuérdate que me prestaste el libro.

ACTOR.— ¿El libro, Verónica? No es lo mismo.

JERÓNIMO.— ¿Cuál es la diferencia?

OSCURO. LUEGO, VEMOS SÓLO AL ACTOR EN UN COLUMPIO.

ACTOR.— De vez en cuando me despierto sin saber qué pasa, y me levanto y me baño y desayuno. De vez en cuando me tomo un café; lentamente, y pienso y me confundo y sigo sin saber... No sé muy bien si lo que vivo es invención, o es sueño, o es recuerdo. A veces la vida pasa mientras tomo café, lentamente... En un deseo, en un recuerdo, en un ir y venir de la invención. A veces pienso que la vida es eso: un ir y venir de los deseos, un ir y venir de los recuerdos... Pero en un instante todo se confunde y me descubro asombrado, simplemente tomando café, sin más. Descubro que soy yo; que estoy viviendo. Mirando una taza de café. (Se baja del columpio y lo mira desaparecer).

Luz. Entra Bufo arrojando serpentinas y confeti a los invitados.

BUFO.— ¿Alguien dijo café? Tenemos café o postre, ¿qué prefieren?

VERÓNICA.— Yo creo que mejor nos vamos.

BUFO.— ¿Ya se van?

JERÓNIMO.— Sí, mañana tenemos que levantarnos temprano.

ACTOR.— ¿Mañana? Pero si ustedes están... Yo pensé que ustedes se habían...

VERÓNICA.— Muerto, Pablo, se dice muerto. Yo nunca pensé que fuera tan difícil.

JERÓNIMO.— Dificilísimo. No te imaginas todo lo que nos queda por hacer: trámites y trámites y más trámites.

VERÓNICA.— (Fastidiada) Adiós, Pablo me dio mucho gusto saber que estás bien.

ACTOR.— Gracias por venir.

JERÓNIMO.— Ojalá pudiéramos volver a visitarte.

VERÓNICA.— Lástima que eso sea imposible.

BUFO.— Oigan, y no lo van a felicitar.

LA PAREJA.— ¡Otra vez!

BUFO.— Bueno, pero no le han dado su regalo.

JERÓNIMO.— No se supone que sea obligatorio. Además su cumpleaños fue... ¿el martes?

ACTOR.— No hay problema, Jerónimo. Por supuesto que no es obligatorio. Y déjame decirte, déjenme decirles a todos que...

VERÓNICA.— ¡Qué!

ACTOR.— Lo he estado pensando mucho este día y he llegado a la conclusión...

JERÓNIMO.— Ya dilo.

ACTOR.— Pues bien: yo tengo algo mucho mejor que un regalo.

JERÓNIMO.— ¿Algo mejor que un regalo? No puede ser.

VERÓNICA.— No, ¿qué puede haber mejor que un regalo?

JERÓNIMO.— Nada. No.

ACTOR.— Pues sí. Yo tengo un... Es un... es algo parecido a... ¿Lo quieren ver?

BUFO.— No me digas que te acordaste, Pablo. Por fin vas a soltar a tu... a tu algo parecido a... (Lo abraza) ¡Felicidades! No he trabajado en vano.

ACTOR.— Ahorita mismo se los enseño. (El Actor comienza a buscar) Nada más dejen que lo encuentre. ¿Dónde estará?

JERÓNIMO.— Tenemos prisa, si no con mucho gusto nos quedábamos a verlo.

VERÓNICA.— Sí; adiós, Pablo. Ya no podemos quedarnos más tiempo. Mañana vamos a estar muy ocupados.

JERÓNIMO.— Tenemos responsabilidades. Muchas.

BUFO.— ¡Pero cómo!, ¿no van a quedarse a ver su, su algo parecido a?...

LA PAREJA.— ¡¿Algo parecido a qué?!

ACTOR.— Debe de estar en alguna parte. (Sigue buscando, cada vez más preocupado) Ustedes no lo vieron... No se me puede haber perdido.

Baja la intensidad de la luz. El Actor comienza a buscar con una linterna, la Pareja lo sigue un poco a regañadientes, pero intrigada por conocer el "algo parecido a". Bufo más atrás camina como si estuviera preocupado. Luego se separa del grupo y observa divertido. Finalmente la Pareja se separa del Actor y se dirige, en la oscuridad, hacia la salida. Bufo se les interpone y los deslumbra con el flash de una cámara fotográfica. La luz repentinamente cobra su máxima intensidad.

BUFO.— (Asume un tono parecido al de las historias policíacas) Disculpen, ¿se les perdió algo?

LA PAREJA.— (Adoptan el mismo tono detectivesco)...¿A nosotros?

BUFO.— ¿Ustedes?... ya se iban. Hasta luego.

ACTOR.— ¡Qué pasa!

BUFO.— Se quieren escapar, quieren robarse tu... tu algo parecido a...

VERÓNICA.— ¡Oiga, no sea impertinente!

ACTOR.— Así que fueron ustedes, ¿¡en dónde lo escondieron!?

JERÓNIMO.— ¿De qué hablas, Pablo? Si ni siquiera sabemos lo que es.

BUFO.— ¡Ya dénselo, a ustedes no les va a servir de nada!

VERÓNICA.— (Poniendo en duda su inocencia) ¿Y usted cómo lo sabe...? ¿A usted... sí le sirve?

JERÓNIMO.— ¡Responda!

BUFO.— (Sintiéndose repentinamente acusado) ¿A mí?... Por supuesto que... Eso no les importa.

VERÓNICA.— ¡Ajá...! Ya no lo busques Pablo, yo sé quién lo tiene.

JERÓNIMO.— Helo aquí...

VERÓNICA.— Al culpable.

ACTOR.— Cómo no lo pensé antes. Tenías que haber sido tú. ¿Dónde está?

BUFO.— ¿No te acuerdas? A ti nunca te gustó, tú mismo lo encerraste, Pablo... ¿Lo vas a dejar salir?

La Pareja intenta salir sin ser vista.

ACTOR.— ¿Yo lo encerré?... (Reflexiona) Sí, puede ser cierto. Pero fue así, sin darme cuenta. O sin quererme dar cuenta. (Deteniendo en seco a la pareja) ¿Se van a ir sin conocerlo?

BUFO.— ¿Lo vas a soltar?

JERÓNIMO.— ¡¿Está vivo!?

El Actor va hacia el baúl y lo abraza cariñosamente.

ACTOR.— Claro que está vivo, todavía.

VERÓNICA.— Nunca me han gustado las adivinanzas, seguramente se trata de un perro, pobrecito, se va a asfixiar.

JERÓNIMO.— Cómo va a ser un perro, ya lo hubiéramos oído. Eso sí, debe tratarse de algo espantoso, imagínate: el algo parecido a... A lo que sea, ¡de Pablo! Debe ser algo siniestro.

VERÓNICA.— (Asustada) ¿Tú crees?

JERÓNIMO.— Estoy seguro.

VERÓNICA.— ¿Vámonos, por favor!

JERÓNIMO.— ¿Y nos vamos a quedar con la duda?

VERÓNICA.— Mira, mi amor. No sé tú, pero yo no me pienso pasar la vida convertida en fantasma.

JERÓNIMO.— Pero si todavía no sale el sol, Vero.

VERÓNICA.— Estoy hablando en serio.

JERÓNIMO.— Tienes razón; perdí la cabeza, mi vida.

VERÓNICA.— ¡Adiós, Pablo!

JERÓNIMO.— ¡Se nos acaba el tiempo!

La Pareja es iluminada por un cenital que baja de intensidad lentamente hasta desaparecer del todo al final de la obra.

BUFO.— No se vayan sin conocerlo, acérquense. Les aseguro que no muerde, aunque a veces... pues... ¿Tú qué opinas, Pablo?

ACTOR.— Sí, debo reconocer que a veces le da por estallar. Por eso estaba encerrado, de puro miedo al mundo, de puro miedo a crecer y crecer sin saber cómo hacerlo sin reventar o perder la forma original, la forma auténtica.

BUFO.— Pues parece que tus invitados ya no tuvieron el gusto. Suéltalo ya.

ACTOR.— Espera, quiero prepararme bien porque su visita será muy breve. Lo veremos alejarse dispuesto por primera vez a ser el dueño de su propio vuelo. Anda, sal de ahí, no seas tímido, ¡salte ya!

El Actor abre la tapa del baúl... Del fondo vemos surgir un hermoso
y sencillo globo.

FIN
Ciudad de México
1990

® Benjamín Gavarre
sogem

SALA DE ESPERA, DE BENJAMÍN GAVARRE

SALA DE ESPERA
Resultado de imagen para vih ochentas de Benjamín Gavarre


® contacto: gavarreunam@gmail.com




A la memoria de Raúl, Sergio, Héctor y Luis Pablo.


Vemos la sala de espera de una oficina: un discreto escritorio, dos o tres incómodos sillones y una mesita al centro. En las paredes cuelgan algunos cuadros impersonales: naturalezas muertas. En una esquina, en el suelo, un arreglo floral: rosas rojas. A la izquierda la puerta principal; al fondo, la puerta de un despacho.
En los sillones se encuentran: Sofía (29 años: ensimismada), Sara (35 años: dormida), Francisco (28 años: hojea revistas), Margo (65 años: absorta), y Arturo (38 años: mira la palma de su mano). En el escritorio se encuentra una adusta y eficiente recepcionista: edad indefinida.
Después de unos segundos llega un hombre impecablemente vestido de traje: es El Ejecutivo. Todos lo miran inquietos. El hombre se acerca a la recepcionista y le dice algo al oído. Señalan a Arturo, quien se levanta y les entrega un expediente. El Ejecutivo revisa y firma el documento; la recepcionista lo sella y se lo da de nuevo al Ejecutivo, quien, con aire grave, entra a su despacho. Arturo regresa a sentarse cerca de Sofía.


ARTURO.- ¿Tan seria, Sofía?
SOFIA.- Ya ves.
ARTURO.- Ahí está Sara. Se ve que no ha dormido. Ahí está el buen Francisco, siempre atormentado.
SOFIA.- Le va mal.
ARTURO.- Margo... ¿Ella compró las rosas?
SOFIA.- Seguro.
ARTURO.- No me equivoqué.
ARTURO SE LEVANTA, SE ACERCA A LA RECEPCIONISTA Y LE PREGUNTA ALGO AL OIDO, ELLA ASIENTE. LUEGO REGRESA A SU LUGAR, TOMA UN PEQUEÑO PORTAFOLIOS Y LO ABRAZA, ANSIOSO.
SOFIA.- ¿Ya es hora?
ARTURO.- Todavía no; es hasta que nos llamen.
SOFIA.- Muchos trámites.
ARTURO.- Sí. Cada uno tiene su fecha y su hora. Algunos no tienen prisa; a la mayoría no le importa o ni siquiera lo piensa. (En voz baja.) Yo hice trampa.
SOFIA.- Me lo imaginé.
ARTURO.- ¿Y por qué no? Quise hacerlo.
SOFIA.- Sí.
ARTURO.- Pero ya estoy cansado; quiero reunirme con Sergio. Tenía la esperanza de que surgiera un hecho extraordinario, alguna peripecia inusitada, pero... Nunca hay que forzar las cosas.
SOFIA.- Soñé con una bestia colosal, un toro. Respiraba furioso junto a mí, pero no me embestía. Alguien, un hombre, me dijo: No lo veas fijamente, hazlo bajando la mirada, con la mirada gris, hacia abajo. El toro estaba junto a mí y yo lo acariciaba apenas, como sin hacerle caso. Me gustaba el toro, era mi amigo.
FRANCISCO.- (A Arturo.) A mí me gustaría un café, muy cargado.
ARTURO.- (Refiriéndose a la recepcionista.) ¿Por qué no se lo pides?
FRANCISCO.- Se ve que tiene mal carácter.
ARTURO.- No lo creas. Pídeselo.
FRANCISCO.- (A la recepcionista.) ¿Puedo tomar café?
LA RECEPCIONISTA ASIENTE CON UN GESTO CASI IMPERCEPTIBLE. FRANCISCO VA HACIA UNA MESITA DONDE SE ENCUENTRA UNA CAFETERA. SE SIRVE UN CAFÉ, Y LO TOMA DE PIE, A PEQUEÑOS SORBOS.
ARTURO.- (A Sofía.) Francisco sigue comportándose como un adolescente.
SOFIA.- Y seguirá, pero le funciona.
ARTURO.- ¿Lo sigues amando?
SOFIA.- ¿Qué! Para nada. Yo nunca...
ARTURO.- Te gustaba.
SOFIA.- Esa es otra cosa, pero amarlo... Odio sus métodos de seducción: siempre tan desprotegido, como perrito hambriento.
FRANCISCO.- (Desde lejos.) Soy el hombre de tus sueños, lo dijiste.
SOFIA.- ¡Nunca!
FRANCISCO.- Dijiste que era un amante inmejorable, en tus sueños.
ARTURO.- ¿Es verdad?
SOFIA.- ¡No! (A Arturo.) ¡Cómo puede ser tan vanidoso! Soy la única que no... ¡No voy a decir nada!
FRANCISCO.- (Se acerca a Sofía y mientras sigue tomando su café dice...) Me gustaría desabotonarte la blusa con los dientes, morderte los senos, lamerte los pezones. Quiero abrirte las piernas, meter mi cabeza entre tus muslos, luego...
SOFIA.- ¡Basta! Vete de aquí. (Francisco regresa sonriente a su lugar, siempre tomando pequeños sorbos de café.) Es inconcebible. Es tan vanidoso que sería capaz de acostarse conmigo sólo porque ahora lo rechazo.
ARTURO.- ¿Dices que le va mal?
SOFIA.- A mí él no me importa.
ARTURO.- ¿Te va mal, Francisco?
FRANCISCO.- ¿Mal? Me ha ido de la hiperverga, en varios aspectos, pero lo peor es el dinero. Tengo que encontrar un trabajo estable. He estado comiendo arroz y sólo arroz. Vendí unos cascos de cocacola para comprar queso, tortillas, cigarros, y ya. He comido eso durante tres días. Gracias a Dios hoy me pagaron 800 pesos por una semana de arduo, muy arduo trabajo.
SOFIA.- ¿No te lo dije? Se comporta como perrito sin dueño. Francisquito, ¿no quieres que te preste quinientos pesos?
FRANCISCO.- ¿Sólo quinientos?
SOFIA.- Eres un asco.
ARTURO.- (Sin mirar a nadie directamente.) ¿Y no andas con nadie ahora?
SOFIA.- ¿Yo?
ARTURO.- No, sí, también... disculpa, le preguntaba a Francisco.
SOFIA.- ¿Eso? Sus conquistas le duran una hora... ¿Cuánto duró la última?
FRANCISCO.- ¿Me hablas a mí?
SOFIA.- ¿Dos horas?
FRANCISCO.- Un poco más... La rescaté de un viaje de éxtasis. Veinticinco años, con coche golf, con dinero: dueña de dos casas y más o menos dispuesta. Salimos durante cuatro días, fuimos a comer, vimos teatro, cenamos, comimos... Cogimos muy bien una vez; algunas otras veces simplemente cogimos. El último día que nos vimos, de repente, después de haber visto una obra de teatro en Coyoacán, ya en su casa, la intenté besar.
SOFIA.- Pero no has dicho su nombre.
FRANCISCO.- ¿Quieres nombres y todo?
SOFIA.- Pues sí.
FRANCISCO.- Martha.
SOFIA.- No, en serio.
FRANCISCO.- Así se llamaba, qué quieres. Yo estaba verdaderamente pacheco. Se portó tan evasiva... Yo no sabía qué le pasaba. Me dijo que se sentía como prostituta, que no creía en las relaciones, que siempre acababa sintiéndose fría y lejana, que no quería seguir.
SILENCIO. ENTRA MAX, 39 AÑOS, ALTO Y DELGADO. ES MUY ELEGANTE. SE SIENTA EN UN SILLON, APARTADO DE TODOS. ABRE UN PORTAFOLIOS, SACA ALGUNOS PAPELES Y LOS REVISA RAPIDAMENTE, CON FASTIDIO. SE LEVANTA Y VA CON LA RECEPCIONISTA. ELLA, MUY PROFESIONAL, RECIBE LOS DOCUMENTOS Y LE ENTREGA UN CUESTIONARIO. MAX REGRESA A CONTESTARLO A SU LUGAR.
MAX.- (Habla mientras responde el cuestionario, mirando de vez en cuando a Sofía y a Arturo.) Vi una encuesta en la tele sobre cómo pensaban ciertos grupos que les iba en su vida. Entre mucho mejor y mucho peor había distintas opciones. Yo estoy en la reducida población, 3%, de los que les va mucho peor. Los de mucho mejor son del 3% también. Los extremos siempre engloban a pocos.
SOFIA.-A mí en la vida me va más o menos, ¿en qué porcentaje estaré?
ARTURO.- Yo nunca he creído en las estadísticas.
MAX.- El mío es un problema de comunicación. De no saber tratar al otro, de no interesarme por los demás. Mi problema es desconfiar de los demás, es querer estar solo porque los demás me dan demasiado miedo. Estoy pensando siempre que me van a hacer daño y por eso alejo cualquier posibilidad de establecer vínculos reales. Qué puta neurosis.
SOFIA.- Pobre Max, siempre me ha caído bien, pero es tan agresivo, tan inaccesible.
ARTURO.- Yo creo que es un tipazo, y no te lo digo porque esté aquí presente, lo diría igual. Con él he pasado los momentos más divertidos que recuerde.
FRANCISCO.- A mí al principio, cuando lo conocí, me daba miedo. Me parecía que me iba a fulminar con esa mirada que tiene. Te acuerdas Max, ¿cuando nos fuimos de vacaciones los tres a la playa?
MAX MIRA A FRANCISCO Y POR TODA RESPUESTA EMITE UN GRUÑIDO.
SOFIA.- ¿Cuáles tres?
FRANCISCO.- Pues cuáles: Yo, Arturo y Max.
SOFIA.- El burro primero.
FRANCISCO.- Pasamos una de las navidades más aciagas de que tenga memoria.
SOFIA.- ¡Aciagas!, ¡vaya con la palabrita!
FRANCISCO.- ¿Qué quieres que diga? Horrendas, espeluznantes, ¿jodidas?... ¿Te acuerdas Max?, en Morelia, eran como las dos de la mañana y lo único que tuvimos para cena fue el último hot dog del último carrito de hot dogs que había en el Centro. Un hot dog para tres, fue delicioso.
SOFIA.- Mhh.
FRANCISCO.- Luego, en el hotel, nos atascamos con el pastel de navidad que la mamá de Arturo había cocinado... Una coca familiar y media botella de alcohol de noventa y seis. Estos desgraciados no me dejaron dormir en toda la noche.
SOFIA.- ¿Por qué?
FRANCISCO.- ¿Tú por qué crees?
ARTURO.- (Con doble intención.) Estuvimos "platicando" toda la noche.
SOFIA.- Ahh.
MAX.- Malditos formularios, ¿ustedes creen que yo me voy a acordar de cual es mi número de naturalización? ¿Qué es eso?
ARTURO.- Es sólo para extranjeros, Max. Pero sí, ¡preguntan cada cosa!
MAX.- De repente miro al vacío y no pasa nada. Nada. Sólo me angustio de que no pase nada y de que estoy seguro no pasará nada. Me dan ganas de acabar con todo, pero es solamente una vaga idea. No me atrevería a suicidarme. El caso es que tampoco me atrevo a hacer nada para que mi circunstancia cambie. Qué en serio me tomo, pero el asunto es serio.
SILENCIO.
SE ABRE LA PUERTA DEL DESPACHO Y EL EJECUTIVO APARECE CON UN DOCUMENTO EN LA MANO.
EL EJECUTIVO.- Voy a decir los nombres de las personas que están en el conteo relativo. Debo aclarar que el hecho de que alguno de ustedes esté en esta lista no significa necesariamente que vayan a ser ingresados; sólo indica que han venido cubriendo los requisitos correspondientes y que su expediente está siendo revisado. Al final del día las personas que ya requisitaron la categoría BF 0650 serán llamadas para su ingreso final. Por lo pronto... Señor Arturo Morales Olguín.
ARTURO.- Aquí.
EL EJECUTIVO.- Señor Maximiliano Santos García Oleguibel.
MAX.- Olaguivel.
EL EJECUTIVO.- Señor Joaquín Arizmendi Loaeza.
NADIE CONTESTA
EL EJECUTIVO.- ¿No está?... ¿Señora Consuelo Gutiérrez González?... (Nadie contesta.) ¿No?... Señora Margarita García Olaguibel Miranda.
Margo, quien hasta el momento habia permanecido totalmente absorta, responde con un gesto seco, para retomar inmediatamente la misma actitud.
EL EJECUTIVO.- ¿Señor Jorge Murcio Montoya? (Nadie contesta.) Señorita Sofía Trueba Alcántara.
SOFIA.- Presente, señor.
EL EJECUTIVO.- Señor Francisco Toledano Flores.
FRANCISCO.-Aquí.
EL EJECUTIVO.- Y por último... la señorita María Sara Rendón Batalla...
SOFIA.- ¿No es Sara?
EL EJECUTIVO.- ¿Está?
SOFIA.- ¡Sara, despierta!
SARA.- ¿Qué?... ¿Ya?
EL EJECUTIVO.- ¿María Sara Rendón Batalla?
SARA.- (Adormilada.) Sí, yo...
EL EJECUTIVO.- Parece que ha habido algunos errores en su BF- 005, ¿podría cotejar los datos con Leonor?
SARA.- ¿Leonor?
EL EJECUTIVO.- La recepcionista.
SARA.- Sí, desde luego, señor.
EL EJECUTIVO.- (A la recepcionista.) Hazte cargo.
EL EJECUTIVO VUELVE A SU DESPACHO. SARA BUSCA EN UN MORRAL ARTESANAL DE LANA YA MUY GASTADO. SACA UNOS DOCUMENTOS Y TRATA DE ORDENARLOS.
SOFIA.- ¿Y eso fue todo?
ARTURO.- ¿Querías más? Ya estamos en la lista.
SOFIA.- Pero algunos ni siquiera están aquí.
ARTURO.- Siempre sucede.
SOFIA.- ¿Se imaginan? ¿Que se equivocaran de persona?
FRANCISCO.- Investigan a fondo.
SOFIA.- No sé, quizá no todo lo tengan planeado. Por ejemplo, qué es eso de que todavía usen máquina de escribir, ¿qué no saben que el mundo ha evolucionado?
ARTURO.- ¿Sí?
SOFIA.- ¡Y este lugar... tan sórdido! Es como si las calles y la gente hubieran quedado muy lejos.
FRANCISCO.- Oye, Sara, yo siempre he querido un morral como el tuyo, pero todavía no lo he encontrado.
ARTURO.- No la molestes; ves que se hace cruces con la documentación y tú todavía...
SOFIA.- Yo ya lo he dicho: Francisco es un animal. ¿Te ayudamos, Sara?
SARA.- No, ya casi termino... (A la recepcionista.) ¿La BF-005 tiene que llevar el sello naranja con la firma de recibido?
LA RECEPCIONISTA SIMPLEMENTE ASIENTE.
FRANCISCO.- No, la que es un tormento es la BF- 001 tienes que conseguir hasta el acta de matrimonio de tus abuelos, y luego, cuatro fotografías tamaño postal, tres fotografías mignon, seis fotografías tamaño infantil... Uf...
SOFIA.- A ti esas no te han de haber costado trabajo, las infantiles.
FRANCISCO.- Vieras que sí: son muy caras.
SARA.- Ya está... (Se levanta con un mar de papeles, de ahí saca una hoja y se la entrega a la recepcionista.) Me había quedado con el original. ¿Todo bien?
LA RECEPCIONISTA ASIENTE. SARA SE QUEDA ALGUNOS SEGUNDOS ESPERANDO ALGUN COMENTARIO MAS, PERO LA RECEPCIONISTA, SIN VOLTEARLA A VER, SE LEVANTA CON EL DOCUMENTO Y ENTRA AL DESPACHO DE EL EJECUTIVO.
ARTURO.- Sara: no tienes remedio.
SARA.- Es que estos cabrones...
ARTURO.- ¡Sarita!
SARA.- Es que eso son, unos cabrones. No les importa mi vida, no les importa si tengo que cuidar a mi hijo, no les interesa si tengo que trabajar como una esclava o si tengo que pasarme las noches en vela en el hospital...
ARTURO.- ¿El hospital?... Por qué, qué pasó.
SARA.- Soy una imbécil... (Pausa.) No queríamos que supieras.
ARTURO.- Qué.
SARA.- Es Marco... Está internado.
PAUSA.
ARTURO.- Carajo.
PAUSA.
SARA.- Desde hace tres semanas.
ARTURO.- ¿Muy grave?
SARA.- Delicado.
ARTURO.- Quisiera verlo.
SARA.- Ya sabes cómo es esto: antes que nadie la familia se hace cargo. Es un poco como si se volviera a nacer. A mí me dejaron cuidarlo porque... No sé, la familia de Marco siempre tuvo la idea de que yo había sido su novia o algo así.
FRANCISCO.- Bueno, fuiste una de las pocas mujeres en su vida.
SOFIA.- Francisco, no tienes madre.
SARA.- Siempre había pensado que lo más hermoso de una relación era el romance. Ahora, a pesar de que puedo nombrar a Marco como el hombre de mi vida, pienso que lo más importante para mí fueron estos últimos años, en los que sólo puedo decir que fuimos amigos... (A Arturo.) El sabe que lo quisiste mucho.
ARTURO.- Espero que sí.
PAUSA LARGA. SARA CIERRA LOS OJOS.
MAX.- Soñé una casa luminosa con una enorme alberca, pero enorme alberca. El trampolín estaba muy en lo alto; también había un tobogán. Un clavadista suspendido en las alturas, parecía estar preparado, pero cualquiera hubiera pensado que tenía miedo de caer fuera de la fosa; necesitaba calcularlo todo muy bien antes de entrar al agua. Cuando desperté tuve la seguridad de que "echarse el clavado" era morirse. La fosa de clavados era una tumba.
ARTURO.- Estamos como en guerra o como si fuéramos muy, muy viejos. Estamos llenos de muerte y no sabemos qué hacer con ella.
FRANCISCO.- Yo bebo. Bebo y he bebido todos TODOS los días. Y no me ayuda en nada, a pesar de que por lo menos me emboto y no pienso. Me encuentro no en un callejón sin salida sino en algo peor, un callejón sin el concepto salida. Qué te parece, Arturo, en la última fiesta bebí como hace rato no lo hacía. En el sillón, cuando estaba muy borracho, no sé si oí que hablaban de mí o si de verdad lo hacían. Alguien le decía a otro: "Es una pena verlo así". Creo que lo imaginé, pero es muy triste que me tengan pena.
ARTURO.- Sara me contó que te vio esperando el camión en Insurgentes, que te hizo señas y no volteaste. ¿Verdad, Sara?
SOFIA.- Está dormida. Yo a quien vi esperando en una parada fue a Rubén, ¿se acuerdan de Rubén? El que se peinaba con limón y sacaba puras emebés, siempre tan zalamero y jactancioso.
FRANCISCO.- ¡Zalamero!... Y tú me criticas por mis palabras domingueras. ¡zalamero!
SOFIA.- (Sin inmutarse.) Yo pensé: así que de nada le sirvió sacar puros dieces al buen Rubén. Qué formal es hasta esperando el camión. Se veía desencajado, a punto de la desesperación.
FRANCISCO.- Es que a veces pensamos las cosas un millón de veces antes de simplemente hacerlas. Yo, por ejemplo, sé que es sencillo realizar muchas pequeñas hazañas como... apagar el gas, antes de permitir que se evapore el agua y se queme la olla. Pienso en levantarme y me veo realizando ese pequeñísimo prodigio que es girar la llave del gas y listo, el agua deja de hervir, sin embargo, solamente lo pienso y claro, ¿saben cuántas ollas tengo hechas un chicharrón.
SOFIA.- ¿Qué tiene que ver todo eso con Rubén?
FRANCISCO.- ¿En qué sentido?
SOFIA.- ¿Francisco, dónde aprendiste a pensar?
FRANCISCO.- Sofía, no te gustaría casarte conmigo, me encanta que te pases la vida regañándome.
SOFIA.- Tal vez en otra vida.
FRANCISCO.- Ya dijiste.
LA RECEPCIONISTA SALE DEL DESPACHO DEL EJECUTIVO CON UNA NUEVA LISTA.
LA RECEPC.- ¿El señor Marco Antonio Moncada Escárcega? ¿La señora Nancy Rosedal Torres? ¿Mauricio Parra Solís?
SOFIA.- ¡Mauricio?, ¡Mauricio Parra?
LA RECEP.- ¿Lo conoce?
SOFIA.- ¿Conocerlo? ¿Dijo Mauricio Parra Solís?
LA RECEP.- Así es.
SOFIA.- (A los demás.) ¿Mauricio se apellida Parra?
ARTURO.- Tú deberías saberlo.
SOFIA.- Pues no me acuerdo. Creo que Parra Ceruti (A la recepcionista).. No, disculpe es Mauricio Parra Ceruti. ¿No es ese, verdad?
LA RECEPCIONISTA NIEGA CON LA CABEZA E INMEDIATAMENTE DESPUES SE METE AL DESPACHO.
FRANCISCO.- Insisto en que tiene mal carácter.
SOFIA.- ¿Qué será de Mauricio? Me acuerdo que una vez intenté ir con él al cine y fue un desastre. Ibamos a ver una de Tarkovski, imagínense. El llegó tarde y eso me puso de malas desde el principio. Fuimos a la taquilla y descubrimos que no había boletos. Decidimos ir a tomar una cerveza mientras. Me empecé a sulfurar desde el momento en que se puso a hablar mal de todo lo que veía y a tratarme como si yo fuera una extranjera en mi propio país. Me dijo: (Imita un acento argentino.) "Qué curioso estar rodeado de puros extranjeros". Yo, le contesté: "Mi vida, aquí el único extranjero eres tú".
MARGO, QUIEN HASTA EL MOMENTO HABIA ESTADO SUMERGIDA EN UN ASIENTO POCO VISIBLE, SE LEVANTA, SE ACERCA AL ARREGLO FLORAL, Y EN CUCLILLAS, QUITA ALGUNAS ROSAS. LUEGO, LAS REPARTE A LOS DEMAS, DICIENDO A CADA UNO LA MISMA FRASE.
MARGO.- Es inútil cultivar recuerdos, es absurdo.
LE DICE A TODOS LO MISMO, PERO CUANDO LLEGA CON MAX SE QUEDA UN MOMENTO EN SILENCIO Y LUEGO REPITE:
MARGO.- Es inútil cultivar recuerdos, es absurdo.
MAX.- Siempre has sido tan dura.
MARGO.- He tenido que serlo. Cuando murió tu padre, ni una lágrima.
MAX.- Soy igual que tú.
MARGO.- Eres débil. Has guardado silencio y eso está bien a veces, pero tú has ido demasiado lejos. Aquí están tus amigos.
MAX.- Lo sé.
FRANCISCO.- Déjelo, señora, él siempre ha sido...
MAX.- ¿Yo qué?
FRANCISCO.- Nada, Max. Mira, yo te he estado hablando por teléfono casi todos los días y siempre es la misma respuesta. "Ahora no quiere hablar con nadie, se siente mal". ¿No es cierto, señora?
SOFIA.- Yo también te he tratado de hablar.
MAX.- ¿Y por qué no me han ido a ver? Nunca he salido de casa. (Pausa.) Yo estoy de acuerdo con mi madre: la memoria es inútil. Hay tantas historias absurdas. Me pregunto qué va a pasar con todo lo que he aprendido: tantas lecturas, tanta experiencia. Yo he dado mucho, generosamente, he sido un buen maestro, sobre todo he sido un buen amigo. Ahora estoy cansado. Me sé de memoria lo que viene, ya lo he visto muchas veces. Esta vez me toca a mí. (Pausa.) Voy a darle vuelta a la hoja, todos los demás deberían hacer lo mismo, tú también mamá.
MARGO.- Algunos de ustedes son héroes sin homenaje.
MAX.- Es mejor así, algunos homenajes solamente engargolan el espíritu.
MARGO.- Nunca he dicho nada, pero paso las tardes en silencio, pensando en todos ustedes. Mi vida seguirá entre pequeñas brumas, horarios exactos y visitas cotidianas. No contaré las horas, pero nada será igual.
MAX.- Hay que cambiar de página, madre.
MARGO.- A cambiar de página, amor. (Regresa a su sillón.)
SILENCIO
FRANCISCO.- Cuando murió Esteban había muchas velas, ¿se acuerdan?... Yo había estado con su mamá un buen rato y en eso que me llama no sé quién, creo que Mónica. Pasé delante de la mesita con las veladoras y sentí como si me incendiara pero sin quemarme, una sensación de fuego muy agradable. Estoy seguro que se despidió de mí en esa forma...(Pausa.) Yo no creo que la memoria sea inútil, al contrario, creo que nos da sentido, maldita o llena de luz. Y sin embargo, yo no tengo ningún prueba de las batallas que he vivido, ninguna cicatriz visible... Ni siquiera una señal tan simple como una carta, una foto: todo lo rompo. Es como si muchas historias no hubieran sucedido. No me gustan las cosas, los objetos, los trofeos. Me gustan en las casas de otros, ahí están bien esas pequeñas figuritas, esos diminutos cofrecitos llenos de historias.
ARTURO.- Yo tampoco tengo fotos de nadie, siempre fui muy espartano, como Francisco. La ropa que llevara encima... mis zapatos... y ya.
TODOS VUELVEN A QUEDAR EN SILENCIO. DE PRONTO SOFIA TRATA DE REPRIMIR UNA CARCAJADA PERO NO PUEDE.
SOFIA.- Perdón. Pero es que... Yo me puse hasta mi madre y ¡dije cada estupidez!
FRANCISCO.- ¿En el velorio?
ARTURO.- Sí, todos nos pusimos hasta atrás.
SOFIA.- Le dije a René, el novio de Susana que me encantaba el bulto que tenía bajo la bragueta.
ARTURO.- ¡Cómo pudiste!
SOFIA.- ¿Qué tiene ? ¿A ti no te gusta?
ARTURO.- Por supuesto que no.
SOFIA.- No seas hipócrita.
ARTURO.- Bueno, está bien, un poco, como a todos.
SOFIA.- ¿A todos?... A Francisco no.
FRANCISCO.- ¿A mí no qué?
SOFIA.- A ti no te gusta René, espero.
FRANCISCO.- Qué te puedo decir, aquí está la mamá de Max.
SOFIA.- No creo que, a estas alturas, doña Margo se asuste de nada.
FRANCISCO.- Pues mira, no es mal tipo.
ARTURO.- Paco, no andes tirando anzuelos, que luego no te aguantas. ¿Qué es eso de que no es mal tipo?
FRANCISCO.- Eso, que no es mal tipo.
SOFIA.- ¿Tú también, Bruto?
FRANCISCO.- Sólo dije que no era mal tipo, ¿me van a linchar?
SOFIA.- ¡Pero si parece un mecánico!
FRANCISCO.- ¿No dijiste que te gustaba?
SOFIA.- ¿Tienes algo contra los mecánicos?
ARTURO.- ¿Yo?... No.
FRANCISCO.- No entiendo nada.
SOFIA.- No eres el único. Mira, a mí me gustan pero no en espíritu, ¿me explico?... Quiero decir: el hecho de que me gusten no significa que no me gusten.
FRANCISCO.- Olvídalo.
ARTURO.- Yo tampoco entiendo nada ya.
SILENCIO

SOFIA.- Anoche, como a las tres de la madrugada recibí una llamada grotesca. Era una voz de mujer, casi estoy segura. Me dejó grabado: "Nenita... hazme un 'guaguis' ayy". Fue asqueroso. Por varias razones.
MAX.- No me extraña que precisamente a ti te ocurran ese tipo de cosas.
SOFIA.-¿Y por qué lo de precisamente a mí?
MAX.- ¿No te das cuenta de que eres sumamente vulgar? "Y tú con quién andas... y, ¿no te gustaba fulanito? y ¿no te acostaste con menganito"... Me das nauseas.
SOFIA.- Ushh... Disculpa, men, se me había olvidado que eras aristócrata.
MAX.- Pues aunque te moleste.
SOFIA.- "Maximiliano García Oleguibel". Estás orgulloso del García o del... Oleguibel...
MAX.- García Olaguibel, es apellido compuesto.
SOFIA.- Ohh.
SARA.- Por qué no dejan de pelear.
ARTURO.- Ya despertó Sara.
SARA.- No lo estaba... No estaba dormida. Estaba pensando en que sí, somos vulgares, somos cínicos, insoportables y lo peor de todo, indiferentes. Deberíamos hacer algo por nuestras vidas.
FRANCISCO.- Sara, siempre ha sido una idealista.
SARA.- Y tú crees que es mejor cruzarse de brazos mientras la vida se nos va.
FRANCISCO.- Siempre has sido un idealista y una ingenua. Crees que con afiliarte a la sociedad civil de moda vas a cambiar el mundo. Tú buscas quimeras, héroes imposibles. Vas a las manifestaciones pensando que vas a transformar el mundo y ni siquiera sabes quién mueve los hilos ni con qué intención. Eres ingenua y anticuada.
SARA.- Por lo menos no estoy en la reacción como otros.
FRANCISCO.- Dime reaccionario, pero no anticuado, mírate Sara, pareces sacada del catálogo "Folklorito venceremos", déjame decirte algo, el muro de Berlín ya no existe, es más, ¿sabías que desapareció la Unión Soviética?
SARA.- Yo todavía pienso que hay hombres, y que pronto tendremos un líder a quién seguir.
FRANCISCO.- Sí, Sara, ojalá encuentres uno, te hace falta.
SARA.- No me refería a eso... Mierda, más que mierda.
SILENCIO MUY LARGO.
EL EJECUTIVO Y LA RECEPCIONISTA SALEN DEL DESPACHO, SE DIRIGEN AL ESCRITORIO Y FIRMAN UN DOCUMENTO. VOLTEAN A VER A ARTURO Y LUEGO HABLAN ENTRE SI. FINALMENTE EL EJECUTIVO SE DIRIGE, MUY MOLESTO, A ARTURO...
EL EJECUTIVO.- ¿Señor Arturo Morales Olguín?
ARTURO.- Sí.
EL EJECUTIVO.- Podría ponerse de pie.
ARTURO.- Así estoy bien, señor.
EL EJECUTIVO.- Debo informarle que hemos tenido una serie de desajustes debidos a una incalificable falsificación de su parte.
ARTURO.- No me lo explico, señor.
EL EJECUTIVO.- Según esto, usted debió ser transferido el día 24 de julio del año pasado, pero, por una alteración en su documentación primaria, el ingreso final fue retrasado en por lo menos doscientos cuarenta y tres días ejecutables. Los límites que usted ha traspasado impiden que le sea concedida la prórroga opcional. Asimismo, le informo que en el próximo ciclo le serán confiscados el número de días sustraídos más un 37% como recargo. ¿Tiene algo que decir en su favor ?
ARTURO.- Nada, a usted no tengo que decirle nada.
EL EJECUTIVO.- Muy bien. Entonces... acompáñeme.
ARTURO.- Voy a despedirme.
EL EJECUTIVO.- De ninguna manera.
ARTURO.- ¿Y quién me lo va a impedir? ¿Usted?
EL EJECUTIVO.- (Mira su reloj.) Tiene un minuto.
EL EJECUTIVO ENTRA A SU DESPACHO; LA RECEPCIONISTA SE SIENTA, IMPASIBLE, EN SU ESCRITORIO. ARTURO SE QUEDA EN MEDIO DE LA SALA CON LA MIRADA EN EL PISO. SOFIA SE LEVANTA, LO ABRAZA INTENSAMENTE, LO BESA Y LE ACARICIA EL CABELLO. FRANCISCO SE LEVANTA Y SE UNE AL ABRAZO. LUEGO, ARTURO SE SEPARA DE ELLOS Y VA CON SARA, QUIEN SOLLOZA EN EL SILLON, LA ACARICIA Y LA BESA; LUEGO SE DESPIDE DE MARGO CON UN BESO EN LA MEJILLA. FINALMENTE SE ACERCA A MAX, LE TIENDE LA MANO, PERO EL ESQUIVA LA MIRADA.
ARTURO.- ¿No te vas a despedir?
MAX.- No.
ARTURO.- ¿Por qué?
MAX.- Prefiero irme contigo.
ARTURO.- No entiendo, te quedan todavía algunos días, meses quizá.
MAX.- Prefiero irme.
ARTURO.- (A la recepcionista.) ¿Puede hacerlo?
LA RECEPCIONISTA ASIENTE CON UN GESTO INDIFERENTE.
MAX SE LEVANTA, TOMA SU PORTAFOLIOS Y DICE SIN MIRAR A NADIE:
MAX.- Adiós a todos.
EL EJECUTIVO VUELVE A ASOMARSE Y MIRA A ARTURO SIGNIFICATIVAMENTE.
EL EJECUTIVO.- Ya es hora.
ARTURO.- (Por Max.) Viene conmigo.
EL EJECUTIVO.- Es su decisión, todos sus papeles están en orden
ARTURO.- Lo ves, Max: todo está en orden, qué curioso. Yo pensaba que tenía algo más que hacer o qué decir, pero no... Nada qué hacer, Max. Nada.

SE DIRIGEN HACIA EL INTERIOR DEL DESPACHO. EL EJECUTIVO CIERRA LA PUERTA.



FIN
® Benjamín Gavarre
sogem